Incendios en el Amazonas, este agosto. Imagen: NASA

Los autores de un estudio alertan de que la presión económica de la agricultura intensiva sobre el Amazonas puede tener consecuencia en los glaciares de la cordillera de los Andes, y sobre las comunidades que viven de sus aguas.

 La biomasa incendiada en la cuenca del Amazonas es un factor determinante para el derretimiento de los glaciares de la cordillera de los Andes, según han demostrado seis investigadores en un informe publicado a finales de noviembre en la revista Nature.

“Observamos que existe un efecto medible en la pérdida de masa de hielo”, explican los autores, después de trabajar en una combinación de enfoques de observación y modelado. Por primera vez, explican, han examinado científicamente la posible relación entre los incendios de biomasa y la fusión de hielo y glaciares y han llegado a la conclusión de que las columnas de humo de la cuenca del Amazonas “pueden superar la barrera orográfica y llegar a los glaciares andinos tropicales”. Cada año, explican, los incendios en las masas forestales latinoamericanas emiten 800.000 toneladas de nanopartículas de “carbono negro” a la atmósfera.

La deforestación a gran escala de la cuenca del río Amazonas es una consecuencia directa de las prácticas económicas y la ocupación humana de este área, también los incendios de biomasa. De esos incendios, generados por el avance inexorable de las extensiones agrícolas en las extensiones de la selva amazónica, surge el carbono negro, que, según ha quedado demostrado en investigaciones en Groenlandia, el Himalaya y China, precipita la fusión sobre capas de hielo y glaciares.

La enorme cantidad de carbono negro, que casi duplica la cantidad emitida en la Unión Europea a través de combustibles fósiles y biofósiles, se traslada, merced a los vientos predominantes en los meses de agosto, septiembre y octubre, a las crestas de Ecuador, Peru, Bolivia, y el norte de Chile, pero también se expande hacia otros territorios. El estudio se ha centrado en el glaciar Zongo, en Bolivia, escogido por sus condiciones estables. En ese punto ha sido donde el equipo de investigadores ha determinado que los incendios de 2010 incrementaron un 4,5% la velocidad de fundición del hielo depositado allí.

El estudio, que fue realizado sobre la base de todos los incendios sobre las riberas amazónicas entre el año 2000 y 2016, no abarca la situación tras la catástrofe ambiental provocada por el incendio masivo de bosques en el Amazonas el pasado verano. El informe alerta sin embargo del incremento de las quemas que, a partir de 2013, afectan a los territorios amazónicos de Brasil y Bolivia. 

 “Las proyecciones futuras del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), apuntan a una climatología más seca del este de la Amazonía: este es un escenario favorable para el aumento del riesgo de quema de biomasa”, explican los investigadores en su estudio. Añaden como factores de riesgo los cambios en el ciclo hidrológico sudamericano que pueden generar más aridez, así como los riesgos económico-políticos derivados de la “demanda mundial de alimentos, que puede conducir a una expansión progresiva de los dominios agrícolas brasileños, lo que da como resultado una mayor proyección de las emisiones de carbono negro y CO2”. 

La fundición de estos glaciares y hielos tiene efectos sobre las comunidades que se proveen del agua de esas cordilleras. Por ese motivo, la pérdida de biodiversidad que provoca el aumento de incendios en el Amazonas, tiene implicaciones a nivel continental, según los autores del estudio.

2019-12-03 05:40

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La Amazonia no es el pulmón del mundo ni la única zona afectada: cinco claves de los incendios

Después de la atención mediática y social recibida este verano, muchas cuestiones relativas a la situación vivida en Brasil quedaron pendientes de aclaración, ya que, por ejemplo, Paraguay y Bolivia también sufrieron graves incendios. 

 

Los incendios de la Amazonia acapararon todo tipo de tuits, publicaciones y portadas este verano. Sin embargo, fruto de la compleja naturaleza del fenómeno que se vive en suelo brasileño, muchas cuestiones relacionadas quedaron pendientes de una necesaria aclaración.

Más allá de los porqués relativos a este fenómeno en concreto, otros aspectos permanecían pendientes de respuesta: ¿es realmente la Amazonia el pulmón del planeta y produce el 20% del oxígeno mundial? ¿Hay otras zonas afectadas más allá de Brasil? ¿Qué pasa con las otras 'zonas rojas' del planeta que muestran los satélites?

La contestación a estas dudas resulta necesaria para comprender la verdadera dimensión de los incendios de este verano y desentrañar por qué han trascendido de manera global.

 

Los incendios no han afectado solo a la Amazonia

 

Los incendios producidos por las ‘queimadas’, práctica agrícola basada en la tala y posterior quema del terreno para su refertilización y utilización con fines agrícolas, no solo han afectado al Amazonia. Incluso dentro de Brasil, ha habido otras zonas que han sufrido daños iguales o incluso mayores que esta selva. Así lo demuestra el estudio Expanding the Soy Moratorium to Brazil’s Cerrado, que pone el foco sobre otro bosque primario del país que también está siendo afectado por la expansión de las fronteras agrícolas y ganaderas.

Esta investigación, publicada en la revista especializada Science Advances, propone expandir la Moratoria de Soja, iniciada en 2006 y renovada de manera permanente en 2016, al Cerrado –sabana tropical que se extiende hasta Bolivia, Paraguay y Argentina–, pues actualmente solo protege territorio amazónico. Según lo revelado por el estudio, entre el año 2000 y 2014 alrededor del 30% de la expansión del cultivo de soja en el Cerrado tuvo lugar a costa de la vegetación nativa, un porcentaje similar a las cifras relativas a la deforestación que precipitaron la aprobación de la Moratoria de Soja hace más de quince años. 

Más allá de Brasil, otros países de Sudamérica también se han visto afectados por esta tendencia recientemente, como es el caso de Paraguay o Bolivia. “La situación ha sido tan o más grave que en el Amazonas, ya que si sumamos las 900 mil hectáreas de todo el Paraguay, a las casi cuatro millones de hectáreas que estiman en todo Bolivia, ya estamos llegando a las 5 millones de hectáreas quemadas”, asegura Óscar Rodas, Director de Cambio Climático y Políticas de WWF Paraguay.

En estos dos países, los incendios también han sido provocados por la falta de control gubernamental. En el caso de Paraguay, son consecuencia de una ley de prevención, la 4014/10, “que ha demostrado ser poco eficaz ante la luz de la evidencia", asegura Rodas. En cuanto a Bolivia, “Evo Morales ha autorizado directamente la quema de cinco millones de hectáreas”, asegura Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace España.

 

Las diferencias con otros incendios del mundo

 

En los momentos de máxima atención, fueron difundidas a través de las redes sociales muchas imágenes satélite de plataformas de monitorización de incendios como FIRMS, dependiente de la NASA. De estas capturas, llamaba la atención el silencio mediático y social que había sobre otras zonas que, según los indicadores de focos de incendios mostrados a través de un punto rojo, estaban incluso más afectadas que la Amazonia.

Si se comprueban estas mismas imágenes satélite, la situación sigue siendo similar. Sin embargo, pese a que haya zonas afectadas por fenómenos similares a los vividos en Sudamérica como Siberia o el sudeste asiático a causa del aceite de palma, es necesaria una evaluación cualitativa de dichos focos, pues no todos representan lo mismo.

El sur de África es uno de los más llamativos, teñido de rojo casi por completo por la cantidad de alertas. Sin embargo, Soto aclara que son fuegos completamente distintos a los vividos en la Amazonia. “Las zonas de Angola, de la República Democrática del Congo, Zimbaue o Mozambique son bosques ya transformados o zonas agrícolas y ganaderas. Estamos hablando de que no arde bosque primario, no arde bosque virgen”, asegura el responsable de Greenpeace.

Además, en esas regiones, al no disponer de satélites y mecanismos de monitoreo propios como en el caso de Brasil, son instituciones internacionales como la FAO las encargadas de hacer la evaluación de la evolución del terreno, teniendo que esperar más tiempo para que sus informes dicten si la deforestación avanza o disminuye en África.

 

Las emisiones por la quema de bosques vírgenes

 

Más allá de la pérdida de las especies vegetales y animales que en ellos habitan, el hecho de que las regiones quemadas sean bosques vírgenes resulta especialmente nocivo para todo el planeta. Estos acumulan una gran cantidad de biomasa y por ende CO2, por lo que las emisiones de efecto invernadero en este tipo de incendios son mucho mayores.

Al mismo tiempo, al desaparecer estas regiones boscosas y selváticas se pierden grandes sumideros de dióxido de carbono y generadores de oxígeno y vapor de agua. Este último factor es uno de los más ignorados, pero al mismo tiempo más fundamental, pues la emisión de vapor a la atmósfera sirve para regular las condiciones locales del clima.

De esta manera, si se pierden bosques vírgenes se pueden reducir las lluvias en determinadas zonas, como en este caso el cono sur, llegando incluso a provocar desabastecimiento de agua y refugiados climáticos en los casos más extremos.

 

Ni el pulmón del planeta ni productor del 20% del oxígeno

 

Ardía la Amazonia y con ella un pulmón del planeta que generaba el 20% del oxígeno mundial. Esta era una de las frases más repetidas este verano. Pues bien, ni esta región se comporta como un pulmón ni genera tales cantidades de oxígeno. El símil con los pulmones sirve para mostrar, especialmente a nivel escolar y educativo, el proceso por el cual las plantas fijan CO2 y emiten oxígeno. Sin embargo, desde el punto de vista científico no es cierto que se comporten como pulmones, pues nosotros inspiramos oxígeno y expulsamos CO2, precisamente la transferencia opuesta.

Además, los cálculos basados en su extensión que estiman que la Amazonia produce un 20% del oxígeno mundial tampoco son completamente ciertos desde un punto de vista más estricto. “Las plantas también respiran, hacen la fotosíntesis y por lo tanto consumen oxígeno”, recuerda Soto.

 

La influencia del crisis climática

 

También han sido habituales las conexiones que situaban a los incendios de la Amazonia como una consecuencia directa de la crisis climática. Lo cierto es que en muchas regiones afectadas las condiciones de sequedad no fueron especialmente duras, por lo que no se trata de una causa directa, aunque sí estrechamente relacionada.

Los incendios, al igual que otras catástrofes medioambientales, son cíclicos e inevitables. No obstante, lo que la crisis climática produce es, fundamentalmente, un agravamiento de sus consecuencias e intensidad, como ha sido el caso de este año. “Han sido más importantes, debido a su intensidad, complejidad, potencia y duración. Además, estos incendios transfronterizos que se dieron entre Paraguay y Bolivia, son una muestra palpable de como el cambio climático exacerba los fenómenos extremos”, comenta Rodas con respecto a los incendios en Paraguay.

 

madrid

22/10/2019 08:07 Actualizado: 22/10/2019 08:07

 

juan corellano

@corellanojuan

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Amazonas: insólita defensa del gobierno brasileño

Mientras Jair Bolsonaro despegaba hacia Nueva York donde pronunciará un discurso ante la ONU, su ministro de Economía, Paulo Guedes, aseguró que en la floresta brasileña no ocurrió la tragedia ambiental que causa perplejidad a líderes de varios países y parte de la opinión pública mundial.

"La deforestación está abajo del promedio de los últimos catorce años, en Brasil hubo incendios, claro que sí, pero están ocurriendo más incendios en Barcelona y California que en Brasil", agregó.

Guedes le enrostró a la prensa las "fake news" sobre la situación en las selvas y bosques tropicales ilustradas con imágenes de incendios que fueron tomadas "en Bolivia no en Brasil".

Los datos del funcionario son distintos a los del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe), que en agosto midió quemas un 300 por ciento superiores a las del mismo mes del año pasado. El director de ese organismo fue despedido por dar estado público a informaciones inconvenientes. Posteriormente la Nasa y la Agencia Espacial Europea confirmaron la información del Inpe.

Guedes reveló haber aportado datos que eventualmente serán utlizados en la redacción del discurso que el mandatario prentará este martes en la apertura de la Asamblea anual de la ONU.

En los medios de este lunes y el fin de semana citados diplomáticos estaban preocupados ante el "riesgo" de que el excapitán sea "boicoteado" en Nueva York. Se especula con que varios jefes de Estado podrían ausentarse del recinto, o dejar a asesores en sus butacas, cuando inicie su intervención.

Fuera del palacio de Cristal está prevista la presencia de manifestantes que ya habían organizado protestas en mayo cuando, por ese motivo, Bolsonaro dejó sin efecto una visita a Nueva York. En aquella ocasión el alcalde Bill de Blasio, del Partido Demócrata, celebró la ausencia del mandatario "homofóbico" que se "jacta de destruir la Amazonia".

Más recientemente, el presidente francés Emmanuel Macron lo cuestionó por haber "mentido" sobre su política de defensa del medio ambiente y la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet definió a la devastación de la floresta como una "catástrofe humanitaria".

Hacia la ONU

Bolsonaro embarcó en la mañana de hoy desde la Base Aérea de Brasilia junto a su esposa y algunos ministros. La oficina de prensa del Planalto informó que su agenda fue acotada debido a que está convaleciente de una cirugía. Bolsonaro declaró que espera estar con Donald Trump en una cena en la participarían otras autoridades.

El caso es que de la agenda anunciada hace dos semanas, en la que había varios encuentros bilaterales, en el último boletín del Planalto no se incluye ninguna cita.

En las últimas semanas se agigantó su aislamiento internacional: de un lado por las alocadas declaraciones respecto de la Amazonia e insultos contra colegas extranjeros, de otro por la caída en desgracia de varios de sus socios de la ultraderecha global.

Perdió a un aliado en Washington como era el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, no está garantizada la reelección de su "hermano" Benjamin Nentayahu en Israel y cayó la coalición italiana liderada por el separatista lombardo Matteo Salvini, a quien había prometido visitar en octubre.

Ese vacío diplomático incluye la posible derrota de su aliado Mauricio Macri en las próximas elecciones argentinas, resultado que debilitará al Grupo de Lima y pueder dar paso a un eje democrático-progresista entre Alberto Fernández y el mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Haciendo las veces de un portavoz informal del gobierno Paulo Guedes recordó hoy que hace dos semanas calificó como "fea" a la primera dama francesa, Brigitte Macron, pero atribuyó la gafe al "barullo" montado por los medios.

No citó a Emmanuel Macron ni a la expresidenta chilena Bachelet pero despotricó implícitamente contra ambos así como contra la "socialdemocracia" internacional .

Y de allí Guedes, economista que trabajó en el Chile de Pinochet, cargó directamente contra Bachelet, quien había expresado su preocupación ante el deterioro de la democracia verde-amarilla y este fin de semana cuestionó el proceso judicial contra Luiz Inácio Lula da Silva.

"Dicen que se está está reduciendo el espacio democrático en nuestro país" pero esto no es cierto porque "en Brasil hay una democracia vibrante" que combina "democracia con libre mercado", lo cual se aplica en la estrategia hacia la Amazonia.

El proyecto de "desarrollo sostenible" para los 4,5 millones de km2 de floresta es tergiversado por los "mismos grupos" que están "enamorados del fracaso" de la "Venezuela bolivariana" y en el Chile de principio de los 70, comparó el economista.

Guedes declaró que así como los "Chicago boys hicieron una revolución" tras el golpe contra Salvador Allende ahora la gestión de Bolsonaro se encamina hacia el "crecimiento" motorizado en "las fuerzas del mercado" que garantizarán prosperidad y "fronteras seguras" en la Amazonia.

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Firmas brasileñas vinculadas con Trump, corresponsables del fuego en la Amazonia

Las empresas se han empeñado en construir una carretera y un puerto en la región para sus exportaciones

 

Río de Janeiro. Dos firmas brasileñas propiedad de uno de los principales donantes a las campañas del presidente estadunidense, Donald Trump, y del líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, son en gran medida responsables de los incendios en la Amazonia, informó ayer el portal The Intercept.

Hidrovias do Brasil es mayoritariamente propiedad de Blackstone, firma inversora que también es dueña de la financiera brasileña Pátria Investimentos. El cofundador y director general de Blackstone es Stephen Schwartzman, estrecho aliado y asesor de Trump que ha donado millones de dólares a McConnell en los últimos años.

Hidrovias do Brasil y Pátria Investimentos ha impulsado la deforestación de la Amazonia para construir una controversial autopista y un puerto con el fin de exportar soya con mayor facilidad.

Blackstone afirmó en un comunicado que no ha hecho daño a la selva: Si bien no tenemos control operativo sobre Hidrovias do Brasil, sabemos que redujo sus emisiones de carbono, además de promover un transporte más eficiente de los productos agrícolas de los granjeros brasileños. The Intercept investigó la construcción de la autopista y el puerto desde 2016.

La primavera del presente año, el gobierno del presidente Jair Bolsonaro anunció que Hidrovias sería socio en la privatización y desarrollo de un proyecto de miles de kilómetros de carretera en la selva.

The Intercept fue creado en febrero de 2014 por el periodista Glenn Greenwald, quien dede las páginas de The Guardian publicó las revelaciones del informante estadunidense Edward Snowden, quien filtró unos 20 mil documentos de los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional, con lo que salió a la luz pública la existencia del amplio programa de espionaje por Internet. Recientemente, The Intercept publicó una serie de chats entre el ex juez brasileño Sergio Moro y el equipo de fiscales que montaron una operación para condenar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

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Roberto Aruj, investigador Untref, UBA y OIM.

Roberto Aruj analiza las causas históricas del desastre actula en esa zona y explica las propuestas que hizo al gobierno brasileño.

 En medio del gran incendio que arrasa con el Amazonas y se propaga sin tregua a través del continente americano, son cada vez más las personas que se ven forzadas a dejar sus hogares en búsqueda de un nuevo destino o que se preguntan cómo seguir en el barrio que las vio crecer cuando, a su alrededor, todo es cenizas. Roberto Aruj, investigador de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref), de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) analiza los movimientos poblacionales provocados por eventos climáticos extremos y explica cómo poner freno a un problema "que, a diferencia de lo que muchos creen, no es coyuntural sino que se viene arrastrando desde hace años y, si no se le pone un freno, va a seguir creciendo”.

En 2016, junto a otros investigadores, Aruj encabezó un estudio para la OIM --organismo de la ONU-- sobre desplazamientos poblacionales generados por eventos climáticos extremos en 5 países de América del Sur: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En Brasil, la investigación se centró en el Municipio Presidente Figueiredo, Rumo Certo (en el norte del Amazonas), con el objetivo de observar “cómo influye en esa población el gran problema de escasez de agua provocado por los altos niveles de deforestación” y de extender, a partir de ese análisis, recomendaciones para la generación de políticas y estrategias locales y nacionales de prevención, preparación, adaptación y monitoreo de estos eventos climáticos.

Las motivaciones económicas detrás de la deforestación del Amazonas, explicó el especialista, son tres: la construcción de represas hidroeléctricas, la expansión de la frontera agropecuaria --ya que “en el sur de Brasil hubo un proceso importante de desertificación, por la sojización de grandes extensiones de tierra, por lo que los productores migraron hacia el norte (Amazonas) para trabajar la tierra con el mismo criterio”, explicó Aruj-- y los grandes proyectos inmobiliarios que están ocupando cada vez mayor territorio.

“Este último factor no se suele mencionar en los medios y realmente es muy importante. Hay una afloramiento de inversiones por parte de grupos económicos muy importantes que están construyendo clubes de campo con canchas de golf en el medio del Amazonas”, advirtió Aruj. Y agregó: “Esto lo vimos en Manaos, por ejemplo, donde había grandes anuncios en las rutas que alentaban a invertir en terrenos del Amazonas  destinados a construir esos clubes de campo”.

Esta “injerencia humana”, continuó el investigador, “produce cambios en el clima” que cooperan con la generación de eventos climáticos extremos como inundaciones, sequías e incendios.

Lo que queda luego de esas catástrofes climáticas, además del destrozo del ecosistema, es una situación desoladora para miles de familias que, ante la pérdida de sus pertenencias materiales y el miedo a que el evento climático se repita, se ven forzadas a migrar temporal o permanentemente a otras ciudades.

“Cuando ocurren eventos climáticos extremos, como los incendios que están arrasando con el Amazonas, la gente deja de tener trabajo, se cierran las escuelas, no hay comercio, no hay producción, no hay pesca. Entonces las familias tienen que migrar a otras zonas”, explicó Aruj. “Hay que tener en cuenta que en esos contextos, como la gente pierde todos sus bienes, suele crecer la pobreza”, con lo cual la reinserción en una nueva ciudad suele ser una experiencia muy difícil sin la asistencia estatal adecuada.

Las migraciones, para la mayoría de las poblaciones, son eventos traumáticos, porque “en general la gente tiende a no querer abandonar su lugar, las pertenencias que le quedaron, su casa. Por eso hay muchos que, cuando no tienen otra posibilidad, terminan migrando a otras ciudades de forma transitoria, esperando que pasen los efectos del evento climático para volver. Hay otras familias, en cambio, que por la recurrencia de los eventos deciden mudarse de forma definitiva”, explicó el investigador.

Los movimientos poblacionales por eventos climáticos en Amazonas, así como en las otras regiones del mundo, es una problemática que viene repitiéndose desde hace años: en 2012, 54 de 62 municipios brasileños del Amazonas sufrieron desplazamientos; en 2013, fueron 38 municipios; en 2014, 42; y en 2015, 48. Si se mantiene el ritmo y la intensidad de los cambios ambientales actuales, advierten algunos investigadores, para finales del siglo XXI habrá en el mundo más de 150 millones de migrantes por causas ambientales.

Lo que está ocurriendo en Amazonas, “a diferencia de lo que muchos creen”, “no es coyuntural” sino que es una problemática "que se viene arrastrando desde hace años”, advirtió en ese sentido el investigador. “Allí se producen incendios todos los años. La diferencia es que este es un incendio tan importante que ha llamado la atención a nivel internacional”, señaló.

Es por ello que, para el especialista, es importante poner un freno a la descontrolada injerencia del hombre en la naturaleza. Para eso, ofreció una serie de recomendaciones al gobierno brasileño y a los gobiernos locales: “Pedimos la protección de los bosques del Amazonas, la reforestacion de todas las zonas deforestadas, la utilización de energías alternativas y el mejoramiento de las represas actuales, en vez de construir nuevos emprendimientos hidroeléctricos”. 

El gobierno brasileño, además, debería “colaborar con las poblaciones afectadas para ayudarlas a recuperar lo que han perdido con esta catástrofe y para reubicarlas en otras zonas". Pero, sobre todo, "debería planificar cómo intervenir en esos espacios: cómo desarrollar obras de infraestructura, incrementar la cantidad de pozos para el agua freática, construir canales para el riego, mejorar los caminos de acceso a los sectores de producción agrícola, aprovechar regiones vecinas para producir energía solar y eólica e intensificar los controles de incendio", entre otras cosas. "Y, todo eso, respetando la propia cultura local”.

“Los intereses económicos que hay en juego parecen no tener en cuenta la importancia de la preservación de este ecosistema y de su biodiversidad. Pero lo que está pasando en el Amazonas es un problema de todos. La pérdida de bosques, de la floresta amazónica, influye sobre el conjunto del planeta”, concluyó el investigador.

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Domingo, 25 Agosto 2019 06:25

Corte raso

Corte raso

En plena cruzada para aumentar su frontera agrícola y minera, Brasil arde con más de mil incendios por día. Al fuerte aumento de la deforestación en lo que va de su mandato, Bolsonaro respondió echando al director del organismo que alertó de la situación. Su política ambiental genera resistencias incluso en la bancada ruralista y dificulta las relaciones diplomáticas brasileñas.

 

El cielo paulista se oscureció de repente, y las tres de la tarde se hicieron las tres de la madrugada. A miles de quilómetros de la metrópolis, vastas extensiones de la selva amazónica ardían desde hacía más de diez días. Hasta hoy arden. La señal del 19 de agosto fue clara: la destrucción de la Amazonia nos afecta a todos. La cantidad de queimadas, como se conoce a las quemas de extensiones de selva para convertirlas en áreas de cultivo, es la mayor registrada por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (Inpe, por su sigla en portugués). Sólo en agosto y hasta el martes 20 se constataron 23 mil focos de incendio en la Amazonia, más de mil por día. Desde enero, son más de 53 mil. La cantidad de incendios y la llegada de un frente frío sería la causa del desplazamiento de las cenizas hasta San Pablo.

En el norte, en el estado de Pará, estancieros promovieron el “Día del fuego”, el pasado sábado 10. Según dijo al diario local Folha do Progresso uno de los organizadores, la idea era “mostrarle al presidente que queremos trabajar y la única forma es desmontando. Para limpiar nuestras pasturas es (necesario) el fuego”. Según el Inpe, en esa región los focos aumentaron 300 por ciento con relación al día anterior. Jair Bolsonaro se desmarcó y levantó la sospecha de que podían ser incendios criminales promovidos por “oenegeros”, en respuesta a los recortes del gobierno en los fondos de preservación de la Amazonia. Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente y candidata a la presidencia en la última elección por el partido Rede, escribió: “La Amazonia está siendo quemada por una mezcla de ignorancia e intereses truculentos. El gobierno está inaugurando un tiempo de delincuencia libre, en el que se puede agredir la naturaleza y las comunidades sin miedo de punición”. Y quizás ahí esté el punto central. Los efectos de estas queimadas pueden ser gravísimos y su alcance, todavía incierto. Pero más grave aun es el contexto en el que se encuadran.

OSCURANTISMO. 

La reciente divulgación por parte del Inpe de datos sobre la deforestación de la Amazonia puso el tema en el centro de la discusión pública brasileña y generó polémica a nivel internacional. El instituto ya había señalado un importante aumento del desmonte en junio de este año, un 88 por ciento mayor con relación al mismo mes del año pasado. Los datos fueron recogidos por el sistema satelital Deter, que rastrea el desmonte en tiempo real y genera alertas para colaborar con los organismos de fiscalización. Las reacciones del gobierno no se hicieron esperar y, en vez de hablar de la fiebre, el presidente le pegó al termómetro. El 19 de julio, Bolsonaro atacó los datos publicados y dijo que el presidente del Inpe, Ricardo Galvão, “podría estar al servicio de alguna Ong”. Galvão respondió, al día siguiente, que Bolsonaro no puede actuar “como si estuviera en una conversación de bar” y agregó que lo del presidente eran “comentarios impropios y sin ningún fundamento (…), ataques inaceptables no solamente a mí, sino a las personas que trabajan por la ciencia de este país”. El jerarca afirmó que no renunciaría, pero la situación se volvió insostenible, y el 2 de agosto fue destituido. Pero nuevos datos, divulgados el 6 de agosto, mostraron un aumento de la deforestación ocurrida en julio: 278 por ciento más en relación con julio de 2018. En total, el aumento de los últimos 12 meses es de 40 por ciento respecto de los 12 meses previos, y esa tendencia seguramente se confirmará con los datos que se emiten anualmente, que se esperan para fines de octubre. Carlos Nobre, doctor en Meteorología por el Mit que trabajó en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia y se desempeñó como investigador del Inpe durante 35 años, dijo a Brecha sobre la salida de Galvão que “la destitución de un científico renombrado, que es uno de los mejores gestores de instituciones científicas que Brasil ha producido en las últimas décadas, es una pésima señal y transmite una inseguridad muy grande sobre el papel de las instituciones públicas de ciencia”. Nobre entiende que el mensaje es “anacrónico” y remite a la idea de que “las instituciones no sirven a la sociedad, sino al gobierno, y que si el gobierno está insatisfecho con un dato que las instituciones difunden como parte de su misión, se las obliga a alinearse en una posición política de sólo divulgar lo bueno”. Sin embargo, “los satélites no mienten”, recordó Nobre. Por eso, el científico afirmó que la estrategia de atacar al mensajero es de tiro corto: “Existen numerosos sistemas de monitoreo de alta calidad en varias partes del mundo, que miden lo que acontece con la vegetación en todo el planeta, principalmente en las selvas tropicales. No tendría ningún sentido intentar esconder lo que pasa en la Amazonia o enojarse por la divulgación de lo que está ocurriendo: esa política no lleva a ningún lado”.

TAL ASTILLA. 

La línea del nuevo gobierno en política ambiental ya había quedado clarísima en diciembre pasado, con la elección del ministro que se encargaría de implementarla. Ricardo Salles es un cuadro de la derecha reaccionaria, ligado fuertemente a los ruralistas. Actualmente miembro del partido Novo, y fundador del movimiento conservador Endireita Brasil, durante la campaña repartió un panfleto con un paquete de balas en el centro y con sus destinatarios alrededor: “Contra la plaga del jabal픓Contra la izquierda y el Mst (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra)“Contra el robo de tractores, ganado e insumos”“Contra los bandidos en el campo”. Impulsor de una línea dura de la defensa de la propiedad privada, en una entrevista publicada en su cuenta de Youtube y citada por el portal Nexo, manifestó: “Tenemos que garantizar un ambiente seguro, estable y previsible para que la producción rural pueda ir hacia adelante”. Léase: para aumentar su área de expansión, o sea, aumentar el desmonte. En esa misma entrevista, Salles se quejaba de “esas invasiones, esas cosas del Mst, de los quilombolas e indios que amenazan la propiedad productiva. Eso es un gran atraso, y precisamos defender al productor para que trabaje en paz. El productor rural siempre fue cuidadoso, consciente de sus deberes, y ahora es amenazado todos los días a causa de esa falta de seguridad jurídica y del exceso de Estado”. En la disminución del papel del Estado, precisamente, está enfocado el gobierno.

Para Telma Monteiro, pedagoga brasileña que se dedica desde hace años a la investigación de las políticas ambientales y los procesos de licitación de grandes obras en la Amazonia, esa es la cruzada del ministro elegido por Bolsonaro: “Está ahí con un papel muy específico, que es acabar con las leyes ambientales y desmontar la estructura de gobernanza ambiental que se ha construido en el país a lo largo de los años”. De acuerdo con Monteiro, estas estructuras no siempre funcionan para el bien del medio ambiente, pero al menos permiten que exista un cierto contrapeso de la sociedad civil. Cree que el objetivo del gobierno es abrirle paso a los monocultivos y acabar con ese contrapeso, y de ahí el discurso tan radical contra las oenegés y las organizaciones sociales: “El agronegocio precisa expandirse, y esa expansión solamente se puede dar en regiones que todavía no fueron deforestadas. Para eso está Salles, para trabajar desde adentro a favor de los ruralistas y contra la preservación ambiental”. La investigadora afirmó a Brecha que Salles “no está informado, no conoce la Amazonia ni sus problemas, ni a las poblaciones indígenas, no sabe para dónde ni cómo corren los ríos, ni qué es lo que pasa en el suelo de la selva”. Para Monteiro, la situación actual de deforestación puede alcanzar niveles mucho más dramáticos, porque “si se atacan las estructuras que cohíben el desmonte, caminamos hacia el caos total”.

Ni siquiera dentro de los sectores ruralistas hay consenso sobre esta cruzada antiambiental. Katia Abreu, una de las más radicales defensoras del agronegocio, ministra de Agricultura de Dilma Rou-sseff entre enero de 2015 y mayo de 2016, y actualmente líder de la bancada ruralista en el Senado, dijo en una entrevista a O Estado de São Paulo publicada el lunes 13 que “los agricultores que están alegres hoy, van a llorar mañana”. Abreu, que fue una de las voces más expresivas del antiambientalismo, cree que Bolsonaro está “transfiriendo toda su visión reaccionaria al agro” y que ese discurso, además de “alimentar el desmonte”, puede “cerrarle mercados a los productos brasileños”. La senadora incluso defendió el trabajo de muchas oenegés y lo calificó como “serio”, a contramano del gobierno. El propio Blairo Maggi, ex ministro de Agricultura de Temer y uno de los pesos pesados del agronegocio, manifestó a Valor Económico que el discurso “agresivo” de Bolsonaro genera “confusión” y puede llevar al sector al “punto cero”, poniendo en peligro el acuerdo comercial con la Unión Europea.

HACHAN, TIRAN, ROMPEN, SACAN. 

A comienzos de mayo, y en un hecho inédito, los ocho ex ministros brasileños de Medio Ambiente vivos se reunieron y lanzaron una carta en la que denunciaron que “la gobernanza socioambiental en Brasil está siendo desmontada, en afrenta a la Constitución”. Afirmaron que “en las últimas tres décadas, la sociedad brasileña fue capaz, a través de sucesivos gobiernos, de diseñar un conjunto de leyes e instituciones aptas para enfrentar los desafíos de la agenda ambiental del país”, pero que actualmente se asiste a “una serie de acciones sin precedentes, que vacían la capacidad de formulación e implementación de políticas públicas por parte del Ministerio de Medio Ambiente”. También cuestionaron “el discurso contra los órganos de control ambiental, en especial el Ibama (Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables) y el Icmbio (Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad), los cuestionamientos a los datos de monitoreo del Inpe”, que “se suman a una crítica situación presupuestal y de personal de estos órganos”. Todo esto, sostuvieron, refuerza “la sensación de impunidad, que es la señal para más desmonte y más violencia”.

En su respuesta, Salles recayó en los mismos clichés que acostumbra el presidente y escribió: “Lo que viene perjudicando la imagen de Brasil es la permanente y bien orquestada campaña de difamación promovida por oenegés y supuestos especialistas, para dentro y fuera del país, ya sea por prejuicios ideológicos o por una innegable contrariedad a las medidas de moralización contra la farra de los convenios, los eternos estudios, los recursos transferidos, los patrocinios, los viajes, los seminarios y charlas”. El ministro, al igual que Bolsonaro, sostiene que existe un componente ideológico que vicia el accionar tanto de los órganos estatales de control ambiental como del Fondo Amazonia (FA), un mecanismo creado en 2008, durante la presidencia de Lula da Silva, para captar recursos de Estados extranjeros y de empresas con el objetivo de financiar proyectos de “preservación ambiental” y “desarrollo sustentable en la Amazonia”. En una conferencia de prensa en San Pablo, en mayo de este año, Salles dijo que habían encontrado “irregularidades en el cien por ciento de los contratos (del FA) con oenegés” y cuestionó los resultados de los proyectos financiados y la gestión de sus recursos (más de 840 millones de dólares). Sin embargo, en una relatoría citada por O Globoeste martes 14, el Tribunal de Cuentas de la Unión –que comenzó una auditoría del fondo a fines del año pasado– elogió la transparencia en la información y la gestión de recursos del FA, contradiciendo al ministro. De todas maneras, el gobierno ya afirmó que quiere utilizar esos recursos para indemnizar ruralistas afectados por expropiaciones de tierras para unidades de preservación ambiental. La reacción de las embajadas de Alemania y Noruega, principales financiadoras del fondo, fueron inmediatas. El jueves 15, Noruega suspendió el pase anual de recursos para el FA, equivalente a 33 millones de dólares, y siguió así los pasos de Alemania, que había hecho lo propio días atrás. El ministro de Clima y Medio Ambiente noruego, Ola Elvestuen, dijo que los aumentos en los índices de destrucción de la Amazonia demuestran que “el gobierno brasileño ya no quiere parar el desmonte”.

Guilherme Carvalho, doctor en desarrollo sustentable del trópico húmedo por la Universidad Federal de Pará y coordinador en la Amazonia de la Ong Fase, llamó la atención, en diálogo con Brecha, sobre el papel de los diferentes niveles de gobierno en el debilitamiento de las políticas ambientales: “El gobierno federal es el eje propulsor, pero este es un proyecto de todo el bloque de poder que está en control del Estado. Los gobiernos estatales y municipales también desarrollan una serie de políticas en la misma línea. Muchos alcaldes usan la revisión de los planos de directrices municipales para poder abrir más áreas para grandes empresas, e intentan que cada vez más las licitaciones sean realizadas por las intendencias y las alcaldías, donde las empresas tienen un poder de lobby todavía mayor que en instancias superiores. Si estos gobiernos pasan a tener la responsabilidad de adjudicar los proyectos en la región, gran parte de la Amazonia va a caer”.

PRECISAMOS PARAR. 

En un texto de 1977 llamado Brasil: tierra de los indios, el reconocido antropólogo brasileño Darcy Ribeiro escribía: “Los efectos del impacto de la civilización sobre las poblaciones indígenas son tan dramáticos y destructivos que, sin duda, las tribus indígenas de Brasil que todavía sobreviven desaparecerán si no son objeto por parte del gobierno federal de una protección específica y más eficaz que la actual. Esto significa que todavía no se interrumpió la guerra secular de diezmado y opresión: continuamos matando a nuestros indios. ¡Precisamos parar!”. Cuarenta y dos años después, la administración liderada por Jair Bolsonaro se empeña en atacar justamente el único punto que para Darcy Ribeiro podría garantizar la supervivencia indígena: la protección del gobierno federal. En el primer día de mandato, el presidente transfirió la responsabilidad de la demarcación y regulación de las tierras indígenas de la Fundación Nacional del Indio (Funai) al Ministerio de Agricultura, liderado por Tereza Cristina, ex líder de la bancada ruralista en el Congreso. El propio Congreso, al analizar a fines de mayo esa decisión presidencial, devolvió la potestad a la Funai, pero Bolsonaro insistió y emitió un nuevo decreto para revertir la decisión. En ese momento, dijo: “El que demarca tierra indígena soy yo. El que manda soy yo”. El pasado 1 de agosto, y por unanimidad, el Supremo Tribunal Federal mantuvo la responsabilidad de la Funai, tras una sesión en la que el magistrado Celso de Mello dijo haber visto “resquicios indisfrazables de autoritarismo” en el accionar del presidente. Diez días después, durante un evento en Pelotas, Río Grande del Sur, Bolsonaro afirmó: “Caca de indio petrificada dificulta la licitación de obras importantes”. Luego dijo que es necesario “integrar a los indios a la sociedad y buscar un proyecto para el Brasil”. La referencia a las heces viene de una de sus declaraciones previas, cuando había dicho que se podía resolver la cuestión ambiental “haciendo caca día por medio”. En otras ocasiones, el presidente ya había defendido la integración forzada de los indígenas, que, según dijo en enero de este año, “viven aislados y son manipulados por oenegés”. Otro de los ataques del gobierno a los pueblos originarios fue la amenaza –realizada en marzo– del eventual cierre de la Secretaría Especial de Salud Indígena, que depende de recursos del gobierno federal. De concretarse, la atención de los indígenas pasaría a depender de recursos municipales y ellos engrosarían las ya saturadas filas de los hospitales. Luego de protestas en varias regiones del país, el gobierno reculó.

Cleber César Buzatto, secretario ejecutivo del Consejo Indigenista Misionero, una organización religiosa que actúa junto con los pueblos indígenas de Brasil desde 1972, dijo a Brecha que hay en marcha un cambio radical, fundamental para entender la gravedad del momento actual: “A través del discurso de Bolsonaro, el gobierno no solamente da indicios de omisión, sino que señala hacia dónde pueden y deben ir los agresores de los pueblos indígenas, y los incentiva. Por eso su discurso es mucho más grave que una simple ‘carta blanca’. No sólo es una especie de autorización: es combustible”. La omisión del Estado, explica, siempre existió y permanece. Pero ahora “es el propio gobierno el que dirige las amenazas y los procesos de agresión y ataque”. Buzatto observa un “aumento significativo de denuncias y reclamos sobre nuevos procesos de invasión” que indica que “está en curso en Brasil una nueva fase de saqueo, de robo de tierra indígena, en la que se ataca incluso tierras ya demarcadas y debidamente regularizadas que ahora pasan a ser loteadas, comercializadas ilegalmente o víctimas de deforestación con corte raso”. Esto se suma al congelamiento en la demarcación de nuevas tierras indígenas, que “aumenta el potencial de conflicto en las regiones y acaba eternizando la situación de vulnerabilidad socioeconómica que sufren estos pueblos”. Para Buzatto, en esta nueva fase, “se corren riesgos muy serios de que ocurran genocidios, especialmente en la región amazónica, contra pueblos que desde el punto de vista numérico son menores, o grupos aislados, libres, que viven sin contacto”. Pero siempre, y como hace más de 500 años, hay lugar para la esperanza: “Los pueblos originarios han demostrado que no van a alterar su posicionamiento y su disposición para luchar y resistir. No se han amedrentado. Esto alimenta la esperanza de que ese proyecto genocida del gobierno sea vencido por los pueblos como fue vencido el proyecto genocida de la dictadura militar”.

Por Marcelo Aguilar

23 agosto, 2019


Aumento en la aprobación de agrotóxicos

El señor de los venenos

En lo que va del año, el gobierno de Bolsonaro liberó 262 agrotóxicos. Un récord. La explosión vino después del impeachment. Empezando en 2016, que había tenido el número más alto de liberaciones de los últimos seis años (106), los permisos casi se duplicaron en 2017 (203), siguieron aumentando en 2018 (239) y en lo que va de 2019 (262). En la última tanda de productos aprobados, en julio de este año, 18 son “alta o extremadamente tóxicos”, según Greenpeace. De los liberados el año pasado, 43 por ciento entran en esa categoría, y dentro de ese grupo, 31 por ciento no son permitidos en la Unión Europea. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, hay más de 2 mil productos esperando aprobación. Mientras tanto, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil aprobó, el último mes, nuevas reglas para clasificar a los agrotóxicos, lo que generó una disminución drástica de los considerados como “extremadamente tóxicos”. Esto ocurre, entre otras cosas, porque la agencia utilizará solamente el riesgo de muerte para definir su clasificación, dejando de lado irritaciones en la piel o problemas respiratorios.

Franciléia Paula de Castro, ingeniera agrónoma, magíster en salud pública e integrante de la Campaña Permanente Contra los Agrotóxicos y por la Vida, dijo a Brecha que “la liberación de estos nuevos registros no tienen nada que ver con la eficiencia agronómica. Es una acción volcada hacia los intereses de las industrias químicas y de la bancada ruralista”. Paula describió otro de los puntos graves: “¿Quién fiscaliza los agrotóxicos en Brasil? Los órganos que defienden liberar nuevos productos y vuelven más laxas las normas, como la de la clasificación toxicológica, son los mismos que deberían fiscalizar. Esa es una gran fragilidad a nivel institucional y es lo que permite esa liberación abusiva de nuevos registros”.

 

Las consecuencias de la deforestación

El rastro del Capitán Motosierra

En medio de las polémicas, Bolsonaro ironizó diciendo que él era el “Capitán Motosierra”. Pero aunque el presidente se los tome con poca seriedad, los efectos de su política son extremadamente graves. En 1989, Carlos Nobre hizo la primera investigación y alertó sobre la posibilidad de que la deforestación en la Amazonia podría llevar a una “sabanización” de la región: incluso parando el desmonte, la selva no volvería y el paisaje se convertiría en una sabana biodegradada. Nobre dice que hoy en día se conoce mucho mejor la relación entre el desmonte, el calentamiento global y el aumento de los incendios forestales, y que al analizar estos factores, la academia llegó a la siguiente conclusión: “Si el desmonte pasa del 25 por ciento del área de la selva, llegaríamos a un punto de ruptura, en el que la vegetación comenzaría a desaparecer de a poco durante los próximos 30 o 40 años, y perderíamos así hasta el 60 por ciento de la selva. De hecho, la deforestación en la cuenca amazónica está entre el 15 y el 17 por ciento, no estamos lejos de ese riesgo”. Nobre explicó lo que está en juego y lo que se puede perder: “En primer lugar, si eliminamos la selva, la temperatura aumentará entre 1 y 3 grados no solamente en la Amazonia, sino también en el centro del país, por causa de los vientos. Estás calentando una región que ya de por sí es caliente. Eso tiene enormes perjuicios para la salud humana y para la propia agricultura de esa región, con picos de calor que disminuyen muchísimo su productividad”. Por otro lado, sostuvo que “el proceso de sabanización tiene un lastre enorme de extinción. Estamos hablando de que desaparecerían de la tierra decenas de miles de especies”. Para el científico, es necesario ir en sentido contrario: “Restaurar selvas en todo el planeta, y sobre todo en los trópicos, es un mecanismo fantástico para retirar gas carbónico de la atmósfera. Necesitamos políticas de restauración forestal”. Y cambiar el paradigma: “Es necesario basar la economía en la biodiversidad, en la selva viva. Su potencial económico es muy superior al de la carne o la soja”.

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Sobrevuelo en el Parque Nacional Chiribiquete. Foto: Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

Durante los primeros seis meses de este año mucho se habló sobre la cifra de deforestación en Colombia durante el 2018. Se esperaban noticias negativas. El mismo Ministerio de Ambiente había dicho que, dentro de sus proyecciones, esperaba una pérdida entre 240 000 y 260 000 hectáreas de bosque, es decir, un incremento entre el 9 y el 18% comparado con el 2017 cuando la cifra se ubicó en 219 973 hectáreas deforestadas.

Incluso, algunas organizaciones y expertos en el tema indicaban que la deforestación del año pasado rondaría las 300 000 hectáreas. El pasado 10 de julio la espera y expectativa acabaron y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) dio a conocer la cifra oficial de deforestación en 2018, la cual se ubicó en 197 159 hectáreas. El número sorprendió pues resultó ser menor al del 2017, mostrando una reducción del 10%.

Sin embargo, esta tendencia debe ser vista con cuidado a pesar de que algunos departamentos y municipios desaceleraron sus tasas de deforestación. Por ejemplo, el municipio de San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá, perdió 19 652 hectáreas de bosque, 7000 menos que en 2017 y aún así esto indica que el 10% de todo lo que perdió Colombia sucedió en este lugar. Además, también aparecieron nuevos núcleos de deforestación.

 

Los nueve núcleos de deforestación

 

Durante 2018 se identificaron nueve núcleos de deforestación. El principal está en las sabanas del Yarí y el bajo Caguán, en los municipios de San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá, en el departamento de Caquetá. El segundo se ubica en el norte del departamento de Guaviare, en límites con los departamentos de Meta y Vichada. El tercero está en el sur del Meta, asociado principalmente a municipios como Uribe, Mesetas y Vista Hermosa. El cuarto foco está en Putumayo, principalmente en las riberas del río Caquetá, en municipios como Puerto Guzmán y Puerto Leguízamo.

El quinto núcleo se ubica en el municipio de Mapiripán, Meta; mientras que el sexto se encuentra en la serranía de San Lucas, en el nororiente del departamento de Antioquia y el sur del departamento de Bolívar. El séptimo punto alarmante de deforestación se ubica en la compleja zona de conflicto armado de Catatumbo, específicamente en los municipios de Tibú, Sardinata y El Tarra, en el departamento de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela. Finalmente, el octavo núcleo está en las selvas del Sarare —bosques de galería e inundables— en el departamento de Arauca y el último en la frontera con Panamá e inmediaciones del municipio de Riosucio en el departamento de Chocó.

De los nueve núcleos, cinco se encuentran en la Amazonía colombiana y según el reporte oficial ‘Monitoreo de la Deforestación 2018’ entregado por el IDEAM y el Ministerio del Ambiente, “el 70,1% de la deforestación del año 2018 ocurrió en la región de la Amazonía. En 2017 acumuló el 65,5%”, es decir, un incremento de casi el 5%.

Edersson Cabrera, coordinador del grupo de Monitoreo de Bosques del Ideam, asegura que la praderización es el principal motor de deforestación y se asocia a la conversión de bosque tropical hacia nuevas áreas dedicadas a pastos que “pueden tener o no cabezas de ganado, pero están siendo utilizadas como medio para la usurpación de tierras del Estado y el acaparamiento baldíos”. Según el experto, el segundo generador de pérdida de bosque en Colombia son los cultivos de uso ilícito, ya sea de manera directa e indirecta. En tercer lugar están las malas prácticas de ganadería extensiva “donde menos de una cabeza de ganado está siendo alimentada en una hectárea producto de la deforestación, un modelo que no es productivo”, comenta Cabrera.

En el listado de causas de la deforestación siguen la extracción ilícita de minerales  —principalmente en el nororiente antioqueño, el sur de Bolívar y el Pacífico colombiano—,la ampliación de la frontera agrícola no permitida y la infraestructura de transporte sin los permisos requeridos; algo que Cabrera asocia con una proliferación de accesos terrestres sin licenciamiento ambiental y que no están dentro de la política de infraestructura del país.

El ministro de Ambiente, Ricardo Lozano, dice que “la deforestación también está ligada a delitos como el tráfico de fauna y flora y de madera”, y añadió que “en Colombia nos falta insistir permanentemente sobre las acciones de legalidad. La gente no entiende que tenemos un código penal donde existen los crímenes ambientales. Por primera vez en un gobierno se determinó que la pérdida de agua, bosque y biodiversidad ponen en riesgo la seguridad de este país”.

 

La Amazonía sigue siendo la más deforestada

 

De acuerdo con los resultados del reporte “se presenta una disminución en la deforestación en la región de la Amazonía con respecto a lo reportado para 2017. La deforestación disminuyó en 5 971 hectáreas”.

Es en este punto donde las cifras se tornan un poco confusas. Por ejemplo, en 2017 se perdieron 144 000 hectáreas de bosque en la Amazonía, mientras que en 2018 la cifra bajó a 138 176. Aún así, la proporción de bosque deforestado en esta región, en comparación con Caribe, Andes, Orinoquía y Pacífico, aumentó y pasó del 65,5% al 70,1%. Esto se debe a que Andes, Caribe y Pacífico también tuvieron una desaceleración en la deforestación.

Por otro lado, Caquetá y Guaviare —que han sido los departamentos con las tasas más altas—, redujeron su deforestación pero siguen manteniéndose en los puestos 1 y 3 de los más deforestados.

“Caquetá ha reportado los mayores niveles de deforestación en los últimos 28 años y en este reporte sigue siendo así. Sin embargo, identificamos una reducción de 13 000 hectáreas en los municipios de San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá”, afirma Edersson Cabrera.

La mala noticia para la región es que el sur del departamento del Meta tuvo un aumento en pérdida de bosque y es el segundo departamento más deforestado del país después de Caquetá. Según dice Cabrera, municipios como La Macarena, Uribe, Mesetas y Mapiripán vienen con aumento de la deforestación. “Respecto a 2017, el departamento tuvo un aumento de cerca de 8000 hectáreas deforestadas. El municipio de La Macarena fue el que más incrementó su deforestación en todo el país (26%)”.

Lo anterior también se refleja en la grave situación que enfrentan los Parques Nacionales Sierra de La Macarena, Picachos y Tinigua. Este último es el más alarmante pues pasó de 4000 hectáreas deforestadas en 2017 a 10 471 en 2018.

El departamento de Putumayo, al sur de la Amazonía colombiana, también aportó este año dos municipios a los más deforestados del país: Puerto Guzmán y Puerto Leguízamo

 

Desaceleración en cuatro regiones e incremento en una

 

La Orinoquía fue la única región que aumentó sus tasas de deforestación. “Presentó aumentos a pesar de que es una de las regiones que menos bosque tiene. Su deforestación en 2018 fue de 12 073 hectáreas, 2120 más que en 2017. Los principales núcleos están ubicados en las selvas del Sarare en Arauca y sectores del municipio de Cumaribo en el departamento de Vichada”, comenta Edersson Cabrera.

En los Andes la deforestación en 2018 fue de 28 089 hectáreas y en 2017 de 36 745; se redujo en 8656 hectáreas. Según el reporte del IDEAM, los departamentos de Cauca, Nariño y Antioquia que tenían una tendencia al alza vienen ahora en control y con reducciones importantes. Sin embargo, en la región del Catatumbo, en la cordillera oriental, los municipios de El Tarra Tibú y Sardinata continúan con un incremento en la deforestación.

Por su parte, el Caribe acumula el 2,8% de la superficie de bosque del país y posee relictos importantes de bosque en la Sierra Nevada de Santa Marta, los Montes de María, la parte baja de la Serranía del Perijá y las partes bajas de los ríos Cauca y Nechí. En el Caribe se deforestaron 11 367 hectáreas, 4288 menos que en 2017. Los expertos hacen un llamado a controlar la pérdida de bosque en esta región pues allí sobrevive buena parte del bosque seco tropical del que apenas queda un 8% en Colombia.

En el Pacífico colombiano también hubo una reducción en la deforestación. En 2018 se registraron 7454 hectáreas deforestadas cuando en 2017 la cifra superaba las 13 000. Los focos principales están en la frontera con Panamá y en el municipio de Riosucio, Chocó; mientras que la parte Pacífica de los departamentos de Valle y Nariño y el sur del Chocó presentan reducciones.

 

Confusión en las cifras

 

“En 2017 recibimos la cifra de 220 000 hectáreas deforestadas. Nuestro modelo de predicción nos mostraba que en el 2018 tendríamos una deforestación de 260 000 hectáreas si no tomábamos acciones concretas. La media nos decía 240 000 pero la redujimos en un 17%, es decir, pasamos a 197 000 hectáreas deforestadas en 2018. Se evitaron más de 40 000 hectáreas de bosque natural deforestado”, dijo el ministro Lozano.

Esta afirmación, donde se menciona una reducción del 17% en la deforestación, fue la que generó confusión y la cifra fue utilizada por algunos sin tener en cuenta que hacía referencia a una reducción respecto a lo proyectado por el Ministerio de Ambiente —esperaban entre 240 000 y 260 000 hectáreas de deforestación—. En otras palabras, no era la cifra real.

La verdadera disminución de la deforestación fue de 10% entre 2017 (219 973 hectáreas perdidas) y 2018 (197 159 hectáreas perdidas).

 

Por  Antonio José Paz Cardona

11 julio 2019 

*Imagen principal: Cormacarena.

Publicado originalmente en Mongabay

Publicado enColombia
Las arañas parecían actuar como zombis, de acuerdo con los investigadores del comportamiento de un nuevo tipo de avispa ecuatoriana. Foto: Archivo

Entre las pirañas, anacondas y jaguares de la Amazonía ecuatoriana, una especie recién descubierta de avispas parásitas podría ser la cosa más aterradora en la selva.

Las avispas “secuestran” los cerebros de las arañas que se sabe viven en redes comunales y las obligan a abandonar sus colonias para proteger la larva de la avispa.
Luego, las arañas zombies “esperan pacientemente” a ser devoradas, según un estudio reciente publicado en Ecological Entomology.


Investigadores especializados en zoología de la Universidad de Colombia Británica (UBC, por sus siglas en inglés) documentaron esta extraña relación después de observar el ciclo de vida del parasitoide entre una nueva avispa de la especie Zatypota y la araña “social” Anelosimus eximius, en Ecuador.


Anteriormente se observó a una de estas avispas modificando el comportamiento de una araña solitaria, esta es la primera vez que una avispa domina a una llamada “araña social”.
De acuerdo con la investigación, después de que una hembra adulta pone un huevo en el abdomen de una araña, la larva incuba y se adhiere al desafortunado arácnido. La larva crece y se vuelve más poderosa a medida que avanza para alimentarse de la hemolinfa de la araña, el equivalente a la sangre en los insectos.


A través de un proceso que altera el comportamiento, la larva se vuelve capaz de manipular la toma de decisiones de la araña. Según el estudio, las arañas parecían estar “zombificadas”, y “abandonarían su colonia para proveer un capullo a la larva antes de esperar pacientemente a que las mataran y consumieran”.


Bajo la protección del capullo, la larva se alimenta de la araña muerta y continúa creciendo. De nueve a 11 días después, la larva emerge del capullo como una avispa completamente formada, lista para salir y zombificar a otra araña desafortunada.


“Una vez que la larva se convierta en una avispa completamente formada, se irá y encontrará una pareja”, me dijo la coautora Samantha Straus en una llamada telefónica. “Entonces el ciclo continúa”.


Para los científicos, los métodos brutales de las avispas parasitoides no son un concepto nuevo en la naturaleza. Las criaturas que ponen sus huevos en o sobre los cuerpos de otros insectos y eventualmente se los comen son uno de los grupos de animales más diversos en la tierra, según un estudio publicado en 2018 en BMC Ecology.


Pero la avispa recién identificada en la especie Zatypota es única incluso entre este grupo temeroso.


“Esta modificación de comportamiento es muy grave”, dijo Straus en un comunicado de prensa de UBC . “La avispa secuestra completamente el comportamiento y el cerebro de la araña y hace que haga algo que nunca haría, como dejar su nido y tejer una estructura completamente diferente. Eso es muy peligroso para estas pequeñas arañas”.


Los investigadores sospechan que las avispas inducen este comportamiento inusual en las arañas sociales al inyectar hormonas en la araña que hacen que abandone su colonia y se vuelva sumisa a la larva.


Además, los científicos creen que las avispas apuntan a estas arañas sociales porque pueden proporcionar un huésped estable y una fuente de alimento. También descubrieron que las avispas tenían más probabilidades de atacar colonias de arañas más grandes.
Straus dice que espera regresar a Ecuador para investigar si las avispas regresan a las mismas colonias de arañas generación tras generación, y si es así, qué ventaja evolutiva podría presentar.

2 diciembre 2018