Noam Chomsky, Yannis Varoufakis y Naomi Klein impulsan la creación de una Internacional Progresista

Una iniciativa avalada por más de 40 intelectuales 

La nueva organización nace con la vocación de "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

 

DiEM25, un movimiento democrático paneuropeo transfronterizo, y el Instituto Sanders, fundado en 2017 por Jane Sanders, esposa del senador demócrata Bernie Sanders, dan a luz este lunes a la Internacional Progresista , una organización avalada por más de 40 intelectuales de todo el mundo, entre los que destacan Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis o Fernando Haddad entre otros.

El objetivo de esta iniciativa, según adelanta el diario El País, es "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

DiEM25 y el Instituto Sanders, decidieron así unir fuerzas ante "el avance del autoritarismo". Los impulsores de la Internacional Progresista afirman que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus y la subsiguiente crisis económica hacen obligatorio que las fuerzas progresistas del mundo se unan para defender y sostener un Estado de bienestar, los derechos laborales y la cooperación entre países, además de consolidar un mundo más democrático, igualitario, ecologista, pacífico y en el que prime la economía colaborativa.

El proyecto arranca este lunes con el lanzamiento de su web , donde cualquiera puede inscribirse como miembro, y cuenta con el apoyo y el soporte formado por más de 40 intelectuales de toda índole y condición, desde escritores hasta políticos.

Financiado exclusivamente con aportes individuales de sus miembros y donaciones, la Internacional Progresista tiene previsto celebrar un congreso en Reikiavik organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento de Izquierda-Verde. En esta cita se planificará toda la actividad de la organización del próximo año.

 

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Varios enfermos de tuberculosis toman el sol en un sanatorio en Lakewood, Colorado, Estados Unidos, en 1925 WIKIMEDIA COMMONS/ Autor desconocido

Para frenar la propagación de la tuberculosis durante el siglo XX en países como Estados Unidos, fue clave la estrategia comunitaria de "localizar, tratar y prevenir"

 

El siglo XX fue testigo de tres grandes epidemias. La pandemia de gripe de 1918 y la pandemia de VIH de los años 80 y 90 son las que recibieron una mayor atención. Pero la tercera, la tuberculosis, fue la más mortal con diferencia y en muchos lugares del mundo la amenaza de esta enfermedad sigue vigente.

La tuberculosis nos enseña muchas lecciones sobre las estrategias que pueden contribuir a erradicar la pandemia actual, y lo que sucede cuando esas medidas ni siquiera llegan a impulsarse. Entre 1800 y 2000, la enfermedad mató a más de mil millones de personas. Aunque es causada por una bacteria en lugar de un virus, la enfermedad comparte algunas similitudes aterradoras con el coronavirus.

El patógeno que causa la tuberculosis se transmite por el aire, de persona a persona en los hogares y espacios públicos. Quienes son portadores de tuberculosis transmiten la bacteria a nuevos individuos cuando respiran. Solo la mitad de las personas con tuberculosis muestran síntomas, lo que facilita la propagación de esta enfermedad mortal. Y, como sucede con el coronavirus, los grupos de población más vulnerables, como las personas ancianas, con patología previas o que viven en la pobreza, son los más golpeados por esta dolencia.

Hace un siglo, la tuberculosis era una amenaza real y aterradora para las personas de todo el mundo. En 1906, una de cada nueve muertes en Estados Unidos fue causada por la tuberculosis –ajustado a nuestros niveles de población actuales, esto sería el equivalente a la muerte anual de 540.000 estadounidenses–. La enfermedad mató a tantas personas como el cáncer y la diabetes, causando un profundo daño en la actividad económica y social.

Sin embargo, en los años 70 del siglo pasado, las cifras de tuberculosis habían disminuido notablemente en Estados Unidos y en otros países desarrollados. ¿Cómo se logró? Estados Unidos impulsó con éxito una estrategia basada en métodos de diagnóstico, llamada "identificar, tratar y prevenir". Las innovaciones clave no fueron los medicamentos, aunque los antibióticos ayudaron a erradicar la enfermedad –el primer tratamiento efectivo con antibióticos para la tuberculosis estuvo disponible en el decenio de 1940, cuando los casos ya habían disminuido a alrededor de una quinta parte de los niveles de 1906–. Lo que marcó una gran diferencia fue una estrategia centrada en la comunidad, en la que todos los miembros participaron de forma activa para detener la propagación de la enfermedad.

El primer paso fue liberar a los enfermos de las cargas sociales y financieras. Con esto se consiguió que los infectados se hicieran pruebas y pudieran ser tratados y ayudados sin que tuvieran que ir a trabajar y, con ello, contagiaran a más personas. De hecho, hasta el día de hoy, algunos de los únicos servicios de atención médica gratuitos disponibles para todos en Estados Unidos están relacionados con la tuberculosis.

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos fueron de puerta en puerta buscando a los enfermos y localizando a las personas que habían tenido contacto con ellos. A los pacientes se les proporcionaban comida, medicamentos y un lugar donde vivir, y también ofrecían terapias preventivas para evitar que otros enfermaran. La atención gratuita de la tuberculosis solo fue posible gracias a una financiación estable y al apoyo de la comunidad, así como a la cooperación entre gobiernos, empresarios, sindicatos, grupos religiosos y comunidades. La financiación del gobierno y una estrategia comunitaria fueron los principales avances que hicieron posible la erradicación de la tuberculosis.

 

Consecuencias de la tuberculosis en los países pobres

 

Sin embargo, en muchos países pobres que luchaban contra el pernicioso legado del colonialismo, la preocupación por el elevado coste del tratamiento triunfó sobre las abrumadoras pruebas científicas. En lugar de identificar y tratar los casos de tuberculosis en toda la población, estos países trataron sólo a las personas más enfermas e infecciosas. Centrarse en los casos más extremos tenía sentido, pero no sirvió para detener la propagación de la enfermedad entre los portadores asintomáticos.

En los países más pobres, los resultados han sido devastadores: la tuberculosis es la enfermedad infecciosa que mata a más personas adultas en todo el mundo, y sigue matando a una media de 4.000 personas al día, la mayoría pertenecientes a países en vías de desarrollo.

Comparando las diferentes maneras de abordar la enfermedad podemos extraer muchas lecciones sobre la forma correcta e incorrecta de frenar la COVID-19. Una de las principales lecciones es que las epidemias no pueden ser vencidas sólo en los hospitales. La erradicación de una enfermedad como esta tiene que hacerse desde la comunidad. Para tratar la enfermedad será necesario que primero se identifiquen los casos con test, ya sea haciéndolos masivamente a toda la población o mediante muestreo.

Hay múltiples maneras de frenar la transmisión comunitaria de la enfermedad: desde el uso de mascarillas que impiden a las personas propagar partículas portadoras de gérmenes, hasta medidas de distanciamiento físico y de autoaislamiento. También deberíamos examinar el modo en el que las tecnologías existentes, como la iluminación ultravioleta germicida y las vacunas que ya tenemos a nuestra disposición, podrían ayudar a proteger contra la transmisión de la Covid-19.

Una lección clave es que no debemos esperar a la llegada de una aplicación mágica o de una vacuna para actuar contra el coronavirus. En el caso de la tuberculosis, no se descubrió un tratamiento efectivo hasta años después de que la enfermedad ya hubiera retrocedido en los países desarrollados. Con la Covid-19 podría ser distinto: si es como otros coronavirus, los que han sido infectados podrían desarrollar anticuerpos y ser inmunes. Sin embargo, la búsqueda de una solución mágica no debería restarle valor a todas aquellas medidas que ya sabemos que funcionan para frenar el avance de la enfermedad.

La lucha contra la tuberculosis nos ha enseñado que tratar una pandemia solo en una parte del mundo no es suficiente para erradicar una enfermedad. Se estima que en la actualidad dos tercios de los casos de tuberculosis que se registran en los países ricos tienen su origen en otros países donde nunca se abordó la enfermedad de forma integral. Para terminar con una pandemia es necesario el compromiso mundial.

Pero la clave de una estrategia comunitaria exitosa no es solo la búsqueda de casos o la cuarentena, aunque ambas cosas jueguen un papel importante. Es la confianza. ¿Por qué es tan importante? En el caso de la tuberculosis, como en el de la Covid-19, más de la mitad de los portadores son asintomáticos. Si las personas no dan un paso adelante y se hacen las pruebas y siguen un tratamiento, o si no dan su consentimiento y se hacen la prueba, o si no pueden y por este motivo no quieren aislarse, el proceso de tratar la enfermedad ni siquiera llega a iniciarse.

La gente debe poder confiar en que no soportará individualmente los catastróficos gastos sanitarios derivados de la lucha contra el virus. Esto significa proporcionar apoyo en materia de vivienda y empleo a todos los que necesiten aislarse, y asegurar que las personas enfermas o aisladas no renuncien a sus salarios para hacerlo. Si los riesgos económicos y sociales del coronavirus no se comparten entre la población, el próximo rebrote de la pandemia podría ser dramáticamente peor. Sólo a través de la confianza mutua encontraremos a los infectados por coronavirus, ayudaremos a los enfermos a recuperarse y detendremos su propagación.

Garantizar que los países de todo el mundo dispongan de los recursos necesarios para aplicar una estrategia de análisis, tratamiento y prevención del virus será mucho menos costoso que los efectos de otro brote en la economía mundial. Sabemos por la historia que esta es la única manera de detener el virus en su camino.

- Salmaan Keshavjee es el director del Centro para la Prestación de Servicios de Salud Mundial de la Facultad de Medicina de Harvard. Aaron Shakow es investigador asociado en salud global y medicina social en la Facultad de Medicina de Harvard. Tom Nicholson es investigador asociado en la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Duke.

 

Salmaan Keshavjee, Aaron Shakow y Tom Nicholson - Investigadores en Salud Global

10/05/2020 - 21:37h

Traducido por Emma Reverter

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Capitalismo y crimen contra el trabajo mundial

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, (OIT), 305 millones de personas perderán en todo el mundo sus empleos a tiempo completo, a causa de las medidas de confinamiento que aplican los gobiernos para hacer frente a la pandemia del Covid-19 [1]. Además 1.600 millones de trabajadores de la “economía informal” perderán completamente sus fuentes de sustento y pasarán del subempleo al desempleo total, en el que ya están más de 470 millones de personas. La misma organización sostenía, antes de la catástrofe laboral desatada, que los 3.300 millones de trabajadores, que tienen empleo y remuneración, no disponen de “garantías sobre condiciones de trabajo decentes ni ingresos adecuados”[2].

El Director general de la OIT, Guy Ryder, sostienen que “Para millones de trabajadores la ausencia de ingresos equivale a falta de alimentos, de seguridad y de futuro. Millones de empresas en el mundo están al borde del colapso. Carecen de ahorros y de acceso al crédito. Estos son los verdaderos rostros del mundo del trabajo. Si no se les ayuda ahora, sencillamente perecerán».

La organización no gubernamental Oxfam, en enero de 2020, en su informe: Tiempo para el cuidado, publicó que los 2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (el 60% de la población mundial). “En América Latina y el Caribe el 20% de la población concentra el 83% de la riqueza. El número de milmillonarios en la región ha pasado de 27 a 104 desde el año 2000. En grave contraste, la pobreza extrema está aumentando. En 2019, 66 millones de personas, es decir, un 10,7% de la población vivía en extrema pobreza, de acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)”.[3]

La pandemia como las medidas de arresto domiciliario agudizan el desempleo y agravan una situación preexistente de explotación, marginalidad, desigualdad y contradicción social, que en el Ecuador ya alcanza los 400 mil despidos y un riesgo potencial que afectará a más de 743 mil trabajadores del sector público y privado, según un informe de la Cámara de Industrias y Producción.

Hasta diciembre de 2019 la Encuesta Nacional de Empleo, Desmpleo y Subempleo, (Enemdu), del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), informó que alrededor de 5 millones de ecuatorianos “están entre el desempleo y la informalidad”. [4]

En medio de esta trágica situación y en flagrante contradicción con lo manifestado por la OIT respecto a la enfermedad del Covid-19, como una enfermedad profesional que afecta principalmente a los trabajadores y trabajadoras de la salud, entre los que habrían 1.500 contagiados y más de una decena de víctimas mortales en el país, el gobierno de Moreno, enemigo de los trabajadores, confirma su ausencia de humanidad y neuronas, y emite el 28 de abril de 2020 la resolución 022 del Ministerio de Trabajo, determinando que la enfermedad del nuevo coronavirus (Covid-19) no constituye un accidente de trabajo ni una enfermedad profesional.

Moreno y el estultísimo grupo de sus asesores y secretarios desoyen lo dicho por la OIT en el sentido de que el coronavirus provoca “un trastorno de estrés postraumático” que es contraído por exposición en el trabajo, y que «en la medida en que los trabajadores sufran de estas afecciones y estén incapacitados para trabajar como resultado de actividades relacionadas con el trabajo, deberían tener derecho a una indemnización monetaria, a asistencia médica y a los servicios conexos, según lo establecido en el Convenio sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, 1964». Igualmente que en el caso de los familiares a cargo (cónyuge e hijos) de la persona que muere por la enfermedad del Covid-19 contraída en el marco de actividades relacionadas con el trabajo, la OIT indica que ellos, también, tienen derecho a recibir prestaciones monetarias o una indemnización, así como una asignación o prestación funeraria[5]. Esto es precisamente lo que intenta negar el gobierno a los trabajadores de la salud, considerados en la propaganda oficial como los “héroes de la patria” que enfrentan a la pandemia pero que en los hechos son las primeras víctimas y no las únicas, no solo de la enfermedad sino de un régimen torpe como cruel, que a las puertas del primero de mayo: día de los trabajadores, se permite tal humillación.

Que se recuerde hoy más que nunca que son las clases trabajadoras del mundo las que con su fuerza de trabajo colaborativa: física e intelectual crean y producen la riqueza del mundo y no el capital, que se limita a explotar y acumular injusta y egoístamente el plusvalor creado con el sudor, las lágrimas y la sangre de una vasta red social de proletarios precarizados, negados ahora incluso de los mínimos medios de subsistencia y cobertura de sus necesidades, como queda demostrado en la historia y en estas semanas de encierro forzado de millones de trabajadores en todo el mundo con la excusa de la pandemia del Covid-19.

Como lo descubrió con profundidad Marx: El capital considera al trabajador y su fuerza de trabajo una “mercancía especial” (una cosa y no un ser humano) que al ser consumida en el proceso de producción, produce más valor que lo que ella misma vale, produce plus valor que se apropia el capitalista. El trabajador que no tiene otra cosa que vender, vende su fuerza de trabajo en el mercado, a cambio de un precio que es el salario, que el capitalista paga para que la mercancía especial pueda reproducirse, paga como a toda mercancía, por el tiempo de trabajo socialmente necesario que se necesita para producirla, según las condiciones técnicas de cada época y lugar. Es decir, que el capitalista fija a su gusto y sazón los bienes de subsistencia como comida, ropa y vivienda que supone son necesarias para el trabajador y su familia. El capitalista calcula cuánto necesita el obrero para vivir, con el objetivo de que cada día ese obrero vuelva a trabajar y producir con un salario que es aparentemente “igual” al trabajo realizado.

En esto consiste la explotación del hombre por el hombre, del trabajador por el capitalista, la lucha de clases está viva y lo impregna todo, incluso la pandemia y el encierro, que no es igual para todos, es desesperación para quienes sienten hambre y siempre tienen necesidades insatisfechas.

La relación de dominación Amo-Esclavo desarrollada por Hegel define que “hay amos y hay siervos porque en unos el espíritu de dominación es más fuerte que su miedo a morir en la lucha por el reconocimiento. Si el siervo se constituye en tanto siervo por su miedo a morir es porque el amo se constituye en tanto amo por su decisión de matar. La pulsión de muerte le es esencial al espíritu de dominación”.[6]

Ahora que el miedo a la pandemia está demasiado inflado por los medios masivos, los gobiernos y sus fuerzas represivas normativas, policiales y militares, ahora que “hay un gran desorden bajo el cielo, la situación es excelente” habría repetido Mao Zedong.

La reclusión obligatoria del toque de queda no debería ser suficiente no solo para protestar y denunciar el crimen masivo del desempleo y el subempleo, sino debería ser el detonante de una gigantesca rebelión global en contra de las condiciones opresivas. Es la hora del “espíritu emancipatorio radical” como diría Slavoj Zizek, que sueñe e imagine “un mundo posible y mejor al igual que realizable”, como decía Lenin. Lo mismo que en términos de Lacan, deberíamos reconocer la situación presente como el momento de la “inconsistencia del gran otro [que] abre el espacio para el acto”.[7]

 

Por José Luis Bedón | 11/05/2020

 

Notas

1) https://actualidad.rt.com/actualidad/351587-alertan-300-millones-perderan-trabajo-covid

2) ttps://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/la-oit-preve-que-el-numero-de-desempleados-aumente-en-25m-en-el-mundo.

3) https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/los-milmillonarios-del-mundo-poseen-mas-riqueza-que-4600-millones-de-personas

4) https://www.elcomercio.com/actualidad/emergencia-covid19-riesgo-ecuador.html

5) https://www.vistazo.com/seccion/pais/politica-nacional/ministerio-de-trabajo-resuelve-que-el-covid-19-no-es-un-accidente-de

6) Feinmann, José Pablo, Filosofía Política del poder mediático, Ed. Planeta, 2013, p.20.

7) Zizek Slavoj, Viviendo el final de los tiempos, Ed. Akal, 2012, p.26.

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Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 recibió el Premio Nobel Alternativo.

Walden Bello, autor de “Desglobalización”

El director ejecutivo de Focus on the Global South asegura que la pandemia de covid-19 surgió en un sistema económico global ya desestabilizado en el Norte y el Sur por la ira contra las elites. En ese marco, considera que solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovecharla. ¿Quién será capaz de dirigir toda esa ira desatada?

 

 Del Sur hacia el Sur y de allí al mundo hay pocos pensadores tan entrañablemente lúcidos y precisos como el filipino Walden Bello. Sociólogo, director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología yAdministración Pública de la Universidad de Filipinas e investigador asociado del Transnational Institute, Walden Bello plantó en las espaldas de Occidente la espina de un concepto que lo haría famoso en todo el planeta y que, hoy, ha recobrado toda su enérgica legitimidad: en 2002 escribió el libro “Desglobalización: ideas para una nueva economía mundial” (Icaria editorial). El libro se convirtió en uno de los manuales del movimiento antiglobalización. El oportunismo de las extremas derechas del Norte y de algunos socialdemócratas adeptos a la soberanía hizo que las ideas de esta obra fueran literalmente saqueadas con fines electorales. El ensayo contiene muchas claves que exceden el ya indigesto catálogo de libros-diagnósticos sobre el liberalismo. Bello demostraba la enfermedad genética de una globalización que pretendía curar al mundo, la forma en que esta globalización sacrificaba el desarrollo de los países del Sur y proponía una escala de medidas reactualizadas por la pandemia que paralizó a las sociedades durante 2020. Sus ideas vuelven a resonar en todas partes, muy especialmente aquella que promueve la reorientación de las economías mediante una transferencia de la producción destinada a la exportación hacia la producción concentrada en los mercados locales. Sólo para dar un ejemplo: la falta dramática de máscaras protectoras en todo el mundo (estaban producidas en China) demuestra el acierto de su enunciado.

Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo. Bello es igualmente profesor Adjunto de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton y fue miembro de la Cámara de Representantes de Filipinas (parlamento,2009-2015). Sus últimos libros publicado en ingles (2019) son: The Global Rise of the Far Right (El ascenso global de la extrema derecha), y Paper Dragons: China and the Next Crash (Dragones de papel: China y el próximo Crash).

En esta entrevista con Página/12, el sociólogo filipino explora ese “nuevo mundo” que casi tocamos con los dedos sin que sea aún real. Robusto en sus planteos, Bello admite las posibilidades que se ofrecen sin por ello esconder los límites de una transformación que, asegura, depende de la acción de las fuerzas progresistas y de la reconfiguración del Sur como actor renovado.

--Usted dijo muchas veces que era preciso moverse hacia un sistema post capitalista. La gente siente que ha llegado el momento. Otros dudan. ¿Usted presiente que la crisis provocada por la pandemia reúne las condiciones para reconfigurarlo todo ?

---Si, pero me explico. Creo que las posibilidades que ofrece el momento, la coyuntura, son el resultado de dos cosas: la crisis objetiva del sistema y la fuerza subjetiva que puede actuar sobre esta crisis. Mi sensación es que la crisis financiera mundial de 2008 fue una profunda crisis del capitalismo, pero el elemento subjetivo aún no había alcanzado una masa crítica. Debido al crecimiento impulsado por los gastos del consumidor y financiado con deuda, la crisis sorprendió a la gente, pero no creo que se hayan alejado tanto del sistema. Hoy es diferente. El nivel de descontento y alienación con el neoliberalismo es muy alto en el Norte global debido a la incapacidad de las élites arraigadas para enfrentar el declive, mejorar los niveles de vida y tratar la desigualdad vertiginosa en los años que siguieron a la crisis financiera. En el Sur global la crisis de legitimidad ya había afectado al neoliberalismo y la globalización y sus instituciones clave, como la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, incluso antes de la crisis de 2008. La pandemia del covid-19 surgió a través de un sistema económico global ya desestabilizado que sufría una profunda crisis de legitimidad. La gente tenía la sensación de que las cosas estaban realmente de fuera de control. La ira, la frustración y la sensación de que las elites y los poderes gobernantes perdieron el control, y que el sistema se fue al diablo está muy extendida hoy, en contraste con las secuelas inmediatas de la crisis de 2008. Es este torbellino, es precisamente este elemento subjetivo el que debe ser aprovechado por las fuerzas políticas. El sistema global, por supuesto, intentará recuperar la "vieja normalidad", como lo demuestra la infame teleconferencia de Goldman Sachs, cuyos participantes acordaron que no hubo una crisis sistémica inducida por covid-19 y que lo importante es garantizar una vuelta prolija al orden anterior al covid-19. Pero no hay que obligar al genio a que vuelva a la botella. Simplemente hay demasiada ira, demasiado resentimiento, demasiada inseguridad que se han desatado, y solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovechar esta tormenta subjetiva. Entonces, sí, el impulso es hacia un sistema post-capitalista o, en cualquier caso, post-neoliberal, y la pregunta clave es ¿ quién será capaz de aprovechar toda esa ira desatada y dirigirla ?

--Allí se teje el horizonte futuro. El fracaso de la democracia liberal para mejorar la vida de las personas y la igualdad ha llevado a la aparición de movimientos populistas en todo el mundo. En cierto sentido, la extrema derecha secuestró la desglobalización. Esta crisis ha expuesto como nunca antes la gran fractura del mundo. ¿ El escenario posterior al virus puede ser una oportunidad mucho mejor para que la extrema derecha llegue al poder?

--Desafortunadamente, es la extrema derecha la que está mejor posicionada para aprovechar el descontento global porque, incluso antes de Covid-19, los partidos de extrema derecha ya eran elementos claves de las posiciones y programas anti neoliberales promovidas por la izquierda independiente. Por ejemplo, la crítica de la globalización, la expansión del "estado de bienestar" y una mayor intervención estatal en la economía. Lo que hizo la extrema derecha fue plantearlos como un paradigma propio. En Europa, los partidos de derecha radical abandonaron parte de los viejos programas neoliberales que abogaban por una mayor liberalización y menos impuestos que habían apoyado y se pusieron a decir que estaban a favor del Estado de bienestar y de una mayor protección de la economía nacional ante los compromisos internacionales. Pero claro, sólo en beneficio de las personas con el "color de piel correcto", la "cultura correcta", la población étnica "correcta", la "religión correcta". Esencialmente, es la vieja fórmula "nacional socialista" inclusiva de clase, pero racial y culturalmente excluyente. La extrema derecha oportunista está, desafortunadamente, por delante de la izquierda en este momento. El amplio movimiento progresivo tendrá que moverse más rápido y asegurarse de que los socialdemócratas desacreditados en Europa y los demócratas de Obama y Biden en los Estados Unidos no vuelvan a canalizar la política hacia un nuevo compromiso con un neoliberalismo moribundo. Si esto sucede, entonces esa escena escalofriante que aparece en la película Cabaret, donde la gente común que apoya a los nazis canta "El futuro nos pertenece", casi con seguridad se hará realidad.

--La izquierda tiene muchas ideas, pero no está unida. Además, si la crisis demostró la importancia de las ideas de la izquierda, no hay líderes legítimos para llevarlas a cabo. En resumen: ¿ cómo crear la base que la convertirá en una fuerza material ?

---Este es el desafío. Nosotros, en la izquierda, tenemos una gran cantidad de ideas, pero una pobreza de estrategias políticas y líderes unificadores eficaces. Y allí donde hay personalidades carismáticas estas parecen estar principalmente a la derecha. Sin embargo, estoy seguro de que estas estrategias y personas surgirán en el seno de la izquierda. La dinámica del cambio histórico inevitablemente producirá esto, y algunas veces en las circunstancias más improbables. Las únicas preguntas son quién, cómo, dónde y cuándo, y si esto surgirá en esta generación. Los progresistas tienen una serie de buenas ideas y estrategias desarrolladas en las últimas décadas sobre cómo avanzar hacia un sistema pos capitalista. La izquierda plantea paradigmas como descrecimiento, desglobalización, ecofeminismo, soberanía alimentaria y "Buen Vivir". El problema es que estas estrategias aún no han encontrado una base masiva, y una gran parte del problema radica en el hecho de que las personas asocian la izquierda con la izquierda centralizada, es decir, los socialdemócratas en Europa y, en los Estados Unidos, el Partido Demócrata. Ambos estaban implicados con el viejo sistema neoliberal al que presentaban con un "rostro humano". En el Sur global, los gobiernos democráticos liberales que suplantaron las dictaduras en la década de 1980, muchos de ellos dirigidos por coaliciones que incorporan progresistas, también han sido desacreditados debido a su adopción de medidas neoliberales, mientras que la "Marea Rosa" en América Latina se topa con sus propias contradicciones, y los estados comunistas en el este de Asia se han convertido en sistemas capitalistas de estado. Pero creo que no podemos descontar a la izquierda. La historia tiene un movimiento dialéctico complejo y a veces hay desarrollos inesperados que conducen a resultados progresivos o regresivos. Permítanme decir esto, aunque la situación no parece tan buena para los progresistas en este momento, estoy seguro de que nuestro equipo ganará al final. La Segunda Guerra Mundial no terminó en Dunkerque, aunque, en ese momento, parecía que todo apuntaba a una victoria alemana.

--Tampoco puede excluirse una nueva alianza entre las clases medias y formas más autoritarias de liberalismo, tal y como sucedió en Chile en la década de los 70, con el único propósito de no perder privilegios.

---Sí, por supuesto, esta es una posibilidad. Al mismo tiempo, el modelo chileno de una alianza de clase media-elite basada en un programa neoliberal clásico ya no podría ser una opción. Una nueva alianza autoritaria probablemente tendría que incluir a grandes sectores de las clases bajas para tener un grado significativo de legitimidad, y esta incorporación de las clases bajas podría lograrse haciendo algunas concesiones económicas paternalistas y dirigiendo las energías de la alianza contra las minorías y los migrantes. Desde India, donde el BJP (partido en el poder) está creando un estado anti musulmán hasta Filipinas, donde los consumidores de drogas son chivos expiatorios de los males de la sociedad, hasta Europa y los Estados Unidos, donde los migrantes son el foco del odio de la mayoría blanca "inclusiva solo para su clase", esto es lo que está pasando.

--Usted acuñó la palabra desglobalización en su libro, "Desglobalización: Ideas para una nueva economía mundial". ¿ Siente en este momento que las condiciones son mejores para hacer realidad esa desglobalización teorizada en el libro ?.

---Sí, por ejemplo, la locura de las cadenas de suministro mundiales demostró que era completamente inoperante durante la crisis del coronavirus. Debido a los cálculos neoliberales basados ​​en la reducción del costo unitario de producción, las élites corporativas, con el consentimiento de sus gobiernos, transfirieron gran parte de sus instalaciones industriales a China, de modo que cuando la producción china se detuvo durante la crisis de covid-19, muchos países carecían de componentes industriales claves y descubrieron que incluso producir máscaras y otros equipos de protección del personal era algo de lo que ya no eran capaces. Al mismo tiempo, la interrupción inducida por covid-19 de la cadena de suministro agrícola mundial amenaza con una hambruna generalizada. En varios países del Norte global y del Sur global se ha permitido que sus sectores agrícolas locales se marchiten. Entre el 30 y el 50 por ciento de los alimentos que se consumen en China, el sudeste asiático y América Latina ahora no se producen localmente, sino que son suministrados por cadenas de suministro agroalimentarias mundiales y regionales. Creo que habrá un movimiento hacia una mayor autosuficiencia en la producción industrial y agrícola. La pregunta es si tales estrategias serán desarrolladas por regímenes de derecha o gobiernos progresistas.

--De los quince pilares incluidos en su concepto de desglobalización, ¿ cuáles cree que son más urgentes de ahora en adelante ?.

---Creo que lo más urgente es la reorientación de la producción hacia el mercado interno y desvincular la producción local de las cadenas de suministro mundiales a través de una política comercial progresiva, una política industrial agresiva y una política agrícola que promueva la autosuficiencia alimentaria y la soberanía alimentaria. Nuevamente, es importante que tales políticas sean emprendidas por progresistas y no por nacionalistas de derecha que las utilizarán principalmente para servir a los intereses del grupo étnico y cultural dominante contra las minorías y los migrantes.

--¿ Qué podría reemplazar a la globalización como el nuevo prototipo después de la pandemia de Covid-19 ? En una entrevista reciente de Página/12 con el sociólogo francés Michel Wieviorka, el intelectual dijo: "lo peor será peor y lo mejor será mejor".

-–Se trata ahora de una carrera entre una desglobalización progresista y una regresiva, nacionalista. En el caso de la primera, "lo mejor será mejor". Si gana el segundo, estoy de acuerdo con Wieviorka en que "lo peor será peor".

 --En su idea de desglobalización, usted no propuso que los países se aparten de la comunidad internacional, sino la construcción de un modelo alternativo. ¿ Esta crisis cambia su propia perspectiva de ese modelo ?

--Incluso después de la pandemia y en un proceso de desglobalización, será importante una interacción creativa con la comunidad internacional. Como siempre he dicho, la desglobalización no se trataba de desvincularse de la economía internacional, sino de lograr una relación equilibrada entre la economía local y la economía internacional en la que la integración de la economía nacional no se sacrificara en el altar de la integración liderada por las empresas de diferentes partes del mundo. No se puede sacrificar la economía nacional por una economía globalizada. Un alto grado de autosuficiencia en la producción agrícola e industrial es una característica clave de la economía nacional. Pero este es solo un aspecto del paradigma de la desglobalización. También sería importante la promoción radical de la igualdad, que es crítica tanto por razones de justicia social como por la expansión de la demanda interna. Urge la democratización de la toma de decisiones económicas desde la cumbre del Estado hasta la fábrica y la elaboración de una relación benigna entre la economía y el medio ambiente, que a veces se llama el "nuevo acuerdo verde".

--La Argentina fue el último país del mundo en sufrir el brutal asalto del híper liberalismo y la globalización entre los años 2015 y 2020. Luego, el gobierno cambió. Para países como Argentina y, en general, para los países del Sur, ¿ representa esta crisis una nueva oportunidad para recuperar su soberanía, su posición en el mundo y su identidad?

--Sí, por supuesto, pero como dije anteriormente, estas oportunidades surgirán de la dialéctica y la sinergia entre la crisis objetiva y la respuesta a la crisis proveniente de grupos e individuos progresistas. El problema es que, incluso con las mejores intenciones, no se puede forzar la aparición de lo nuevo dentro de lo viejo. Las cosas pasan. A veces uno solo tiene que ser paciente. Pero cuando las estrellas comienzan a alinearse, entonces el tiempo lo es todo. ¿ Es el covid-19 el equivalente de la Primera Guerra Mundial, o sea, ese momento histórico donde todo se desmoronó y los gobernantes ya no podían gobernar de la misma manera antigua, para usar la frase de un famoso revolucionario ?. Tal vez. Y debemos recordar que de esa crisis anterior surgieron tanto el socialismo como la barbarie, por citar a Rosa Luxemburgo.

--Hace décadas que se sueña con un New Deal interno al Sur. Ha quedado en eso, en un sueño.

---Quizás ocurra, quizás no. Una cosa que no debemos olvidar es que la crisis del neoliberalismo y la globalización, junto con el deterioro del conflicto entre China y los Estados Unidos, podría crear ese espacio de maniobra para los países del Sur que ya existía antes de 1989 debido al conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese conflicto fue una de las condiciones para las victorias de los movimientos de liberación en Vietnam, Cuba, Mozambique, Angola, Guinea Bissau. De allî también nació el Movimiento de Países No Alineados después de la conferencia Bandung y surgió la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) bajo la inspiración del gran economista argentino Raúl Prebisch. La solidaridad del Sur global, que siempre se ha sentido en todos los países y diferentes regímenes, nació durante ese período.

--Después de la crisis financiera de 2008-2009, la pandemia de covid-19 es la segunda gran crisis de la globalización en este Siglo. Pero ya antes de esta crisis, en Argentina, Ecuador, Chile, Francia con chalecos amarillos, Argelia, Líbano, Irán o Hong Kong, habíamos visto el renacimiento de un sujeto social globalizado. Esos movimientos de protesta global podrían ser una de las fuerzas de transformación en el mundo ?

 --Sí definitivamente. Estas son algunas de las fuerzas que me dan esperanza sobre el eventual triunfo de la izquierda. La sed de la gente por la justicia y la igualdad siempre saldrá a la superficie. Lo importante es asegurarse de que sea la izquierda la que lidere estas luchas y que la derecha no secuestre y pervierta estas energías que brotan desde abajo para su agenda autoritaria oportunista como lo ha hecho en Europa, India, Estados Unidos y Filipinas.

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Movimientos en la pandemia: agricultura urbana, autonomía alimentaria y huida de las ciudades

“La incertidumbre es diferente si estamos organizados y nos apropiamos de nuestros territorios en los barrios”, dicen en las asambleas reunidas en cabildos territoriales en Chile. “Sabemos cuidar la vida, mientras el Estado no tiene la menor idea”. Nueva entrega de la serie Movimientos en la pandemia, elaborada por el periodista y analista Raúl Zibechi.

 

obierno Wampis declara el cierre total de las fronteras territoriales para prevenirse del coronavirus”, destaca el titular del segundo número de Nukumak, definido como Boletín Informativo del Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis.

El gobierno autónomo, situado en el norte de Perú, se gestó en 2015. Su máxima autoridad es la asamblea de 105 representantes de las comunidades de las diferentes cuencas de los ríos Kanus y Kankaim, en la Amazonia norte, que forman parte de un territorio de un millón de hectáreas y 15.000 habitantes, y está asesorado por un Consejo de Sabios. Cada cuenca cuenta además con una asamblea que es la máxima autoridad de cada zona.

El pamuk o jefe de gobierno, Wrays Pérez, dijo que el sistema estatal de salud no está implementado completamente ni cuenta con la infraestructura necesaria en sus territorios. Una de las primeras realizaciones del Gobierno Autónomo fue la creación del Parlamento wampis “como una instancia de deliberación política propia, así como el Sistema de Justicia wampis”, señala el primer número del Boletín.

En los últimos meses de 2019 se realizaron varios eventos importantes, entre ellos el I Congreso de las Mujeres Wampis y la XIII Cumbre del Gobierno Territorial Autónomo, donde se propuso la formación del Sistema Propio de la Educación Wampis.

Entre los avances más notables, figura la recuperación de conocimientos tradicionales en el manejo de cultivos y especies en proceso de extinción, proyecto liderado por las mujeres; una escuela de formación intercultural para lideres y lideresas; una emisora radial y la formación de periodistas; el desayuno escolar y el manejo de peces de las lagunas naturales.

Pese a la importancia que tiene la autonomía wampis, que se está multiplicando en los territorios amazónicos, quisiera centrarme en lo que viene sucediendo en el mundo urbano, donde van apareciendo alternativas pese a las enormes dificultades que implica construir vida soberana y digna, en las urbes que son el núcleo del poder del capital.

*  *  *

“Promover la agricultura urbana orgánica como estrategia a corto, mediano y largo plazo para enfrentar la hambruna y desarrollar economías regenerativas, revitalizar e impulsar la organización comunitaria”, es la propuesta de un grupo de jóvenes de la Universidad del Cauca que están desbrozando tierras en la zona norte de Popayán, en el barrio La Paz y en la vereda Lame.

Los trabajos comenzaron dos semanas atrás y se van incorporando vecinos que necesitan alimentos. Los terrenos que ocupan en el municipio de Popayán —capital del Cauca con 500 mil habitantes— estaban destinados a campos deportivos, pero acordaron con la Junta de Acción Comunal que la prioridad es conseguir alimentos. A mediano plazo buscarán más espacios para cultivar, en patios, solares, terrazas y cualquier lugar donde las familias puedan comenzar a transitar su autonomía alimentaria.

Doricel Osorio es ingeniera agropecuaria desocupada y una de las ocho que iniciaron el proyecto: “Se están sumando vecinos por pura necesidad”, explica del otro lado del teléfono. Además de superar la emergencia, intentan buscar colectivamente “alternativas al espíritu mendicante y dependiente que el Estado promueve entre los que sufrieron por la violencia o viven en circunstancias de exclusión, injusticia e inequidad social, porque estas situaciones son consecuencias del sistema económico extractivista”.

Esta semana comenzaron a construir una caseta para que funcione como comedor comunitario entre los vecinos que tienen más necesidades. “Nos gustaría que la gente retorne a la tierra, que pueda cultivar en los pequeños espacios urbanos que tenemos, que recuperemos saberes ya que nuestros padres y abuelos fueron agricultores”.

Los pocos recursos con los que cuentan provienen de vecinos solidarios, de algún comercio y de la Cooperativa del Sur del Cauca, cafeteros de la federación de campesinos, que les aporta 30 “mercados”, con lo que pueden sostener a otra tantas familias. “Del Estado nada. Llamamos a unos parlamentarios de la ciudad y nos dijeron que lamentablemente no tienen más dinero….”. Las risas suenan de un lado y otro del teléfono.

Los jóvenes que tomaron esta iniciativa la consideran, además, como una estrategia frente a la cuarentena: “liberarnos” del encierro y manejar las propias normas de distanciamiento social en acuerdo con las y los vecinos que, en general, son la última camada de desplazados de las áreas rurales por la guerra y el modelo de explotación.

En efecto, Popayán ha crecido de forma exponencial en las últimas décadas. En 1983, cuando el terremoto que causó grandes daños y 250 muertos, contaba con 120.000 habitantes. Hoy son alrededor de 500.000, en gran medida por la llegada de campesinos desplazados.

*  *  *

“El pueblo cuida al pueblo. Experiencias de organización de las asambleas territoriales de Valparaíso en tiempo de pandemia”, dicen las locutoras de Radio Placeres. Las personas que hacen este programa buscan interconectar lo que sucede en los “cordones territoriales” y difundir experiencias para que en otros barrios las puedan replicar. “Tratamos de dar cuenta de un proceso de aprendizaje colectivo de las asambleas”, dice la locutora.

En cada programa conectan a dos asambleas, nacidas durante el estallido de noviembre, que relatan sus experiencias bajo el estado de sitio. La Asamblea de Mujeres del Cerro Esperanza explica cómo hacen la identificación y mapeo de las familias que necesitan ayudas en alimentos, que compran directamente a pequeños productores. La Asamblea del Eje Ecuador creó una cooperativa de alimentos y un boletín vecinal cuyo titular reza: “Cuarentena Territorial Combativa”, con su doble versión electrónica y en papel. Crearon además un espacio de reciclaje, porque el municipio colapsó desde el estallido. Algunos vecinos se ofrecen para el cuidado de niñas y niños, otros impulsan el trueque y el apoyo mutuo, tanto para los alimentos como para los servicios.

 “Estamos siguiendo con todos los procesos que ya venían desde el estallido”, explican las asambleas. Como forma de solidaridad, distribuyen dos tipos de canastas: “Una es más cara y con ese precio subvencionamos la otra, porque no todos pueden pagar la totalidad de los productos”. Durante la pandemia están llegando a vecinos que nunca se había acercado a las asambleas. En gran medida, explican en Eje Ecuador, “porque queremos ser horizontales y nos auto-controlamos para no hablar demasiado, para no imponernos a vecinos que vienen por primera vez y tienen cierta desconfianza”.

Las asambleas han hecho de todo: campañas de desinfección colectiva de espacios públicos en Marimonjas, “porque las autoridades no se hacen cargo de cuidar la población y debemos cuidarnos entre nosotras”; compras comunitarias directas a productores en casi todos los barrios; fondos solidarios en la Asamblea El Descanso y la Resistencia; elaboración colectiva y manual de pan en Cerro Cordillera; cuadrillas de seguridad alimentaria en Playa Ancha.

“La incertidumbre es diferente si estamos organizados y nos apropiamos de nuestros territorios en los barrios”, concluyen las asambleas reunidas en cabildos territoriales. “Sabemos cuidar la vida, mientras el Estado no tiene la menor idea”, lanzan desde una de las asambleas que hace cine en la calle para seguir agrupando a los vecinos.

Dos hechos resultan notables. Uno, cómo las asambleas se mantienen y crecen en sus barrios, pese a las enormes dificultades que deben sortear. Dos, que las radios pueden jugar un papel destacado como difusoras y como nexos entre asambleas, cuando ya no pueden realizarse grandes reuniones presenciales. Recuerdo que las radios nasa, en el sur de Colombia, son también ejes de la resistencia en esta coyuntura crítica. Contribuyen a lo que Alberto Maturana denomina como “acoplamiento de conductas”.

*  *  *

La población de Lima está migrando masivamente a los pueblos de la sierra. Comenzaron pequeños grupos, a pie, en coches y camiones. Son tantos que el Estado abrió una página web para anotar a aquellos que quieran salir de Lima. Hasta el 5 de abril se anotaron 167.000 personas, de las cuales sólo fueron trasladadas unas 4.500. Apenas el 3%. Esa es la capacidad de respuesta del Estado.

Es evidente que son muchas más. Imposible saber cuántas, pero encarnan un sentimiento profundo. Huyen del hambre, de dormir en la calle y, sobre todo, de la soledad. “Mi hija y yo estamos pasando hambre en Lima, mientras mi mamá come pescado y verduras en su chacra”, comenta alguien retornando a su pueblo.

Por Raúl Zibechi

7 may 2020 08:58

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Miércoles, 06 Mayo 2020 05:55

¿Qué hace Estados Unidos con sus presos?

¿Qué hace Estados Unidos con sus presos?

Mientras se instala en la Argentina una absurda discusión sobre qué hacer con el riesgo de que el coronavirus estalle en las cárceles, el resto del mundo ya lo tiene resuelto. Se pierde el tiempo aterrorizando a la población con la liberación de asesinos y violadores, algo a lo que obviamente todos se oponen, y no se toman medidas básicas con los que no cometieron delitos graves y son los que llenan los penales.

 

La insólita polémica sobre las cárceles, desatada en la Argentina por la oposición, no se repite en la mayor parte del mundo, ni siquiera en los que siempre hicieron bandera con la mano dura penitenciaria. Los presos disminuyen en la totalidad de los países. Estados Unidos, con una tradición punitiva extrema, produjo decenas de miles de morigeraciones. Los datos surgen de revisar los diarios y sitios de internet de los distintos estados. 

Lo que se percibe es un temor a que explote un contagio masivo y eso contacte con el resto de la sociedad. Un ejemplo es la cárcel del condado de Cook, en Chicago, que se considera el mayor foco de virus en esa ciudad. Sucede que en una cárcel como la de Cook entran y salen centenares de personas por día: penitenciarios, médicos, enfermeros, cocineros, personal administrativo, de limpieza. Una explosión del Covid--19 en un penal, tarde o temprano repercute afuera. Y la cantidad de camas de terapia intensiva y de respiradores es una sola. Y es escasa.

* California llevaba 3.500 prisiones domiciliares o excarcelaciones. Esta semana, la cifra subió, sólo en Los Angeles, a 5.000, según informó públicamente el Defensor Oficial del Condado, Ricardo García. La medida benefició a presos en edad de riesgo y de baja peligrosidad. Los Angeles tenía 17.000 presos y ahora bajó a menos de 12.000.

* Pero las morigeraciones se dan en casi todos los condados de California. En Marin County, una prisión que suele tener unos 280 reclusos, el viernes tenía 158, tras haber enviado a sus casas a 43 ese mismo día. De la San Diego County Jail salieron 300 internos y se le negó el beneficio a otros 200, según el San Diego Union Tribune.

* La revista The Lancet, una de las más prestigiosas publicaciones científicas a nivel mundial, publicó que en el penal Marion, de Ohio, dieron positivo 2.000 del total de 2.500 presos. La revista Alive, de Ohio, afirma que la cantidad de internos bajó en un 30 por ciento por las excarcelaciones.

* En la prisión de Maricopa, en Arizona, la cantidad de presos bajó de 7.500 a 5.306. Pero además, el penal resolvió no exponer más a todos los penitenciarios, por lo tanto decidió que 700 penitenciarios no concurran hasta nuevo aviso.

* El canal KCBY de Oregón informa que la prisión llamada Washington Jail tomó una decisión que va al revés de lo habitual: fijó un número de presos con los que se puede mantener cierto nivel de prevención del virus y mandó a casa a todo el resto, siempre de los presos considerados de bajo riesgo. De esa manera redujo la población carcelaria a la mitad: la cifra normal eran 573 presos y ahora hay 280.

* En Denver, Colorado, la población carcelaria bajó un 41 por ciento por la libertad dictada a todos los mayores de 60 años; los que tenían problemas de salud, los que tenían fianzas relativamente bajas y no pudieron pagarlas y todos los que tenían por delante pocos meses de pena. El sitio Denverite dice que aún así hay peligro de contagios en las cárceles.

* En Nueva York, las oleadas de liberaciones en el penal de Rikers Island son casi diarias. Primero fueron 1.100 presos, luego, 51, 200, 175. Según el New York Post, en el estado hay en la actualidad 4.906 y es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que hay menos de 5.000 presos.

* Los medios informan sobre reducción en la cantidad de internos en Virginia, Maryland, Florida, Tennessee, Pensylvania, Minnesota, Nevada, Hawai, Alabama, Texas, Maine, Massachusets, Georgia, Michigan y otros.

La totalidad de los estados registran descensos en la cantidad de presos, muy en línea con lo que impulsan la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas. Ambas entidades quieren evitar una catástrofe humanitaria y en el servicio de salud.

El ejemplo en la Argentina sería el siguiente. En la cárcel de Devoto hay 1.800 presos. Si se produce un contagio de envergadura, una pequeña parte de los contagiados, sobre todo los que ya venían con enfermedades, necesitarán ser hospitalizados y requerirán de camas y respiradores. El hospital más cercano es el Zubizarreta, que tiene ocho camas en terapia intensiva con respirador. Parece obvio que todas esas camas y respiradores estarían ocupadas por personas contagiadas en el penal, dado que ahí las condiciones de aislamiento son imposibles. Los vecinos de la zona, tendrían que ser alojados en otros hospitales.

Eso es justamente lo que tratan de evitar en los estados norteamericanos: que les estalle una crisis que terminé produciendo gran cantidad de fallecidos en los penales y una catástrofe en el sistema sanitario.  

Una conducta que se repite en todo el mundo, sin grandes discusiones, siguiendo las recomendaciones de la OMS y la ONU. 

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Martes, 05 Mayo 2020 06:33

Nuestro Green New Deal

Nuestro Green New Deal

El colapso provocado por la pandemia abrió un portal para discutir el futuro en Argentina y en el mundo. Si ya no podemos pretender el “retorno a la normalidad”, ¿cómo construir una agenda capaz de poner en jaque a un capitalismo que solo propone más desigualdades y caos? En este ensayo, Maristella Svampa y Enrique Viale proponen un Gran Pacto Ecosocial y Económico con cinco puntos fundamentales para encontrar una salida alternativa a esta crisis.

Vivimos una encrucijada civilizatoria cuyo alcance y consecuencias todavía inciertas envuelven las diferentes esferas de la vida. La pandemia ha desnudado y agudizado las desigualdades sociales y económicas haciéndolas más insoportables que nunca. Hoy se vuele necesario retomar aquellas alternativas que hace solo unos meses parecían inviables para encontrarle una salida diferente a esta crisis. Como pocas veces, la pandemia nos impulsa a dejar de mirar el Estado, los mercados, la familia, la comunidad, con lagañas tradicionales. A la luz de nuestra vulnerabilidad social y nuestra condición humana, como seres inter y ecodependientes, debemos repensar en una reconfiguración integral, esto es, social, sanitaria, económica y ecológica, que tribute a la vida y a los pueblos.  

Así, la capacidad del Estado, que hoy aparece como fundamental para superar la crisis a nivel global y nacional, debe ser puesta al servicio de un gran Green New Deal o Gran Pacto Ecosocial y Económico para transformar la economía mediante un plan holístico que salve al planeta y, a la vez, persiga una sociedad más justa e igualitaria. Lo peor que podría suceder es que, en su propósito de volver a crecer económicamente, el Estado apunte a legislar contra el ambiente, acentuando la crisis ambiental y climática, así como las desigualdades Norte-Sur y entre los diferentes grupos sociales. Hay que entender de una vez por todas que las Justicias Ecológica y Social van juntas, que no sirve una sin la otra. 

Desde nuestra perspectiva, cinco son los ejes fundamentales del Pacto Ecosocial y Económico a debatir: un Ingreso Universal Ciudadano, una Reforma tributaria progresiva, la suspensión del pago de la Deuda Externa, un Sistema nacional de cuidados y una apuesta seria y radical a la Transición socioecológica. 

  1. La actual catástrofe pone en evidencia que todo ser humano debe tener garantizado un ingreso básico que le abra la posibilidad de una vida digna. Para acceder a este Ingreso universal o Renta básica, impulsado históricamente en nuestro país por el economista Rubén Lo Vuolo y ciertas organizaciones sociales, no se requiere ninguna otra condición personal que la de existir, y con ello, la de ser ciudadano. A diferencia de las políticas sociales focalizadas y fragmentarias que se han venido implementando en la región latinoamericana y en nuestro país en las últimas décadas, el Ingreso Universal Ciudadano está desvinculado del empleo asalariado, no exige contraprestación alguna, no refuerza la trampa de la pobreza (como sucede con los planes sociales focalizados) ni el clientelismo, y pretende garantizar un piso suficiente para el acceso a consumos básicos. Lejos de ser algo irrealizable, el Ingreso Universal hoy está en el centro de debate de la agenda global, así como lo está la propuesta de reducir la jornada de trabajo estableciendo un límite de, al menos, entre 30 y 36 horas semanales, sin disminución salarial. Entre otros beneficios, esto último no solo mejoraría la calidad de vida de los y las trabajadoras sino que permitiría la creación de nuevos puestos de empleos para cubrir las horas reducidas. Pero, además, una apuesta al reparto de tareas implicaría afrontar proactivamente la realidad de la automatización de los procesos de producción y el avance de la sociedad digital, sin tener que multiplicar por ello la desocupación y la precarización del empleo.
  2. La implementación del Ingreso Universal no solo pone en el centro de la escena la cuestión de la ciudadanía sino también la necesidad de contar con sistemas impositivos progresivos, como base para su factibilidad y buen funcionamiento. No hay que olvidar que nuestro país cuenta con un sistema fiscal regresivo, basado en los impuestos indirectos o al consumo (como el IVA) y un impuesto a las ganancias (incluyendo el impuesto al salario) que golpean sobre todo a los sectores medios y bajos. Los grandes patrimonios, las herencias, los daños ambientales, las rentas financieras, son todas fuentes tributarias que tienen nula o muy baja presencia en el sistema impositivo del país. Como afirma José Nun, ex secretario de Cultura, quien hace tiempo viene tallando en estos temas, “esta vía exige una reforma impositiva profunda, cuyo significado e importancia deben instalarse en la conciencia colectiva para distinguirla de los parches y remiendos que hoy reciben ese nombre”. Así, el segundo eje del Pacto Ecosocial y económico no solo apunta a un necesario impuesto a las grandes fortunas que coadyuve a afrontar el costo de la crisis. También es imprescindible una Reforma Tributaria Progresiva que reconfigure desde la base el actual sistema fiscal en todas las jurisdicciones, en un sentido equitativo, y que incluya desde el impuesto a la herencia erradicado de un plumazo por Martínez de Hoz durante la última dictadura militar, además de nuevos impuestos verdes a las actividades contaminantes. 

No podemos tolerar que, tal como ya sucedió a nivel global con la crisis financiera de 2008, el Estado salga a socorrer a los bancos y entidades financieras y terminen siendo los más vulnerables quienes financien esta crisis. La concentración de la riqueza a la que asistimos en esta fase del capitalismo globalizado y neoliberal es solo comparable con aquella propia del capitalismo desregulado de fines del siglo XIX y principios del XX. Mientras tanto, aunque la pobreza haya disminuido, según los períodos y las sociedades, las desigualdades aumentaron, tanto en el Norte como en el Sur global. Según datos de la organización Oxfam, el 1% más rico de la población mundial posee más del doble de riquezas que 6900 millones de personas: casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5,50 dólares al día. En materia ecológica, los datos también escandalizan: solo 100 grandes empresas transnacionales son responsables del 70% de los gases de efecto invernadero a nivel global. 

  1. En momentos extraordinarios es cuando se justifican la suspensión de las grandes deudas de los Estados. No hay que ser radical ni heterodoxo en materia política y económica para darse cuenta de ello. En las economías desarrolladas la deuda total –hogares, empresas, gobierno- representa el 383% del PBI. En las economías emergentes, es del 168%. Ningún país puede pagar colosales montos de divisas sin antes garantizar a sus habitantes una vida digna, mucho menos en un contexto de inédita recesión económica global y nacional. Y mucho menos, tampoco, en una situación de casi default provocada principalmente por los préstamos contraídos por la gestión anterior, que solo sirvieron para fugar dinero y sostener déficits fiscales que no beneficiaron a los sectores más vulnerables. Hace unas semanas, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) propuso un nuevo Plan Marshall que libere 2,5 billones de dólares de ayuda a los países emergentes, e implique el perdón de las deudas, un plan habitacional en servicios de salud, así como programas sociales. La necesidad de rehacer el orden económico mundial, que impulse incluso un jubileo de la deuda, hoy aparece como viable y plausible.
  2. La pandemia debe abrir paso a la construcción de sociedades ligadas al paradigma del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia también en las políticas públicas. Así, es necesaria la implantación de un Sistema Nacional Público de Cuidados destinado a atender las necesidades de personas mayores en situación de dependencia, niños y niñas, personas con discapacidad severa y demás individuos que no puedan atender sus necesidades básicas. Una vez superada la pandemia, tanto a nivel global como nacional, la recuperación de la economía debería priorizar tanto el fortalecimiento de un sistema nacional de salud y de cuidados, que exige un abandono de la lógica mercantilista, clasista y concentradora, generadora de ganancias para los monopolios farmacéuticos, y un redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado, así como el equilibrio y el cuidado de la Madre Tierra.

Vinculado con los problemas en la salud de la actual pandemia, recordemos que los virus más recientes–como el SARS, la gripe aviar, la gripe porcina y el Covid 19- están relacionados con la destrucción de hábitats de especies silvestres para plantar monocultivos a gran escala. Es necesario dejar el discurso bélico detrás, asumir las causas socioambientales de la pandemia y colocarlas en la agenda política-estatal para responder así a los nuevos desafíos. En esa línea, las voces y la experiencia del personal de la salud serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la inextricable relación que existe entre cuidado, salud y ambiente, de cara al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y a la agravación de la crisis climática. 

  1. No podemos invisibilizar más los debates sobre la crisis ecológica y el colapso climático. Es momento de que la Argentina comience una Transición Socioecológica, una salida ordenada y progresiva del modelo productivo netamente fosilista y extractivista. Transición y Transformación, pues se trata de avanzar en un cambio del sistema energético hacia una sociedad post-fósil basada en energías limpias y renovables. Algo que hasta ahora no ha sido posible ni pensable, en un contexto en el que la visión eldoradista asociada a Vaca Muerta obturó aún más la expansión de imaginarios energéticos alternativos y sustentables.

Por otro lado, la caída estrepitosa del valor del barril del petróleo pone fin a la apuesta por explotar combustibles fósiles no convencionales que se había instalado en nuestro país desde el descubrimiento del yacimiento Vaca Muerta, hace poco menos de una década. Lo cierto es que la inviabilidad económica de este proyecto se evidencia desde hace varios años en los millonarios subsidios que gozaban las compañías petroleras para sostener la producción, solventados por enormes aumentos de tarifas a los consumidores. El derrumbe histórico del precio del petróleo desbarata el “Consenso del fracking” que unía sectores del campo político y económico, y deja bajo tierra el mito eldoradista sobre este yacimiento -aquel que lo mostraba como “el salvador” de nuestro país-, al tiempo que abre también una oportunidad extraordinaria para repensar totalmente el sistema energético.

Tal vez sea utópico pensar que Argentina tenga el 100% de sus energías renovables en el año 2040, pero ésa es la dirección que el país debe encarar. Al mismo tiempo, se trata de avanzar también en términos de democratización, pues la energía es un derecho humano, y una de las principales tareas en un país como el nuestro es terminar con la pobreza energética que caracteriza a las barriadas populares. Así, la justicia social y la justicia ambiental deben ir articuladas. 

La otra cara de la transición es potenciar la Agroecología para transformar el sistema agroalimentario argentino. En este sentido, la creación y fomento de cinturones verdes de agricultura ecológica en ciudades y pueblos son claves para generar empleo y garantizar alimentos sanos, seguros y baratos. Estas iniciativas, además, promoverían la soberanía alimentaria con sistemas de producción y distribución dirigidos al desarrollo de mercados locales agroecológicos y solidarios de pequeños productores, enfocados en fomentar una cultura asociativa y comunitaria y una responsabilidad ciudadana en el consumo. Se puede comenzar con la obligatoriedad de compra por parte de los gobiernos a estos productores para escuelas, hospitales y demás organismos públicos. Esto fomentaría el arraigo en pequeñas y medianas ciudades semirurales si se complementa con acceso a la tierra, la vivienda, la salud (de calidad), la educación (en todos los niveles, desde jardines de infantes hasta la universidad) y los alimentos. 

El Antropoceno como crisis es también un Urbanoceno. Tengamos en cuenta que en Argentina el 92% de la población vive en ciudades (el promedio mundial es de 54%) concentrada en un 30,34% de nuestro territorio. Solo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, el 0,4% de la superficie total del país, vive el 31,9% de la población total. Habitamos ciudades planificadas por y para la especulación inmobiliaria (cuya contracara es la emergencia habitacional y la insuficiencia de espacios verdes) y dominadas por la dictadura del automóvil (con transportes públicos saturados). Esta característica puso bajo la lupa a las vidas urbanas en cuarentena y evidencia la necesidad de un cambio radical en la forma en que vivimos en las metrópolis. Debemos ruralizar la urbanidad, sobre todo en las grandes ciudades donde la relación con la Naturaleza es prácticamente nula. Debemos reparar la separación que tienen los habitantes urbanos respecto de la naturaleza, así como de las fuentes de nuestra alimentación y nuestra vida. 

Por último, estamos convencidos que parte fundamental del Pacto Ecosocial y Económico es el reconocimiento legal de los Derechos de la Naturaleza. En otras palabras, los seres humanos debemos admitir a la Naturaleza como sujeto de derechos y no como un mero objeto. Debemos convivir armónicamente, respetar sus ritmos y capacidades. 

Necesitamos reconciliarnos con la naturaleza, reconstruir con ella y con nosotros mismos un vínculo de vida y no de destrucción. Nadie dice que será fácil pero tampoco es imposible. Pero no nos engañemos: el “retorno a la normalidad” es el retorno a las falsas soluciones. Tampoco “volver a crecer como antes” es la salida. Solo podría conducir a más colapso ecosistémico, a más desigualdades, a más capitalismo del caos. Con todo lo horroroso que ha traído la pandemia, es cierto también que estamos ante un portal: el debate y la instalación de una agenda de transición justa por la vía de un Gran Pacto Ecosocial y Económico puede convertirse en una bandera para combatir el pensamiento neoliberal -hoy replegado-, neutralizar las visiones colapsistas y distópicas dominantes y vencer la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas, que privilegian la lógica del crecimiento económico así como la explotación y mercantilización de los bienes naturales.

La apuesta es construir una verdadera agenda nacional y global con una batería de políticas públicas, orientadas hacia la transición justa, que requieren de la participación y la imaginación popular, así como de la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas, sociales e interculturales, feministas y ecologistas. Esto plantea sin duda, no solo la profundización y debate sobre todos estos temas, que hemos intentado presentar de modo sumario aquí, sino también la construcción de un diálogo Norte-Sur; Centro/Periferia, sobre nuevas bases geopolíticas, con quienes están pensando en un Green New Deal, a partir de una nueva redefinición del multilateralismo en clave de solidaridad e igualdad. 

Maristella Svampa, Enrique Viale | 05/05/2020 

Fuente: http://revistaanfibia.com/ensayo/green-new-deal/

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Políticas públicas para una salida progresista a la crisis del coronavirus

Una nueva crisis está rompiendo las costuras de un sistema económico cuya salud ya era muy precaria antes de que gobiernos de todo el mundo decretaran diferentes medidas de confinamiento para atajar la expansión del virus, una situación que será aprovechada sin lugar a dudas por las grandes corporaciones mientras las fuertes restricciones limitan las posibilidades de articulación social.

 

Cuando todavía no nos habíamos recuperado de la crisis financiera del 2008 y sus consecuencias destructivas, una nueva crisis, la del coronavirus, está rompiendo las costuras de un sistema económico cuya salud ya era muy precaria antes de que gobiernos de todo el mundo decretaran diferentes medidas de confinamiento para atajar la expansión del virus. Lo que se cree que empezó en un mercado de animales de Wuhan, se extendió rápidamente a las metrópolis mundiales a la misma velocidad que la libre circulación de flujos de capitales.

La pandemia ya se ha hecho notar en la economía de la eurozona con una caída del 3,8% del PIB en el primer trimestre de 2020, según una primera estimación de Eurostat. Es el desplome trimestral más importante desde que la oficina estadística de la Comisión Europea empezara a registrar los datos del PIB por países en 1995. El PIB de Francia, segunda economía de la zona euro, cae un 5,8%, la más grande desde 1949; el PIB de España, cuarta economía, un 5,2%, la más importante desde la posguerra y el PIB de Italia, tercera más importante, un 4,7%. En Alemania, la economía más importante de la UE, el desempleo ya ha subido un 5,8% en los tres primeros meses del año.

A finales de abril, las reuniones del Consejo Europeo y el Eurogrupo no han concluido con una posición común a la hora de fijar la política económica para afrontar la recesión económica que viene. Las propuestas que se debaten en Europa se parecen más a un rescate a bajo coste, con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que dispone de un fondo de 410.000 millones para prestar, como primer instrumento; la utilización de 200.000 millones del Banco Europeo de Inversiones (BEI), también en forma de préstamo y un seguro de desempleo comunitario de hasta 100.000 millones que prepara la Comisión Europea. El peligro de que las consecuencias de la crisis económica vuelvan a recaer sobre las espaldas de los trabajadores se torna muy real, ya sea por medidas financieras y sociales insuficientes, ya sea porque se vuelvan a adoptar diferentes variantes de austeridad fiscal dirigidas desde Berlín.

Una salida por la izquierda

Uno de los grandes inconvenientes que tienen las clases populares a la hora de organizarse es que las herramientas políticas de las que disponen están limitadas por las fronteras nacionales, mientras que el capital al que se enfrentan es transnacional. La clase trabajadora no tiene herramientas políticas para enfrentarse a corporaciones transnacionales como Amazon, Blackstone, Blackrock, Apple, Google, Netflix o Facebook, grandes beneficiadas de la crisis económica provocada por el covid-19.

La UE tampoco dispone de mecanismos democráticos para hacer efectivas políticas de redistribución a través de herramientas fiscales comunes. De hecho, según denunció Oxfam Internacional en un informe, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Malta y Chipre serían considerados paraísos fiscales si la UE aplicase a sus Estados miembro los criterios que utiliza para elaborar su lista negra de paraísos fiscales. Uno de los destinos preferidos por su baja tributación es Irlanda, cuyo impuesto de sociedades es del 12,5% —en España es del 25%, el doble— y sede fiscal de Google, Apple, Facebook en Europa. En el caso de Amazon, su sede fiscal en Europa se ubica en Luxemburgo, que dispone de un impuesto de sociedades del 18%. BlackRock, principal accionista del Ibex35, dispuso en 2019 su centro de operaciones en Holanda, mismo destino elegido por Netflix International BV, la matriz de Netflix a través de la cual tributa por sus ingresos en España. Estas corporaciones, además, utilizan complejísimos entramados de ingeniería fiscal para tributar incluso menos.

Richard Murphy, profesor en la Universidad de Londres y experto en fiscalidad, cifró en 190.000 millones de euros los tributos eludidos por las grandes corporaciones, en un estudio publicado el año pasado por el grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo. Si nos centramos únicamente en la evasión fiscal, según el mismo estudio, los países de la UE dejarían de ingresar 825.000 millones de euros (60.000 millones de euros en el caso de España).

En cuanto a la presión fiscal en el conjunto de la UE, según datos de Eurostat, España está cinco puntos por debajo de la media (35,4% respecto al 40,3%) y muy lejos de los países con mayor presión fiscal, con Francia (48,4%), Bélgica (47,2%), Dinamarca (45,9%) y Suecia (44,4%) a la cabeza, seguidos de Austria (42,8%), Finlandia (42,4%) e Italia (42,0%).

A falta de una armonización fiscal europea, el Ejecutivo de Pedro Sánchez podría aplicar una fiscalidad progresiva para que España se sitúe en la media europea. Para concretar algunas de estas cifras en políticas públicas, los 60.000 millones de euros que España deja de ingresar por evasión fiscal, equivalen a un 84% de los 71.145 millones que invertimos en nuestra Sanidad pública. 60.000 millones de euros es más de lo que invertimos en educación, que se situó en 51.275,9 millones de euros en 2018. Y supone más de cuatro veces lo que el gobierno destinó en I+D en 2017, según datos publicados por el INE.

Otras medidas económicas que se pueden aplicar de inmediato son las que han implementado los gobiernos de Dinamarca, Polonia, Francia y Austria, que excluirán de las ayudas públicas a las empresas registradas en paraísos fiscales. Además, Dinamarca y también los Países Bajos, negarán dichas ayudas públicas a las empresas que repartan dividendos.

En cualquier caso, economistas liberales como Juan Ramón Rallo abogan por el regreso a la ortodoxia económica y su consiguiente austeridad fiscal. En contraposición, la Comisión Europea da vía libre a la nacionalización masiva de empresas en la UE. Un anuncio que habría que tomar con cautela. Los gobiernos europeos han optado, desde los años 80, por una progresiva socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios, en el marco de la economía capitalista en su actual fase neoliberal. De poco serviría la nacionalización estratégica de empresas para evitar su quiebra si, en cuanto dieran beneficios, se volvieran a privatizar. Profundizar en estas recetas económicas supondría un golpe muy duro a un proyecto europeo progresista y alternativo. Desde los años 90, con el desmoronamiento de la Unión Soviética, el mundo ha venido experimentando una progresiva mundialización capitalista. Las izquierdas no han sabido cómo responder a este enorme desafío. Es el momento de imaginar un nuevo horizonte universalista e igualitario que sirva como alternativa al repliegue identitario posfascista, que representan dirigentes como Donald Trump en Estados Unidos, Xi Jinping en China, Vladimir Putin en Rusia, Narendra Modi en la India o Jair Bolsonaro en Brasil. En Europa, el reto de hacer frente a los Orbán, Salvini, Johnson, Le Pen o Abascal no es menor.

Una nueva economía verde

La división internacional del trabajo durante la integración europea abocó a la periferia al sector servicios. Turismo, hostelería, ocio, sol y playa. En momentos históricos como el actual, con una pandemia global que ha paralizado la actividad económica casi por completo, vemos más claro lo arriesgado que es permitir que la economía dependa tanto de un único sector. En el caso de España, cabe añadir la progresiva desindustrialización desde la transición, a excepción de Catalunya y Euskadi. Turismo, sol y playa, ladrillo y poco más. Es evidente que el sector productivo de un país no se puede transformar de un día para otro, pero ya va siendo hora de que la industria de las energías renovables se convierta en un sector estratégico importante de la economía española. Si hacemos una comparativa con el resto de países de la UE, veremos que España es el decimoquinto país en consumo de energía procedente de fuentes sostenibles, con un 17,5%, según datos de Eurostat, muy por debajo de Suecia (54,6%), Finlandia (41,2%), Letonia (40,3%), Dinamarca (36,1%) y Austria (33,4%). Nuestros vecinos del sur, Portugal (30,3%) e Italia (17,8%) también nos pasan por encima. La cifra de consumo, 0,6% inferior a la media europea, también es 2,6% puntos más baja que el objetivo que se fijaron las instituciones comunitarias para finales del 2020.

Este problema tiene difícil solución. Iberdrola, Endesa y Naturgy conforman los pilares del oligopolio eléctrico en España, que junto a EDP y Repsol controlan el 70% de la producción de electricidad y el 90 de las ventas finales. Todas ellas se encuentran entre las 10 empresas más contaminantes del país. En una entrevista con La Marea, Enrique Palazuelos, catedrático de Economía Aplicada de la UCM y experto en energía, subraya la necesidad de que el Gobierno recupere las competencias perdidas décadas atrás y reforme el sistema eléctrico. Para ello, sería fundamental que los movimientos sociales empujen en esa dirección. El pacto de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos incorpora algunas de estas propuestas. No va a ser tarea fácil. El dominio del actual oligopolio eléctrico ancla sus raíces en los privilegios heredados del franquismo y la transición.

El covid-19 es un inconveniente para la movilización social. Éstas son solo algunas de las medidas que se pueden tomar y que se pueden añadir a otras que se han hecho desde organizaciones populares como el Plan de Choque Social, que proponen, entre otras medidas, intervenir la sanidad privada sin compensación económica, prohibir los ERTE en empresas con beneficios, regularizar a las personas migrantes, suspender los alquileres y las hipotecas e introducir una renta básica de cuarentena universal e incondicional, que puede servir como experimento para la futura introducción de una renta básica universal permanente. 

Estas medidas económicas, laborales y fiscales aliviarían las desastrosas consecuencias que el neoliberalismo tiene sobre nuestra salud, nuestra economía y nuestras vidas y permiten imaginar horizontes de superación del capitalismo, que en su actual fase neoliberal, es el período en el que la acumulación por desposesión se ha convertido en hegemónica, en palabras de David Harvey, geógrafo y profesor de Antropología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Estas políticas neoliberales, promovidas por centros financieros como Washington y acentuadas ahora por el capitalismo digital de Silicon Valley, se basan en la privatización y desmantelamiento de los servicios públicos, la distribución regresiva de la renta y la generación de crisis para acelerar los tres procesos anteriores.

Las fuertes restricciones de circulación y movimientos debido al coronavirus suponen un gran inconveniente para articular a las organizaciones populares desde las calles con el objeto de debatir, proponer, protestar y exigir a las instituciones españolas y europeas una salida profundamente democrática, progresista, feminista, ecologista y antirracista que sirva como alternativa a los nuevos autoritarismos de derechas que se expanden por todo el globo y que ocupan gobiernos tan influyentes como los de Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, China, Brasil o la India. Esta contingencia será aprovechada sin lugar a dudas por las grandes corporaciones tecnológicas, que amenazan con mercantilizar cada vez más aspectos de nuestras vidas y hacernos más esclavos de sus servicios digitales. Estructurar una alternativa desde la base es una necesidad ineludible para que una salida progresista a la crisis pueda prosperar.

Por Nicolás Ribas Leopold

4 may 2020 06:00

Publicado enEconomía
Lunes, 04 Mayo 2020 06:35

Leones

Los dos leones de mármol que vigilan la entrada de la Biblioteca Pública de Nueva York, en la Quinta Avenida, no tienen visitas desde que comenzó la pandemia del Covid-19. En los años 30, durante la Gran Depresión, el entonces alcalde Fiorello LaGuardia los bautizó como Paciencia y Fortaleza, cualidades que, según él, necesitaba todo neoyorquino para aguantar aquella crisis; lo mismo se requiere ahora.Foto La Jornada

Los dos leones de mármol que vigilan la entrada de la gloriosa Biblioteca Pública de Nueva York en la Quinta Avenida no tienen visitas desde que se implementaron las medidas contra la pandemia. Han sido testigos de tanto desde 1911 –desfiles, protestas, el espectáculo cotidiano en el centro de Manhattan–, pero nada como esto, un silencio sin precedente de una ciudad clausurada. En los años 30, durante la Gran Depresión, el entonces alcalde Fiorello LaGuardia los bautizó como Paciencia y Fortaleza, las cualidades que él decía necesitaba todo neoyorquino para aguantar esa crisis.

Pero en ese tiempo había un presidente llamado Franklin D. Roosevelt, movimientos sociales poderosos, partidos como el comunista y el socialista con gran capacidad de organización (de donde brotaron los conceptos de seguro de desempleo y seguro social que desde entonces forman parte fundamental de lo que queda del estado de bienestar hoy día). Hoy, en lugar de un FDR, está el gobierno corrupto y peligroso de Trump, un movimiento laboral en el punto mas débil de su historia (aunque hay señales de un posible renacimiento) y un partido de oposición, el Demócrata, que ha sido en parte cómplice del desastre con un candidato poco audaz. No es consolación que la pandemia comprobó que los herederos de los movimientos de los años 30 y de la agenda liberal de Roosevelt –Bernie Sanders y un poco Elizabeth Warren– tenían razón de que se requiere de una "revolución política" que recupere la democracia para 99 por ciento, incluyendo a los inmigrantes, y definir la salud, y acceso a ella, como un derecho humano.

Sanders escribió la semana pasada: "somos el país más rico en la historia del mundo, pero en tiempos de desigualdad masiva de ingreso y riqueza, esa realidad importa poco para la mitad del país que vive de quincena en quincena, los 40 millones en pobreza, los 87 millones que no tienen seguro de salud o uno insuficiente, y medio millón de personas sin techo". En el artículo, publicado en el New York Times, señala que el país no cuenta en verdad con "un sistema" de salud, que ese sector es un negocio que en medio de la pandemia está despidiendo a miles de trabajadores, médicos, entre otras cosas. Tal vez lo positivo de esta crisis, afirmó, es que está provocando a que muchos cuestionen los fundamentos del "sistema de valores estadunidense".

El reverendo William Barber, coordinador de la Campaña de los Pobres, comentó que “la enfermedad subyacente… es la pobreza, la cual estaba matando a casi 700 de nosotros cada día en el país más rico del mundo, mucho antes de que alguien supiera del Covid-19”.

Noam Chomsky reiteró que "Estados Unidos con Trump es un Estado fallido que representa un peligro serio para el mundo". En una entrevista reciente, señala que este país cumple con la definición técnica de un Estado fallido: uno que ha demostrado su incapacidad para atender las necesidades mas básicas de su población.

“Por más de dos siglos, Estados Unidos ha generado una amplia gama de sentimientos en el resto del mundo: amor y odio, temor y esperanza, envidia y desdén, asombro e ira. Pero hay una emoción que nunca había sido dirigida a Estados Unidos hasta ahora: lástima… El país que Trump prometió hacer grande otra vez nunca en su historia ha parecido tan lamentable”, escribió Finlan O’Toole en el Irish Times.

El factor fundamental en esta doble crisis, pandemia y economía, es la agenda neoliberal de las últimas cuatro décadas que fomentó la peor desigualdad económica en casi un siglo (https://www.federalreserve.gov/ releases/z1/dataviz/dfa/distribute/ table/#quarter:121;series:Net%20worth;demographic: networth;population:all;units:shares). Con el poder político que esto implica, en otros países eso se llama "plutocracia".

Sí. paciencia y fortaleza son necesarios para aguantar este desastre. Pero también se necesita que los leones acostados convoquen a sus admiradores a ponerse de pie para transformar esta crisis y poner fin de la pesadilla neoliberal.

Si uno escucha con mucha atención, entre el silencio impuesto por la cuarentena a veces se puede oír un nuevo y antiguo rugir.

https://www.youtube.com/watch?v=Gju7TxEvGc

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¿La falta de vitamina D aumenta el riesgo de morir por coronavirus?

Los resultados de una investigación realizada en el Reino Unido

De acuerdo con una investiación realizada por científicos de la Queen Elizabeth Hospital Foundation Trust y la Universidad de East Anglia del Reino Unido, la deficiencia de vitamina D podría estar relacionada con un mayor riesgo de morir a causa del coronavirus.

Los investigadores centraron el estudio en países europeos como España, Suiza, Italia, entre otros, donde analizaron los niveles de dicha vitamina y su relación con la mortalidad a causa del virus.

A pesar de que el análisis tuvo limitaciones, consideraron que en la mortalidad a causa del coronavirus tuvo incidencia la deficiencia de vitamina D, y entre la población más vulnerable se encuentran las mujeres mayores de 70 años, quienes reportaron una deficiencia severa de la vitamina.

El resultado -aún no validado por la comunidad científica- surge del cruce entre lo niveles promedio de vitamina D en cada uno de los países europeos, con su tasa de mortalidad relativa por el covid-19. Con esta prueba estadística sencilla se demostró que existía una relación entre ambas cifras, y que aquellos países con mejores niveles de vitamina D registraron un promedio menor de cantidad de muertes por el virus.

Además, señalaron que la población más vulnerable es la de personas de edad avanzada, y agregaron que la vitamina D protege contra las infecciones respiratorias agudas, por lo que es importante ingerirla ya sea a través de los alimentos o en suplementos.

Algunos alimentos ricos en esta vitamina son sardina, atún, salmón, mariscos, hígado de pollo o vaca, algunos lácteos, setas y germen de trigo, entre otros.

Otra forma de obtener vitamina D es a través de la exposición al sol, dado que el organismo es capaz de sintetizarla naturalmente, por lo que los especialistas recomiendan estar al sol al menos 10 minutos al día.