En plena pandemia de coronavirus, Jair Bolsonaro avanza con la privatización del agua

El Senado le allanó el camino

 

El Senado de Brasil aprobó el miércoles un proyecto oficialista que allana el camino para privatizar las empresas estatales de agua y saneamiento. El presidente Jair Bolsonaro había pedido al Congreso prioridad para la iniciativa, a pesar de la pandemia del coronavirus, bajo la excusa de que atraerá más inversión privada al sector que se encuentra en un estado de precariedad.

El proyecto de ley, que había sido aprobado la Cámara baja en diciembre, fue sancionado por una votación de 65 a 13 en el Senado. La iniciativa, que el presidente firmará en las próximas horas, pondría un recurso público vital en manos privadas, en momentos en que muchos países o ciudades lamentan haber privatizado sus sistemas de agua

El saneamiento era el último sector importante de infraestructura en Brasil que no había sido privatizado. Bolsonaro, que impulsó una agenda radical de reformas de libre mercado, celebró su aprobación.

De acuerdo al mandatario, el proyecto tiene como objetivo brindar un mejor servicio a los 35 millones de brasileños que carecen de agua potable y 100 millones cuyas aguas residuales se vierten sin tratar, dijeron sus impulsores. "Casi la mitad de la población de este país carece de saneamiento básico", dijo el principal patrocinador del proyecto, el senador Tasso Jereissati del partido de centro derecha PSDB.

La votación fue resultado de una sesión remota debido a la pandemia de coronavirus, que ha resaltado la urgencia de abordar los problemas de saneamiento para los pobres en el país.

El país tiene el segundo mayor número de casos y muertes por covid-19 en el mundo, después de Estados Unidos. Muchos brasileños carecen de acceso a lo más básico necesario para prevenir el contagio: agua limpia para lavarse las manos.

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El Dengue: Una epidemia silenciosa en América Latina que ya tiene 1,6 millones de contagios y 580 muertes

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló que durante este año en América se han reportado 1,6 millones casos de dengue, epidemia que ya dejó un saldo de 580 muertes y que todavía continúa expandiéndose en la región.

En su informe “Actualización epidemiológica: dengue y otras arbovirosis”, el organismo explicó que el país más afectado es Brasil, ya que registra el 65 % de los casos, seguido por Paraguay (14%), Bolivia (5,0 %), Argentina (5,0 %) y Colombia (3,0 %), con altas incidencias también en Honduras, México y Nicaragua, y con menor impacto en Centroamérica y El Caribe.

Estos datos, advirtió, ponen de relieve la necesidad de los países de la región de seguir con las acciones para eliminar los criaderos de los mosquitos que pueden transmitir el dengue, al mismo tiempo que se desarrolla la pandemia de coronavirus, que ha provocado una emergencia sanitaria a nivel mundial.

“Si bien existen medidas de distanciamiento social, se debe alentar a trabajar juntos dentro y alrededor de los hogares para eliminar el agua estancada, reducir y eliminar los desechos sólidos y garantizar la cobertura adecuada de todos los contenedores de almacenamiento de agua. Estas medidas pueden hacerse como una actividad familiar”, señaló la OPS.

La convivencia de ambas enfermedades se refleja, por ejemplo, en países como Brasil, en donde hay 1.085.000 casos de coronavirus y un 1.040.000 contagios de dengue. Es decir, que el impacto ha sido similar.

En Paraguay, en cambio, hay solo 1.392 casos de coronavirus frente a 218.798 de dengue; en Bolivia, la comparación es de 24.388 frente a 82.460; y en Argentina, de 42.785 a 79.775.

Epidemia a la baja, pero aún grave

La OPS aclaró que las cifras sobre el dengue representan una disminución del 10 % en comparación con el mismo período de 2019, que fue un año epidémico.

Además de esta enfermedad, agregó, durante los primeros cinco meses del 2020 se registraron 37.279 casos de chikungunya, el 95 % de ellos en Brasil, y 7.452 casos de zika.

De acuerdo con el organismo, la pandemia de Covid-19 pone una carga importante en los sistemas de salud, pero ello no debe reducir los esfuerzos para abordar el dengue y otras arbovirosis con acciones de manejo, epidemiología, atención al paciente, laboratorio, gestión integrada de vectores y medio ambiente.

“Estar confinado también es una buena oportunidad para limpiar los criaderos de mosquitos. Si todos actuamos sistemáticamente para eliminarlos podemos dar un golpe al dengue, al reducir la cantidad de mosquitos y el riesgo de transmisión”, afirmó Luis Gerardo Castellanos, jefe de la Unidad de Enfermedades Desatendidas, Enfermedades Tropicales y Enfermedades Transmitidas por Vectores de la OPS.

(Con información de RT)

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La paradójica contradicción del covid-19 en las cárceles de Colombia

De penal en penal, el virus de moda sume en pavor a los doblemente confinados en Colombia. Su ritmo es infernal, aunque contradictorio: del penal de Villavicencio, donde la multiplicación de infectados cubrió a más de 800 de las personas allí encerradas, con un muerto, al de Cali, donde suman 601 de quienes allí purgan en antihumano hacinamiento el castigo judicial –como es la norma en todos los penales del país–, pasando por la de Cartagena donde el reporte es de 562 afectados, o la de Tumaco con 81, para seguir por otras 14 centros de encierro donde en menor número otros cientos de condenados o sindicados ven como, además del encierro tienen que afrontar el riesgo de muerte como efecto del fatal covid-19.

Es una evolución de contagios contradictoria toda vez que sin atención médica ni oportuna ni adecuada, sin alimentación bien balanceada, sin la tranquilidad requerida por todo tratamiento médico, en pocas semanas cientos de los contagiados han dejado de estarlo, de tal manera que en Villaviencio, por ejemplo, ahora solo reportan 31 infectados. Según el secretario de gobierno de Cartagena, David Múnera –aludiendo al contagio que sufren las mujeres presas en el penal de mujeres de aquella ciudad, así como no menos de 8 trabajadoras del personal de custodia y administrativo: “todas son asintomáticas”. ¿Será la constante por todas las masmorras del país?

 

Cuadro contagiados por covid-19 en cárceles de Colombia

 

Situación contradictoria y paradógica ya que durante todos estos meses de confinamiento las autoridades responsables de salud en el país y el mundo, así como las cabezas de gobierno nacional y municipales no dejan de enfatizar en el riesgo fatal por este contagio, llamando a conservar la distancia entre personas, así como otra serie de precauciones, pero resulta que ahora, precisamente en cárceles que relucen por hacinamiento superior al 50 e incluso al 100 por ciento, el virus resulta ser algo inofensivo, como dice un cuestionado jefe de Estado: “una gripecita”.

Algo no encaja en todo esto: o el virus no es tan letal como nos han dicho, o la situación que padecen los internos e internas es más grave de lo que ahora resulta ser. ¿Quién miente? ¿Quién manipula?

Un reporte sobre el covid-19 en las cárclees claramente paradógica y que tiende sospecha sobre las autoridades responsables de los penales, más aún cuando el decreto 546 que pretendía deshacinar las cárceles, como lo reconoció Margarita Cabello, ministra de Justicia, no cumplió con su cometido –deshacinar–. Entonces, con las cárceles igual de copadas, con presos conviviendo cuerpo a cuerpo, con toses por pasillos y calabozos, sin aireación adecuada, sin acceso a agua de manera constante para el aseo requerido, sin secciones de salud bien construidas, sin personal médico adecuado en cantidad y calidad, sin respiradores, sin nada de ello, ¿cómo es que el virus no causa estragos en la humanidad de quienes padecen el castigo del encierro?

¿Quién aclara esta paradógica contradicción?

 

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La Iniciativa de biomonitoraje COVID-19 investiga el movimiento de los animales, su comportamiento y niveles de estrés antes, durante y después del confinamiento. En la imagen, una gacela de Mongolia con sistema de seguimiento. / Thomas Mueller

Una alianza global de científicos analiza los efectos de la disminución de la actividad humana en el comportamiento de los animales en busca de formas de compartir el planeta más beneficiosas para todos.

 

A la costa oriental de la India cada año llegan en primavera miles de tortugas de Ridley, en grave peligro de extinción, para desovar. Este año, sin embargo, se ha producido un hecho insólito en décadas: la mayoría de los millones de los animales nacidos ha logrado llegar al mar, sanos y salvos.

El confinamiento humano debido a la pandemia de la covid-19 redujo a mínimos el tráfico en las grandes carreteras cercanas a esas playas, cuyas luces suelen despistar y atraer a estos reptiles, y provocar que muchas tortugas mueran, machacadas. Tampoco faenaban los barcos de pesca, de manera que, al menos esta vez, no se quedaron atrapadas en sus redes, una de las causas más importantes de mortalidad.

Que los humanos hayamos pasado casi tres meses encerrados en casa para detener la expansión del SARS-CoV-2 ha afectado a la vida salvaje del planeta y ha brindado a los científicos una oportunidad única y sin precedentes para estudiar el impacto que nuestra actividad tiene sobre nuestros vecinos.

Por ello, investigadores de todo el planeta se han unido en una ambiciosa iniciativa sin precedentes, a la que han llamado "Iniciativa de biomonitoraje COVID-19", y que tiene por objetivo investigar el movimiento de los animales, su comportamiento y niveles de estrés antes, durante y después del confinamiento. Para ello, usarán los datos obtenidos mediante dispositivos electrónicos en miniatura colocados en los animales y sistemas de satélite que biólogos en todo el planeta ya utilizaban antes de que comenzara la pandemia del coronavirus para estudiar especies.

"Este proyecto no responde a una visión romántica de ‘vamos a ayudar a los animales del mundo’. Entender el impacto que la actividad humana tiene en la vida salvaje es una cuestión de crucial importancia no solo por temas de conservación, sino también para prevenir futuros problemas de propagación de enfermedades", explica a SINC Christian Rutz, investigador del Centro para la biodiversidad biológica de la Universidad de St Andrews (Reino Unido) y autor principal del artículo científico que anuncia esta iniciativa, publicado en Nature Ecology & Evolution.

Este consorcio internacional, formado bajo el paraguas de la Sociedad internacional de biomonitoraje (Bio-Logging Society) en colaboración con la plataforma de investigación Movebank y el Centro Max Planck-Yale para el movimiento de la biodiversidad y el cambio global, integrará una ingente cantidad de resultados de una gran variedad de especies marinas, de aves y mamíferos para captar una imagen global de los efectos del confinamiento.

"Animales y humanos formamos parte de un complejo ecosistema que, si está sano, nos proporciona innumerables beneficios y servicios", insiste Rutz, que añade: "Dependemos de la naturaleza críticamente como especie y esperamos obtener datos que nos permitan, aplicando pequeños cambios en nuestra actividad, encontrar formas de vivir en este planeta beneficiosas para todos".

Una alianza global de científicos

Durante el confinamiento, este biólogo empezó a ver a través de redes sociales fotos y vídeos de animales que disfrutaban de espacios hasta entonces ocupados por humanos: desde pumas en el centro de Santiago de Chile a delfines en las aguas costeras inusualmente calmadas de muchas ciudades del globo.

Entonces lanzó un mensaje a través de la web de la Sociedad Internacional de Biomonitoraje, de la que es el presidente, proponiendo a la comunidad científica sumar esfuerzos para estudiar los cambios en especies en las distintas partes del mundo. A los pocos días había recibido respuesta de cientos de investigadores sumándose al proyecto y ofreciendo más de 200 co

Uno de los grupos de trabajo que se unieron a la iniciativa es PAN-Environment, liderado por el biólogo español Carlos Duarte, al frente del Centro de Investigación del Mar Rojo, de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah, en Arabia Saudí.

"Evaluaremos el impacto de la movilidad y actividad humana en especies y ecosistemas. Integraremos una enorme variedad de información procedente de programas de monitorización de especies, de áreas protegidas, redes de sensores y ciencia ciudadana", explica este investigador, que apunta que también pretenden analizar impactos como el aumento de plásticos de un solo uso utilizados para fabricar productos para la protección humana en la pandemia; o el efecto de la caza ilegal.

"La COVID ha dejado a mucha gente en la pobreza y en parques naturales de Estados Unidos han registrado un aumento del furtivismo; en la Gran Barrera de coral de Australia, en este confinamiento han puesto el mayor número de multas por pesca ilegal en un mes que en todo el pasado", señala.

¿Qué esperan aprender?

Este consorcio internacional de investigadores analizará los datos obtenidos y los compararán con periodos de tiempo de años anteriores y futuros. También esperan obtener datos en alta resolución de movilidad humana para poder cuantificar con exactitud el impacto de la actividad. Y para ello, apelan a que grandes compañías, como Google o Apple, les cedan esos datos para investigación.

"Vamos a poder responder preguntas que antes era imposible incluso plantearnos. Investigaremos, por ejemplo, si los movimientos de los animales en los paisajes actuales se ven afectados de forma predominante por las construcciones o la presencia humana", afirma en una nota de prensa Matthias-Claudio Loretto, investigador del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal en Radolfzell.

También esperan identificar qué especies están muy afectadas por la actividad humana pero aún tienen capacidad de responder al cambio y cuáles son muy vulnerables; asimismo, pretenden establecer los umbrales críticos a partir de los cuales las alteraciones causadas por las personas tienen efectos perjudiciales en el comportamiento animal, alteran las dinámicas en los ecosistemas y eso, a su vez, tiene un retorno negativo en el bienestar humano.

"En este confinamiento, los humanos hemos sufrido el impacto psicológico y emocional de estar confinados, de no poder disfrutar de la naturaleza. Esperemos que eso nos haga entender mejor y sentir más empatía por animales confinados habitualmente debido a nuestra presencia y actividad, para que eso impulse un nuevo arranque, que debería ser verde y azul, y más compasivo con las especies con que compartimos el planeta", concluye Duarte.

23/06/2020 11:01 Actualizado: 23/06/2020 11:11

CRISTINA SÁEZ (SINC)

Entre el coronavirus y la violencia: así viven los indígenas en Colombia

Los indígenas nasa y awa en Colombia hacen frente a la pandemia desde la autogestión de la salud propia y la sabiduría ancestral en medio de un conflicto armado que les sigue asesinando en pleno confinamiento.

 

La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) asegura que 382.266 familias indígenas colombianas estarían en riesgo de contagio por la covid-19. Hasta ahora, el virus afecta a 33 comunidades nativas del total de 103 pueblos indígenas que existen en este país con 906 personas indígenas contagiadas y 29 fallecidos. Preocupan especialmente los que habitan en zonas fronterizas como los 21.000 awa, un pueblo declarado en vías de extinción física y cultural que viven mayoritariamente agrupados en 32 resguardos en la región de Nariño, vecina de Ecuador, en el Pacífico. El temor de los awa al coronavirus es enorme. No presentan ningún caso, pero en Nariño si hay ya más de 400 positivos. "Debemos impedir que el virus llegue a nuestros territorios y nos extermine porque aquí hay muchas enfermedades respiratorias, diabetes, hipertensión y tuberculosis", dice Rider Pai, Consejero Mayor de la Unidad Indígena del Pueblo Awa (UNIPA).

Para evitarlo, los awa activaron su propio plan de contingencia, conscientes que poco pueden esperar del Estado, sin presencia institucional en su territorio y con un sistema sanitario público desmantelado. Como otras organizaciones indígenas, se declararon en confinamiento, establecieron puestos de control de entrada al territorio y recomendaron el lavado de manos. "Nuestro pueblo es binacional, repartido entre Ecuador y Colombia, pero es difícil establecer un control fronterizo y tener un albergue para poner en cuarentena a los que vienen de la parte ecuatoriana. Nuestros guardias indígenas están además muy expuestos porque no tenemos tapabocas ni geles desinfectantes", explica Claudia Jimena Pai, de la UNIPA.

Para los awa, la salud es un estado de equilibrio espiritual en las relaciones de las personas con el territorio y la naturaleza que se alteró cuando las colonizaciones les trajeron enfermedades, la tala y quema de árboles hizo desaparecer sus plantas medicinales, la minería ilegal contaminó sus fuentes hídricas, los cultivos de coca dañaron sus suelos y con la coca llegaron los actores armados y la guerra. La enfermedad, según sus médicos tradicionales, es consecuencia de toda esa desarmonía a la que hacen frente con rituales y plantas a las que atribuyen efectos curativos. "Los mayores nos dicen que cuando vino el sarampión, la rubeola o la tosferina fue difícil, pero ellos cavaron cuevas y pudieron sobrevivir en la selva, usaron plantas y salvaguardaron los sitios sagrados, que por eso nosotros estamos aquí todavía. Sin embargo, nuestras prácticas ancestrales han ido quedando a un lado cuando empezó la explotación de madera y los cultivos de coca. Ahora, queremos revitalizar la medicina propia", dice Claudia Jimena Pai.

En medio de la desarmonía, los awa llevan tiempo resistiendo a otra pandemia, la de la violencia. Pese a los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, el conflicto armado aquí se reconfiguró y en las últimas semanas está teniendo connotaciones preocupantes. Los catorce grupos armados que se disputan el territorio han establecido toque de queda y cercos a la zona amenazando con matar a quien crean que esté contagiado. También el ejército colombiano intensificó las erradicaciones de cultivos de coca y hace presencia sin tomar medidas de seguridad, lo que pone en riesgo de contagio a la población. "Hace más de un mes que están erradicando y eso traerá más hambruna a la gente que cultiva por necesidad. Y las muertes no cesan. En cuarentena hemos tenido tres asesinatos", lamenta Rider Pai.

 

Salud propia y defensa de la vida

 

Limitando con Nariño, en la cordillera central andina del suroccidente de Colombia, está el Norte de la región del Cauca. Aquí habitan los nasa, seguramente el pueblo indígena más organizado y con más capacidad de resistencia de todos los de Colombia. Los resguardos que conforman la Asociación Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) suman unas 115.000 personas y llevan ya varias semanas tratando de evitar que la pandemia entre en sus territorios.

Los nasa nunca llaman al coronavirus por su nombre porque entienden que así lo atraerían mucho más. Lo llaman Wee Wala, la desarmonía, y para evitar que se propague reforzaron la vigilancia de entrada a sus resguardos. Instalaron 97 puestos de control en carreteras y caminos. Allí desplegaron a 1.400 de sus guardias indígenas, un contingente pacífico de hombres y mujeres que con la ayuda de un bastón de mando se encargan de ejercer la vigilancia territorial. Junto a ellos, hay también personal sanitario del Tejido de Salud nasa. "Hemos hecho un trabajo preventivo cerrando el territorio con todo un despliegue de fumigación a los vehículos, sahumerios con plantas medicinales e información a comuneros y comuneras sobre qué precauciones deben tomar", explica Gloria Amparo Yonda, enfermera salubrista nasa y coordinadora del Tejido de Salud.

Y es que los nasa cuentan con una institución de salud propia, la IPS-ACIN Cxhab Wala Kiwe, que brinda atención médica a las comunidades con un enfoque intercultural que combina la medicina indígena y la alternativa con la medicina occidental. "El sistema tiene en cuenta a nuestros sabedores ancestrales, médicos tradicionales, parteras, sobanderos y curanderos en todas sus ramas. Contamos con personal de salud comunitario, incluidos indígenas formados en la medicina occidental pero que conocen nuestra cosmovisión. Tenemos además una planta de medicamentos naturales para tratar desarmonías comunes como Infecciones respiratorias, enfermedades gastrointestinales y dolores en general", explica Yonda. Aunque siguen las recomendaciones oficiales y no tienen ningún caso de contagio, consideran de vital importancia continuar utilizando plantas medicinales a través de saumerios y realizar rituales de fortalecimiento espiritual para ahuyentar la desarmonía en el territorio.

Con todo, reconocen sus limitaciones y la imposibilidad de atender enfermedades de gran complejidad por ser una red de salud primaria. "En el caso de la pandemia necesitamos tapabocas, guantes, gel antibacterial, termómetros, batas desechables, camas, sillas de ruedas... Estamos solicitando apoyo y solidaridad porque el Estado no está haciendo nada", expone Gloria Yonda. En caso de gravedad dependen de hospitales que se encuentran alejados y de un sistema de salud estatal con muchas falencias.

El coronavirus tampoco ha doblegado la curva de la violencia en el Cauca. En plena cuarentena se han incrementado los asesinatos de líderes indígenas en todo el país, especialmente en esta región con 40 muertes violentas. "No tenemos ningún muerto por we wala, pero sí muchos muertos por seguir defendiendo nuestras luchas como pueblos indígenas. Vivimos una arremetida de los grupos al margen de la ley contra nuestros proyectos de vida y nos enfrentamos a la fuerza pública que en plena pandemia ha querido desalojarnos de las tierras que hemos recuperado. Mientras nosotros pensamos en armonizar el territorio para que la wee wala no llegue, ellos están pensando en seguir acabando con nuestra organización indígena y nuestros líderes", lamenta Yonda.

Y es que los grupos armados están aprovechando las restricciones de la pandemia para expandir su presencia. En el caso del Cauca son diferentes disidencias de la antigua guerrilla de las FARC, la guerrilla de Ejército de Liberación Nacional (ELN) y pequeñas estructuras paramilitares vinculadas al llamado Clan del Golfo las que se disputan el control de la marihuana y la coca, y las rutas para sacar la droga hacia el Pacífico. Todos están en guerra abierta contra los nasa, decididos a tratar de sacar los cultivos ilícitos de sus territorios.

La situación en Colombia preocupa a organizaciones que desde España trabajan por este país. La Taula Catalana per Colòmbia, el Observatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (ADPI) o varios Programas de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos han denunciado el recrudecimiento del conflicto armado en plena crisis humanitaria. Solicitan con carácter urgente una respuesta nacional e internacional, y señalan que uno de los colectivos más azotados por esta violencia es el del centenar de pueblos originarios en Colombia. Organizaciones como la ADPI y el Colectivo Maloka han impulsado una campaña de solidaridad internacional con la intención de apoyar los procesos de salud autogestionados de los awa y los nasa.

20/06/2020 08:53

Javier Sulé

@javiersule

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El mundo, en una fase nueva y peligrosa por el desconfinamiento: OMS

Ginebra. El mundo entró en una "fase peligrosa" de la pandemia del nuevo coronavirus con el desconfinamiento, alertó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando a escala internacional se registran al menos 458 mil muertes y más de 8 millones 569 mil contagios.

"El mundo entró en una fase nueva y peligrosa. Mucha gente está evidentemente cansada de quedarse en casa. Los países están deseosos de reabrir su sociedad y su economía. Pero el virus se sigue propagando rápidamente", declaró el jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

El jueves se notificó la mayor cantidad de nuevos casos en un solo día, con más de 150 mil. Casi la mitad se registraron en el continente americano, además de numerosos contagios en el sur de Asia y Medio Oriente.

Por otra parte, China dijo que identificó una cepa europea de coronavirus que provocó el reciente brote de Pekín, mientras la OMS aseguró que sólo había sido importada desde fuera de la ciudad y que se necesitaba más investigación.

Las autoridades chinas publicaron los datos de la secuenciación del genoma del virus de muestras tomadas en la capital, y que identificaron como una cepa europea basados en estudios preliminares. Unas 183 personas han sido infectadas. El brote está vinculado al gigantesco mercado mayorista de alimentos de Xinfadi, en Pekín.

El coronavirus ya estaba presente en las aguas residuales de las ciudades de Milán y Turín, en el norte de Italia, desde diciembre, dos meses antes de que se registrara oficialmente el primer paciente, según las conclusiones de un estudio del Instituto Superior de Salud.

"Los resultados, confirmados por dos laboratorios diferentes con dos métodos distintos, confirmaron la presencia del ARN", el ácido ribonucleico o información genética del SARS-Cov-2, "en las muestras recogidas en Milán y Turín el 18 de diciembre de 2019", según un comunicado del instituto enviado a la Afp.

Por otra parte, las autoridades sanitarias italianas pidieron "prudencia" tras comprobar "señales de alerta sobre la transmisión", en particular en Roma.

Otra etapa en España

En España, el gobierno del socialista Pedro Sánchez anunció que todo el país entrará en la llamada "nueva normalidad" el domingo, al actualizar la cifra de decesos en 28 mil 313, reportó el corresponsal de La Jornada, Armando G. Tejeda. (Nota completa en: https://tinyurl.com/ycnb3pyl)

Los 27 mandatarios de la Unión Europea acordaron ayer reunirse de nuevo en julio para tratar de superar sus diferencias sobre un multimillonario plan contra la profunda recesión causada por la pandemia, entre llamados a actuar rápidamente.

Autoridades de India informaron de un nuevo récord de contagios, con más de 13 mil 500 personas infectadas, y elevaron la cifra de casos por encima de 380 mil.

El ministro de Salud de Sudáfrica, Zweli Mkhize, advirtió a la población que se prepare porque están "conduciendo directamente hacia una tormenta" a medida que el país está sufriendo una alza de los casos de Covid-19, que ya suman 83 mil 890.

Hasta ayer, a escala global, había 459 mil 468 muertos por la pandemia, 8 millones 641 mil 120 contagiados y 4 millones 234 mil 275 pacientes recuperados, según la Universidad Johns Hopkins.

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Michael Baker, asesor científico de Nueva Zelanda: "El mundo occidental no ha perseguido la eliminación del virus"

Michael Baker es uno de los epidemiólogos que han diseñado la exitosa estrategia de Nueva Zelanda contra el virus, que explica en esta entrevista

 

Hace una semana, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, dio las gracias a su "equipo de cinco millones", que son los habitantes de un país que había conseguido "eliminar" el coronavirus dentro de sus fronteras. Por primera vez, no había casos activos y llevaban 17 días sin nuevos contagios. La respuesta de la isla, que se ha caracterizado por tomar medidas estrictas y tempranas –decretó el confinamiento con apenas 100 casos y ha contabilizado 22 muertes– ha sido elogiada mundialmente.

Michael Baker, profesor de la Universidad de Otago, es uno de los epidemiólogos que están detrás de esta estrategia, asesorando al Gobierno de Ardern. Baker atiende a eldiario.es por videoconferencia desde Wellington. Es un férreo defensor de lo que denomina el modelo de "eliminación", basado en tomar pronto medidas fuertes para interrumpir la transmisión de la enfermedad. El especialista lo diferencia de la estrategia de "supresión", que busca reducir los casos a niveles controlables, pero pasando por confinamientos prolongados hasta que haya vacuna o tratamiento eficaz. Según su análisis, este es el enfoque que han adoptado la mayoría de los países occidentales para hacer frente a la pandemia. 

El lunes pasado, Nueva Zelanda entró en su nivel más bajo de restricciones, lo que ha permitido a la población retomar poco a poco su vida diaria sin limitaciones de distancia física. Ahora el objetivo es mantener el virus alejado de sus fronteras, que de momento se mantienen cerradas a extranjeros mientras a los residentes y nacionales que vuelven a su país se les aplica una cuarentena de 14 días. El Gobierno ya había adelantado que lo más seguro era que se volvieran a registrar casos. La buena racha de 24 días sin nuevas infecciones se ha interrumpido este martes, después de que dos mujeres llegadas desde Reino Unido hayan dado positivo. La noticia ha caído como un jarro de agua fría y evidencia que los desafíos persisten, incluso para una nación prácticamente aislada que en estos momentos cuenta con una posición aventajada.

Desde hace una semana ya no hay limitaciones en la vida diaria de los neozelandeses. ¿Cómo es eso de recuperar la normalidad?

Sin duda, la vida es mucho más fácil. De hecho, la vida ha vuelto básicamente a la normalidad. Para algunas personas es difícil porque han perdido sus trabajos y sus empresas. Pero para personas como yo, que somos académicas, nunca hemos trabajado tanto como en la pandemia. Y es casi un alivio ahora que todo ha terminado en Nueva Zelanda. Aunque seguimos con las fronteras cerradas y obviamente eso requiere un poco de esfuerzo.

Usted ha sido uno de los impulsores de lo que denominan la estrategia de "eliminación" del virus, que diferencian de la "mitigación" o "supresión". ¿Por qué su enfoque es diferente?

En general, todo el mundo tiene planes para una pandemia. Durante más de 20 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha ayudado a todos los países a redactar planes para la gripe pandémica. Es bastante razonable tener planes para la gripe, porque causó grandes pandemias en tres ocasiones en el siglo pasado. Este es un modelo de mitigación en el que no puedes evitar la pandemia: la ola va a arrasar con tu país y, entonces, todo lo que podemos hacer es aplanar la curva para reducir el impacto. Eso es lo que ha hecho el mundo occidental. Y era un buen plan, pero era el virus equivocado.

Necesitábamos un plan para un virus del tipo del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave), que realmente se puede detener. 

A finales de febrero y principios de marzo, obviamente, ya teníamos casos en Nueva Zelanda y, viendo la experiencia de China, pensé que, en realidad, podíamos detener este virus. Estaba en el grupo de asesoramiento técnico del Gobierno para la respuesta a la pandemia y dije que teníamos que cambiar el rumbo. Dije públicamente, y también directamente a los ministros que necesitábamos adoptar un enfoque de eliminación. Luego redacté la estrategia y la publiqué, y sigo abogando por eso. En muy poco tiempo, a mediados de marzo, en Nueva Zelanda vimos la experiencia de lugares como el norte de Italia, donde la pandemia estaba siendo muy intensa. La gente vio que podíamos estar así en unas pocas semanas y el Gobierno actuó de manera muy valiente, cambió de rumbo y adoptamos un enfoque de eliminación.

Las herramientas básicas son las mismas, hay tres principales. Una de ellas es la gestión de las fronteras. La segunda son las pruebas y el rastreo de contactos. Y la tercera es debilitar, interrumpir la transmisión en la población. Y aquí es donde usamos un confinamiento intenso para eliminar, básicamente, la transmisión del virus. Hemos tenido uno de los cierres más intensos del mundo durante seis semanas y luego hemos salido de él gradualmente. El propósito era extinguir las cadenas de transmisión, algo que el confinamiento logró de manera muy eficaz. Y los contactos se trazaron con el rastreo. Por supuesto, en las fronteras había una cuarentena estricta. Y el virus llegó a su fin.

¿Cuál diría que ha sido la principal clave dentro de esa estrategia?

La clave es una buena ciencia y un buen liderazgo, y tener un plan y luego actuar con decisión. Porque, para mi sorpresa, en ninguna parte del mundo occidental se perseguía un objetivo de eliminación. Y dada la experiencia de Asia, me pareció que lo que había que hacer era ir a por ella. Al principio, la gente me miraba como si estuviera un poco loco. Algunos de virólogos me decían: "Michael, no puedes eliminar este virus. Es demasiado difícil... hay tanta transmisión silenciosa, nunca se irá". Yo no sabía en ese momento si iba a funcionar, pero había funcionado y funcionaba en China, y alguna islas específicas habían logrado evitarlo cerrando las fronteras por completo. 

El Gobierno ordenó el confinamiento cuando apenas se habían registrado un centenar de casos. En aquel momento, la medida corría el riesgo de ser desproporcionada. ¿No cree?

En ese momento, por supuesto, había un grupo bastante fuerte en Nueva Zelanda que decía que era una reacción enormemente exagerada, que era como matar moscas a cañonazos. 

Ha dicho recientemente que uno de los riesgos actuales es la autocomplacencia. ¿Qué viene ahora? Me refiero sobre todo a la posibilidad de nuevos brotes.

Sí, siempre hay un riesgo de brotes porque la gente está cruzando las fronteras y porque este virus no siempre hace que la gente se enferme, por lo que nunca va a ser fácil de controlar. Así que eso es un desafío. Ahora hay grupos que pueden solicitar una exención por razones económicas y humanitarias, así que el volumen de viajes aumentará en nuestro país. Hace unas semanas, hubo un día en que nadie entró ni salió de Nueva Zelanda y nadie recuerda cuándo fue la última vez que pasó eso, probablemente hace muchas décadas. Ahora hay una media de unas 200 personas al día vienen a Nueva Zelanda, es un número pequeño. Hay cerca de 3.000 en instalaciones de cuarentena. Por supuesto, se cometerán errores. Y ese es uno de los riesgos ahora.

De hecho, se han registrado las dos primeras nuevas infecciones en 24 días, dos mujeres que habían viajado desde Reino Unido. ¿Suponen un riesgo?

Los casos son de dos personas llegadas de Reino Unido a las que se les permitió romper antes de la cuarentena para visitar a su padre moribundo. Se les efectuaron pruebas que resultaron positivas, por lo que ahora están en aislamiento. Se considera improbable que hayan infectado a otros, pero las investigaciones continúan. Esto es un revés para Nueva Zelanda y sin duda tendrá como resultado un endurecimiento de las normas de la cuarentena fronteriza.

Todos los países que persiguen la eliminación sufrirán reveses. El riesgo de que estos dos casos en Nueva Zelanda causen un brote es pequeño, principalmente porque las autoridades sanitarias los conocen bien y han tomado precauciones para minimizar su contacto con la población local. Este contratiempo en Nueva Zelanda es un problema mucho menor que el gran brote que estamos viendo actualmente en Pekín, donde la fuente es desconocida y por lo tanto difícil de controlar.

¿Cómo se pueden evitar esos errores que mencionaba?

Hay que diseñar los procesos para hacer frente al riesgo y luego hay que tener un montón de controles para asegurarte de que tus protocolos se siguen. Uno de los principios en la protección de la salud es este enfoque de barreras múltiples, donde no solo se depende de una defensa, sino que se tienen múltiples líneas de defensa. Y por ejemplo, nos gustaría que la gente usara más las mascarillas, porque en Nueva Zelanda no hay una cultura de mascarillas, para la gente es algo muy ajeno. 

En Europa estamos en plena desescalada. Nueva Zelanda parece haber superado con éxito su salida del confinamiento. ¿Cuál ha sido la clave?

En Nueva Zelanda tenemos un objetivo completamente diferente. Nuestro objetivo es salir con cautela del confinamiento y no tener ningún virus circulando. Esa es la diferencia. Así que sales y vuelves a tus actividades normales. Puedes estar con un extraño en la calle si quieres. Ya no es un problema. Lo que se llama la "nueva normalidad" en Nueva Zelanda no es muy diferente de lo que se conoce como "business as usual" [lo de siempre]. Así que es muy diferente a salir del confinamiento en Europa, donde el virus todavía está circulando.

¿Puede volver Nueva Zelanda al confinamiento si hay un rebrote?

Si tienes una estrategia de eliminación, al salir del encierro no hay ningún virus circulando. No son necesarias más precauciones. Ha acabado. Y mientras podamos controlar las fronteras, no hay por qué preocuparse. Pero en Europa o Norteamérica, hay una especie de supresión o mitigación cuando sales del confinamiento y, por supuesto, el virus puede volver porque todavía está circulando en su población.

La primera ministra Jacinda Ardern ha sido elogiada a nivel mundial por su gestión de la crisis. ¿Qué papel ha jugado su liderazgo?

Ella ha sido parte de un liderazgo muy decisivo y también muy eficaz. Ha llegado a los corazones y las mentes de las personas. Ha habido un seguimiento muy alto. La gente ha seguido las instrucciones. Y como resultado, ha sido más fácil extinguir el virus porque las personas no han salido mucho y han permanecido en sus pequeñas burbujas, como llamamos a sus unidades familiares, durante la mayor parte de las seis semanas. Esto era realmente importante. Australia también lo ha hecho bien con un tipo de Gobierno diferente. Así que creo que lo principal es hacer la elección estratégica correcta.

Incluso países con pocos recursos como Vietnam y Mongolia parecen haber logrado también la eliminación o están muy cerca de ella. También ocurre en otros países en la región del Pacífico asiático. Así que en un futuro podremos viajar a Australia, las islas del Pacífico, Taiwán, Corea del Sur y Singapur, probablemente a China continental, y creo que Japón, Tailandia, Vietnam, Mongolia... Sin virus circulando, se podrá viajar libremente entre ellos, creo que podemos imaginárnoslo.

Con el verano a la vuelta de la esquina, Europa está ahora mismo reabriéndose al turismo. ¿En qué punto se encuentra la recuperación de la actividad turística en Nueva Zelanda, que es un sector importante para el país?

El turismo es el sector de la economía de Nueva Zelanda que más está sufriendo porque el Gobierno no puede hacer que los turistas internacionales vuelvan de repente. Así que habrá un aumento del turismo interno, pero limitado. La gran esperanza es que Australia se acerque a la eliminación. No está muy lejos. Y entonces podremos abrir las fronteras para viajar libremente con Australia. Nosotros acabamos de lograrla y creo que la sensación ahora es que nos tenemos que sentar a esperar, que el movimiento sea muy limitado en las fronteras, pasar el invierno y luego, tal vez para septiembre, Australia estará más cerca de la eliminación o puede haberla logrado. Y entonces no debería haber problemas a la hora de que haya más libertad de movimiento entre los dos países.

Hay ejemplos de que el virus no da tregua. Mencionaba un país como Corea del Sur, modelo de éxito en su respuesta, que meses después sigue lidiando con varios grupos de casos, con restricciones en Seúl.

Sí, esa es la cuestión. Para mantener la eliminación, hay que seguir trabajando en ella. Pero el número real de casos en Corea es muy pequeño en comparación con las cifras en Europa, Gran Bretaña o Norteamérica. Yo sé dónde preferiría estar: en un país que está eliminando el virus, antes que en uno en el que aún circula.

Es difícil comparar, porque vive en una isla de cinco millones de habitantes. Pero, ¿qué opina entonces de la respuesta de los países europeos?  

Para mí es difícil comentar lo que hacen otros países porque realmente tienen que hacerlo lo mejor que pueden. Pero estoy en contacto con epidemiólogos de varios sitios, sobre todo de Reino Unido. Supongo que se ha constatado que puede ser casi imposible convivir con este virus. Es posible que las vacunas no lleguen en mucho tiempo, si es que llegan. Puede que no consigamos rápidamente antivirales.

Así que me pregunto si los países que tienen los recursos para hacerlo no deberían pensar en eliminar el virus. Europa tiene los recursos para ello. Supongo que es solo cuestión de decidir si puedes pasar los próximos uno, dos o tres años entrando y saliendo de confinamientos todo el rato, o si solo pones en marcha un confinamiento fuerte e intenso y tratas de eliminar completamente el virus de tu población. La tecnología está ahí. Los países ya han demostrado que se puede hacer. Me pregunto si no es una opción para España y para muchos países de Europa.

Pero para los países de ingresos bajos y medios, esa estrategia no es siempre una opción. 

En un momento dado, pensé que sería imposible para países de bajos ingresos como Vietnam, que están muy densamente poblados. Que el virus iba ser un desastre. Allí viven alrededor de 100 millones de personas. Creo que no han notificado ninguna muerte. Obviamente, no estamos tan seguros de cómo contabilizan los casos, o de su vigilancia. Pero he hablado mucho con los epidemiólogos de varios de esos países. Tienen muy buenos sistemas y están haciéndolo bastante bien.

En Hong Kong y Taiwán, por ejemplo, la mortalidad es muy baja. Ya llevamos seis meses con esto y podemos ver la diferencia. El modelo de eliminación está funcionando ahora muy bien. A los países que persiguen la supresión no les ha ido muy bien, si los miramos en conjunto. Y obviamente, hay una opción de mitigación, que todavía persigue por ejemplo Suecia, que en realidad es solo una forma más leve de supresión y ha sido muy duro para la población anciana, con una mortalidad bastante alta. Pero no es más alta, por ejemplo, que la de Reino Unido.

¿Cuáles han sido los principales errores que ha cometido el mundo desde enero para llegar a una pandemia de esta magnitud?

Fue un gran fracaso de la evaluación de riesgos. Normalmente buscamos el liderazgo en los países occidentales. Miramos a las instituciones occidentales, pero no nos dieron muy buenos consejos sobre cómo responder. Al final, tenía mucho más que ver con Asia y la eliminación de este virus. Para nosotros, ha funcionado.

¿Tenemos que prepararnos para una segunda ola?

Si eliminas el virus, no tendrás una segunda ola. Haces que los brotes sean bastante pequeños y manejables. Hay países que tienen brotes, los están controlando y han aprendido de ellos. En general, el riesgo de mortalidad en estos casos es mucho menor. Pero en muchos países, solo está empezando. En EEUU yo diría que el virus puede matar a al menos medio millón de personas. Este es solo el comienzo de la pandemia global. 

¿Podemos depositar nuestras esperanzas en una vacuna?

Hay un buen progreso y hay muchos grupos trabajando en ello. Pero, está por verse. No hay muchas vacunas efectivas para la gripe, que también afecta al sistema respiratorio, así que no estoy seguro de que podamos garantizar una vacuna efectiva para este virus respiratorio. Aún no tenemos una para el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) que es un virus muy importante que puede causar infecciones graves en los pulmones. Hay gente que trabaja arduamente en esa vacuna.

No tenemos vacunas para ningún otro coronavirus. Si conseguimos una, no sabemos cuánto tiempo durará la inmunidad. No sabemos si funcionará bien con los ancianos, que son los que realmente queremos proteger. Así que hay muchas incógnitas. Creo que tenemos más probabilidades de conseguir buenos antivirales para que la neumonía sea tratable con mayor facilidad.

Por Icíar Gutiérrez

16/06/2020 - 22:18h

Hallan el primer medicamento que ayuda a los pacientes más graves de covid

Un equipo del Departamento de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Oxford acaba de publicar el primer ensayo clínico que demuestra un medicamento efectivo para los pacientes más graves de covid. Se trata de la dexametasona, un esteroide conocido, barato y disponible en todos los lugares del mundo.

Se trataría por tanto del primer medicamento que es validado en un "Randomized Control Trial" (RCT) para pacientes graves.

Algo importante: el medicamento sólo se ha mostrado efectivo para pacientes graves. No se observó una mejoría significativa en los pacientes que no necesitaban oxígeno. 

Se eligió al azar a un total de 2.104 pacientes para recibir 6 mg de dexametasona una vez al día (ya sea por vía oral o por inyección intravenosa) durante 10 días, y se compararon con 4.321 pacientes elegidos al azar para continuar con la atención normal. Entre el último grupo de pacientes, la mortalidad a los 28 días fue más alta en aquellos que requirieron ventilación (41%), intermedia en aquellos que requirieron solo oxígeno (25%) y más baja entre aquellos que no requirieron ninguna intervención respiratoria (13%) .

Según esos datos salvaría la vida de 1 de cada 8 pacientes que necesita ventilación mecánica o 1 de cada 20 de los que necesitan oxígeno.

Parte de ensayo con más medicamentos

Este fármaco forma parte de "RECOVERY" un enorme ensayo clínico con más de 11.500 pacientes y coordinado entre 175 hospitales del Reino Unido en el que se están probando también otros compuestos:

- Lopinavir-Ritonavir (una combinación de antiretrovirales, normalmente utilizados para el VIH).

- Hidroxicloroquina (ya descartada del ensayo por falta de eficacia).

- Azitromizina (un antibiótico).

- Tocilizumab (un antiflamatorio).

- Plasma de pacientes recuperados.

Hasta ahora sólo se han publicado los resultados para la hidroxicloroquina y la dexametasona.

Estiman científicos que hay alrededor de 36 civilizaciones extraterrestres en la Vía Láctea

 

La idea es mirar la evolución a escala cósmica // Análisis aporta datos para saber cuánto durará la nuestra, dicen

 

Madrid. Investigadores de la Universidad de Nottingham estiman que hay unas 36 civilizaciones inteligentes comunicantes activas en nuestra galaxia, con un nuevo enfoque publicado en The Astrophysical Journal.

Utilizando el supuesto de que la vida inteligente se forma en otros planetas de manera similar a como lo hace en la Tierra, estos científicos han obtenido la estimación del número de civilizaciones tecnológicas dentro de la Vía Láctea.

Christopher Conselice, profesor de astrofísica de la Universidad de Nottingham, quien dirigió la investigación, explicó en un comunicado: "debería haber al menos unas cuantas docenas de civilizaciones activas en nuestra galaxia bajo el supuesto de que se necesitan 5 mil millones de años para que se forme vida inteligente en otros planetas, como en la Tierra".

Agregó que "la idea es mirar la evolución, pero a escala cósmica. Llamamos a este cálculo el Límite Astrobiológico de Copérnico".

Tom Westby, primer autor del estudio, señaló: “el método clásico para estimar el número de civilizaciones inteligentes se basa en hacer conjeturas de los valores relacionados con la vida, por lo que las opiniones sobre estos asuntos varían de manera sustancial. Nuestro trabajo simplifica estas suposiciones utilizando nuevos datos, dándonos una sólida base de estimación del número de civilizaciones en nuestra galaxia.

"Los dos límites astrobiológicos de Copérnico son que la vida inteligente se forma en menos de 5 mil millones de años, o después de esa cantidad de tiempo, similar a la de la Tierra, donde se formó una civilización comunicante después de 4 mil 500 millones de años. En el criterio sólido, según el cual se necesita un contenido de metal igual al del Sol, calculamos que debería haber alrededor de 36 civilizaciones activas en nuestra galaxia."

La investigación muestra que el número de ellas depende en gran medida de cuánto tiempo envían activamente señales de su existencia al espacio, como transmisiones de radio desde satélites, televisión, etcétera. Si otras civilizaciones tecnológicas duran tanto como la nuestra, que es de 100 años de antigüedad, entonces habrá unas 36 civilizaciones técnicas inteligentes en curso en toda nuestra galaxia.

Sin embargo, la distancia promedio a ellas estaría a 17 mil años luz, haciendo que la detección y la comunicación sean muy difíciles con la tecnología actual.

También es posible que seamos la única dentro de nuestra galaxia, a menos que los tiempos de supervivencia de civilizaciones como la nuestra sean largos.

Conselice sostuvo: "nuestro estudio sugiere que la búsqueda de civilizaciones inteligentes extraterrestres revela la existencia de cómo se forma la vida y nos da pistas sobre cuánto durará la nuestra".

Jueves, 11 Junio 2020 06:06

Retrato de relatos

Retrato de relatos

El teléfono y el psicoanálisis

Esa tarde tenía que entrevistar a tres pacientes. El primero a las 16, el segundo a las 17 y el tercero a las 18.30. Los había llamado a cada uno y, finalmente, tenía frente a mí la imagen, en la pantalla del teléfono celular, del tercero de ellos.

El primero era un abogado que ocupaba el escritorio de una empresa de construcción. El segundo era un deportista que cumplía la función de director técnico de un equipo de fútbol. El tercero, un economista que controlaba los gastos de un ferrocarril. Estos gastos aparecían, en estos momentos, sin control --en palabras de mi paciente--. Si los gastos seguían mucho tiempo sin control --decía el paciente-- se corría el riesgo de destrucción de los vagones y de descarrilamientos.

La imagen de mi teléfono celular, si bien retrataba a mi paciente y me permitía observarlo, pese a no encontrarse personalmente frente a mí, no me permitía definir con claridad sus sentimientos.

La posibilidad de acceder a la imagen de mi paciente, que mi teléfono ofrecía, no era de una manera tal que salvara la distancia física. Por eso, la sesión que posibilitaba la utilización de la videocámara de mi teléfono, con respecto al “cara a cara” en el consultorio, parecía disminuida.

Cabía, entonces, preguntarse si eso que sucedía a través de la pantalla del celular sería psicoanálisis o no lo sería.

El psicoanálisis trabaja con el lenguaje y con los sentimientos. El lenguaje aporta frases, relatos, palabras; los sentimientos registran alegrías y dolores, recuerdos gratos e ingratos.

En alguna medida, el teléfono permitía percibir lenguaje y sentimientos de mis pacientes. Desde esta perspectiva, el teléfono permitiría retener los valores que el psicoanálisis aporta.

Pero, también dijimos, la percepción de sentimientos no tenía claridad en la imagen retratada en la pantalla. De este modo, la pregunta permanecía abierta para el debate: ¿el teléfono permitía retener los valores que el psicoanálisis aporta?

Juan Carlos Nocetti es psicoanalista.

Publicado enSociedad