Martes, 24 Noviembre 2009 08:04

La vida secreta del mar al descubierto

Los científicos que están catalogando por primera vez la vida de los océanos expresaron hoy su sorpresa y fascinación por el descubrimiento de miles de especies, muchas nuevas para la ciencia, que en mucho casos viven en grandes profundidades donde nunca llega la luz.

Los científicos del Censo de la Vida Marina (CVM), un proyecto internacional que presentará en 2010 el primer listado de la vida oceánica, ya han registrado 17.650 especies que viven a más de 200 metros de profundidad y otras 5.722 que habitan a más de un kilómetro de profundidad, donde casi no llega la luz del sol.

Es lo que los estudiosos definen como la "zona de crepúsculo", el lugar donde la ausencia de luz impide el proceso de fotosíntesis y, por lo tanto, la existencia de una flora activa.

Los investigadores expresaron su sorpresa por la diversidad de la vida incluso en las profundidades abisales, donde se pueden encontrar numerosos organismos vivos, ya que muchas de estas especies llegan a vivir a profundidades de hasta 5 kilómetros.

El doctor Robert Carney, uno de los responsables del proyecto que estudia la vida a lo largo de los márgenes continentales del mundo, destacó en declaraciones a Efe que es "difícil de entender que haya tanta diversidad" en el fondo de mares y océanos.

"Aunque el barro de los fondos profundos parece ser monótono y pobre en alimentos, ese barro monótono tiene la máxima diversidad de especies posible", señaló Carney, que relacionó esta diversidad con las numerosas maneras de supervivencia que tienen que desarrollar los organismos vivos para sobrevivir en un ambiente tan hostil.

Entre las criaturas más extrañas que encontraron los investigadores está un octópodo de dos metros de longitud que vive a 1,5 kilómetros de profundidad en aguas del centro del océano Atlántico y que fue bautizado como "Dumbo" por las largas aletas con forma de orejas que utiliza para desplazarse.

Los investigadores destacaron también la existencia de un gusano marino, que fue sorprendido mientras ingería crudo petrolífero en aguas del Golfo de México. Cuando fue sacado del fondo marino por el brazo de un robot el crudo manaba a raudales del gusano.

También en el Golfo de México, a 2,7 kilómetros de profundidad, los científicos grabaron en vídeo el momento en que una larva transparente avanzaba apoyándose en sus numerosos tentáculos.

Los responsables del censo manifestaron que es "indescriptible" la cantidad de especies descubiertas, desde invertebrados multicolores, pasando por corales y erizos de mar que son capaces de sobrevivir un kilómetro por debajo de la superficie marina.

Carney, profesor de la Louisiana State University en Baton Rouge (EE.UU.), subrayó que la gran mayoría de criaturas recogidas de los fondos abisales son nuevas para la ciencia y que de los 680 especímenes de copépodos que se recogieron solo se conocían siete.

El científico, uno de los pioneros en el descenso a las profundidades marinas con submarinos, también dijo que la costa española, tanto la del Atlántico como la del Mediterráneo, "son especialmente interesantes" por las grandes profundidades a la que se sitúa el fondo marino.

Otro de los científicos del CVM, el investigador Mike Vecchione, del Instituto Smithsonian de Washington, dijo a Efe que una de las principales contribuciones del proyecto es un mejor entendimiento de cómo "el ecosistema marino está estructurado verticalmente".

"La mayoría de los alimentos se producen en la superficie y caen al fondo donde no existe luz que permita su creación, pero proporcionan sustento a una increíble variedad de formas de vida" explicó Vecchione.

En este sentido, el doctor Paul Snelgrove, director del Departamento de Ambientes Marinos a grandes profundidades de la Universidad Memorial de Terranova (Canadá), expresó su preocupación por el impacto que el cambio climático está teniendo en esa cadena alimentaria.

Snelgrove dijo que "la caída de la productividad alimentaria en la superficie está empezando a notarse en el fondo marino con cantidades cada vez más limitadas de alimentos". "Estamos observando que menos materiales caen hacia el fondo", agregó.

El investigador canadiense dijo que el único incremento observado en los últimos años son los efectos negativos como el aumento de la acidez de los océanos y de la basura depositada en el fondo.

EFE
Toronto, Canadá
Publicado enInternacional
Jueves, 22 Octubre 2009 09:07

¿De dónde venimos y a dónde vamos?

Si pensamos en la Vida –así, con mayúsculas– como un serial televisivo, aunque no hemos visto casi nada de la serie, más o menos le podemos seguir el hilo. En los capítulos de la primera temporada, hace unos 4 mil millones de años, la Tierra era una bola ardiente. Dentro de ese caos hirviente se producían sin cesar millones de reacciones químicas entre los diferentes átomos que por ahí pululaban, que si un carbono se junta con un hidrógeno, que si dos hidrógenos con un oxígeno, y así se generaban múltiples combinaciones: las moléculas. Algunas duraban apenas un instante, otras eran más estables, hasta que el capricho acertó con una molécula capaz de autorreplicarse. Y como parece que la vida y el error son pareja de hecho, las réplicas nunca fueron todas exactas e incluso alguna de las réplicas fallidas también supo replicarse, de forma que teníamos un planeta con millones de moléculas replicantes que se iban diferenciando de sus progéneres. De todas las moléculas la que tomó mejor ventaja fue aquella que se rodeó de una membrana: la célula. De nuevo la misma situación. Millones de células replicándose y errando hasta tener muchos modelos de células diferentes más o menos adaptados a la situación. Y lo que tiene la diferencia es la virtud de atracción. Las grandes se sentían atraídas por las pequeñas, las que sabían hacer una cosa buscaban asociarse con las que se adaptaban mejor al hábitat en cuestión, hasta que otra vez el azar agrupó bajo una única membrana un grupito de células aptas para vivir… y para reproducirse.

Después de los anuncios comerciales tocan los capítulos de la segunda temporada. Aquí ya tenemos un planeta gobernado por los reptiles, en definitiva, una combinación de células agrupaditas bajo una súper membrana coordinados por un cerebro: el cerebro reptil. Un cerebro muy rápido que sin pensar (contradicción cerebral bastante corriente) toma decisiones de blanco o negro, de luchar o huir. Es el cerebro que vive en el presente.

En la tercera temporada tenemos la llegada de los mamíferos, células de reptiles evolucionadas agrupadas bajo una membrana que, como las capas de la cebolla, añade al cerebro reptil su cerebro mamífero. Es más lento para tomar decisiones porque mira para el pasado, buscando entre los recuerdos, qué cosas le hicieron bien y qué cosas le hicieron mal. Recompensa o castigo. Sigue siendo un cerebro que, como el reptil, trabaja desde el inconsciente.

Entre todos los mamíferos destacó uno bípedo que en su evolución añadió una tercera capa cerebral: el cerebro racional. Todavía mucho más lento en sus reacciones porque busca ser lógico en aquello que decide hacer o no hacer. Éste sí que es un cerebro consciente. No ha perdido los cerebros reptilianos y mamíferos que siguen trabajando en asociación con su novato cerebro racional, añadiendo a la reacción en el presente inmediato, con o sin revisión del pasado, la ilusión y los sueños de lo que puede devenir en el futuro. Tiene, pues, capacidad de asociar ideas y pensar en las consecuencias.

Hasta aquí los capítulos emitidos. ¿Y qué llegará en la nueva temporada? O mejor todavía, ¿habrá nueva temporada? Y si la hay ¿cómo será? En estos momentos de crisis ecológica y humana a la que nos ha llevado el sistema capitalista hemos de tomar las decisiones Vitales –otra vez con mayúsculas– que darán esas respuestas: más economía o más ecología, más depredación o más cooperación, más concentración o más distribución, democracia real o democracia de conveniencia, etcétera.

Las decisiones las podemos dejar que las tome nuestra parte de lagartija, nuestra parte de rata o incluso nuestro cerebro de primate, pero también podríamos ser protagonistas de un nuevo salto evolutivo y pensar, como explica Leonardo Boff, desde la noosfera: “la convergencia de mentes y corazones, originando una unidad más alta y más compleja”. Una mente o cerebro donde “Tierra y humanidad están formando una única entidad global. El sistema nervioso central está constituido por los cerebros humanos cada vez más en sinapsis y llenos de un sentimiento de pertenencia y de responsabilidad colectiva. Buscamos centros
multidimensionales de observación, de análisis, de pensamiento y de gobierno. Es el comienzo de una nueva historia, la historia de la Tierra unida con la humanidad”. Tierra y humanidad: expresión consciente de un nuevo cerebro.

Gustavo Duch Guillo, xx Director de Veterinarios Sin Fronteras y colaborador de la Universidad Paulo Freire


Publicado enInternacional

Científicos crean por primera vez esperma humano en laboratorio. Este avance extraordinario, que hasta hace pocos años pertenecía al reino de la ciencia ficción, hace concebir esperanzas de que algún día los varones infértiles, aunque sean incapaces de producirlo, podrían procrear hijos. El semen fue desarrollado en un tubo de ensayo a partir de células troncales derivadas de un embrión masculino de cinco días.

Este avance suscita también cuestiones éticas relativas a la seguridad del procedimiento y a la amenaza potencial que representa para el papel futuro de los hombres. Por otra parte, fue desafiado el martes pasado por expertos que afirmaron que las células producidas en el experimento no son esperma auténtico.

Si el hallazgo se confirma, un solo embrión masculino podría, en teoría, generar una línea de células troncales que, al almacenarse, podrían proporcionar una cantidad ilimitada de esperma. Una vez que se estableciera la línea de células troncales, no habría necesidad reproductiva del varón.

En una conferencia acerca de la investigación, los científicos de Newcastle, encabezados por el profesor Karim Nayernia, plantearon la pregunta de si este descubrimiento significa “el fin del varón”. En respuesta, destacaron que las células troncales de las cuales se produjo el esperma sólo podrían derivarse de un embrión masculino –que contuviera un cromosoma Y (masculino)–, así que por lo menos se necesitaría un hombre.

Necesario debatir y legislar, opinan

Añadieron: “Sin embargo, los investigadores creen que es necesario debatir y legislar sobre esta materia. Conforme el trabajo avance y los resultados mejoren en Newcastle y en otras partes, podría ser posible en teoría desarrollar esperma (producido en el laboratorio) a partir de líneas de células troncales que tendrían que almacenarse”.

El profesor Nayernia, quien dirigió el estudio en la Universidad de Newcastle y en el Instituto de Células Troncales del Noreste de Inglaterra, señaló: “En teoría sería posible (prescindir del varón), pero sólo si se quiere producir una población toda del mismo tamaño y forma (porque tendría el mismo origen genético masculino). En lo personal, no puedo ver la reproducción humana como un proceso puramente biológico. También tiene aspectos humanos, emocionales, sicológicos, sociales y éticos. Hacemos esta investigación para ayudar a hombres infértiles, no para remplazar un procedimiento reproductivo”.

Este avance fue obtenido con células troncales derivadas de un embrión humano que primero se desarrollaron en líneas germinales –con la mitad del número de cromosomas– y luego se estimularon para producir esperma que era “maduro y funcional por completo”, pese a que se elaboró en un tubo de ensayo y no en los testículos de un varón sexualmente maduro. Los resultados se reportan en la revista Stem Cells and Development.

En un experimento paralelo, pero incompleto, el mismo grupo de investigadores crea células troncales a partir de otras de piel, de las cuales han producido esperma, con la misma conformación genética de las células originarias. Esto permitiría a hombres infértiles producir hijos biológicos, usando sólo sus células de piel. El profesor Nayernia comentó que los resultados eran “prometedores”, y añadió: “Esperamos publicar ese trabajo en unos meses”.
En cambio, los esfuerzos por producir esperma a partir de células troncales femeninas fallaron. Se había creído que esa técnica permitiría a parejas lesbianas tener hijos biológicos, pero los investigadores dicen que en la maduración del esperma son esenciales los genes del cromosoma Y.

Hace tres años, el professor Nayernia encabezó a científicos de la Universidad de Gotinga, en Alemania, que fueron los primeros en producir esperma viable a partir de células troncales de ratón, los cuales se usaron para producir siete líneas de descendencia. Sin embargo, las crías murieron poco después de nacer.

El descubrimiento más reciente es un paso más allá en el camino a encontrar una cura para la infertilidad masculina. Conforme a la legislación vigente en Gran Bretaña, se prohíbe a los investigadores usar esperma (u óvulos) producido en laboratorio –conocido como esperma derivado in vitro– para tratar pacientes. Pero se permite para fines de investigación. “La producción de esperma tarda 15 años en el ser humano y existen miles de factores que pueden afectarlo –comentó el profesor Nayernia–. Con esta técnica podemos investigar estos factores en el laboratorio en cuestión de meses”.

Dudan de que sea genuino

Este martes, otros expertos desafiaron las aseveraciones de los investigadores respecto de haber creado semen genuino. El doctor Allan Pacey, catedrático de andrología en la Universidad de Sheffield, señaló: “Como biólogo del esperma con experiencia de 20 años, los datos presentados en este documento no me convencen de que las células producidas puedan recibir apropiadamente el nombre de espermatozoides”. Azim Surani, profesor de fisiología y reproducción en la Universidad de Cambridge, expresó: “Estas células parecidas al esperma, hechas en un tubo de ensayo a partir de células troncales embrionarias, distan mucho de ser auténticas células de esperma”.

El profesor Robin Lovell Badge, del Instituto Nacional de Investigación Médica, hizo eco a las críticas, pero añadió: “Pese a estas observaciones, puede ser que los autores hayan logrado algún avance en obtener esperma de células troncales embrionarias humanas in vitro. Podría ser un adelanto muy importante para la investigación y conducir, aunque en definitiva todavía no, a tratamientos para la infertilidad”.

El profesor Nayernia respondió que su investigación fue sometida a una “prueba de principio” que necesita ser confirmada por estudios posteriores. “Nuestra intención fue abrir nuevas líneas de investigación –afirmó. No parece razonable criticar nuestro trabajo sobre la base de que no hemos hecho más”.

Jeremy Laurence
The Independent

Traducción: Jorge Anaya
 

Publicado enInternacional

París y Londres, 8 de julio. Una molécula encontrada en la tierra de la Isla de Pascua (Chile) prolonga de manera asombrosa la vida de los ratones; permite que algunos de ellos vivan el equivalente a más de 100 años en los seres humanos, anunciaron científicos en la revista británica Nature en su edición online.

Esta extraordinaria molécula –producto derivado de una bacteria, descubierta en una muestra tomada en este remoto archipiélago del océano Pacífico en los años 1970– se llama rapamicina, en honor al nombre polinesio de estas Islas: Rapa Nui.

La rapamicina surgió inicialmente como excelente producto para luchar contra los hongos.

Después fue utilizada para prevenir el rechazo de órganos trasplantados a pacientes, y más tarde fue incorporada en implantes utilizados para mantener abiertas las arterias de pacientes con problemas coronarios. Actualmente se utiliza también en ensayos clínicos para elaborar tratamiento contra el cáncer.

El descubrimiento más reciente en esta extraordinaria odisea es la posibilidad de que la rapamicina –o algo similar– pueda ser utilizada algún día para aumentar considerablemente la expectativa de vida de los seres humanos.

“Llevo 35 años de trabajar en la investigación sobre el envejecimiento, y durante ese tiempo hubo muchas investigaciones que nunca tuvieron éxito”, dijo Arlan Richardson, director del Instituto Barshop, uno de los tres centros que llevaron a cabo los experimentos.

Gran potencial

“Nunca pensé que podríamos encontrar una píldora contra el envejecimiento humano. Sin embargo, la rapamicina tiene un gran potencial para conseguir el propósito”, agregó.

Los investigadores, intrigados por descubrimientos que sugerían que la rapamicina inhibe una enzima vinculada al envejecimiento en los invertebrados, decidieron añadirla en la dieta de ratones más viejos.

En esa época, los roedores tenían 20 meses, que en términos humanos equivalen a unos 60.

Las ratonas que comieron alimentos con rapamicina vivían 13 por ciento más que el promedio, en comparación con las que no la recibieron. Los machos que la ingirieron tenían una supervivencia de 9 por ciento más.

El cambio era más asombroso entre el 10 por ciento de los ratones que vivían más tiempo. En este grupo, las hembras que consumían rapamicina tenían un promedio de vida 38 por ciento más alto, y en el caso de los machos era de 28 por ciento más que los que no la ingirieron.

La rapamicina puede retardar el proceso de envejecimiento o la aparición del cáncer, pero no tiene ninguna influencia en las causas de la muerte, según el estudio.

Este proyecto, detallado en el semanario científico británico Nature, forma parte de un programa de ensayos realizado con la supervisión del Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos, dedicado a buscar sustancias que ayuden a la gente a permanecer saludable y activa durante toda su vida.

Antes se hicieron estudios sobre el impacto de la rapamicina en la longevidad de la levadura, los gusanos y las moscas. Éste es el primer estudio que parece tener influencia sobre los mamíferos.

Los científicos ya sabían que al mantener a los ratones delgados podían hacer que vivieran más tiempo. La teoría relativa a la rapamicina es que funciona con los mismos mecanismos moleculares que la disminución de calorías.

Al principio, los investigadores estadunidenses tenían la esperanza de comenzar a dar rapamicina a los ratones a partir de los cuatro meses.

“Muchos informes indican que la restricción de calorías no funciona cuando se aplica en animales viejos”, dijo Richardson.

“El hecho de que la rapamicina aumentara la vida en ratones relativamente viejos fue totalmente inesperado”, precisó.

Inhibe el sistema inmunológico

En un comentario también publicado por Nature, Matt Kaeberlein y Brian Kennedy, dos bioquímicos de la Universidad de Washington, advirtieron a las personas de mediana edad que no se apresurasen a tomar rapamicina, porque esta droga inhibe el sistema inmunológico.

Aunque de momento se desconoce la forma en que actúa, los investigadores sospechan que tiene un papel decisivo la denominada vía “mTOR”, que está fuertemente relacionada con la regulación de la incorporación de alimentos. Desde hace mucho se sabe que una disminución de las calorías incorporadas alarga la expectativa de vida de los ratones.

Aparentemente, la rapamicina actúa sobre el mismo mecanismo bioquímico. Sin embargo, los animales de laboratorio a los que se les administró rapamicina no tenían un peso menor que los ratones de control.

Los resultados podrían ofrecer nuevos puntos de partida para investigar enfermedades relacionadas con la edad, estiman los científicos. “Éste es un estudio muy emocionante”, escribió la investigadora Lynne Cox, de la Universidad de Oxford, en un comentario en la revista Nature.

“Existe peligro debido a la inhibición del sistema inmunológico. Los ratones del laboratorio estaban bien protegidos contra las infecciones”, advirtió.

Afp
 

Publicado enInternacional
Domingo, 21 Junio 2009 10:59

Madre ambiente

Ecología viene del griego "oikos", casa, y "logos", conocimiento. Por tanto, es la ciencia que estudia las condiciones de la naturaleza y las relaciones entre todo lo que existe -pues todo lo que existe coexiste, pre-existe y subsiste. La ecología trata, pues, de las conexiones entre los organismos vivos, como las plantas y los animales (incluyendo los hombres y las mujeres), y su medio ambiente.

Quizás fuera más correcto, aunque no tan apropiado, hablar de ecobionomía. Biología es la ciencia del conocimiento de la vida. Ecología es más que el conocimiento de la casa en que vivimos, el planeta. Así como economía significa administración de la casa’, ecobionomía quiere decir administración de la vida en la casa’. Y es posible llamar al medio ambiente madre ambiente, pues él es nuestro suelo, nuestra raíz, nuestro alimento. De é venimos y a él volveremos.

Esta visión de interdependencia entre todos los seres de la naturaleza se perdió con la modernidad. A lo cual ayudó una interpretación equivocada de la Biblia -la idea de que Dios lo creó todo y finalmente lo entregó a los seres humanos para que "dominasen" la Tierra. El
dominio se convirtió en sinónimo de expoliación, estupro, explotación. Se buscó la manera de arrancarle al planeta el máximo de lucro. Los ríos fueron polucionados; los mares, contaminados; el aire que respiramos, envenenado.

Pero no existe separación entre la naturaleza y los seres humanos. Somos seres naturales, aunque humanos porque estamos dotados de conciencia e inteligencia. Y espirituales, porque estamos abiertos a la comunión de amor con el prójimo y con Dios.

El Universo tiene cerca de 14 mil millones de años. Y el ser humano existe hace apenas 2 millones de años. Eso significa que somos el resultado de la evolución del Universo que, como decía Teilhard de Chardin, es movida por una "energía divina".

Antes del surgimiento del hombre y la mujer, o Universo era bello, pero ciego. Un ciego no puede contemplar su propia belleza. Cuando surgimos, el Universo ganó, en nosotros, mente y ojos para mirarse en el espejo. Al mirarnos la naturaleza, es el Universo quien se mira a través de nuestros ojos. Y ve que es bello. Por eso es llamado Cosmos. Palabra griega que da también origen a la palabra cosmético -lo que imprime belleza.

La Tierra, ahora, está polucionada. Y nosotros sufrimos los efectos de su devastación, pues todo lo que hacemos se refleja en la Tierra, y todo lo que sucede en la Tierra se refleja en nosotros. Como decía Gandhi: "La Tierra satisface las necesidades de todos, menos la voracidad de los consumistas". Son los países ricos del Norte del mundo los que más
contribuyen a la contaminación del planeta. Son responsables del 80% de la contaminación, de los cuales los EUA contribuyen con el 23% e insisten en no firmar el Protocolo de Kyoto.

"Cuando el último árbol sea talado -dice un indio de los EUA-, el último río envenenado y el último pez pescado, entonces vamos a darnos cuenta de que no podemos comer dinero".

El mayor problema ambiental, hoy, no es el aire polucionado o los mares sucios. Es la amenaza de extinción de la especie humana, debido a la pobreza y a la violencia. Salvar la Tierra es liberar a las personas de todas las situaciones de injusticia y opresión.

La Amazonía brasileña es un ejemplo triste de agresión a la madre ambiente. Al comienzo del siglo XX, muchas empresas se enriquecieron con la explotación del caucho y dejaron en su lugar un rastro de miseria. En los años 1970 el multimillonario norteamericano Daniel Ludwing cercó uno de los mayores latifundios del mundo -2 millones de hectáreas- para explotar celulosa y madera, dejándonos como herencia tierra devastada y suelo agotado casi convertido en desierto. Es lo que pretende repetir, ahora, el agronegocio interesado en talar la selva para plantar soya y criar ganado.

La injusticia social produce desequilibrio ambiental y eso genera injusticia social. Con razón alertaba Chico Mendes a la economía sustentable (o sea capaz de no perjudicar a las futuras generaciones) y a la ecología centrada en la vida digna de los pueblos de la selva.

La mística bíblica nos invita a contemplar toda la Creación como obra divina. Jesús nos moviliza a la lucha en favor de la vida -de los otros, de la naturaleza, del planeta y del Universo. Dicen los Hechos de los Apóstoles: "Él no está lejos de cada uno de nosotros. Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos. Somos de la raza del mismo Deus" (17, 28). Todo este mundo es morada divina. Debemos tener una relación complementaria con la naturaleza y con el prójimo, de los cuales dependemos para vivir y ser felices. Eso se llama amor.

(Traducción de J.L.Burguet)
Por: Frei Betto. Escritor, autor de "El amor fecunda el Universo.
Ecología y espiritualidad", junto con Marcelo Barros.
Más información: http://alainet.org
Publicado enInternacional

La versión final de la ley de soberanía alimentaria se aprobó por “el ministerio de la ley”, es decir porque -en medio de la campaña electoral- transcurrió el plazo (30 días) sin que la legislatura apruebe o rechace el veto presidencial. De esta manera, sin mayor debate y, otra vez, sin una verdadera participación ciudadana, tal como sucedió con la ley de minería, entró en vigencia otro cuerpo legal previsto en la Constitución de Montecristi. Es más, las discusiones del mismo bloque de mayoría de Alianza País en relación al veto presidencial de nada sirvieron.

Muchas cuestiones interesantes relacionadas a la vida misma, como lo es la alimentación, fueron inscritas en el texto constitucional. Allí, por ejemplo, se establecieron los principios básicos para que el Estado garantice la soberanía alimentaria, alentando el aprovechamiento sustentable de la biodiversidad y se fijaron restricciones para productos o prácticas que puedan afectar la biodiversidad. Esos aspectos, transformados en artículos constitucionales, fueron ampliamente discutidos en Montecristi entre los asambleístas, con el ejecutivo y con la sociedad misma. Y estos debates son los que faltan en la elaboración y aprobación de las leyes derivadas de la Constitución.  

La ley orgánica de soberanía alimentaria debería hacer realidad uno de las disposiciones constitucionales más relevantes. En Ecuador es indispensable disponer de un marco jurídico que establezca los lineamientos y las bases para cristalizar ese mandato constitucional. Es urgente resolver los problemas alimentarios del país. Lamentablemente, con el mencionado veto, no sólo que se debilitó el de por si pobre texto de la ley, sino que se afecta las disposiciones constitucionales sobre la materia.

Cuando se aprobó el Mandato Agrario, en momentos de una escalada de precios a nivel mundial, al que me opuse por sobradas razones, me permití recordar las razones de la crisis alimentaria y proponer medidas para proteger tanto nuestra producción agrícola como a los consumidores. Hoy, cuando el mundo ve con creciente preocupación la globalización de la fiebre porcina, producida por sistemas alimentarios guiados por el desmedido afán de lucro, que ponen en riesgo la Naturaleza y la vida misma del ser humano, es indispensable replantearnos el tema. Producir alimentos irrespetando la Naturaleza, para satisfacer la lógica de acumulación del capital a través de una creciente oferta de productos agropecuarios para el mercado mundial, en detrimento de la producción de alimentos para el mercado local, es una de las causas de la crisis. La producción y elaboración de biocombustibles, utilizando tierras agrícolas, es otro de los factores detonantes de la misma. Y el desarrollo de tecnologías que no contribuyen a la alimentación pero si al enriquecimiento de empresas transnacionales productoras de semillas transgénicas, termina por agudizar el problema.

El veto tiene temas atendibles y otros discutibles. Me concentro en los segundos, anotando, nuevamente, la difícil situación en que quedaron los asambleístas de la bancada de Acuerdo País, que defendieron con entusiasmo y sólidos argumentos una serie de puntos ahora vetados.

1.-  En lo que tiene que ver con la función social de la tierra se cambió “distribución equitativa de ingresos” por “redistribución equitativa de ingresos”. El pretexto del veto fue que “un gran productor no cumpliría la función social si no distribuye equitativamente sus ingresos”, es decir con esta disposición se quiere asegurar la propiedad de la tierra de los grandes terratenientes.

Esto es políticamente preocupante. Lo mínimo que se puede esperar de un gobierno autodefinido como del “socialismo del siglo XXI”, es la aplicación de políticas redistributivas. La redistribución de ingresos a través de mecanismos fiscales, sobre todo tributarios, es insuficiente. En Ecuador es indispensable transformar radicalmente la distribución inequitativa de la riqueza y de los ingresos. En síntesis, no se trata sólo de distribuir equitativamente lo que se produce, sino que la base para esa producción tiene que ser equitativa, de lo contrario el esfuerzo redistribuidor será muy complejo o definitivamente imposible.

2.-  Otro punto cuestionable desde la lógica del socialismo e incluso desde la visión de la misma soberanía alimentaria, radica en la posibilidad de ampliar los subsidios agrícolas a los grandes productores agrícolas. Los argumentos del veto son deleznables, las intenciones son claras: una vez más proteger a las grandes empresas, tal como sucedió con el Mandato Agrario de Montecristi, que entregó cuantiosos beneficios a importadores de agroquímicos, comercializadores y grandes productores de alimentos.

La ley debió impulsar prioritariamente el desarrollo de los pequeños y los medianos productores que son la base de la soberanía alimentaria. Es más, en la ley se debió establecer normas que impidan y, de ser del caso, sancionen a los productores que generan distorsiones graves para la soberanía alimentaria, impidiendo prácticas lesivas contra los intereses del ser humano, como es echar la leche a los ríos para no poner en riesgo el precio del producto… Si se quería mantener la posibilidad de subsidios a los grandes productores agrícolas, al menos se debió fijar con claridad el carácter excepcional de tales ayudas, las mismas que tendrían revertirse al Estado luego de superada la emergencia.

El veto parece ser una concesión a las presiones de los grandes productores agrícolas, cuyas “recomendaciones” no fueron acogidas en el seno de la legislatura por el bloque de Acuerdo País, que cuenta con la mayoría de asambleístas.  

3. Es lamentable que se haya exceptuado la reversión de los manglares ilegalmente ocupados por empresas camaroneras alegando razones socioeconómicas. Se argumentó que las casi 45 mil hectáreas de manglar ilegalmente ocupadas, generan cientos de puestos de trabajo. Con el veto se permitió que las empresas ocupantes soliciten su regularización en el plazo de un año para evitar la reversión.

Con esta disposición se legaliza el mal uso de la tierra. Quienes actuaron en contra de la ley son protegidos por el Estado. Que una Ley Orgánica de atribuciones al Estado para que regularice tierras ilegalmente ocupadas por empresas privadas, establece un precedente cuestionable.

En realidad el Estado, beneficiario de dicha reversión, pudo haber decidido qué hacer con las tierras de manglares ilegalmente ocupadas. El Estado debía garantizar la preservación y el desarrollo del entorno, cumpliendo con el artículo 406 de la Constitución, que le obliga a regular el uso sustentable, manejo, conservación y desarrollo de los manglares. Incluso, en determinados casos, el Estado pudo haber decidido que las camaroneras revertidas beneficien a cooperativas de la zona, conminándolas utilizar tecnologías menos depredadoras; otro mecanismo para hacer realidad la distribución de la riqueza.

4. Se levantó la prohibición de utilizar cultivos de uso agroalimentario en la producción de biocombustibles, cuando se establece por efectos de lo vetado que las restricciones se aplicarían “en lo posible”, con lo que se deja la puerta abierta a su también posible aprobación.

La producción de biocombustibles, como sabemos, origina varias distorsiones. A mayor superficie dedicada al cultivo de productos para elaborarlos, menor será la de los suelos para producir el resto de alimentos. Esto como es obvio, trastoca una adecuada relación oferta-demanda, con consecuencias en los precios, que tienden a subir, alterando la oportunidad y calidad de la oferta.

La eficiencia energética es otro tema de preocupación. Hay estudios que demuestran no sólo que se requiere una enorme cantidad de energía para producir esa energía, los biocombustibles, sino incluso que su saldo es negativo. Y todo esto sin considerar los costos energéticos de transporte de los biocombustibles. Algo parecido sucede con el balance neto de emisiones de CO2, si se considera la totalidad del proceso producción agrícola, transporte y generación de los biocombustible.

Por otro lado, los biocombustibles demandan grandes áreas de producción agrícola, con prácticas intensivas en capital y tecnología, así como con elevado uso de agrotóxicos que contaminan los suelos y el agua. Todo esto en beneficio de los grandes conglomerados empresariales. Por lo tanto es contradictorio que la Ley de Soberanía Alimentaria aliente tales dinámicas, que, finalmente, irán en desmedro de la producción campesina.

Como consecuencia de la permisividad que se infiere del veto, se estaría levantando la prohibición de ingresar organismos o tecnologías que atentan contra la salud y la biodiversidad. Es más, se estaría permitiendo el ingreso de granos transgénicos, “inhabilitados para la germinación”, con lo que se abriría la puerta a una de las tecnologías más nocivas del momento: las semillas conocidas como Terminator;  semillas que no se reproducen, pero que tienen la habilidad de afectar a otros organismos, incluido el ser humano.

De consolidarse ese “en lo posible”, en su otra vertiente: “no fue posible evitarlo…” estaríamos perdiendo, con este veto, la oportunidad de ser considerados como un país cuyos productos agrícolas se distinguen por su calidad y respeto al ambiente. Con esto estaríamos haciéndose caso omiso a recomendaciones, como las del Parlamento Europeo, que señala: “sería una lástima que el Ecuador, optando por los productos orgánicamente modificados ve la imagen de marca de sus productos de exportación alterada, lo cual afectaría fuertemente sus posibilidades de presencia futura en los mercados europeos. Optar por productos orgánicamente modificados sería enfrascarse en producción e productos agroindustriales que tienen un valor agregado menor o nulo,  y que se producen con un daño mayor al medio ambiente y al clima.  El mercado de productos orgánicamente modificados, y en particular de productos biológicos no deja de crecer, los precios de estos alimentos son mejores y más estables. Ecuador con su naturaleza exuberante tiene un potencial extraordinario y una imagen excelente en este sentido”.

5. La eliminación, desde el veto presidencial, del Consejo de Soberanía Alimentaria ha desprovisto a la ciudadanía ecuatoriana de contar con un espacio de participación, deliberación y búsqueda de consensos, sobre un tema vital para nuestro presente y futuro, para el Buen Vivir establecido en la Constitución.

Conviene preguntarse, desde este hecho, qué tipo de régimen político se está construyendo y si éste coincide con el anhelo del pueblo de tener voz y de que ésta sea escuchada. Los problemas del país, de la democracia, los debemos resolver con mayor democracia, con mayores espacios de opinión y discusión.-

Por, Alberto Acosta
Mayo 4 del 2009 

Publicado enInternacional


Fue uno de los cambios más importantes que han ocurrido en la atmósfera terrestre y la razón por la cual hoy podemos respirar el oxígeno que nos da vida. Y sin embargo, el Gran Evento de Oxidación ha permanecido en el misterio hasta ahora.

Sin oxígeno, la vida en la Tierra como la conocemos no existiría. Este elemento proporcionó el aire supercargado que propició una explosión en la diversidad y el tamaño de todos los organismos vivos, desde el camarón más pequeño hasta el dinosaurio más gigantesco.

Alrededor de 21 por ciento del aire es oxígeno, ingrediente vital para que los organismos vivos lleven a cabo el método más eficiente de convertir alimento en energía mediante la respiración aeróbica. Sin embargo, no siempre la atmósfera fue rica en oxígeno, y la explicación de cómo llegó a serlo ha eludido a generaciones de científicos.

Ahora un equipo de investigadores encabezado por Kurt Konhauser, de la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá, ha formulado una explicación convincente de la razón por la que el oxígeno comenzó a acumularse de pronto en la atmósfera temprana de la Tierra, hace unos 2 mil 700 millones de años, cuando la vida no consistía en nada más complejo que microbios unicelulares.

Muerte de microbios destructores

Según creen, el Gran Evento de Oxidación ocurrió cuando ciertos microbios destructores del oxígeno comenzaron a perecer y otro grupo de microbios, productores de oxígeno, los fueron remplazando en preponderancia. El detonador de este suceso fue una caída en la cantidad de un metal marginal llamado níquel, la cual condujo al aumento inexorable del oxígeno… y de la vida en el planeta.

El papel del níquel en la historia del oxígeno atmosférico no se había examinado antes. Si el profesor Konhauser y sus colegas tienen razón, podría explicar no sólo la explosiva evolución de la vida, sino también cómo se formó la Tierra misma, porque el poder erosivo del oxígeno fue crucial para que se esculpieran las rocas, se cavaran los cauces de los ríos y se trazaran las líneas costeras.

El Gran Evento de Oxidación fue lo que cambió de modo irreversible los ambientes superficiales de la Tierra, y con el tiempo hizo posible las formas avanzadas de vida. Fue un punto decisivo en la evolución de la vida en el planeta, y ahora nos acercamos a entender cómo ocurrió, comentó Dominic Papineau, de la Institución Carnegie, en Washington.

El oxígeno es una molécula tan reactiva que desaparece en breve tiempo, a menos que ocurra una producción constante. La concentración de oxígeno en la atmósfera es mantenida hoy por las plantas que realizan la fotosíntesis, es decir, la conversión de la luz del sol en energía química y oxígeno.

Se cree que los primeros microbios fotosintéticos, las algas azul-grises, o cianobacterias, evolucionaron unos 300 millones de años antes del Gran Evento de Oxidación, hace 2 mil 500 millones de años. Sin embargo, el oxígeno que producían era destruido rápidamente por el gas metano liberado por las bacterias metanogénicas, mucho más numerosas, capaces de respirar sin oxígeno mediante el método, menos eficiente de la respiración anaeróbica.

Estas bacterias metanogénicas, que aún viven en el ambiente saturado de agua y escaso en oxígeno de los pantanos y humedales, requieren del níquel para sobrevivir. Sin un suministro abundante de este metal, las enzimas vitales de estos microbios productores de metano se ven fatalmente debilitadas.

Los científicos descubrieron que al analizar las rocas sedimentarias conocidas como formaciones de hierro veteado podían medir los niveles de níquel en los océanos de la Tierra primitiva, hace 3.8 millones de años. Descubrieron que hubo un marcado descenso en la cantidad de níquel hace entre 2 mil 700 y 2 mil 500 millones de años, en la misma época del Gran Evento de Oxidación.

Los tiempos encajan muy bien. La caída del níquel podría haber preparado el escenario para el Gran Evento. Y por lo que sabemos de los metógenos vivos, los menores niveles de níquel habrían reducido la producción de metano, señaló el doctor Papineau.

La conexión con el níquel no se había tomado en cuenta antes. Nuestro estudio indica que pudo haber tenido enorme impacto en el ambiente de la Tierra y en la historia de la vida, sostuvo.

Microbios productores de metano

En el estudio, publicado en Nature, los científicos apoyan la idea de que durante cientos de millones de años estos microbios productores de metano impidieron que el oxígeno se acumulara en la atmósfera temprana.

Los niveles de níquel disminuyeron, según esta teoría, porque la corteza de la Tierra se había enfriado durante ese periodo, lo cual significaba que había menos níquel expulsado de las erupciones volcánicas hacia el océano.

Estamos seguros, al observar las rocas en formaciones de hierro veteado, de que el níquel descendió hace unos 2 mil 500 millones de años más o menos a la mitad de su nivel anterior. La cuestión es cómo respondieron los microbios productores de metano a esta disminución del níquel. Nosotros creemos que perecieron, señaló el profesor Konhauser.

Si bien el Gran Evento de Oxidación no condujo a un aumento súbito del oxígeno hasta los niveles que experimentamos hoy, sí causó una elevación sustancial que desde entonces no se ha revertido.

Steve Connor
The Independent
Traducción: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Miércoles, 11 Marzo 2009 06:03

“La biología es carbono, agua y grasa”

–Me dijeron que usted es bióloga.
 
–Le dijeron bien. Yo estudié originalmente en la Universidad de Jerusalén, después hice una maestría y en el año ’84 empecé a hacer el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Soy profesora de la Facultad de Ciencias Exactas e investigadora independiente del Conicet.
 
–¿Y qué es lo que hace?
 
–Bueno, el objetivo general de lo que estudio es entender de qué manera un animal, que vive en un entorno complejo del cual se informa a través de sus sistemas sensoriales, vehiculiza la información que capta hacia las neuronas que gobiernan su conducta. Especialmente, nosotros estudiamos las conductas motoras, que están a cargo de las neuronas motoras (responsables de activar los músculos que mueven nuestro organismo). Ahora bien: cuando uno habla de vehiculizar información sensorial a neuronas motoras, está hablando de una gran y compleja red de conexiones y de señales que no van unas detrás de las otras sino que siguen muchas vías paralelas. Analizar eso en cualquier animal (ver de qué manera percibir el ambiente y generar una conducta motora) es un desafío interesante. Hay dos maneras para entender cómo se capta la información y cómo se procesa.
 
–A ver...
 
–Una es centrarse en una sola porción del cerebro de un animal complejo (un ratón, por ejemplo) y estudiar acabadamente una de las estaciones de relevo de esa información; la otra es elegir animales relativamente más simples (invertebrados) en los que la distancia entre la neurona sensorial y la neurona motora (es decir, entre la captación del estímulo y la ejecución del movimiento) tiene menos pasos, por lo cual es más posible rastrear la señal. Nuestra estrategia es justamente esta última: elegimos un organismo con una organización corporal muy sencilla, con lo cual su correlato neuronal es relativamente simple. Es una sanguijuela, que ha sido históricamente utilizada en la medicina y que se utiliza aún hoy, en casos de reinserción de órganos o de partes del cuerpo, para promover el flujo sanguíneo. Pero además ha sido utilizada como organismo modelo para estudiar el sistema nervioso.
 
–A Stalin, cuando tuvo su ataque, en 1952, le pusieron sanguijuelas.
 
–Claro. Bueno, pero nosotros lo utilizamos como modelo de sistema nervioso, por su relativa simpleza. Lo que nos interesa, en particular, es entender cómo hacen estas múltiples vías paralelas para funcionar de manera organizada. Dado que nosotros somos un solo cuerpo, una sola identidad...
 
–Lo cual es raro...
 
–Claro, porque estamos sometidos a una multiplicidad gigante de acciones. Nuestro sistema nervioso tiene neuronas motoras múltiples que inervan la musculatura... Entonces, lo que nos interesa es entender cómo se genera esa unicidad. Los focos de atención están puestos en las vías interneuronales: queremos entender qué es lo que pasa entre las interneuronas y las neuronas motoras. Ahora, puntualmente, estamos trabajando con un tipo de neurona que está conectada con todas las neuronas motoras y que genera una suerte de bisagra de información. Cuando un organismo produce un movimiento, es el efecto de la coordinación de una multiplicidad de neuronas motoras: si quiero caminar para adelante, las neuronas se tienen que activar de tal manera de que la propulsión sea en ese sentido. Por ejemplo, cuando la sanguijuela nada, el sistema nervioso tiene que regular una serie de contracciones y de relajaciones para que el bicho se propulse hacia adelante.
 
–¿Y cómo se genera esa unicidad?
 
–Por un lado, tenemos una jerarquía: el sistema motor está jerarquizado. Hay neuronas que de alguna manera ponen en actividad a las que están río abajo y comandan una acción que ya es una especie de patrón genéticamente establecido (es decir que los genes se encargaron, a lo largo del desarrollo del animal, de que las neuronas sigan un determinado patrón de actividad cuando una de las neuronas altas se activa). Pero esto, que era una versión simplificada de cómo funcionan los sistemas motores, hoy día se entiende de otra manera. Se piensa que no es tan lineal, sino que obedece a una población de comandos. Es como si yo le dijera que, en lugar de ser un gobierno con una sola cabeza, tiene muchos factores de determinación...
 
–Que tienen que ponerse de acuerdo...
 
–Que pueden ponerse de acuerdo. Para ello necesitan elementos del sistema nervioso que actúen como elementos de consenso. Una de las neuronas con la que hemos trabajado en los últimos cinco años es la que pone en consenso a las neuronas responsables del movimiento.
 
–¿Y cómo lo hace?
 
–Bueno, la especialidad en la que yo trabajo es la electrofisiología. El sistema nervioso tiene la particularidad de tener un doble lenguaje: las neuronas se comunican eléctrica y químicamente. Nosotros podemos extraer el sistema nervioso de estos animales con muy poco esfuerzo, tienen un sistema nervioso muy abordable para la experimentación y, utilizando electrodos muy pequeños, podemos escuchar el lenguaje eléctrico de las neuronas y manipular el lenguaje químico. De esa manera podemos detectar las señales en tiempo real. Mi trabajo es lo más parecido al trabajo de un espía: me meto dentro de un sistema y escucho a través de un osciloscopio cómo dialogan las células y cómo se puede modificar ese mensaje alterando el entorno. Vemos cómo la activación de una neurona influye en la activación de otras y estudiamos fundamentalmente patrones motores: en la sanguijuela, la natación es el movimiento por antonomasia, un movimiento muy articulado y muy bello de verse.
 
–En esta articulación hay una cosa que es medio enigmática, que es el hecho de que varias vías tengan una sola respuesta. Creo que ahí está cifrado uno de los problemas claves de la biología, que es el de la autoconciencia. Uno sabe que es uno, pero una sanguijuela, ¿sabe que es una sanguijuela?
 
–Es una pregunta que, por un lado, no me gusta contestar, porque se abusa de la interpretación que los neurobiólogos podemos hacer en función de entender la conciencia. De todos modos, yo siempre tuve una fórmula por la cual creo que todos los animales tienen conciencia de sí mismos: si le hacen daño, el animal se defiende y se escapa. Eso podría ser concebido como un acto reflejo: hay una cadena de neuronas que reacciona de manera automática si el animal es herido de alguna manera. Pero yo creo que hay allí un rudimento de conciencia. La defensa ante el peligro y el dolor creo que es una manera de decir: “Soy yo, diferenciado dentro del mundo, y no quiero que me dañen”.
 
–“Soy yo, esta sanguijuela y no aquélla.”
 
–O “soy yo, esta sanguijuela, y no una identidad con aquello que me está pinchando o me está quemando; soy algo diferente que no quiere ser sometido”.
 
–Si uno piensa en la conciencia a la luz de la teoría de la evolución, la conciencia tiene que haber evolucionado gradualmente. Entonces tuvo que haber habido pre-conciencia, sub-conciencia.
 
–Hay un biólogo muy reconocido en el campo de las ciencias que escribió hace poco un libro que se llama El yo en el vortex (I in the vortex), en el que propone algo que me pareció luminoso: él dice que la conciencia tiene que aparecer con los animales, porque la conciencia es predecir, y predecir es requerimiento para todo movimiento. Las plantas están, de alguna manera, sometidas, porque sus raíces las anclan a un lugar y ellas sólo pueden reaccionar limitadamente. Un animal que se mueve en el espacio tiene que predecir que sus movimientos no lo van a poner en peligro, y que sus movimientos van a ayudar a conseguir el fin por el cual esos movimientos se están produciendo. Este biólogo que le digo ve en la misma actividad motriz el rudimento de aquello que tiene que ser la conciencia. De todos modos, yo no estudio la conciencia.
 
–Pero se lo preguntaba como científica, como bióloga. Me interesa no solamente la materia particular de investigación sino las reflexiones de los investigadores sobre aquello que hacen. Más aún cuando uno piensa que el científico es una persona que reflexiona y postula teorías sobre el mundo sin saber si esas teorías efectivamente se corresponden con el mundo. En el caso de la física esto es más evidente que en el de la biología. En general, los físicos responden que lo que hacen son modelos, y que no es necesario explicar la naturaleza de las cosas. Creo que en la biología es diferente, porque el modelo no es matemático sino empírico. Las neuronas usted las ve, mientras que el físico tiene que postular la energía de manera abstracta.
 
–Bueno, son campos de conocimiento diferente, con abordajes diferentes. nosotros tenemos la suerte o la desgracia de trabajar con materias tangibles; los físicos, a veces no. Nosotros trabajamos con cosas que vemos, que tocamos, y nuestra imaginación está limitada por la realidad, por la materia.
 
–Un biólogo no puede refugiarse diciendo: “Esto es un modelo”.
 
–Conozco muy pocos que lo hacen. El biólogo, en general, quiere saber cómo la naturaleza verdaderamente actúa.
 
–Un físico podría decir que esa palabra, “verdaderamente”, es una palabra que a la ciencia no le interesa.
 
–Los biólogos somos más pedestres...
 
–No sé si más pedestres, me parece que desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia es más audaz.
 
–Bueno, de acuerdo. Lo que quería agregar es que la gran ambición de las neurociencias es explicar el estado de conciencia. Muy pocas personas la estudian de manera directa, se la va analizando de manera oblicua, pero yo creo que hay piezas del rompecabezas que todavía no se conocen. Para entender esa interfase entre un tejido que es carbono, agua y grasa y una estructura inasible físicamente como es la conciencia. Si uno desintegra un libro, va a encontrar la celulosa, el carbono, la tinta, pero no va a encontrar el libro. Si alguien estudia la literatura así, nunca va a entender la literatura. De todos modos, los biólogos estamos todavía más cerca de la desintegración del libro que de entenderlo como base física de la literatura.

Por Leonardo Moledo
 
Publicado enInternacional
Viernes, 06 Febrero 2009 06:39

Completando a Charles Darwin

Una crítica clásica contra Darwin es que, pese a haber titulado su libro El origen de las especies (1859), justo no aclaró cómo se originaban las especies. La selección natural -el mecanismo evolutivo descubierto por el naturalista- se basa en la acumulación gradual de pequeños cambios, mientras que las especies suelen ser entidades discretas y bien definidas: vemos leones y tigres, no una escala Pantone de leotigres. La investigación reciente, sin embargo, ha aclarado muchos puntos del problema de la especiación, o generación de nuevas especies, y ha confirmado que la especiación tiene una relación directa con la selección natural darwiniana. También han revelado unos principios generales que hubieran resultado sorprendentes para el padre de la biología moderna.
 
"La competencia por los recursos, las carreras de armamentos entre predadores y presas y otros factores biológicos dan forma a los ecosistemas locales durante periodos cortos", dice el evolucionista Michael Benton, de la Universidad de Bristol. "Pero son factores externos como el clima, la oceanografía y la tectónica continental los que explican las pautas de la evolución a gran escala". Benton es el autor de uno de los cinco artículos con que la revista Science celebra hoy el 200º aniversario del nacimiento de Charles Darwin (12 de febrero de 1809-19 de abril de 1882).
 
La idea de que la competencia entre seres vivos es el principal motor de la evolución arranca del propio Darwin y suele ser la preferida por los biólogos. Se la conoce como la hipótesis de la reina roja, por el personaje de Lewis Carroll que le dice a Alicia en A través del espejo: "En este país tienes que correr todo lo que puedas para permanecer en el mismo sitio".
 
El paradigma de la reina roja son las carreras de armamentos entre predador y presa: los conejos corren cada vez más para escapar de los zorros, lo que fuerza a los zorros a correr cada vez más para seguir comiendo lo mismo que antes; las corazas de las presas se hacen cada vez más duras y las pinzas de sus predadores cada vez más fuertes, con lo que todos corren lo más que pueden para que todo permanezca en el mismo sitio.
 
El problema es que la evolución a gran escala no permanece en el mismo sitio como Alicia. Los modelos del tipo reina roja, según Benton, no explican que los seres vivos se hayan hecho más complejos en la historia del planeta, ni que hayan colonizado nuevos espacios (como la tierra firme), ni que ciertos linajes concretos hayan brotado en explosiones evolutivas de radiación de nuevas especies. "Todas estas cosas han ocurrido muchas veces en los últimos 500 millones de años", afirma el científico británico.
 
La razón hay que buscarla en la geología, y algunos ejemplos son bien conocidos. Desde que el supercontinente Pangea empezó a quebrarse hace 250 millones de años, el baile de sus fragmentos por la corteza terrestre ha tenido un efecto decisivo. La biología alienígena de Australia -ornitorrincos, canguros, koalas, wombats, emús, cucaburras- y de Suramérica -llamas, anacondas, pirañas, vicuñas, tapires- se debe a que ambos territorios han sido islas durante casi 100 millones de años.
 
El sentido común no es la mejor guía para averiguar las relaciones de parentesco entre las distintas especies. El damán, un animalillo africano al que cuesta distinguir de una rata, se agrupa con el elefante en una gran rama evolutiva de los mamíferos, la de los afroterios. Las personas, los delfines y las vacas nos apiñamos junto a las ratas propiamente dichas en la segunda rama (los boreoterios), dejando la tercera (los desdentados) para el armadillo y el oso hormiguero.
 
La razón es que los mamíferos originales se dividieron físicamente en tres grupos hace 100 millones de años, cuando las actuales África, Eurasia y Suramérica se escindieron de un continente único.
 
En los últimos años, los geólogos también han encontrado fuertes correlaciones entre la diversidad del plancton -los organismos microscópicos que flotan en el mar- y la temperatura del agua en esa época. El enfriamiento oceánico de los últimos 70 millones de años, por ejemplo, se asocia a una gran radiación de especies de foraminíferos, los principales microfósiles marinos. En general, las fases de calentamiento por las que ha pasado el planeta se han caracterizado por una menor riqueza de géneros, y de familias enteras, de seres vivos.
 
Si la competencia entre seres vivos es la reina roja, la evolución guiada por las condiciones externas se conoce como la hipótesis del "bufón de corte". Los bufones sólo pretendían complacer a los poderosos, y jamás cambiaban sus números a menos que se vieran forzados por una catástrofe (como una guerra o un cambio de régimen). Si la reina roja es la idea preferida por los biólogos, el bufón de corte es la favorita de los geólogos, como parece lógico. Y es el motor del cambio que parece predominar a las escalas evolutivas, de 100.000 años para arriba en el tiempo, y de especie para arriba en la taxonomía, la ciencia que clasifica a los seres vivos en una jerarquía de especies, géneros, familias, órdenes, clases, filos y reinos.
 
La cuestión de la reina roja tiene mucha relevancia para el problema estrella de la biología evolutiva: la explosión cámbrica, la gran dificultad que atormentó a Darwin hace un siglo y medio. La Tierra tiene 4.500 millones de años, y los primeros microbios aparecieron poco después (hay evidencias fósiles de 3.500 millones de años). Pese a ello, la explosión de la vida animal sólo ocurrió al empezar el periodo Cámbrico, hace 543 millones de años. La evolución tardó poco en inventar a los animales, aunque tardó 3.000 millones de años en ponerse a ello. Ésta es la versión moderna del dilema de Darwin.
 
"Creo que la explosión cámbrica es un excelente ejemplo de evolución por el modelo del bufón de corte", confirma Benton a EL PAÍS. "Es un caso en que el cambio dramático del entorno físico tiene un profundo efecto en la evolución. Esto no tiene nada que ver con sugerir que la selección natural es errónea, o que Darwin se equivocó. Se trata simplemente de que los cambios dramáticos e inesperados, como el que ocurrió entonces, pueden abrumar a los procesos normales de la selección natural y poner a cero el reloj evolutivo, como solía decir Steve Gould". Stephen Jay Gould fue un destacado (y polémico) evolucionista norteamericano hasta su muerte en 2002.
 
El periodo anterior al Cámbrico (de 1.000 a 543 millones de años atrás) se llama Neoproterozoico, de mote "precámbrico", e incluye las más brutales glaciaciones conocidas por los geólogos, como la Sturtian y la Marinoan. Algunos científicos creen que fue una era de bola de nieve planetaria (snowball earth), en la que los casquetes polares cubrían incluso el ecuador terrestre.
 
Antes de esa era del hielo, los niveles de oxígeno en la atmósfera eran muy bajos, inferiores al 1% de la concentración actual, como habían sido en los 3.000 millones de años anteriores. La última de las grandes glaciaciones precámbricas, la Marinoan, terminó hace 635 millones de años, y los últimos datos indican que los primeros animales, las esponjas, ya habían evolucionado para entonces. Y los datos indican que el fondo marino no estuvo bien oxigenado hasta los tiempos de la explosión cámbrica. Si la biología tardó 3.000 millones de años en inventar a los animales, la razón parece ser que la geología no se lo permitió antes.
 
La mosca Drosophila ha resultado un modelo muy útil para estudiar los fundamentos genéticos de la especiación. Por ejemplo, la especie americana Drosophila pseudoobscura se separó hace 200.000 años en dos subespecies llamadas USA y Bogotá. Como los caballos y los burros, las moscas USA y Bogotá pueden cruzarse, pero sus hijos son estériles. En casos de especies más divergentes, los hijos suelen ser no ya estériles, sino directamente inviables. El punto es que la genética de la mosca permite hallar los genes exactos que son responsables de la esterilidad o de la inviabilidad.
 
Los resultados apuntan a muy pocos genes, y varios están relacionados con el transporte nuclear, el intercambio de materiales entre el núcleo y el resto de la célula. Dos de los genes de la especiación son Nup96 y Nup160, componentes del poro nuclear que comunica al núcleo con su entorno, y otro es RanGAP, que regula el mismo proceso. No hay ninguna razón a priori para que la especiación esté relacionada con un mecanismo tan concreto como el transporte nuclear, y estos resultados son inesperados en ese sentido.
 
Pero estos genes también tienen relación con un fenómeno que lleva décadas siendo un sospechoso central para los genetistas interesados en la especiación. Se llama impulso meiótico (meiotic drive), o más en general "conflicto intragenómico". Al igual que la selección natural clásica, se trata de un proceso de competencia, pero no entre individuos dentro de una especie, ni entre especies dentro de un ecosistema, sino entre genes dentro de un genoma, es decir, entre las partes de un mismo individuo.
 
Esto es posible porque cada individuo produce miles o millones de gametos (óvulos o espermatozoides, según su sexo), cada uno con una combinación distinta de genes. Y hay genes que sesgan a su favor la producción de gametos, de modo que se aseguran su presencia en más de la mitad de los espermatozoides o los óvulos, que es lo que les correspondería por azar. Estos genes son auténticas bombas evolutivas, porque pueden imponerse en una población en pocas generaciones aun cuando no hagan nada beneficioso para el individuo que los alberga. Los demás genes se ven forzados a adaptarse para convivir en el mismo genoma que ellos, y esto conduce a las poblaciones por caminos separados aun cuando sus entornos sean similares. Esto es la evolución por "conflicto intragenómico".
 
En el ejemplo mencionado antes de las dos subespecies de Drosophila pseudoobscura, USA y Bogotá, el grupo de Allen Orr, de la Universidad de Rochester, acaba de demostrar que un solo gen (llamado overdrive) es responsable a la vez de la esterilidad de los híbridos entre las dos subespecies, y de causar su propia representación en los gametos por encima del 50% que le correspondería por azar. "Nuestros resultados", afirma Orr, "indican que el conflicto intragenómico, una forma de adaptación al ambiente genómico interno, es una fuerza importante en la especiación".
 
Otro descubrimiento reciente es la importancia crucial de las duplicaciones de genes en la evolución. Las duplicaciones o pérdidas de genes son la principal fuente de variación genética en nuestra especie: cualquier persona se distingue de cualquier otra en un promedio de 70 regiones duplicadas o amputadas en uno de sus cromosomas.
 
Dos siglos después, la ciencia rellena huecos que a Darwin le hubiera encantado explicar.
 
 
Una teoría revolucionaria

- Si los seres vivos tienen una gran capacidad de reproducirse, pero los recursos son limitados, sólo las variantes más aptas de cada generación sobrevivirán lo suficiente como para reproducirse y transmitir sus cualidades a la siguiente.

- La repetición de este proceso ciego una generación tras otra provoca inevitablemente que las especies vayan cambiando y haciéndose más aptas para vivir en su particular entorno.

- La principal predicción de la teoría de la evolución es que todos los seres vivos del planeta provenimos por ramificaciones sucesivas de una sola especie simple y primordial.

- Los humanos compartimos con las ratas, los gusanos, los abetos y las bacterias tal cantidad de fundamentos genéticos y bioquímicos que el origen común de la vida es uno de los hechos científicos mejor establecidos.

- Darwin propuso una teoría gradual: ínfimos cambios acumulados generación tras generación durante millones de años. El registro fósil, sin embargo, presenta transiciones relativamente bruscas (según las escalas de los geólogos).
 
 
JAVIER SAMPEDRO 06/02/2009
Publicado enInternacional
En el prólogo a su más famoso libro de cuentos, Ficciones, Jorge Luis Borges escribió: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario”. En los antípodas del pensamiento borgeano, los responsables de El curioso caso de Benjamin Button –el guionista Eric Roth, el director David Fincher– tomaron un relato breve de Francis Scott Fitzgerald y a partir de esa pequeña fábula construyeron un laborioso desvarío de casi tres horas, empobrecieron una idea brillante explayándose en todo tipo de elucidaciones y dictados morales que por cierto no provienen del texto original.
 
Teniendo en cuenta que Zodíaco no sólo fue una de las mejores películas del 2007 sino también una obra de madurez en la irregular carrera de Fincher, Benjamin Button debe ser considerado un serio paso atrás en su obra. Hecho que, paradójicamente, ahora confirma su consagración en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que después de haber ignorado olímpicamente a Zodiac viene de otorgarle a Button nada menos que trece candidaturas al Oscar para la entrega de premios que tendrá lugar en Los Angeles el 22 de este mes.
 
Se diría que salvo la ingeniosa premisa inicial –la idea de que un niño nazca como un viejo y después de una larga vida en reversa finalmente muera siendo un bebé– poco y nada ha quedado en el film de Fincher del relato original de Scott Fitzgerald, publicado como una “fantasía” en su volumen Cuentos de la era del jazz (1921). Allí donde el texto de Fizgerald es seco y preciso, la película en cambio parece extender cada una de sus escenas de manera redundante, mucho más allá de lo necesario; allí donde había humor ahora hay circunspección y solemnidad; cuando el relato sugería alguna ironía de raza o de género el film se esmera en ser políticamente correcto; y en lugar de la prosa aérea y ligera de Fitzgerald, que no pretendía aleccionar a nadie, ahora en cambio hay una película ahogada no sólo por el inmenso peso de su producción sino también por su sensiblería y su voluntad parroquial de andar impartiendo lecciones de vida.
 
No parece casual que el guionista de Button sea Eric Roth, el mismo de Forrest Gump, donde también allí, con la misma excusa de un freak, se dedicaba a pasear a su protagonista por los grandes acontecimientos de la historia de su época para que ofreciera –como hostias consagradas– su bonhomía y su pureza de corazón. Algo similar sucede ahora con Benjamin Button, que como ha nacido viejo tiene la experiencia suficiente como para mirar el mundo desde su sabiduría y su piedad, virtudes que desde la imagen Fincher refuerza con empalagosos amaneceres y atardeceres en los que se supone que no sólo los personajes sino también los espectadores pueden aprender a valorar las cosas verdaderamente importantes de la vida.
 
Que el narrador original –una distante tercera persona omnisciente del singular– haya sido reemplazado en el film por una anciana (un déjà vu de Titanic) que en su juventud amó a Benjamin Button y ahora desfallece en un hospital de Nueva Orleans justo cuando castiga a la ciudad el terrible huracán Katrina (¿?), parece uno más de los muchos malentendidos que están en el núcleo del film de Fincher. La actuación de Brad Pitt es otro de ellos: se supone que es un capolavoro que justifica su inclusión en las cinco candidaturas al Oscar al mejor actor protagónico, pero en verdad cualquier espectador va a estar siempre mucho más pendiente de su maquillaje (¿es él?, ¿no lo es?, ¿qué edad tiene ahora?) que de su actuación. Para cuando finalmente se lo puede reconocer plenamente, a la hora y media de película, ya parece también otro milagro del Photoshop y no un personaje de carne y hueso.

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON

(The Curious Case of Benjamin Button; EE.UU., 2008)

Dirección: David Fincher.

Guión: Eric Roth, basado en el relato de Francis Scott Fitzgerald.

Fotografía: Claudio Miranda.

Música: Alexandre Desplat.

Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton, Elle Fanning, Julia Ormond, Jared Harris, Faune A. Chambers, Elias Koteas.
 
Por Luciano Monteagudo
Publicado enInternacional