Miércoles, 17 Octubre 2012 18:55

La experiencia de la infinitud

Escrito por Gonzalo Arcila Ramírez
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Pablo Dávalos escribió una amplia reseña crítica al libro de Carlos Eduardo Maldonado “Termodinámica y complejidad”. En su respuesta, el autor del libro le propone un diálogo. Quiero celebrar ese llamado. Se trata de hacer realidad el propósito que orienta la colección que inaugura ediciones desde abajo con el libro comentado.

En la presentación de la colección se parte del reconocimiento de la existencia de un proceso revolucionario en la ciencia. Se lo declara así: “Asistimos a una auténtica revolución científica”. Luego se agrega: “La ciencia se lleva a cabo en la forma de debates, críticas, refutaciones y la construcción de rigor cada vez mayor. Si ello es así, la ciencia funda una forma de vida fundada en la combinación entre mentes abiertas y críticas y el debate como nutriente de una investigación cada vez más cualificada que nos ayude a entender mejor el mundo en el que vivimos a la vez que incide en el mismo conservando lo mejor del acerbo de la humanidad y transformando el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”.

El diálogo conceptual propuesto hay que mantenerlo para que pueda germinar como forma de vida y, así mismo tiempo, para que enriquezca el sentido y el significado político de la tarea de transformación de nuestra contemporánea realidad planetaria.

Ahora ocupémonos del diálogo y el debate. C.E. Maldonado se plantea su libro como una introducción para las ciencias sociales y humanas de las teorías de la complejidad. Pablo Dávalos tiene reservas sobre la idea de asumir las teorías de la complejidad en las ciencias sociales y humanas y considera que se trata de un nuevo intento de imponer el positivismo, advirtiendo que hay una estrategia política que es necesario develar. Señala que ese intento se da “…en un contexto de un profundo desgaste de la ciencia moderna”. Agrega, además, “…la cuestión es que si la ciencia social incorpora la propuesta epistemológica de las ciencias de la complejidad, se harán más débiles y vulnerables con respecto a las relaciones de poder del sistema, porque todo fortalecimiento de la physis implica mayor opresión para la sociedad”, A modo de conclusión, sostiene: “Mientras más avanza la episteme de la physis, mayor peligro para la sociedad”. Estos juicios están sustentados con amplitud en su texto.

Carlos Eduardo Maldonado, de otro lado, hace una presentación también amplia de sus argumentos y remite a los lectores al estudio de su libro. No quiero abundar en lo escrito por ellos pero considero que el asunto abordado acerca de la “episteme de la physis” abre un tema para la investigación, de amplias implicaciones, en la historia del pensamiento de Marx y Engels respecto a los intercambios entre naturaleza y sociedad capitalista. Especialmente pertinente en relación con las tesis de Pablo Dávalos, es la valoración negativa que en ese momento algunos hicieron del libro de Engels “Introducción a la dialéctica de la naturaleza”. El libro de Engels fue considerado como un retroceso positivista. Habría que retomar ese debate hoy. A ese respecto Michel Serres en su libro “El nacimiento de la Fisica” (1977) presenta un valioso aporte epistemológico.
Pero hay un problema en el libro de C.E. Maldonado que he querido llamar la experiencia de la infinitud y sobre el cual llamo la atención. Se trata de la realidad del tiempo infinito y creador y de la experiencia humana que da cuenta de esa realidad. En esa emergente experiencia, el destino de la naturaleza y la humanidad no es la muerte, tampoco el abandono en un valle de lágrimas, ni la culpa por un pecado que nos privó sin esperanza del paraíso.

C.E. Maldonado trata el tema a lo largo del libro y especialmente en tres capítulos: el tercero, el once y el doce cuyos títulos son: La identificación de lo real, El reencanto del Mundo o la tercera cultura y La inquietud del tiempo. En ellos se plantea como la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio o física del devenir tiene en el tiempo un organizador intrínseco.
El diálogo de la humanidad con la naturaleza adquiere por ello un sentido y un significado radicalmente diferente al que se dio a partir de la física newtoniana, ahora calificada de clásica. En el emergente diálogo hoy posible, la naturaleza no es un enemigo a vencer y esclavizar. La ciencia que hace posible esta nueva experiencia, dice C. E. Maldonado es “…una ciencia de sueños despiertos y de pasiones bien vivas gracias precisamente al doble reconocimiento de que el tiempo no es una ilusión, sino realidad creadora, y que la naturaleza admite diversos puntos de vista, que son complementarios. Tal es, en una palabra, la pasión de la complejidad”.

Ahora bien, estamos apenas en los inicios de este nuevo modo de organizar el diálogo humanidad-naturaleza, lo dominante hoy son las inercias de la ciencia clásica; cuando Pablo Dávalos plantea sus reparos y advierte sobre los peligros de “reducir el acontecimiento social a los límites del positivismo” tiene razón. Es cierto que la mayoría de los científicos de las fatuamente llamadas ciencias duras y blandas, se orientan en sus empeños por el cálculo egoísta y el frio interés y son esclavos asalariados de la élite corporativo cuando no ellos mismo dirigentes de esas élites. Ellos, con su autoridad, dice, Pablo Dávalos son “…en realidad una garantía del poder”.

Esa valoración resulta inadecuada, aplicada al libro de C.E. Maldonado o al informe de la comisión Gulbenkian dirigida por Immanuel Wallerstein. Aquí es necesario recordar que ese informe titulado “Abrir las Ciencias Sociales” (1995) respondía a preocupaciones sobre el modo como los administradores de las universidades estaban reorganizando la investigación y la formación de postgrado. El informe a ese respecto era contundente al plantear el tema de la responsabilidad de los investigadores en ese debate. Leamos: “Si los científicos sociales activos no lo hacen, sin duda los administradores de las instituciones de conocimiento lo harán por ellos”. Y frente a la situación existente decía que no era posible “…seguir ciegamente adelante como se pueda, en la esperanza de que de alguna manera las cosas mejorarán y se arreglarán solas, porque la confusión, la superposición y la escasez de recursos están aumentando simultáneamente y en conjunto pueden llegar a constituir un bloqueo considerable a la creación de nuevo conocimiento”. Esta caracterización dramática (1995) hoy es más grave. La actual crisis planetaria de la universidad, ya no sólo gravita sobre la investigación y la formación de postgrado sino que incluye la formación de pregrado y plantea interrogantes sobre el nexo entre universidad y formación básica.

En el caso colombiano una misión llamada de “sabios”, produjo el informe “Al Filo de la Oportunidad” (1995). El diagnóstico sobre la cultura científica en el país era sombrío. En el informe se planteó lo siguiente: “La idea de que la ciencia es una actividad que interesa sólo a unos pocos la convierte en un factor extraño a la sociedad y a la cultura colombiana. La poca comprensión pública del impacto de la ciencia en la vida cotidiana de todo ser humano, y del papel que ella puede cumplir en el mayor bienestar de la población, es un serio obstáculo para lograr que la investigación científica y la generación y uso del conocimiento se conviertan en factor de desarrollo”.

Pero ahora, a diferencia de hace casi veinte años, existe un vigoroso proceso de crítica a la universidad como hoy existe, aunque todavía es incipiente la idea de una nueva universidad acorde con los desarrollos de las ciencias de la complejidad. El propósito de la colección Ciencia y Sociedad de ediciones Desde Abajo es ayudar a transformar “…el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”. Es, pues, necesario poner estos diálogos en función de los procesos políticos en curso. Hagamos el esfuerzo para que así sea.
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