Por qué es más correcto hablar de "crisis climática" y no de "cambio climático"

El término "crisis" incide en cómo afecta a la sociedad la actual coyuntura climática. Tanto científicos especializados como colectivos ecologistas llevan meses utilizando este concepto para evidenciar la emergencia del momento.  

 

La realidad informativa de España, este diario incluido, utiliza de manera habitual términos como "cambio climático" o "calentamiento global" para referirse a los problemas medioambientales que sufre el planeta. Aunque estos conceptos son válidos, la expresión "crisis climática" parece haber calado en los entornos ecologistas. Con ella se busca evidenciar que la situación medioambiental del planeta pende de un hilo temporal de tan sólo diez años, tal y como advierten los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Fueron precisamente los científicos del IPCC los que emplearon las palabras "crisis" y "emergencia" para referirse a la situación climática del presente. Unos conceptos que fueron recogidos por los colectivos sociales que durante los últimos meses han salido a las calles de Europa, capitaneados por la joven Greta Thunberg, para reclamar acciones políticas que reviertan los riesgos medioambientales hacia los que camina la humanidad.

Esto no quiere decir que los otros términos hayan quedado desactualizados, de hecho, seguirán apareciendo en las informaciones tal y como ocurre en el resto de publicaciones científicas. Sin embargo, el reconocimiento de la crisis climática a nivel mediático tiene que ver con "subir el nivel del debate", expone Héctor de Prado, responsable de Energía y Clima en Amigos de la Tierra. "Al final se trata de comunicar, pero hay que darle el significado real a las palabras y hay que hacerlo de una manera honesta", añade.

"Cuando cambiamos el lenguaje también cambiamos la forma en la que pensamos", argumenta Javier Andaluz, responsable de Clima en Ecologistas en Acción. El activista expone que el cambio terminológico que se está dando en los últimos meses tiene que ver con "asumir y aceptar que nos encontramos ante un reto de grandes magnitudes que nos afecta en muchísimos aspectos de la vida cotidiana".

Se trata, además de una medida que trasciende a los medios de comunicación. Buen ejemplo de ello es The Guardian, que el pasado mes de mayo decidió incluir "crisis climática" dentro de su libro de estilo. "Queremos asegurarnos de que estamos siendo científicamente precisos, al mismo tiempo que nos comunicamos claramente con los lectores sobre este tema tan importante", argumentaba Katharine Viner, jefa de edición del medio británico.

El guante del periódico ingles lo ha recogido también la propia Fundéu española –fundación que vela por el buen uso del lenguaje en los medios de comunicación–, que hace una semana publicó una nota en la que advertía de que el concepto "crisis climática" era el "más adecuado para referirse a la magnitud y a las consecuencias del calentamiento global causado por la actividad humana".

"Si bien en los medios de comunicación se viene empleando la denominación cambio climático para aludir al aumento de la temperatura del planeta Tierra provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la dependencia de los combustibles fósiles, amplios sectores de la comunidad científica consideran que se trata de una fórmula que no describe con la suficiente precisión la gravedad de la situación actual", exponía la fundación de la Agencia EFE.

 

Diferencias terminológicas

 

Cambio climático, calentamiento global, crisis climática. Son conceptos válidos. Incluso pueden emplearse como sinónimos a nivel informativo, pero tienen diferencias importantes a nivel científico. 

Cuando hablamos de cambio climático nos referimos estrictamente al fenómeno físico que se ha dado en el planeta y que se sigue dando, sea de manera natural o inducido por el ser humano. Es decir, las mutaciones climáticas, las modificaciones en las temperaturas y las precipitaciones o las transformaciones de los patrones del viento son cualidades que han estado presentes a lo largo de la historia del planeta. Este término, por ende, no incide en el origen antropogénico de la coyuntura climática del presente. 

El calentamiento global, por su parte, es el fenómeno final o el resultado climático que se está experimentando en la actualidad. Este término, a nivel científico, hace referencia a la subida de las temperaturas del planeta y a cómo estas pueden cambiar los ecosistemas.

Sin embargo, la terminología referida a la "crisis" y a la "emergencia" climática, sin negar nada de lo anterior, apunta a la acción del ser humano y las emisiones que esté genera como causa principal de las mutaciones que se están produciendo en la Tierra. En ese sentido, la palabra "crisis" llena de contenido social y acerca a la sociedad un problema que hasta el momento podía parecer ajeno a la humanidad. 

 

La emergencia climática

 

El cada vez más común uso de la palabra "crisis" para referirse a las consecuencias del calentamiento global inducido por el hombre viene ligado a las múltiples manifestaciones verdes que recorren Europa y otras zonas del planeta. Unas protestas civiles que buscan, por encima de todo, que las instituciones gubernamentales reconozcan la emergencia climática.

Esta es la reacción que se requiere desde los colectivos medioambientalistas para revertir la crisis climática actual. De esta forma, la declaración de emergencia se vincula a dos premisas: reconocer el problema y plantear un eje de actuación para solventarlo. Por el momento, Reino Unido es el primer país que aprobó está medida. A su declaración le siguieron las de Irlanda y las de Escocia y Gales. Además, en EEUU y Australia hay 17 ciudades que han aprobado la declaración. En el caso de Europa, más allá del espacio británico e irlandés, sólo encontramos declaraciones regionales impulsadas por gobiernos locales de Italia, Alemania, Suiza, Francia y España (declaración impulsada por el Govern de Catalunya).

Aunque la lista de declaraciones de emergencia es breve, la realidad muestra que, por el momento, estas no van cargadas de la ambición que se reclama desde las calles. Así, una medida que se presenta como revolucionaria termina convirtiéndose en algo simbólico y esto es algo que también puede ocurrir con la popularización del término "crisis climática"

"Hay que evitar que se convierta en una expresión manida como ocurrió en su momento con la palabra sostenibilidad", opina De Prado. Sin embargo, Andaluz incide en el riesgo que puede suponer vaciar de contenido expresiones tan importantes como estas. "Si perdemos el tiempo adulterando los términos es que no hemos entendido nada de lo que supone reconocer la crisis climática", espeta el activista, para evidenciar que el ser humano apenas tiene una década para afrontar la "crisis climática". 

12/06/2019 08:00 Actualizado: 12/06/2019 08:00

Publicado enMedio Ambiente
Entrenar una sola inteligencia artificial puede contaminar tanto como 2.800 vuelos Madrid-Barcelona

La Universidad de Massachusetts analiza por primera vez la huella de carbono que deja el desarrollo de inteligencia artificial y la energía necesaria para entrenarla

Los resultados muestran que los sistemas de aprendizaje automático y las redes neuronales disparan el impacto medioambiental

Adiestrar una IA con arquitectura neuronal emite 284 toneladas de CO2, equiparable a lo que contaminan 45 europeos en todo un año

 

Adiestrar una inteligencia artificial requiere una gran cantidad de energía. Según el primer estudio que lo ha analizado en profundidad, publicado por la Universidad de Massachusetts, la huella de carbono que deja el entrenamiento de una inteligencia artificial con un sistema de aprendizaje automático avanzado es ingente. Similar a la de 2.840 vuelos de Madrid a Barcelona, por ejemplo.

Aunque la industria recurra a este nombre comercial, un sistema de "inteligencia artificial" es en realidad un conjunto de fórmulas matemáticas que interpretan patrones y sacan conclusiones tras analizar miles de datos en una fracción de segundo. Más que "inteligente", este proceso es en realidad es "algo tonto", como explicaba a este medio la matemática Cathy O'Neil: no deja de ser una máquina haciendo un cálculo complejo con las operaciones que un humano ha programado previamente. Cuantos más datos pueda utilizar y más refinada sea su programación, más certera será esa inteligencia artificial.

Lo mismo ocurre con los sistemas de aprendizaje automático que pueden incluir la IA. Un método para que un software ya programado mejore por sí solo sin intervención humana es lanzarlo a realizar operaciones que se basan en el ensayo y error. ¿Cuántas? Millones, decenas de millones, cientos de millones. El sistema prueba una solución y registra el resultado que obtiene. Cuantas más pruebas haga, más mejorará, al engordar su base de datos con resultados que le sirven para evaluar cómo de importante es cada variable para el resultado final. Este proceso de entrenamiento puede llegar a durar semanas o meses.

Tanto la consulta y modificación constante de inmensas bases de datos como las operaciones de prueba consumen una gran cantidad de energía. Los científicos sabían que entrenar uno solo de estos sistemas algorítmicos con aprendizaje automático supone un gran coste energético, pero no habían calculado su impacto ambiental. Hasta ahora. 

La comparación se establece con el modelo más contaminante que puede utilizarse para entrenar una IA que ha detectado el estudio de la universidad estadounidense. Los científicos lo hacen calculando los kilowatios por hora necesarios para este proceso de adiestramiento, que pueden ser traducidos en una factura eléctrica y en unas emisiones de CO2 asociadas. Así, asignan una huella de carbono de unas 284 toneladas (626.155 libras) al modelo que más contaminación provoca, la misma que deja la producción y toda la vida útil de cinco coches americanos, siguiendo la comparación presente en el estudio. 

"Adiestrar un modelo de última generación requiere recursos informáticos sustanciales que demandan una energía considerable, con su coste económico y medioambiental asociado", señalan los autores, pero denuncian que "investigar y desarrollar nuevos modelos multiplica estos costes cientos de veces al requerir un re-entrenamiento para experimentar con nuevas arquitecturas e hiperparámetros".

Tabla presente en el estudio de la Universidad de Massachusetts que muestra el coste estimado de entrenar un modelo de IA en términos de emisiones de CO2 (libras) y de computación en la nube (dólares). Los científicos omiten la huella de energía y carbono para los TPU (unidades de procesamiento tensorial, por sus siglas en inglés) "debido a la falta de información pública sobre el consumo de energía para este hardware".

El estudio se centra en la huella de carbono de las IA entrenadas para comprender cómo funciona el lenguaje humano (NLP, por sus siglas en inglés). Ya existen varios modelos en funcionamiento que pueden, por ejemplo, escribir crónicas de partidos de fútbol. Hay que aclarar que la IA no tiene ni idea de lo que está diciendo, pero es capaz de transformar las estadísticas de un partido en lenguaje humano de forma que una persona sí lo entienda. Y ya lo hacen razonablemente bien, como Ana Futbot

"Aunque hace una década los modelos NLP podían ser entrenados y desarrollados en un portátil personal, muchos ahora requieren múltiples instancias de hardware como GPUs o TPUs [unidades de procesamiento gráfico y unidades de procesamiento tensorial, respectivamente, por sus siglas en inglés]", recoge el estudio: "Incluso cuando estos caros recursos están disponibles, el entrenamiento de estos modelos incurre en un coste substancial para el medio ambiente, debido a la energía requerida para alimentar este hardware durante semanas o meses cada vez". 

10/06/2019 - 21:00h

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Un descubrimiento sobre el sistema nervioso humano echa por tierra "uno de los dogmas más básicos de la biología"

Científicos israelíes detectaron, a partir del comportamiento de lombrices parasitarias, una manera desconocida de heredar datos neuronales.


El sistema nervioso humano, al igual que el de gran parte de los animales, no está relacionado con el desarrollo fisiológico de sus células germinales. Por eso, en términos simples, no pueden heredarse ni pensamientos ni formas de pensar. Pero un reciente descubrimiento pone esta afirmación en tela de juicio, y para eso se remite a una particular especie de lombrices microscópicas.


Los nemátodos, esos pequeños gusanos en cuestión, también tienen neuronas. Un grupo de científicos de Israel ha demostrado que la actividad individual de sus células, durante la búsqueda de alimentos, se hereda de una generación a otra. Estos estudiosos, de la Universidad de Tel Aviv, afirman haber identificado mecanismos que permiten transmitir mensajes neuronales a las futuras generaciones, sgún un comunicado publicado este jueves.


En las lombrices Caenorhabditis elegans —especie en la que se centró el estudio—, ciertos filamentos del ARN de libre flotación, generados por las neuronas, proveen esa función hereditaria, que afecta la forma en que las generaciones posteriores olfatean su comida.


Ya antes, hace varios años, investigadores de EE.UU. demostraron, también en nemátodos, que algunos segmentos móviles del ARN de dos cadenas, generados por las neuronas, podrían terminar en las células germinales e incluso 'silenciar' algunos de los genes. Sin embargo, no se demostró entonces ningún cambio significativo en el comportamiento de la descendencia.


El equipo israelí dice ahora que, una vez heredados estos fragmentos del ARN neuronal, ciertas características propias del aprendizaje y el comportamiento aparecen no solo en la siguiente generación, sino en varias posteriores.


Para avanzar en sus hipótesis, los investigadores eliminaron un gen clave de la proteína de unión al ARN en el genoma de algunas lombrices. A continuación, pudieron apreciar el papel que desempeña esa proteína ausente en el manejo de fragmentos del ARN, tanto en los nervios como en las células germinales.


Los especímenes genéticamente modificados y su descendencia reaccionaron de forma distinta que el resto de la población ante la presencia de químicos en su alrededor, lo que fue marcadamente visible a diferentes temperaturas. El comunicado de los expertos destaca que este cambio "contradice uno de los dogmas más básicos de la biología moderna", como lo es la ley que establece que la información heredada en la línea germinal debería estar aislada de influencias ambientales.


La versión completa de este artículo científico fue publicada el 6 de junio en la revista Cell.

Publicado: 8 jun 2019 00:54 GMT

Pfizer ocultó indicios de que uno de sus fármacos podría prevenir el alzhéimer

El gigante farmacéutico decidió no llevar a cabo un costoso ensayo clínico para indagar en un posible nuevo uso de un medicamento, según ‘The Washington Post’

Fue un hallazgo sorprendente. En 2015, tras analizar cientos de miles de reclamaciones de seguros, un equipo de investigadores de Pfizer descubrió que uno de los fármacos superventas de la compañía, el Enbrel, un potente antinflamatorio para tratar la artritis reumatoide, podía reducir el riesgo de padecer alzhéimer en un 64%. Así lo revela The Washington Post en una información exclusiva, basada en documentos internos de la compañía a los que ha tenido acceso.


Sucede que verificar esos efectos del medicamento habría requerido un costoso ensayo clínico. Y, tras un largo debate interno, el gigante farmacéutico decidió no proseguir con la investigación y no hacer públicos los resultados, según ha confirmado la compañía al diario.


“El Enbrel podría potencialmente prevenir, tratar y ralentizar la progresión del alzhéimer”, decía el documento de PowerPoint, según The Washington Post, preparado por un grupo de investigadores de Pfizer para presentar a un comité interno de la compañía en febrero de 2018. Dichos expertos, del departamento de enfermedades inflamatorias e inmunología, pidieron a Pfizer llevar a cabo un ensayo clínico con miles de pacientes y un coste estimado de 80 millones de dólares (71,2 millones de euros).


Pero, según explicó Pfizer al Post, después de tres años de estudios internos la compañía entendió que la expectativa de que el Enbrel previniera el alzhéimer no era alta porque el fármaco no alcanza directamente el tejido cerebral. La decisión de no continuar investigando fue exclusivamente científica, dijo un portavoz de la compañía. Asimismo, consideraron que publicar un resumen de sus hallazgos estadísticos no habría cumplido con sus "rigurosos estándares científicos”.


Pfizer sí compartió sus datos en privado con al menos un científico prominente, según el Post. Pero otros investigadores consultados por el diario consideran que, al menos, la compañía debía haber publicado esos datos para que pudieran acceder a ellos otros científicos. Las compañías farmacéuticas han sido blanco frecuente de críticas por ocultar los efectos negativos de sus productos. Pero no existe consenso sobre qué obligaciones tienen las farmacéuticas de difundir posibles efectos positivos nuevos.


La búsqueda de tratamientos para el alzhéimer ha sido hasta la fecha frustrante. A pesar de los miles de millones invertidos en investigación, no se encuentra un fármaco que prevenga o trate eficazmente esta enfermedad neurodegenerativa, la forma más común de demencia, que se caracteriza por la pérdida de memoria y otras capacidades mentales y que, hoy por hoy, es incurable y afecta, al menos, a medio millón de pacientes nuevos al año. Más de 400 ensayos clínicos han fracasado desde que el último fármaco para el alzhéimer, que solo trata los síntomas y de manera temporal, fuera aprobado hace más de 10 años.


No es infrecuente que medicinas desarrolladas para tratar una condición acaben siendo utilizadas para otra. La propia Pfizer conoce un sonado caso de éxito: el de la popular Viagra, que fue concebida para tratar la hipertensión y ha acabado como tratamiento para la disfunción eréctil, generando multimillonarias ganancias para la compañía. A diferencia de aquel caso, Enbrel no está protegido en la actualidad con una patente exclusiva, como sí lo estaba en su momento la Viagra, lo que reduce las ganancias y los incentivos para investigar otros usos del fármaco.


En el momento en que concluían las deliberaciones internas sobre el Enbrel, de hecho, Pfizer estaba abandonando la investigación sobre alzhéimer. La compañía anunció en enero de 2018 el cierre de su división neurológica. Aquella misma semana, se conoció el fracaso de dos fármacos experimentales desarrollados por otras compañías.

Por Pablo Guimón
Washington 5 JUN 2019 - 13:15 COT

 

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Cada año te comes 50.000 partículas de plástico

Un estudio de la Universidad de Victoria, en Canadá, cifra en 50.000 las micropartículas de plástico que ingerimos cada año.

50.000 partículas de media. Es la cantidad de plásticos que consume cada persona en un solo año, a las que se suma una cantidad similar que también se mete en tu organismo por la respiración. 

Es lo que explica un estudio publicado en la revistaEnvironmental Science and Technology, en el que se recopilan datos de 26 estudios previos sobre las cantidades de plásticos presentes en pescados, mariscos, azúcar, sal, cerveza y agua, así como en el aire de diversas ciudades. En el estudio publicado se usan también las guías en cuanto a dieta del Gobierno de Estados Unidos. Frente a las 50.000 partículas ingeridas por las personas adultas cada año, las niñas y niños ingieren solamente algo menos, 40.000.


Según señala un reportaje sobre este estudio publicado por The Guardian, la cantidad de plásticos ingerida en realidad es bastante mayor, ya que solo han sido analizados algunos tipos de comidas y bebidas. “La mayoría de tipos de comida y bebida no han sido analizadas, el estudio solo valora el 15% de las calorías que se ingieren”, explica el reportaje de The Guardian. Kieran Cox, de la Universidad de Victoria en Canadá, que dirigió el estudio, señala al diario británico que “hay grandes vacíos de datos que hay que completar”. Entre estos vacíos, señala la cantidad de microplásticos presentes en tipos de comida como la carne, los productos procesados o los vegetales. “Es muy probable que tengan grandes cantidades de partículas de plástico”, apunta.


El agua embotellada es, según este estudio, uno de los productos que más aumenta la ingesta de plásticos. “Adicionalmente, los individuos que ingieren las cantidades recomendadas de agua solo embotellada, puede que estén ingiriendo 90.000 microplásticos cada año, frente a los 4.000 microplásticos de aquellos que consumen agua del grifo”.


2019-06-06 06:09:00

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Los tres faros de la conciencia ecológica

La cuestión o preocupación ambiental, no es más que la re-aparición de la Naturaleza, la Madre Tierra, el antiguo enlace con la dimensión femenina, en las sociedades modernas. La naturaleza es la fuerza que los seres humanos debemos tomar en cuenta y respetar para seguir existiendo. En efecto, la Naturaleza estuvo presente en el imaginario de las culturas ancestrales, como una entidad viva y sagrada desde sus orígenes hace 300 mil años, y fue sólo con el advenimiento de la modernidad, materialista, tecnocrática, patriarcal y mercantil que la Naturaleza se convirtió en un ente a ser eliminado y explotado, en un recurso natural externo, en un "capital natural", en una máquina a ser analizada y escudriñada por el ojo frío, objetivamente frío, de una ciencia al servicio de la acumulación de la riqueza. Esta conciencia ecológica, que suma día con día, a millones y millones de seres humanos en todo el mundo, nos permite visualizar de manera diferente a la política, al tiempo, a la gobernanza y a las relaciones sociales. Tres dimensiones alcanzo a visualizar.

Primero, bajo la perspectiva de la conciencia ecológica, la habitual geometría política de izquierda y derecha desaparece para ser remplazada por una sola disyuntiva. No hay más que políticas por la vida y políticas para su destrucción, políticas para la muerte. Visto globalmente, a la luz del calentamiento del planeta, este dilema se traduce en políticas que enfrían el clima y políticas que lo calientan. Es decir, políticas que enfrentan y remontan la crisis ecológica actual o bien que abonan el camino hacia el abismo. O defendemos la vida o la continuamos aniquilando en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico, etcétera.

La segunda, es que ahora vemos el devenir, el transcurso del tiempo de otra manera. Ya no son los simples años, décadas o sexenios, ahora están puestas las miradas en lo que pasará de aquí a 2050, en sólo 30 años. Para esa fecha, la humanidad alcanzará 9 mil millones de habitantes, es decir, 2 mil millones más de seres humanos que requerirán, aire, agua, alimentos, energía, educación, cultura, hábitat y esparcimiento; el petróleo llegará a su fin (y le siguen gas, carbón y uranio), el cambio climático, que no se ha detenido a pesar de las advertencias de los científicos, desde hace ya varios años, estará generando catástrofes de todo tipo, y los alimentos que serán necesarios tendrán que generarse bajo métodos agroecológicos, y no más bajo las pautas insanas y destructivas de la llamada agricultura moderna o industrial. Estos cuatro procesos, incontrovertibles, al combinarse generarán escenarios complejos de alto riesgo para toda la humanidad.

Lo tercero, que surge de lo anterior, nos obliga a indagar la verdadera naturaleza de las fuerzas profundas que provocan este panorama actual y del futuro próximo. No somos todos los seres humanos los culpables de la crisis actual, como nos lo indica un ambientalismo superficial y una ciencia que se niega a abordar las relaciones de poder en las sociedades contemporáneas, sino una minoría de minorías. Y esa minoría tiene nombre: se llama neoliberalismo. No se trata ya de la especie humana, sino de una fracción de esa, que bien podemos denominar Homo demens: el mono demente. Se trata por supuesto de la suma de decisiones de unos cuantos individuos y sus instituciones corporativas, obsesionados por la acumulación de su riqueza a toda costa. Esa obsesión que opera como una máquina indetenible (apuntalada por estructuras gubernamentales, militares, financieras, e ideológicas) y que ha sido denunciada por igual por políticos radicales, humanistas y filósofos, gente de ciencia, la encíclica Laudato si, películas y series de televisión, y recientemente por los niños del mundo.

La conciencia ecológica nos dota entonces de tres faros para enfrentar la espesa oscuridad del mundo actual. De tres verdades para orientar nuestra presencia y la de nuestras familias, comunidades, audiencias y sociedades, así como nuestro activismo y, por qué no, la de las políticas públicas. Y es que, cuando ya no logremos nombrar las cosas por su nombre, no sólo estaremos negando nuestra esencia de mono sentipensante ( Homo sapiens), sino caminando en un sentido contrario al de la historia. Nosotros, el 99 por ciento, nuestro planeta, nuestros hijos y demás descendientes, y los otros seres con los que compartimos, tenemos derecho a la vida.

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“Sin posibilidades de sublimar a través del trabajo, es muy difícil conservar la salud mental”

Es psicoanalista, pero plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: el trabajo como base de la identidad, fuente fundamental de sentido para la vida y mediador para la autorrealización en lo social

 

El histórico teatro IFT de la ciudad de Buenos Aires se llenó. No había un recital ni una obra de teatro sino la conferencia “Trabajo, precarización y subjetividad”, brindada por el prestigioso psicoanalista francés Christophe Dejours, que llegó al país invitado por la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA) y la editorial Topía. El público variopinto que acudió a escucharlo estaba compuesto por personajes del ambiente psi (profesionales, profesores, intelectuales, estudiantes), pero también por integrantes de sindicatos varios interesados en las ideas de Dejours sobre el trabajo y su relación tanto con la salud como con la enfermedad.


Considerado el padre de la Psicodinámica del Trabajo, este especialista plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: que el trabajo es la base de la identidad, una fuente fundamental de sentido para la vida y un mediador irreemplazable para la autorrealización en lo social. “El capitalismo actual viene intentando imponer sentidos para naturalizar su degradación, con el fin de abaratar costos y aumentar ganancias”, advierte en conversación con PáginaI12. “De la forma en que nos apropiemos del trabajo y de lo producido, de las estrategias de defensa colectiva construidas por trabajadoras y trabajadores, dependerá que el trabajo pueda o no constituirse en un medio de experimentación de la solidaridad y como antídoto a la alienación que impone el neoliberalismo”.


–Para la concepción clásica del psicoanálisis la explicación de las conductas humanas se plantea a partir de la centralidad de la sexualidad. Pero desde su perspectiva el trabajo también ocupa un lugar central tanto como fuente de sufrimiento como de placer. ¿De qué manera el trabajo deja de tener un lugar marginal en la constitución de la subjetividad?


–Siendo esquemático se puede decir que hay dos ejes en la realización de uno mismo. La realización personal en el campo erótico pasa por el amor, que es el campo habitual del psicoanálisis. El segundo campo es la realización de uno en el campo social, eso pasa por el trabajo. En estos dos campos delimitan dos tipos de destino para la pulsión: uno sexual y el otro sublimatorio. Cuando uno se refiere a la concepción freudiana, la sublimación fue considerada como exclusiva de seres excepcionales, los grandes hombres, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci. Pero la clínica del trabajo muestra que la cuestión de la sublimación se encuentra presente en todos los que trabajan. En cada oficio la cuestión de la sublimación está presente. La clínica muestra que cuando se puede aprovechar o tener la suerte de contar con una buena organización del trabajo, que permite su desarrollo, la sublimación se beneficia, funciona. Esa es la forma principal de la transformación del sufrimiento en el trabajo en el placer en el trabajo. Pero no es solamente generador de placer, la victoria sobre el sufrimiento es una victoria desde el punto de vista de la salud. Cuando uno está forzado a trabajar mal, porque las condiciones son malas, porque está la presión de la productividad cuantitativa contra la cualitativa, las condiciones de sublimación se rompen, y mucha gente se enferma. Donde no hay posibilidades de sublimar a través del trabajo, se torna muy difícil conservar la salud mental, y muchas veces hay que desarrollar estrategias muy complicadas para protegerse contra los ambientes deletéreos en el trabajo.

–¿Qué sucede cuando no se tiene la posibilidad de trabajar, cuando se está desempleado/a?

–Cuando uno es privado de la posibilidad de trabajo uno pierde la posibilidad o el derecho de traer su contribución a través del trabajo a la construcción de la sociedad, y consecuentemente si uno pierde esa posibilidad, no se puede más tampoco beneficiar de la retribución, y generalmente la retribución en el sentido común es el salario. Pero en la clínica del trabajo, como yo la entiendo, uno se da cuenta de que hay otra forma de retribución, que pasa por la sublimación. Si no podemos hacer un aporte de una contribución a la sociedad o a la empresa o a los colegas, o eventualmente a los subordinados, perdemos el derecho de beneficiarnos con el reconocimiento, que es una forma de retribución extremadamente importante desde el punto de vista psíquico y que desde el punto de vista de la salud es más importante que la retribución material a través del salario. Cuando uno no puede aportar una contribución a través del trabajo, se pierde el beneficio posible de esa retribución simbólica a través del reconocimiento, y en esta cuestión el porvenir desde el punto de vista de la salud mental se vuelve mucho más precario. La gente que está desempleada de manera crónica tiene una incidencia de perturbaciones psíquicas mucho más elevadas que aquellos que están empleados, que están trabajando. Creo que es igual en todas partes del mundo, no es algo nuevo.

–¿Qué patologías y qué posibilidades de encontrar placer en el trabajo encuentra en las condiciones actuales del neoliberalismo?

–Pequeño problema (se ríe)... El trabajo puede ser generador de lo peor, por eso hoy en día llega a provoca suicidios en los lugares de trabajo; pero también puede generar lo mejor, de manera tal que gracias al trabajo la salud metal mejora. Y el problema, entonces, consiste en comprender por qué, por un lado, pasamos a la desolación, la desesperanza, y por qué en algunos casos se vuelve felicidad. Y hay una razón que es muy precisa, que es el rol decisivo en la organización del trabajo. Hay algunas organizaciones del trabajo que son particularmente deletéreas para la salud mental y vemos cómo progresivamente cada vez hay más patologías mentales del trabajo, sobre todo desde el comienzo del siglo XXI, con el surgimiento de nuevas patologías que antes no existían. En la organización del trabajo hay un cambio mayor que corresponde a lo que llamamos el “giro de la gestión”, que es la manera en la cual dentro del mundo del trabajo se concreta el arribo masivo del neoliberalismo. Se introducen nuevos métodos, nuevos dispositivos, que cambian completamente la organización del trabajo: la evaluación personal de los desempeños; la noción de calidad total; la normalización o estandarización del trabajo, el tema de las normas como las ISO; la precarización; y también la manipulación comunicativa producida por las mismas empresas. Esta manipulación es muy importante, no solamente respecto de lo externo, de la empresa para afuera, haciendo publicidad, por ejemplo mostrando los resultados de la empresa en la bolsa; sino que también es una comunicación que está destinada al interior, porque se vuelve un sistema de prescripciones, al cual los mismos trabajadores asalariados deben estar muy atentos, para poder utilizar las buenas formas del lenguaje, las maneras en las que hay que implicarse en las relaciones jerárquicas, lo que uno puede o no decir, todo eso está dictado por la comunicación interna.

–Este sistema de presión y control ideológico está vigente tanto en las empresas privadas como en organismos públicos, ¿verdad?

–Sí, claro. Y estos nuevos métodos tienen unos impactos muy poderosos, muy fuertes, no solamente sobre la manera de trabajar de manera individual, sino también sobre la manera de trabajar junto con los demás, sobre todo de los colectivos de trabajo. Ese giro de la gestión, de los números, se traduce por una voluntad de romper todo lo que sea colectivo, y romper las cooperaciones, para poder tener únicamente individuos que en la jerga de la gestión llaman “los individuos responsables”. Y los métodos en cuestión son muy fuertes, muy poderosos, y han logrado desestructurar esas cooperaciones. Al hacer eso, al desestructurar esa cooperación, se destruyen cierto tipo de vinculaciones entre las personas, sobre todo las relaciones de convivencia, que tienen que ver con estar atento a lo que necesita el otro, la ayuda, el saber vivir juntos y la solidaridad. Todo está destruido por estos nuevos dispositivos. Ahora cada uno está solo en un mundo que es hostil, y donde cada persona está en competencia con su vecino, y también incluso en el modo de la competencia desleal. Y esto se ve tanto en el nivel inferior de la escala, porque la competencia es extremadamente dura respecto de la cuestión del empleo, pero también es muy duro en la cima de la jerarquía, donde los cuadros superiores pasan su tiempo vigilándose unos a otros, por ejemplo. Esta cuestión de lo colectivo y la solidaridad, esta cuestión de vivir juntos, es una cuestión social y política por supuesto, pero es también una cuestión que tiene que ver con la salud.


–¿Por qué?


–Porque la mejor manera de prevenir contra riesgos psicosociales, contra las patologías mentales del trabajo, es justamente esta convivencia, el vivir juntos, la solidaridad. Hay dos grandes fuentes en la salud en el trabajo, la primera es el vínculo individual con la tarea, que está relacionado con la sublimación, pero también está el hecho de poder entrar en un vínculo, en una relación de pertenencia en un equipo, pertenencia a un oficio, una profesión, porque todas estas pertenencias nos remiten siempre a sistemas de valores. Cada profesión está estructurada por ciertas reglas, esas reglas de trabajo no son nunca únicamente normas para tratar la cuestión de la eficacia; esas normas de trabajo organizan también los vínculos y los lazos entre los miembros de un equipo. Al desestructurar esos colectivos, se les hace perder a los trabajadores todo el beneficio de la ayuda mutua, que no es solamente en favor de la eficacia, sino que también es una ayuda mutua respecto del sufrimiento.

–¿Por qué en relación a las patologías en el trabajo usted prefiere no hablar de estrés?

–Porque en la concepción del estrés el trabajo se presenta como un entorno, es decir algo que está alrededor y que contiene cierto número de prescripciones, reglas, restricciones, inconvenientes. De esta manera, el trabajo es una cuestión externa que actúa sobre un individuo considerado como un ser aislado. Pero lo que la clínica del trabajo nos está mostrando es que el trabajo no está únicamente por fuera del individuo, para que yo pueda hacer un trabajo de calidad el trabajo tiene que volverse interno, es necesario subjetivar el trabajo, tengo que aceptar sentirme invadido por el trabajo, mucho más allá del tiempo concreto de trabajo, por fuera del trabajo también, hasta cuando vuelvo a mi casa por ejemplo. Esto también es parte del trabajo, son todas las perturbaciones que ocasiona el trabajo, por fuera de él. Entonces, el trabajo está en el interior, no por fuera, no es un entorno, pero la teoría del estrés considera al trabajo como un entorno prácticamente material, y considera al individuo como un individuo prácticamente biológico. La teoría del estrés es una teoría que está destinada no a hacer psicología o, en el mejor de los casos, es psicología animal, el modelo es comportamental, extremadamente simplista. Para comprender la sutilidad de los vínculos entre el trabajo y la subjetividad es necesario una estructuración conceptual extremadamente sofisticada en al menos tres disciplinas. Primero es necesario tener una teoría del sujeto que no sea simplista, esto lo hace el psicoanálisis; pero también es necesaria una teoría del trabajo. Hay disciplinas del trabajo que dan cuenta de la complejidad del trabajo vivo que no tiene nada que ver con lo que se dice del estrés. También es necesario un tercer tipo de conocimiento sobre la teoría social y la teoría de la dominación; no solamente la dominación entre clases, sino también la dominación de género. De acuerdo con la teoría del estrés los hombres y las mujeres son lo mismo, pero la clínica del trabajo muestra que para los hombres y las mujeres el trabajo no implica lo mismo, el sufrimiento en el trabajo para hombres y mujeres no es igual, y las estrategias de defensa que construyen hombres y mujeres son diferentes.

–Algunos teóricos tan disímiles como André Gorz o Jeremy Rifkin habían previsto una reducción del tiempo de trabajo social y una expansión del tiempo libre, pero lo que sucedió a partir de los años 90 es exactamente lo contrario: para quienes tienen trabajo, la jornada laboral se volvió prácticamente ilimitada.


–Creo que las declaraciones de Jeremy Rifkin son parte de una manipulación de la opinión pública para inculcar el miedo, pero sus análisis son completamente falsos. Un año después de la publicación de su libro (El fin del trabajo, 1995), se anunció el pleno empleo en los Estados Unidos. Pero el trabajo de André Gorz y Dominique Meda, en Francia, es más serio, son dos intelectuales reconocidos. Rifkin es solo un consultor exitoso que está al servicio de la ideología neoliberal.


–A comienzos de este siglo, el filósofo italiano Franco Berardi postulaba que la sociedad industrial construía máquinas de represión de la corporeidad y del deseo, mientras que la sociedad posindustrial funda su dinámica sobre la movilización constante del deseo, por eso la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio ha sido progresivamente cancelada. ¿Está de acuerdo con estas ideas? ¿Cuáles serían las consecuencias de poner a trabajar la libido en pos del capital y de la identificación total con la empresa?


–No estoy convencido de los planteos que hace Berardi. El problema no está en el deseo más o menos bien dominado por la sociedad posindustrial. Sobre todo porque la sociedad actual no es posindustrial, sigue siendo muy industrial. La industria solo se ha trasladado de norte a sur, pero la masa de trabajadores industriales ha crecido en todo el mundo. El problema radica más bien en el giro neoliberal de finales del siglo XX. En el mundo del trabajo, este punto de inflexión tomó la forma de un “giro en la gestión”, con nuevos métodos y organización del trabajo. Estos métodos, extremadamente efectivos resultan en un mayor poder de dominación. Lo que me interesa investigar es un control poderoso de los pensamientos y comportamientos de los individuos, que no pueden construir fuerzas significativas para luchar contra estas nuevas formas de dominación. El resultado es que los trabajadores se ven obligados a trabajar cada vez más duro y más tiempo. Desde el punto de vista de la salud, esto se traduce en una explosión de patologías: burnout, Karoshi (muerte súbita por accidente vascular), Karôjisatsu (suicidio por exceso de trabajo) y abuso de sustancias psicoactivas, entre otros. Creo que el dramático deterioro de la salud mental en el trabajo no aboga por la movilización del deseo o la libido, más bien significa la agravación de la servidumbre, el aumento del sufrimiento, el desbordamiento de estrategias individuales y colectivas de defensa contra el sufrimiento en el trabajo y la incapacidad para defenderse contra los efectos nocivos de las nuevas formas de gestión.

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EEUU Johnson & Johnson, condenado a pagar 325 millones a una mujer que desarrolló cáncer de pulmón por sus polvos de talco

"En lugar de advertir a los consumidores o poner un ingrediente alternativo, como almidón de maíz, J&J adoptó métodos de prueba que no eran capaces de detectar el asbesto", señalan los abogados de la mujer.


Un jurado de Nueva York ha ordenado a la multinacional Johnson & Johnson (J&J) pagar 325 millones de dólares a una mujer que desarrolló una forma rara de cáncer de pulmón vinculada al asbesto, de lo cual responsabilizó a los polvos de talco de la firma, que planea recurrir el dictamen judicial.


La empresa confirmó la decisión del jurado, la última novedad en un caso que se dirime en la Corte Suprema de Nueva York, y señaló en un comunicado que el juicio "ha sufrido significativos errores legales y de evidencias", por lo que planea apelar. Además, negó que los polvos contengan asbesto o causen cáncer.


Levy Konigsberg, bufete que representa a la denunciante Donna Olson y a su marido Robert, anunció el veredicto contra Johnson & Johnson: 20 millones por el sufrimiento "pasado y futuro" de la mujer, 5 millones por el cierre de la empresa de su esposo debido a la enfermedad y 300 millones por daños.


El bufete indicó en una nota que, durante los cuatro meses de. juicio, el jurado vio documentos internos según los cuales la firma "sabía que había asbesto en el talco utilizado para fabricar el Johnson's Baby Powder y los productos J&J's Shower to Shower ya en los años 60 y 70".


"En lugar de advertir a los consumidores o poner un ingrediente alternativo, como almidón de maíz, J&J adoptó métodos de prueba que no eran capaces de detectar el asbesto", señalaron los abogados, que alegaron que esos resultados se utilizaron para comunicar al público y las autoridades la ausencia del mineral.


Se trata de una importante suma de dinero, una de las más altas alcanzadas en casos de este tipo contra la multinacional, que a finales de 2018 estaba inmersa en unos 13.000 casos en EE.UU., en general por su supuesta responsabilidad en el desarrollo de cáncer, según su informe anual entregado a la Comisión de Valores (SEC).


La firma remitió a "cincuenta años de evaluaciones científicas independientes hechas por dependencias del Gobierno" de EE.UU. y por instituciones académicas, como Princeton o el MIT, y aseguró que todas concluyen que los polvos de talco son seguros.
nueva york
31/05/2019 22:40 Actualizado: 31/05/2019 22:40

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Multitudinario pañuelazo en Argentina por la despenalización del aborto

El 28M, en el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, las argentinas presentaban el nuevo proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE), para conquistar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Es la octava vez que lo intentan.

La marea verde vuelve a teñir los alrededores del Congreso argentino, como una memoria presente, como si nunca se hubieran ido. Cada colectiva va ocupando las calles nuevamente. Grupos de amigas con purpurina, pañuelos verdes, niñas y niños con sus madres y jóvenes. Olor a choripán, cantos y mucho bombo.


Corrían los años 90 y un grupito de mujeres repartía folletos y recogía firmas frente al Congreso. Como cada lunes, dos veces al mes, intentaban concienciar a los paseantes apresurados sobre la importancia de una ley que legalizara el aborto. Les llovían piedras y les insultaban. Eran las pioneras del aborto, hoy las madres de esta Campaña. Fue en 2007 cuando, un 28 de Mayo, lograron presentar el proyecto de ley ante el Congreso argentino. Mucho cambió la sociedad desde entonces. La lucha incansable de Las Madres de Plaza de mayo, el Ni Una Menos y la confianza en el trabajo cotidiano en los barrios dan al movimiento feminista argentino una fuerza particular.


El 28M, en el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, las argentinas vuelven a insistir y lo hacen por octava vez consecutiva. Presentan el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE), para conquistar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Lo hicieron a las 17:30 en un pañuelazo nacional, que fue apoyado por las principales capitales del mundo.


El año pasado fue histórico. El proyecto de ley para la legalización del aborto se discutía por primera vez dentro de las dos cámaras legislativas. El debate y la emoción marcaron las intervenciones de algunas de las diputadas en defensa del aborto. Participaciones como la de la macrista Silvia Lospennato o la progresista Victoria Donda hicieron pensar en la posibilidad de un acuerdo más allá de los intereses de partido. Y así fue, pero sólo en el Congreso, donde obtuvo media sanción. Unos meses más tarde la ley no logró pasar en el Senado. La marea verde no paró desde entonces. Acumuló fuerza en el Encuentro Nacional de mujeres, en el 8M y reuniendo aún más potencia desde la asamblea y desde los barrios, hacen que este 28 de Mayo sea ya histórico.

Este año presentan el proyecto con modificaciones respecto al anterior. La nueva iniciativa legaliza la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 y más allá de ese plazo según supuestos: violación, peligro de la vida o de la salud de la persona gestante. En todos estos casos se debe garantizar desde el sistema de salud público y también desde el privado, además se debe realizar durante los cinco días posteriores desde que se hizo la solicitud.


En un país donde aún está penalizado el aborto salvo en casos de violación o peligro para la salud o la vida de la madre, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo se hace imprescindible. En Argentina abortan clandestinamente entre 370.000 y 520.000 mujeres al año según el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) del Ministerio de Salud. La mayoría de ellas lo hace en condiciones deficitarias e inseguras. Con suerte algunas acaban yendo al hospital por complicaciones médicas, muchas mueren. Desde la vuelta de la democracia en 1983 hasta el 2016, murieron más de 3.000 mujeres por abortos clandestinos. “El derecho al aborto legal, seguro y gratuito en Argentina es una deuda de la democracia, un tema de derechos humanos, de salud pública y de justicia social” opina la socióloga Mora Blaser.

Esta ley busca acabar con situaciones tan sangrantes, como el caso de la niña jujeña de 12 años que conmocionó al mundo cuando fue obligada a continuar con el embarazo fruto de una violación. En Argentina se registra un 16% de embarazos en adolescentes de entre 14 y 19 años y el 70% fueron no deseados. De estos embarazos unas 3000 son niñas de entre 10 a 13 años, según la UNFPA. Las jóvenes lo tienen claro, están cansadas de sufrir acoso, de no tener educación sexual, de ver compañeras que quedan embarazadas y tienen que abandonar el colegio. “Yo estoy en 1º de secundaria y aún no me enseñaron a poner un preservativo. Además hay mucho acoso: en el colectivo, en el metro. Estamos saliendo a la calle porque ya no lo soportamos más”, dice Celia de 13 años.

Por eso, la Campaña Nacional pone el énfasis no sólo en legalizar la posibilidad de que “cualquier cuerpo gestante pueda interrumpir libremente el embarazo hasta la semana 14 incluida”, si no que además se centra en la prevención, en la educación sexual integral para decidir y en la venta libre de anticonceptivos. Además, las feministas van más allá, poniendo en el centro del debate el deseo a la maternidad. No sólo luchan para no morir, también quieren que la maternidad sea deseada, acompañada y que se haga en condiciones dignas y saludables para la persona gestante.


Si se consigue el derecho a abortar en Argentina será fundamental para avanzar en los derechos sexuales y reproductivos en América Latina. Argentina marca la agenda en la región donde, sólo Cuba, Uruguay, Guayana, Guyana Francesa y Puerto Rico, permiten abortar en las primeras semanas de gestación. En otros países como en El Salvador, Honduras, Haití, Nicaragua, República Dominicana y Surinám está completamente prohibido. El resto, como Argentina, permite el aborto según causales (violación, peligro para la vida y salud de la madre).


En 2018 la Campaña por el Derecho al aborto funcionó como una bola de nieve, contagiando con fuerza la lucha en toda Latinoamérica. “Se sabe que la marea empuja fuerte desde aquí. La Campaña ha logrado un impacto regional muy potente. Ha puesto en común las problemáticas en un momento en que todas enfrentamos la contra-ofensiva del fundamentalismo religioso. Nos quieren parar porque están viendo la capacidad del feminismo para hacer política desde el rechazo a la obediencia patriarcal, neoliberal y colonial” nos cuenta Verónica Gago, integrante de “Ni Una Menos”.


Argentina vive una situación compleja, marcada por la crisis económica, el empobrecimiento y el retroceso en materia de derechos. El actual presidente, Mauricio Macri, convirtió al Ministerio de Salud en una Secretaria, esto vino de la mano de un vaciamiento de recursos públicos. Además, los fármacos aumentan por la inflación y el acceso a la salud empeoró. Por eso la ley por la legalización se vuelve imprescindible sobre todo para las gestantes sin recursos. “La dimensión de clase es fundamental, por eso el aborto tiene que ser legal y gratuito. Esta cuestión ha logrado ir más allá de una reivindicación por un derecho individual- liberal” dice la integrante de “Ni Una Menos”.


La iniciativa de ley será clave en este año electoral. Veremos cómo marca la agenda política y los debates de campaña. El año pasado de los 38 senadores que votaron en contra, 12 pertenecían a partidos que apoyaron al kirchnerismo, los 26 restantes eran miembros de partidos conservadores. “Tenemos que insistir con algo fundamental: se trata de garantizar un derecho, no de una posición moral o religiosa individual. Quienes se oponen, están apoyando un sistema de clandestinidad clasista, racista y misógino que condena a la muerte especialmente a las mujeres con menos recursos. Es difícil aprobarlo porque el lobby de la iglesia católica tiene mucho poder en el interior de todas las fuerzas políticas”, opina la investigadora Verónica Gago.

El 27 de octubre el pueblo argentino votará y decidirá entre otras cosas, cuál será el derrotero de esta propuesta. No pinta fácil, mientras que la mayoría del macrismo defiende a los antiabortistas, el candidato kirchnerista a la presidencia Alberto Fernández y su compañera de fórmula Cristina Kirchner apuestan por la despenalización. Lo que sí es seguro es que la marea verde es imparable y que las argentinas seguirán en las calles y en el Congreso hasta que el aborto libre, seguro y gratuito sea ley.

Por Andrea Ana Gálvez

publicado
2019-05-29 08:15:00

 

 

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:34

La canción corregida

La canción corregida

El festival Centroamérica Cuenta se clausuró en San José, la capital de Costa Rica, con un concierto en el que subieron al escenario Luis Enrique Mejía Godoy, el tío, y Luis Enrique Mejía López, el sobrino, conocido como Luis Enrique "el salsero". La gente coreaba con entusiasmo las canciones del repertorio, y en un momento culminante ambos interpretaron a dúo El Cristo de Palacagüina, una canción emblemática de los tiempos de la revolución sandinista, compuesta por el hermano y tío de los dos artistas, Carlos Mejía Godoy.

En una de sus estrofas, que es su clímax, la canción dice que María sueña a su hijo convertido en carpintero, como José su padre, pero el niño más bien piensa "mañana quiero ser guerrillero".

Desde atrás, un joven nicaragüense exiliado alza su voz para corregir la letra: "¡mañana quiere ser ingeniero!" Y su reclamo recibe sonoros aplausos que se alzan entre los que premian a los cantantes.

Hay un mar de fondo en esa enmienda gritada a voz en cuello. Para la generación de los abuelos de este muchacho, la lucha guerrillera fue vista como una incuestionable necesidad, basada en la convicción de que para derrocar a la tiranía de los Somoza era imprescindible irse a la montaña, entrar en la clandestinidad, pasar a una vida de penurias y peligros constantes, el primero de ellos la muerte.

En tiempos de soledad, cuando el apostolado de la guerrilla no correspondía a muchos, sino a los escogidos, se daba el ejemplo ético con la propia vida en una lucha que nunca se concebía a corto plazo; la hora del triunfo sonaría mucho después, y la verían otros, cuya conducta estaría determinada por el ejemplo recibido de quienes se habían sacrificado para que llegara aquel momento luminoso, situado en un futuro lejano e impreciso.

Desde las catacumbas de la clandestinidad, igual que los primeros cristianos, el advenimiento del reino no estaba en duda, pero se trataba de una utopía sin tiempo. Tratar de acelerarla era desviarse de la ruta trazada por la historia, caer en el cortoplacismo, uno de los pecados capitales contra el fervor ideológico.

La ambición pura de convertirse en guerrillero como destino moral, renunciando a las pompas mundanas, emparentaba al cristianismo primitivo con la militancia clandestina, pues aquel también demandaba sacrificio sin esperanza en esta vida, sino en una futura, que se hallaba fuera de los límites de la realidad, colocada más allá de la propia muerte. La patria celestial aquí era la patria libre del imperialismo, del dominio oligárquico, de la explotación y el vasallaje. La patria socialista.

Ahora la consigna "¡Patria libre o morir!", una escogencia sin colores intermedios, que se pronunciaba desde la convicción solitaria, se ha transformado en "¡Patria libre y vivir!" Aquella copiaba a la de "¡Patria o muerte, venceremos!" con la que Fidel Castro, desde el poder, cerraba sus discursos en la tribuna, y, en los peores momentos, alzaba como escudo el ejemplo de Numancia: frente al cerco enemigo, mejor muertos que esclavos.

Pero la generación del muchacho exiliado que corrige desde atrás del auditorio la canción, ya lo vio todo. Vio la utopía deformarse en un proyecto de poder que terminó pareciéndose en nada a la que, desde su pureza cerrada, en la inocencia de la historia, soñaban aquellos otros jóvenes, como el poeta Leonel Rugama, quien, rodeado en una casa de seguridad en Managua por los soldados de Somoza, armados hasta los dientes, ante la exigencia de rendirse había gritado "¡Qué se rinda tu madre!" antes de ser acribillado a tiros.

Ese grito de victoria en la muerte fue convertido en consigna de lucha por el sandinismo, y los jóvenes que se alzaron en rebelión en abril de 2018 lo adaptaron, sin reformarlo. Desarmados, pero nunca rendirse. Ahora no se trata de un reino lejano en la bruma de la historia, sino de cosas palpables e inmediatas, donde el corto plazo se vuelve imprescindible: libertad, justicia, democracia. Si vamos más atrás, era la consigna del propio Sandino: "Patria y libertad".

Un futuro que se puede contemplar de cerca. Por eso ingeniero, no guerrillero. Un sistema abierto que se pueda construir con base en elementos concretos y que resuelva con eficacia el viejo asunto del atraso mediante la multiplicación de las oportunidades, empezando por la educación.

Los jóvenes que resisten en Nicaragua, o que se han visto forzados al exilio, tienen un proyecto de futuro que no pasa por los horrores de una confrontación violenta. En las luchas armadas hay siempre un líder triunfante, que al llegar al poder por medio de los fusiles, querrá quedarse en el poder por la fuerza de los fusiles.

Una transición democrática, en cambio, permitirá construir instituciones para asentar los nuevos liderazgos. Gobernantes electos sin posibilidad de relegirse, que no devengan en caudillos para siempre, ni puedan imponer regímenes familiares. Romper con la vieja tradición que nos ha sumido en la abyección y la arbitrariedad.

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