¿Por qué América Latina es el epicentro de la pandemia?

Entre los países con mayor cantidad de infectados por el Covid-19, hay cuatro latinoamericanos: Brasil (segundo), Perú (séptimo), Chile (octavo) y México (décimo). Chile tiene el triste récord de contagiados por habitante (15 mil cada millón), seguido por Perú (8 mil 500), muy por encima de Estados Unidos, España e Italia.

México es una de las naciones del mundo que menos exámenes hacen por habitante (apenas 4 mil 300), siendo el más rezagado de la región con mayor población. Chile hace 15 veces más tests por habitante y Bolivia 20 veces más.

En la semana que finalizó el 28 de junio, los cuatro primeros países del mundo en fallecidos por millón de habitantes son latinoamericanos: Chile con 48, México con 31, Perú con 28 y Brasil con 26 (https://bit.ly/3dSSnWg). En Bolivia y Colombia la tasa de contagiados crece de forma permanente.

A medida que se conocen nuevos datos, la indignación crece. En Sao Paulo, la diferencia en el porcentaje de muertos por el Covid-19 entre los barrios ricos y los pobres es alarmante. En Bela Vista, región central, mueren 20 personas por cada 100 mil habitantes; en Brás, barrio pobre del centro, fallecen 87 por cada 100 mil habitantes (https://bit.ly/2VyBFoK).

Encuentro tres razones básicas para comprender por qué América Latina es hoy el centro global de la pandemia, situación que está lejos de disminuir.

La primera es la desigualdad, que carga en sus ancas, como compañeras de viaje, la corrupción, el desmantelamiento de los servicios sanitarios y la pobreza estructural de la mitad de la población.

Mientras la OMS recomienda ocho camas de hospital por cada mil habitantes (en Brasil es de 2.2), en algunos municipios de la Baixada Fluminense (estado de Río de Janeiro), como Seropédica e Itaguaí, hay apenas 0.3 a 0.8 camas por cada mil habitantes (https://bit.ly/2V8XITa).

En Perú, 70 por ciento de la población trabaja en el sector informal. Algunos mercados, como La Victoria, en Lima, presentaban en mayo 86 por ciento contagiados (https://bit.ly/3ggo3q7).

En Chile, donde los de arriba violan la cuarentena como y cuando quieren, incluyendo al presidente, en los barrios "altos", como Las Condes y Providencia, 90 por ciento de los hogares tiene acceso a Internet. En Cerro Navia, La Pintana y Lo Espejo no alcanza ni a 30 por ciento, afectando las posibilidades de educación a distancia.

Un excelente artículo en El Desconcierto, titulado "No conocen su país", destaca que "75 por ciento de los ingresos de los chilenos se destina a pagar deudas y que 82 por ciento de los mayores de 18 años es deudor moroso" (https://bit.ly/3eCWGpw). Dos millones de personas tienen serios problemas para acceder al agua potable y en muchos hogares conviven cuatro generaciones bajo un mismo techo.

El segundo problema es la violencia, que ha desestructurado nuestras sociedades y convertido a los estados-nación en espectadores cómplices del neoliberalismo. El "monopolio de la violencia legítima", que se atribuye a los estados, es una broma macabra, cuando ya no hay diferencias entre mafias y estados.

Cada masacre es testigo de la complicidad de los cuerpos armados, como acaba de suceder en San Mateo del Mar y en cada una de las matanzas que se suceden, cada semana, contra poblaciones originarias y negras de nuestro continente.

Aunque algunos se hagan los distraídos, sabemos que la violencia forma parte de la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, que es la seña de identidad del capitalismo en este periodo de turbulencias y tormentas. Dicho de otro modo: la violencia es sistémica, para acumular riquezas y contener a los pueblos. No es una desviación del sistema, es su núcleo duro, lo que le permite existir.

La tercera causa se deriva de las anteriores: gobiernos erráticos, incapaces no sólo de contener la pandemia –algo que podría entenderse dadas las tremendas condiciones estructurales que heredaron– sino de aceptar sus fracasos, con un mínimo de humildad. Hay gobernantes que "mueven" la aguja del pico de la pandemia cuando las cuentas no les cuadran. No sólo en México.

La pandemia muestra tanto la crisis de la gobernabilidad, como las consecuencias de tres décadas de neoliberalismo sobre las instituciones y contra los pueblos. Los gobiernos no gobiernan, apenas acompañan servilmente los proyectos del capital y del imperio de Trump.

Como a esta pandemia sucederán otras, algunas ya anunciadas (como una peste porcina en ciernes) y otras inevitables (como las ambientales que presagian los incendios forestales, las plagas de langosta y la sucesión de sequías e inundaciones), es tiempo de reflexionar y tomar precauciones.

¿Quién va a defender a los pueblos cuando los gobiernos decretan el encierro masivo, mientras el extractivismo (minería, monocultivos y grandes obras) sigue destruyendo y asesinando? O nos organizamos o estaremos condenados a ser hojas en la tormenta sistémica.

Publicado enInternacional
https://oleada.com.ar/la-globalizacion-ha-muerto/neoliberalismo-estado-y-pandemia/

Este artículo se ocupa de algunos de los aprendizajes de cara a otra normalidad; es decir, a otra democracia. Podemos pensar, desde ya, un nuevo gobierno.

 

Los organismos vivos aprenden, y con rapidez, como pueden, o de lo contrario corren el riesgo de convertirse en endémicos y desaparecer. Así, el aprendizaje es condición de posibilidad de la adaptación. En otras palabras, la adaptación es el resultado de aprendizajes. La crisis del covid-19 puso de manifiesto: a) que la vieja normalidad era inviable; b) que esa normalidad no pudo prever ni tratar convenientemente la crisis; c) que las sociedades aprenden y se rebelan. Justo antes de la epidemia había un fantástico proceso de acción colectiva en el mundo, alimentado por causas y banderas regionales y locales en muchos casos, pero con coincidencias a escala internacional. Estas coincidencias son el resultado de la globalización.

Una mirada rápida al pasado

La pandemia del covid-19 no generó una crisis. La crisis ya venía desde mucho antes. Los diagnósticos son amplios, sólidos y conocidos –particularmente por especialistas–. Una demostración de esta crisis es que había un amplio movimiento de protesta social y político en numerosos países, a pesar de que no siempre aparecen en los titulares de los principales medios de comunicación. Pero los movimientos sociales, políticos y ambientalistas sí los conocen, los tienen referenciados y se nutren unos a otros. Internet ayuda mucho; a través de su superficie, o bien por medio de la web profunda. Muchos de los viajes antes de la pandemia eran procesos de participación y nutrición de experiencia distintas.
Una mirada rápida al pasado nos permite afirmar que la crisis del covid-19 llegó como maná del cielo para los estados, los gobiernos y las corporaciones, y permitieron llamar, no sin buenas justificaciones, al confinamiento. Ciertamente que el aislamiento personal era y sigue siendo necesario. Pero ello no impide, en absoluto el aislamiento social. De consuno, los gobiernos impusieron, unas veces abiertamente, y otras de manera fáctica sin previo aviso, amplios controles digitales: reconocimiento facial, cuestionarios y formularios de todo tipo, aplicaciones en los teléfonos y otras medidas. Todo, control social con fines políticos, cobijados por presuntas políticas sanitarias. No hay que olvidar jamás que la penalización de la protesta social siempre ha ido de la mano desde el siglo XIX con la medicalización de la sociedad. Se trata de dos caras de una misma moneda.

Un mirada al futuro inmediato hacia una política de vida

El capitalismo, como de hecho toda la racionalidad de Occidente, es cortoplacista. Eficiencia, eficacia, resultados (¡inmediatos!): este es el núcleo de lo que significa el capitalismo a nivel de racionalidad y por tanto como forma de vida. Ciertamente que existe la planeación y la planificación, pero ambas, con las distintas formas y expresiones que tienen (estrategia, prospectiva, liderazgo, etc.), están en función de resultados tangibles y concretos; y cuanto a más corto plazo, tanto mejor. No en vano la teoría de juegos puso de manifiesto que en el capitalismo la gente prefiere una ganancia segura y breve a corto plazo que una ganancia incierta a largo plazo. Los estudios al respecto son numerosos.


Durante el confinamiento mucha gente se dio cuenta que no hay valor más determinante que la vida y la salud: en toda la extensión de la palabra. La conclusión es que todas las políticas se derivan del cuidado de la vida y la salud o bien conducen a su afirmación, exaltación y posibilitamiento. El consumo y el endeudamiento no admiten ninguna justificación. De esta suerte, la publicidad, el diseño, el sistema de crédito y el marketing en todas sus expresiones constituyen formas de socavamiento de la vida humana; es decir, del bien vivir, del convivio, y de la tranquilidad, la alegría y las esperanzas de vida. En una palabra, vivir para pagar deudas no es vida. La gente puede redimensionar drásticamente el estilo de vida que llevaba antes. No en vano, los mecanismos de los bancos son siempre de miedo: y como en toda la mejor tradición literaria, religiosa y teológica, el mal se alimenta siempre del miedo de las gentes. En esos consisten los demonios. Y a los demonios se los puede derrotar.

Nuevas formas de vida, estilos de vida y estándares de vida son posibles, deseables y necesarios.

No hay que olvidar que antes que los mecanismos policivos –en todos los países los sistemas policivos son violentos y arbitrarios por regla general– y militares y de seguridad (espionaje y demás), el principal factor de control político en el capitalismo financiero son los bancos y el sistema financiero. Ellos, con sus bases de datos y políticas de amedrantamiento son los verdaderos guardianes del sistema de poder que es el capitalismo. Por ello mismo, antes las crisis financieros, los gobiernos y estados nunca han dudado en salvarlos. No por el bien de la economía, sino por la función de control político panóptico que cumplen. Los almacenes, con sus sistemas puntos y fidelización y demás, sólo coadyuvan al control de las gentes por parte de los bancos y las financieras.

Por ello mismo no hay nada más peligroso para el sistema que la no bancarización de las personas o la baja bancarización. De aquí el temor a que las personas devuelvan las tarjetas de crédito, a que no usen tarjetas de débito y demás. Y precisamente por ello el sistema financiero insiste cada rato en actualización de datos de los usuarios.

Una mirada al futuro a mediano plazo hacia una política de vida

No tiene absolutamente ninguna justificación que el primer renglón en el gasto de los gobiernos –locales, municipales, departamentales, a nivel nacional y mundial– sea el de defensa y seguridad. La crisis del covid-19 no fue por el virus, sino justamente por la muy baja inversión en políticas sociales por parte de todos los niveles de gobierno. Es decir, en políticas de salud, educación, vivienda, y con ello, en investigación, ciencia y tecnología.

La sociedad civil debe poder organizarse, por ejemplo, a través de las universidades, Ongs y medios de comunicación alternativos –redes universitarias, campesinas y otras– para que haya una entrega de informes sobre el manejo de los presupuestos públicos. Al fin y al cabo, el dinero es de la gente, procede de la gente y el manejo del mismo le debe ser devuelto con total transparencia a las personas. En el futuro inmediato y a mediano plazo el principal renglón de inversión debe ser social en toda la acepción de la palabra, incluyendo protección al medio ambiente, inversión en wimax o acceso gratuito a internet por parte de la población, y demás aspectos relacionados.

De la misma manera, debe haber, absolutamente, una política de datos abiertos en toda la extensión de la palabra. Nuevamente: los datos proceden de las gentes, les pertenecen y les deben ser devueltos. En este sentido, la sociedad civil debe poder organizarse ampliamente para formarse más fuertemente en sistemas informacionales en toda la línea de la palabra. Así, los movimientos sociales –indígenas, comunitarios, barriales, de estudiantes, los sindicatos, asociaciones de diversa índole, y demás–, deben poder un manejo de los datos de forma abierta y horizontal. En el pasado esto no sucedió. Y esta fue una de las razones de la violencia, la inequidad y la injusticia. Sin ambages, la calidad de vida es directamente proporcional, hoy por hoy, al tipo de información que una sociedad dispone, que se produce, que se consume, que se acumule y que se acumula. Diversas aristas emergen de este reconocimiento.

La acción colectiva renacerá en el futuro inmediato y a mediano plazo. El confinamiento sirvió para numerosos aprendizajes, y para mucha reflexión, así como para una ponderación de las urgencias y las necesidades. De entrada no son las ideas las que mueven a los seres humanos; son las necesidades y las experiencias. Las ideas vienen después –o antes– pero no acompañadas.

En este sentido, es muy importante observar un aspecto: de forma clásica siempre la acción se ha anticipado a la organización. Nunca han sido las organizaciones las que han generado acciones en la historia. Viene siempre primero la acción, y luego las formas de organización. Convertir a las organizaciones en ejes de la acción es afán de control. Y la vida no puede ser controlada. Esto quedó en claro con la pandemia. La vida se rebela siempre, y siempre lo hará contra el control, en cualquier expresión, más temprano o más tarde. Si las organizaciones sociales y políticas no aprenden esto serán sobrepasadas por el presente y por la historia. Esta es la principal enseñanza de la complejidad.

Mucho más que el apoyo de los gobiernos y las empresas, que en algunos casos fue evidente, lo que sostuvo a la gente, contra viento y marea, fueron las redes de apoyo social: la solidaridad, los amigos, la familia, el vecindazgo, y de más. Es la verdadera reserva de la sociedad. La ayuda mutua no admite dilaciones y es eminentemente gratuita. Contra la idea capitalista de costo-beneficio. Al estado y al gobierno hay que aprovecharlos, pero sin entregarles enteramente la confianza. Este es el ABC de lo que en teoría jurídica se llama el garantismo (planteado, por ejemplo, por L. Ferrajoli).

No es el Estado el que es el fin último de la sociedad; y ciertamente no en condiciones de injusticia, inequidad, violencia, impunidad y corrupción. Es, por el contrario, la vida; sana y saludable, con garantías de bienestar, con alegría y optimismo. Con tranquilidad y sin desasosiego y zozobra.

Esta idea conlleva el reconocimiento de formas alternativas de educación, economías alternativas, medios alternativos de comunicación, en fin, mucha acción colectiva de ayuda mutua, cooperación y solidaridad.

Una mirada al futuro a largo plazo, hacia una política de vida

Es evidente que los grandes medios de comunicación le han estado mintiendo al país. La crisis de la pandemia sirvió también para el fortalecimiento y el surgimiento de formas de comunicación e información alternativas. Hacer documentales en formato Whatsapp, es una novedad mundial. Además de su contenido, inmensamente valioso, la serie Matarife, escrita por Daniel Mendoza manda un mensaje de aprendizaje para los movimientos sociales y políticos alternativos. La inteligencia de Mendoza estuvo, además, en las redes de producción internacional para proteger la serie y los contenidos de denuncia. A mediano y largo plazo, este aprendizaje se reproducirá, y verosímilmente se mejorará, en este y en otros países.

La vida es un juego que se juega a largo plazo, jamás a corto plazo.

Sólo una política de vida, en toda la extensión de la palabra podrá tener sentido en el futuro: a corto, a mediano y largo plazo. Esta es una política de le da prioridad a las políticas sociales, a las políticas ambientales, a las políticas culturales, en primer lugar y todas en el sentido más amplio e incluyente de la palabra. Vivienda, educación, salud, recreación y deporte, esparcimiento, cultura, protección y promoción de las artes, investigación, ciencia y tecnología, son algunos de los ejes principales y componentes de estas políticas de vida. La seguridad social no puede ser más un bien privado. El Estado debe asumir las garantías de la protección social en toda la línea de la palabra. La renta básica universal debe poder ser un hecho, porque las ganancias del Estado y del sector privado ponen suficientemente de manifiesto que la renta básica universal es efectivamente posible. Riqueza hay mucha: el problema es su distribución social.

Particularmente en el caso colombiano, de una vez por todas, con dos siglos de retraso con respecto a muchos países, debe ser posible la reforma agraria. Una Colombia sin tal reforma es simplemente inviable. Eso se traduce, como hoy, en un Estado fallido y muy posiblemente en un Estado fracasado.

Colombia jamás ha formado parte de América Latina, políticamente hablando. Ya es hora de que participe activamente en temas, problemas y políticas latinoamericanas; por ejemplo, el rechazo abierto a planes, políticas y acciones de invasión o ataques a otros países del subcontinente. Las élites criollas jamás han participado de las gestas sociales y políticas de América Latina. Contra este hecho, la nación colombiana sí podrá hacerla. Jamás se podrá desconocer las diferencias fundamentales que existen entre la nación y la república. La nación hace referencia a las gentes. La república a las instituciones.

Una política de vida es política de las gentes y para las gentes. Lo que siempre se ha llamado el pueblo (un concepto del siglo XIX). No para las instituciones, las normas y las leyes. No en última instancia, ya es hora de cambiar por completo los llamados símbolos nacionales: la bandera, el himno nacional, el escudo y demás símbolos. Ya en la tercera década del siglo XXI los símbolos nacionales son arcaicos, vacíos, peligrosos incluso. Nadie cambia si no cambia también los sistemas simbólicos existentes. No hay, a la fecha, ningún movimiento social o político en el país que haya planteado el tema abiertamente. Quizás porque hay otras prioridades. Esta es una tarea en el futuro.

De manera radical, ningún gobierno futuro podrá ser verdaderamente democrático y garante de vida si no toca la función de producción. Es decir, un cambio de gobierno no debe ser posible dejando intacta la función de la producción que, en palabras elementales, se traduce en la permisibilidad al extractivismo, minero, urbanístico y otros; la explotación de los seres humanos, la generación de plusvalía, en fin, el crecimiento económico, el desarrollo y el consumo como principales mediciones de la economía.

El confinamiento no va a impedir la capacidad de soñar

El confinamiento producido por la crisis política, económica y sanitaria potenciada por el covid-19 no podrá frenar la capacidad humana de soñar. Que es lo que quieren los principales poderes –políticos, económicos, y militares con ayuda de las tecnologías–.

El principal problema de salud pública en el mundo es la salud mental. Un gobierno que no alivie y soluciones efectivamente la salud mental es violento y carece de cualquier legitimidad. Es decir, se trata de devolverle –o conseguirle, según el caso–, la alegría a la gente, el optimismo, las ganas de vivir, la capacidad de soñar, la ausencia de estrés de todo tipo. Vivir no debe ser un fardo, y si las instituciones tienen algún sentido no es otro que el de hacer de la vida un asunto de alegría. No de sentidos de pertenencia, lealtad, trabajo, entrega, colaboración y otros eufemismos que implican atadura y esclavitud disfrazada.

Simple y llanamente, no debe haber problemas de salud mental: en el ámbito de las políticas de salud esto es un gobierno bueno y legítimo. Es decir, agotamiento, fardo, desasosiego, estrés, cansancio mental y físico, accidentes laborales, depresión, ansiedad, angustia, ideaciones suicidas e intentos de suicidio, crímenes, delincuencia de todo tipo, incluyendo de “cuello blanco”, la sensación de impunidad,, inequidad e injusticia, violencia simbólica, y otros aspectos próximos y relacionados.

El tema es simple y sencillamente el de saber vivir y vivir bien. Que no es un asunto ideológico en absoluto, sino de experiencias de vida, en la misma cotidianeidad.

Una conclusión sumaria

Hablar de un nuevo gobierno es la expresión genérico para decir: un nuevo Estado, un nuevo régimen político, y más radicalmente una nueva civilización. Esta es la apuesta final, este es el tema último de todas las consideraciones.

 

 

 

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Publicado enColombia
https://oleada.com.ar/la-globalizacion-ha-muerto/neoliberalismo-estado-y-pandemia/

Este artículo se ocupa de algunos de los aprendizajes de cara a otra normalidad; es decir, a otra democracia. Podemos pensar, desde ya, un nuevo gobierno.

 

Los organismos vivos aprenden, y con rapidez, como pueden, o de lo contrario corren el riesgo de convertirse en endémicos y desaparecer. Así, el aprendizaje es condición de posibilidad de la adaptación. En otras palabras, la adaptación es el resultado de aprendizajes. La crisis del covid-19 puso de manifiesto: a) que la vieja normalidad era inviable; b) que esa normalidad no pudo prever ni tratar convenientemente la crisis; c) que las sociedades aprenden y se rebelan. Justo antes de la epidemia había un fantástico proceso de acción colectiva en el mundo, alimentado por causas y banderas regionales y locales en muchos casos, pero con coincidencias a escala internacional. Estas coincidencias son el resultado de la globalización.

Una mirada rápida al pasado

La pandemia del covid-19 no generó una crisis. La crisis ya venía desde mucho antes. Los diagnósticos son amplios, sólidos y conocidos –particularmente por especialistas–. Una demostración de esta crisis es que había un amplio movimiento de protesta social y político en numerosos países, a pesar de que no siempre aparecen en los titulares de los principales medios de comunicación. Pero los movimientos sociales, políticos y ambientalistas sí los conocen, los tienen referenciados y se nutren unos a otros. Internet ayuda mucho; a través de su superficie, o bien por medio de la web profunda. Muchos de los viajes antes de la pandemia eran procesos de participación y nutrición de experiencia distintas.
Una mirada rápida al pasado nos permite afirmar que la crisis del covid-19 llegó como maná del cielo para los estados, los gobiernos y las corporaciones, y permitieron llamar, no sin buenas justificaciones, al confinamiento. Ciertamente que el aislamiento personal era y sigue siendo necesario. Pero ello no impide, en absoluto el aislamiento social. De consuno, los gobiernos impusieron, unas veces abiertamente, y otras de manera fáctica sin previo aviso, amplios controles digitales: reconocimiento facial, cuestionarios y formularios de todo tipo, aplicaciones en los teléfonos y otras medidas. Todo, control social con fines políticos, cobijados por presuntas políticas sanitarias. No hay que olvidar jamás que la penalización de la protesta social siempre ha ido de la mano desde el siglo XIX con la medicalización de la sociedad. Se trata de dos caras de una misma moneda.

Un mirada al futuro inmediato hacia una política de vida

El capitalismo, como de hecho toda la racionalidad de Occidente, es cortoplacista. Eficiencia, eficacia, resultados (¡inmediatos!): este es el núcleo de lo que significa el capitalismo a nivel de racionalidad y por tanto como forma de vida. Ciertamente que existe la planeación y la planificación, pero ambas, con las distintas formas y expresiones que tienen (estrategia, prospectiva, liderazgo, etc.), están en función de resultados tangibles y concretos; y cuanto a más corto plazo, tanto mejor. No en vano la teoría de juegos puso de manifiesto que en el capitalismo la gente prefiere una ganancia segura y breve a corto plazo que una ganancia incierta a largo plazo. Los estudios al respecto son numerosos.


Durante el confinamiento mucha gente se dio cuenta que no hay valor más determinante que la vida y la salud: en toda la extensión de la palabra. La conclusión es que todas las políticas se derivan del cuidado de la vida y la salud o bien conducen a su afirmación, exaltación y posibilitamiento. El consumo y el endeudamiento no admiten ninguna justificación. De esta suerte, la publicidad, el diseño, el sistema de crédito y el marketing en todas sus expresiones constituyen formas de socavamiento de la vida humana; es decir, del bien vivir, del convivio, y de la tranquilidad, la alegría y las esperanzas de vida. En una palabra, vivir para pagar deudas no es vida. La gente puede redimensionar drásticamente el estilo de vida que llevaba antes. No en vano, los mecanismos de los bancos son siempre de miedo: y como en toda la mejor tradición literaria, religiosa y teológica, el mal se alimenta siempre del miedo de las gentes. En esos consisten los demonios. Y a los demonios se los puede derrotar.

Nuevas formas de vida, estilos de vida y estándares de vida son posibles, deseables y necesarios.

No hay que olvidar que antes que los mecanismos policivos –en todos los países los sistemas policivos son violentos y arbitrarios por regla general– y militares y de seguridad (espionaje y demás), el principal factor de control político en el capitalismo financiero son los bancos y el sistema financiero. Ellos, con sus bases de datos y políticas de amedrantamiento son los verdaderos guardianes del sistema de poder que es el capitalismo. Por ello mismo, antes las crisis financieros, los gobiernos y estados nunca han dudado en salvarlos. No por el bien de la economía, sino por la función de control político panóptico que cumplen. Los almacenes, con sus sistemas puntos y fidelización y demás, sólo coadyuvan al control de las gentes por parte de los bancos y las financieras.

Por ello mismo no hay nada más peligroso para el sistema que la no bancarización de las personas o la baja bancarización. De aquí el temor a que las personas devuelvan las tarjetas de crédito, a que no usen tarjetas de débito y demás. Y precisamente por ello el sistema financiero insiste cada rato en actualización de datos de los usuarios.

Una mirada al futuro a mediano plazo hacia una política de vida

No tiene absolutamente ninguna justificación que el primer renglón en el gasto de los gobiernos –locales, municipales, departamentales, a nivel nacional y mundial– sea el de defensa y seguridad. La crisis del covid-19 no fue por el virus, sino justamente por la muy baja inversión en políticas sociales por parte de todos los niveles de gobierno. Es decir, en políticas de salud, educación, vivienda, y con ello, en investigación, ciencia y tecnología.

La sociedad civil debe poder organizarse, por ejemplo, a través de las universidades, Ongs y medios de comunicación alternativos –redes universitarias, campesinas y otras– para que haya una entrega de informes sobre el manejo de los presupuestos públicos. Al fin y al cabo, el dinero es de la gente, procede de la gente y el manejo del mismo le debe ser devuelto con total transparencia a las personas. En el futuro inmediato y a mediano plazo el principal renglón de inversión debe ser social en toda la acepción de la palabra, incluyendo protección al medio ambiente, inversión en wimax o acceso gratuito a internet por parte de la población, y demás aspectos relacionados.

De la misma manera, debe haber, absolutamente, una política de datos abiertos en toda la extensión de la palabra. Nuevamente: los datos proceden de las gentes, les pertenecen y les deben ser devueltos. En este sentido, la sociedad civil debe poder organizarse ampliamente para formarse más fuertemente en sistemas informacionales en toda la línea de la palabra. Así, los movimientos sociales –indígenas, comunitarios, barriales, de estudiantes, los sindicatos, asociaciones de diversa índole, y demás–, deben poder un manejo de los datos de forma abierta y horizontal. En el pasado esto no sucedió. Y esta fue una de las razones de la violencia, la inequidad y la injusticia. Sin ambages, la calidad de vida es directamente proporcional, hoy por hoy, al tipo de información que una sociedad dispone, que se produce, que se consume, que se acumule y que se acumula. Diversas aristas emergen de este reconocimiento.

La acción colectiva renacerá en el futuro inmediato y a mediano plazo. El confinamiento sirvió para numerosos aprendizajes, y para mucha reflexión, así como para una ponderación de las urgencias y las necesidades. De entrada no son las ideas las que mueven a los seres humanos; son las necesidades y las experiencias. Las ideas vienen después –o antes– pero no acompañadas.

En este sentido, es muy importante observar un aspecto: de forma clásica siempre la acción se ha anticipado a la organización. Nunca han sido las organizaciones las que han generado acciones en la historia. Viene siempre primero la acción, y luego las formas de organización. Convertir a las organizaciones en ejes de la acción es afán de control. Y la vida no puede ser controlada. Esto quedó en claro con la pandemia. La vida se rebela siempre, y siempre lo hará contra el control, en cualquier expresión, más temprano o más tarde. Si las organizaciones sociales y políticas no aprenden esto serán sobrepasadas por el presente y por la historia. Esta es la principal enseñanza de la complejidad.

Mucho más que el apoyo de los gobiernos y las empresas, que en algunos casos fue evidente, lo que sostuvo a la gente, contra viento y marea, fueron las redes de apoyo social: la solidaridad, los amigos, la familia, el vecindazgo, y de más. Es la verdadera reserva de la sociedad. La ayuda mutua no admite dilaciones y es eminentemente gratuita. Contra la idea capitalista de costo-beneficio. Al estado y al gobierno hay que aprovecharlos, pero sin entregarles enteramente la confianza. Este es el ABC de lo que en teoría jurídica se llama el garantismo (planteado, por ejemplo, por L. Ferrajoli).

No es el Estado el que es el fin último de la sociedad; y ciertamente no en condiciones de injusticia, inequidad, violencia, impunidad y corrupción. Es, por el contrario, la vida; sana y saludable, con garantías de bienestar, con alegría y optimismo. Con tranquilidad y sin desasosiego y zozobra.

Esta idea conlleva el reconocimiento de formas alternativas de educación, economías alternativas, medios alternativos de comunicación, en fin, mucha acción colectiva de ayuda mutua, cooperación y solidaridad.

Una mirada al futuro a largo plazo, hacia una política de vida

Es evidente que los grandes medios de comunicación le han estado mintiendo al país. La crisis de la pandemia sirvió también para el fortalecimiento y el surgimiento de formas de comunicación e información alternativas. Hacer documentales en formato Whatsapp, es una novedad mundial. Además de su contenido, inmensamente valioso, la serie Matarife, escrita por Daniel Mendoza manda un mensaje de aprendizaje para los movimientos sociales y políticos alternativos. La inteligencia de Mendoza estuvo, además, en las redes de producción internacional para proteger la serie y los contenidos de denuncia. A mediano y largo plazo, este aprendizaje se reproducirá, y verosímilmente se mejorará, en este y en otros países.

La vida es un juego que se juega a largo plazo, jamás a corto plazo.

Sólo una política de vida, en toda la extensión de la palabra podrá tener sentido en el futuro: a corto, a mediano y largo plazo. Esta es una política de le da prioridad a las políticas sociales, a las políticas ambientales, a las políticas culturales, en primer lugar y todas en el sentido más amplio e incluyente de la palabra. Vivienda, educación, salud, recreación y deporte, esparcimiento, cultura, protección y promoción de las artes, investigación, ciencia y tecnología, son algunos de los ejes principales y componentes de estas políticas de vida. La seguridad social no puede ser más un bien privado. El Estado debe asumir las garantías de la protección social en toda la línea de la palabra. La renta básica universal debe poder ser un hecho, porque las ganancias del Estado y del sector privado ponen suficientemente de manifiesto que la renta básica universal es efectivamente posible. Riqueza hay mucha: el problema es su distribución social.

Particularmente en el caso colombiano, de una vez por todas, con dos siglos de retraso con respecto a muchos países, debe ser posible la reforma agraria. Una Colombia sin tal reforma es simplemente inviable. Eso se traduce, como hoy, en un Estado fallido y muy posiblemente en un Estado fracasado.

Colombia jamás ha formado parte de América Latina, políticamente hablando. Ya es hora de que participe activamente en temas, problemas y políticas latinoamericanas; por ejemplo, el rechazo abierto a planes, políticas y acciones de invasión o ataques a otros países del subcontinente. Las élites criollas jamás han participado de las gestas sociales y políticas de América Latina. Contra este hecho, la nación colombiana sí podrá hacerla. Jamás se podrá desconocer las diferencias fundamentales que existen entre la nación y la república. La nación hace referencia a las gentes. La república a las instituciones.

Una política de vida es política de las gentes y para las gentes. Lo que siempre se ha llamado el pueblo (un concepto del siglo XIX). No para las instituciones, las normas y las leyes. No en última instancia, ya es hora de cambiar por completo los llamados símbolos nacionales: la bandera, el himno nacional, el escudo y demás símbolos. Ya en la tercera década del siglo XXI los símbolos nacionales son arcaicos, vacíos, peligrosos incluso. Nadie cambia si no cambia también los sistemas simbólicos existentes. No hay, a la fecha, ningún movimiento social o político en el país que haya planteado el tema abiertamente. Quizás porque hay otras prioridades. Esta es una tarea en el futuro.

De manera radical, ningún gobierno futuro podrá ser verdaderamente democrático y garante de vida si no toca la función de producción. Es decir, un cambio de gobierno no debe ser posible dejando intacta la función de la producción que, en palabras elementales, se traduce en la permisibilidad al extractivismo, minero, urbanístico y otros; la explotación de los seres humanos, la generación de plusvalía, en fin, el crecimiento económico, el desarrollo y el consumo como principales mediciones de la economía.

El confinamiento no va a impedir la capacidad de soñar

El confinamiento producido por la crisis política, económica y sanitaria potenciada por el covid-19 no podrá frenar la capacidad humana de soñar. Que es lo que quieren los principales poderes –políticos, económicos, y militares con ayuda de las tecnologías–.

El principal problema de salud pública en el mundo es la salud mental. Un gobierno que no alivie y soluciones efectivamente la salud mental es violento y carece de cualquier legitimidad. Es decir, se trata de devolverle –o conseguirle, según el caso–, la alegría a la gente, el optimismo, las ganas de vivir, la capacidad de soñar, la ausencia de estrés de todo tipo. Vivir no debe ser un fardo, y si las instituciones tienen algún sentido no es otro que el de hacer de la vida un asunto de alegría. No de sentidos de pertenencia, lealtad, trabajo, entrega, colaboración y otros eufemismos que implican atadura y esclavitud disfrazada.

Simple y llanamente, no debe haber problemas de salud mental: en el ámbito de las políticas de salud esto es un gobierno bueno y legítimo. Es decir, agotamiento, fardo, desasosiego, estrés, cansancio mental y físico, accidentes laborales, depresión, ansiedad, angustia, ideaciones suicidas e intentos de suicidio, crímenes, delincuencia de todo tipo, incluyendo de “cuello blanco”, la sensación de impunidad,, inequidad e injusticia, violencia simbólica, y otros aspectos próximos y relacionados.

El tema es simple y sencillamente el de saber vivir y vivir bien. Que no es un asunto ideológico en absoluto, sino de experiencias de vida, en la misma cotidianeidad.

Una conclusión sumaria

Hablar de un nuevo gobierno es la expresión genérico para decir: un nuevo Estado, un nuevo régimen político, y más radicalmente una nueva civilización. Esta es la apuesta final, este es el tema último de todas las consideraciones.

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Experto en Italia: "Es posible que el virus vuelva más agresivo"

Fortunato Paolo D'Ancona, médico epidemiólogo

D´Ancona señala por qué podría haber un rebrote de la covid-19 en el otoño-invierno en Europa: el cuerpo humano está menos protegido y el virus dura más con bajas temperaturas y con humedad. 

 

Muchos en Italia creen que la pandemia ha pasado y se sacan las mascarillas o se amontonan sin respetar las normas que lo prohíben, como hicieron los hinchas del club Napoli, el 17 de junio, cuando cientos de ellos se reunieron en Nápoles para festejar el triunfo de su club contra el Juventus de Turín en la Copa Italia. Otros, como los militantes de partidos de derecha y centroderecha, han hecho actos políticos en el centro de Roma para criticar al gobierno, sin respetar las distancias y muchos sin tapabocas. La gente común es menos exagerada pero tal vez por el estrés de estos meses, el verano que está llegando y las ganas de ir a relajarse en la playa, empiezan a cuidarse menos sin respetar las medidas de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias: barbijos, higiene de las manos, distancia entre las personas.

Los casos de coronavirus en Italia siguen existiendo, especialmente en la región de Lombardia (norte del país) la más afectada por la pandemia. Pero son mucho menos que antes. Según las autoridades sanitarias, al 23 de junio hay en todo el país 19.573 casos positivos (1.064 menos que el lunes). De ese total, 12.903 se encuentran en Lombardia y 886 en la región de Roma, el Lacio, entre otros. Hace un mes, es decir el 23 de mayo, había 57.752 casos. Pero pese a la disminución se teme que cuando empiecen los fríos del otoño europeo (octubre-noviembre) aumenten los contagios

PáginaI12 dialogó con Fortunato Paolo D'Ancona, médico epidemiólogo que trabaja para el Centro Nacional de Epidemiología, Vigilancia y Promoción de la Salud del Instituto Superior de Sanidad de Italia. Ha seguido de cerca la marcha del coronavirus desde el principio de la epidemia en Italia.

 -¿El coronavirus volverá a ser más agresivo cuando llegue el otoño?

-Yo, como otros expertos, consideramos que el retorno de la agresividad del virus es una posibilidad concreta. Este es el motivo por el cual se continúan elaborando estrategias que consideran esta posibilidad.

- ¿Y cuáles podrían ser las causas de una nueva ola de casos de coronavirus?

-Los motivos por los cuales puede haber un aumento de los casos son tantos. Basta tener presente lo que ha sucedido recientemente en un matadero de Alemania, que se ha transformado en una fuente de contagio (se habla de más de 1.000 contagiados). Nosotros en Italia consideramos posible que el virus vuelva a ser agresivo. Por eso creemos fundamental conseguir la vacuna.

-¿Por qué el virus puede hacerse más activo en invierno que en verano?

- Hay distintas razones. Por ejemplo porque el cuerpo humano está menos protegido, porque el virus dura más, incluso en las superficies, con bajas temperaturas y con humedad. También porque una persona puede tener otras enfermedades contemporáneamente. Hasta el momento no hay razones completamente demostradas. Pero como otros virus, está claro que podría beneficiarse con el frío.

-¿Es importante seguir respetando las medidas de protección como mascarillas, higiene y distanciamiento?

-Estas medidas son importantes. Si no, no las habríamos impuesto en Italia. Pero la principal preocupación es que la población perciba que esta situación de emergencia se ha acabado y no use mascarillas o haga reuniones multitudinarias como ha ocurrido con algunos festejos por partidos de fútbol o manifestaciones políticas. Estas reuniones multitudinarias representan amenazas que podrían ser todavía más peligrosas en los meses fríos.

-En su opinión ¿no sería mejor hacer el test del coronavirus y el análisis serológico (que permitiría saber si la sangre tiene los anticuerpos de la covid-19) a todo el mundo, para controlar mejor la nueva ola de contagios?

-Eso no es posible. No es posible desde el punto de vista práctico. Le doy un ejemplo. En Italia los partidos de fútbol del campeonato han retomado su ritmo. Los equipos han diseñado una estrategia para garantizar el menor número de contagiados: los jugadores y todo el personal de cada club de serie A (profesionales) deben hacer el test del coronavirus cada 4 días y el serológico cada dos semanas. ¿Según usted sería posible hacerlo para la población de todo el país? (60 millones de habitantes). Es imposible. No hay test ni análisis serológicos para todo el mundo. Por lo cual la estrategia que sigue siendo la mejor es hacer el test a quien ha tenido contacto con algún contagiado y a quienes manifiestan algunos síntomas.

-Sobre la vacuna ¿hay novedades?

- Se esperan novedades para el otoño. A fin de año parece plausible que podamos tener las vacunas. Pero supongamos que una empresa llega a conseguir la vacuna antes que otras. Es claro que las dosis no estarán disponibles inmediatamente y menos todavía para todo el mundo. La batalla será dar la vacuna en primer lugar a las personas con más alto riesgo. Otro aspecto será convencer a la gente de que es importante vacunarse. Al menos en Italia ya hemos visto aparecer comentarios negativos de parte de los llamados No Vacs (antivacunas), los que se oponen a las vacunas para niños. Esto también es un efecto de que el número de casos de coronavirus ha disminuido considerablemente y muchos así no perciben el peligro.

-¿Cuánto puede servir en el control de la difusión del virus el App Immuni que ha lanzado el ministerio de Salud y se descarga en el teléfono aunque si, aún siendo voluntario, al parecer hasta ahora lo ha descargado mucha menos gente de lo que se esperaba?

-Immuni es algo más que ayudará, pero no espero que sirva para todo. Los ancianos, personas de alto riesgo, no tienen celulares adecuados ni saben usarlos muy bien. Otra gente es sospechosa sobre donde van a parar los datos. Immuni ayudará a identificar a contagiados y a informar a las personas que han estado cerca. Pero no será la solución de todo.

-Una investigación sobre las aguas de desagüe que ha hecho el Servicio sobre la Calidad del Agua del Instituto Superior de Salud, habla de que en las aguas residuales de ciudades como Milán y Turín, ya existía el coronavirus en diciembre. Mientras el virus fue identificado claramente recién en febrero-marzo. ¿Puede ser importante para otros países hacer estas investigaciones, según usted?

-El resultado de la investigación indicó que probablemente hubo algunas personas con covid -19 ya en diciembre. El Servicios sobre la Calidad del Agua hace una recolección sistemática de muestras de estas aguas para analizarlas, por ejemplo para el control de la polio. Esta vez se decidió analizarlas por la covid-19. Los resultados se conocieron ahora pero no cambia nada. Ahora sabemos que hubo algún caso antes, en Bolonia en enero, en diciembre en Milán y Turín, pero eso no tiene ningún efecto sobre las medidas tomadas. Puede ser un instrumento útil en cambio para el futuro. Si se considerara, por ejemplo, que en el territorio italiano no hay más casos de covid-19 y se hicieran estos test sobre el agua residual, se podría descubrir que todavía existen casos y tomar las medidas pertinentes. 

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Viernes, 19 Junio 2020 06:05

No es el virus, es el capitalismo

No es el virus, es el capitalismo

La realidad desatada por el coronavirus nos demuestra que es la propia crisis del capitalismo tardío la que prolonga y estimula los efectos devastadores de la pandemia.

Subidos al pulpito autoritario de sus monopolios, la maniobra no disimula un intento desesperado de anteponer el carro delante del caballo. Como si el orden de los factores, en este caso, no alterara el producto. Y es que la pandemia vino a poner en primerísimo plano nuestra fragilidad de seres vivos, acechados por la enfermedad y muerte, trastocando nuestra existencia, alterando nuestros sentidos y modificando nuestra experiencia cotidiana. Todo junto, mientras vemos cómo fueron dinamitados aquellos puentes que nos unían a una “normalidad” construida a fuerza de leyes, costumbres y tradiciones.

Cruel ironía, absurdo fatal, que, de golpe, nos recordó a los seres más inteligentes del planeta, reyes absolutos de la creación -según varias religiones-, que fuimos acorralados por un organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas utilizando su metabolismo. Haciéndonos retroceder, obligando a detenernos, a buscar refugio; pero, por sobre todo, a pensar y definir colectivamente tácticas y estrategias que nos permitan enfrentar una amenaza imperceptible.

Y es ahí donde la “normalidad” cruje, se quiebra, se cuestiona. Porque lo mejor que podemos hacer es dejar de hacer.Entonces, comprendemos: nada puede volver a ser igual, como antes, por el simple hecho de que casi todo dejó de serlo. Descubriendo, no sin asombro, que ya no hay dónde retroceder y solo nos queda avanzar. Intimidados, agudizamos nuestros sentidos, potenciando nuestra inteligencia y liberando nuestra imaginación. Desde la quietud, nos predisponemos a la acción, somos devueltos al movimiento que ya no es el mismo de antes, pero con un grado mayor de conciencia.

Entonces, vemos todo lo que nos falta: respiradores; unidades de cuidados intensivos; profesionales, técnicos y trabajadores de la salud; salas y centros, hospitales y clínicas; alimentos e insumos de higiene básicos; elementos de protección, etc.

Abrumados por cifras de contagios y muertes que se multiplican por todas las latitudes, agobiados por imágenes que nos muestran desde todas las longitudes a quiénes deberían velar por nuestra seguridad atentando contra ella, abusando de su autoridad, golpeando, vejando e, incluso, asesinando a sangre fría.

Atónitos, vemos líderes incapaces de liderar. Percibiéndolos tal cual son, descarnadas marionetas de un poder capitalista que se obstina en mantener la “normalidad” de sus ganancias, dispuesto a sostenerla a punta de pistola si fuera necesario.

Entonces, comprendemos que todos podemos ser George Floyd en Minneapolis, Rayshard Brooks en Atlanta o Elsa Fernández, sus hijas e hijos, en la localidad de Fontana, Chaco. Produciéndose el quiebre que nos impide tragar la papilla masticada por los grandes grupos económicos dedicados a la comunicación. Siendo y haciéndonos conscientes de que, en el capitalismo tardío que supimos conseguir, casi todo falló.

Y los dictados que machacan sobre la responsabilidad de la pandemia en la crisis del capitalismo tardío ya no llegan como antes, cuando vivíamos en la “normalidad”, porque esos significantes expresados por y desde el poder comienzan a perder significado para nosotros.

Cabe preguntarnos: ¿Cuáles “ventajas” tendría la humanidad de continuar perpetuándose, en tiempo y espacio, el modo de producción capitalista, con su consecuente forma de organización de relaciones sociales basadas en la propiedad privada burguesa, una sociedad divida en clases y una salvaje y brutal explotación?

Ciertamente, gran parte de los seres humanos (los oprimidos) viven, en la mayoría de los casos, al límite de la subsistencia, cuando no por debajo de ella, siendo los únicos que producen incansablemente todas las riquezas para beneficio casi puro y exclusivo de una minoría (los opresores), que gozan de todos los privilegios habidos y por haber.Desde el punto de vista e interés de los oprimidos, esto no tiene nada de lógico, tampoco de razonable. Mucho menos cuando la humanidad va ingresando, por medio de la robótica e inteligencia artificial, en un mundo donde el desarrollo de las fuerzas productivas crecerá exponencialmente. Crecimiento que, a su vez, acarreará grandes contradicciones y enfrentamientos, promoviendo mayores disturbios y revueltas sociales de persistir el actual régimen de propiedad y acumulación.

Sin dudas, la pandemia del coronavirus agravó los ya endémicos problemas económicos y sociales, pero bajo ningún punto de vista podemos decir que provocó la gigantesca crisis del capitalismo tardío. Esta última se incubó, al menos, hasta el 2008, cuando se produjo la crisis financiera internacional de hipotecas subprime en Estados Unidos, que, luego, se propagó afectando y contagiando con severidad a otros países, mayormente, de la Unión Europea (UE) y, en menor medida, de Asia, América Latina y Oceanía.

En efecto, ni la “guerra comercial” entre China y Estados Unidos que mantiene al mundo en vilo ni el histórico racismo en la tierra de la “libertad”, ejerciendo una violencia consuetudinaria sobre las minorías y que ha desatado una enorme ola de repudio y rechazo en casi todo el planeta, son consecuencias de la pandemia. Más bien, son fenómenos subyacentes. Están íntimamente relacionados con el capitalismo tardío y la lógica cultural que la hegemonía y supremacía norteamericanas impusieron al mundo occidental, tanto al desarrollado como al subdesarrollado, en las últimas cuatro décadas y que han pretendido ampliar al resto del planeta, aunque infructuosamente.

Por el contrario, podríamos afirmar que los estragos ocasionados por la pandemia -en general, en el mundo entero y, en particular, en los Estados Unidos- sí tienen mucho que ver y están íntimamente relacionados con la escalada y desarrollo de una “guerra comercial” que el imperio del Norte perderá más temprano que tarde, y con un racismo institucionalizado que, incluso, se manifiesta en las estadísticas de víctimas del coronavirus, donde la mayoría de infectados y muertos pertenecen a minorías segregadas, transformando el famoso sueño americano en una verdadera pesadilla.

Porque el gobierno de Donald Trump ha realizado enormes esfuerzos tratando de estigmatizar a China con argumentos tales como que es la única responsable de la pandemia o sugiriendo que el virus podría haber sido producido en un laboratorio chino. Esas ideas infundadas, ridículas e imprudentes posibilitan explotar un sentimiento antichino, exacerbando una xenofobia que sobrevive y perdura en estado de latencia en el seno de una sociedad temerosa como la norteamericana, capaz de inocular el veneno de su estigma a una parte del mundo occidental bajo la forma de un insoslayable racismo contra los amarillos, en un desesperado intento por disimular el racismo contra negros y latinos en los Estados Unidos. Pues no sería la primera vez que el imperialismo recurre a diablos foráneos -esos malignos extranjeros- con el objetivo de expiar o librar de culpa a los demonios blancos locales.

Sería bueno que los yanquis asuman, de una vez por todas, que el mundo no es unipolar como maquinaron, escasos de mejores fantasías, los predicadores del fin de la historia. Incluso, sería aconsejable que dejaran de sacrificar la cooperación internacional y el multilateralismo ante el altar erigido al dios mercado, ya que su dios demostró ser un ídolo con pies de barro, incapaz de hacer milagros.

Y eso sin contar que un fantasma recorre los Estados Unidos. El fantasma de la decadencia imperial, con su ola de descontento, desórdenes y desmanes. La historia tiene preparado un sendero y los norteamericanos deberán transitarlo durante el siglo XXI; uno muy similar al que recorrieron los ingleses en el siglo XX. Ambos caminos conducen a un destino parecido: al ocaso como potencias imperialistas de primer orden, como sucediera con tantos imperios, a lo largo del tiempo y ancho de los mapas, y de los cuales, hoy, apenas si recordamos sus nombres.

Por Carlos Mariano Poó 

19 junio 2020a tinta / Ilustración de portada: Héctor Huaman

Publicado originalmente en La Tinta

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Gravar riqueza es ruta contra la crisis que desató el virus

No hay lugar para la austeridad como medida para combatir la crisis causada por el Covid-19. En vez de esa salida, para atenuar la caída de los ingresos, se necesitan esquemas fiscales sin beneficios para las grandes empresas, incluidas las tecnológicas, e impuestos progresivos a la riqueza, expusieron ayer integrantes de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict, por sus siglas en inglés).

En videoconferencia, Jayati Ghosh, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo y Thomas Piketty, miembros de esa comisión, recalcaron que los incentivos fiscales a empresas son regresivos y no han mostrado ser vehículo para atraer la inversión. Así, de cara a la recuperación, propusieron fijar impuestos a los servicios digitales y gravar los "beneficios extraordinarios" en los "sectores oligopolizados".

Además, imponer 25 por ciento de tasa mínima efectiva de impuesto a las compañías, que las beneficiarias del Estado reporten la principal información financiera y tributaria en cada país en el que operan y establecer bases de datos mundiales sobre la riqueza offshore.

Respecto a México, Ocampo, presidente del Icrict y ex secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, subrayó que el país arrastra “uno de los peores casos de la región en gestión de la crisis actual (…) No hay argumento para la austeridad en las condiciones de hoy día. Necesitamos más gasto para los más pobres y vulnerables, dado que ellos terminan sin ingresos”.

Jayati Ghosh, economista especializada en desarrollo, sostuvo que reducir el gasto de gobierno acarreará "riesgos horribles" para la actividad económica y el empleo en los países en desarrollo. No obstante, ese tipo de medidas en tiempos de crisis hacen más lejanas las recuperaciones, completó Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.

"Ahora no es el momento para la austeridad (...) Si quieren que la recuperación dure 10 años, pongan medidas de ese tipo", expresó el investigador. Añadió que una de las causas de que la Gran Depresión se extendiera 10 años fue la política de recorte al gasto que realizó el presidente estadunidense Herbert Hoover.

Thomas Piketty, investigador y autor de El capital en el siglo XXI, recalcó que no sólo es necesario garantizar el pago de impuestos de las empresas, que hasta ahora se han basado en concesiones inmorales, sino fijar un sistema progresivo a los ingresos y patrimonio de las personas.

“El impuesto de sociedades mínimo de 25 por ciento es bueno y útil, pero como parte de algo más grande (…) Tenemos una crisis sin precedente ahora y un sistema fiscal más equitativo tiene que ser parte de la solución”, aseveró.

El sistema fiscal era regresivo antes de la crisis, por el trato a las grandes tecnológicas, por las prácticas de las trasnacionales de mudar sus ganancias a paraísos fiscales y porque los propios esquemas tributarios implican que las pequeñas y medianas compañías paguen más que los corporativos.

De hecho, explicó Stiglitz, es necesario fiscalizar a las grandes ganadoras de esta crisis, las tecnológicas, porque la magnitud de recursos que se necesitan en la coyuntura actual y el riesgo de no gravar lo suficiente es 100 veces mayor que en 2008 y 2009, cuando ocurrió la crisis financiera mundial. Volver a un "sistema injusto dañará la recuperación".

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Lunes, 15 Junio 2020 06:45

"Nueva normalidad"

"Nueva normalidad"

Dice Michael Sanders que la filosofía tiene "un carácter ineludible y arroja luz sobre nuestra vida cotidiana"; así entendida, "pertenece no sólo al aula, sino a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común". Peter Sloterdijk, en otro tenor, reivindica el punto de vista de Nietzsche acerca de que la filosofía "es el intento incansable de dañar la estupidez" y añade que esa definición parece ser la más bella. No está mal en ambos casos.

En una entrevista reciente preguntaron al filósofo coreano Byung-Chul Han si la incidencia del Covid-19 ha democratizado la vulnerabilidad humana. Este no fue un cuestionamiento bien planteado y el popular pensador perdió la oportunidad de ser categórico, como exigía el diálogo y su propio oficio. Respondió que la pandemia muestra que "la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas", e insistió: "La muerte no es democrática". De esta manera, la filosofía no alumbra ni daña. Claro que, como siguió diciendo, la pandemia no ha cambiado nada y exhibe "los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad". Esa aseveración es un truismo, o ¿es que podía esperarse otra cosa?

La pandemia y sus consecuencias sanitarias, económicas y políticas engloban de una u otra manera a toda la gente en el mundo. Cada sociedad, por supuesto, la asimila conforme a su estructura, grado de cohesión, la desigualdad existente, el carácter de las decisiones políticas y el comportamiento de la población, no sólo en materia de civismo, sino inducido de forma relevante por las necesidades que se han de satisfacer.

Esas condiciones tienen, por necesidad, implicaciones de índole prácticas de suma relevancia y diferenciadas, como enfermar, perder el empleo, empobrecerse y la relación que se establece con el gobierno. Esas diferencias también tienen consecuencias anímicas de distinta naturaleza y en la manera en que se asimilan.

En muchas partes se ha iniciado el proceso de apertura denominado con el eufemismo de la "nueva normalidad". Los argumentos para abrir giran en torno a la necesidad de sacar a la gente del confinamiento y remprender la actividad económica.

Eso es comprensible. No obstante, tiene una serie de consecuencias que no debieran relegarse fácilmente. En Brasil el presidente Bolsonaro ha dicho desde el inicio de la pandemia que estaba en contra del confinamiento, pues el costo económico sería superior al provocado por el contagio del virus. No explicó cómo es que mide esos costos relativos y, menos aún, el marco para compararlos. Tampoco se esperaba de él que lo hiciera. Hoy ese país es el que tiene más fallecimientos, luego de Estados Unidos.

Donald Trump ha impulsado la apertura en un entorno de fuertes enfrentamientos políticos con los gobernadores de varios estados y relegando la postura de los científicos contraria a la suya. La consecuencia económica de la pandemia ha provocado una recesión que acabó con el periodo de expansión productiva más larga de ese país. Esto ocurre a pesar de que el gobierno y el banco central han intervenido con billones de dólares para amortiguar el golpe. Pero las cifras de contagios y muertes han aumentado en días recientes, de modo notorio en Texas y Florida, asociadas con la apertura. Esto se agrava con los enfrentamientos en torno al conflicto racial y la violencia policial. El entorno está marcado a las claras por la lucha para relegirse en la presidencia en noviembre próximo.

En México las decisiones acerca de la gestión de la pandemia se toman también optando por abrir las actividades en plena expansión del contagio y de los fallecimientos. Se debate cada día si la curva del comportamiento del virus se ha aplanado, pero no parece haber evidencia concluyente. Ahora se incita a salir de modo explícito.

Como es claro, mucha gente ha salido ya desde hace varias semanas por la necesidad ingente de obtener recursos y subsistir. No necesitan ser incitados. No se sabe en esas condiciones de qué manera se propagan los contagios, cuánta gente no llega a los hospitales y tampoco el número de muertos por Covid-19. La parte de la población que puede cuidarse más debería hacerlo, como un modo de amortiguar el contagio general, manteniendo de algún modo el confinamiento, usando mascarilla y evitando aglomeraciones. Eso es lo que indica el bien común.

La nueva normalidad es una expresión confusa, aunque se admita de modo literal, por su conveniencia. Por una parte, hay que establecer qué es lo que habrá de novedad y, por otra, el significado de lo que será normal. Esta idea se usa en todas partes, lo cual indica, en buena medida, la confusión reinante entre quienes gobiernan y entre los ciudadanos.

Lo nuevo no significa que haya una dirección clara y única que además entrañe el surgimiento de condiciones sociales diferentes, significativas y, sobre todo, mejores. Eso requiere de otro tipo de acciones y arreglos. Lo normal podría tender a un acomodo temporal del que ahora somos incapaces de delinear sus condiciones y menos aún asegurar que será rápido y sin fricciones.

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Visitantes recorren la exposición de fotografía del patrimonio cultural mundial en el Museo de Hainan, en el sur de China. La actividad social empezaba a tomar estabilidad, en esa nación hasta que ayer se anunció un brote de Covid-19 en la central de abasto de Pekín. Foto Xinhua

Asegura el abasto de una de las 10 fórmulas inmunológicas que están en desarrollo // Espera el biológico para finales de este año

 

Berlín. Alemania, Francia, Italia y Países Bajos firmaron un acuerdo con el grupo farmacéutico AstraZeneca para garantizar el suministro a la Unión Europea (UE) de 300 millones de dosis de una vacuna contra el coronavirus, indicó el gobierno alemán.

El contrato prevé la distribución de las dosis de forma proporcional a la población de cada país de la UE en cuanto esté disponible la vacuna, que en el mejor de los casos se espera para finales de este año.

Para que los inmunológicos estén disponibles en gran cantidad y muy rápido tras su aprobación este año o el próximo, la capacidad de producción debe ser garantizada desde ya por contrato. Muchos países del mundo tienen ya garantizada su vacuna, pero Europa aún no, explicó el ministro de Salud alemán, Jens Spahn, su homólogo italiano, Robert Speranza, también se refirió al acuerdo, pero indicó que la cifra de dosis pactadas es de 400 millones que estarán a disposición de toda la población europea. La estadística del Banco Mundial sitúa en 447 millones los habitantes de la Unión Europea.

La vacuna de AstraZeneca es desarrollada en colaboración con la Universidad de Oxford y es sólo una de las 10 vacunas en proceso de pruebas clínicas. La empresa anglo-sueca firmó recientemente acuerdos similares con Gran Bretaña, Estados Unidos y diversas organizaciones para fabricar 700 millones de dosis.

Confinan barrios de Pekín por rebrote

Por otra parte, las autoridades chinas detectaron seis casos de infección local, vinculados en su mayoría al mercado Xinfadi, en el distrito de Fengtai, al sur de Pekín, que fue cerrado mientras las 11 zonas residenciales que lo rodean fueron confinadas.

Otros nuevos 57 casos fueron identificados tras realizarse pruebas a unos 2 mil empleados del mercado, indicó una responsable de salud local, Pang Xinghuo. Xifandi, el mayor centro de abasto mayorista de productos agrícolas en la capital, será sometido a labores de desinfección.

España mantiene congelada desde el 7 de junio su cifra de fallecidos, lo que genera incertidumbre sobre el estado real de una pandemia que dejó, según el gobierno, más de 27 mil decesos.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se declaró totalmente sereno y subrayó que no teme ser investigado por la justicia por su gestión del coronavirus, en una entrevista publicada por el diario La Stampa.

Alemania, Francia y Grecia levantará mañana los controles fronterizos con sus vecinos europeos. Al tiempo que cientos de turistas volvieron a Venecia con motivo de la reapertura del Palacio de los Dogos, tras cuatro meses de confinamiento.

Más de 225 mil personas se han contagiado y más de 6 mil han fallecido en África, de acuerdo con las últimas estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del continente.

La Organización Mundial de la Salud, el Programa de Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre VIH/Sida y la agencia de la ONU para Refugiados emitieron un comunicado conjunto en el que urgieron a líderes políticos a atender el incremento en la vulnerabilidad de la población carcelaria y de otras personas privadas de la libertad durante la pandemia y a reducir el hacinamiento en estos entornos. Hasta ayer, a escala global, había 429 mil 161 muertos por la pandemia, 7 millones 757 mil 740 contagiados y 3 millones 679 mil 534 pacientes recuperados, según la Universidad Johns Hopkins.

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Sorpresiva baja de la tasa de desempleo en Estados Unidos

La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el presidente de Estados Unidos.

 

El desempleo en Estados Unidos registró una sorpresiva baja en mayo que obligó a recalcular las previsiones pesimistas para el país. La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. El presidente Donald Trump festejó la noticia como un gol en el último minuto. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el mandatario republicano. A su vez, le reclamó a los gobernadores que levanten las cuarentenas en los Estados que aún no lo hicieron. También aprovechó para mencionar George Floyd, el afroamericano asesinado por la policía hace más de una semana. "Esperemos que George esté mirando hacia abajo en este momento y diciendo que esto es algo grandioso para nuestro país", indicó Trump. Hubo nuevas marchas contra el racismo en varias ciudades de EEUU.

Números de campaña

En mayo se crearon 2,5 millones de empleos según reveló un informe del Departamento de Trabajo. Estas cifras superan hasta las previsiones de los analistas más optimistas. Las proyecciones más alentadores proyectaban que la tasa de desempleo podía subir hasta el 20 por ciento, con una pérdida de 8 millones trabajos. Esta cifra hubiera ubicado al país como en las peores etapas de la Gran Depresión de 1930. "Esta mejora en el mercado laboral refleja una reanudación limitada de la actividad económica que se había visto reducida en marzo y en abril por la pandemia del coronavirus y los esfuerzos por contenerla", indicó la Oficina de Estadísticas de Empleo. La Bolsa de Nueva York celebró los datos con alzas que alcanzaron el 2,6 por ciento.

El mercado de trabajo comenzó a estabilizarse a medida que las empresas comenzaron a abrir después del confinamiento decretado a mediados de marzo. El gobierno norteamericano implementó un paquete de rescate de cerca de 3 billones de dólares. Además, varias líneas de crédito para empresas por miles de millones de dólares, e incentivos para muchos negocios que pudieron recontratar a sus trabajadores, señalaron varios expertos. El empleo subió en sectores como el ocio, la hotelería, la construcción y el comercio minorista, muy golpeados por las cuarentenas. "Estos datos apuntan a que la economía está comenzando a repuntar tras el impacto de la pandemia", señaló Mike Fratantoni, economista jefe de la firma MBA. Por su parte el economista de Harvard Jason Furman advirtió que las cifras del gobierno muestran una reducción de los despidos temporales. "Es la parte fácil de la recuperación", sostuvo Furman e indicó que la creación de empleo en el futuro puede ser más compleja.

Superar "la plaga China"

Pero para Trump el informe del Departamento de Trabajo fue una bocanada de oxígeno. El presidente estuvo todo el día con los datos en la mano. "Teníamos la mayor economía de la historia. Y esa fuerza nos permitió superar esta horrible pandemia, que ya hemos superado en gran medida, creo que nos está yendo bien", indicó el mandatario. A su vez sostuvo que se trataba de la mayor recuperación en la historia de EEUU y que sólo era el principio. El líder republicano defendió su gestión de la crisis pese a que el país tiene el mayor número de muertos por coronavirus: 108.000. En total 1.883.033 personas dieron positivo de la covid-19 en territorio estadounidense. El presidente se refirió a la pandemia como la plaga de China y dijo que ese país se aprovechó de EEUU.

A casi dos semanas de la muerte de Floyd el presidente sostuvo que tal violencia no era permisible. Sin embargo afirmó que su administración hizo más por los afroamericanos que los presidentes anteriores. El mandatario sostuvo que durante su gobierno se redujo la tasa de desempleo en esa población. "Este es un gran, gran día en términos de igualdad", comentó Trump nuevamente haciendo referencia a la baja del desempleo. Sin embargo, el informe del Departamento de Trabajo detalló que la falta de empleo para las personas negras subió ligeramente hasta llegar al 16,8 por ciento.

Bastante lejos del optimismo del mandatario, en varias ciudades hubo nuevas movilizaciones para protestar contra la discriminación hacia la comunidad negra. En la ciudad de Nueva York las marchas volvieron a ser anoche mayormente pacíficas. Los ánimos se caldearon cuando se difundió el video de un policía que empujó a un manifestante de avanzada edad en Buffalo, una ciudad del Estado. En el mismo se ve cómo el hombre cae hacia atrás y golpea su cabeza contra la vereda tras acercarse a un grupo de policías. En ese momento estaba por empezar el toque de queda en la ciudad. Sin perder tiempo, el alcalde Byron Brown anunció la suspensión sin goce de sueldo de los dos agentes involucrados en el hecho.

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Por una renta básica (transitoria) para nueve millones de familias en Colombia

Coalición de 54 senadores presentan proyecto de Ley para una Renta Básica de Emergencia

 

Una coalición de 54 senadores colombianos, integrantes de 9 partidos, radicaron el miércoles 27 de mayo el proyecto de Ley por medio del cual se entregaría a nueve millones de familias colombianas, unos 30 millones de personas pobres y vulnerables, una renta mínima equivalente a un salario mínimo mensual.

Bajo el título “Por el cual se crea el programa ingreso solidario para atender las necesidades de los hogares en situación de pobreza y vulnerabilidad en todo el territorio nacional, en el marco del estado de emergencia económica, social y ecológica” y se crea la renta básica de emergencia, estos senados pretenden que el “[…] Estado garantice a los colombianos una vida digna durante la crisis derivada de la pandemia del Covid.19”.

De acuerdo a los firmantes, “[…] el proyecto consiste en transferir por parte del Estado a la totalidad de hogares pobres y vulnerables del país, el valor de un (1) SMMLV por hogar durante tres meses. De otro lado, transferir un (1) SMMLV a cada uno de los trabajadores ocupados en los micronegocios (en promedio 3 trabajadores), para cubrir al menos 1.3 millones de micronegocios, microfocalizados con claridad […]”.

La iniciativa surgida de esta coalición […] propone modificar el programa de Ingreso Solidario creado por el Gobierno nacional mediante el decreto ley 518de 2020, disposición a todas luces precaria frente a la magnitud del problema social que enfrenta el pueblo colombiano…”. El ingreso solidario reconoce $ 165.000 a cerca de 3 millones de familias, lo cual es una cifra de dinero que en nada o muy poco contribuye para que los miembros de las mismas estén en sus casas sin necesidad de salir a rebuscar complementar sus ingresos

La propuesta de los 54 congresistas es realista con la situación de empobrecimiento, hambre, angustia e inseguridad sobre su presente y futuro próximo que domina en millones de hogares obligados a permanecer en encierro, para prevenir la multiplicación del virus, pero sin garantizarles por parte del ente nacional condiciones básicas económicas, alimentarias, mentales– para que permanezcan en sus casas. Una realidad de penuria que ha llevado a multitud de hombres y mujeres a saltarse el confinamiento y salir a las calles a vender todo tipo de mercancías, buscando con ello reunir unos pesos con los cuales garantizar el alimento de los suyos, así como tener con que pagar arriendo y otros gastos del día a día.

El mandato del gobierno, “quédate en casa” desconoce el extenso empobrecimiento que domina en la sociedad colombiana, con más de 13 millones de personas en edad de trabajar que se rebuscan por cuenta propia, viviendo al día y, por lo tanto, obligarlos al confinamiento sin ingreso alguno es condenarlos a la crisis total, con la cual no morirán por contagio viral sino por contagio –empobrecimiento– económico. El empobrecimiento ya existente ahora se extiende producto del desempleo que va ganando cada día mayores indicadores, y con la multitud de comerciantes y empresarios que han decidido cancelar sus negocios.

Por otra parte, al tiempo que radicaban esta iniciativa la misma coalición anunció que en las próximas semanas radicaran una propuesta de “[…] Reforma Tributaria Estructural (que garantice) que el sistema tributario tiene que ser progresivo, equitativo y eficiente.

Y precisan, “En la Reforma Tributaria Estructural estarán el impuesto progresivo al patrimonio de las personas naturales para patrimonios líquidos a partir de $2.000 millones y de las personas jurídicas de los patrimonios más elevados –el 0.1% de las personas jurídicas declarantes, cerca de 500 personas jurídicas– así como una mayor tarifa a la actual a los dividendos recibidos por personas naturales y empresas o sociedades. Así mismo, se propondrá eliminar los numerosos beneficios tributarios existentes, que no solo tienen enorme costo fiscal, sino que son injustificados e innecesarios”.

Al tiempo que así obraban los integrantes de 9 partidos, se conocía que el Gobierno a través de su Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, no aceptaba la propuesta de renta básica. Horas después, en contravía de una propuesta que pretende aportar a sobrellevar en mejores condiciones económicas la presente coyuntura por parte de 30 millones de connacionales, el gobierno a través del presidente Iván Duque oficializaba el apoyo al empresariado nacional para que pague la prima de mitad de año a los trabajadores de sus empresas, aportándole medio salario mínimo por cada uno de estos. Como en otras medidas tomadas por decreto en medio de la crisis, el gobierno central sigue enfocado en apoyar a los que más tienen con el prurito de evitar que la industria quede liquidada.

Por ahora, y ante la propuesta de renta básica en curso y la iniciativa de próxima reforma tributaria estructural, el movimiento social colombiano queda ante la oportunidad de liderar un amplio debate nacional sobre temas sustanciales que están en la base del concepto de renta básica así como de justicia tributaria: ¿qué se entiende por trabajo? ¿Qué por ingresos dignos? ¿para que se trabaja? ¿qué se entiende por desarrollo? ¿qué se entiende por gobierno y para quién se gobierna? ¿qué es la solidaridad? ¿cuál es la diferencia entre renta básica y subsidios? ¿podría plantearse que la sociedad colombiano avance hacia la aprobación de una renta básica universal e incondicional? ¿cómo haría para ello? ¿qué es la justicia? ¿por qué el que más tiene debe tributar más? ¿cómo construir una sociedad de iguales?

Estos y otros interrogantes, estas y otras propuestas, requieren la movilización nacional de los excluidos, que sin romper normas básicas de salubridad deben salir por diferentes espacios públicos, sin dejarse contener por las redes sociales, para hacerle sentir al gobierno de los ricos y para los ricos, que en este país millones están excluidos y requieren ser tenidos en cuenta, además de que la pandemia –para ser vencida– debe ser enfrentada entre todos y todas, sin que ninguna familia ni ningún ser humano pierda sus derechos fundamentales, entre ellos y en primera instancia a vivir en dignidad.

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