Jueves, 17 Diciembre 2020 09:10

Finalmente, fueron por el agua

Finalmente, fueron por el agua

Las reservas acuíferas comenzaron a cotizar en Wall Street

Ya había un índice en la muy seca California, pero ahora hay uno internacional en Nueva York. La posibilidad de que sea una commodity que haya que pagar a nivel país.

 

Estados Unidos siempre tiene a mano un instrumento financiero para aplicarle a los recursos esenciales de los 194 países del planeta. Pasó en 2008 con los mercados a futuros de alimentos en el Chicago Board of Trade. Acaba de llegar ahora el turno del agua, pero el negocio se mudó a Nueva York. Por quién doblan las campanas de Wall Street se hubiera preguntado Hemingway si viviera. Por ese derecho humano que proclamó la ONU en 2010, sería la respuesta. Requerido como pocos especialistas en estos días de zozobra por la cotización de algo tan elemental en la Bolsa neoyorquina, el español Pedro Arrojo Agudo, relator especial de Naciones Unidas para los DD.HH. al agua potable y al saneamiento, es pesimista sobre este juego al que juegan los grandes especuladores. El prestigioso físico dijo que “es una noticia peligrosísima, muy mala”. Tiene sus razones: el fluido podría transformarse en un commodity. Un bien común indispensable pasará a ser una mercancía como el oro o el petroleo. Ya se habla de los “aguatenientes”. Sujetos proactivos que buscarán oportunidades solo con el fin de negociar un bien escaso del que carecen hoy 700 millones de personas en 43 países.

Este recurso amenazado por insuficiente, fue portada de todos los medios internacionales en las últimas dos semanas. Lo hizo posible el índice Nasdaq Veles California Water Index que ya cotiza entre los lobos de Wall Street. Su unidad de medida es el acre-pie, algo así como 1.233 metros cúbicos del líquido elemento. La idea de que el agua pasara a ser un producto bursátil surgió en California, devastada como está por los incendios forestales y la escasez del bien esencial cuyo precio se duplicó en un año.

Según a qué profesionales se consulte y qué intereses defiendan, se abrirá una grieta en tierra seca. Algo así como la falla de San Andrés. En el mundo de las finanzas explican que cotizan los “derechos de uso al agua” y no ésta en sí misma. En ámbitos donde la discusión pasa por saber qué harán dentro de cinco años 1.800 millones de personas que quedarán privadas del recurso, arrecian las críticas al mercado de futuros.

Arrojo Agudo, un académico y defensor del medioambiente de prestigio internacional sostiene: “Igual que ahora miramos un bosque y sabemos que es mucho más que un almacén de madera, la nueva cultura del agua invita a mirar los ríos y a entender que son mucho más que canales de H2O”. El español explica también que “un ecosistema, además de agua que puede usarse para producir, es paisaje, identidad territorial, identidad de los colectivos y comunidades sociales, valores lúdicos y culturales, valores de vida… Y a través de esos ríos se articula vida en el continente y en los mares”. Sus pensamientos pueden leerse aquí y allá, aunque él vive en Zaragoza.

En su última declaración como relator de la ONU señala que “no se puede fijar un valor para el agua como se hace con otras mercancías. El agua le pertenece a todos y todas y es un bien público. Está estrechamente ligada a todas nuestras vidas y muestro sustento y es un componente esencial de la salud pública”. Algo que ha quedado demostrado en muertes evitables por falta de agua. Sucedió en la Argentina con la referente de la organización La Garganta Poderosa en la Villa 31, Ramona Medina. A junio de 2019, había 3.000 millones de Ramonas en el mundo sin instalaciones básicas para el lavado de manos, denunciaba la OMS.

La cotización en el mercado de futuros para el agua remite al antecedente de los alimentos en 2008. Ese año se especuló por 320.000 millones, sin que ese comportamiento del mercado significara mejorar las políticas alimentarias. Solo se infló una burbuja semejante a la que podría adivinarse con el agua, convertida ahora en un commodity. El índice Nasdaq Veles California Water Index en rigor no es nuevo. Comenzó a funcionar en octubre de 2018 pero no había llegado a Wall Street.

Arrojo Agudo recordó las consecuencias de lo que sucedió hace doce años con la comida: “En apenas unos meses la manipulación especulativa de estos mercados provocó, por ejemplo, que el precio del trigo, del que depende la alimentación básica de miles de millones de personas, se multiplicara por cinco. En apenas tres años, el precio medio de la alimentación en el mundo creció un 80% y se estima que unos 250 millones de personas engrosaron las filas del hambre”.

El estado de California no es la única región del mundo con problemas de agua, ni tiene la exclusividad en la concesión de su uso. En Chile y Australia hay antecedentes del otorgamiento de derechos gratuitos y a perpetuidad del recurso hídrico. Por ejemplo, en el valle de Copiapó, en la región de Atacama, se concedieron más derechos de uso del agua que la disponible en la cuenca de sus ríos, señaló Gonzalo Delacámara, un especialista en el tema citado por el diario El País. La constitución pinochetista de 1980 ha mantenido durante 40 años la privatización del agua con rango de ley. Es un caso único en el mundo. Según denunció el obispo Luis Infanti de la región de Aysén, en el sur chileno, el 82% de este recurso escaso es propiedad de dos empresas extranjeras: la estadounidense AES Gener y la italiana Enel.

En 2012 ya denunciaba que “en Chile, uno puede ser dueño de la tierra, pero no del agua que pasa por su tierra. Las leyes vigentes, favorecen la apropiación y comercialización del agua; como resultado de ello algunos se enriquecen, a costa del bien común de todos. Los pobres, con menor poder adquisitivo, no sólo son marginados de la toma de decisiones políticas y sociales, sino también del acceso a los bienes para su vida y sustento”. Wall Street y su decisión de cotizar el agua a futuro es una nueva vuelta de tuerca al problema.

El español Arrojo Agudo denunció publicamente lo que conlleva la mercantilización de este recurso elemental para la vida, casi un contrasentido que deba explicarse en plena segunda ola de la pandemia: “Hoy, en mi calidad de relator especial de la ONU para los derechos humanos al agua y al saneamiento, me veo en la obligación de lanzar un mensaje de alerta a nivel mundial, en la medida en que este hecho supone acelerar y profundizar riesgos inaceptables para estos derechos humanos”. Los fondos especulativos y jugadores globales ya tienen gracias a Wall Street la herramienta financiera indispensable para convertir ese derecho en cartón pintado. Poco les importa lo que puedan opinar funcionarios de Naciones Unidas, ambientalistas, juristas y académicos.

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Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 17 Diciembre 2020 08:57

Aberraciones del capital

Aberraciones del capital

Street líquido y sociedades sedientas

 

 “El acceso al agua potable es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. (Papa Francisco, Encíclica Laudato Si).

“Todo lo que facilita el negocio facilita la especulación, los dos en muchos casos están tan interrelacionados que es difícil decir dónde termina el negocio y empieza la especulación”. (Karl Marx, El Capital, tomo III, citando a un banquero inglés).

 

Un Wall Street líquido

Al inicio de la pandemia del coronavirus se llegó a pensar –hasta ingenuamente– que la cruel pedagogía del Covid-19 dejaría enseñanzas a la Humanidad que motivarían al surgimiento de cambios significativos, sobre todo en las lógicas de la economía mundial (responsables de transformar la pandemia en una sindemia [1]). Incluso se dijo en algún momento que, con la pandemia, la Naturaleza podría tomarse “un respiro”. Pero no. Con o sin pandemia, la reproducción del capital continúa ampliando la mercantilización de toda dimensión de la vida. Uno de los ejemplos más explícitos al respecto es el inicio de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street, tal como ocurre con el petróleo, los minerales, el trigo u otros productos primarios.

Desde octubre de 2018, Nasdaq junto con empresas financieras y consultoras especializadas en la valoración del agua (Veles Water y WestWater Research) lanzaron el índice Nasdaq Veles California Water Index (NQH20). En su formulación original, el NQH20 se enfocaba en brindar un índice que estime semanalmente el precio spot (precio por pago inmediato) de los derechos (de uso) de agua [2] negociados en los cinco principales mercados del estado de California (siendo los mercados de agua más grandes de la costa oeste de Estados Unidos). Dichos derechos de agua permiten a sus propietarios desviar o bombear el líquido vital de ríos, arroyos y cuencas de aguas subterráneas. Entre los principales participantes de dichos mercados de agua están las municipalidades, las empresas con fines agrícolas e industriales y compradores ambientales [3]. Cabe indicar que en California existe un problema de escasez de agua por varias sequías desde 2016 [4].

La novedad se hizo noticia mundial el 7 de diciembre de 2020 cuando en la bolsa de valores de Nueva York oficialmente se empezaron a cotizar contratos futuros de agua basados en el índice NQH20 [5], arrancando con una cotización en bolsa de 486,53 dólares por 1.233 metros cúbicos (alrededor de 1,4 millones de litros) (cuando el índice se presentó en octubre de 2018, tuvo una cotización de 371,11 dólares; es decir, el precio sufrió un aumento de 131% [6]). Si bien en estricto rigor las cotizaciones de los futuros de agua rigen sobre todo en las transacciones agrícolas, industriales y de municipalidades en el estado de California, el índice NQH20 puede convertirse en un referente para la estimación del precio del agua en varios rincones del mundo, de forma similar a los indicadores empleados en otras materias primas [7].

Varias son las lecturas posibles sobre esta nueva “innovación financiera” propia de un Wall Street líquido. Empecemos por destacar que hasta en Wall Street, es decir en el mundo de las grandes finanzas globales, se constata los problemas existentes con la escasez de agua. Se habla abiertamente de un problema de iliquidez que debe abordarse con urgencia, e incluso han surgido análisis para los cuales la cotización del líquido vital en bolsa puede llevar a un uso “más eficiente” [8](además que supuestamente se transparentarían los precios del agua, permitiendo que los participantes de estos mercados puedan cubrir mejor sus riesgos [9]).

Sin embargo, tales lecturas optimistas dejan de lado cuán grave puede llegar a ser la dinámica especulativa del capitalismo contemporáneo aplicada al caso del líquido vital. En particular, no se puede olvidar que varias de las más grandes crisis de la economía mundial nacieron justamente de procesos especulativos (el ejemplo más claro es la crisis financiera internacional de 2007-2009). Dichas dinámicas probablemente empujarán a que, en el futuro, se extiendan los mercados de futuros de agua, aumente su volatilidad, surjan múltiples agentes económicos que busquen ganancias especulativas (incluyendo quienes junten los futuros de agua con otros contratos de futuros creando complejos derivados financieros) y hasta emerjan burbujas financieras asociadas a un recurso vital y estratégico (como sucede en varias ocasiones con el petróleo, por ejemplo). Y que, por supuesto, cuando suban los precios, como es lo normal en los mercados capitalistas, muchas personas se queden marginadas del acceso al líquido vital… Por cierto, algunas de estas tendencias, en especial sobre burbujas especulativas alrededor del agua, han sido denunciadas incluso desde Naciones Unidas, a través de Pedro Arrojo, relator especial de este organismo internacional [10].

La situación del acceso al liquido vital es dramática en varias partes del planeta. Según la FAO, el agua dulce disponible por persona ha caído en más del 20% en las últimas dos décadas; más de 3.000 millones de personas viven en áreas agrícolas con severas limitaciones de agua; en América Latina, el agua por persona ha disminuido un 22%, en el sur de Asia un 27% y en África Subsahariana un 41%; el 41% del riego mundial se produce afectando los ecosistemas; los biocombustibles para alimentar automóviles requieren de 70 a 400 veces más agua que los combustibles fósiles que reemplazan. Según Naciones Unidas, “en el mundo, una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre, dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica para lavarse las manos con agua y jabón, y más de 673 millones de personas aún defecan al aire libre”. En medio de la pandemia del coronavirus es cada vez más destacada la importancia del saneamiento, la higiene y el acceso a agua limpia para salvar vidas [11].

Definitivamente es un despropósito dejar a merced de la vorágine especulativa un bien tan sensible para la vida en el planeta y, alrededor del cual, han surgido hasta graves conflictos socioambientales (incluyendo las llamadas “guerras por el agua” [12] que, a futuro, pueden devenir en auténticos conflictos bélicos [13]). Asimismo, recordemos que la especulación puede generar problemas serios en la provisión de productos esenciales para los pueblos, como es el caso tan conocido de las crisis alimentarias estrechamente vinculadas con la especulación financiera de alimentos [14].

A más de la especulación, la cotización del agua en un mercado financiero como Wall Street puede exacerbar aún más su privatización alrededor del mundo. El simple hecho de asignar un precio al agua en la principal bolsa de valores del planeta puede debilitar las múltiples luchas que buscan el reconocimiento del acceso al agua como derecho humano fundamental [15]. Hasta podrían surgir dinámicas perversas donde los Estados otorguen gratuitamente a capitales privados los derechos de uso del agua y luego esos derechos puedan venderse en los mercados financieros. Por cierto, un punto de indudable gravedad que puede emerger por normalizar al líquido vital como una mercancía cualquiera es la afectación de las funciones ecosistémicas al menospreciar el papel del agua en la Naturaleza; es decir podrían afectarse las funciones que son vitales para la vida, los cuales no propiamente representan derechos de las personas, sino Derechos de la Naturaleza.

Pese a los múltiples riesgos, en diversas partes del planeta el agua ya es manejada bajo la óptica de la oferta y la demanda. Aún en países donde el agua es asumida como un bien común o bien público, hay mecanismos que posibilitan su manejo privado vía concesiones, por ejemplo. Allí, los derechos de uso se otorgan a cambio de compensaciones que, de una u otra forma, permiten el enriquecimiento privado a partir del aprovechamiento del uso del agua. Un caso extremo y perverso se da en Chile que, a través de la Constitución de 1980 (la Constitución de Pinochet), abiertamente privatizó el agua transformándola en mercancía. En otros países, como Ecuador, pese a existir una legislación que recupera al agua como Derecho Humano fundamental, la ausencia de voluntad política y la sumisión a los intereses de grandes capitales transnacionales (en particular mineros),ponen en riesgo la garantía de ese derecho. Sobre ambos casos deseamos reflexionar un poco más a detalle.

Chile, el fracaso de la especulación con el agua

Chile es un ejemplo paradigmático del manejo privatizador del agua. Aunque el agua se considera un bien nacional de uso público, en la práctica se asume como mercancía. En el artículo 24 de la Constitución chilena se dice que “los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constitucios en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Y esta disposición se complementó en el Código de Aguas.[16]

Así, se separó al agua de la propiedad de la tierra y se le transformó en mera mercancía, sujeta a la oferta y la demanda; en realidad funciona una lógica que favorece a pequeños grupos de poder con sobreprecios de hasta 600%. [17] Al margen quedaron especialmente los derechos de las comunidades víctimas del despojo del agua en sus territorios. Es más, el propietario de los derechos sobre el agua no paga costos por su mantenimiento, tenencia o uso y no se le exige proteger el cauce ni compensaciones por potenciales efectos negativos sobre la cantidad y calidad del agua, que podría afectar a otros usuarios. En la reforma al Código de Aguasen 2005 se estableció una suerte de multa por el “no uso” de los derechos de agua, para intentar desincentivar la acumulación ociosa de derechos concedidos; todo esto generó una multiplicación de proyectos y una aceleración de transacciones en el mercado del agua [18]. Esta lógica mercantilista ha llegado a aberraciones extremas cuando, por ejemplo, en el valle de Copiapó en el norte de Chile se negociaron más derechos de uso que el agua efectivamente disponible en la cuenca.

La demanda por agua creció en un 400% los últimos 30 años yla demanda por derechos de agua subterránea (por agotamiento de agua superficial) en un 60%. [19]De 101 cuencas hidrográficas que tiene el país, la mayoría están agotadas con los derechos de agua severamente sobre-otorgados. Sin embargo, el tema no es solo de cambio climático o de sequía, Chile, un país rico en recursos hídricos, se encuentra en pleno proceso de desertificación con casi todas sus aguas privatizadas; una situación que se agrava cuando ya no hay aguas superficiales disponibles y se rematan las aguas subterráneas. Cabe destacar que los extractivismos son los principales responsables de esta situación. Afectadas están las zonas del Norte y de “la zona central” dónde se concentra la mayor parte de la población. Más de las tres cuartas partes del agua dulce se ocupan en la agroindustria, es decir, se exportan. En “la segunda región”, muy seca, la megaminería es la que ocupa más agua.

Además, de conformidad con la información otorgada por Ingrid Wehr, quien fuera directora de la Fundación Heinrich Böll por muchos años en Chile, sabemos que las leyes chilenas no limitan estos derechos de aprovechamiento del agua en el tiempo ni establecen prioridades de uso. Es decir, no se prioriza el uso humano del agua. Una vez que el Estado entregó gratuitamente los derechos de agua y perpetua su propiedad en personas individuales, estos derechos se pueden vender y comprar en un mercado según dictaminen demanda y oferta. Así surgen problemas graves en medio de un contexto de creciente escasez, sin prioridades de uso y con nula regulación del Estado.

Como saldo de esta realidad, hay más de un millón de personas a lo largo de Chile sin acceso a agua potable. Cerca de un millón de personas en el sector rural aún no cuentan con infraestructura que les permita abastecerse de este elemento en forma estable, lo que equivale a casi un 50% de este sector. Y de esta manera, el costo del acceso al agua vía tanqueros representa un egreso muy oneroso para muchos sectores populares y también los presupuestos de los municipios que se hacen cargo de los costos, aunque legalmente los gobiernos provinciales son los responsables de proveer el agua.

No hay duda, como demuestra la experiencia chilena (o en Australia, apenas para mencionar otro ejemplo), que reducir el agua a nivel de una mercancía puede generar consecuencias nefastas. Es más, semejante manejo privatizador del agua, junto con otros legados del neoliberalismo chileno, han exacerbado la disconformidad y la protesta de una sociedad movilizada que está sacudiendo las estructuras del país.

Ecuador, el país del agua… maltratada

Ecuador es el país del agua: cuenta con cuatro veces más agua superficial que el promedio per cápita mundial. Aquí existen comunidades que han luchado por el acceso a la tierra desde hace décadas y han comprendido la importancia del agua. Por eso son cada vez más conscientes de la importancia del líquido vital. Eso explica que se haya elaborado una Constitución que explícitamente se preocupe de la protección y manejo del agua y, en términos más amplios, hasta reconozca a la Naturaleza como sujeto de derechos. Pero, aún con toda esa fuerza social y esa normativa vigente, hay graves problemas.

Empecemos por recordar que en la Asamblea Constituyente de Montecristi (2007-2008) la cuestión del agua fue un punto fundamental, pero difícil de tratar, pues varios actores – dentro y fuera de Montecristi – defendían claros beneficios particulares [20]. Esos intereses fueron sostenidos en la Asamblea Constituyente incluso por un par de asambleístas oficialistas y algún alto funcionario del gobierno del entonces presidente Rafael Correa (de supuesta corriente “progresista”). Para vencer las posiciones privatizadoras se contó con gran participación y movilización de la sociedad y de varias organizaciones sociales. A la postre, la Constitución estableció que el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable, además que el agua es un bien nacional estratégico de uso público, un patrimonio de la sociedad y un componente fundamental de la Naturaleza, la misma que tiene derechos propios a existir y mantener sus ciclos vitales.

Sin embargo, pese a que la mayoría del pueblo ecuatoriano aprobó en las urnas la Constitución, el gobierno de Correa no ejecutó los mandatos constitucionales. Incluso se legalizó el uso privatizado del agua que se venía haciendo de conformidad con leyes anteriores. Para mencionar de los tantos incumplimientos, Interagua, la empresa que privatizó el servicio de agua en Guayaquil en tiempos neoliberales, mantuvo inalterada la concesión en contra del mandato constitucional (gracias a sus padrinos en la cúpula gubernamental del correismo, que ya actuaron en la Asamblea Constituyente). Y luego, la largamente esperada ley de recursos hídricos no cumplió el mandato constituyente de desprivatización y redistribución del agua.

De todas formas, cabe destacar que los mandatos constituyentes ecuatorianos, alineados con otros procesos internacionales, alentaron que incluso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en julio de 2010 se haya declarado el acceso al agua potable como un derecho humano.

Así, pese a que en Ecuador existe un mandato constitucional que prohíbe acaparar y privatizar el agua, el líquido vital sigue privatizado y muy mal distribuido. La contaminación del agua crece. Las fuentes de agua se destruyen cada vez más.

El consumo de agua en el país – y su contaminación – ha crecido por el aumento de la población en las últimas décadas y también por el incremento de actividades productivas excesivamente demandantes del líquido vital. En el ámbito agropecuario se concentra el uso del agua cada vez más en monocultivos orientados al mercado externo; así, crecientes volúmenes de agua convergen en unidades productivas sobre todo agroexportadoras, mientras que la producción de alimentos para consumo nacional se ha debilitado. La población campesina, indígena y no indígena, muchas veces con sistemas comunales de riego, tienen un acceso limitado al agua. A lo anterior se suma la concentración de la tierra, que también debía revertirse por mandato constitucional. Y el problema es aún mayor si constatamos que los extractivismos minero y petrolero cobran cada vez más fuerza.

Sobre la contaminación del agua, más de 70 cuencas hidrográficas del país se encuentran afectadas. Para nada se han resuelto los graves problemas decontaminación del agua provocados no solo por los mencionados extractivismos sino también por la urbanización desbocada, por diversas actividades industriales contaminantes y descontroladas, entre muchas otras razones, de las que cabe incluir también la desaparición de las “nieves eternas” por efecto del calentamiento climático global. Asimismo, la pérdida de los páramos y la deforestación creciente explican esta compleja realidad. Igualmente, preocupa el azolvamiento de los ríos en la Costa sobre todo por la erosión permanente en la Sierra y sus estribaciones; aquí tenemos otra explicación de las reiteradas inundaciones en el litoral ecuatoriano. 

Y con la expansión de la megaminería en el país, impuesta literalmente “a sangre y fuero” desde el gobierno de Rafael Correa, se incrementará con creces la presión contaminante sobre el agua, pues toda minería existente (formal o informal, artesanal y de subsistencia), provoca severas afectaciones sobre el agua y el ambiente [21]. Apenas por plantear un ejemplo, el proyecto minero Mirador (El Pangui, provincia de Zamora Chinchipe), ya en explotación y con un período de operación de 30 años, extraería 60 mil toneladas de material al día con un consumo de 21 millones de litros de agua diarios o 250 litros por segundo, es decir el volumen de 8 piscinas olímpicas. Con semejante ritmo de consumo diario de agua, en 30 años el proyecto minero emplearía gratuitamente alrededor de 230 mil millones de litros de agua, una gran cantidad de líquido vital sin tomar en cuenta la afectación ya causada a los ríos amazónicos Quimi, Tundayme y Wawayme[22].

Este es precisamente el efecto esperado para el resto de los proyectos megamineros del país: las empresas mineras no pagan por el agua que consumen para sus actividades, agua que en gran medida queda altamente contaminada y cuyo tratamiento tampoco será realizado por las mineras (recordemos que las tareas redediación a la postre se las deja a cargo del Estado bajo un sinfín de estrategias, incluyendo la declaratoria de quiebra de dichas empresas mineras poco antes de concluir el plazo de su concesión).

La bolsa o la vida

Las lógicas del capital se extienden hacia cada vez más dimensiones de la vida. Como resultado de esa dinámica, se consolida la transformación del agua en una mercancía, sometida al mundo del negocio y la especulación como cualquier otro commoditie (más allá de que se usen etiquetas de marketing como la “economía verde” o similares, para suavizar y maquillar el proceso de acumulación del capital). Si bien esta tendencia es indignante, francamente no debería sorprendernos: en el capitalismo, tarde o temprano, prácticamente todo termina por volverse una mercancía…

Para colmo, también vivimos una crisis global del agua que emerge de problemas de sustentabilidad, de accesibilidad y de equidad en su uso y disfrute. Los ecosistemas acuáticos son arrasados por grandes obras hidráulicas, la minería, la actividad petrolera, la agroexportación, la deforestación y la contaminación de ríos, lagos y acuíferos, así como la urbanización descontrolada.

En síntesis, el agua en el mundo está amenazada por procesos violentos de expropiación y privatización, en función de las demandas del capital transnacional, con la complicidad de casi todos los gobiernos del planeta. Son estas demandas del capital las que provocan endiablados ritmos de explotación económica y las que explican la creciente contaminación y hasta la destrucción de las fuentes de agua. Bajo semejantes circunstancias, el surgimiento de un Wall Street líquido donde se le pone precio a los contratos futuros de agua no otorga ningún buen augurio.

Pensando en términos más amplios, incluso los tiempos de pandemia nos recuerdan que en el capitalismo solo tiene valor aquello que puede convertirse en mercancía, mientras que todo aquello que no se compra ni se vende simplemente no vale nada… en los mercados. Por ello, para el capital (más aún, para los grandes grupos de capitales transnacionales), no tienen valor ni siquiera los más elementales principios éticos, no tiene importancia frenar la degradación ecológica, ni es relevante reducir las brechas de riqueza ni garantizar a los más pobres derechos fundamentales (como el propio acceso al agua), si tales acciones no generan alguna rentabilidad.

Es evidente que las respuestas basadas en privatizar los servicios básicos de agua y saneamiento agudizan los problemas en vez de resolverlos. Y las soluciones estatizantes son insuficientes y hasta contraproducentes pues los Estados – a veces hasta en coalición con las manos visibles e invisibles de los mercados – terminan profundizando las tendencias depredadoras y esquilmadoras del capital. Por lo tanto es fundamental dar paso al control y manejo del agua por parte las comunidades de regantes y de las juntas de agua potable, es decir de las propias comunidades rurales y urbanas.

Si queremos romper esas lógicas que priorizan el negocio a la vida y transitar hacia otras formas de organizar la economía, la superación del capitalismo es crucial. Tal superación requiere diferenciar claramente entre sociedad y comunidad, resaltando las tensiones existentes entre estos dos conceptos, tal como lo anotó en su momento el propio Karl Marx [23]. Esto implica reconocer que lo societario – en tanto simple sumatoria de individuos – junto con los esfuerzos de homogenización por parte del Estado y del mercado pueden impedir construir las bases comunitarias que posibiliten procesos autonómicos y autosuficientes, indispensables para asegurar el manejo y preservación del agua. De hecho, hay casos en donde el manejo del agua a nivel comunitario ha tenido resultados notables, como lo que se vive en muchísimas comunidades indígenas y campesinas en todo el planeta.

Mientras se piensa y se construyen las estrategias para la superación del capitalismo, también es necesario responder a las luchas en muchos otros niveles de acción, desde lo local a lo global. Aun reconociendo que no se puede esperar mucho del Estado, hay que intentar incidir incluso en ellos, aunque sea para arrebatarle al Estado algunas conquistas que permitan mejorar la vida actual de los pueblos. Sin embargo, el campo principal de acción recae en propiciar la organización que lleve a construir vidas mancomunadas, en espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con igualdad y justicia, con horizontes colectivos y creciente interdependencia comunitaria, y en donde todas las alternativas al capitalismo se empiecen a volver posibles.

En consecuencia, a la par que se expande la mercantilización de la vida, aumentan también las protestas populares para recuperar el agua como un Derecho Humano y asegurar el ciclo vital del agua como un Derecho de la Naturaleza. Esta lucha por evitar la total mercantilización de la Naturaleza es un frente más en la gran tarea de nuestros tiempos: rescatar a la vida de las garras del capital [24].

Por Alberto AcostaJohn Cajas-Guijarro | 17/12/2020

 

 

[1] Una sindemia sería la suma de dos o más enfermedades concurrentes o secuenciales en, que complican el diagnóstico. Ver Laura Plitt (9.12.2020); «El covid-19 no es una pandemia” : los científicos que creen que el coronavirus es una sindemia” (y qué significa esto para su tratamiento) Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias-54386816

 [2] Para una descripción más detallada de los derechos de agua que se otorgan en el estado de California, ver: https://www.waterboards.ca.gov/waterrights/board_info/faqs.html#toc178761079

[3] Ver https://www.nasdaq.com/solutions/nasdaq-veles-water-index

[4] Ver Viridiana Mendoza Escanillo (9.12.2020); “Cinco claves para entender la cotización del agua en Wall Street”. Disponible en https://www.forbes.com.mx/mercados-claves-cotizacion-agua-wall-street/

[5] Algunos detalles de estos contratos pueden revisarse en: https://www.cmegroup.com/trading/equity-index/us-index/nasdaq-veles-california-water-futures.html#subscribe

[6] Ver Juan Felipe Vélez (9.12.2020); “Great News for the Environment: Water Starts Trading on Wall Street”. Disponible en https://elamerican.com/great-news-water-starts-trading-wall-street/?lang=en

[7] Como, por ejemplo, el West Texas Intermediate – WTI – para el caso del petróleo, aunque el NQH20 presentaría mucha menor volatilidad dado que este último es calculado el miércoles de cada semana (lo cual no quita la posibilidad el surgimiento de nuevos índices mucho más volátiles).

[8] Ver https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2020-12-08/que-significa-que-el-agua-empiece-a-cotizar-en-el-mercado-de-futuros-de-wall-street.html

[9]Ver Clemente Álvarez (9.12.2020); “¿Qué significa que el agua empiece a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street? Algunos expertos defienden que estos mecanismos financieros pueden contribuir a una gestión más eficiente, pero también se considera un sinsentido permitir que se especule con este recurso”. Disponible en https://www.marketwatch.com/story/why-we-need-water-futures-11600977377

[10] Ver Megan Durisin Albery (11.12.2020); “Cotización del agua en Wall Street podría generar burbujas especulativas, advierte la ONU”. Disponible en https://www.elfinanciero.com.mx/mercados/cotizacion-del-agua-en-wall-street-podria-generar-burbujas-advierte-la-onu

[11] Ver Luis Flores (14.12.2020); Futuros sobre el agua: la Bolsa o la vida (una vez más). Disponible en https://ctxt.es/es/20201201/Firmas/34437/agua-mercado-de-futuros-california-luis-flores.htm

[12] Ver Raúl Prada (8.06.2018 ); La intermitente guerra del agua. Disponible en https://pradaraul.wordpress.com/2018/06/08/la-intermitente-guerra-del-agua/

[13] Ver Muy Interesante (25.09.2019) “¿Las próximas guerras serán por el agua?”. Disponible en https://www.muyinteresante.com.mx/junior/las-proximas-guerras-seran-por-el-agua/

[14] VerAyuda en Acción, Cáritas Española, Ongawa y Prosalus (2011); “Especulación financiera y crisis alimentaria”. Disponible en https://blogs.elpais.com/files/especulaci%C3%B3n-financiera-y-crisis-alimentaria-1.pdf

[15] Ver Enrique Viale (10.12.2020); Por qué el agua no puede ser tomada como una mercancía. Disponible en https://www.perfil.com/noticias/ecologia/el-agua-no-puede-ser-tomada-como-una-mercancia.phtml

[16] Cuando se privatizó el agua, fue de conocimiento de un pequeño grupo de familias de élite, amigas del régimen. Y esos primeros derechos en la práctica se regalaron.

[17] Consultar en https://cl.boell.org/sites/default/files/uploads/2018/07/357831149-informe-final-254-17-gobernacion-provincial-de-petorca-sobre-auditoria-a-las-adquisiciones-de-servicios-de-transporte-y-distribucion-de-agua-potable-1.pdf

[18] Para el 2019, según Chile Sostenible, se registraron 5.232 derechos de agua los que deberán pagar una patente y  que equivalían a un caudal de 22.946 metros cúbicos por segundo. Esto se traduce en un monto a pagar de $72.154 millones.

[19] Información tomada de la Fundación Terram,concretamente del trabajo de Fernanda Miranda (2018; Erosión de Suelos y Crisis Hídrica: Las sombras del modelo agroexportador del Palto. Disponible en https://cl.boell.org/es/2018/09/03/erosion-de-suelos-y-crisis-hidrica-las-sombras-del-modelo-agroexportador-del-palto

[20] La discusión constituyente fue muy intensa y permitió abrir aún más el debate. Ver varios autores  (2010); Agua, un derecho humano fundamental, Serie Debate Constituyente, (Editores Alberto Acosta, Esperanza Martínez), Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.rosalux.org.ec/producto/agua-un-derecho-humano-fundamental/

[21] VerAlberto Acosta, john Cajas-Guijarro (12.12.2020); “¿Minería legal o minería ilegal? Una falsa disyuntiva”. Disponible enhttps://rebelion.org/mineria-legal-o-mineria-ilegal-una-falsa-disyuntiva/

[22] Para más detalles al respecto, ver el libro de Alberto Acosta, John Cajas-Guijarro, Francisco Hurtado y William Sacher (2020); El festín minero del siglo XXI – ¿Del ocaso petrolero a la pandemia megaminera?, Serie Debate Constituyente, Abya-Yala, Quito.

[23] Ver Mónica Iglesias Vázquez (2015); Volver a la “comunidad” con Karl Marx. Una revisión crítica de la dicotomía comunidad-sociedad. Disponible en https://revistascientificas.us.es/index.php/araucaria/article/view/1413

[24] Así como el agua debe ser desmercantilizada, el clima no puede ser objeto de control mercantil como sucede con los mercados de carbono, entre otras herramientas de la “economía verde”, una de las tantas falsas soluciones en marcha. Ver Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, Serie Debate Constituyente (Editores Alberto Acosta, Esperanza Martínez), Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/266673110_MERCADOS_DE_CARBONO_La_neoliberalizacion_del_clima/link/5436ac670cf2dc341db42966/download

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi (2007-2008). Candidato a la Presidencia de la República del Ecuador (2012-2013). Autor de varios libros. Compañero de luchas de los movimientos sociales.

John Cajas-Guijarro. Economista ecuatoriano. Profesor, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Central del Ecuador. Candidato a doctor en economía del desarrollo, Departamento de Desarrollo, Ambiente y Territorio, FLACSO-Ecuador.

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La contaminación del aire ha sido reconocida en el certificado de defunción de Ella Kissi-Debrah, fallecida en 2013. — THE ELLA ROBERTA FAMILY FOUNDATION

Un tribunal de Reino Unido ha dictaminado la primera muerte por contaminación del aire en el mundo a una niña de nueve años que vivía a 25 metros de una carretera con altos niveles de polución.

 

Después de tres años de sufrir convulsiones y tras 27 visitas al hospital por problemas respiratorios, Ella Kissi-Debrah, de tan solo nueve años de edad, fallecía en 2013 por una supuesta "insuficiencia respiratoria aguda y asma grave". Su madre, Rosamund Addo-Kissi-Debrah, y la pequeña vivían en Lewisham, un municipio al sureste de Londres, a tan solo 25 metros de una carretera muy concurrida. Este miércoles, la justicia británica ha reconocido que los altos niveles de contaminación de la zona son la causa de su fallecimiento, convirtiendo el caso en el primero en el mundo que señala la contaminación atmosférica como la causa de una muerte humana.

"Este veredicto es para ella y para otros niños que podrían sufrir ataques severos de asma. Creo que su legado podría ser traer una nueva Ley de Aire Limpio y no solo estoy hablando solo del Gobierno británico sino de los gobiernos de todo el mundo, para que se tomen este asunto en serio", declaró Adoo-Kissi-Debrah a los medios tras la sentencia del tribunal. Según informa Fundación para el Clima, el juez de instrucción, Philip Barlow, comprobó que los niveles de contaminación del aire de la vivienda de la niña superaban los límites legales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tras la muerte de su hija, Rosamund Addo-Kissi-Debrah cofundó la fundación Ella Roberta Family, que lleva a cabo varias campañas para conseguir un mejor tratamiento del asma y en defensa del aire limpio, y considera este veredicto como un hecho "histórico". Finalmente, "después de siete años de lucha, la contaminación del aire ha sido reconocida en el certificado de defunción de Ella", aplaude, a su pesar, Adoo-Kissi-Debrah.

 

MADRID

16/12/2020 22:07

VIVIANA CALERO GÓMEZ

 @vivi_calero

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El Índice de Desarrollo Humano 2020 desvela cómo los países más acomodados lo son a costa del planeta

Los más prósperos no lo son tanto si se considera cuánto perjudican al medio ambiente, además de las habituales mediciones sobre condiciones de vida, salud y educación de las personas, según un cálculo experimental del PNUD que hoy se presenta

 

Noruega es el país más desarrollado del mundo, según el último Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU que mide la prosperidad en función de las condiciones de vida de la población, así como el acceso a la educación y la salud. Pero si en la ecuación se incluye la presión que ejerce sobre el planeta ―sus emisiones de CO₂ y la huella que deja su consumo― cae 15 posiciones en la lista. Islandia cae 26 escalones, Australia 72 y Estados Unidos 45. El batacazo se lo llevan Singapur (-92) y Luxemburgo (-131). En resumen, sus habitantes viven acomodadamente a costa del medio ambiente. En la parte baja de la tabla, sin embargo, los países más pobres apenas obtienen una calificación de desarrollo distinta si se tiene en cuenta su impacto sobre el medio ambiente. Casi no tienen, aunque son los que más sufren catástrofes climáticas.

 “Como muestra este informe, ningún país del mundo ha logrado un desarrollo humano muy alto sin ejercer una gran presión sobre el planeta. Pero podríamos ser la primera generación en corregirlo”, explicó Achim Steiner, administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en un encuentro con periodistas previo a la presentación este martes del nuevo Índice de Desarrollo Humano 2020.

En el 30 aniversario de este documento que calcula la prosperidad de los países, el PNUD propone redefinir el desarrollo. No es la primera vez. Su creación en 1990, supuso una disrupción: el IDH buscaba medir el progreso más allá del ingreso, el PIB e indicadores meramente económicos. Desde entonces, ha ajustado el cálculo a la desigualdad de sus sociedades y también a la brecha de género. Ambos parámetros ocasionan ligeros cambios en las posiciones de la lista base (condiciones de vida, educación y salud). La inclusión de indicadores relacionados con el impacto de los países sobre el medio ambiente ocasiona, sin embargo, importantes variaciones en la parte alta de la tabla.

“Ahora mismo hay un espacio vacío entre alcanzar el desarrollo humano alto y una baja presión en el planeta”, anotó Pedro Conceição, director de la oficina del PNUD responsable de este estudio, en la cita virtual con la prensa. Ningún país logra altísima prosperidad sin impactar en demasía al medio ambiente, pero hay buenos ejemplos. Uno de los que destacan los autores es Costa Rica, que ocupa la posición 62 de 189 en el IDH, pero que asciende 37 posiciones si se tiene en cuenta su nivel de emisiones y la huella ecológica de su consumo. “Ya ha aprovechado la energía hidroeléctrica y ha descarbonizado en gran medida la producción de electricidad”, anotan. España, por su parte, sube 11 puestos desde la casilla 25.

El objetivo de esta nueva medición, aseguró Steiner, no es “señalar con el dedo” a los países, sino que tomen “decisiones inteligentes” para llenar ese espacio sin dueño de un desarrollo humano elevado compatible con los límites planetarios y más equitativo. En su opinión, la crisis de la covid-19 brinda una oportunidad para conseguir que crecimiento económico no sea sinónimo de destrucción medioambiental e incremento de la desigualdad. Para ello, la reactivación de la actividad, paralizada por los confinamientos y la limitación de la movilidad para frenar la pandemia, debe contemplar medidas muy distintas de lo que se venía haciendo antes de 2020. “Lo de siempre no funciona”, insistió en esta idea que ha remarcado en cada presentación, intervención o entrevista durante el año.

Así, el administrador del PNUD apuntó que “los combustibles fósiles están altamente subsidiados”. Concretamente con cinco billones de dólares, o lo que es lo mismo, el 6,5% del PIB global, según un estudio del Fondo Monetario Internacional, citado en el informe del IDH. Unas ayudas que, por contra, no está recibiendo la gente vulnerable. “Hemos sugerido a los países que aprueben un ingreso mínimo temporal para los más pobres, los más golpeados por esta crisis. Si cierras las economías para contener al virus, no puedes condenar a la gente a quedarse sin ingresos y, básicamente, a la inanición. Tenemos una emergencia de hambre y la pobreza está en aumento. Estos son solo síntomas de corto plazo de una senda de desarrollo que nos ha dado progreso material, pero que nos ha acercado cada vez más al precipicio, no solo en términos climáticos, sino también sociales; solo hay que ver las protestas que suceden por todo el planeta. El riesgo es que volvamos a donde estábamos al comienzo de 2020″, analizó Steiner.

“En el desarrollo no se trata de elegir entre personas o árboles; sino que tenemos que repensar de qué modo progresamos”, remarcó Steiner. Hay que hacerlo, agregó Conceição, porque “la actividad humana están cambiando los procesos naturales en un nivel planetario”. La presión es tal que “no solo nos ponemos en riesgo a nosotros mismos como especie, sino a toda la vida en la Tierra”, advirtió el experto.

En esta era geológica que algunos científicos han convenido en llamar del Antropoceno, pues pone el foco en el impacto humano en el planeta, se puede conseguir tomar el control para variar el rumbo actual hacia la destrucción. “Los humanos ejercen más poder sobre el planeta que nunca. Es hora de usar ese poder para redefinir a qué llamamos progreso, uno en el que nuestras huellas de carbono y consumo ya no estén ocultas”, anotó Steiner.

El informe enumera alguno de esos mecanismos posibles para el cambio. “Primero, a través de las normas sociales (como lo es el uso de bolsas de plástico, por ejemplo). Lo segundo son los incentivos: sabemos que actualmente los precios determinan nuestras elecciones, pero no incorporan los daños al planeta. Lo tercero, hay que dejar de considerar la preservación del medio ambiente como algo que limita lo que podemos hacer; sin embargo, tenemos que ver en la naturaleza una oportunidad de continuar el desarrollo con menos presión sobre el planeta”, resumió Conceição.

La clasificación del IDH tradicional comparada con la nueva ajustada a la presión sobre el planeta se puede consultar en la página 241 del análisis que el PNUD ha redactado para sostener una idea: el bienestar de las personas es indivisible de la habitabilidad de la Tierra. Por eso, el desarrollo humano no puede ser definido como hasta ahora nunca más, ignorando al medio ambiente. De momento, el organismo de la ONU ha puesto sobre la mesa esta propuesta “experimental”, según sus términos, de medición del progreso. El objetivo: que los dirigentes tomen decisiones para mejorar la vida humana y preservar lo que la hace posible.

 

Paracuellos De Jarama - 14 DEC 2020 - 18:10 COT

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Lunes, 14 Diciembre 2020 05:50

Gaia tierra, verde que te quiero verde

Gaia tierra, verde que te quiero verde

If God is good then God be cruel

Take back the world you've granted to fools
Salvage the land that is best without man and all his grief
(Si Dios es bueno, [entonces que] sea malo,
Y recupere el mundo que concedió a los embaucadores
salvando a la mejor tierra sin el padecimiento del hombre).
Gino Vannelli, Summers of my life, 1976

Los efectos de la pandemia no aconsejan pensar en una vuelta a como era el mundo hace poco más de un año. La última evolución no lineal que vivimos bien podría causar un cambio contingente de tendencia en lo que acríticamente asumimos con ‘progreso humano’. Parece que nos empeñamos en negar la evidencia de la inmisericorde destrucción de nuestra querida Gaia.

Resulta que la Tierra no es tan estimada por el capitalismo salvaje y destructivo (creativo, se nos dice, de nuevas oportunidades) de nuestro entorno y recursos naturales. No deja de ser una ilustración que habla por sí misma la de Jim Ratcliffe, un multimillonario británico cuyos negocios en la fractura hidráulica y otras aplicaciones químicas le han reportado unas ganancias que han elevado su fortuna personal hasta los 21.000 millones de libras esterlinas. Su empresa petroquímica Ineos (ahora patrocinadora del popular equipo ciclista profesional, quizá en una estrategia de ‘lavado de imagen’) es puntera en las actividades del fracking, y en los últimos años ha incrementado exponencialmente su valor mercantil. Ratcliffe poseía en 2018 el 60% de Ineos, la cual empleaba a más de 18 mil trabajadores, y formaba parte del exclusivo club de los 1000 millonarios británico cuyas fortunas suman 724 millardos de libras, cantidad equivalente --sólo a efectos comparativos para una mejor comprensión de nuestros lectores-- a siete veces el coste anual de las pensiones en España.

Como se sabe, el fracking es una técnica no convencional de explotación de hidrocarburos, principalmente gas natural, que se encuentran ‘atrapados’ en el subsuelo entre capas de pizarra. A tal fin suele inyectarse a una enorme presión agua, arena y diversos productos químicos a través de pozos de esquisto para fracturar la roca madre en la que están los hidrocarburos alojados, a unos dos kilómetros de profundidad, y poder así extraerlos. Ni que decir tiene que sus efectos pueden ser (lo son) deletéreos para el medio ambiente, y sus perjuicios también económicos pueden afectar considerablemente a las viviendas radicadas en las cercanías de los lugares de extracción.

En el Reino Unido, y en el conjunto del mundo capitalista anglo-norteamericano, los superricos han abrazado la causa del Brexit y esperan que el Wall Street estadounidense y la City londinense mantengan su posición de liderazgo financiero mundial. En ese modelo de globalización, la UE es un invitado incómodo por su legítimo y democrático empeño regulador y fiscalizador. El Estado del Bienestar y el Modelo Social son consustanciales al mantenimiento en Europa de unos valores civilizatorios de existencia humana con dignidad. Naturalmente sería inapropiado aseverar que el bienestar económico no sea un aspecto fundamental de la governance, pero debería cambiarse el mismo concepto de economía buscando su comunión con el de ecología.

Así, pues, bienvenido sea el desbloque del Fondo de Recuperación promovido por la UE, que permitirá una fuerte inyección de dinero para recuperar el ‘tiempo perdido’ a causa de la pandemia. Empero, y como bien recordaba Xavier Vidal-Folch citando a Paul Krugman, la panacea de la máquina fotocopiadora de hacer dinero debería tener como límite de su buen uso el no transferir insensatamente su reembolso a las generaciones futuras. Es decir, facilitar las cosas para los vivos de hoy sin imposibilitar una vida decente a las generaciones futuras de terrícolas. No volvamos, por tanto, al ensañamiento medioambiental e invirtamos con los dineros de la deuda proyectos de inversión para una Europa verde y respetuosa con Gaia.

El Nuevo Pacto Verde ha sido formulado en modo simple por algunos proponentes como Yanis Varoufakis (Varoufuck según lo han rebautizado los perros de presa del capitalismo neoliberal). Dejemos que el ‘exceso’ de liquidez que se posibilita mediante el Fondo de Recuperación, junto a las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo que acaba de anunciar 500.000 millones de dinero y que se alarga hasta marzo de 2022 (garantizando así un volumen total de 1,85 billones de euros), permita la implementación del Green New Deal. Este favorecería que los ciudadanos tuviesen derecho de acceso en sus países de residencia a bienes básicos como, por ejemplo, la alimentación, las infraestructuras, el transporte o la energía. En paralelo, se preservaría el derecho al trabajo asalariado y se facilitarían las rentas básicas de ciudadanía, procurando la provisión digna de viviendas, educación y sanidad de calidad en un entorno sostenible y amable con el medio ambiente.

El mantenimiento de las pasadas inversiones, así como de otros gastos corrientes esenciales en el Modelo Social Europeo y nuestro Estado del Bienestar --educación, sanidad o dependencia, pongamos por caso--, no deberían financiarse sistemáticamente mediante la deuda pública y aumentando el gasto corriente. Tan erróneo es auspiciar políticas de ‘austericidio’ para ajustar a las bravas los planes de consolidación fiscal, como pensar que podemos vivir sólo con el desembolso ordinario de dineros destinados a inversiones; y que costará tanto (si pueden) restituir a las futuras generaciones. Moralmente ya sea sabe la ‘narración causal’ que asevera aquello de que "dentro de cien años todos calvos’. ¿Para qué preocuparse ahora si, al fin y al cabo, los habitantes depredadores de Gaia ya no estaremos aquí para seguir lacerándola sin compasión?

14/12/2020

Por Luis Moreno

Profesor Emérito de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

 

Narración cínica y perversa.

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Cambio climático: cinco años del Acuerdo de París, y queda todo por hacer

Tres noticias en las últimas semanas pueden dar un giro a la crisis climática. Por orden cronológico, el compromiso de China de llegar a la descarbonización total en 2060, la derrota de Donald Trump en las elecciones norteamericanas que devolverá a este país al Acuerdo de París, y el compromiso de la Unión Europea de reducir sus emisiones en un 55% para 2030. Son tres razones para mirar esta década decisiva con una renovada esperanza de que las cosas pueden cambiar.

El Panel científico de Naciones Unidas advirtió que esta década es definitiva en la lucha contra el cambio climático: para evitar ese cambio climático catastrófico – por encima de 1,5 º C – es imprescindible que para el año 2030 hayamos reducido globalmente las emisiones que causan el cambio climático en un 50%. Es ahora o nunca: no hay otro camino que reducir drásticamente las emisiones. La parte buena es que sabemos que podemos hacerlo.

Las grandes corporaciones de combustibles fósiles han hecho un enorme daño al clima, evitando avances en la reducción de emisiones por la acción constante de sus lobbies, bien alimentados históricamente con fondos petroleros. Conviene no olvidar esto en los años duros que tenemos por delante.

El negacionismo climático y el lavado de imagen de la industria sucia ("greenwashing") son dos productos directos de esos fondos.

Recuerdo como si fuera hoy que en la COP22 (Cumbre de Marrakech) el ambiente era de enorme pesimismo. Un año después de la firma del Acuerdo de París, Trump había ganado las elecciones y anunció su salida del tratado. Aquello puso en riesgo la pervivencia misma del Acuerdo. Hubo que superar la depresión colectiva y se conformó un gran consenso en que la lucha por el clima debía seguir delante con o sin Estados Unidos, y afortunadamente el proceso siguió adelante aunque malherido.

Las enormes movilizaciones juveniles en todo el mundo tuvieron el efecto de volver a poner el clima en la agenda política. Millones de jóvenes unidos al grito de "No hay Planeta B" fueron capaces de despertar la conciencia global. Pero el coronavirus ha caído como una losa en las movilizaciones, cuyo impacto se ha minimizado en medio de la actual pandemia. Es imprescindible que el empuje social, liderado por la juventud, retome con fuerza sus movilizaciones porque aún queda todo por hacer.

Las soluciones al cambio climático no son fáciles. Hace falta una mezcla de concienciación global,  innovación tecnológica, cambios en el modelo económico y distintos patrones de consumo. Una auténtica revolución debe ponerse en marcha y solo estamos en sus comienzos. Pero puede hacerse: hacen falta para ello enormes dosis de activismo social y de acción política.

Desde mi punto de vista, vamos demasiado despacio.  Podemos conseguir poner en marcha esa revolución, pero hay que apretar el acelerador. En este caso no se trata tanto de heroicas acciones individuales, como de esfuerzos colectivos de cambio. El sistema capitalista ha hecho demasiado hincapié en convencernos de que podemos solucionar el cambio climático con pequeñas acciones individuales, pero obviando en ese mensaje la inmensa responsabilidad de las grandes corporaciones en este problema. Por ello hace falta voluntad política y gobiernos fuertes y firmes en la convicción de que son necesarios compromisos más fuertes que los actuales. Hay que recordarlo: si no aumenta la ambición, no lograremos evitar un cambio climático catastrófico.

Las cosas han empezado a cambiar para mejor gracias al esfuerzo de muchísima gente, pero todavía estamos muy lejos de poder respirar tranquilos. La concentración de CO2 en la atmósfera sigue aumentando, y los recortes de emisiones son demasiado cortos, pero no caigamos en el desánimo. La lucha debe continuar, porque aún estamos a tiempo de llegar.

Por Juantxo López de Uralde

12 diciembre, 2020

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Hombres y mujeres partidarios de la interrupción voluntaria del embarazo esperaron durante horas fuera del Congreso argentino.Foto Afp

Avanza el aborto legal en Argentina con el aval de diputados; falta votación del Senado

Forenses piden cooperación para identificar a 600 víctimas de la dictadura

 

Buenos Aires., Después de un debate de 20 horas, la Cámara de Diputados aprobó con 131 votos a favor, 117 en contra y seis abstenciones el proyecto de ley que autoriza la interrupción voluntaria del embarazo, es decir, la legalización del aborto en forma segura y gratuita, lo que hizo estallar en gritos y cánticos a la multitud que rodeaba como una marea verde el Congreso de la nación y que se mantuvo en una larga vigilia esperando este momento histórico.

Los pañuelos verdes levantados por la multitud, que se extendía por calles aledañas, dieron un extraño marco a esta celebración, con la esperanza de que finalmente la propuesta sea aprobada en el Senado en los próximos días para que se convierta definitivamente en ley.

Años llevó esta lucha, protagonizada por un fuerte movimiento feminista, que como modelo de nuevos tiempos tuvo el acompañamiento masivo de hombres. Entre los 164 oradores que se escucharon hubo discursos para no olvidar, y también los rastros de una negativa mediocre que va perdiendo fuerzas en el país.

No fue el único derecho recuperado ayer por las mujeres en lucha. La Cámara de Diputados también aprobó el proyecto del denominado Plan de los Mil Días, que sanciona la protección integral a las embarazadas y los niños hasta los primeros tres años de vida.

Esta iniciativa se aprobó por 196 votos a favor, ninguno en contra y cinco abstenciones del bloque de la derechista Propuesta Republicana (PRO), que encabeza la coalición de Juntos por el Cambio.

El proyecto de ley amplía los derechos de la madre y el niño, y dispone priorizar recursos destinados a lograr la máxima protección no sólo durante el embarazo, sino hasta tres años después. Las mujeres en condiciones de vulnerabilidad tendrán todo el apoyo del Estado para llevar adelante la maternidad y dar continuidad a esta protección. Algo que, si bien ya existe, servirá para unificar y ampliar las políticas públicas del gobierno.

El Plan de los Mil Días se debatió después de la aprobación del proyecto para legalizar el aborto. Señala nuevas asignaciones: una para cuidado de salud integral; una universal por hijo una vez al año para ayudar al cuidado de cada niño menor de tres años, y amplía la universal por embarazo, que aumentará de seis a nueve mensualidades para abarcar la totalidad de la gestación. Además, existen en el texto importantes asignaciones que amplían el pago por nacimiento y por adopción a las personas beneficiarias de la AUH, que hasta ahora están excluidas de este y otros beneficios.

Derechos humanos

En tanto, el Equipo Argentino de Antropología Forense recibió más de 70 llamados de varios lugares del país en respuesta a su convocatoria a fin de que familiares de desaparecidos aporten una muestra de sangre necesaria para identificar a 600 cuerpos hallados en fosas comunes e individuales de cementerios de la provincia de Buenos Aires, asesinados y enterrados en estos lugares durante la última dictadura cívico -militar.

Los cuerpos esqueletizados en todos los casos presentan lesiones traumáticas que corresponderían a golpes y torturas, y no han podido ser identificados por no tener el perfil genético de familiares para contrastarlos. Muchas familias, sobre todo del interior del país, no se habían presentado por estar aún aterrorizadas, sobre todo en poblaciones pequeñas, donde el temor aumenta.

Se espera la respuesta de más parientes, al extenderse la campaña, como ha sucedido en situaciones anteriores, mientras aún se buscan lugares de enterramientos utilizados por la dictadura, e incluso se está revisando en algunos lugares del delta del Paraná.

Por otra parte, el Servicio de Paz y Justicia, que preside el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, entregó anoche un reconocimiento especial a las Brigadas Médicas Henry Reeves, de Cuba, por considerar su actividad como uno de los grandes aportes humanitarios en todo el mundo y ejemplo de dignidad de un país víctima del "crimen de lesa humanidad" que significa el bloqueo impuesto por Estados Unidos, que en estos momentos impide la llegada de medicamentos y equipos y profundiza esas medidas que violan los derechos humanos y las leyes internacionales.

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Sábado, 12 Diciembre 2020 05:46

Respiramos un holocausto interminable

Respiramos un holocausto interminable

Los gases contaminados que respiramos no son los de hoy, sino el cúmulo de los execrados en el pasado más el tiempo presente. La polución esconde un misterio. Pasa desapercibida, hasta que la vista se alza sobre el horizonte donde se concentran los humos. Igual sucede con las bolsas de basura; desaparecen una vez alcanzan el contenedor. La realidad es que el dióxido de carbono sigue en la atmósfera durante siglos, al menos desde que Watt inventó la máquina de vapor.

Respiramos un holocausto interminable de la naturaleza, convertida en una furiosa abstracción. Un cúmulo de combustiones procedentes de las entrañas de la tierra formada por una masa vegetal ingente, cuya energía permite vacacionar hasta en las antípodas.

Hace décadas que millones de personas fuera de contexto colonizan los vergeles. Los combustibles fósiles permiten estos saltos fascinantes en el espacio-tiempo. Para ello es necesario prender con furia ese caldo de origen orgánico formado con infinita paciencia durante millones de años, aunque devorado en tan solo unas centurias gracias a los capos de un capitalismo depredador.

Sería fácil detenerse en el humo del carbón y el petróleo, pero la clave del desastre está en el ciudadano/a, convertido en un sujeto pasivo ante un mercado absurdo. El dejar hacer de Smith es fiar al caos unos recursos prestados.

Esta radical explotación de la naturaleza crea escepticismo. Si bien las tesis de Malthus son falsas, subsiste el pesimismo de que somos demasiados. Cuando las urbes alcanzan el paroxismo, solo queda reconstruir el pasado con fidelidad e imitar la vida rural. Respirar el aire limpio sin que dañe los pulmones su pureza. Resta entonces un mundo de perennes alternativas: medicina, monedas, educación; un espacio ruralizado sin feudos ni vasallos, en medio de una tecnología salvaje y devoradora de horas.

Georgescu Rohen ya señaló la solución. El decrecimiento económico como solución ante la ruina del medio que habitamos. Y se puede hacer de muchos modos sin volver a la caverna. Es cierto que llegar a un consenso político con el objetivo de disminuir la producción y la codicia parece imposible, porque se anunciaría como la auténtica extinción del ser-consumidor.

Una extraña sensación queda tras el tópico "salvemos el planeta". ¿No es mejor dejarlo así, que fenezca bajo el deseo irrefrenable? Seguro que hay Tierras impolutas, prístinas, parecidas a la que habitamos y dispuestas para el recreo.

No solo el dióxido de carbono permanece en el aire durante varias generaciones. También los químicos y los transgénicos se acomodan en las células humanas. Los pesticidas que sirvieron para las guerras pueblan los torrentes sanguíneos de ciudadanos cultos como los europeos. En el brillante documental ¿Cuánto ensuciamos cuando limpiamos? (Patrick D. Coheh, 2018) muestra la verdadera huella que dejan las grandes corporaciones como Monsanto (hoy parte de Bayer, la mayor agroquímica del mundo) y cómo funcionan los lobbies en Bruselas. Esa es la clave. Una guerra, una cadena de montaje, un nuevo mundo de ingenieros pretenciosos, y cuando la paz llega, solo hay que dosificar esos materiales mortíferos para domesticar la naturaleza humana y vegetal. Ahí está el cáncer.

Responsabilizar a los ciudadanos es demagogia, porque los representantes políticos de la salud pública no toman decisiones valientes. El ecocidio es ya una marca sobre el conjunto de los cuerpos de los niños y las niñas nacidos o por nacer.

Las plagas clásicas eran intermitentes, pero cuando la peste perdura en la sangre, en los ríos, y flota silenciosa en el aire durante centurias, es que algo está definitivamente roto

12/12/2020

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Consecuencias de que el agua cotice en el mercado de futuros

El uso del agua en California ha pasado a cotizar desde el lunes en el mercado de futuros. Una vuelta de tuerca más en la financiarización y privatización del agua.

 

Se rumoreaba desde hace un par de meses y, esta semana, el momento llegó. Desde el lunes, el agua ya es un producto que cotiza y se comercia en los mercados de futuros. Los incendios desatados en California, uno de los estados norteamericanos con una mayor industria agrícola, y la escasez de agua que están provocando han servido de excusa perfecta para llevar este bien tan básico al mercado de futuros de materias primas y convertirlo en un producto especulativo.

Su valor, que en California se ha duplicado en el último año, se marcará en el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se basa en el precio de los derechos del agua en el mercado de futuros de varias zonas de California y que funciona desde 2018. La cotización actual del bien es de 486 dólares por acre pie, lo que equivale a unos 1,4 millones de litros. El mercado de futuros consiste en poder negociar el valor de un bien en una fecha futura, lo que, según los defensores de este tipo de mercados, ayuda a asegurar precios futuros, hacer más eficiente el mercado del agua y a que los agricultores o municipios no tengan problemas en el futuro para abastecerse de agua, protegiéndose así de los vaivenes de los mercados. 

Pero esa defensa del mercado de futuros hace aguas por todas partes si vemos lo que ha ocurrido en otras ocasiones con los productos básicos que se han postrado a los pies de los especuladores. Uno de los ejemplos más recientes y devastadores fue el incremento de los precios de alimentos básicos durante la crisis financiera de 2008. Cuando las bolsas se hundieron en los años posteriores a la caída de Lehman Brothers, los inversores que huían de los circuitos financieros e inmobiliarios buscaron productos seguros donde invertir sus capitales. El mercado de futuros de alimentos básicos, como el trigo o el maíz, atrajo enormes cantidades de dinero que compraban estos productos básicos en forma de futuros, lo que provocó que los precios pactados fueran cada vez más altos debida a la enorme demanda, lo cual a su vez provocó una subida generalizada de los precios de los alimentos en todo el planeta, causando hambrunas y millones de muertes en los países del sur global.

Uno de los ejemplos más claros es el del aceite de palma, según explica la periodista e investigadora Laura Villadiego, del proyecto Carro de Combate. “Se calcula que en la Bolsa de Malasia se intercambia cada tonelada de aceite de palma producida unas cinco veces antes de llegar a su comprador final y, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 98% de los contratos de futuros nunca llegan a materializarse, son puras herramientas de especulación”, lamenta Villadiego. Esos movimientos puramente especulativos tienen un impacto sobre los precios, “que se traslada después a los agricultores que producen aceite de palma”. Cuando los precios suben, explica, “se abren más plantaciones, unas veces a costa de bosque primario y, otras veces, a costa de otras materias primas, muchas veces cultivos para la alimentación básica de la población”, y cuando los precios caen, “todos arruinados”.

¿Qué supone la entrada del agua en el mercado de futuros?

Que el agua esté a la merced de los mercados, que se financiarice su valor y su comercio, lo convierte “en una inversión financiera potencial y se analice desde el punto de vista de rentabilidad-riesgo”, explica a El Salto Luís Flores, especialista en mercados bursátiles e integrante de Ecologistas en Acción. Además, al ser un bien cada vez más escaso, “su precio en el medio-largo plazo solo puede subir”, lamenta, ya que desde el punto de vista del inversor es una apuesta clara y segura, como ya ocurrió con las tierras cultivables y otros alimentos básicos anteriormente. El impacto de que coticen ahora solo afectará a las zonas de California y a los derechos de aprovechamiento del agua a los que se refieren estos nuevos futuros pero, alerta Flores, “se marca una tendencia muy preocupante”. 

La especulación sobre el agua no en nueva esta semana, “solo hay que ver las fluctuaciones del precio del índice sobre el que se lanzan ahora estos futuros”, argumenta Flores. El NQH2O subió un 227% durante el primer semestre del año y caído un 31% en lo que llevamos del segundo semestre. “Probablemente, los futuros contribuyan a incrementar esa volatilidad”.

Coincidiendo con Villadiego, Flores defiende que la teoría de que los futuros pueden servir para mitigar los riesgos de los productos a los que están vinculados es muy distinta de lo que acaba ocurriendo en la mayoría de los casos. “La realidad demuestra exactamente todo lo contrario, los futuros se convierten en una herramienta especulativa donde el ‘músculo’ para hacer la apuesta más grande es capaz de mover el precio de los futuros en un sentido u otro. Y los futuros son precisamente los esteroides para ese músculo, ya que permiten hacer apuestas disponiendo de solo un porcentaje mínimo de los fondos que se quieren apostar”.

Mercados en busca de inversiones seguras

Al igual que ocurrió tras 2008 con los mercados ávidos de encontrar inversiones seguras, en esta nueva crisis los bancos centrales han inundado de dinero a los mercados con la intención de mantener y reflotar la economía ante la crisis del covid-19. Este exceso de capital y unos mercados bursátiles han llevado a los “valores refugio”, como el caso del oro, a máximos históricos. Los inversores desconfían de las bolsas pero tienen mucho capital que han conseguido a un interés muy bajo por parte de esos bancos centrales y necesitan encontrar un lugar seguro y que reporte beneficios.

La tendencia sobre el derecho del agua de California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir capitales y a la especulación con el bien básico

En ese contexto, la tendencia que marca la noticia sobre el derecho del agua en California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir esos capitales, que deberían servir para reconstruir la economía y salir de la crisis, a la especulación con el bien básico. “A partir de ahora, los futuros sobre agua son para estos grandes inversores una alternativa más en la que invertir y solo por ello, el precio de los futuros, del índice al que se ligan y por tanto del agua, debería subir”, argumenta Flores.

Un paso más para privatizar el agua

El caso California no arranca esta semana. La sequía que sufrió el estado entre 2012 y 2016 fue acompañado de cambios legislativos para privatizar el uso del agua. “Esto es solo una nueva vuelta de tuerca a ese proceso”, dice Liliana Pineda, miembro de Attac y la Plataforma Contra la Privatización del Agua. “Cuando se habla de derechos del agua, se habla de derechos privados, ya que el agua pública no es un bien titularizable”, argumenta Pineda, “y no debería serlo”, matiza. Según ella, lo que se intenta es que los municipios intercambien concesiones sobre agua por dinero en lo que tacha de un “chantaje a los ayuntamientos que necesitan ese dinero para meterlo en ladrillo o pagar deudas a que titularicen, y por lo tanto privaticen, el uso del agua”.

Esa nueva vuelta de tuerca a la que se refiere Pineda es la privatización de bienes y servicios públicos básicos que llevamos sufriendo las últimas décadas. “Es una vuelta de tuerca al proceso de financiarización de todo lo común”, dice la activista, “una tendencia a la privatización que, en caso de avanzar y extenderse a otros países, podría hacer el agua más susceptible por parte de las administraciones públicas”. Además, estos procesos de titularización y comercialización “afianzan los modelos de gestión privada y son un espaldarazo a la gestión pública del agua”.

“La ONU considera el agua un derecho humano, España todavía no ha traspuesto ese mandato”, lamenta Pineda, por lo que se debería paralizar todo proceso de convertirlo en un bien bursátil especulativo. Desde la Red de Agua Pública o la Plataforma contra la Privatización del Agua piden exactamente lo contrario a lo que ha sucedido esta semana en California: “Tiene que haber una mayor inversión pública y no por los cauces bursátiles”. “Cuando entra en el mercado de futuros no sabemos en manos de quién está el agua, puede estar en manos de un fondo buitre en un paraísos fiscal que no tiene ningún interés más que ganar dinero”, lamenta Pineda.

Por Eduardo Luzzatti / Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

10 dic 2020 06:00


 El agua ya cotiza en Wall Street, un paso más para que un derecho humano se convierta en mercancía

El agua de California se ha convertido en un elemento más para invertir dentro de los mercados a futuros bursátiles. La financiarización de este recurso hace saltar las alarmas a expertos, que ponen las crisis agroalimentarias de 2007 y 2008 como referencia de lo que pueda pasar en el futuro. 

madrid

09/12/2020 22:52

alejandro tena

En 1995, el exvicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, afirmaba que las guerras que marcarán el futuro del siglo XXI girarán en torno a la disponibilidad del agua. Quizá la humanidad no se encuentre aún en ese escenario, pero los pasos hacia la mercantilización de este bien –considerado un derecho humano desde 2010 por la ONU– son cada vez mas grandes. Tanto, que esta semana el agua comenzó a cotizar en los mercados a futuro de Wall Street. Un hecho histórico que pone a esta materia prima, fundamental para la vida, al mismo nivel que el oro o el petróleo. 

Este tipo de inversiones a futuro no suponen la necesidad de suministro de agua, sino que son contratos financieros que vendrán determinados por el precio medio semanal de las principales cuencas de California. De esta forma, el índice NQH20 marcará el precio de esta nueva mercancía y servirá, según los expertos, de referencia mundial. Si bien, desde sectores económicos como Bloomberg o la compañía de mercados CME Group han vinculado esta decisión con una supuesta protección y flexibilidad del agua de cara al escenario de escasez y sequía –condicionada por la crisis climática–, otros sectores alertan de las posibles repercusiones que puede tener la entrada de este líquido en Wall Street.

Pedro Arrojo, relator de las Naciones Unidas para el Derecho al Agua y al Saneamiento, explica a Público que esta "mercantilización de las excedencias de los derechos concesionales del agua nos lleva al sanctasanctórum de los mercados especulativos". Se trata de los mismos mercados, dice el economista de la ONU, que "han trabajado con la alimentación y han producido hambrunas internacionales, quebrando economías nacionales por especulaciones a futuro con cuestiones básicas de la vida que afectan a los derechos humanos".

Sin embargo, la llegada de este recurso a los mercados no es una sorpresa, sino el resultado de una gestión hidrológica que se remonta a los inicios de la década de los años ochenta del siglo XX, que vino condicionada por las sequías intensas de 1976 y 1977 en California. En estos momentos se implementaron los mercados de agua en el estado norteamericano del oeste. La escasez de recursos hídricos propició que los derechos de agua a corto plazo fueran traspasados a manos privadas. Incluso durante la segunda mitad de los años noventa, que estuvieron marcados por lluvias abundantes, estas prácticas fueron comunes. Fue a comienzos del siglo XXI cuando empezaron a crecer los acuerdos de derechos de agua a largo plazo, lo que podría ser el germen de los mercados a futuro que esta semana han irrumpido en Wall Street. En este momento, la Imperial Irrigation Distrit compró una gran cantidad de derechos de agua a las empresas concesionarias de Los Ángeles y San Diego, teniendo que llegar estas ciudades a pagar a esta compañía en momentos de sequía, para poder abastecer los mínimos requeridos para el consumo urbano. Es decir, en tres décadas los derechos de agua pasaron paulatinamente de lo público a lo privado.

"Esta clase de acuerdos puede convertir a las ciudades en cautivas de los proveedores privados, al mismo tiempo que los únicos beneficiarios son los aguatenientes que destrozan la industria auxiliar agrícola y a sus trabajadores. Por no hablar de los efectos negativos en los ecosistemas por los que dejan de pasar esas aguas", expone Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (Aeopas). "El sudeste de la península ibérica guarda muchas semejanzas con California y esto ha hecho que siempre se la observe como un referente. En este sentido hemos seguido algunas pautas mercantiles en nuestra legislación inspirados en este modelo", alerta, señalando que, por el momento, España se ubica en un sistema público con cierta participación privada.

Pero, ¿qué ocurrirá si el agua llega a los mercados financieros a nivel mundial? "Si se globaliza la especulación del agua como se ha hecho con el sistema agroalimentario, pasaremos de tener un bien común a tener una commodity (mercancía). Ahora, con la entrada en bolsa de California, se da un paso más en esa lógica que ya se venía gestando. Primero se pasa de estar en un ámbito público a un ámbito público-privado y, después, se da el salto a la especulación absoluta", opina Mirene Begiristain, profesora de Economía de la Universidad del País Vasco.

La cotización del agua en los mercados de futuro por el momento afecta sólo a las cuencas californianas, pero abre una vía de mercantilización nunca antes vista. Desde determinados sectores económicos favorables a esta iniciativa señalan que, al ser únicamente los excedentes de agua los que cotizarán en Wall Street, se fomentará un consumo eficiente y se hará frente a supuestos despilfarros. Sin embargo, se abre el riesgo de que la gran parte de los contratos a futuro sean comprados por inversores ajenos a sectores agrícolas, lo que fomentará que haya un juego de compraventa. Según el experto en transición ecológica, Luis González Reyes, sólo el 2% de los futuros que son bienes básicos terminan siendo entregados, el 98% se venden y revenden como activos financieros especulativos. En el caso del agua, las escasas infraestructuras para el transporte complican aún más que la compra de futuros se haga con la intención de poder hacer uso de ellos, tal y como advierte Babiano.

Las crisis alimentarias ya mostraron los efectos de la financiarización global de recursos básicos para la vida. Tanto es así que la especulación en los mercados a futuros tuvo un papel importante en la subida de precios de las crisis agroalimentarias de los años 2007 y 2008. Todo ello, se vio agravado por la coyuntura de cambio climático y su incidencia en determinados cultivos, así como la apuesta firme por los agrocombustibles que desplazaron la producción de alimentos hacia otras zonas, tal y como se recoge en una publicación de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)

Arrojo, como relator de la ONU, muestra su preocupación por el paso adelante que ha dado el estado californiano y, de hacerse global, asemeja los riesgos a los experimentados con la financiarización de los recursos alimentarios. "No es el debate que teníamos instalado", dice, en relación a la situación que se vive en zonas de Europa como España, donde las disputas giran todavía entre unos derechos del agua puramente públicos frente a los mixtos con concesiones privadas. "Si esto continúa, se acaba todo. No existirá el interés general, sino el interés del mercado, donde el león se come al cordero", reflexiona.

Babiano, por su parte, explica que la mercantilización de este derecho humano podría abrir la puerta a una "triple variable" que transforme el agua tal y como se conoce. Por un lado, la accesibilidad estará marcada por la rentabilidad económica. En segundo lugar, la asequibilidad quedará condicionada a las fluctuaciones de los mercados, lo que generaría, según el experto, un descontrol de precios a largo plazo. El tercer factor es la "concentración de poder" en los mercados y el desplazamiento de lo público y la idea de bien común como principio básico de toda gestión hídrica.

"Estas son las semillas de la mercantilización de los bienes esenciales. Ahora se anuncia en California, pero esto irá evolucionando poco a poco. En un principio se nos presenta la participación privada como un mecanismo de flexibilidad, luego se empieza a cuestionar la esencia de lo público, como ocurre ahora [en España], y se termina entrando en los mercados, que es lo máximo", detalla el gerente de Aeopas, quien reclama que España deje de mirar hacia el modelo californiano para reconvertir nuestro sistema: impulsar la gobernanza en la gestión del agua, eliminar cánones concesionales, considerar el agua un derecho humano y "volver al espíritu público de la ley aguas de 1985".

Un derecho humano que no se cumple

A pesar de que el acceso al agua es un derecho humano desde 2010, en el mundo hay alrededor de 700 millones de personas de 43 países que sufren escasez de este recurso. Los efectos de la emergencia climática son cruciales para entender este fenómeno que, según la ONU, aumentará en los próximos años. Se estima que dentro de cinco años habrá 1.800 personas viviendo en zonas del mundo afectadas por estrés hídrico, es decir, en lugares donde la demanda de agua sea superior a su disponibilidad. Esto podría desembocar en una crisis migratoria sin precedentes que afecte a cerca de 250 millones de personas residentes en países africanos.

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 Esta imagen, publicada en 2017 por Nature Communication, muestra al planeta a través del tiempo: rojo, muerto y seco a la izquierda, y el mismo paisaje cubierto de agua, al principio de la historia del cuerpo celeste, hace más de 3 mil millones de años.Foto Afp

Electrolizador de salmuera proveerá 25 veces más de ese gas que Moxie, equipo que la NASA tiene programado utilizar

 

La NASA pretende aterrizar astronautas en Marte en la década de 2030, pero ahí el oxígeno es sólo 0.13 por ciento de la atmósfera, en comparación con el 21 de la terrestre y no es viable transportar suficiente oxígeno y combustible en una nave.

La forma en que la NASA planea abordar el problema es mediante Moxie (Mars Oxygen In-Situ Resource Utilization Experiment), un cubo del tamaño de una batería de auto, que pesa alrededor de 17 kilos y su principal objetivo es producir oxígeno a partir de la atmósfera marciana. El sistema está en fase de prueba en el robot Mars Perseverance, lanzado en julio. Convertirá el dióxido de carbono, que constituye 96 por ciento del gas en la atmósfera, en oxígeno.

Sin emargo, esta semana se presentó en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, un sistema de electrolisis para salmuera que ha demostrado la capacidad de extraer oxígeno e hidrógeno en las condiciones simuladas de la superficie marciana: -36 grados Celsius.

El planeta rojo es muy frío; el agua que no está congelada está casi con certeza llena de sal, lo que reduce su temperatura de congelación y complica la extracción de sus componentes fundamentales para sostener la vida o producir combustible.

Nuestro electrolizador de salmuera marciana cambia radicalmente la estimación logística de las misiones a Marte y más allá, señaló Vijay Ramani, líder del equipo de la Universidad de Washington en Saint Louis, autor del estudio.

Esta tecnología es igualmente útil en la Tierra, donde abre los océanos como una fuente viable de oxígeno y combustible, agregó en un comunicado.

Desde 2008 Mars Express, de la Agencia Espacial Europea, ha descubierto varios estanques subterráneos que permanecen en estado líquido gracias a la presencia de sal (perclorato de magnesio).

El sistema desarrollado en el laboratorio de Ramani puede producir 25 veces más oxígeno que Moxie usando la misma cantidad de energía, al mismo tiempo que hidrógeno, que podría usarse como combustible para el viaje de retorno de los astronautas.

Nuestro electrolizador de salmuera incorpora un ánodo de pirocloro de rutenato de plomo desarrollado por nuestro equipo junto con un cátodo de platino sobre carbono. Estos componentes, cuidadosamente diseñados, junto con el uso óptimo de los principios tradicionales de la ingeniería electroquímica, han producido este alto rendimiento, precisó Ramani.