Martes, 09 Junio 2015 07:33

Hacking inteligente y hacking bruto

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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Hacking inteligente y hacking bruto

Internet, y con ella la computación en general, ha llegado para modificar por completo la forma de comprender el mundo y la realidad, y de explicar los fenómenos; tanto como la forma misma como pensamos y organizamos la sociedad y nuestras vidas.


La importancia de Internet y todo lo que la red comporta es un hecho que, manifiestamente, divide la historia de la humanidad en dos. O en tres si incluimos antes la invención de la imprenta. Lo cual se traduce en la socialización, la divulgación y democratización del conocimiento. En toda la línea de la palabra.


Internet, las tecnologías de la información que caracterizan y definen a la sociedad de la información —un concepto de los años 1970—. De otra parte, las tecnologías convergentes, las NBIC+S; esto es, la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y las tecnologías del conocimiento, además de la dimensión social de la tecnología. Las NBIC+S caracterizan y definen a la sociedad del conocimiento. Y adicionalmente las redes sociales, y la emergencia vertiginosa, pero robusta de los grandes datos (big data) y la ciencia de datos (science data). Vivimos, literalmente, una era de luz.


De esta forma, Internet, y con ella la computación en general, ha llegado para modificar por completo la forma de comprender el mundo y la realidad, y de explicar los fenómenos; tanto como la forma misma como pensamos y organizamos la sociedad y nuestras vidas.
Atrás parecen quedar los tiempos y grupos oscurantistas. Aquellos que eran albaceas del conocimiento, los que reclama

ban para sí feudos de la verdad, o los que preservaban al conocimiento de la sociedad, acaso porque ésta podía llegar a ensuciarlo, según sus propias palabras.
En cualquier caso, lo cierto es que asistimos a una auténtica revolución, que si bien tuvo un origen militar —ARPANET—, ya hoy en día no pertenece a nadie. No obstante, las pretensiones de la NSA (National Security Agency), los planes y acciones de la Red Eschelon, y los respectivos organismos y planes en cada país. Contra aquellas pretensiones, miles, millones de personas alrededor del mundo trabajan denodadamente en la construcción de una sociedad y un mundo en el que la información y el conocimiento no son patrimonio de nadie y, por el contrario, constituyen patrimonio común de la humanidad.


Algunas de las puntas del iceberg de esta nueva sociedad y mundo son bien conocidos: Anonymous, Wikileaks, y algunos de los héroes también: Julian Assange, Edward Snowden, la exteniente Chelsea Manning. Pero la verdad es que, organizados muchos de ellos, pero también espontánea y libremente, son millones los individuos que participan activamente, en una forma u otra, del proceso de horizontalización del conocimiento que representa Internet. Pasando de la web 1.0 a la web 2.0 y ahora a la web 3.0. Y el advenimiento del Internet de las cosas. Lobos solitarios unos, individuos organizados otros.


El conocimiento de la computación es un fenómeno cultural del cual, crecientemente, nadie puede escaparse. Y con la computación, desde luego, el conocimiento de todas sus posibilidades. Incluso, y ello hay que reconocerlo, al costo de la división digital, de un lado, entre los nativos digitales y los migrantes digitales, así como, de otra parte, entre el uso amplio de Internet y la computación, y que, por ejemplo, en términos políticos, pasa por el tránsito del Wifi al Wimax.


Pues bien, en este panorama cultural emergen nuevos conceptos y prácticas. Uno de ellos es el hacktivismo, y la acción de los hackers. Sin embargo, análogamente, a como hacía Sócrates con respecto a los sofistas, hay que establecer distinciones.


Existen los hackers inteligentes, aquellos que intervienen páginas, redes y mecanismos de seguridad, por ejemplo, con la finalidad de revelar prácticas sospechosas, mecanismos de poder y control, en fin, sistemas de exclusión y violencia. Los hay independientes y vinculados a distintos gobiernos. Los hay políticos y también religiosos. Incluso aunque sus ideas son debatibles. Hace ya un tiempo que hemos entrado en la guerra de quinta generación, las guerras por Internet (war–net).


Los mejores ejércitos alrededor del mundo se preparan o intervienen. Hay, manifiestamente, una dinámica propia que sería el objeto de otro texto aparte. A su vez, los núcleos más destacados de algunas religiosas hacen lo mismo, cuando lo hacen. Una buena parte de la inteligencia humana entra, pasa, trabaja con o conoce estas dinámicas y estructuras de la computación que se expresan en el hackeo.


Pero, de otra parte, existen también los hackers brutos. Estos son aquellos que simplemente bloquean información, muy notablemente, de revistas electrónicas, páginas de gobierno, páginas del sector privado. Aquellos otros, por el contrario, roban información para compartirla con el público. Son los Robin Hood contemporáneos, dado que roban la riqueza contemporánea —datos, información, conocimiento— para compartirla con quienes no la tienen.


Pero bloquear páginas en las que se debaten temas como poesía y análisis políticos, artículos de opinión y de ciencia, artículos de denuncia —siempre valientes— de corrupción, paramilitarismo y violencia, artículos sobre libros y sobre las emociones humanas, por ejemplo, es un claro síntoma de bestialidad: hackeo bruto e ignorante si lo hay. Recuérdese que en antropología y literatura la bestia constituye una dimensión distinta a la de los humanos y los animales.


Bloquear páginas sin ninguna autoría ni ningún mensaje. Eso lo hace un estudiante de colegio de grados intermedios de bachillerato, literalmente. Y algunos de los mecanismos de este hackeo se consiguen, sin ninguna dificultad, en el mercado negro de la computación.


Los hackers brutos no conocen, y si lo leen, jamás entenderán ese clásico de Pekka Himanen que es La ética del hacker y el espíritu de la era de la información (original del 2001, con traducciones a numerosos idiomas).


Los hackers brutos son siempre secundones que acatan órdenes sin entenderlas bien. Algo análogo a ese engendro del mal que era Adolf Eichmann, ese funcionario que podía ser cualquier otra persona y que Hannah Arendt estudia magistralmente en su libro sobre la banalidad del mal.
Bloquear información en lugar de debatirla es clara señal de ausencia de argumentos. Bloquear conceptos en lugar de combatirlos al mismo nivel es señal de torpeza y acatamiento que los sitúa en un nivel inferior al de los animales.


Los hackers brutos nunca muestran la cara, y jamás esgrimen banderas, así sean discutibles. Por el contrario, el hacktivismo inteligente identifica fuentes ocultas de información y las comparte con todos (= todos los que estén interesados).


Nos encontramos apenas en la antesala de una nueva etapa de la familia humana. Y sí, como en todas las familias, existen los destacados y los buenos, pero también los vergonzosos y los parias. Sin maniqueísmo.


Los hackers brutos representan lo más vetusto de la cultura humana: la autoridad, el control, el miedo, el oscurantismo y el (neo)institucionalismo. En fin, las formas misma de la política y la justicia han cambiado.


Si Assange, Manning o Snowden son los herejes de nuestro tiempo, ello es señal de que necesitamos más herejes. Y herejes los hay, en todos los niveles. Desde los sleepers (durmientes) hasta gente en diversas organizaciones y niveles de la sociedad que hace lo suyo. Por ejemplo, los articulistas de las revistas bloqueadas, para mencionar tan sólo una franja.

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • Fuente:Palmiguía
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