Martes, 15 Diciembre 2015 06:43

La Drosophila melanogaster

La Drosophila melanogaster

Pensar la naturaleza comporta vivir en escalas inter y transgeneracionales. Bastante más y bastante diferente del presente. En un tiempo y una cultura que hace de la eficiencia y la eficacia, y con ellas de la productividad y el crecimiento, el mantra de su existencia.



La humanidad y la ciencia tienen una enorme deuda con la Drosophila melanogaster, comúnmente conocida como la mosca de la fruta, o también, la mosca del vinagre. Su corta vida, su rápida reproducción y los parecidos genéticos con los seres humanos la hacen propicia para comprender varias cosas: la evolución, la genética, las mutaciones y varias enfermedades.
En efecto, la secuenciación completa del genoma fue posible primero en 1998 y de manera definitiva en el año 2000, y permitió arrojar grandiosas luces sobre el mapa del genoma, conjuntamente con la Escherichia coli (bacteria intestinal), Saccharomyces cerevisiae (levadgenéticaura), Arabidopsis thaliana (planta), Caenorhabditis elegans (gusano), Mus musculus (el ratón casero), y el Sus scrofa (el cerdo salvaje).


El ciclo de vida de la Drosophila melanogaster dura aproximadamente dos semanas en temperaturas promedio de 22 oC. Gracias a que se pueden cultivar fácilmente en laboratorio, su ciclo de generación es breve, y tienen una muy alta productividad (las hembras pueden poner hasta 500 huevos en diez días). Las larvas maduras poseen grandes cromosomas en sus glándulas salivares, tan sólo poseen 4 pares de cromosomas (3 autosómicos y 1 sexual), y los machos no llevan a cabo ninguna recombinación, lo cual facilita sus estudios genéticos. En fin, las hembras ya pueden acoplarse a los machos entre las 8 y las 12 horas después de haber nacido. Cerca del 61% de las enfermedades mas comunes de los seres humanos poseen rasgos que genéticamente se emparentan con los genes de la mosca de la fruta y alrededor del 50% de las proteínas de esta mosca tienen rasgos análogos entre los mamíferos.


Hay que decir, por lo demás, que la longevidad de los seres humanos constituye, como un logro de la cultura, combinado con la propia evolución natural, una ventaja manifiesta —y, por consiguiente, una responsabilidad moral con respecto al espectro de la vida en el planeta—. En efecto, las proporciones entre el tamaño del cuerpo, el de su cabeza, los ritmos cardíacos y las expectativas de vida hacen del ser humano una de las especies más longevas sobre el planeta. Pero si ello es así, la carga de la demostración recae entonces sobre la cultura y la educación.


Existen diversas especies de vida corta, pero los ciclos de vida de la mosca de la fruta han sido propicios para comprender numerosos fenómenos de los procesos vitales, entre ellos la sexualidad, la reproducción, la genética e incluso la metabolómica.
La verdad es que la naturaleza se articula en un tejido amplio de numerosos tiempos vitales, muchos disyuntos de los de los seres humano y el tiempo humano es tan sólo uno referente adicional en la complejidad misma de la vida. Al fin y al cabo, tomando como base los ritmos circadianos, los tiempos de la naturaleza son al mismo tiempo de ciclos breves, medianos y largos, con muchos niveles intermedios; pero vista como un todo, la naturaleza existe con una escala temporal de largo alcance y de un muy grande calibre.


Ser contemporáneos —esto es, seres del siglo XXI—, comporta definir la existencia a partir de un dilema central: las relaciones entre genética y cultura, análogamente a como ser medievales significaba existir en el seno del dilema entre el pecado y la salvación. Pues bien, es posible parafrasear la primera idea diciendo que todo el dilema parece resolverse, hoy por hoy, en las relaciones entre los tiempos de la naturaleza y los tiempos de la cultura, o de la civilización, para el caso da igual.


"Vive rápido y muere joven", ha sido siempre una idea que hace que la existencia se hunda en el presente y descuente el futuro, y con él los sueños, los proyectos, las esperanzas y las ilusiones; incluso, hay que decirlo, las responsabilidades. Ese dictum nunca ha sido mejor acogido que en el mundo contemporáneo, cuando Europa, la más desarrollada de todas las civilizaciones, materialmente hablando, enfrenta desde hace muchos años tasas de natalidad por debajo de cero, y en los Estados Unidos las tasas de natalidad mantienen niveles de optimismo debido principalmente a la fuerza de los latinos, y cada vez menos, también de la población afrodescendiente.


En contraste, numerosas civilizaciones antiguas y hoy en día también numerosos pueblos mal llamados "primitivos o atrasados", definen su vida en función de los ritmos de la naturaleza y de los tiempos y ciclos naturales. Con ello, aprenden a pensar a largo plazo y a actuar también con una ventana inmensamente más amplia que la predominante en la civilización occidental.


Hagamos un pequeño experimento mental. Suponiendo que hablamos la lengua de la Drosophila melanogaster, si le planteamos: ¿Cómo piensas que podrías vivir en, digamos, 100 o 120 años? O bien, ¿no podrías actuar de otra forma, supuestas tus dos semanas de vida, de manera que avizores lo que pueda acontecer en 200 años? Con seguridad la mosca de la fruta nos miraría como si fuéramos locos.


Pues bien, pensar la naturaleza comporta vivir en escalas inter y transgeneracionales. Bastante más y bastante diferente del presente. En un tiempo y una cultura que hace de la eficiencia y la eficacia, y con ellas de la productividad y el crecimiento, el mantra de su existencia.


Si le planteamos a un tomador de decisiones (horribile dictum) —por ejemplo, un militar, un CEO, un político o un banquero— que piense en lo que puede acontecer en 500 años o en mil o dos mil años, sin duda, nos mirará igual que la Drosophila melanogaster: no entenderá nuestras palabras y nos considerará como locos. Se comportan como insectos que creen que todo el tiempo que existe es el suyo propio; y nada más.


Lo cierto es que el tejido de retos, desafíos y problemas de la crisis sistémicas y sistemáticas actuales exigen, absolutamente, otra estructura mental (mindset) perfectamente distinta a la habida hasta la fecha. Pero para un ser cuyas expectativas de vida son inmediatistas y efectistas, pensar en tiempos naturales es cosa de dementes. Según parece, impera la locura: esa, la malsana y patológica. "Disfruta el momento y vive el presente mientras dura": esa parece ser la lógica de la mosca de la fruta. Con una salvedad: en su caso la biología impera, mientras que, supuestamente, en el caso de los tomadores de decisiones pareciera ser importante la educación, la cultura, la filosofía y la ciencia. Palabras.


Cuando una especie no entiende a la naturaleza, esta lo comprende, le da su tiempo de espera, y si es necesario, pasa por encima suyo. Al fin y al cabo, la evolución es una idea que simple y llanamente significa el cambio de la vida. Y sí: a mediano y largo plazo las cosas cambian. La marca de calidad de la naturaleza es esa: el cambio y las variaciones. Pero la Drosophila melanogaster no parece/puede verlo de esta manera.

Miércoles, 02 Diciembre 2015 05:59

El genoma verde

El genoma verde

Las plantas cuentan con relojes endógenos que les permiten mantener la estabilidad interna de sus procesos biológicos. Un equipo liderado por Marcelo Yanovsky descubrió la funcionalidad del gen Gemin 2 vegetal frente a los efectos del cambio climático.


El tiempo es una categoría, construida en forma colectiva y en efecto mutable, que sirve a los seres humanos para advertir el cambio. En palabras del sociólogo alemán Norbert Elias puede definirse como "la puesta en relación de procesos factuales que se mueven continuamente". En esta línea, del mismo modo que existen dispositivos –como los relojes– que miden y otorgan sentido a las percepciones sobre el tiempo "externo"; por otra parte, también es posible identificar el tiempo "interno", tan periódico y predecible como el primero.


Desde esta perspectiva, la cronobiología se constituye como la disciplina que estudia el comportamiento de los ritmos biológicos en las funciones corporales. Ahora bien, bajo esta premisa, si se asume la presencia de ritmos endógenos que organizan las acciones vitales de las personas (como puede ser la distribución de horas destinadas al sueño y a la vigilia), ¿qué ocurre con los tiempos internos del resto de los seres vivos? En concreto, ¿cómo se sincroniza el reloj de las plantas?


Marcelo Yanovsky es doctor en Biología (UBA), investigador independiente del Conicet y, en la actualidad, dirige el prestigioso laboratorio de Genómica Vegetal del Instituto Leloir. Su infancia estuvo atravesada por cobayos, laboratorios y guardapolvos blancos. Desde pequeño, recibió la influencia de su padre, Jorge, médico especializado en el estudio del Chagas. Más tarde, cuando fue adolescente, su familia creó una empresa, pero su pasión por las plantas ya había florecido lo suficiente y optó por el camino de la ciencia. Hace 25 años posa su lupa sobre el reino vegetal, y en esta oportunidad, explica cómo funcionan y se ajustan los relojes internos de los seres vivos más sedentarios de todos, describe los últimos desarrollos vinculados al mundillo de la genética y evalúa las futuras aplicaciones de sus investigaciones al campo de la biotecnología.


–En el Instituto Leloir, usted se desempeña como jefe del Laboratorio de Genómica Vegetal. En concreto, ¿qué investigan?


–Las plantas cuentan con un genoma que reúne toda la información genética que contiene su programa de crecimiento y desarrollo en el ADN. Desde esta perspectiva, existen dos clases de genómica: la estructural y la funcional. Mientras la primera describe los genes, estudia su distribución y diferencia qué segmentos poseen información y cuáles no; la segunda analiza las acciones y el comportamiento, es decir, las funciones de cada gen. Mi equipo trabaja en esta última orientación, en particular, sobre aquellos genes que habilitan a las plantas a medir el tiempo, anticiparse a las estaciones y responder a la luz.


–¿Cronobiología? Algo similar a lo que Diego Golombek analiza en seres humanos...


–Sí, Diego es uno de los padres fundadores de la cronobiología y, de hecho, él me ayudó bastante cuando realicé mis primeros pasos en el área. Era mi consejero, pues, nadie se preocupaba por los relojes biológicos de las plantas, allá por 1995.


–En este sentido, ¿qué es un reloj biológico?


–Es un mecanismo que tienen todos los seres vivos que les permite medir el tiempo: anticiparse y adaptarse a los cambios ambientales vinculados a los ciclos de luz-oscuridad –relacionados con el movimiento de rotación de la Tierra– y, por otra parte, a las modificaciones referidas a las estaciones anuales –emparentadas con el movimiento de traslación del planeta alrededor del Sol–.


–De aquí, ¿qué funciones cumplen en las plantas?


–Por ejemplo, permiten controlar el proceso de fotosíntesis, la tolerancia al frío y regular el crecimiento de las hojas. Son grandes coordinadores que optimizan el funcionamiento en relación a las variables ambientales que más impactan en las plantas: luz, temperatura, humedad. Ese mismo reloj lo utilizan las plantas para medir el largo del día y sincronizar su desarrollo anual –hay algunas especies que florecen en primavera cuando los días se alargan mientras otras lo hacen hacia el final del verano cuando los días comienzan a acortarse–. De modo que estudiamos cómo son los genes que interactúan y los mecanismos que se ponen en juego.


–¿Qué ocurre con las plantas cuyo reloj interno se descompone?


–Una planta que no mide de manera correcta el tiempo no logra adaptarse. Existen especies cuyo reloj endógeno funciona muy lento y no se ajustan a días de 24 horas. En efecto, de manera artificial, es posible crear días de 30 horas con 15 horas de luz y 15 de oscuridad, para que logren sobrevivir. Del mismo modo, puede ocurrir el caso inverso: ejemplares cuyos relojes estén bien sincronizados en lapsos de 24 horas diarias que funcionan mal con días artificiales de 30 horas.


–Imagino que ello depende de la variabilidad genética...


–Exacto. Sucede algo parecido con los seres humanos: están los que se despiertan muy temprano y los que se acuestan tarde. Lo que se modifica, en definitiva, es el modo en que se interpreta el largo del día. Hace muchos siglos la humanidad se interesó por adaptar ciertas especies en determinadas latitudes. Ello ocasionó, en el proceso evolutivo, la selección inconsciente de genes específicos que producen que un reloj funcione más lento o más rápido de acuerdo a la necesidad de los agricultores.


–Ya que describe el estudio de los tiempos internos de los seres vivos como el producto inacabado de un proceso histórico que siempre deviene, ¿en qué momento la ciencia comienza a pensar en relojes biológicos?


–La historia de la cronobiología está muy emparentada con el desarrollo de la biología vegetal. Los ritmos biológicos son descubiertos en las plantas por los griegos cuando observan en el siglo 200 a. C. que las hojas cambiaban su posición en el transcurso del día. Luego, en el siglo XVIII, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan observó que las hojas de las plantas estaban extendidas durante el día y se replegaban durante la noche. Tras colocar una maceta con una de sus plantas en sitios sin luz durante varios días, constató que las hojas se continuaban extendiendo y retrayéndose en la oscuridad. Era, tal vez, la primera sugerencia que indicaba que los seres vivos contaban con un reloj endógeno.


–Un momento, si el reloj es interno, ¿por qué son importantes los ciclos de luz-oscuridad?


–Porque si bien no dependen de los ciclos de luz-oscuridad para funcionar, deben sincronizarse todos los días. Para este ajuste diario son vitales las señales del ambiente. Existen sensores –pigmentos– que reciben la luz y que sincronizan los relojes.


–Es decir que la luz se encarga del proceso de "reset" de los relojes..

.
–Claro. A diario, se resetean al amanecer y al atardecer.


–Cuénteme en qué se basa su último descubrimiento: el "termostato" que protege a las plantas del cambio climático.
–Se vincula un poco con lo que recién te comentaba. Si bien los relojes son internos, necesitan del ambiente y de los ciclos de luz-oscuridad para sincronizarse a diario. No obstante, tampoco es bueno que respondan de una manera exagerada a lo que ocurre en su entorno. Por ejemplo, no sería positivo que un reloj se acelere con el calor o se enlentezca con el frío. El ciclo de luz-oscuridad no depende de la temperatura, por ello, estudiamos el proceso de regulación natural de los efectos de las temperaturas en las plantas.


–¿Cómo lo hacen?


–Buscamos ejemplares que cuenten con relojes que funcionan mal, es decir, plantas con algún gen mutado que ocasione la aceleración o la desaceleración de los ritmos. Luego, observamos cuáles son las piezas que se arruinaron.


–Y, en general, ¿qué piezas se arruinan?


–No sabemos bien cuáles se arruinan, pero sí podemos afirmar que hay algunas que son fundamentales. Hace unos años descubrimos, en colaboración con el doctor Alberto Kornblihtt, que existía una pieza vital que permitía que el reloj interno funcione de manera adecuada, encargada de regular la expresión génica de un proceso denominado splicing –empalme– alternativo. Hallamos un gen –Gemin 2– que atenúa los efectos de la temperatura y facilita la homeostasis de las plantas frente al cambio climático.


–¿Qué ocurre con las plantas que no tienen ese gen?


–Las plantas que no tienen el gen –porque, eventualmente, son mutantes– cuentan con un reloj muy sensible al cambio de temperaturas. En muchos casos, no toleran los efectos del cambio climático y no sobreviven. A su vez, evidenciamos un ciclo regulatorio que contribuye a que la temperatura no impacte sobre el reloj. Ahora bien, hasta el momento resulta muy complejo colocar ésta pieza en aquellos relojes que funcionan mal. El mundo se calienta y, en esta línea, buscamos opciones que desde la biología otorguen respuestas en relación al crecimiento y al desarrollo de las plantas.


–¿Qué impacto pueden tener sus investigaciones en el campo de la producción agrícola?


–El objetivo es mejorar los mecanismos de defensa de las plantas frente a los efectos derivados del cambio climático. Los golpes de calor impactan de modo negativo sobre la productividad de cualquier cultivo. Por ello, desde la genómica buscamos ayudar a las plantas a superar los picos de temperatura y el estrés, a partir de la manipulación de sus relojes internos.


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Miércoles, 02 Diciembre 2015 05:48

El cerebro no entiende de sexos

El cerebro no entiende de sexos

Después de años de polémica, un nuevo estudio publicado esta semana en la revista PNAS niega el dimorfismo sexual en la estructura del cerebro humano. En general, el trabajo apunta una falta de evidencia científica al hablar de cerebros masculinos y femeninos.

La investigación recoge el análisis de imágenes de resonancia magnética de más de 1.400 cerebros humanos.

Los autores identificaron un subconjunto de regiones del cerebro que muestran más diferencias entre sexos. Cerebro por cerebro, analizaron la forma de cada una de sus regiones para clasificarlas como más 'femeninas' o más 'masculinas', en función de la prevalencia de distintos rasgos en uno y otro sexo.


Aunque entre el 23% y el 53% de los cerebros tenía al menos una región más marcadamente femenina y masculina (lo que los científicos llamaron 'extremo femenino' y 'extremo masculino'), apenas entre el 0% y el 8% de los cerebros fueron totalmente catalogados como extremos para ambos géneros.

Los resultados sugieren que la mayoría de los cerebros son mosaicos heterogéneos con características intermedias. Es decir, los cerebros humanos no pertenecen a una categoría estructural femenina o masculina.

En la imagen pueden observarse los diferentes volúmenes (verde=grande, amarillo=pequeño) de las regiones del cerebro en 42 adultos que muestran la coincidencia entre las formas de los cerebros de las mujeres y los cerebros de los hombres.

Domingo, 29 Noviembre 2015 05:46

La última chance, en París

La última chance, en París

Después de Kioto en 1997 y Copenhague en 2009, muchos ven la COP 21 como la oportunidad final de hacer algo por el planeta, crear un protocolo mundial vinculante y darle un rol serio a la ONU. La resistencia de las potencias industriales.


"¿Podemos aún salvar el planeta?" La pregunta, a toda página, la formula la ultima edición del vespertino Le Monde en vísperas del inicio de la conferencia mundial sobre el clima, la COP 21, que se celebra en Francia entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre. Los 195 jefes de Estado pertenecientes a los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) buscarán en París un acrobático acuerdo para disminuir las emisiones de efecto invernadero que destruyen al planeta. Nada parece más difícil, ni más hipotético. Varios frentes se cruzan en esta mega cumbre: los países en vías de desarrollo y los emergentes se confrontan a las grandes potencias contaminantes (Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia). Y las potencias entre sí se confrontan en torno del carácter vinculante o no de las decisiones que se adopten en París.


Ya antes que una batalla entre potencias sucias y promotores de la salvación de lo que nos queda de planeta, la cumbre se convirtió en una pugna entre la sociedad civil y el Estado francés. Los atentados terroristas de 13 de noviembre –130 muertos, 350 heridos– condujeron a la adopción del Estado de Emergencia, una medida que prohíbe muchas cosas, sobre todo las manifestaciones, y le otorga a los organismos de seguridad derechos astronómicos y sin control. Los imperativos de seguridad llevaron a que se anule la mega manifestación prevista para este domingo 29 de noviembre y que, también, se prohíba todo tipo de manifestaciones. Esto ha dejado afuera a la sociedad civil que pensaba marcar su postura en las calles. El ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, admitió también que 24 militantes ecologistas considerados "activistas peligrosos" se encuentren actualmente bajo arresto domiciliario. El lector apreciará el abuso implícito en la forma de hacer pasar a un militante ecologista con el mismo perfil de peligrosidad que un terrorista asesino.


Sin dudas, el Estado francés quiere evitar que se repitan los graves accidentes que marcaron la cumbre sobre el clima que se llevó a cabo en Copenhague en 2009, cuando decenas de miles de personas se opusieron con furia al escandaloso espectáculo que dio la comunidad internacional. Se habían reunido para salvar al planeta y lo único que hicieron los países industrializados fue salvar sus intereses, es decir, no aprobar ningún texto vinculante, ni la más mínima medida o programa de protección. De hecho, la COP 21 de París retoma los trabajos allí donde los dejó Copenhague. Las potencias, principalmente Estados Unidos y China, habían logrado dejar afuera a las Naciones Unidas. Entre 2009 y 2015 lo que se logró es que le ONU recobrara su papel preponderante en este ciclo.


El fantasma de Kioto


El objeto central de la COP 21 consiste en reemplazar al difunto protocolo de Kioto para empezar a aplicar uno nuevo a partir de 2020. El protocolo de Kioto, firmado en 1997, había fijado los objetivos que debían cumplir los países desarrollados para reducir la emisión de gases contaminantes. Kioto fue un fracaso y un éxito. Fracaso porque sólo 37 Estados del mundo aceptaron las medidas vinculantes. Las grandes potencias emisoras de gases, Estados Unidos y China por ejemplo, no lo aplicaron –Estados Unidos ni siquiera lo ratificó–. El éxito está en que allí donde se llevó a la práctica al pie de la letra, el protocolo de Kioto superó la meta inicial del 5 por ciento y la reducción de gases alcanzó el 22 por ciento. Sin embargo, el fracaso volvió a cerrar el camino de la salvación. Como las potencias mundiales no lo aplicaron, la emisión de gases se incrementó en 24 por ciento entre el 2000 y el 2010.


París es entonces un momento clave. Para muchos, la COP 21 es considerada como "la última oportunidad" de hacer algo realmente serio por el planeta. "En el cambio climático se juega el destino de la humanidad ", dice Christiana Figueres, la secretaria ejecutiva de la ONU a cargo del cambio climático. "París 2015 es una fecha casi fatal", repiten a coro responsables de toda índole. Lejos de generar un consenso para preservar la humanidad, el cambio climático es objeto de una guerra interna en el capitalismo donde se combaten dos visiones: una, industrial, liberal y mercantilista pone en tela de juicio la realidad del cambio climático, otra, algo más global y responsable, pone el acento en la destrucción que el aumento de la temperatura acarrea en la tierra. Dentro de ese antagonismo entra otro: el que opone a los países más industrializados responsables supremos del calentamiento global y de las emisiones de gases de efecto invernadero, con los países menos desarrollados, a quienes se les exige un esfuerzo similar al de las potencias contaminantes con escasas compensaciones.


La intención, en París, es que los 195 países firmantes implementen medidas para atenuar las emisiones de gases contaminantes y fijen un marco para la próxima gran conferencia del clima que se llevará a cabo en 2020, con la cual se reemplazará definitivamente el protocolo de Kioto. Como se puede apreciar, el mundo juega con la seguridad climática como con una bomba de tiempo. Varios organismos internacionales ya consideran que París y sus acciones preparatorias llega demasiado tarde. Un estudio elaborado por el Climate Action Tracker (CAT, organización científica independiente con sede en Londres), advierte que los planes de acción climática presentados hasta ahora por los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no evitarían que el calentamiento global del planeta llegue a los 2, 7º C. En la capital francesa se busca que, a finales del siglo, la temperatura global no sobrepase los dos grados. Con lo cual, la cruzada a favor de una temperatura salvadora está perdida. Los científicos del IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático, un organismo dependiente de la ONU) alegan que si se continua con el ritmo actual, la temperatura global ascenderá entre 3,7 y 4,8 grados en el ano 2100.


La diferencia entre la cumbre COP 21 y el protocolo de Kioto radica en que no se obligará a que los países reduzcan de manera obligada sus emisiones de CO2. El esquema que se ha presentado es el voluntario, es decir, cada país presenta sus propios compromisos. 170 naciones del mundo adelantaron hasta ahora sus propuestas. La ONU calcula que las llamadas "medidas voluntarias" fijadas para el horizonte 2025-2030 elevarán la temperatura a un pico de 2,7 grados. De todas formas, todos son conscientes de que, hasta 2030, la temperatura no disminuirá.


El gran salto al vacío de la COP 21 está en el carácter vinculante del acuerdo. La Unión Europea pugna por un texto que, al menos, tenga capítulos vinculantes. Estados Unidos pone trabas, sobre todo legislativas. Es altamente probable que el Congreso y el Senado norteamericano rechacen cualquier tratado vinculante. El carácter vinculatorio del tratado es el objeto de todas las controversia. Muchos países pueden hacer fracasar la cumbre al negarse a firmarlo. Y no es todo. El otro contenido polémico son las medidas de compensación destinadas a los países más pobres que deben adaptarse al cambio climático.

Desde 2020 comenzará a funcionar el llamado Fondo Verde del clima. Dotado de 100.000 millones de dólares, el Fondo compensará lo que ciertos países pierden al adaptarse a la tragedia climática. Esto es, en si, un absurdo, porque numerosos países en vías de desarrollo sufren ya de manera drástica los estragos del clima destruido por el club de potencias contaminantes. Como decía un indígena Papúa invitado a Francia, Mundlya Kepanga, "si se sigue destruyendo la naturaleza, todo esto existirá sólo en sus museos".

Publicado enMedio Ambiente
Fusión de Pfizer y Allergan crea la mayor farmacéutica y golpea al fisco de EU

La farmacéutica estadunidense Pfizer y su rival irlandesa Allergan anunciaron la decisión de fusionarse mediante una transacción de 155 mil millones de dólares, con lo que crean la empresa más grande del sector y la mayor maniobra en la historia para ahorrar impuestos, en la que una empresa de Estados Unidos se reorganiza en un país con una tasa fiscal corporativa más baja.


El presidente estadunidense Barack Obama calificó este tipo de decisiones corporativas de no patrióticas, mientras en fecha reciente el Departamento del Tesoro emitió reglas para evitarlas. El exilio de empresas estadunidenses a través de la adquisición de compañías instaladas en países fiscalmente más benéficos, está en la mira del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.


De acuerdo con el diario The New York Times, este tipo de decisiones corporativas cuestan al país miles de millones de dólares cada año.


Pfizer es fabricante del Viagra y del popular medicamento para combatir el colesterol Lipitor, en tanto Allergan produce el botox.


La transacción prevé que Pfizer sea absorbida por Allergan, aunque ésta es una empresa de menor tamaño que su rival estadunidense. Las compañías fusionadas adoptarán el nombre de Pfizer PLC y cotizarán en el mercado de valores de Nueva York bajo la clave PFE.


De acuerdo con The Wall Street Journal, Pfizer espera pagar una tasa fiscal combinada de entre 17 y 18 por ciento, comparada contra el 25 por ciento que abona al fisco de Estados Unidos y que es una de las mayores cargas impositivas de la industria.
La transacción está valorada en 363.63 dólares por acción de Allergan. El acuerdo considera que las empresas harán un intercambio de acciones en una proporción de 11.3 títulos de Pfizer por uno de Allergan, además de entre 6 mil y 12 mil millones de dólares en efectivo.


Tras el cierre del acuerdo, que debe ser aprobado por autoridades antimonopolio en Estados Unidos e Irlanda, los accionistas de Pfizer controlarán 56 por ciento de la firma combinada, mientras los de Allergan poseerán el 44 por ciento restante.
El director ejecutivo de Pfizer, Ian Read, señaló en un comunicado que la fusión creará una compañía con la fortaleza de investigar y desarrollar mayor número de medicinas y terapias, sobre una base más competitiva.


Mediante esta combinación, Pfizer tendrá mayor flexibilidad financiera, que facilitará nuestro constantes descubrimientos y desarrollo de medicinas innovadoras para los pacientes, retorno de capital para nuestros accionistas e inversión continua en Estados Unidos, aseguró.


Ambas farmacéuticas han estado lidiando con una fuerte competencia de los medicamentos genéricos y la presión de los inversionistas por estimular el crecimiento. Se calcula que la competencia de los genéricos reduce las ventas de Pfizer en 28 mil millones desde 2010 hasta el año entrante.


El año pasado Pfizer intentó infructuosamente comprar la farmacéutica británica AstraZeneca Plc. en un acuerdo de alrededor de 118 mil millones de dólares, pero las pláticas se cayeron cuando ambas partes no se pusieron de acuerdo en el precio.
La adquisición de Allergan agregaría sus medicamentos para condiciones oculares, infecciones y enfermedades cardiacas al extenso portafolio de vacunas y fármacos de Pfizer contra el cáncer, el dolor, la disfunción eréctil y otros males.


El volumen de negocios de ambas compañías es de 61 mil 500 millones de dólares contra 58 mil millones del suizo Novartis.
El presidente y director general de Pfizer Inc, Ian Read, continuará con el mismo desempeño en la compañía combinada.

Publicado enEconomía
Científicos británicos construyen un arca de Noé congelada

Como un arca de Noé moderna, la Frozen Ark conserva en Inglaterra el ADN y las células de especies antes de que desaparezcan, justo cuando la Tierra vive su sexta gran extinción por culpa del cambio climático.


"Muchas especies desaparecerán antes incluso de que hayamos descubierto su existencia. La idea de la Frozen Ark (arca congelada) es hallar y conservar" su ADN y células para las generaciones futuras antes de que sea demasiado tarde, explicó el profesor John Armour, de la Universidad de Nottingham, que alberga el proyecto.


La red Frozen Ark, creada hace algo más de 10 años por una pareja de científicos británicos –Bryan Clarke, fallecido en 2014, y su esposa Ann–, cuenta con 22 centros asociados en el mundo, entre ellos zoológicos y universidades, que han reunido 48 mil muestras de 5 mil 500 especies.


En Nottingham mismo, en el norte de Inglaterra, hay 705 muestras, que vienen, por ejemplo, del tigre de Siberia o el leopardo de Amur.


Algunos consideran derrotista lo que hacemos. Los más hostiles a nuestro proyecto son los conservacionistas, para los que todos los esfuerzos deberían concentrarse en salvar especies en peligro, dijo el profesor Ed Louis, uno de los responsables del proyecto.


Pero nosotros no estamos aquí para sustituir lo que hacen ellos, sino para ofrecer una salvaguarda en caso de extinción de una especie, aseguró.


Con un poco de suerte llegaremos a salvar el patrimonio genético de casi todo, estimó, al tiempo que expresó su esperanza de que se acelere la recaudación de fondos para el proyecto.


La idea surgió en Clarke por la extinción en libertad del caracol arborícola de Tahití (partula), causada por la introducción de un caracol carnívoro que se suponía tenía que librar la zona de otro invasor gasterópodo.


Mediante la recopilación de estos caracoles en su laboratorio y su envío a varios zoológicos del mundo, el profesor Clarke fue capaz de salvar la especie, cuya reintroducción en la naturaleza se está probando.


Un día nos miramos y pensamos que deberíamos hacer lo mismo con otras especies en peligro de extinción, recuerda Ann Clarke.


Todo depende de los invertebrados. Si desaparecen, desaparecemos nosotros, dice ella.
Los invertebrados son seres esenciales a la Tierra: polinizan los cultivos, reducen los insectos perniciosos y las plagas, filtran el agua y nutren el suelo.


Al igual que el caracol partula, muchas especies están en declive o desapareciendo a un ritmo que ha llevado a los científicos a hablar de la sexta gran extinción en la Tierra. La última provocó la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años.
La actividad humana y el cambio climático tienen un impacto particularmente dramático en los océanos.


Según las predicciones, los arrecifes de coral (el hogar de más de 25 por ciento de todas las especies marinas) podrían desaparecer para el año 2050.


Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), alrededor de 41 por ciento de los anfibios y 26 por ciento de las especies de mamíferos están amenazados de extinción.


¿Resucitar especies extinguidas?


¿Qué se puede esperar del ADN y de las células conservadas? Una gran cantidad de información, sobre todo de los procesos metabólicos, dijo el profesor John Armour.


Así, a medida que los antibióticos son cada vez menos eficaces, la piel de los anfibios está cubierta de pequeñas moléculas que matan las bacterias. Una de las soluciones para una era sin antibióticos sería adaptar estas moléculas para uso médico, añadió el profesor Louis como ejemplo.


"El uso más extremo sería la 'desextinción', es decir, el uso de material preservado para recrear" animales desaparecidos, añadió Armour.


Una hipótesis por ahora fuera del alcance de la ciencia. Algunas personas nos critican por creernos Dios, a lo que siempre respondo que corresponderá decidir a las generaciones futuras, cuando tengan las técnicas disponibles, concluye Ann Clarke.
Si no mantenemos nada, ni siquiera tendremos esa opción, concluyó

Una medusa parásita revoluciona el concepto de qué es un animal

Una medusa que vive dentro de otros animales ha evolucionado a organismo microscópico de unas pocas células. Un descubrimiento sorprendente que puede redefinir el significado del término animal.

La secuenciación del genoma confirma que myxozoans, un grupo diverso de parásitos microscópicos que infectan invertebrados y vertebrados anfitriones, son en realidad una versión "muy reducida" de cnidarios, la familia que incluye medusas, corales y anémonas de mar.

"Este es un caso notable de la degeneración extrema de un plan corporal de los animales", dijo Paulyn Cartwright, profesora asociada de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Kansas e investigadora principal del estudio. "En primer lugar, hemos confirmado que son cnidarios. Ahora tenemos que investigar cómo llegaron a ser de esa manera".


Esta medusa microparasitaria no sólo fue resultado del desarrollo de un plan corporal reducido de sólo unas pocas células, sino de una simplificación drástica de su genoma. "Es de 20 a 40 veces más pequeño que el genoma promedio de las medusas", dijo Cartwright. "Es uno de los genomas de animales más pequeños jamás reportados. Sólo tiene unos 20 millones de pares de bases, mientras que el promedio de los cnidarios tiene más de 300 millones".

A pesar de la eliminación gradual radical de la estructura del cuerpo y genoma respecto a la medusa moderna durante millones de años, Myxozoa ha conservado la característica esencial de la medusa - su aguijón, o "nematocistos" - junto con los genes necesarios para hacerlo. "Debido a que son tan raras, es difícil imaginar que fueran medusas", dijo. "No tienen una boca o un intestino. Tienen sólo unas pocas células, pero luego tienen esta estructura compleja que se parece a los tentáculos de las medusas".

La resistencia a los antibióticos, "crisis sanitaria global": OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) instó este lunes a combatir con más dureza la resistencia de las bacterias a los antibióticos, pues esta tendencia creciente supone "una crisis sanitaria global", afirmó Margaret Chan, directora general de ese organismo,

Agregó que esta resistencia "alcanza niveles peligrosos en todos los rincones del mundo". Por eso, los gobiernos deben entender que combatir esta tendencia "es uno de los mayores desafíos para la salud".


Chan inauguró este lunes la primera Semana Mundial de Sensibilización sobre los Antibióticos, que se concluirá el 22 de noviembre con el lema "Antibióticos: manejar con cuidado". El propósito es fomentar la sensibilización sobre la resistencia mundial a los antibióticos y promover mejores prácticas.


Lamentó que aún haya muchas personas desinformadas sobre cómo se genera esa resistencia y qué puede hacerse para combatirla.


Según un sondeo de la OMS publicado este lunes, 64 por ciento de los 10 mil encuestados en 12 países conocen los peligros de la resistencia a esos medicamentos, pero el mismo porcentaje sostenía que éstos podían utilizarse para tratar enfermedades víricas, aunque no surtan efecto contra ellas.
Urgente, ampliar los conocimientos sobre el tema


Además, 32 por ciento de los encuestados afirmaban que se podía abandonar el tratamiento con antibióticos tan pronto como uno se sintiera mejor en lugar de atenerse a la dosis prescrita. Y esto se considera uno de los muchos factores que aumentan la resistencia de las bacterias.


"Los resultados de este estudio ponen de manifiesto la urgencia de mejorar el conocimiento sobre la resistencia a los antibióticos", afirmó Keiji Fukuda, subdirector de seguridad sanitaria de la OMS.


El cambio de comportamiento necesario es "el mayor reto sanitario del siglo XXI".


En la cumbre del pasado 25 de mayo celebrada en Ginebra, los 194 estados miembros de la OMS acordaron un plan de acción global para luchar contra el problema. El objetivo es seguir garantizando un tratamiento y prevención eficaz contra las infecciones bacteriológicas.
Mejorar higiene, una de las medidas


Todos los países integrados en la organización se comprometieron a poner en marcha el plan de acción en sus estrategias nacionales en el plazo de dos años. Entre otras, las medidas incluyen mejorar la higiene en los hospitales para evitar allí infecciones con gérmenes más resistentes.


Además, los expertos de la OMS instaron a mejorar la formación de médicos y ganaderos respecto del tema de los antibióticos, que a menudo se recetan sin un diagnóstico claro y en muchos lugares pueden conseguirse sin prescripción médica.


También lamentaron que la industria farmacéutica invierta menos en el desarrollo de nuevos antibióticos que en el de otros medicamentos más rentables, algo que debe ser corregido, afirmaron.

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Viernes, 13 Noviembre 2015 06:21

La religión en el siglo XXI

La religión en el siglo XXI

En estos tiempos de desafíos globales y de déficit de utopías sería conveniente no dejar en las manos de entelequias sobrenaturales y de burocracias intermediarias el destino de la humanidad, que está necesitando certezas basadas en la realidad de aquí y ahora para asegurar su futuro.

 

"Dios es una bellísima metáfora, no veo por qué dejarla sólo para los creyentes."
Tomás Molina.


Si miramos las acciones militares de Al Qaeda, el EI u otros atentados terroristas, caemos en la tentación de decir que el islamismo mata más de lo que salva. Con perspectiva histórica podemos afirmarlo también del cristianismo de las cruzadas, de la colonización española, de la Inquisición. Ni que hablar de la lista de prohibiciones y restricciones que terminan en pederastias y violaciones, que si no matan arruinan vidas. También esas prohibiciones inhiben, en muchos creyentes por temor u obediencia, algunos delitos, pero ¿quién se anima a hacer un balance?


Estas dos religiones juntas cuentan con el fervor de cerca de 2.400 millones de personas, siendo –según el Vaticano– el islam la más seguida, con 1.322 millones. Pero hay miles de religiones y miles de dioses, todos verdaderos para sus seguidores, y muchos de ellos únicos y excluyentes. Como dice Richard Dawkins: "Todos somos ateos respecto de la mayoría de los dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez". La evidencia muestra que en casi todas las sociedades se practica alguna manifestación de sentimiento religioso, de un sistema de creencias y de rituales de pertenencia. Las acciones sincronizadas, los cánticos y celebraciones grupales propios de cada religión se explican con relativa facilidad porque causan placer, dan confianza y sentido de unidad, y eso vale en un templo, aunque también vale en una fiesta de cumpleaños, en el estadio o en una manifestación.


En 1968, año de fuertes movilizaciones estudiantiles, poco antes del 14 de agosto en que la represión matara a Líber Arce, en la clase de sociología en la Facultad de Derecho estudiamos a Max Weber, quien teorizó sobre la democracia, el carisma político, las masas. Con algunos compañeros intentamos poner en práctica un principio que creímos comprender de la lectura de Weber: si hay, en un conjunto humano concentrado y con cierto sentido de unidad, un grupúsculo decidido que toma el liderazgo y actúa con mucha energía y visibilidad, puede conducir al resto, que actuará como una masa, en otro nivel –colectivo– de conciencia. El principio mismo de la provocación. Lo intentamos. Éramos 16, la mayoría estudiantes de Derecho y algunos de Bellas Artes. Planificamos la experiencia para una manifestación convocada por la Feuu. Caminando desde la explanada de la Universidad hacia la plaza Libertad, juntos, cerca de las primeras filas, compactos, gritando fuerte la misma consigna (que ya no recuerdo), doblamos antes de llegar a la "plaza de los Bomberos", separándonos del grueso de la gente y seguimos avanzando por Guayabo. Dividimos la manifestación, nos siguieron varios cientos de jóvenes sin cuestionarse nada.

Hay algo en nuestra especie, seguramente afirmado en el curso de su evolución, que hace que la sincronización, la repetición coral y el ritmo nos resulten placenteros y estén en el origen de los ritos colectivos, y que a su vez los efectos del liderazgo disminuyan el espíritu crítico y el grupo actúe como masa de seguidores. ¿Vale esta explicación para el sentimiento religioso? Pareciera que sí, sumándose al sentido de empatía que está en la base del discurso religioso, de las acciones de solidaridad dentro del grupo y de la función social de inclusión e identidad que fomenta, que seguramente a través de milenios han servido para sobrevivir. Luego surge la autoridad conferida, asumida o impuesta por algún "espíritu superior" que se legitima o representa con plumas, pinturas, togas, máscaras, collares y anillos u otros signos distintivos. Y, más en el fondo, la imparable búsqueda de certezas de nuestro cerebro, capaz de ver rostros en las nubes, señales en la borra de café y salvadores en cualquier iluminado, con tal de exorcizar la incertidumbre.


La previsibilidad es un elemento de vital importancia en la lucha por la vida, y nuestro sistema nervioso aborrece la duda, prefiere una explicación cualquiera al silencio, prefiere un mal plan a no tener plan. Esto ayuda a comprender por qué con frecuencia las ideologías se transforman en dogmas, los partidos políticos en sectas y los portadores de plumas, togas, anillos o verdades reveladas en dirigentes institucionales. Historias insólitas, como la cienciología, inventada por Lafayette Ronald Hubbard, delincuente perseguido por la justicia de varios países, que terminó refugiándose en un gran barco, el Apolo, en aguas griegas. Autor de ciencia ficción cuya literatura, con total mala fe y para eludir impuestos, convirtió en religión. Hubbard murió dejando 600 millones de dólares que no tuvo el tiempo de gastar, y decenas de miles de devotos, que todavía creen. Es muy probable que el sentimiento de pertenencia, identidad y comunidad, fruto de (o reforzado por) compartir una creencia religiosa que produce explicaciones para todo, haya sido y siga siendo una ventaja de supervivencia. Desde temprano, en la historia de nuestra especie, aquellos grupos que tenían dioses, ídolos, fetiches y profesaban ritos en conjunto, eran más fuertes en el momento de cazar, de hacer la guerra, de emigrar huyendo de los peligros o en busca de mejores tierras. Les iba mejor. Esa memoria inconsciente de la fuerza producida por la unidad del grupo y por la presencia de un líder aflora con facilidad en las circunstancias favorables. Eso explica quizá también cómo una hinchada puede convertirse en barra brava y un grupo de creyentes en asesinos.


El sentimiento religioso (para llamarlo de alguna manera) es casi universal, pero las religiones, los dioses y los ritos proliferan y cambian a través de los tiempos. En sitios funerarios que tienen más de 650 siglos de antigüedad hay restos que permiten imaginar un ceremonial sofisticado y un respeto de estos antepasados nuestros por el difunto y su "más allá". Que una religión sea más popular que otras es un tema de civilización más que de credo, los populares monoteísmos que conocemos tienen sus raíces hace sólo unos 50 siglos. Podemos afirmar al menos dos cosas: por una parte, que el sentimiento religioso es una característica de la especie (y como tal existe pero se manifiesta de diferente manera en cada individuo) desarrollada en el curso de los siglos; y por otra parte que la explicación sobrenatural, elemento constituyente del discurso religioso, es una manifestación cultural, histórica, que responde a nuestra necesidad de ordenar el caos de la realidad, la angustia de la incertidumbre, a menudo institucionalizada y puesta en provecho de algunos pocos. Todos tenemos instintivamente afinidad con ritos, liturgias y símbolos que nos dan sentido de identidad y pertenencia, porque a través de los milenios esto ayudó a nuestra supervivencia. Todavía lo hacen y son social e individualmente positivos. Las ceremonias y dioses son diferentes según las culturas y constituyen las diferentes religiones, que son productos históricos, y que por la misma razón pueden predicar el amor o la guerra, salvan y matan; o mejor dicho, los seres humanos salvamos o matamos en nombre de ellas. La mayor parte de los dioses "hablan" de amor y de paz. Pero en las instituciones que se apropian de la intermediación entre el creyente y el dios correspondiente emergen otros intereses, con sus burocracias y sus secretos que, amparados en la fe, el misterio y en la propia naturaleza humana, se preocupan más del poder terrenal que de la supuesta salvación de los fieles.


En estos tiempos de desafíos globales y de déficit de utopías sería conveniente no dejar en las manos de entelequias sobrenaturales y de burocracias intermediarias el destino de la humanidad, que está necesitando certezas basadas en la realidad de aquí y ahora para asegurar su futuro. No está mal apelar al mismo tiempo a un espíritu de tolerancia para cualquier tipo de creencias que un semejante pueda profesar, puesto que todos estamos conformados para que pueda ser así, y de desconfianza cuando nos las quieren imponer en nombre de verdades absolutas, dioses "verdaderos" y otras afirmaciones movidas por fanatismos, intereses corporativos, coyunturas históricas o relaciones de fuerza. Es quizá en vano tratar de convencer a los que tienen fe, basta con respetarlos. A propósito de la fe, Thomas Paine decía: "Intercambiar argumentos con alguien que ha renunciado a la lógica es como darle medicamentos a un muerto". Es tiempo, en cambio, de darle importancia a lo más salvador, que es el sentimiento de identidad, de inclusión, de destino común, de empatía y solidaridad con los otros –que lo llevamos dentro–, y despreocuparnos ya de cómo se llama el dios de turno y todo lo que nos promete en su nombre para cuando ya no estemos en condiciones de informar a los sobrevivientes si realmente cumple.

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Exoplaneta rocoso, buen presagio para estudiar cuerpos que podrían tener vida

Un equipo científico reveló este miércoles la presencia de un planeta rocoso similar a la Tierra fuera de nuestro sistema solar.
Los astrofísicos dieron al nuevo mundo el nombre GJ 1132b por la estrella pequeña que orbita.


Aunque la temperatura puede alcanzar 230 grados centígrados, ese planeta tiene una atmósfera espesa tipo venusina.
GJ 1132b está apenas a 39 años luz de distancia.


Un equipo dirigido por Zachory Berta-Thompson, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), descubrió el planeta en mayo, utilizando telescopios emplazados en Chile. Reportan el hallazgo en la edición del miércoles de la revista Nature.
Nuestra galaxia se extiende a lo largo de 100 mil años luz. Esto es definitivamente una estrella muy cercana de la vecindad solar, explicó Bertha-Thompson en un comunicado del MIT


Los científicos dicen que el exoplaneta –como se denomina a los planetas fuera de nuestro sistema solar– es demasiado caluroso para soportar la vida.


Si descubrimos que este lindo planeta caliente ha logrado mantener su atmósfera durante miles de millones de años, es buen presagio para el objetivo a largo plazo de estudiar planetas más frescos que pudieran albergar vida, señaló Berta-Thompson en una declaración.


Hace demasiado calor para que sea habitable, no tiene agua líquida en la superficie, pero está mucho más fresco que los otros exoplanetas de rocas volcánicas que conocemos, explicó Berta-Thompson.


Berta-Thompson y sus colegas calculan que GJ 1132b tiene un diámetro de 14 mil 700 kilómetros, poco más que la Tierra, pero se cree que su masa es 60 por ciento mayor.


La estrella a la que circunda es una enana roja de una quinta parte del tamaño del Sol. El planeta la orbita a poco más de 2 kilómetros y por eso es tan caluroso.


Nuestro objetivo es hallar una melliza de la Tierra, comentó el astrónomo David Charbonneau, del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica, uno de los autores, pero de paso encontramos un mellizo de Venus.


Puede analizarse con telescopios


Los investigadores estiman que, por tanto, en GJ 1132b hay una atmósfera similar a la de Venus en nuestro sistema solar, que gracias a la distancia relativamente escasa puede analizarse con telescopios.


En otro artículo en Nature, Dake Deming, de la Universidad de Maryland, que no participó en el estudio, dijo que los astrónomos podrán estudiar el nuevo planeta con una fidelidad sin precedente dada su proximidad y el tamaño reducido de su estrella. Por eso lo considera posiblemente el planeta más importante hallado fuera del sistema solar.


Cada 1.6 días el exoplaneta pasa delante de su estrella madre, visto desde la Tierra, y le da un poco de sombra. Por esta pequeña oscuridad regular los astrónomos descubrieron a GJ 1132b.


Cada vez oscurece a la estrella 0.3 por ciento, lo que reveló a los investigadores también su tamaño.


Además, el planeta arroja su fuerza de gravedad sobre su estrella madre, que por eso oscila ligeramente. Gracias a la intensidad de ese movimiento se pudo calcular la masa del exoplaneta.