Miércoles, 27 Febrero 2019 06:57

Mutaciones del capitalismo

Mutaciones del capitalismo

Una pregunta en la Grecia clásica, cercana al asombro de Aristóteles en su visión sobre la naturaleza de las cosas, era la siguiente: ¿qué es lo que hace que las cosas perduren en el tiempo y que no se desintegren mientras discurrimos sobre ellas? En su Metafísica, el pensador griego marcó varias importantes líneas de análisis que sería bueno recuperar. Para colocar esa interrogante en otros términos, ¿cómo podemos saber cuando un objeto ha perdido su esencia y se ha transformado en otra cosa?

Es una pregunta rica en posibilidades cuando la dirigimos al capitalismo. ¿Hasta dónde puede mutar el capitalismo sin que se convierta en un sistema social distinto? La pregunta puede parecer extraña, porque estamos acostumbrados a pensar que el capitalismo solamente es capaz de cambiar radicalmente como por una crisis o una revolución. Es menos común pensar en esos cambios graduales, de tiempo lento, que poco a poco transforman la esencia de un objeto hasta desfigurarlo y convertirlo en algo irreconocible.


El capitalismo, como todas las formaciones sociales, está siempre en evolución. Ya sabemos que las fuerzas que dieron cuerpo al capitalismo como formación social muestran que el capitalismo es una organización social de producción, distribución y consumo históricamente determinada. Y así como tuvo un origen agrario en la Inglaterra del siglo XVII, hoy el capitalismo se está transformando en algo que podría dar nacimiento a un conjunto de relaciones sociales esencialmente diferentes en el futuro cercano.


Hoy, la evolución del capitalismo está marcada por dos fuerzas de dimensiones históricas. La primera tiene que ver con la relación salarial que está en el corazón del capitalismo y es la base sobre la cual se erige el vínculo de explotación y la fórmula de su circulación monetaria.


Pero en los pasados 50 años la función del salario en el capitalismo se ha ido distorsionando. El estancamiento de los salarios en la mayor parte de las economías desarrolladas es resultado histórico de la lucha contra la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. La lucha en contra de las instituciones que la clase trabajadora pudo erigir en defensa del salario, ya sea mediante el desmantelamiento de sindicatos o de procesos como la subcontratación, ha llevado a una profunda deformación de la relación salarial.


Desde principios de los años 1970 el estancamiento de los salarios, tanto en Estados Unidos como en Europa, trajo aparejada una transformación en la estructura del capitalismo: el salario ha dejado de ser la principal referencia para la reproducción de la fuerza de trabajo. Hoy, el crédito se ha convertido en instrumento clave para asegurar la regeneración de la clase trabajadora y para mantener su nivel de vida.


En la actualidad no sólo existe un fuerte rezago salarial y un problema de insuficiencia para la clase trabajadora. También estamos en presencia de un cambio cualitativo por el endeudamiento. Es claro que el vínculo salarial tiene un estatuto esencialmente diferente al del crédito en la reproducción social. Actualmente, debido al creciente endeudamiento el capital financiero puede apropiarse de una parte del ingreso de los trabajadores. Y así se consuma un doble golpe contra la clase trabajadora: estancamiento salarial y extracción financiera.


La expansión del sector financiero es la segunda fuerza que está dejando una profunda huella sobre las relaciones capitalistas de producción. El endeudamiento finalmente se ha convertido en un componente especialmente importante en la reproducción de todo el sistema productivo. Pero, además, la racionalidad de la esfera de las finanzas, en donde se pasa directamente de una masa de dinero a una cantidad mayor de dinero sin transitar por la producción, ha terminado por contagiar a empresas y asalariados con el virus del enriquecimiento instantáneo. La especulación y el uso de las hojas de balance para apuntalar la rentabilidad son dos resultados de este proceso.


En el contexto de una tasa de ganancia a la baja en el sector no financiero, la sed de rentabilidad es saciada cada vez con más fuerza mediante la especulación. El fenómeno de la financiarización está estirando al capitalismo y lo ha estado transformando desde hace ya más de cuatro décadas.


Es obvio que el hecho de que el capitalismo esté mutando y deformándose no necesariamente significa que estaremos pasando a una formación social más justa y benigna. La deformación del modo de producción capitalista conlleva varios peligros. La inestabilidad internacional ya es considerable debido a la lucha por la hegemonía monetaria, comercial y militar. Pero si además le agregamos la fractura que puede producirse con estas mutaciones del capitalismo, los riesgos pueden incrementarse de manera exponencial.


El capitalismo podría perder su esencia por un rompimiento del vínculo salarial o por el exceso que significa la financiarización. Las fuerzas políticas de la izquierda deben estar atentas a estas mutaciones y sus efectos.


Twitter: @anadaloficial

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“El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal”

La feminista italiana Cinzia Arruzza es profesora de la New School of Social Research de Nueva York y autora del libro Las sin parte: matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo. Apoyó la huelga internacional de mujeres en Estados Unidos y acaba de terminar de escribir un manifiesto para un feminismo del 99 % junto con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya que será publicado en otoño. Le preguntamos sobre la relación entre capitalismo y patriarcado, género y clase, en la nueva ola del feminismo internacional.

 

-¿Cuál es el objetivo y la tesis principal del Manifiesto para un feminismo del 99 %?


El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal que se había vuelto hegemónico en las últimas décadas, debido al bajo nivel de luchas y movilizaciones alrededor del mundo. Lo que entendemos como feminismo liberal es un feminismo centrado en las libertades y la igualdad formal, que busca la eliminación de la desigualdad de género, pero a través de medios que sólo son accesibles a las mujeres de élite. Pensamos, por ejemplo, en el tipo de feminismo encarnado por mujeres como Hillary Clinton. O, también, el tipo de feminismo que en Europa se está convirtiendo en aliado de los Estados para el apoyo a políticas islamófobas "en nombre de los derechos de las mujeres", como detalla Sara Farris en su reciente libro (In the Name of Women′s Rights: The Rise of Femonationalism).


Para ser clara, es un tipo de feminismo que persigue la igualdad de género en el interior de una clase específica, la privilegiada, dejando atrás a la gran mayoría de las mujeres. El feminismo del 99% es una alternativa al feminismo liberal, ya que es abiertamente anticapitalista y antirracista: no separa la igualdad formal y la emancipación de la necesidad de transformar la sociedad y las relaciones sociales en su totalidad, de la necesidad de superar la explotación del trabajo, el saqueo de la naturaleza, el racismo, la guerra y el imperialismo. Finalmente, se posiciona directamente como parte del transfeminismo, defiende los derechos y necesidades de las trabajadoras sexuales y busca alianzas sociales y políticas con todos los movimientos que luchan por un mundo mejor para el 99%.


-¿Cree que el nuevo movimiento de mujeres que se está desarrollando en todo el mundo podría ser la avanzada de un retorno más general de la lucha de clases?


Esa es mi esperanza, y también mi apuesta. En primer lugar, esta nueva ola feminista es la única movilización transnacional existente que reúne a millones de mujeres y hombres de todo el mundo. En segundo lugar, en algunos países ya se hace difícil distinguir claramente la lucha de clases del movimiento feminista: pienso sobre todo en Argentina, por supuesto, pero también en España o Italia. Creo que quienes están sinceramente interesados en revivir la lucha de clases deberían dejar, de una vez por todas, las actitudes divisionistas y despectivas hacia esta nueva ola feminista; dejar de pensar que las movilizaciones feministas son una antítesis de la lucha de clases o, en el mejor de los casos, un complemento externo. Prefiero invitar a pensar en la nueva ola feminista como un proceso de radicalización y politización en el que la subjetividad de las trabajadoras –a menudo jóvenes, precarias, mal pagadas, no remuneradas, explotadas y acosadas sexualmente en el lugar de trabajo– está emergiendo como una subjetividad combativa y potencialmente anticapitalista.


- Parece que, en las luchas actuales y futuras de la clase obrera, las mujeres van a desempeñar un papel protagónico. ¿Ya lo están haciendo?


Hay un fenómeno interesante para tener en cuenta: estamos viendo un aumento significativo de huelgas y movilizaciones en los lugares de trabajo dentro del ámbito de la reproducción social. Pensemos en las huelgas de maestras en Estados Unidos (huelgas ilegales, que están cambiando significativamente la dinámica del movimiento obrero), la huelga de las trabajadoras de la sanidad en la India, o la de maestras en Brasil. Se trata de huelgas en las que las trabajadoras son mayoría y tienen un papel clave. Aunque no existe un vínculo explícito entre estas huelgas y la Huelga internacional de mujeres de los últimos años, creo que el movimiento feminista está desempeñando un papel en el empoderamiento de estas mujeres, demostrando que la rebelión es posible y necesaria.


-En las movilizaciones feministas (en España o Argentina) se escucha cada vez más: "Patriarcado y capital, alianza criminal". ¿Se reabre el debate sobre la relación entre la opresión de género y el capitalismo?


Bueno, creo que la razón es que estamos volviendo a pensar en fenómenos estructurales y en la complejidad de las relaciones sociales, mientras que en las últimas décadas la mayor parte del feminismo estaba inmerso en el llamado "giro lingüístico", centrándose especialmente en temas de lengua, cultura y relaciones interpersonales de poder. Desde este punto de vista, es una señal muy positiva que las jóvenes activistas y pensadoras feministas se interesen en comprender la conexión estructural entre la opresión de género y el capitalismo, en entender las causas profundas de nuestra situación actual.


-En varios artículos, polemiza con las tesis del "sistema dual", que definen al capitalismo y al patriarcado como sistemas autónomos. ¿Por qué considera incorrecta esa teoría y qué consecuencias prácticas tiene esto para el movimiento de mujeres?

Existen varias versiones de la teoría de los "sistemas duales", con diferentes consecuencias políticas. La más clásica, influenciada por el feminismo materialista francés, termina –de una manera u otra–conceptualizando la opresión racial y de género como sistemas de relaciones de explotación; por lo tanto, conceptualizan el sexo como clase. Estoy simplificando demasiado; la teoría ha tenido varios desarrollos en las últimas décadas, y ha llegado a conclusiones más matizadas en algunos autores. Sin embargo, mis objeciones son de dos tipos. Primero, si entendemos el sexo como clase, entonces también tenemos que interpretar la opresión sexual y de género como antagonismos de clase, lo que básicamente descarta las posibilidades de alianzas y luchas comunes (entre mujeres y hombres). Para decirlo simplemente: no haría una alianza con mi patrón. En segundo lugar, si sexo, raza y clase expresan tres sistemas autónomos que se entrecruzan o combinan, no queda claro en absoluto por qué lo hacen: ¿cuál es la razón? De hecho, la verdad es que en algunos casos las formas tradicionales de opresión de género entran literalmente en conflicto con los intereses capitalistas....


-En contraposición a las teorías “duales”, defiende la importancia del concepto de ‘reproducción social’ para una teoría feminista marxista…


La forma en que interpreto esta relación –junto con autores como Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya, Sue Ferguson, Sara Farris, David McNally y otros– se basa en la noción de reproducción social. En pocas palabras, se refiere a las actividades y el trabajo que implica la reproducción biológica, cotidiana y generacional, de la fuerza de trabajo. Pero seamos claros: reproducir la fuerza de trabajo significa reproducir las personas y la vida. Esto no se limita a la mera subsistencia o las necesidades de supervivencia, sino también a la satisfacción de necesidades más complejas y la reproducción de habilidades que contribuyen a convertir la fuerza de trabajo en esa mercancía especial que se puede vender en el mercado capitalista.


Estamos, por tanto, hablando de la socialización de los niños, de la educación, pero también de la sanidad y los servicios sociales. La mano de obra en este tipo de actividades está fuertemente feminizada en dos sentidos: la gran mayoría de las trabajadoras (asalariadas y no asalariadas) son mujeres, y sus condiciones laborales se encuentran entre las más explotadas.


-¿Y cómo se relacionan opresión y explotación con la esfera de la reproducción social?


La clave para entender qué tiene que ver la reproducción social con la opresión de género (y en parte la opresión de raza), es que la reproducción social –bajo el capitalismo– está necesariamente subordinada a la producción en función de ganancias.


La paradoja es que el capitalismo necesita que haya reproducción social y que sea relativamente funcional, pero no quiere pagar el costo por ello. Especialmente porque todas las actividades de la reproducción social tienen baja tecnología y mano de obra intensiva, lo que significa que son costosas. La forma en que los capitalistas (y los estados) logran mantener estos costos lo más bajos posible varía, pero podemos identificar algunos fenómenos comunes: el aumento del uso de mano de obra migrante mal remunerada y no organizada en sectores privatizados (por ejemplo, los migrantes que cuidan a dependientes o ancianos); los recortes en el gasto social y en los servicios sociales que obligan a las mujeres y a las personas feminizadas a realizar esta labor gratuitamente en el hogar; la mercantilización de los aspectos más rentables del trabajo reproductivo social –cadenas de restaurantes, lavanderías, etc.– empleando, una vez más, mano de obra migrante barata.


-Podemos concluir que la explotación de clase, las opresiones de género y raza, forman una totalidad compleja en el capitalismo…


Hay mucho más que decir sobre estos procesos, la teoría de la reproducción social no lo explica todo, pero nos proporciona las herramientas teóricas para ver cómo fenómenos aparentemente desconectados tienen lugar en un contexto de relaciones sociales de producción y reproducción, que aprisionan la vida de las personas, limitan enormemente las opciones disponibles y organizan y restringen la temporalidad de nuestras vidas.


Por Josefina L. Martínez

CTXT

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Transforman bacterias del yogur griego en biocombustible

Una nueva técnica permite usar bacterias para convertir los azúcares y ácidos que quedan del yogur griego en moléculas que podrían usarse en biocombustibles o aditivos.

Para ser sostenible, hay que convertir las corrientes de desechos donde se producen; el estado de Nueva York es donde están las vacas y los productores de lácteos, donde la locura del yogur griego comenzó en Estados Unidos, con Chobani y FAGE, dice el autor principal Lars Angenent, ingeniero ambiental y microbiólogo en la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y la Universidad de Tübingen (Alemania).


Eso es mucho suero ácido que ahora mismo tiene que ser llevado a lugares lejanos para la aplicación terrestre, pero queremos producir productos químicos valiosos a partir de él, señala.


El suero residual de la producción de yogur griego se compone principalmente de lactosa de leche, fructosa de frutas y el producto de fermentación ácido láctico. Los investigadores usan bacterias para convertir esta mezcla en un extracto que contiene dos compuestos más útiles: ácido caproico (ácido n-hexanoico) y ácido caprílico (ácido n-octanoico), ambos ‘antimicrobianos verdes’ con los que se puede alimentar al ganado en lugar de antibióticos.
O, teniendo en cuenta las necesidades energéticas, el procesamiento adicional podría unir seis, siete y ocho carbonos centrales de las moléculas obtenidas en las cadenas de hasta los 14 necesarios para calificar como biocombustibles de ‘inyección directa’ para el combustible de aviación. Ambas opciones tienen atractivo económico y social.


Demanda ilimitada


“El mercado agrícola podría parecer más pequeño, pero tiene una gran huella de carbono y convertir el suero ácido en una materia prima que los animales pueden comer es un ejemplo importante de los ciclos cerrados que necesitamos en una sociedad sostenible –resalta Angenent. El mercado del combustible, por supuesto, opera a un precio menor, pero su demanda es prácticamente ilimitada.”


Tradicionalmente, suprimir el oxígeno mientras se alimentan los desechos biodegradables a los microbios resulta en la producción de gas rico en metano a través de la digestión anaeróbica. En cambio, los investigadores conectaron dos reactores de ‘cultivo abierto’, el primero ajustado para microbios amantes del calor, aficionados a temperaturas de 50 grados Celsius, y el segundo a una cifra más acogedora de 30 grados. Su estudio se publica en la revista Joule.


Después de sembrar cada reactor con un microbioma previamente estudiado y abrir la configuración al suero ácido y su propia rica variedad de bacterias (como la microbiota intestinal común de la familia Lactobacillus), el ácido capróico, el ácido caprílico y otros productos menores podrían extraerse continuamente durante un periodo de varios meses.

Viernes, 10 Noviembre 2017 06:37

Insurrecciones silenciosas

Insurrecciones silenciosas

 

Los grandes cambios comienzan siempre por pequeños movimientos invisibles para los analistas de arriba y para los grandes medios, como señala uno de los comunicados del zapatismo. Antes de que miles de personas ocupen las grandes alamedas suceden procesos subterráneos, donde los oprimidos ensayan los levantamientos que luego hacen visibles en los eventos masivos que la academia denomina movimientos sociales.

Esos cambios suceden en la vida cotidiana, son producidos por grupos de personas que tienen relaciones directas entre ellas, no son fáciles de detectar y nunca sabemos si se convertirán en acciones masivas. Sin embargo, pese a las dificultades, es posible intuir que algo está cambiando si aguzamos los sentidos.

Algo de esto parece estar sucediendo en países de América Latina. Un compañero brasileño consideró, durante un encuentro de geógrafos con movimientos sociales (Simposio Internacional de Geografía Agraria- SINGA), que en este país estamos ante una insurrección silenciosa. La intuición se basa en hechos reales. En el seno de movimientos sociales y en los espacios más pobres de la sociedad, las mujeres y los jóvenes, están protagonizando cambios, se están desplazando del lugar asignado por el Estado y el mercado.

Los verdaderos movimientos son aquellos que modifican el lugar de las personas en el mundo, cuando se mueven en colectivos y rasgan los tejidos de la dominación. En este punto, debe consignarse que no hay una relación directa o mecánica de causa-efecto, ya que en las relaciones humanas las predicciones no son posibles por la complejidad que contienen y por la interacción de una multiplicidad de sujetos.

En los últimos años pude observar esta tendencia de cambios silenciosos en el interior de varios movimientos. Entre los indígenas del sur de Colombia, grupos de jóvenes nasa y misak re-emprenden la lucha por la tierra que había sido paralizada por las direcciones, focalizadas en la ampliación de las relaciones con el Estado que les proporciona abundantes recursos. Algo similar parece estar sucediendo en el sur de Chile, donde una nueva generación mapuche enfrenta la represión estatal con renovadas fuerzas.

Entre los movimientos campesinos consolidados, donde existen potentes estructuras de dirección, mujeres y jóvenes están emprendiendo debates y propuestas de nuevo tipo, que incluyen la movilización y organización de las personas que se definen LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

Observamos también un creciente activismo en el seno de los movimientos tradicionales de militantes negros que construyen quilombos y palenques, incluso en las universidades, como puede apreciarse en las academias brasileñas y colombianas donde abren espacios propios.

Durante la escuelita nos explicaron que la mitad de los zapatistas tienen menos de 20 años, algo que pudimos apreciar. La participación de las mujeres jóvenes es notable. Quienes participaron en los encuentros de arte y ciencia convocados por el EZLN enfatizan esta realidad. En otros movimientos aparece la organización de niños y niñas con asambleas que excluyen a sus mayores.

Qué reflexiones podemos realizar sobre esta insurrección silenciosa, que abarca a toda la sociedad y de modo particular a los movimientos antisistémicos. Sin pretender agotar un debate incipiente, propongo tres consideraciones.

La primera es que las insurgencias en curso de las mujeres, de los pueblos negros e indígenas y de los jóvenes de todos los sectores populares, están impactando en el interior de los movimientos. Por un lado, están produciendo un necesario recambio generacional sin desplazar a los fundadores. Por otro, ese recambio va acompañado de modos de hacer y de expresarse que tienden a modificar la acción política hacia direcciones que, por lo menos quien escribe estas líneas, no es capaz de definir con claridad.

La segunda es de carácter cualitativo, estrechamente relacionada con la anterior. La irrupción juvenil/femenina es portadora de preguntas y culturas elaboradas en el interior de los movimientos, con sus propias características. Las mujeres de abajo, por ejemplo, no enarbolan el discurso feminista clásico, ni el de la igualdad ni el de la diferencia, sino algo nuevo que no me atrevo a conceptualizar, aunque hay quienes mencionan feminismos comunitarios, negros, indígenas y populares.

El deseo de los jóvenes zapatistas por mostrar sus músicas y danzas, es algo más que una cuestión artística, del mismo modo que sus preguntas sobre la ciencia. En algunos casos, como el mapuche o el nasa, se pueden observar cambios que, desde fuera, podemos valorar como una radicalización que no se focaliza sólo en las formas de acción política, sino también en la recuperación de tradiciones de lucha que habían sido casi abandonadas por sus mayores.

La tercera, y quizá la más importante, es que la irrupción de los abajos jóvenes y mujeres va perfilando otra concepción de revolución, que se aparta de la tradicional teoría de la revolución de cuño leninista. Aquí aparece otra cuestión: ¿cómo se hace política en clave quilombo/palenque? ¿Cómo es la política en clave mujer? No me refiero a la participación de las mujeres y los jóvenes de abajo en las estructuras ya existentes.

Las respuestas las darán los propios pueblos, que están abriendo caminos nuevos, aunque el analista de arriba siempre tiende a verlos con ojos y conceptos del pasado. Se trata de construir, más que de ocupar las instituciones existentes. Se van creando mundos nuevos o sociedades nuevas, si se quieren nombrar con los conceptos de antes: poderes propios, justicia propia en base, muchas veces, a tradiciones y en otras al sentido común de los pueblos; salud, educación y maneras de ocupar el espacio en base a lógicas no capitalistas.

El mundo, nuestro mundo, está cambiando de manera acelerada. Rechazar esos cambios, sería tanto como anular la capacidad transformadora que está enterrando el capitalismo y levantando un mundo nuevo sobre sus escombros.

 

 

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Repensar la revolución rusa más allá de íconos y efemérides

“En Rusia los maximalistas son los enemigos de los holgazanes. Son el aguijón para perezosos: han destruido hasta ahora todos los intentos de contener el torrente revolucionario, han impedido la formación de pantanos y de ciénagas que estancan. Por eso son odiados por las burguesías occidentales (...) que esperaban que al enorme esfuerzo de pensamiento y de acción que costó el nacimiento de la nueva vida, le siguiera una crisis de pereza mental, un repliegue de la actividad dinámica de los revolucionarios que fuera el principio de un definitivo ajuste del nuevo estado de cosas”. Antonio Gramsci


“Es cierto que en cada mitin decimos a los obreros y obreras: ‘¡Cread la vida nueva! ¡Construid! ¡Ayudad al poder los soviets!’. Pero tan pronto como la masa, tan pronto como un grupo de obreros y obreras asume nuestro llamamiento e intenta llevarlo a la práctica, alguno de nuestros órganos burocráticos, que se considera afectado, golpea en los dedos a esos iniciadores demasiado fogosos”. Alexandra Kolontai

“Una revolución no es un golpe de estado, no es una insurrección, no es una de aquellas cosas que aquí llamamos revolución por uso arbitrario de esta palabra.
Una revolución no se cumple sino en muchos años”. José Carlos Mariátegui


En la historiografía hegemónica -sea ésta conservadora, liberal o de izquierda- revolución y bolchevismo resultan sinónimos que se utilizan de manera indistinta para referirse al proceso vivido en Rusia hace 100 años. En este tipo de relatos se habla, incluso, de la “revolución bolchevique” de octubre de 1917. Lo mismo acontece con respecto al imaginario predominante en gran parte de la militancia partidaria y de muchas organizaciones del campo popular. El bolchevismo fue para todas ellas, para bien o para mal, la expresión unívoca de aquel proyecto transformador acontecido hace un siglo atrás, y las figuras casi excluyentes que lo lideraron pueden contarse con los dedos de las manos: Lenin, Trotsky, Bujarín y unos pocos más.


Si bien no restamos mérito a la corriente bolchevique -que por lo demás no era homogénea ni fue igual a sí misma desde su génesis hasta su eclipsamiento-, queremos resituarla en un contexto y realidad que la excedía con creces, y que tendió a ser opacada y hasta invisibilizada de manera explícita por aquellos relatos y lecturas que hicieron, del exclusivismo bolchevique, el prisma imponderable desde el cual reconstruir e interpretar al intrincado proceso revolucionario en Rusia. Ir más allá del bolchevismo y de sus figuras icónicas, creemos, permite explorar esas otras variantes, bifurcaciones, apuestas y alternativas que tuvieron encarnadura real y apoyo popular en algunas de las principales coyunturas y encerronas del proyecto emancipatorio vivido en los primeros años de la revolución.


Sin desmerecer las fechas que nos han legado efemérides ineludibles (atendiendo, por cierto, al calendario gregoriano, por el cual celebramos un 7 de noviembre lo acontecido el 25 de octubre), lo primero que deberíamos asumir es que, por definición, las revoluciones involucran complejos y prolongados procesos, multifacéticos y signados por diversas identidades, sujetos/as, dinámicas organizativas, repertorios de acción, realidades locales, regionales y nacionales, así como formas de opresión e insubordinación, que como tales jamás pueden ser reducidos a sucesos simplones ni a antagonismos binarios, por emblemáticos que éstos resulten. Es cierto que determinadas jornadas han fungido de síntesis o parteaguas en términos históricos, y han condensado una modificación sustancial de la relación de fuerzas entre las clases, grupos y proyectos en pugna en momentos particulares. No obstante, sería importante no acotar ni confundir un evento insurreccional clave -como el del 25 de octubre- con la revolución rusa en tanto proceso, y situar de nuevo a los personajes que se suelen absolutizar como héroes -hay que decirlo: tanto por derecha como por izquierda-, en el marco de un contexto más general, heterogéneo y colectivo, donde los y las protagonistas distan de ser individuales, y los proyectos emancipatorios, las apuestas organizativas y las estrategias de lucha exceden, con creces, a los formatos tradicionales que se encuentran arraigados en nuestro imaginario (por caso, los partidos políticos y la institucionalidad estatal).


Desde ya, no pretendemos restarles virtudes a aquellos “líderes” bolcheviques ni a sus instancias orgánicas, menos aún en la resolución de situaciones críticas como las vividas en octubre de 1917. Simplemente nos parece que resulta imperioso dotarlos de un rol un tanto más mundano y, de manera simétrica, otorgar una mayor centralidad a quienes supieron ser artífices anónimos/as y tras bambalinas de esa inédita y sumamente rica experiencia revolucionaria. Para decirlo en pocas palabras: disentimos tanto con quienes, desde un prisma liberal-conservador, leen estos acontecimientos en la clave de un “putsch” vanguardista o un golpe de estado autoritario; como con aquellos marxistas-leninistas que anclan la reconstrucción de los acontecimientos en la mera apología de los hechos consumados o en el exclusivismo bolchevique. Más allá de sus notables diferencias, ambos rascan donde no pica.


El propio Trotsky lanza al pasar, en una de las tantas reflexiones vertidas en su autobiografía, una hipótesis que nos resulta sugerente para enmarcar en esta dinámica más amplia y colectiva que proponemos, a la producción teórica de Marx y de Lenin: “Todo verdadero escritor -expresa- tiene momentos en que alguien más fuerte que él guía su mano”. En el caso de la extraordinaria coyuntura de las semanas previas a la insurrección de octubre, podemos conjeturar que lo que condiciona la escritura de Lenin en Finlandia -donde retoma el estudio riguroso de los clásicos del marxismo para abordar el problema del Estado y las tareas de la revolución- es la ascendente movilización de masas, que decide tomar las calles y forjar a diario iniciativas emancipatorias a lo largo y ancho de la convulsionada Rusia. Su centro de gravedad para teorizar es, por tanto, el estar adherido a esta inusitada realidad en curso, signada por una fase de intensificación de las luchas populares. A tal punto esto fue así que el libro quedó inconcluso como consecuencia del alegre “estorbo” del triunfo de la revolución. “En instantes como éstos -sugiere Trotsky- la conciencia teórica más elevada de la época, se fusiona con la acción directa de las capas más profundas, de las masas oprimidas más alejadas de toda teoría”. Podríamos complementar esta interpretación con las palabras del historiador Edward Thompson, quien nos advierte que “a medida que algunos de los principales actores de la historia se alejan de nuestra mirada -los políticos, los pensadores, los empresarios, los generales-, un inmenso reparto de actores secundarios, que habíamos tomado por meros figurantes en el proceso, ocupa el primer plano de la escena”.


No está de más recordar que La guerra civil en Francia, un texto que resultó fuente de inspiración libertaria y anti-estatal para aquel Lenin emigrado, fue en rigor un documento político redactado por Marx a pedido del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores (de hecho, sus integrantes fueron quienes firmaron como “autores” colectivos la primera edición de este material), con el propósito de brindar una lectura desde el punto de vista de la clase trabajadora, acerca de los sucesos ocurridos en París durante la instauración de la Comuna entre marzo y mayo de 1871, a tal punto que las diversas ediciones en inglés y en otras lenguas -por lo general como folleto- fueron vendidas entre los obreros a precios reducidos y se agotaron rápidamente. Asimismo, es interesante destacar que el interrogante teórico-práctico que obsesionó a Marx durante casi dos décadas (¿con qué sustituir al Estado burgués tras la conquista y destrucción del poder político a través de una revolución?), no pudo ser respondido por él en términos intelectuales o eruditos, sino que fueron las y los desposeídos parisinos que osaron “tomar el cielo por asalto”, quienes resolvieron este enigma y le enseñaron a Marx -a partir de su experiencia colectiva y sin receta alguna- la forma política “al fin descubierta” que debía asumir el autogobierno popular luego de la desarticulación del poder estatal y capitalista.


De manera análoga, podemos afirmar que la redacción -hace 100 años y en plena clandestinidad- de El Estado y la revolución por parte de Lenin, respondió no tanto a una necesidad o interrogante individual, como a una urgencia colectiva de aquellas masas que habían roto “las compuertas de la rutina social” y tenían a este militante como escriba y sistematizador de su pensamiento, en tanto clases populares con vocación auto-emancipatoria. Y tal como llega a admitir en aquellas mismas páginas de su autobiografía Trotsky, “los ‘dirigentes’ [las comillas son del original], acuciados por los propios acontecimientos, se limitaban a dar expresión a lo que respondía a las necesidades de las masas y a las exigencias de la historia”. Nuevamente, al igual que había ocurrido en París durante la experiencia de la Comuna, en Rusia fueron las propias masas quienes derribaron al régimen zarista e hicieron resurgir a los soviets como instancias de auto-organización, generando así una situación anómala de dualidad de poderes, que forzará a Lenin a profundizar en el estudio del Estado desde una perspectiva anticapitalista y de ruptura radical con el orden establecido, así como a la elaboración de una propuesta de transición al socialismo centrada en el protagonismo popular y en la progresiva superación de las relaciones de mando y obediencia.


En estos días de enorme agitación feminista, vale la pena también recordar que la revolución rusa de 1917 se inició un 8 de marzo en las barriadas obreras de Petrogrado, por iniciativa de trabajadoras que salieron a las calles a protestar en contra del zarismo y por la hambruna que padecían en sus hogares. Una huelga política de masas, liderada por mujeres y con consignas donde la centralidad estaba puesta en la dimensión reproductiva de la vida. Sí, en el mismo momento en que Lenin se encontraba exiliado en Zurich, balbuceando en cartas que ojalá sus nietos tuvieran la oportunidad de ver un proceso revolucionario en Rusia en algún futuro remoto, y Trotsky pasaba, también como emigrado, largas horas en la biblioteca de Nueva York estudiando la estructura económica de los Estados Unidos. De acuerdo a varias fuentes de la época, los representantes de los bolcheviques en territorio ruso trataron de calmar a las obreras que se preparaban para celebrar activamente el “día de la mujer” previsto para esa jornada. Sin embargo, aquellas osadas brujas hicieron caso omiso y, al igual que otras tantas figuras anónimas e imperceptibles desde el escenario público del poder, resultaron ser las verdaderas tejedoras del inicio de la revolución. Y dicen las malas lenguas que, a partir de ese 8 de marzo, se forjó en sentido estricto esta fecha emblemática de movilización popular, por parte de las mujeres, a escala planetaria.


Marcel Liebman, uno de los más lúcidos historiadores de la revolución rusa, supo afirmar de manera irónica que “el movimiento de febrero de 1917 representa un enigma para quienes no pueden imaginar una huelga sin dirigente, ni una revolución sin tenebrosos jefes que dirigen en la sombra a las ‘muchedumbres-juguete’”. En estos días de conmemoración de los 100 años de la revolución rusa, no está de más insistir en la necesidad de cepillar a contrapelo este intrincado proceso del que tanto tenemos, aún hoy, que aprender. Desafiar, tal como propuso desde los estudios subalternos Ranahit Guha, la univocidad de la versión dominante que jerarquiza sujetos e instrumentaliza luchas, para re-escribir aquella historia (o mejor aún: el crisol de historias) de manera tal que se escuchen y visibilicen esas otras voces bajas u opacadas, y se reintegren en el marco de una narración más variopinta y plural, donde la cronología -“vaca sagrada de la historiografía”, al decir de Guha- sea sacrificada en el altar de un tiempo más caprichoso y cíclico que lineal u homogéneo.


Por ello, además de descolonizar y despatriarcalizar los relatos y tradiciones hegemónicas en torno a la revolución rusa, y de revitalizar desde una epistemología militante “cualquier brote de iniciativa autónoma de inestimable valor para el historiador integral”, lo fundamental es no vislumbrar a Lenin ni al sin fin de grandes estrategas de la emancipación (desde el propio Marx a Gramsci y Rosa Luxemburgo, de Mariátegui y Amilcar Cabral al Che Guevara) como iluminados/as y sabelotodos/as que esclarecieron y guiaron a organizaciones y pueblos “ignorantes”, carentes de conciencia por sí mismos/as y meros/as ejecutantes de una estrategia que les era incorporada “desde afuera”. Si bien en todos los casos tuvieron un papel destacado en sus respectivos procesos revolucionarios, vale la pena recordar una de las tesis sobre Feuerbach escrita precisamente por el joven Marx, que critica aquellas lecturas unidireccionales que olvidan que “el educador a su vez debe ser educado”.


De ahí que quizás sea más equilibrado afirmar que fue la praxis colectiva y el devenir histórico-político dentro del cual se situaron con creatividad y audacia en tanto aprendices-sistematizadores/as (o educadores/as-educandos), lo que les permitió destacarse como dirigentes e intelectuales revolucionarios/as a cada uno/a de ellos/as en los proyectos donde intervinieron, por lo que resulta imprescindible resituar -comenzando por el propio Lenin- tanto sus liderazgos como los aportes teórico-prácticos que han generado, en el marco de procesos y sujetos de carácter colectivo, así como en función de una constelación de luchas e iniciativas emancipatorias, que constituyeron las verdaderas escuelas en la que se forjaron como intelectuales orgánicos/as de los pueblos.


El estancamiento del pensamiento crítico y la dogmatización han sido un peligro constante en los diferentes proyectos revolucionarios encarados por las fuerzas de izquierda, y hoy cobra nuevos bríos como tendencia en la actual coyuntura que vivimos. Acudir a autores/as, corrientes, matrices de análisis e itinerarios de trastocamiento del orden social y político, que en algún contexto u época diferente quizás prosperaron o resultaron viables para caracterizar y transformar otra realidad, resulta un ejercicio militante imprescindible, siempre y cuando no nos ahorre el ejercicio de pensar y actuar con cabeza propia, a partir del estudio riguroso y situado de nuestros territorios y desde el tiempo histórico que pretendemos revolucionar.


Como es sabido, la historia no se repite salvo como tragedia o como farsa. Por ello, frente al seductor recetario de manuales y esquemas abstractos en estos momentos sombríos donde prima el desconcierto y el desarme teórico, el planteo de Mariátegui de no calcar ni copiar constituye un faro estratégico, desde ya sin que esta consigna implique partir de cero, pero sí cepillando a contrapelo y asumiendo la necesaria revitalización crítica de los aportes que podamos recuperar de la revolución rusa. Entre ellos, quizás uno de los más actuales sea su apuesta por quebrantar los límites de lo posible a través de un radical proceso de desnaturalización de las relaciones sociales y las formas de concebir la realidad, que permitió no sólo la demolición del orden dominante desde sus cimientos mismos, sino también la edificación de novedosos organismos de autogobierno popular y proyectos emancipatorios asentados en la auto-activación de las masas, y que apuntaron a una profunda transformación, en el aquí y ahora, de todas las dimensiones de la vida cotidiana.


Desde esta perspectiva, la revolución resultó ser, más que un mero evento político dinamizado por un reducido número de núcleos “conscientes”, un trastocamiento integral de todo lo existente; algo así como un arcoíris o remolino de revoluciones, gestado desde abajo y a partir de la creciente articulación de un poder popular territorial enhebrado desde ya por los soviet, pero también por comunidades, movimientos, cooperativas, redes, asociaciones, consejos, comités, escuelas, grupos artísticos, círculos, comunas, células, sindicatos, colectivos, frentes, partidos, clubes, brigadas, destacamentos y demás plataformas, forjadas todas ellas al calor de un sinfín de identidades y luchas subalternas. Entre esta maraña de espacios de auto-organización, podemos mencionar a modo de ejemplo una de las experiencias más interesantes y menos conocidas: el Proletkult (abreviatura de Cultura Proletaria). Nacido semanas antes de la insurrección de octubre para aportar a la creación de una nueva cultura, este heterogéneo movimiento supo concebir a la educación y al arte como potentes fuerzas sociales para gestar y expandir “elementos de socialismo en el presente”, y llegó a contar al poco tiempo con cerca de 1400 secciones locales, decenas de miles de activistas desperdigados en las principales ciudades, y alrededor de medio millón de adherentes en todo el país, casi la mitad cantidad que ostentaba en ese entonces el Partido Comunista.


Ludovico Silva, uno de los intelectuales venezolanos más potentes para formarnos de manera des-manualizada, solía decir que “si los loros fueran marxistas, serían marxistas ortodoxos”. Por cierto, es sobre la base del análisis concreto de nuestra realidad específica -en la que finalmente actuamos e intervenimos a diario- que podemos traducir y (re)elaborar conceptos, rumbos de acción e ideas, así como construir una estrategia revolucionaria acorde a los desafíos que nos depara nuestro presente. No se trata, en suma, de “aplicar” esquemas o categorías prefabricadas, ni de concebir al marxismo como un sistema acabado o un conjunto de verdades irrefutables, sino de recrear sus presupuestos y basamentos, a partir de su confrontación con la cada vez más compleja realidad en la que estamos inmersos. No para transitar un itinerario imposible de replicar, sino para ensayar nuevos proyectos emancipatorios que nos permitan conquistar, esta vez de manera definitiva, el cielo por asalto, tal como supieron hacerlo -hace un siglo atrás y sin libreto alguno- esas apasionadas multitudes en las calles de aquella inmensa escuela a cielo abierto que fue Rusia.

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El pensamiento de Zygmunt Bauman en 12 frases

En la modernidad líquida, lo que antes era duradero, religión, empleo y relaciones, pasa a ser efímero


Durante su larga vida, Zygmunt Bauman dejó grandes frases que definen su pensamiento (Pedro Madueño)


Con la muerte de Zygmunt Bauman (Poznań, Polonia,1925 – Leeds, Reino Unido, 2017), se apaga una de las voces que mejor supo definir el cambio de los tiempos y la revolución social y cultural que supuso el siglo XX. La amplia obra del sociólogo polaco estuvo marcada por el término modernidad líquida, que Bauman acuño y que fue utilizado y compartido por muchos autores posteriormente.


La sociedad líquida que conceptualizó Bauman define el actual momento histórico en el que se han desvanecido las instituciones sólidas que marcaban nuestra realidad y se ha dado paso a una realidad marcada por la precariedad, el ritmo cambiante e inestable, la celeridad de los acontecimientos y la dinámica agotadora y con tendencia al individualismo de las personas.


Durante su larga vida, Zygmunt Bauman dejó grandes frases que definen su pensamiento. Estas son algunas de las más célebres:


1- “La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido.”


2- “No hay modernización (y, por tanto, tampoco forma de vida moderna) sin una masiva y constante producción de basura, entre ella los individuos basura definidos como excedentes.”


3- “Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.”


4- “La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir.”


5- “Todas las medidas emprendidas en nombre del «rescate de la economía» se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres.”


6- “Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño.


7- “La suya es una sociedad de clases, señora, y la suya también, señor, y ténganlo muy en cuenta, si no quieren que su amnesia termine en terapia de choque. También es una sociedad capitalista y accionada por el mercado, uno de cuyos atributos es el ir dando trompicones de una depresión/recesión a otra. Como es una sociedad de clases, reparte los costes de la recesión y los beneficios de la recuperación de forma desigual, aprovechando cualquier ocasión para dotar de mayor firmeza a su columna vertebral: la jerarquía de clases.”


8- “El amor es la supervivencia del yo a través de la alteridad del yo.”


9- “Si no existe una buena solución para un dilema, si ninguna de las actitudes sensatas y efectivas nos acercan a la solución, las personas tienden a comportarse irracionalmente, haciendo más complejo el problema y tornando su resolución menos plausible.”


10- “El único significado que acarrea el término ‘clase marginal’ es el de quedar fuera de cualquier clasificación significativa.”


11- “Cuando una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Y esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con el trabajo y con el estilo de vida en un sentido amplio.”


12- “La vida social ya se ha transformado en una vida electrónica o cibervida.”

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Viernes, 06 Enero 2017 09:10

El poder de abajo

El poder de abajo
Es inédito en América Latina que decenas de pueblos y naciones indígenas decidan dotarse de un gobierno propio. La reciente decisión del quinto Congreso Nacional Indígena (CNI) de crear un Concejo Indígena de Gobierno, luego de la consulta y aprobación por 43 pueblos, que se propone gobernar este país, tendrá hondas repercusiones en el país y el mundo.

 


Como señala el comunicado ¡Y retembló!, estamos ante decenas de procesos de transformación radical, de resistencias y rebeldías que constituyen el poder de abajo, que ahora se expresará en el Concejo de Gobierno. De manera simultánea, el organismo tendrá como vocera una mujer indígena, que será candidata independiente en las elecciones de 2018.


Es el modo que los pueblos encontraron para que la indignación, la resistencia y la rebeldía figuren en las boletas electorales de 2018. De ese modo pretenden sacudir la conciencia de la nación, para desmontar el poder de arriba y reconstituirnos, ya no sólo como pueblos, sino como país. El objetivo inmediato es parar la guerra, crear las condiciones para organizarse y superar colectivamente el miedo paralizante que provoca el genocidio de arriba.


En la parte final el comunicado destaca que quizá esta sea la última oportunidad como pueblos originarios y como sociedad mexicana de cambiar pacíficamente y radicalmente nuestras propias formas de gobierno, haciendo que la dignidad sea el epicentro de un nuevo mundo.


Hasta ahí, a grandes rasgos, la propuesta y el camino para hacerla realidad. Desde la distancia llama la atención que los debates desde el pasado mes de octubre se hayan centrado en la cuestión de la vocera indígena como candidata en las elecciones de 2018, dejando de lado un tema fundamental que, creo, es la conformación del Concejo Indígena de Gobierno. Es evidente que no se puede entender la nueva cultura política que encarnan el CNI y el EZLN con las anteojeras de la vieja cultura, centrada en discursos mediáticos y en las elecciones como forma casi única de hacer política.


Que los pueblos indígenas de México decidan crear un concejo de gobierno parece un asunto de la mayor importancia. Son pueblos y naciones que ya no serán gobernados por nadie más que por ellos mismos. Millones de hombres y mujeres establecen su autogobierno de forma coordinada, en un solo concejo, que los representa a todos y todas. Es un parteaguas para los indígenas, que tendrá repercusiones en toda la sociedad, como la tuvo el alzamiento del primero de enero de 1994.


Aquí es donde conviene hacer algunas aclaraciones ante las más disparatadas interpretaciones y, si estoy equivocado, adelanto mis disculpas. La cultura política que practican el zapatismo y el CNI consiste en promover el autogobierno de todos los sectores de la sociedad: rurales y urbanos, indígenas, campesinos, obreros, estudiantes, profesionales y todos los sectores que se quieran sumar. Nunca pretendieron gobernar a otros, no quieren suplantar a nadie. El mandar obedeciendo es una forma de gobierno para todos los oprimidos, que cada quien implementa a su modo.


El comunicado aclara que no pretenden competir con los políticos profesionales, porque no somos lo mismo. Nadie que conozca mínimamente el zapatismo, a lo largo de estos 23 años, puede imaginar que van a dedicarse a contar votos, a conseguir cargos en gobiernos municipales, estatales o federal. No se dedicarán a sumar ni a restar a las siglas electorales, porque van por otro camino.


En tiempos de guerra contra los de abajo, creo que la pregunta que se hacen el CNI y el EZLN es ¿cómo contribuir a que los más diversos sectores del país se organicen? No se trata de que ellos los organicen, esa es tarea de cada quien. Se trata de cómo apoyar, cómo crear las condiciones para que eso sea posible. La candidatura indígena va en esa dirección, no como juntavotos, sino como posibilidad de diálogo, para que otros y otras sepan cómo le hicieron.


La creación del Concejo Indígena de Gobierno es la muestra de que es posible autogobernarse; si millones de personas de pueblos y naciones pueden, ¿por qué yo no voy a poder en mi colonia, en mi barriada, donde sea? Si el levantamiento de 1994 multiplicó rebeldías, contribuyó a la creación del CNI y de múltiples organizaciones sociales, políticas y culturales, ahora puede suceder algo similar. No hay nada tan potente como el ejemplo.


Este año celebramos el centenario de la Revolución de Octubre. La obsesión de los bolcheviques y de Lenin, que puede corroborarse en el maravilloso libro de John Reed Diez días que estremecieron al mundo, es que todos se organizaran en soviets, aun los que hasta ese momento los combatían. Llamaban incluso a los cosacos, enemigos de la revolución, a crear sus soviets y enviar delegados al congreso de toda Rusia. La revolución no se hace, sino se organiza, decía Lenin. Independientemente de lo que se piense sobre el dirigente ruso, la afirmación es el núcleo de cualquier lucha revolucionaria.


El tránsito de la indignación y la rabia a la organización, sólida y persistente, es la clave de cualquier proceso de cambios profundos y radicales. Rabia sobra en estos momentos. Falta organizarla. ¿Podrá la campaña de 2018 convertirse en un salto adelante en la organización de los pueblos? Nadie puede responderlo. Pero es una oportunidad de que el poder de abajo se exprese de las más diversas formas, incluso en actos y papeletas electorales, porque la forma no es lo esencial.


Reflexionando sobre los críticos, que no son pocos, en vez de acusar al CNI y al EZLN de divisionistas, podrían reconocer su enorme flexibilidad, siendo capaces de incursionar en terrenos que hasta el momento no habían tanteado y, de hacerlo, sin bajar banderas, manteniendo en alto los principios y objetivos. Los meses y años venideros serán decisivos para delinear el futuro de las oprimidas y oprimidos del mundo. Es probable que en pocos años valoremos la formación del Concejo Indígena de Gobierno como el viraje que estábamos esperando.

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¿Cómo debe ser ese populismo de izquierdas?

 

Los estrategas y asesores del Partido Laborista británico quieren relanzar la figura de Jeremy Corbyn, y son muchos los que apuestan por una estrategia populista de izquierdas para el nuevo año. El partido busca subirse a la ola antiestablishment del Brexit y recortar su desventaja con los conservadores.


Se espera que Corbyn aparezca más frecuentemente en televisión y un nuevo equipo de asesores trabaja en la formulación de políticas insignia que enfaticen su voluntad de liderar una revuelta contra los intereses establecidos. Aquí, el análisis de políticos y especialistas.


Yanis Varoufakis

Exministro de Finanzas de Grecia. Antes de entrar en política era profesor de Economía en la Universidad de Texas.


"La cuestión no es si Corbyn puede ser populista, es si puede hacerse popular"


The Sun y William Shakespeare. Ambos son populares pero solo uno es populista. Igual que Shakespeare, Jeremy Corbyn no puede convertirse en un populista, la cuestión es si puede convertirse en popular. Que se necesita algún tipo de cambio de imagen me parece correcto, pero es pura maldad describir este cambio como un viraje hacia el populismo.


Cuando obtuve la más amplia mayoría parlamentaria en las elecciones generales griegas hace dos años, yo también fui tildado de populista. Para el establishment, cualquiera que obtenga buenos resultados electorales desafiando a sus hijos e hijas favoritos es tachado de populista. Pero esto, demasiado a menudo, absuelve a los verdaderos populistas. Un populista promete todo a todo el mundo, al mismo tiempo que abusa de las creencias irracionales y miedos del electorado.


Por el contrario, cuando me presenté para el parlamento cité a Winston Churchillal prometer “sangre, sudor y lágrimas” como el precio de nuestra liberación de la deuda que nos esclaviza y de la oligarquía griega. En términos económicos, no prometí ni un solo euro a nadie que ganase más de 700 euros al mes. El resultado de las elecciones demostró que los políticos contra el establishment pueden ganar popularidad evitando el populismo.


El reciente auge del populismo se debe al estúpido manejo por parte del establishment de una crisis que él mismo causó. Los populistas necesitan al establishment para seguir siendo relevantes y el establishment depende del miedo a los populistas para mantenerse en el poder. La oposición verdadera está entre los progresistas como Corbyn o el interminable mecanismo de retroalimentación entre establishment y populismo.


La clave para el éxito es el respeto universal a las preocupaciones de aquellos que se sienten débiles, abandonados y marginados. La gente pobre blanca no debe sentir que nos preocupamos menos por ella que por las minorías étnicas o la comunidad LGTB. Si lo hacemos, los podemos convencer de que la inmigración no es el problema y de que la xenofobia no es la solución. Pero esto requiere también un proyecto económico que rompa con la austeridad y asegure los recursos necesarios para financiar no solo a los innovadores que producirán la siguiente aplicación de éxito, sino también a los trabajadores olvidados que limpian las alcantarillas, ponen las vías de tren y lavan las sábanas sucias de nuestros hospitales.


Chantal Mouffe

Profesora de Teoría Política en la Universidad de Westminster


"Una estrategia populista de izquierdas es la única forma de renovar la política radical"


La socialdemocracia está en crisis en toda Europa. En Francia, España, Italia, Alemania y Suecia, los líderes de los partidos de centroizquierda han sufrido importantes derrotas. Han perdido el apoyo de los sectores populares, que se sienten cada vez más atraídos por los partidos populistas de derechas.


¿Podrán los partidos socialdemócratas sobrevivir a esta crisis o deberíamos llegar a la conclusión de que su deriva no tiene solución? Esto último es lo que me incliné a pensar hasta hace muy poco, pero la elección de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista me ha dado la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes en Reino Unido. El reciente anuncio de que Corbyn va a adoptar una estrategia populista de izquierdas indica que ha entendido que esta es la única forma de renovar las políticas radicales.


Estamos viviendo un “momento populista” en el cual la forma tradicional de políticas de izquierda no es la adecuada para enfrentarse al reto político actual. Los sectores populares se sienten abandonados por los partidos que supuestamente deberían defender sus intereses. En este sistema, una vez aceptado el dogma de que no existe alternativa a la globalización neoliberal, las demandas de aquellos perjudicados por sus consecuencias solo pueden ser vistas como arcaicas y obsoletas.


Negarse a reconocer el carácter democrático de estas demandas y la necesidad de abordarlas ha dado la posibilidad a los populistas de derechas de formularlas en un lenguaje xenófobo. La única forma de frenar su auge es utilizar un discurso capaz de dar una respuesta progresista a esas demandas, articulándolas con las otras demandas democráticas que existen en la sociedad. El objetivo es la creación de una “voluntad colectiva” que podría movilizar los esfuerzos colectivos hacia la igualdad y la justicia social. Esa es la naturaleza de un proyecto populista de izquierdas. Si Corbyn es capaz de mover al Partido Laborista en esa dirección, las consecuencias para toda la izquierda europea pueden ser incalculables.

 

Aditya Chakrabortty

Columnista de Economía en the Guardian


"Jugar al populismo es ridículo"


Jeremy Corbyn debe hacer algo más que jugar al populismo. En un artículo para London Review of Books, Jan-Werner Müller, una de las mayores autoridades en populismo, argumenta que, mientras todos los populistas declaman contra las élites, no todos los antielitistas son populistas. “Aquellos que trazan una vaga equivalencia entre Bernie Sanders y Donald Trump no logran reconocer que los populistas no se quedan en las críticas a Wall Street y la globalización.


En su lugar, los populistas reivindican que ellos y solo ellos hablan en nombre de lo que tienden a llamar 'el pueblo real' o 'mayoría silenciosa'... Los populistas acusan a todos sus rivales políticos de no ser legítimos... Lo llevan a lo personal”. Trump prometió encarcelar a la “corrupta Hillary” a pesar de formar un gobierno en el que los 17 miembros nombrados hasta ahora tienen más dinero que un tercio de todas las familias estadounidenses juntas. Populismo al estilo estadounidense.


Entonces, ¿qué es el populismo en manos de los nacionalistas xenófobos ingleses? Es no decir ni una palabra cuando the Daily Mail llama a los jueces independientes “enemigos del pueblo”. Es imitar a Nigel Farage y afirmar que los votantes a favor del Brexit son “la gente decente”. Es enviar autobuses para pedir a los inmigrantes que “se vayan a casa”.


Puede que los soñadores pretendan que el populismo de izquierdas sea algo radicalmente diferente, pero la historia reciente nos revela lo contrario. Apuesto a que vosotros también os acordáis de Gordon Brown sin parar de hablar de “trabajos británicos para trabajadores británicos”, de Ed Miliband promocionando las tazas antiinmigración y, sí, Miliband, un intelectual formado en Harvard y Oxford, afirmando con su acento inglés pijo que no sentía sino “respeto” hacia los conductores de furgonetas blancas (en referencia a la clase obrera británica). Lo único que probó es que nunca había visto a nadie conduciéndolas.


Estos intentos de estilo populista nunca han tratado el problema que sigue acosando al Partido Laborista. Como muchos otros partidos socialdemócratas en los noventa y a principios de los 2000, el Partido Laborista abrazó las desigualdades que caracterizan al neoliberalismo, solo para descubrir que había hecho estallar por los aires su base electoral.


Jugar al populismo es ridículo cuando la amenaza existencial a los laboristas es cómo conseguir representar a una clase trabajadora hecha añicos y a una clase media camino de la desaparición. ¿Un partido de izquierdas convencional que rompe con el centrismo estúpido de los últimos 20 años? Lo apoyo por completo. ¿Una oposición que por fin reconozca que nuestro fracasado modelo económico es un fracaso? Excelente. ¿Pero un líder laborista que juega al mismo juego táctico y retórico que Trump o Farage? ¡Por favor! Tanto Reino Unido como el Partido Laborista están en un hoyo demasiado grande para semejantes tonterías.


Maya Goodfellow

Escritora e investigadora, centra sus estudios en política británica, género y raza.


"Construir un nuevo mensaje populista que rechace el discurso contra la inmigración no será fácil"


El populismo en Reino Unido se ha convertido en sinónimo de políticas de extrema derecha y contra la inmigración. Mientras el país se dirige a trompicones hacia el Brexit, los que una vez fueron entusiastas representantes pro europeos están tirando la libertad de movimiento por la borda en una apuesta desesperada para demostrar a la gente que entienden sus “preocupaciones legítimas” sobre la inmigración. En este ambiente, parece prácticamente imposible imaginar una política que desafíe esta tendencia, pero eso es precisamente lo que los laboristas tienen que hacer.


La palabra “populista”, regularmente difundida en los análisis políticos, va mucho más allá que Nigel Farage y su xenofobia. Debería significar situarse del lado del pueblo y contra las élites. No hay razón por la que el populismo tenga que ser xenófobo, especialmente cuando son las élites (económicas, sociales y políticas), no los inmigrantes, los causantes de los problemas de este país.


Una de las razones por las que ha florecido el populismo xenófobo es porque no ha habido una contranarrativa de los laboristas. Mucho antes del Brexit, el Partido Laborista defendió políticas de asilo extremadamente rigurosas, mientras Ed Miliband prometía tomar medidas drásticas contra los inmigrantes que pedían ayudas sociales, a pesar de que el número de inmigrantes que lo hacía era minúsculo. El partido se ha estado haciendo eco de parte del mensaje populista de derechas durante demasiado tiempo.


Es una táctica que ha demostrado ser un fracaso y que legitima las políticas contra la inmigración. En su lugar, el Partido Laborista debería liderar el tratamiento de los problemas para los que se utiliza la inmigración como tapadera: miedos por un mercado laboral inseguro, un mercado inmobiliario prohibitivo y un sentido de comunidad en decadencia. Eso supone dejar de dirigir la culpa hacia los inmigrantes y elaborar una estrategia explícitamente antixenófoba, porque el sentimiento racista no puede ser solo reducido a cifras económicas.


Desarrollar un mensaje populista que rechace cualquier forma de racismo no será fácil. Pero dado el vertiginoso auge de los crímenes de odio y elevado coste económico de frenar la inmigración, cualquier otra estrategia sería profundamente irresponsable.


Traducido por Javier Biosca Azcoiti

 

 

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Sábado, 26 Noviembre 2016 07:11

Transgénicos 2.0: hora de parar

Transgénicos 2.0: hora de parar

Cuando el Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB) instale su conferencia global (COP 13) del 4 al 17 de diciembre en Cancún, con delegados de 194 países, tendrá en su mesa una serie de temas de enorme relevancia, algunos muy polémicos y muchos que reclaman atención urgente. (http://tinyurl.com/zl976jn) Un punto que reúne todas esas condiciones es la biología sintética y, dentro de ella, los llamados "impulsores genéticos": nuevas formas de ingeniería genética para manipular especies silvestres, que podrían eliminar o afectar seriamente poblaciones enteras, con impactos transfronterizos e impredecibles en los ecosistemas. (http://tinyurl.com/zkz86hg)

Monsanto, DuPont y muchas otras trasnacionales agrícolas, farmacéuticas y de energía tienen gran interés e inversiones en esto. En el caso de Monsanto, los dueños de la patente de la tecnología base (CRISPR-Cas9) le hicieron firmar que no la usará para desarrollar "impulsores genéticos", por los altos riesgo que implican. (http://tinyurl.com/gnao5vq)

La biología sintética abarca una serie de nuevas biotecnologías para la construcción artificial de secuencias genéticas, la alteración del metabolismo de microorganismos para hacerlos producir sustancias como principios activos farmacéuticos o cosméticos y hasta la construcción de organismos vivos completamente sintéticos, que el CBD llama "organismos sintéticamente modificados" (OSM). Conlleva nuevos impactos ambientales, a la salud y socio-económicos, ya que la mayoría de las sustancias que se busca sustituir con biología sintética –como vainilla, azafrán, vetiver, patchouli, aceite de coco, stevia, artemisina– son producidas por comunidades campesinas e indígenas en países del Sur. La industria de la biología sintética amenaza sus pequeñas fuentes de ingreso que les permiten sobrevivir y seguir cuidando la biodiversidad de campos y bosques. La industria presenta sus sustancias, que son excretadas por microbios manipulados, alimentados en tanques con azúcares transgénicas y de trabajo semi-esclavo, como "naturales". Los consumidores no tienen idea de qué se trata, pero al etiquetar "naturales" las industrias obtienen mejor precio y de paso compiten, no con las versiones sintéticas baratas de fragancias y saborizantes, sino con las verdaderamente naturales producidas por campesinos.

El CBD alberga el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad (que regula movimientos transfronterizos de transgénicos) y el Protocolo de Nagoya sobre acceso a recursos genéticos y participación en los beneficios derivados de su uso. Ambos protocolos deben revisar sus normas, porque la biología sintética plantea impactos y temas no previstos. Por ejemplo, que con biología sintética se reproduzcan secuencias de plantas u otros organismos, cuya información genética se bajó de Internet, sin pasar por ninguna autorización de acceso. Además, el Convenio en totalidad debe pronunciarse sobre los impactos socio-económicos y sobre cómo seguir considerando el tema de la biología sintética, incluyendo la papa caliente de los "impulsores genéticos", con altos riesgos e intencionalmente diseñados para tener alcances transfronterizos y globales.

Los impulsores construidos con ingeniería genética (gene drives por su nombre en inglés) son tan nuevos, que no existían cuando el CDB sostuvo su conferencia anterior en 2012. Se trata de una forma de "engañar" a las leyes de la herencia de las especies de cruzamiento sexual, sean plantas, insectos, animales o humanos. Normalmente, cada progenitor trasmite 50 por ciento de la información genética a su descendencia. Con impulsores genéticos, la meta es que el gen transgénico pase a 100 por ciento de la progenie, y que se distribuya mucho más rápido a toda la población.

La idea de "asegurar" que toda la herencia de un organismo mantenga una alteración genética existía desde antes, pero sólo con CRISPR-Cas9 se pudo hacer realidad. Se conocen pocos experimentos en laboratorio, con mosquitos, moscas y ratones, de dos equipos de investigadores de Estados Unidos. Kevin Esvelt, uno de los científicos que crearon los impulsores genéticos, ha advertido repetidamente que no se deben liberar al medio ambiente, porque su impacto intencional o accidental pueden ser catastrófico. Incluso para investigación, no existen instalaciones ni protocolos adecuados, ya que cualquier liberación accidental podría comportarse, en palabras de otro de sus inventores, como una "reacción mutagénica en cadena".

La tecnología CRISPR-Cas9 es como "un GPS con un par de tijeras". El GPS está diseñado para encontrar una secuencia genética y las tijeras (Cas9) para cortarla. Pero esas "tijeras" siguen activas en el organismo, por eso cuando se cruzan, cortan la información del otro progenitor y la sustituyen con la manipulada. Si se diseña para eliminar los genes que determinan el sexo femenino (es la intención en la mayoría de experimentos conocidos), quedarían sólo machos y la especie podría extinguirse. Esto no tiene en cuenta la complejidad dinámica de la naturaleza y las especies y puede ser que no funcionen como prevén las empresas. Pero sin duda causarán, como mínimo, graves problemas de desarreglos genéticos en poblaciones. ¿Se puede dejar una tecnología tan poderosa en manos de Monsanto y afines? ¿Quién puede tomar la decisión de eliminar –o intentar hacerlo– una especie entera? Por ejemplo, para Monsanto, el amaranto es una "plaga". El tema es tan grave que está incluso en la agenda de la Convención sobre Armas Biológicas. Ahora está en manos del CBD asumir el principio de precaución que está en su constitución y evitar que esta tecnología se pueda liberar. Más información sobre este y otros temas durante la COP 13: www.etcgroup.org

*Investigadora del Grupo ETC

“La mayoría de universidades del mundo van a desaparecer”

El experto en innovación y miembro de Singularity University, la universidad de Silicon Valley, cree que la certificación ya no es útil



Cuando David Roberts era pequeño, su padre le contó que Thomas Edison había hecho mucho más por la humanidad con el descubrimiento de la bombilla que cualquier político en la historia. Esa idea marcó su camino. Roberts es uno de los mayores expertos en tecnología disruptiva del mundo y también uno de los rostros más conocidos de Singularity University, la universidad de Silicon Valley creada en 2009 con el apoyo de la NASA y de Google.


Roberts considera que el negocio de las universidades tiene los días contados y que solo sobrevivirán aquellas que tengan una gran marca detrás. Singularity University ha roto con el modelo de certificación; no expide títulos ni existen los créditos. Su único objetivo es formar líderes capaces de innovar y atreverse a romper las normas para alcanzar el ambicioso reto que se ha marcado la universidad desde su creación. Sus alumnos están llamados a utilizar la tecnología para resolver los 12 grandes desafíos del planeta: alimentar a toda la población, garantizar el acceso al agua potable, la educación para todos, la energía sostenible o cuidar el Medio Ambiente, entre otros. Todo en menos de 20 años.


Roberts atiende a EL PAÍS en la Oslo Innovation Week, un encuentro organizado por el gobierno noruego estos días para detectar las nuevas tendencias en innovación que están transformando la economía.


Pregunta. En Singularity University (SU) los cursos no están acreditados. Eso quiere decir que están rompiendo con los títulos oficiales. Las universidades y los gobiernos hacen negocio con ello. ¿Creen que están dispuestos a cambiar el modelo?


Respuesta. No, no creo que estén abiertas a transformarse. Estos años estamos viendo la mayor disrupción de la historia en la educación y la mentalidad habitual ante estas transformaciones tan radicales suele ser la de pensar que lo anterior es mejor. Sucedió en el mercado estadounidense cuando llegaron los coches japoneses; eran más baratos y todos pensaban que de peor calidad, hasta que se demostró que eran mejores. Con la educación va a pasar lo mismo; las grandes universidades no quieren ofrecer sus contenidos online porque creen que la experiencia de los alumnos será peor, que no hay nada que pueda igualar el cara a cara con el profesor en el aula. Mientras ignoran la revolución que está sucediendo fuera, la experiencia de aprendizaje online irá mejorando.


Los programas académicos cerrados y la acreditación ya no tienen sentido porque en los cinco años que suele durar los grados los conocimientos se quedan obsoletos. Nosotros no ofrecemos grados ni créditos porque el contenido que enseñamos cambia cada año.


P. ¿Hay alguna plataforma de aprendizaje online que esté destacando sobre las demás?


R. Udacity. En 2011 el profesor de la Universidad de Stanford Sebastian Thrun, el mejor experto en Inteligencia Artificial de los Estados Unidos, se planteó impartir uno de sus cursos en Internet, gratis y para todo el mundo. Casi 160.000 estudiantes de más de 190 países se apuntaron y el porcentaje de alumnos que obtuvo una A (un sobresaliente) fue superior al de las clases presenciales. Thrun dejó Stanford y montó Udacity, donde ha desarrollado una metodología de enseñanza totalmente nueva. Además, ha creado un nuevo modelo de negocio: si terminas el curso a tiempo te devuelven tu dinero y si no consigues un trabajo tres meses después, también. ¿Te imaginas esto en una universidad tradicional? Las únicas universidades que van a sobrevivir son las que tienen una gran marca detrás, como Harvard o Stanford, o en el caso de España las mejores escuelas de negocios. Las marcas dan caché y eso significa algo para el mundo. El resto, van a desaparecer.


P. Uno de los programas que ofrece SU, el Executive Program, cuesta 14.000 dólares (unos 12.800 euros) y tiene una duración de seis días. Ese precio se aleja bastante de uno de sus retos: la educación accesible para todos.


R. La nuestra es una universidad excepcional. No se trata solo de adquirir información o aprender algo muy específico online, como sucede, por ejemplo, con Khan Academy. Nosotros vamos más allá. Ofrecemos una experiencia que cambia tu mentalidad, que transforma a la gente y cuando se marchan no vuelven a ser los mismos. A mí me sucedió. Unos años después del 11-S me puse a disposición del Gobierno y me incorporé como oficial de las fuerzas aéreas. Cuando escuché que querían crear una universidad para resolver los grandes problemas del mundo, tuve claro que participaría. Y lo hice; primero como alumno y después como vicepresidente y director del Global Solutions Program. Allí te das cuenta de que la vida es corta y de que puedes hacer cosas ordinarias o extraordinarias. Cuando estás en clase con otras personas, empiezas a darte cuenta del potencial que tienes, tu visión de ti mismo y de futuro cambia. No llegas a ese punto con el método habitual de recibir información únicamente.


Reconocido como uno de los mejores expertos en innovación disruptiva del mundo, David Roberts fue vicepresidente de Singularity University y director de su programa Global Solutions Program. Graduado en Ingeniería Informática por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), más tarde se especializó en Inteligencia Artificial e Ingeniería Bio-Computacional y cursó un MBA en Harvard Business School. Es presidente de la compañía de drones HaloDrop, de la primera empresa de software para ordenadores quantum 1Qbit y asesor de Made-In-Space, responsable de la creación del primer objeto fabricado con una impresora 3D para la Estación Espacial.


P. ¿Cuál es hoy es principal problema de la educación?


R. La educación se ha roto. Hemos enseñado a la gente de la misma forma durante los últimos 100 años y, como hemos crecido en ese sistema, creemos que es normal, pero es una locura. Enseñamos en las escuelas lo que los colonialistas ingleses querían que aprendiese la gente: matemáticas básicas para poder hacer cálculo, literatura inglesa... Hoy no tiene sentido. Tenemos que enseñar herramientas que ayuden a las personas a tener una vida gratificante, agradable y que les llene. Algunos son afortunados de tener unos padres que les ofrecen eso, pero la mayoría no. Los programas académicos están muy controlados porque los gobiernos quieren un modelo estándar y creen que los exámenes son una buena forma de conseguirlo. Otro de los grandes dramas es la falta de personalización en las aulas. Cuando un profesor habla, para algunos alumnos irá demasiado rápido, para otros muy despacio y para cuatro a la velocidad idónea. Luego les evalúan y su curva de aprendizaje no importa, les aceleran al siguiente curso. Hoy sabemos que si nos adaptamos a los diferentes tipos de inteligencias, el 98% de los alumnos obtendrán el mejor resultado.


P. ¿Qué materias deberían ser imprescindibles?


R. La idea de aprender mucho, solo por si algún día hace falta, es absurda. Quizás deberíamos sustituir la idea de educación por la de aprendizaje y permitir que la gente aprenda en tiempo real, según sus necesidades. El verdadero propósito de la escuela debería ser crear curiosidad, gente hambrienta de aprender, ahí es donde los profesores tienen que ser buenos. Las habilidades emocionales van a jugar un papel muy importante en la nueva economía. Pongo un ejemplo. Los conductores de Uber en Estados Unidos son puntuados por los clientes de uno a cinco. Si alguno de los conductores tiene menos de 4,6 o más de tres opiniones negativas, directamente se le saca de la plataforma. Lo mismo sucede con los usuarios, si tienen menos de 4,6, ningún conductor les recogerá. ¿Quién me enseña hoy a ser honesto, íntegro y a tener compasión?


P. Se ha hablado mucho de que en menos de 50 años los robots terminarán con la mayoría de trabajos. ¿Cómo será el nuevo mercado laboral?


R. Hace 50 años éramos granjeros. Todos estaban preocupados porque las máquinas nos quietarían el trabajo, era la única manera de ganar dinero: tener una granja y vender comida. Hoy las cosas cambian 50 veces más rápido; hace 20 años nadie sabía lo que era un desarrollador web y ahora hay miles, es muy fácil y cualquiera puede hacerlo. Todo el mundo se pregunta en qué trabajo seremos mejores que los ordenadores. En ninguno. Esa no es la pregunta correcta. Hay que plantearse qué tareas no queremos que hagan, aunque lo puedan hacer mejor. No los queremos como militares, ni como alcaldes, tampoco que decidan qué presos pueden abandonar la cárcel. Eso es lo que tenemos que enseñar a la gente a decidir.


P. ¿Cómo podemos estar seguros de que habrá trabajo para todos?


R. La cuestión que me preguntas es si el dinero va a ser más o menor importante en el futuro. Yo solía pensar que la evolución de la tecnología hace que los costes bajen y que la gente pague menos por los mismos servicios. Siguiendo esa predicción, se podría pensar que vamos a trabajar menos porque no necesitaremos tanto dinero y vamos a tener más ocio. Es incorrecto. El ser humano va a seguir creando productos excepcionales, como el iPhone; todo el mundo querrá uno. Tendremos que ser capaces de crear valor para generar dinero y poder comprar esas cosas. La realidad virtual, la impresión 3D, o la salud van a ser algunos de los campos que nos van a sorprender. El mundo seguirá girando alrededor del dinero, que es la energía para hacer cosas o cambiarlas. Esos nuevos inventos te inspirarán a trabajar para poder comprar.


P. La clave del éxito, ¿está en la confianza en uno mismo? ¿Se aprende eso en SU?


R. Como alumno, yo aprendí que una sola persona puede impactar positivamente a todo el planeta. Ese don no está reservado a personas especiales, sino a gente normal, como tú y yo. La gente se convierte en lo que piensa. ¿Qué potencial tiene un bebé? La mayoría de la gente responde que es ilimitado, pero si les preguntas sobre su potencial, no responderán lo mismo. Mi misión ahora es viajar por el mundo bajo la marca de Singularity University para mostrar a los gobiernos, empresas e instituciones que el poder para innovar está ahí, solo tienen que dar el primer paso: cambiar su mentalidad.


P. ¿Cree que los universitarios deben cambiar también su mentalidad?


R. Sí. La aspiración no debe ser que una empresa te contrate. Eso significa que te van a pagar menos de lo que mereces. No tenemos que enseñar cómo conseguir un trabajo, sino cómo crearlo.

 

Oslo 24 OCT 2016 - 20:17 COT