Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Publicado enColombia
El Hemiscyllium michaeli es una especie de tiburón caminante que vive en arrecifes de coral en la región de la bahía de Milne, en el este de Papúa Nueva Guinea.

Los tiburones han poblado los mares del mundo durante cientos de millones de años. En ese periodo, muchas especies apenas han cambiado. Cuatro especies de tiburones, del género Hemiscyllium, fueron descubiertas por un grupo de expertos de la Universidad de Queensland, en Australia, según estudio publicado en la revista especializada Marine and Freshwater Research.

Estas criaturas de casi un metro de largo viven cerca de Australia y, como su nombre indica, mueven las aletas pectorales delanteras y las aletas ventrales traseras para caminar lenta y pesadamente por el fondo marino o incluso sobre arrecifes de coral fuera del agua durante la marea baja. Esta movilidad permite que los tiburones se desplacen entre las charcas de marea y diferentes áreas del arrecife para depredar cangrejos, camarones, pececillos o cualquier otra cosa que puedan encontrar.

"Durante la marea baja, se convertían en el depredador apical del arrecife", explica Christine Dudgeon, investigadora de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia.

Un estudio a largo plazo de un equipo de colaboradores internacional ha hallado cuatro nuevas especies de tiburones caminantes desde 2008, lo que eleva el total de especies de tiburones caminantes a nueve. Los investigadores también han demostrado que estas especies han evolucionado en los últimos nueve millones de años.

Según Gavin Naylor, director del Programa de Investigación de Tiburones de la Universidad de Florida, se trata de algo muy insólito, ya que la mayoría de los tiburones evolucionan despacio. Por ejemplo, las cañabotas grises, moradoras de las profundidades, "parecen haberse estancado en el pasado. Vemos animales de hace 180 millones de años con los mismos dientes", afirma Naylor.

Pero es probable que los tiburones caminantes sigan evolucionando en sus aguas tropicales autóctonas en torno a Australia, Papúa Nueva Guinea y el este de Indonesia.

"Quizá sea el único lugar del mundo donde se sigue produciendo especiación en tiburones", afirma Naylor. Estudiar a estos animales ayudará a los investigadores a comprender a los animales y por qué "algunos cambian y otros siguen igual", añade.

Retroceder en el tiempo

Hace unos 400 millones de años, los antepasados de los tiburones y el resto de los gnatostomados divergieron. Desde entonces, solo han surgido 1200 especies de tiburones y rayas. Naylor explica que la mayoría de estos animales presentan una evolución y reproducción lentas y son longevos.

En otras situaciones, esta combinación de rasgos haría que un animal fuera menos flexible y más vulnerable a la extinción ya que, en muchos casos, la evolución continua es necesaria para sobrevivir a condiciones cambiantes.

Por ejemplo, puede decirse que «estos seres deberían estar extintos", afirma Naylor. "¿Cómo existes durante tanto tiempo con una tasa de evolución lenta?".

Obviamente, los tiburones no están extintos y han prosperado, sobreviviendo a otras criaturas acuáticas que han aparecido y desaparecido durante su reinado en los mares. Parece que han dado con un método que funciona pese a los constantes cambios del océano.

Naylor afirma que los abundantes arrecifes de coral del área de distribución de los tiburones caminantes son dinámicos, ya que han cambiado de forma continua en los últimos tiempos conforme el nivel del mar aumenta y desciende, las corrientes varían, los arrecifes florecen y se marchitan y las temperaturas cambian. Es probable que este dinamismo haya sido el motor de su rápida evolución y su diversidad.

"Es un tiburón equivalente a las Galápagos, donde se puede observar la evolución de los tiburones en acción".

Asimismo, estos animales son "hogareños", explica Dudgeon, ya que ponen huevos en los arrecifes y no se alejan mucho del lugar donde nacieron. Esto no favorece el flujo de genes y, al parecer, los obstáculos superables —como tramos cortos de aguas profundas—han proporcionado suficiente separación para que los animales evolucionen de forma única en lugares diferentes.

Caminantes desconocidos.

Hasta 2008, solo se conocían cinco especies de tiburones caminantes. Aunque la mayoría presenta una anatomía similar, la coloración y los patrones son diferentes. El análisis genético más detallado del nuevo estudio revela que en realidad hay nueve especies e indica cuándo divergieron las unas de las otras en el pasado reciente.

Dudgeon colaboró con Gerry Allen, del Museo de Australia Occidental, y con Mark Erdmann, de Conservation International, para tomar muestras de ADN de tiburones de la región, cortando trocitos de las aletas sin perjudicar a los animales. También se usaron muestras de especímenes de museos. A continuación, las secuenciaron y analizaron en el laboratorio de Naylor y las compararon para crear un árbol filogenético, un mapa genético del género de los tiburones caminantes, Hemiscyllium.

Al igual que la mayoría de los tiburones, están amenazados por factores como la sobrepesca y la captura para el mercado de acuarios. Dudgeon afirma que, por consiguiente, algunas de las especies, limitadas a zonas muy pequeñas, son vulnerables.

Como muchas han sido descritas hace poco y apenas se han estudiado, faltan datos; solo tres de las nueve especies conocidas figuran en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Por suerte, por ahora no se cree que ninguna de ellas esté amenazada ni en peligro de extinción, "simplemente no sabemos cuál es su situación", afirma Dudgeon.

"Se ha prestado muy poca atención a estas especies", añade.

18 febrero 2020

(Tomado de National Geographic)

El proyecto científico de Francis Bacon 400 años después

En 1620 el Canciller y filósofo inglés Francis Bacon publicó su obra magna La gran restauración. Una de sus apartes era el “Novum Organum”, nombre con el cual pasó a conocerse la totalidad de la obra. Hoy, 400 años después, recordamos los aportes de este pensador, uno de los padres de la revolución científica del siglo XVII.

 

Lo primero que debe decirse es que La gran restauración fue el proyecto de la vida de Francis Bacon (1561-1624)…a él dedicó todos sus esfuerzos. Desde su obra temprana el Canciller había propuesto una profunda reforma del saber precedente que permitiera un verdadero conocimiento de la naturaleza, conocimiento que produciría un dominio sobre la misma. El fin de ese dominio o imperio humano sobre el Universo era satisfacer las necesidades humanas. Por eso, en Bacon, saber y operatividad van de la mano, pues como lo recuerda Antonio Pérez-Ramos en Francis Bacon´s Idea of Science and the Maker´s Knowledge Tradition (1988): “saber algo significaría hacer o poder hacer algo” o, como se ha vulgarizado, “saber es poder”. Pero, ¿por qué el proyecto se llamaba La gran restauración y por qué llegó a conocerse, simplemente, como Novum Organum? Veamos estas dos cuestiones.


Desde su libro The Advancemente of Learning de 1605 (o El avance del saber, como se ha traducido al español) Bacon expuso que en el Edén el ser humano tenía un conocimiento claro y transparente de la naturaleza, es más, que Adán ya experimentaba, si bien desinteresadamente pues no tenía necesidad alguna que satisfacer. Sin embargo, con la caída este conocimiento se había perdido, la mente del hombre se había empañado, algunas de las leyes de la naturaleza se habían desviado, lo cual explicaba la existencia de ciertas monstruosidades y deformaciones en el mundo natural. Pues bien, el fin de la ciencia era, entonces, restaurar ese saber perdido que tenía Adán al nombrar las cosas según sus propiedades o, lo que era lo mismo, al hacer “ciencia natural”. De esta manera, el Canciller le salía al paso a la Iglesia, justificando la necesidad de la investigación científica, pues consideraba que un mayor conocimiento de la naturaleza no apartaba al hombre de Dios, sino que, por el contrario, daba testimonio de su omnipotencia y de su grandeza, acrecentando su fe.


Ahora, para restaurar el verdadero saber natural, se requería, entonces, un nuevo método, la verdadera inducción, la cual no era más que una experiencia reglada, un instrumento, un camino, que atendiera a la naturaleza y que permitiera restablecer el matrimonio de la mente con las cosas o, como él mismo lo expresó: “el matrimonio verdadero y legítimo entre las facultades empíricas y racionales”. Este nuevo método partía de la experiencia, implicaba observación del mundo natural y la experimentación, a la vez que permitía una superación de las viejas filosofías más dadas a las disputas, las argucias dialécticas, al ornamento. Es decir, el Novum Organum, la nueva lógica, la inducción, exigía una superación de la escolástica al uso que repetía el viejo saber y dificultaba la producción de nuevo conocimiento. Y si la mente del hombre, con la caída, también se había empañado, era preciso limpiar el espejo para que pudiera reflejar perfectamente el mundo natural, por eso Bacon expuso la célebre tesis de los ídolos de la tribu, la caverna, el foro y el teatro, que actuaban como obstáculos entre el hombre y la naturaleza, y que dificultaban la producción del saber natural.


El nuevo método o la nueva inducción sistemática y reglada, que atendía a los particulares, y también a las instancias negativas o contra-ejemplos (de ahí proviene la falsación popperiana) permitiría superar los ídolos y descubrir las Formas o verdaderas leyes de la naturaleza. Sin esas leyes, el dominio de la naturaleza, la construcción de obras y artefactos, la satisfacción de las necesidades humanas y hasta el crecimiento mismo del imperio inglés, no serían posibles. En Bacon, la Forma es un concepto difícil, oscuro y con equivocidad semántica, sin embargo, él llega a decir: “La Forma del calor o la Forma de la luz y la ley del calor o la ley de la luz son la misma cosa” (Novum Organum, Libro II, fragmento 17). Por eso, en estricto sentido, el fin de la inducción es el descubrimiento de las Formas o leyes de la naturaleza, sin las cuales “el poder humano no puede emanciparse y liberarse del curso común de la naturaleza y expandirse y elevarse a nuevas actividades y nuevos modos de operar”.


Bacon introdujo una nueva mirada sobre la naturaleza: pensó que lo que el hombre experiencia sobre ella, con sus sentidos, son las naturalezas simples o, en términos aristotélicos, las “cualidades”. Por eso el hombre experimenta lo denso, lo raro, lo caliente, lo frio, lo liviano, lo pesado, lo húmedo, lo seco, etcétera. La suya era una visión cualitativa, aún, del mundo natural. Por eso, el fin de la ciencia, con el método inductivo, era encontrar las Formas (o leyes) de esas naturalezas simples, su legalidad natural, con las cuales podía acceder a su conocimiento y con él, como lo dice en su utopía La Nueva Atlántida publicada en 1627: “efectuar todas las cosas posibles”. Bacon también propuso una teoría de la materia plegable y flexible, tal como lo ha mostrado la filósofa argentina Silvia Manzo, teoría con la que discutió con el atomismo, y si bien no llegó, como Descartes o Galileo, a la matematización de la naturaleza, si aportó a los debates del siglo XVII que, finalmente, permitieron superar la concepción medieval del mundo y abrir paso a la revolución científica. Por lo demás, su concepto de Forma no equivale al de Platón, Aristóteles o al de la tradición medieval, sino que implica un tránsito hacia una visión más moderna y articulada del mundo natural.

Lastimosamente, la enseñanza en Colombia de la filosofía baconiana es muy limitada y se centra especialmente en el método, la inducción o en la teoría de los ídolos, dejando por fuera el tema de la Forma, su eclecticismo filosófico, su relación con la alquimia y la magia renacentistas, la relación que planteó entre saber, Estado e imperialismo, su teoría de la materia, entre otros aspectos. Esto tiene que ver –y con esto respondo la segunda cuestión– con que se privilegia el estudio del Novum Organum, el cual era tan sólo la segunda parte de un proyecto mayor que constaba de seis, tal como aparece en los planes iniciales de la obra, donde claramente se enumeraban sus partes:

1: Divisiones de las ciencias.
2: Novum Organum o directrices para la interpretación de la naturaleza.
3: Fenómenos del universo o Historia Natural y Experimental para la fundación de la filosofía.
4: Escala del entendimiento.
5: Pródromos o Anticipaciones de la filosofía segunda.
6: Filosofía segunda o ciencia activa.

 

De esta manera, en las ediciones posteriores a 1620, la parte sustituyó al todo, y el Novum Organum pasó a ocupar el nombre de La gran restauración, limitando y condicionando de cierta forma la comprensión del fragmentario e inacabado corpus baconiano.


En la segunda edición de la Crítica de la razón pura (1787) Inmanuel Kant reconoció la importancia de Bacon para el progreso de la ciencia moderna y la revolución del nuevo conocimiento; igualmente, Voltaire lo llamó “el padre de la filosofía experimental”. Su obra, pues, ha sido fundamental para la modernidad y avizoran gran parte de los logros modernos, pues su pensamiento ayudó a configurar la modernidad técnico-científica en la que aún vivimos. Bacon prefiguró el avión, el teléfono y pensó en sociedades altamente tecnificadas con todas sus necesidades satisfechas.


Lo anterior es claro en un folio titulado Magnalia Naturae donde plasmó algunos de los objetivos de su ciencia activa o “magina natural” en los siguientes términos: “La prolongación de la vida, la restitución de la juventud en algún grado, la curación de las enfermedades consideradas incurables, la mitigación del dolor, modos de purgarse más fáciles y menos desagradables, el incremento de la fuerza y de la actividad, el incremento de la habilidad para sufrir tortura y dolor, la alteración de la complexión, de la gordura y la delgadez; la modificación de la estatura, la modificación de las características físicas, el acrecentamiento y la exaltación de las capacidades intelectuales, el trasplante de cuerpos dentro de otros cuerpos, la creación de especies nuevas, el trasplante de una especie dentro de otra especie, la creación de instrumentos de destrucción, así como de guerra y venenos; la aceleración del tiempo de maduración […]; aceleración del tiempo de la germinación”.


Como puede verse, muchos de estos proyectos se han realizado, pero otros se mantienen como utopías científicas. Hoy, 400 años después de publicado Novum Organum no se puede olvidar que Bacon no sólo reavivó el debate sobre la inducción y criticó la vieja lógica escolástica, fue pionero, junto con Montaigne, del género ensayo, sino que planteó la necesidad de que el Estado financiara la investigación científica y la inversión en la investigación para el progreso; promovió la creación de sociedades científicas, lo cual, años después de su muerte, tomó forma en la Royal Society y las Academias de Ciencia en Europa; alentó la recolección y sistematización de las historias naturales y la creación de Enciclopedias tal como lo reconocieron D’Alembert y Diderot; y fue plenamente consciente del papel social que jugaba el conocimiento.


Son estos aportes los que ameritan este reconocimiento cuatro siglos después de la publicación de su obra cumbre.

* Doctor en Filosofía, Profesor Universidad Industrial de Santander, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Autor de El imperio humano sobre el universo. La filosofía natural de Francis Bacon (Prólogo de Juan Carlos Moreno), Bogotá, Ediciones desde abajo, 2019, 319p.

Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Elige China fármaco cubano interferón alfa 2B para enfrentar el coronavirus

La Habana. La Comisión de Salud de China seleccionó al interferón alfa 2B recombinante (IFNrec), antiviral producido en la industria biotecnológica de Cuba, para aplicarlo contra el coronavirus 2019-nCov, enfermedad que hasta ayer había dejado al menos 722 muertos y 34 mil 546 contagiados en la nación asiática.

“Interferón alfa 2B: el medicamento cubano usado en China contra el coronavirus. Nuestro apoyo al gobierno y pueblo chinos en sus esfuerzos por combatir el coronaviru”s, tuiteó ayer el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

La presidencia de Cuba confirmó en Twitter que “China seleccionó nuestro producto entre los usados en la lucha contra el coronavirus”.

Desde el pasado 25 de enero, la planta chino-cubana ChangHeber, en Changchun, provincia de Jilin, elabora el IFNrec, uno de los casi 30 fármacos seleccionados por la comisión china el miércoles debido a su potencial para curar la misteriosa afección. El embajador de Cuba en China, Carlos Miguel Pereira, dijo que esta planta inició la elaboración del fármaco cubano el pasado 25 de enero, teniendo en cuenta “su potencial para curar la afección respiratoria”.

El medicamento se usa contra infecciones causadas por el VIH, la papilomatosis respiratoria recurrente causada por el virus papiloma humano, el condiloma acuminado y la hepatitis tipos B y C, además es efectivo contra distintos tipos de cáncer.

Guo Yanhong, funcionaria sanitaria china, indicó que más de 500 casos están curados tras estar internados unos 10 días, incluidos aquellos con síntomas leves y graves. Expertos destacaron que métodos de tratamiento antivírico, que incluyen apoyo sintomático, especialmente de la medicina tradicional china, han producido buenos efectos.

Mientras, investigadores de la Universidad de Agricultura del Sur de China identificaron al pangolín como posible “huésped intermedio”, que no se enferma, que facilitó la transmisión del virus al humano. Otros científicos apuntan al murciélago como principal transmisor.

La enfermedad también se contagia entre personas. Un nuevo reporte indica que la diarrea puede ser vía secundaria de transmisión del nuevo coronavirus luego de que se reportaron pacientes con síntomas abdominales y heces blandas. Se cree que la vía principal de contagio son las gotas de saliva cargadas de virus en la tos de un infectado.

El presidente chino, Xi Jinping, aseguró por teléfono a su par estadunidense, Donald Trump, que Pekín es “completamente capaz” de detener la afección, además de que libra una “guerra popular” contra la epidemia con una “movilización nacional” y “medidas de prevención y control muy estrictas”.

Trump respondió que el gigante asiático “hace un trabajo muy profesional” contra el 2019-nCov, aseguró que las dos naciones trabajan en el tema y calificó la llamada como “muy buena”. Estados Unidos ofrecerá hasta 100 millones de dólares a China y otros países golpeados por el nuevo coronavirus para combatir la epidemia, informó el secretario de Estado, Mike Pompeo.

En Ginebra, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, advirtió que la cantidad de mascarillas y otros materiales de protección contra la infección a escala internacional es insuficiente, y reiteró su petición a los gobiernos a luchar contra el brote.

En tanto, Pekín anunció la apertura de una investigación por la muerte de un médico Li Wenliang, quien fue sancionado por la policía a fines de diciembre por haber alertado sobre la aparición de un nuevo coronavirus en el centro de China.

Por último, un argentino figura entre los pasajeros infectados por coronavirus en un crucero que está en cuarentena en Yokohama, Japón, el primer caso reportado de un latinoamericano contagiado.

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Proyecto titánico busca penetrar los secretos genéticos del cáncer

Más de mil científicos realizan los trabajos más completos en la materia // Se apoyan en 2 mil 600 casos en el mundo

Tokio. Penetrar en los secretos del genoma de los tumores cancerosos para comprenderlos mejor y combatirlos es el proyecto titánico al que se ha consagrado más de un millar de científicos durante varios años, con la esperanza de lograr un día tratamientos personalizados y eficaces.

Fruto de la colaboración de mil 300 investigadores de cuatro continentes, estos trabajos, los más completos realizados en la materia, se apoyan en la secuenciación del genoma de más de 2 mil 600 tumores, correspondientes a 38 tipos de cáncer.

Los resultados de este programa de investigación, llamado Proyecto Pan-Cáncer, se desgranaron este miércoles en una veintena de artículos en Naturey otras revistas médicas del mismo grupo.

Sin aplicación a corto plazo

Aunque no tiene aplicación terapéutica concreta a corto plazo, sus enseñanzas teóricas son numerosas: mejor conocimiento de las mutaciones genéticas que provocan la multiplicación de células cancerosas, similitudes a veces sorprendentes entre diferentes tipos de cáncer o extrema variedad de tumores de un individuo a otro.

“Los conocimientos acumulados sobre el origen y la evolución de tumores permitirán desarrollar nuevas herramientas para detectar los cánceres antes, así como (crear) terapias más personalizadas, a fin de atender a los pacientes más eficazmente”, consideró Lincoln Stein, uno de los científicos que han liderado el proyecto, en un comunicado del Instituto de Ontario para la Investigación sobre el Cáncer, en Canadá.

Una de las lecciones es la gran variedad de genomas de tumores cancerosos, explicó otro científico involucrado en el proyecto, Peter Campbell, del Instituto Sanger Wellcome. “El hallazgo más impactante es la diferencia que puede haber entre el cáncer de un paciente a otro”, destacó.

Se debe al gran número de mutaciones genéticas que sufre un tumor, y que a veces depende de factores ligados al modo de vida del paciente, por ejemplo, el tabaquismo.

Otro punto que ha salido a la luz con el estudio es que el proceso de desarrollo de algunos cánceres puede iniciarse años antes del diagnóstico, a veces incluso en la infancia.

“Esto muestra que la ventana para una intervención precoz es mucho más amplia de lo que se pensaba”, señaló Campbell.

Puntos en común

Estos trabajos también muestran que desde la perspectiva genética, los cánceres que afectan a diferentes partes del cuerpo tienen más puntos en común de lo que se pensaba.

“Por ejemplo, puede haber algunos cánceres de mama y de próstata en los que las mutaciones son similares”, según Joachim Weischenfeldt, de la Universidad de Copenhague.

“Esto quiere decir que a un paciente afectado por un cáncer de próstata se le podría administrar el mismo tratamiento que a una enferma aquejada de un cáncer de mama”, sostuvo.

En promedio, cada genoma de tumor contiene de cuatro a cinco mutaciones susceptibles de haber causado el cáncer, lo que varía fuertemente según el tipo de enfermedad. En el caso de 5 por ciento de los tumores, no se ha identificado alguna variación, lo que significa que la investigación en este campo debe proseguir.

De manera general, conocer más sobre los cánceres desde el punto de vista genético mejorará el diagnóstico en los casos complicados y permitirá personalizar los tratamientos en función de las mutaciones específicas de una u otra enfermedad.

Alicia Bárcena: “América Latina ha perdido el tren de la política industrial y la innovación”

Desigualdad, discriminación, cultura del privilegio, evasión fiscal, política industrial. Tras media vida lejos del debate público, este quinteto de conceptos ha pasado a primera línea en los círculos de poder en América Latina. Más aún desde el inicio de las protestas en Chile y, en menor medida, en Colombia. "La gente está cansada; y el modelo económico, agotado", repite la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena (Ciudad de México, 1952). Entre respuesta y respuesta, y con la megafonía del aeropuerto de Barajas como melodía de fondo, la jefa del brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico de la región apura a toda prisa un refresco antes de embarcar rumbo a Roma para participar en una cumbre de economistas auspiciada por el Papa en el Vaticano. Todo, a ritmo de vértigo.


Pregunta. La secuencia se repite desde hace años: tanto ustedes como el resto de organismos internacionales publican sus previsiones de crecimiento para América Latina y la realidad acaba desmintiéndoles poco después. ¿Demasiado optimismo?
Respuesta. Con este año van a ser ya siete de crecimiento muy bajo, y eso debe ser una señal de alerta. El contexto externo no ayuda, pero la región tiene un problema importante de productividad: es muy baja y no ha avanzado. Hay excepciones, claro, como Perú y Colombia, economías que sí crecen.


P. La región ha dejado pasar la estela del resto del bloque emergente.
R. A diferencia de muchos países asiáticos, América Latina ha perdido dos trenes: el de la política industrial y el de la innovación, dejando la toma de decisiones a las fuerzas del mercado. Está claro que ese modelo de desarrollo, sin una estrategia productiva, se agotó. Tanto en materia económica, como demuestra el bajo crecimiento, como en materia de distribución: que sigamos siendo la región más desigual del mundo quiere decir que no hemos sido capaces de repartir esa aparente expansión.


P. Durante años se dijo que el orden en política fiscal y monetaria traería el crecimiento, pero...
R. Con excepciones, la macro ha estado ordenada y estable. Y eso es importante, pero no suficiente. El problema es que no se ha diversificado la matriz productiva con conocimiento, con contenido nacional y con encadenamientos con pequeñas y medianas empresas. La gran fábrica latinoamericana de desigualdad sigue siendo la brecha entre las grandes y las pequeñas compañías. El caso de México es claro: exporta más de 1.000 millones de dólares al día, pero eso no se siente en la sociedad.


P. Estamos viviendo un proceso de reprimarización en varias economías de la región, que hacen descansar sus exportaciones casi exclusivamente en las materias primas.
R. Sí. Es un tema muy gordo, sobre todo en Sudamérica: son países que dependen de pocos productos —petróleo, cobre, plata...— y pocos mercados. Las esperanzas son Brasil, que es un país muy diverso, y Argentina, donde el nuevo Gobierno viene con la fuerza de plantear una política industrial.


P. ¿Por qué la política industrial ha sido, por muchos años, un anatema en Latinoamérica?
R. Por el neoliberalismo puro y duro; por la escuela de Milton Friedman. El consenso de Washington tuvo un gran impacto en países como Chile, y el resultado es una economía desigual y nada diversa. En general, el modelo económico que se ha aplicado en América Latina está agotado: es extractivista, concentra la riqueza en pocas manos y apenas tiene innovación tecnológica. Nadie está en contra del mercado, pero debe estar al servicio de la sociedad y no al revés. Tenemos que encontrar nuevas formas de crecer y para eso se requieren políticas de Estado. No es el mercado el que nos va a llevar, por ejemplo, a más innovación tecnológica.


P. Llevan años apuntando a la desigualdad y a la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo de la región. Sin mucho éxito: los Gobiernos apenas les han hecho caso. ¿Siente que han predicado en el desierto?
R. Lo que ocurre es que no hemos logrado penetrar en la estructura misma: no hemos logrado un pacto social entre Estado, empleadores y trabajadores, como el de los países nórdicos, para cerrar la enorme disparidad entre el trabajo y el capital. Ahí sí siento que hemos predicado en el desierto: todos hablamos de mayores y mejores empleos, de formalización… Lo que hace falta es una vuelta estructural del modelo. En América Latina ha habido un movimiento de personas de estratos [sociales] bajos a estratos medios, pero más de la mitad de ellos no ha completado ni siquiera 12 años de estudios. El reto ahora es cómo apostarle a la educación y a las nuevas tecnologías.


P. El caso de las energías verdes es especialmente paradigmático: Latinoamérica es una de las regiones del mundo con más sol y más viento, pero en muchos países no terminan de despegar...
R. Es otro tren que América Latina no puede perder y para eso hacen falta políticas activas. Costa Rica es un caso de éxito, que pronto va a dejar de depender de las energías carbónicas. Y Chile, por el estilo. México también debe apostarle a ser carbono neutral: me queda claro que tiene que seguir produciendo petróleo, pero debe sumarse a las energías renovables.


P. El Gobierno de López Obrador no va, precisamente, en esa dirección.
R. México está en un proceso de reflexión que me gusta. El presidente ha formado un consejo de inversiones, con Alfonso Romo a cargo, y creo que en él podemos encontrar justo este equilibrio entre inversión y respeto al medioambiente.


P. Pero la apuesta de su Administración por el crudo es inequívoca.
R. Inequívoca no sé. Lo que creo que está buscando México, y veo muy razonable, es dejar de depender de las importaciones petroleras. Siendo un país que tiene reservas, debe aprovecharlas con la mejor tecnología disponible, pero también tiene que compensar esa producción con otro tipo de desarrollos más sostenibles. Tengo confianza en Romo: tiene una visión más amplia y sabe que el mundo está yendo en esa dirección, como acaba de demostrar el Foro de Davos.


P. Algunos apuntan a la aparente paradoja que supone el hecho de que las protestas, sobre todo en Chile, lleguen en el momento de mayor prosperidad material de la historia. ¿Es una cuestión de expectativas?
R. El telón de fondo es el desencanto y el enojo; un punto de quiebre del modelo concentrador de riqueza y de privilegios con instituciones que solo benefician a algunos. Eso la sociedad lo percibe, como también percibe la evasión fiscal, la corrupción y la impunidad. Hay que salir de esa propensión rentista, de concentración de la propiedad y las ganancias, y, sobre todo, de una cultura del privilegio que ha naturalizado la desigualdad y la discriminación. La gente está cansada.


P. ¿Se ha subestimado la desigualdad?
R. Definitivamente sí. Siempre se había calculado a partir de las encuestas de hogares y cuando las comparas con los registros tributarios, te das cuenta de cuánto hemos subestimado la desigualdad desde hace años. Tenemos que afinar nuestra forma de medirla. En Chile, por ejemplo, esa encuesta dice que el decil más rico gana, de media, 7,5 veces más que el más pobre, pero en los registros tributarios esa diferencia es de 25 veces. Y en algunos países de Centroamérica, de hasta 70. La desigualdad siempre se ha visto desde la perspectiva de la pobreza, pero hay que verla desde la de la riqueza.

 

La jefa de la comisión económica de Naciones Unidas para la región cree que "la cultura del privilegio ha naturalizado la desigualdad" y ve "agotado" el modelo del subcontinente

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Científicos argentinos diseñan un dispositivo que facilita la cicatrización de heridas quirúrgicas

- Una tecnología que no da puntada ni hilo
- INCLODE fue patentado en Argentina y estará disponible a mediados de año. Elimina la sutura y facilita el proceso postquirúrgico. Entrevista a Diego Fridman, referente del equipo.

 

En breve INCLODE (“Dispositivo de incisión y cierre”, siglas en inglés) podría revolucionar el campo de la medicina y, en concreto, suavizar el paso por la sala de operaciones. Si bien las tecnologías invaden los quirófanos desde hace tiempo, nadie había pensado lo suficiente respecto de cómo reemplazar el mecanismo más antiguo de todos: la artesanal e histórica sutura con aguja e hilo. El cierre de heridas, una etapa decisiva que, para colmo, depende de la precisión de los cirujanos; cualidad que, no obstante esté bien entrenada, como alguna vez pronunció un mentalista muy mediático “puede fallar”. Bajo estas premisas, y con el propósito de disminuir la probabilidad de infecciones y mejorar la calidad de las cicatrizaciones, Diego Fridman (médico UBA) y compañía se propusieron llenar este vacío con conocimiento del bueno y aplicado a situaciones concretas. Desde cesáreas a cualquier operación programada, la nueva tecnología creada por cerebros argentinos, promete grandes resultados. A continuación, el director científico del proyecto narra todos los detalles al respecto.


-¿De qué se trata y cómo surgió la idea de diseñar este dispositivo?
-Pablo Luchetti tuvo la idea original. Cuando estudiaba medicina se planteó una pregunta muy sencilla: ¿cómo podía ser que en un quirófano, que muchas veces se parece a una nave espacial con toda la tecnología que tiene, la última fase de las operaciones todavía siga protagonizada por la sutura? Tantas maquinarias presentes y el proceso finaliza con una aguja y un hilo. En una época tan atravesada por dispositivos de toda clase y color aplicados al campo de la salud, aún los médicos tenemos que seguir cosiendo a los pacientes. Una práctica milenaria a la que, históricamente, no se le halló ningún sustituto y que, para colmo, es operador-dependiente.


-Se le confía el cuerpo al pulso de un profesional que, en alguna mala jornada, puede fallar.
-Seguro, depende mucho del entrenamiento, de las capacidades, el tiempo de experiencia y la habilidad estética. Un cóctel nada sencillo de encontrar en una sola persona. Frente a esta pregunta, surge la idea de crear la tecnología INCLODE. Parte de las complicaciones y los defectos advertidos en los cierres de las heridas tienen que ver con el propio mecanismo de aguja e hilo que lastiman la piel al querer juntar la epidermis; los bordes separados durante el acto quirúrgico. Cuando se realiza una sutura, la tensión en el cierre está colocada en los puntos, con lo cual, no se distribuye de forma homogénea a lo largo de la incisión.


-¿Qué ventajas presenta?
-Es un parche autoadhesivo con un mecanismo de sellado propio. Se pega en el sitio en el que se realizará la incisión, luego el dispositivo se abre para permitir el trabajo del profesional con libertad, éste sutura solo en los planos profundos y una vez que el proceso culmina se activa el cierre que junta los bordes. Es decir, el objetivo de la tecnología consiste en reunirlos con una lámina que se coloca de modo previo a la intervención quirúrgica. De esta manera, la herida queda mejor desde lo estético pero, sobre todo –y lo más importante– reduce de manera notable los riesgos de contraer infecciones para los pacientes.


-Luego de ser colocado, ¿cuánto tiempo permanece el parche en la piel?
-Aproximadamente unos diez días y después de ese lapso el médico lo retira como si fuera un apósito. Y ahí finaliza el trabajo, porque no hay puntos ni hilo. La incorporación de esta tecnología es vital porque podría eliminar gran parte del dolor que sienten los pacientes en la etapa postquirúrgica. Además, al ser transparente permite monitorear la evolución de la cicatrización de la herida, esto es, si cambia de color o si se genera algún problema. Si fuera necesario, por algún motivo, retirar INCLODE antes de tiempo podría hacerse con un poco de alcohol para aflojar el adhesivo. Otra ventaja es que permite el drenaje de líquidos por parte de la herida, así como también, al estar diseñada con materiales permeables habilita la evaporación de la humedad de la zona afectada y, en efecto, los pacientes pueden bañarse con el adhesivo puesto.


-¿De qué material está hecho?
-Es un elastómero, una especie de goma que pese a ser muy elástica mantiene la memoria y vuelve siempre al mismo origen. La búsqueda de los insumos no fue nada sencilla, hoy contamos con una tecnología que parece infalible pero existe un largo camino para explorar las técnicas, los ensamblados y demás. Aquí trabajó muchísimo el diseñador industrial Luciano Poggi, que logró materializar aquello que solo estaba presente de manera abstracta. Frente a un problema vinculado a una necesidad, opusimos nuestras ideas que, luego de mucho esfuerzo, tomaron cuerpo en este producto que hoy tenemos y que ya fue patentado en Argentina y en EEUU. En los próximos días saldrá una nueva patente –incorpora a Europa– que tiene en cuenta otras mejoras.


-Qué bueno que la patente sea Argentina. ¿Cuáles son los próximos pasos?
-Nos pone muy contentos. INCLODE SA es una empresa de base tecnológica que se pudo constituir gracias a un subsidio recibido del MinCyT en 2014 y, en la actualidad, buscamos grupos que deseen invertir. Hoy en día trabajamos en la confección de diferentes matrices, ya que las características del dispositivo se deberán adecuar al tamaño y al sitio de las heridas. El prototipo culminado está preparado para una herida de 10 cm y pensamos que podría ser revolucionario para el tratamiento de las cesáreas, por ejemplo. Se nos ocurrió también que podríamos adaptar la matriz que tenemos con el propósito de que pueda ser utilizado en laparoscopias. Tenemos versiones, incluso, para reemplazos articulares que, necesariamente, deben ser lo suficientemente sofisticadas para ajustarse al movimiento. El desafío para los próximos años es agregar más tecnología, de manera que el sistema permita la liberación de drogas o chips que favorezcan el monitoreo de la cicatrización en tiempo real. No estamos muy lejos.


-La pregunta de rigor: ¿cuánto tardará en estar disponible en los quirófanos y cuánto se estima que costará?
-Creemos que a mediados de este año estará listo para ser comercializado. Para mayo tendremos la aprobación de las autoridades regulatorias. Si bien es externo, de carácter no invasivo, requiere la autorización por ANMAT en Argentina y FDA en EEUU. Prevemos que la producción nos costará entre 6 y 7 dólares; haremos una parte aquí y el ensamblado en el exterior porque hoy no está disponible la tecnología necesaria. Nos gustaría hacerlo 100% en Argentina pero actualmente no están dadas las condiciones. Si se sumaran todos los gastos incluidos podría venderse en 30 o 40 dólares.


-No es poco.
-Pero se ahorra muchísimo tiempo y el tiempo es dinero. El cierre del dispositivo en el quirófano se realiza en tan solo 30 segundos, mientras que la sutura se prolonga por 8 o 10 minutos. Reducir los 10 minutos y llevarlo a 30 segundos representa un ahorro muy importante. En Argentina no se tiene demasiado registro pero en EEUU, por ejemplo, se calcula que el minuto de quirófano cuesta 50 dólares. También se eliminan los costos de las consultas para quitar los puntos porque solo se debe retirar un adhesivo. INCLODE es beneficioso por donde se lo mire.


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