El fracaso de Macri y su laboratorio neoliberal en Argentina

A diferencia de las movilizaciones de 2001, la sociedad argentina cuenta con mecanismos de protección social. Sin embargo, el proyecto Macri se resquebraja y se dispara la evasión de capital.

 

 La crisis económica argentina se aceleró en las últimas semanas y llevó a la Alianza Cambiemos a su situación más complicada desde que asumió el Gobierno en diciembre de 2015. Tanto por la presión de los capitales internacionales —a través de la fuga masiva de divisas que provocó una devaluación del peso— como por una sociedad con un importante nivel de organización y movilización.

El alza del dólar, que llegó a superar los 40 pesos la última semana —provocando una devaluación de más del 100% en lo que va del año— obligó al Ejecutivo liderado por Mauricio Macri a tomar medidas drásticas. Enmarcado en su plan neoliberal, la resolución fue apostar por mayores medidas de ajuste, algunas inéditas en la historia democrática del país.


Entre estas últimas se destaca la degradación del Ministerio de Salud al estatus de Secretaría dependiente de la cartera de Desarrollo Social. Lo mismo sucedió con el Ministerio de Trabajo, que ahora quedará bajo la órbita de Producción, retrocediendo así 70 años de historia.


A su vez, esto se enmarca en una apuesta por reducir el déficit fiscal que busca ser llevado a cero para 2019. Una medida que tiene un antecedente poco feliz para la sociedad argentina: fue anunciada como la salvación por el Gobierno de Fernando de la Rúa meses antes de que estallara la crisis más grande de la historia del país sudamericano en diciembre de 2001.


Para esto se reducirá aún más el gasto público eliminando los subsidios a empresas privadas de servicios lo cual, se espera, repercuta en más aumentos de tarifas y más inflación (originalmente prevista por el Gobierno en un 15% anual y que ya se pronostica por encima del 35%).

También continuarán los despidos de trabajadores de la Administración Pública como viene sucediendo de manera sostenida, pero esta tendencia ahora se verá agudizada por la eliminación de Ministerios enteros y sus consecuentes programas. Se une el recorte del presupuesto para la Educación y la Ciencia, lo que ha desatado un extenso conflicto en las Universidades Nacionales que se encuentran hace un mes en huelga.
Todo esto hará aumentar la desocupación y la pobreza, tal como reconoció el propio presidente durante un discurso al país emitido el lunes.


LAS RAZONES DE LA CRISIS


Desde su llegada a la presidencia, Macri desarrolló una política económica con lineamientos netamente neoliberales que, combinada con problemas estructurales, dejaron la Argentina en una situación muy frágil ante cualquier embate del mercado mundial.


Entre las primeras medidas estuvo bajar y, en algunos casos directamente eliminar, el impuesto a las exportaciones de la producción agropecuaria y minera. De esta forma se anuló una de las principales fuentes de divisas. A su vez se permitió la libre remisión de dinero de las empresas a las casas matrices (previamente, las multinacionales estaban obligadas a tenerlo un año en el país).


Además se implementaron enormes aumentos de tarifas de servicios públicos (electricidad, gas, agua, transporte, combustibles) que impactaron en el bolsillo de la población y redujeron el consumo. Generando así una caída de la actividad económica.


Estas decisiones fueron acompañadas de una desregulación total del mercado financiero y una tasa de interés alta que permitió a capitales especulativos hacer negocios con las llamadas Letras del Banco Central (Lebacs), generando un importante ingreso de dólares durante los primeros dos años de gestión pero no para inversión en industrias ni para generar puestos de trabajo.


A comienzos de 2018, los mismos mecanismos que permitieron la entrada de divisas para la especulación financiera, garantizaron su rápida salida cuando el alza de la tasa de interés en EE UU golpeó todas las economías del mundo. A una primera crisis cambiaria en mayo le siguió una más reciente en agosto.


Durante este proceso la administración Macri elevó la tasa de interés de referencia primero al 40% y luego al 60% (guarismos únicos en el mundo), haciendo imposible cualquier tipo de financiamiento o crédito, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas que son las principales creadoras de puestos de trabajo.


El combo llevó a una economía estructuralmente dependiente —cuyo principal ingreso de divisas proviene de la exportación de materias primas— a sufrir los embates de la falta de dólares y ponerla al borde de una crisis.


Fue entonces que Macri solicitó un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI). El acuerdo por 50.000 millones de dólares convirtió a la Argentina en el país más endeudado con el ente financiero a nivel mundial y profundizó su dependencia ya que debió adaptarse a los objetivos impuestos por el organismo presidido por Christine Lagarde.


Paradójicamente no pudo cumplir ni siquiera con esas medidas y debió llevar a cabo recientemente lo que fue calificado por diversos analistas como un “ajuste del ajuste”.

LAS PRIMERAS CHISPAS DE UN PUEBLO ORGANIZADO Y EXPECTANTE


Tras los anuncios de esta semana, se dieron episodios aislados que recuerdan a la anterior crisis: hubo cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires y saqueos de comercios en algunos puntos del país. El más trágico fue el que sucedió en la localidad de Saénz Peña, en la provincia de Chaco (noreste), donde un joven de 13 años murió de un disparo en el pecho en el marco de la represión policial.


Sin embargo, una de las principales diferencias con la crisis de 2001 y que permiten suponer que el desenlace no será igual, es el nivel de organización que tiene la sociedad argentina y su entramado de contención. Hay dos grandes movimientos que se destacan por su dinamismo y presencia callejera: el feminismo y la economía popular.


El primero, conformado al calor de décadas de organización paciente de las mujeres argentinas, cobró masividad a partir de 2015 en el marco de las movilizaciones de #NiUnaMenos contra los feminicidios y este año marcó un hito al lograr que el debate del aborto llegara al Congreso. A pesar de que el Senado rechazó el proyecto, eso no quitó que la discusión generara una transformación cultural que tuvo su corolario en la marcha de dos millones de mujeres el 8 de agosto.


A su vez, fue este movimiento el primero en realizar un paro nacional al gobierno de Macri en octubre de 2016 cuando la principal central sindical, la Confederación General del Trabajo (CGT) se mostraba, como ahora, dubitativa.


Por su parte, el movimiento de la Economía Popular representa a los sectores desclasados que no lograron ser integrados durante los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. Se trata de personas que se crearon su propio trabajo y se nuclean centralmente en cooperativas hoy organizadas en torno a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otras organizaciones similares.
Este movimiento consiguió importantes triunfos, incluso legislativos, como la Ley de Emergencia Social, y ha sido uno de los que pudo arrancarle más recursos al Gobierno por su fuerte inserción en los barrios populares, principalmente de los grandes centros urbanos y sus periferias.


Un actor más a considerar son los sindicatos que, aunque con poca reacción en general —salvo excepciones—, siguen siendo organizaciones con un importante poder de presión y capacidad de paralizar el país. A pesar de su posición históricamente negociadora, han sido obligados a desplazarse cada vez más hacia la oposición ante la imposibilidad de acordar condiciones aceptables para sus bases.


Todas estas expresiones, todavía con demandas parciales y desarticuladas, han tenido sin embargo un enfrentamiento frontal con el modelo neoliberal, ya sea por orientación política (como en el caso del feminismo) como por reivindicaciones concretas (como en la economía popular y el sindicalismo tradicional).


Finalmente, se complementan con una oposición política que también se encuentra dispersa pero que tiene en el kirchnerismo —con la figura de la senadora y expresidenta Cristina F. Kirchner a la cabeza— y las distintas expresiones de la izquierda, a dos actores que también han mantenido su carácter confrontativo y sin vacilaciones con el Gobierno.


¿UN NUEVO 2001?


Si bien las medidas económicas y algunas de sus consecuencias son muy similares a las de la última gran crisis del país, las bases sobre las que se asientan son diferentes. La Argentina de hoy no tiene más de un 20% de desocupación ni la mitad de la población vive en la pobreza y su PBI es un 150% más grande que en aquel entonces.


Además, durante los gobiernos anteriores se gestó una red de asistencia social que, aunque hoy deteriorada, sigue haciendo de barrera de contención: jubilaciones, asignación universal por hijo, programas laborales en los barrios, etc. permiten a gran parte de la población tener aunque sea un mínimo ingreso económico.


Estas condiciones generales se complementan con los actores políticos y sociales mencionados anteriormente que canalizan y organizan la bronca popular. De esta forma, es probable que la espontaneidad callejera que se vio durante la rebelión de 2001 hoy no se manifieste de la misma forma ya que posee otros marcos organizativos e institucionales sobre los cuales sostenerse y expresarse.


Dependerá en gran parte de los movimientos del propio Gobierno en las próximas semanas cuál sea el desenlace. Si logra llegar a las elecciones de octubre de 2019 a fuerza de ajuste y represión o debe optar por una salida anticipada ante la imposibilidad de sortear la crisis.


En cualquier caso, el modelo neoliberal está golpeado y quien venga después de Macri —sea del signo político que sea— deberá resolver si elige seguir los dictados del FMI y el capital transnacional o apoyarse en un pueblo que empieza a decir basta y está dispuesto a salir a la calle.

Publicado enInternacional
El mercado pone contra las cuerdas la política económica de Macri

Elevar la tasa de interés al 40%, vender reservas del Banco Central y reducir la meta de déficit son algunas de las medidas que tomó el presidente de Argentina ante la fuerte depreciación del peso frente al dólar


El presidente de Argentina, Mauricio Macri, atraviesa el período más delicado desde que llegó al poder en diciembre de 2015. La desaprobación del mandatario se extendió entre la población hasta llegar al 55%, el peor nivel desde que comenzó su legislatura, y la confianza en su política económica se ha derrumbado a niveles inéditos, lo que se ha traducido en una fuerte depreciación del peso.


El sobresalto económico que ahora atraviesa el país no pudo llegar en peor momento. Las alarmas saltaron la semana pasada, cuando el peso argentino se devaluó el jueves, en un sólo día, un 8,3%. Asustado por el cimbronazo, el Gobierno elevó por tercera vez en una semana las tasas de interés hasta llevarlas al 40%, y redujo del 30 al 10% el patrimonio en dólares que pueden tener los bancos

.
Los inversores financieros habían ingresado durante el año pasado una cantidad récord de divisas, estimada en 8.000 millones de dólares, a través de una estrategia conocida como carry trade (arbitraje de divisas), que consiste en vender dólares para volcarlos a corto plazo en otra moneda que tenga una mayor tasa de interés. “En 2017, la devaluación del peso fue del 17% y la tasa de interés promedio fue del 35%, así que el negocio fue bueno”, cuenta a Público Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora Orlando Ferreres.


Pero la entrada de plata dulce no es eterna. El aumento de las tasas de interés en EEUU contribuyó a que la divisa local se haya depreciado más de un 13% en el transcurso de este 2018, mientras el mercado especula con un país que se ha endeudado en los últimos dos años a niveles no alcanzados por ninguna otra nación emergente. En paralelo, hace un mes entró en vigor un impuesto a la renta financiera en manos de extranjeros. “Eso explicó el retiro masivo de fondos”, sostiene el analista argentino. “El Banco Central cometió el error de salir a vender reservas garantizando el precio de salida, y se aceleró el proceso de caída de los títulos argentinos y el peso”.


Lo sucedido no fue una crisis de confianza hacia el Gobierno, sino el final de un negocio que había sido muy grande y volátil, según el economista. “Tenemos un sistema financiero muy pequeño en un país con grandes necesidades económicas, fiscales y de infraestructura. Sólo en enero se colocaron en un solo bono 9.000 millones de dólares para financiar al fisco. Eso da una idea de la vulnerabilidad de Argentina ante los movimientos de capitales”.


Para confirmar al mercado que sostendría su programa de ajuste económico, el Gobierno también anunció una bajada del déficit primario del 3,2 al 2,7% del PIB a fin de ahorrar 3.200 millones de dólares este año, lo que contraerá la inversión pública, y en concreto, las partidas destinadas a infraestructura, uno de los principales indicadores que permitió al país crecer un 2,8% en 2017.


De acuerdo a Spotorno, una parte se compensará con los 6.000 millones de dólares que hasta 2021 se invertirán en obras públicas a través de proyectos de participación público privada licitados por el Ejecutivo.


Endeudamiento y déficit


Para Claudio Lozano, exdiputado y coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IpyPP), la causa del problema se debe en realidad a la desregulación comercial y financiera que ha llevado al país a depender en extremo del ingreso de capitales especulativos y del endeudamiento externo. “Esto hace que Argentina apenas produzca 6 de los 10 dólares que necesita para funcionar. Los otros 4 los consigue a través de deuda (30.000 millones por año) o garantizando renta en dólares atractiva para que ingrese capital local o extranjero”, afirma.


El exlegislador cuestiona las razones por las que Argentina bebe del financiamiento externo. “No recurrimos a él para garantizar inversiones productivas. Si así fuera, necesitaríamos menos deuda”, razona. “La gran mayoría del endeudamiento se utiliza para pagar deuda vieja. Sólo en 2017 pagamos 9.000 millones en intereses, ante una fuga de capitales de 23.000 millones de dólares anuales. Hay una situación de fragilidad vinculada al hecho de que no tenemos dólares, porque la apertura comercial ha producido un saldo negativo de 10.000 millones de dólares”.


El Gobierno de Macri reconoce que la deuda pública total durante sus dos primeros años de gestión llegó a los 80.000 millones de dólares. Para este año, el Ejecutivo se hipotecará en otros 46.000 millones, de los cuales el 80% es deuda externa. “En tres años, este Gobierno casi duplica el endeudamiento al que recurrió la última dictadura (1976-1983), que acumuló 45.000 millones de dólares de deuda, equivalentes a 75.000 millones hoy en día”, ilustra Lozano.


El déficit financiero, que incluye los intereses de deuda y del que el Ejecutivo no suele hablar, superó en 2017 el 6% el PIB, y se estima que este año se situará en torno al 5,3%.


Con las últimas medidas adoptadas el Gobierno ratifica un rumbo equivocado, enfatiza el economista, en un país sin divisas suficientes que no regula sus finanzas y que tampoco controla las liquidaciones de los agroexportadores. “Ninguna orientación económica lleva a ahorrar dólares”, resume el exdiputado. “Al revés, se está haciendo todo de manera tal que Argentina convierta en eterna su dependencia financiera, lo que deprime la inversión productiva al ser más rentable la primera”.


Este proceso recuerda una política ya vivida durante la dictadura y los años 90, advierte Lozano. “Ahora tropezamos por tercera vez en la misma piedra. Esto siempre ha terminado con una gran conmoción social y una crisis externa por exceso de endeudamiento”.

Publicado enInternacional
Las deudas de tarjetas de crédito en EE.UU. alcanzan un nivel histórico

Más de 177 millones de consumidores que tienen acceso a dinero plástico arrastran deudas que incluso los dejan sin fondos para su jubilación.

 

Un informe de la Reserva Federal de EE.UU. reveló que las deudas de tarjetas de crédito en ese país alcanzaron el nivel histórico de 1.021 billones de dólares en junio de 2017, una cifra que supera el récord anterior alcanzado en abril de 2008, cuando los consumidores norteamericanos acumularon un crédito pendiente de 1.020 billones de dólares.


El analista de CredicCards.com, Matt Schulz, advierte a Market Watch que este nuevo registro supone "una llamada de atención" y una "emergencia inesperada", incluso "si siente que su deuda es manejable".
Además, el crédito rotativo —relacionado con las cuentas corrientes o de ahorro asignado por el banco según los ingresos de sus clientes— ha crecido anualmente un 4,9 %, con lo cual más de 171 millones de consumidores tuvieron acceso a esas tarjetas en el primer trimestre de 2017. La mayor cantidad previa databa de 2005, cuando casi 163 millones de personas tuvieron dinero plástico.


Por su parte, un informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, uno de los 12 más importantes de EE.UU., publicó un informe que arrojó que la deuda colectiva en marzo de este año llegó a 12 billones de dólares.


Menos casas, más autos


Si se comparan estos montos con los de 2008, el tipo de endeudamiento ha cambiado. Antes, los créditos estaban destinados a sufragar la compra de viviendas, mientras que en estos momentos se emplean para adquirir vehículos y pagar estudios.


Así, mientras que la deuda relacionada con la vivienda cayó cerca de un billón de dólares desde 2008, los saldos de préstamos para automóviles son 367.000 millones de dólares más altos y los préstamos estudiantiles superan los 671.000 millones de dólares, según la Reserva Federal de EE.UU.


Si bien la deuda inmobiliaria ha disminuido desde 2008, las hipotecas aún constituyen la mayor parte del total de la deuda (un 67 %) a partir de 2016. No obstante, los préstamos estudiantiles han provocado que comprar casas resulte más difícil para los consumidores jóvenes y una disminución de los precios de los inmuebles, debido a que hay tasas más altas de morosidad en la devolución de préstamos estudiantiles.


Este estudio también confirmó que la edad de los endeudados ha aumentado debido a que padres y abuelos asumen los pasivos de sus hijos y nietos, por lo que podría mermar la cantidad de ahorros para cuando dejen de trabajar.


Según Market Watch, la pareja estadounidense promedio tiene ahorrados 5.000 dólares para su jubilación y solo un tercio de los estadounidenses que trabajan guardan dinero en cuentas patrocinadas por su empleador o con impuestos diferidos.

 

Publicado: 8 ago 2017 04:46 GMT

Publicado enEconomía
El fraude económico de Macri en Argentina

Macri ha defraudado a la ciudadanía argentina. Y lo ha demostrado en un escaso lapso de tiempo. Sólo ha necesitado algo más de un año y medio para incumplir todo lo que había prometido. Si existiesen los contratos electorales, el de Macri ya hubiese sido rescindido por infracción múltiple.


A continuación veremos cómo Macri estafó al electorado en cada una de sus ofertas económicas durante su campaña.


Promesa 1. Reducir la inflación... y los precios subieron. La inflación llegó al 40% en 2016, la más alta desde 2002. Se han encarecido todos los servicios públicos particularmente gracias a los continuos tarifazos. Han subido los precios de los medicamentos, transporte, comida. Y además, en lo que llevamos de año, la inflación sigue en un nivel altísimo. Hasta el momento, lleva un acumulado de 10,5%; con un valor interanual del 24%, muy por encima de las previsiones del gobierno para este año (17%).


Promesa 2. Recuperar la economía... y el PIB se contrajo. El país cerró 2016 con una recesión del 2,3%, mientras que en el último año kirchnerista la economía creció un 2,1%. En la era Macri, el consumo lleva 17 meses consecutivos de caída. La producción industrial cae más del 10%. La OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) ha bajado su estimación de crecimiento económico para Argentina en 2017 y 2018, a 2,5% y 3,1%, respectivamente.


Promesa 3. Pobreza cero... y los pobres y la indigencia aumentaron. En el primer año de gestión, Macri creó 1,5 millones de nuevos pobres y 600.000 nuevos indigentes. La propia Universidad Católica Argentina asegura que en el primer trimestre del 2017 ha habido un aumento de 5,5 puntos en el índice de pobreza. Y la desigualdad también creció: la diferencia de los ingresos entre el sector más rico y el más pobre pasó de 18,7 veces en 2015 a 23,2 en este 2016.


Promesa 4. Reducción del déficit fiscal... y las cuentas siguen empeorando. El propio gobierno informó que el déficit fiscal del año 2016 fue de 4,6%, esto considerando el ingreso extraordinario generado por la política permitida del blanqueo de capitales. El Banco Central emitió 96.500 millones de pesos en lo que va de año para financiar el desequilibrio fiscal.


Promesa 5. Generar más empleos... y aumenta el desempleo y el subempleo. El desempleo llegó al 9,2% en el primer trimestre de este año, su nivel más alto en una década. Y el subempleo ya ronda el 10%. Se registra un nivel de desempleo entre los menores de 25 años superior a la media regional (24,6% frente al 16%) y un porcentaje entre las mujeres también por encima del promedio regional (30,33% frente a 16%).


Promesa 6. No más devaluación... y el dólar subió. El peso argentino se ha devaluado en un 67% desde que comenzó a gobernar Macri. Y todo apunta a que la presión sojera hará que la devaluación sea mucho mayor en los próximos meses. La propia Bolsa de Cereales ya ha afirmado que para septiembre espera un valor del dólar a 17,5.


Promesa 7. Más inversiones extranjeras... y cada vez llegan menos. La inversión extranjera directa del año 2016 fue la mitad que la del año anterior. En términos comparativos, el valor de esta variable se redujo en 2016 el triple de lo que lo hizo en el resto de la región.


Propuesta 8. Desendeudar al país... y la deuda es cada vez más grande y eterna. En lo que lleva de gobierno, Macri ha colocado deuda por casi 100.000 millones de dólares. En el primer cuatrimestre de 2017, los intereses de la deuda alcanzaron el 10,6% del presupuesto público, superando los dos dígitos por primera vez desde 2001.

Propuesta 9. Bajar impuestos a los trabajadores... y lo que hizo fue que todos pagaran más. De hecho, en términos efectivos, el mínimo imponible se redujo a pesar de lo que había prometido en campaña. En total y en términos netos, casi 200.000 trabajadores adicionales van a incluirse en el pago de este impuesto.


Promesa 10. Volver al mundo... y sí que volvieron, pero a su manera. No lograron ni siquiera la categoría de “emergente”, recientemente rechazada por Morgan Stanley Capital International. Pero sí es verdad que recibieron el aplauso de los fondos buitres, del FMI (Fondo Monetario Internacional), de Merkel, Hollande y Rajoy. Todos felices con que Macri haya elegido una fórmula de insertarse en el mundo con más deuda y bajo términos de intercambio desigual en contra de Argentina. Suben las importaciones a un 12,4% en lo que va de año; que sería ideal si la economía estuviera creciendo al 5-6%. El déficit comercial es cada vez más acuciante: 1.217 millones de dólares para el primer cuatrimestre del año. Desde el primer día de Macri, aquel 10 de diciembre de 2015, el saldo por cuenta corriente acumula un déficit que supera los 21.200 millones de dólares.Este año se prevé que 12.000 millones de dólares vayan también a salir del país en concepto de ahorro de divisas de los particulares. Así es cómo Argentina vuelve al mundo...


Pero aquí no termina todo. Hay mucho más en este fraude económico de Cambiemos. Jamás dijeron que Argentina pasaría a ser un paraíso financiero ni tampoco fiscal. Macri ha hecho del país un lugar ideal para el carry-trade; ganar sin necesidad de producir solo colocando el dinero en instrumentos financieros (Lebac, letras del tesoro) bajo la garantía de una elevadísima tasa de rentabilidad, por encima del 25%. Y además, en lo que tiene que ver con lo fiscal, Argentina llevó a cabo un blanqueo de capitales que sumó 116.800 millones de dólares, sin que esto significara que este monto entrara al país. Solo el 20% regresó y el resto se quedo afuera.


En resumen, luego de tantas cifras, podemos afirmar que Macri engañó al electorado con premeditación y alevosía. Las promesas se esfumaron de la misma manera que lo hacían sus globos amarillos en cada mitin electoral. Las expectativas se desvanecen porque la realidad económica tan negativa comienza a imponerse al relato macrista. La subjetividad económica ya no es tan optimista como afirmaban al inicio de su mandato. Todo lo contrario. La evidencia no engaña.

 

27 Jun 2017
Alfredo Serrano Mancilla
Doctor en Economía, Director CELAG @alfreserramanci

Publicado enInternacional
Para EE.UU. todavía es la economía, estúpido

Hillary gana en las encuestas, pero la economía del país gobernado desde hace ocho años por demócratas no está en su mejor momento: en la crisis, los sectores medios y bajos perdieron una porción importante del poder adquisitivo.


En 1992, el gobernador de Arkansas, Bill Clinton, rompió todos los pronósticos al vencer al presidente George H. W. Bush en su búsqueda por la reelección. Un año antes de los comicios, Bush, que había llevado exitosamente a los Estados Unidos a la guerra en el Golfo Pérsico, contaba con el 90 por ciento de aprobación de la opinión pública, pero en campaña fue demolido por el demócrata, que entendió que en última instancia lo que se evalúa a la hora de elegir al inquilino de la Casa Blanca es el bolsillo. La frase “la economía, estúpido”, escrita en un pizarrón del centro de campaña, se transformó en el slogan principal en su camino a la presidencia.


Veinticuatro años más tarde, su mujer Hillary, tras desarrollar una excepcional carrera política por su cuenta, está cerca de seguir sus pasos. A ochenta días de los comicios, todas las encuestas le dan una ventaja amplia sobre su rival, el republicano Donald Trump, tanto a nivel nacional como en los estados clave. Sin embargo, la economía del país gobernado desde hace ocho años por demócratas no está en su mejor momento: luego de la gran crisis económica de 2008 se recuperaron el crecimiento y el empleo pero en el camino los sectores medios y bajos perdieron una porción importante del poder adquisitivo.


La distribución del dinero entre los sectores más concentrados y la clases populares pueden ser uno de los grandes ejes de debate en las semanas que quedan para los comicios. En el equipo de Trump citan encuestas que marcan que ese asunto está primero entre los factores que evalúan los votantes y también que hay un amplio descontento con la marcha de la economía: “Ese puede ser el camino a la victoria”, señala un asesor del magnate, fuera de micrófono, en diálogo con Página/12.


Por eso, Trump presentó en las últimas semanas un plan económico destinado a seducir a la clase media y baja mediante quitas de impuestos, proteccionismo para crear puestos de trabajo, pero del lado demócrata no hubo aún una propuesta concreta, aunque Clinton detalló en varios actos de campaña algunos de los ejes principales, que van en la dirección contraria a los de su rival: más impuestos para la punta de la pirámide de forma tal de poder financiar más gasto del Estado en forma de beneficios sociales y un ambicioso plan de infraestructura destinado a generar empleo. En los próximos días, aseguran cerca de la candidata, habrá novedades al respecto.


Trumponomics


La base del plan del candidato republicano se basa en la propuesta de eliminar los impuestos federales para todos aquellos que ganan menos de 25 mil dólares por mes, y reducir la carga de las categorías superiores al mismo tiempo que se reforzaría el control para evitar la evasión y la contabilidad creativa. El dinero que se dejaría de percibir por esta vía sería compensado con un fuerte recorte del gasto público y una reducción sustancial del déficit comercial. Es “el plan impositivo más revolucionario desde Reagan”, se jactó en un acto en Detroit, hace algunos días.


En un artículo publicado en el diario Wall Street Journal, Trump prometió políticas que “permitan a la clase media mantener la mayoría de sus deducciones mientras se eliminan aquellas que utilizan los más ricos” de forma tal que “con más dinero en el bolsillo, crezca el gasto en consumo y los ahorros para la educación” al tiempo que “baje la deuda personal” de los ciudadanos.


Una pata central de la propuesta del magnate tiene que ver con una intervención proteccionista en la balanza comercial del país. En su plan, el recorte de impuestos a las grandes corporaciones permitirá que mejoren su competitividad, y pretende que así decidan repatriar puestos de trabajo que las empresas de capital estadounidense relocalizaron en otros puntos del planeta en los últimos años. Además prometió intervenir más en comercio internacional para sostener las ventajas comparativas del país y renegociar acuerdos como el NAFTA y el inminente Tratado Trans Pacífico.


El gasto, estúpido


A diferencia de Trump, que promueve una reducción sustancial del gasto público esperando que la inversión salga de bolsillos privados, la candidata demócrata parece inclinarse por una participación activa del Estado a la hora de inyectar dinero en la alicaída economía local. Para tener esa plata disponible, su propuesta, tomada en parte de la plataforma que presentó durante las primarias su rival el senador socialista Bernie Sanders, es aumentar significativamente los impuestos de los ricos y de las corporaciones. Otro punto que tomó de las propuestas de Sanders fue la suba del salario mínimo federal, que hoy está en siete dólares y medio, hasta diez o más dólares.


A falta de un programa económico detallado, en el que su equipo está trabajando y que podría presentarse en los próximos días, es útil remitirse a su sitio oficial de campaña, HillaryClinton.com: “Es indignante que los multimillonarios puedan regirse por reglas diferentes a las que aplican a las familias trabajadoras, especialmente en lo que refiere a pagar sus impuestos justos y correspondientes dice allí.


Hillary propone exenciones impositivas para la clase media así las familias pueden lidiar mejor con sus gastos. Y va a solventarlo subiéndo los impuestos de los más ricos y eliminando las lagunas legales en el código tributario”. La ex secretaria de Estado también propone un plan de infraestructura centrado en rutas, puentes, transporte público, puertos, aeropuertos y acceso a internet internet. Para lograrlo, propone fundar un banco de desarrollo para dar créditos a emprendimientos privados y estaduales por hasta 250 mil millones de dólares, según los cálculos de su equipo. Otros 250 mil millones saldrían directamente del gasto federal e iría destinado a las obras de mayor calibre.


En conjunto, esto ayudaría a crear puestos de trabajo y reactivar sectores que permanecen deprimidos desde 2008, sostiene Clinton. “En mis primeros cien días, voy a trabajar con ambos partidos para aprobar un plan que cree la próxima generación de empleos de calidad. El corazón de ese plan será la mayor inversión en infraestructura en décadas, incluyendo un banco de infraestructura que atraiga dinero del sector priva

Publicado enEconomía
Sábado, 07 Mayo 2016 06:27

Alemania a la cabeza de la resistencia

Una torta con forma de tarjeta para “celebrar” los cambios en las formas de pago, Kessel, Alemania

La campaña en curso por la desaparición del dinero físico y la defensa del uso generalizado de tarjetas encuentra obstáculos en Alemania ante un público que desea mantener el anonimato frente a la banca y los estados. En el fondo, el debate gira en torno al control de la privacidad de los ciudadanos.

 

“El efectivo es libertad”, reza una carta abierta aparecida en el diario Bild en rechazo al proyecto del gobierno de impedir los pagos en efectivo por sumas mayores a los 5 mil euros. El encabezado es más duro aun: “Manos fuera de nuestro dinero en efectivo”. Alemania es el país donde el proyecto impulsado por la Unión, y que sin duda favorece a la banca, está cosechando las mayores resistencias.

 

Francia ya ha limitado los pagos en efectivo a 3 mil euros y Suecia está a la vanguardia en la eliminación del cash, objetivo que espera alcanzar en pocos años. La solicitada en la que se alienta a las personas a enviar cartas al ministro de Finanzas sostiene que “la limitación del dinero en efectivo no es más que la sospecha del Estado hacia sus ciudadanos”.

 

 
UN PLAN DEL BANCO MUNDIAL.

 

Tanto el combate a la pobreza como la actual promoción de la inclusión financiera son propuestas nacidas del Banco Mundial. El principal argumento consiste en que ayuda a combatir el lavado de dinero y el narcotráfico. Pero en cada ocasión aparecen nuevos argumentos.

 

En América Latina el BM sostiene que los pobres son los más beneficiados por su iniciativa. No tener cuentas bancarias, argumenta, lleva a las personas a padecer de un “déficit de acceso financiero”, poco menos que una enfermedad. En Estados Unidos y en Europa las personas que no tienen cuenta bancaria son menos del 20 por ciento, cifra que trepa en América Latina al 50 por ciento y en varios países de África supera el 80 por ciento.

 

El “Informe sobre el desarrollo financiero mundial 2014. Inclusión financiera”, del Banco Mundial, dice que “las poblaciones de ingreso bajo son las que más se benefician de innovaciones tecnológicas como los pagos a través de teléfonos celulares, la banca móvil, y la identificación de los prestatarios mediante la verificación de las huellas digitales y el escaneo del iris”. Ese año el presidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim, estableció metas para brindar acceso universal a los servicios financieros a todos los adultos en edad de trabajar a más tardar en 2020.

 

“En Sudáfrica, por ejemplo, el número de cuentas bancarias se incrementó en 6 millones en cuatro años gracias a un sistema público-privado –asegura el informe–. En Brasil se amplió el acceso de los habitantes de zonas aisladas a los servicios financieros mediante la promoción de la ‘corresponsalía bancaria’ basada en el uso de tecnología. Se trata de servicios financieros prestados en nombre de las entidades bancarias en tiendas y gasolineras, por agentes que se movilizan en motocicletas y en botes por el río Amazonas.”

 

Pero la realidad no es tan promisoria. El propio caso brasileño debería ser motivo de reflexión. Una de las peculiaridades del país norteño es que buena parte de las transferencias monetarias de programas sociales como Bolsa Familia son transferencias bancarias que dan derecho a tener tarjeta de crédito y débito. De ese modo la cantidad de personas “incluidas” en el sistema financiero creció de modo exponencial.

 

En 2001 el crédito representaba el 22 por ciento del Pbi brasileño, y en 2014 superaba el 58. Mientras el salario creció un 80 por ciento entre 2001 y 2015, el crédito individual aumentó 140 por ciento. El resultado no es sólo un crecimiento exponencial del consumismo, sino del endeudamiento de las familias: en 2015 las familias brasileñas dedicaban el 48 por ciento de sus ingresos al pago de deudas, frente al 22 en 2006.

 

 

LA ANOMALÍA ALEMANA.

 

Los alemanes pagan cuatro de cada cinco facturas en dinero contante y sonante. Se trata –esa es la convicción general– de un modo de proteger la privacidad. “En el mundo digital ofrecer dinero en efectivo es la única manera de escapar de la adquisición de datos y control por parte del gobierno en los bancos y las transacciones monetarias”, puede leerse en el texto del Bild. “El efectivo te protege contra la vigilancia del Estado”, agrega la carta abierta.

 

Diversos grupos políticos germanos, desde los verdes a parte de la derecha, condenaron las medidas propuestas por la Unión Europea. El diputado verde Konstantin von Notz explicó las razones en su cuenta de Twitter: “El efectivo nos permite permanecer en el anonimato durante las operaciones del día a día. En una democracia constitucional, es una libertad que tiene que ser defendida” (The Guardian, 8-II-16).

 

Incluso el jefe del Banco Central de Alemania, Jens Weidmann, se ha distanciado de las propuestas del gobierno, declarando al Bild: “Sería fatal si los ciudadanos tuvieran la impresión de que se les está apartando poco a poco del dinero en efectivo”.

 

Los datos muestran una clara divergencia en el comportamiento de los alemanes respecto de otros ciudadanos de países desarrollados. En 2013 en Alemania sólo 18 por ciento de los pagos se hicieron con tarjeta, comparado con el 59 por ciento en Reino Unido, 54 por ciento en Estados Unidos y el 50 por ciento en Francia.

 

Paralelamente, los niveles de endeudamiento que presentan los consumidores teutones son notablemente bajos. El país tiene a su vez una de las tasas de propiedad de vivienda más bajas, por la aversión de sus habitantes a endeudarse mediante hipotecas.

 

Las razones que explican este comportamiento van desde la traumática hiperinflación que sufrieron los alemanes entre ambas guerras mundiales, hasta la desconfianza en el Estado, ante el cual parecen optar por la autonomía personal y cierto anonimato.

 

 

Publicado enInternacional
Jueves, 27 Noviembre 2014 19:24

El nuevo ALCAP y la banca china

El nuevo ALCAP y la banca china

ALAI AMLATINA, 27/11/2014.- El ascenso de China en Latinoamérica es incuestionable. América Latina posee dos dinámicas comerciales: por un lado, la Cuenca del Caribe, centrada en Estados Unidos y, por otro lado Suramérica, vinculada más hacia China. Unos crecen poco, los otros crecen más rápido. China se perfila como el segundo socio comercial de Latinoamérica para el año 2015, desplazando así a la Unión Europea al tercer lugar y cada vez más cerca de Estados Unidos.

La fragilidad de la recuperación económica de las economías líderes a partir del 2009, empujó a China a buscar nuevos socios comerciales y reforzar acuerdos de integración productiva en el área Asia-Pacífico para dinamizar su comercio exterior, acorde con el XII Plan Quinquenal 2011-2015. Dentro de este esquema, su política exterior consiste en reforzar las relaciones de cooperación en el comercio, las finanzas y el desarrollo con la posibilidad de avanzar hacia la integración comercial con base en las complementariedades con Latinoamérica (1).

Por otro lado, China afianza su rol estratégico en la región apoyándose en el China Development Bank y el Export-Import Bank of China que actúan de dos maneras: 1) otorgan préstamos a largo plazo para la compra de equipo e infraestructura de origen chino; 2) prestamos pagaderos en commodities -principalmente hidrocarburos-. La mayor parte de sus préstamos entre 2005 y 2013 han sido otorgados a los gobiernos de Venezuela (50.6%), Argentina (14.1%), Brasil (13.3%) y Ecuador (10%), que cuentan con abundantes yacimientos de hidrocarburos. El volumen crediticio del período fue de 98,000 millones de dólares frente a los 163 mil millones de dólares otorgados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo juntos en la región (2).

Las relaciones de China con MERCOSUR tomaron un mayor impulso este año con la renovación de la línea de swap (permuta de divisas) a Argentina por 70,000 millones de yuanes (11,000 millones de dólares) para fortalecer sus reservas internacionales, lo que constituye un segundo paso a favor de la internacionalización del renminbi en Latinoamérica. Argentina se convierte así en el segundo país latinoamericano en mantener una línea swap con China tras Brasil, que tiene una por 190,000 millones de yuanes (31,000 millones de dólares) desde el 2013. China tiene además una estrategia con los de la Alianza del Pacífico al establecer oficinas del China Construction Bank en Chile y del Industrial and Commercial Bank of China en México y el Perú a finales de 2014

La reciente cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), realizada en noviembre del 2014, culminó con la creación del Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico ALCAP (FTAAP, por sus siglas en inglés), que le arrebató a Estados Unidos la iniciativa del libre comercio en la cuenca pacífica. El FTAAP está conformada por todos los países del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), más los estados no incluidos en el TPP de la cuenca del Pacifico, básicamente China. La pelea hegemónica del Pacifico la viene ganando China con esta iniciativa y los bancos establecidos en los países que eran bastiones de Washington con la AdelP.

El ALCAP consolida la importancia que tiene América latina para China y la importancia que le dan a los miembros de la Alianza del Pacifico ya que la inversión extranjera china en la región en su conjunto se anticipa que se expandirá diez veces de su nivel actual de 108,000 millones de dólares a 1.25 billones de dólares en la próxima década, dijo el premier chino en la cumbre del APEC .

Finalmente, China creó este año un foro permanente con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con el objetivo de consolidar sus relaciones en la región mediante una base estable de negociaciones. Con esto asistimos a una nueva etapa de las relaciones entre Latinoamérica y China, donde podrán negociar simultáneamente los treinta y tres países con el gigante asiático a partir de 2015. Esto es conceptualmente distinto de la posición de Estados Unidos de negociar sobre la base de uno a uno donde la asimetría no puede ser resuelta.

 

Por Oscar Ugarteche es economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org

Ulises Noyola Rodríguez, miembro del proyecto OBELA, IIEc-UNAM. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

1) Véase China´s Policy Paper on Latin America and the Caribbean 2012 en http://www.gov.cn/english/official/2008-11/05/content_1140347.htm

2) Véase "China: the financial player in Latin America" en Deutsche Bank Research, en http://www.dbresearch.com/servlet/reweb2.ReWEB?document=PROD0000000000339521&rwnode=DBR_INTERNET_EN-PROD$NAVIGATION&rwobj=ReDisplay.Start.class&rwsite=DBR_INTERNET_EN-PROD URL de este artículo: http://alainet.org/active/79076&lang=es

Publicado enEconomía

La teoría económica convencional tiene una idea absurda sobre los orígenes del dinero. En el fondo es un disparate, pero tiene muchas implicaciones en materia de regulación bancaria, reservas y política monetaria. Lo más grave es que la gran mayoría de los economistas creen en la explicación convencional de la ortodoxia sobre los orígenes del dinero.

La narrativa de la teoría dominante corre desde Adam Smith hasta nuestros días. La historia es sencilla: en el principio los seres humanos, por su propensión natural al intercambio, estuvieron involucrados en operaciones de trueque. Poco a poco se percataron que los costos de cada transacción eran muy elevados: el trueque requiere una doble coincidencia de necesidades y, cuando esta condición no se cumple, la transacción no se puede llevar a cabo. Por lo tanto, el trueque es una operación complicada y para facilitar los intercambios se introdujo el dinero. Al pasar el tiempo, el dinero evolucionó hasta llegar a las monedas acuñadas, el dinero fiduciario, las tarjetas de crédito y los cajeros automáticos.

Para la teoría económica el dinero siempre ha sido una "tecnología de transacciones". En una magnífica pero equivocada metáfora, John Stuart Mill afirmó (en sus Principios de economía política) que "el dinero es una máquina que permite realizar, de manera más cómoda, aquello que puede realizarse sin ella". Esto significa que el instrumento monetario es accesorio y no es esencial para realizar los intercambios: éstos pueden realizarse sin ella, aunque con mayores dificultades. En consecuencia, en su programa de investigación la teoría económica decidió que para analizar la esencia del proceso de mercado había que hacer a un lado el dinero.

Desde el punto de vista de la teoría económica, lo que siguió es un verdadero desastre: la introducción del dinero en la teoría económica no ha sido una tarea fácil. La mejor demostración de que el pensamiento económico neoclásico se perdió en un callejón sin salida al escoger este enfoque es que la teoría más sofisticada sobre el mercado, la teoría de equilibrio general, no tolera la presencia de la moneda. Este problema (planteado en 1965 por Frank Hahn) se debe a que el dinero fiduciario no tiene utilidad propia y para que funcione como medio de pago es necesario postular que siempre tendrá un precio positivo, lo que simplemente esconde el problema debajo de la alfombra.

Vale la pena señalar que la teoría de equilibrio general, con todos sus muy importantes defectos, ha sido el principal instrumento para defender los postulados del neoliberalismo. A la luz de lo que acabamos de señalar, eso es un escándalo: el principal instrumento para justificar la desregulación financiera es un modelo que describe (y muy mal) una ¡economía de trueque!

En 1971 se demostró algo sorprendente: en un modelo de trueque en el que las transacciones se llevan a cabo de manera descentralizada, los intercambios no necesariamente se llevan a cabo. La razón es la misma que hemos ya anunciado arriba, a saber que la doble coincidencia de necesidades no siempre se verifica y eso lleva a un bloqueo en los intercambios.

La narrativa dominante sobre el origen del dinero quedó hecha pedazos. Si el trueque generalizado y descentralizado no es posible, entonces no se puede afirmar que primero fue el trueque y después vino la moneda. Lo más importante es que quedó demostrado que el dinero no es una tecnología para agilizar transacciones, sino que es la condición de posibilidad de los intercambios. El análisis lógico demuestra que nunca hubo un mercado sin dinero. El análisis antropológico e histórico revela una historia mucho más interesante e inquietante.

En las obras de Michael Polanyi, de John Maynard Keynes y de L. Randall Wray encontramos otro tipo de análisis en el que el trueque no conduce al dinero. Polanyi explica con gran lucidez y elegancia cómo los intercambios "sin dinero" constituían operaciones en un mercado que no dominaba a la sociedad. Para Keynes el dinero como unidad de cuenta nace y se desarrolla de manera conjunta con el endeudamiento, no con los intercambios. Para Randall Wray las deudas privadas fueron acompañadas de instrumentos de crédito elementales que fueron cristalizando una unidad de cuenta social.

De este modo, la estandarización de la unidad de cuenta es una fase crucial en el surgimiento del dinero. El origen del dinero está en el surgimiento de un sistema de deudas privadas que son reconocidas en una unidad de cuenta que gradualmente adquiere reconocimiento social como una útil referencia para el pago puntual y preciso de las deudas. En consecuencia, el mercado es un espacio en el que los participantes buscan dotarse de medios de pago medidos en la unidad de cuenta de referencia para pagar deudas. Aquí encontramos el embrión de la acumulación capitalista: el mercado no es un espacio para el trueque sino para la obtención de los medios de pago de deudas. Se abre la puerta a una teoría monetaria de la producción.

Publicado enAlternativas
Miércoles, 22 Agosto 2012 10:54

Crédito y consumo, una fórmula perversa


La revista The Economist publicó recientemente un artículo con la teoría de que la inflación no es sólo un concepto económico sino que además se aplica como criterio comercial para exagerar las ventajas de ciertos productos o servicios. Una manipulación así puede suceder en ciertos almacenes de ropa, donde, para motivar más ventas, deciden cambiar las tallas hacia abajo: a un vestido talla 6 lo etiquetan como talla 4, de tal suerte que quien se lo pruebe no puede de la felicidad al pensar que se ha adelgazado. En este caso también juega la marca, en que la diferencia entre el costo de producción y el precio final (en muchos casos. abrumador) es directamente proporcional al posicionamiento de la marca.

Nada más patético de lo que es esta cultura abusiva del consumismo que trae adentro de la bolsa del shopping (centro comercial) un mundo de falsa abundancia que se llena con los zapatos de moda, la cartera, la ropa de marca y las respectivas cremas europeas para atacar las arrugas, todo como producto de la fetichización (idolatría) del deseo y la castración de la felicidad del ser humano.

Y como la plata de los ingresos habituales no alcanza para satisfacer este escenario de deseos provocados por la cultura imperante del capital, tomamos un atajo que nos facilita hacer realidad nuestros sueños, el crédito, oportunidad maravillosa para tomar las ofertas y rebajas que nos ofrece el comercio, que ha descubierto por esta vía un vehículo maravilloso para incrementar ganancias y evitar la contratación de bodegas para guardar los inventarios de las mercancías (basura) que pasan de moda.

Con un cupo amplio y la tarjeta de crédito en la mano, la gente se dedica a utilizarla: otro televisor de plasma, un nuevo reloj, la moto, el celular, la cirugía estética para la niña y tantas cosas inútiles más. Pero llega el día de la cuota mensual, que de manera irremediable habrá que pagar, y así la historia se repetirá por 24, 36, 48, 60 meses o más (hay bancos que otorgan hasta 84 meses). Aquello se convierte en una verdadera esclavitud a pesar de las menores tasas de interés, más amplios plazos y mayores niveles de endeudamiento, características que, si bien de momento significan alivio, muy pronto serán la más dura realidad. Este círculo vicioso es un atentado a las finanzas personales y familiares, pues la entidad financiera, que además le paga la nómina, hará de su salario –con la cuota del pago de su crédito, la cuota de manejo de la tarjeta débito y/o crédito, ectétera– una fuente que alimenta por débito automático sus ingresos institucionales.
Por eso son comunes comentarios como este: “Como tenía buen historial de pagos en las centrales de crédito, me llamaban a ofrecerme tarjetas y yo aceptaba. No me dí cuenta hasta cuando mi sueldo no me alcanzaba. Hoy estoy tratando de refinanciar los pagos, pero me piden hacer un abono que no tengo. Estoy en problemas y me preocupa además el aumento de la tasa de interés que seguramente me incrementará las cuotas”.

Es de anotar que, de acuerdo con cifras de bancarización (mayores de edad vinculados al menos con un producto al sistema financiero), publicadas al corte del mes de marzo de este año por la Asobancaria, el 65 por ciento (19,9 millones de colombianos tienen esta condición), de los cuales sólo 6,4 millones de personas tienen crédito, lo que nos arroja un nivel de bancarización por crédito del 21 por ciento. La cifra es muy precaria en materia de democracia económica, pues el 79 por ciento de los colombianos mayores no tiene acceso al crédito regulado, lo que los convierte en víctimas potenciales de sistemas usureros como el paga diario o gota a gota, que hacen su agosto cobrando escandalosos tasas de interés que en muchos casos superan el 500 por ciento anual.

Desde el punto de vista de los bancos, el incremento de la cartera vencida de consumo no es necesariamente preocupante, por diversas razones: en primer lugar, es normal que la cartera vencida aumente cuando se incrementa el total de la cartera; en segundo lugar, los niveles de la cartera vencida no están todavía en magnitudes preocupantes y el indicador de calidad sigue siendo aceptable (4,8 por ciento en mayo de 2012); en tercer lugar, se cuenta con amplias provisiones para cubrir la cartera vencida (129 por ciento a la misma fecha).

Pero la preocupación, sobre todo desde el punto de vista de la Superintendencia Financiera, es que, en la competencia por colocar más crédito por parte de los bancos, aumente el apetito por riesgo, así como se relajan los estándares de colocación. Derivado de lo anterior, la Superfinanciera ha establecido una provisión adicional que aplicará sobre los incrementos de la cartera de consumo de las entidades que ven incrementar la cartera vencida. Pero no sólo se busca controlar el riesgo; igualmente se mitiga el efecto que tiene la expansión del crédito en el aumento de la inflación.

Todas las medidas para controlar el crecimiento del crédito terminan por incrementar su costo, que los deudores terminarán pagando, en especial al tomar nuevos créditos. Además, un endeudamiento exagerado gente limita la capacidad de gasto futuro de la gente, porque su ingreso neto y su calidad de vida se ven afectados por la carga de las obligaciones de crédito. De acuerdo con su evolución desde 1995, son notablemente altos los compromisos financieros, provenientes del servicio del crédito de consumo (hoy 13,2 por ciento). Pero la carga por todas las modalidades de crédito (15,2 por ciento) luce menos preocupante debido a que lo correspondiente a cartera hipotecaria es muy bajo (2 por ciento).

La situación demuestra cómo la cultura de consumo estimula mucho más el gasto a fin de mantener la demanda, que la decisión de tomar crédito hipotecario para resolver una necesidad básica como la vivienda, en lo cual se reconocen las limitaciones de la mayoría de las familias colombianas por la falta de ingresos y estabilidad laboral para calificar como sujetos de crédito, privándose de beneficios como el que actualmente otorga el gobierno nacional, de hasta 5 puntos anuales en la tasa de interés en los primeros siete años del crédito. Esto, en el caso de los deudores de crédito hipotecario que accedan a vivienda de interés social (VIS).

Según información de la Asobancaria, el aumento de las tasas de interés de colocación ha cumplido el efecto de desestimular la demanda de crédito. Su expansión se moderó durante el segundo semestre de 2011 y los primeros cuatro meses de 2012. En este período, la tasa de variación de la cartera total disminuyó de 26,7 anual a 16,4 por ciento, sobre todo por la desaceleración de la cartera comercial (de 28,6 por ciento anual a 12,4 anual). La cartera de consumo también se moderó pero más lentamente (de 29 a 23 anual) y con un impacto menor sobre la expansión de la cartera total, cuyo crecimiento, en el caso de vivienda y microcrédito, se frenó en el transcurso de 2012 y presenta ahora menores tasas (24,7 y 17,4 anual, respectivamente).

Pero aquí viene otra parte de la historia. El Banco de la República, que en lo corrido de 2012 mantuvo una senda de incrementos en la tasa de interés de intervención para la política monetaria, que llegó hasta el 5,25 por ciento, en julio la disminuyó al 5, atendiendo presiones de los gremios y del propio presidente de la república, que hicieron notable su preocupación por las disminución de la demanda y sus consecuentes efectos en el crecimiento del PIB por debajo de las cifras proyectadas. Con esta disminución, es de esperar que las tasas de interés del mercado, de captación como de colocación, tiendan a la baja, sobre todo la primera, pues el efecto en las tasas de interés de crédito se torna más lento, además de que aumenta la preocupación por los riesgos de la cartera vencida.

A propósito de esta locura que es la fórmula crédito-consumo, en el continente americano y en el mundo, recordemos las recientes palabras de Pepe Mujica, presidente de Uruguay, en la cimbre Rio+20: “Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas se consigue dos trabajos; por tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la moto, el auto, y pague cuotas y cuotas, y cuando se quiere acordar, es un viejo reumático –como yo– al que se le fue la vida. Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor arriba de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental”.

 
Publicado enEdición 183
Política y economía norteamericana: El patriotismo de los ricos

En todo el mundo, los ricos casi no emigran, casi no integran los ejércitos que mandan a sus guerras y que luego llenan de honores y aplausos, y maldicen al Estado que les chupa la sangre. Cuando las economías van bien, exigen recortes de impuestos para sostener la prosperidad y cuando las cosas van mal exigen que el maldito Estado los rescate de la catástrofe (con dinero de los impuestos, está de más decir). 
 
Desde la crisis financiera de 2008, la mayor preocupación de la clase media norteamericana ha sido el desempleo y el déficit, ambas herencias del gobierno republicano de George Bush. Dentro de este partido, el Tea Party ha surgido con una fuerza que le ha permitido dominar su retórica pero tal vez sea su propia ruina en las próximas elecciones, que en principio se les presentan favorables. Su bandera es la ideología Reagan-Thatcher y la ortodoxia de oponerse a cualquier incremento en los impuestos. Aseguran que no se puede penalizar a los exitosos, los ricos, con impuestos, porque son los ricos quienes crean los puestos de trabajo cuando la riqueza comienza a derramarse desde arriba. En un debate de 2008, Obama comentó que los partidarios de esta teoría (más bien, ideología) con la crisis habían descubierto que cuando se espera que la riqueza gotee de arriba el dolor comienza a subir desde abajo.
 
Los datos actuales (para no ir lejos) contradicen la teoría del “trickle-down” llevada a sus extremos por el último gobierno republicano, ya que (1) la capacidad de la avaricia de los “de arriba” es ilimitada, sino infinita, y (2) el desempleo no ha bajado en los últimos años, sino lo contrario.
 
Aunque en el país ya no se destruyen 700.000 empleos por mes como hace un par de años, la creación de nuevos puestos sigue siendo débil (entre 15.000 y 250.000 por mes; un ritmo saludable para bajar el 9.2 por ciento de desempleo debería ser de 300.000 nuevos puestos por mes).
 
Por otro lado, en el último año la productividad ha crecido en proporciones muchos mayores y, sobre todo, los beneficios de las grandes compañías. Cada semana se pueden leer en los diarios especializados los resultados de una gigante financiera, industrial o de servicios que han incrementado sus ganancias en 30, 50 o 60 por ciento, como algo normal y rutinario. Cualquiera de estos porcentajes significan varios billones de dólares. Incluyendo las antes desahuciadas automotoras de Detroit. Sin entrar en detalles de cómo la clase media, Estado mediante, financió el rescate de todos esos gigantes, sin elección y bajo amenaza de que algo peor podía haber seguido.
 
Desde los ´80, la riqueza arriba se sigue acumulando y el desempleo abajo continúa desde el 2009 en niveles históricos. Estudios han mostrado que esta diferencia entre ricos y pobres (Bureau of Economic Analysis), una característica latinomericana, ha crecido bajo esta ideología del trickle-down.
 
Mucho antes de la crisis de 2008, cuando todavía existía un superávit heredado de la administración Clinton, los republicanos lograron reducir los impuestos sobre los sectores más ricos, entre ellos las petroleras. Este período de gracia vencía este año y fue extendido por el propio Obama bajo presión republicana, poco después de que los Demócratas perdieran el control de la cámara baja. Entonces, el presidente Obama fue fuertemente criticado por su propio partido por dar más concesiones a los Republicanos que exigir de ellos algo a cambio.
 
No obstante, en las últimas semanas las posiciones se han polarizado. En una de las últimas reuniones con los republicanos, Obama, el que nunca pierde el equilibrio, se levantó abruptamente amenazando: “no me prueben”. Ante las negociaciones para incrementar el techo de endeudamiento (práctica normal en Estados Unidos y en muchos otros países; sólo en la administración Bush se votó siete veces la misma medida) los republicanos continúan procurando suspender y eliminar varios programas de asistencia social y negándose radicalmente a subir los impuestos a los más ricos (en muchos casos, billonarios).
 
Por el otro, los demócratas y el presidente Obama se resisten a reducir los servicios sociales y en contrapartida exigen incrementar los impuestos a los más ricos. He escuchado a unos pocos millonarios preguntándose por qué ellos no pagaban más impuestos cuando son ellos, precisamente, los que más posibilidades tienen de aportar cuando el país necesita. Cuando el país de mitad para abajo lo necesita, habría que aclarar. Pero aparentemente no son estos millonarios los que hacen lobbies presionando en los congresos de los países.
 
De cualquier forma, y a pesar de toda esta mise-en-scène republicana, no tengo dudas de que antes del 2 de agosto el parlamento votará una nueva alza del techo de endeudamiento. ¿Por qué? simplemente porque le conviene a los dioses inversores de Wall Street. No porque haya trabajadores sin empleos o soldados sin piernas esperando por la caridad del Estado que los mandó al frente a cambio de un discurso y unas pocas medallas.
 
Por Jorge Majfud
Jacksonville University
 

Publicado enInternacional