Oxfam: países ricos compran por adelantado 51% de vacunas contra Covid-19

Para una distribución equitativa del biológico, 156 naciones participan en la iniciativa Covax, dice la OMS

 

Pekín. Los países ricos, incluidos Estados Unidos, Reino Unido y Japón, han comprado más de la mitad del suministro esperado de la vacuna contra el Covid-19, informó ayer Oxfam, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que un total de 156 naciones (64 de ellas ricas, con excepción de Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el nuevo coronavirus, que ya ha afectado a 31 millones 8 mil 78 personas en el mundo y ha provocado 962 mil 343 muertes.

Los países ricos han comprado 51 por ciento de las dosis prometidas de las principales vacunas candidatas contra el Covid-19, a pesar de que representan sólo 13 por ciento de la población mundial, dijo la ONG benéfica contra la pobreza Oxfam, en un comunicado publicado en su sitio web.

Oxfam analizó cinco acuerdos contratados entre gobiernos y compañías farmacéuticas –AstraZeneca, Gamaleya/Sputnik, Moderna, Pfizer y Sinovac– que tienen la capacidad de producción combinada de 5 mil 900 millones de dosis.

Ya se han alcanzado acuerdos de suministro de vacunas por 5 mil 300 millones de dosis, de las cuales 2 mil 700 millones han sido compradas por países y territorios desarrollados, mientras los 2 mil 600 millones restantes han sido comprados o prometidos a países en desarrollo como India, China y Brasil, dijo Oxfam.

"El acceso a una vacuna que salve vidas no debería depender de dónde se viva o de cuánto dinero se tenga", dijo Robert Silverman, gerente de promoción del Departamento del Sector Privado de Oxfam América.

Enfoque común contra un desafío común

En tanto, 156 países (64 naciones ricas, excepto Estados Unidos y China) se sumaron a la iniciativa global Covax destinada a asegurar una distribución equitativa de las futuras dosis de una vacuna contra el Covid-19, señaló la alianza impulsada por la OMS.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, instó a "mover cielo y tierra" para "garantizar un acceso equitativo a las pruebas, diagnósticos, terapéuticas y futuras vacunas" e insistió en que el mundo "sólo puede salir de este desafío común con un enfoque común".

Por ello, reclamó apoyo para la iniciativa Covax, puesta en marcha junto con la Alianza de Vacunas Gavi y CEPI, que busca un esfuerzo común entre todos los países para que el biológico llegue a todos los países, también a los más pobres.

La meta de Covax es entregar 2 mil millones de dosis de una vacuna efectiva y segura para fines de 2021 en todo el mundo.

Por otra parte, al continuar el diferendo entre la OMS y Estados Unidos, la agencia de Naciones Unidas dijo ayer que no ha cambiado su política sobre la transmisión por aerosol del coronavirus, después de que los expertos de salud estadunidenses actualizaron sus lineamientos con una advertencia de que el Covid-19 puede propagarse a través de partículas en el aire.

Mike Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias de la OMS, indicó que haría un seguimiento con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos en las próximas 24 horas, después de que señalaron que el Covid-19 podría propagarse a través de partículas en el aire que pueden permanecer suspendidas y viajar hasta 1.8 metros.

"Ciertamente, no hemos visto ninguna evidencia nueva y nuestra posición al respecto sigue siendo la misma", afirmó en una sesión informativa.

El Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) dijo que 77 por ciento de los desplazados han perdido su fuente de ingresos desde que comenzó la pandemia.

En el estudio Espiral Descendiente, realizado en 14 países (Afganistán, Colombia, Irak, Kenia, Libia, Mali, Uganda, Venezuela, Somalia, República Democrática del Congo, Líbano, Jordania, Burkina Faso y Yemen), el CNR indica que cerca de tres cuartas partes de las mil 413 personas interrogadas señalan una clara degradación de su situación a causa de la crisis sanitaria.

Según este informe, 77 por ciento de ellas habían perdido el empleo o su salario se había reducido desde marzo, un porcentaje de 70 tuvieron que disminuir el número de comidas en casa y 73 por ciento afirman estar menos preparadas para llevar a sus hijos a la escuela debido a los problemas financieros.

Más de 200 personas dieron positivo a Covid-19 entre miles de solicitantes de asilo admitidos en un nuevo campamento para migrantes en la isla de Lesbos, Grecia, después de que el anterior se incendió.

En India, el emblemático Taj Mahal reabrió ayer sus puertas tras seis meses de cierre debido a la pandemia.

Estados Unidos tiene 199 mil 743 decesos y 6 millones 835 mil 13 casos de Covid-19, según la Universidad Johns Hopkins. América Latina registra 323 mil 894 fallecidos y 8 millones 759 mil 32 infectados por el virus, refirió Afp.

En Barcelona, cientos de médicos residentes comenzaron una huelga de tres días, en rechazo a la carga detrabajo y la precariedad laboral, reportó el diario El País. Los manifestantes se congregaron frente a la Maternitad de la capital de Cataluña, donde se encuentra la sede del Departamento de Salud.

"No es formación, es explotación", corearon los médicos residentes en su protesta en la que cuidaron la sana distancia y portaban cubrebocas.

"Se tira más de los residentes, porque somos la mano de obra barata", dijo uno de los participantes de esta protesta en la que rechazan, además, cargas laborales de hasta 60 horas semanales al considerar las guardias.

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Fósiles de pisadas animales en la superficie de Alathar, que se muestra a la derecha. Foto Afp

Las pisadas fueron descubiertas en un antiguo lago situado en lo que ahora es el norte de Arabia Saudita

 

Washington. Información paleoecológica de alta resolución obtenida de huellas fosilizadas, encontradas en un antiguo lecho de lago en el norte de Arabia, reveló que eran pisadas humanas y de animales de hace unos 120 mil años.

En lo que ahora es el norte de Arabia Saudita, un pequeño grupo de Homo sapiens se detuvo para beber y buscar comida en un lago poco profundo que también frecuentaban camellos, búfalos y elefantes más grandes que cualquier especie actual.

Los hallazgos, publicados en Science, representan la evidencia más temprana para los humanos en esta parte del mundo y muestran que sus movimientos y de los animales, así como el uso del paisaje, estaban muy relacionados.

Situada entre África y Eurasia, la península Arábiga es una región importante, pero poco estudiada para comprender la evolución humana en los continentes.

Una investigación reciente que destaca el papel de la península Arábiga en la prehistoria muestra que los humanos se dispersaron de forma repetida en el interior de la península en momentos en que sus desiertos se transformaban en exuberantes praderas. Sin embargo, la naturaleza y el momento de esas dispersiones siguen siendo difíciles de fechar, debido a la escasez de material datable.

Puede que los humanos cazaran a esos grandes mamíferos, pero no se quedaron allí mucho tiempo, y el lago sólo fue una parada en un viaje más largo.

Esa escena ha sido reconstruida por investigadores en un nuevo estudio publicado en Science Advances el miércoles pasado, a raíz del hallazgo de pisadas de humanos y animales en el desierto de Nefud que arrojan luz acerca de los caminos que recorrieron nuestros antepasados al salir de África.

La península Arábiga se caracteriza ahora por extensos y áridos desiertos que habrían sido inhóspitos para los primeros humanos y los animales que cazaban.

Sin embargo, las investigaciones de la pasada década mostraron que esa región no siempre fue así. Debido a variaciones climáticas naturales, tuvo unas condiciones mucho más verdes y húmedas en un periodo conocido como el último interglaciar.

La Arabia de esa época era más similar a las llanuras semiáridas de la actual sabana africana.

El principal autor del estudio, Mathew Stewart, del instituto alemán Max Planck de Ecología Química, señaló que las huellas fueron halladas durante el trabajo de campo de su doctorado realizado en 2017, tras la erosión de sedimentos superficiales en un antiguo lago apodado Alathar (el rastro, en árabe).

Las pisadas son una forma única de prueba fósil, porque aportan instantáneas de un momento, que representan generalmente unas pocas horas o días, información que no solemos obtener de otros registros, explicó.

Las huellas fueron fechadas utilizando una técnica llamada luminiscencia estimulada de forma óptica, que consiste en iluminar granos de cuarzo y medir la cantidad de energía que emiten.

Siete de los centenares de pisadas fueron identificadas como de humanos, incluidas cuatro que, dadas sus orientaciones similares, la distancia que las separaba y su diferencia de tamaño sugieren que eran de dos o tres personas que viajaban juntas.

Yanis Varoufakis: "El capitalismo no es compatible con la supervivencia humana"

La conferencia del exministro de Finanzas griego en la Internacional Progresista

El fundador del Movimiento Democracia en Europa 2025 llamó a denunciar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores". Convocó a un "nuevo acuerdo ecológico internacional" necesario para los tiempos venideros.

 

"El horizonte del postcapitalismo se está aclarando, pero resta saber si la economía postcapitalista será autoritaria y oligárquica o democrática y social", aseguró el exministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, quien fuera el encargado de abrir la primera cumbre virtual de la Internacional Progresista el viernes pasado. "¿Qué viene después del capitalismo?", fue la pregunta que operó como disparador de su potente alegato. Varoufakis llamó a los progresistas del mundo a identificar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores" para denunciarlas a través de estrategias creativas de resistencia. También desarrolló los lineamientos principales de un "nuevo acuerdo ecológico internacional" de carácter urgente y abogó por una profunda reforma del mercado de valores global.

Uno de los grandes impulsores de la Internacional Progresista fue el Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25), cuyo referente es el propio Varoufakis. Pero su carrera política en Grecia comenzó unos años atrás. En 2015 fue elegido diputado por la coalición de izquierda Syriza, y luego se desempeñó como ministro de Finanzas. Fue miembro del primer gabinete del gobierno de Alexis Tsipras, en momentos en que Grecia afrontó la renegociación de deuda más compleja de la región: su endeudamiento pasó del 91 por ciento del PBI en 2003 al 250 por ciento en 2015. Varoufakis lideró las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, hasta su renuncia el seis de julio de 2015, por diferencias irreconciliables con el gobierno griego, que se preparaba para un feroz ajuste.

Boicot a Amazon

La Internacional Progresista, aseguró Varoufakis, debe convocar a la solidaridad de los pueblos para enfrentar los excesos del capital privado. Como ejemplo de esa situación, el dirigente griego se refirió al caso de un ex empleado de Amazon, Chris Smalls, que en el mes de mayo organizó una huelga en las instalaciones de la compañía en Nueva York, en protesta por las desfavorables condiciones laborales en las que los trabajadores debían realizar sus tareas durante la peor etapa de la pandemia de coronavirus. "Smalls saltó momentáneamente a la fama cuando se reveló que, habiéndolo despedido, los ultra ricos y super poderosos directores de Amazon usaron una larga videoconferencia para difamarlo", planteó Varoufakis.

Aunque distintas figuras de relevancia se pronunciaron en defensa de Smalls, la exposición pública del gigante tecnológico no surtió ningún efecto. "Amazon emergió del confinamiento de 2020 más rico, más fuerte y más influyente que nunca. En cuanto a Chris, una vez que sus cinco minutos de fama se desvanecieron, fue despedido y denigrado", aseguró el economista de izquierda. Valiéndose de ese caso, planteó una estrategia: "Supongamos que pudiéramos convocar a personas de todas partes del mundo para que participen en jornadas de acción de los sindicatos a nivel mundial. Podríamos combinarlas con jornadas de inacción mundial, un día en el que no visitemos el sitio web de Amazon". Para Varoufakis ese podría ser un buen comienzo para "identificar y denunciar a las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores".

Un nuevo acuerdo verde

En otro tramo de su presentación, Varoufakis se preguntó por el plan que debería aglutinar a un movimiento progresista global. En ese sentido, llamó a planificar un "nuevo acuerdo ecológico internacional común". La lista de elementos que componen a ese nuevo acuerdo es extensa y a la vez urgente: pasar masivamente de los combustibles fósiles a las energías renovables; desarrollar transporte terrestre electrificado; disminuir sustancialmente la producción de carne; poner mayor énfasis en los cultivos de plantas orgánicas. "Todo esto va a costar al menos ocho billones de dólares al año", aseguró el docente de la Universidad de Texas.

Para destinar esos ocho billones a inversiones ecológicas, Varoufakis propuso la creación de una nueva Organización para la Cooperación Ambiental de Emergencia (OEEC por sus siglas en inglés), homónima de la original que, 75 años atrás, administraba las obras financiadas por el Plan Marshall en Europa. "Una de las principales diferencias con respecto a la década del 50 es que la tarea de hoy no es simplemente reconstruir, sino desarrollar nuevas tecnologías verdes, no volver a caer en industrias contaminantes. Ningún país por sí solo puede financiar la investigación y el desarrollo necesarios", planteó el exministro de Finanzas griego. 

La utopía postcapitalista

"La gran pregunta para todos los involucrados en esta magnífica iniciativa de la Internacional Progresista es cómo podemos organizarnos sin caer presos de los escollos habituales de la burocracia dentro de las organizaciones", expresó Varoufakis. Sobre este punto, aseguró que a veces no tener una respuesta es algo bueno, porque obliga a una solución colectiva e innovadora. "Los banqueros y los fascistas han encontrado respuestas. Está bien, es más difícil para nosotros progresistas porque tenemos una aversión natural a las jerarquías, a las invasiones del patriarcado y al paternalismo. Coincido con quienes dicen que el capitalismo no es civilizado, domesticado ni compatible con la supervivencia de la humanidad", manifestó.

Al respecto, Varoufakis trajo a colación lo que ocurrió hace aproximadamente un mes, el 12 de agosto, el día en que se supo que la economía británica había sufrido su mayor recesión en la historia, con más del 20 por ciento de caída del PBI durante el segundo trimestre de 2020. Minutos más tarde, la Bolsa de Londres subió un dos por ciento. "A los mercados financieros de todo el mundo les va bastante bien en un momento en que los trabajadores y el capital industrial están sufriendo masivamente. El mundo del dinero y las finanzas están desvinculadas del mundo de la producción", argumentó. El capitalismo se dinamitó hasta tal punto que tal vez ya entramos en lo que Varoufakis llama postcapitalismo, aunque no se trate del soñado por progresistas y socialistas del mundo.

Para Varoufakis hay un mercado del que el postcapitalismo debe prescindir para alcanzar un desarrollo verdaderamente progresista: el laboral. Pero, ¿puede funcionar una economía avanzada sin él? El economista griego entiende que sí, proponiendo convertir a cada empleado en un socio igualitario con la misma acción en la empresa o fábrica para la que trabaja: "El principio de un empleado, una acción, un voto. Enmendar la ley corporativa para convertir a cada empleado en un socio igualitario". El autor de Economía sin corbata entiende que esa idea es hoy en día "tan inimaginablemente radical como lo era el sufragio universal en el siglo XIX".

"Además de la democratización de las empresas, esto traería consigo la desaparición de los mercados de valores y acabaría con la necesidad de una deuda gigantesca destinada a financiar las fusiones y adquisiciones privadas", argumentó. Ese camino evitaría la caída en un postcapitalismo autoritario y de derecha: "Una vez que emprendamos un modelo socialista de mercado liberado del poder corporativo y de la tiranía del choque entre ganancias y salarios, las personas y las comunidades podrán comenzar a imaginar nuevas formas de desplegar sus talentos y su creatividad".

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Una comunidad forestal terminó en cenizas en el área de Meadow Lakes, California, tras uno de los incendios de este mes que se avivaron por las olas de calor récord. Foto Afp

Hay una solución apresurada sólo si los políticos y la sociedad actúan: Lizbeth Sagols, doctora en filosofía

 

Con el cambio climático se puede dar una catástrofe peor que la del Covid-19. Vivimos en una incertidumbre, pero un colapso climático puede ocurrir por el exceso en el uso de los recursos naturales y es el principal problema que enfrenta la humanidad, advierte Lizbeth Sagols Sales. "Olvidémonos de la crisis actual, puede venir un punto de inflexión y esa puede ser la verdadera crisis", señala.

El clima es un sistema complejo en el que surgen novedades que no se pueden controlar y que marcan un cambio total, como puede ocurrir con el deshielo de los glaciares, indica. "Es fundamental entender que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra, si ésta se enferma y si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar y de manera peor. El exceso puede llevar a un colapso climático", que sería más grave que la quiebra del sistema económico, político y social ocasionada por la actual pandemia.

"Vivimos en una incertidumbre total, no podemos confiarnos". Es el llamado de la doctora en Filosofía, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiosa de la ética ambiental y el ecofeminismo, representante de México ante la Unesco en el Comité Internacional de Bioética.

Ante la pandemia actual, para varios estudiosos del cambio climático lo que se avecina es peor y, ante ello, La Jornada buscó a expertos en el tema.

–¿A qué nos enfrentamos con el cambio climático?

–Hemos ido aumentando la temperatura. El clima es un sistema complejo donde influyen gran cantidad de factores. Donde surgen novedades que no se pueden controlar. Hay puntos de inflexión. Hay eventos que marcan un cambio total. Se nos va a venir encima una catástrofe. Suena muy feo, no quisiéramos hablar de eso, pero de pronto se nos puede desbordar. Está la posibilidad.

“Lo que constituye la gran preocupación es el deshielo del Ártico, porque al disminuir el hielo se va a liberar el metano que está enterrado por cuestiones naturales, y lo que vamos a tener es una subida extrema del calor que no va a permitir la vida de plantas, animales, ni humanos. La vida es viable dentro de cierto marco de calor y clima. Subiría tanto que la vida no sería sostenible. Ese es el gran temor. No sabemos cuándo se va a acabar ese deshielo, se preveía para el 2050, pero se ha acelerado últimamente.

"Lo que hemos hecho al descuidar el clima es desproteger la naturaleza. Olvidémonos de la crisis actual (con el Covid-19), pues puede venir un punto de inflexión y será la verdadera crisis. Sería el problema máximo. No habrá víveres, producción, nada. Todo se estancaría".

–¿Cuál sería el punto de inflexión?

–Que al darse el deshielo va a venir algo incontrolable, es un punto de no retorno. El cambio climático es por el descuido de las condiciones de la Tierra, por el abuso que hemos hecho. Y estamos alterando el clima. La primera crisis que se manifiesta es que los virus quese quedaban en la naturaleza en especies mayores, ahora pasan a especies menores, como son el murciélago y el pangolín. Los humanos perseguimos a estos animales para comerlos, cazarlos y traficarlos para dar de comer a la gente pobre, en los mercados de China, por ejemplo.

–¿El Covid es un llamado de alerta? ¿Aún podría hacerse algo?

–Podría hacerse algo, pero con una prisa extrema. Tendríamos que cambiar la economía, no seguir este capitalismo rapaz que busca la ganancia, la explotación y la productividad a toda costa, sino que le bajemos el ritmo, cambiar nuestros hábitos de consumo, reforestar a la velocidad del rayo, proteger a los animales y mejorar las condiciones de los sistemas de salud. Además, que no nos apoyemos tanto en el consumo de petróleo, porque éste lo que trae es una contaminación terrible que aumenta el calor.

"La vía es que los gobiernos implementen políticas públicas acordes con este estado de alarma. Las negociaciones internacionales deben ser más definitivas en su tono. Deben asumir ya lo que está pasando y obligar, hasta donde se pueda, a los políticos a implementar las medidas de sustituir las energías sucias por las limpias y bajarle a la producción. Los ciudadanos deben cambiar el estilo de vida. Es un límite al que nos estamos enfrentando".

–El enfoque ante la pandemia está orientado, por ahora, en la salud humana, ¿observa iniciativas para proteger la naturaleza?

–No las veo. No veo la llamada de atención. Se justifica concentrarse en la salud humana, pero hay que ver el panorama mayor. La vacuna es una gran ayuda si es efectiva, pero mientras sigamos con el mismo sistema económico, político, social e ideológico, nos va a durar muy poco la solución, porque puede surgir una pandemia peor. De hecho, ya hay muchas enfermedades con el calentamiento global. Puede emerger una que ni siquiera alcanzamos a prever por las alteraciones que cause. Una idea fundamental es que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra. Si ésta se enferma, si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar, y de manera peor.

"La falta de visión de los líderes es sumamente peligrosa. Esto nos llevaría a ese colapso. Seguir con el capitalismo, la explotación, la sobreproducción, la sobrepoblación. Vivimos en excesos. A esto se suma la falta de colaboración de los ciudadanos".

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Jueves, 17 Septiembre 2020 05:34

La emoción

El grito, de Edvard Munch

Un misterio y salto cualitativo en el acto psicoanalítico

Una indagación en el complejo campo de experiencias ligadas al aspecto cualitativo de la psiquis.

Fluctuación. ¿Qué es la emoción sino ese complejo campo de experiencias ligadas al aspecto cualitativo de la psiquis, más precisamente a la conciencia y sus fluctuaciones de onda, a la cualidad de la energía desligada, pasando por los diferentes registros psíquicos? A eso que, más allá de la representación, podemos nombrar como del orden del “aconteciendo”, una letra real.

Si la conciencia es el estadio más elevado de la elaboración de la materia en agrupamientos finos, capaz de captar los ecos y las fluctuaciones de campo de la materia de forma transdimensional, la emoción, entonces, sólo puede acontecer en el nivel y en el instante de esos ecos sucesivos, atravesando y “peinando” los registros psíquicos, tal como Freud lo señaló en la pizarra maravillosa. Es decir, en la complejidad de la existencia, en su dimensión espiritual, mediante diferentes formas del saber y del saber hacer, allí, la emoción parpadea, fulge y resuena, envoltura que no deja de moverse, envoltura topológica, abierta, siempre vital, designio del ancestral “motus est vita” que marcó el pulso de occidente contemporáneo por la referencia a un acontecimiento que se nombra clásico.

Lo clásico es el S1 con el que Occidente se inventa un origen y un nombre, una pertenencia a la antigüedad grecorromana, una intermitencia también para con los afanes y las atrocidades del tánatos destructor. Es su apuesta colectiva y contemporánea ligada a la realidad y no a los automatismos de la felicidad, una posible ética que garantice la dimensión de lo humano sensual. Esta vía es la que retoma el psicoanálisis sin reducirla ni resignarla a la simple mascarada del ideal. El psicoanálisis indaga en las vicisitudes de cómo eso humano tropieza y nace a la verdad, asegurando su transmisión.

Allí hay verdad en juego, por eso la emoción está en el punto de inflexión del acto psicoanalítico y de nuestro quehacer como psicoanalistas, y emerge como misterio y como salto cualitativo.

La emoción, por otra parte, señala esa relación, siempre creadora, entre la poética, la música y las ciencias conjeturales.

Tendencia. La emoción es asimismo una sensualidad y una estética, esa que el discurso psicoanalítico interroga con su ética del deseo, esa que dispone al analista a escuchar en su propio deseo de analizar. Aspecto cualitativo y elemento de la pulsión, no sólo por lo que allí hay de empuje, sino por su “tendencia”, tendencia a, hacia, precisamente enmarcando el devenir incierto del objeto “a” en la experiencia humana, como objeto imposible de la realidad. Eso que asimismo posibilita la relación con una letra real.

La emoción, define así, tal como Freud lo señalara, una relación a la cuestión problemática de ubicar en la neurosis obsesiva los devenires de la formación de síntoma. No sólo en relación con la ideación como realización y como solución de compromiso, sino de cómo lo que fluctúa y se desliza en la cadena de significantes, sobrevolándola, es precisamente la emoción, entre representaciones, ofreciendo una oportunidad única en la experiencia de la escucha analítica para situar allí la dimensión de lo humano.

La emoción en la relación transferencial se propone como un intervalo a ser escuchado en su cadencia, más allá del significante en juego, de un modo estético y musical, campo gravitatorio que arroja la experiencia más allá del sentido común. Esa tendencia requiere entonces de la disposición a analizar y sostener el goce que se pone allí en juego. El efecto de esa operación es el de un vacío precursor, un real en el saber.

Instante. Como ya hemos señalado, nuestra práctica como analistas es parecida a la experiencia de un oyente con la música. Una emoción que trasciende la relación con el objeto y por consiguiente atraviesa la lengua.

Lo humano posiblemente se delinea en un devenir de esa cualidad que atraviesa la experiencia de la propia lengua, más allá de toda literalidad, pero guardando relación con la letra transdimensional --la intergeneracional que se desliza entre planos translinguísticos--. Eso que llamamos emoción no es otra cosa que un eco de realidad inconsciente sobre el saber alrededor de la roca viva de la castración. La emoción sea así un eco de la “cosa”, el “das ding” señalado por Freud en relación con el trauma, pero arrojada al vacío por efecto de la relación transferencial, para proponer a partir de allí una nueva relación con lo real.

Es, por otra parte, considerar la emoción como onda / partícula que se determina por efecto de la escucha / oyente. Es esa misma idea freudiana sobre el deslizamiento de la emoción entre representaciones. Y la de Lacan, emoción entre los registros, RSI --Real, Simbólico, Imaginario--, y al acto psicoanalítico.

Por eso la emoción se propone instantánea, nos toma por sorpresa, eventualmente, nos hace “saltar las lágrimas”, instante de verdad que no puede definirse por ningún sentido preestablecido, ni por ninguna “imago”, ni siquiera por eso que podríamos señalar como determinación inconsciente. Por el contrario, es un instante de verdad indeterminado, un estético salto en el vacío, una caída, incluso si esa caída es en el amor, “falling in love”. Y para decirlo más precisamente, no es sin amor.

Está, por otra parte, en relación con el aspecto accidental y desencadenante de la estructura psíquica, es eso que permite deslizarnos entre los factores predisponentes del complejo parental y la novedad del acontecimiento.

En el aspecto metapsicológico y a nivel del intervalo significante, la emoción funciona como una aleatoriedad.

La emoción no es sin un apego específico con la realidad, por una parte, y con lo colectivo por otra, ya que garantiza por la vía de las relaciones de apuntalamiento su realización como destino espiritual.

La emoción es asimismo el fogonazo que causa a Dios en su primigenio “en el principio fue el verbo”, es también una centellante luz, esa que nos hace decir “eureka”.

Un encuentro amoroso con la cosa que “cada quien” tiene para descubrir y trabajar, inventando e inventándose en el curso de una vida.

Por Cristian Rodríguez, director del Espacio Psicoanalítico Contemporáneo (EPC) y miembro del Institute Gérard Haddad de París (IGH).

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Para muchos suecos, su epidemiólogo, Anders Tegnell, ha encarnado un enfoque racional de la pandemia de COVID-19. (Magnus Andersson/TT News Agency/vía REUTERS)

Rechazó el confinamiento que casi todo el mundo aplicó y escuelas, restaurantes, gimnasios y hasta las fronteras permanecieron abiertos en Suecia. Llegó a recibir amenazas de muerte pero hoy muestra logros importantes en la caída de la transmisión del coronavirus

 

Si en los Estados Unidos la fama de Anthony Fauci, principal epidemiólogo de la Casa Blanca hizo que Brad Pitt lo personificara en SNL, la de Anders Tegnell en Suecia le ha valido cosas más asombrosas, como que muchos ciudadanos se tatúen su cara. Y del mismo modo que el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID) desde Ronald Reagan, el epidemiólogo del gobierno sueco ha despertado pasiones en contra por sus actos —en su caso, las responsabilidades del cargo van más allá del consejo— durante la pandemia de COVID-19.

Pocas personas en el mundo, y aun entre los 10 millones de habitantes de Suecia, conocían a Tegnell a comienzos de 2020; hoy, sin embargo, es “una de las figuras más famosas —y más polémicas— de la crisis global del coronavirus”, según lo describió Financial Times (FT). Este médico de 64 años, con gran experiencia en enfermedades infecciosas en África y Asia, decidió enfrentar el SARS-CoV-2 sin atender al manual habitual, que China aplicó con la cuarentena luego del brote en Wuhan y luego siguió buena parte del mundo. Así en Suecia la escuelas, los restaurantes, los gimnasios y las fronteras permanecieron abiertos.

“Para muchos suecos, su epidemiólogo estatal ha encarnado un enfoque racional, mientras otros países parecían sacrificar la ciencia en el altar de las emociones”, siguió el periódico financiero. “Muchos en la derecha estadounidense y británica han aprovechado a Tegnell como un campeón de las libertades que ellos sienten haber perdido durante el confinamiento”.

No obstante —aclaró Richard Milne, corresponsal del FT en los países escandinavos y bálticos— para una minoría local e internacional resultó una figura más problemática. “Los demócratas suecos, populistas, han pedido su renuncia luego de que miles de ancianos murieran en las residencias geriátricas”, ilustró. Esa consecuencia del COVID-19 llevó a Suecia hasta el quinto lugar en mayor mortalidad per capital en Europa, una tasa cinco veces mayor a la de su vecina Dinamarca y 10 veces mayor a la de Noruega y Finlandia. “The New York Times dijo que Suecia era ‘un estado paria’ y ‘una fábula para el mundo entero’".

Su fama, dijo Tegnell, se ha convertido en “un problema”; además, nunca había ambicionado tenerla. “Está a favor de la libertad de expresión pero los comentarios que lo comparan con Hitler o Stalin ‘no están bien’ y ha debido hablar con la policía por las amenazas de muerte”.

La moraleja de la fábula, al cabo de varios meses, no fue la esperada. Hoy Suecia tiene una caída estable en los casos. En opinión del epidemiólogo, el país tendrá “un bajo nivel de transmisión” con brotes locales ocasionales. “Lo que sucederá en otros países, creo, será más grave. Es probable que sean más vulnerables a esa clase de picos”, dijo al FT. La cantidad de casos en el otoño y el invierno europeo aumentará allí donde “no se cuente con un nivel de inmunidad que de algún modo pueda frenarlos”.

No se trata de un concepto sencillo: acaso la inmunidad colectiva sea la cuestión más discutida en la crisis extendida de COVID-19. Y si bien el experto aseguró que las políticas suecas nunca tuvieron como objetivo permitir que el virus siguiera su naturaleza hasta que una porción suficiente de los habitantes hubiera sido expuesta y la tasa de infección comenzara a bajar, argumentó que “la inmunidad es responsable, al menos en parte”, de la reciente baja notable de los casos en Suecia.

Una de las razones por las cuales el caso sueco se alza como singular es que el gobierno del país también lo es. Las decisiones de la agencia de salud pública nacional no están en manos de los políticos, sino de las autoridades independientes del sector. En la práctica eso tiene un nombre: Tegnell.

“Eso hace que su capacidad de independencia, mientras el resto del mundo se cerraba, parezca aún más notable”, destacó el corresponsal del FT, quien le preguntó al epidemiólogo sueco al respecto:

—¿No sería más fácil seguir la corriente?

—Sí, por supuesto que lo es. Pero no estoy solo —le respondió, en referencia a los 500 empleados de la agencia de salud pública, el gobierno y la mayor parte de la población de Suecia.

Tegnell repitió la frase que lo hizo famoso —o fastidioso, para algunos— cuando se negó al confinamiento en su país: “Es como usar un martillo para matar una mosca”. Su enfoque ha sido casi el opuesto: no apuntó a un insecto concreto sino a la posibilidad de la aparición de insectos y buscó otra clase de herramientas. En su caso, para desarrollar una estrategia que pueda funcionar durante años si llegase a ser necesario.

“Este tipo de confinamiento drástico, con aperturas y cierres, no nos parece viable”, siguió. “No se puede abrir y cerrar las escuelas. Va a ser un desastre. Y probablemente no se puede abrir y cerrar los restaurantes y cosas así demasiadas veces. Una vez o dos veces sí, pero luego la gente se cansaría y los comercios probablemente sufrirían más que si los cerraran completamente”.

El enfoque sueco se basó en considerar la salud pública en un sentido más amplio que tratar de mantener el sistema de salud en funcionamiento o reducir las muertes de la primera ola. “Es bueno tener la clase de experiencia que yo tengo”, dijo, a la vez como reaseguro y como defensa. "He trabajado en hospitales. He visto la epidemia de gripe y la gente que llega de a montones y satura los hospitales. He trabajado con el ébola en África. Me doy cuenta de los desastres que la enfermedad puede hacer a una sociedad y a un sistema”.

En Suecia continuaron los deportes infantiles, las clases en la escuela primaria, las sesiones de yoga, las visitas a los bares y los restaurantes, las compras. Y más: es uno de los pocos países que no recomienda el uso de máscaras en público. Por lo demás, el paisaje local es parecido al de los vecinos: los suecos han dejado de viajar y los hoteles y los restaurantes se han visto gravemente afectados.

Básicamente, las actividades públicas tienen restricciones detalladas sobre cuánta gente puede estar en un espacio y cómo se las tiene que tratar. “Este tipo de restricciones no existen casi en otro lado”, siguió el epidemiólogo. “Tratamos de concentrarnos realmente en los lugares que sabíamos que iban a ser realmente peligrosos. Ir a una tienda de música y comprar un álbum no va a hacer que se infecten cientos de personas”, dio como ejemplo.

Además de la epidemia del ébola, Tegnell viajó mucho por el mundo en campañas de vacunación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A esa formación, cree, le debe mucho su capacidad de “pensamiento amplio en la salud pública". Para él las escuelas no son solamente un lugar donde el virus se puede transmitir, sino también la parte más importante de la salud de una persona joven.

“Si uno tiene éxito en la escuela, su vida irá bien", argumentó al FT. "Si fracasa, su vida será mucho peor. Va a vivir menos. Va a ser más pobre. Eso, por supuesto, nos ronda la mente cuando nos ponemos a hablar sobre cerrar las escuelas”. Por eso cuando en junio regresó la premura por clausurar actividades en Europa y los Estados Unidos, sintió que “el mundo se había vuelto loco”.

Del mismo modo que ante el resto de los factores de la pandemia, Tegnell mantiene una perspectiva independiente sobre la vacuna contra el COVID-19: cuando llegue, si llega, no será una solución mágica. “No me inclino mucho por las soluciones fáciles a los problemas complejos, por creer que una vez que tengamos la vacuna podemos volver a vivir como hemos hecho siempre", cerró el diálogo con Milne. "Creo que es peligroso transmitir ese mensaje, porque no va a ser tan sencillo”.

15 de Septiembre de 2020

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Las farmacéuticas ganan: los estados europeos indemnizarán por efectos inesperados de las vacunas contra el coronavirus

La empresa que fabrica el suero de la Universidad de Oxford ya ha avisado de que están exentos de demandas por daños y otras farmacéuticas pretenden quedar liberadas de posibles daños no previstos

 

La vacuna de la Universidad de Oxford y de AstraZeneca saltó por enésima vez a los medios por la sospecha de un potencial efecto adverso grave en uno de los voluntarios vacunados. Concretamente, el individuo estaba afectado de una mielitis transversa. Este incidente llevó a la suspensión temporal del estudio hasta este sábado, 12 de septiembre, cuando se anunció su reanudación.

En realidad, este suceso es algo totalmente normal durante la realización de ensayos clínicos. Sin embargo, el seguimiento en tiempo real de las vacunas contra el coronavirus por parte de los medios y la población general ha mostrado una realidad que rara vez suele ser noticia. Los voluntarios que participan en estos estudios pueden sufrir ciertas enfermedades o problemas de salud, causados o no por el tratamiento que se está administrando.

Si tenemos en cuenta que la vacuna de AstraZeneca se está probando sobre miles de personas, es muy probable que surjan incidentes que requieren una mayor investigación para aclararlos. En ese sentido, que se anuncien estos efectos adversos y que se suspendan temporalmente los ensayos clínicos no es motivo de alarma, sino de confianza en que, efectivamente, estos estudios buscan conocer y mostrar la seguridad y eficacia de las vacunas con todas las garantías.

A pesar de que los ensayos clínicos de fase III son la última etapa de evaluación de tratamientos antes de su comercialización, en ocasiones ocurre que se identifican nuevos efectos adversos que no se han documentado previamente, tiempo después de salir al mercado. Esto puede suceder con reacciones adversas extremadamente raras (una por cada millón de pacientes, por ejemplo), o con efectos que solo aparecen a largo plazo o en individuos con unas características biológicas particulares, afectados por determinadas enfermedades o en tratamiento con ciertos fármacos. Por esta razón, los nuevos medicamentos que se comercializan siguen estando bajo supervisión sanitaria constante para detectar posibles problemas para la salud que se hayan escapado en los ensayos clínicos. Se trata de un proceso llamado farmacovigilancia.

En circunstancias normales, si una persona se trata con un medicamento ya comercializado y experimenta un efecto adverso que no se ha documentado previamente ni se ha añadido al prospecto, la responsabilidad legal y los pagos de las potenciales indemnizaciones suelen recaer en la empresa farmacéutica responsable. Bayer, por ejemplo, tuvo que pagar más de 900 millones de euros en indemnizaciones a afectados por el medicamento "Lipobay". Estas personas sufrieron graves efectos secundarios, como rabdomiólisis (destrucción del músculo esquelético), que no se habían documentado previamente. Además, la compañía farmacéutica tuvo que reconocer que su fármaco también pudo haber causado la muerte de un centenar de personas. Bayer finalmente retiró su fármaco del mercado.

Las vacunas tampoco son ajenas a este fenómeno. Como explica Belén Tarrafeta, farmacéutica experta en gestión sanitaria y acceso a medicamentos, "puede haber alertas sobre posibles efectos raros y muy infrecuentes que obliguen a retirar un producto cautelarmente, aunque luego no se pueda establecer nunca que aquello que se vio fuera consecuencia de la vacuna". Destaca el caso de la vacuna RotaShield para el rotavirus, que se retiró en 1999 del mercado en Estados Unidos por asociarse a invaginación intestinal en niños menores de un año, tras su comercialización. La vacuna de la polio también llevó a consecuencias inesperadas. "El caso de la polio inducida por la vacuna oral es un ejemplo de algo que nadie podría haber sospechado jamás: que el virus excretado de una persona vacunada oralmente pueda mutar en la naturaleza, recuperando su virulencia, para después contaminar a personas inmunodeprimidas o no inmunizadas", señala Tarrafeta.

Las demandas multimillonarias por efectos adversos de medicamentos no identificados antes de la comercialización pueden suponer la ruina de las compañías farmacéuticas o afectar gravemente a sus cuentas. No es, por tanto, casualidad que varios puntos conflictivos en las negociaciones entre los Estados europeos y las farmacéuticas traten sobre quién sería responsable y quién tendría que pagar si se produjeran demandas por daños y perjuicios asociados a efectos secundarios de las vacunas no identificados previamente.

El 30 de julio, Ruud Dobber, miembro del equipo ejecutivo de AstraZeneca declaró a la agencia Reuters que su empresa estaría exenta de demandas de responsabilidad por sus vacunas contra el coronavirus en múltiples países, pero no quiso aclarar cuáles. Dobber explicaba que esta "es una situación única en la que nosotros, como compañía, simplemente no podemos asumir el riesgo si... en cuatro años la vacuna está mostrando efectos secundarios. [...] En los contratos que tenemos en vigor, estamos pidiendo una indemnización. Para la mayoría de los países es aceptable asumir ese riesgo sobre sus hombros porque es de interés nacional".

La declaración pública de AstraZeneca no es un suceso aislado. A principios de agosto, múltiples farmacéuticas declararon a diversos medios que buscaban que los Estados se hicieran responsables de indemnizar si se diera el raro y fatídico caso de que aparecieran daños no previstos por la vacunación contra el coronavirus. La idea principal tras su petición era contar con un marco jurídico protector, en caso de que la rapidez en la investigación de las vacunas no llegue a detectar todos los posibles efectos adversos. Estas declaraciones llaman poderosamente la atención cuando, durante los últimos meses, las compañías farmacéuticas han enviado reiterados mensajes tranquilizadores a la población a través de los medios con una promesa principal: no permitirán que las prisas por comercializar las vacunas provoquen que estas lleguen al mercado sin haber demostrado rigurosamente su eficacia y seguridad.

La situación legal de Estados Unidos y Europa será, en teoría, muy diferente cuando llegue el momento de la comercialización de las vacunas contra la COVID-19. Como aclara Belén Tarrafeta: "En Estados Unidos las farmacéuticas están exentas de responsabilidad civil en caso de que haya problemas de seguridad con el producto si este se usa dentro de una autorización de uso de emergencia (EUA). De hecho, hay gran controversia sobre la intención de la FDA (la agencia de medicamentos estadounidense) de utilizar el mecanismo de EUA para la vacuna de COVID, porque es un proceso mucho menos riguroso que el procedimiento normal".

La EUA se utiliza en ocasiones especiales de emergencia sanitaria para acelerar el proceso de autorización en la importación y/o comercialización de algunos medicamentos (y otros productos sanitarios). Los requisitos de la EUA son menos exigentes que el proceso de aprobación normal y puede ocurrir que productos aprobados bajo la EUA no lleguen a pasar el proceso normal.

En Europa, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) no contempla una autorización equivalente al EUA para la aprobación de las vacunas contra el coronavirus. Sí que ha puesto en marcha una autorización por la vía rápida para tratamientos y vacunas contra la COVID-19. Con este método, se acelera la aprobación sin disminuir los requisitos necesarios habituales ni ofrecer amparo legal a las farmacéuticas. Esta situación no es del agrado del sector farmacéutico, que ha solicitado que Europa imite el sistema EUA de Estados Unidos para que así estén protegidos frente a posibles demandas por las vacunas contra la COVID-19.

La EMA deja en manos de cada Estado la negociación con las farmacéuticas para acordar cuál será su responsabilidad legal a través de contratos en caso de demandas. En España, los laboratorios que están evaluando sus vacunas contra el coronavirus ya trasladaron en julio al Ministerio de Sanidad que era necesario establecer una fórmula legal que les protegiera de responsabilidades en el desafortunado caso de que aparezcan efectos adversos tras la comercialización. Como suele ser habitual en las negociaciones con las farmacéuticas, existen muchos detalles rodeados de secretismo. A principios de septiembre, España y el resto de los países de la Unión Europea anunciaron que abonarían a los laboratorios las posibles indemnizaciones a las que se tengan que enfrentar las farmacéuticas si aparecen efectos indeseados o inesperados por las vacunas contra el coronavirus tras su comercialización. En qué condiciones y hasta qué punto se pagarán estas indemnizaciones son detalles que, por el momento, no se han hecho públicos.

"Todo lleva su tiempo"

En estos momentos, los ensayos clínicos en fase III de las vacunas en una etapa más avanzada se encuentran más o menos a la mitad de su desarrollo. Averiguar con suficiente certeza su seguridad y eficacia llevará varios meses más. Como explica el cardiólogo e investigador Eric Topol, "aunque la mayoría de vacunas son seguras, se necesitan ensayos clínicos para demostrar que los participantes no desarrollan reacciones inmunitarias graves por la exposición al virus o una enfermedad inmunitaria compleja. Se necesitan datos de eficacia para demostrar que existe una supresión sustancial de las infecciones en el grupo de la vacuna, comparado con el placebo. Tanto los parámetros de seguridad como de eficacia necesitan poder estadístico suficiente. Todo esto lleva tiempo".

Poder estadístico e incluir a la población más variada posible resultan imprescindibles para conocer a fondo los efectos biológicos de cualquier tratamiento. Precisamente, las farmacéuticas Pfizer/BioNTech anunciaron recientemente que van a expandir el tamaño de su ensayo clínico en fase III de su vacuna: de 30.000 personas pasarán a ser 44.000 para incluir así a individuos de etnias diversas, adolescentes y también a pacientes que sufran otras enfermedades virales.

No existen atajos para averiguar la eficacia y seguridad de una vacuna, y acelerar en exceso las fases de investigación clínica podría llevar, en el peor de los casos, a un recelo hacia las vacunas sin precedentes. Que los Estados vayan a asumir económicamente los riesgos de efectos adversos no detectados previamente en las vacunas contra el coronavirus puede sumar un elemento más de desconfianza.

Por Esther Samper

15 de septiembre de 2020 23:13h

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La superficie del segundo planeta del sistema solar está a 864º F (462º C), ¡tan caliente como para derretir plomo! Foto: dottedhippo/iStock.

Este lunes se dio a conocer que en lo alto de la atmósfera de Venus se halló fosfina (PH3), uno de los potenciales marcadores biológicos y sustancias químicas que pueden evidenciar la presencia de organismos microbianos. Los científicos no afirman que su descubrimiento signifique que en las capas altas de la atmósfera de Venus hay vida y solo indican que la presencia de la fosfina muestra que en el planeta puede haber procesos químicos desconocidos para la ciencia.

La fosfina es un gas tóxico que no tiene color ni olor en estado puro, y en la Tierra está asociado con entes orgánicos. La inhalación de este gas, y sobre todo la exposición prolongada al mismo, puede causar náuseas, vómitos, bronquitis, falta de aliento, convulsiones, edema pulmonar, daño del hígado, problemas de la vista y del habla e incluso la muerte.

Se conocen solo dos formas de obtener la fosfina: en el proceso industrial —el gas se produjo para su uso como agente de guerra química en la Primera Guerra Mundial—, y como parte de algún tipo de función poco conocida en animales y microbios. Algunos científicos lo consideran un producto de desecho, mientras que otros no.

Los productos de fosfina, utilizada hoy en día en las industrias de los plásticos y semiconductores y también como insecticida en granos almacenados y para fabricar retardantes de llamas, huelen a ajo o a pescado podrido.

La Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EE.UU. (ATSDR, por sus siglas en inglés) indica que la fosfina puede inflamarse y explotar a temperatura ambiente, y en pequeñas cantidades puede surgir de forma natural a partir de la degradación de materia orgánica.

¿Qué tiene que ver con la vida extraterrestre?

Como en la Tierra la fosfina puede ser producto de microorganismos anaerobios, en 2019 la propusieron para considerar como una biofirma para buscar la vida en exoplanetas. El gas cumple con la mayoría de los criterios para ser catalogado de esta manera, pero su detección es bastante difícil.

La atmósfera de Venus contiene muchos compuestos de azufre y prácticamente carece de vapor de agua y oxígeno, lo que la convierte en un lugar extremadamente inadecuado para la aparición de formas de vida proteínicas, pero existen teorías que aceptan la posibilidad de que algunos microorganismos podrían adaptarse a las condiciones tan extremas y vivir en las capas altas de la atmósfera del planeta gracias a complejas reacciones químicas.

Las biofirmas —y la presencia de la fosfina sigue siendo un potencial marcador biológico— pueden ayudar a confirmar o refutar esta hipótesis. En el caso de Venus, los propios investigadores que formaron parte del estudio subrayaron que la detección de este gas no puede considerarse como una evidencia sólida de la presencia de vida microbiana, y únicamente apunta a procesos geológicos o químicos potencialmente desconocidos para la comunidad científica.

No obstante, el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, ha calificado el hallazgo de un "avance más significativo hasta ahora en sustanciar el caso de la vida fuera de la Tierra". "Hace unos diez años la NASA descubrió vida microbiana a 120.000 pies en la atmósfera superior de la Tierra. Es hora de dar prioridad a Venus", escribió en su cuenta de Twitter.

15 septiembre 2020

(Con información de AP y RT)

Sábado, 12 Septiembre 2020 06:25

Covid y vacunas transgénicas

Covid y vacunas transgénicas

La persistencia de la pandemia de Covid-19 ha desatado una carrera desaforada por lograr una vacuna, el enfoque más estrecho. Las epidemias siempre son un momento de alza para la voraz industria farmacéutica, hiperconcentrada en 20 grandes trasnacionales que controlan la mayoría del mercado global y que no están interesadas en la salud, sino en sus ganancias (https://tinyurl.com/y67zqdx2).

Éstas aprovechan la oportunidad de que los gobiernos, urgidos por encontrar una fórmula rápida para salir del estado de crisis pandémico y el hartazgo de la población, están dispuestos a aportarles enormes recursos públicos –dinero, conocimientos e instalaciones públicas– y a relajar regulaciones y evaluación de inocuidad de las vacunas.

Se desarrollan a ritmo acelerado vacunas altamente experimentales, la mayoría transgénicas, con mecanismos de acción en nuestro organismo sobre los que existen grandes incertidumbres y muchos riesgos. Para las trasnacionales, es una bonanza inusitada poder experimentar masivamente, con cobertura y dinero públicos, en tecnologías similares a las terapias génicas en humanos, cuya investigación quedó restringida luego de provocar serios daños y hasta casos de muerte en sus inicios (https://tinyurl.com/yyy25o6y).

Según la Organización Mundial de la Salud, al 9 de septiembre había 35 vacunas para Covid-19 en estudios clínicos (en fases uno a tres de prueba en humanos) y 145 en estudios preclínicos. De las primeras 35 en prueba, 17 se basan en técnicas de ingeniería genética no probadas antes en humanos. Esas vacunas transgénicas han tomado mayormente tres enfoques: uno que usa un plásmido (pequeña molécula circular de ADN) como vector para introducir ADN en nuestras células, un segundo que introduce ARN directamente en las células y un tercero que introduce ADN por medio de un virus, que a su vez es manipulado con ingeniería genética para que no pueda replicarse.

Las vacunas convencionales se basan en insertar un virus muerto o atenuado (que supuestamente no infecta), que causa una reacción del sistema inmunológico, el cual aprende así a reconocer ese tipo de virus y previene futuras infecciones. Las vacunas transgénicas, en cambio, introducen ADN o ARN foráneo en nuestro organismo, donde codifican para crear una proteína similar a las del SARS-CoV2, utilizando nuestros propios recursos celulares, por ejemplo, para crear una proteína S o espiga (las “espinas” que forman una corona en el virus). Si funciona, ésta sería reconocida como ajena por nuestro sistema inmunológico, que produciría anticuerpos para prevenir próximas infecciones.

La forma de acción de esas vacunas de hecho nos convierte en transgénicos, al menos temporalmente, porque no es una proteína foránea ante la cual nuestro sistema reacciona (como las anteriores vacunas), sino que manipula a nuestro organismo para crear el supuesto enemigo a atacar.

En el tercer grupo de vacunas transgénicas (vectores virales no replicantes) se encuentran, entre otras empresas, las de Johnson y Johnson (Estados Unidos), CanSino Biologics de China y Sputnik V de Rusia, con las que México se comprometió a aportar voluntarios para la experimentación en humanos en fase tres.

También se basa en esa técnica la vacuna en desarrollo de AstraZeneca, en cuya producción masiva participarán Argentina y México, financiados en parte por la Fundación Carlos Slim. El gobierno de México acordó también participar en las pruebas de fase tres con Walvax, China, que desarrolla una vacuna transgénica basada en ARN, y con la empresa Sanofi-Pasteur, que desarrolla otro tipo de vacuna, basada en introducir pequeños trozos (subunidades) de proteínas.

Según señalan expertas en vacunas y biólogos moleculares, hay riesgos serios con estos productos transgénicos. Por ejemplo, una vez introducido el ADN o ARN en nuestras células para crear la proteínas S, no está claro cómo se detendrá la producción de ese antígeno ni qué efecto tendrá la presencia continuada del ADN/ARN sintético en las células, que además, en el caso de las de ADN, llega con un promotor génico muy activo.

Tampoco está claro qué células se verán afectadas, más allá de las objetivo, si las proteínas o el ADN introducido entra en el sistema circulatorio y llega a otros órganos. Los receptores ACE2, que son los que habilitan a las proteínas S a entrar en las células, existen en riñones, pulmones y testículos, lo cual podría provocar respuestas inflamatorias graves, reacciones autoinmunes u otros efectos desconocidos.

En experimentos con animales, este tipo de vacunas transgénicas han producido procesos inflamatorios severos y lo que llaman “respuesta paradójica”: el organismo ataca a otros virus presentes en nuestro cuerpo (todos los seres vivos convivimos con virus y bacterias naturalmente), produciendo inflamación y otras sintomatologías dañinas.

Los tiempos de evaluación de las vacunas que se están manejando no contemplan apreciar más que riesgos a corto plazo, pero las reacciones adversas pueden surgir posteriormente, por lo que los procesos de aprobación de vacunas llevan varios años, que ahora no se consideran.

Al mismo tiempo, no se toman las acciones necesarias para cambiar las causas de las pandemias –desde el sistema alimentario agroindustrial a la destrucción de la biodiversidad (https://tinyurl.com/ycfcksva)–, aunque existen múltiples advertencias de que hay otras pandemias en cierne. Parece ser el mayor experimento transgénico masivo en humanos y quienes ganarán son las trasnacionales farmacéuticas, que lucran con las causas y con la continuación de las pandemias.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Las poblaciones de fauna salvaje han caído un 68% desde 1970

Pérdida de biodiversidad

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) alerta de que la población de vertebrados ha descendido hasta un 94% en América Latina

 

La pérdida de biodiversidad es cada vez más alarmante. Tanto es así, que las poblaciones de fauna salvaje han caído una media del 68% desde 1970, según el Indice del Planeta Vivo publicado este jueves por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El ritmo en el que los vertebrados van desapareciendo ha crecido un 8% respecto a los datos del último estudio, que fue publicado hace dos años.

La situación en la región de Latinoamérica y el Caribe se presenta especialmente dramática, ya que allí el descenso de población animal ha caído una media del 94% entre 1970 y 2016. Lo mismo ocurre con la caída de especies de agua dulce, que han disminuido un 84% en todos estos años.

Las causas de esta degradación tienen que ver, según los expertos del grupo conservacionista, con la actividad humana, que ha dañado "gravemente" los hábitats y los recursos naturales de los que depende la vida silvestre. De esta forma, la publicación señala directamente a la deforestación, la agricultura intensiva y el tráfico de especies como principales causantes de la pérdida de biodiversidad.

El ser humano se ha expandido por todos los rincones del planeta, extrayendo sus recursos sin límites. Esta realidad ha propiciado que el 75% de la superficie terrestre no helada haya sido modificada por el hombre. Apenas quedan lugares vírgenes en este mundo, lamenta el informe, que señala pequeños resquicios territoriales donde la biodiversidad permanece intacta (en Rusia, Canadá, Brasil o Australia).

"La conclusión es clara: la naturaleza está siendo transformada y destruida a una velocidad sin precedentes en la historia, con un coste muy alto para el bienestar del planeta y de la humanidad. La pérdida de biodiversidad es un auténtico reto para la economía, el desarrollo y la seguridad global", ha señalado Enrique Segovia, Director de Conservación de WWF España.

La publicación recalca también que la pérdida de biodiversidad tiene unas consecuencias directas en las formas de vida de los seres humanos, sobre todo en términos de seguridad alimentaria, ya que la caída de poblaciones animales y vegetales rompe el equilibrio de los ecosistemas y disminuye los recursos alimentarios de los que dispone el ser humano. Es por ello que desde WWF reclaman un cambio de rumbo global que ponga fin a los sistemas agrícolas y ganaderos de tipo intensivo, principales causantes de esta crisis ecológica. 

"Sabemos que esta gran transformación requerirá un esfuerzo colectivo global sin precedentes; que el aumento de los esfuerzos de conservación es imprescindible, pero que debe sumarse a los cambios en la forma de producir y consumir nuestros alimentos y energía. Los ciudadanos, los gobiernos y los líderes empresariales de todo el mundo deberán formar parte de un movimiento por el cambio con una escala, urgencia y ambición nunca antes vistas", concluye Segovia.

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