Miércoles, 30 Enero 2019 05:52

La libertad, causa común

La libertad, causa común

Este año será el del 40 aniversario de la revolución que derrocó a la dictadura de la familia Somoza. Cuando se rompa ese ciclo que parece fatal en nuestra historia, donde las tiranías parecen repetirse sin fin, la piedra que Sísifo ciego debe empujar eternamente hasta la cima de la montaña no tendrá que rodar de nuevo al plan del abismo. Habremos cambiado dictadura por democracia.

La derrota definitiva del régimen del último Somoza se debió a tres factores fundamentales: el primero de ellos el alzamiento popular encabezado por el Frente Sandinista, y que a partir de octubre de 1977 logró prender en todo el país, vertebrado por la participación creciente de miles de jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, hasta llegar a convertirse en una verdadera insurrección nacional.


El siguiente factor fundamental fue el respaldo que los jóvenes en armas recibieron de todos los sectores ciudadanos, sin ningún distingo, muchos alentados por su compromiso cristiano. La aparición del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes, profesionales, intelectuales, le dio a la organización guerrillera peso político nacional e internacional.
Y el tercero de ellos, pero no el menos importante, la gran alianza latinoamericana que se logró forjar, sin que esta convergencia de voluntades tuviera una identidad ideológica. Los presidentes se guiaban más bien por el repudio a un régimen que había perdido toda legitimidad, no tenía consenso nacional, y se basaba nada más en la represión brutal. Era la última de las viejas tiranías familiares de las “repúblicas bananeras”, un término acuñado por O’Henry en su novela De coles y reyes.


En esta alianza fueron fundamentales Venezuela, Panamá, Costa Rica, México y Cuba; el solo apoyo de Cuba, con cuyo sistema los comandantes guerrilleros sandinistas se identificaban, no hubiera sido suficiente. Más bien es lo contrario. Este apoyo, con pertrechos de guerra, fue posible en términos políticos porque los otros países, con sistemas basados en la democracia representativa, estuvieron presentes; y algunos de ellos prestaron también auxilio bélico, como Venezuela y Panamá, y recursos materiales, como México, para no hablar de Costa Rica, que se convirtió en retaguardia de la lucha armada.


La llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos en 1977 abrió una puerta nueva en las relaciones de Washington con América Latina, como pudo verse con la firma ese mismo año de los tratados Torrijos-Carter que devolvieron a Panamá la soberanía del canal. Y la intimidad de medio siglo con la dinastía de los Somoza llegó a su fin con la nueva doctrina de derechos humanos proclamada por Carter. Somoza no entendía aquella hostilidad imprevista que también fue clave para acabar con su reinado.


Omar Torrijos conocía bien la calaña de Somoza, cegado por su obscena voluntad de quedarse para siempre en el poder. Rodrigo Carazo era presidente de un país democrático por convicción y tradición; Costa Rica había soportado por el último medio siglo la vecindad de una dictadura de aquella calaña, y quería para Nicaragua un gobierno igualmente democrático. Y Carlos Andrés Pérez, que venía de la tradición socialdemócrata de Rómulo Betancourt, sabía cuánto se parecía la dictadura de Pérez Jiménez, bajo la que se había visto obligado a exiliarse de Venezuela, a la del viejo Somoza, fundador de la dinastía.


Y en aquel alineamiento de los astros, que fue tan propicio a la caída del último Somoza, la figura del presidente José López Portillo, de México, resultó crucial. Su respaldo fue constante, oportuno y generoso. Me recibió no pocas veces, y puso en sintonía a su gabinete para darnos apoyo, antes y después del triunfo de la revolución. Rompió relaciones diplomáticas con Somoza en mayo de 1979, y nos había pedido que le dijéramos cuál sería la mejor oportunidad para hacerlo. Cuando vino por primera vez a Managua en 1980 en visita oficial, alguno de sus secretarios le preguntó durante el vuelo qué tratamiento habría que dar a Nicaragua en cuanto a ayuda material, y él respondió que igual a cualquier estado de México.


Era el fruto de una larga y generosa tradición. Hubo nicaragüenses que combatieron del lado de las fuerzas revolucionarias en México, uno de ellos el poeta Solón Argüello, secretario privado del presidente Francisco Madero, y fusilado en 1913 tras el golpe de Estado que culminó con la usurpación del dictador Victoriano Huerta; combatientes mexicanos pelearon contra Somoza durante la revolución, y murieron en tierra nicaragüense, como la inolvidable Araceli Pérez Darias.


El presidente Plutarco Elías Calles respaldó con armas a los insurrectos liberales que se alzaron en Nicaragua en defensa de la Constitución en 1925. El presidente Emilio Portes Gil acogió a Sandino en Yucatán en 1929. Y México fue clave en las gestiones del Grupo Contadora para lograr los acuerdos de paz de 1987 que llegaron a poner fin al conflicto armado con la Resistencia Nicaragüense.


En América Latina nada es nunca hacia adentro. La libertad ha sido siempre una causa común.


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Docentes de Los Ángeles ganan una batalla contra la privatización de la educación

Llevó una semana, pero los docentes de las escuelas públicas de Los Ángeles ganaron la batalla. Más de 30.000 docentes y personal escolar, miembros del sindicato “Docentes Unidos de Los Ángeles” (UTLA , por su sigla en inglés), se declararon en huelga por primera vez en 30 años, en demanda de más recursos para sus aulas, personal auxiliar y de biblioteca en cada escuela, grupos más pequeños por clase y mejores salarios. Tanto al sol como bajo la lluvia, estudiantes, madres, padres y otros aliados se unieron a los piquetes y manifestaciones convocadas por los maestros. El martes, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles ( LAUSD ) —el segundo mayor distrito escolar del país, del cual casi tres cuartos de sus estudiantes son latinos— acordó satisfacer las demandas de los docentes en huelga. Las clases se reanudaron el miércoles. Esta importante huelga también se suma a una ola de medidas similares llevadas a cabo en todo el país por docentes que luchan contra el intento de los intereses corporativos de privatizar la educación pública.

El martes por la noche, el presidente del sindicato docente de Los Ángeles, Alex Caputo-Pearl, hizo estas declaraciones después de que una gran mayoría de los miembros del sindicato ratificara el acuerdo: “Hicimos huelga, una de las huelgas más grandes que ha vivido Estados Unidos en décadas. La creatividad, la innovación, la pasión, el amor y la emoción de nuestros afiliados estuvieron presentes en las calles, en las comunidades, en los parques, a la vista de todos”.


Arlene Inouye, especialista del habla y el lenguaje con 18 años de experiencia en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, presidió el comité de negociación por parte del UTLA . En una entrevista para Democracy Now!, Inouye declaró: “Este fue un acuerdo histórico y nos dio más de lo que esperábamos”. Se cumplieron todas sus demandas principales, como poner un límite a las escuelas “chárter” para revertir la tendencia hacia la privatización, y además se pusieron sobre la mesa otro tipo de demandas. Inouye explicó: “También pudimos incluir en nuestras escuelas algunos temas de negociación no obligatorios, los que llamamos ‘asuntos de bien común’, como espacios verdes en los campus, detener la criminalización de los jóvenes. Pudimos conseguir un fondo de defensa para inmigrantes. Estamos haciendo una declaración de valores”.


También en Democracy Now!, la investigadora y periodista Sarah Jaffe, autora del libro “Necessary Trouble: Americans in Revolt” (“Problemas necesarios: estadounidenses en rebelión”, en español), manifestó: “Ha habido corrientes de reforma dentro del UTLA desde hace al menos una década. Los docentes me contaron que estos movimientos se remontan a la crisis financiera de 2008, la recesión y el despido masivo de muchos docentes, y que de allí surgió el intento de conformar una nueva corriente interna. En 2014, la agrupación Union Power ganó las elecciones y con docentes como Arlene y Alex Caputo-Pearl al frente introdujo un departamento de organización, un departamento de investigación, un departamento político, que el sindicato no tenía anteriormente, y logró que los docentes votaran a favor de aumentar sus propias cuotas sindicales para poder llevar a cabo estas propuestas. En este clima, tras [el juicio de Mark] Janus, que fue [desfavorable] para los trabajadores del sector público, deberíamos prestarle atención a un sindicato que, nuevamente, hizo que los docentes aumentaran sus propias cuotas para invertir en convertirse en un sindicato de lucha y movilización de verdad”.


En sus manifestaciones, los maestros y profesores mencionaron en reiteradas ocasiones el tema de la privatización. La docente Marianne O’Brien expresó en diálogo con Democracy Now!: “Básicamente, esta lucha aborda la privatización de las escuelas. El superintendente Austin Beutner está presionando para privatizar las escuelas. Y eso es un problema para nosotros porque, si todos los fondos para las escuelas públicas se destinaran a las escuelas chárter, nuestros estudiantes se verían perjudicados de manera desproporcionada y no tendrían acceso a una educación de calidad”.


El superintendente Austin Beutner, un acaudalado banquero de inversión, no tiene experiencia previa en educación. ¿Cómo llegó al cargo? La escritora Sarah Jaffe explicó cómo fue la elección de la junta escolar del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles en 2018: “El año pasado hubo elecciones para designar a la nueva junta escolar. La campaña involucró 14,7 millones de dólares provenientes de fondos externos, invertidos por defensores de las escuelas chárter, grandes fondos de cobertura y cosas por el estilo; las personas que normalmente vemos introducirse en estos lugares. Así que obtuvieron una mayoría de candidatos a favor de las escuelas chárter y colocaron a Beutner en el cargo”.


Uno de los planes de Beutner es dividir el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles en 32 distritos “modelo”, imitando los procedimientos de ciudades como Detroit y Newark que, según el UTLA , “están plagados de un entramado de planes de privatización que no mejoran los resultados de los estudiantes”.


Las escuelas chárter no solo pueden despedir docentes más fácilmente que las escuelas públicas; también pueden despedir a los alumnos. Al elegir estudiantes de alto rendimiento y rechazar a aquellos que tienen necesidades especiales o puntaje bajo en los exámenes estandarizados, las escuelas chárter agotan los recursos de las escuelas públicas de los vecindarios más pobres. Lilit Azarian, otra docente presente en el piquete, nos dijo: “Se trata de luchar por las comunidades de color, porque esas son las comunidades afectadas por esta corriente privatizadora que ha tomado el control”.


En marzo habrá una elección especial para cubrir un cargo en la junta escolar del Distrito Unificado de Los Ángeles que quedó vacante cuando un miembro se declaró culpable de haber cometido delitos financieros graves en la campaña. La elección está siendo fuertemente disputada entre los defensores de las escuelas chárter y el UTLA y otros aliados de las escuelas públicas tradicionales. Jaffe opinó: “Si los docentes quieren a Beutner afuera, esta será la forma de lograrlo”.


El año pasado, una ola de huelgas docentes atravesó el país, pero en estados de mayoría republicana, como Virginia Occidental, Oklahoma y Arizona. Los docentes se declararon en huelga y lograron mejoras notables; no solo en salarios y beneficios, sino también en recursos para las escuelas y aulas. Ahora los maestros se están alzando en bastiones demócratas como Los Ángeles. El martes, cuando el UTLA declaró la victoria y puso fin a la huelga, el sindicato docente de Denver, Colorado, votó por abrumadora mayoría a favor de hacer huelga. También se espera que los docentes sindicalizados de Oakland, California, hagan huelga, al igual que los de las universidades comunitarias de Chicago.


Si los docentes de Los Ángeles son una señal de lo que está por venir, los privatizadores y su defensora en Washington D.C., la multimillonaria secretaria de Educación Betsy DeVos, podrían estar frente a oponentes más que fuertes.


Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Carta de solidaridad y apoyo a la resistencia y la autonomía zapatista

Nosotros, nosotras, intelectuales, académicos, artistas, activistas y personas de buena voluntad, así como organizaciones, asociaciones y colectivos de varios países manifestamos nuestra solidaridad con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en este momento crucial de su historia y rechazamos tajantemente la actual campaña de desinformación, mentiras y calumnias dirigida en contra del zapatismo.

Para nosotras, nosotros, al igual que para mucha gente en el mundo, la lucha zapatista representa un gran ejemplo de resistencia, dignidad, congruencia y creatividad política. Hace 25 años, su ¡Ya Basta! fue un acontecimiento de gran trascendencia y una de las primeras reacciones contundentes a nivel planetario frente a la globalización neoliberal, por lo que contribuyó a impulsar el rechazo y la crítica de un modelo que, en ese entonces, parecía incuestionable. Fue también, y sigue siendo, expresión de la lucha legítima de los pueblos originarios en contra de la dominación y el desprecio sufridos durante siglos y hasta hoy, así como en favor de sus derechos a la autonomía. El auto-gobierno popular que los y las zapatistas han puesto en práctica con las Juntas de Buen Gobierno en sus cinco caracoles constituyen un ejemplo de democracia verdadera y radical, digno de inspirar a los pueblos del mundo y de ser estudiado en todas las facultades de ciencias sociales del planeta. La construcción de la autonomía zapatista representa para nosotros, nosotras, la búsqueda constante, honesta y crítica de un proyecto alternativo y emancipador de suma importancia a la hora de enfrentar los desafíos de un mundo que parece hundirse cada vez más en una profunda crisis, a la vez económica, social, política, ecológica y humana.

Por eso, expresamos nuestra preocupación por la situación que enfrentan las comunidades zapatistas y los pueblos indígenas de México, al ser atacados sus territorios y comunidades por proyectos mineros, turísticos, agro-industriales, de infraestructura, etc., tal como lo ha denunciado el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG). En este momento, nos preocupa especialmente los grandes proyectos impulsados por el nuevo gobierno mexicano, como el Corredor Transístmico, el millón de hectáreas de árboles comerciales y el llamado “Tren Maya”, recientemente denunciado como una humillación y una provocación por el subcomandante Moisés, vocero del EZLN, ya que afecta gravemente los territorios de los pueblos mayas que habitan en el sureste mexicano.

Además de los devastadores efectos ambientales de este proyecto y del desarrollo turístico masivo que pretende detonar, nos preocupa la premura en iniciar las obras del “Tren Maya”, encubriéndola con un pseudo ritual a la Madre Tierra, denunciado por el vocero zapatista como una burla inaceptable. Nos indigna que de esta manera se prepare un ataque más en contra de los territorios zapatistas y que se hayan ninguneado los derechos de los pueblos originarios, evadiendo la obligatoriedad de la consulta real, previa, libre e informada, tal como lo establecen el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre los pueblos originarios. Nos parece muy grave que así se violen los compromisos internacionales asumidos por México.

Compartimos el rechazo total expresado por el EZLN frente a estos y otros grandes proyectos que afectan gravemente a los territorios autónomos y a las formas de vida de los pueblos.

Denunciamos de antemano cualquier agresión en contra de las comunidades zapatistas, sea directamente por parte del Estado mexicano o a través de grupos y organizaciones de “civiles” armados o no armados.

Responsabilizamos al gobierno mexicano de cualquier confrontación que pueda surgir en el marco de la implementación de estos megaproyectos, que corresponden a un modelo ya rebasado de “desarrollo”, insostenible y devastador, decidido desde las cúpulas del poder y violando descaradamente los derechos de los pueblos originarios.

Llamamos a la gente de buen corazón a superar la actual desinformación tanto sobre la experiencia zapatista como sobre los grandes proyectos mencionados, y a estar atentos frente al riesgo de agresiones en contra de las comunidades zapatistas y los pueblos originarios de México.

 

Firman:

Arundhati Roy (escritora, India)
Raoul Vaneigem (escritor, Bélgica)
Pablo Gonzalez Casanova (sociólogo, UNAM, México)
Juan Villoro (escritor, México)
Winona Laduke (dirigente indígena, EEUU)
Immanuel Wallerstein (sociólogo, Yale University, New Haven, EEUU)
Paul Leduc (cineasta, México)
Giorgio Agamben (filósofo, Italia)
Gustavo Esteva (Unitierra-Oaxaca, México)
Silvia Federici (profesora, Hofstra University, Hempstead, EEUU)
Raúl Zibechi (escritor y periodista, Uruguay)
Havin Güneser (International Initiative Freedom for Abdullah Öcalan-Peace in Kurdistan)
Ignacio Ramonet (periodista y escritor, Francia)
Marcos Roitman (catedratico, Universidad Complutense, Madrid, España)
Isabelle Stengers (filósofa, Université Libre de Bruxelles, Bélgica)
Gilberto López y Rivas (antropólogo, UNAM, México)
Michael Löwy (filósofo y sociólogo, Centre National de la Recherche Scientifique, París, Francia)
Carlos Fazio (periodista y docente, UNAM, México)
Raj Patel (escritor y profesor, University of Texas, EEUU)
Toni Negri (filósofo, París, Francia)
Carlos Marentes (dirigente sindical, Sindicato de Trabajadores Fronterizos, EEUU)
Bertha Navarro (productora de cine, México)
Hugo Blanco Galdos (director Lucha Indígena, Perú)
Barbara Zamora (abogada, México)
Martin Almada (premio Nobel alternativo de la Paz 2002, Paraguay)
David Graeber (antropólogo, London School of Economics, Reino Unido)
Arturo Escobar (profesor, Universidad del Valle, Cali, Colombia; University of North Carolina, EEUU)
Carolina Coppel (productora de cine, Mexico)
Eduardo Viveiros de Castro (antropólogo, Universidade Federal, Rio de Janeiro, Brasil)
Paulina Fernandez (profesor de ciencias políticas, UNAM, México)
Compañía de teatro Tamèrantong! (París, Francia)
Paul Theroux (escritor, EEUU)
Fernanda Navarro (filósofa, UNAM, México)
Raúl Fornet-Betancourt (autor y profesor, Aachen, Alemania)
Claudia von Werlhof (profesora, Universidad de Innsbruck, Austria)
George Caffentzis (filósofo, University of Southern Maine, Portland, EEUU)
Miguel Altieri (profesor, University of California, Berkeley, EEUU)
Beatriz Aurora (pintora, México)
Serge Latouche (economista, profesor Université París Sud, Francia)
Carlos W. Porto Gonçalves (geógrafo, Universidades Federal Fluminense, Río de Janeiro, Brasil)
Chukki Nanjundaswamy (dirigenta campesina, KRRS, La Vía Campesina, India)
Baramee Chaiyarat (dirigente campesino, Assembly of the Poor, La Vía Campesina, Tailandia)
Jan Douwe van der Ploeg (profesor, Wageningen University, Holanda)
Mercedes Olivera (antropóloga, CESMECA, México)
Saturnino “Jun” Borras Jr. (profesor, Institute of Social Sciences, Holanda)
Marthin Hadiwinata (dirigente de pescadores, Traditional Fisherfolk Union, Indonesia)
Daniel Giménez Cacho (actor, México)
Sylvia Marcos (profesora, UNAM, México)
William I. Robinson (sociólogo, profesor, University of California, Santa Barbara, EEUU)
Colectivo de artistas Chto Delat (Rusia)
Teresa Niuvo (activista, Cataluña)
Ofelia Medina (actriz, México)
Begonia Lecumberri (activista, México)
Eduardo Matos Moctezuma (arqueólogo, México)
Roberto Marquez (director del grupo musical Illapu, Chile)
Cristina Rivera-Garza (escritora, México)
Tomas Ibañez (profesor, Universidad Autónoma de Barcelona, Cataluña)
Julieta Egurrola (actriz, México)
Jean Robert (escritor y arquitecto, Cuernavaca, México)
Emmánuel Lizcano (Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, España)
Elmer Mendoza (escritor, México)
Alicia Castellanos (antropóloga, UAM, México)
Carlos Taibo (profesor de ciencias políticas, Universidad autónoma de Madrid, España)
Antonio Ortuño (escritor, México)
Grimaldo Rengifo Vázquez (Programa Andino de Tecnologías Campesinas, Lima, Perú)
Gladys Faiffer Ramírez (Programa Andino de Tecnologías Campesinas, Lima, Perú)
Jorge Alonso (profesor-investigador, CIESA-Occidente, Guadalaraja, México)
Catherine Walsh (profesora, Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador)
Claudio Lomnitz (antropólogo, Columbia University, New York, EEUU)
Marina de Tavira (actriz, México)
Mireille Fanon-Mendès France (presidente de la Fondation Frantz Fanon International)
Sergio Tischler (BUAP, Puebla, México)
Fernando Matamoros (BUAP, Puebla, México)
Patricia Botero (profesora, Universidad de Antioquia, Medellín y Universidad de la
Tierra Manizales, Manizales, Colombia)
Eric Alliez (filósofo, Kingston University, Londres, Reino Unido y Université París 8, Francia)
Deborah Barndt (profesora, York University, Toronto, Canada)
Boaventura de Sousa Santos (profesor, Universidad de Coimbra, Portugal)
Santiago López Petit (filósofo, Universidad de Barcelona, Cataluña)
Richard Pithouse (profesor, Academic University of the Witwatersrand, Sudafrica)
Deborah Danowsky (filósofa, Pontifica Universidade Catolica, Rio de Janeiro, Brasil)
Fatma Alloo (escritora y comunicadora, Zanzíbar, Tanzania)
Anselm Jappe (filósofo, Accademia de Belle Arti, Sassari, Italia)
Ashish Kothari (activista, KALPAVRIKSH Environmental Action Group, India)
Samantha Hargreaves (directora, WoMin African Alliance, Sudafrica)
Enzo Traverso (profesor, Cornell University, EEUU)
Laksmi A. Savitri (profesora, University of Gadjah Mada, Indonesia)
Ovidiu Tichindeleanu (escritor, IDEA, Rumania)
Surnatural Orchestra (grupo musical, Francia)
Carmen Castillo (cineasta, Chile-Francia)
Malú Huacuja del Toro (escritora, New York, EEUU)
Kirk Helliker, (profesor, Rhodes University, Sudáfrica)
Lia Pinheiro Barbosa (profesora, Universidade Estadual do Ceará, Brasil)
Miguel Amorós (historiador, Barcelona, Cataluña)
Sang-Gyoon Kim (documentalista, Corea del Sur)
Corazon Valdez Fabros (abogada, International Peace Bureau, Filipinas)
Pravin Mote (dirigente, All India Forum of Forest Movements, India)
Devjit Nandi (dirigente, All India Forum of Forest Movements, India)
Walter Mignolo (profesor, Duke University, EEUU)
Peter Rosset (profesor, ECOSUR, México)
Rocío Noemi Martínez (historiadora de arte, México)
Ashlesha Khadse (coordinación, Amrita Bhoomi Center, La Vía Campesina, India)
Rodrigo Rey Rosa (escritor, Guatemala)
Alberto Barrera Tyszca (escritor, Venezuela)
Eric Nepomuceno (escritor, Brasil)
Francisco Goldman (escritor, EEUU/Guatemala)
Marina Garcés (filósofa, España)
Juan Cruz (escritor, España)
David Homel (escritor, Canadá)
Bruno Montané (poeta, Chile/España)
Paula Canal (agente literaria, España)
Adrian Arancibia (poeta, Chile)
Milton Fornaro (escritor, Uruguay)
Jorge Fondebrider (escritor, Argentina)
Vivian Scheinsohn (arqueóloga, Argentina)
Bárbara Belloc (escritora y editora, Argentina)
Teresa Arijón (poeta, Argentina)
Alcira Cuccia (escritora, Argentina)
Héctor Abad Faciolince, escritor. Colombia
Alonso Cueto (escritor, Perú)
Martín Caparrós (escritor, Argentina)
Frederic Amat (pintor, España)
Edgardo Cozarinsky (escritor, Argentina)
Daniel Vidal (pintor, Argentina)
Luis Altieri (pintor, Argentina)
Miguel Vitagliano (escritor, Argentina)
Sergio Chéjfec (escritor, Argentina)
Rubén Martínez (escritor, EEUU)
Jorge Aulicino (poeta, Argentina)
Carlos Gamerro (escritor, Argentina)
Javier Capera (director de la revista FAIA, Argentina)
Patricio Pron (escritor, Argentina)
Ferdinando Scianna (fotógrafo, Italia)
Edgardo Cozarinsky (escritor, Argentina)
John Gibler (poeta y periodista, EEUU)
Joani Hocquenghem (escritor, Oaxaca, México)
Elaine Hsiao (International Union for the Conservation of Nature, Ruanda)
Henry Veltmeyer (profesor, Universidad Autónoma de Zacatecas, México)
John Oakes (editor, OR Books, EEUU)
Britt Baatjes (profesora-investigador, Port Elizabeth, Sudáfrica)
Anne Harley (investigadora, Paulo Freire Project, University of KwaZulu-Natal, Sudáfrica)
Shalmali Guttal (directora, Focus on the Global South, Tailandia e India)
Philip McMichael (profesor, Cornell University, EEUU)
Darcy Tetreault (profesor, Universidad Autónoma de Zacatecas, México)
Richard Stahler-Sholk (profesor, Eastern Michigan University, EEUU)
Avijit Chatterjee (activista derechos indígenas, India)
Haroon Akram-Lodhi (profesor, Trent University, Canadá)
Tony Weis (profesor, University of Western Ontario, Canadá)
Kathleen McAfee (profesora, San Francisco State University, EEUU)
John Vandermeer (profesor, University of Michigan, EEUU)
Tomás Alberto Madrigal (adherente de la Sexta, trabajador de salud, EEUU)
Katharine Crocker Blake (empresaria, Chiapas, México)
Matt Meyer (secretario general, International Peace Research Association, EEUU)
Raúl Delgado Wise (profesor, Universidad Autónoma de Zacatecas, México)
Ronald Nigh (profesor, CIESAS, México)
Omar Felipe Giraldo (profesor, ECOSUR, México)
Olivier de Marcellus (activista, Suiza)
Lapapan Supamanta (activista, Rural Initiatives for Community and Ecology Association, Tailandia)
Natrin Chaonsri (activista, Thai Poor Act, Tailandia)
Sadaharu Oya (profesor, Hokkai-Gakuen University, Japón)
Daniela Del Bene (investigadora, Universidad Autónoma de Barcelona, España)
Jennifer C. Franco (investigadora, TransNational Institute, Holanda)
Jack Kloppenburg (profesor, University of Wisconsin, EEUU)
Elizabeth Fitting (profesora, Dalhousie University, Canadá)
Peter Newell (profesor, University of Sussex, Reino Unido)
Susanna Hecht (profesora, University of California UCLA, EEUU)
Jai Sen (director, India Institute for Critical Action, India)
Mary Ann Manahan (investigadora activista, Marcha Mundial de Mujeres, Filipinas)
Claudio Cattaneo (profesor, Universidad Autónoma de Barcelona, España)
MaryAnne Tenuto (coordinación, Chiapas Support Committee, EEUU)
Gerardo Alatorre Frenk (investigador, Universidad Veracruzana, México)
Ulli Röding (Red YA-BASTA-NETZ, Alemania)
Arnoldo García (poeta, Chiapas Support Committee, EEUU)
Malely Linares Sánchez (docente, UNAM, ciudad de México, México)
Pierre Rousset (activista, Europe Solidaire Sans Frontières, Francia)
Anne Petermann (directora, Global Justice Ecology Project, EEUU)
Susannah R. McCandless (directora, Global Diversity Foundation North America, EEUU)
Melanie Bush (profesora, Adelphi University, EEUU)
Sarah Sexton (analista activista, The Corner House, Inglaterra)
Nicholas Hildyard (analista activista, The Corner House, Inglaterra)
Larry Lohmann (analista activista, The Corner House, Inglaterra)
Kamal Mitra Chenoy (profesor, Jawaharlal Nehru University, India)
Boris Kagarlitsky (director, Institute for Globalisation Studies and Social Movements, Rusia)
Anna Harris (sicóloga, Inglaterra)
Gustave Massiah (economista, Initiatives Pour un Autre Monde, Francia)
Marjorie Jobson (activista, Khulumani Support Group, Sudafrica)
Patrick Bond (profesor, University of the Witwatersrand, Sudafrica)
Arnim Scheidel (profesor, Universidad Autónoma de Barcelona, España)
Peter Swift (estudiante doctoral, University of Wisconsin, EEUU)
Emma McDonell (estudiante doctoral, Indiana University, EEUU)
Jorge Pinto (profesor, Universidade de Lisboa, Portugal)
Patrick Bresnihan (profesor, Trinity College, Irlanda)
Adam Jadhav (estudiante doctoral, University of California at Berkeley, EEUU)
J.P. Sapinski (profesor, Université de Moncton, Canadá)
Piran Azad (médico, Alemania)
Vasna Ramasar (profesora, Lund University, Suecia)
Regina Hansda (investigadora, Newcastle University, Inglaterra)
Leah Temper (investigadora, McGill University, Canadá)
Bob Thomson (activista, Peoples' Social Forum, Canadá)
Dianne Rocheleau (profesora, Clark University, EEUU)
Luis Malaret (profesor, Community College of Rhode Island, EEUU)
Johanna Jacobi (profesora, University of Bern, Suiza)
Keith Hyams (profesor, Univeristy of Warwick, Inglaterra)
Raymond Bryant (profesor, King's College of London, Inglaterra)
Anthony Ince (profesor, Cardiff University, Reino Unido)
Samir Delgado (poeta, Tren de los Poetas, México)
Michel Pimbert (profesor, University of Coventry, Inglaterra)
Stefano Portelli (investigador, University of Leicester, Inglaterra)
Patrick Chan (cooperativista, Sudafrica)
Natalia Paszkiewicz (profesora, University of Bath, Inglaterra)
Ivette Perfecto (profesora, University of Michigan, EEUU)
Carlotta Molfese (investigadora, Plymouth University, Inglaterra)
Miriam Boyer (activista, México via Berlin, Alemania)
Bengi Akbulut (profesor, Concordia University, Canadá)
Isabel Castillo (co-directora, River Road Unitarian Universalist Congregation, EEUU)
Freya Higgins-Desbiolles (profesora, University of South Australia, Australia)
Peter Clausing (coordinador, [email protected] de México del Sur A.C., Alemania)
Emily Caruso (directora, Global Diversity Foundation, Inglaterra)
Ben Cousins (profesor, University of the Western Cape, Sudafrica)
Alice Taherzadeh (investigadora, Cardiff University, Reino Unido)
Hung-Ying Chen (investigador, Durham University, Inglaterra)
Ruth Hall (profesora, University of the Western Cape, Sudafrica)
Nina I. Moeller (investigadora, University of Manchester, Inglaterra)
Leslie Gross-Wyrtzen (estudiante doctoral, Clark University, EEUU)
Laurence Cox (profesor, National University of Ireland Maynooth, Irlanda)
Abha Bhaiya (activista feminista, Jagori Rural Charitable Trust, India)
Ashwani Vasishth (profesor, Ramapo College, EEUU)
Miriam Lang (Universidad Andina Simón Bolivar, Quito, Ecuador)
Harris Charalambides (abogado, Chipre)
Yoann Moreau (antropólogo, Escuela de Mineria, Yagisawa, Japón)
Benjamín Cann (director y dramaturgo, México)
Brian Nissen (pintor, México)
Nadia Baram (fotógrafa, México)
Francisco Hinojosa (escritor, México)
Jordi Soler (escritor, México)
María René Prudencio (dramaturga, México)
Daniela Rea (periodista, México)
Álvaro Enrigue (escritor, México)
Javier Ledesma (editor, México)
Oscar Benassini (editor, México)
Nayeli García (investigadora, COLMEX, México)
Luis de Tavira (director de teatro, México)
Alberto Villarreal (director de teatro, México)
Raquel Araujo Madrea (directora de teatro, México)
Marcela Turati (periodista, México)
Raúl Silva (periodista, México)
Amelia Hinojosa (galerista, México)
Liliana García (historiadora, México)
Lorena Mata (maestra, México)
Natalia Beristáin (cineasta, México)
Pedro de Tavira (actor, México)
Stefanie Weiss (actriz, México)
Carlos Mendoza (filósofo y teólogo, México)
Yael Weiss (editora y traductora, México)
Pablo Reyna (investigador, México)
Ana Lydia Flores Marín (Universidad Iberoamericana, México)
Alejandra Rangel (promotora cultural, México)
Antonio Gritón (artista visual, México)
Diego Enrique Osorno (periodista, México)
Alma Karla Sandoval (escritora, México)
Naief Yehya (escritor, México)
Rubén Marín (periodista, México)
Paloma Robles (periodista, México)
Luciana Kaplan (cineasta, México)
Carlos Chimal (escritor, México)
Luz Emilia Aguilar Zínser (crítica e investigadora teatral, México)
Carlos Amorales (artista visual, México)
Daniel Aguilar Ruvalcaba (artista visual, México)
Carmen Boullosa (escritora, México)
Maya Goded (fotógrafa, México)
Guillermo Quijas (editor, México)
Gerardo Herrera Corral (físico, México)
Emiliano Ruiz Parra (periodista, México)
Verónica Gerber Bicecci (escritora, México)
Mónica del Villar (investigadora y editora, México)
Guillermo Espinosa Estrada (escritor, México)
Jorge Comensal (escritor, México)
Perla Yadira Coronado (académica, México)
Rubén Luna Castillo (académico, México)
Ma. Eugenia Sánchez Díaz de Rivera (académica, México)
Eduardo Almeida Acosta (académico, México)
Raúl Delgado Wise (sociólogo, México)
Inés Durán Matute (académica, México)
Rodrigo Camarena González (académico, México)
Carlos López Beltrán (escritor y filósofo, México)
Carmen Díaz Alba (profesora, México)
Raúl Romero (sociólogo, México)
Francisco Morfín (filósofo de la educación, México)
Jaime Bernardo Díaz Díaz (etnólogo, México)
Giovanna Zacarías (actriz, México)
Emiliano Monge (escritor, México)
Valeria Luiselli (escritora, México)
Luisa Riley (documentalista, México)
Raúl Arvizu (Director General para América Latina de Ocean Future Societies, México)
Rodrigo Navarro (Ocean Future Societies, México)
Oralba Castillo Nájera (profesora, UAEM, Cuernavaca, Morelos)
Norma Domínguez Quezada (profesora, Cuernavaca, Morelos)
Margarita Armella Delachica (profesora, Cuernavaca, Morelos)
Luz María Goribar del Río (terapeuta, Cuernavaca, Morelos)
Laura Bustos Hernández (Cuernavaca, Morelos)
María de Lourdes Lara (Cuernavaca, Morelos)
Tania Violeta Dávila Ramírez (psicóloga, Cuernavaca, Morelos)
Aurora Suárez (Cuernavaca, Morelos)
Servando Gaja (profesora, Cuernavaca, Morelos)
Martha Mata (antropóloga, Cuernavaca, Morelos)
Carolina Domínguez Quezada (socióloga, Cuernavaca, Morelos)
Coline Pla (estudios latinoamericanos, Cuernavaca, Morelos)
Ignacio López Guerrero (director escénico, Cuernavaca, Morelos)
Cristina del Carmen Vargas Bustos (terapeuta, Cuernavaca, Morelos)
Javier Ávila Aguirre, S.J. (Chihuahua, México)
Francisco Stockton Leal (Chihuahua, México)
Luis Aragón (Chihuahua, México)
Ricardo Ruiz Suárez Estrada (Chihuahua, México)
Roberto Carlos Robles Campos (Chihuahua, México)
Gloria Ilsel Loera Romero (Chihuahua, México)
Horacio Lagunas Cerda (antrópologo, Chihuahua, México)
Juan Jaime Loera González (Chihuahua, México)
Irma Henze (psicoanalista, Chihuahua, México)
Itzel Cervantes (Chihuahua, México)
Isabel Saldivar Ayala (Chihuahua, México)
Citlali Quintana Sapien (Chihuahua, México)
Patricia Martínez Escarza (Chihuahua, México)
Alma Rosa Dozal Estrada (Chihuahua, México)
Horacio Almanza Alcalde (Chihuahua, México)
Brenda Govea Medina (Chihuahua, México)
Georgina Gaona Pando (Chihuahua, México)
Tatiana Amor Aderman (Chihuahua, México)
Aline González Espinosa (Cuernevaca, México)
Óscar Ocampo Ayala (Cuernevaca, México)
Alma Sánchez Sanjz (Cuernevaca, México)
Carmen Jurado (Cuernevaca, México)
Diana Villalobos Díaz (Chihuahua, México)
María Elena Orozco (antropóloga, UPN, Chihuahua, México)
Susana Navarrete López (antropóloga, Chihuahua, México)
Pablo Ortiz Gurrola (Chihuahua, México)
Adriana Alcaraz (Chihuahua, México)
Julika Bond (maestra jubilada, México)
Vilma Almendra (Pueblos en camino, Colombia)
Emmanuel Rozental (Pueblos en camino, Colombia)
Claudia Isabel Serrano Otero (Universidad del Cauca, Popayán, Colombia)
Claudia Liliana Meza Romero (Bogotá, Colombia)
Pavel López Flores (CIDES-UMSA, La Paz, Bolivia)
Ana Vera (Surkuna, Ecuador)
Natalia Sierra (profesora-investigadora, Ecuador)
Salvador Schavelzon (profesor, Universidad de São Paulo, Brasil)
Oscar Olivera (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Marcela Olivera (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Natali Olivera (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Camila Olivera (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Marcelo Rojas (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Freddy Beltrán (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Roberto Escóbar (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Max Fuentes (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Aleida Liendo (Guerrerxs del agua, Cochabamba, Bolivia)
Eduardo Nash (HIJOS, Argentina)
Nicolás David Falcoff (músico, Argentina)
Guillerima Acosta (música, Argentina)
Néstor Augusto López (Revista Herramienta y Comunizar, Buenos Aires, Argentina)
Luis Menéndez Bardamu (sociólogo, Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Irene del Sol (odontopediatra, Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Peter Pál Pelbart (filósofo, Pontificale Universidad Catolica, São Paulo, Brasil)
Amarildo Ferreira Júnior (profesor, IFRR, Boa Vista, Brasil)
Sara Santacruz Vinueza (socióloga, Quito, Ecuador)
Nitram (hip hop autónomo rebelde, Quito, Ecuador)
Fredi Casco (artista, Asunción, Paraguay)
Ticio Escobar (crítico cultural, Asunción, Paraguay)
Jorge Agurto (director de Servindi, Perú)
Manuel Bayón (geógrafo, Ecuador)
Malena Martinez Cabrera (cineasta, Perú – Austria)
David Roca Basadre (periodista, Perú)
Bruno Delbecchi (periodista, Salvador de Bahia, Brasil)
Inácio Neutzling (Instituto Humanitas Unisinos, Sao Leopoldo, Brasil)
Pedro de Assis Ribeiro de Oliveira (sociólogo, profesor, Juiz de Fora, Brasil)
André Langer (sociólogo, Faculdade Vicentina, Curitiba, Brasil)
Elba Mercedes Palacios (colectivo Sentipensar Afrodiaspórico, Colombia)
Edith Lopez Ovalle (artista visual, Guatemala/México)
Diógenes Díaz (antropólogo, Colombia)
Valentina Díaz (colectivo Hierba, Colombia)
Vanda Ianowski (docente, Universidad Nacional del Comahue, Argentina)
Andrés Figueroa Cornejo (periodista, Resumen Latinoamericano y Kaos en la red, Chile)
René Vasco Irurzun (Argentina)
Carlos Arango Calad (psicólogo, Universidad del Valle, Cali, Colombia)
Maria Clara Lanari Bo (educadora, Rio de Janeiro, Brasil)
Derly Constanza Cuetia Dagua (Pueblo Nasa y Pueblos en Camino, Cauca, Colombia)
Francis Pacheco da Silva (Profesor del Estado do Rio Grande do Sul, Viamão, Brasil)
Dora María Yagarí González (Medellín, Colombia)
Patricia Rios Brandi (Porto Alegre, Brasil)
Alexander Panez Pinto (colectivo LEMTO/UFF, Brasil)
Emiliano Teran Mantovani (Observatorio de Ecología Política, Caracas, Venezuela)
Francisco Javier Velasco (antropólogo, OEP, Caracas, Venezuela)
Liliana Buitrago Arévalo (investigadora, OEP, Caracas, Venezuela)
Juan M. Planas (sociólogo, OEP, Caracas, Venezuela)
Juan Wahren (Universidad de Buenos Aires, Argentina)
Miguel Teubal (escritor, Buenos Aires, Argentina)
Marcela Claudia Lafon (Neuquén, Argentina)
Luis Daniel Hocsman (investigador, CONICET, Argentina)
Valentin Val (independiente, Argentina-México)
Hilda Imas (empleada, GCBA, Buenos Aires, Argentina)
Lucia Scrimini (Buenos Aires, Argentina)
Neka Jara (Argentina)
Maba Jara (Argentina)
Juan Sotelo (Buenos Aires, Argentina)
Pablo René Pons (Argentina)
Somayeh Khajvandi (socióloga, kurda de Iran instalada en Francia)
Behrouz Safdari (traductor, kurdo de Iran instalado en Francia)
Farzan Nasr (traductor y artista, Ispahan, Iran)
Amin Bozorgian (sociólogo, iraní instalado en Francia)
Sylvie Glissant (directora del “Institut du Tout-monde”, Francia)
Fabien Cohen (secretario general de FAL, France-Amérique-Latine, Francia)
Ana Cecilia Dinerstein (profesora, Bath University, Reino Unido)
Bernard Duterme (sociólogo, director del CETRI - Centre tricontinental, Bélgica)
Eleni Varika (profesora, Université París 8, Francia)
Christian Laval (sociólogo, profesor, Université Paris Nanterre, Francia)
Pierre Dardot (filósofo, investigador, Université Paris Nanterre, Francia)
Pierre Sauvêtre (profesor-investigador, Université Paris Nanterre, Francia)
Judith Revel (filósofa, profesora, Université París Nanterre, Francia)
François Gèze (éditor, París, Francia)
Rémy Toulouse (editor, La Découverte, París, Francia)
Loïc Blondiaux (profesor de ciencias políticas, Université Paris 1, Francia)
Yvon Le Bot (sociólogo, París, Francia)
Michel Wieviorka (sociólogo, París, Francia)
Geneviève Azam (economista, Toulouse, Francia)
Barbara Glowczewski (antrópologa, Centre National de la Recherche Scientifique, París, Francia)
François Cusset (profesor de estudios americanos, Université Paris-Nanterre, Francia)
Christophe Bonneuil (historiador, Centre National de la Recherche Scientifique, París, Francia)
Josep Rafanell y Orra (psicólogo y escritor, París, Francia)
Ludivine Bantigny (historiadora, Universidad de Rouen-Normandie, Francia)
Gilles Rivière (antropólogo, EHE/SS, París, France)
Irène Bellier (antropóloga, Centre National de la Recherche Scientifique, Francia)
Thomas Coutrot (economista, ex-vocero de Attac-France, Francia)
Alain Musset (geografo, director de estudios, EHESS, París, Francia)
Jean-Claude Bonne (historiador de arte, director de estudios, EHESS, París, Francia)
Jérôme Baschet (historiador, EHESS, París, Francia)
Eric Michaud (historiador de arte, director de estudios, EHESS, París, Francia)
Houari Touati (director de estudios, EHESS, París, Francia)
Jacques Revel (historiador, EHESS, París, Francia)
Philippe Minard (historiador, profesor, Université Paris 8 y EHESS, Francia)
María Stavrinaki (profesora-investigadora, Université de Paris 1-Sorbonne, Francia)
Jean-Louis Tornatore (profesor, Université de Bourgogne, Francia)
Alessandro Stella (historiador, Centre National de la Recherche Scientifique, París, Francia)
François Jarrige (historiador, Université de Bourgogne, Francia)
Carlo Vercellone (economista, profesor Université Paris 8, Francia)
Philippe Corcuff (profesor de ciencias políticas, Institut d'Etudes Politiques, Lyon, Francia)
Alexis Chaussalet (Attac-France, París, Francia)
Franck Gaudichaud (profesor, Université de Grenoble, copresidente de France-Amérique-Latine)
Marc Hatzfeld (antropólogo, Durban-Corbières, Francia)
Christian Arnsperger (profesor, Université de Lausanne, Suisse)
Guillaume Faburel (profesor-investigador, Université de Lyon 2, Francia)
Régine Plas (profesora, Université París Descartes, Francia)
Géronimo Diese (científico-activista, Francia)
Marc Tomsin (editor, Rue des Cascades, París, Francia)
Johan Badour (editor, Divergences, París, Francia)
Aline Pailler (periodista, ex-diputada del Parlemento Europeo, Ariège, Francia)
Alexandre Escudier (investigador, Fondation Nationale des Sciences Politiques, París, Francia)
Gil Bartholeyns (profesor-investigador, Université de Lille, Francia)
Thomas Golsenne (profesor-investigador, Université de Lille, Francia)
Elise Lowy (socióloga, Revue EcoRev', París, Francia)
Anna Fontes (profesora, Université Sorbonne Nouvelle- París 3, Francia)
Vanessa Manceron (antropóloga, Centre National de la Recherche Scientifique, París, Francia)
Karine Parrot (jurista, profesora, Université de Cergy-Pontoise, Francia)
Patricia Pol (profesora-investigadora, Université Paris-Est Créteil, Francia)
Françoise Escarpit (periodista, Bordeaux, Francia)
Sylvia Pérez-Vitoria (socio-economista, París, Francia)
Paul Ariès (director de la revista “Les Zindigné(e)s, Francia)
Beatrice Bonne (traductora, París, Francia)
Annick Stevens (filósofa, Université populaire de Marseille, Francia)
Jean-Michel Guillon (investigador, Université Paris Sud, Orsay, Francia)
Alain Damasio (escritor, Marseille, Francia)
Serge Quadruppani (escritor y traductor, Francia)
Maguy Marin (coreógrafa, Lyon, Francia)
Bonga (compositor-intérprete, Francia)
Serge Pey (poeta, Toulouse, Francia)
Brice Bonfanti (poeta-obrero, Grenoble, Francia)
Bertrand Meunier (fotógrafo, Tendance Floue, París, Francia)
Jacques Kebadian (cineasta, París, Francia)
Nicolas Défossé (cineasta, París, Francia)
Jean-François Galotte (cineasta, Colombes, Francia)
Claudine Baschet (actriz, París, Francia)
François-Xavier Drouet (cineasta, Faux-la-Montagne, Francia)
Christine Pellicane (director de teatro, París, Francia)
Philippe Maymat (actor, París, Francia)
Aida Kebadian (pintora, París, Francia)
Yannick Reix (director del “Café des images”, Caen, Francia)
Christian Valdelièvre (productor, Francia-México)
Marco Candore (artista, París, Francia)
Franssou Prenant (cineasta, París, Francia)
Dominique Dou (escritora, París, Francia)
Christian Carez (fotógrafo, Beersel, Bélgica)
Claire Doyon (cineasta, París, Francia)
Eric Premel (cineasta, ex-director del Festival de cine de Douarnenez, Francia)
Valentin Schaepelynck (profesor investigador, Université Paris 8, Francia)
Chloe Maillet (profesora de historia del arte, ESBA, Angers, Francia)
Christine Lapostolle (profesora, Ecole Européenne Supérieure d'Arts de Bretagne, Francia)
Kristina Solomoukha (artista y profesora, EESAB, Rennes y EnsAD, París, Francia)
Francesca Cozzolino (profesora-investigadora, EnsAD, París, Francia)
Gaelle Hauptmann (artista, Quimper, Francia)
Jean Rochard (productor de música, París, Francia)
Jean-Baptiste Vidalou (escritor, Francia)
Régis Hébette (director del teatro L'Echangeur, Bagnolet, Francia)
Claire Moyrand (escritora, París, Francia)
Guillaume Lasserre (crítico de arte, París, Francia)
Émile Ouroumov (director del centro de arte BBB, Toulouse, Francia)
Benjamin Landsberger (productor ejecutivo, Maisons-Laffitte, Francia)
Kayler Stéphane (medios audiovisuales, París, Francia)
Antoine Boute (escritor, Bruxelles, Bélgica)
Paolo Codeluppi (artista y fotógrafo, Bagnolet, Francia)
Maryline Brustolin (galerista de arte, París, Francia)
Dominique Mathieu (artista, París, Francia)
David Benassayag (editor y director de centro de arte, Cherbourg, Francia)
Yves Raynaud (grafista, Villiers-sur-Morin, Francia)
Hélène Roux (socióloga, Université París 1, Francia)
Willy Gianinazzi (historien, París, Francia)
Maud Pérez-Simon (profesor, Université Sorbonne Nouvelle - Paris 3, Francia)
Violaine Delteil (socio-economista, Université Sorbonne Nouvelle Paris 3, Francia)
Patrick Dieuaide (Université Sorbonne Nouvelle París 3, Francia)
Odile Henry (socióloga, Université Paris 8 Vincennes, Francia)
Guillaume Goutte (corector de prensa, CGT, París, Francia)
Angeles Alonso Espinosa (antropóloga, París, Francia)
David Scemla (abogado, París, Francia)
Marie-Christine Callet (París, Francia)
Nadine Verdier (Attac-France, Cahors, Francia)
Michèle Plantain (Attac-France, Noyelles sur Selle, Francia)
Marc Saracino (fundador del Festival de cinema “Résistances”, Foix, Francia)
Marie-Luce Rauzy (editora, EHESS, Marseille, Francia)
Davide Gallo Lassere (investigador, Université París Nanterre, Francia)
Fabrice Flipo (filósofo, París, Francia)
Pierre Bance (editor, París, Francia)
Christian Mahieux (Réseau Syndical International de Solidarité et de Lutte, Francia)
Stéphane Enjalran (Union syndicale Solidaires, Francia)
Verveine Angeli (Union syndicale Solidaires, Francia)
Cybèle David (fédération SUD éducation, Francia)
Nara Cladera, (fédération SUD éducation, Francia)
Eric Decamps, (fédération SUD Rail, Francia)
Raphaël Millon (Solidaires Jeunesse et Sports, Francia)
Marc Tzwangue (Union syndicale Sud Industrie, Francia)
Yann Renoult (Sud éducation 93, Francia)
Elodie Douvry (Sud éducation 93, Francia)
Hortensia Ines (Sud éducation 66, Francia)
Valérie Duguet (Sud éducation 87, Francia)
Laura Voilqué (asociación La Ligne d'horizon, París, Francia)
Claude Micmacher (arquitecto, Réseau français des Ecocentres, Périgueux, Francia)
Jocelyne Cambuzat (Limoges, Francia)
Omar Kezouit (Attac-Paris, Francia)
Pascal Girard (profesor, Vanves, Francia)
Marcel Caucheteux (Attac-France, Lille, Francia)
Dolores Vázquez-Salvadores (profesora de español, París, Francia)
Arnaud Tomès (profesor de filosofía, Strasbourg, Francia)
Néstor Vega Salazar (París, Francia)
Lise Bouzidi Vega (París, Francia)
Violeta Salvatierra (estudios coreográficos, Université Paris 8, Francia)
Jacqueline Balvet (retraitée, Attac-France, Gard, France)
Christian Godeux (Cévennes, Francia)
Pierre Mallet (marinero, Marseille, Francia)
Matías Possner (Grupo Chiapas, Austria)
Pablo Campoy (politólogo, Holanda)
Didier Harpagès (profesor, Hondschoote, Francia)
Guy Michel (profesor, Sauvian, Francia)
Christian Ferrié (profesor de filosofía, Strasbourg, Francia)
Suzanne Hildebrandt (politóloga, Strasbourg, Francia)
Stéphane Douailler (filósofo, profesor Université Paris 8, Francia)
Anouk Anglade (estudiante, Université París 8, Francia)
Blandine Gravelin (Université París 1, Francia)
Rozenn Milin (periodista, Landunvez, Francia)
Yolaine Puche (empleada, Tours, Francia)
Raphaël Guesuraga (profesor, Saint-Leu-la-Forêt, Francia)
Vasiliki Zachari (investigadora, EHESS, París, Francia)
Alizé Lacoste Jeanson (antrópologa, Bordeaux, Francia)
Nicolas Flesch (escritor, París, Francia)
Caroline Simpson Smith (co-directora del Théâtre-Sénart, Lieusaint, Francia)
Laurence Loutre- Barbier (editora, Fage, Lyon, Francia)
Vivianna Mélo Saint-Cyr (psicóloga, París, Francia)
Garance Tefnin (Saint-Alban des Hurtières, Francia)
Gécile Menard (director de escuela secundaria, Paris, Francia)
Catherine Gégout (ex-regidora de la ciudad de París, Francia)
Gabriel Gau (regidor de la ciudad de París, Francia)
Fany Gaillanne (regidora de la ciudad de París, Francia)
Marie-Christine Haensler Dussel (Attac-Valenciennes, Marly, Francia)
Jean-Michel Armagnac (Agen, Francia)
Ani Kebadian (París, Francia)
Jacques Voilqué (París, Francia)
Sylvie Poignant (París, Francia)
Jeanne Dacenko (París, Francia)
Joseph Dekkers (París, Francia)
Moira Gey Smith (architecte, París, Francia)
Vicente Romero (profesor-investigador, Université Paris 8, Francia)
Julien Grimaud (profesor de preparatoria, Dunkerque, Francia)
Amélie Benassayag (Argenton s/Creuse, Francia)
Ladislas de Monge (Villon, Francia)
Eleni Konstantinidou (Sálonica, Grecia)
Geert Carpels (Wodeck, Bélgica)
Mieke Krul (Virginal-Samme, Bélgica)
Ariane Vaneigem (Braine, Bélgica)
Fanchon Daemers (artista-música, Spa, Bélgica)
Anne Hustache (Bruxelles, Bélgica)
Philippe Delsupehe (Bruxelles, Bélgica)
Jean Delsupehe (Bruxelles, Bélgica)
Caroline Delsupehe (Bruxelles, Bélgica)
Renaud Tefnin (Yvignac La Tour, Francia)
Stephan Peleman (Rumst, Bélgica)
Isabelle Privé (Lessines, Bélgica)
Jean-Marie Hoppe (Lessines, Bélgica)
Thérèse Dubrule (Lessines, Bélgica)
Michel y Michèle Meli (Olignies, Bélgica)
Daniel Betche (Lessines, Bélgica)
Brigitte Tack (Linkebeek, Bélgica)
Chiara Vaneigem (Mons, Bélgica)
María Grazia Macchia (librera, Madrid, España)
Giuseppe Maio (editor, Madrid, España)
Hector Zamora (artista visual, Lisboa, Portugal)
Cecilia Brunson (galerista de arte, Londres, Reino Unido)
Adnan Celik (investigador, University of Sussex, Reino Unido)
Peggy Rivage-Seul (profesora, Berea College, Berea, EEUU)
Anu Sharma (profesora, Wesleyan University, Middletown, EEUU)
Frédéric Neyrat (filósofo, University of Wisconsin-Madison, EEUU)
Laura Weigert (profesor, Rutgers University, New Brunswick, EEUU)
Nelson Maldonado-Torres (profesor, Rutgers University, New Brunswick, EEUU)
Rudolph Bell (historiador, Rutgers University, New Brunswick, EEUU)
Ángel Luis Lara (profesor, State University of New York, EEUU)
Margaret Cerullo (socióloga, Hampshire College, EEUU)
Elisa Brilli (profesor, University of Toronto, Canada)
Didier Méhu (historiador, Université Laval, Québec, Canada)
Sylvie Poirier (antrópologo, Université Laval, Québec, Canada)
Marcel Sévigny (Fabrique d'autonomie collective, Pointe-Saint-Charles, Montreal, Canada)
Joe Parker (profesor, Pitzer College, EEUU)
Stefan Ali (abogado, Columbus, Ohio, EEUU)
Jared Sacks (Columbia University, New York, EEUU)
Isaac Butler-Brown (profesor de música, Wesleyan University, Middletown, EEUU)
Kate Gilbert (estudiante, Wesleyan University, Middletown, EEUU)
Alice Markham-Cantor (escritora, EEUU)
Angela Miles (Toronto Women for a Just and Healthy Planet, Toronto, Canada)
Stephan Dobson (York University, Toronto, Canada)
Carla Bergman (escritora, Vancouver, Canada)
Francis Dupuis-Déri (profesor de ciencias políticas, Université du Québec à Montréal, Canada)
Joanne Robertson (escritor y protector del agua, Sault Ste. Marie, Canada)
Dave Bleakney (Canadian Union of Postal Workers, Ottawa, Canada)
Claude Rioux (editor, Editions de la rue Dorion, Montreal, Canada)
Arthur Clark (físico, Calgary Centre for Global Community, Calgary, Canada)
Justin Podur (York University, Toronto, Canada)
Mike Antoniades (Toronto, Canada)
Solomon Thompson (psicólogo, York University, Canada)
Leonidas Oikonomakis (antrópologo, Durham University, Reino Unido)
Eurig Scandrett (Queen Margaret University, Edinburgh, Scotland)
Erik Swyngedouw (profesor, University of Manchester, Inglaterra)
Richard White (profesor, Bath Spa University, Inglaterra)
Siobhan McGrath (profesora, Durham University, Inglaterra)
Ingrid Marek (trabajadora social, Alemania)
Vyacheslav Azarov (Unión de Anarquistas de Ucrania, Ucrania)
Andrii Ishchenko (historiador, coordinador del sindicato Zahist Pratzi, Ucrania)
Oleg Yasinsky (periodista, Ucrania-Chile)
Andriy Manchuk (periodista, Ucrania)
Vladimir Mironenko (pintor y periodista, Belarus)
Olzhas Kozhakmet (periodista, Kazakhstan)
Andrey Konstantinov (científico, Rusia)
Marina Stepanova (científico, Rusia)
Vladimir Khazanov (jubilado, Rusia)
Mikhail Smirnov (docente Rusia)
Svyatoslav Konstantinov (estudiante, Rusia)
Artem Kirpichenok (historiador y periodista, Rusia)
Rustem Safronov (periodista agencia Sputnik, Rusia)
Nikita Sutyrin (documentalista, Rusia)
Nika Dubrovsky (pintora y activista, Rusia)
Rosalba Icaza (profesora e investigadora, Holanda)
Rolando Vazquez (profesor e investigador, Holanda)
Jaime Pastor (politólogo y editor de Viento Sur, España)
Pepe Mejía (periodista y activista social, Madrid, España)
Joaquin Valdivielso (filósofo, profesor, Universitat de les Illes Balears, España)
Federico Demaria (investigador, Universidad Autónoma de Barcelona, España)
Ines Morales Bernardos (estudiante, Universidad de Cordoba, España)
Olga Clavería Iranzo (profesional de artes gráficas, Segovia, España)
Teresa González de Chávez Fdez (Islas Canarias, España)
Ana Miranda (eurodiputada, Bloque Nacionalista Galego, España)
Rocío Paula Martínez Oliart (librera, Madrid, España)
Aldo Zanchetta (animador social, Lucca, Italia)
Brunella Zanchetta (animadora, Lucca, Italia)
William Otchere-Darko (estdiante doctoral, University of Milan-Bicocca, Italia)
Federico Venturini (activista, Italia)
Alessio Ciacci (promotor social, Italia)
Francesca Martinez Tagliavia (profesora, Scuola de Belle Arti, Palermo, Italia)
Salvatore Palidda (profesor, Universitá degli Studi, Genova, Italia)
Angelo Baracca (físico, profesor, Universitá di Firenze, Italia)
Vittorio Sergi (profesor, Universitá degli Studi di Urbino, Italia)
Gianfranco Crua (Carovane Migranti, Italia)
Patrizia Peinetti (Carovane Migranti, Italia)
Silvana Botassis (doctora, Milan, Italia)
Roberto Bugliani (escritor, La Spezia, Italia)
Andrea Vento (docente, Pisa, Italia)
Serena Campani (docente, Pisa, Italia)
Adele Cozzi (Bologna, Italia)
Mauro Rubichi (animador social, Livorno, Italia)
Ugo Zamburru (psiquiatra, Centro Cultural Caffè Basaglia, Torino, Italia)
Ornella Granito (presidente de Caffè Basaglia, Torino, Italia)
Marco Bassani (Italia)
Gianni Monti (Potere al Popolo, Assemblea Beni Comuni/Diritti, Firenze, Italia)
Elisa Patrizia Frediani (Lucca, Italia)
Simone Ferrari (Italia)
Gaia Capogna (Roma, Italia)
Alessio Ciacci (espero de ecología, Lucca, Italia)
Suna Di Gino (Italia)

 

Organizaciones y colectivos:

Movimiento Liberación de Kurdistán (representación en América Latina)
Colectivo Paso Doble de Apoyo al CIG (Morelos, México)
Red Morelense de Resistencia y Rebeldía en apoyo al CIG (México)
Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A.C. (Chihuahua, México)
CECADDHI A.C. (Chihuahua, México)
Colectivo Pirata Tlahuicas, Cuernavaca, México)
Colectivo la Flor de la Palabra (Cuernavaca, México)
Colectivo #artecorreomigrante (Chihuahua, México)
Red de apoyo al CIG de Chihuahua (México)
Consejo Civico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH, Honduras)
H.I.J.O.S. (Guatemala)
Movimiento Campesino de Nicaragua
Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (Ecuador)
Ecuarunari (Ecuador)
Guerrerxs del agua (Fundación Abril, Escuela Andina del Agua, Cochabamba, Bolivia)
Alianza Territorial Mapuche (país Mapuche en Chile)
Observatorio de Ecología Política de Venezuela (Caracas, Venezuela)
CRY-GEAM (Defensa de la naturaleza, Barrancabermeja, Colombia)
Red Latina sin fronteras
Minga del pensamiento (Colombia)
Creapaz (Colombia)
La Matria (Colombia)
Mala Hierba (Colombia)
Comunativa (suroccidente de Colombia)
H.I.J.OS. (Mar de Plata, Argentina)
Asamblea Comarcal Contra el Saqueo (Lago Puelo, Provincia de Chubut, Argentina)
Frente Popular Dario, Santillan, Corriente Nacional de Argentina
Asamblea Vecinal de Puerto Pirámides (Chubut, Patagonia, Argentina)
Asamblea en Defensa del Territorio de Puerto Madryn (Puerto Madryn, Argentina)
Fundaciòn Uñopatun (Provincia Rio Negro, Argentina)
Página Web Comunizar (Argentina)
Radio comunitaria El Grito (Traslasierra, Córdova, Argentina)
Después de la deriva (programa de radio, Buenos Aires, Argentina)
Semillero de experiencias autónomas anticapitalistas (Argentina)
Colectivo La Fogata (Buenos Aires, Argentina)
Arte x Libertad (Rosario, Argentina)
Mestizas (Rosario, Argentina)
Unión Solidaria de Comunidades (Pueblo Diaguita Cacano, Santiago del Estero, Argentina)
Sociedad Civil Coheju (Gran Buenos Aires, Argentina)
Grupo de apoyo a la Sexta Declaración del EZLN (Rosario, Argentina)
Casa de la Memoria (Rosario, Argentina)
Radio La Colectiva (Buenos Aires, Argentina)
Colectivo Familiares y Amigxs de Luciano Arruga (Argentina)
Radio Zona Libre (Argentina)
Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas (CONAMURI, La Vía Campesina, Paraguay)
Universidad de la Tierra (Puebla, México)
Centro Social Ruptura de Guadalajara (México)
Movement for National Land Reform (La Vía Campesina, Sri Lanka)
Focus on the Global South (Tailandia)
Woman Health (Filipinas)
Sindicato de Trabajadores Fronterizos (La Vía Campesina, EEUU)
Food First/Institute for Food and Development Policy (EEUU)
Chiapas Support Committee (EEUU)
Kesaj Tchavé (grupo musical, Eslovaquia)
Sindicato Labrego Galego (España)
Solidaridad Directa con Chiapas (Zurich, Suiza)
Moins!, journal romand d'écologie politique (Vevey, Suiza)
Εκδόσεις των ξένων (Editorial de los extranjeros, Grecia)
Kaffeekollektiv Aroma Zapatista eG (Alemania)
Projekt Knotenpunkt Schwalbach am Taunus, Red Ya Basta Netz Deutschland y Ya Basta Rhein-Main (Alemania)
Global Diversity Foundation (Inglaterra)
Gruppe B.A.S.T.A. (coletivo, Alemania)
Friends of the Landless Association (Finlandia)
NGO Action from Ireland (Irlanda)
Afrika Kontakt (Dinamarca)
Internationalt Forum (Dinamarca)
BIZILUR, Asociación para la Cooperación y el Desarrollo de los Pueblos (País Vasco)
Colectivo CafeZ (Liège, Bélgica)
Red Sindical Internacional de Solidaridad y de Lucha
Union syndicale Solidaires (Francia)
Fédération SUD Education (Francia)
Union syndicale Solidaires 66 (Francia)
Comités syndicalistes révolutionnaires (Francia)
Attac-France, Francia
Comité de redacción de la revista EcoRev' (Francia)
Club Communal de Tarnac (Francia)
Asociación “Terre et Liberté pour Arauco, Wallmapu” (Francia)
Collectif Guatemala (París, Francia)
Radio Zinzine (Aix-en-Provence, Francia)
Asociación “La Ligne d'Horizon – Les amis de François Partant” (Francia)
Colectivo “Questions de classe(s)”- Revista N'Autre école (Francia)
Jeunes Ecologistes (Francia)
Compañía de teatro Jolie Môme (Saint-Denis, Francia)
Compañía de teatro del Timon (París, Francia)
Compañía de teatro Izidoria (Lyon, Francia)
Compañía de teatro La Bad'j (Saint-Denis, Francia)
Compañía de danza Djab (Marseille, Francia)
Compañía Tatcha (Nantes, Francia)
Compañía musical Mohein (Bordeaux, Francia)
Compañía de teatro Débrid'arts (Aix-en-Provence, Francia)
Compañía de teatro Désordinaire (Montreuil, Francia)

 

Publicado enInternacional
Campos hacinados, sucios y sin medicamentos

De a diez en un contenedor, casi sin agua corriente ni sanidad, con chicos solos y sobrevivientes de la tortura sin atención, la situación en los campos genera enfermedades, desesperación y violencia entre las víctimas.

Cientos de mujeres embarazadas, niños no acompañados y sobrevivientes de tortura están “abandonados” en los campos de refugiados en Grecia, dijo Oxfam. El informe de la organización caritativa descubrió que varias madres habían regresado del hospital a vivir en tiendas de campaña cuatro días después de dar a luz por cesárea, y sobrevivientes de violencia sexual y otras experiencias traumáticas se habían agrupado junto con otros refugiados en Moria, un campamento en Lesbos donde las peleas estallan regularmente y alrededor de dos tercios de los residentes dicen que nunca se sienten seguros.

Los refugiados vulnerables “se enfrentan con mayor frecuencia a un hacinamiento severo”, dijo Renata Rendón, jefa de misión de Oxfam en Grecia al diario británico The Independent. “Durante gran parte del año, Moria y otros centros de la Unión Europea en las islas griegas duplicaron su capacidad. Muy a menudo, las personas vulnerables se amontonan en un contenedor si tienen suerte, una tienda improvisada si no, con un máximo de nueve o diez o aun más personas”.


Rendón dijo que los que están en los campamentos “a menudo carecen de suficiente acceso al agua, sanitarios e higiene”, y muchos informan sentirse inseguros. “La gente está en estos campamentos durante largos períodos de tiempo, carecen de información, de intérpretes, por lo que a menudo se sienten muy frustrados, lo que puede llevar a la violencia dentro del campamento”.


Los refugiados también carecen de acceso a la atención médica, lo que según Rendón es “uno de los grandes problemas que surge cuando estamos hablando de la identificación de personas vulnerables en particular”. Los refugiados no tiene acceso a atención médica, lo que, según Rendón, es “uno de los grandes problemas que surgen cuando estamos hablando de la identificación de personas vulnerables en particular”.


El informe atribuyó la falta crónica de personal y los procesos de selección defectuosos por la falla del sistema destinado a identificar y proteger a los solicitantes de asilo más vulnerables. Como resultado, cientos de los refugiados más vulnerables han sido expulsados y obligados a vivir en Moria, el campamento de la Unión Europea utilizado para registrar y procesar nuevas solicitudes de asilo, que está a casi el doble de su capacidad. “Las condiciones a menudo son peligrosamente superpobladas, escuálidas, antihigiénicas e inseguras para las personas que ya están sufriendo experiencias muy traumáticas, a veces enfermedades de salud mental, a veces discapacidades físicas”, dijo Rendón.


Solo hubo un médico del campamento designado por el gobierno en Lesbos responsable de examinar a aproximadamente 2000 recién llegados cada mes durante gran parte de 2018, señaló el informe, y las evaluaciones médicas se detuvieron en noviembre cuando el médico renunció. El informe encontró una tendencia “particularmente preocupante” de que los adolescentes y sobrevivientes de torturas fueran detenidos después de que las autoridades no los reconocieran como vulnerables.


“Hay personas de 28 nacionalidades diferentes que a menudo son detenidas inmediatamente después de su llegada, esencialmente debido a su nacionalidad”, dijo Rendón. “Estas personas son detenidas antes de tener la oportunidad de tramitar su solicitud de asilo, antes de que se revise su solicitud de asilo, y el gran problema aquí es que una vez que se son detenidas es mucho más difícil acceder a servicios que ya son difíciles de acceder para personas que no están detenidas”.


Los detenidos son “a menudo retenidos en espacios pequeños con muchos otros jóvenes en condiciones de hacinamiento”, agregó. “Sabemos que la experiencia de la detención puede ser muy traumática, especialmente para las personas que son vulnerables y no han sido identificadas como tales”.


Un solicitante de asilo de 28 años de Camerún fue encerrado durante cinco meses por su nacionalidad a pesar de sus graves problemas de salud mental. El informe dice que nadie verificó su salud física y mental antes de que lo detuvieran, y que no vio a un psicólogo durante un mes. “Teníamos solo dos horas al día cuando se nos permitía salir del contenedor”, dijo. “El resto del tiempo uno está sentado en un espacio pequeño con otros 15 hombres que tienen sus propios problemas”.


Las condiciones en el campamento han disminuido a medida que el invierno trajo fuertes lluvias a Lesbos. Se pronostica que la temperatura durante la próxima semana descenderá y podría nevar. Oxfam está pidiendo al gobierno griego y a los estados miembros de la Unión que desplieguen más médicos y psicólogos y corrijan el sistema de detección “para que las personas vulnerables no caigan por las grietas”, dijo Rendón. La organización benéfica dijo que más personas que buscan asilo deberían ser transferidas a la Grecia continental de manera regular, especialmente a aquellos que son vulnerables.


“Estas circunstancias continuarán hasta que haya un esquema de responsabilidad compartida más justo”, agregó Rendón, “por lo que estamos pidiendo a los estados miembros de la Unión que compartan la responsabilidad de recibir a los solicitantes de asilo”.


Samuel Osborne. De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Jueves, 03 Enero 2019 06:31

Pensar los bienes comunes

Pensar los bienes comunes


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

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Para pensar los bienes comunes “fuera de la caja”, pensad en algo que a todos nos conviene cuidar y mantener en buen estado, pero para lo que no existen incentivos particulares para hacerlo. En este sentido, normalmente, se identifican tres tipos de bienes comunes:


1) Los bienes comunes tradicionales se refieren a recursos de los que toda una comunidad o un pueblo depende: el agua del río que pasa por allí, los pastos, la tierras de cultivo, las zonas de pesca, etc. Se trata de recursos que no pueden dividir fácilmente y que ninguno del pueblo se puede apropiar por sí mismo. Si no lo cuidan, todos mueren de hambre, pero no hay nadie en concreto que tenga un incentivo personal para cuidarlo. De ahí que se tengan que poner de acuerdo para cuidarlo entre todos, estableciendo normas y regulaciones de uso común. Eso es el gobierno de los bienes comunes, o lo que es lo mismo, el gobierno común de los bienes. Elinor Ostrom lo describe brillantemente en el libro que lleva ese título.


2) Los bienes planetarios se refieren a la atmósfera, los océanos, la biodiversidad que son patrimonio de toda la humanidad (y del resto seres vivos). Nadie en concreto parecer tener responsabilidad de cuidarlos, no se obtiene un beneficio particular por cuidarlos con respecto a quienes no los cuidan. Más bien es al contrario,

contaminando estos recursos es como obtenemos beneficios particulares. De ahí que hagan falta acordar normas y regulaciones para reducir la contaminación, y por eso todos los países del planeta se reúnen en cumbres sobre el clima, para no llegar a ningún acuerdo porque sus gobiernos están más interesados en ventajas particulares que en el bien común. (nótese la polisemia de “bien común” como recurso común y como algo que es bueno para todos).


3) Los comunes digitales, se refieren al conocimiento compartido que es gratis y está accesible para todos, pero para el que hace falta un sistema de gestión de ese conocimiento para asegurar que tiene cierta fiabilidad y validez. Ahí está la Wikipedia con sus reglas y distribución de tareas para permitir que el resultado tenga una fiabilidad bastante aceptable; o las comunidades de software libre que trabajan coordinadamente de acuerdo a normas y protocolos propios para crear algunos de los mejores programas informáticos que existen.


La clave de todos estos sistemas de gobierno común está en que los acuerdos entre las partes son la forma más eficiente de gestionar estos recursos. Lo que lo diferencia de las otras dos formas de gestión conocidas: la centralizada y la de mercado.


En todos estos casos, una autoridad central tendría muy difícil legitimarse como propietaria o administradora del bien; y si lo hiciera, le sería muy difícil gestionarlo eficientemente, por falta de información, conocimiento y capacidad de acción.


También son recursos difíciles de gestionar por un sistema de mercado, puesto que para que los agentes económicos colaboraran en el cuidado del bien, habría que crear incentivos económicos particulares para orientar su acción, lo que en la práctica requiere (de nuevo) una regulación centralizada. Un ejemplo de este intento sería el mercado de venta de derechos de emisión de CO2, sin embargo, su eficacia para reducir la contaminación es muy limitada, porque sigue apelando a incentivos particulares.


En definitiva, los comunes muestran la necesidad de un sistema de acuerdos colectivos para regular en base al interés común (=conservar el recurso en buen estado) y no al interés particular (=hacer el mayor uso del mismo). Esa es la clave del concepto de procomún que se puede aplicar a muchos ámbitos.
Ahora, pensad “fuera de la caja”:


Podemos aplicar esta idea, por ejemplo, al concepto de privacidad y al modo en que es explotada en los reality shows. Todos tenemos una intimidad y a todos nos conviene que exista un respeto por la intimidad de los demás, en base a eso valoramos una serie de normas (de forma explícita o implícita) para el respeto a la intimidad de los demás. En las relaciones sociales (digitales o no) esto implica un código de conducta de respeto hacia los demás. Renunciamos al beneficio que podríamos obtener faltando al respeto o apelando a los trapos sucios de los demás para facilitar una cultura del respeto de la que nos beneficiamos.


También podemos aplicar esta idea a la comunicación pública en general, y en particular al modo en que apela a las emociones de la gente. Desde un respeto al bienestar común, renunciaremos a estimular determinadas emociones negativas (racismo, sexismo, odio, etc.) porque no queremos vivir en una sociedad en la que esas emociones sean predominantes, aunque en el corto plazo podamos obtener un beneficio apelando a alguna de ellas.


En estos dos casos no hay normas explícitas de gestión comunitaria, ni hay un bien o recurso material concreto que gobernar, pero en la práctica funciona el mismo principio de actuar en base a un sentido colectivo de respeto a un un interés común. En este sentido, los modos de gobierno de los bienes comunes (los tradicionales de Ostrom o los digitales como la Wikipedia) nos pueden ser útiles para pensar cómo se podría mejorar la gestión de otras cuestiones que nos afectan a todos y que a todos nos interesa cuidar y mantener.


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

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Miércoles, 17 Octubre 2018 06:07

Ecuador impone estrictas reglas a Assange

Ecuador impone estrictas reglas a Assange

Ecuador estableció nuevas reglas para el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que incluyen prohibirle hacer declaraciones políticas y ordenarle que cuide mejor a su gato. Un memorando interno dijo que Assange, que vive en la embajada de Ecuador en el Reino Unido desde 2012, debe limpiar el baño.

 

Para mantener el acceso a internet, se le dijo que se abstenga de realizar actividades “que podrían perjudicar las buenas relaciones de Ecuador con otros estados”. La embajada cortó el servicio de internet del periodista en marzo, luego de que Assange desafiara la afirmación de Gran Bretaña de que Rusia había llevado a cabo un ataque con un agente nervioso en Salisbury. También cortó sus comunicaciones y restringió sus visitantes a los miembros de su equipo legal . Ahora, el personal diplomático debe aprobar a todos los visitantes de Assange con tres días de anticipación.


La embajada restauró parcialmente el acceso a Internet del fundador de WikiLeaks durante el fin de semana, pero solo podrá usar el wifi para su computadora personal y su teléfono.La embajada se reserva “el derecho de autorizar al personal de seguridad a incautar equipos” o pedir a las autoridades británicas que hagan lo mismo, dijo. Ecuador dijo que Assange era responsable del “bienestar, alimentación, higiene y cuidado adecuado” de su gato mascota y que retiraría al animal si el activista no lo cuidaba. El memorándum también instó al joven de 47 años a mantener limpio su baño. Ecuador no ayudará a financiar su estadía a partir de diciembre de 2018, según el memorándum, dejando que él se pague su comida, lavandería y controles médicos privados. El incumplimiento de las nuevas reglas “podría llevar a la terminación del asilo diplomático otorgado por el estado ecuatoriano”, señala el documento.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Lunes, 15 Octubre 2018 06:51

San Romero de América

San Romero de América

El reconocimiento formal que la Iglesia Católica hace hoy de la santidad del obispo mártir salvadoreño Oscar Arnulfo Romero resulta sumamente trascendente para América Latina en el momento en que avanzan procesos políticos de restauración conservadora y neoliberal, con fuertes componentes autoritarios contra los que en su momento luchó y a los que combatió el obispo centroamericano. Comenzando por el hecho de que en El Salvador gobierna actualmente el derechista partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), fundado en 1981 por el mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta el militar que al frente de su grupo (a quien no casualmente se denominaba “la conexión argentina”), fue directo responsable del asesinato de Romero, acribillado mientras celebraba misa y después de haber increpado a las fuerzas armadas desde el púlpito exigiéndoles “en nombre de Dios, les ruego, les ordeno, cese la represión”. 

Romero sabía que estaba en peligro. Sobre todo después del asesinato del sacerdote Rutilio Grande (1977), uno de sus inmediatos colaboradores. Pocos días antes del asesinato –cometido por un francontirador nunca identificado– en respuesta a una pregunta de la televisión suiza acerca de si sentía miedo, el obispo respondió: “Miedo propiamente no, cierto temor prudencial sí, pero no un miedo que me inhiba, que me impida trabajar. Al contrario, creo que muchos me dicen que debo cuidarme un poco, que no debo andar exponiéndome, pero yo siento que mientras camine en el cumplimiento de mi deber, que me desplace libremente a ser un pastor de comunidades, Dios va conmigo y si algo me sucede estoy dispuesto a todo”.


Gran mérito sobre la canonización de Romero le corresponde al papa Francisco, convencido del testimonio de vida del obispo salvadoreño. Pero sin duda uno de quienes más hizo por la causa es el hoy cardenal salvadoreño (el primero de su país) Gregorio Rosa Chávez. Discípulo de Romero, también periodista de profesión, Rosa Chávez luchó contra todas las resistencias y obstáculos montados en la misma Iglesia para impedir la canonización, proceso apenas destrabado en 2007 y acelerado después que Bergoglio llegó al papado.


La canonización de Romero, como la próxima beatificación del obispo argentino Enrique Angelelli y sus compañeros mártires, son mensajes que el papa Francisco lanza al mundo, sobre todo si tomamos en cuenta que el hecho del reconocimiento eclesiástico de la santidad supone la propuesta institucional de un modelo de vida. Entiéndase bien. A nadie se le pide el martirio. Sí el compromiso de vida que lo precede y que, en el caso de Romero, de Angelelli y sus compañeros, los condujo a la muerte martirial.


El reconocimiento institucional que hoy se hace de estos testigos de la Iglesia es también un primer paso –al que deberían seguir muchos otros– para asumir una larga lista de cristianos asesinados en épocas recientes en América Latina como consecuencia de las dictaduras y los regímenes de seguridad nacional. Porque de la misma manera que se señala la responsabilidad institucional de la Iglesia Católica con aquellas dictaduras, es preciso poner en evidencia a laicos, laicas, sacerdotes, religiosas y obispos que fueron asesinados y desaparecidos por su compromiso con la justicia. Murieron luchando desde sus convicciones de fe cristiana por una sociedad igualitaria para todos y todas.


No hay que pensar, sin embargo, que estos testimonios ejemplares serán rápidamente incorporadas ni a la vida de la Iglesia Católica ni, mucho menos, al conjunto de la sociedad. En primer lugar porque la propia institución eclesiástica está plagada de contradicciones y signos discordantes. Pero aún más allá de ello porque el ejemplo de vida de estos mártires contemporáneos contradice la mirada dominante en el mundo político y económico actual.


Pero además porque para muchos (algunos católicos y otros que sin serlo lo ven desde el costado político) resulta paradójico –o directamente inaceptable– que las muertes de estos obispos haya ocurrido como consecuencia de su lucha por la justicia, por los derechos sociales y populares, en abierta rebelión política contra regímenes totalitarios. Unos y otros conciben que ese no es el lugar que le cabe a los dirigentes religiosos. Un estigma que hoy también castiga a sacerdotes y laicos comprometidos que luchan por la justicia social y la integralidad de derechos motivados por su fe religiosa.


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Jueves, 04 Octubre 2018 10:58

El poder en manos de todos

El arte de Tigua surge en la década de 1970, es un arte de una especial fuerza expresiva y de gran riqueza cromática que se plasma, además de los cuadros, en la pintura de las máscaras y de los tambores. Los temas principales son las actividades cotidianas tradicionales; escenas agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales; el ciclo vital, las cosechas, las fiestas donde se activan los lazos de amistad o solidaridad, pero es un arte que también habla de los levantamientos indígenas, y de las fiestas religiosas. El presente suplemento está ilustrado con la exposición “Tigua: Arte desde el centro del mundo”, Madrid, 30/09/2015.

Los tiempos que corren, marcados por el sello indeleble de dos revoluciones industriales interrelacionadas*, han liberado intensas energías que propician un capitalismo cada vez más excluyente y autoritario.

Son unas energías que, encauzadas por la computación y la internet, han reducido el mundo a una aldea con un inmenso circuito financiero interconectado que cruza a todos los países, bien por satélites o por cables submarinos, registrando todo tipo de operaciones bancarias, depositando minuto a minuto decenas de millones en las cuentas de escasos 8 megaricos, los que según el reporte de Oxfam poseen lo mismo que 3 mil seiscientos millones de personas. Y junto a ellos, otra reducida pléyade de millonarios que acumulan a su haber lo producido por el esfuerzo de millones de trabajadores, hombres y mujeres.

Esos personajes, en realidad cabezas de multinacionales como Amazon, Microsoft, Facebook, Inditex-Zara, Berkshire Hathaway, Oracle, Bloomberg LP, Claro, y los tradicionales bancos y petroleras que acumularon el fruto de trabajo de millones durante todo el siglo XX, grupos empresariales cruzados de diversa manera con el capital financiero internacional, todos los cuales influyen o determinan, con las tecnologías y capitales que controlan, el rumbo de diversos Estados y/o gobiernos integrantes del sistema mundo capitalista.
La influencia económica, política, cultural y militar de estos inmensos grupos empresariales es inocultable. Por un lado imponen sus desarrollos tecnológicos a los Estados a través de licencias privativas, dejándolos a merced de su espionaje, sometiendo su soberanía educativa y tecnológica, sentando su influencia sobre estos estados, además, a través de asesorar sus ejércitos y sus servicios de inteligencia. El control social hoy vigente por doquier, así como los altos niveles de autoritarismo impuestos a lo largo y ancho de todos los continentes, está soportado sobre tecnologías desarrolladas o encargadas a estas corporaciones.

Por otro lado, asientan referentes culturales por doquier, trazando matrices de presente y futuro, cerrando las ventanas del sueño utópico de otra sociedad posible y abriendo las puertas de la conformidad; a la par de asegurarse por diversos canales –como la normatividad supranacional– el control/protección de sus ingentes capitales,

Todo ello, miles de millones resumidos en pocas cuentas, contratación de cientos de miles de trabajadores en sus empresas, inocultable influencia política sobre numerosos Estados, control tecnológico, monopolización de las comunicaciones, capacidad especulativa, arrasamiento de la privacidad por doquier, etcétera, ha llevado a la democracia formal a su agonía. Una democracia directa, radical, donde la consulta al conjunto social de todas aquellas decisiones estratégicas que le afectan sean obligatorias, decididas a voto limpio, surge como una alternativa inaplazable. Aquí, en Colombia, la “democracia más vieja del continente”, como en todo el mundo, esta opción también está a la orden del día.

Una oferta incumplida

La burguesía decapitó políticamente a la monarquía con el filo de la guillotina, en lo económico con la apertura de una producción y un comercio con menos barreras, y culturalmente con la oferta de libertad, igualdad y fraternidad. Esa rancia monarquía quedó como simple porcelana que decora las salas de recibimiento en las sociedades europeas, allí están los Borbones y otros más.

Su triunfo fue facilitado y potenciado por la multiplicación de la capacidad productiva desatada como resultado inmediato de la primera revolución industrial, por la acumulación de capital devenida de un comercio que derrumbaba murallas sin contemplación alguna y la misma influencia cultural que fueron ganando sus ideales. Sin embargo, su promesa fue solo eso, una promesa. En los dos siglos y algunos años más de su gesta, en pocas, tal vez muy pocas sociedades regidas por los principios que abanderaron, tal triada la han vivido a plenitud sus pobladores.

Para constatación, basta revisar los derechos de primera generación, los conocidos como Derechos civiles y políticos, entre estos:

• “Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, posición social o económica”
• “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral”
• “Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su horna o reputación”
• “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia”
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica”.

Ante la lectura cuidadosa de estos preceptos, redactados hace más de dos siglos, y su más cuidadosa constatación con la realidad pasada y presente, es evidente que los mismos no han tenido plena concreción en el tiempo trascurrido. ¿Qué dirán ante cada uno de estos derechos los miles de miles que desde África tratan por estos días de migrar hacia Europa? ¿Qué opinarán quienes son encarcelados en múltiples países del actual sistema mundo al pretender motivar a sus congéneres a luchar por un gobierno otro? ¿Qué gritaran quienes llenan distintos presidios por doquier? ¿O qué nos confirmarán los que por tener otro color de piel son excluidos en la tierra que los vio nacer o aquella a la cual llegaron años después en procura de ingresos dignos para vivir o buscando protección para sus vidas?

¿De qué libertad, igualdad y fraternidad pueden ufanarse quienes con la guillotina dieron paso a estos derechos si la riqueza de otrora potencias globales como Francia fueron amasadas sobre el filo de las bayonetas, tanto en África, como en Asia y nuestra América, incluida su región Caribe?

Promesas, simples promesas. Pero también control social, hegemonía política, así como manipulación y dominio político. Todo esto, una ironía de quienes como clase dieron origen a estos derechos, pues lo que en gran medida resumía esta Primera Carta de Derechos (derechos de primera generación –civiles y políticos–) eran las necesidades que como clase tenían estos mercaderes, pero no mucho más.
Una oferta de nueva sociedad erigida en medio de incumplimientos. A la par que imponían sus demandas el mundo permanecía y continuaba plagado de sociedades esclavizadas, oprimidas, excluidas. Y contra tal realidad se levantaron obreros y campesinos, además de otros sectores populares. En cada país hay historias por retomar, en cada país hay memoria viva que pretenden borrar quienes figuran allí como genocidas y masacradores.

Han sido luchas de los de abajo contra los de arriba, con las cuales dieron cuerpo a lo que décadas después fue conocido como los Derechos de segunda generación –económicos, sociales y culturales–, muchos de ellos conquistados sobre inocultables charcos de sangre, lo que recuerda que hasta el siglo XIX y bien entrado el XX ningún derecho fue reconocido sin resistencia ni violencia por parte de quienes detentaban el poder. Es la ley del poder. Luego esos mismos sectores que lo concentraban a su favor transforman los derechos en un galimatías al cual acceden en igual condición personas o individuos, grupos sociales y empresas, entre ellas las multinacionales. ¡Y todos, individuos, grupos sociales y multinacionales son reconocidas en igual condición y con igual posibilidad!

De los Derechos de segunda generación, valga recordar, hacen parte entre otros:

• “Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos sociales y culturales”
• “Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias”
• “Toda persona tiene derecho a formar sindicatos para la defensa de sus intereses”
• “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a ella y a su familia la salud, alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

¿Qué dirán ante estas referencias de vida quienes buscan sin resultado positivo trabajo? ¿Qué opinarán quienes presencian sumidos en angustia los padecimientos de su familia por no tener mesa abundante, por no contar con un techo bajo el cual guarecerse o médico al cual acudir y del cual obtener fórmula presta que no le implique la compra de medicinas especializadas para las cuales no tiene dinero con que adquirirlas? ¿Qué podrán contar quienes intentaron conformar un sindicato y por ello fueron expulsados de su puesto de trabajo, amenazados y obligados a dejar su ciudad, o asesinados?

Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refranero popular, y no se equivoca. Es así como la democracia –el gobierno del pueblo y para el pueblo, o el gobierno de las mayorías al servicio de todos– queda como un referente para guiar los pasos de la humanidad, algo por lograr. Una democracia más allá de la liberal –electoral–. Es por ello que enrutar las energías sociales tras tal meta deberá ser uno de los objetivos de los movimientos sociales en los tiempos que corren.

Es precisamente este reto el que nos recuerda que la democracia, la realmente existente, está en disputa. Por lo cual, asumirla como referente de las luchas en curso o por venir, es seleccionar la más trascendental de las dianas que podemos ver y determinar en el entorno y momento que vivimos.

En esta pugna, los sectores populares cuentan a su favor que, más allá de sus deseos, los poderosos del mundo no pueden controlar ni parar las energías desatadas por las revoluciones industriales en marcha, de tal manera que la concentración de riqueza proseguirá sin control ni límite alguno, y con ella la inconformidad global con esta realidad; el poder, como quintaesencia para asegurar los privilegios de unos pocos, potenciará aún más la violencia “legalmente constituida” y todo tipo de espionaje y violaciones a la privacidad y libertad de las mayorías, ahondando así el autoritarismo, negando de manera efectiva la libertad; y, con todo ello como marca esencial del sistema social-económico y político vigente, ¿es posible solidaridad alguna? Sálvese quien pueda, es la norma de normas que hoy impera en el mundo.

Es una realidad a la cual hay que torcerle el brazo. En el afán de numerosos sectores sociales por actuar ante la catástrofe en que está entrando el conjunto social global, y con ésta hasta la mismísima Tierra como casa de la humanidad, van tomando cuerpo otras formas de hacer y de vivir, experiencias de otra economía posible, basadas estas en procesos solidarios, cooperativos, comunitarios, procesos donde la misma propiedad de los medios de producción, además de la planeación de qué y cómo producir, la forma de hacerlo, así como la apropiación de lo generado por el trabajo de muchas personas, deja a un lado el interés estrictamente privado para adentrarse en el colectivo.

Sobre este particular destacan en nuestra región experiencias como las de Cecocesola con asiento en Barquisimeto –capital del estado Lara, Venezuela– la cual, aún en la crisis que hoy vive este país, ha logrado conservar su dinámica autónoma, la red de productores agrarios y de comercialización de sus productos, así como el centro de salud.

En Colombia, el referente es Confiar cooperativa financiera que tras sus más de cuatro décadas de experiencia, trascendió de un fondo de empleados creado por los trabajadores de Sofasa a una propuesta solidaria abierta que hoy cuenta con más de 166 mil asociados, así como algo más de 277 mil ahorradores, cuyos aportes permiten el apoyo constante a diversidad de experiencias sociales, culturales, comunitarias, educativas, artísticas, informativas y de otros órdenes, evidenciando con su práctica que en lo económico sí es posible tejer un camino diferente al impuesto por la institucionalidad. El estímulo al consumo consciente, es una apuesta fuerte con la cual se crean las bases de otra forma de ser y estar en este planeta. A su vez, el reconocimiento y valoración del liderazgo femenino y juvenil, potencia los nuevos actores sociales, de cuya mano también está el tema ambiental.

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, con más de 9 mil asentamientos agrarios, producto de la recuperación de la tierra por parte de los campesinos sin tierra, reconfirma que “una mano más otra mano no son dos manos… sino muchas más”, son comunidad, son pueblo.

Actuando de manera directa, más de un millón de familias han obtenido sus tierras y más de 130 mil están acampadas, es decir, en proceso de reconocimiento de su propiedad.

Estos campesinos, no solo han liberado su tierra, sino que además han construido sus viviendas, escuelas, incluso universidad, poniendo en marcha una producción asociada, limpia, sin tóxicos, además de mercadear alimentos procesados, vinos, artesanías, etcétera.

En Argentina, fábricas como Zanón y Brukman, el hotel Bauen, y otras experiencias exitosas de empresas asumidas de manera directa por sus trabajadores, asociados en cooperativas, demuestran sin duda alguna que sí es posible liderar y mantener en funcionamiento, por parte de los trabajadores, cualquier tipo de empresa. Además, y este es el caso de lo conocido de manera genérica como “Fábricas sin patrón”, que la solidaridad comunitaria es sustancial para que este tipo de experiencias no sean ocupadas policial o militarmente por los protectores del capital (el Estado y sus Fuerzas Armadas), así como para lograr una mejor difusión de todo aquello que producen, comercian u ofrecen como servicios.

En pocas palabras, economía, colectivo, común, solidario, redistribución, autonomía, son sinónimos que entretejidos abren puertas distintas a las capitalistas, procesos y experiencias que a pesar de estar sometidos en muchos de sus cotidianidades a los canales imperantes van creando otra cultura, sin la cual no es posible darle un portazo al mismo sistema económico-social hoy dominante.
Son ejercicios de vida y de esperanza, dinámicas todas estas que van en contravía de lo impuesto por la producción capitalista, y en ella por la misma dinámica ganada por las multinacionales donde la producción de hecho es cada vez más colectiva pero su apropiación no deja de ser particular. Así realza en casos como Amazon, Microsoft, Facebook, la primera de las cuales contaba en el 2017 con 566.000 trabajadores, Microsoft 133.000, Facebook más de 25 mil, sin dejar a un lado emporios como Samsung con 275.000 trabajadores y Walmart con 2.300.000. Otros muchos ejemplos podrían relacionarse y en todos ellos lo típico es que quien apropia para si lo producido por muchos es alguien que ha “desarrollado” un sistema inteligente que le permite interrelacionar a muchos, centralizando por vías de sistemas inteligentes sus saberes y producidos.

Hasta aquí podríamos decir que de acuerdo a la lógica imperante desde hace dos siglos largos todo está bien, pero sucede que esos sistemas inteligentes han visto la luz producto de investigaciones financiadas con dineros públicos. No es una exageración. Es conocido que la internet es el producto de prolongadas investigaciones de carácter militar financiadas por el Pentágono, el cual, como es obvio, funciona con base en los dineros públicos. Pese a ello, su apropiación económica ha terminado en manos de Microsoft. Todo un contrasentido. Así mismo ocurrió con la tecnología satelital, hoy resumida en los GPS producto de prolongadas investigaciones encabezadas por la Nasa, tecnología experimentada en la aviación, en cohetería y otros tanto usos militares. Millones de seres humanos cotizan mes a mes al erario público, que a su vez destina la caja de ahorros para asegurar el avance de la ciencia y la tecnología con supuesto sentido colectivo, pero al final unos pocos son los que ven los réditos de todo ello, sobretodo en sus depósitos bancarios.

Son empresas las beneficiadas de esta sin razón, las que además prestan un servicio de carácter estratégico con efectos, para bien o para mal, sobre el conjunto social, tanto en su país de origen como más allá del mismo. De ahí que reclamar el carácter social, público y común de este tipo de empresas, sea una reivindicación con plena vigencia. Es así como una ventana se abre para un futuro donde la igualdad tenga un asidero real, la libertad sea algo más que una consigna y con ello la fraternidad –la solidaridad, como referente más plausible– ganen el espacio necesario entre todos los seres humanos. Estamos así ante luces poscapitalistas; un futuro más cercano de lo que muchas veces vaticinamos.

Sin duda, otra democracia, además de necesaria, sí es posible.

 

*Estamos en presencia de dos revoluciones industriales: la tercera, que va llegando a su final, basada en la electrónica y las tecnologías de la información. Tenemos, como algunos de sus desarrollos: computadoras personales, clusters, redes de información; y la cuarta que está en pleno desenvolvimiento y que está basada en la simbiosis entre las dimensiones física, digital y biológica. Entre algunos de sus desarrollos más notables: robótica de todos los tipos, aprendizaje de máquinas, interface chip-célula.


 

Democracia, ¿solo electoral? 

Es una realidad de perogrullo que los sectores dominantes se obstinan en afirmar que allí donde se celebran elecciones son países democráticos. Nada más irreal. Lo electoral, es solamente una de sus expresiones, las otras son la economía, el medio ambiente, la cultura. Así lo recuerda Antonio García Nossa: “La democracia es total en el sentido de que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero les niega los medios –económicos, culturales y políticos– de ejercicio de la libertad”.

Precisamente Colombia es el prototipo de esta deformación de la democracia, o la expresión masiva en América Latina de la democracia que no va más allá de la norma, de la apariencia, ocultando una dictadura civil, soporte de una profunda desigualdad social, de la pervivencia de amplias capas de nuestra sociedad arrojadas al abismo del empobrecimiento y la miseria, así como al temor generalizado a opinar pues quien lo haga corre el riesgo de ser amenazado, expulsado de su terruño –desplazado– o simplemente asesinado. Años atrás la tortura y la cárcel era el camino preestablecido, hoy no lo es tanto, aunque no es extraño el descuartizamiento de cuerpos inermes y otras barbaridades que la humanidad creía haber superado tras la “humanización” de la guerra, mucho más en la disputa entre civiles.

 

La democracia es una palabra hueca entre nosotros, así lo resume su historia reciente:

 

1.Durante el siglo anterior, por lo menos desde 1946 fue desatada por una parte del establecimiento una guerra contra el pueblo indefenso, la cual tuvo dos años después, el 9 de abril de 1948, un punto de caldera que desató odios incontenibles. La guerra civil tomó forma, por lo menos hasta 1953, años durante los cuales la masacre de miles de campesinos, el desplazamiento de no menos de 250 mil, su despojo, la injusticia en los tribunales, el llamado a la barbarie desde los púlpitos, la utilización de la Policía y del Ejército como cuerpos privados para la defensa de terratenientes. En esas condiciones, el Partido Conservador celebró elecciones, sin contrincante alguno, y retuvo el manchado poder que retenía desde 1946 en cabeza de Mariano Ospina Pérez, quien lo entregó a Laureano Gómez; al caer éste enfermo en 1951 vio continuada su función por Roberto Urdaneta Arbeláez. 

2.En 1953 dejan las apariencias e instalan una dictadura militar abierta en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

3.Una junta militar destituye a su Jefe y asume entre 1957-1958 el gobierno.

4.Tras un pacto oligárquico entre liberales y conservadores se reparten el poder por espacio de dos décadas, durante las cuales las elecciones eran una farsa pues ya se sabía cual de los dos partidos gobernaría, es decir, la elección era solamente entre quienes aspiraban a la Presidencia por un mismo partido. Otras formaciones políticas estaban prohibidas, no solamente para la disputa electoral sino para ejercer su opinión y acción político de manera cotidiana. 

5.Superada esta etapa de la vida republicana, para contener las fuerzas democratizadoras que intentaban abrirse espacio por doquier, criminalizan en 1978 con el Estatuto de Seguridad toda protesta social.

6.A partir de los años 80, desatan una guerra soterrada contra el pueblo a través de un proyecto paramilitar de extensión nacional. Los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, los despojados, el control de por lo menos el 30 por ciento del Congreso de la República por esas mismas huestes, a pesar de realizarse elecciones, dibujan el real carácter del régimen.

7. Las elecciones no dejan de sucederse, a pesar del asesinato de candidatos presidenciales, y de aspirantes al Congreso y otros cuerpos de elección popular. 

8. Potenciando el carácter criminal de los narcotraficantes, la guerra arrecia sobre todo aquello que se considera oposición. La división y atomización de la sociedad, producto del miedo generalizado, es su propósito, el cual es cumplido a cabalidad.

9. Una guerra sin miramientos éticos ni de ningún tipo ensancha sus ecos desde el 2002, dejando entre sus saldos trágicos lo que es conocido por la memoria nacional como los “falsos positivos”.

 

Pese a ello, las elecciones prosiguen su curso. También la concentración de la riqueza en pocas manos:

 

Riqueza en pocas manos

Al detallar en Colombia los ingresos de los más ricos contra el ingreso de la clase media, los resultados son escandalosos: el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el de la clase media, el del 0.1 por ciento es 52 veces y el del 0.01 por ciento es 149 veces.

Si comparamos estas cifras con los más empobrecidos del país, los resultados son peores. El ingreso del 1 por ciento más rico es 39 veces el del 10 por ciento más pobre, el del 0.1 por ciento es 275 veces y el del 0.01 por ciento es 789 veces. 

Que 4.770 connacionales (0.01 más rico) ganen 150 y 789 veces el ingreso de una persona de la clase media y pobre respectivamente, explica por qué registramos como uno de los países de mayor desigualdad a nivel mundial. 

 

La tierra

Según el análisis de Oxfam (2017), sobre la propiedad y uso de la tierra en Colombia, publicado en el informe “Radiografía de la desigualdad”, nuestro país sigue siendo el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra. Solamente el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva para vivir.

La concentración de la tenencia de la tierra sufrió un agravamiento en las ultimas décadas, a tal punto que las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron de 5 millones en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%), su tamaño promedio también aumentó pasando de menos de 1.000 hectáreas en 1960 a 5.000 hectáreas en 2014.  

En la actualidad –según el censo nacional agropecuario del 2016, que comprendió 111,5 millones de hectáreas–, el uso del suelo en millones de hectáreas se divide de esta manera: Bosques 63,2; ganadería 34,4; agricultura 8,5; otros usos 5,4. De manera adicional, a finales de 2012 fueron suscritos 9.400 títulos mineros que responden a 5,6 millones de hectáreas.

Vale la pena decir que en las zonas que se denominan de agricultura el 75 por ciento cultivado responde a monocultivos de caña de azúcar, palma africana y café, mientras que en el 15 por ciento restante se cultiva variedad de cultivos transitorios.  

La vivienda

La tasa de personas con vivienda propia en las zonas urbanas es de 5,1 millones, quienes viven en arriendo suman 4,9 millones de hogares y quienes no tienen una vivienda o viven en hacinamiento son alrededor de 1,3 millones, juntándose con los 2 millones más que tienen un déficit cualitativo de vivienda, es decir, que carecen de acceso a servicios públicos, vías publicas y los entornos no son aptos para vivir.

 

Empobrecidos y enriquecidos por el sistema

Tomando como referencia el año 2017, “la pobreza por ingresos en Colombia se mantiene en el 29,5 por ciento; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Por su parte, en el campo, más que pobreza lo que el país tiene es indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento”.

“Contrario a esto, y como problemática que denota a todas luces la antidemocracia vigente entre nosotros, estructuralmente la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por la sociedad; peor aún, el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben solo un 16 por ciento del total de los ingresos”*.

 

El juego del voto

Democracia de apariencia. Mientras la desigualdad social ahondaba su brecha en el país, mientras las armas oficiales y no tanto garantizaban tal dinámica, las urnas permanecían abiertas, ofreciendo cada cuatro años una posible transformación del país si cambiaba la cabeza de su gobierno. ¿Será posible tanto con tan poco?  Las experiencias de diferentes países están a la vista. Pero, sea cual sea la realidad y la efectividad del voto, lo cierto es que lo vivido entre nosotros es una democracia aparente, formal, soportada sobre el uso despiadado de las armas, democracia difundida y consolidada a través de los medios de comunicación y de la escuela como si se tratara de una democracia real, plena.

 

El sueño de la esperanza

 

Pese a ello, mientras esto sucedía, mientras la democracia liberal mantenía sus formas, en diversidad de territorios de nuestro país una variedad de actores sociales no cejaban en su esfuerzo por darle cuerpo a otro país posible, reuniendo para ello esfuerzos variados en lo económico, político y social. 

Encontramos allí experiencias cooperativas y solidarias de múltiple origen y logros; experiencias agrícolas rurales colectivas, bien a través de manos indígenas o de campesinos de distinto origen, que logran que la tierra produzca más y mejor de lo que lograría un solo campesino pobre en su reducido minifundio; experiencias de distinto logro en la comercialización de variedad de productos; experiencias educativas que forman a su alumnado con un sueño de una Colombia posible donde todos vivamos en felicidad; en fin, encontramos otros caminos abiertos o en proceso de serlo –contrarios a los oficiales y normatizados, contrarios a los que favorecen a los grandes y medianos empresarios–, unos caminos que llevan al puerto de lo colectivo, de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad, para ir concretando un sueño que tomó cuerpo hace ya dos siglos y algunos años más, caminos sin los cuales no será posible que en nuestro terruño haya espacio para todos, un espacio para vivir sin ser arrinconados sino con espacio suficiente, tanto en el campo como en la ciudad, es decir, para vivir en dignidad. 

 

*Sarmiento Anzola, Libardo, “2002-2018, la herencia Uribe-Santos”, Le Monde diplomatiqueedición Colombia, agosto 2018, pp. 4-8.

 

 

Publicado enColombia
Miércoles, 26 Septiembre 2018 17:58

El poder en manos de todos

El poder en manos de todos

Los tiempos que corren, marcados por el sello indeleble de dos revoluciones industriales interrelacionadas*, han liberado intensas energías que propician un capitalismo cada vez más excluyente y autoritario.

Son unas energías que, encauzadas por la computación y la internet, han reducido el mundo a una aldea con un inmenso circuito financiero interconectado que cruza a todos los países, bien por satélites o por cables submarinos, registrando todo tipo de operaciones bancarias, depositando minuto a minuto decenas de millones en las cuentas de escasos 8 megaricos, los que según el reporte de Oxfam poseen lo mismo que 3 mil seiscientos millones de personas. Y junto a ellos, otra reducida pléyade de millonarios que acumulan a su haber lo producido por el esfuerzo de millones de trabajadores, hombres y mujeres.

Esos personajes, en realidad cabezas de multinacionales como Amazon, Microsoft, Facebook, Inditex-Zara, Berkshire Hathaway, Oracle, Bloomberg LP, Claro, y los tradicionales bancos y petroleras que acumularon el fruto de trabajo de millones durante todo el siglo XX, grupos empresariales cruzados de diversa manera con el capital financiero internacional, todos los cuales influyen o determinan, con las tecnologías y capitales que controlan, el rumbo de diversos Estados y/o gobiernos integrantes del sistema mundo capitalista.
La influencia económica, política, cultural y militar de estos inmensos grupos empresariales es inocultable. Por un lado imponen sus desarrollos tecnológicos a los Estados a través de licencias privativas, dejándolos a merced de su espionaje, sometiendo su soberanía educativa y tecnológica, sentando su influencia sobre estos estados, además, a través de asesorar sus ejércitos y sus servicios de inteligencia. El control social hoy vigente por doquier, así como los altos niveles de autoritarismo impuestos a lo largo y ancho de todos los continentes, está soportado sobre tecnologías desarrolladas o encargadas a estas corporaciones.

Por otro lado, asientan referentes culturales por doquier, trazando matrices de presente y futuro, cerrando las ventanas del sueño utópico de otra sociedad posible y abriendo las puertas de la conformidad; a la par de asegurarse por diversos canales –como la normatividad supranacional– el control/protección de sus ingentes capitales,

Todo ello, miles de millones resumidos en pocas cuentas, contratación de cientos de miles de trabajadores en sus empresas, inocultable influencia política sobre numerosos Estados, control tecnológico, monopolización de las comunicaciones, capacidad especulativa, arrasamiento de la privacidad por doquier, etcétera, ha llevado a la democracia formal a su agonía. Una democracia directa, radical, donde la consulta al conjunto social de todas aquellas decisiones estratégicas que le afectan sean obligatorias, decididas a voto limpio, surge como una alternativa inaplazable. Aquí, en Colombia, la “democracia más vieja del continente”, como en todo el mundo, esta opción también está a la orden del día.

Una oferta incumplida

La burguesía decapitó políticamente a la monarquía con el filo de la guillotina, en lo económico con la apertura de una producción y un comercio con menos barreras, y culturalmente con la oferta de libertad, igualdad y fraternidad. Esa rancia monarquía quedó como simple porcelana que decora las salas de recibimiento en las sociedades europeas, allí están los Borbones y otros más.

Su triunfo fue facilitado y potenciado por la multiplicación de la capacidad productiva desatada como resultado inmediato de la primera revolución industrial, por la acumulación de capital devenida de un comercio que derrumbaba murallas sin contemplación alguna y la misma influencia cultural que fueron ganando sus ideales. Sin embargo, su promesa fue solo eso, una promesa. En los dos siglos y algunos años más de su gesta, en pocas, tal vez muy pocas sociedades regidas por los principios que abanderaron, tal triada la han vivido a plenitud sus pobladores.

Para constatación, basta revisar los derechos de primera generación, los conocidos como Derechos civiles y políticos, entre estos:

• “Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, posición social o económica”
• “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral”
• “Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su horna o reputación”
• “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia”
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica”.

Ante la lectura cuidadosa de estos preceptos, redactados hace más de dos siglos, y su más cuidadosa constatación con la realidad pasada y presente, es evidente que los mismos no han tenido plena concreción en el tiempo trascurrido. ¿Qué dirán ante cada uno de estos derechos los miles de miles que desde África tratan por estos días de migrar hacia Europa? ¿Qué opinarán quienes son encarcelados en múltiples países del actual sistema mundo al pretender motivar a sus congéneres a luchar por un gobierno otro? ¿Qué gritaran quienes llenan distintos presidios por doquier? ¿O qué nos confirmarán los que por tener otro color de piel son excluidos en la tierra que los vio nacer o aquella a la cual llegaron años después en procura de ingresos dignos para vivir o buscando protección para sus vidas?

¿De qué libertad, igualdad y fraternidad pueden ufanarse quienes con la guillotina dieron paso a estos derechos si la riqueza de otrora potencias globales como Francia fueron amasadas sobre el filo de las bayonetas, tanto en África, como en Asia y nuestra América, incluida su región Caribe?

Promesas, simples promesas. Pero también control social, hegemonía política, así como manipulación y dominio político. Todo esto, una ironía de quienes como clase dieron origen a estos derechos, pues lo que en gran medida resumía esta Primera Carta de Derechos (derechos de primera generación –civiles y políticos–) eran las necesidades que como clase tenían estos mercaderes, pero no mucho más.
Una oferta de nueva sociedad erigida en medio de incumplimientos. A la par que imponían sus demandas el mundo permanecía y continuaba plagado de sociedades esclavizadas, oprimidas, excluidas. Y contra tal realidad se levantaron obreros y campesinos, además de otros sectores populares. En cada país hay historias por retomar, en cada país hay memoria viva que pretenden borrar quienes figuran allí como genocidas y masacradores.

Han sido luchas de los de abajo contra los de arriba, con las cuales dieron cuerpo a lo que décadas después fue conocido como los Derechos de segunda generación –económicos, sociales y culturales–, muchos de ellos conquistados sobre inocultables charcos de sangre, lo que recuerda que hasta el siglo XIX y bien entrado el XX ningún derecho fue reconocido sin resistencia ni violencia por parte de quienes detentaban el poder. Es la ley del poder. Luego esos mismos sectores que lo concentraban a su favor transforman los derechos en un galimatías al cual acceden en igual condición personas o individuos, grupos sociales y empresas, entre ellas las multinacionales. ¡Y todos, individuos, grupos sociales y multinacionales son reconocidas en igual condición y con igual posibilidad!

De los Derechos de segunda generación, valga recordar, hacen parte entre otros:

• “Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos sociales y culturales”
• “Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias”
• “Toda persona tiene derecho a formar sindicatos para la defensa de sus intereses”
• “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a ella y a su familia la salud, alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

¿Qué dirán ante estas referencias de vida quienes buscan sin resultado positivo trabajo? ¿Qué opinarán quienes presencian sumidos en angustia los padecimientos de su familia por no tener mesa abundante, por no contar con un techo bajo el cual guarecerse o médico al cual acudir y del cual obtener fórmula presta que no le implique la compra de medicinas especializadas para las cuales no tiene dinero con que adquirirlas? ¿Qué podrán contar quienes intentaron conformar un sindicato y por ello fueron expulsados de su puesto de trabajo, amenazados y obligados a dejar su ciudad, o asesinados?

Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refranero popular, y no se equivoca. Es así como la democracia –el gobierno del pueblo y para el pueblo, o el gobierno de las mayorías al servicio de todos– queda como un referente para guiar los pasos de la humanidad, algo por lograr. Una democracia más allá de la liberal –electoral–. Es por ello que enrutar las energías sociales tras tal meta deberá ser uno de los objetivos de los movimientos sociales en los tiempos que corren.

Es precisamente este reto el que nos recuerda que la democracia, la realmente existente, está en disputa. Por lo cual, asumirla como referente de las luchas en curso o por venir, es seleccionar la más trascendental de las dianas que podemos ver y determinar en el entorno y momento que vivimos.

En esta pugna, los sectores populares cuentan a su favor que, más allá de sus deseos, los poderosos del mundo no pueden controlar ni parar las energías desatadas por las revoluciones industriales en marcha, de tal manera que la concentración de riqueza proseguirá sin control ni límite alguno, y con ella la inconformidad global con esta realidad; el poder, como quintaesencia para asegurar los privilegios de unos pocos, potenciará aún más la violencia “legalmente constituida” y todo tipo de espionaje y violaciones a la privacidad y libertad de las mayorías, ahondando así el autoritarismo, negando de manera efectiva la libertad; y, con todo ello como marca esencial del sistema social-económico y político vigente, ¿es posible solidaridad alguna? Sálvese quien pueda, es la norma de normas que hoy impera en el mundo.

Es una realidad a la cual hay que torcerle el brazo. En el afán de numerosos sectores sociales por actuar ante la catástrofe en que está entrando el conjunto social global, y con ésta hasta la mismísima Tierra como casa de la humanidad, van tomando cuerpo otras formas de hacer y de vivir, experiencias de otra economía posible, basadas estas en procesos solidarios, cooperativos, comunitarios, procesos donde la misma propiedad de los medios de producción, además de la planeación de qué y cómo producir, la forma de hacerlo, así como la apropiación de lo generado por el trabajo de muchas personas, deja a un lado el interés estrictamente privado para adentrarse en el colectivo.

Sobre este particular destacan en nuestra región experiencias como las de Cecocesola con asiento en Barquisimeto –capital del estado Lara, Venezuela– la cual, aún en la crisis que hoy vive este país, ha logrado conservar su dinámica autónoma, la red de productores agrarios y de comercialización de sus productos, así como el centro de salud.

En Colombia, el referente es Confiar cooperativa financiera que tras sus más de cuatro décadas de experiencia, trascendió de un fondo de empleados creado por los trabajadores de Sofasa a una propuesta solidaria abierta que hoy cuenta con más de 166 mil asociados, así como algo más de 277 mil ahorradores, cuyos aportes permiten el apoyo constante a diversidad de experiencias sociales, culturales, comunitarias, educativas, artísticas, informativas y de otros órdenes, evidenciando con su práctica que en lo económico sí es posible tejer un camino diferente al impuesto por la institucionalidad. El estímulo al consumo consciente, es una apuesta fuerte con la cual se crean las bases de otra forma de ser y estar en este planeta. A su vez, el reconocimiento y valoración del liderazgo femenino y juvenil, potencia los nuevos actores sociales, de cuya mano también está el tema ambiental.

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, con más de 9 mil asentamientos agrarios, producto de la recuperación de la tierra por parte de los campesinos sin tierra, reconfirma que “una mano más otra mano no son dos manos… sino muchas más”, son comunidad, son pueblo.

Actuando de manera directa, más de un millón de familias han obtenido sus tierras y más de 130 mil están acampadas, es decir, en proceso de reconocimiento de su propiedad.

Estos campesinos, no solo han liberado su tierra, sino que además han construido sus viviendas, escuelas, incluso universidad, poniendo en marcha una producción asociada, limpia, sin tóxicos, además de mercadear alimentos procesados, vinos, artesanías, etcétera.

En Argentina, fábricas como Zanón y Brukman, el hotel Bauen, y otras experiencias exitosas de empresas asumidas de manera directa por sus trabajadores, asociados en cooperativas, demuestran sin duda alguna que sí es posible liderar y mantener en funcionamiento, por parte de los trabajadores, cualquier tipo de empresa. Además, y este es el caso de lo conocido de manera genérica como “Fábricas sin patrón”, que la solidaridad comunitaria es sustancial para que este tipo de experiencias no sean ocupadas policial o militarmente por los protectores del capital (el Estado y sus Fuerzas Armadas), así como para lograr una mejor difusión de todo aquello que producen, comercian u ofrecen como servicios.

En pocas palabras, economía, colectivo, común, solidario, redistribución, autonomía, son sinónimos que entretejidos abren puertas distintas a las capitalistas, procesos y experiencias que a pesar de estar sometidos en muchos de sus cotidianidades a los canales imperantes van creando otra cultura, sin la cual no es posible darle un portazo al mismo sistema económico-social hoy dominante.
Son ejercicios de vida y de esperanza, dinámicas todas estas que van en contravía de lo impuesto por la producción capitalista, y en ella por la misma dinámica ganada por las multinacionales donde la producción de hecho es cada vez más colectiva pero su apropiación no deja de ser particular. Así realza en casos como Amazon, Microsoft, Facebook, la primera de las cuales contaba en el 2017 con 566.000 trabajadores, Microsoft 133.000, Facebook más de 25 mil, sin dejar a un lado emporios como Samsung con 275.000 trabajadores y Walmart con 2.300.000. Otros muchos ejemplos podrían relacionarse y en todos ellos lo típico es que quien apropia para si lo producido por muchos es alguien que ha “desarrollado” un sistema inteligente que le permite interrelacionar a muchos, centralizando por vías de sistemas inteligentes sus saberes y producidos.

Hasta aquí podríamos decir que de acuerdo a la lógica imperante desde hace dos siglos largos todo está bien, pero sucede que esos sistemas inteligentes han visto la luz producto de investigaciones financiadas con dineros públicos. No es una exageración. Es conocido que la internet es el producto de prolongadas investigaciones de carácter militar financiadas por el Pentágono, el cual, como es obvio, funciona con base en los dineros públicos. Pese a ello, su apropiación económica ha terminado en manos de Microsoft. Todo un contrasentido. Así mismo ocurrió con la tecnología satelital, hoy resumida en los GPS producto de prolongadas investigaciones encabezadas por la Nasa, tecnología experimentada en la aviación, en cohetería y otros tanto usos militares. Millones de seres humanos cotizan mes a mes al erario público, que a su vez destina la caja de ahorros para asegurar el avance de la ciencia y la tecnología con supuesto sentido colectivo, pero al final unos pocos son los que ven los réditos de todo ello, sobretodo en sus depósitos bancarios.

Son empresas las beneficiadas de esta sin razón, las que además prestan un servicio de carácter estratégico con efectos, para bien o para mal, sobre el conjunto social, tanto en su país de origen como más allá del mismo. De ahí que reclamar el carácter social, público y común de este tipo de empresas, sea una reivindicación con plena vigencia. Es así como una ventana se abre para un futuro donde la igualdad tenga un asidero real, la libertad sea algo más que una consigna y con ello la fraternidad –la solidaridad, como referente más plausible– ganen el espacio necesario entre todos los seres humanos. Estamos así ante luces poscapitalistas; un futuro más cercano de lo que muchas veces vaticinamos.

Sin duda, otra democracia, además de necesaria, sí es posible.

 

*Estamos en presencia de dos revoluciones industriales: la tercera, que va llegando a su final, basada en la electrónica y las tecnologías de la información. Tenemos, como algunos de sus desarrollos: computadoras personales, clusters, redes de información; y la cuarta que está en pleno desenvolvimiento y que está basada en la simbiosis entre las dimensiones física, digital y biológica. Entre algunos de sus desarrollos más notables: robótica de todos los tipos, aprendizaje de máquinas, interface chip-célula.


 

Democracia, ¿solo electoral? 

Es una realidad de perogrullo que los sectores dominantes se obstinan en afirmar que allí donde se celebran elecciones son países democráticos. Nada más irreal. Lo electoral, es solamente una de sus expresiones, las otras son la economía, el medio ambiente, la cultura. Así lo recuerda Antonio García Nossa: “La democracia es total en el sentido de que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero les niega los medios –económicos, culturales y políticos– de ejercicio de la libertad”.

Precisamente Colombia es el prototipo de esta deformación de la democracia, o la expresión masiva en América Latina de la democracia que no va más allá de la norma, de la apariencia, ocultando una dictadura civil, soporte de una profunda desigualdad social, de la pervivencia de amplias capas de nuestra sociedad arrojadas al abismo del empobrecimiento y la miseria, así como al temor generalizado a opinar pues quien lo haga corre el riesgo de ser amenazado, expulsado de su terruño –desplazado– o simplemente asesinado. Años atrás la tortura y la cárcel era el camino preestablecido, hoy no lo es tanto, aunque no es extraño el descuartizamiento de cuerpos inermes y otras barbaridades que la humanidad creía haber superado tras la “humanización” de la guerra, mucho más en la disputa entre civiles.

 

La democracia es una palabra hueca entre nosotros, así lo resume su historia reciente:

 

1.Durante el siglo anterior, por lo menos desde 1946 fue desatada por una parte del establecimiento una guerra contra el pueblo indefenso, la cual tuvo dos años después, el 9 de abril de 1948, un punto de caldera que desató odios incontenibles. La guerra civil tomó forma, por lo menos hasta 1953, años durante los cuales la masacre de miles de campesinos, el desplazamiento de no menos de 250 mil, su despojo, la injusticia en los tribunales, el llamado a la barbarie desde los púlpitos, la utilización de la Policía y del Ejército como cuerpos privados para la defensa de terratenientes. En esas condiciones, el Partido Conservador celebró elecciones, sin contrincante alguno, y retuvo el manchado poder que retenía desde 1946 en cabeza de Mariano Ospina Pérez, quien lo entregó a Laureano Gómez; al caer éste enfermo en 1951 vio continuada su función por Roberto Urdaneta Arbeláez. 

2.En 1953 dejan las apariencias e instalan una dictadura militar abierta en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

3.Una junta militar destituye a su Jefe y asume entre 1957-1958 el gobierno.

4.Tras un pacto oligárquico entre liberales y conservadores se reparten el poder por espacio de dos décadas, durante las cuales las elecciones eran una farsa pues ya se sabía cual de los dos partidos gobernaría, es decir, la elección era solamente entre quienes aspiraban a la Presidencia por un mismo partido. Otras formaciones políticas estaban prohibidas, no solamente para la disputa electoral sino para ejercer su opinión y acción político de manera cotidiana. 

5.Superada esta etapa de la vida republicana, para contener las fuerzas democratizadoras que intentaban abrirse espacio por doquier, criminalizan en 1978 con el Estatuto de Seguridad toda protesta social.

6.A partir de los años 80, desatan una guerra soterrada contra el pueblo a través de un proyecto paramilitar de extensión nacional. Los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, los despojados, el control de por lo menos el 30 por ciento del Congreso de la República por esas mismas huestes, a pesar de realizarse elecciones, dibujan el real carácter del régimen.

7. Las elecciones no dejan de sucederse, a pesar del asesinato de candidatos presidenciales, y de aspirantes al Congreso y otros cuerpos de elección popular. 

8. Potenciando el carácter criminal de los narcotraficantes, la guerra arrecia sobre todo aquello que se considera oposición. La división y atomización de la sociedad, producto del miedo generalizado, es su propósito, el cual es cumplido a cabalidad.

9. Una guerra sin miramientos éticos ni de ningún tipo ensancha sus ecos desde el 2002, dejando entre sus saldos trágicos lo que es conocido por la memoria nacional como los “falsos positivos”.

 

Pese a ello, las elecciones prosiguen su curso. También la concentración de la riqueza en pocas manos:

 

Riqueza en pocas manos

Al detallar en Colombia los ingresos de los más ricos contra el ingreso de la clase media, los resultados son escandalosos: el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el de la clase media, el del 0.1 por ciento es 52 veces y el del 0.01 por ciento es 149 veces.

Si comparamos estas cifras con los más empobrecidos del país, los resultados son peores. El ingreso del 1 por ciento más rico es 39 veces el del 10 por ciento más pobre, el del 0.1 por ciento es 275 veces y el del 0.01 por ciento es 789 veces. 

Que 4.770 connacionales (0.01 más rico) ganen 150 y 789 veces el ingreso de una persona de la clase media y pobre respectivamente, explica por qué registramos como uno de los países de mayor desigualdad a nivel mundial. 

 

La tierra

Según el análisis de Oxfam (2017), sobre la propiedad y uso de la tierra en Colombia, publicado en el informe “Radiografía de la desigualdad”, nuestro país sigue siendo el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra. Solamente el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva para vivir.

La concentración de la tenencia de la tierra sufrió un agravamiento en las ultimas décadas, a tal punto que las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron de 5 millones en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%), su tamaño promedio también aumentó pasando de menos de 1.000 hectáreas en 1960 a 5.000 hectáreas en 2014.  

En la actualidad –según el censo nacional agropecuario del 2016, que comprendió 111,5 millones de hectáreas–, el uso del suelo en millones de hectáreas se divide de esta manera: Bosques 63,2; ganadería 34,4; agricultura 8,5; otros usos 5,4. De manera adicional, a finales de 2012 fueron suscritos 9.400 títulos mineros que responden a 5,6 millones de hectáreas.

Vale la pena decir que en las zonas que se denominan de agricultura el 75 por ciento cultivado responde a monocultivos de caña de azúcar, palma africana y café, mientras que en el 15 por ciento restante se cultiva variedad de cultivos transitorios.  

La vivienda

La tasa de personas con vivienda propia en las zonas urbanas es de 5,1 millones, quienes viven en arriendo suman 4,9 millones de hogares y quienes no tienen una vivienda o viven en hacinamiento son alrededor de 1,3 millones, juntándose con los 2 millones más que tienen un déficit cualitativo de vivienda, es decir, que carecen de acceso a servicios públicos, vías publicas y los entornos no son aptos para vivir.

 

Empobrecidos y enriquecidos por el sistema

Tomando como referencia el año 2017, “la pobreza por ingresos en Colombia se mantiene en el 29,5 por ciento; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Por su parte, en el campo, más que pobreza lo que el país tiene es indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento”.

“Contrario a esto, y como problemática que denota a todas luces la antidemocracia vigente entre nosotros, estructuralmente la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por la sociedad; peor aún, el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben solo un 16 por ciento del total de los ingresos”*.

 

El juego del voto

Democracia de apariencia. Mientras la desigualdad social ahondaba su brecha en el país, mientras las armas oficiales y no tanto garantizaban tal dinámica, las urnas permanecían abiertas, ofreciendo cada cuatro años una posible transformación del país si cambiaba la cabeza de su gobierno. ¿Será posible tanto con tan poco?  Las experiencias de diferentes países están a la vista. Pero, sea cual sea la realidad y la efectividad del voto, lo cierto es que lo vivido entre nosotros es una democracia aparente, formal, soportada sobre el uso despiadado de las armas, democracia difundida y consolidada a través de los medios de comunicación y de la escuela como si se tratara de una democracia real, plena.

 

El sueño de la esperanza

 

Pese a ello, mientras esto sucedía, mientras la democracia liberal mantenía sus formas, en diversidad de territorios de nuestro país una variedad de actores sociales no cejaban en su esfuerzo por darle cuerpo a otro país posible, reuniendo para ello esfuerzos variados en lo económico, político y social. 

Encontramos allí experiencias cooperativas y solidarias de múltiple origen y logros; experiencias agrícolas rurales colectivas, bien a través de manos indígenas o de campesinos de distinto origen, que logran que la tierra produzca más y mejor de lo que lograría un solo campesino pobre en su reducido minifundio; experiencias de distinto logro en la comercialización de variedad de productos; experiencias educativas que forman a su alumnado con un sueño de una Colombia posible donde todos vivamos en felicidad; en fin, encontramos otros caminos abiertos o en proceso de serlo –contrarios a los oficiales y normatizados, contrarios a los que favorecen a los grandes y medianos empresarios–, unos caminos que llevan al puerto de lo colectivo, de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad, para ir concretando un sueño que tomó cuerpo hace ya dos siglos y algunos años más, caminos sin los cuales no será posible que en nuestro terruño haya espacio para todos, un espacio para vivir sin ser arrinconados sino con espacio suficiente, tanto en el campo como en la ciudad, es decir, para vivir en dignidad. 

 

*Sarmiento Anzola, Libardo, “2002-2018, la herencia Uribe-Santos”, Le Monde diplomatiqueedición Colombia, agosto 2018, pp. 4-8.

 

 

Miércoles, 26 Septiembre 2018 17:35

Bienes comunes*

Bienes comunes*

Un bien común es aquel de acceso universal, de gestión democrática, cuyo uso se sostiene en el tiempo y que es de titularidad colectiva. Por lo tanto, un bien común no es un bien privado ni un bien público. Esta diferenciación es importante puesto que la propiedad privada se basa en la capacidad de unos individuos frente a otros de excluir del uso, o del beneficio, a unos determinados recursos, mientras la propiedad pública sitúa en el ámbito de los gobiernos la gestión y la decisión de quien tiene acceso a los bienes.

Un bien común comprende una serie de recursos –físicos como el agua o virtuales como el conocimiento– que son gestionados por una comunidad –que también puede ser física o bien virtual– de acuerdo a una serie de normas acordadas democráticamente. Un bien común implica que todos los individuos de la comunidad tengan derecho a hacer uso u obtener beneficios de un determinado recurso. Es decir, que un bien común, para que lo sea, debe estar disponible para toda la comunidad y su uso por una persona no debe impedir que lo utilice el resto. O, dicho en una terminología más técnica, que no sea excluyente y no conlleve rival.

De esta manera, un bosque gestionado comunitariamente podría ser un bien común, ya que está a disposición de toda la comunidad y su uso adecuado no impediría su disfrute por las generaciones futuras. Otros bienes comunes de carácter más universal podrían ser el viento, la arena de la playa y los rayos del Sol; el entorno, en definitiva. Pero también podrían ser bienes comunes el conocimiento y el sistema sanitario.
La clave está en la gestión

Que algo sea un bien común no es debido a una característica intrínseca que posea, sino que tiene que ver sobre todo con la gestión que se haga de ese recurso. El bosque no podría ser considerado un bien común sin añadir la coletilla de «bajo un uso sostenible y comunitario». Realmente, bienes como los bosques pueden llegar a degradarse, a reducir su cantidad disponible o a ver mermada su calidad, si mucha gente pasea por ellos de forma indiscriminada o si se permite la tala masiva. Otro ejemplo podría ser el de la educación, ya que la masificación de las aulas (uso no excluyente) supondría una disminución de la calidad de la educación impartida (conllevaría rival). En el caso del conocimiento, las patentes son un ejemplo claro de enajenación privada de este bien común.

De este modo, es necesaria una adecuada gestión de los recursos y de los servicios para que puedan ser considerados bienes comunes. Esta gestión implica la existencia de algunas claves como las siguientes.

La primera, garantizar el acceso a los bienes, al menos, por parte de toda la comunidad que los gestiona. La no exclusividad quiere decir que no es posible discriminar, mediante los precios, quiénes lo disfrutarán y quiénes no, puesto que los bienes comunes o no tienen precio o este es asumible por todas las personas. Además, el derecho de uso se produce con independencia de si se contribuye o no a su mantenimiento o a su protección.

En segundo lugar, hay que conseguir la sostenibilidad del recurso en el tiempo. Para ello debe existir una limitación en la utilización de determinados recursos hasta los niveles en los que la naturaleza pueda reponerlos. De este modo, si no conservamos nuestro entorno, estamos excluyendo a parte de la población presente y futura del disfrute de dichos bienes. Por ello se debe legislar en este sentido y garantizar el respeto a las normas en pro de la consecución de este fin. Esto no es limitar nuestra libertad, es incrementarla. La sostenibilidad del bien común implica una responsabilidad colectiva e individual por el mantenimiento de dichos bienes.

Asimismo, los bienes comunes han de gestionarse desde la colectividad de forma democrática: es una falacia que la gestión privada sea la más adecuada para el conjunto. Es una mentira basada en observar solo un pedazo pequeño de la realidad –el que tiene que ver con la tasa de beneficios individuales– o, en el mejor de los casos, de un reducido porcentaje de la población. Es verdad que una gestión privada de un negocio, si se hace bien, genera pingües beneficios para quienes lo poseen, pero si abrimos la mirada descubrimos que la búsqueda del beneficio individual ha provocado un incremento continuado de las diferencias a nivel planetario y de la degradación ambiental.

Uno de los aspectos más repetidos en la literatura neoliberal es el de la “tragedia de los comunes”, que argumenta que en una gestión colectiva todo el mundo busca su beneficio individual lo que conlleva, inevitablemente, el agotamiento del recurso. Sin embargo, esta teoría no se sostiene con los hechos: los recursos gestionados colectivamente –como es el caso de territorios indígenas– se han conservado en general mucho más que los privatizados, sujetos a la ley de maximizar el beneficio. De este modo, la gestión común es intrínsecamente más adecuada que la privada, porque es la que permite una mirada compleja sobre distintas facetas. Es la que posibilita planificar a largo plazo. Es la única que puede tener en cuenta más factores y no solamente los de crecimiento (en el marco económico en el que estamos). Y solo con ella es posible una gestión social y democrática. Obviamente, la gestión democrática es difícil, pues implica la búsqueda de consensos y la inclusión en las discusiones no solo de quienes tienen más conocimientos técnicos, sino también de quienes son meramente usuarios e, incluso, de la proyección de las opiniones de las generaciones futuras.

Finalmente, se trata de convertirlos en inalienables. Por su propia naturaleza, un bien común no se puede vender en el mercado, no es privatizable. No tiene valor de cambio, sino valor de uso.

 

La lucha por los bienes comunes

 

En sus inicios, el capitalismo se basó, entre otros factores, en la apropiación privada de toda una serie de bienes que eran comunes. Fueron los cercamientos de tierras comunales para convertirlas en privadas o la enajenación de los recursos naturales durante la colonización de América. También el control de la información y del conocimiento por las élites gobernantes, del mismo modo que el trabajo de cuidados realizado por las mujeres. Sin embargo, esta apropiación de los bienes comunes ha sido un continuo en la historia del capitalismo, pues ha supuesto una de las maneras de sostener las tasas de crecimiento.

Con el capitalismo, una de las funciones que adquirió el Estado fue ayudar a la reproducción de la fuerza de trabajo. De ahí, y después de muchas luchas sociales, surgieron los servicios públicos que, en el caso del Estado del bienestar, tuvieron algunas de las características de los bienes comunes, acercándose a la universalidad, a una cierta inalienabilidad y, a veces, a una gestión sostenible.
Sin duda, uno de los elementos clave en la historia del capitalismo ha sido la gestión de los bienes. Por una parte, se daba la resistencia a su privatización y, por otra, el intento de volver a hacer comunal lo que había sido enajenado. Este proceso continúa hoy en día: la mercantilización, previa privatización, de bienes comunes y públicos está siendo una de las principales herramientas que está usando el capital para intentar mantener su tasa de beneficios en tiempos de crisis.

Un ámbito que se ha recuperado, en parte, para lo común ha sido el del conocimiento. Además, es una arena en la que se están ensayando numerosas experiencias de gestión y construcción de lo común, como Wikipedia. Del mismo modo, este terreno está siendo también objeto de dura disputa e intento de enajenación y control.

Un segundo ámbito de enfrentamiento está siendo el proceso de privatización de los servicios públicos, con la educación y la sanidad a la cabeza. Pero el proceso no es solo de privatización, sino también de limitación de su acceso a porcentajes crecientes de la población.

Y un tercer elemento central hoy en día es la privatización de los recursos naturales, cada vez más escasos en un marco de crisis ambiental. Son sonados los casos del agua, de la tierra (con todo el proceso de acaparamiento) y de la biodiversidad. Para que esto sea posible primero es necesaria su valoración monetaria y, posteriormente, la creación de nuevos mercados con los que sacar beneficio económico a la privatización. Ahí está, sin ir más lejos, el de derechos de emisiones de CO2.

De este modo, lo que es escaso, lo que es frágil, lo que es fundamental para nuestra supervivencia, lo que está en el centro de políticas de justicia social, lo que puede ser una herramienta de poder, lo que implica una responsabilidad con el resto de seres vivos, lo que es clave para la evolución social... no puede ser privado, sino que debe ser de titularidad colectiva. Ante esto surge la necesidad de (re)construir una economía basada en los bienes comunes. 

 

Bibliografía:

Federici, S. (2010): Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Traficantes de Sueños, Madrid.
Harvey, D. (2004): El nuevo imperialismo, Akal, Madrid.
Madrilonia (2012): Carta de los Comunes, Traficantes de Sueños, Madrid.
Ostrom, E. (1990): Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, Cambridge University Press.
Sabín, F. (2012): “Los comunes como hipótesis política y práctica comunitaria”, Éxodo, nº 114.
Subirats, J. (2011): Otra sociedad, ¿otra política?, Icaria, Barcelona.