Sábado, 06 Junio 2020 06:21

Autogestionar la comida y la vida

Foto: Producción diversificada de hortalizas en carpas solares. comunidad Canturyo, municipio Calamarca, La Paz. (CIPCA Altiplano)

El Mercado Popular de Subsistencia (MPS) es una red de 50 grupos territoriales autogestionados que se coordinan para realizar compras por fuera de los supermercados, con un ahorro que oscila entre el 30 y el 50% en el precio de los alimentos. Más de la mitad de los productos los compran directamente a los productores, explican Sebastián y Clara en una extensa conversación

Durante la pandemia la red triplicó el volumen de compras. Ya son más de mil las familias que se organizan en grupos de barriales. No se permite la compra individual, sino que deben organizarse grupos vecinos, de cooperativas o de sindicatos, para hacer un pedido mensual, que se elige de una lista de más de 300 productos incluyendo orgánicos, veganos, para celíacos, alimentos frescos, productos de limpieza y vestimenta.

Cada grupo envía los pedidos a la comisión de compras y en ese momento abona la cantidad correspondiente. Una semana después, cada grupo local recoge el pedido en uno de los dos centros de acopio en puntos estratégicos de la ciudad, y lo llevan al barrio donde lo fraccionan entre las familias.

La red funciona en base a trabajo voluntario, ya que nadie recibe salario. Se rigen por los principios de autonomía, autogestión, antipatriarcal, solidaridad de clase, apoyo a la productores y a la producción nacional y combate a la riqueza. Consideran al MPS como “una herramienta política que tiene como horizonte la construcción de una nueva sociedad sin explotades ni explotadores” (mps.org.uy).

Sebastián explica los comienzos: “En 2009 formamos la Brigada José Artigas en barrios de Montevideo, siguiendo la orientación de Pepe Mujica de promover el trabajo de base voluntario. Pero con el tiempo vimos que la propuesta del gobierno no era la adecuada, decidimos tomar nuestro camino y así fue como surgió el mercado popular”.

El primer pedido lo hicieron en enero de 2016, en base a sólo cuatro productos que se repartieron entre 20 familias. Cuatro años después ya son una fuerza social transformadora de las lógicas del consumo que consiste, como señala Clara, en “autogestionar la comida colectivamente”.

Realizan una reunión federal mensual con delegados de cada uno de los grupos territoriales, que además confluyen en cuatro zonas para resolver los problemas de distribución y compras. Han creado varias comisiones: logística, compras, finanzas, comunicación, formación e ingresos de nuevos grupos. Este 8 de marzo se creó, además, un colectivo de mujeres e identidades disidentes.

Los gastos de transporte y las bolsas para los alimentos, los financian con una cuota de 15 pesos por cada 500 pesos de compra (un dólar son 44 pesos). Los lemas principales del Mercado Popular son: “combativo, solidario, local, participativo y barato”.

Preguntados sobre los problemas más importantes que enfrentan, Clara sostiene que “con el dinero nunca hubo problemas, porque nos basamos en la confianza ya que las familias pagan la compra pero la reciben una semana después y saben que si surge alguna dificultad la vamos a resolver colectivamente”.

La participación es un escollo, dice Clara. “Que la gente se vaya rotando y no sean siempre los mismos, y sobre todo que no nos trasformemos en una cooperativa de consumo, donde algunos asalariados gestionan todo, porque somos una organización social y política que busca transformar la sociedad, lo que trasciende el consumo”.

En los últimos años hubo dos cambios importantes. Uno cualitativo, ya que durante la crisis provocada por la pandemia se multiplicaron las familias que hacen sus compras en la red. El otro es que inicialmente compraban en almacenes mayoristas, pero están migrando hacia los productores directos: campesinos que cultivan frutas y hortalizas, fábricas recuperadas por sus trabajadores y cooperativas de alimentos ya abastecen más de la mitad de los productos de la red.

Tanto Clara como Sebastián creen que el mayor desafío es que los sectores populares ocupen el Mercado Popular. “Los barrios donde predominan profesionales de clase media con salario fijo, son los que han reflexionado sobre el consumo y tienen condiciones para planificar la compra mensual. Ahí tenemos un desafío. Las familias más pobres no tienen dinero para hacer una compra para todo el mes”, reflexionan.

“Por eso queremos reconstruir el papel del viejo almacén de barrio, que nos pueda hacer la compra y le gane a los productos no más de un 15%. Es una forma de reconstruir las relaciones sociales territoriales tejidas en torno al almacén (como vender fiado), que las grandes superficies destruyeron”.

* * *

Gabriel es un obrero metalúrgico de unos 40 años que vive en la periferia oeste de Montevideo, en un barrio de trabajadores, viviendas sencillas con fondo apto para el cultivo. En febrero tuvo un accidente con su moto y le dieron la baja temporal del trabajo. Cuando llegó la pandemia decidió comenzar a cocinar para sus vecinos.

“Ya llevamos dos meses y nunca faltaron donaciones, de productores de la zona, de comercios pequeños y sobre todo aportes de los propios vecinos”, señala Gabriel. Durante las primeras semanas debía encargarse de recoger los alimentos, cocinar y hacer la limpieza, pero poco a poco algunas vecinas se están involucrando en una olla que sirve 50 platos cada noche.

En Montevideo funcionan 400 ollas populares, algo casi increíble en una ciudad de 1,2 millones de habitantes. La página solidaridad.uy detalla dónde funciona cada olla y los días que se juntan las vecinas. Clubes deportivos y sociales, comisiones de fomento, bares populares, capillas, cooperativas de vivienda, merenderos, almacenes, clubes de fútbol infantil, organizaciones políticas de base y sindicatos, son los espacios más comunes.

Algunas ollas las crearon vecinas que ni siquiera se conocían. Otras fueron impulsadas por la murga del barrio. Un puñado de sindicatos llevaron ollas y fogones a los barrios informales (asentamientos formados por tomas de tierras urbanas), llevaron alimentos y ayudan a los vecinos a organizarse.

El movimiento de ollas populares es muy variado. Algunos sectores se recostaron en empresas, y hasta supermercados, que les ofrecen canastas de alimentos para repartir, pero la mayoría son ollas que cocinan sus alimentos entre grupos de vecinos.

En Montevideo tenemos una potente cultura asociativa, desde comienzos del siglo XX cuando los obreros migrantes europeos se instalaron en la villa del Cerro, fundando ateneos, bibliotecas populares, grupos de teatro, mutuales y sindicatos. Esa cultura fue evolucionando, creciendo desde abajo, con su impronta anarquista primero, socialista y comunista después. Para que tengan una idea: el colegio de médicos, fundando por un anarquista, lleva el nombre de Sindicato Médico del Uruguay.

Por eso no resulta nada extraño que se hayan puesto en pie 400 ollas en una ciudad de tamaño mediano. En 1971, cuando se fundó, y en 1985 al terminar la dictadura, el Frente Amplio tuvo alrededor de 500 comités de base; el movimiento de derechos humanos, contra la ley de impunidad del primer gobierno pos-dictadura, formó más de 300 comisiones barriales en 1989.

En el asentamiento Las Cumbres, en la periferia este de Montevideo, viven 500 familias y funcionan dos ollas, una de ellas vegana llevada por un colectivo libertario. Interesa constatar que las ollas son el espacio de las mujeres y los jóvenes, que han conseguido reabrir algunos clubes y centros culturales que estaban en crisis y habían cerrado en los años anteriores. Es posible que el colapso permita un crecimiento de la cultura antipatriarcal y anti-capitalista.

* * *

El domingo 31 de mayo fue un día especial en Brasil. Se realizaron manifestaciones contra Bolsonaro, las más elocuentes en año y medio en el cual la calle había sido monopolizada por la ultraderecha oficialista. Lo novedoso, lo que llama profundamente la atención, es que las concentraciones en 14 ciudades fueron convocadas por las barras de fútbol.

En efecto, las movilizaciones en defensa de la democracia y contra Bolsonaro, partieron de barras organizadas de clubes como Santos, San Pablo y Palmeiras, que aunque son rivales en el campo de juego, confluyeron en la calle preocupados por “la escalada autoritaria en el país, a partir de una oleada de agresiones a periodistas y personal sanitario” (https://bit.ly/3dKPM0Y).

Las barras están organizadas desde hace varios años en la Asociación Nacional de Torcidas Organizadas (ANATORG). Decidieron no identificarse con la bandera de ningún equipo, para evitar problemas entre las barras. La primera concentración la realizaron a principios de mayo en Sao Paulo, convocados por la barra de Corintians, a la misma hora que se manifestaba la ultraderecha en la principal avenida.

Fueron apenas 70 hinchas, pero sentaron un precedente. El domingo 31 hubo enfrentamientos con la policía y con los bolsonaristas, que ya no son los únicos que ocupan la calle.

Sorprendido porque las hinchadas pelean en la calle mientras la izquierda y los sindicatos permanecen en una preocupante quietud, lancé la pregunta a un grupo de compañeros. La respuesta, brillante, vino de Silvia Adoue, profesora de la Escuela Florestán Fernandes del Movimiento Sin Tierra:

Los partidos y las centrales sindicales perdieron organicidad con los territorios y con los trabajadores. Siempre que se vislumbra una movilización, el PT trata de montarse y capturarla… y así la estropea. Me hace acordar a un episodio que Eric Hobsbawn relata en La historia social de jazz.

En una casa de jazz, se apagan las luces. Un foco sobre el jazzman. Un silencio antes de que comience. Una voz en la platea le grita: Fulano, toca algo que ellos [los blancos] no puedan imitar. Bueno, desde 2013 estamos tratando de tocar algo que ellos [los oportunistas] no puedan imitar”.

5 junio 2020 

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Viernes, 05 Junio 2020 06:37

El movimiento popular resiste al narco

El movimiento popular resiste al narco

En la delegación Iztapalapa (Ciudad de México) la Comunidad Habitacional Acapatzingo, donde viven 596 familias, viene siendo acosada por personas armadas que se autodefinen como "colombianos". Se trata de uno de los movimientos populares que desde hace décadas lucha por la vivienda, con ocho núcleos en la ciudad que pertenecen a la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII).

Las agresiones e intimidaciones comenzaron a mediados de abril, esgrimiendo armas de fuego ante la guardia vecinal que controla el ingreso a la comunidad. “El viernes 22 de mayo –relatan referentes de la comunidad– dos sujetos que bajan de un coche le dicen a la guardia que en los próximos días vendrán a entregar sobres, como primer y último aviso, que contendrán sus demandas e instrucciones y que la comunidad tendría que acatarlas en un plazo máximo de 72 horas”.

Al día siguiente llegaron los sobres, pero la guardia en acuerdo con la comunidad, procedió a destruirlos sin conocer su contenido. "La asamblea por la tarde-noche de ese mismo día, decidió hacer frente a las amenazas reforzando las guardias en todos los turnos y tomando otras acciones en caso de que la comunidad fuera atacada", sigue el relato de los miembros del Consejo General de Representantes de la comunidad.

Entre las decisiones de la asamblea general, con más de 500 participantes, figura reforzar las guardias, resguardar incluso las azoteas, realizar rondines permanentes por las calles y andadores, reforzar los dos accesos principales de la comunidad además de aumentar la cantidad de personas que participan en la guardia rotativa y la realización de fogatas en diferentes puntos. "Las demás comunidades de la organización se encuentran alertas y preparadas para acudir y actuar en caso necesario", aseguran.

Hasta aquí, un breve resumen de los hechos. Creo que necesitamos debatir, en toda América Latina, los modos de enfrentar al narcotráfico, además de profundizar en su comprensión.

Desde hace varios años sostengo que el negocio de las drogas es una forma más de acumulación por despojo y que las élites económicas del mundo se comportan cada vez más como narcotraficantes (https://bit.ly/2zYR6Pc). Además el narco es uno de los modos utilizados por la clase dominante para controlar y disciplinar a los movimientos populares.

Son los pueblos organizados los que pueden enfrentar y poner límites al narco, algo que los estados ni desean ni pueden hacer, en este periodo debacle y colapso de las instituciones del sistema.

En primer lugar, tenemos antecedentes de cómo una sólida organización popular ha conseguido detener el ingreso de fuerzas depredadoras a los territorios de los pueblos. Las rondas campesinas peruanas impidieron que los ladrones de ganado impusieran su ley a cientos de comunidades para, más adelante, ponerle límites a las multinacionales de la minería, frenando su actividad.

Algo similar puede decirse de la Guardia Indígena nasa del Cauca colombiano, capaz de recuperar comuneros secuestrados por grupos armados; del pueblo organizado de Cherán que expulsó a los talamontes y del EZLN que ha impedido que narcos y paramilitares impongan su ley en los territorios zapatistas.

El caso de las ciudades es, ciertamente, más complejo. Son el eslabón fuerte de la cadena de dominación del capitalismo, donde se asientan los poderes centrales del Estado y resultan el espacio más fácil de controlar para las instituciones armadas, legales o no. Sin embargo, la experiencia de la Comunidad Acapatzingo, conocida como La Polvorilla, puede darnos pistas sobre cómo encarar el desafío de los armados.

Lo decisivo es una sólida organización. En este barrio autoconstruido de unas 4 mil personas, cada familia pertenece a un sector donde funciona una brigada. Existen diversas comisiones, siendo en estos momentos las más importantes la de salud y la de vigilancia, siendo ocho comisiones en total, incluyendo educación y comunicación.

Las decisiones importantes las toma la asamblea general, pero funciona un Consejo General de Representantes con responsables de las 28 brigadas en que se divide el barrio, que se reúne cada semana. Para que la organización sea sólida, no alcanza con una asamblea trimestral o mensual, como suelen hacer las organizaciones populares más activas. Es necesaria una red de espacios que gestionen la vida cotidiana, desde salud y educación hasta deporte, cultura y mantenimiento.

En Acapatzingo han construido dos huertas, espacios de salud y de formación. Hasta los niños y las niñas están organizados y tienen sus propias actividades, incluyendo un boletín informativo. Durante la pandemia instalaron comedores en los ocho espacios habitados y extreman las medidas de protección con amplia participación comunitaria. El autogobierno colectivo es la clave para la formación de vínculos comunitarios, los únicos capaces de defender la autonomía territorial de los de abajo y, de ese modo, enfrentar al narcotráfico.

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¿Qué hacemos con la vida en el día que celebramos el Medio Ambiente?

Cada 5 de junio, dedicamos el día a recordar y promover la conciencia y la acción ambiental a nivel global. El Medio valioso en que nos desarrollamos y que debemos cuidar, soporta alteraciones cuyos principales causantes y a la vez sufrientes somos nosotros. Está dedicado este año a la Biodiversidad, con tasas de extinción abrumadoras, al contar un millón de especies de plantas y animales en peligro de extinción en todo el mundo. Es la fecha más importante en el calendario oficial de Naciones Unidas para fomentar la conciencia y la acción global por el medio ambiente.

Es buen momento por ello, para recordar textos como "Primavera silenciosa", que contribuyó allá por 1962, a un nuevo conocimiento del lugar que ocupa la especie humana en el mundo y a promover políticas y conductas para preservar el ambiente. Fue Rachel Carson la que ayudó, con su libro y su testimonio, a la creación, años después de su muerte, de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a controlar el uso del DDT y de otros pesticidas, a las leyes que se dictaron en muchos países sobre pesticidas, insecticidas, fungicidas, rodenticidas… productos biocidas (que literalmente matan la vida) con lo que afectan y mucho, a la biodiversidad y al equilibrio de especies en los ecosistemas, al eliminar los que "estorban" a nuestras pretensiones. Carson, en fin, contribuyó al desarrollo de una conciencia ecológica que antes de ella era testimonial. Nos hizo ser conscientes de la relación indisociable entre los humanos y las redes de la vida.

Desde el punto de vista conceptual biológico, Rachel Carson popularizó la idea de que nuestra especie no es dueña de la naturaleza, sino parte de ella como cualquier otro ser vivo. Éramos, y somos, parte de esa naturaleza.

El funcionamiento del sistema Tierra, a nivel global, es el de un sistema complejo que, a su vez, está formado por subsistemas, también complejos. En los sistemas complejos, los estados de equilibrio son transitorios o, como lo define Iliya Prigogine, son un periodo de reposo entrópico. Esto supone que la evolución de estos sistemas, una vez superado determinado rango de interferencia, no es lineal y saltan a un nuevo estado transitorio de un modo discontinuo y no predecible o difícilmente predecible. ¡Ahí estamos! a las puertas de un salto a un estado imprevisible. La causa: una desbocada huella del sistema económico que prescinde de estas consideraciones esenciales a los sistemas vivos.

La innovación metabólica más importante en la historia del planeta fue la evolución de la fotosíntesis. Gracias a la fotosíntesis la vida se liberó de la escasez energética. Y esa energía fotosintética que las plantas extraen, es la misma que nuestra especie invierte en hacer estragos en el hábitat. Para bien o para mal, la naturaleza recibe su energía del fuego solar a través de las plantas y nosotros la aprovechamos no siempre para bien. Desde que aparecimos, las plantas nos han alimentado, vestido y abrigado. Y nos acompañan en nuestro viaje vital. Son indispensables en cualquier medioambiente que albergue seres humanos. Sus descendientes continuarán acompañando a nuestros descendientes. Así, por ejemplo, las tradescantias reciclan contaminantes traza en entornos cerrados, Nymphaea, un loto, purifica el agua potable, aprovechamos su sombra, "purifican" el aire que respiramos…sus servicios al bienestar de nuestra especie son numerosos. Necesitamos la materia y la energía del Sol convertida en el fuego verde de los seres fotosintetizadores, las plantas. Como fósiles, estos seres atraparon el oro original del Sol, atesorando la riqueza que ahora liberamos para mantener una economía disruptiva que sobrecalienta el sistema planetario global, disipando calor en una suerte de hiperactividad compulsiva. El fuego verde fosilizado que atesoran las entrañas del planeta en las profundidades, almacenado como reservas geológicas de energía solar en forma de petróleo, gas natural, sulfuro de hierro, carbón y otras sustancias, es extraído para mantener en funcionamiento esa economía acelerada… y con una acumulación de calor junto a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que nos ponen en peligro. Y sabemos que proteger el medio ambiente es protegernos.

En la actualidad, somos la especie más derrochadora del planeta. Mientras Homo sapiens dilapida parte del patrimonio de la Tierra, vamos comprobando los costes que nos supondrán. Pero seamos conscientes: el planeta no necesita ser salvado. Somos nosotros los que ponemos en peligro el futuro de nuestra especie, no el de la biosfera.

Una verdad termodinámica es que la vida se organiza disipando calor y degradando el entorno. No hay vida sin deshechos, exudados, polución. En la prodigalidad de su expansión, la vida inevitablemente se pone en peligro a sí misma con desarreglos potencialmente fatales. Pero a veces los desechos pueden reconvertirse en algo útil. Así nos lo han mostrado formas de vida anteriores que supieron adaptarse a condiciones ambientales cambiantes y provocadas por su propia proliferación. Aprendamos, cuidémonos cuidando el medio en el que vivimos y del que obtenemos lo que necesitamos.

La humanidad gasta anualmente la energía equivalente a entre 18-19 billones de Kg de Carbono, quizá más. Es energía empleada en extraer cantidades colosales de materiales; producir muchos millones de Kg de cereales de tierras cultivables y extraer también muchos millones de pescado de mares y océanos. Y con el descontrol de producir cada vez más, incluso por encima de lo necesario, estamos generando desarreglos potencialmente fatales para nuestra supervivencia.

A medida que los combustibles fósiles y la energía solar se han integrado en la industria y la agricultura global, el consumo de recursos no renovables se ha acelerado y hemos generado nuevos residuos biosféricos: insecticidas, cloruro de polivinilo (PVC) rayón, pinturas plásticas…

Los subproductos gaseosos de la combustión de fuentes de energía largo tiempo enterradas alteran irreversiblemente el sistema complejo de la fisiología planetaria, acumulando CO2 y otros gases en la atmósfera. Al dejar pasar la luz visible, pero no el calor reflejado, este gas incrementa la temperatura planetaria, provocando la fusión del hielo polar que traerá la consecuente inundación de ciudades costeras y otros desastres. Mientras tanto se producen múltiples extinciones como consecuencia de la tala de árboles, que matan directamente algunas especies, pero que perturba a muchas más por la incursión destructiva en su espacio vital.

Nuestra inmensa población explota una proporción significativa de la energía solar que llega a la superficie terrestre. La energía de la fotosíntesis pasada (reservas geológicas) y presente hace que los humanos desarrollemos artificiosos ecosistemas urbanos que precisan cantidades crecientes de energía para aumentar o mantener una gran complejidad artificial. Y ya los habita cerca del 70% de la población humana. A medida que el sistema se expande utilizando tecnología, sus operaciones se hacen más sofisticadas. Pero el potencial para el desastre también se incrementa. Una humanidad populosa, demasiado abundante, que es la causante de que la Tierra sea menos diversa. Nos sentimos angustiados ante la amenaza de extinción de tantos convecinos planetarios, aún antes de que la ciencia los describa. Y seguimos viendo como los plásticos se propagan por doquier, las selvas tropicales desaparecen, los arrecifes de coral se hunden. El tiempo de reparar apremia.

Hay un permanente tira y afloja entre los organismos y el entorno. Las nubes, los gases atmosféricos, el PH y la salinidad del océano, y otros sistemas planetarios expresan el "diálogo" entre los organismos y la Tierra. Y en esa conversación, es ahora nuestra especie la que anda queriendo imponer una lógica incompatible con el resto de la vida.

Hoy 5 de junio es el día para pensarlo bien y trazar las alternativas que nos lleven a la paz con el resto del mundo vivo.


5 de junio, Día Mundial del Ambiente

Para reflexionar y parar la pelota

Por Ricardo Luis Mascheroni | 05/06/2020

Públicado en Rebelión

 

 “La tierra del mundo es ahora fluida y ardiente. Es ahora fuego y lágrimas. Nada está quieto y a salvo. Ni la esperanza del hombre. Ya no descansa la tierra. Y no sabemos dónde, al cabo, se aquietará y adónde irá a anclar la angustiada esperanza del hombre”. Deodoro Roca 1940.

Si bien en otro contexto, esta frase introductoria del autor del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918, es una fotografía anticipatoria en 80 años a lo que actualmente está padeciendo nuestro planeta, en la que el cambio climático, la destrucción del ambiente, la desigualdad obscena y la pandemia de coronavirus están jaqueando la vida, los sueños y el futuro de toda la humanidad.

En este panorama, el 5 de Junio se celebra, ¿celebra? el DÍA MUNDIAL DEL AMBIENTE, proclamado en 1972 por la ONU, para recordar el comienzo de la Conferencia de Estocolmo en 1972, cuyo tema central era la problemática medioambiental, cuando ya se avizoraba que algo no andaba bien en la relación hombre-naturaleza.

La importancia de la fecha, a la luz de los acontecimientos que reflejan la profunda crisis del Planeta, merece que, cada uno de nosotros haga un sincero análisis sobre su cuota parte de responsabilidad en torno a la misma, pasando de la mera preocupación, a la búsqueda de cambios que la hora impone.

Pese a que desde distintos ámbitos se viene alertando sobre el hecho de que el Planeta Tierra, desde su nacimiento hasta nuestros días, está atravesando la más profunda degradación ambiental, producto de los modelos de desarrollos destructivos e irracionales, el consumismo sin fin y la acumulación de riquezas en pocas manos, con una única meta, la obtención de lucro, poco se ha hecho al respecto, sino agravar las cosas.

Vale la pena preguntarse ¿Podemos seguir en esta alocada carrera hacia el abismo, en busca de una calidad de vida que cada día se hace más lejana, por lo menos para la mayoría de la población, mientras nos cargamos de baratijas, cosas inútiles o de dudosa eficacia para esos fines?

Decía Roberto Arlt en 1929, en su artículo: “¿Para qué sirve el progreso”: “Me tienen ya seco con la cuestión del progreso. Cuánto papanata encuentro por ahí, en cuanto comienzo a rezongar de que la vida es imposible en esta ciudad me contesta: – Es que usted no se da cuenta de que progresamos.”

Seguidamente agregaba: “La gente se deja embaucar con una serie de términos que en realidad no tienen valor alguno. Estos términos hacen carrera, se convierten en monedas de uso popular y cualquier otario, ante un caso serio, se considera con derecho a aplicarlos a situaciones que no se resuelven con el uso de un vocablo. Y es que llega un momento en que las palabras asumen el carácter de moda; no interpretan un sentir sino un estado colectivo, quiero decir, un estado de estupidez colectiva.”

“Hemos progresado. No hay zanahoria que no esté dispuesto a demostrárselo. Hemos progresado. 

Es maravilloso. Nos levantamos a la mañana, nos metemos en un coche que corre en un subterráneo; salimos después de viajar entre luz eléctrica; respiramos dos minutos el aire de la calle en la superficie; nos metemos en un subsuelo o en una oficina a trabajar con luz artificial. A mediodía salimos, prensados, entre luces eléctricas, comemos con menos tiempo que un soldado en época de maniobras, nos enfundamos nuevamente en un subterráneo, entramos a la oficina a trabajar con la luz artificial, salimos y es de noche, viajamos entre luz eléctrica, entramos a un departamento, o a la pieza de un departamentito a respirar aire cúbicamente calculado por un arquitecto, respiramos a medida, dormimos con metro, nos despertamos automáticamente; cada año nos deterioramos más el estómago, los nervios, el cerebro, y a esto ¡a esto los cien mil zanahorias le llaman progreso! ¡Digan ustedes si no es cosa de poner una guillotina en cada esquina!”

Y concluía: “¿para qué sirve este maldito progreso? Sea sincero. ¿Para qué sirve este progreso a usted, a su mujer y a sus hijos? ¿Para qué le sirve a la sociedad? ¿El teléfono lo hace más feliz, un aeroplano de quinientos caballos más moral, una locomotora eléctrica más perfecto, un subterráneo más humano? Si los objetos nombrados no le dan a usted salud, perfección interior, todo ese progreso no vale un pito, ¿me entiende?”

Me parece que no hay mucho más que agregar a la referido, salvo nuestra propia reflexión para mirar distinto a lo que nos pasa, tomando distancia de los discursos interesados de los medios hegemónicos y de los dictados manipuladores y perversos del mercado.

Pese a todo, todavía nos quedan los sueños, para que a partir de ellos, podamos construir un mundo distinto, donde la naturaleza sea parte de nosotros mismos y permitirnos el alumbramiento de hombres nuevos, más justos y solidarios.

Por Ricardo Luis Mascheroni, docente.

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En Salvatierra podemos encontrar la esperanza

E.T. (Extra-Terrestre) viene al planeta Tierra a ver qué está pasando. Va primero a Nueva York, donde el número de casos Covid-19 es el más alto; a China y, en particular a Wuhan, donde se originó la pandemia y donde ahora está controlada; a Brasil, que ocupa ahora el 2° lugar en número de contagiados; al estado de Kerala, en India, y a Vietnam, que han derrotado a la pandemia. Lee mucho y, adoptando apariencia de humano, platica con muchas personas, de muchos países, con los encargados de controlar la pandemia y con expertos: virólogos, epidemiólogos y matemáticos que hacen modelos de evolución de las epidemias. Identifica mucho desacuerdo entre los expertos. En su planeta no hay virus y nunca han tenido una epidemia. Han desarrollado ampliamente todas las ciencias. Por tanto, parte de cero en cuanto a las epidemias y a este virus, pero de un nivel científico muy alto. En los meses que ha estado en la Tierra, ha tratado de responder a las preguntas que se formuló a lo largo de esos diálogos y lecturas, pero no lo ha logrado del todo. Entre sus preguntas están:

¿Qué es un virus? ¿El SARS-Cov-2 es distinto a otros virus? ¿En qué? ¿Por qué esta epidemia parece más grave que otras cuando el número de muertos es mucho menor al de otras epidemias? ¿Cómo se contagia? ¿Cuánto tiempo dura la incubación? ¿Cuánto dura el mal después del contagio antes de resolverse en recuperación o muerte? ¿Por qué se recupera la mayoría de enfermos? ¿Es por las defensas que produce el sistema inmunológico? ¿Desde qué punto y hasta qué punto del ciclo completo de la enfermedad, el enfermo puede contagiar a otras personas? ¿Los recuperados pueden seguir contagiando? ¿Los cadáveres pueden contagiar? ¿Los recuperados son inmunes? ¿Qué grado de confiabilidad tienen las pruebas de anticuerpos (tipo serológico), las PCR (que detectan el ARN, ácido ribonucleico del virus) y las pruebas rápidas de antígenos? ¿Se pueden mejorar? ¿Pueden diseñarse pruebas altamente confiables? ¿Cuándo debe elegirse una u otra? ¿Los equipos protectores disponibles (mascarillas, guantes, caretas) son eficaces? ¿Y los respiradores cómo ayudan al enfermo a sobrevivir y a recuperarse? ¿Cuáles son los mejores tipos de respiradores? ¿Pueden mejorarse y abaratar su producción? ¿Por qué es tan lenta la producción de vacunas? ¿Se podrían hacer más rápido? ¿Por qué son tan desiguales territorialmente la incidencia (contagiados/población) y la letalidad (muertes/contagiados) de la pandemia? ¿Por qué no hay una única política, sino centenares o miles de diferentes políticas en el planeta? ¿Por qué algunos países han sido más exitosos en frenar el aumento de contagios que otros?

E.T., como todos y todas en su planeta, lee a la velocidad de una computadora, por lo cual en pocos días asimiló casi toda la información disponible del tema. Le han sorprendido muchas cosas de nuestro planeta y de nuestra especie. Una es la división en países y las frecuentes guerras entre ellos. En su planeta no existen países ni guerras y hay un gobierno único. También le sorprende que, habiendo sufrido muchas epidemias en el pasado, en un planeta con 8 mil millones de habitantes, según la información disponible (que no incluye China) sólo se han aplicado pruebas a 181 millones (2.26 por ciento). Y que, además, la política de salud en general y la aplicación de pruebas en particular es muy variable entre países, de mayor a menor (sólo mencionando países grandes o de altos ingreso): 21.7 por ciento de la población en Emiratos Árabes Unidos; 8.7, en España; 8.3, en Portugal; 8.04, en Rusia; 7.8, en Bélgica; 7.1, en Reino Unido y en Irlanda; 7, en Singapur; 6.6, en Italia, y 5.8 por ciento en Estados Unidos. De abajo hacia arriba (sin ser exhaustivos), desde 0.03 por ciento en Nigeria; 0.11, en Afganistán; 0.13, en Egipto e Indonesia; 0.24, en México; 0.28, en Pakistán; 0.31, en India, y 0.44 por ciento en Brasil. En su planeta, se imagina que ante una situación similar hubieran aplicado pruebas a toda la población o a una o varias muestras muy grandes y representativas. Se acuerda que en su país rige el principio contar (medir) y entender primero, después modelar y predecir. Por ello le extraña mucho la existencia de múltiples modelos que pretenden predecir cualquier pandemia con pocos datos o sin ellos. E.T. encontró en el ejemplo de Kerala (Estado meridional de India, con 33 millones de habitantes) algunas respuestas. Lo ocurrido en Kerala lo narra Yadul Krishna en Sin Permiso (cito extractos):

“Quizás el mejor ejemplo de cómo superar una crisis sean las experiencias del estado indio de Kerala, que ha demostrado una gran eficiencia en la lucha contra el virus. Kerala, que había superado una serie de desafíos como grandes inundaciones o el virus Nipah en los últimos dos años, ha demostrado al mundo la importancia de disponer de un sistema sanitario público y robusto. En claro contraste con las medidas inadecuadas que tomó el gobierno central indio, Kerala se preparaba incluso antes de que se declarase su primer caso para el enorme desafío que se avecinaba; las autoridades hicieron todos los esfuerzos posibles para frenar la expansión del virus, incluyendo la realización de exámenes a los pasajeros de los cuatro aeropuertos internacionales del estado y la formación de un equipo de respuesta rápida que decidiese sobre el aislamiento y el tratamiento de pacientes potencialmente infectados. La capacidad del estado para gestionar la crisis destacó sobre el resto del país. Cuando el virus golpeó, Kerala realizaba ya una vigilancia estricta. Disponía de una sala de control en funcionamiento, con expertos siguiendo los casos sospechosos y confirmados. El personal de salud recibió formación adecuada, y con medidas estrictas como el confinamiento (con las excepciones de acudir por bienes básicos) y restricciones de movimiento, el número diario de casos en los hospitales empezó a decrecer rápidamente. La transmisión en tiempo real de la información recogida resultó muy eficaz, ayudando al gobierno estatal a mantener la situación bajo control y a ganarse la confianza de la gente. El gobierno anunció el adelanto del pago de pensiones, créditos a familias vulnerables a través de una comunidad de ayuda vecinal centrada en la mujer, fortaleció las infraestructuras médicas y se aseguró de que las personas no perdieran dinero por no poder trabajar. Busco asegurar que nadie pasara hambre. Anunció también que repartiría alimentos de manera gratuita a todos los ciudadanos, independientemente de su ingreso. Las pruebas de Covid-19 realizadas en Kerala, que tiene sólo 2.4 por ciento de la población de la India, representan 30 por ciento del total de pruebas en el país, mientras estados (grandes) como Gujarat (con 62.7 millones) o Maharashtra (con 114.2 millones ) han realizado un número ínfimo de pruebas a su población.” (https://www.sinpermiso.info/textos/ como-el-estado-indio-de-kerala-ha- conseguido-aplanar-la-curva-del-coronavirus)

E.T. nombró a Kerala (y a Vietnam con logros equiparables) Salvatierra, pues la vida humana en el planeta Tierra se salvaría si siguiéramos sus ejemplos.

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Internacional Progresista: "ser testigo no es suficiente"

La necesidad de organizarse ante las protestas por George Floyd

 

"En todo el mundo, los movimientos de protesta se están levantando y extendiendo. En las calles de Santiago, lxs jóvenes chilenxs se manifestaron contra las condiciones generalizadas de pobreza, precariedad y violencia policial. En toda la India, millones de activistas se enfrentaron al racismo y a la violencia antimusulmana del gobierno de Modi. Y en el Líbano, lxs manifestantes han desafiado el encierro para exigir sus derechos básicos a la alimentación, el agua, la atención sanitaria y la educación. Estas son las condiciones planetarias en las que han estallado las protestas a través de los Estados Unidos", señalaron un grupo de personalidades de distintos países integrantes de la Internacional Progresista.  

Luego de las protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, los integrantes de la Internacional Progresista aseguraron que "un nuevo movimiento de solidaridad está surgiendo. De Los Ángeles a Sao Paulo, de Minneapolis a Londres, Las Vidas Negras Importan (Black Lives Matter) es un grito y una demanda que se escucha en todo el mundo". 

"Las marchas en ciudades como Auckland y Ámsterdam han enviado una importante señal al gobierno de Estados Unidos de que el mundo está mirando --señalaron. Pero ser testigo no es suficiente desafío, ahora y como siempre, es organizarnos: convertir estas expresiones espontáneas de solidaridad en un movimiento internacional duradero para desmantelar las instituciones de violencia estatal racista e investigar los abusos de los derechos humanos por parte de los departamentos de policía de los Estados Unidos, su sistema penitenciario y, en particular, su ejército", señalaron en un documento Noam Chomsky, Hilda Heine, Ece Temelkuran, Gael García Bernal, Áurea Carolina,Celso Amorim, Renata Avila, Srecko Horvat, Scott Ludam, Carola Rackete, Yanis Varoufakis, John McDonnell, Andres Arauz, Alicia Castro, David Adler, Aruna Roy, Nikhil Dey, Ertuğrul Kürkçü, Nick Estes, Paola Vega y Elizabeth Gómez Alcorta. 

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Construir con otros, desafío en tiempos de pandemia

Las situaciones límite y la reacción de cada sujeto

Lo que se pone en juego en momentos extremos es la pregunta de quién es el otro para cada uno, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. Y allí también habrá una respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

 

Suele decirse que las situaciones límite, o bien lo que cada sujeto vive como tal, son una oportunidad donde se pone de manifiesto como “cada uno es”. Sería más preciso decir que lo que se pone en juego en dichas situaciones es fundamentalmente “¿quién es el otro para cada uno?”, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. O, en todo caso, que lo que “cada uno es” se muestra en qué lugar se le da a la subjetividad del semejante.

Y esto es así, dado que en las situaciones de excepción caen algunas barreras imaginarias, algunas que suele poner el superyó, los filtros como suele decirse, y sube a escena el interés narcisista de preservación. Ante el riesgo, real o no, de que se ponga en juego la propia vida, el narcisismo puede empujar a un sujeto a intentar resguardar y preservar como única cuestión el propio cuerpo, entendido como lugar donde asienta lo viviente.

La situación de excepción implica también que puede haber un otro, representado por el Estado, por la ley, que puede tomar la conducción de dicha situación y poner límites a los sujetos en función de lo que considera el bien de todos y todas, o bien, el de la mayoría. Y ante esto se pone de manifiesto también la posición respecto del límite, del propio límite, que no es ajeno al lugar que tiene el otro.

Escuchamos en estos días reiteradas veces: “nadie se salva solo”. Más allá de que “salvarse” puede dar lugar a diferentes interpretaciones --ya que: ¿qué puede significar que uno se salva?--, entiendo que esa frase expresa la importancia fundamental del lazo con el otro o bien del lazo social.

Situar dicha importancia requiere poder conceptualizar que, desde nuestra perspectiva, el psicoanálisis, hay una soledad inherente a la subjetividad. Se trata en definitiva de la soledad de todos y todas ante la incompletud de lo simbólico, ante la falta de garantías respecto de nuestros actos y decisiones. Esta soledad constitutiva se pone de manifiesto fundamentalmente respecto de tres cuestiones con las que la mayoría de los sujetos se encuentran en algún momento de la vida, que son: el amor, el sexo y la muerte.

No se trata de tres cuestiones menores, ya que el encuentro con ellas siempre es en soledad, y todo sujeto concurre al mismo con sus posibilidades y sus límites.

De todas maneras, tienen sus diferencias. En las dos primeras, el amor y el sexo, todo sujeto busca allí, paradójicamente, poder salir de esa soledad estructural, ya sea en el abrazo amoroso o el encuentro sexual, el anhelo de fusión con el otro u otra es un intento de exorcizar esa distancia, siempre enigmática, que separa inevitablemente a dos sujetos.

Distancia que solemos atribuir neuróticamente a la culpa (el otro u otra no quiere hacer lo que yo quiero, es su culpa que estemos mal), a la falta de voluntad (no se da cuenta de que yo necesito que haga tal o cual cosa para que estemos bien) o simplemente a la buena o mala intención (no quiere).

En psicoanálisis decimos que si bien el amor o el sexo apuntan a la fusión, lo que separa es el goce, es decir que dos nunca podrán ser uno. De lo que se trata entonces es de cómo cada sujeto tramita esa distancia irreductible, si se transforma en padecimiento, en neurosis o cada encuentro con la misma es una nueva oportunidad que relanza el deseo. Dicho de otra manera, dado lo imposible de que dos, como decía recién, sean uno, la cuestión es si ante ese encuentro inevitable e inherente a la vida se hace de eso neurosis, si se lo padece o no.

Respecto de la muerte, allí nadie va a su encuentro con el anhelo de encontrar completud, salvo tal vez quien crea, en el sentido fuerte del término, que la completud es lo que va a encontrar después de ella.

En definitiva, es en esos encuentros donde se pone de manifiesto esa soledad estructural, pero a su vez es con otros donde todo sujeto puede intentar construir un modo de transitarla y recorrerla.

No es sin otros, por eso Freud definía a la salud psíquica como amar y trabajar, ya que es allí --en el lazo social inherente a ambas-- donde esa soledad, en el mejor de los casos, se disimula, se hace soportable, pero no se anula.

Esto conduce a la pregunta: ¿quién es el otro?, y ese “quién” no refiere a la identidad o lazo sanguíneo de aquel con quien nos relacionamos. Refiere a qué lugar ocupa en nuestra subjetividad, lo cual se pone de manifiesto en la cotidianeidad y, como decía al comienzo, de manera más explícita en las situaciones límite o de excepción.

Ante la soledad estructural, un camino posible es intentar en el lazo con otros, construir un espacio donde acompañarse respecto de ella. Con los límites y las posibilidades que esto tiene, lo cual implica un requisito fundamental que es el reconocer en ese lazo social la subjetividad del otro, que se trata de un semejante, no un igual.

Que en el otro también habita esa soledad que nos une en el punto de hacer con otros, con él o ella, y nos separa en el punto de la singularidad de cada uno. No es posible transitar esa soledad constitutiva sin el otro, sin que el otro acompañe, cuide, proteste, se queje o simplemente se vaya, también a la inversa, ya que cada encuentro y desencuentro será ocasión de relanzar la pregunta acerca de quién es el otro para cada uno.

El psicoanálisis, como ya he dicho en otras ocasiones, no implica una ética individualista, sino que en la medida en que un sujeto puede situar esto en su propia experiencia, no hará de esa distancia irreductible con el otro padecimiento. Y podrá encontrar en el hacer con otros un modo de construir alternativas a esa soledad inherente a todo sujeto.

Claro que las determinaciones epocales de la subjetividad, me refiero al neoliberalismo, hacen marca en los cuerpos, los afectos y en nuestro lazo con el otro. Al pretender hacer del sujeto un consumidor, todo los que nos rodea puede volverse un objeto de consumo, también el otro.

Esto no es sin consecuencias, ya que implica negar la subjetividad del semejante, que no tenga lugar, con lo cual no solo se trata de verlo como un objeto de consumo, sino que lo que pueda sucederle no tiene espacio en quien se para o sostiene desde esa posición. Probablemente desde una posición de ignorancia que no des-responsabiliza, implica poner en acto: “el otro no me importa, no es mi problema”.

Es la lógica de hacer de la propia vida una empresa, de suponerse autosuficiente, y donde el otro solo tiene lugar en tanto hace consistente al propio yo, o bien en tanto se puede extraer una gratificación individual, la propia, lo que implica que el otro no es considerado un semejante, por eso es que lo que le suceda “no importa” en tanto sea beneficioso para quien hace del otro un objeto.

La subjetividad neoliberal no hace lazo social por esta misma razón, genera sujetos aislados, aun en la hiperconexión, sujetos sin historia, sin horizonte, narcisistas y encerrados en un goce autoerótico.

Es precisamente este lugar de objeto que adquiere el otro lo que hace que dicho sujeto no solo esté habitado por esa soledad estructural de la que hablaba al comienzo, para esto no hay excepciones, sino que además está aislado, sin posibilidad de hacer con otros, sin posibilidad de construir con sus semejantes un camino que la haga transitable. El odio, que suele poner de manifiesto cuando algo se le opone, es directamente proporcional a su incapacidad para creer que construir con otros pueda modificar algo de su entorno, o bien a que construir con otros puede hacer transitable las inconsistencias de la vida. El odio es inherente a la subjetividad neoliberal, en tanto es su respuesta ante la frustración o bien ante la diferencia, es su respuesta ante la imposibilidad de construir con otros.

Si bien el neoliberalismo pretende ser hegemónico y disimular la dominación como consenso, encuentra también sus límites, y es allí donde se produce una batalla, que excede lo que podamos pensar o situar solo desde el psicoanálisis, pero lo que es un hecho de experiencia que, a pesar de su pretensión, dicha concepción neoliberal no logra una dominación absoluta.

Esta pregunta, entonces, sobre “¿quién es el otro?”, que sería como el reverso de “¿quién es cada no?” es algo que podemos situar, leer y escuchar en las noticias de los últimos días.

Si en cada una de esas notas, tanto en el diario como en la televisión, podemos abstraernos del relato en sí mismo, vamos a encontrarnos con que lo que lo habita, o que lo que se pone en juego allí es una concepción del otro. Se trata solo de preguntarnos: “¿quién es el otro en ese relato?” Y allí también tendremos alguna respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

Basta para ellos algunos ejemplos: cuando escuchamos de los miles de voluntarios que se ofrecen para asistir a la gente que está en cuarentena, cuando en un edificio se arma un grupo de whatsapp para hacer las compras a la gente mayor, cuando las familias se reúnen virtualmente, y se sienten juntan, si bien a la distancia, cuando en un barrio la gente se organiza para que puedan comer los más necesitados, “¿quién es el otro?”. El otro allí es alguien con quien transitar esa soledad, se construye un puente que une, pero que también separa, es --como decíamos-- un semejante, no un igual. Después habrá que pensar qué destino pueden tener dichos encuentros, o si simplemente quedarán diluidos cuando esto pase.

La contracara es cuando escuchamos que alguien fue a una fiesta sabiendo que estaba enfermo y contagio a once y hay veinte en observación, o decidió subirse a un avión sabiendo que tenía el virus, o escondió a la empleada doméstica en el baúl de su auto para entrarla a su casa del country en plena cuarentena, o los millonarios que compran su propios respiradores, o los vecinos que acosan a los profesionales de la salud por miedo al contagio. “¿Quién es el otro allí?”. Seguramente no un semejante, y más allá de que esto no des-responsabiliza a cada uno de estos sujetos, son ellos también objeto de la subjetividad neoliberal que los ha tomado, haciéndoles creer que son los protagonistas, cuando en realidad se trata de simples actores de reparto.

Al no poder contar con el otro, porque se niega esa subjetividad, solo cuenta “lo que se quiere”, y esto dicho en el sentido más banal del término, ya que ese “querer” no supone ninguna cuestión trascendente. Y si se produce un encuentro con la imposibilidad de alcanzarlo, el odio a aquel que se supone causa de la misma es lo único que conduce el hacer.

Es entonces en estos momentos donde se pone de manifiesto de manera desembozada, para utilizar un término nietzscheano, “¿quién es el otro para cada uno de nosotros?”

Por eso, cuando todo sujeto se topa con la soledad que lo habita y lo constituye como sujeto, está solo, pero puede no quedarse solo en tanto y en cuanto haga y construya con otros un camino transitable, sin ahorrarnos, claro está la angustia y la incertidumbre respecto del recorrido.

Probablemente por esto en Italia a los pacientes que están con el virus y no tienen chance de recuperación, les dan una tablet para que puedan hablar y despedirse de sus seres queridos. Esto significa que van a morir solos, como todos y todas, pero no aislados. Una voz, una imagen familiar, les dará, con sus límites, cierta compañía en ese encuentro en soledad.

Claudio Di Pinto es psicoanalista.

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Miércoles, 03 Junio 2020 06:11

El Estado como contra-revolución

El Estado como contra-revolución

El tema del Estado ha dividido diferentes movimientos revolucionarios como el anarquismo o el comunismo. La organización de la sociedad podría tomar formas diferentes pero debe estar ligada a la sociedad, a la historia, a la naturaleza y a la revolución de las mujeres. Esto requiere no sólo un rechazo al Estado sino a sus pilares y lo que representa, a su mentalidad e ideario, a la búsqueda de alternativas, a la aceptación de una organización basada en la autoridad natural.

 

“Los aparatos del Estado y del poder pueden tener estrategias y tácticas, pero en el sentido verdadero no tienen política. En cualquier caso, el poder y el Estado solo existen cuando la negación de la política está asegurada. Todo poder y todos los Estados representan la congelación de la razón. La fuerza de ambos y sus debilidades vienen de esa cualidad. Así, las esferas del poder y del Estado no son campos donde buscar o encontrar la Libertad.”

Rebêr Apo (Abdullah Öcalan), Sociología de la Libertad

Las bases de nuestra ética, de la escritura, cultura, agricultura, la conformación de la sociedad en sí y las bases que mantienen la vida, la resistencia y la supervivencia social se crearón durante la revolución neolítica, que fue la primera revolución de las mujeres (en el período de hace 10.000 a 5.000 años). Estas bases sólo se pudieron construir en una sociedad colectiva, sin jerarquías (aunque sí con la autoridad natural de mujeres, madres y ancianas), y basada en el enlace con la naturaleza. La aparición del patriarcado supuso un cambio de la sociedad matriarcal, es decir gestionada por los valores de las madres de los clanes, hacia la orden o imposición de la ley del hombre dominante.

El Estado no es solo una manera de organizar la sociedad. ¿Cuál es el alma del Estado? ¿Qué tipo de personalidad crea? El Estado es una manera de pensar, genera emoción, acción y cambio. No puede sólo medirse según las instituciones que representa. Esta medida en sí misma es producto de una mente conquistada por el Estado, que lo divide todo en partes. La humanidad era un todo, creía en la Diosa Madre como unidad de todo aquello que existe en el planeta. Ella fue partida en pedazos hasta derivar en la construcción de las religiones monoteístas y el desarrollo de nuevos dioses como el dinero. La primera interpretación de ello la encontramos en la mitología babilónica, hace unos 3.500 años, con el asesinato de la diosa Tiamat por su hijo Marduk. La diosa fue partida en pedazos y de su muerte se originó el mundo. Es la expresión del desarrollo del patriarcado que había comenzado unos 500 años antes. Todo ello sentó las bases de la aparición de las ciudades y del Estado mismo, esclavizando a la mujer hasta hoy en día.

Un Estado también suplanta las autoridades naturales, que normalmente eran dadas a las madres por parte de la sociedad. El Estado crea divisiones y se levanta sobre una base jerárquica que no hemos sido capaces de superar como sociedad, por su composición misma que va en contra de la naturaleza humana. Nuestro objetivo como revolucionarias es buscar una alternativa al Estado. Entender el Estado como historia, cómo algo más allá de un paso organizativo, como algo que se ha impuesto en el corazón de cada una y que ha creado la familia nuclear que impide nuestro desarollo colectivo, es clave.

Para comprender algo debemos estudiar su historia. El Estado es la legitimización del patriarcado y del capitalismo porque el alma, mente y lógica de sus instituciones se construyeron sobre esos cimientos. ¿Qué significa el capitalismo para países colonizados? El capitalismo funciona a nivel global, ¿cómo se construye un Estado sin capitalismo cuando es esta su base? ¿a qué nos referimos pues con Estado? ¿Qué tipo de sociedad necesita un Estado? La creación de un Estado en nombre del socialismo y de la libertad es una concepción errónea. Tampoco ha de nacer un Estado únicamente de la destrucción de otro, siguiendo con la rueda de la que la humanidad debe de salir. Esta rueda sobre la que corremos, como ratones encerrados, nos ha mareado tanto que lo que hay fuera de ella ya no podemos vislumbrarlo bien.

La necesidad de la implementación del Estado como fase social vislumbra un entendimiento de la historia lineal y determinista. Un hecho determina el siguiente. Para construir una revolución, la historia y la realidad se miden a través del desarrollo de la ética y procesos sociales que se mueven como el agua, que forman una espiral sobre la cual el poder patriarcal trazó una línea recta. Con esta línea se determinan los procesos históricos según los medios de producción. Es una visión material de lo que significa la inmensidad de la vida y la existencia.

La medida del paso de la vida es altamente compleja y debe de ser redifinida desde la perspectiva de la liberación de las mujeres. Y para ello hay que desenterrar la realidad de las resistencias para cambiar la manera en la que la humanidad y la sociedad se identifican a sí mismas. Tarîx significa historia en árabe, significa la “ciencia de las estrellas (del espacio) y del tiempo”, es decir la ciencia del universo, con el cual estamos conectadas, nuestro mundo material es sólo una parte. Rebêr Apo explica en su libro Sociología de la Libertad que “la energía es libertad. Creo que la partícula material es la prisión de un paquete de energía”. No podremos alcanzar la libertad definíendonos por el mundo material. Esto deberá extenderse a todos los planos de la existencia humana.

Debemos superar la idea de crear un Estado que han querido muchos pueblos en lucha. Cada pueblo del mundo tiene una necesidad de organización y de recuperar su nación como identidad colectiva. No podemos basar la libertad sin liberar a todos los pueblos, lo que une todas estas luchas no es una necesidad de un Estado propio, sino una necesidad de organización colectiva basada en la diversidad. El Estado es una forma de centralidad el poder. Esto puede verse a pequeña o gran escala. Los movimientos que lucha por la libertad no deben dejarse absorber por la lógica del Estado. Aquí en Kurdistán, tras un análisis exhaustivo de la situación del pueblo kurdo, hubo un cambio de paradigma en 1999. Este cambio de paradigma llevó consigo la priorización del confederalismo democrático y un gran rechazo al Estado, implementando la lucha de las mujeres como eje central junto con la ecología. Estas ideas están totalmente ligadas entre sí. Son la continuación de los valores de la sociedad natural que sigue existiendo, y la lucha contra toda forma de opresión.

El tema del Estado ha dividido diferentes movimientos revolucionarios como el anarquismo o el comunismo. La organización de la sociedad podría tomar formas diferentes pero debe estar ligada a la sociedad, a la historia, a la naturaleza y a la revolución de las mujeres. Esto requiere no sólo un rechazo al Estado sino a sus pilares y lo que representa, a su mentalidad e ideario, a la búsqueda de alternativas, a la aceptación de una organización basada en la autoridad natural.

La lucha de las mujeres también es una lucha contra el Estado por el poder que este representa. La lucha de las mujeres es la lucha por la libertad colectiva, basada en la defensa de la identidad de cada nación y pueblo, de cada territorio y su cultura. Para ello hay que garantizar una organización mundial que no deje hueco para las dictaduras ni para el fascismo. Una organización desde las comunas que se modere a sí misma es necesaria para que la sociedad crezca en libertad y diversidad de manera permanente, que no deje lugar a repetir los errores del pasado.

La palabra revolución viene del latín revolutio, que significa “dar la vuelta, volver, revolver”. ¿A qué lugar se estában refiriendo? La palabra más antigua para libertad es la palabra sumeria amargi, que significa “volver a la madre” (a los valores matriarcales). Es en la sociedad pre-estatista y pre-patriarcal donde encontramos la verdadera raíz de la cuál nace la libertad. Este proceso de vuelta es lo que llamamos revolución. El reto ahora es buscar nuestra identidad perdida teniendo en cuenta la historia que ya nos ha ocurrido. Nuestra revolución es una lucha constante de cada día para, usando la lógica ancestral, adaptar la lucha a nuestro tiempo.

Por Celine de la Filia

2 jun 2020 20:12

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Suecia, el país que no confinó: los pros y los contras de no dejar reinar al miedo

En todo momento, entre un 20% y un 30% de las camas de cuidados intensivos han permanecido sin ocupar. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo tras no aplicar medidas restrictivas de confinamiento.

 

El email llega a las diez y media de la noche, aunque en teoría la oficina de prensa de la Autoridad Nacional para la Salud Pública de Suecia cierra cinco horas antes. Todo apunta a que trabajan contra reloj, pues la citación para poder entrevistar al que quizás sea hoy el epidemiólogo más cuestionado del mundo es solo unas pocas horas más tarde, en la mañana siguiente. Anders Tegnell, científico al frente de la excepcional estrategia sueca, llega al encuentro con un escolta del servicio secreto, algo inusual en Suecia, el único país de la Unión Europea que, a pesar de sugerir ciertas medidas de prevención, decidió no confinar a su población. “El confinamiento da resultados a corto plazo —indica—, pero no es sostenible en el tiempo, así que hemos optado por ser una sociedad que permanece abierta”. Aparte del alarmante número de muertes por covid-19, que ya suman 4.395, el doctor Tegnell ha sido criticado por no alcanzar el objetivo de tener en mayo a un 40% de la población de Estocolmo inmunizada, extremo que él admite, aunque con matices. “Puede que mis cálculos fueran un poquito optimistas, pero no demasiado. Tenemos ahora en marcha una investigación que podría apuntar a un 20 o 25% de la capital, lo que se acerca bastante a la cifra que anunciamos hace unas semanas”.

A menos de un kilómetro del lugar donde nos encontramos, se escucha a un helicóptero volar. Acude al helipuerto del Instituto Karolinska, una de las más prestigiosas instituciones médicas del mundo, con hospital, universidad y varios centros de investigación punteros. Los afectados por el virus son llevados de un hospital a otro según las necesidades, habiendo mantenido el país, en todo momento, entre un 20% y un 30% de camas libres en cuidados intensivos. Esta capacidad de absorber el primer impacto de la enfermedad en el sistema público de salud ha contribuido a que en Suecia no haya reinado el miedo. Una sensación que se aprecia al caminar por las calles, donde prácticamente nadie lleva mascarilla, o en los parques y plazas, donde los ancianos salen a pasear y tomar el sol junto a los niños que juegan en los columpios. Tomando un café tras una rueda de prensa, Karin Tegmark-Wisell, jefa de Microbiología del Departamento de Salud Pública, explica y recuerda aspectos beneficiosos del no confinamiento, como “mantener las escuelas abiertas, que es fundamental para la salud de los niños”, entre otros factores que Suecia no ha sabido explicar al mundo, pero que aquí son recordados a menudo por las ONG, como seguir operando en hospitales, realizar nuevos diagnósticos de enfermedades graves o evitar que las mujeres y los niños víctimas de abuso queden aislados en casa junto a sus maltratadores.

En relación a una supuesta búsqueda de la inmunidad de grupo que la Autoridad Nacional para la Salud Pública —y ella misma— ha negado una y otra vez que sea su objetivo, admite con benevolencia que desde el exterior “ha habido malentendidos sobre ello”. Defiende que a esta inmunidad “se llegaría de forma natural” y, en ese proceso, lo vital para ellos sería “cuidar de la salud pública sin que afecte a otras áreas también de la salud pública”.

En relación al miedo que los daneses y noruegos tienen de los suecos, quienes no pueden cruzar la frontera e ir a sus países (no así al contrario, pues ellos sí tienen libre ingreso a Suecia), la microbióloga aporta detalles interesantes sobre las comparaciones hechas entre países por la prensa. “Creemos que es demasiado pronto para compararnos con Dinamarca y Noruega, pero si se hacen comparaciones habría que tener en cuenta que Suecia tiene 21 regiones, de las cuales muy pocas están afectadas. Por ejemplo Skåne, sueca, está muy cerca de la región de Selandia, en Dinamarca. En Skåne no ha habido confinamiento y hay menos infectados que en Selandia, que sí se cerró. Así que hay que analizarlo todo bien y ver qué ha pasado”.

Un aspecto fundamental que, por el motivo que sea, se ha ignorado en la narrativa del exterior, es que la Constitución sueca no permite instaurar medidas draconianas, como confinamientos y toques de queda en tiempo de paz. En este aspecto, el consenso del arco político es pleno, desde la ultraderecha hasta la izquierda pasando por la coalición de socialdemócratas y verdes que gobiernan en este momento. Tanto es así que hasta la fecha ningún grupo parlamentario ha abogado por lanzar una propuesta que busque la forma de alterar nada de esto.

La idea de imponer algo que requiera amplia presencia de la fuerza pública en las calles es difícilmente contemplable en un país que no solo lleva 200 años de paz, sino que mantiene una fórmula de probado éxito social y económico gracias a un modelo de confianza entre Estado y ciudadanos. El ejemplo más claro son las vacunaciones de los niños. No son obligatorias pero las llevan a cabo el 97% de las familias. El ya conocido como “experimento sueco” busca transmitir el mensaje de que su decisión de no confinar a la población no ha sido un error y, para ello, las páginas web de algunas de sus embajadas ponen como ejemplo (sin citar nombres) a otros países que,  pese al confinamiento, tienen más víctimas por cada 100.000  habitantes..

En Sollentuna, un municipio 15 kilómetros al norte de Estocolmo, una ambulancia abre sus puertas traseras para dejar pasar a una nueva víctima del  coronavirus. Las paramédicos que la atienden llevan trajes especiales y la enferma es montada en una camilla cubierta por una cápsula. Según se calcula hoy, más de la mitad de las muertes por covid-19 se han producido en residencias de ancianos. Muchas de ellas, incluida esta de Sollentuna, han venido siendo privatizadas, en un proceso iniciado en 1992 por Moderaterna, el partido de centro-derecha. Consultados sobre este extremo, han declinado ofrecer respuestas, no así la directora general de la Inspección del Sistema de Salud Público, Sofia Wallström, quien acude al Instituto Karolinska para dar cuenta de la investigación en curso, la cual comprende a 1.045 residencias de las 1.700 que tiene Suecia. Según indica, hay deficiencias que ya se veían antes y se han visto ahora, y si bien aún no disponen de un informe completo que señale cuáles han sido las causas que han hecho de las residencias el talón de Aquiles de la “estrategia sueca”, no duda en señalar la falta de formación de los trabajadores como uno de los factores clave.

Sentado en una butaca de la Biblioteca Parlamentaria, el líder del Partido de Izquierda, Jonas Sjöstedt, va mucho más allá y resalta aspectos que la prensa viene publicando desde hace unas semanas: la precariedad laboral como consecuencia de las privatizaciones en los cuidados a la tercera edad. “Es obvio que es por esto. La mayor parte de las muertes se han producido en Estocolmo, que es donde más se ha privatizado de todo Suecia. Hay muchos actores que solo buscan el beneficio económico. Cuando la gente tiene que ir a trabajar porque tiene inestabilidad y contratos temporales y además no tienes formación o te manda a trabajar estando enfermo”. Este ex europarlamentario habla de “historias de horror como las de los trabajadores que han tenido que ir a trabajar enfermos, sin protección. O que han tenido que desplazarse de una residencia donde está el virus a otras que no lo tenía”.

Respecto a la imagen de un país en el que apenas se había cambiado el modo de vida, o la gente era enviada a trabajar para satisfacer los intereses de los grandes capitales, el líder de izquierda es claro y ahonda en aquello que los diferencia de otros países sin confinamiento como Brasil y Estados Unidos. “Suecia ha cambiado el modo de vida drásticamente. La gente sigue las recomendaciones sin necesidad de toques de queda. Me gusta este método no autoritario. La confianza en las autoridades es grande y se han salvado trabajos”.

 
Expresso
3 jun 2020 06:00

eXPRESSO

Reportaje original publicado en portugués en el diario Expresso y traducido para El Salto por su autor, Unai Aranzadi. 

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La necesidad de la recuperación verde en América Latina y el Caribe

El mundo se enfrenta a una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes en el pasado siglo en un contexto económico, social y ambiental ya adverso. Si bien la historia registra antes el paso de grandes pandemias, ninguna irrumpió en un mundo tan poblado ni tan interconectado y con un planeta ambientalmente enfermo.

Hace cinco años el papa Francisco lanzó la encíclica Laudato si’, donde aborda la degradación ambiental y el cambio climático. En ella, llama a la acción rápida y unificada para cambiar la dirección de la relación humana con su entorno que, si continúa así, acabará con la humanidad misma.

Tras la emergencia sanitaria, nos enfrentaremos a la depresión económica más grave en 120 años. La urgencia de reducir sus impactos ya se está aduciendo para abandonar avances regulatorios y consideraciones ambientales y climáticas que, si no se integran al centro de la recuperación económica, empujarán a la región hacia efectos más dramáticos y a mayor plazo que los del Covid-19.

La reanimación económica requerirá recursos y endeudamientos que restarán capacidad de gasto público. La potencia de nuestros países para responder a las crisis climáticas recurrentes y cada vez más intensas se verá gravemente disminuida: sequías, inundaciones, huracanes, pérdidas en la producción agrícola, pérdidas de energía y exposición a un aumento de las pandemias, entre otras. Preocupa especialmente la región del Caribe, que ya estaba previamente asediada por golpes tanto climáticos como económicos, incluyendo un fuerte endeudamiento y una alta exposición a desastres naturales. Por ello, es tan importante tomar medidas de reactivación económica sostenibles y “a prueba del clima”, no las usuales.

La salida de la crisis de 2008 en la región vio programas muy tradicionales, como estímulos a industrias altas en emisiones. Doce años después, nos encontramos frente a la sexta extinción masiva, que evidencia la interacción entre la crisis sanitaria y la del medio ambiente.

La reorientación del desarrollo con otros sectores y políticas coherentes tiene ahora importantes expresiones, como el Pacto Verde de la Unión Europea, la Civilización Ecológica China, el Nuevo Pacto Verde de Corea del Sur y las propuestas demócratas de Estados Unidos con su Green New Deal.

La recuperación debe ser distinta esta vez, basada en sectores verdes, con un gran impulso a la sostenibilidad o de economía verde. Estas inversiones alentarían la innovación, nuevos negocios y empleos decentes, efectos positivos en la oferta y demanda agregada en las economías de la región, superiores a los de sectores tradicionales de infraestructura. El liderazgo político es clave para abordar simultáneamente la crisis sanitaria, la económica y la climática, con coraje y audacia, y el momento es ahora.

Es imperativo otorgar certidumbre a la inversión para la economía sostenible con contextos coherentes, legislativos, regulatorios y de política pública. Las áreas de mayor oportunidad para alcanzar la Agenda 2030 y la recuperación verde son, al menos, las de energías renovables y eficiencia energética, transporte público y de última milla electrificado, soluciones basadas en la naturaleza, restauración de ecosistemas, ampliación de la infraestructura sanitaria básica y producción de materiales bajos en carbono para la construcción.

Este crecimiento selectivo debe expresar un acuerdo social recogido en política económica y regulatoria en favor de esos sectores, en ascenso, y de desincentivo a los sectores en ocaso. Es necesario que los flujos financieros apoyen la lucha contra el cambio climático y las asociaciones con el sector privado.

La Agenda 2030, con su llamado a la universalidad y simultaneidad, al igual que el Acuerdo de París, orientan el desarrollo en el sentido correcto y para una recuperación verde. Si tomamos estas acciones, América Latina y el Caribe saldrá reforzada de esta crisis y podremos decir que fuimos responsables para con la casa común que, como dice la encíclica, se nos ha confiado.

 

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Leo Heileman, director regional para América Latina y el Caribe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente

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Jueves, 28 Mayo 2020 05:48

Una humanidad distinta

Una humanidad distinta

Una percepción colectiva mayormente optimista y esperanzada tiende a suponer que cuando la pandemia del coronavirus deje de castigar al planeta construiremos un mundo mejor.

La existencia de esa inclinación (del espíritu, de la imaginación, del intelecto) me llevó a pensar en otras pandemias y en otros momentos históricos, entre ellos uno bastante significativo, como fue el de la peste que asoló Grecia unos quinientos años antes de Cristo y que terminó (entre muchísimas otras) con la vida del mismo Pericles.

Y lo cierto es que después de aquella epidemia y después de la muerte de Pericles, Atenas ya nunca más volvió a ser lo que había sido. Después de la epidemia, Atenas empezó a perder su lugar en la Tierra.

Sócrates, hijo de ese siglo, el siglo precisamente conocido como el siglo de Pericles, es la última figura proactiva del pensamiento vivo ateniense que tanto importó a Pericles, estratega, tribuno, filósofo, político y guerrero.

Pasada la peste y un poco más tardíamente, el genio de Platón pertenece ya a un espíritu melancólico. Platón añora lo irrecuperable. Cuando Platón escribe uno tiene la sensación de que escribe sobre cenizas.

En suma, la peste que empieza a quitarle la luz a Atenas ocurre en el siglo V AC, cien años que darán un contorno reconocible a la cultura occidental y no sabemos que habría pasado o cómo sería esa cultura si la peste --en este caso la fiebre tifoidea-- no hubiese interrumpido la “normalidad” de Atenas, paradójicamente democrática e imperial a la vez.

Acaso ni siquiera Roma habría llegado a ser lo que fue. A fin de cuentas, la lenta disolución de Atenas en el incontrolable fluir de la historia no tenía porqué encarnar en el poderío prepotente y jurídico de Roma.

Es muy posible --pero nos faltan testimonios-- que durante la peste y ante la muerte de Pericles muchos atenienses sintiesen que una vez superado el mal las cosas retomarían su curso habitual, otros apostarían quizás a favor de un cambio hacia lo mejor del sistema y tal vez no pocos avistaran un mundo perdido.

Me parece que hoy, salvando las obvias distancias, todos y cada uno de nosotros experimentamos sentimientos parecidos.

Ya no lloramos la ausencia de un Pericles que defienda las requebrajadas democracias liberales que el hiperconsumismo y las riquezas cada vez más concentradas, se van devorando como si fuesen termitas. Ya no es este un período de grandes líderes (más bien se trata de pobres líderes, intercambiables aunque peligrosos) y menos aun de grandes utopías; todo lo que el mundo --sobre todo el mundo occidental-- parece querer es un eterno estado de bienestar donde convivan sin roces alarmantes libertad y justicia y sean evitadas las profundas desigualdades que acarrean desdichas crecientes.

Sentimientos, si se quiere, fácilmente contradictorios y distraidamente infantiles. Nuestros pensamientos son más consignas que pensamientos, menos ideas que almacenamiento de datos. Nunca antes dispusimos de una ciencia tan vasta y mucho menos de una tecnología tan prolífera, precisa y sorprendente, no obstante frente a la pandemia no parece todavía que sirvieran de mucho. Nunca, como en estos últimos meses, hemos pensado tanto en la vida y en la muerte.

En buena medida, nuestras aspiraciones se han vuelto de una fragilidad y de una pequeñez tan notables como la corteza de un pan viejo que se parte en pedazos no bien se le apoya un dedo encima.

Hasta hace poco vivíamos en una rutina crítica (en el mejor de los casos) o conformista en su mayor parte. Nuestros “pavores” eran sobre todo intelectuales, políticos o filosóficos, pero ahora tenemos miedo.

Y ahora tenemos miedo porque el virus, portador de muerte, ha corroído el sentido de la buena vida y no sabemos si una vez pasada esta etapa seremos capaces de volvernos mejores o empeorar hasta planos irreversibles.

Ignoramos cuál será nuestro comportamiento pero si no se descubre un sentimiento tan poderoso y persistente como la codicia pero de naturaleza exactamente opuesta, se vuelve difícil apostar a favor de la humanidad. Esta pandemia nos está demostrando que confundimos acumulación con felicidad, resignación acrítica con bienestar y “autonomía” digital con libertad.

Nadie sabe qué es ser feliz, reflexionaba Jacques Lacan, a menos que la felicidad se defina “en la triste versión de ser como todo el mundo”. 

28 de mayo de 2020

Publicado enSociedad