Un juez de EE UU condena a Monsanto a pagar 1.800 millones de euros a una pareja enferma de cáncer

Bayer sufre una millonaria derrota judicial. Un jurado ha condenado este lunes a Monsanto, comprada por la empresa alemana en 2018, a pagar 2.055 millones de dólares (unos 1.820 millones de euros) a una pareja que supuestamente habría contraído cáncer por utilizar el herbicida Roundup. El veredicto del jurado del norte de California acusa a la agroquímica de no advertir los peligros de su producto, que acumula más de 13.000 demandas por el mismo motivo. Esta es la tercera batalla legal perdida de la compañía, pero con diferencia la más cara.

La condena llega cuando los accionistas del gigante farmacéutico se han negado a apoyar la gestión de Bayer en el último año e impulsa la caída de las acciones en el mercado. Alva y Alberta Pilliod, de 70 años, fueron diagnosticados de linfoma no-Hodgkins con cuatro años de diferencia: uno en 2011 y otro en 2015. La pareja utilizó Roundup, un producto elaborado con glifosato, durante 35 años en un terreno en San Francisco. Ambos se encuentran actualmente en remisión. La indemnización que deberá pagar Bayer incluye, además de los 2.000 millones de dólares en daños punitivos, otros 55 millones en daños compensatorios. Es posible que la cifra disminuya una vez que la compañía apele la decisión del juez. El gigante químico y farmacéutico alemán comunicó su decepción ante el veredicto y adelantó que el litigio "llevará algún tiempo antes de que concluya", ya que las apelaciones están pendientes y que "continuará evaluando y refinando sus estrategias legales a medida que avanza en la siguiente fase".

Al igual que en los episodios anteriores, donde se ha responsabilizado a Roundup de haber sido un factor sustancial en enfermos de cáncer, hubo una batalla de ambas partes con estudios científicos y expertos. Según los reguladores europeos y estadounidenses, no se ha comprobado que el glifosato pueda provocar cáncer. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo en 2015 que “probablemente” era cancerígeno. Una herramienta clave de los miles de demandantes. En este caso en particular, los abogados de la compañía, además de respaldarse en documentos científicos, destacaron los antecedentes familiares de los Pilliod que también han padecido cáncer y enfermedades autoinmunes que, según su argumento, aumentaban el riesgo de que la pareja desarrollara un linfoma no-Hodgkins.


El Roundup, producto estrella del fabricante Monsanto, continúa vendiéndose sin una etiqueta que advierta de que existe un riesgo cancerígeno para los seres humanos. El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo agrícola y circula en el mercado desde 1976. Personas familiarizadas con la compañía alemana afirman que no hay planes de hacer modificaciones antes de que al menos uno de los casos haya sido apelado, según publica The Wall Street Journal. Los socios de la empresa rechazaron el mes pasado las medidas que ha tomado la alta dirección, entre ellas, la compra de Monsanto. Desde entonces, los papeles de la alemana han caído un 40%.

Por Antonia Laborde
Washington 14 MAY 2019 - 02:51 COT

 

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 11 Mayo 2019 05:20

El veneno que nos legó Monsanto

El veneno que nos legó Monsanto

Ya son más de 13 mil juicios iniciados contra Monsanto (ahora propiedad de Bayer) por haber causado cáncer a los demandantes o a sus familiares con el uso del herbicida glifosato, a sabiendas de los peligros que implicaba y sin informar de los riesgos a las personas expuestas. Son, en su mayoría, personas que aplicaban el agrotóxico sea en su trabajo agrícola, de jardinería o parques. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el glifosato es cancerígeno para animales y probable cancerígeno en humanos.

El primer juicio que ganó una víctima, en agosto de 2018, fue la demanda de D. Lee Johnsson, un jardinero que aplicó glifosato por dos años en una escuela, a partir de lo cual contrajo el cáncer linfoma no-Hodgkin. (https://tinyurl.com/y5umrtt3). Un juez de San Francisco condenó a Monsanto-Bayer a pagar 289 millones de dólares en primera instancia, pero luego de que Bayer apelara quedó en 78 millones. En otro juicio, en marzo 2019, se dictaminó que Monsanto-Bayer debe pagar 80 millones de dólares a Edwin Hardeman por ser responsable de su enfermedad. Está a punto de concluir en Oakland el tercer juicio similar, iniciado por el matrimonio Pilliod contra Monsanto. Tienen 70 años y ambos padecen cáncer. Se espera que nuevamente sea un dictamen multimillonario en favor de las víctimas. (https://usrtk.org/monsanto-papers/)

Paralelamente, en Europa, Monsanto perdió por tercera vez, en abril de 2019, el juicio iniciado por el agricultor francés Paul François, quien sufre daños neurológicos por el uso del herbicida Lasso, con otro componente agrotóxico.

Bayer, que finalizó la compra de Monsanto en 2018, ha perdido hasta el momento más de 30 mil millones de dólares por la disminución del valor de sus acciones, por el impacto negativo de los resultados de los juicios sobre glifosato. El 26 de abril 2019, 55 por ciento de accionistas de Bayer votó contra las estrategias del directorio, liderado por Werner Baumann, que defendió la compra de Monsanto.

El glifosato, inventado por Monsanto en 1974, es uno de los herbicidas más usados en el mundo. Se vende bajo muchas marcas, como Faena, Rival, RoundUp, Ranger y otras. Las cantidades aplicadas aumentaron exponencialmente con la liberación de cultivos transgénicos resistentes a herbicidas. El aumento de su uso produjo resistencia en más de 25 tipos de malezas, creando un círculo vicioso de aplicar cada vez más glifosato. Se han encontrado cantidades elevadas de residuos de glifosato en alimentos, fuentes de agua y test de orina, sangre y leche materna en varios países y continentes, fundamentalmente en los mayores productores de transgénicos.

En todos los casos de juicios nombrados, los jueces dictaminaron en favor de las víctimas porque hallaron que Monsanto sabía de los riesgos y no lo explicó en etiquetas ni estrategia de venta de los productos. El punto es central, ya que el argumento de Monsanto es que las agencias regulatorias, como la Agencia de Protección Ambiental en Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) anuncian el glifosato como un herbicida de bajo riesgo.

No obstante, en el curso de los juicios Monsanto ha tenido que liberar documentos internos que prueban que tenía estudios propios muy tempranos que mostraban el potencial carcinogénico del glifosato y que pese a ello se dedicó durante décadas a escribir artículos que lucieran como si fueran científicos negando la toxicidad del glifosato, que luego acordaron con diferentes autores supuestamente científicos que los publicaran en su nombre sin mencionar a Monsanto.

Varios de esos artículos fueron listados por la EPA para determinar que el glifosato era casi inocuo a la salud. La organización US Right To Know ha publicado en su sitio dedicado a los juicios contra Monsanto documentos desclasificados hasta 2019 con pruebas y nombres de varios autores y artículos falseados (https://usrtk.org/monsanto-papers/).

En un reciente artículo de Nathan Donley y Carey Gillam en The Guardian, denuncian que Monsanto nunca realizó estudios epidemiológicos del uso de glifosato para ver su potencial cancerígeno, y en su lugar dedicó enormes sumas de dinero (hasta 17 millones de dólares en un año) para hacer campañas de propaganda, artículos de opinión de periodistas sesgados y actuar como escritor fantasma de artículos científicos que afirman que el glifosato es inocuo o no tiene grandes riesgos. Esto aumentó luego de la declaración de la OMS en 2015 (https://tinyurl.com/yxkrw4l9).

También dan a conocer correos electrónicos de Monsanto con la consultora de "estrategia e inteligencia política" Hakluyt, en julio de 2018, que revelan que la Casa Blanca afirma que "le guardará la espalda a Monsanto" en cualquier caso y que pese a los estudios que muestran toxicidad no votarán nuevas regulaciones. (https://tinyurl.com/yxcbswp5)

Son abrumadoras las evidencias de que se debe prohibir el glifosato. Varias ciudades estadunidenses y algunas latinoamericanas ya lo han establecido. El tema no es solamente este tóxico o sólo Monsanto-Bayer. Todas las trasnacionales de agronegocios tienen estrategias parecidas para vender veneno a costa de la salud y el medio ambiente. Hay que avanzar en la eliminación de todos los agrotóxicos.

 

Por Silvia Ribeiro,  investigadora del Grupo ETC

 

Publicado enMedio Ambiente
El suministro mundial de alimentos está seriamente amenazado debido a la pérdida de biodiversidad

Según la ONU, las plantas, los insectos y los organismos imprescindibles para la producción de alimentos están en rápido declive.

Cosecha de zanahoria ecológica en Alemania. La agricultura orgánica representa solo el 1 % de las tierras agrícolas globales. Fotografía: Julian Stratenschulte / EPA
La capacidad mundial de producción de alimentos se está debilitando debido a la incapacidad humana para proteger la biodiversidad, según afirma el primer estudio de la ONU sobre plantas, animales y microorganismos que ayudan a poner comida en nuestros platos.


La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura publicó esta dura advertencia después de que científicos encontraran pruebas de que los sistemas de apoyo naturales que forman la base de la dieta humana se están deteriorando por todo el mundo debido a que granjas, ciudades y fábricas devoran tierras y vierten productos químicos.
El informe publicado el viernes indicaba que durante las últimas dos décadas, aproximadamente el 20 % de la superficie cubierta de vegetación de la tierra ha perdido productividad.
Observaba una perdida “debilitadora” de biodiversidad del suelo, de bosques, praderas, arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y de diversidad genética de especies de cultivos y ganado. En los océanos, una tercera parte de las zonas de pesca están siendo sobrexplotadas.


El estudio, que cotejó datos a nivel mundial, artículos académicos e informes realizados por gobiernos de 91 países, señalaba que muchas de las especies que están implicadas indirectamente en la producción de alimentos, tales como pájaros, que se alimentan de las plagas de los cultivos, y los árboles de los manglares, que ayudan a purificar el agua, son menos abundantes que en el pasado.


Encontró que el 63 % de las plantas, el 11 % de los pájaros y el 5 % de los peces y los hongos estaban en declive. Los polinizadores, que son esenciales para tres cuartos de los cultivos del mundo, están amenazados. Además del declive bien documentado de abejas y otros insectos, el informe dice que el 17 % de los vertebrados polinizadores, como los murciélagos y los pájaros, estaban en peligro de extinción.


Una vez que se pierdan, las especies que son imprescindibles para nuestros sistemas alimentarios ya no se podrán recuperar, decía el informe. “Esto coloca al futuro de nuestros alimentos y a nuestro medioambiente bajo una grave amenaza”.


“Los cimientos de nuestros sistemas alimentarios se están debilitando”, escribió Graziano da Silva, director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, en una introducción del estudio. “Partes del informe mundial son una lectura sombría. Es verdaderamente preocupante que en tantos sistemas de producción en tantos países, la biodiversidad para los alimentos y la agricultura y la labor que ejerce en el ecosistema esté en declive”.


En muchos casos la agricultura es la culpable, dijo, debido a los cambios en el uso de las tierras y su gestión insostenible, tales como la sobreexplotación del suelo y la dependencia de pesticidas, herbicidas y otros agroquímicos.


La mayoría de los países dijeron que la principal causa de pérdida de biodiversidad era la conversión en el uso de la tierra, los bosques se cortaron para crear tierra cultivable, las praderas se cubrieron de cemento para las ciudades, fábricas y carreteras. Otras causas incluían la sobreexplotación de las fuentes de agua, la contaminación, la propagación de especies invasivas y el cambio climático.


La tendencia va hacia la uniformidad. Aunque el mundo produce más alimentos que en el pasado, depende de monocultivos en constante expansión.


Dos tercios de la producción de cultivos provienen de solo nueve especies (caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, patatas, soja, fruto de la palma de aceite, remolacha de azúcar y mandioca) mientras que la mayor parte de las demás 6.000 especies de plantas cultivadas están en declive y las fuentes de alimentos silvestres son cada vez más difíciles de encontrar.
Aunque los consumidores todavía no hayan notado ningún cambio cuando van de compras, los autores del informe dijeron que eso podía cambiar.


“Los supermercados están llenos de comida, pero la mayoría es importada de otros países y no hay mucha variedad. La dependencia en unas pocas especies significa que somos más susceptibles a los brotes de enfermedades y al cambio climático. Hace que la producción de alimentos sea menos resistente,” alertaba Julie Bélanger, el coordinador del informe.
Como ejemplos, el informe relata como la excesiva dependencia de una variedad reducida de especies fue uno de los factores determinantes de la hambruna causada por el mildiu de la patata en Irlanda en la década de 1840, las pérdidas de cosechas en los EE.UU. en el siglo XX y las pérdidas en la producción de taro en Samoa en la década de 1990.


“Tenemos la necesidad urgente de cambiar la forma en la que se producen los alimentos y de asegurar que la biodiversidad no es algo que pasemos por alto sino que es tratada como una riqueza irremplazable y una pieza fundamental de las estrategias de gestión,” dijo Bélanger.


El informe encontró pruebas de que la actitud y las prácticas estaban cambiando lentamente. En los últimos años ha aumentado la adopción de una gestión sostenible de bosques, el diseño de ecosistemas en la pesca, la acuaponía y en policultivos. Pero los autores dicen que el avance ha sido insuficiente. La agricultura ecológica, por ejemplo, ocupa ahora 58 millones de hectáreas en todo el mundo, pero esto solo supone el 1% de la tierra cultivable mundial.


El informe señalaba que los gobiernos muestran un mayor interés por la biodiversidad, un tema que pocas veces recibe la misma atención que el cambio climático. Muchos estados han anunciado pérdidas económicas causadas por la desaparición o el desplazamiento de ecosistemas. Irlanda, Noruega, Polonia y Suiza notaron una disminución en las poblaciones de abejorros. Egipto estaba preocupado por su industria pesquera debido a que los peces estaban migrando hacia el norte por el aumento de la temperatura del mar. Gambia dijo que había comunidades que se estaban viendo forzadas a comprar productos caros producidos industrialmente porque las fuentes de alimentos silvestres eran cada vez más escasas.


La crisis de la biodiversidad entrará en la agenda mundial y se debatirá en el próximo G7 de abril, en un Congreso Mundial sobre la Conservación en junio, y luego en una importante conferencia de la ONU en Pekín el año que viene.


“Por todo el mundo, la biblioteca de la vida que ha evolucionado durante miles de millones de años –nuestra biodiversidad- está siendo destruida, envenenada, contaminada, invadida, fragmentada, saqueada, drenada y quemada a un ritmo nunca visto en la historia humana”, dijo el presidente de Irlanda, Michael Higgins, en la conferencia sobre la biodiversidad el jueves en Dublín. “Si fuésemos mineros del carbón estaríamos hasta la cintura de canarios muertos”.

Por Jonathan Watts
The Guardian

Traducido por Eva Calleja

Publicado enMedio Ambiente
Bayer suprimirá la marca Monsanto tras comprarla por 53.373 millones

La corporación norteamericana de transgénicos y pesticidas tiene una pésima imagen global por lo que el grupo solo se llamará Bayer

Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica, cierra la compra de Monsanto. Y la compañía se llamará Bayer a secas. Monsanto desaparece como marca corporativa después de que la alemana adquiera la multinacional norteamericana de pesticidas y transgénicos por 66.000 millones de dólares(53.373 millones de euros). Lo único que mantendrá Bayer serán algunas submarcas comerciales con las que trabaja Monsanto para ciertos productos, por su popularidad en el mercado.

Monsanto es una de las empresas con peor imagen corporativa del mundo, por ser el mayor productor mundial de semillas transgénicas (sobre todo de maíz y soja) y por la venta de herbicidas como el Roundup, anatemizados por los ecologistas. Pocas empresas han sido objeto de tantas manifestaciones y eventos de protesta en diferentes rincones del planeta como este conglomerado agroquímico estadounidense. Su enorme tamaño y la combinación de productos destinados a un sector como la agricultura (y por tanto, la alimentación mundial) hacen que Monsanto sea una compañía más odiada incluso que las grandes petroleras, hasta el punto de generar movilizaciones de protesta, como la que hace cinco años tomaron las calles de medio centenar de países en todo el mundo.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio el martes pasado la luz verdea la operación por la que Bayer y Monsanto podrán fusionar sus operaciones. Pero a cambio deberán desprenderse de activos por valor de 9.000 millones de dólares en el negocio agroquímico, que cede a su rival alemana BASF. La autorización va en línea con el dictamen de la Comisión Europeas hace un mes. En concentro Bayer tendrá que vender la división de semillas y los herbicidas Liberty. También tendrán que vender el naciente negocio de la gestión digital de las tierras de cultivo, y otros proyectos en marcha en el ámbito de la investigación, algunas patentes y el desarrollo de nuevos productos.
En Europa, las autoridades de competencia han dado su plácet tras el compromiso de la nueva compañía de desprenderse de activos por valor de 6.000 millones de euros. El comprador es la germana BASF, que abonará 5.900 millones de euros en una operación concebida expresamente para obtener el visto bueno comunitario al acuerdo.


Los principales mercados de Monsanto, con sede en St. Louis, son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentran el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. El rechazo que genera se debe las tres letras clave: OGM. Son las siglas que identifican a los organismos genéticamente modificados. Estos productos empezaron a comercializarse hace dos décadas.


Monsanto no es un nombre que crea recelo solo entre el público. Los dirigentes políticos en Estados Unidos y Europa llevan años debatiendo sobre los límites que deben tener en el mercado estas semillas genéticamente modificadas. Francia y Alemania, por ejemplo, las tiene completamente prohibidas.

 

Madrid 4 JUN 2018 - 04:41 COT

Publicado enEconomía
Monsanto deberá defenderse en los tribunales de EEUU contra una denuncia de ocultación de pruebas sobre riesgos de sus herbicidas

Un juez de California acepta que el jurado considere la denuncia de ocultación de pruebas en una demanda contra la empresa, además de las pruebas científicas sobre el cáncer del demandante

Con 46 años, DeWayne Johnson no está preparado para morir. Pero con un cáncer que se expande por todo su cuerpo, los doctores dicen que apenas si le quedan unos meses de vida. Ahora Johnson, marido y padre de tres hijos en California, espera vivir lo suficiente como para hacer que Monsanto asuma la culpa.


El 18 de junio, Johnson se convertirá en la primera persona en llevar a juicio a la multinacional especializada en semillas y productos químicos, acusada de ocultar durante décadas los peligros cancerígenos de sus populares herbicidas Roundup. Ahora su caso acaba de conseguir un gran impulso.


La semana pasada el juez Curtis Karnow emitió una orden para permitir que los miembros del jurado consideren no solo las pruebas científicas sobre el origen del cáncer de Johnson, sino también las acusaciones de que Monsanto eliminó pruebas de los riesgos que conllevaba utilizar sus herbicidas. Karnow dictaminó que el juicio seguirá su curso y que un jurado será el encargado de considerar las indemnizaciones punitivas.


"Las comunicaciones internas anotadas por Johnson podrían apoyar las conclusiones de un jurado de que Monsanto ha sido consciente durante mucho tiempo del riesgo de que sus herbicidas hechos a base de glifosato sean cancerígenos... pero ha buscando continuamente influir en las publicaciones científicas para evitar que sus preocupaciones internas llegasen a la esfera pública y para reforzar sus defensas en acciones de responsabilidad por sus productos", escribió Karnow. "Por lo tanto, hay cuestiones enjuiciables de hechos materiales".


El caso de Johnson, presentado en el tribunal superior del condado de San Francisco, en California, está en primera línea de la lucha legal contra Monsanto. Unos 4.000 demandantes han demandado a la empresa argumentando que la exposición al Roundup causó que ellos o sus familiares desarrollaron el linfoma no Hodgkin. En octubre, está programado que se juzgue otro caso en la ciudad donde Monsanto tiene su sede, San Luis (Missouri).


Estas demandas cuestionan la posición de Monsanto de que sus herbicidas son seguros y aseguran que la compañía ha sabido de los peligros y los ha ocultado a los reguladores y también a la población. Los litigantes citan varios estudios que indican que el ingrediente activo de los herbicidas de Monsanto, una sustancia llamada glifosato, puede provocar LNH y otras dolencias.


También citan investigaciones que muestran que las fórmulas del glifosato de sus productos comerciales son más tóxicas que el glifosato por sí solo. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasificó el glifosato como una sustancia con potencial cancerígeno para los humanos en 2015.
Monsanto "defendió datos falsificados y atacó a los estudios legítimos" que revelaban los peligros de sus herbicidas, y lideró una "campaña prolongada de desinformación" para convencer a las agencias gubernamentales, agricultores y consumidores de que el Roundup era seguro, según la demanda de Johnson.

"Esperamos mostrar la manera en la que Monsanto ocultó el riesgo de cáncer y cómo contaminó la ciencia", defiende Michael Miller, abogado de Johnson. "Monsanto no quiere que la verdad sobre Roundup y el cáncer salga a la luz".


Monsanto ha negado de forma tajante las denuncias, diciendo que sus productos no producen cáncer. Según la empresa, los descubrimientos de la IARC son erróneos y también los estudios que concluyeron que el glifosato y los herbicidas a base de glifosato como el suyo son potencialmente cancerígenos. Monsanto señala que los hallazgos de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EEUU) y otras autoridades reguladoras respaldan su defensa.


"Los herbicidas a base de glifosato están respaldados por una de las bases de datos sobre efectos sobre la salud humana y el medio ambiente más extensas del mundo jamás recopiladas para un producto contra las plagas", afirma Monsanto en su página web. "Amplios estudios toxicológicos y de impacto ambiental realizados a lo largo de los últimos 40 años han demostrado una y otra vez el fuerte nivel de seguridad de este herbicida tan usado".


Un portavoz de la compañía no ha querido hacer comentarios a este diario.


La forma en la que se desarrolle la demanda de Johnson podría ser un indicador para otros demandantes sobre cómo proceder. Si Johnson lo consigue, podría haber muchos más años de duros litigios y duras reclamaciones por daños. Si Monsanto supera con éxito el desafío, podría frustrar otros casos y reducir la presión sobre la empresa.


Según los registros del tribunal, Johnson tenía un trabajo como encargado de mantenimiento del distrito escolar unificado de Benicia, lugar en el que se utilizó números tratamientos herbicidas de Monsanto sobre las propiedades de la escuela desde 2012 hasta, por lo menos, finales de 2015. Estaba sano y activo antes de que le diagnosticaran el cáncer en agosto de 2014.


En una declaración en enero, el médico que trata a Johnson testificó que más de un 80% de su cuerpo estaba cubierto de lesiones y que probablemente solo le quedaban unos meses de vida. Johnson ha mejorado desde que comenzó un nuevo tratamiento en noviembre, pero a veces sigue estando demasiado débil como para hablar o levantarse de la cama, han asegurado sus médicos y sus abogados en expedientes judiciales.


Los abogados de Monsanto planean presentar pruebas de que otros factores causaron el cáncer de Johnson, desafiar la validez científica en la que se basan las afirmaciones de Johnson y presentar sus propios expertos e investigaciones que apoyan que producen productos seguros. La compañía tiene un borrador de evaluación de riesgo de glifosato de la EPA que concluye que es poco probable que sea cancerígeno.


Carey Gillam es directora de investigación de la asociación de consumidores US Right to Know
Traducido por Cristina Armunia Berges

Publicado enSociedad
La FAO alerta de la grave contaminación del suelo del que nos alimentamos

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte del riesgo cada vez mayor que suponen para los cultivos las actividades industriales y mineras, los pesticidas, antibióticos, metales pesados o residuos sólidos.

Las sustancias que contaminan los suelos por actividades humanas como la minería, la industria o la agricultura representan un "problema creciente" del que se conoce demasiado poco, ha alertado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FA


En un informe publicado el miércoles, el organismo advierte de que existe muy poca información sobre el alcance de ese problema, que reduce los rendimientos de los cultivos y los puede volver perjudiciales para el consumo humano.


Un riesgo cada vez mayor lo representan las sustancias de tipo biológico, hormonal o farmacéutico, así como los viejos dispositivos electrónicos o los plásticos que acaban en el suelo, sin olvidar elementos peligrosos como el arsénico, el plomo o el cadmio.


Además, el documento informa de otras actividades humanas que también contaminan como la minería, las fábricas, los productos derivados del petróleo o los pesticidas y fertilizantes usados en la agricultura, cuyo uso estimado se duplicará para 2050.


"Se requieren con urgencia prácticas sostenibles apoyadas por evidencias científicas, investigación, educación y concienciación social", dijo la subdirectora general de la FAO, María Helena Semedo, que instó a ayudar a los usuarios de las tierras a evaluar y prevenir la contaminación, mitigar sus efectos negativos y recuperar los suelos dañados.


Semedo insistió en que el vertido de residuos en forma de pesticidas, fertilizantes, antibióticos y metales pesados en el agua y los terrenos que se utilizan para la agricultura supone una importante fuente de contaminación.


La producción de químicos ha crecido rápidamente en las últimas décadas y hasta 2030 lo hará a un ritmo anual del 3,4 %, según el estudio, que detalla que en 2015 la industria europea produjo 319 millones de toneladas de sustancias químicas, de las que 117 millones eran consideradas peligrosas para el medio ambiente.
Además, el crecimiento de las ciudades ha hecho que el suelo se haya convertido en el vertedero de ingentes cantidades de basura municipal.


En 2012 los desechos sólidos urbanos sumaban alrededor de 1.300 millones de toneladas anuales y se piensa que ascenderán a 2.200 millones de toneladas para 2025.


La FAO destaca que nunca se ha realizado una evaluación del problema de la contaminación de ese recurso a nivel mundial, que necesita ser abordado con métodos científicos ante la falta de armonización y de datos fiables entre las distintas regiones.


La única estimación global se hizo en 1990, cuando se calculó que había 22 millones de hectáreas afectadas por dicho problema, si bien ha estado subestimado, como muestran los últimos datos recopilados.


El Gobierno chino calcula que el 16 % de los suelos del país están contaminados y Estados Unidos tiene más de 1.300 sitios catalogados como "contaminados", mientras que en Australia ese número asciende a 80.000, y en Europa y los Balcanes hay unos 3 millones de esos lugares.

Publicado enMedio Ambiente
“Deberíamos preocuparnos por la calidad de lo que comemos”

El director de Memoria del saqueo continúa con su serie de documentales y ahora se ocupa del modelo agrosojero que amenaza la salud de la población: “Hay muchas cosas que no sabe el común de la gente: va al verdulero y compra cosas que están todas envenenadas”.



En el octavo film de la serie documental de Fernando “Pino” Solanas, Viaje a los pueblos fumigados, el director de La hora de los hornos profundiza en los severos problemas para el medio ambiente y los seres humanos que genera la utilización de los agrotóxicos como los herbicidas, pesticidas e insecticidas con que se fumigan parte de los campos argentinos. Filmada en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Salta, Chaco y Misiones, la nueva película de Solanas investiga las consecuencias sociales –no sólo ambientales– que dejó el modelo transgénico con esos agrotóxicos. El film denuncia que en la Argentina actual para lograr mayor volumen exportador se producen granos, carnes, verduras y otros alimentos con sustancias químicas muy dañinas. Para poder concretar su investigación cinematográfica, Solanas contó con testimonios de ingenieros, productores, chacareros, maestros y directores de escuelas rurales, médicos, profesores universitarios, investigadores del Conicet y víctimas de las fumigaciones. A través del contacto con la población afectada, el cineasta pudo comprobar el aumento de cánceres, diabetes y malformaciones de los embriones, entre otros graves problemas para la salud humana. Viaje a los pueblos fumigados está en las antípodas del documental televisivo porque tiene la marca identitaria del cine de Solanas, caracterizado por la fusión de géneros. El film se estrena el jueves 3 de mayo, tras una proyección especial que tuvo en la Berlinale, en febrero pasado.


“Era una asignatura pendiente que la venía postergando porque aparecieron otros temas con más urgencia. Acá hay secuencias que yo filmé en 2003”, cuenta Solanas en diálogo con PáginaI12. “Empecé esta obra con la idea de hacer una película larga, grande, una suerte de La hora de los hornos en cuanto al análisis y lo testimonial. Después, me fui dando cuenta de que eso iba a ser enorme, y no se iba a poder ver. Nadie soporta una película de más de una hora y cincuenta”, cuenta Solanas. Y explica la diferencia que tiene este tipo de cine con el comercial: “Estas son películas que exigen al espectador porque son de reflexión. No son de acción. Podés ver cinco horas de films de acción porque te llevan como una montaña rusa. Es causa y efecto, causa y efecto: no son películas para pensar sino para dejarse llevar. Y en ésta se dicen y se muestran cosas y se analiza lo que se ve y lo que se muestra. Es un cine más ligado al ejercicio de la lectura”.


A finales del 2002, Solanas se dio cuenta de que tenía que pensar en varias películas. “Primero, fue Memoria del saqueo, con lo que pasó en los 90. En cuanto a cómo se defendieron las víctimas de los años 90 lo mostré en La dignidad de los nadies. Y así se fueron concatenando. La que estreno ahora se vino postergando, pero forma parte de una larga obra. El tema central son algunos aspectos de la crisis social de la Argentina contemporánea. Mejor dicho, lo que quedó después de las privatizaciones de los años 90, lo quedó después del saqueo monumental de los 90. Y lo que quedó es un bote a la deriva de la correntada”, plantea el director que en junio presentará una versión restaurada de La hora de los hornos en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, con motivo de cumplirse los cincuenta años de su estreno.


–¿Qué fue lo que más le impactó al investigar la producción de alimentos con agrotóxicos?


–Lo que me llamó la atención es la desinformación de la población, porque la población sufre muchas enfermedades que cuesta diagnosticar. Vivimos en un mundo de una alta contaminación. Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires vivimos con un smog altamente contaminante y es una ciudad que todavía no nos informa cuál es la tasa de contaminación del día. Las grandes ciudades del mundo marcan todos los días en sus noticieros y en sus diarios cuál es la tasa de smog y de contaminación. Dicen: “Mañana los autos impares no entran más a la ciudad”. Reducen a la mitad el parque automotor y toman medidas. Las aguas también tienen índices de contaminación. Si agarramos un vaso de agua y lo analizamos encontramos algunos problemas, pero la dosis es insignificante, se dice. El tema es que esta insignificancia junto a la que traen los alimentos, todo suma, y mucho. Lo más sorprendente es que no existen investigaciones públicas, programas de investigación en hospitales y en universidades sobre las consecuencias de la salud de la población de las fuentes de contaminación. Y esas fuentes de contaminación vienen por dos orígenes. Uno es que la industria química hace varias décadas comenzó a meterse en la industria alimentaria: conservantes, colorantes, saborizantes, etcétera. Después, la producción de vegetales, hortalizas, frutas, yerba mate, todo se hace con pesticidas, fungicidas y agrotóxicos. Algunos dirán: “Qué exagerado. No son agrotóxicos. Son agroquímicos”. Y otros dirán: “No son agroquímicos, son fitosanitarios”. Estas sustancias químicas son tóxicas, algunas en reducida medida, y otras, en gran medida.


–¿El motivo del empleo de los agrotóxicos es que permite una mayor rentabilidad del negocio del agro o hay otros factores que intervienen?


–En el fondo de esto, está la búsqueda de los productores de una mayor eficiencia productiva. Eficiencia productiva quiere decir producir más cantidad a menor costo. Esa ecuación de producir en escala, reducir los costos y reducir la mano de obra ha llevado a este modelo. La siembra directa con la receta de la semilla transgénica que prospera si está rodeada de una batería de agrotóxicos o herbicidas eliminó el 90 por ciento de la gente en el campo.


–¿Por qué no está prohibido el uso de glifosato en la Argentina si, de acuerdo a lo que se desprende del documental, está comprobado científicamente que produce malformaciones en los embriones, cánceres y retardos mentales, entre otros efectos?


–Este es el gran problema y por eso hacemos este documental. Si esto estuviera bajo control, a lo mejor no tendría mucho interés la película. Yo he buscado con estas películas colocar la lupa sobre algunos grandes temas sociales de la Argentina contemporánea, no sólo para dar testimonio sino para abrir el debate. Ninguna película tiene la posibilidad de tratar a fondo un tema. Lo puede tratar un libro o una investigación, pero la película tiene la ventaja de que es un campanazo fuerte que te abre la ventana hacia un paisaje desconocido. La gente debería empezar a preocuparse de cómo se producen los alimentos que come. Y no ir y comprar en el supermercado esa verdura sino buscar algunos de los negocios que venden verdura orgánica; digamos, agricultura ecológica. En general, la exigencia del hombre y la mujer contemporáneos es tal que comenzaron a delegar en los fabricantes de alimentos la calidad, con qué y de qué manera se producen los alimentos. Nadie sabe cómo se producen. “Esta marca es importante. Yo confío que esta marca está colocando lo mejor”, piensa la gente. La realidad es muy otra. El gerente de la gran empresa o la multinacional que produce tiene como objetivo cumplir con la pauta que la dirección de arriba le ha marcado: pauta de producción, pauta de insumo, pauta de costos. Su rol no es cuidar la salud de la población.


–Igual, el debate no es sólo si está prohibido o no porque usted señaló que el Endosulfán está prohibido en la Argentina desde 2013 y, sin embargo, esa prohibición se vulnera. ¿Fallan los controles?


–Totalmente. Yo diría que en la Argentina prácticamente los controles son mínimos. Acá no se controla casi nada. Una cosa es el verso y otra cosa es la realidad. Tomemos el caso de la verdura: llega a los mercados concentradores de madrugada. Y se vende dos horas después y no queda nada. A las 5 de la mañana están los verduleros eligiéndola. A las 7, la instalan en sus locales. Y a las 7.30, 8 están vendiendo la verdura. No se puede controlar. La única manera de hacerlo es controlar la fuente de producción. Cuando ves al Senasa con un presupuesto paupérrimo, ¿qué puede controlar el Senasa? No hay control. Lo único que le importa al productor, que está semiquebrado, es que no lo desalojen, poder pagar la factura de luz que si no se la cortan. “Yo estoy compitiendo y si tengo que rociar dos veces a los pimientos o a los tomates para que no tengan ninguna pinta lo hago”. Estás vendiendo tomates que son “perfectos” y acá el cliente, el consumidor compra por los ojos. Compra lo que no tiene ninguna pinta, lo que es igualito, lo que es perfectito. No compra por el gusto. Y los “perfectitos” son lo que están más formateados químicamente y controlados químicamente. Una ensalada que presuntamente es el plato más sano y liviano para comer tiene de diez a veinticinco fungicidas y plaguicidas.


–¿Por qué la población argentina no es consciente de este grave problema? ¿Tiene que ver con las máscaras publicitarias de los alimentos?


–Por supuesto. Todo es publicidad. Compran la mayor parte en el supermercado. Hay una gran incultura. Esto no lo sabe la población: va al verdulero y compra cosas que están todas envenenadas. Tampoco hay una cultura defensiva, que sería lavar bien la verdura que comprás. La podés lavar con lavandina, con bicarbonato de sodio, otros le ponen mucho vinagre, la dejan en remojo. Todo eso mata lo que está afuera, lo que es exterior. Pero lo que es interior a la planta, no lo mata. Y como esa planta creció con toda esta batería de elementos, eso está en su estructura. Como todo esto es nuevo y como estas cosas emergen con el tiempo, los daños ambientales o los daños de la contaminación en la infección son con el tiempo. Yo me tomo un vaso de agua. Si es aislado es una cosa. Si durante 365 días tomo agua que tiene determinado metal pesado o una dosis de arsénico –que es lo común en el agua– superior, al final de uno o dos años me hizo un agujerito adentro. Si vas a un médico, en quince minutos te despacha. Estas son enfermedades y daños nuevos en la salud.


–¿Cree que es posible modificar el modelo agrario actual que destruyó los bosques?


–Por supuesto. No hay solución de un día para el otro, pero hay solución. Va a llevar tiempo. Por ejemplo, el modelo agroindustrial que va desde la semilla transgénica para producir en gran escala, se siembra y luego con el empleo de los agrotóxicos, es un combo. No se puede salir de un día para el otro porque esa renta, esa producción del campo, de alguna manera lo financia en buena parte el Tesoro Nacional. Tampoco podés desfinanciar el Estado de un día para el otro. Por supuesto que con decisión política, seguida de planificación y si se compensa lo que vas sacando, se puede. Todo es complejo para que lo pueda explicar en este momento, pero hay posibilidades. Por ejemplo, hay producción orgánica en la Argentina agroecológica. Toda la soja orgánica que se cultiva se exporta. Te la sacan de las manos porque hay un consumidor en el norte europeo que no quiere el cereal transgénico, quiere el orgánico. No le importa pagar un poquito más.


–¿Cómo notó que importa este tema en Europa a partir de haber presentado la película en la Berlinale?


–La película llegó a la Berlinale en un momento crucial. Pocas semanas antes había culminado un gran debate que llevó todo el año pasado: si se iba a prorrogar la autorización de utilizar glifosato en Europa. Fue un gran debate. Finalmente, ese debate se decidió en Alemania, se perdió por un voto, pero semanas o meses después que la Bayer había comprado Monsanto. Es un gran debate. Hoy en día, se utilizan los pesticidas en todos los países agrícolas. Lo más interesante que yo creo que muestra esta película es que revela lo que no se ve. ¿Qué es lo que no se ve? Lo que no se ve y se oculta son las consecuencias negativas que tiene el modelo en lo social. Apuntemos ahí el éxodo rural, la migración espectacular que ha habido hacia las ciudades o pueblos. Hoy hay una agricultura sin agricultores. Las otras son las consecuencias en el suelo porque esta pampa de la tierra negra, la famosa pampa argentina está llena de bichos, lombrices y bacterias que son la riqueza del suelo y hacen que el suelo tenga vida. El suelo no es roca inerte. La vida se la da todo ese mundo de bacterias y en la naturaleza todo tiene un rol. De la misma manera que el puma come al cabrito o a alguna otra especie porque si no sería plaga. Los ciclos de la naturaleza son trágicos, pero al mismo tiempo sabios. Se han generado a través de miles de años. Y todo tiene un sentido en la naturaleza. Entonces, el suelo ha sido severamente castigado con los agrotóxicos. Son suelos muertos. Matan todo y para darle vida ahí van los herbicidas, el fósforo y todo lo que se le coloca para darle fertilidad al suelo. Pero lo más trágico es el daño a la salud de la población. Y esos daños no se verifican en el momento, como tampoco uno se da cuenta de qué daño se le hizo al suelo en unos meses o en un año.

Publicado enSociedad
Agroecología: nuevo paradigma agroalimentario

El actual sistema agroalimentario es insostenible. Nunca lograremos el reto de alimentar a una cada vez más creciente población mundial, si se continúa con el paradigma de intensificación productiva, pues ha llevado a los límites los recursos naturales: suelos, agua, bosques, biodiversidad y recursos pesqueros. Se requiere promover un cambio transformador en el modo de producción y consumo de alimentos.


Es hora de innovar para aumentar la resiliencia y la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, con la vista puesta en el cambio climático. Sostenibilidad e innovación son palabras clave. Se trata de un nuevo paradigma. El futuro de la agricultura y de los sistemas alimentarios no es intensivo en insumos, sino en conocimiento.
La agroecología puede ofrecer distintas contribuciones para encontrar una solución a nuestro dilema, pues combina ciencia y saberes culturales, además pone énfasis en los vínculos entre valores humanos y los medios de vida sostenibles, incluso la cultura de las tradiciones alimentarias.


La agroecología ofrece múltiples beneficios al aumentar la seguridad alimentaria y la resiliencia; impulsar los medios de subsistencia y las economías locales; diversificar la producción de alimentos y las dietas; promover la salud y la nutrición, salvaguardar los recursos naturales, la biodiversidad y las funciones ecosistémicas; mejorar la fertilidad y la salud del suelo; además de la adaptación y la mitigación al cambio climático y preservar las culturas locales y los sistemas de conocimiento tradicionales.


La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) convocó recientemente al segundo Simposio de Agroecología, donde se reunieron más de 700 participantes: representantes de 72 países, seis agencias de las Naciones Unidas y cerca de 350 agrupaciones de la sociedad civil, academia y sector privado, con la finalidad de debatir el futuro de los sistemas agroalimentarios, teniendo presente la agroecología como un modelo alternativo que puede contribuir para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de cara a 2030.


El documento final del simposio hace un llamado a la FAO para que desarrolle un plan de acción detallado a 10 años para promover la agroecología e implementar iniciativas que amplíen su escala en los países miembros y a escala global. Se insta a los consumidores y ciudadanos a actuar como agentes de cambio en el sistema alimentario, promoviendo así un consumo responsable. Al mismo tiempo, se recomienda a los fondos, mecanismos y agencias de financiamiento que incrementen recursos para las políticas públicas sobre promoción e implementación de la agroecología. Se alienta también a las instituciones académicas y de investigación a ampliar su participación en este campo.


La FAO publicó en 2017 un estudio sobre las políticas públicas en favor de la agroecología en América Latina y el Caribe, en el marco de las recomendaciones del primer simposio (septiembre 2014). El documento presenta las principales evidencias de la influencia de las políticas públicas en la promoción de la agroecología en países que han incentivado dicha alternativa, como Argentina, Brasil, Costa Rica, Cuba, El Salvador, México y Nicaragua.


El estudio de la FAO (2017) incluye un análisis comparativo en escala regional que toma en cuenta cuatro aspectos: los conceptos utilizados por los países, las características de los procesos, las políticas en favor de la agroecología en términos de contenidos, instrumentos y gobernanza y sus efectos en términos de transición, así como desarrollo para la agroecología. El documento sienta las bases para los países de la región, teniendo la agroecología como una estrategia política para lograr los objetivos de desarrollo estratégico, como ha recomendado este segundo simposio.


Es por ello que los gobiernos deben desarrollar marcos normativos y legales para promover la agroecología y los sistemas alimentarios sostenibles. Por su parte, los agricultores familiares, mujeres y jóvenes, deben seguir siendo piezas clave para ampliar el alcance de la agroecología. Sin ellos no hay forma de implementar tales políticas públicas.

Por Crispim Moreira, representante de la FAO en México

Europa prohíbe totalmente el uso de insecticidas dañinos para las abejas

Los gobiernos de la Unión Europea acuerdan que los pesticidas a base de nicotina no puedan aplicarse en seis meses


El febrero pasado, la Agencia de Seguridad Alimentaria constató que estos productos, que han sido los mas utilizados en la agricultura, producen graves daños a las poblaciones de abejas


La Unión Europea ha acordado este viernes prohibir totalmente el uso de insecticidas a base de nicotina por el daño constatado que causan a las abejas tanto domésticas como silvestres.


Los pesticidas neonicotinoides son los más extensamente utilizados en la agricultura y su utilización en Europa ya estaba sujeta a diversas restricciones. Ahora, los estados de la UE han acordado que, en seis meses, estos productos no puedan aplicarse en los cultivos al aire libre: son una causa del declive en las poblaciones de abejas, un vector crucial en el proceso de polinización de las plantas.


El camino para sacar estos compuestos de los ecosistemas ha sido largo. La medida afecta a tres insecticidas comercializados por los gigantes de agroquímicos: Bayer y Sygenta. Ambas empresas financiaron un estudio sobre la influencia de sus productos en las abejas aparecido en junio de 2017 en el que se explicaba que estos insecticidas provocaban que la colmenas aguantaran peor el invierno y nacieran menos reinas. Ante los resultados, dijeron que eran "poco concluyentes". Unos meses después llegó una mayor corroboración científica por parte de la Agencia de Seguridad Alimentaria (EFSA).


El desplome de las poblaciones de abejas y otros insectos polinizadores había hecho que los insecticidas neonicotinoides no pudieran utilizarse en plantas que florecen para atraer a estos animales. El informe de la EFSA aportaba más evidencias sobre los perjuicios de estos compuestos: la búsqueda de alimentos obligaba a las abejas a someterse a altos niveles de neonicotinoides.

Por Raúl Rejón
27/04/2018 - 12:06h

Publicado enMedio Ambiente
Cultivos transgénicos con glifosato: ¡grandes costos!

El uso del herbicida glifosato ha aumentado exponencialmente a partir de la liberación comercial de los cultivos genéticamente modificados en 1996. En 2016 se contabilizaban 86.5 millones de hectáreas sembradas con transgénicos tolerantes a herbicidas. La liberación y proliferación mundial de los cultivos transgénicos se deben al poder económico y a las fuertes y tramposas campañas mediáticas de las corporaciones productoras y comercializadoras de estos cultivos: prometieron aumentar rendimientos, abatir el hambre en el mundo y disminuir el uso de tóxicos. Después de casi 30 años de las primeras liberaciones de estos cultivos, todas estas falsas promesas han quedado claramente desmentidas.

A la par, se han ido corroborando riesgos y peligros advertidos: persistencia de los agroquímicos asociados a los cultivos transgénicos en el ambiente (agua y suelos) y en los cuerpos de las personas, la no inocuidad de estos cultivos, la acumulación no deseada de construcciones transgénicas en los genomas de variedades nativas y la concentración cada vez mayor de semillas y territorios en manos de pocas empresas monopólicas.

Para generar cultivos tolerantes al glifosato en los laboratorios de ingeniería genética corporativos y también de los centros de investigación que hacen este tipo de desarrollos, se inserta en los cultivos una construcción quimérica que contiene el gen epsps (5-enolpiruvil-shikimato-3-fosfato sintasa), proveniente de la bacteria Agrobacterium tumefaciens, que codifica para la proteína capaz de metabolizar el glifosato, además de otras secuencias, como un promotor viral (35S), que favorece la expresión de la proteína bacteriana en todos los tejidos y momentos del desarrollo de la planta transgénica. Esta tecnología ha propiciado un uso desmedido del glifosato y el rompimiento de los equilibrios naturales en los agroecosistemas.

Entre otros, se ha producido un aumento drástico de especies vegetales silvestres que han evolucionado resistencia al glifosato y que se han vuelto supermalezas muy difíciles de manejar. Se han reportado 38 especies de este tipo de supermalezas en 37 países. En Estados Unidos (país que más hectáreas destina a la siembra de transgénicos) el control de las malezas resistentes a glifosato ha implicado una guerra sin cuartel y grandes costos para los productores. Algunos han demandado a las empresas de transgénicos por ello.

Hasta recientemente no se conocía con certeza el mecanismo por el cual algunas plantas adquieren la resistencia al glifosato, aunque la evolución de las malezas resistentes al glifosato se documentó hace ya casi 10 años. Un estudio reciente determinó que la resistencia a ese herbicida en una variedad de amaranto se debe a la amplificación de elementos genéticos fuera de los cromosomas; estos elementos contienen el gen de resistencia al glifosato y se reproducen autónomamente. Esto significa que, ante una presión selectiva fuerte y consistente (en este caso, la presencia del agrotóxico glifosato en el campo), las plantas evolucionaron un mecanismo de resistencia que implica la multiplicación hasta de 100 veces el gen de resistencia a glifosato. Las plantas con esta constitución genética son capaces de metabolizar el herbicida y multiplicarse sin control en los campos donde se ha rociado glifosato masivamente durante años. Cabe recordar que el glifosato fue clasificado como probable cancerígeno en humanos por la Organización Mundial de la Salud, y se encuentra en los alimentos que se consumen en México cotidiana y masivamente.

Los resultados de este estudio se habían vaticinado con base en modelos y datos científicos disponibles cuando se generaron y liberaron estas plantas transgénicas tolerantes al glifosato; eran pues obsoletas de inicio. Absurdamente, las corporaciones biotecnológicas insisten ahora con más de lo mismo: ofrecen nuevos cultivos transgénicos tolerantes a otros agroquímicos que son incluso más tóxicos que el glifosato, tales como 2,4-D (componente del agente naranja, de infausta memoria por haber sido rociado en la Guerra de Vietnam) o Dicamba. Esto ha generado ya calamidades ambientales y posibles impactos nocivos en salud en Estados Unidos: contaminación del agua y aire, la devastación de especies animales y vegetales, contaminación de los alimentos y la presencia de agroquímicos en los cuerpos de las personas.

El estudio antes comentado debe caer como losa a los tecnólogos y divulgadores científicos que promueven el sistema agrícola transgénico a sueldo e irreflexivamente. Es también un llamado de alarma más para los organismos internacionales y nacionales encargados de la bioseguridad (Cibiogem en México), que más bien operan en favor de las monopólicas empresas biotecnológicas del mundo.

Esperamos que este tipo de evidencias sean ya suficientes para aplicar el principio precautorio, evitando con ello impactos aún peores o incluso irreversibles en el ambiente y en la salud de todos. Este tipo de estudios también abonan a lo que otros han demostrado: no es posible la coexistencia entre la agrobiotecnología transgénica con la agroecología, que en países como el nuestro se hereda de antepasados mesoamericanos desde hace miles de años. Estas culturas milenarias nos brindaron una gran riqueza de saberes y variedades cultivadas que ¡están en peligro ante los transgénicos!

 

Por Emmanuel González-Ortega* y Elena R. Álvarez-Buylla**

*Subdirección de Bioseguridad. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS)

**Instituto de Ecología / Centro de Ciencias de la Complejidad-UNAM, UCCS

 

Publicado enMedio Ambiente
Página 1 de 2