Miércoles, 20 Febrero 2019 06:12

Comunicar para desarmar el tabú

Comunicar para desarmar el tabú

Desde hace 25 años se especializa en el diseño de políticas sanitarias. Hoy se propone revertir los estigmas vinculados a las enfermedades mentales y al consumo problemático de sustancias, que constituyen la principal causa de discapacidad en el mundo.

 

“Supongamos que me ausento unos días en el trabajo: no es lo mismo explicar a mis compañeros y a mi jefe que salí a esquiar y me rompí una pierna, en vez de decir que estuve deprimida y no sentía ganas de salir de la cama. De hecho, si explico que estuve deprimida, la gente evita seguir indagando porque los problemas mentales continúan constituyendo un tabú y causan rechazo”, afirma Dévora Kestel, la primera mujer en la historia a cargo del departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud. Es psicóloga por la Universidad Nacional de La Plata y magíster en Salud Pública por la Universidad de Londres. Desde hace un cuarto de siglo concentra sus esfuerzos en el diseño de políticas sanitarias y, en la actualidad, trabaja desde su oficina en Ginebra para lograr que los gobiernos de las 194 naciones que suscriben a la OMS incluyan estas problemáticas en sus agendas. En esta ocasión, señala por qué es fundamental un abordaje científico transdisciplinario y describe de qué manera expresarse puede contribuir a desarmar las etiquetas del prejuicio y la desinformación.


–¿De qué clase de problemáticas se ocupa la unidad que dirige? La denominación del departamento no es muy precisa.


–Es cierto, el término “salud mental” involucra situaciones múltiples: desde las problemáticas contemporáneas(como la depresión y la ansiedad) hasta las más severas (como la psicosis y los trastornos bipolares), pasando por asuntos neurológicos tradicionales (demencia y epilepsia). Por otra parte, bajo el paraguas “abuso de sustancias” buscamos ocuparnos del consumo problemático de alcohol y drogas, pero también de adicciones de otra estirpe como el juego y los videojuegos (recientemente incorporada en el mapa de conflictos). En este marco tan diverso diseñamos planes de políticas públicas, elaboramos presupuestos y legislación, proponemos líneas de acción y confeccionamos guías. Además, elaboramos programas de prevención, promoción y tratamiento que desarrollan cada una de las 194 naciones que forman parte de la OMS.


–Detrás de los datos que instituciones como la OMS proporcionan hay mucho trabajo científico.


–Todos nuestros datos se basan en la evidencia de la mejor ciencia disponible. Para confeccionar líneas de acción consensuadas es necesario generar acuerdos y reunir las voces de muchos especialistas a lo largo y ancho del globo. Resulta fundamental realizar abordajes transdisciplinarios, capaces de generar respuestas a las diversas necesidades de las diferentes naciones. No nos podemos dar el lujo de cerrarnos en trabajar con las herramientas de una sola disciplina; menos cuando el objeto/sujeto de estudio es el ser humano y toda su complejidad intrínseca.


–Recién mencionaba los problemas de depresión y ansiedad. ¿Por qué son tan comunes en esta época? ¿Qué hay respecto de los suicidios?


–Trabajar para prevenir los suicidios es una de nuestras prioridades. Incluso, constituye uno de los indicadores de los objetivos del desarrollo que se propone Naciones Unidas. Esto constituye una pista fundamental e indica que la problemática salió del nicho para comenzar a ser reconocida y discutida en el ámbito público. Se estima que se producen 800 mil suicidios al año y el promedio de edad disminuye conforme transcurre el tiempo. Además, como es prevenible, necesitamos actuar con urgencia. Según las últimas estadísticas, aproximadamente 300 millones de personas afrontan problemas de depresión y ansiedad en el mundo, y las cifras van en aumento. Ambas situaciones se conectan de manera muy clara.


–Usted menciona que uno de los principales desafíos es revertir el estigma vinculado a los problemas de salud mental y el consumo de sustancias.


–El ejemplo de la ausencia laboral por esquiar o por estar deprimida es tan banal como cotidiano. No poder expresar el conflicto clausura las posibilidades de mejora y la búsqueda de ayuda. Sin ir más lejos, la depresión se ha convertido recientemente en la primera causa de discapacidad a nivel mundial, por lo que tiene un alcance que ya no distingue entre países desarrollados y periféricos.


–¿Cómo desarmar el tabú?


–Es muy difícil porque constituye un conflicto histórico que forma parte de las entrañas de esa caja negra, que es la mente humana. Desde siempre, en las diferentes culturas el que se comporta raro es tildado de “loco” y, como resultado, debe correrse fuera de la vista de los “normales”. Tendemos a segregar al diferente, a mirarlo con los ojos del prejuicio y la discriminación. De ahí que el aislamiento y el encierro en instituciones específicas eran las respuestas que ofrecía la medicina tradicional con una perspectiva esencialmente farmacológica y cientificista. Incluso forma parte de nuestro discurso cuando intentamos describir una situación violenta: “No sé qué le ocurría, estaba agresivo, estaba loco”. Pienso que podemos comenzar a revertirlo a partir de acciones colectivas que promuevan la comunicación.


–¿En qué sentido?


–Hace dos años realizamos una campaña denominada “Hablemos”. La depresión y la ansiedad son problemas que se manifiestan de manera individual pero constituyen conflictos que deben ser abordados de manera colectiva, desde el enfoque de la salud pública. Cuando los medios masivos hacen circular discursos en esta línea también es muy positivo. Hace poco Lady Gaga, durante la ceremonia de entrega de los Grammy, manifestó la importancia de dialogar acerca de los problemas de salud mental. Nos puede gustar más o menos lo que hace pero no podemos desconocer que su palabra es reconocida en el espacio público y que su experiencia puede servir de ejemplo. Hace algún tiempo, el primer ministro de Noruega se retiró de su cargo por asuntos similares y luego regresó cuando se sentía listo y había mejorado su salud mental. Si esto hubiera ocurrido en otros contextos posiblemente hubiese desencadenado la culminación de su carrera política, pero aquella vez su coraje para expresar lo que le sucedía le valió otra repercusión social y cultural. De la misma manera que la salud pública, históricamente, se ocupó con eficacia de las enfermedades contagiosas y los planes de vacunación, es necesario que las afecciones mentales tengan otra jerarquía en la agenda política.


–¿Y los hospitales psiquiátricos? ¿Qué rol deben asumir?


–Las personas con trastornos mentales pueden convivir en sus comunidades siempre y cuando sean bien atendidas en el marco de un sistema de salud adecuado. Formar parte de la sociedad siempre será una solución preferible antes que estar recluido en una institución, encerrado detrás de muros que alimentan fantasías sociales que asocian la locura con la monstruosidad.


–El obstáculo es que países en desarrollo como Argentina no cuentan con sistemas de salud pública adecuados. ¿Qué estrategias propone la OMS en estos casos?


–Lo que comúnmente se hace es trabajar para generar consensos con los representantes de los ministerios de Salud de los Estados miembros que, de manera anual, plantean prioridades para sus naciones. En ese marco, nosotros proponemos objetivos que los países deben cumplir e indicadores para medir de qué manera han cumplido o fracasado con las metas. No contamos con un poder operativo o decisional, pero tenemos el respaldo de los Estados y eso nos faculta para diagramar planes que gozan de independencia respecto de los humores y las negligencias de los gobiernos de turno.


–¿Argentina tiene una agenda en salud pública?


–Es difícil decirlo de manera taxativa porque no hay una investigación específica que me permita responder de manera rotunda, pero hay una serie de datos. Por ejemplo, Argentina es el país del mundo con más psicólogos por habitante y presenta números notables de otras profesiones vinculadas a la salud mental, como el caso de los psiquiatras. Existen, por otro lado, muchas ONG que se están moviendo mucho y muy bien y demuestran su interés por construir una mirada integral de salud mental basada en los derechos humanos. La ley de Salud Mental fue muy discutida y contaba con muchos elementos positivos, pero no fue acompañada por una implementación acorde. Son distintos componentes de un proceso que avanza, pero necesitamos que avance mejor y más rápido. Para ello, la intervención de los Estados es irreemplazable.


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Virtual adicción. ¿Es un mito la adicción a los teléfonos móviles?

La psicología trata de investigar los comportamientos potencialmente adictivos en el uso de aplicaciones y juegos. No es fácil establecer patrones a la hora de hablar de ‘adicción’.

Un millón de personas hacen o han hecho terapia a través de Talkspace, una de las apps de moda entre pacientes que buscan ayuda, psicoterpeutas que buscan clientes e inversores que buscan una startup en la que poner su dinero: el año pasado levantó 31 millones de dólares entre fondos de capital riesgo, quienes estiman el valor de esta compañía neoyorquina en unos 130 millones de dólares. Talkspace funciona como un servicio de mensajería instantánea que reúne a pacientes y terapeutas; quienes la usan pueden enviar mensajes todos los días y a cualquier hora a su terapeuta, que suele responder una o dos veces al día. En caso de necesidad, se puede agendar una videollamada entre especialista y paciente. Todo desde 49 dólares por semana.

 

Aparte de la terapia genérica, Talkspace tiene solo dos especialidades diferenciadas. Una es la terapia de pareja porque los fundadores de la compañía montaron el negocio después de salvar su matrimonio haciendo terapia —si no tienes una historia, no tienes una startup—. La otra única especialidad de terapia online es para retomar el control de tu vida online; Social Media Dependency Therapy: “El primer programa de su clase diseñado para ayudarte a controlar tu uso y tus reacciones a Facebook, Instagram, Twitter y más”.


Se calcula que miramos el móvil unas 150 veces al día y que, a diario, la población adolescente pasa unas seis horas y cuarenta minutos delante de una pantalla. Sí, seis horas y cuarenta minutos. Las redes sociales se tragan buena parte del pastel. Según el Estudio Anual de Redes Sociales IAB 2018, podemos entregar una hora y media al día a Whatsapp, y más de una hora a YouTube o a Facebook. Otras apps menos extendidas son igual de absorbentes: Musically, la app de coreografías caseras, puede retenernos durante una hora y doce minutos; Twitch, que retransmite partidas de videojuegos, ocupa una hora y nueve minutos diarios entre su afición; otra red social en ascenso, Vero, se acerca a los sesenta minutos diarios de dedicación entre su creciente comunidad; y la española 21 Buttons, consagrada a influencers de la moda, requiere 53 minutos diarios a sus fans . ¿Estamos ante verdaderas adicciones o, tal vez, usamos este término a la ligera?

Daria Kuss y Olatz López-Fernández, del departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham Trent, investigan comportamientos potencialmente adictivos vinculados al uso de las nuevas tecnologías. “La adicción parece ser la relación entre una persona y un objeto —sustancia— o actividad —comportamiento— que progresivamente resulta ser más importante, a la vez que otros objetos o actividades lo son menos; hasta que llega un momento en que es lo prioritario y causa serios problemas a la persona que la sufre, pues se entra en un conflicto entre el consumo impulsivo y el intento de no consumir. Ello causa gran sufrimiento relacionado con la salud, la familia, los amigos, el trabajo, los estudios, etc.”, explica López-Fernández. Además, recalca, debe darse durante un periodo prolongado de tiempo, que se ha descrito como de seis a doce meses.

Tal como recuerda esta investigadora, “a mediados de los años noventa se empezó a utilizar el término 'adicción a internet' en el entorno clínico y académico, con la finalidad de referirse al comportamiento de carácter adictivo que presentaban algunas personas que utilizaban internet de forma excesiva, durante mucho tiempo, y de forma problemática, con sintomatología adictiva”. Más tarde, “el espectro de posibles comportamientos adictivos se extendió a las tecnologías en sí mismas —ordenadores, consolas, teléfonos móviles, etc.—, a internet y a otros comportamientos más concretos en internet —jugar con videojuegos, comunicarse por redes sociales, consumir contenidos pornográficos, comprar en tiendas en línea, apuestas en línea...—”, añade.

 

¿EXISTE LA ADICCIÓN A FORTNITE?

Desde hace meses millones de pantallas alternan despiadadas masacres multitudinarias y bailoteos burlones bajo un mismo título, Fortnite, el juego en red que domina el mercado desde hace meses, especialmente en su versión Battle Royale. La compañía creadora de este videojuego, Epic Games, mantiene una vertiginosa política de actualizaciones y parches que no dejan de ampliar y modificar este videojuego, esencialmente gratis. El resultado es que unos 40 millones de personas lo han probado y en algunos momentos ha llegado a congregar a dos millones de personas jugando al mismo tiempo durante horas y horas. A medida que el juego ganaba popularidad, los testimonios de familias preocupadas por las largas partidas de algunas criaturas se multiplicaban.
El alarmismo se encendió en los medios cuando se conoció el caso de una niña británica de nueve años que se había orinado encima para no interrumpir una de sus sesiones de hasta 10 horas seguidas de Fortnite. La pequeña está acudiendo a terapia para desengancharse del videojuego. ¿Es esto una adicción?

Durante años, la comunidad científica ha seguido alternando la investigación con la prudencia a la hora de considerar el abuso de nuevas tecnologías como una verdadera adicción. Solo hace apenas unas semanas, el 18 de junio, la OMS publicaba la última actualización de su clasificación de enfermedades, el ICD-11, que no se tocaba desde 1990. En esta nueva versión se recoge finalmente el trastorno por videojuegos como un posible diagnóstico dentro del apartado de comportamientos adictivos: “El trastorno de juego, predominantemente online, se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego —"juego digital" o "videojuego"— persistente o recurrente, que se realiza principalmente a través de internet”, según la OMS.

 

No obstante, han de darse más características, como un control alterado sobre la frecuencia o el tiempo de juego, un aumento de la prioridad que se da al juego en detrimento de otras actividades diarias, una continuación del hábito a pesar de que desencadene consecuencias negativas, un deterioro del funcionamiento familiar, social, académico o laboral y, además, una perpetuación del problema durante al menos 12 meses.


72 MILLONES DE PERFILES ADICTOS A FACEBOOK


Hacen falta años de literatura académica sólida para que la OMS o la Asociación Americana de Psiquiatría —autora del venerado, y también discutido, CDI, el otro gran catálogo de enfermedades mentales— den el paso de añadir un nuevo diagnóstico a sus clasificaciones, pero antes, la investigación y la práctica clínica suelen detectar indicios problemáticos. Eso es lo que parece estar pasando con las redes sociales.


Hace cuatro años, un equipo chino sugirió las bases para definir usos potencialmente problemáticos de apps de microblogging como Twitter: según sus cálculos, entre un 4 y un 15 por ciento del alumnado universitario en China estaría haciendo un uso excesivo de Twitter y, especialmente, Weibo, su masivo equivalente chino. Facebook también levanta sus propias sospechas: en 2012 un equipo liderado por la noruega Cecilie Schou Andreassen sentó las bases de la Escala de Adicción a Facebook de Bergen —llamada así por la Universidad donde nació—, que hoy es un referente.

Uno de los más recientes estudios que ha usado esta escala, publicado en mayo, ha detectado un 3,3 por ciento de personas con rasgos de adicción a Facebook: es un porcentaje pequeño, pero si se confirma y se extrapola a la comunidad global de 2.200 millones de perfiles en Facebook, estaríamos hablando de más de 72 millones de personas virtualmente adictas a la red de Mark Zuckerberg en el mundo. Para el caso de Instagram, otro estudio recién publicado estima que puede haber un seis por ciento de instagramers con adicción moderada y un uno por ciento con adicción severa.

¿Por qué nos enganchan las redes sociales? Todavía no han entrado en el paquete de trastornos adictivos reconocidos, a diferencia del juego online, pero ¿es posible que la progresiva gamificación de estas webs y apps compartan rasgos comunes con el juego problemático online? ¿Pueden los likes y los retuits funcionar como recompensas cada vez más deseables, generar tolerancia como otras sustancias o comportamientos adictivos? Daria Kuss explica que “cada vez que recibimos un retuit, un like o tenemos un nuevo seguidor, una pequeña cantidad de dopamina está siendo liberada en el centro del placer del cerebro y ese tipo de placer, a lo largo del tiempo, es aprendido por el propio cerebro y si se vincula con el uso de redes sociales, cada vez requerirá más y más de ese vínculo, y esta es la razón por la que se desarrollan comportamientos potencialmente problemáticos”.


WHATSAPP, ALUCINACIONES Y PROZAC

 

Mientras pulimos nuestra relación con las redes sociales o los videojuegos, la comunidad sanitaria busca sus propios diagnósticos y experimenta con posibles tratamientos para los casos más extremos. ¿Alguna vez has jurado que tu móvil había vibrado en el bolsillo sin que nadie te hubiera mandado nada? Si pasamos, literalmente, una hora y media al día pendientes de las notificaciones de WhatsApp, nuestra mente espera su dosis de notificaciones cada cierto tiempo. Varios estudios llevan años analizando el 'síndrome de la vibración fantasma' y el 'síndrome de la llamada fantasma'. O si prefieres un refrito de anglicismo y neologismo, vibranxiety o ringxiety.


Se trata de dos tipos de alucinación bastante comunes: diferentes estudios han detectado una prevalencia del síndrome de la vibración fantasma, que afectaría a entre el 68 y el 89 por ciento de la población con teléfono móvil. La segunda alucinación afectaría menos: entre el 27 y el 54 por ciento de las personas creen oír tonos y notificaciones que no han sonado realmente. ¿Hasta qué punto podemos engancharnos a WhatsApp?

En 2016 el Indian Journal of Psychiatry publicaba el caso de una mujer de 26 años, diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad, que se había vuelto adicta a WhatsApp: la consecuencia fue que acabó sometida a un tratamiento con fluoxetina (Prozac), ácido valproico (antiepiléptico y estabilizador del estado de ánimo) y lorazepam para dormir. Un cóctel de fármacos con un claro efecto secundario: la controversia. ¿Podremos identificar claramente los casos realmente problemáticos de malos usos de apps, juegos o redes sociales? ¿O corremos el riesgo de patologizar y psiquiatrizar conductas no alarmantes?

Una potente droga de diseño deja cien casos de sobredosis en 36 horas en EE UU

Las drogas mataron el año pasado a 200 personas cada día en Estados Unidos, una cifra récord.
 

La escena que se vivió este miércoles en New Haven Green, un céntrico parque situado junto a la Universidad de Yale, fue caótica. Solo había que fijarse en las marcas que dejaron las ambulancias que invadieron el césped para asistir a la avalancha de intoxicados por consumir una droga de diseño cien veces más potente que la marihuana. Hasta 76 casos de sobredosis contaron las autoridades en un día, a los que se sumaron una veintena horas después. Es el último ejemplo de la grave crisis por el consumo de drogas que azota Estados Unidos.

Las sobredosis por la adicción a los estupefacientes provocaron 72.287 muertes el año pasado en el país, según las últimas estadísticas del Centro para el Control de las Enfermedades (CDC). Es una cifra récord, que representa un incremento del 10% en un año y que supera a las víctimas mortales por accidentes de tráfico o por la violencia con armas de fuego. El informe de la agencia se publicaba mientras los servicios de emergencia en Connecticut trataban de contener la situación.


Toni Harp, alcalde de New Haven, insistía en que este episodio es un reflejo de las enormes dificultades por las que atraviesan las autoridades locales de costa a costa en EE UU ante “esta amenaza para la salud pública”. El pasado 4 de julio, coincidiendo con la celebración del Día de la Independencia, ya tuvieron que lidiar con 14 casos de sobredosis en ese mismo parque. Y el incidente recuerda a otro similar en Brooklyn el pasado mayo, que afectó a un centenar de personas.


El origen de la avalancha era la droga sintética K2 o Spice. Rick Fontana, director de las operaciones de emergencia de esta localidad en Connecticut, explicó que contaron hasta 25 casos de sobredosis en un margen de poco más de tres horas. Hubo momentos en los que tuvieron que atender hasta a seis personas a la vez y tuvo incluso que cortar la rueda de prensa para atender a nuevas víctimas. “Muchos se desplomaban a la vez”, comentó.


Los servicios de emergencia empezaron a recibir las primeras llamadas de auxilio a primera hora de la mañana del miércoles. El Departamento de Salud Pública tuvo que suministrar medio centenar de dosis del tratamiento contra la sobredosis Narcan, pero no en todos los casos fueron efectivas. Solo dos de los afectados sufrían síntomas que mostraban que sus vidas corrían peligro.


El centro dedicado a la prevención y el control de las enfermedades, así como las autoridades locales, está realizando intensas campañas en las redes sociales para alertar al público sobre los peligros de este tipo de drogas de diseño. Señalan, por ejemplo, que el cannabis sintético provoca efectos diferentes e impredecibles, hasta el punto de provocar ataques al corazón y daños irreversibles.


Esta vez no hubo que lamentar ninguna víctima mortal. Pero ni la epidemia del Sida mató a tantas personas en EE UU en un solo año como las sobredosis. La mayoría de las muertes fueron causadas por el consumo de opiáceos. Se contabilizaron unos 49.000 casos, de acuerdo con los últimos datos de la CDC. El principal factor de este incremento de muertes es otra droga sintética, el fentanilo, que mató a 29.000 personas. Le siguen la heroína y otras drogas.


Los estados con el mayor índice de mortalidad son los de Virginia Occidental, Pensilvania y Ohio. En Massachusetts, Vermont, Wyoming y Montana se empieza a apreciar una reducción de muertes por sobredosis, pero son la excepción porque en el resto del país crece pese a los esfuerzos que se están desplegando para combatir la adicción a drogas como el fentanilo, 50 veces más potente que la heroína.


La suma total de las muertes por sobredosis equivale a una persona fallecida cada ocho minutos. El presidente Donald Trump declaró el año pasado la situación de “emergencia de salud pública”. En este contexto, el Departamento de Justicia y la Agencia Antidroga (DEA) acaban de proponer que se aplique a las farmacéuticas un límite a la producción de sustancias que pueden ser utilizadas indebidamente.


Con esta nueva cuota se busca reducir el volumen de medicamentos, como analgésicos, que se venden ilícitamente en el mercado negro o que facilitan la adicción. Las estadísticas de la CDC muestran algunos progresos en este sentido, ya que las muertes por sobredosis vinculadas a tratamientos como el oxycodone o el hydrocodone dejaron de crecer, lo que podría indicar que se está cerca del máximo de la mortalidad.
Pero como señalaba John Alston, jefe de los bomberos de New Haven, “la gente se automedica por múltiples motivos”. “Este es un problema que no se va a resolver pronto”, advierte, mientras indicaba que algunos de los intoxicados por K2 consumieron también opiáceos. A los expertos de la CDC, de hecho, les preocupa que sustancias como el fentanilo se mezclen con drogas para potenciar su efecto.


Donald Trump urgió además este jueves al fiscal general Jeff Sessions que proceda a demandar a las compañías farmacéuticas que producen opiáceos. Hay varios estados que ya actuaron en este sentido. El problema, es que estas sustancias también llegan de países como China o México. El presidente pidió que se aplique un mayor control. “Es como una nueva forma de guerra”, valoró el presidente.

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Refrescos de cola causan desde anemia hasta Alzheimer

La investigadora de la Facultad de Medicina relaciona los refrescos de cola con distintos padecimientos, desde sobrepeso, obesidad, diabetes, cálculos renales, asma, descalcificación, anemia, depresión, mala digestión, caries, hasta Alzheimer.


En 1886 surgió el primer refresco de cola, ideado por el farmacéutico John Stith Pemberton como un jarabe que ayudara a la digestión y aportara energía. Después de 132 años, estas bebidas son de las más ingeridas y dañinas debido a la gran cantidad de azúcar y químicos que contienen, pues son causantes de diversas enfermedades, desde sobrepeso, obesidad, diabetes, cálculos renales, asma, descalcificación, anemia, depresión, mala digestión, caries, hasta Alzheimer.


Laura Moreno Altamirano, investigadora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que la fórmula exacta de su contenido no viene en la etiqueta, y algunas versiones afirman que sólo dos personas conocen la misma.


Originalmente, tenía coca (planta endémica de Perú) y cola (traída de África), pero en Estados Unidos las prohibieron por considerarse adictivas. La bebida contenía en total siete sustancias, por lo que se llamó a la fórmula 7X. Entre otras, tenía caramelo natural para darle color, pero al ser un ingrediente costoso lo omitieron, y se buscó imitar su sabor a través de químicos que resultaron más peligrosos que los originales.


Se sabe que la mitad de su contenido es azúcar, y en condiciones normales un ser humano no puede ingerir esta cantidad porque vomitaría. Por ello, se le agregó ácido fosfórico, sustancia dañina que neutraliza el sabor dulce y hace posible beberla.


El ácido fosfórico provoca desmineralización ósea porque no permite la adecuada absorción del calcio al organismo, debilita los huesos sobre todo en sus caras internas, provoca disminución de su densidad y promueve las fisuras y fracturas, e incluso, fomenta el desgaste del esmalte de los dientes y favorece las caries.


Además, la combinación de este ácido con azúcar provoca dificultad para absorber el hierro, lo cual podría generar anemia, mayor disposición para contraer infecciones, sobre todo en los niños, ancianos y mujeres embarazadas.


El refresco también se ha asociado con la producción de cálculos renales, y es un antioxidante muy potente, por ello se usa en plantas industriales y en casas para limpiar los baños y destapar tuberías.


Asimismo, contiene un alto índice glicémico que al entrar al organismo produce bastante insulina y tiene bajo índice de saciedad, por eso no quita la sed. “Quien toma refrescos de cola rara vez se toma uno, regularmente toman hasta dos litros al día”.


A los 20 minutos de haber tomado un vaso, el nivel de azúcar en la sangre aumenta rápidamente y causa una enorme secreción de insulina. Así, los azucares que el organismo no logra digerir se transforman en grasa y como resultado aparece el sobrepeso y obesidad.


Los responsables de la adicción son el azúcar y la cafeína, que reactivan las terminales nerviosas del cerebro y a los 45 minutos de haberla tomado aumentan la producción de hormonas como la dopamina y la serotonina, sustancias encargadas de producir placer. “Tienen un efecto similar a la heroína”.


Moreno Altamirano refirió que usaban cafeína natural que altera el sistema nervioso central y el sueño, aumenta la presión arterial, pero actualmente la producen de forma sintética y todavía resulta más dañina.


Así, la cafeína llega rápido al cerebro y horas después es eliminada por la orina. Con dicha secreción, se genera una producción de líquido y con ello se elimina magnesio y zinc, importantes para el organismo pues son absorbidos por los huesos.


A los 60 minutos el ácido fosfórico fija el calcio, el magnesio y el zinc al intestino, esto acelera el metabolismo y entonces las altas dosis de azúcar y endulzantes artificiales incrementan la secreción urinaria de calcio.


Entre más se consume más se estimula y la adicción crece, de hecho, cuando las personas dejan de tomarla tienen una sensación de malestar, agotamiento, cansancio y hasta que no la ingieren se sienten bien. “Finalmente es una droga”.


Además, contiene un aditivo llamado E-150 que afecta el metabolismo de las proteínas y la calidad de la sangre, y con ello produce anemia, depresión y confusión, entre otros síntomas. El gas que contiene produce inflamación y mala digestión que se vuelven crónicos.


El colorante artificial que contiene se ha asociado con enfermedades como el cáncer de pulmón, hígado, tiroides y leucemia.


En cuanto a los refrescos de cola light, la académica universitaria apuntó que son muy dañinos, y si se consumen en grandes cantidades producirían daños cerebrales, pérdida de memoria, confusión mental, Alzheimer, daños en la retina y al sistema nervioso.

12 julio 2018

 

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Un desorden de salud mental, la adicción a videojuegos: OMS

Muchos padres podrían haberlo pensado durante largo tiempo, pero ahora tienen un nuevo argumento para limitar el "tiempo en pantalla" de sus hijos, pues la adicción a los videojuegos fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un desorden de salud mental.

El más reciente libro de referencias del organismo mundial acerca de las enfermedades reconocidas y diagnosticables describe la adicción a videojuegos y juegos digitales como "una pauta de comportamiento de juegos persistente o recurrente" que se vuelve tan extenso que "toma precedencia sobre otros intereses de la vida".

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), que ha sido actualizada en los pasados 10 años, cubre ahora 55 mil lesiones, enfermedades y causas de muerte. Es una base para que la OMS y otros expertos vean y respondan a tendencias en salud.

Permite emprender acciones

"Nos permite entender mucho sobre lo que hace que la gente se enferme y muera, y emprender acciones para impedir el sufrimiento y salvar vidas", señaló Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, en un comunicado junto a la publicación de la CIE.

La CIE también es usada por compañías aseguradoras cuyos rembolsos al cliente dependen de las clasificaciones contenidas en el documento.

La más reciente versión, conocida como CIE-11, es completamente electrónica por primera vez, en un esfuerzo para hacerla más accesible a médicos y otros trabajadores de la salud alrededor del mundo.

También incluye cambios a las clasificaciones de salud sexual. Ediciones anteriores catalogaban a la disfunción sexual y a la incongruencia de género bajo condiciones de salud mental, la CIE-11 las mueve a la sección de salud sexual. Asimismo, tiene un nuevo capítulo sobre medicina tradicional.

Está programado que la CIE actualizada sea presentada a estados miembros de la OMS en su Asamblea General, que se realizará en mayo de 2019, para su adopción en enero de 2022, según señaló el organismo en un comunicado.

La tabacalera Philip Morris se aprovechó de la adicción a la nicotina, que siempre había negado, para promover sus ventas

La multinacional dueña de marcas como Marlboro o Chesterfield conocía, desde el año 2000, la importancia de dependencia a la nicotina en el tabaquismo, según revelan documentos secretos de la compañía públicos a raíz de un litigio.


Washington

La compañía tabacalera más grande del mundo, la estadounidense Philip Morris, identificó a la nicotina como el principal impulsor del hábito de fumar en 2000 y redirigió sus políticas para promover su uso, según un estudio publicado en la revista especializada PLOS Medicine.


Después de décadas negando el papel de la dependencia de la nicotina en la adicción al tabaco, Philip Morris, dueña de marcas como Marlboro o Chesterfield, tenía una comprensión interna de la adicción al tabaco superior a la que admitía de manera pública, tal y como revelaron documentos secretos de la compañía hechos públicos a raíz de un litigio en su contra.


Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EEUU) analizó estos documentos para explorar la comprensión de la compañía de la adicción y descubrieron que Philip Morris aprovechó entonces su conocimiento para enfocar sus promociones y productos.


Los autores Jesse Elías, Yogi Hendlin y Pamela Ling descubrieron que la tabacalera continuó estudiando la adicción durante la década de los 2000 para desarrollar productos de nicotina "exitosos y potencialmente más seguros".


Además, tras analizar los documentos secretos, encontraron que desde mediados de la década de los noventa hasta por lo menos 2006, los modelos internos de adicción de Philip Morris consideraron factores psicológicos, sociales y ambientales como comparables en importancia a la nicotina en el uso de cigarrillos.


Elías y sus colegas argumentaron que este conocimiento sobre el papel de la nicotina en el hábito de fumar permitió a Philip Morris redirigir la política lejos de las intervenciones sociales y ambientales y hacia la promoción de productos "perjudiciales".


Los investigadores señalaron en su estudio que debido a la naturaleza fragmentada e incompleta del archivo de documentos de la industria tabacalera, es posible que se hayan perdido algunos documentos importantes.


No obstante, los autores enfatizaron que la reducción de la prevalencia del tabaquismo requiere de políticas que aborden todos los factores que impulsan la adicción al cigarrillo, por ejemplo, restricciones de publicidad, empaquetado genérico, impuestos al tabaco y restricciones generalizadas al consumo de cigarrillos.


"Es más probable lograr resultados de salud positivos al complementar la investigación y los consejos de conducta con intervenciones cada vez más fuertes a nivel de la sociedad que aborden los componentes psicológicos, sociales y ambientales de la adicción", apuntaron los autores.

 

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Viernes, 06 Abril 2018 06:24

Drogas a la estadounidense

Drogas a la estadounidense

La proliferación de diversas drogas por todo el territorio estadounidense tiene conmocionada a la población pues en casi la mayoría de los hogares existe algún familiar adicto a ese destructor flagelo.

Las cifras oficiales resultan escalofriantes: En 2016 murieron por sobredosis de drogas más de 59 000 personas, más del total de soldados estadounidenses muertos durante la invasión a Vietnam. Solo los opioides destruyeron la vida de 17.536 habitantes. Nadie escapa a la drogadicción en la nación.


Si la marihuana y la cocaína han sido durante años las principales sustancias que han proliferado por Estados Unidos, consumidas por adultos, jóvenes y hasta menores de edad, ahora se han impuesto otras mucho más peligrosas en ese profuso mercado que resulta muy difícil de controlar.


Entre las razones fundamentales de los innumerables actos de violencia y asesinados masivos con armas de fuego ocurridos en escuelas, supermercados, iglesias y lugares de recreación en Estados Unidos aparecen dos cuestiones principales: la tenencia indiscriminada de armas por parte de la población impulsada por la Asociación Nacional del Rifle y la proliferación del consumo de drogas entre jóvenes y adultos.


Según el Gun Violence Archive (Archivo de Violencia Armada) entre enero y octubre del año 2017 fallecieron en Estados Unidos 545 menores por disparos, ocurrieron 274 tiroteos masivos, se registraron 46 595 incidentes de violencia con armas de fuego con resultados de 11 652 muertes y 23 516 heridos (sin incluir 22 000 suicidios anuales aproximadamente). Las drogas estaban tras muchos de esas desgracias.


Desde 1970 han muerto más estadounidenses a causa de armas que el total de los que perdieron sus vidas en todas las guerras en la historia del país, desde la Independencia (1776). Nicholas Kristof, columnista del New York Times, informó de que cada día unos 92 pierden sus vidas por armas de fuego, recordó.


Ahora, en esa sociedad tan agresiva, cuyo país esta catalogado como el principal consumidor de todo tipo de drogas que van desde la cocaína, marihuana, LSD, heroína y metanfetamina (también conocidas como crank, speed , ice y tina) se suman en los últimos años las medicinas con opioides fabricadas por la industria farmacéutica de Estados Unidos.


La compañía Purdue Pharma lanzó al mercado en 1996 su producto OxyContin, un opioide que le produjo a los cuatro años ingresos de 1.100 millones de dólares. Debido a la obtención de tan rápidas ganancias, otras grandes compañías sacaron al mercado los productos Percocet y Vicodin, también opioides.


Como siempre hacen los medios de comunicación occidentales que se prestan a hacer propaganda de cualquier producto siempre que les brinden altos pagos por los anuncios, Purdue utilizó una agresiva campaña de mercadeo por radio, prensa escrita, programas de televisión así como con médicos, a través de los cuales prometía que el OxyContin, no era nada adictivo y libraría a cualquiera del dolor.


Ya en 2016 se expidieron alrededor de 300 millones de recetas para fármacos con opiáceos que alcanzaban según un medio especializado de salud para entregar un pomo de calmantes a cada estadounidense, incluidos los recién nacidos.


El mercado ascendía a 24 000 millones de dólares al año, al transformante de un fuerte calmante a una adicción con enorme dependencia. Numerosos jóvenes comenzaron a consumirlas en las fiestas junto con bebidas alcohólicas.


Las poderosas corporaciones farmacéuticas, lograron lo que no han podido hacer las grandes mafias traficantes de drogas: distribuirla legalmente e incluso con receta.
Como siempre sucede en Estados Unidos donde las poderosas compañías compran a políticos, abogados, cabilderos, representantes y senadores, la millonaria familia Sackler, dueña de Purdue Pharma ha entregado abundante dinero a obras “humanitarias y caritativas”, mientras su producto OxiContin le ha reportado desde 1995 más de 35 millones de dólares.


En el sur de la Florida, el consumo de cocaína sigue siendo la droga más usada, pero ya se han extendido los opioides como el fentanil y la heroína que han acabado con la vida de miles de personas que no pueden desistir de consumirlas.


A la par, la metanfetamina se abre paso y en los dos últimos años ha provocado más sobredosis, creado una nueva ola de adictos. Solo en Florida el pasado año murieron por sobredosis de metanfetamina, 621 personas, el doble que en 2016 y otras miles han estado envueltas en trifulcas, agresiones, robos y todo tipo de altercados.
Se afirma que en Estados Unidos las drogas son una voraz epidemia que alcanza a la mayoría de las familias, pero la realidad es que la verdadera epidemia está en el sistema imperante donde el bienestar de la población no resulta importante por encima prevalecen el negocio y la acumulación de dinero de la minoría rica.


Por Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

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Investigadores prueban que el cerebro aprende a buscar placer


El estudio en ratones arrojó que memorizan y repiten patrones que evocan bienestar


Es la primera vez que se demuestra que las acciones que conducen al refuerzo positivo se repiten más

 

Investigadores del Instituto Zuckerman de la Universidad de Columbia, la Universidad de California en Berkeley, ambos en Estados Unidos, y el Centro Champalimaud para lo Desconocido, en Portugal, observaron en ratones cómo el cerebro aprende a repetir patrones de actividad neuronal que provocan la importante sensación de sentirse bien. Hasta ahora, los mecanismos cerebrales que guían este tipo de aprendizaje no se habían medido de manera directa.

Esta investigación ofrece información clave sobre cómo se forma y refina la actividad cerebral a medida que los animales aprenden a repetir comportamientos que evocan una sensación de placer. Los hallazgos, que se publicaron ayer en Science, también apuntan a nuevas estrategias para detectar trastornos caracterizados por comportamientos repetitivos anormales, como la adicción y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

"No es ningún secreto que obtenemos placer al hacer cosas con las que disfrutamos, como jugar nuestro videojuego favorito", señala el autor principal del trabajo, Rui Costa, director asociado y director ejecutivo del Instituto Zuckerman de Columbia. "Los resultados de hoy revelan que el cerebro aprende qué patrones de actividad conducen a sensaciones de sentirse bien y se restructura para reproducir de manera más eficiente esos patrones", explica.

"Este descubrimiento puede ayudar a explicar cómo aprendemos por repetición, y también puede aportar información a la hora de estudiar trastornos como la adicción y el TOC, en el que se desbarata el circuito de retroalimentación que vincula una acción a una recompensa", agrega.

Normalmente, hacer algo agradable provoca que las neuronas liberen una sustancia química llamada dopamina. Este lanzamiento provoca esa sensación de sentirse bien, evoca el deseo de repetir una acción una y otra vez. Un buen ejemplo de esto son los videojuegos.

"Cuando mueves el control del juego exactamente de la manera correcta para obtener esa puntuación alta, tu cerebro recuerda cómo ejecutó esa acción: qué neuronas se encienden y en qué patrón, para que tu cerebro pueda recrear ese mismo movimiento la próxima vez que juegues", dice el doctor Costa, quien también es profesor de neurociencia y neurología en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia. "Después de repetidos intentos, tu cerebro mejora al recrear ese patrón de actividad neuronal y te hace mejor en el juego", añade.

Para el equipo, este hecho supuso la pregunta: ¿se podría entrenar al cerebro para aprender el patrón correcto de actividad neuronal normalmente involucrado en experimentar algo agradable, y luego reproducir ese patrón a voluntad para desencadenar una liberación de dopamina?

Música y dopamina

En una serie de experimentos en ratones, los científicos desarrollaron un programa de ordenador que conectaba la actividad neuronal en el cerebro de los animales con notas musicales, de modo que cuando un grupo de neuronas se encendía, se reproducía una nota musical correspondiente. Diferentes patrones de actividad neuronal produjeron distintas combinaciones de notas. Y cuando los patrones de actividad neuronal activaron la disposición correcta de las notas musicales (determinadas arbitrariamente por un ordenador), los científicos liberaron manualmente la dopamina en los cerebros de los animales.

Los animales aprendieron rápidamente qué arreglo musical, cuando se tocaba, causaba una liberación de dopamina y una sensación de sentirse bien. Sus cerebros luego comenzaron a reconectarse para escuchar esa canción más a menudo, lo que desencadena el golpe de placer de la dopamina. "En esencia, los ratones aprendieron a repetir el mismo patrón de actividad cerebral que se evocó anteriormente al escuchar esas notas musicales", resume el coprimer autor del documento, Vivek Athalye, candidato doctoral en Champalimaud.

Los investigadores observaron que estos hallazgos son un ejemplo sorprendente de la Ley de Thorndike: principio de sicología de hace muchos años que establece que las acciones que conducen al refuerzo positivo se repiten con mayor frecuencia. Sin embargo, estos descubrimientos probablemente representan la primera vez que se ha observado este principio directamente en el cerebro, según los autores.

“De alguna manera, estos resultados son totalmente esperados –afirma Costa. Tiene sentido que el cerebro imitara la sensación de recompensa que obtiene de una experiencia agradable produciendo el patrón correspondiente de actividad neuronal. Pero nunca se había probado.”

Esta investigación también tiene implicaciones importantes para la adicción y el TOC. “Si los patrones de actividad neuronal del cerebro están a toda máquina, como suele ser el caso para las personas con adicción o TOC, ¿podríamos crear un programa de ordenador que pueda ayudar a entrenar a sus cerebros y reducir esta actividad? –se pregunta el doctor Costa. Esto es algo que estamos explorando”.

 

"Carnicería americana": EE.UU. consumido por las drogas

La crisis sanitaria que emerge en Estados Unidos es apenas la punta del iceberg de problemas mucho más profundos y de carácter estructural. Dos de ellos parecen insoslayables: la hegemonía del capital financiero y la ambición por mantenerse en el primer lugar en el mundo mediante el uso y abuso de su poder militar.

 

Aunque es un tema bien conocido, la máxima autoridad económica estadounidense, Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, alertó que la epidemia de muertes por drogas está trastocando el mercado laboral al punto que las industrias no encuentran personal calificado para cubrir vacantes.


Yellen compareció ante el Senado de los EEUU a mediados de julio, donde afirmó que "la industria manufacturera tiene dificultad para dar con aspirantes con la preparación adecuada para desempeñar sus funciones" aunque, paradójicamente, el sector capacitado de la población "no se moviliza porque los salarios son bajos".


La tasa de participación laboral de los estadounidenses se encuentra al mismo nivel que en la década de los 70, hace casi medio siglo, en gran medida por "la adicción de los jóvenes en edad de trabajar a los opiáceos".


La funcionaria encontró tres razones para esa verdadera epidemia, que mata más personas que el pico del sida, alcanzado en 1995. Los jóvenes consumidores no se forman porque abandonan sus estudios. En segundo lugar, el consumo de opiáceos y otras drogas los apartan cada vez más del mercado de trabajo. En tercero, se registra una elevada tasa de suicidios y muertes por sobredosis, en gran medida por depresiones, en regiones que sufren problemas económicos y desocupación.


En 2014 hubo 1,3 millones de personas que necesitaron asistencia médica por consumo de medicamentos con receta y opiáceos, lo que representa el doble que en 2005. En referencia a lo que se considera una epidemia de drogadicción, que castiga especialmente a las personas en un grupo de edad entre los 25 y los 44 años, Yellen dijo que le resulta "extremadamente insólito", porque "EEUU es la única nación avanzada en la que hemos visto algo así".


Un extenso informe de The New York Times del mismo mes sostiene que las muertes por sobredosis son la primera causa de defunciones entre los menores de 50 años, y constata que siguen creciendo a un ritmo infernal: 19% entre 2015 y 2017. En la década de los 80, las muertes por sobredosis de drogas oscilaban entre 6.000 y 7.000 personas por año, trepando ocho veces hasta rozar las 60.000 que se estiman para 2017.
Lo más curioso es la percepción que las elites estadounidenses tienen sobre el tema, al que el New York Times considera "una plaga moderna", con la carga de miedos y temores que caen sobre una nación que desde siempre teme repetir las causas de lo que hace dos milenios provocó la "decadencia del Imperio Romano".


"En Ohio, que presentó una demanda la semana pasada acusando a cinco compañías farmacéuticas de fomentar la epidemia de opiáceos, estimamos que las muertes por sobredosis aumentaron en más del 25% en 2016", sostiene el periódico.


La droga más mortífera en este momento, sobre todo en estados donde la desindustrialización hizo estragos como Ohio, es el fentanilo y el carfentanilo, un tranquilizante 5.000 veces más potente que la heroína. Más de dos millones de personas dependen de los opiáceos legales y otros 95 millones de analgésicos recetados en 2016. En algunos condados, las reuniones de Narcóticos Anónimos están repletas de abogados, contadores y jóvenes profesionales con alto nivel educativo.


Se trata de un país que con el 5% de la población consume el 80% de los opiáceos farmacológicos del mundo. El Gobierno de Donald Trump ha creado una comisión para debatir medidas contra la epidemia de drogadicción, a la que ha definido como un problema del mismo nivel que el crimen y las pandillas, a las que denomina "la carnicería americana".


Los medios, los políticos y el empresariado estadounidense parecen rehuir la relación entre la epidemia de muertes por sobredosis y el modelo económico y social impuesto desde la década de los 80. En el mismo período en que se produjo el crecimiento exponencial del consumo de opiáceos, la riqueza del 1% se elevó hasta niveles inéditos, mientras los ingresos de la clase media blanca se derrumbaron.
Lea también: El 77% del dinero ilegal de la droga se queda en Estados Unidos y Europa


Millones de adictos comenzaron por el consumo de tranquilizantes en la década de los 90, cuando empezaron a sentirse las primeras consecuencias del modelo neoliberal. Los opiáceos de prescripción legal son un inmenso negocio para las farmacéuticas. En los últimos 15 años las recetas de estos medicamentos contra el dolor se han triplicado, pero el 75% de los heroinómanos empezó con esos analgésicos.


Se trata de personas con sus vidas y familias destrozadas, ya que al perder sus puestos de trabajo en la vieja industria fordista, reconvertida con la automatización y luego con la robotización de la cuarta revolución industrial, no pudieron reciclarse a los nuevos empleos altamente tecnificados. Nadie los ayudó, en un país individualista donde surgen voces que piden que se deje morir a los drogadictos sin atenderlos, como ya sucede con las autoridades de algunos condados de Ohio.


La crisis sanitaria que emerge en Estados Unidos es apenas la punta del iceberg de problemas mucho más profundos y de carácter estructural. Dos de ellos parecen insoslayables: la hegemonía del capital financiero y la ambición por mantenerse en el primer lugar en el mundo mediante el uso y abuso de su poder militar.


El capital financiero siempre existió, pero sólo se vuelve dominante cuando la economía real, la producción de mercancías, es desplazada por la especulación, signo inequívoco de la decadencia de las naciones. Los propietarios del capital dejan de confiar en inversiones de largo plazo y apuestan por ganancias inmediatas en el casino de la especulación, convirtiendo a las bolsas de valores en parte del mecanismo especulativo.


EEUU muestra varias fracturas que tienden a crecer. Al viejo conflicto social que afecta a la población negra se suma la actual epidemia de opiáceos, que muestra dos nuevas y tremendas fracturas. Por un lado, la que afecta a las clases trabajadoras y profesionales, como consecuencia del modelo neoliberal. En paralelo, aparece la división geográfica entre la Costa Este, decadente, y la Oeste, más próspera y volcada hacia las nuevas tecnologías. Ambas pueden terminar por hundir al mayor imperio de la historia.

 

Raúl Zibechi
Sputnik

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“Adicción a las drogas, enfermedad cerebral crónica, pero tratable”

Los adictos a las drogas pierden la capacidad de la determinación personal, se vuelven literalmente esclavos de esas sustancias, afirmó Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés), de los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos.

La adicción, enfermedad del cerebro, está muy estigmatizada en la sociedad, porque se cree que los adictos consumen estupefacientes porque así lo deciden, porque les produce placer y tienen una tendencia hedonista, pero no es así, sostuvo Volkow.

Pionera en el uso de imagen cerebral a través de tomografía de positrones para investigar el efecto tóxico y propiedades adictivas del abuso de drogas, añadió que desde hace varios años se creía –aún es una idea generalizada– que los adictos tienen una falla moral y falta de fuerza de voluntad.

"Una persona que se inicia en el consumo de una droga lo hace porque ésta es reforzadora. Las drogas tienen la capacidad de activar los sistemas reforzadores en el cerebro. La mayoría de las de abuso produce sensaciones intensas de placer. Esa experiencia inicial de euforia va seguida de otros efectos, que difieren según lo que se consuma", explicó en la conferencia ¿Qué sabemos de la adicción?, que ofreció en la Reunión General de la Academia Mexicana de Ciencias, Ciencia y Humanismo II.

Por ejemplo, con estimulantes como la cocaína, el high o euforia es seguido de sentimientos de poder, autoconfianza y mayor energía. Por el contrario, el uso de opiáceos, como la heroína, es seguido de sentimientos de relajamiento y satisfacción.

Lo que hacen todas las drogas que producen adicción es aumentar la dopamina y activar el núcleo accumbens, al cual se atribuye una función importante en el placer, incluyendo la risa y la recompensa, así como el miedo, la agresión, la adicción y el efecto placebo.

Con el tiempo, el continuo consumo de drogas hace que las actividades placenteras lo sean menos: “Un adicto consume drogas no por tener placer, sino para tratar de no sentirse tan mal, de sentirse ‘normal’.

"Hemos demostrado que los cocaínomanos tienen una respuesta muy atenuada a reforzadores como la comida, el sexo y el dinero; sufren una disminución total de la sensibilidad del sistema límbico. El cerebro necesita de esos reforzadores, porque son los que motivan a hacer cosas."

Un adicto que tiene este sistema totalmente atenuado ha aprendido que ni sus amigos, trabajo y dinero lo motivan; sin embargo, sabe que las drogas, aun cuando no le causan el mismo placer, pueden activar ese sistema, lo cual es una de las razones de la recaída.

"Sin embargo, las drogas manipulan muchas más cosas que el sistema reforzador; también afectan la corteza frontal, que nos permite hacer juicios, tener los procesos ejecutivos del cerebro, como analizar una situación para tomar decisiones."

Todas las drogas de abuso, directa o indirectamente, atacan el sistema de gratificación del cerebro inundando el circuito con dopamina, neurotransmisor que está en regiones que regulan el movimiento, las emociones, la cognición, la motivación y los sentimientos de placer. La sobrestimulación de ese sistema, que recompensa los comportamientos naturales, produce los efectos de euforia que buscan las personas que abusan de las drogas y les enseña a repetir este comportamiento, señaló la científica.

Gratificación

El cerebro, precisó Volkow, está diseñado para asegurar que repitamos las actividades que sostienen la vida, al asociarlas con el placer o con una recompensa o gratificación. Cada vez que este circuito se activa, el cerebro nota que pasa algo importante que debe recordar y nos enseña que debemos repetirlo una y otra vez, sin pensarlo. Debido a que las drogas de abuso estimulan el mismo circuito, aprendemos a abusar de ellas de la misma manera.

A pesar de estos avances, todavía hay mucha gente que no comprende por qué algunas personas se vuelven adictas a las drogas, ni cómo éstas cambian al cerebro para fomentar el abuso compulsivo de ellas, señaló.

Sin embargo, gracias a los avances científicos se puede decir que la adicción es una enfermedad tratable. De acuerdo con el NIDA, ésta se define como un padecimiento crónico del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de drogas, a pesar de las consecuencias nocivas. Las drogas cambian a este órgano: modifican su estructura y su funcionamiento.

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