Madrid, 23 de julio. Este viernes inaugurarán el Gran Telescopio Canarias (GTC), “el mayor y más avanzado equipo óptico-infrarrojo del mundo”, en el que colabora la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuyo rector José Narro Robles estará en el acto, que encabezarán los reyes España.

“La década que viene es toda para el GTC”, hasta que le suceda la próxima generación de telescopios, con espejos de entre 30 y 40 metros de diámetro, explicó Pedro Álvarez, director del GTC.

El Gran Telescopio es “la mayor máquina del tiempo del planeta”, y su poder de visión equivale a “4 millones de pupilas humanas”, según su promotor, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

La novedad está en que el telescopio, situado en la pequeña isla de La Palma, en el archipiélago de Canarias (frente a la costa sur occidental de Marruecos), está dotado de un espejo circular de 10.4 metros de diámetro y con la mayor superficie colectora de luz: 81.9 metros cuadrados.

Esto lo convierte en el mayor de los grandes telescopios del mundo, por arriba de los Keck estadunidenses instalados en Hawai, de 10 metros, los cuatro Very Large Telescope (VLT) europeos en Chile y los Géminis de este país y Hawai, entre otros.

Además del diámetro del espejo, segmentado en 36 piezas hexagonales y de 17 toneladas, el GTC cuenta con “los mejores instrumentos de nueva generación” capaces de captar, siempre por la noche, “lo que el ojo humano no puede ver” a través de las radiaciones térmicas de los cuerpos, según el IAC.

Analizar la estructura del cosmos, el reto

Su reto es analizar la estructura del cosmos a gran escala, lo que incluye buscar planetas fuera del sistema solar, explorar galaxias, agujeros negros, la materia oscura, supernovas y el universo, el nacimiento de nuevas estrellas, posibles planetas en los que podría haber vida o calcular la edad de las estrellas enanas solitarias.

En fin, “descubrir cosas que no se han descubierto hasta ahora”, según Álvarez.

El proyecto, concebido a finales de los años 80, se considera de “gran ciencia” debido a su alto presupuesto, explicó José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del Gran Telescopio.

El equipo costó 104 millones de euros, de los cuales 90 por ciento fue aportado por el Estado español (que contó con fondos europeos) y 10 por ciento por México y la Universidad de Florida (Estados Unidos).

Unas 100 empresas han participado en la construcción del GTC, donde trabajan 15 astrónomos, en su mayoría españoles, y otras 50 personas contando a los ingenieros.

Aunque el GTC no trabaja en su totalidad, empezó a operar en marzo con uno de sus instrumentos ópticos, Osiris, que puede observar “objetos violentos” (que pueden ser vistos por el ojo humano) como supernovas, estrellas de neutrones o galaxias.

A finales de año se pondrá en marcha CanariCam, una “cámara en la vanguardia de la tecnología infrarroja”, construida en Florida, que observará objetos “fríos” del espacio, es decir, que el ojo humano no puede ver, como estrellas en formación, galaxias muy lejanas, zonas de formación estelar y planetas extrasolares.

A finales de 2010 se estrenará Emir, único en el mundo, que sumará las capacidades de Osiris y CanariCam.

También para ese año se instalará Frida, instrumento que se fabrica en México que permitirá observar el espacio eludiendo las turbulencias atmosféricas.

Los socios mexicanos del GTC son la UNAM y su Instituto de Astronomía, cuyo director, José Franco, también estará en la ceremonia de inauguración.

Estas instituciones han participado, al igual que la Universidad de Florida, Estados Unidos, en la misma proporción, con el 5 por ciento de los gastos y en la construcción de varias piezas del GTC.

A cambio, México podrá disponer del 5 por ciento del tiempo de observación anual, según el IAC.

La colaboración entre ambos países, que se inició con la firma de varios acuerdos en 2001, se extiende además a la creación de varios de los instrumentos con que estará dotado el telescopio.

El Instituto de Astronomía de la UNAM y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) trabajan en la construcción de Frida, en homenaje a la pintora Frida Kahlo, y que se servirá de la novedosa óptica “adaptativa” para observar el cosmos sin que le molesten las turbulencias atmosféricas”.

Pedro Álvarez dijo: “México aporta su experiencia y conocimiento en la fabricación de elementos ópticos”.

La colaboración con la comunidad científica mexicana, que “ya existía de tiempo atrás”, incluye el telescopio milimétrico que México construye, precisó.

Los astrónomos españoles podrán utilizar este radiotelescopio, “el mayor del mundo en su rango de frecuencia”, con “una antena de 50 metros de diámetro” que tiene una sensibilidad que permite “observar desde México regiones del universo oscurecidas por el polvo interestelar”, según el IAC.

Pero estos son sólo los primeros, ya que “cada tres o cuatro años hay que instalar un instrumento nuevo”, según Álvarez.

“El GTC sería capaz de detectar los focos por separado de un coche que circule por Australia o un plato de lentejas en la Luna nueva”, según el IAC.

En sus primeros meses de operación ha medido un brote de rayos gamma, ha detectado una mancha muy fría en el fondo cósmico de microonda y ha observado supernovas muy distantes que sirven para medir la expansión del universo, además de las enanas marrones.

Afp
 

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Mérida, 14 de julio. La ciencia es fundamental para todos los países y debe tener un beneficio en su economía, pero sin el apoyo para el desarrollo de la ciencia básica será imposible alcanzar las aplicaciones del conocimiento, aseguró Joseph H. Taylor, premio Nobel de Física 1993.

El científico estadunidense consideró que el mundo debe basarse en el conocimiento científico para progresar: “las ciencias son en gran medida una empresa internacional”. Subrayó que no es necesario que México, al igual que muchas otras naciones, cubra todas las áreas científicas, sino que debe concentrarse en puntos particulares que a largo plazo tengan impacto en el desarrollo de la economía.

En entrevista en el contexto de la 40 Olimpiada Internacional de Física, que se celebra en esta ciudad, el Nobel dijo que los científicos deben tomarse un tiempo “para hacer comprensibles sus investigaciones y se entienda por qué es importante estudiar las leyes de la naturaleza y obtener conocimientos que posiblemente no tengan aplicación práctica el día de hoy, inclusive en años, pero que con el tiempo se volverán importantes”.

Aseveró que es verdad que el conocimiento básico no brinda resultados aplicables inmediatos, pero es un hecho que esas investigaciones en todas las áreas, en particular en la física, han generado el desarrollo de instrumentos tecnológicos que hoy son comunes y prácticos para la sociedad.

Las leyes del electromagnetismo, un ejemplo

Un ejemplo, explicó, es el descubrimiento de las leyes del electromagnetismo, hace casi 200 años, que actualmente son la base para la construcción de sistemas de motores eléctricos, radios, televisores y grabadoras, entre otros.

“Todos estos adelantos existen hoy día porque entendemos esas leyes, lo que no hubiera sido posible sin haber realizado antes estudios fundamentales. La mayor parte de los científicos que hacen este trabajo se interesan más en responder las preguntas que en realizar aplicaciones; éstas vienen inmediatamente después (de las respuestas).”

Joseph H. Taylor, quien obtuvo el Premio Nobel en Física junto con su alumno Joel Weinsberg gracias al descubrimiento de un nuevo tipo de pulsares que demuestran parte de la teoría de la relatividad de Albert Einsten, y que abrió nuevas perspectivas y posibilidades en el estudio de la gravitación, expresó que “parte de la emoción de ser científico es descubrir algo totalmente nuevo, algo que nadie sabía”.

Manifestó que sus investigaciones aún no le han brindado utilidades económicas, pero confió en que ese conocimiento será importante en el futuro. “A veces uno hace descubrimientos fundamentales para la ciencia, pero no para la vida cotidiana (a corto plazo); sin embargo, lo importante es el incremento de los conocimientos.”
Taylor, quien interactúa de cerca con los 400 jóvenes participantes en esa justa internacional, consideró que para que México pueda aumentar su capacidad científica es necesario que se incremente la cobertura y calidad de la educación media superior y superior, además de que los profesores de esos niveles cuenten con alta preparación académica.

Destacó la importancia y prioridad que países como China e India han dado al desarrollo de la ciencia y la manera en que se han aprovechado para beneficiar directamente a sus economías, las cuales “crecen de manera muy rápida”. En contraparte, indicó que en Estados Unidos existe preocupación porque se ha “perdido el liderazgo que teníamos”.

Indicó que todos los países deben aprovechar los adelantos científicos del más alto nivel para progresar, porque la ciencia es uno de los elementos fundamentales para tal fin.

“El mundo tiene que progresar, por lo que se debe poner énfasis en que las ciencias son una empresa internacional, y, aunque existe competencia, también se comparten los resultados. Cuando se hacen nuevos descubrimientos no se mantienen en secreto, sino al contrario, se ponen a disposición de todos; así otros países pueden sacar ventaja al igual que la nación en la que se realizó el hallazgo.”

Al referirse a la importancia de la edición 40 de la competencia juvenil internacional, Taylor aseveró que “es una excelente oportunidad” para que estudiantes brillantes de todo el mundo se reúnan, compartan experiencias y resuelvan problemas sobre física.

Despertar vocaciones

Consideró que su participación “es útil” para los alumnos, pues “puedo darles alguna guía o inspiración para que decidan desarrollarse como físicos”.

Lamentó que en esta justa académica exista tan poca participación femenina, pues más de 90 por ciento de los competidores son hombres. Dijo que este fenómeno no se presenta exclusivamente en la olimpiada, sino que es un problema común en muchos países en los que las áreas científicas son prácticamente copadas por el sexo masculino, aunque en años recientes la situación se ha ido revirtiendo y más mujeres comienzan a interesarse por esas áreas del conocimiento.

Un ejemplo, dijo, es Irán: “Hace dos años visité ese país para participar en algunas conferencias en la Universidad de Terán, la más grande para estudios científicos y técnicos de esa nación, y descubrí que tiene un gran departamento de física donde más de la mitad de los estudiantes son mujeres. Estaba muy impresionado y pregunté cómo era posible tal circunstancia, porque en mi país no es así. La respuesta fue que las madres les recomiendan que estudien física, porque es el futuro del mundo”.

Por Emir Olivares Alonso
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Miércoles, 15 Julio 2009 05:49

Conversando con un Premio Nobel

Esta vez, el jinete tuvo que cruzar el océano (cosa nada fácil cabalgar sobre el agua), hasta la bella ciudad alemana de Lindau, una isla sobre el lago Constanza, donde año a año se realizan encuentros entre ganadores del Premio Nobel y jóvenes científicos de todo el mundo.

Y así es: en Lindau, durante el evento número 59 de este tipo, el jinete, invitado (aunque no como Premio Nobel ni como joven investigador, sino, precisamente, como jinete que contempla el mundo con serena displicencia) se deslizó entre los “laureados” hasta acorralar a algunos de ellos contra el grabador. Irán apareciendo sus palabras aquí, en los próximos miércoles. Empezando por el mexicano Mario Molina, que recibió el premio máximo en 1995 por haber descubierto, en 1974, que los clorofluorocarbonados (CFC), lejos de ser inertes, como se creía, debilitan y eventualmente destruyen la capa de ozono. Escuchémoslo, empezando por el principio.

–¿Cómo se habla con un Premio Nobel?

–Como con cualquier otra persona. ¿Por qué lo pregunta?

–Preguntaba por preguntar. O tal vez me estoy contagiando del ambiente... mmmmm... Aunque seguramente ya se lo preguntaron mil veces: ¿qué se siente al ser Premio Nobel?

–Es muy emotivo, ya que es una culminación de las actividades científicas de una vida. Es un símbolo.

–¿Ser Premio Nobel es una especie de nobleza actual?

–En cierto sentido, sí. Pero yo lo transformo en responsabilidad. Gracias a haber ganado el premio, uno cuenta con cierta audiencia que puede utilizar de manera atinada y responsable o no. Uno se ha convertido en un representante de la ciencia, del pensamiento científico, y en el caso de los que provenimos de países en desarrollo, debemos contribuir a su desarrollo en nuestros países.

–León Lederman decía que después de ganar el Premio Nobel lo consultaban sobre todo.

–Sí. Repentinamente uno se convierte en un experto en todo. Por eso hay que saber cuándo negarse a opinar. En un caso como éste, por ejemplo, yo estoy opinando sobre lo que debe hacer la sociedad. Pero no estoy opinando como científico, sino como individuo. Hay algo, de todas maneras, que tenemos que tener en cuenta: es parte de la ciencia el no hablar con certeza.

–¿La ciencia es el camino para el progreso de las sociedades?

–No es el único, pero sí es parte fundamental. Está muy claro que las sociedades que han progresado son las que han invertido en desarrollo científico y tecnológico. Y los países como México, que invierten poco, están realizando una mala inversión a largo plazo.

–¿O es al revés? ¿Que las sociedades que se desarrollan invierten en ciencia?

–Creo que es un ida y vuelta. Lo que está claro es que no es suficiente esperar a tener recursos, porque mientras tanto uno sale perdiendo...

–En aquel momento en que usted y el profesor Rowland tuvieron la intuición de que los clorofluorocarbonados no eran gases inertes estaban yendo contra la corriente. Porque todo el mundo pensaba que eran gases inertes que no afectaban la atmósfera. ¿Cómo se les ocurrió que no era así? ¿Fue intuición?, ¿creatividad?

–Quizá fue a través de una pregunta que no se hacía, que era: ¿qué les pasa a estos compuestos en el medio ambiente? Tratando de evitar los prejuicios de que tuvieran una consecuencia ambiental. Pero sí sabiendo que son compuestos no naturales que se encuentran en un momento dado en el medio ambiente natural. Entonces nos preguntamos qué procesos existen en la naturaleza para completar el ciclo de descomposición de estos compuestos tan extraordinariamente estables. Porque de eso dependía qué tanto se iba a acumular en la atmósfera. ¿Se acumularían indefinidamente? ¿Algo los detendría? Esas fueron las preguntas iniciales. Después nos enteramos de que había otros grupos de científicos, con los que no estábamos en contacto, que habían estudiado básicamente lo mismo y habían concluido que estos gases eran tan inertes que no había razón para preocuparse. Nosotros, empezando por otro lado, llegamos a la conclusión de que, por el contrario, reportaban un problema ambiental muy serio.

–¿Y la ciencia en general funciona así? En filosofía de la ciencia, uno podría pensar, básicamente, en dos mecanismos de funcionamiento. Uno, baconiano, tiene más que ver con el tanteo y la intuición. El otro es el deductivo. Su descubrimiento: ¿cómo fue?

–Más bien de manera espontánea, tratando de avanzar en el conocimiento y estando pendientes de todas las modificaciones que se producían en el avance del conocimiento. Esto contrasta con una ciencia de tipo más aplicado, que se propone resolver un problema más particular.

–¿Pero ustedes intuían que esos compuestos eran no inertes o simplemente querían saber?

–Por un lado lo intuíamos: pensábamos que en el medio ambiente algo les iba a pasar. Pero no sabíamos que podían hacer algún daño. Ya por aquel entonces empezaba a surgir el problema de la contaminación atmosférica, y no parecía muy acertado mandar cosas a la atmósfera sin saber siquiera lo que a esas cosas les iba a ocurrir. Ese fue el pensamiento de fondo.

–O sea que fue ciencia baconiana, inductiva.

–Sí. Pero estábamos preparados para recibir el resultado. Es un tema interesantísimo el de cómo funciona la ciencia fundamental, en la que no podemos predecir los usos que haremos de ella. Parte de lo que hicimos, por la naturaleza misma del tema, fue avanzar en el conocimiento de la química, de la dinámica molecular, y eso ha contribuido a entender mejor reacciones químicas con radicales libres. Nos sentimos satisfechos al haber contribuido al avance de la ciencia, no sólo de una manera aplicada. En este caso, una vez que hicimos la hipótesis, los pasos fueron más convencionales. Se trataba de intentar ver si se podía comprobar o rebatir la hipótesis con experimentos.

–Y en el momento en que ustedes descubrieron la peligrosidad de estos gases, ¿se encontró mucha resistencia por parte de los fabricantes?

–Inicialmente sí. Por un lado, era un grupo relativamente pequeño de grandes industrias químicas, lo cual fue una ventaja para poner en discusión este tema. Era difícil de aceptar que estos gases invisibles fueran tan dañinos. Pero hubo un cambio. La industria más importante dijo que, si la ciencia demostraba que eran peligrosos, detenía la producción. Y es lo que se hizo. Al principio, cuando tan sólo teníamos la hipótesis, no podíamos exigirles nada a las industrias. Cuando la verificamos, quedó claro que era necesario tomar acciones.

–Hablemos un poco del cambio climático. ¿Cuál es el rol de Latinoamérica en este sentido?

–Uno podría pensar que no es uno de los principales emisores de gases, pero eso sería un error. Es importantísimo que todo el planeta se ponga de acuerdo. No se pueden dejar grandes zonas fuera de ese acuerdo internacional. Además, somos parte de la economía global, lo que implica que tenemos que operar con las mismas reglas. Y si nos movemos todos juntos, es una contribución que no es despreciable. El Amazonas es vital para el planeta. Hay que tener en cuenta que la crisis del cambio climático es un fenómeno que nos va a acompañar por lo menos todo el siglo.

–¿Y es tan apocalíptico como se piensa?

–Sí, pero yo soy optimista. Es apocalíptico si no nos ponemos de acuerdo y seguimos funcionando ignorando el problema. Si no hacemos nada, hay un riesgo de que haya catástrofes muy importantes. Por ejemplo, si sube el nivel del mar muchos metros y se producen inundaciones, habrá miles de millones de personas desplazadas. Pero tenemos la solución a la mano: sabemos el riesgo y podemos evitarlo.

–Hay mucha gente que no cree en el cambio climático, que cree que eventualmente podría ser parte de un ciclo de la Tierra.

–Eso es falta de información, y no está aceptado para nada por la comunidad científica. Los ciclos se conocen muy bien: responden a variaciones en parámetros de la órbita terrestre. Es física de Newton. Sabemos muy bien, con muchísima claridad, cómo cambian los climas. Creer que este cambio climático es parte de un ciclo es como tener un tumor y no ir al médico porque sabemos que la gente, en general, se enferma y se cura, y entonces nuestro tumor es parte de un ciclo natural. Eso es una estupidez.

–Hay geólogos que hablan del calor radiante del núcleo y del manto...

–Sí, pero eso es despreciable, y no afecta el clima. Más significativa podría haber sido una variación en la intensidad solar. Pero la incidencia sería del 10 por ciento de los cambios que observamos. Eso, que se ha propuesto como una alternativa seria, está básicamente descartado.

–Hace dos años hubo 100 científicos que firmaron un comunicado a la ONU asegurando que no se podía detener el cambio climático, que era una constante en la historia de la humanidad, etc.

–Yo le puedo asegurar que, si nos ponemos a buscar, también podemos encontrar 100 científicos que afirmen que la Tierra es plana.

–De hecho, existe una Sociedad de la Tierra Plana. ¿Y estamos a tiempo de salvar el problema del cambio climático?

–Estamos a tiempo, pero ya es urgente. Hemos cambiado el clima, pero lo que nos preocupa es llegar a un punto de no retorno.

–¿Y cuál sería ese punto?

–Hay varios. Algunos ya están sucediendo, como por ejemplo el derretimiento del hielo del Artico. Hay derretimiento, también, en la Antártida del oeste. En el medio hay otros: que cambie la circulación de los océanos, que el clima cambie tanto que se produzcan sequías en el Amazonas, que se produzcan monzones en Asia y Africa, etc. Todos estos puntos son muy preocupantes y son muy difíciles de predecir.

–¿Un científico debe saber de filosofía de la ciencia?

–Sí, creo que es parte de una formación integral. De la misma manera, un científico debería saber de arte. No aprenderse de memoria el nombre de artistas, pero sí poder gozar con el arte.
 

 Por Leonardo Moledo

Desde Lindau
 

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Martes, 14 Julio 2009 06:25

Espermatozoides del futuro

La creación de células sexuales (óvulos y espermatozoides) en el laboratorio es uno de los temas de investigación más reveladores de lo que son y serán las ciencias biomédicas en el siglo XXI. Su potencialidad es tan grande, que modifica desde ahora todas nuestras creencias acerca de la reproducción humana.

La historia es apasionante. Comenzó en 2003, cuando Hübner y Toyooka obtuvieron óvulos el primero y espermatozoides el segundo a partir de células primordiales de embriones de ratón. Las células troncales de origen embrionario son pluripotenciales, lo que significa que pueden dar lugar a todas las variedades celulares y tejidos de un organismo. Su desarrollo puede guiarse de manera particular hacia la formación de células sexuales, también llamadas germinales o gametos.

En 2004, al trabajar también en ratones, Geijsen inyectó los espermatozoides obtenidos de esta manera a óvulos maduros y logró la formación de nuevos embriones. Luego ocurrió algo todavía más sorprendente: la implantación de los embriones creados de esta forma en el útero de hembras da lugar al nacimiento de ratoncitos (Nayernia, 2006), lo que demuestra, sin lugar a dudas, la capacidad funcional de los espermatozoides creados en el laboratorio.

Pero esto es lo que pasa en los ratones. ¿Qué ocurre en los humanos? Diversos estudios sugieren que las células troncales humanas pueden desplegar las mismas propiedades observadas en roedores. Clark en 2004 y Aflatoonian en 2005 mostraron la formación de células sexuales primordiales a partir de otras troncales obtenidas de embriones humanos.

En este caso la demostración es siempre indirecta, pues no se pueden realizar en nuestra especie los mismos experimentos que se llevan a cabo en animales. Por impedimentos éticos plenamente justificados desde el punto de vista científico, no es posible por ahora probar a plenitud la capacidad funcional de estos elementos. Entonces la formación de espermatozoides y óvulos se determina por la presencia de los genes propios de las diferentes etapas de su desarrollo; por medio de marcadores (anticuerpos) que son específicos para reconocer estas células, así como por criterios morfológicos.

Entre los investigadores que más han contribuido a estos estudios en humanos destaca Karim Nayernia, el mismo que logró el nacimiento de los ratoncitos descrito arriba. Al trabajar primero en la Univeridad de Gotinga, pasó de los experimentos en roedores a la investigación en humanos. Uno de sus trabajos más importantes lo realizó en 2007 en células troncales humanas adultas provenientes de la médula ósea, de las cuales obtuvo células primordiales masculinas.
Hasta ese momento los estudios en nuestra especie, incluido el de Nayernia, habían podido crear, no elementos maduros, sino células primordiales llamadas espermatogonias, que tienen 46 cromosomas. En condiciones normales, el desarrollo de los espermatozoides pasa por un mecanismo de división celular conocido como meiosis, del que surgen gametos con 23 cromosomas que son los más aptos para los procesos reproductivos y son los encargados de la transmisión de la herencia.

Pero los avances no se detienen en la primera década de nuestro siglo. Hace unos días, el 8 de julio, apareció un nuevo artículo de Nayernia, quien trabaja ahora en la Universidad de Newcastle, del que se dio cuenta oportunamente en esta sección de ciencias. En él hay varias novedades. La primera consiste en que ahora este autor se desplaza de los tejidos adultos, hacia las células troncales embrionarias de humanos. La segunda es que obtiene evidencias de la formación de células posmeióticas, es decir, con 23 cromosomas, lo que indicaría que, al igual que en los ratones, las células troncales humanas pueden dar lugar a otras maduras, que al observarse al microscopio muestran similitudes con los espermatozoides normales, entre ellas su motilidad.

Hay un aspecto aquí que es crucial. Nayernia encuentra que las células que dan lugar a estos espermatozoides provienen de embriones masculinos (por llamarlos de alguna manera), pues tienen cromosomas XY, mientras los de origen femenino (XX) sólo alcanzan etapas muy primitivas de desarrollo (espermatogonia). Éste es un tema que todavía está a discusión, ya que otros expertos (Moore y Aflatoonian, 2007) han señalado que la diferenciación de las células troncales puede tomar dos direcciones (la formación de óvulos o de espermatozoides) independientemente del material genético de las células primordiales que les dan origen, lo que es muy importante en el estudio de las relaciones entre reproducción e identidad sexual.

Por Javier Flores

 

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Las múltiples funciones de los hongos dejan estupefacto al jinete, que aquí se entera de cómo pueden ser usados para controlar ecosistemas y otras muchas intimidades (de los ecosistemas y de los hongos).

–¿Sabe una cosa? Me olvidé de prender el grabador. Así que el comienzo de esta entrevista va a ser atípico. Yo voy a decir qué es lo que usted me estaba contando mientras el grabador reposaba en off, usted va a asentir y a los lectores no les va a quedar otra que creerme que lo que yo les estoy diciendo que usted me estaba diciendo es efectivamente lo que usted me estaba diciendo. ¿Qué le parece?

–No es lo más prolijo, pero si no queda otra.

–Vamos entonces. Estábamos hablando de los endofitos en las plantas. Y usted me contaba que, si uno mira la planta, encuentra organismos viviendo adentro (los endofitos) pero sin que haya manifestación patógena (como podría ocurrir en el caso de otros hongos)...

–Claro, exactamente. Entonces yo le estaba por decir que la pregunta que nos surge es la de qué tipo de asociación está funcionando. ¿Cuál es el rol de esos organismos? En una asociación patogénica, uno tiene claro que el hongo está viviendo a expensas de la planta y por eso hay un daño. En este tipo de asociaciones, ¿qué es lo que está pasando? En biodiversidad de árboles hay, básicamente, dos líneas que uno puede estudiar: la de las hojas y la de la madera. Lo interesante es que estas asociaciones pueden presentar características muy diferentes porque los tejidos son muy diferentes. Nosotros, en base a esto, estamos trabajando un poco en biodiversidad (es decir quiénes son los endofitos), analizando cómo se comportan y tratando de aplicar el estudio de endofitos a la conservación de la biodiversidad, que es particularmente una de mis líneas de trabajo. La idea es ver si los endofitos, a través de un ambiente, pueden ser indicadores de fragmentación. Es un poco complicado.

–Nada es muy complicado en ciencia como para que no se pueda entender. ¿Qué es fragmentación?

–En este momento hay varias causas por las cuales la diversidad biológica está en peligro. Una de las más importantes es la fragmentación: cuando el hábitat natural pierde continuidad, se habla de fragmentación. A gran escala, por ejemplo, una ciudad es una fragmentación del hábitat. Hay fragmentaciones menores que pueden ser las que se producen a consecuencia de la deforestación, en donde si bien queda algo de la flora nativa, también el hábitat está fragmentado. Esto es muy importante porque en este momento se está viendo que las áreas protegidas no sirven si no tienen conectividad a través de corredores biológicos. Antes se pensaba que la biodiversidad estaba a salvo por estar en áreas protegidas.

–Claro, porque si no se hunde todo por endogamia.

–Claramente esa área protegida no alcanza para conservar la biodiversidad. En primer lugar, porque la biodiversidad depende mucho del intercambio de material genético. Y de este modo yo tengo una variedad muy restringida. Eso lo que me va haciendo es impidiendo plasticidad. Si yo no tengo posibilidad de cambiar, yo no tengo posibilidad de reaccionar oportunamente frente a cambios en el ambiente. Por un lado, entonces, se generan efectos por la pérdida de hábitat en sí: un ejemplo es el de los pájaros, que necesitan migrar de un lugar a otro y no quedarse todo el tiempo dentro del área protegida. Eso, entonces, no alcanza para conservar la biodiversidad. Una de las cosas que se viene estudiando es la de los conectores de áreas protegidas. Nosotros lo que vamos a hacer en nuestro proyecto es trabajar en dos de esos conectores. Por un lado, las selvas en galería de los ríos Paraná y Uruguay, para detectar si estas selvas funcionan como corredor biológico para los endofitos y si a través de los endofitos nosotros logramos detectar la fragmentación de estos corredores o no. Esto se hace a partir de caracterizar la biodiversidad y a partir de caracterizar genéticamente los linajes asociados al corredor y no asociados al corredor. Nuestro objetivo es ver si podemos distinguir linajes y asociar estos linajes a la fragmentación...

–¿Por qué es importante preservar la biodiversidad?

–Es muy importante, porque brinda una cantidad de servicios ecosistémicos que son irremplazables. Económicamente, por ejemplo, sería carísimo, casi inviable, intentar reemplazar los mecanismos de la biodiversidad artificialmente. No sería lógico. Además, incluso en algunos estamos incapacitados técnicamente.

–A ver... ¿cuáles son esos servicios ecosistémicos?

–Purificación de agua, mantenimiento del nivel de oxígeno, captación de dióxido de carbono, reciclado de nutrientes. ¿Qué le parece?

–Me parece bien...

–Si todos esos fueran servicios brindados por una industria, le saldría carísimo a la humanidad. En este momento, esos servicios los provee la naturaleza sin costo alguno.

–De todos modos, eso se hace sólo en los sistemas protegidos...

–No, para nada. Si nosotros sólo conserváramos las áreas protegidas, los servicios ecosistémicos caerían estrepitosamente. El área protegida no nos asegura el servicio ecosistémico, que se da en una escala muchísimo más grande.

–Bueno, pero entonces, ¿qué asegura el área protegida?

–Cada área protegida es erigida en base a alguna característica en particular. Hay algunas, por ejemplo, que no tienen nada que ver con la conservación de la biodiversidad, como por ejemplo algún área geológica importante. Otras sí son para proteger ecosistemas particulares, por ejemplo la selva paranaense. Pero si nosotros miramos la extensión del ecosistema y la comparamos con el área protegida, nos vamos a dar cuenta de que el área protegida es mucho más pequeña (en general). Por lo tanto, son como reflejos del sistema global, lugares que funcionan como espejos de lo que fue en algún momento el ecosistema original. Es, en cierta medida, como un museo en donde se guarda, en lugar del patrimonio histórico, el patrimonio natural. Y el servicio lo brinda el sistema global.

–¿De qué tamaño son las áreas protegidas?

–Pueden ser muy pequeñas (acá hay una de 60 hectáreas, a la altura de Lomas de Zamora) o más grandes. Lo importante es que el área protegida tiene diferentes objetivos y diferentes categorías. Ultimamente se ha hablado mucho de las reservas MAB (Men and Biosphere), declaradas por la Unesco. Uno suele tomar eso como área protegida, aunque en realidad son declaraciones de que esa área es importante. Después hay áreas como el Parque Nacional Nahuel Huapi, que es muy grande, pero que tiene diferentes categorías de uso de acuerdo con la región. Con lo cual no es verdad que el parque esté protegido en toda su extensión ni que esté conservado totalmente. Hay núcleos donde el hincapié en la conservación es muy fuerte, donde no se pueden retirar especies, etc., pero también podemos tener ciudades enteras dentro de los parques nacionales.

–¿Cómo estamos en Argentina con respecto a áreas protegidas?

–Bueno, el Convenio de Diversidad Biológica recomienda alrededor de un 10 y un 13 por ciento de áreas protegidas; en Argentina (creo que andamos por alrededor del 9 por ciento).

–Pero...

–La falencia nuestra es de recursos. Una cosa es tener el área protegida formalmente y otra es contar con los recursos necesarios para protegerla realmente (para tener los guardaparques que hacen falta, o los sistemas de información que hacen falta por ejemplo). También hay que ver cómo se manejan las áreas aledañas al área protegida. Como le decía antes, los ecosistemas funcionan como áreas globales. Yo no puedo poner un alambrado y decir “acá protegemos y allá no”. Es un sinsentido pensar que ese alambrado significa algo biológicamente hablando. Hay varias iniciativas, pero estamos lejos de países que trabajan con información de primer nivel. Como le decía, acá nos faltan buenos sistemas de información.

–Volvamos un poco a los árboles. Están los árboles, con los endofitos viviendo ahí adentro...

–Básicamente, a lo que apuntamos es a poder desarrollar herramientas que sean útiles a la conservación. Otro de los riesgos, además de la fragmentación de hábitats, son las especies invasoras. En árboles hay muchas especies invasoras, pero nosotros trabajamos centralmente sobre dos: el ligustro (que crece en nuestras casas, en las veredas de la ciudad y en casi todos lados) y la otra es una planta cuyo nombre común es “morera de papel”: una planta con hojas parecidas a las de la higuera que da unos frutos rojos bastante llamativos. Son plantas que no son originarias de Argentina, pero no es por eso que se las llama invasoras. Se las llama así porque tienen una gran facilidad para reproducirse: una vez que se asientan, se expanden a una gran velocidad y colonizan el territorio muy rápidamente. Por eso son un grave problema para las áreas protegidas, ya que desplazan a la flora local. La pregunta que nos hicimos fue: si hay endofitos en las plantas invasoras, ¿son un problema para el ecosistema? Nosotros lo que nos planteamos fue que los endofitos pueden tener diferentes roles. No sabemos exactamente cuáles son. Uno de nuestros trabajos indica que los endofitos de madera podrían ser los colonizadores primarios de la madera una vez que el árbol se cae. Yo tengo el árbol en pie que tiene ya una flora que está latente y pasa desapercibida. Cuando este árbol cae, los primeros degradadores de la madera van a ser los hongos endofitos. Si eso es cierto, quiere decir que yo tengo un determinante ecológico que va a actuar dentro del reciclado de la materia. Pero resulta que cada ecosistema tiene su propio sistema natural de reciclado. Si yo vengo con una invasora, que trae además sus propios endofitos, estoy alterando el reciclado de nutrientes del ecosistema nativo.

–¿Efectivamente ocurre esto?

–Bueno, eso es lo que estamos investigando nosotros, pero la respuesta, en principio, es que sí. La planta invasora lleva endofitos que cuando cae son capaces de transformarse en hongos saprófitos (que viven a expensas de material no vivo). Este es uno de los aspectos sobre los que queremos hacer hincapié, para ver cuánto pueden alterar las invasoras los sistemas de reciclaje nativo. Lo otro es ver si, de alguna manera, el endofito actúa de manera patógena: es decir, que aún estando la planta viva el hongo que está latente sin hacerle daño, de repente se transforma en un patógeno, dañándola visiblemente. Hay algunos estudios que dicen que esto es posible. Esa es la otra vertiente sobre la que queremos trabajar, para ver cómo se produce el cambio que convierte al endofito de no patógeno en patógeno.

–Es decir, usar a los endofitos como un caballo de Troya en la lucha biológica...

–Algo por el estilo.

Por Leonardo Moledo
 

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Miércoles, 17 Junio 2009 06:31

La genómica y el optimismo cientificista

Una de las actitudes que la sociedad occidental ha tenido al juzgar a la ciencia ha sido el optimismo desbordante. La tesis de que la ciencia está capacitada para resolver cualquier problema humano viene desde inicios del siglo XVII y ese optimismo no se ha detenido desde aquel tiempo.
 
Una de las versiones más recientes de esta admiración acrítica por la ciencia se dio hace cinco o seis décadas, cuando se generaron expectativas desmesuradas sobre las posibilidades que tendría la energía nuclear al ser utilizada con fines pacíficos. Se pensaba que sería capaz de generar toda la energía eléctrica del mundo a costos ínfimos, de producir todo tipo de medios de transporte: gigantescos, veloces, comodísimos. Esta esperanza se combinó con las expectativas generadas en la década de los 60 en la “conquista” del espacio extraterrestre.
 
Tal optimismo penetró en los medios masivos de comunicación, la imaginación popular, y así se forjaron ilusiones de viajes a los planetas del sistema solar y a galaxias distantes a velocidades cercanas a la de la luz. Manifestaciones claras de estas posibilidades infinitas se encuentran en antiguas series de televisión, como Viaje a las Estrellas, El túnel del tiempo o Viaje al fondo del mar.
Hoy día la biotecnología, la nanotecnología y la genómica se encargan de revivir estas esperanzas. La publicidad que gobiernos, medios de comunicación y empresas privadas hacen en torno de las posibilidades de estos nuevos campos de investigación sobrepasa con mucho a la realidad. Entre todos ellos se han encargado de difundir falsamente, por ejemplo, la idea de que la comercialización de los alimentos transgénicos resolverá el problema del hambre.
 
Otro tanto se hace con las posibilidades terapéuticas de la genómica y se ha empezado a hacer en México con este tan traído y llevado genoma de “los mexicanos”. Está muy extendida entre la población y en no pocas comunidades científicas la concepción de que para curar enfermedades basta con encontrar los genes que las producen, extraerlos o modificarlos, y asunto solucionado.
 
Pero las cosas no son así de simples, porque en primer lugar los genes no funcionan siempre con estos mecanismos simples de causa-efecto. Son en realidad mucho más complicados. En segundo lugar, porque las enfermedades se deben a factores que están más allá de las causas meramente naturales: la enfermedad es un fenómeno biológico, social y cultural muy complejo.

Los genes, por una parte, no se relacionan con el resto de la célula y del organismo con arreglo a estas relaciones uno a uno. Muchas veces un solo gen puede intervenir en la codificación de más de una característica; en otras ocasiones grupos de genes actúan “coordinadamente”, con lo que pueden dar lugar a la expresión de alguno de ellos bajo ciertas circunstancias y a otros en otras, siendo difícil determinar a priori, las circunstancias específicas en las que esto va a suceder.
 
Pero, además, las causas naturales no están escindidas de la condiciones de vida de la población. De este modo, por mucho que la genómica investigue y encuentre sobre, por ejemplo, el combate al cáncer en pulmones y vías respiratorias; por mucho que los mexicanos llegasen a ser líderes en investigaciones sobre el particular, la frecuencia de estos cánceres no se va a solucionar en ciudades como la de México si no se abaten los niveles de contaminación atmosférica, lo cual quiere decir, cuando menos: limitaciones a la producción industrial, restructuración de los sistemas de transporte, modificando de raíz la prioridad dada a la circulación del automóvil privado; desconcentración de la gran urbe.
 
De manera similar, la fibrosis pulmonar no va a verse reducida hasta no evitar que trabajadores y población en general estén en contacto cotidiano con asbestos. La frecuencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes o alergias se incrementa con situaciones sistemáticas de estrés, ya sea en el trabajo, la familia o los medios de transporte. Y ni qué decir que la genómica no podrá hacer gran cosa frente a la multitud de enfermedades sicosomáticas generadas por la vida cotidiana de hoy día van en aumento.
 
Esto no significa que la genómica no sirva para nada, ni que dé lo mismo si se determinan ciertas secuencias de genes o genomas completos. Significa que la lucha por la salud y contra la enfermedad es una empresa que ninguna ciencia va a ganar por sí sola, porque se requiere antes que nada que la ciencia se desarrolle dentro de un sistema social que considere al ser humano un fin en sí, y no un sistema que lo considere una mera mercancía productora de valor.

Por, Julio Muñoz Rubio 
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Un adelanto científico que permite entender cómo la enfermedad de Alzheimer se extiende por el cerebro en pacientes de edad avanzada podría conducir a nuevas formas de tratar la demencia senil, anuncian científicos.

Un estudio ha descubierto que una proteína esencial del cerebro, vinculada con el mal, posee propiedades infecciosas mediante las cuales sus defectos se pueden transmitir a otras partes del cerebro y conducir a una neurodegeneración debilitante.

Es la primera vez que científicos han detectado propiedades infecciosas en la llamada proteína tau, la cual causa que dentro de las células de pacientes de Alzheimer se acumulen agregados de partículas conocidos como “módulos neurofibrilares”, los cuales producen los síntomas de la enfermedad.

Los investigadores subrayaron que el descubrimiento no significa que la enfermedad en sí sea infecciosa, sino sólo que la proteína tau que se observa en esta enfermedad tiene la capacidad de convertir células cerebrales saludables en la variedad defectuosa que se asocia con el mal.

El Alzheimer es una de las condiciones médicas que crecen con mayor rapidez y son más costosas.

Relación con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob

Investigadores médicos creen que los hallazgos más recientes –que hasta ahora se han mostrado en ratones de laboratorio– podrían abrir el camino a nuevas formas de tratar el mal de Alzheimer, al desarrollar fármacos que bloqueen las propiedades infecciones de las proteínas tau.

Los resultados del estudio también muestran que el Alzheimer tiene similitudes subyacentes con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD), trastorno cerebral causado, según se cree, por otras proteínas infecciosas llamadas “priones”, las cuales, bajo ciertas circunstancias, pueden transmitirse de una persona a otra.

Durante muchos años los científicos han sabido que las células cerebrales de los pacientes de Alzheimer experimentan una acumulación de proteína tau en forma de complicados módulos y que éstos se propagan en forma característica por el cerebro. El estudio más reciente, publicado en la revista Nature Cell Biology, ofrece la primera explicación apropiada de la forma en que estos módulos se propagan, y sugiere un posible objetivo para desarrollar formas farmacéuticas de detener el avance del mal.
“Esto abre nuevas avenidas en la investigación de la demencia senil, que se encaminarán a entender cómo las tau anormales se pueden extender. También podemos investigar en qué se asemejan las enfermedades causadas por los agregados de tau y por los priones”, comentó Michel Goedert, del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica de Gran Bretaña, en Cambridge.

“Hemos observado si los módulos de tau se pueden propagar en ratones. Al inyectar extracto cerebral de ratones que tenían estos módulos en animales que carecían de ellos, las células tau comenzaron a agruparse en estos últimos y a extenderse de los sitios de inyección hacia las zonas cerebrales vecinas”, explicó el doctor Goedert, quien participó en el estudio.

Síntomas contagiosos

Los científicos utilizaron una cepa de ratón genéticamente modificado con un gen que produce la forma humana de la proteína tau defectuosa. Cuando la tau de este ratón se inyectó en ratones normales de laboratorio, causó una acumulación de módulos iguales a los que se ven en los pacientes de Alzheimer.

“Esta investigación en ratones no muestra que la patología tau sea contagiosa o que pueda propagarse con facilidad de un ratón a otro. Lo que ha revelado es cómo los módulos de tau se esparcen dentro de los tejidos cerebrales de cada ratón en lo individual”, advirtió el doctor Goedert.

“Sugiere que los módulos de proteínas que se construyen dentro del cerebro causan síntomas que podrían tener propiedades contagiosas dentro del tejido cerebral, pero no entre ratones que no han sido inyectados con tejido de otro ratón y, desde luego, tampoco entre personas”, acotó.

Susanne Sorensen, jefa de investigacióón de la Sociedad Alzheimer, y Rebecca Wood, presidenta ejecutiva del Fondo de Investigación en Alzheimer, ambas organizaciones de Gran Bretañña, expresaron esperanzas de que el nuevo descubrimiento acerque a la comunidad científica a encontrar una forma de contener el avance de esta devastadora enfermedad.

Steve Connor
The Independent

© The Independent

Traduccióón: Jorge Anaya
 

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Miércoles, 03 Junio 2009 08:40

Los laberintos de la memoria

–Cuénteme un poco qué es lo que hace... en este laboratorio de neurobiología de la memoria de la Facultad de Ciencias Exactas.

–Y Naturales.

–Y Naturales.

–El trabajo que comenzamos a hacer hace muchos años apuntaba a ver cómo algunas mensajeras del cerebro (en particular neurohormonas) modulaban el almacenado de la memoria. Esto quiere decir: hay memorias que se van a almacenar por largo término y otras que no y se sabe desde hace mucho que hay varios de estos neuromoduladores que lo deciden. Nosotros nos pusimos a trabajar con la idea de que uno de estos neuromoduladores (la angiotensina) modula o determina que algunas memorias se almacenen a largo plazo y otras no, y proponemos que es una especie de orquestador del sistema nervioso central que determina las situaciones de emergencia hídrica (cuándo falta agua, por ejemplo), o cuándo sobra y determina que se module el almacenado de cierto tipo de memoria. Una de las cosas importantes que queríamos demostrar es que ese neuromodulador se conservaba a lo largo de la evolución.

–¿Y con qué bichos trabajan?

–Empezamos a trabajar con un tipo de cangrejo y lo que descubrimos es que esencialmente lo que está mantenido es el efecto de este coordinador, de este orquestador. Un animal tiene que hacer muchas cosas frente a una falta de agua. En principio, si lo pensamos en nuestros términos, sentir sed. La que regula todo eso es la angiotensina, y algo similar es lo que le pasa al cangrejo. Finalmente esa línea de trabajo terminó llevándonos a nuestra hipótesis de trabajo (que se va a extender a ratas y a humanos) que es que no todas las memorias que se van a almacenar a largo término se van a expresar a largo término.

–A ver, vayamos a algo más básico. ¿Cómo se guarda la memoria? ¿A qué se traduce? Yo recuerdo, por ejemplo, una película, una escena, un diálogo. Esa información me llegó en forma de sonido o imagen y eso me quedó. ¿Cómo es que me quedó? ¿En qué se transformó?

–Bueno, eso es lo que menos sabemos. Lo que sí tenemos, es una idea de qué lugares son más importantes, cuáles más secundarios... También sabemos que lo que hay es un sistema (el sistema-cerebro) que tiene intrincadísimas conexiones, y que esas conexiones son distintas después de que uno aprendió o almacenó algo. Algo cambió.

–¿Hay como un lenguaje de conexiones?


–Claro. Es un sistema de miles de millones de actores y de miles de millones de conexiones. Esas conexiones cambian entre antes y después del almacenamiento. Lo que sí se sabe es que no hay tal cosa como una molécula, una proteína o una célula de la memoria. Tiene que ver con las conexiones.

–Y la configuración de esas conexiones para recordar algo, ¿cómo es? ¿Se ha reconocido algo del código de ese lenguaje?

–No. Estamos mucho más atrás del código. Por ahora, estudiamos cuál es la naturaleza de esos cambios. Lo que uno aprende, en general, no está aislado ni es absolutamente nuevo, sino que uno aprende en base a su historia y a la interpretación de lo que está pasando...

–A veces..., pero a veces uno aprende una poesía de memoria.

–Bueno, pero la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías y de lenguajes. Uno no aprende la poesía virginal, pura, sino que la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías, de lenguajes, de letras, de sonidos. Cuando uno aprende no está aprendiendo solamente la poesía sino también la escritura, la letra, el sonido. Uno se puede acordar de una palabra en particular, de una palabra que uno no se acordaba antes, pero esa palabra está inserta dentro de un sistema. Lo que yo trabajo es mucho más simple que esto: si un animal puede recordar un contexto, si puede recordar dónde estuvo antes...

–¿Y puede?

–Sí, claro.

–¿Y cómo la recuerda?

–Una buena manera de empezar a charlar de estos temas es tratar de definir lo que es la memoria. ¿Cómo sabemos que esto que hace el animal tiene que ver con la memoria? Una manera sencilla de definirla es decir que se trata de un cambio en el comportamiento en función de una experiencia pasada. Todo animal entra en esa definición.

–¿Todos los animales aprenden?

–Todos: si no, desaparecerían. La estructura de cómo aprendemos esas cosas es muy compleja. Los procesos de aprendizaje de un cangrejo o una babosa tienen una naturaleza muy similar a los mecanismos de nuestra memoria. Los procesos básicos son muy similares...

–¿Y por qué hay memorias de corto y de largo término? Yo sueño algo, me despierto y lo recuerdo y al instante me lo olvido.

–Y no sólo eso. ¿Usted se acuerda, por ejemplo, exactamente de lo que estaba haciendo cuando fue el atentado a la AMIA?

–Sí. Estaba en medio de una entrevista.

–Bueno, el mismo sistema que hizo que se le pusiera la piel de gallina es el que decide que recordara eso. El mismo sistema fue el que determinó que esa memoria iba a almacenarse en la memoria a largo término de manera fuerte.

–¿Se puede bloquear la memoria?

–Sí...

–¿Cuántos tipos de memoria hay?

–Hay muchas formas...

–¿Y hay memoria inconsciente, memoria que no es explícita...?

–Sí, claro. Aunque no sé bien qué es la conciencia y la inconsciencia.

–Pero la conciencia está muy relacionada con la memoria.

–Es que nosotros mismos somos memoria. San Agustín pensaba: ¿cómo yo puedo ver la presencia? Todo es presencia. El pasado es la presencia de lo que yo tengo en la memoria. El presente es la presencia de lo que está ahora. Y el futuro es la perspectiva del futuro que yo tengo en el presente. Todo es ahora. Uno es lo que es en base a lo que uno cree que ha pasado y a cómo lo ha interpretado.

–Es decir, a cómo lo recuerdo.

–Claro. Y en eso hay varios actos inconscientes.

–¿Se puede avanzar hacia el código de alguna manera?

–Creo que no va a ser para nuestras generaciones, por lo menos en los próximos 20 años. Sí vamos a avanzar mucho sobre cómo son los cambios, dónde se localizan las memorias. Pero no creo que logremos elucidar el código.

–¿Está más o menos localizada la memoria?


–Sí. Y además viaja.

–¿A dónde viaja?

–Antes creíamos que una vez que uno aprendía algo, ya lo consolidaba y la memoria no podía perderse. Lo que ahora estamos viendo es que eso no es así.

–¿Y cómo es ahora?

–Esas memorias que creíamos que eran fijas se han vuelto a tornar plásticas, pueden agregar alguna memoria nueva o pueden perderse.

–Esto me hace recordar un poquito a cuando se usaba el término “factor hereditario”, que no se sabía qué era pero servía para determinar algunas leyes de la herencia. Hasta que se supo que ese factor hereditario era el ADN y que ese ADN tenía una forma característica. ¿Estamos muy lejos de eso con relación a la memoria?

–La ventaja del ADN es que eran moléculas. En este caso, no son moléculas. Ha habido pocos avances impresionantes en la biología. Uno de ellos es el de Darwin: no hay biólogo más importante y más creativo. Después, el descubrimiento del ADN. Tal vez el descubrimiento de la codificación de esa memoria sea uno de los hitos de la biología. Pero lo que es seguro es que no va a ser una molécula ni una proteína. Va a estar codificado en una relación de miles o de millones de conexiones. Para acceder a ese código hará falta, por un lado, nueva tecnología y, por el otro, nuevas ideas.

–¿Y dónde está el yo?

–Bueno, creo que a eso le podría contestar mejor San Agustín que yo.

–O sea que todavía está en el campo de la filosofía.

–No solamente. La psicología experimental ha aportado mucho. Lo que le puedo decir es que la relación entre yo y memoria es absoluta. Uno no es otra cosa que su memoria.

 Por Leonardo Moledo
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Un avance anunciado por científicos esta semana podría transformar la investigación sobre una gama de enfermedades incurables, pero desencadenaría un aumento dramático en el número de monos usados en experimentos. Investigadores han desarrollado una técnica para crear monos genéticamente modificados capaces de padecer enfermedades humanas.

Se cree que los experimentos con estos monos permitirán avanzar en el conocimiento y tratamiento de padecimientos incurables como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple. Sin embargo, este adelanto científico ha causado consternación entre grupos opositores a los experimentos con animales, porque casi sin duda conducirá a un incremento súbito en el número de primates usados en investigación médica, en un momento en que existen demandas de reducir la cantidad de éstos usados en experimentos.

Asimismo se abre la perspectiva de que se pueda aplicar la técnica a los humanos, que también son primates. Esto podría ayudar a familias afectadas por trastornos hereditarios, como la enfermedad de Huntington y la fibrosis quística, al erradicar en forma permanente los genes defectuosos de generaciones futuras.

El avance fue logrado por un equipo de científicos de Japón, encabezados por Erika Sasaki, del Instituto Central de Animales Experimentales, en Kawasaki, y el profesor Hideyuki Okano, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Keio. El estudio, publicado en la revista Nature, utilizó monos marmosetes, la especie más pequeña del grupo de los primates.

Desde hace 20 años se hace con ratones

Los monos “transgénicos” se crearon insertando en sus embriones un gen de medusa para hacerlos brillar a la luz ultravioleta, prueba normal para ver si la técnica funcionaba. Cuando llegaron a adultos, transmitieron este rasgo transgénico a la siguiente generación.

Esta “prueba de principio” sugiere que también se pueden manipular otros genes para crear animales que simulen las enfermedades humanas, lo cual ya es posible en ratones.

“La expresión de un gen introducido fue descubierta no sólo en la primera generación posterior de marmosetes comunes, sino también en la segunda. Fue el primer caso demostrado en el mundo en que un gen introducido se heredó a la siguiente generación de primates”, señaló el profesor Okano.

“Hasta ahora, el uso de ratones y ratas ha tenido un papel importante en la investigación científica de la vida mediante animales transgénicos, pero para investigar sobre enfermedades humanas se ha vuelto necesario utilizar primates, marcadamente más cercanos a los humanos en anatomía y funciones que los roedores”, añadió.

Los científicos lograron inyectar el gen de medusa en 80 embriones de marmosete fertilizados in vitro, los cuales se transfirieron a 50 madres subrogadas. Siete de ellas resultaron preñadas y cuatro dieron a luz cinco crías vivas. Las cinco crías eran animales transgénicos portadores del virus de medusa, lo cual causó la producción de una proteína verde fluorescente en la piel, que hace que las manos brillen bajo luz ultravioleta.

Lo más importante es que los científicos demostraron que el gen de medusa se había incorporado a las células reproductivas de dos de los cinco marmosetes –el esperma de un macho y los óvulos de una hembra–, los cuales produjeron después una segunda generación de marmosetes portadores del gen transgénico.

Este es el adelanto que ahora podría conducir a la fundación de colonias de monos transgénicos, cada una dotada de genes que estimulen los síntomas de enfermedades humanas, con el fin de que se les use como modelos experimentales, como se ha hecho con millones de ratones transgénicos en los 20 años pasados.

Emocionante o antiético y preocupante

“En muchos casos, los resultados obtenidos con ratones no se pueden aplicar directamente en humanos a causa de las muchas diferencias fisiológicas, anatómicas e histológicas entre ratones y humanos, que son distintos en términos evolutivos”, señaló el profesor Okano. “Por esta razón se requiere investigar por medio de primates, más parecidos a los humanos en funciones y anatomía.”

De la misma opinión es Kieran Breen, director de investigación y desarrollo de la Sociedad de la Enfermedad de Parkinson. “Es un hecho potencialmente muy emocionante para el futuro de la investigación del Parkinson. Como los primates están mucho más cerca de los humanos que los ratones en términos genéticos, la creación de marmosetes transgénicos significa que tendremos un nuevo modelo animal con el cual trabajar”, expresó.

Sin embargo, organizaciones pro bienestar de los animales condenaron esta investigación, pues sostienen que conducirá a un incremento en el uso de primates en un momento en que muchos países europeos intentan reducir los números de los que se utilizan en experimentos científicos.
“Es preocupante desde el punto de vista científico y ético que la creación de marmosetes transgénicos se considere un éxito. Estos experimentos sólo aumentarán el número de primates sujetos a experimentos en todo el planeta”, manifestó Carol Newman, del Fondo Dr Hawden para una Investigación Humana.

La creación del primer ratón transgénico, en la década de 1980, condujo a un dramático incremento en el uso de ratones de laboratorio durante la década siguiente. En 1990 había menos de 50 mil experimentos con ratones transgénicos sólo en Gran Bretaña –apenas 1.5 por ciento del total–, pero en 2007 el número de ratones transgénicos usados en experimentos había crecido a más de 1.1 millones, según estadísticas oficiales.
 
The Independent
Traducción: Jorge Anaya
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Londres/ Hamburgo, 28 de mayo. Todo el cielo parecía estar desplazado: “Las estrellas no están donde parece que están”, escribió hace 90 años el diario The New York Times. “Pero nadie debe preocuparse”.

El motivo de la excitación es que el 29 de mayo de 1919 se confirmó de manera espectacular la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein. Dos expediciones británicas observaron, durante un eclipse solar, que la gravedad del Sol curva la luz de las estrellas que se encuentran por detrás, tal como predijo Einstein. Por este motivo aparentan estar desplazadas en el firmamento.

“Esta primera confirmación práctica de la Teoría General de la Relatividad causó olas de shock en el establishment científico”, subrayó Pedro Ferreira, de la Universidad de Oxford.

En conmemoración de este acontecimiento histórico, calificado por la Real Sociedad Astronómica (RAS, por sus siglas en inglés) de Londres como uno de los experimentos más importantes del siglo XX, esta institución envió un equipo de expedición a la pequeña isla Príncipe, en el oeste de África.
En el contexto del Año Internacional de la Astronomía, el grupo encabezado por Ferreira develará mañana viernes una placa conmemorativa en el sitio en el que se hicieron las observaciones originales.
Einstein presentó su Teoría General de la Relatividad en el año 1915. Describe cómo todo objeto con masa genera gravedad, y el campo gravitatorio causa una curvatura del espacio-tiempo. De manera similar, también la luz de estrellas lejanas debería ser desviada por el Sol.

Normalmente, las estrellas no pueden ser vistas durante el día. Pero el eclipse solar del año 1919 ofreció la oportunidad óptima para probar la predicción de la teoría de Einstein.

Desde Sudamérica hasta África

El eclipse pudo ser observado en una estrecha franja desde Sudamérica hasta África. Sir Arthur Eddington envió en una expedición equipada por la RAS dos equipos de observación a ambos lados del Atlántico, para que las condiciones meteorológicas locales no afectaran el estudio.
El propio Eddington viajó a Príncipe. En los meses anteriores había medido con la máxima precisión posible la posición de las estrellas en cuestión.

El día del eclipse, espesas nubes cubrieron el cielo sobre Príncipe, que sólo pocos minutos antes del espectáculo celeste liberaron la vista al Sol.

Las mediciones de Eddington demostraron realmente que durante el eclipse las estrellas que centellean cerca del Sol no estaban en el lugar donde se esperaba.

Esta fue la primera prueba de que el Sol curva el espacio a su alrededor.

Esta confirmación contribuyó considerablemente a la fama mundial de Einstein.

“Este efecto, calificado de lente gravitacional, se convirtió en una de nuestras herramientas más poderosas para el estudio del universo”, subrayó Richard Massey de la Universidad de Edimburgo, miembro de la expedición de Ferreira.

Las galaxias y los grupos masivos de éstas concentran con tanta fuerza la luz de los objetos que se encuentran a grandes distancias detrás de ellos, que los investigadores los utilizan como gigantescos telescopios naturales.
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