Arío revuelto… Cuando así fluyen las cosas, los aventureros del imperialismo entrepeneur, con dudosas chapas académicas, se pasean por los países del otrora llamado “tercer mundo” seduciendo a políticos, intelectuales y gobernantes dispuestos a pagar por “ideas modernas”, que en realidad son cuentos para cazar bobos.

 

En Mauritania (agosto 2008) y Madagascar (marzo 2009), el economista Paul Romer (promotor mundial de las charter cities, o ciudades virtuales “llave en mano” con estatutos tipo Hong Kong), estuvo a punto de vender su distopía urbana, hasta que esos golpes de Estado hostiles a la “comunidad internacional” le frustraron el negocio.

 

Sin embargo, tras el cuartelazo que en junio de 2009 derrocó al presidente de Honduras Manuel Zelaya, el optimista Romer volvió a la carga. Y para su dicha, se encontró con un presidente, un Congreso y una clase dominante tan celosa de las ideas esclavistas del filibustero William Walker que en la frente, grabada a fuego, llevan la frase del magnate bananero Sam Zemmurray: “en Honduras, una mula cuesta más que un diputado”.

 

A Vicente Sáenz (1896-1963), intelectual y patriota costarricense que vivió y murió en México, nunca le gustó “esa vieja frase, ya troquelada, en boca de inescrupulosos capitanes de industria. La usó también, como invento propio, Lincoln G. Valentine al referirse a Nicaragua y miembro de la dinastía que ha venido explotando en Honduras la Rosario Mining Company” (Democracia y tiranías en el Caribe, de William Krehm, Editorial Parnaso, Buenos Aires, 1957, p. 135).

 

Mas cabe preguntar: ¿hay otra para ilustrar mejor la vocación entreguista y antipatriótica del Partido Nacional (sic, en el poder), cuyos diputados, recogiendo las “ideas modernas” de Romer, volcaron sus bancas en favor de la llamada “Ley de Regiones Especiales de Desarrollo” (RED), popularmente conocidas como “ciudades modelo” (2011)?

 

Las protestas contra las RED empezaron a hacerse sentir. En septiembre pasado, poniendo las barbas en remojo, Romer anunció que se retiraba del proyecto de las RED. Simultáneamente, el periódico inglés The Guardian publicaba la carta que le dirigió al presidente Porfirio Lobo, en la que afirma que no existían las condiciones para la “Comisión de Transparencia”. Comisión formada por el gobierno de Lobo, y en la que Romer era la única estrella. En el blog Pasaport del sitio Foreign Policy, apareció un artículo firmado por Joshua Keating: “Some complications for Honduras Hong Kong”.

 

Un mes después, la Corte Suprema declaró que la ley era “inconstitucional”. Entonces, el mismo Congreso que en 2009 convalidó el derrocamiento de Zelaya, defenestró la Sala de lo Constitucional al tiempo de preservar al único magistrado que no votó en contra de las “ciudades modelo”.


Por consiguiente, al pueblo hondureño le va quedando claro que las charter cities conllevan algo más que espacios urbanos y exclusivos para ricos (como de los tantos que abundan en México), ciudades cerradas y artificiales como el plástico Paseo Cayalá de la ciudad de Guatemala, o un megashopping, como el alucinante Dragon Mart, que se las trae en Cancún.

 

Carentes de legitimidad histórica, económica, cultural y social, las charter cities de Romer conllevan, en líneas generales, el sarcástico gerrymandering, término inventado por los periodistas de Massachusetts a inicios del siglo XIX, y que las ciencias políticas adoptaron después para fustigar las manipulaciones partidarias con fines electorales.

 

Las charter cities hondureñas tampoco serían “blancas”, como la mítica de posible origen maya que el inglés Theodore Morde aún buscaba en 1939, y al encontrar una de ellas la llamó “Ciudad perdida del dios mono”.

 

De concretarse, las “ciudades modelos” que los políticos hondureños piensan construir con o sin Romer, se convertirán en una suerte de bantustanes, como los inventados por los racistas sudafricanos, pero al revés: for white only. ¿Acaso el propio término bantustán no fue utilizado por los críticos del apartheid en oposición a homeland (patria)?

 

En La guerra de Nicaragua, con prosa fluida, William Walker adelantó que el “verdadero objetivo” de su causa “… era establecer (en Nicaragua), una república militar y dividida en tres castas: la de los blancos de habla inglesa, compuesta de naturales del sur de Estados Unidos, que serían los dueños de la tierra; la de los esclavos para cultivarla, formada de negros e indios de pura raza, y la de los mestizos, verdaderos parias que debían ser despojados y destruidos sin piedad, entendiéndose por mestizos todos los demás centroamericanos”.

 

Agrega: “…la esclavitud negra tendría en Nicaragua una doble ventaja. A la vez que proporcionaría mano de obra para la agricultura, tendería a separar las razas y a destruir a los mestizos, causantes del desorden que ha reinado en el país desde la independencia” (Educa, Costa Rica, 1972, p. 253).

 

Me parece que frente a la hipocresía de los políticos hondureños, es cosa de agradecer la honestidad de aquel filibustero que con serenidad aceptó la pena máxima que, por motivos elementales de dignidad nacional, y así como el de México con Maximiliano, el digno pueblo hondureño le reservó.

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Ciudades, megaeventos y acumulación por despojo

Las grandes ciudades del tercer mundo se han convertido en espacios tan atractivos para la acumulación del capital, como las vastas áreas rurales en que se expanden los monocultivos y la minería a cielo abierto. Los megaeventos, como los Juegos Olímpicos y los mundiales de futbol, pero también los grandes conciertos musicales, son la mejor excusa para acelerar la acumulación, que va de la mano de la expulsión de los pobres o su encierro permanente en espacios controlados.


Las ciudades brasileñas, muy en particular Río de Janeiro, muestran en este momento la cara menos amable de la acumulación por despojo: intervención militar de favelas, derribo de viviendas y expulsión de comunidades que estaban asentadas desde décadas atrás en zonas ahora apetecibles para el capital. Un acto organizado esta semana por el Laboratorio de Estudio de Movimientos Sociales y Territorialidades (Lemto) permitió conocer por dentro la realidad de quienes están siendo agredidos por las obras de cara al Mundial de 2014 y las olimpiadas de 2016.
“Llegan y marcan las casas que van a derribar, igual que hacían los nazis con las casas de los judíos”, dice, con impasible serenidad, Inalva Brito, luchadora social de 66 años que integra la asociación de los habitantes de Vila Autódromo, un barrio de 450 familias en el sur de Río, lindero con la futura villa olímpica. Allí hay pobladores que integran la tercera generación de expulsados por el desarrollo, que cada vez son trasladados a lugares más alejados del centro urbano, donde no hay servicios y el transporte es muy caro.


El Morro da Providencia, el más antiguo de la ciudad erigido por ex combatientes de la guerra de Canudos a finales del siglo XIX, es un monumento a la desigualdad social. ¿Quién estaría interesado en este cerro de escaleras empinadas y callejuelas irregulares, construido a golpe de sudor por los 20 o 30 mil vecinos que lo habitan desde hace 100 años? Marcia, veterana luchadora social de la favela, nos conduce por lugares imposibles, mostrando las casas marcadas con tres letras fatídicas, SMH, iniciales de la secretaría municipal de vivienda (siglas en portugués). Cada pocos pasos aparecen lotes tapizados de escombros que denuncian la acción de las topadoras. Se detiene en un lugar, señalando que en ese sitio fue derribada una vivienda con la familia dentro. Desigualdad y violencia estatal. ¿O habría que hablar de “terrorismo democrático de Estado”? Lo más asombroso de la favela de Providencia es la construcción de un enorme teleférico que comienza en la estación de autobuses, hace su parada única en lo que fue la plaza principal del lugar (espacio de socialización y de fiestas de la comunidad, ahora destruido), para terminar del otro lado del cerro, pegado a la Ciudad de la Samba, donde las escolas do samba construyen sus carromatos y diseñan sus disfraces. La favela, que ni siquiera aparece en los mapas turísticos, será una foto-trofeo en la mochila de los turistas, mientras sus pobladores no tendrán acceso al teleférico.


El gran pecado de la población de esta favela no es el narcotráfico, casi inexistente por cierto, sino vivir junto al puerto, una zona que ahora es apetecida por la especulación inmobiliaria que pretende remodelar un área a la que ya bautizó Puerto Maravilha, en relación directa con la Cidade Maravilhosa. Los galpones abandonados serán reconvertidos en restaurantes y tiendas de lujo para turistas; los puentes y extensos viaductos serán derribados para darle un aspecto “verde”, adecuado a los gustos de los turistas del norte y del turismo interno de clase media alta. Antes de eso, como precondición de la acumulación por despojo, se instaló una enorme UPP (Unidad de Policía Pacificadora) en la zona baja de la favela, la más accesible para los carros blindados, los tenebrosos caveirãos (en referencia a la calavera, emblema de la policía militar). En sentido riguroso, por pacificación se entiende el combate a la comunidad, aunque para mantener las apariencias democráticas se usan términos como “narcotráfico” o “bandidos”, para criminalizar a toda una población que cumple siempre los mismos requisitos: pobre, marginalizada, negra.


Esta misma semana, la presidenta Dilma Rousseff anunció en París la construcción de al menos 800 aeropuertos regionales en ciudades hasta de 100 mil habitantes. En este momento funcionan apenas 66. Todos estarán ligados por autopistas con las ciudades próximas. No dio cifras, pero supone un jugoso negocio para un puñado de constructoras y la ruina de miles de familias que inevitablemente serán desplazadas. No es casualidad: las constructoras realizan los mayores aportes a las campañas electorales de los partidos. En las recientes elecciones municipales y de gobernadoras, cuatro grandes constructoras (An- drade Gutierrez, Queiroz Galvão, OAS y Camargo Corrêa) donaron 100 millones de dólares a los candidatos. Sólo Andrade Gutierrez entregó 38 millones de dólares. El PT fue el partido más beneficiado: recaudó 32 millones sólo de las cinco mayores donadoras (Folha de São Paulo, 9 de diciembre de 2012). ¿Quién puede competir con semejante poder? No los favelados, por cierto.


Un reciente estudio del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) señala que las cinco mayores ciudades del país concentran 25 por ciento del PIB nacional, y sólo tres –São Paulo, Río de Janeiro y Brasilia– 21 por ciento (Agencia Brasil, 12 de diciembre de 2012). En toda la región del sureste, la más rica de Brasil, uno por ciento de los municipios concentran la mitad de la renta. Allí, en las megaciudades, se está jugando una parte sustancial del futuro de la humanidad. Allí concentra sus baterías el capital global, impulsando aquellos actos gigantes que mayores beneficios le rinden, a corto y largo plazos. Los que resisten son sistemáticamente acusados de delincuentes.

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Domingo, 18 Noviembre 2012 06:13

Por qué Hezbolá apoya a Assad

Por qué Hezbolá apoya a Assad

Hezbolá fue alguna vez la resistencia” libanesa, el duro valeroso y abnegado ejército guerrillero que sacó de Líbano a los soldados de ocupación israelíes hace 12 años.

 

Hoy su aspecto más bien es el de otra institución árabe de “seguridad” –o de inseguridad–, que envía drones a sobrevolar Israel y continúa apoyando al régimen sirio del presidente Bashar Assad, pese a la condena de muchos libaneses.

 

Walid Jumblatt, el líder druso –famoso por sus vuelcos entre Siria y sus opositores–, es uno de varios políticos libaneses que se preguntan por qué Hezbolá no da su apoyo a la “resistencia” siria en vez de al régimen.

 

Contra lo que afirma el Departamento de Estado, Hezbolá no combate al lado de los hombres de Assad, sino que ha asumido funciones de “seguridad” del lado sirio de la frontera libanesa –con lo cual mantiene la frontera sirio-libanesa fuera del alcance de los rebeldes– y utiliza sus formidables servicios de inteligencia a favor del régimen. Por lo menos cuatro “mártires” de Hezbolá han sido devueltos de Siria para ser sepultados en Líbano.

 

Nadie duda del poder de fuego ni de la tenacidad del más eficiente de los movimientos guerrilleros. Si no ganó la guerra contra Israel en 2006 –más de mil civiles muertos no casan con la “divina victoria” que clamó su líder, Sayed Hassad Nasrallah–, el hecho es que Israel la perdió, retirándose a su frontera luego de fieros combates cara a cara con combatientes de Hezbolá. Israel, junto con Estados Unidos, por lo regular se refiere a Hezbolá como un movimiento “terrorista”, pero soldados israelíes que han enfrentado a sus guerrilleros hablan de ellos con algo parecido al respeto. Hezbolá no huye.

 

Sin embargo, esta organización siempre ha adolecido de dos fallas esenciales: en esencia es un grupo musulmán chiíta –y por tanto sectario por naturaleza– y es financiado por millones de dólares anuales enviados desde Irán. Su continuo apoyo a Assad, quien es alauita, es decir, chiíta, vuelve aún más sectaria su perspectiva, en tanto su financiamiento iraní lo distancia de los musulmanes sunitas libaneses y de la mayoría de los cristianos.

 

Que el ex general cristiano Michel Aoun se haya aliado con Hezbolá tiene su propia historia. La más reciente afirmación indignante de Aoun se produjo la semana pasada, cuando dijo que el general Wissam al-Hassan –ex jefe de inteligencia libanés– tuvo la culpa de haber sido asesinado porque su propia seguridad lo abandonó.

 

De mucha mayor preocupación para el país, y para muchos en el gobierno del que también Hezbolá forma parte, fue el avión no tripulado que el movimiento envió sobre Israel y que fue derribado luego de volar cientos de kilómetros. Hezbolá afirmó que fue construido con partes iraníes ensambladas en Líbano, y que tomó fotografías de Israel antes de su destrucción –lo cual podría ser cierto–, pero el incidente representó un serio agravamiento de tensiones entre Líbano e Israel. El gobierno libanés no puede esperar que Naciones Unidas escuche sus quejas de vuelos diarios israelíes sobre su territorio cuando, sin su permiso, Hezbolá realiza sobrevuelos de inteligencia desde el valle de Bekaa.


Hace más de un año, Hezbolá envió otro drone sobre Galilea y logró regresarlo ileso al Bekaa, luego de hacerlo volar sobre el supuestamente ultrasecreto puesto de escucha israelí en las montañas al este de Haifa. El artefacto más reciente fue un mensaje de Irán: ataquen instalaciones nucleares iraníes y los drones de Hezbolá pueden atacar a Israel.

 

Los propios isralíes creen que, si estallara otra guerra con Hezbolá, combatientes libaneses buscarían entrar a Israel por la costa y avanzar hacia el sur por territorio soberano israelí, más para obtener una victoria simbólica que como un verdadero intento de “liberar a Palestina”.

 

Pero Hezbolá enfrenta problemas. Ahora que el rial iraní está en caída libre, sus ingresos procedentes de Teherán deben de estar disminuyendo. Cuatro de sus funcionarios de alto nivel han sido acusados por el tribunal internacional de participar en el asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri en 2005. Existen serias dudas sobre esas órdenes de aprehensión, pero el líder Nasrallah ha dejado en claro que esos hombres no comparecerán ante la corte, arrogándose facultades gubernamentales de las cuales carece legalmente. De hecho, algunos discursos recientes de Nasrallah han mostrado un tono sospechosamente presidencial.

 

Desde que los grupos de oposición 14 de Marzo de musulmanes sunitas y cristianos se han reactivado para colaborar en pláticas con el gobierno, a raíz del asesinato del general al-Hassan –quien era buen amigo de Hariri y enemigo de Siria–, sobre la base de que el gobierno libanés prosirio tiene responsabilidad por la muerte del general, casi todas las funciones del Ejecutivo en Beirut se han detenido. Por desgracia para la oposición, su líder principal –Saad, el hijo de Hariri– languidece entre París y Arabia Saudita, temiendo, acaso no sin razón, que pueda terminar tan muerto como el general.

 

Esto no causa daño a Hezbolá, pero el futuro no le luce favorable. Si el régimen de Assad se derrumba y es remplazado por un poder sunita de estilo islamita en Damasco, entonces Hezbolá quedará solo en Levante, con más de 800 kilómetros de piedra y arena hostiles, sirias e israelíes, entre Líbano y la frontera iraní.

 

Si el apoyo a los rebeldes sirios es el intento de Occidente de destruir al único aliado árabe de Irán, entonces Hezbolá quedará solo e Israel estará encantado. Al igual que Washington. A menos, claro, que Bashar Assad sobreviva.

 

Traducción: Jorge Anaya

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“Los espacios están llenos de poder, son un producto de las relaciones sociales”

En el mundo, con los vínculos financieros, o en la intimidad, con la diferencia entre la cocina y una oficina. La investigadora británica propone otra mirada sobre los espacios: la que tiene que ver con el poder. Así, analiza el neoliberalismo, la globalización y la multipolaridad. Reivindica los nuevos espacios de poder en América latina y cuenta cómo sus conceptos teóricos son aplicados en las reformas territoriales de Venezuela.


–Usted suele repetir un lema: “La geografía importa” (Geography matters!). ¿Por qué y para qué es importante hoy la geografía?

 

–Importa en principio porque la geografía de una sociedad hace una diferencia a la organización de la sociedad. El desarrollo desigual dentro de un país hace una diferencia en relación con cómo funciona esa sociedad. Por ejemplo, si hay personas jóvenes que no tienen acceso a la cultura, van a tener dificultades para entrar en determinados espacios, como los grandes museos o lugares por el estilo, espacios oficiales del arte; esta dificultad empeora la exclusión. La organización del espacio tiene efectos sobre la posición social de las personas. El espacio es un producto social y a su vez tiene efectos sobre lo social. Porque el espacio está lleno de poder. Cada día producimos el espacio. A nivel global, por ejemplo, están los vínculos financieros, y aun dentro del espacio íntimo, la diferencia entre la cocina y una oficina marcan estas relaciones de poder. En Europa, por ejemplo, en este momento un aspecto importante del problema es espacial, porque no pueden diseñar una arquitectura financiera que ataque al desarrollo desigual entre países, es el problema fundamental, es geográfico, pero no pueden manejarlo.

 

–¿Cómo se enmarca la crisis griega en esta situación geográfica que describe?

 

–Creo que el problema para los griegos es el resultado de que la arquitectura de la Unión Europea falla, porque no puede resolver el problema del desarrollo desigual entre países. Aparece como un problema del país, pero en realidad es un problema que está a nivel de la organización europea, no es individual de Grecia. Como en Grecia no pudieron devaluar su moneda, tuvieron que devaluar a su gente. Entonces, el problema de no poder manejar estas cuestiones geográficas produce efectos terribles. Mi argumento también es que en términos del poder de las elites de Europa, están fomentando políticas nacionalistas, y en lugar de acusar a los bancos y al FMI, la gente de Grecia está acusando a Alemania, y la gente de España también le echa la culpa a Alemania. Entonces, están convirtiendo lo que es una responsabilidad de los bancos en un problema donde la gente de diferentes países están luchando unos contra otros. De esta manera, la imaginación geográfica, mediante las identidades nacionales, está siendo usada para enfrentar a un pueblo contra otro.

 

–Desde una perspectiva geográfica, ¿cómo ve este fenómeno que hoy se nombra como “globalización”?

 

–En primer lugar, yo diría que el término “globalización” debería ser nombrado junto a un adjetivo, porque lo que hoy tenemos es una “globalización neoliberal”. Entonces, el problema no es el hecho de ser global, sino la forma de serlo. Es importante pensar en distinguir estas cuestiones. En segundo lugar, creo que necesitamos enfocar esta versión de la globalización con un mundo multipolar. Para mí es importante la idea de multipolaridad porque es un intento de decir: “Sí, queremos ser internacionalistas, globales, pero queremos ser globales de una manera diferente, no de una forma neoliberal”.

 

–¿A qué se refiere con multipolaridad?

 

–Es bueno aclarar esta idea, porque detecto en el debate actual diferentes interpretaciones. Creo que alguna gente, con multipolaridad sólo quiere decir que hay variaciones en el mundo, que algunos lugares son diferentes de otros. Pero para mí la cuestión de la multipolaridad es esencialmente política, es una cuestión que surge en una era unipolar, en la que Estados Unidos y el neoliberalismo eran completamente dominantes. Entonces, la pregunta para mí es “¿podemos establecer multipolaridad en el sentido de tener otras alternativas al neoliberalismo?” Así no hay un solo centro de poder en el mundo. Hay manifestaciones que muestran que otras maneras de organización en la sociedad son posibles. Por eso es que la cuestión de la multipolaridad está siendo encarada acá en Latinoamérica. Pero no todo el mundo piensa así. ¿Podemos realmente ser un desafío a la hegemonía del liberalismo en un nivel internacional? La multipolaridad para mí es más que un reconocimiento de las diferencias. Se necesita un desafío real a la dominancia de la unipolaridad. En este momento parece haber una sola forma de la economía, que es la del mercado libre, la del neoliberalismo. Desde ese lugar, cuando dicen que no hay alternativa, quieren decir que hay sólo una manera de organizar la economía y la sociedad. Es un tema casi filosófico, el espacio es la dimensión de la multiplicidad, el espacio es la dimensión en que muchas cosas existen al mismo tiempo. Lo que hace el liberalismo y algunas de las versiones de la modernidad es arreglar las diferencias geográficas en una sola dirección histórica, mostrando que sólo hay una posibilidad. Abrirse a la multiplicidad implica espacializarse, abrirse a la posibilidad de la multipolaridad.

 

–Pero ¿qué sería reconocer que hay más que diversidad?

 

–Creo que el desafío real es a los principios del neoliberalismo, particularmente la idea de que el mercado es algo natural, que está por fuera de lo social, algo que no se debe debatir, como una fuerza de la naturaleza. Y esto es lo que establece el neoliberalismo, es el mercado. Lo primero que hay que hacer es desafiar esto. Segundo, debemos desarrollar a un sentido multipolar, necesitamos desarrollar modos de organizar la sociedad, que tengan sus propias trayectorias, sus propias dinámicas, que no sean sólo una variación del neoliberalismo, algo centralmente diferente con una economía social que tenga una dinámica particular. Y tercero, tiene que ser sostenible. Porque nosotros en Europa acostumbrábamos pensar que la socialdemocracia era una alternativa al neoliberalismo. Pero la socialdemocracia falló completamente por diferentes razones, pero principalmente porque no fue lo suficientemente radical a nivel económico, no desafiaba al mercado, y además no estableció una base social lo suficientemente fuerte. Por eso fue insostenible económica y socialmente.

 

–De alguna manera, usted reconceptualizó la idea de lugar. ¿De qué manera los lugares pueden tener un sentido global?

 

–Como geógrafa, por un lado quiero reconocer las especificidades de los espacios, amo los lugares y las diferencias entre ellos. Pero por el otro lado quiero ser internacionalista, tengo intereses en las relaciones globales. Hay un montón de gente que le presta atención a la especificidad de los lugares, desde un lugar típicamente romántico, ese tipo de amor a los lugares se convierte en algo sentimental, esencialista. Yo creo que podemos amar la especificidad de los lugares, pero al mismo tiempo debemos hacer implosionar este tipo de visión romántica y esencialista. Por ejemplo, la “britanidad”. Inglaterra no sería Inglaterra sin las relaciones con el resto del mundo: imperio-colonia, lo bueno y lo malo. Entonces, la identidad de los lugares no es algo que surge del suelo, sino de la relaciones que se mantienen con el resto del mundo. Un lugar no es una cosa cerrada con una identidad esencial, es una articulación específica de relaciones globales y es esa articulación de relaciones más amplias lo que le da su particularidad. La especificidad de los lugares es siempre un producto de cosas más amplias. Y esa especificidad es algo que está en disputa.

 

–Usted introdujo un concepto nuevo en geografía, el de “geometría del poder”. ¿Puede explicar de qué se trata?

 

–Como decía, los espacios están llenos de poder y son un producto de las relaciones sociales, hacemos el espacio todo el tiempo. Pero el poder es siempre un producto relacional, no se trata de que yo tengo poder y usted no, se trata del ejercicio del poder entre personas, entre cosas, entre lugares. El concepto de geometría del poder intenta captar estas cuestiones. El espacio está siempre hecho de las relaciones sociales llenas de poder y, por otro lado, el poder siempre tiene una cartografía, se puede hacer mapas del poder social, político, económico.

 

–Este concepto de “geometría del poder” está siendo utilizado en las reformas territoriales que se llevan a cabo en Venezuela. ¿De qué manera el gobierno de Chávez incorpora sus ideas?

 

–Ellos están usando esta idea de tratar de hacer más igual la geografía del poder político en el país. Y hay muchas maneras de hacer eso. Primero tratan de igualar el poder entre las grandes ciudades de la costa y las más pequeñas que están más alejadas. La idea es darles voz a todos los lugares en el nivel local en la conversación política. Es un proyecto que puede llevar mucho tiempo, pero ellos establecieron las formas institucionales que pueden desarrollar este tipo de poder, ésta es una de las cuestiones. El otro tema central es el desarrollo de los consejos comunales. Cada cuatrocientos hogares puede formarse un consejo comunal. Son generados y operados a través de una democracia participativa. Esto es la autogestión local. La geografía del poder está basada en lo local, y va de abajo hacia arriba, lo que cambia la naturaleza del poder, desde el poder de votar hasta el poder de hacer, de lograr cosas prácticas. Están tratando de pensar acerca de la geografía del poder político en el país, tanto en término de regiones como de ciudades. Por ejemplo, en Caracas hay un sentimiento real, la gente de los barrios pobres por primera vez realmente siente que tiene una voz, y esto es un cambio en la geografía del poder político. Antes los barrios pobres estaban excluidos de la conversación política, no tenían una voz política, y creo que ellos ahora sí la tienen.

 

–¿Le parece que experiencias de América latina, como la formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), es una forma de desarrollar la multipolaridad?

 

–Exactamente. Para mí el establecimiento de la Celac es muy significativo, es la primera organización que incluye a todos los países de América, con excepción de Estados Unidos y Canadá, marca una nueva identidad continental. En Europa, a diferencia de lo que está sucediendo aquí, no hay realmente un sentido de identidad europea. Por otra parte, la Unión Europea es sólo mercado libre y competencia entre países, no tiene que ver con un proyecto común, con relaciones sociales, simplemente neoliberalismo. Yo veo en Latinoamérica un mosaico de alianzas: está la Unasur, ALBA, Petrocaribe, son maneras diferentes de imaginar el espacio que en Europa. Las relaciones pueden significar mutualidad o cooperación, o cambio igualitario, eso no es neoliberal. Y esto también es construir una identidad en el continente, una solidaridad, lo que también permite las diferencias. Sabemos que Bolivia no es lo mismo que Argentina, pero hay una solidaridad. Puede haber diferencias y solidaridad también. Y esto es diferente de lo que sucede en Europa. Por un lado, hay un nuevo tipo de espacio, un nuevo tipo de identidad, pero también creo que esta identidad está comenzando a desafiar al neoliberalismo. Para mí, que lo veo desde Europa, esto es fantástico. Porque lo que está sucediendo es la construcción de una nueva voz, que está diciendo cosas diferentes, y de esta manera está desafiando al neoliberalismo. Por otra parte, hay experimentos de nuevas formas de democracia. Desde Europa, eso da esperanza también, porque el establecer un sentido para este nuevo proyecto, como en Venezuela, realmente depende de la gente. Y este tipo de proyectos son una forma de decir que hay alternativas al neoliberalismo. Lo que está pasando en América latina es diferente. Las preguntas son: ¿es lo suficientemente diferente? ¿Está desafiando las bases? ¿Es sostenible? Esto es realmente una batalla ideológica, una batalla acerca de la imaginación geográfica. La imaginación geográfica en Estados Unidos y Europa les dice que somos todavía el centro del mundo. Lo que me parece más interesante es que desde América latina están planteando algo diferente. Yo estuve en India hace unos años, y ellos hablaban de políticas tecnológicas y en sus discusiones se referían a sus relaciones de competencia con China, nadie mencionó a Estados Unidos o Europa. Esto es increíble y significa que hay realmente posibilidades de desarrollar un mundo multipolar, pero en el caso de India era una cuestión sólo económica. Lo que me gusta de Latinoamérica es que también es un asunto político, un desafío al neoliberalismo.

 

–Usted trabaja en la Open University, una universidad bastante particular en la escena académica de Gran Bretaña, ya que está abierta a la clase obrera. ¿Cómo es trabajar ahí?

 

–Es muy importante para mí estar en la Open University (OU). Yo provengo de una zona pobre del norte, de la clase obrera de Manchester, pero fui a la universidad de Oxford. Aunque realmente amo el trabajo académico, el elitismo de Oxford me hizo pensar en que no quería ser una académica. Entonces, durante varios años trabajé fuera de la universidad haciendo otras cosas, porque pensaba que ser una académica era algo muy elitista. En un momento se presentó la posibilidad de trabajar en la OU, y de esta manera se resolvió mi problema, personalmente porque era un universidad con proyecto político de educación popular y democrática. Es el único lugar en el que pienso que podría ser feliz como académica. Es un proyecto democrático, se puede ir a la OU sin títulos, pero ofrecen el apoyo necesario como para que cada persona pueda alcanzar el nivel universitario. Es una universidad explícitamente antielitista. Y es masiva, tiene miles de estudiantes, en la facultad de ciencias sociales debe haber más de diez mil estudiantes. Para mí es como debería ser la educación en diferentes aspectos, es para cualquiera. En un curso puedo tener una gran variedad de personas, puede haber un diplomático, un ama de casa, un trabajador del puerto, y a mí me encanta eso. Me han ofrecido trabajo en universidades de elite, pero yo siempre continué trabajando en la OU.

 

–Además de su labor académica, usted suele trabajar con artistas.

 

–Sí, trabajé con (el artista danés) Olafur Eliasson, que tiene un estudio en Berlín. Me involucré mucho en proyectos con artistas que están interesados en el espacio. Recién terminamos un film en el que participé (Robinson in Ruins), y también escribí un ensayo que se llama Landscape, Space, Politics (Paisaje, Espacio, Políticas). Lo que tratamos de hacer es pensar sobre cómo leer el paisaje políticamente, sin romantizar, cómo caminar a través de un paisaje y entenderlo, y poder aprender del paisaje qué está sucediendo en la sociedad. Es un proyecto con un sentido político, tiene mucho que ver con la globalización neoliberal, con la crisis financiera y con el reclamo de un cambio. Vanesa Redgrave hizo la locución en la película. Me siento muy afortunada, porque el tema en el que estoy interesada, el espacio y la política, está en todas partes, entonces puedo trabajar con una gran cantidad de personas. Puedo desplegar mis inquietudes en diferentes áreas, y de esta manera aprendo más. Por ejemplo, los artistas piensan muy distinto de mí, y por eso me gusta trabajar con ellos. Tenemos acercamientos muy distintos a los mismos problemas, y para mí eso es maravilloso. Es lo que me mantiene activa, es la manera de abrirse a otras maneras de pensar.

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Por quinto día, el ejército turco responde a disparos de artillería siria sobre su territorio
Ankara, 7 de octubre. Varios proyectiles lanzados desde Siria volvieron a caer este domingo en territorio turco cerca de la frontera y, por quinto día consecutivo Turquía respondió con disparos de artillería contra posiciones sirias, sin que se registraran víctimas de ningún lado.

Por la mañana, el ejército turco disparó una ronda de artillería contra Siria, en respuesta a un proyectil lanzado desde la frontera de ese país, que cayó en el jardín de un edificio público, en el pueblo de Akcakale.

Los proyectiles disparados desde Turquía cayeron en la región siria de Tal Abyad, en la provincia de Raga, informaron el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), así como el periódico turco Hurriyet.

En la noche, una granada lanzada desde Siria detonó en las instalaciones de un galpón utilizado con fines agrícolas, y el Ministerio del Exterior turco informó haber respondido al fuego sirio.

Los intercambios de disparos son los hechos de violencia transfronteriza más graves en el conflicto sirio. Turquía, alguna vez aliada del presidente Bashar Assad, se volvió en su contra después de la violenta respuesta del gobierno sirio al alzamiento.
La tensión entre ambos países aumentó el miércoles pasado cuando cinco civiles murieron en Akcakale al ser alcanzados por una granada procedente de Siria. Esta ataque provocó una respuesta similar de Turquía, y un día después el Parlamento turco aprobó la realización de operaciones militares fuera de las fronteras del país.

En tanto, el ejército sirio intensificó su ofensiva en Homs y Damasco, donde, además, un policía falleció en un atentado con coche bomba cerca del cuartel general de la policía, indicó la agencia Sana. El OSDH informó de varios muertos y heridos, sin precisar cifras.

La organización opositora, que reporta desde Londres, advirtió que el ejército de Assad envió refuerzos a Homs y las tropas podrían ganar el control total de la ciudad. Su caída supondría un grave revés “y sometería el presente y futuro de Siria y la región a graves peligros”, explicó.

Además, la agencia oficial Sana aseguró que el ejército inició una nueva ofensiva en el área de Damasco para “limpiar de terroristas” los barrios de Al Hammah y Kudsaja. A su vez, fuertes opositoras informaron que 23 personas murieron en las inmediaciones de la capital, de la cuales 20 fueron ejecutadas por las tropas regulares en la ciudad de Al Hameh.

En la otra cara de la moneda, soldados se retiraron de varias zonas de la frontera con Turquía después de que los rebeldes se hicieran del control de la ciudad de Al Fawz y con un puesto militar, dijo la oposición.

Afp, Dpa, Reuters y The Independent

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Quimsacocha: “mendigos sentados en un saco de oro”
El ex presidente peruano Alan García llamaba perros del hortelano” a los indígenas amazónicos o andinos que no dejan explotar las riquezas de petróleo, gas, minerales. Ni comían ni dejaban comer. Esa imagen no fue apreciada por los insultados.


El presidente Rafael Correa de Ecuador dice y repite a los indígenas que son “mendigos sentados en un saco de oro”. Lo dijo el 10 de agosto de 2012 en su informe a la nación y en Quimsacocha, en el Azuay, defendiendo a la compañía minera Iamgold. Atribuye el dicho a Humboldt, pero en Perú esa misma frase se suele atribuir a Antonio Raimondi.


Desde Alaska a Tierra de Fuego hay cientos de conflictos en las industrias extractivas. La economía mundial no se “desmaterializa”, todo lo contrario. La energía del carbón, del petróleo o del gas se disipa, se pierde al quemar esos combustibles fósiles. Al día siguiente hay que ir a buscar más, ya sea en las profundidades de la Amazonia o en el fondo del mar del Golfo de México, con los conflictos que eso acarrea. Los metales podrían reciclarse en parte, pero la demanda aumenta (cobre, bauxita, hierro, oro) y resulta más barato aprovisionarse en las fronteras de la extracción que reciclar.


Si una comunidad niega la “licencia social”, ¿debe entonces el gobierno entrar manu militari como en Perú Alan García y Ollanta Humala? ¿O debe el gobierno reflexionar, esperar? Así, mientras en San Luis Potosí en México la minera San Xavier continúa con la minería de oro a pesar de decisiones judiciales en contra, los proyectos en el cerro Wirikuta tal vez se detengan. Mientras en Guatemala hay conflictos en las minas Marlin y Caballo Banco (ambas de la Goldcorp, que también causa daños en el Valle de Siria en Honduras), en Costa Rica el gobierno declaró oficialmente una moratoria minera por la resistencia social y sentencias judiciales contra la minería en Crucitas en el río San Juan, y El Salvador echó a la compañía Pacific Rim que quería explotar la mina de oro llamada El Dorado.


En Ecuador, el páramo de Quimsacocha (“tres lagunas”) es una bellísima zona cerca de Cuenca, a 4 mil metros sobre el nivel del mar, es parte de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional de Cajas. Pero en esa zona hay una gran concesión minera de la compañía Iamgold. En junio de 2012 la empresa Iamgold decidió ceder sus derechos de explotación a otra empresa canadiense junior. A cambio, si el proyecto progresa, Iamgold comprará acciones de esta nueva empresa esperando que tenga más suerte y más empeño.
En la prensa ecuatoriana y extranjera se ha dicho que Iamgold se va porque las cargas tributarias previstas reducirían significativamente la rentabilidad de Quimsacocha. El gobierno de Correa está fomentando la minería y la extracción de petróleo pero está atornillando fiscalmente a las empresas. Pero también se ha dicho con razón que Iamgold carece de “licencia social”. Iamgold no logró el consentimiento de los pueblos afectados porque estos creen que las fuentes de agua van a ser afectadas irreparablemente si se hace minería en esta zona. En octubre de 2011, en las comunidades de Victoria del Portete y Tarqui se realizó una consulta popular en la que 92 por ciento votaron en contra de la minería en Quimsacocha.


Tras esa consulta, Rafael Correa visitó, muy irritado, Quimsacocha y soltó su frase preferida: “mendigos sobre un saco de oro”. Los líderes de estas protestas, como Carlos Pérez, han sido “criminalizados”, sentenciados a cárcel por protestar.


Desde hace 10 años, primero en Tambogrande en Perú y en Esquel en Argentina, después en otros lugares, muchos proyectos mineros han sido interrumpidos en América latina por consultas populares, bajo el Convenio 169 de la OIT, que protege a pueblos indígenas o bajo otras modalidades. Esos referéndums o consultas tuvieron efectos políticos. Otras veces no hace falta referéndum, la oposición local es tan firme y unánime que las mineras o petroleras no pueden entrar. Esto ha ocurrido en Intag y en Sarayaku en Ecuador, ahora también en peligro.


Rafael Correa es un presidente con muchas virtudes pero tiene un defecto común en muchos economistas: el es anti-ecologista (diga lo que diga la muy verde Constitución de Ecuador de 2008), y en eso coincide con otros dirigentes nacionalistas-populares de América Latina.


Ahora bien. Los ecuatorianos no son mendigos encima de una montaña de oro sino ciudadanos de un país que progresa en lo económico y en lo social, que tiene un papel internacional relevante, y que discute sobre el difícil tránsito a una economía post-extractivista.


Por Joan Martínez Alier, Instituto de Ciencias y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona; coordinador del Proyecto EJOLT

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Martes, 02 Octubre 2012 05:39

La historia mordiéndose la cola

La historia mordiéndose la cola
En Honduras se creará una ciudad modelo” bajo un estatuto especial, tanto legal como económico, lo que ha levantado una intensa polémica cuyo eje principal es el asunto de la soberanía nacional. La noticia me ha llamado, por supuesto, la atención. Y mi primera pregunta ha sido: ¿de dónde viene todo esto? La clave me la dio la presencia del economista Paul Romer, profesor de la Universidad de Nueva York, sentado al lado del presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, al hacerse el anuncio oficial en Tegucigalpa.


Romer no es un mero asesor del proyecto. Es el ideólogo global de las charter cities, término que en español puede tener diversas interpretaciones: ciudades bajo fuero especial, o ciudades alquiladas. Y por lo que se ve, ahora que Honduras le ha abierto las puertas al plan, pues la Constitución Política fue reformada en 2011 para hacerlo posible, será en Centroamérica donde Romer podrá probarlo por primera vez. La clave está en sustraer porciones de territorios nacionales deshabitados para crear estas ciudades donde sus habitantes vivirán prósperos y felices. La clave del enclave.


En uno de los videos en que promueve su cruzada, Romer comienza utilizando la imagen de un grupo de muchachos africanos que se ven obligados a estudiar sus tareas en plena calle, bajo las luminarias del alumbrado público, porque en su casa no tienen luz eléctrica. Y elige de ejemplo a uno de ellos, Nelson. Seguramente, aun siendo tan pobre, tiene un teléfono celular, dice; pero eso no es suficiente.


¿Qué pasaría si Nelson viviera en una ciudad donde la energía eléctrica fuera barata, y pudiera estudiar en una buena universidad? ¿Una ciudad donde todo el mundo gozara de empleos bien remunerados, y no tuviera que preocuparse de la violencia callejera, ni del crimen, ni de la ineficiencia del Estado, regido por leyes obsoletas? Y todo eso, sin tener que emigrar. Ese milagro ocurriría dentro de las propias fronteras del país miserable y atrasado de Nelson. Basta segregar una porción del territorio.


Nelson vive en un país fallido, que no es capaz de hacer posible el desarrollo. El Estado no puede garantizar a sus ciudadanos una vida pacífica y segura, su burocracia engorrosa ahuyenta las inversiones, y por todos lados campea la corrupción. Hay que librar al desarrollo económico de estas amarras. En la ciudad modelo, libre de los males endémicos del subdesarrollo, reinará el buen gobierno. Una ciudad exitosa, por fin, en un país fracasado.


Entonces, la fórmula es sencilla: estos países prestan, o alquilan, o ceden, un pedazo de su territorio, y allí se organiza esta nueva Ciudad del Sol. El país en cuestión puede participar, claro, y su primer aporte es el suelo. Pero necesita de socios, socios poderosos que pueden ser otros países, o empresas trasnacionales, capaces de invertir, levantar las fábricas y edificios, construir las redes ferroviarias y de carreteras, los hospitales, universidades, escuelas, parques. Pero deben hacerlo bajo leyes propias.
¿Quién gobernará esta ciudad modelo? Sus ciudadanos, los que han decidido libremente trasladarse a vivir allí, nacionales o extranjeros. Se darán su propio estatuto, elegirán a sus autoridades civiles, organizarán su propio sistema judicial y su propia policía, otorgarán las licencias de operación a las empresas industriales y a los bancos, decretarán su propio régimen fiscal, y controlarán las telecomunicaciones. La polis y el demos, por fin, en feliz armonía. Por supuesto que los inversionistas, ejecutivos de empresas, técnicos extranjeros, también serán parte de esta ciudadanía ejemplar, con derecho a voto. En el caso de Honduras, el Estado se reservará, según se escucha, la defensa militar, las relaciones exteriores y la emisión de pasaportes.


Frente a los ataques contra la creación de la nueva ciudad, el presidente Porfirio Lobo alega que la soberanía está a salvo, y que lo único que habrá son reglas especiales. Aquellos que escojan vivir allí podrán hacerlo con dignidad, sin las amenazas de la delincuencia, o sea, sin maras ni cárteles de narcotraficantes, llenos de confianza, amparados por la seguridad jurídica, con trabajos garantizados, y excelentes niveles de educación y salud. Es decir, lo que no puede ser posible en todo el territorio nacional se podrá conseguir como por encanto en el enclave modelo.


Supongo que, de ser así, los 33 kilómetros cuadrados que el presidente Lobo afirma tendrá esta primera ciudad, para cuya construcción Corea del Sur ya ha hecho su primer aporte de socio potencial, no serían suficientes para albergar a los miles que querrán irse a vivir allí, un rápido viaje del infierno al cielo.


En sus explicaciones acerca de la filosofía de sus charter cities, Romer se hace la pregunta: “¿Es esto colonialismo?” Y se responde que no, porque en este caso no será la voluntad omnímoda de un Estado extranjero la que determinará todo, sino que los ciudadanos del enclave tomarán las decisiones de manera democrática. Nada menos que el ágora entre rascacielos y trenes de alta velocidad, en medio de la selva.


El relator para la Libertad de Expresión de Naciones Unidas, Frank la Rue, tras visitar Honduras en agosto de este mismo año, consignó en su informe que el proyecto de Romer es “una violación a la soberanía nacional y la garantía de respeto y promoción de los derechos humanos que tiene el Estado con la población en su territorio”.


La historia mordiéndose la cola.

Medellín, septiembre, 2012

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Sábado, 29 Septiembre 2012 09:09

Un reclamo que no tuvo salida en la ONU

El canciller chileno dijo que su país está abierto al diálogo y que no existen temas limítrofes pendientes entre ambos países, pero que Bolivia no tiene derecho en su reclamo. Evo Morales había exigido una “reparación histórica”.

El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alfredo Moreno, rechazó categóricamente la petición que Bolivia formuló a su país de obtener una salida al mar, alegando que no existen problemas de límites pendientes entre ambos Estados, ya que los establecidos en el Tratado de 1904 se respetan plenamente.

“Bolivia carece de un derecho para reclamar una salida soberana al mar”, aseveró ayer Moreno ante la Asamblea General de la ONU, para añadir que “Chile ha cumplido cabalmente las obligaciones contraídas” en el citado tratado, cuya renegociación pidió el presidente de Bolivia, Evo Morales, en su discurso del miércoles en el mismo foro.

Moreno apuntó en este sentido que Morales se refirió “a su demanda marítima reivindicatoria en términos que se apartan de las normas de buena convivencia entre las naciones” y agregó que Chile “no ha dejado de expresar a Bolivia su disposición al diálogo sobre la base del pleno derecho a los tratados vigentes”, por lo que “está en manos de Bolivia aceptar la invitación”.

El ministro señaló que su país permite “el más amplio libre tránsito” por su territorio, “a través de una infraestructura de óptima calidad, como lo reconocen los propios bolivianos”, así como que “el respeto a los acuerdos de límites entre países vecinos es una base de convivencia y garantía de la paz internacional”. Asimismo, reafirmó que la Constitución boliviana aprobada en 2009 “introdujo disposiciones que contravienen el marco del derecho internacional” y que son, por tanto, “inoponibles” a su país.

“Me veo en la obligación de rechazar categóricamente el emplazamiento, las afirmaciones y cargos formulados contra mi país”, remarcó Moreno, quien recordó que su país ya presentó una respuesta a Morales ante la Asamblea General, usando el derecho a réplica.

En su discurso ante la 67ª sesión de la Asamblea General, Morales había declarado que Chile no podía “ignorar el derecho boliviano y prolongar el encierro geográfico impuesto por la fuerza”, a la vez que solicitaba el acompañamiento de la comunidad internacional para poner fin al “enclaustramiento” de su país y reparar este “daño histórico”.

El Tratado de Paz y Amistad de 1904 fijó la soberanía chilena sobre territorios que Bolivia perdió durante la Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1884. Eso supuso su pérdida de acceso al mar, un asunto que ha dificultado desde entonces los vínculos entre ambos países, que no tienen relaciones bilaterales a nivel de embajadores desde 1978.

En la última Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en junio de este año en la ciudad boliviana de Cochabamba, Bolivia pidió a Chile “renegociar” dicho tratado y reiteró su intención de presentar una demanda ante el tribunal de La Haya.

Además de rechazar el pedido de Bolivia, Moreno defendió el libre comercio y la apertura de los mercados para superar la crisis económica y criticó el proteccionismo. “El proteccionismo lleva a proteger la industria ineficiente y a entregar a los ciudadanos productos de mala calidad y más caros, disminuye la productividad, elimina la competencia y el emprendimiento e impide el verdadero desarrollo”, afirmó Moreno en su comparecencia ante la Asamblea General de la ONU.

Frente a ello, el ministro recetó una “mayor apertura y libertad para el comercio” como la clave para superar la crisis financiera internacional, tesis que ejemplificó con la propia experiencia chilena.

Así, Moreno recordó que su país inició hace años un proceso de liberalización comercial, disminuyendo unilateralmente sus aranceles y a través de acuerdos de libre comercio con más de 60 países, lo que hace de Chile la nación que ha suscripto el mayor número de estos tratados.

“Esta política, a pesar de las dificultades externas, nos ha permitido aumentar la tasa de crecimiento a un ritmo del 6 por ciento en los últimos dos años, alcanzar un ingreso per cápita que es el más alto de la región, reducir las cifras de desempleo y de pobreza”, enumeró Moreno.
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Lunes, 10 Septiembre 2012 17:45

Los muros invisibles

Los muros invisibles
En las migraciones convergen las más diversas posibilidades: derribaron imperios y los consolidaron, aumentaron las ganancias del capital y mejoraron la vida de los trabajadores, son una ventana para la libertad o para la opresión. La historiadora Avi Chomsky enfoca su análisis en los sujetos de las migraciones.
 
“La economía depende de la mano de obra mexicana barata”, explica la historiadora Avi Chomsky, quien estos días imparte un curso sobre inmigración en Montevideo. “Sin esa mano de obra los bienes y servicios baratos que disfrutan los ciudadanos estadounidenses, desaparecerían”. En su opinión, los “ilegales” o “indocumentados” forman parte de una construcción social que justifica los malos tratos y beneficia a las grandes empresas.
 
La hija mayor del célebre lingüista es profesora de historia en la Universidad estatal de Salem, en el estado de Massachusetts. Publicó una decena de libros, el último dedicado a la historia de la revolución cubana. A mediados de la década de 1970 se relacionó con la Unión de Trabajadores Agrícolas (UFW por sus siglas en inglés) integrada en gran medida por inmigrantes mexicanos, lo que supuso un parteaguas en su vida: aprendió español y se comprometió con el mundo de los inmigrantes latinos, con sus movimientos y organizaciones, pero también se especializó en analizar a las multinacionales que los contratan.
 
En 2010 acudió como voluntaria del grupo de derechos humanos No Más Muertes, a Nogales, en la frontera mexicano-estadounidense, donde pudo comprender “los muros invisibles” que funcionan en su país y que afectan a toda la población no blanca. “Cerca de Boston, mi ciudad natal, viven miles de inmigrantes indocumentados que lograron cruzar la frontera y el desierto violentos, para vivir detrás de una nueva serie de muros en Massachusetts”. En su opinión los barrotes de la opresión han sido reforzados por el gobierno de Barack Obama, quien ha contribuido como pocos a hacerlos aún más invisibles.
 
Toda su producción teórica y su práctica como activista está dedicada a comprender y acompañar a los más perjudicados por el sistema, los marginados o los habitantes del “subsuelo” como llaman los zapatistas a los que no tienen nada que perder. Cuando aborda el movimiento Occupy Wall Street destaca la ausencia de “la gente de color” y la necesidad que han tenido las “minorías” (que ya aportan la mayoría de los nacimientos) de organizarse en paralelo para no volver a quedar marginados.
 
- Usted sostiene que los inmigrantes son necesarios para el buen funcionamiento de la economía de su país.
 
- No me gusta hablar de la economía sino de cosas más concretas como el trabajo. Muchos empresarios están a favor de la inmigración porque les pagan salarios más bajos y trabajan en sectores en los que nadie quiere trabajar. Hay todo un discurso de que los inmigrantes les quitan el trabajo a los que tienen empleo. Es evidente que hubo cambios muy importantes en torno al trabajo. A lo largo del siglo XX la clase trabajadora se convirtió en clase media a través del acceso al sueño americano, por la participación política, buenos salarios, acceso a la educación y la salud. O sea bienes de consumo y bienes sociales. Con la desaparición del empleo industrial por el cierre de industrias y su traslado a los países de la periferia, está desapareciendo ese estilo de vida y las clases medias también. En la agricultura, en la industria avícola y en la construcción, predomina el trabajo mal pagado con empleo intensivo de inmigrantes. También sucede en los servicios ya que las familias demandas cuidados que antes podía cubrir el ama de casa pero ahora contratan inmigrantes para cuidar a los niños, cortar el césped y una infinidad de empleos que hace unas décadas no existían porque la familia perdió su tiempo libre porque deben trabajar muchas más horas al punto que el ocio fue colonizado por el trabajo.
 
- ¿Cómo afecta la crisis a los inmigrantes?
 
- Es curioso que en Estados Unidos hay altos niveles de desempleo pero entre los inmigrantes, y sobre todo entre los indocumentados, no hay desempleo porque hacen un trabajo necesario. Un presidente mexicano dijo que los inmigrantes hacen los trabajos que “ni los negros quieren hacer”. Cuando yo era niña los que repartían los diarios eran los chicos del barrio porque recibían propinas. Ahora ese trabajo lo hacen los inmigrantes, empiezan a las cuatro de la madrugada, tienen que tener coche, pagan sus gastos de salud y de la seguridad social, y trabajan 365 días al año incluso cuando la nieve bloquea los caminos. Ganan apenas 500 dólares mensuales y no tienen derechos porque son autónomos. Ese es un tipo de trabajo típico de los inmigrantes sin documentos y la derecha económica es feliz con esta inmigración ya que permite aumentar los niveles de explotación que garantizan ciertos niveles de bienestar a los ciudadanos blancos.
 
- Desde el punto de vista cultural y político, ¿qué han aportado los inmigrantes latinos en las últimas décadas?
 
- Los movimientos de los latinos son la mayor esperanza para quienes queremos ver un cambio en el país. La izquierda está muy diezmada. El movimiento contra la guerra ya no existe, los sindicatos están muy golpeados y ya no luchan por cambiar la sociedad.
 
- Desde lejos parecería que el movimiento de los inmigrantes se ha diluido.
 
- No existen grandes manifestaciones de inmigrantes, pero en lo local hay mucha actividad. No tenemos movimiento estudiantil y predomina una gran despolitización, pero hay movimientos de los estudiantes latinos. Ellos comprenden cómo funciona el sistema en su conjunto. Sin embargo, entre mis estudiantes blancos predomina la idea de que no hay ninguna posibilidad de cambiar nada y no hacen nada. Nunca escuché a un inmigrante decir que no vale la pena luchar, y tampoco lo escucho en Colombia aunque las cosas están mucho peor que en Estados Unidos. Entre los trabajadores inmigrantes hay organizaciones sindicales, son los más explotados y son los que más se están movilizando.
 
- ¿Qué piensa del movimiento Occupy Wall Street?
 
- Es un movimiento muy importante pese a algunas limitaciones. En primer lugar ha despertado entre muchos jóvenes la idea de que existe derecho a protestar, a imaginar otro mundo y a movilizarnos para conseguir un cambio, algo que había sido imposible de lograr en los últimos años. Además ha sido capaz de movilizar mucha gente con el objetivo de que no sean otros los que decidan tu futuro. Y ha puesto en un lugar destacado la injusticia económica haciendo visible que la economía funciona de manera inmoral y favorece a unos pocos. Hasta que nació OWS esas cosas no estaban en discusión.
 
- ¿Cuáles serían los problemas que observa?
 
- Las comunidades de color se han sentido aisladas y hay una lucha de los afrodescendientes y los latinos para crear su propio movimiento, para participar desde su propia identidad. Ellos dicen Occupy the Hood (Ocupemos el Barrio), para darle visibilidad a sus problemas que no son contemplados por los activistas blancos porque no ven el racismo. En Estados Unidos se considera que el racismo es cuestión del pasado, se dice que el color de piel ya no importa (colorblindness). Aún los blancos de izquierda son incapaces de ver el racismo estructural y esa es una forma de excluir nuevamente. Estamos ante un nuevo racismo, un racismo que niega la existencia del racismo. La gente de color formalmente tiene derechos pero están profundamente afectados por la segregación residencial, por las leyes anti-inmigrantes, por el sistema judicial que penaliza a los varones jóvenes negros.
 
- ¿Es posible que estas dos culturas puedan coincidir en un mismo movimiento? Se lo pregunto porque en América Latina vivimos una permanente criminalización de los pobres, al punto que si usted pone la palabra pobre en el lugar de negro o latino, la situación no es muy diferente a la que describe.
 
- El problema que observo es la dificultad de ver el sistema en su conjunto y no sólo lo que sucede en un país.Los que están más marginados son los que pueden ver el sistema en su totalidad, porque los que están dentro del sistema, aunque sean oprimidos, pueden ver sólo aspectos parciales.
 
- ¿Cree que el impacto de Occupy Wall Street será similar al que tuvo el movimiento por los derechos civiles en la década de 1960?
 
- El movimiento de los derechos civiles consiguió muchas de sus demandas, pero los cambios en la sociedad nos llevaron a una nueva época de discriminación y racismo. La marginación de la comunidad negra ha empeorado y además aparece otro grupo más discriminado. A los negros se les otorgaron derechos legales pero la discriminación se trasladó a los latinos para que sigan haciendo los trabajos más duros y peor pagados. A los negros ahora se los discrimina de otra manera, ya no mediante leyes sino de una manera no explícita contra la raza, a través de la creación de nuevos delitos para criminalizar así a una gran proporción de la comunidad negra.
 
Michelle Alexander estudió la encarcelación masiva de los jóvenes negros. Cuatro generaciones no pudieron votar. La de los bisabuelos por la esclavitud, la de los abuelos por las presiones de Ku Kux Klan, la de los padres por los límites legales, las leyes de Jim Crowd, y ahora por estar acusados de delitos. El impulso de aquel movimiento era para la igualdad pero fue desarmado a partir de logros legales pero no sociales. El movimiento fue muy fuerte, muy potente, pero fue cooptado a partir del reconocimiento de la igualdad legal. Occupy Wall Street no tiene objetivos, ni un programa ni una estrategia y eso que puede atraer a muchas personas pero es también una debilidad porque sin objetivos claros no sabe hacia dónde va.
 
- Como activista comprometida, ¿cómo siente el mundo viviendo en Estados Unidos?
 
- Soy optimista por naturaleza. Pero cuando me pongo a analizar llego a la conclusión de que no voy a ver los cambios por los que venimos luchando. A eso se suma el problema ambiental porque podemos conquistar la justicia social pero en un mundo en el que yo podremos vivir. Lo que es importante es seguir haciendo lo posible por cambiar las cosas. Trabajo con comunidades negras colombianas desplazadas por las minas de carbón, gente que vivió toda su vida en sus tierras y de golpe los empresarios, gente como Goldman Sachs, los desplazan por la fuerza y terminan viviendo en basurales en las periferias urbanas. Saben que nunca van a recuperar sus tierras, tienen muy claro cómo funciona el sistema y saben que no tienen fuerza para modificar las cosas, pero siguen construyendo una trinchera desde la que resisten algo que los supera, algo que parece imposible cambiar.
 

 Capital migrante

 
“Nos quitan nuestros trabajos y 20 mitos más sobre la inmigración”, es el libro con el que Avi Chomsky intenta desarticular los argumentos de quienes encabezan campañas en contra de los inmigrante (1). Cuestiona el concepto de inmigrante “ilegal” porque contradice la Declaración Universal de Derechos Humanos y porque lo que es legal cambia con el tiempo. En todo caso, hay doce millones de personas sin documentos sólo en Estados Unidos, que están sobre representados en la agricultura, la construcción y los servicios peor remunerados. Seis de cada diez indocumentados provienen de México y casi todos los demás de otros países de América Latina.
 
Detrás y debajo de la inmigración, Chomsky detecta la eterna movilidad del capital: a comienzos del siglo XX los empresarios textiles comenzaron a invertir en el sur de Estados Unidos donde pagaban impuestos y salarios más bajos, los sindicatos eran perseguidos y había subsidios al capital. Luego argumentaban a los trabajadores de sus empresas en el norte del país que “la competencia del sur” socavaba sus empresas por lo que debían reducir salarios y aumentar los ritmos de trabajo (2) Dejaron de invertir en sus fábricas en el norte para cerrarlas definitivamente cuando estuvieron obsoletas.
 
Con los años, esa lógica interna se comenzó a aplicar fuera del país. Primero abrieron plantas en Puerto Rico, México, países centroamericanos y asiáticos. El tercer paso, luego de “modificar las relaciones de trabajo en las fábricas norteamericanas para hacerlas competitivas respecto al tercer Mundo”, fue importar trabajadores latinoamericanos con el argumento de que “los estadounidenses no querían esos empleos”. En realidad los gerentes de las grandes multinacionales comenzaron a reproducir en la metrópoli las condiciones de empleo que existen en los países en desarrollo que pasan, como sucedió en la industria frigorífica, por eliminar a los sindicatos.
 
Esta migración del capital revela que el imperio suele ensayar en su propio territorio y con su propia población, las recetas que luego exporta a sus periferias. Y viceversa. Así sucedió con los pueblos originarios y más recientemente con la “guerra contra las drogas” que se utilizó para derrotar los movimientos negros (ver recuadro).

 La nueva segregación racial

 Los muros invisibles

 
Con el 5 por ciento de la población mundial Estados Unidos tiene el 25 por ciento de los presos del mundo. En la ciudad de Washington tres de cada cuatro jóvenes varones afroamericanos van a pasar parte de sus vidas en la cárcel. Casi 2,4 millones de personas están en las cárceles y otros 5 millones se encuentran bajo sentencia probatoria o libertad condicional. De ellos, 40 por ciento son afroamericanos y 20 por ciento latino, cuando estos grupos constituyen 12 y el 16 por cinto de la población respectivamente.
 
La abogada y activista negra Michelle Alexander, autora de un célebre libro sobre la nueva segregación (3), sostiene que la mayoría de los jóvenes negros en las grandes ciudades de Estados Unidos son “almacenados en las cárceles” porque su trabajo ya no es necesario en la economía globalizada. Luego de haber sido etiquetados como “delincuentes” por pequeños delitos por los cuales no son condenados los blancos, quedan permanentemente atrapados en un estatus de segunda. Habitualmente se sostiene que la discriminación finalizó con las reformas promovidas por el movimiento de los derechos civiles de la década de 1960. Sin embargo, el sistema de justicia utiliza la “guerra contra las drogas” como su principal herramienta para mantener en pie la discriminación. En 2005, de cada cinco detenciones por drogas, cuatro eran por posesión. Sólo una de cada cinco se debía a la venta de drogas. Ocho de cada diez son negros.
 
Alexander defiende la tesis de que las formas de control racial han evolucionado y que el sistema penal y penitenciario juega ahora el mismo papel que la esclavitud. La “guerra contra las drogas” tuvo un impacto devastador en las comunidades afroamericanas, en una escala desproporcionada respecto a las dimensiones de la delincuencia: en menos de tres décadas la población carcelaria se multiplicó por ocho, en su inmensa mayoría por el incremento en las condenas en relación con las drogas, resultando en la tasa más alta de encarcelamiento del mundo.
 
Mientras los estudios muestran que los estadounidenses de diferentes razas consumen drogas ilegales en una proporción similar, la tasa de negros encarcelados por delitos de drogas es hasta cincuenta veces mayor que la de los blancos. En las grandes ciudades hasta el 80 por ciento de los varones afroamericanos tienen antecedentes penales, por lo que forman parte de una nueva casta de marginados que pierden sus derechos.
 
Notas
(1) Haymarket, Chicago, 2011
(2) “Mito 8”, pp. 59-63.
(3) “The new Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness”, The New Press, 2010.
 
Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
 
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“¡Váyanse con su guerra a otra parte!”
Los indígenas tomaron sus bastones de madera y empujaron a los militares. Les arrojaron tierra en la cara y los amenazaron con machetes. “¡Váyanse con su guerra a otra parte!”, les gritaron el pasado martes desde las empinadas montañas de Toribío, departamento del Cauca. Los indígenas no quieren al Ejército, ni a la guerrilla de las FARC, intercambiando tiros en sus territorios ancestrales. Por eso echaron a los militares del cerro Berlín, conocido como las Torres. En los enfrentamientos, un indígena murió tiroteado por un soldado por no atender una orden de alto en un retén en el municipio de Caldono.

Tras estos hechos, en las ciudades políticos, analistas y periodistas de las ciudades discutían, cuando alguien escribió en Twitter: “Llora un soldado y Colombia se conmueve; muere un indígena y a nadie le importa”. En parte, tiene razón. Pero la revuelta de estos indígenas puede cambiar las cosas. Ahora, importa. Por primera vez, el Estado colombiano está obligado a implicarse en los problemas de estas personas. El Estado ha desembarcado en el Cauca y eso cambia el panorama en la lucha contra la guerrilla.

La belleza del Cauca es extraordinaria. Allí nacen las tres cordilleras y los ríos Cauca y Magdalena que atraviesan el país. En ese entorno vive un millón y medio de personas. El 64% es pobre (Banco Mundial). De estos, el 36% vive en la miseria absoluta. Y de los desheredados, 300.000 son indígenas paeces y guambianos.

En este departamento surgieron grupos guerrilleros de indígenas como el Quintín Lame, como respuesta a los ataques de civiles armados contra dirigentes indígenas. Por sus condiciones geográficas, la zona del Cauca es ideal para la lucha armada. Aquí nacieron las FARC. Desde estas montañas, el grupo M-19 logró poner en jaque al Estado. Los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (desmovilizados entre 2003 y 2006) enviaron allí a sus más sanguinarios matones para hacer masacres como la que ocurrió en la zona del Naya, en 2001, donde asesinaron a más de cien indígenas y campesinos.

Ahora están cansados de verse atrapados en la guerra. Ven a la guerrilla, los paramilitares y la fuerza pública como invasores. En palabras del Consejo Regional Indígena del Cauca en una declaración cuando se enfrentaron a la policía: “Desmontamos las trincheras de la policía para que su presencia no afecte a la población civil, mientras la guerrilla deja minas antipersona y no tiene ninguna consideración por la gente que no hace parte de la guerra”.

Todos saben que quien controla el Cauca puede cambiar para siempre el conflicto armado colombiano. No solo porque el área es ideal para el tráfico de armas, sino por sus extensos cultivos de coca y marihuana cripy, la de más alta calidad en Colombia. Al igual que en el resto de las zonas cocaleras del país, los narcos que han llegado al Cauca mezclan la coca con cultivos lícitos, especialmente plátano, con lo cual la erradicación mediante aspersión aérea es casi una quimera. Y sobre el terreno es imposible. Nadie sabe con qué actor armado se va a topar detrás de un cerro.

“El Cauca es el departamento que concentra el mayor número de acciones armadas de Colombia, es un territorio estratégico para la guerrilla”, dice Carlos Franco, exdirector del Programa Presidencial de Derechos Humanos. “El 80% de las acciones armadas se concentran en cinco departamentos del territorio nacional, y el Cauca es uno de esos”, añade.

Colombia tiene una de las más modernas Constituciones en defensa de los indígenas. La Carta Magna de 1991 les dio una autonomía sin igual. Con la letra en la mano los indígenas decidieron expulsar a los militares. Esa autonomía indígena debe darse “de conformidad con sus propias normas, siempre que no sean contrarios a la Constitución”, por eso el presidente, Juan Manuel Santos, instó a la Fiscalía para que actúe contra los que sacaron por la fuerza a los militares las Torres. Según el Código Penal es “violencia contra servidores públicos”.

Muchos creen que la desconfianza entre el Estado y los indígenas está seriamente lesionada. Es en este contexto que ha emergido la figura del juez español Baltasar Garzón, a quien los indígenas han reclamado para facilitar el diálogo. Para Iván Orozco, profesor de la Universidad de Los Andes, “es necesario crear puentes y en ese sentido la propuesta de que Garzón entre como mediador es buena”. El presidente Santos, que ha mostrado su admiración por Garzón, no quiere delegar un tema tan sensible en un extranjero.

El diálogo ya ha comenzado. El Estado sabe que reforzar la presencia del Ejército y Policía empeorará las cosas. Pero los días pasan y la mecha encendida en el Cauca cada vez se acerca más a un barril de pólvora.







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