Jueves, 26 Septiembre 2019 06:30

¿El PIB o la vida?

¿El PIB o la vida?

Las iniciativas para desplazar del centro del debate económico al medidor fetiche del crecimiento se multiplican

Se buscan alternativas que capten mejor el bienestar de los ciudadanos. Algunos pilares del liberalismo se han sumado al reto

Tres mandatarias en ejercicio -Nicola Sturgeon, ministra principal de Escocia, Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, y Katrin Jakobsdottir, primera ministra de Islandia- empujan para cambiar la mirada económica

Cuando hace unos años alguien comentaba que el objetivo de la economía no debería ser solo hacer crecer el producto interior bruto (PIB), el medidor más extendido de la riqueza de un país, sino ayudar a la gente a vivir mejor y ser más feliz, siempre se arriesgaba a recibir una muy condescendiente y sarcástica respuesta: "¡Claro! Como en Bután, ¿no?".

Bután es un pequeño país junto a la cordillera del Himalaya, limítrofe con China e India, cuyo monarca absolutista decidió en 1972 que todos sus súbditos debían ser felices sí o sí. Incorporó el objetivo de la felicidad del pueblo con el máximo rango en su Constitución y obligó a los sucesivos gobiernos a dar prioridad a la felicidad interior bruta por encima del PIB. El país mantiene todavía rasgos absolutistas -hasta 2008 no eligió en unos comicios al jefe de Gobierno- e invariablemente aparece en la parte más baja de todos los rankings internacionales económicos y sociales, pero cada año exhibe renovados sondeos de opinión que supuestamente muestran que la felicidad del pueblo es total: lo más parecido a la pesadilla del Ministerio de la Felicidad que imaginó el gran escritor británico George Orwell.

Y, sin embargo, en los últimos años cada vez son más las voces que reclaman repensar las políticas económicas para que no se centren solo en los grandes indicadores convencionales del crecimiento -entre los que sobresale el PIB-, sino que se ponga el foco en mejorar la vida de la gente, sin dar por sentado que una cosa lleva necesariamente a la otra. Son los partidarios de la wellbeing economy, que no tiene una traducción fácil al español: en función de donde cada uno ponga el acento podría asimilarse a economía del bienestar, economía de la felicidad o economía del buen vivir. En cualquier caso, con un punto de partida común: el PIB no debería ser la medida de todas las cosas.

Salto cualitativo

La presión para un cambio viene de todos los frentes y en el último año ha dado un salto cualitativo. Los movimientos sociales han creado una alianza internacional potente para empujar en esta dirección, la Wellbeing Economy Alliance (WeAll), con más de 60 organizaciones miembros en todos los continentes, entre ellas la española New Economy & Social Innovation (NESI), pero la ola está llegando también al ámbito gubernamental: varios mandatarios se han propuesto colocar esta nueva mirada "más allá del PIB" en el centro mismo de su actuación y han puesto en pie un grupo intergubernamental para coordinarse, Wellbeing Economy Governments (WeGo), que arrancó en octubre de 2018 y que tuvo su primera sesión de trabajo el pasado mayo en Edimburgo en un edificio con especial simbolismo: el Panumure House, mansión del siglo XV que fue residencia de Adam Smith (1723-1790), uno de los padres de la economía política y autor de La riqueza de las naciones. De eso sigue tratando el entuerto: ¿cómo contabilizar bien la riqueza para que guarde relación con la vida real de la gente?

Las principales promotoras de este grupo intergubernamental, que bien podría verse como embrión de alternativa conceptual al G-7 -las grandes potencias del PIB, aunque falte China-, son mujeres de menos de 50 años: Nicola Sturgeon, ministra principal de Escocia (Reino Unido), que se ha erigido en uno de los principales laboratorios de este enfoque y que en 2018 incorporó la aproximación wellbeing como objetivo transversal del gobierno; Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, que ha convertido los presupuestos de 2019 de su país en los primeros "presupuestos del bienestar" -también como objetivo transversal y con nuevas partidas específicas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos-; y Katrin Jakobsdottir, primera ministra de Islandia forjada en las luchas ecologistas.

Las tres mujeres son de tradición progresista, pero la ola gubernamental que trata de ver la economía con ojos que vayan más allá del crecimiento estricto no es patrimonio de la izquierda: en Reino Unido funciona una comisión parlamentaria específica sobre wellbeing economy, con la participación de los principales partidos, que el pasado mayo emitió un informe por consenso en el que sugiere gastos adicionales inmediatos por más de 7.000 millones de euros para reforzar sobre todo las partidas de salud mental y atención a la infancia y personas mayores. Y el gran motor del debate en la última década ha sido nada menos que la OCDE, la organización internacional de los países desarrollados, con gran influencia en las políticas públicas de sus miembros.

En 2009, la OCDE encargó un importante informe para repensar la economía, Más allá del PIB, a un grupo de economistas de prestigio: los premios Nobel Joseph Stiglitz y Amartya Sen, y Jean-Paul Fitoussi, referencia de la macroeconomía en Francia. La presión por abrir esta nueva línea había partido del entonces presidente francés, el conservador Nicolas Sarkozy, en el contexto de la crisis económica que pareció poner en jaque el sistema capitalista en 2008 con la caída del banco Lehman Brothers, y la OCDE acabó tomando el relevo.

El documento no quedó en un hecho aislado, sino que fue el punto de partida de una frenética actividad de la organización, con estudios periódicos como el How’s life? (¿Cómo es la vida?), la promoción de medidores que complementen el PIB y conferencias internacionales para avanzar con este enfoque. La última se celebró a finales de 2018 en Corea del Sur y puso al día el documento original de Stiglitz, Fitoussi y Sen, todavía con el liderazgo de los dos primeros. En los trabajos científicos se han implicado una quincena de economistas de gran renombre, entre ellos Thomas Pikkety y el malogrado Alan Krueger, asesor económico de Barack Obama, fallecido el pasado marzo.

La presión para ver la economía “más allá del PIB” se ha convertido también en una bandera de la prensa de referencia liberal, como el Financial Times, que, coincidiendo con el informe de la comisión parlamentaria de la wellbeing economy en Reino Unido dedicó incluso un editorial favorable a buscar complementos al PIB para que no sea la única vara de medir la economía (The secret of measuring national wellbeing). Precisamente, ha sido uno de los reporteros de referencia del rotativo, David Pilling, quien ha publicado uno de los libros recientes más implacables con la obsesión por el PIB, editado en España por Taurus con el elocuente título de El delirio del crecimiento.

“Después de escribir durante 20 años para el Financial Times desde los cinco continentes llegué a la conclusión de que la costumbre de ver el mundo a través del prisma del crecimiento económico está distorsionando nuestra percepción de lo que es importante”, escribe Pilling, quien sintetiza con sarcasmo las características del PIB: “Si fuera una persona, sería indiferente, incluso ciega, ante la moralidad. Mide la producción de cualquier clase, sin importar si es buena o mala. Le gusta la contaminación, en especial si es necesario gastar dinero para combatirla. Le gusta el delito porque le encantan las grandes fuerzas policiales y reparar ventanas rotas. Le agrada el huracán Katrina y está bastante de acuerdo con las guerras. Le complace medir la escalada de un conflicto en número de armas, aviones y misiles para, después, contar el esfuerzo que precisará la reconstrucción de ciudades arrasadas a partir de sus ruinas humeantes”.

Como explica Pilling y otros autores -como la economista Mariana Mazzucato en su reciente El valor de las cosas (Taurus, 2019)-, el PIB es solo “una convención” fruto del momento histórico en que nació, bajo el impulso de la Gran Depresión de la década de 1930 y la economía de guerra que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Mazzucato subraya que cuando el PIB se estandarizó lo hizo, además, bajo la influencia de las corrientes ortodoxas, que asocian valor y precio, de forma que se excluyeron todos los aspectos que en una economía no tienen precio -como los cuidados y el trabajo doméstico realizado por familiares- o se asignan fuera de mercado, como los servicios públicos. Ni siquiera el economista que es considerado el padre del PIB, el estadounidense de origen bieloruso Simon Kuznets (1901-1985), quedó satisfecho con el invento: él era partidario de excluir del cómputo las acciones que tuvieran un impacto negativo en la vida de la gente, como las prácticas contaminantes o la industria de guerra. 

Poner esos peros en un contexto absolutamente condicionado por la guerra total debió de parecer hasta de tiquismiquis. El problema es que aquella arquitectura, hija de su época, sigue determinando por completo las economías actuales, más incluso de lo que desearían muchos economistas: el PIB se ha convertido en el sinónimo de la economía misma y hasta en la principal prioridad de todo mandatario aspirante a la reelección. Si el PIB sube, aumentan las expectativas de reelección. Si baja, se hunden. ¡Es la economía, estúpido! fue la síntesis que mejor explicó la derrota de George H. Bush y el triunfo de Bill Clinton en las elecciones de EE UU de 1992, un revés que cogió por sorpresa al presidente tras su victoria militar en Irak. Pero en el imaginario de los candidatos y de sus asesores que aprendieron esa lección quedó como ¡Es el PIB, estúpido!

Y eso que ya en 1968 el entonces candidato presidencial en EE UU Robert Kennedy había afirmado en un célebre discurso que "el PIB lo mide todo excepto lo que merece la pena". La última crisis económica mundial ha vuelto a poner de manifiesto las dificultades del PIB para capturar cómo le va a la gente corriente. Alemania, por ejemplo, ha registrado un crecimiento ininterrumpido del PIB real (ajustado a la inflación) desde 2010, hasta el punto de que los analistas hablan de "década dorada". Sin embargo, el malestar social está tan extendido que una formación extremista y reaccionaria aspira ya a convertirse en la primera fuerza en el este del país. España también crece -y por encima de la media de la UE- desde 2014, pero el descontento social está todavía en cotas muy elevadas. Y lo mismo sucede en la gran mayoría de países occidentales: el PIB proclamó el fin de la crisis, pero muchos ciudadanos aún no lo han notado cuando ya suenan los tambores de una nueva recesión.

Propulsor de populismos

En opinión de la comisión de la OCDE que coordina Stiglitz, el auge de los populismos es una consecuencia clara de la omnipotencia del PIB. Por un lado, la falta de consonancia entre la experiencia propia de la gente y la supuesta recuperación ha acrecentado la desconfianza. Por el otro, la obsesión con el PIB -que en teoría marchaba bien- ha impedido tomar las medidas adecuadas para mejorar la vida de los ciudadanos. Como subrayan los expertos de la OCDE: "Lo que medimos afecta a lo que hacemos. Si medimos la cosa equivocada, haremos cosas equivocadas. Si algo no lo medimos, se ignora como si el problema no existiera".

Por ello, afinar mejor la recopilación estadística es uno de los elementos centrales para construir una economía menos obsesionada con el PIB y ahí se han destinado muchos de los esfuerzos de la OCDE y también de la Unión Europea: de poco sirve en muchas ocasiones la cifra bruta si no se distingue luego por sexos, edad o niveles de ingreso. Por ejemplo, tras la recesión de la década pasada, el PIB estadounidense creció con mucha fuerza de nuevo, pero en los tres primeros años de recuperación el 90% de la mejora fue solo para el 1% más rico. 

En el mismo capítulo de la estadística, los expertos defienden optar por la mediana en lugar de la media para hacerse una fotografía más fidedigna de la evolución económica real de los ciudadanos. La mediana es el punto medio de una serie ordenada de valores; la media es la suma de los valores dividido entre el número de integrantes. Parece un tecnicismo, pero tiene muchas implicaciones: imaginemos a cinco trabajadores que ganan 20.000 euros al año cada uno tomando una caña en un bar, al que de pronto entra Amancio Ortega, máximo accionista de Inditex. Si se calcula la media de ingresos de los clientes del bar en ese momento, todos pasan a ser multimillonarios. La mediana sigue siendo de 20.000 euros.

Ante las evidentes carencias del PIB, han surgido varios indicadores alternativos que aspiran a capturar mejor la realidad económica de los países y de sus ciudadanos, más allá del indicador fetiche del crecimiento. El más consolidado es el Índice del Desarrollo Humano (IDH), promovido desde 1990 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que combina el PIB con la esperanza de vida, la educación y, últimamente, también la desigualdad. Otra alternativa es el Índice del Progreso Real, abanderado sobre todo en sectores ecologistas, que en ocasiones se ha mostrado más eficiente que el PIB: el Estado de Maryland (EE UU) lo registra junto con el PIB y en 2009, ya en plena crisis, el PIB del Estado aún tuvo un crecimiento oficial del 3%, mientras que el índice alternativo marcaba ya un abrupto descenso del 6%.

En 2017, la revista científica Ecological Economicspublicó por vez primera una estimación del crecimiento en España entre 1970 y 2012 utilizando como medidor una variante del Índice de Progreso Real. El trabajo, realizado por investigadores del instituto IMDEA Energía de la Comunidad de Madrid, matiza considerablemente el milagro económico español: en estas cuatro décadas, el crecimiento fue del 146% si se mide en PIB per cápita, pero solo del 39% con el medidor alternativo, una mejora importante pero menos estratosférica.

En la última década se han lanzado otros índices alternativos, con patrocinadores importantes, como el Índice del Crecimiento Inclusivo, apadrinado por el influyente y muy liberal Foro Económico de Davos; y el Índice de la Felicidad, coordinado por el economista de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs. Sin embargo, ninguno se ha consolidado como estándar alternativo para el diseño de políticas públicas, en parte porque responden a enfoques y tradiciones muy distintas entre sí. Economía del bienestar, Economía de la felicidad y Economía del buen vivir parten de la crítica al predominio absoluto del PIB como sinónimo de éxito económico, pero conducen en ocasiones a mundos paralelos. Con la economía del bienestar se sienten cómodos keynesianos y poskeynesianos, como Stiglitz y Piketty, abanderados del Estado del bienestar, aunque incorporando en el análisis las aportaciones del ecologismo -sostenibilidad del planeta, etc.- y el feminismo -visibilizar el área de cuidados y el trabajo doméstico, etc.-, lo que necesariamente exige matices al PIB clásico.

Objetivo: la felicidad

En cambio, con la economía de la felicidad se identifican sobre todo liberales utilitaristas que, como el pensador Jeremy Bentham (1748-1832), creen que una acción es correcta si en general promueve la felicidad. También las de los gobiernos, en línea con la máxima de Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de EEUU: “El único objetivo legítimo del buen gobierno es cuidar de la vida humana y la felicidad”. Uno de los principales referentes de esta escuela es Richard Layard, de la London School of Economics.En sus trabajos -entre los que destaca La felicidad. Lecciones de una nueva ciencia (Taurus, 2005)- se muestra convencido de que la felicidad es perfectamente medible y que tiene mucho que ver con la salud mental y el bienestar emocional en la infancia, muy relacionada con cuestiones como la seguridad laboral de los padres y su relación como pareja.

Finalmente, los abanderados de la economía del buen vivir entroncan sobre todo con las corrientes más anticapitalistas y partidarias incluso del decrecimiento. Un libro reciente, Buen vivir. Utopía para el siglo XXI (Fuhem Ecosocial, 2019), de Patricio Carpio Benalcázar, de la Universidad de Cuenca-Ecuador, es una buena guía de sus fundamentos, basados en cuatro puntos: “el sumak kawsay o filosofía indígena sobre la naturaleza y la comunidad; el desarrollo alternativo, con dimensiones que trascienden la economía; elposdesarrollo, que incluye la dimensión ecológica como determinante, y la crítica al sistema [capitalista].”

Salvo esta última corriente, las demás aproximaciones no desprecian ni el crecimiento ni el PIB, sino que aspiran a matizarlo y complementarlo. Y así no tener que elegir nunca entre la bolsa o la vida.

Por Pere Rusiñol

24/09/2019 - 22:04h

[Este artículo forma parte del dossier Economía para vivir mejor, publicado en el número 72 de la revista Alternativas Económicas.Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

Publicado enEconomía
Los científicos alertan de que la mutación de los océanos por la crisis climática desatará desastres para la humanidad

El calentamiento del mar, cada vez más ácido y con menos oxígeno, disminuye la vida marina y pone en riesgo los ingresos y el sustento de millones de personas

La subida sin freno de nivel del mar hará que grandes crecidas marinas que antes sucedían una vez al siglo se vuelvan anuales en 2050

La pérdida de hielo y nieve además de la mayor temperatura del agua hacen que el clima sea más extremo, según los expertos de la ONU

Las emisiones masivas de CO2 provocadas por la acción humana –causa de la crisis climática– están transformando los océanos a una escala nunca vista. A base de absorber gas y calor, los mares se convierten en más cálidos, más ácidos y con menos vida. Se reducen los recursos que ha utilizado la humanidad durante siglos. Océanos cuyo nivel crece constantemente amenazando grandes áreas donde se asientan millones de personas. "Condiciones sin precedentes", resume el Panel de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) en su informe específico sobre océanos y criosfera presentado este miércoles.

"Toda la humanidad depende directa o indirectamente de los océanos y la criosfera [los glaciares, las capas de hielo y nieve y el permafrost]" arranca el informe del IPCC. De ahí la relevancia de la degradación que el calentamiento global de la Tierra está causando en el 80% de la superficie del planeta. Una mutación radical. "Los océanos y las cumbres pueden parecer lejanas para mucha gente, pero todos estamos influidos por ellos. Para obtener comida, agua, transporte, comercio, salud o recreo", ha resumido este miércoles el director del panel, Hoesung Lee. 

Sin embargo, la revisión científica del Panel no deja lugar a dudas: el mar es la principal víctima de la producción de CO2. El 90% del exceso de calor acumulado en la Tierra por el efecto invernadero se ha ido a sus aguas que también se han quedado con la mayoría del dióxido de carbono extra. ¿Consecuencias? Los océanos no paran de calentarse desde la década de 1970. La tasa de calentamiento se ha doblado desde 1993. El CO2 ha derivado en una acidificación del mar (que impide la vida) que, además, pierde oxígeno. Los cálculos del IPCC reiteran que la reducción de la cantidad de gases lanzados a la atmósfera son la clave para paliar estos efectos. "Las medidas que se tomen hoy son críticas para el futuro de los océanos y la criosfera". 

Una de las autoras del informe, la investigadora Carolina Adler, cuenta a eldiario.es que nadie quedará a salvo de estas consecuencias: "El informe demuestra cómo estos sistemas oceánicos y terrestres están intrincadamente conectados a nivel mundial. Y esto nos afecta a todos en la Tierra".

Grandes crecidas del mar: de una al siglo a una al año

Uno de los efectos más seguros y conocidos del cambio climático es la subida del nivel del mar. La escala puede parecer pequeña, una media de 3,6 mm al año, pero no se detiene: "Continúa creciendo a un ritmo ascendente", sentencian los científicos de la ONU. La aceleración de este fenómeno en las décadas más recientes es debido a "la pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida, además de la expansión oceánica" al estar más caliente el agua. Todo se conecta.

Para 2100, el crecimiento será incluso diez veces más rápido que en el siglo XX. Esta subida está detrás de un peligro real de devastación en zonas bajas costeras donde viven 670 millones de personas y la multiplicación de episodios hasta ahora raros como son las grandes crecidas marinas cuya probabilidad se multiplica por cien.

Las grandes subidas de nivel de las aguas han ocurrido, históricamente, una vez cada siglo, pero las proyecciones indican que llegarán a convertirse en habituales y registrarse una vez al año a partir de 2050. "Dependiendo del lugar donde se produzca esa crecida del mar los impactos pueden ser muy severos", indica el documento.

Reducción de la vida marina: menos pesca

La abundancia del mar está en peligro. Ante el deterioro de los ecosistemas marinos, "está previsto un descenso en la biomasa global de especies marinas, así como en el potencial de capturas de los bancos pesqueros. Tanto en la superficie como en el mar profundo", recoge el informe. Ese panorama pone directamente en riesgo la forma de vida de las comunidades que dependen del mar: "Sus ingresos e incluso el sustento".

Traducido significa que van quedando menos peces en una combinación nefasta de crisis climática y sobrepesca de las especies comerciales más buscadas. Además, muchas variedades se ven obligadas a cambiar sus áreas de distribución. El aviso indica que la masa de animales marino puede caer un 15% y reducir en un cuarto el potencial para la pesca de  las especies. Ante la pérdida de recursos disponibles, se disparan los "conflictos entre las autoridades, las pesquerías y las comunidades ante la nueva distribución de esos recursos".

No queda ahí la cosa. Además, el calentamiento global afecta a la seguridad de lo que se come al facilitar la acumulación de tóxicos como el mercurio en los animales y las plantas marinas. Esto afectará tanto a los grupos que se alimentan de productos del mar como a sectores económicos como la industria pesquera, la acuicultura y el turismo. 

Se funde el hielo y se descongela la tierra helada

La criosfera se extingue. La fundición de los polos ha sido uno de los avisos más famosos de la aceleración del cambio climático. Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, simplemente se están convirtiendo en líquido: 400.000 millones de toneladas de agua al año. La banquisa de hielo sobre el Ártico es un 13% más pequeña cada verano. 

La pérdida de glaciares, la descongelación del permafrost y la caída de la capa de hielo van a aumentar por el incremento de la temperatura del aire "con consecuencias inevitables sobre la escorrentía del agua y los peligros en zonas concretas" como inundaciones o deslizamientos de tierra. 

Con menos glaciares, hielo oceánico y nieve se empeora la propia crisis climática. Se reduce la reflectividad de la Tierra, es decir, los rayos del sol no rebotan y su radiación es tragada por ejemplo, por el mar. Además, a medida que se calienta el permafrost se va liberando el carbono y metano ahí acumulando durante cientos de años "acelerando el calentamiento global".

Caída de la vida en el planeta

Un mundo más pobre. La pérdida de hábitats para las especies y su degradación se multiplican a medida que los mares se deterioran y las capas de hielo desaparecen. Es célebre la extinción de la gran barrera de coral en Australia cuya existencia se tambalea: "Los corales de aguas cálidas sufrirán grandes impactos aunque el calentamiento global se limite a 1,5ºC", dicen los expertos. 

Pero el informe sentencia que "de manera global, podrían perderse entre el 20 y el 90% de los humedales costeros", según el nivel de vulnerabilidad y los estuarios también afrontan riesgos por la salinización y falta de oxígeno que pueden llevar a migraciones, mortandades o extinciones de especies.  La alteración de la criosfera conlleva "cambios en la estructura y funcionamiento de ecosistemas y una eventual pérdida de biodiversidad única".

El informe de IPCC –que se une al publicado en octubre de 2018 sobre la necesidad de medidas urgentes en la próxima década y el de agosto pasado sobre los cambios en la producción de alimentos– tiene una sentencia sobre las implicaciones globales que acarrea la mutación radical del mar: "La degradación a largo plazo de los ecosistemas marinos compromete el papel de los océanos en su dimensión cultural, recreativa y de bienestar de la humanidad".

Por Raúl Rejón

25/09/2019 - 11:00h

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 25 Septiembre 2019 06:12

Cambio climático: urge la transición energética

Cambio climático: urge la transición energética

En la actualidad la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanza unas 445 partes por millón (ppm). Cada año se añaden otras 2.5 partes por millón. Si no se logran las metas de reducciones de emisiones a finales del siglo XXI se habrán añadido unas 300 ppm y habremos alcanzado el nivel de 750 ppm hacia finales del siglo.

Ese nivel de acumulación de gases de efecto invernadero nos arroja un resultado alarmante. Los modelos sobre cambio climático más rigurosos nos dicen que ese nivel de acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) nos da una probabilidad de 50 por ciento de que la temperatura promedio aumente unos cinco grados centígrados con respecto de la que prevalecía a mediados del siglo XIX. La última vez que el planeta fue escenario de temperaturas tan elevadas fue hace cerca de 30 millones de años.

Desde que terminó la pequeña edad de hielo, hace unos 12 mil años, el clima se ha mantenido relativamente estable. Eso permitió la consolidación de la agricultura y el advenimiento de lo que hoy llamamos "civilización". Hoy esa pequeña banda en la que la temperatura se mantiene benigna se encuentra amenazada.

Hoy los científicos advierten que nos estamos dirigiendo hacia un cambio de temperatura de tres grados centígrados. Y eso depende de si se logran las metas de reducciones de los principales países contaminantes. Con ese cambio climático nuestro planeta será muy diferente al que conocemos hoy. Desertificación, sequías, incendios forestales, eventos meteorológicos más violentos y más frecuentes, así como migraciones masivas serán algunos de los efectos de ese cambio.

Pero lo más grave es que ese cambio es capaz de detonar otros procesos de generación de más gases de efecto invernadero. Una parte importante de la superficie terrestre cercana al Ártico se compone de permafrost. Esa tierra congelada acumula enormes reservas de carbono orgánico y al descongelarse podría liberar millones de toneladas métricas de metano y bióxido de carbono. Este efecto de retroalimentación positiva conduciría a un incremento incontrolable en la acumulación de gases invernadero. Teniendo su propia dinámica, ya no dependería de nuestras acciones.

La conferencia de Naciones Unidas en Nueva York esta semana tiene por objeto concientizar a la humanidad entera sobre el peligro que corre. No estamos frente a una serie de catástrofes hipotéticas. Aquí y ahora la humanidad corre el riesgo de su propia extinción. Y tampoco se trata de un evento catastrófico en un futuro lejano que afectaría a generaciones que todavía no nacen. Hoy podemos intercambiar miradas con la generación que será afectada directamente por el cambio climático. Las niñas y niños que están hoy en la escuela primaria los que van a sufrir los efectos de estos procesos. Ese es uno de los mensajes más poderosos de la intervención de Greta Thunberg y su generación en la sede de Naciones Unidas.

Tiene razón en estar enojados esos jóvenes que vivirán los efectos del cambio climático. Los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de gases invernadero son a todas luces insuficientes para limitar el cambio climático a niveles que no sean peligrosos. Aun si se cumplieran las promesas de reducciones de GEI en el marco del Acuerdo de París el cambio climático alcanzará entre 3 y 4.5 grados centígrados para finales del siglo. Ese aumento de temperatura es una amenaza real sobre la humanidad.

Hoy las emisiones de GEI no están reduciéndose. Después de unos tres años de estabilizarse, las emisiones han vuelto a aumentar. Los países con más emisiones son China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón y Alemania. El nuestro ocupa el duodécimo lugar en el plano de emisiones de GEI. Lo que haga México en este terreno no solamente será una contribución importante a escala mundial, también tiene que ver con el bienestar y la seguridad de nuestra población, pues más de la mitad de los municipios de nuestro país se encuentran marcados por una severa vulnerabilidad frente al cambio climático (datos de Semarnat).

Frente a este escenario, la política energética de México debe hacer a un lado la nostalgia por el mundo de los combustibles fósiles y dar prioridad a la transición energética hacia las energías renovables. Por ejemplo, otorgar la máxima prioridad a la difusión masiva de páneles solares y calentadores solares no es un lujo, es una necesidad urgente. El precio de los páneles solares se ha reducido de manera extraordinaria en los 15 años recientes y con esquemas de financiamiento adecuados estas tecnologías podrían difundirse de manera acelerada.

México no puede continuar la lógica actual de producción de recursos petrolíferos bajo la premisa de usarlos como "palanca del desarrollo" y al mismo tiempo cumplir sus compromisos de reducción de emisiones. Por ello una estrategia de transición energética debería ser una de las máximas prioridades del gobierno en México. Después de todo, los que más van a sufrir el impacto del cambio climático son los pobres.

Twitter: @anadaloficial

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Estudio relaciona la hormona oxitocina con el trastorno hipersexual

Un nuevo estudio en hombres y mujeres con trastorno hipersexual reveló un posible papel de la hormona oxitocina, según los resultados publicados en la revista Epigenetics.

El hallazgo podría abrir la puerta al tratamiento del trastorno al diseñar una forma de suprimir su actividad.

El trastorno hipersexual, o un impulso sexual hiperactivo, es reconocido como un desorden de conducta sexual compulsiva, catalogado como trastorno de control de impulsos por la Organización Mundial de la Salud.

Puede caracterizarse por pensamientos obsesivos sobre el sexo, compulsión a realizar actos sexuales, pérdida de control o hábitos sexuales que conllevan problemas o riesgos potenciales. Si bien las estimaciones de prevalencia varían, la literatura indica que el trastorno hipersexual afecta al 3-6 por ciento de la población.

Neurobiología

La controversia rodea el diagnóstico, porque a menudo ocurre junto con otros problemas de salud mental, lo que sugiere que podría ser una extensión o manifestación de un trastorno mental existente. Poco se sabe sobre la neurobiología que produce este comportamiento.

"Nos propusimos investigar los mecanismos reguladores epigenéticos detrás del trastorno hipersexual para poder determinar si tiene algún sello que lo distinga de otros problemas de salud", explicó Adrian Boström, del Departamento de Neurociencia de la Universidad de Uppsala, Suecia, y autor principal de la investigación, en la que participaron expertos del Grupo de Andrología / Medicina Sexual en el Instituto Karolinska.

"Hasta donde sabemos, nuestro estudio es el primero en involucrar mecanismos epigenéticos desregulados tanto de la metilación del ADN como de la actividad de micro-ARN y la participación de la oxitocina en el cerebro entre pacientes que buscan tratamiento para la hipersexualidad", añadió.

Patrones de metilación

Los científicos midieron los patrones de metilación (proceso por el que se añaden grupos metilo al material genético) del ADN en la sangre de 60 pacientes con trastorno hipersexual y los compararon con muestras de 33 voluntarios sanos.

Investigaron 8 mil 852 regiones de de ese proceso asociadas a micro-ARN cercanos para identificar cualquier variación entre las muestras. La metilación del ADN puede afectar la expresión génica y la función de los genes, típicamente actuando para reducir su actividad.

Cuando se detectaron cambios en la metilación del ADN, los investigadores analizaron los niveles de expresión génica del micro-ARN asociado.

Los resultados identificaron dos áreas de ADN alteradas en pacientes con el trastorno. Se interrumpió la función normal de la metilación del material genético y se descubrió que un micro-ARN asociado, involucrado en el silenciamiento génico, estaba subexpresado.

En la Cumbre de Acción Climática de la ONU, la sueca Greta Thunberg, voz del movimiento juvenil para frenar el calentamiento del planeta, dijo: "estamos en riesgo de extinción masiva y ustedes sólo hablan de cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?" Foto Afp

Nueva York. Al inicio de la Cumbre de Acción Climática de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la joven sueca Greta Thunberg, voz y cara del movimiento juvenil mundial para rescatar el futuro del planeta, preguntó a los jefes de Estado, ejecutivos empresariales y representantes del orden internacional reunidos ahí: "¿cómo se atreven?"

Invitada a dirigir unas palabras ante la cumbre, Thunberg con sus usual elocuencia y sencillez, pero esta vez con ojos momentáneamente llenos de lágrimas de ira, y una vista y tono que expresaban la gran indignación de su generación ante el delito de los líderes políticos y económicos mundiales representados aquí, declaró: “las generaciones del futuro los estaremos observando.

"Esto está todo mal. Yo no debería de estar aquí. Debería estar de regreso en la escuela, al otro lado del océano. Aun así, ustedes acuden a nosotros los jóvenes por la esperanza. ¿Cómo se atreven?", arrancó.

"Me han robado mi niñez y mis sueños con sus palabras huecas, y aun así yo soy una de las afortunadas. Hay gente que está sufriendo, que se está muriendo, ecosistemas completos están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva. Y todo lo que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?", continuó.

Algunos en este momento se vieron obligados a aplaudir, otros no sabían exactamente qué hacer. A fin de cuentas los estaba señalando en público, ante el mundo, en vivo.

"Por más de 30 años la ciencia ha sido tan clara como el cristal. ¿Cómo se atreven a continuar, a ignorarla y venir aquí a decir que están haciendo lo suficiente, cuando la política y las soluciones que se necesitan aún no están a la vista?"

"Ustedes dicen que nos escuchan y que entienden la urgencia. Pero no importa qué tan triste o enojada esté yo, no quiero creer eso. Porque si de verdad entendieran la situación y aun así continuaran fracasando en su actuar, entonces ustedes serían malvados y rehúso a creer eso", declaró viendo al público con ojos feroces.

Abordando al argumento científico, explicó que "la idea popular de reducir a la mitad nuestras emisiones sólo nos da 50 por ciento de posibilidad de permanecer por debajo de 1.5 grados Celsius ante el riesgo de detonar reacciones en cadena irreversibles más allá del control humano. Para ustedes, 50 por ciento podría ser aceptable, pero esos números no incluyen puntos de inflexión, circuitos de retroalimentación y calentamiento adicional ocultados por contaminación tóxica ambiental ni los aspectos de equidad y justicia climática. También dependen de que mi generación succione del aire cientos de miles de millones de toneladas del CO2 de ustedes con tecnologías que apenas existen. Entonces, un riesgo de 50 por ciento sencillamente no es aceptable para nosotros, los que tenemos que vivir con las consecuencias".

Abundó sobre otros cálculos y pronósticos emitidos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC- https://www.ipcc.ch ) al indicar que se requieren metas y medidas más ambiciosas y rápidas de lo antes pensado, ya que límites recetados sobre emisiones de CO2 serán superados en sólo ocho años y medio. Ante ese consenso científico, preguntó de nuevo: “¿Cómo se atreven a pretender que esto se soluciona con el business as usual y algunas cuestiones técnicas?”

Pronosticó que en esta cumbre "no habrán ningunas soluciones ni planes alineados con estas cifras presentados aquí este día, porque estos números son demasiado incómodos y ustedes aún no son suficientemente maduros para decir las cosas tal como son".

Advirtió a los distinguidos presentes en la cumbre mundial que "están fracasando, pero los jóvenes están empezando a entender la traición de ustedes. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si ustedes optan fracasar, yo digo que nosotros jamás los perdonaremos. No permitiremos que se salgan con la suya. Aquí y ahora es donde pintamos la línea".

Concluyó: "El mundo está despertando. Un cambio está llegando, les guste o no".

El video de la presentación de Thunberg en La Jornada Online: https://cutt.ly/gw1dprk .

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Imagen de la NASA dada a conocer el 20 de diciembre de 2017 por Operation IceBridge muestra un iceberg en la barrera de hielo de McMurdo de la Antártida.Foto Afp

El futuro de las regiones costeras y sus millones de habitantes dependen de la masa de hielo que cubre la Antártida Occidental y que hará subir el nivel de los océanos en al menos tres metros.

Para los científicos la cuestión ya no es saber si esto ocurrirá, sino "cuándo".

A pocos días de la publicación de un informe de los expertos de la Organización de las Naciones Unidas sobre los océanos y las zonas heladas, Anders Levermann, experto de la Antártida en el Potsdam Institute of Climate, describe a la Afp el impacto del calentamiento global en la región más fría del mundo.

–¿El calentamiento global actúa de la misma manera sobre los casquetes glaciares de Groenlandia y la Antártida?

–No. En la Antártida, 99 por ciento de la pérdida de volumen se produce cuando el hielo avanza hacia el océano. No hay prácticamente ningún derretimiento de hielo en la superficie, ya que hace demasiado frío. En Groenlandia, la mitad de la pérdida de volumen se debe al agua de hielo derretido que corre hasta el océano.

“En la Antártida o en Groenlandia, cuando el hielo va hacia el océano y se convierte en una plataforma glaciar (prolongación del hielo sobre el mar que queda unida al continente), entra en contacto con la superficie del agua. Incluso una décima de grado de diferencia de temperatura puede provocar un desequilibrio de la plataforma.

“El casquete glaciar de Groenlandia es mucho más pequeño que el de la Antártida –el equivalente a 7 metros de elevación sobre el nivel del mar, contra 55 metros– pero pierde más hielo. Esto se debe a que en la Antártida hace mucho más frío.”

–¿Qué sabemos de nuevo sobre el papel de la Antártida en lo referente al aumento del nivel de los océanos?

–Hace diez años, los modelos sobre la Antártida no preveían una pérdida importante de hielo durante este siglo. Incluso había debates sobre un posible aumento del volumen de hielo.

“Hoy en día, todos los modelos muestran pérdidas de hielo a un ritmo importante. El casquete glaciar del continente ha perdido 150 millones toneladas de hielo por año desde 2015, casi la totalidad en la Antártida occidental. Y esto se acelera.

"Ya no quedan dudas. Los estudios existentes muestran que la Antártida occidental superó un punto de no retorno. Es inestable y va a liberar su hielo más frágil en el océano, un equivalente a más de tres metros de elevación del nivel del mar. Punto final."

–¿Cuál será la contribución de la Antártida al aumento del nivel del mar hasta el final del siglo XXI?

–Un estudio que hice con varios colegas en 2014 preveía un aumento de 50 centímetros del nivel de los océanos vinculado a la Antártida hasta 2100, cifra enorme. La última evaluación de los expertos de la ONU en clima (IPCC) decía 16 cm como máximo.

“En 2016, un importante estudio en la revista Nature planteaba una contribución mucho más importante, hasta de un metro. Fue muy criticado, y sus estimaciones podrían ser revisadas.”

–¿Y después de 2100?

–Nada se detendrá en 2100. Si se respeta el Acuerdo de París (por debajo de 2 grados Celsius respecto de la era preindustrial), el aumento del nivel del mar disminuirá pero no se detendrá. Si no se respeta ese acuerdo, el alza se acelerará al final del siglo.

–¿En cuánto tiempo desaparecerá el casquete glaciar de la Antártida Occidental?

–Creo que subestimamos el ritmo. Pero a pesar de todo serán necesarios siglos para liberar todo el hielo, incluso si ese proceso no se detiene.

–¿En qué punto tenemos que preocuparnos?

–Nadie debería tener miedo de morir por el aumento del nivel de los océanos. Pero si Nueva York se encuentra cinco metros debajo del nivel del mar, detrás de diques, no sé si la gente querrá seguir viviendo ahí.

"El verdadero impacto será en lo que se perderá. Hong Kong es hoy en día un faro de la democracia en China, Nueva Orleans es un bastión cultural, Nueva York un centro cultural y de negocios. Hamburgo, Calcuta, Shanghái... Vamos a perder todas estas ciudades por el cambio climático si no reducimos las emisiones de dióxido de carbono."

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Amazonas: insólita defensa del gobierno brasileño

Mientras Jair Bolsonaro despegaba hacia Nueva York donde pronunciará un discurso ante la ONU, su ministro de Economía, Paulo Guedes, aseguró que en la floresta brasileña no ocurrió la tragedia ambiental que causa perplejidad a líderes de varios países y parte de la opinión pública mundial.

"La deforestación está abajo del promedio de los últimos catorce años, en Brasil hubo incendios, claro que sí, pero están ocurriendo más incendios en Barcelona y California que en Brasil", agregó.

Guedes le enrostró a la prensa las "fake news" sobre la situación en las selvas y bosques tropicales ilustradas con imágenes de incendios que fueron tomadas "en Bolivia no en Brasil".

Los datos del funcionario son distintos a los del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe), que en agosto midió quemas un 300 por ciento superiores a las del mismo mes del año pasado. El director de ese organismo fue despedido por dar estado público a informaciones inconvenientes. Posteriormente la Nasa y la Agencia Espacial Europea confirmaron la información del Inpe.

Guedes reveló haber aportado datos que eventualmente serán utlizados en la redacción del discurso que el mandatario prentará este martes en la apertura de la Asamblea anual de la ONU.

En los medios de este lunes y el fin de semana citados diplomáticos estaban preocupados ante el "riesgo" de que el excapitán sea "boicoteado" en Nueva York. Se especula con que varios jefes de Estado podrían ausentarse del recinto, o dejar a asesores en sus butacas, cuando inicie su intervención.

Fuera del palacio de Cristal está prevista la presencia de manifestantes que ya habían organizado protestas en mayo cuando, por ese motivo, Bolsonaro dejó sin efecto una visita a Nueva York. En aquella ocasión el alcalde Bill de Blasio, del Partido Demócrata, celebró la ausencia del mandatario "homofóbico" que se "jacta de destruir la Amazonia".

Más recientemente, el presidente francés Emmanuel Macron lo cuestionó por haber "mentido" sobre su política de defensa del medio ambiente y la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet definió a la devastación de la floresta como una "catástrofe humanitaria".

Hacia la ONU

Bolsonaro embarcó en la mañana de hoy desde la Base Aérea de Brasilia junto a su esposa y algunos ministros. La oficina de prensa del Planalto informó que su agenda fue acotada debido a que está convaleciente de una cirugía. Bolsonaro declaró que espera estar con Donald Trump en una cena en la participarían otras autoridades.

El caso es que de la agenda anunciada hace dos semanas, en la que había varios encuentros bilaterales, en el último boletín del Planalto no se incluye ninguna cita.

En las últimas semanas se agigantó su aislamiento internacional: de un lado por las alocadas declaraciones respecto de la Amazonia e insultos contra colegas extranjeros, de otro por la caída en desgracia de varios de sus socios de la ultraderecha global.

Perdió a un aliado en Washington como era el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, no está garantizada la reelección de su "hermano" Benjamin Nentayahu en Israel y cayó la coalición italiana liderada por el separatista lombardo Matteo Salvini, a quien había prometido visitar en octubre.

Ese vacío diplomático incluye la posible derrota de su aliado Mauricio Macri en las próximas elecciones argentinas, resultado que debilitará al Grupo de Lima y pueder dar paso a un eje democrático-progresista entre Alberto Fernández y el mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Haciendo las veces de un portavoz informal del gobierno Paulo Guedes recordó hoy que hace dos semanas calificó como "fea" a la primera dama francesa, Brigitte Macron, pero atribuyó la gafe al "barullo" montado por los medios.

No citó a Emmanuel Macron ni a la expresidenta chilena Bachelet pero despotricó implícitamente contra ambos así como contra la "socialdemocracia" internacional .

Y de allí Guedes, economista que trabajó en el Chile de Pinochet, cargó directamente contra Bachelet, quien había expresado su preocupación ante el deterioro de la democracia verde-amarilla y este fin de semana cuestionó el proceso judicial contra Luiz Inácio Lula da Silva.

"Dicen que se está está reduciendo el espacio democrático en nuestro país" pero esto no es cierto porque "en Brasil hay una democracia vibrante" que combina "democracia con libre mercado", lo cual se aplica en la estrategia hacia la Amazonia.

El proyecto de "desarrollo sostenible" para los 4,5 millones de km2 de floresta es tergiversado por los "mismos grupos" que están "enamorados del fracaso" de la "Venezuela bolivariana" y en el Chile de principio de los 70, comparó el economista.

Guedes declaró que así como los "Chicago boys hicieron una revolución" tras el golpe contra Salvador Allende ahora la gestión de Bolsonaro se encamina hacia el "crecimiento" motorizado en "las fuerzas del mercado" que garantizarán prosperidad y "fronteras seguras" en la Amazonia.

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Un grupo de activistas suizos deploró ayer con una "marcha fúnebre" llevada a cabo en la alta montaña la desaparición del Pizol, uno de los glaciares alpinos más estudiados del mundo, víctima del cambio climático.Foto Afp

Nueva York. Los representantes de los 193 estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)llegan esta semana a Nueva York para participar, entre otras cosas, en una cumbre más sobre el cambio climático, pero en esta ocasión los jóvenes activistas indignados por la amenaza del robo de su futuro por la inacción de estos mismos representantes ofrecerán la luz ante los pronósticos oscuros y a veces apocalípticos para este planeta.

Este lunes se realizará la Cumbre sobre la Acción Climática, para la cual el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, solicitó a los líderes mundiales no sólo llegar con discursos, sino con planes audaces y compromisos de acción concreta con el fin de frenar el calentamiento global bajo el esquema del Acuerdo de París sobre Cambio Climático de 2015.

El sábado pasado, en la primera Cumbre de Jóvenes sobre el Clima convocada por Guterres, unos 700 participantes del mundo se reunieron a manera de prólogo a la cumbre de hoy, en la cual varios activistas una vez más dejarán claro que exigen acción, no declaraciones. Guterres dijo que “hay un cambio del ímpetu… en gran parte debido a la iniciativa” de ellos y concluyó: yo tengo nietas, quiero que vivan en un planeta habitable. Mi generación tiene una enorme responsabilidad. Es la de ustedes la que nos tiene que hacer rendir cuentas y asegurar que no traicionemos el futuro de la humanidad.

Fueron los jóvenes, incluida a la sueca Greta Thunberg, quienes convocaron la Huelga Global por el Clima entre el 20 y 27 de este mes, cuyo primer acto fue la movilización de más de 4 millones de personas en 150 países, entre ellos unos 250 mil en Nueva York.

Algunos de estos jóvenes, incluida Thunberg, subirán al podio a dar su mensaje dirigido en concreto a los líderes mundiales en la cumbre este lunes, antes de la apertura del debate de alto nivel en la Asamblea General, mañana.

Tal vez por ello, Donald Trump –entre cuyos primeros actos en la presidencia fue anunciar el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París– y su aliado brasileño, Jair Bolsonaro, han informado que no participarán en la Cumbre de Acción Climática (en su lugar, Trump acudirá a una reunión que presidirá sobre la libertad religiosa).

Un lema del nuevo movimiento juvenil es: unirse en torno a la ciencia. El consenso científico es que el mundo cuenta sólo con unos 10 años más para emprender las acciones necesarias a fin de evitar consecuencias irreversibles del calentamiento global (https://archive.ipcc.ch/index.htm).

Las consecuencias ya están a la vista: el mundo está experimentando el periodo de cinco años más caluroso jamás registrado; huracanes cada vez más devastadores como el que dejó a unos 10 mil sin techo en Bahamas; el derretimiento del hielo polar, el incremento en el nivel y la acidificación de los mares, la mortalidad de los arrecifes de coral del mundo, inundaciones por un lado y sequías severas por otro; los éxodos humanos de zonas afectadas por el cambio climático (algo que se puede ver en las fronteras sur y norte de México); el inicio de lo que se llama la sexta gran extinción de especies en la historia del planeta y la lista sigue y sigue. Los activistas jóvenes, científicos y expertos declaran que el cambio climático es el tema definitorio de nuestros tiempos.

Ante esto, en 2015 se firmó el Acuerdo de París, en el cual líderes mundiales, incluido el entonces presidente estadunidense, Barack Obama –quien, a diferencia de su sucesor, creía en la ciencia–, reconocieron que es necesario reducir las emisiones de carbono dentro de 12 años y limitar el incremento en la temperatura global a no más de 1.5 grados Celsius sobre los niveles preindustriales.

Para la cumbre de acción, Guterres solicitó que los gobernantes llegaran con sus planes nacionales para que, colectivamente, se logre reducir las emisiones de gases de efecto invernadero 45 por ciento durante la próxima década, y llegar a cero para 2050. Subrayó que estos planes deben mostrar una vía hacia la transformación completa de las economías siguiendo los objetivos de desarrollo sostenible. https://www.un.org/es/ climatechange/un-climate-summit-2019.shtml).

Guterres designó como enviado especial para esta Cumbre sobre Acción Climática al diplomático mexicano Luis Alfonso de Alba.

Ante el inexorable torrente de malas noticias, a veces apocalípticas, sobre la crisis climática, científicos, expertos y los que los escuchan, como Thunberg, argumentan que las soluciones están al alcance e incluyen algunos antídotos naturales muy obvios como los árboles, pero lo que más falta es voluntad política. Insisten en que la situación mundial aún tiene remedio, pero se requiere de acciones ciudadanas y de movilizaciones sociales masivas para obligar a las cúpulas a implementar las medidas necesarias.

Algunas podrían parecer radicales. Por ejemplo, ambientalistas como Bill McKibben argumentan que se debe mantener sin explotar y quemar 80 por ciento de las reservas de combustibles fósiles para evitar los desastres que ya se anuncian, y señalan que eso no es sólo necesario, sino posible y hasta económicamente más benéfico para todos que mantener el modelo actual. (https://350.org/why-we-need-to-keep-80-percent-of-fossil-fuels-in-the-ground/.)

Otros indican que esta crisis planetaria no es provocada por fuerzas extraterrestres ni es resultado de un fenómeno abstracto, sino que se sabe exactamente de dónde proviene. Una investigación de 2017 documentó que sólo 100 empresas generan 70 por ciento de los gases de efecto invernadero en el mundo (https://b8f65cb373b1b7b15feb -c70d8ead6ced550b4d987d7c03fcdd1d. ssl.cf3.rackcdn.com/cms/reports/documents/ 000/002/327/original/Carbon-Majors-Report-2017.pdf?1499691240).

Thunberg repite que los responsables de la crisis optaron por sus ganancias sobre el planeta y con ello vendieron nuestro futuro.

Esta semana se verá si los adultos que se dicen líderes mundiales rendirán cuentas y emprenderán las acciones necesarias para rescatar ese futuro para los jóvenes.

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Sábado, 21 Septiembre 2019 05:26

Rebelión juvenil por el planeta

Millones de jóvenes en todo el mundo abandonaron ayer las aulas para manifestarse y exigir a los gobiernos acciones contra el cambio climático, en respuesta a la convocatoria de la sueca Greta Thunberg, quien el lunes hablará ante la ONU. Participaron en las movilizaciones científicos, artistas y sindicatos. En México, alumnos y académicos se movilizaron en la capital del país y en varios estados. En NY (imagen) participaron 250 mil. Foto @RDleni

Nueva York. Decenas de miles –organizadores calculaban 250 mil– de jóvenes y adultos a quienes invitaron inundaron la punta sur de Nueva York coreando que "los niveles del mar se elevan y nosotros también nos alzamos", al encabezar la principal marcha de la huelga global climática que se realizó en más de 150 países con unos 4 millones de participantes.

Esta vez, en lugar de que los adultos llevaran a sus hijos a sus actividades políticas, los niños llevaron a los adultos en lo que es una rebelión juvenil para rescatar el futuro. “Hoy no fuimos a la escuela… Y hemos visto que algunos adultos no fueron a sus trabajos. Y es porque esto es una emergencia. Nuestra casa está incendiada”, declaró Greta Thunberg, la estudiante sueca de 16 años que es la cara y voz global de este nuevo movimiento para enfrentar el cambio climático, después de encabezar, con sus contrapartes de aquí y otros países, esta marcha.

Miles de estudiantes abandonaron sus escuelas para sumarse a la huelga sobre cambio climático, algo que inició hace un año con la acción solitaria de Thunberg que cada viernes se iba de "huelga" para ponerse frente al parlamento sueco y exigir con una pancarta que los políticos rindieran cuentas y tomaran acción para frenar el cambio climático que está poniendo en jaque el futuro del mundo. "No hay Planeta B", es una de las pancartas más vistas.

Fueron acompañados por científicos, contingentes de los sindi-catos de enfermeras y de servicios, artistas y músicos –incluyendo una explosiva batucada femenina– activistas de otros movimientos como Black Lives Matter, de defensa de migrantes y puertorriqueños marcando el segundo aniversario del huracán María, agrupacio-nes indígenas incluyendo de Brasil, religiosos y, por supuesto, ambientalistas.

Pero los adultos reconocieron el liderazgo de los jóvenes. Un hombre mayor cargaba una pancarta que sólo decía "Gracias, niños".

 

"Queremos salvar el arcoíris"

 

En una primaria en Brooklyn, una clase de kínder elaboró carteles para mostrar a quienes pasaban rumbo a las marchas; uno decía: "queremos rescatar los arcoíris".

Hubo unos mil actos como parte de la huelga global alrededor de Estados Unidos, con miles en Chicago, Washington, San Francisco y otras ciudades haciendo eco de los demás en todos los continentes, incluyendo la Antártida,

"¿Por qué deberíamos de estudiar por un futuro que nos han robado a cambio de ganancias?", pregunta Thunberg en el mitin en el parque Battery donde concluyó la marcha. Aseguró que en sus viajes por diferentes países las personas en el poder son muy parecidas, "su inac-ción es la misma", y ninguno de ellos "está dispuesto a decir las cosas tal como están, eso nos lo han dejado a nosotros los niños".

Recordó que el lunes se realizará la Cumbre sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas en esta ciudad, y advirtió que los obligarán a "escucharnos". Comentó que a muchos políticos les encanta tomarse selfies con los activistas jóvenes, y “decirnos cuánto nos admiran… pero nosotros que-remos que se pongan en acción… Y si nadie más tomará medidas, nosotros sí lo haremos”.

"No somos unos jóvenes que se fueron de pinta ni algunos adultos que no fueron a trabajar, somos una ola de cambio y, si nos unimos, somos imparables", afirmó Thunberg. Concluyó que para todos los críticos y opositores de este movimiento les tenía “una mala noticia: esto es sólo el inicio… el cambio vendrá les guste o no”. [globalclimatestrike.net ]

 

Por  David Brooks

Corresponsal

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De la esperanza a la rabia: Ecuador rechaza por cinco votos despenalizar el aborto en casos de violación

 El proyecto para legalizar el aborto en caso de violación necesitaba este martes 70 votos a favor en el Parlamento, pero solo logró 65

Abortar en Ecuador es ilegal excepto en dos casos: cuando la vida de la madre está en riesgo o cuando una mujer con discapacidad mental ha sido violada

 

Si hubiera que elegir una palabra para describir el sentir de las organizaciones feministas en Ecuador sería, sin duda, indignación. El Parlamento ha rechazado este martes despenalizar el aborto en todos los casos de violación y malformación del feto. Los colectivos lamentan que el Estado continúe así "criminalizando" a las mujeres, sobre todo a las jóvenes y a las que disponen de escasos recursos económicos.

Un total de 65 parlamentarios votaron a favor de la reforma del Código Penal que proponía ampliar los casos en los que se habilita el aborto, mientras que 59 se opusieron y seis se abstuvieron. Tan solo cinco votos más habrían bastado para aprobar la reforma legislativa.

"Es indignante; tanto los asambleístas que votaron en contra como los que se abstuvieron o decidieron no estar en la Asamblea no nos representan. Tuvieron un momento histórico para el avance de los derechos de las mujeres y, sin embargo, no les interesó. Lamentablemente retrocedimos diez años en los derechos de las mujeres", cuenta a eldiario.es la psicóloga Cristina Cachaguay, presidenta de la organización ecuatoriana Mujeres por el Cambio.

El rechazo de esos diputados a la despenalización del aborto en determinados casos responde, según la activista, a "un cálculo político" de cara a las elecciones presidenciales de 2021, ya que si hubieran votado a favor de esa reforma "no serían reelectos en los próximos comicios", afirma.

Tampoco hay que olvidar que Ecuador es un país conservador, con un 80% de población católica, y, al igual que en otras naciones de la región como Brasil, Argentina y Colombia, "también aquí ha habido un fortalecimiento de una ultraderecha a la que no interesan los temas relativos a los derechos", añade Cachaguay.

Abortar en Ecuador es ilegal excepto en dos casos: cuando la vida de la madre está en riesgo o cuando una mujer con discapacidad mental ha sido violada. Se trata de una legislación vigente desde 1938 y establece penas de cárcel de seis meses a dos años para las mujeres que deciden abortar.

Según datos de la organización feminista ecuatoriana Surkuna, un total de 435 mujeres fueron criminalizadas por aborto entre enero de 2013 y enero de 2019 en el país. Este mismo colectivo cifra en 20.632 los abortos registrados a lo largo de 2016 en adolescentes de 15 a 19 años, o dicho de otra manera: 56 adolescentes interrumpen su embarazo cada día poniendo en riesgo su salud, pues en su mayoría se someten a prácticas inseguras. Asimismo, Surkuna sostiene que en 2016 hubo 1.102 abortos en niñas de 10 a 14 años, si bien la ley ecuatoriana considera violación toda relación íntima con menores de 14.

"La decisión que tomó el martes la Asamblea Nacional fue lamentable, una medida que contribuye al retroceso de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas porque continuar con un embarazo producto de una violación es un acto de tortura, un trato cruel y degradante", indica a eldiario.es Mayra Tirira, abogada de este colectivo encargado de defender a mujeres que han sido criminalizadas por abortar en el país latinoamericano.

Desde las organizaciones feministas también recuerdan que la mayor parte de las mujeres que en Ecuador "son ultrajadas y violentadas" provienen de los sectores más populares. "El Estado sigue criminalizando la pobreza. Las mujeres ricas abortan fuera del país, mientras que las pobres lo hacen de forma clandestina y mueren", sostiene Cachaguay.

Aunque el proyecto para legalizar el aborto en caso de violación y malformación del feto haya fracasado esta vez –y otra más en 2013–, los colectivos de mujeres en Ecuador ya han advertido de que "esto recién empieza" y de que continuarán "posicionando el tema en la agenda" con el objetivo de poder decidir sobre sus propios cuerpos.

América Latina es una de las regiones del mundo con leyes más restrictivas en cuanto al aborto. En El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y República Dominicana la interrupción del embarazo está prohibida bajo cualquier circunstancia. El aborto en la región solo está despenalizado en Uruguay, Cuba, Guyana, Puerto Rico y Ciudad de México, lugares donde las mujeres siguen enfrentándose a numerosas dificultades para acceder a estos servicios.

por María García Arenales

19/09/2019 - 21:52h

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