Bar Les Beguines, propiedad de los hermanos Abdeslam, supuestos protagonistas de los atentados de noviembre de 2015 en París

Molenbeek, un popular barrio de Bruselas, es identificado, desde los atentados en París de fines del año pasado, como “la cuna del terrorismo europeo”. Ahora, con los bombazos en la capital belga, ha vuelto al centro de la escena. Esta crónica1 desmonta estereotipos e indaga sobre la fascinación que ejerce el yihadismo sobre algunos jóvenes musulmanes.

 

 

Souad se hundió en lágrimas y oraciones cuando supo que dos de los hermanos Abdeslam estaban involucrados en los asesinatos de París. Que el primero, Brahim, se había inmolado frente a un bar del distrito XI “como si estuviera en Kabul” y el otro, Salah, había huido. “Sentía que la desgracia se acercaba una vez más al barrio.” Ya el pasado verano durante las vacaciones, en su pueblo natal del norte de Marruecos, le había pedido a su marido que convenciese a sus hijos de quedarse allí. “Marruecos es una dictadura, pero prefiero la dictadura a la anarquía, allí los policías dan miedo, pero nuestros nietos estarían controlados. No como en Molenbeek, donde todo vale y los niños andan por la calle día y noche.”

 

Souad ya se encontraba mucho antes “traumatizada, sobrepasada” por la historia de la familia N. Eran unos primos lejanos, inmigrantes en Bélgica como ellos, que habían organizado una talba –lectura del Corán– en memoria de uno de sus hijos pequeños, velozmente radicalizado y que, siguiendo la llamada del Estado Islámico, se había marchado a Siria. Murió meses más tarde, “mártir”, según un breve mensaje de la organización, que había sumido a la madre en la locura y al padre en la depresión. Souad, de unos 60 años, se veía a menudo con las mujeres de esta familia, y tomaban té de menta para pasar la tarde, “pero desde esta tragedia no se tratan con nadie, la yihad es un tema tabú, las familias se avergüenzan, como si hubieran sufrido la ira de Satán”.

 

En su salón oriental y bajo una foto de La Meca, donde fue de peregrinación, Souad, con un rosario en la mano, se pregunta “qué droga damos a nuestros hijos para que se conviertan en monstruos”. Dice que ya no sale por miedo a ser acosada por los periodistas. “Nos toman por animales”, señala. Llora por las víctimas de París, por “los musulmanes de Europa que van a estar aun más estigmatizados”, pero también por “el infierno que debe vivir la madre de los Abdeslam”.“Esto es un pueblo, nos conocemos todos”, cuenta a Magreb TV, un canal de la televisión belga comunitaria que trasmite en árabe.

 

El barrio de Molenbeek es una de las grandes almas que conforman Bruselas, la capital de Europa. Los jueves se celebra un mercado que, según comenta un comerciante que se presenta como “uno de los pocos blancos” del lugar, “da la impresión de estar en Tánger”. A su juicio, Molenbeek se ha convertido en “un laboratorio de una población 90 por ciento musulmana, un gueto étnico”. Casi 100 mil habitantes en apenas seis quilómetros cuadrados, más del 50 por ciento de ellos inmigrantes marroquíes y sus descendientes, concentrados en la parte baja de la ciudad.

 

Abandono escolar, desempleo (60 por ciento en el caso de los jóvenes), discriminación desde la escuela a la contratación. En Molenbeek existen muchas familias hacinadas en pequeñas viviendas, que en algunos casos no alcanzan las condiciones necesarias de salubridad. Tráfico de drogas, vandalismo... Apodado como el “pequeño Manchester”, este barrio obrero florecía en los sesenta cuando de golpe se tuvo que enfrentar al proceso de desindustrialización. Cincuenta años después del primer acuerdo bilateral de contratación de mano de obra entre Bélgica y Marruecos, Molenbeek es el emblema de la creciente pobreza y delincuencia de Bruselas. Todos los indicadores sociales son negativos, a pocos quilómetros de las instituciones europeas.

 

Los medios de comunicación de todo el mundo tratan de comprender cómo es este barrio, que el ministro del Interior belga, Jan Jambon, de la muy derechista N-VA, quiere “limpiar” porque se ha convertido en “un nido de yihadistas”. Los medios ocupan la plaza del ayuntamiento con sus furgonetas con satélite. Van y vienen de la casa consistorial, contigua a la comisaría de policía, en el número 30, en el otro extremo de la plaza, un pequeño edificio de tres pisos encima de una tienda paquistaní en la que se venden telas orientales. Es aquí, en una vivienda social, donde vive la familia Abdeslam, bajo una presión mediática máxima.

 

Al final de la tarde del 16 de noviembre, a la puerta del edificio, Mohamed, el hermano mayor de los dos presuntos terroristas, empleado en el ayuntamiento desde hace diez años, habló bajo los flashes: “He sido acusado de actos terroristas, pero nunca he estado vinculado de ninguna manera a una intervención en París. La gente del barrio sabe lo que soy, y no soy capaz de hacerlo”. Momo, como le llaman sus colegas, asegura que “no había notado nada” en sus hermanos. Como todos los que conocían a Salah y a Brahim Abdeslam.2

 

 

ESCEPTICISMO.

 

Un trabajador social comenta desde el anonimato: “Los dos hermanos habían cometido pequeños delitos, pero pertenecen a una familia de ideas moderadas, abierta, originaria de Tánger, que nunca había dado de qué hablar desde el punto de vista religioso”. “Los conozco desde que eran pequeños y nunca los he visto en la mezquita”, añade Jamal Habbachich, que preside un comité consultivo de 16 mezquitas en Molenbeek. Abdel, de 26 años, que alterna el paro con trabajos temporales, pasaba día y noche en el Béguines, el café que pertenecía a Brahim Abdeslam y que llevaba Salah. Era un bar de hombres en una zona donde la mayoría de las mujeres llevan velo y donde “nunca verás a una en un bar o en la calle por la noche a menos que salga de una boda”. “Llevábamos una vida de juerga, fumábamos porros, bebíamos té de menta o Jupiler (cerveza belga) mientras jugábamos a los dados o veíamos partidos de fútbol. Eran todo menos radicales, que ven la vida como haram (ilícito) o halal (lícito). Que yo sepa, no hacían la oración. Lo que les copaba eran las chicas, las discotecas, la fiesta”, cuenta Abdel.

 

Abdel no cree lo que trasmiten en bucle los canales de noticias sobre los Abdeslam y el presunto cerebro de los atentados de París, Abdelhamid Abaaoud, también de Molenbeek y muy conocido en el barrio, muerto en el asalto lanzado en un apartamento en Saint-Denis. Todos ven “otra conspiración de la gran potencia, Estados Unidos, y de Francia para ensuciar a los musulmanes”. Ninguno fue a la manifestación en la plaza del ayuntamiento en memoria de las víctimas de París, donde 2.500 personas, entre ellas un hermano de los Abdeslam desde un balcón, se reunieron encendiendo velas.

 

Karim, que abandonó la escuela a los 16 y vive del trapicheo, no siente que todo esto le concierna: “No fuimos Charlie en enero porque no se puede uno reír de todo y burlarse de la religión, del profeta, como hacía la revista. No vamos a ser París ahora. Ha habido muertos, de acuerdo, que descansen en paz, pero no creemos en el terrorismo, es una invención de Occidente. Cada vez que hay ‘un ataque’ o ‘una tentativa’, siempre pasa por casualidad por Molenbeek y por los barrios donde se concentran los musulmanes. Es el único momento del año en el que se habla de nosotros en los periódicos, nunca para hablar del racismo, del paro, de la pobreza, de la violencia policial que sufrimos. De un día para otro descubrimos que un tal con el que íbamos a la escuela, jugábamos al fútbol, o boxeábamos, se ha convertido en un verdugo y posa con un Kalashnikov en Face¬book en medio de cadáveres. Pero, ¿qué hace la policía si somos un foco del yihadismo mundial desde hace tantos años?”.

 

Ante una de las dos últimas escuelas de Bruselas que aceptan el velo (ambas en Molenbeek), chicas cubiertas o con el pelo suelto salen de las clases entre afirmaciones como “es falso, es una conspiración” o “es verdad, hace bien Francia bombardeando Siria”. Numerosos habitantes del barrio, muchos de ellos jóvenes, se niegan a creer que este sea un centro del islamismo radical europeo, una base de retaguardia de las células yihadistas francesas. Las teorías conspirativas circulan de boca en boca, lo que revela la magnitud de la brecha entre la población de estos barrios excluidos y el resto de la sociedad.

 

Desde la ofensiva mediática, la paranoia se ha extendido entre los habitantes, que ven “agentes externos”, “espías al servicio del rey de Marruecos”, “policías belgas camuflados” en todas partes, hasta entre los periodistas. “Yo robo, pero no soy un terrorista, soy incapaz de matar una mosca”, bromea un argelino sin papeles. Lleva todo falso –vaqueros, chaqueta de cuero, reloj, bandolera...– y fuma un porro en la Avenida de Gand, la calle principal y comercial del barrio, poblada de tiendas étnicas de precios baratos, carnicerías y snack halal, tiendas de muebles, vajillas y accesorios orientales, ropa islámica “made in China”.

 

 

ACOSO RELIGIOSO.

 

Sin embargo la realidad está ahí, indiscutible. Cuando no son de aquí, los islamistas radicales se forman, se esconden, surgen detrás de las paredes, en los sótanos y garajes de las pequeñas casas de ladrillo rojo de Molenbeek. A pesar del endurecimiento de la legislación antiterrorista belga y el desmantelamiento de los canales de reclutamiento desde los noventa, los caminos del terrorismo conducen repetidamente a este barrio pobre, lo que le valió el apodo de “Molenbeekistán”.

 

“La religión llevada al extremo por los oscurantistas se ha convertido en la principal ocupación de los desempleados, que sólo tienen la posibilidad de elegir entre el tráfico de drogas o la yihad. ¿No tenés trabajo? Orá cinco veces al día y esperá la llamada del imán en el café fumando un porro. ¿No estás casado, estás frustrado sexualmente, socialmente? Te daremos 70 vírgenes si te inmolás”, suspira un comerciante musulmán al que le gustaría “un poco de diversidad, de blancos”.

 

Hoy son Abdelhamid Abaa¬oud, los hermanos Abdeslam, el francés Bilal Hadfi, que se inmoló frente al Estadio de Francia y que vivía en Bruselas, los que llenan los titulares. Ayer, y la lista no es exhaustiva, eran Hassan el-Haski, uno de los autores intelectuales de los atentados de Madrid de 2004 (191 muertos y 1.800 heridos); Mehdi Nemmouche, autor de la masacre del Museo Judío en Bruselas en mayo de 2014, oriundo de Roubaix; Ayoub el-Khazzani, que fracasó en el ataque contra el Thalys Bruselas-París en agosto; o los integrantes de la célula de Verviers desmantelada durante una operación de la policía tras los atentados a Charlie Hebdo, Montrouge y el HyperCacher en enero de 2015.

 

Y están también los predicadores Jean-Louis Denis y Fouad Belkacem, actualmente en prisión (condenado a 12 años en febrero). Este último, a la cabeza de Sharia4Belgium, abogaba por la yihad armada entre Amberes y Bruselas. “Este barrio es, para ellos, un distrito de París. Pueden conseguir fácilmente armas, documentación falsa, gracias a las redes criminales, esconderse debido a la densidad de viviendas y fundirse entre la población de tipo árabe musulmana”, analiza el antropólogo y activista Johan Leman, que ha seguido todos los cambios del barrio, desde la llegada de las primeras generaciones de inmigrantes para trabajar en las minas o excavar el metro de Bruselas, a las primeras radicalizaciones de sus hijos nacidos en suelo belga. Es aquí también donde los tunecinos Dahmane Abd el-Sattar y Bouraoui el-Ouaer alentaron el asesinato del comandante afgano Massoud, asesinado dos días antes del 11 de setiembre de 2001, siguiendo las órdenes de Bin Laden.

 

El-Sattar era el marido de Malika el-Aroud, “la viuda negra”, musa del yihadismo belga, dos veces esposa de mártires. Hija de un obrero marroquí, condenada en 2008 a ocho años de prisión y bajo un procedimiento de pérdida de nacionalidad, envió a decenas de jóvenes a Afganistán. Dirigió durante 20 años, con su hijo (muerto en Siria en 2013), el Centro Islámico Belga de Molenbeek, un santuario del salafismo radical que envió a muchos combatientes a Afganistán, Irak y Siria y que hasta 2012 no fue desmantelado por la justicia.

 

“Molenbeek está pagando por décadas de hostigamiento religioso y laxismo político. Dejamos a los fanáticos, religiosos, salafistas y Hermanos Musulmanes, pagados por Qatar, Arabia Saudita, Egipto, Marruecos, sembrar la desgracia, el caos, el velo. Han hecho del islam sectas que imponen un Corán del terror en personas fragilizadas, ignorantes, niños que han abandonado la escuela y cuyos padres son analfabetos, que no hablan el árabe ni el idioma de los imanes.” El gerente de la librería El-Itra sentencia en su local desierto de la calle Ribaucourt, leyendo a Grabovoi, “un gran pensador ruso que puede sacar nuestras conciencias de la degeneración”. Sin concesiones, el librero, “un musulmán laico”, pone “en el mismo saco” al terrorista Bassam Ayachi y al erudito islámico Tariq Ramadán, que da conferencias regularmente en la ciudad.

 

 

LA CONEXIÓN SAUDITA.

 

Por delante de su escaparate pasan tres ancianos, barbas largas y pobladas, anoraks sobre chilabas hasta las rodillas: “Hace 30 años bebían alcohol, fumaban, pero les han lavado el cerebro. Llevo la única verdadera librería del municipio que tiene una oferta religiosa y laica frente a las incontables librerías coránicas, todas afiliadas a un grupúsculo”. Un día de campaña electoral, “un político” entró en su librería: “Me preguntó qué quería. Le dije ‘cerrá las mezquitas y te votaré’. Me tomó por un musulmán loco y se fue. Pero ahí está el gran problema de Molenbeek”.

 

Este barrio cuenta oficialmente con 24 mezquitas, organizadas por países, de las cuales sólo cuatro son reconocidas por la región de Bruselas-Capital (las autoridades pagan a sus imanes). También con decenas de lugares de culto o de asociaciones privadas, en casas antiguas de obreros, que nadie realmente sabe cifrar ni vigilar. Dieciséis de las 24 mezquitas (once de lengua árabe, dos paquistaníes, una africana, una turca y una bosnia) están controladas por un consejo consultivo.

 

Jamal Habbachich, de 59 años, un belga originario del sur de Marruecos, preside este consejo. Nos cita en la mezquita Attadamoune, y llama a la comunidad a reflexionar: “Estamos como Bélgica, divididos, comunitarizados en nuestras mezquitas. Cada uno en su país, su tribu, sus mentalidades. El Magreb es una anarquía total, en contraste con Turquía o Pakistán, que están muy estructurados. Ninguno de sus jóvenes participa en la yihad, a diferencia de nuestros hijos del norte de Marruecos y del norte de África”.

 

Según él, “el mal proviene de las monarquías del golfo, Arabia Saudita a la cabeza, que vierten sus petrodólares en Occidente e imponen en nuestros barrios corrientes peligrosas y una lectura muy rigurosa y binaria del islam. Para los marroquíes es muy importante y es un terreno abonado para los reclutadores radicales que quieren lavar el cerebro a nuestros jóvenes”. Rachid Madrane, ministro de Ayuda a la Juventud en la Federación Valonia-Bruselas, reconoció el pecado original: “Hemos confiado las llaves del islam en 1973 a Arabia Saudita para asegurar el suministro energético (...) el resultado es que la práctica del islam moderado de las personas que vinieron de Marruecos se ha visto infiltrado por el wahabismo, por el salafismo”.

 

El reino de Bélgica descubre de esta manera que ha mirado para otro lado durante mucho tiempo ante la influencia wahabí. La gran mezquita del Cincuentenario, en Bruselas, financiada en los sesenta por la Liga Islámica Mundial, una asociación al servicio del régimen saudita, es un emblema de esta relación peligrosa. Rachid Madrane desea más imanes formados en Bélgica, que prediquen en francés, en holandés, más árabe parlantes en los servicios de información.

 

“Las mezquitas son menos problemáticas que Internet. Lo eran hace diez años pero hoy están vigiladas. Los islamistas lo saben y actúan fuera, en privado, en Internet. Vemos a pocos jóvenes en nuestras mezquitas por falta de imanes que sepan responder a sus preocupaciones”, dice Jamal Habbachich.

 

Profesor de religión musulmana en las escuelas de formación profesional de la red oficial (los belgas tienen una definición de la laicidad radicalmente diferente a la de los franceses), Jamal Habbachich tiene muchas dificultades para convencer a los muchachos desorientados por los predicadores de la web.

 

En su despacho del ayuntamiento, bajo un cartel sobre la lucha contra la discriminación racial, Sara Turine, del Partido Ecologista, concejal para la Juventud, la Cohesión Social y el Diálogo Intercultural, islamóloga de formación, comparte los mismos temores y el mismo análisis: “La lógica maniquea wahabí causó mucho daño en Molenbeek. Después de los atentados del 11 de setiembre y la primera ola de islamofobia, los jóvenes de segunda y tercera generación, no sintiéndose reconocidos como totalmente belgas, sobre todo los varones, han izado el estandarte de su identidad musulmana. Apenas nos damos cuenta hoy de las consecuencias del repliegue religioso que hemos permitido que se instale para comprar la paz social”.

 

Los políticos se echan unos a otros las responsabilidades.

 

Sarah Turine no quiere “entrar en la polémica”. Cuando se enteró de los tiroteos de París, se dijo: “Con tal de que no exista un vínculo con Molenbeek... Un fin de semana como éste destruye todo el trabajo de los asistentes sociales y va a estigmatizar un poco más a los habitantes del barrio, musulmanes normales, pacifistas que soportan ya muchas injusticias”. Y recuerda que, en los cinco barrios de Bruselas oeste, entre ellos Molenbeek, unos cincuenta jóvenes se han unido a las milicias en Siria desde el comienzo del conflicto.

 

“Hemos sobremediatizado un fenómeno, sin duda de una extrema violencia y barbarie. En Bélgica, los yihadistas son 500 personas entre alrededor de 600 mil musulmanes. Las tasas de desempleo y de abandono escolar son mucho más alarmantes”, sostiene Corinne Torrekens, investigadora en la Universidad Libre de Bruselas, especialista en radicalización. “Los periodistas sólo vienen cuando hay un atentado o el rodaje de una película. Nunca hablan de la impresionante energía que desprende esta ciudad, su terreno asociativo, artístico”, se indigna el actor Ben Hamidou.

 

 

MESTIZAR.

 

Ben Hamidou es un niño de Molenbeek, “mi madre adoptiva”, según dice este nativo de Orán en Argelia, que monta desde hace 15 años obras de teatro, solo en escena o con gente del barrio. Actúa en Yihad, la obra de Ismael Saïdi que se representa desde 2014. Tragicomedia que sigue la odisea en Siria de tres fracasados de Molenbeek que la ociosidad y la búsqueda de identidad les conduce a la guerra santa. Declarada de interés público a raíz de los ataques a Charlie Hebdo, Yihad se ha convertido en una herramienta educativa en las escuelas de los guetos para entender y calmar la locura del mundo.

 

“Molenbeek es una localidad de tamaño humano en el centro de la ciudad en donde todavía hay inversión”, dice el profesor de urbanismo Eric Corijn. Nos encontramos con él en “un lugar positivo. La ciudad está cambiando poco a poco, el viejo Molenbeek está en plena revitalización, se abren hoteles, vemos tiendas con minifaldas en los escaparates de la Avenida de Gand, algo impensable hace tan sólo cinco años. Necesitamos que el ayuntamiento se espabile para que esto sea un lugar híbrido donde se pueda beber té de menta y vino”. Acabar con los guetos, “hacer comunidad juntos”.

 

Éste es uno de los mayores retos de Molenbeek, roto por la mitad: la ciudad alta, burguesa, de moda, blanca, y la baja, popular, miserable, árabe musulmana.

 

“Va a ser difícil. El daño está hecho, la integración ha fracasado. Incluso si se diera trabajo a todos los parados del barrio, las familias permanecerían replegadas en sus tribus, casándose entre primos, desanimando a las niñas a estudiar. Las calles están sucias, el cannabis está en todos los sitios, en los cafés legales y en otros clandestinos detrás de las persianas metálicas. Las autoridades no hacen nada, dejan que la droga destruya a nuestros hijos.” Mounir está “deprimido”. Quiere mudarse a un barrio tranquilo, inscribir a sus hijas en una escuela con blancos, porque aquí no hay mezcla y el nivel es muy bajo. Quiere “sentirse en Bélgica”.

 

No muy lejos de Ribaucourt, centro del tráfico de drogas, se divisa un café con cristales tintados. En el interior, olor a porro, “este olor sin el cual Molenbeek no sería Molenbeek”, comenta Soufiane. Dos televisores, uno poniendo fútbol y el otro soul con videos sugestivos. Ni un cenicero. Un argelino sin papeles que lleva el bar de sus patrones barre regularmente las colillas. “Esta es la técnica para mantenerse limpio si es que en algún momento la policía hace una redada”, explica Soufiane. Esta es su hora de descanso después del trabajo, temporal. Aquí se encuentra con sus amigos que, como él, son originarios del norte de Marruecos. Soufiane soñaba con una vida mejor, con estudios, fuera de Molenbeek. “Aquí, el sistema nos tira hacia abajo, la exclusión comienza en la escuela. No tenemos derecho a tener ambición. Nos quieren en las fábricas como a nuestros padres, pero ya no existen.” En su barrio, una mujer se ha ido con los hijos a Siria para unirse a su hermano. Sin decir nada a su marido, que se encontró la casa vacía a la vuelta del trabajo.

 

Al otro lado del canal, un armenio dice que “todo esto es culpa de las políticas que han dejado a los árabes imponer su cultura en Europa”. Esta es la profesión de fe del Vlaams Belang, el partido flamenco de extrema derecha racista y xenófobo. En el exterior, un sirio de Homs, que pasó por los Balcanes, mendiga unas monedas con su esposa y sus dos hijos. Tienen miedo de ser expulsados “a causa de los terroristas”.

 


1. Publicada originariamente en el sitio francés Médiapart en noviembre pasado.
2. Salah Abdeslam fue detenido cuatro días antes de los atentados de Bruselas de este mes.

 

 

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Sábado, 02 Abril 2016 07:20

Yo me pregunto si me quedo o si me voy

Michael Gove, presunta autoridad máxima en la administración de ecuanimidad

A TRES MESES DEL VOTO POR LA PERMANENCIA O NO DE GRAN BRETAÑA EN LA UNION EUROPEA.



Las últimas encuestas ponen a ambos campos cabeza a cabeza revirtiendo la tendencia favorable al Remain (quedarse) de principios de año. El director de campaña del Leave es nada menos que el ministro de Justicia británico.

 

 

Londres

 

A menos de tres meses del referendo nadie puede asegurar si los británicos se inclinarán por seguir en la Unión Europea o darán el portazo. Las últimas encuestas ponen a ambos campos cabeza a cabeza revirtiendo la tendencia favorable al Remain (quedarse) de principios de año. El ministro del Tesoro de Estados Unidos, Jacob Lew, que no quiere más olas en la atribulada economía mundial, fue una de las últimas voces en alzar la alarma sobre el factor británico. “No es bueno para la economía británica, para la economía europea o para la economía mundial. En un mundo en que la incertidumbre geopolítica es uno de los grandes riesgos, está claro que una salida de la Unión Europea tendrá consecuencias económicas”, señaló.

 

En enero el campo del Remain le llevaba 10 puntos en las encuestas a los del Leave. Esta semana un sondeo le dio la delantera a los que quieren marcharse y en el acumulado mensual ninguno se saca ventaja. Con cifras tan ajustadas y un 20% de indecisos la campaña para el referendo del 23 de junio se ha polarizado más que nunca y florecen las malas artes de ambos campos.

 

Los Leave titularon a la campaña del Remain con nombre de película de terror –Project Fear– pero no dudaron en lanzar una tanda de golpes bien bajos contra sus rivales. En un informe esta semana dieron a conocer una lista de asesinatos y violaciones cometidos por 50 ciudadanos de la UE en el Reino Unido. El acento de los crímenes estaba puesto en los nuevos miembros del este europeo con el asesinato de una chica de 14 años, Alice Gross, cometido por un oriundo de Letonia, Arnis Zalkalns. No resulta demasiado alentador que el director de campaña del Leave sea nada más y nada menos que el ministro de Justicia británico, Michael Gove, presunta autoridad máxima en la administración de ecuanimidad.

 

Los de Remain tienen su propia lista de hipérboles. A nivel económico, aseguran que si triunfa el No a la UE se perderán tres millones de empleos, algo así como el 10% de la población económicamente activa del país. Un mecanismo del estilo del chequeado.com argentino –el “full fact”– recuerda que esta cifra sale de la cantidad de empleos británicos vinculados al comercio con la UE, pero “no indican que dependen de que el Reino Unido sea miembro de la UE”

 

No importa. Una vez instalado el miedo en un área decisiva –economía, seguridad, inmigración– se espere que gatille el voto a favor o en contra. En los normalmente escépticos y apolíticos británicos ningún tema se salva de una inmediata y virulenta controversia. Con los atentados de Bruselas y París en mente, con el temor de que por mero peso probabilístico Londres sea el próximo blanco, el ministro de defensa británico Michael Fallon salió a decir que la UE es fundamental para la seguridad británica.

 

Fallon es el mismo ministro que el año pasado dijo que Argentina representaba una amenaza militar para los malvinenses. En otros temas estaría de acuerdo con el coronel Richard Kemp, un ex comandante de las fuerzas británicas en Afganistán, pero Europa es diferente. En el The Times del anti-UE magnate mediático Rupert Murdoch, Kemp señaló que era “absurdo” decir que el referendo afectaría la colaboración en temas críticos de seguridad. “Si nos vamos de la UE, vamos a poder decidir quién entra y sale del Reino Unido. De no hacerlo, intensificamos la amenaza terrorista, exponemos a nuestro pueblo y traicionamos a nuestra nación”, escribió Kemp.

 

Las entrecruzadas lealtades políticas vuelven más impredecible el resultado. En el Remain está una parte del gabinete de David Cameron y de los diputados conservadores, la mayoría de los laboristas, los escoceses, galeses y la mayoría de las poblaciones urbanas de Inglaterra. En el Leave se encuentra una mayoría de diputados conservadores, una minoría de laboristas y la muy conservadora campiña inglesa con sus pueblos y condados. “Si en casi todos los temas uno puede asumir una similitud de opiniones en lectores del (conservador) Daily Mail y el (progresista) The Guardian, entre jóvenes y viejos, graduados o trabajadores manuales, en Europa hay una enorme polarización”, resume Peter Kernell, director de la encuestadora Yougov.

 

El resultado puede convertirse en dinamita política para el primer ministro David Cameron quien prometió el referendo para evitar que los ultranacionalistas del UKIP le birlaran votos a los conservadores en las elecciones generales del año pasado. En marzo Cameron se vio obligado a desmentir su renuncia ante la Cámara de los Comunes si ganaba el no a la UE porque, según explicó, quería estar a cargo del proceso de desvinculación que tomaría aproximadamente unos dos años. Más de uno está apostando exactamente a lo contrario, entre ellos el ex alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, un carismático líder que ha combinado exitosamente un estilo aristocrático con el de un parroquiano del pub del barrio. No son pocos los analistas que dudan mucho que Cameron sobreviva una derrota.

 

Nadie puede predecir el resultado. El Remain tiene a favor la resistencia a un cambio drástico en tiempos de incertidumbre, un factor de importancia a la hora de cautivar al 20% de indecisos. El apoyo de sindicatos, empresarios y la City, sumado a los distintos sectores políticos son una sólida base de partida. Pero el riesgo de un evento que cambie radicalmente el panorama –una crisis del euro, un ataque terrorista, una nueva ola inmigratoria– mantiene a todos en vilo.

 

 

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La cultura entre el silencio, la impotencia y el olvido

Los refugiados de Siria y el norte de África, del Oriente Medio y de otros países africanos son el resultado de todo el conjunto de acciones, políticas, planes y decisiones que hicieron de Europa lo que fue ayer y lo que hoy es.

 

Constituye un serio motivo de aprendizaje para la humanidad. La más rica, la más avanzada, la más próspera en todos los sentidos, de todas las civilizaciones se encuentra en un jaque que puede convertirse en jaque mate debido a la crisis humanitaria de los refugiados en Europa. Occidente, encarnado en este caso en Europa, vive sus días en un callejón oscuro, sin salida. Europa anda reactiva.

 

No hace más de tres generaciones, algo menos, Europa vivió en carne propia una crisis humanitaria de refugiados, sin parangones, debido a la Segunda Guerra Mundial. No sin razones, dos pensadores diferentes, por ejemplo, han puesto el dedo en la llaga acerca del hecho de que Europa vive, y ha vivido siempre, en medio del miedo. T. Todorov escribe de un lado acerca del miedo a los bárbaros. Y bárbaros son todos aquellos diferentes de “mí”.

 

De otra parte, J. Delumeau escribe un libro estupendo acerca del miedo en Occidente. Miedo a la muerte, miedo a la soledad, miedo al desempleo, miedo a la enfermedad, en fin, incluso miedo al miedo.

 

Porque la historia ha sido vivida, hasta la fecha, como la prevalencia del más fuerte sobre el débil. El concepto subterráneo más importante de Occidente ha sido el de “fuerza”, un concepto que, sin embargo, emerge apenas en los marcos de la mecánica clásica en los siglos XVII y XVIII.

 

Sin definiciones ni elevadas comprensiones intelectuales, la cultura se funda en el mestizaje; esto es, aquello mismo que, en otro plano, en la genética, aprendemos como que un linaje se fortalece mediante cruces genéticos diferentes. La diversidad implica fortaleza, en tanto que la especialización comporta debilidades y riesgos.

 

La crisis de los refugiados en Europa, la más grande crisis de la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial, según la ACNUR, es el resultado de tres factores estructurales, así:

 

• La propia experiencia de la Segunda Guerra Mundial y la memoria de la misma fue silenciada por sus testigos y supervivientes. El caso conspicuo es Alemania. Un amplio y profundo tejido de silencio sobre los horrores de la guerra y de la postguerra prevalecieron hasta hace muy poco tiempo.

 

• Europa no tiene ni la mentalidad (mindset), ni la capacidad emocional y psicológica y acaso tampoco los medios financieros, logísticos y de gestión: (a) para prevenir la crisis de refugiados, (b) para afrontarla, (c) para resolverla. La situación es la de un enfermo que no sabe de todos sus males a cuál atender primero, de tantas medicinas que toma, de tantos controles impuestos hasta ahora.

 

• En el espacio de dos generaciones, Europa olvidó su propia historia. Historia experiencial y cultural, política y social, económica y humanitaria. A los refugiados hay que tenerlos lejos, y si es adentro, en cordones sanitarios. Desde los “ocupas” en España hasta los refugiados en los países nórdicos, por ejemplo. Como señalara con razón Nietzsche, el olvido es una fuerza activa, y en ocasiones hay que olvidar para poder aguantar el peso de la vida.

 

Contra el estado de bienestar y lo que ello comporta, la verdad es que Europa no vive ya: aguanta. Desde los países cerdos (PIGS: el acrónimo en inglés para Portugal, Irlanda, Grecia y España) hasta la locomotora alemana que impone desde Berlín una idea simple y llana: Ordnungspolitik. Política del orden (tanto como del ordenamiento). Silencio, olvido e impotencia.

 

Los refugiados de Siria y el norte de África, del Oriente Medio y de otros países africanos son el resultado de todo el conjunto de acciones, políticas, planes y decisiones que hicieron de Europa lo que fue ayer y lo que hoy es. Europa descubre su propio rostro en el cadáver de Aylan y en el de tantos anónimos hombres, jóvenes, niños, mujeres y viejos que arriesgan todo lo que tienen: su propia vida, para salvar lo único que pueden tener: su vida propia. Los refugiados no tienen ya nada que perder, puesto que sólo les queda su existencia, y su memoria, hablada, por lo pronto.

 

Esta crisis humanitaria de Europa no es ajena a la crisis medioambiental, a las crisis financieras y económicas, a las tasas de natalidad inferiores a cero o a una tasa de reproducción, a las guerras promovidas en otras geografías; en fin, al miedo cotidiano que se vive en la principales capitales, desde la península ibérica hasta los países balcánicos, desde el Mediterráneo hasta el Mar del Norte. Europa, análogamente a Estados Unidos y Japón, ha producido sus propios miedos, y ahora se alimenta de ellos.

 

Europa, que había superado las necesidades más básicas, se vuelve a encontrar con ellas, pero las ve como ajenas y distantes. En su propio territorio.

 

Entre los dos extremos, la tendencia xenofóbica a la endogamia y la tendencia xenofílica a la exogamia, Europa ha optado decididamente por la primera. Europa, que se hizo posible, alguna vez, en un pasado lejano justamente como el mestizaje entre lo mediterráneo y lo nórdico, como bien lo señala Braudel, se refugia hoy en una imagen deformada de lo nórdico a despecho de lo mediterráneo en toda la extensión de la palabra. Y sí, por eso hay que castigar doblemente a Grecia.

 

Europa olvida, silencia y se siente impotente ante el reconocimiento explícito transmitido por la historia que la mezcla, es el verdadero modo de la historia de la cultura. Con lo cual la conclusión no puede ser menos dramática: Europa, un espacio de mucho confort sin nada de cultura viva, vive sólo de la cultura de los museos y los monumentos.

 

Bien decía J. Barzun, un importante historiador de la cultura: “Europa, esa península de Asia que piensa en sí misma como si fuera un continente”.

 

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Sábado, 26 Marzo 2016 08:24

Para descifrar el terrorismo

Mujeres policías requisan a musulmanas en el barrio de Molenbeek, en Bruselas (Reuters)

La escena se repite ya incesantemente. Ahora ha sido Bruselas. Dos atentados vindicados por el Estado Islámico, uno en el hall del aeropuerto y otro en una estación del metro, dejaron tras de sí 31 civiles muertos y más de 200 heridos. Los supuestos responsables: tres individuos que aparecen en una imagen de las cámaras de vigilancia cargando maletas en carritos con guantes en las manos (provistos con detonadores, dice la policía). Dos de ellos murieron en la explosión y el último logró escapar. Según la declaración oficial, los tres serían de origen musulmán, aunque los hermanos Brahim y Khalid Bakraoui nacieron en Bélgica, y el tercero, Najim Laachraoui, creció en Bruselas. ¿Musulmanes? ¿No sería más acertado informar, al menos, sobre el origen nacional de las familias, si se trataba de inmigrantes? ¿O por qué no simplemente: ciudadanos belgas? Porque el término musulmán encierra ya el fantasma que, para la mayor parte de la opinión pública belga y europea, explica en automático (sin explicar nada) los orígenes de la violencia. Toda postulación del otro como entidad racial parte de un eficaz e insoportable principio de universalización. En rigor, una escalada mediática y policiaca para asfixiar a la opinión pública con la impresión de que en cada miembro de la pequeña minoría musulmana que vive en Bélgica –aproximadamente 600 mil habitantes- habría un Bakraoui en potencia, un simpatizante o alguien que cubriera sus espaldas.

 

Sólo así, potenciando el miedo, se explica que la policía belga decidiera acordonar, aislar y mantener bajo extrema vigilancia el barrio de Moleenbeck, donde vive el grupo más belga de todos los musulmanes. Un nuevo paso policiaco que evoca fechas oscuras. Una semana antes de la Noche de los Cuchillos Largos en 1938 en Alemania, los barrios judíos fueron acordonados por primera vez.

 

El día de ayer, la aviación militar belga se sumó a los bombardeos contra el Estado Islámico en la frontera siria. Con esto ya son seis ejércitos cuyas fuerzas aéreas están reduciendo a polvo la región: Estados Unidos, Rusia, Turquía, Inglaterra, Francia y, ahora, Bélgica. Con el apoyo –o, al menos, la indiferencia– de sus respectivas poblaciones. Si hay algo que funciona en el secreto mecanismo de estos atentados terroristas es, sin duda, la disponibilidad para ampliar la guerra de sectores cada vez más amplios de la ciudadanía europea. Una guerra que, a su vez, representa una de las causas centrales de la oleada de apátridas y refugiados que, provenientes de Siria e Irak, buscan abrirse camino hacia Europa.

 

Muy lejos del sueño democrático en el que se inspiró la unidad europea a partir de 1991, es evidente que esa unidad busca hoy afianzarse por la vía de la conformación de un régimen que privilegia la cancelación de derechos y libertades constitucionales, la expansión de los aparatos policiacos, la unificación de los sistemas de inteligencia y la transformación de los Estados europeos en Estados de seguridad. Y si alguien abona legitimidad a este giro europeo, son precisamente los refugiados e inmigrantes del mundo musulmán convertidos en chivos expiatorios de la constitución de estas nuevas maquinarias de vigilancia y control. Control y vigilancia, en primera instancia, de la propia población europea, que verá reducidos sus espacios de acción política y su capacidad para oponerse a los nuevos dueños del Viejo Continente: las maquinarias bancarias, la tecnocracia política y la criminalización de la vida pública.

 

Nadie mejor que los europeos conoce la historia de las funciones que ha ejercido el terrorismo a la hora de legitimar la formación de los Estados modernos. Es una historia cuyo inicio se podría datar con Robespierre en 1793, y después en el violento nacionalismo del siglo XIX. Otro ejemplo, ya en el siglo XX, sería el terrorismo que fomentaron las organizaciones sionistas en Palestina antes de la fundación de Israel. La paradoja reside en que, al menos en las estructuras políticas del mundo contemporáneo, el terrorismo funciona como un tipo de violencia que crea el derecho a terminar con el terrorismo mismo, es decir, que propicia el Estado de seguridad.

 

Hoy se podría argüir que se trata de contraterrorismo. Pero la esfera en que ambos se mueven es idéntica: expropiar a las sociedades –tanto en Europa como en el cercano Oriente– de una noción de la política que arraigue sus poderes en las manos de la gente.

 

Se suele comparar la situación actual con la involución autoritaria de los años 30. Hay bastantes razones para ello. Pero hay una diferencia. En los 30, el autoritarismo (y en particular el fascismo) impuso el estado de excepción contra la voluntad de sus sociedades. Hoy la estrategia es muy distinta: crear escenarios en los que la misma gente exija la instauración del estado de excepción. Hay un refinamiento perverso en esto.

 

 

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Lunes, 29 Febrero 2016 06:36

Tinieblas (y rayos de luz)

Tinieblas (y rayos de luz)

Cuidado, por favor, si uno anda dando vueltas por este país. El Klu Klux Klan reaparece en las noticias, gobiernos envenenan a sus ciudadanos, se repiten amenazas de más guerras contra quien sea, se defiende la tortura como técnica legítima, se aplastan sindicatos, mientras continúan las guerras contra los derechos de las mujeres, los afroestadunidenses, los musulmanes, y se intensifica la ola antimigrante, y eso sin mencionar la risa del 1 por ciento más rico ante la desesperación de buena parte del otro 99 por ciento, o lo que los científicos informan sobre el fin del mundo. Estamos viviendo en la tinieblas.


Todos los días se reporta sobre lo más oscuro y ominoso, y las conversaciones versan sobre qué tan mal va la cosa. Aquí huele cada vez más a algo que podría ser fascismo. ¿Pasarán?


Mucho de esto se manifiesta en el fenómeno de Donald Trump, aunque lo más preocupante no es el bufón peligroso en sí, sino la ola de apoyo de que está gozando, y que ahora lo más retrógrada y lo peor de este país tienen un mensajero que podría llegar a la Casa Blanca. Amo a los poco educados, gritó después de su triunfo en Nevada, al señalar que esa es una de sus bases más fieles. Es elogiado cuando declara que desea golpear en la cara a un manifestante anti Trump. Y continúa con sus promesas de construir un muro para que los mexicanos no vengan a violar y a matar estadunidenses, de perseguir a los musulmanes y más (pobre de quien sea musulmán mexicano en este coyuntura). Y todos aplauden, gritan.


Hasta los periodistas ahora corren peligro. Durante los últimos meses, en los multitudinarios actos de campaña de Trump, los reporteros y fotógrafos son enviados a sitios reservados para la prensa, donde están acorralados. En cada acto, como parte del discurso, llega un momento en que Trump señala hacia donde están los periodistas para acusarlos de mentir, engañar y más, incluso los llama mugre (scum), mientras sus seguidores les gritan insultos. Hace un par de meses esto llegó a tal nivel que un reportero comentó a su jefe que tal vez necesitaría una escolta de seguridad para su protección al seguir cubriendo esta campaña.


Pero ahora Trump amenaza con que al llegar a la Casa Blanca cambiará las leyes para poder demandar a cualquier medio –mencionó al New York Times y al Washington Post como “los medios más deshonestos que he visto en mi vida (ambos han criticado al multimillonario repetidamente)–, entre otros, si se atreven a publicar artículos a propósito negativos, horribles y falsos. No mencionó que eso implica anular buena parte de la Primera Enmienda constitucional, que garantiza la libertad de expresión.


Muestras aún más ominosas de la ola racista que acompaña al fenómeno oscuro en estos últimos días fue el respaldo a Trump de David Duke, ex líder del Ku Klux Klan (KKK), quien comentó que “votar contra Trump... es en verdad una traición a tus antepasados”. Por otro lado, el líder ultraderechista francés, Jean-Marie Le Pen, también ha expresado su apoyo a Trump.


No es sólo Trump: todos los precandidatos republicanos se distinguen por su rabia antimigrante, por su posición anticientífica de negar la existencia del calentamiento global, y todos usan la Biblia para argumentar justo lo opuesto del mensaje de Jesucristo.


Mas allá del ámbito electoral continúa la ofensiva derechista contra esta sociedad. La guerra contra los sindicatos de gobernadores y legisladores conservadores que buscan destruir su poder político con nuevas leyes diseñadas para debilitarlos en lugares como Wisconsin y hasta en California.


Una cuarta parte de las clínicas de aborto del país han cerrado, afectando el acceso a más de 30 millones de mujeres, como resultado de leyes antiaborto promovidas por varios estados.


El sábado hubo un enfrentamiento entre integrantes del KKK que pretendían hacer un mitin antimigrante y opositores cerca de Disneylandia, en California, donde por lo menos tres antiKlan fueron heridos –uno de gravedad– con cuchillos y otro aparentemente con la punta del asta de una bandera de la Confederación (las fuerzas del sur de la Guerra Civil).


En Texas, el decano de la escuela de arquitectura de la Universidad de Texas renunció a su puesto en parte por la aprobación de una ley estatal que permite que la gente porte armas ocultas en instalaciones académicas públicas, incluidas las aulas.


En Michigan, el gobernador republicano, feliz de recortar servicios y programas públicos, encubrió las consecuencias de un cambio en el servicio de agua potable en la ciudad de Flint, Michigan, que resultó en el envenenamiento con plomo a miles de familias.


Todos los días hay más huellas del paso de esta derecha en este país. Y no pasa un día en que alguien mencione que Hitler llegó al poder mediante el voto.
Rayos de luz


Por supuesto vale recordar que las fuerzas extremistas de derecha no cuentan con el apoyo mayoritario de esta población. Mas aún, hay expresiones esperanzadoras en varios ámbitos: la lucha por un salario digno de trabajadores de servicios y Walmart, Black Lives Matter, rebeliones contra esfuerzos para privatizar la educación pública y, por supuesto, la campaña sorprendente del socialista democrático Bernie Sanders con su masivo apoyo de jóvenes.


Y obviamente se está generando cada vez mayor oposición entre varios sectores minoritarios ante la retórica racista de los republicanos, y algunos pronostican un incremento dramático en la participación electoral de afroestadunidenses y latinos en la elección general, lo cual podría poner en jaque un triunfo nacional republicano. Una encuesta del Washington Post/Univision registró que 8 de 10 latinos tienen opinión desfavorable de Trump (aunque eso hace pensar sobre quiénes serán ese 20 por ciento que no).


Pero tal vez es hora de que los defensores de los mejores principios universales por todo el mundo piensen en organizar Brigadas Internacionales para apoyar a sus aliados dentro de Estados Unidos en un grito de no pasarán y rescatar a esta república de las tinieblas.

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Lunes, 09 Noviembre 2015 07:09

Cambios y reacción

Cambios y reacción

Lo más alarmante de que Donald Trump vaya a la cabeza en las preferencias de la contienda republicana para la candidatura presidencial, es pensar quiénes son esos millones que lo apoyan con tanto entusiasmo. ¿Quiénes son los que responden con tal exaltación a un mensaje xenofóbico que culpa a los otros por el fin de la grandeza estadunidense? ¿Cómo es que un bufón multimillonario tan peligroso se vuelve héroe para tantos?


No es tan extraño que una estrella de reality shows sea protagonista en una contienda electoral que a veces parece más un espectáculo producido y dirigido por patrocinadores empresariales que un ejercicio esencial de lo que aquí llaman democracia. Pero una clave mucho más importante para entender el fenómeno no consiste en analizar a Trump, sino los trumpistas.


Parte de esta clave está en el título de su nuevo libro, America lisiada; cómo volver a hacer grande a America. Volver a hacer, o hacer de nuevo, es un mensaje muy cuidadosamente diseñado. Estados Unidos está discapacitado, dañado, ha perdido su grandeza y hay que volver a hacerlo grande. Va dirigido a un amplio sector que percibe que el Estados Unidos de antes se ha perdido, que se desvanece.


¿Y quién tiene la culpa? Según Trump, los otros, los que no son de aquí, los inmigrantes y el resto del mundo donde Estados Unidos ha dejado de imponer su voluntad y ha cedido a otros (con Putin, con China, como también en el terreno del comercio internacional). Hay que sacar a los otros del país, hay que imponer la voluntad estadunidense de nuevo en el mundo, hay que volver a lo que era.


Trump y sus filas tienen toda la razón. Estados Unidos no es el de ayer aquí adentro (ni en su margen de maniobra allá afuera). Se está viviendo el fin de ese Estados Unidos definido por ser blanco, anglosajón y guiado por una visión semireligiosa protestante de lo que se llamaba el sueño americano. Y esto tiene implicaciones profundas.


Y algunos sectores viven este fin con consecuencias dramáticas. Una nueva investigación de los economistas Anne Case y Angus Deaton (quien ganó el premio Nobel de economía este año) de Princeton sacudió al país en los últimos días al encontrar un dramático e inesperado incremento en la tasa de mortalidad entre hombres blancos de entre 45 y 54 años de edad en Estados Unidos por alcoholismo, drogas, suicidio y más.


Los datos revelan que los más afectados son hombres blancos con estudios sólo hasta preparatoria y que enfrentan marginación en la fuerza laboral. Los investigadores señalan que entre los factores de este incremento de la tasa de mortalidad –fenómeno tan único en Estados Unidos– es la reducción en oportunidad económica para este sector, el incremento en la desigualdad y que el sueño americano no se cumplirá para ellos (es decir, que cada generación será más próspera que la anterior).


No se ha detectado algo parecido en un desplome de la expectativa de vida en el mundo desarrollado desde los primeros días de la epidemia del sida, y es parecido –aunque menos grave– a lo que sucedió en Rusia después del colapso de la Unión Soviética.


Ese sector fue, hace unas décadas, el símbolo del sueño estadunidense –los que obtenían empleos de por vida en el sector industrial y, en gran parte por los sindicatos, lograron una vida estable de clase media. Pero desde finales de los años 70 esto se ha revertido por el desmantelamiento del sector industrial, el traslado de producción al extranjero, acelerado por acuerdos de libre comercio, y una guerra abierta contra los sindicatos– y con ello este sector ha visto un desplome en ingresos y oportunidades.


Paul Krugman, economista premio Nobel, lo resume así: "los datos muestran una sociedad apremiada por la desesperanza... Algo terrible le sucede a la sociedad blanca estadunidense".


Trump tiene un eco entre este sector. El veterano periodista y columnista Harold Meyerson, del Washington Post, señala que Trump obtiene su apoyo principalmente de republicanos de clase trabajadora, quienes son atraídos por su oposición a acuerdos comerciales, su apoyo del Seguro Social y Medicare (programas de bienestar social) y su denigración de los inmigrantes; un programa similar al de los partidos racistas-populistas de derecha de otros países con apoyo de trabajadores como el Frente Nacional en Francia.


Por supuesto, no todos los trabajadores blancos están con Trump. De hecho, el mensaje del socialista democrático Bernie Sanders, del lado demócrata, también está generando apoyo sorprendente (para las cúpulas) entre amplios sectores de trabajadores blancos y de todos los colores. Pero lo de Trump también se nutre con el otro gran cambio en este país: el fin del Estados Unidos blanco.


La Oficina del Censo de Estados Unidos proyecta que para 2044 los blancos pasarán a ser una minoría más en este país; o sea, que será un país de mayoría de minorías, con los blancos como la minoría más grande, pero ya no superarán el 50 por ciento de la población (los blancos actualmente representan 62 por ciento).


En los últimos 50 años han llegado 59 millones de inmigrantes a Estados Unidos (el porcentaje de los nacidos en el extranjero de esta población está a un nivel casi récord: 14 por ciento). Y durante ese tiempo, estos inmigrantes y sus descendientes representan 55 por ciento del crecimiento de la población, y con ello están transformando la composición racial y étnica del país, reportó el Centro de Investigación Pew este año.


El cambio asusta, y no es nada nuevo que un político utilice el miedo para transformarlo en reacción; son reaccionarios pues. Tal vez el fenómeno Trump es más bien la confirmación de que su Estados Unidos está por desaparecer y está naciendo otro en el que él y otros políticos como él serán relegados a ser una minoría irrelevante.


El gran cómico Stephen Colbert escribió un libro hace unos años en el que se burlaba de la arrogancia infantil de los que ya (ojalá) perdieron el futuro. El título: America otra vez: rehacer la grandeza que nunca no fuimos.

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Se rasgan las vestiduras, se cubren al estilo bíblico la cabeza con cenizas, (a falta de cenizas, con palabras y tinta impresa, vaciadas de contenido) y claman a los cuatro vientos las barbaridades xenofóbicas del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sobre los bolivianos, peruanos y paraguayos, a quienes les achacan los males de la ciudad y ser los ocupa de Villa Soldati.

Hay que buscar culpables externos para tapar las culpas propias, es mucho más cómodo. Bien dice el Evangelio: "antes de ver la paja en el ojo ajeno, mira la viga que tienes en el tuyo"

Los vecinos del parque Indo-Americano después de largos años de esfuerzo lograron tener sus viviendas. Hoy están enfrentados a los okupa y reclaman que los envíen de vuelta a sus países, discriminando y rechazando a otros pobres, muchos de ellos del interior del país, campesinos e indígenas que fueron expulsados de sus tierras y llegaron a la gran ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida.

En éste conflicto no faltan los delincuentes, que aprovechándose de la necesidad de los pobres por tener una vivienda, les vendieron tierras públicas. No faltaron los punteros políticos que manipulan las necesidades de la gente.

La toma de tierra en el Club Albariño, vuelve a los enfrentamientos entre vecinos y okupas y se suman otras en diversos partes de la ciudad, como en las vías del ferrocarril en Retiro, con el peligro que lleva la proximidad a las vías.

En ésta maravillosa y sufrida Argentina, de 40 millones de habitantes, según el reciente censo nacional, con un extenso y rico territorio, no tendría que haber problemas de viviendas y debería haber trabajo para una vida digna.

La concentración del poder y recursos de los cuales se están apropiando empresas extranjeras y empresarios inescrupulosos apoyados por el gobierno nacional y los gobernadores, acumulan más y más territorio a costa de los que menos tienen y les quitan lo poco que les queda, como a los pueblos originarios que sufren la discriminación y contra quienes se comete un genocidio silencioso. Toda esa explotación se realiza con total y absoluta impunidad.

Llegan noticias del Chaco, mueren de hambre y desnutrición los indígenas, y apenas son noticia en la agenda oficial.

En Formosa, el caso de la Comunidad Primavera del los Qom, algunos representantes están en Buenos Aires, reclamando sus derechos, no los escuchan, no quieren verlos, los tratan como "no personas". El gobernador de Formosa explota y discrimina, es responsable de los asesinatos y xenofobia contra los pueblos originarios, lo mismo ocurre en Salta, Jujuy, Tucumán. El gobierno nacional guarda silencio cuando son sus aliados. Es hora que despierte a la realidad que vive el país y tome decisiones concretas.

En Misiones las noticias son trágicas. La muerte por hambre, desnutrición, destrucción de la biodiversidad, no son noticia para los grandes medios, ni para el gobierno. Un neonazi, Biondini, apoya a Macri, el escritor Marcos Aguinis, reclama mano dura para poner fin a los conflictos, no para resolverlos con justicia.

En pocos días los cristianos celebraremos la Navidad; cada uno desde su comprensión y creencia. Es necesario reflexionar, pensar y actuar. Debemos aprender a compartir el pan que alimenta el cuerpo y el espíritu, la necesidad que en cada hogar de la Patria Grande, de nuestra América mestiza, podamos superar y desterrar la xenofobia, la intolerancia, la discriminación.

Debemos derribar los muros que nos dividen, separan y enfrentan. Sabemos que los muros más duros de derribar son los que tenemos en la mente y el corazón. Los problemas que vive el país no se resuelven con más policías, y la llamada "seguridad". Los desafíos son grandes y es necesaria mucha serenidad y sabiduría para saber por donde caminar.

La presidenta de la Nación, Cristina sabe que la seguridad está en que no se mueran niños de hambre, que se respete el derecho de los pueblos, que los necesitados puedan acceder a una vivienda justa. No esperemos que el gobierno de solución a todos los problemas, es necesaria la solidaridad entre nuestro pueblo, de empresarios, iglesias, organizaciones sociales.

Es cierto que existen desde el gobierno planes de viviendas populares, por ayuda mutua y esfuerzo propio, con la participación de diversos sectores sociales. Es necesario tener presente que el problema es estructural y social, que la demanda va a crecer y si no se toman medidas y políticas públicas, tanto a escala nacional como provinciales y se reclaman a los gobernadores conductas y proyectos coherentes con el bien del pueblo, los conflictos se van a agudizar. Se debe parar la expropiación de tierras y expulsión de los pobladores, se necesitan proyectos coherentes y créditos para su desarrollo.

Muchos en el país y el continente luchamos y compartimos la esperanza en los caminos de liberación. Como decía el Che: "hay que ser duro como el acero, sin perder la ternura" hasta derribar las fronteras que nos impusieron para dividir a los pueblos y lograr recuperar la soberanía.

Aquellos que discriminan, implantan la xenofobia y la discriminación, son esclavos de si mismos y del sistema de dominación; les falta dignidad y grandeza de reconocer al otro y a la otra como un igual y con los mismos derechos en la Patria Grande.

Por Adolfo Pérez Esquivel. Premio Nobel de la Paz 1980.
 

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Viernes, 17 Diciembre 2010 08:25

Una respuesta a las posiciones xenófobas

“No hay vuelta atrás con relación al Mercosur”, aseguró ayer el canciller Argentino Héctor Timerman en su intervención durante la reunión previa al encuentro de presidentes que sesionará hoy. Los integrantes del organismo regional dieron un importante paso para la integración política del bloque al dar inicio a la conformación de un Estatuto de la Ciudadanía de la región que tendrá un fuerte impacto y facilitará la migración entre países. La discusión sobre el tinte racista y xenófobo de algunas declaraciones que se escucharon en los últimos días a propósito de la ocupación del Parque Indoamericano se coló en la cumbre y los presidentes firmarán hoy una declaración conjunta condenando la intolerancia, contraria a la integración del bloque.

Casi como una respuesta a las declaraciones del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, sobre la supuesta existencia de una “inmigración descontrolada”, el Mercosur sancionará hoy un acuerdo por el que se establecerá un Estatuto de la Ciudadanía para los nacidos en los países del bloque. Si bien se firmó un primer plan de acción, “la discusión y el armado del estatuto es un avance muy importante para la integración política”, señaló a Página/12 un funcionario de la Cancillería.

En el texto del documento elaborado por los ministros de Relaciones Exteriores de la región se pone como objetivos “ampliar y consolidar un conjunto de derechos básicos y beneficios para todos los ciudadanos de los Estados miembros del Mercosur”. La iniciativa consiste en un plan de acción a imponer en el término de diez años y que tendrá “un impacto directo en la vida cotidiana de decenas de millones de ciudadanos del Mercosur, el alcance, entre otros, los ámbitos del empleo, el bienestar, la educación, la libre circulación de personas, las normas comunes para la identificación de personas y vehículos en las tasas de telecomunicaciones y de consumo”. Por ello, detalla que se establecerá “un estándar de documento de identidad y la armonización de los documentos de información” y “la mejora de la Declaración Sociolaboral del Mercosur”.

El acuerdo por el estatuto tuvo un rápido tratamiento, ya que había sido propuesto en la cumbre anterior, en San Juan. La propuesta fue impulsada por los brasileños que hoy entregan la presidencia pro témpore a Paraguay. En el documento que será ratificado hoy por los presidentes se deja en claro que “parte de los esfuerzos para crear una ciudadanía del Mercosur, el Plan de Acción es en el contexto de promover el pilar de la ciudadanía del bloque con miras a desarrollar un Mercosur de los Pueblos”. A su vez recuerda que ya se han alcanzado altos grados de comunión porque con políticas en marcha como la “exención del pasaporte para viajar al interior del bloque y asociados, se facilitó la obtención de residencia permanente, la recepción de las pensiones y las prestaciones de jubilación de aportaciones realizadas en diferentes países del bloque”.

Alto Representante

“Es necesario contar con una figura que pueda cumplir el rol de representante del Mercosur ante terceros y que a su vez tenga la capacidad de observar el proceso de integración desde una perspectiva diferente a la de los negociadores de los Estados partes”, señaló Timerman al anunciar la creación del cargo del Alto Representante del Mercosur que también será ratificado por los presidentes. La idea de un coordinador del espacio político común venía cobrando fuerza y en estos meses la impulsó Brasil para dar mayor “institucionalidad”. Se mantuvo en reserva el candidato para ejercer el cargo, aunque el saliente canciller Celso Amorim se autoexcluyó y también lo hizo con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien hoy será protagonista excluyente al participar por última vez de esta cumbre.

Anteriormente, el representante del bloque era el presidente de la Comisión de Representantes Permanentes por el que pasaron sucesivamente el ex presidente Eduardo Duhalde y el ex vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez, por dos períodos.

Cumbre Social

Con la tónica impuesta desde la Cumbre Social que se desarrolló en forma paralela durante estos días, se creó la Unidad de Apoyo para la Participación Social. Creada como un “órgano auxiliar del Alto Representante”, estará orientada a fortalecer la participación social “en el proceso e integración”. Los presidentes dieron un fuerte espaldarazo al participar anoche por primera vez en el cierre del encuentro que reúne a los movimientos sociales de la región. Allí aprobaron el “Plan Estratégico de Acción Social”: plantea la erradicación del hambre y la pobreza y combatir la desigualdad social; la garantía de los derechos humanos, asistencia humanitaria y la igualdad étnica, racial y de género y garantizar el acceso a un trabajo digno y derechos sociales. El secretario de Comercio Internacional, Luis María Kreckler, señaló que la cumbre de Foz de Iguazú “es tan importante como la que se realizó en San Juan, ya que se ha avanzado hacia la institucionalización política del mercado común”. En tal sentido, se logró el acuerdo para el criterio de representación que determinará el número de bancas que cada país tendrá en el Parlamento del Mercosur: Brasil contará con 75 parlamentarios, Argentina con 43, Paraguay y Uruguay con 18 cada uno. En los próximos años la elección de los parlamentarios se realizará por el voto directo de cada país. Queda por resolver el ingreso de Venezuela al Mercosur, aún estancado en el Senado de Paraguay.

Lula fue el encargado de cerrar la jornada anoche, acompañado por los presidentes de Paraguay, Fernando Lugo, y de Uruguay, José Mujica. La presidenta Cristina Kirchner no podía llegar antes por motivos de agenda, según informaron voceros del gobierno argentino. “Todas estas conquistas sólo fueron posibles por el clima de entendimiento y de verdadera fraternidad. Sabemos de la importancia de la solidaridad y la justicia social, que deben ser la puerta de entrada de nuestros pueblos”, señaló.

Por Julián Bruschtein
Desde Foz de Iguazú
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Hay una ola antinmigrante llena de xenofobia en EU, Europa y otras regiones: relator de la ONU.

Puerto Vallarta, Jal. El relator especial de las Naciones Unidas para la Migraciones, Jorge Bustamante, anticipó que antes de mejorar, en los plazos corto y mediano la situación para los migrantes en el mundo “se va a poner peor”.

Entrevistado en exclusiva por Notimex en el marco de las Jornadas de la Sociedad Civil del IV Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo, el funcionario reconoció que su visión respecto a la situación de los migrantes en el mundo es pesimista.

Explicó que hay “una especie de ola mundial antiinmigrante llena de xenofobia y prejuicios que se expresa no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa” y otras regiones del mundo.

Por ello el único camino para quienes luchan en favor de los migrantes es, precisamente, seguir luchando sin esperar que en el corto o el mediano plazos haya cambios positivos “a la vista de lo que está ocurriendo en Estados Unidos”, por ejemplo.

En otro tema, el relator de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) exigió al gobierno mexicano una explicación clara no sólo de lo que pasó en San Fernando, Tamaulipas, donde fueron asesinados 72 migrantes centroamericanos, sino de cuáles serán las acciones a tomar.

Aseguró que el IV Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo ya ha solicitado oficialmente una explicación, pero “hasta ahora no sabemos qué acciones va a tomar el gobierno (ni) cuál es la política para evitar” que se repitan hechos de esta naturaleza.

Por el momento “no sabemos la postura del gobierno de México para prevenir una cosa tan dramática, que va a ser historia negativa en el futuro”, externó Bustamante Fernández.

En ese sentido, el ex titular del Colegio de la Frontera Norte aseguró que este foro es “un reclamo diplomático” para las autoridades mexicanas, que deben ofrecer una explicación más amplia de los hechos y reconocer deficiencias.

“Tenemos que escuchar del gobierno de México algo diferente a que solamente es el crimen organizado el culpable”, porque la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha reportado que hay policías de los tres niveles de gobierno involucrados en el plagio de migrantes.

Debido a que los policías son representantes de la autoridad, “el gobierno tiene que responder como un acto de gobierno, como lo que en Derecho Internacional se conoce como una responsabilidad de Estado”.

Frente a estos hechos “el gobierno tiene que reaccionar con responsabilidad, y no lo ha hecho”, por lo que confió en que las autoridades interpreten este foro internacional como un “reclamo internacional para que el gobierno nos aclare qué piensa hacer”.

El gobierno de México debe decir primero “sentimos mucho lo que pasó”, opinó el funcionario de la ONU, y después explicar: “para evitarlo vamos a tomar las acciones A, B, C y D”.

Sin embargo Jorge Bustamante Fernández consideró que las autoridades mexicanas no han dado semejante explicación, que sin duda es indispensable en este momento.

Notimex
Publicado: 09/11/2010 08:44

Sondeo: uno de cada siete hispanos residentes en EU migraría


Washington. A uno de cada siete hispanos residentes en Estados Unidos, unos 4 millones de adultos, le gustaría migrar, aunque no forzosamente a un país latinoamericano, según un sondeo realizado este martes por la firma especializada Gallup.

Unos dos millones de hispanos quisieran irse a América Latina (52 por ciento de los entrevistados), y un tercio de ellos a México, según el sondeo.

"Una minoría apreciable -unos dos millones de adultos- quisiera irse a lugares como Canadá (8 por ciento), España (8 por ciento) el Reino Unido (5 por ciento) y a otros países no latinoamericanos", explicó el comunicado de Gallup.

Tras entrevistar a mil personas de origen hispano en 2009, Gallup constató que en su mayoría se consideran peor tratados, con menos oportunidades y con más dificultades lingüísticas que otras minorías en el país.

Los hispanos constituyen globalmente (adultos y menores) la principal minoría en Estados Unidos, con unos 45 millones de personas.

"El 15 por ciento de los hispanos estadounidenses que afirman que quisieran trasladarse a otro país de forma permanente si pudieran es superior al 10 por ciento de la media nacional", constata el texto.

Sin embargo, ese 15 por ciento es todavía inferior al 22 por ciento de latinoamericanos que quisiera abandonar su país natal, según Gallup, que realiza sondeos similares en otras regiones del mundo.

Los hispanos residentes pero nacidos en otro país son los que más ganas tienen de abandonar Estados Unidos. La media en ese caso es del 18 por ciento.

La Jornada

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Salvador de Bahía, 5 de noviembre. La elección de Dilma Rousseff ha desatado una ola racista en Brasil. Y no porque la presidenta electa sea hija de un inmigrante búlgaro –un comunista que se hizo medianamente rico–, sino porque en la región noreste, la más pobre y la más morena del país, el voto por la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) superó con creces al de José Serra, aspirante del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

En todos lados se cuecen las habas del racismo y el regionalismo: Haga un favor a Sao Paulo: mate un nordestino ahogado. La frase que incita a matar habitantes del noreste de Brasil, porque no son gente, fue escrita por la estudiante de derecho Mayara Petruso la madrugada del lunes. Para entonces ya se sabía que candidata del PT había obtenido en el norte y noreste del país la mayoría de los 12 millones de votos (10.7) que hicieron la diferencia. Petruso, del sureño Sao Paulo, votó por Serra.

El desahogo se convirtió en pocas horas en uno de los tópicos más comentados en las redes sociales y reavivó un viejo debate sobre el peso del voto de los pobres, mestizos y negros en un país donde el voto es obligatorio.

Pese al repudio generalizado, en la red se creó un grupo para enviarle un abrazo virtual a la estudiante. Se sumaron mil 400 personas. ¿A dónde se lo enviarán? A saber, porque luego de ofrecer una disculpa en Orkut, la joven canceló todas sus cuentas y también dejó de asistir a la universidad. Además, el despacho jurídico Peixoto e Cury, con oficinas en Sao Paulo y Nueva York, informó de su despido, al tiempo que lamentó su infeliz opinión personal.

El caso de Petruso ha sido el más sonado, pero está lejos de ser algo aislado. En la campaña electoral, las redes sociales estuvieron repletas de comentarios racistas y clasistas, principalmente contra “los nordestinos pretos (negros) e ignorantes” que votan por el PT.

Unas horas después del mensaje de Petruso, y mientras en la red florecían comentarios similares, otros usuarios crearon el sitio Xenofobia No, destinado a recopilar los mensajes discriminatorios contra los nordestinos (son incontables), pero más tarde para mostrar las expresiones discriminatorias que se divulgan en las redes sociales. (En los siguientes párrafos, se reproducen algunas en cursivas).

La versión de los perdedores

Me volví racista hoy por causa de ustedes, negros apestosos que sólo quieren tener hijos y engordar la barriga con el dinero de los que trabajan (andrebitarello).

No nos sorprende más. Siempre hay esas expresiones contra nosotros, que somos flojos, que tenemos muchos hijos, pero ellos, los paulistas, se han hecho ricos con el trabajo de los nordestinos que van para allá, dice Eduardo, un joven estudiante de una escuela técnica, quien habla al lado de un local de artesanías afrobrasileñas y bajo un letrero que dice: Voto negro consciente.

Eduardo habla en el barrio de Pelourinho, cuyo nombre, que significa lugar de azote, le viene de la pequeña plaza donde los portugueses vendían esclavos. A la primera provocación, se sumerge en un largo listado de razones para votar por Dilma, que van mucho más allá de la Bolsa Familia u otro beneficio que él o su familia hayan recibido del gobierno de Lula.

Lo dice de otra manera Marcos Coimbra, presidente del instituto Vox Populi: el comportamiento electoral de los brasileños depende más de las diferencias de opinión que de determinaciones materiales (no es la economía, estúpido). En un artículo, Coimbra sostiene que hay tucanos (votantes del PSDB) pobres y ricos, en el norte y el sur, con alta y baja escolaridad. Así como hay petistas en todas las franjas y nichos de nuestra sociedad. Dilma venció porque ganó en el conjunto de Brasil y no en razón de un segmento.

Maldita sea, continúo odiando cualquier lugar encima de Belo Horizonte (@niderodroigues). Rodrigues debería odiar también a Belo Horizonte, Minas Gerais, pues en su estado también triunfó Rousseff por amplio margen. En Sao Paulo y Minas Gerais, muchos beneficiarios de los programas federales llevaron a las gubernaturas a los candidatos del PSDB.

El argumento de la compra de voto de Lula a través de Bolsa Familia y otros programas tampoco se sostiene, pues Rousseff sólo obtuvo entre sus beneficiarios un poco más de votos que su oponente, dice Coimbra.

Según el analista, los argumentos de la clase media antilulista de que la gente vota con el estómago, porque es pobre e ignorante, o porque un programa social la esclaviza, son tres mitos que deben combatirse. Si no, nos quedaremos con la versión de los perdedores.

La playa y el nordestino ilustre

“Yo apoyo no sólo matar un nordestino, sino a todos los pobres e ignorantes de mi Brasil, por un mundo mejor (@aanacarla).

El jueves, la asociación de abogados de Pernambuco presentó una denuncia contra la estudiante ante el Ministerio Público, bajo el amparo de una ley que castiga los prejuicios de raza, color, religión y procedencia nacional. Henrique Mariano, presidente de la asociación, pidió que la estudiante, de 21 años, sea juzgada por los delitos de racismo e incitación al homicidio.

Señora lluvia, arrastre las urnas. No deje a ese pueblo votar. (dimitriusgarbis).

A mediados de este año, las inundaciones causaron decenas de muertes en Pernambuco y Alagoas. Las redes sociales también se llenaron de comentarios similares. En Orkut fue creado un grupo llamado Odio Nordestino, donde se lamentaba que a consecuencia del desastre natural más familias de migrantes nordestinos llegaran al sur.

También hubo nordestinos que respondieron con mentadas de madre y otros que argumentaron en serio. El tag #orgulhodesernordestino fue, tras la elección, uno de los primeros Trending Topics Brasil (las palabras clave más utilizada en Twitter) y uno de los más comentados del mundo.

“Ahora quiero ir a un super resort del nordeste y cuando me traigan mi toalla o mi jugo, ¿les quedará orgullo? (@raaulduarte).

Quizá el debate en la red no tuvo nada que ver, pero este viernes la presidenta electa descansa en la playa Itacaré, considerada una de las más bellas del país. Aunque nunca quiso decir cuál era su destino, la prensa brasileña describe incluso su paseo y se regodea en detalles sobre los 15 minutos que nadó en esta playa del nordeste.

Sólo Hitler acabará con la raza de los petistas, construyendo una cámara de gas en el nordeste. (medeiros_raah).

La tarde cae cuando Eduardo sigue hablando de las privatizaciones en la era de Cardoso, de la salud, la educación y de su orgullo de que esta región sea ahora la de mayor crecimiento de Brasil.

–Bueno, quizá les molesta un nordestino es especial...

–No me interrumpa, ahí es donde quería llegar: están enojados con ese nordestino llamado Lula.

Por la noche, el presidente dirige un mensaje al país. Los medios anticipan que será de sólo cuatro minutos y medio, destinado a enfrentar la crispación poselectoral.

Por Arturo Cano
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