Viernes, 05 Julio 2019 06:15

Ekaitz Cancela: “Facebook es la viagra de un sistema financiero en plena crisis”

Escrito por Yago Álvarez Barba
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El periodista Ekaitz Cancela en una calle del barrio de Maravillas, Madrid. El periodista Ekaitz Cancela en una calle del barrio de Maravillas, Madrid.

 El periodista Ekaitz Cancela publica su segundo libro en el que describe el sueño de la nueva era tecnológica como una pesadilla en la que el periodismo y los medios de comunicación se convierten en meras herramientas (en peligro de extinción) de la nueva oligarquía mundial de Silicon Valley. 

 

 

Mientras gran parte de la izquierda mundial sigue hablando de recuperar los medios de producción fordistas y señalando a los viejos poderes capitalistas, las nuevas élites de Silicon Valley copan el oligopolio del nuevo petroleo del Siglo XXI: los datos. La digitalización está modificando las relaciones humanas y económicas, pero no está liberando a la sociedad de los viejos yugos que sigue soportando, más bien al contrario.

Según Ekaitz Cancela (Barakaldo, 1993), las élites de Palo Alto, impulsadas por una enorme inversión pública estadounidense que arrancó en la Guerra Fría, se han convertido en los nuevos amos del mundo bajo una apariencia “guay”, pero con métodos de control ciudadano que ni los gobiernos más totalitarios hubieran soñado nunca.

En la primera página de Despertar del sueño tecnológico (AKAL, 2019), como si fuera una carta de presentación para el lector, se nombra a Karl Marx, Friedrich Engels, Walter Benjamin y al activista e intelectual bielorruso Evgeny Morozov. A lo largo del texto, Cancela desnuda esa falsa imagen de democracia tecnológica e intenta despertar, con algún bofetón que otro, del sueño tecnológico en el que vive uno de los primeros sectores que ha sido adalid de la libertad, pero que ha sido el primero, según el autor, en sucumbir al poder y dominio del imperio GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple): el periodismo.

Los dueños de la "nueva imprenta digital" ya no se conforman con vender publicidad y requieren el "feedback" de los "usuarios", es decir, obtener el mayor número de datos de cada ser humano para poder mercantilizar cada esfera de nuestra vida, y los medios de comunicación se han convertido en una de sus principales herramientas.

Leyendo tu libro he pasado por varias ocasiones en las que me han entrado ganas de abandonar el periodismo.


El libro trata de datar la muerte del periodismo, seguramente de tu periodismo, como reflejo o expresión de una transformación muy grande en la estructura económica que, por un lado, está acabando con los trabajadores porque son entendidos como un coste que se pueden ahorrar gracias a la tecnología, y en segundo lugar por una enorme descualificación de la fuerza de trabajo periodística, que va de la mano del capital y que la convierte en simple mercancía.

Lo que veo de bueno en esta situación es, en primer lugar, que entender este cambio nos da alternativas para intentar cambiar el modelo económico actual. En segundo lugar, que el periodismo, o la manera de hacerlo, que no venga de una empresa privada, sino de una institución social pública, como lo puede ser un ayuntamiento o un distrito de barrio.

O sea, para que no tengan que responder a la exigencias de un dueño capitalista, como ha sido históricamente en el periodismo, sino para que sean los propios periodistas los que seleccionen y entiendan esa información pública y, de una manera muy participativa y directa, le pregunten a la comunidad qué información desean conocer y qué temas quieren que se investiguen, en qué queréis que nos centremos.

Y, a cambio, qué tipo de sistema institucional público vamos a diseñar para que esas personas que digieren toda la información para presentarla a la comunidad, igual que el que se dedica a arreglar una farola o cualquier otro servicio público, y qué tipo de servicio público vamos a tener bajo otro sistema económico diferente.

El Salto es un medio cooperativista que intenta escapar de todas esas lógicas capitalistas, pero al final estamos vendidos a Facebook y Google, ya que la gran mayoría de nuestras visitas nos entran por esos medios. ¿Qué puede hacer un medio como este para sobrevivir en ese abismo que describe tu libro?


Yo creo que absolutamente nada. La capacidad que tiene El Salto es la de seguir batallando, la misma capacidad que tiene todo el mundo. Es decir, el sistema capitalista está muy asentado, todas sus dinámicas y lógicas culturales posmodernas están muy extendidas y se pueden ver en gran parte de todos los grandes medios de comunicación patrios, la simplificación de la realidad en titulares virales va en contra de los medios que buscan un pensamiento y crítica más compleja desde la izquierda. Eso deja a El Salto en la posición de que lo único que puede hacer es seguir batallando, pero, por supuesto, cambiar el sistema económico no es una tarea que pueda hacer un medio como este, o por lo menos no él solo.

Es lo que trata de decir el libro: se requiere que la sociedad civil en estrecha alianza con la inteligencia técnica, compuesta por ingenieros, científicos de datos, etc., puedan diseñar soluciones y formas de entender la coordinación y la vida social de una manera muy distinta a la que promueven los mercados, basada en la competencia y en un sistema de precios. El Salto experimenta una enorme competencia a causa del enorme número de medios aparentemente progresistas que hay hoy, y por sí mismo no va a poder cambiar las dinámicas, eso está claro.

Se ha vendido mucho la idea de la “democratización de la tecnología y los medios” con frases como “con un poco de inversión, ahora te puedes montar un medio de comunicación”. ¿Lo ves así?


Es falso. La información siempre ha estado concentrada. Desde la Ilustración han sido los periódicos y los editores los que han sido, de algún modo, los guardianes de la esfera pública. Internet no ha hecho que esa información sea propiedad, no de los periódicos, sino de la ciudadanía. Lo que ha hecho es convertir toda esa información en una materia prima que aprovechan tres o cuatro capitalistas. Eso es lo que ha hecho internet, no ha democratizado, sino que ha creado un nuevo medio de producción donde los costes son mucho más bajos y los procesos más baratos, pero solo lo aprovechan esas tres o cuatro empresas. Está en manos de Google, Facebook, Amazon, Microsoft y Apple.

Mi tesis va justo en contra de la idea de que esto se nos haya democratizado, porque el capitalismo y la democracia son dos lógicas totalmente distintas, pero que hasta ahora habían sobrevivido y se han mantenido en estrecha alianza. Pero en este nuevo paso, donde la información y los datos están en tan pocas manos, vemos que la democracia está en jaque porque esos datos son la columna vertebral de la democracia. El capital lo que está haciendo es centralizarlo, favorecido por las tecnologías de la información al servicio del capital. Por eso hay una derrota en la democracia liberal frente al capitalismo.

Has hablado de esas cinco grandes empresas. Cuesta creer que la gran oligarquía financiera, sumada a empresas como VISA o Mastercard, vayan a ceder su poder hegemónico mundial ante esta nueva élite tecnológica. ¿Cederán, lucharán o colaborarán?


Esa es una de las grandes preguntas. Lo que vemos es que en los últimos diez años de crisis es que Silicon Valley emerge como una forma de legitimar este sistema. No es otra cosa que un laboratorio de pruebas con las lógicas neoliberales que nos han llevado a esta gran crisis global.

Te pongo un ejemplo. Solo tienes que fijarte en las personas que componen los accionariados de Silicon Valley para ver que son fondos de inversión. Es gente que está ganando una gran cantidad de dinero solo porque estas empresas tecnológicas tienen una enorme capitalización bursátil. Lo podemos ver en casos como el de Uber, la cual es absolutamente deficitaria, entre 8.000 y 9.000 millones de dólares de pérdidas en dos años, pero aún así los grandes fondos de inversión siguen invirtiendo en ellas.

Podemos ver tres formas o patas. La primera es en la que las empresas son rentables, como el caso del fondo público de pensiones de Noruega que paga las pensiones a los jubilados gracias a lo que gana invirtiendo en Apple. De tal forma que Apple explota a niños en el sudeste asiático para que el Gobierno noruego pueda pagar las pensiones y el capital financiero sale beneficiado en todo el proceso.

La segunda es que esta industria tecnológica pudo ser el refugio del capital financiero tras la crisis y cuando las tasas del retorno de las inversiones eran muy bajas. El dinero necesita fluir y da igual si se hace invirtiendo en empresas deficitarias, como son muchas de estas tecnológicas, porque si no fluye ese dinero el sistema cae.

En tercer lugar, como el gran banco de pruebas del neoliberalismo. El ejemplo está en los movimientos recientes de Facebook, donde ha firmado grandes acuerdos en los que se incluye a Mastercard, Visa o PayPal. El gran capitalismo financiero está viendo en Facebook una oportunidad para financiar cada vez más ámbitos de nuestras vidas.

Facebook ha anunciado hace bien poco su propia criptomoneda, ¿es este movimiento un nuevo asalto de esa oligarquía de Silicon Valey a los bancos centrales? ¿Están atacando a una de las principales herramientas de las grandes élites financieras?


No es un ataque al sistema neoliberal o al sistema financiero de los bancos centrales, es una manera de mantenerlo a flote. Me explico. Facebook ya hace las labores de banco central. solo que no quiere y ni va a tratar de hacer las labores de un intermediario financiero. Lo que quiere hacer Facebook es crear una moneda respaldada en un sistema de crédito muy intensivo en datos.

Esto es lo que va a permitir a Facebook convertirse en un banco central, pero no de capital financiero o monetario, sino de capital social. En la medida en que Facebook tiene información de cómo se comportan todas las personas en una sociedad, puede ser muy eficiente a la hora de decirle a un banco cuales pueden ser sus capacidades de endeudamiento o cuándo se le ofrece un alquiler por Airbnb. Se le puede decir hasta cuánto puede pagar o cualquier otro dato que se necesite sobre la persona.

Ahí es donde se cruzan con las políticas del Banco Central Europeo y la Troika, que dicen: “lo que necesitamos es que los salarios sigan estancados y la gente no puede ahorrar”. Entonces llega Facebook y muestra el camino para exprimir un poco más a la gente y convertir al individuo en algo alejado de toda concepción social. Ahí es donde entra Facebook. Es la dopamina o viagra de un sistema financiero en plena crisis. No está muerto, pero sí en plena crisis y necesita, por un lado, un nuevo medio de producción y, por otro lado, la legitimidad que ha perdido. Los bancos centrales no son guays, pero Facebook lo utilizan 2.000 millones de personas.

¿Cómo podemos revertir o luchar contra este oligopolio, el GAFA?


Lo primero requiere una labor muy inteligente de teoría económica. Es decir, buena parte de las iniciativas que vienen de los progresistas alemanes o de los países progresistas europeos y estadounidenses, concretamente el demócrata, se basan en una concepción de la competencia muy pobre. Si estas empresas tienen el oligopolio sobre algo es sobre los medios de producción de feedback. Sobre todo el intercambio de información peer to peer, persona a persona. Ese es el gran monopolio, no solo sobre la publicidad. Entonces, una de las principales maneras para atacar a este monopolio, una vez lo hemos comprendido, es pensar formas de gestionar ese feedback de una manera que escape a las lógicas de los mercados, es decir, que no estén sujetos a las lógicas de competencia y que estén excluidos del sistema de precios.

Después podemos pensar en la manera que podemos utilizar este feedback para ver cómo podemos cambiar nuestra economía. Porque o utilizamos esta tecnología para automatizar la planificación que antes estaba en el Estado, o veremos que una empresa como Facebook eliminará ese poder central de los Estados, ocupará ese lugar y automatizará el neoliberalismo de algún modo, que es lo que propone Facebook.

Danos un ejemplo más terrenal. ¿Qué primer paso daría Ekaiz Cancela para combatir ese monopolio?


Conseguir el Estado.

¿Y una vez lo tengas?


Bueno, en España sería complicado, pero a nivel europeo ese estado debería ir a Bruselas y decir: “Hola, comisionada de Competencia, Margrethe Vestarger, te has hecho famosa poniendo multas a Google por un monopolio que no es tal”. Lo primero sería rediseñar las políticas europeas de competencia y empezar a grabar a las empresas por el control que tienen sobre los datos de los ciudadanos. Y se me ocurre una medida muy básica: con todos estos datos que se crean en Europa y van a Estados Unidos, se debe crear una copia en Europa. Luego, si quieren, que vayan a Estados Unidos, pero con esa copia ya tendremos una enorme cantidad de datos con la que podremos empezar a diseñar nuestras economías de una manera diferente.

Además, desde España se puede plantear no solo una política en torno a la tecnología, sino una política industrial del presente. Esta política ¿cómo puede usar la tecnología? Pues se tiene que analizar que tenemos unas industrias que ya no son centrales en nuestra economía. Grandes empresas, como Telefónica, han tenido que firmar acuerdos para usar servicios tecnológicos con otras empresas, como Microsoft, Google o Amazon, para convertirse en intermediarios con otras empresas de esos servicios tecnológicos. Es decir, nuestras empresas son consumidoras de servicios digitales extranjeros, no tienen la tecnología. Esa tecnología se les cede para que la usen a través de Google o se hace por medio de transferencias tecnológicas. Esa ha sido la política industrial desde el franquismo, no ha cambiado, aunque hubiera planes.

El ejemplo más básico es una política que todavía no existe. Que se intentó con Manuel Castells y Felipe González, pero el neoliberalismo no lo permitió. Una política industrial que tenga en cuenta las transformaciones en la estructura económica, que coloque la posición de las estructuras básicas españolas —telecomunicaciones, energéticas, financieras, etc.— y se dé cuenta de que estas empresas han perdido su espacio como sistema central de la economía española.

"El Ibex 35 ha muerto ¡larga vida a Silicon Valley!" Y entender bien cuáles son las dinámicas entre el Ibex 35 y Silicon Valley. Cuando las entiendes bien puedes pensar políticas públicas que puedan romper las primeras y acabar con las segundas. O sea, utilizar el cambio de paradigma que ha supuesto la irrupción de las empresas de Silicon Valley para que el Estado pueda decir: “ahora sí que vamos a tomar el control”.

Pero claro, ya no habrá empresas como la actual Telefónica, que está totalmente privatizada. Por eso una política sencilla para acabar con el capitalismo tecnológico es recuperar las propuestas tradicionales de la izquierda, como nacionalizar los sistemas productivos. No hay ninguna novedad en la manera de atacar al capitalismo digital, solo es recuperar las luchas clásicas de la izquierda pero adaptadas al Siglo XXI.

Volviendo a lo que has comentado sobre la copia de los datos en Europa. ¿Apostarías por una propiedad pública de esos datos, acceso público, soberanía mixta? ¿Cómo sería el modelo que propones para la gestión de esos datos?


El gran tema con los datos es que el concepto de propiedad cambia. La clave es tener acceso y control sobre la estructura. Yo puedo tener propiedad de mis datos y el mundo neoliberal lo que te va a decir es que vayas al mercado con tus datos. Podría ir con todos mis datos de mis estudios a una empresa y decir “estos son mis datos, contrátame”. Pero claro, no harían falta leyes laborales que regulen nada y las medidas de empleo y protección del trabajador desaparecerían. Convertir los datos en una mercancía y ampliar la agenda neoliberal. Esto es lo que están proponiendo los partidos de ultra derecha europeos y estadounidense, como Steve Bannon.

Luego hay otra opción, que es que mis datos sean un bien social, que las estructuras que crean sean un bien público. Es decir, yo con mis datos no puedo hacer nada, por lo que lo que yo decido es que mis datos no sea una empresa la que los explote y se los venda a mi gobierno, sino que todas esas estructuras de los datos estén orientadas a dar un retorno positivo a los ciudadanos.

¿Cómo se puede dar? Pues aquí ya se debería estudiar muy bien cual es la colaboración público-privada y, por supuesto, superar las ideas de Mazzucato, que es la idea de colaboración público-privada que ha comprado gran parte de la izquierda española. Y pensar en cómo fortalecemos una industria pública donde los riesgos estén desplazados al sector privado y los beneficios sean retornados como bien social.

Son todas unas políticas públicas que, por supuesto, requieren tiempo y análisis y mucha capacidad estratégica que no se están teniendo. Estamos perdiendo mucho tiempo, no tenemos margen para pensarlas

Viendo la izquierda que tenemos a nivel nacional y europeo, ¿cuál debería ser el papel de la izquierda? ¿qué le falta?


La izquierda lleva muchos años con una concepción institucional arcaica. Creo que lo que le falta es una concepción de la política distinta y le falta enteder la realidad y el mundo actual tal y como es. La izquierda, la española concretamente, se guía por modelos de hace 30 años. Se sigue guiando por un neoliberalismo tal y como se inició con Thatcher. Pero el neoliberalismo no es solo una ideología, sino que es un proceso que comienza en un punto y se extiende. Entonces lo primero que le falta a la izquierda es el análisis de ese proceso neoliberal, desde que llegó Felipe González hasta que estalló la crisis financia y cuál ha sido la transformación de la economía en estos años. Una vez hecho esto se podría recuperar su papel y plantear políticas distintas.

Para llevar a cabo esto sería conveniente que buena parte de los pensamientos y los debates de la izquierda no estuvieran tan reducidos y restringidos al grupo de teóricos que se ocupa del Estado, o sea, de Podemos y sus intelectuales. Creo que ese proceso debería abrirse a otras corrientes intelectuales que puedan entender la complejidad de los cambios, que son muy difíciles de comprender si nos atenemos a los planteamientos que tienen del Estado gente desde Pablo Iglesias a Carlos Prieto. Creo que es necesaria una innovación política.

En tu libro defiendes en todo momento que esta victoria de la hegemonía tecnológica estadounidense se ha dado gracias a la enorme inversión que hicieron durante la Guerra Fría. Actualmente presenciamos lo que llaman una “guerra comercial” entre Estados Unidos y China con factores tecnológicos de por medio. ¿Nos encontramos en un periodo parecido al de la Guerra Fría?


Los comentaristas occidentales tienden a decir que estamos en una Guerra Fría, porque eso les permite aplicar medidas excepcionales.

¿Militaristas?


Autoritarias, en el caso que sean. La Guerra Fría permitió a Estados Unidos, a través de discursos como la seguridad nacional, desplazar una enorme cantidad de recursos desde lo público al sector privado. Así es como nació Silicon Valley. Después la financiación de la industria tecnológica cayó en manos de los capitalistas de riesgo. Y luego, recayó sobre los fondos de inversión soberanos. Es decir, ahora son los fondos soberanos de los países los que están, en cierto modo, auspiciando el desarrollo tecnológico.

Entonces ahora lo que tenemos es una guerra entre el capital chino, como el que está detrás de empresas como Airbnb; el capital estadounidense, como Goldman Sachs, que está detrás de Uber; Amazon o Alphabet y el capital global, principalmente SoftBank, uno de los fondos de inversión con más dinero del planeta y otros dos millonarios japoneses, básicamente.

Pero hay otra cuestión: la manera en la que Estados Unidos y China han accedido al mercado neoliberal global. Estados Unidos liberalizó y privatizó. China escogió un modelo de capitalismo de Estado donde un poder central controlaba los flujos de capital. Entonces, en este momento donde China ha escogido la soberanía tecnológica, lo que nos encontramos no es otra cosa que un enfrentamiento interestatal en torno al 5G, que no es igual al de Guerra Fría, basado en el terror a la guerra nuclear.

Entonces, ¿qué decantará está lucha? Sencillamente, lo que se hizo durante la II Guerra Mundial: cuando más afectados se ven por la crisis global, le dirán a los aliados que en este caso son las empresas europeas (más que sus gobiernos) las que tiene acuerdos con China que dependen enteramente de Estados Unidos en materia comercial y de seguridad. Huawei es la amenaza competitiva más grande a largo plazo para el dominio yanqui sobre la tecnología inalámbrica.

Como es bastante probable que EE UU no pueda hacerle frente simplemente reduciendo costes, la única opción será adoptar una posición de fuerza y chantaje. Su legitimidad se ha agotado y, aunque no sabemos cuáles serán las peripecias que haga para preservar su hegemonía, Sillicon Valley será central en sus planes de futuro.

Será mucho más fácil que gane esta guerra Estados Unidos, por el enorme poder que tiene, pero yo no descartaría una nueva guerra pacífica. Habrá que esperar a elecciones, porque como salga Trump de la Casa Blanca y entre la corriente más demócrata, puede que veamos una perfecta alianza entre las dos potencias.

Leyendo el libro parece que defiendas en varias ocasiones que esta nueva oligarquía puede que nos lleve a escenarios de totalitarismo que sean incluso más duros que otros anteriores, incluso lo comparas con el Holocausto nazi. ¿Cómo explicas al lector de esta entrevista que el “bueno” de Zuckerberg pueda llegar a ser peor que Hitler?


Bueno, a mí lo que me molesta es el capital. Hitler lo que hizo fue negarle a las clases populares o a las clases proletarias su derecho a transformar las relaciones de la propiedad y ponerse a sí mismo en su lugar. Un líder carismático que anuló a las masas para establecer un sistema totalitario que mantuviera las relaciones de propiedad intactas. Eso es lo que ocurrió en la II Guerra Mundial y de hecho los empresarios alemanes estarán muy contentos de que así fuera y no hubiera una revolución comunista. Lo que yo digo es que ahora está ocurriendo un proceso muy similar, no en el sentido de que Zuckerberg sea Hitler, sino en el de que los capitalistas necesitan medidas excepcionales para establecer el orden.

Y esto viene acarreado por la enorme crisis que sufrimos en 2008 y todavía no ha terminado, es decir, las políticas de austeridad y neoliberales que se han implantado en los úlitmos diez años son totalmente autoritarias. No tenemos a Hitler, pero tenemos a gente como Mario Draghi.

Está claro que el mundo ha evolucionado y no hay cámaras de gas, pero es que en la época de Hitler los humanos eran improductivos y eran quemados en esa maquinaria de exterminio, pero ahora mismo los usuarios son extremadamente productivos. No hay un solo humano que no sea productivo. Y ese es el comportamiento autoritario: convertir a todo ser humano en algo dirigido al mercado y a las relaciones del mercado. Eso es autoritario en el sentido en el que empresas como Facebook controlan todos nuestros movimientos, desde la producción al consumo, los dos polos del mercado.

Hay una sociedad civil, pero civilizada por el capital, y para mí eso es autoritario y el capital puede ser más autoritario que cualquier gobierno como el chino. Sus lógicas solo se guían por la rentabilidad y reducir costes, y los costes que reducen esta tecnología son humanos, no productivos. ¿Y qué ocurrirá con esas personas? Expulsarlos de los mercados y de la economía va a necesitar mucha violencia. Probablemente no haya cámaras de gas, pero fíjate en las tasas de suicido anuales, u otros indicadores de males modernos. La violencia policial o los altos índices de personas encarcelados. Puede que no sea la misma violencia de antes, pero la habrá.

Y por último, ya que Google me va a joder el trabajo, ¿sabes si por lo menos ha creado ya alguna aplicación para transcribir entrevistas tan largas como esta?

[Ríe] Seguro que sí.

 

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado


publicado

2019-07-05 07:00:00

Información adicional

  • Antetítulo:Tecnología
  • Autor:Yago Álvarez Barba
  • Región:Europa
  • Fuente:El Salto
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