Diversos insectos en color estructural en ámbar del Cretácico del norte de Myanmar.Foto Nigpas

Un equipo de investigación del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing de la Academia de Ciencias de China (Nigpas) reveló los secretos de la verdadera coloración de los insectos de hace 99 millones de años.

Por lo general, los detalles estructurales finos necesarios para la conservación del color rara vez se preservan en el registro fósil, lo que hace que la mayoría de las reconstrucciones se basen en la imaginación de los artistas.

Los colores ofrecen muchas pistas sobre el comportamiento y la ecología de los animales. Sirven para mantener a los organismos a salvo de los depredadores, a la temperatura adecuada o atractivos para las parejas potenciales. Por ello, comprender la coloración de los animales extintos puede ayudarnos a arrojar luz sobre los ecosistemas en el pasado geológico profundo.

El estudio, publicado en Proceedings, de la Sociedad Real B, ofrece una nueva perspectiva sobre las vidas de los insectos que a menudo se pasan por alto, que coexistieron con los dinosaurios en los bosques lluviosos del Cretácico.

Los investigadores reunieron 35 piezas de ámbar con insectos exquisitamente preservados de una mina de esa resina fósil en el norte de Myanmar.

"El ámbar es del Cretácico medio, alrededor de 99 millones de años, y se remonta a la edad de oro de los dinosaurios. Es resina producida por antiguos coníferos que crecieron en un ambiente de selva tropical. Los animales y plantas atrapados en ese material espeso se preservaron, algunos con fidelidad real", resaltó Cai Chenyang, Nigpas, en China, que dirigió el estudio.

El raro conjunto de fósiles ámbar incluye avispas cuco con colores metálicos de color verdes azulado y amarillento, azul púrpura o verde en la cabeza, el tórax, el abdomen y las patas. En términos de color, son casi lo mismo que las avispas cuco actuales”, señaló.

Los investigadores también descubrieron muestras de escarabajos azules y púrpuras y una mosca soldado metalizada en color verde oscuro. "Hemos visto miles de fósiles de ámbar, pero la preservación del color en estos especímenes es extraordinaria", resaltó Huang Diying, de Nigpas, coautor del estudio.

"El preservado en los fósiles ámbar se llama color estructural. Es causado por la estructura microscópica de la superficie del animal. La nanoestructura dispersa la luz de longitudes de onda específicas y produce colores muy intensos. Este mecanismo causa muchos de los colores que utilizamos de nuestra vida cotidiana", explicó Pan Yanhong, también de Nigpas, especialista en reconstrucción paleocolor.

Esta diapositiva, tomada por el GPR, muestra datos y los contornos de las edificaciones de esa urbe, localizada al norte de Roma. Foto Afp

La tecnología captó sorprendentes detalles de Falerii Novi, ocupada por primera vez en el año 241 aC

 

Madrid. Arqueólogos mapearon por primera vez completa la ciudad romana de Falerii Novi, en Italia, mediante un avanzado radar de penetración terrestre (GPR), con detalles sorprendentes.

Según los científicos, esta tecnología podría revolucionar nuestra comprensión de los asentamientos antiguos.

Expertos de las universidades de Cambridge y de Gante descubrieron un complejo de baños, un mercado, un templo, un monumento público distinto a todo lo visto antes e incluso la extensa red de tuberías de agua de la ciudad. Al observar diferentes profundidades, puede ahora estudiar cómo evolucionó la ciudad durante cientos de años.

La investigación, publicada en la revista Antiquity, aprovechó los avances recientes en la tecnología GPR que permiten explorar áreas más grandes en una resolución más alta que nunca. Es probable que esto tenga implicaciones importantes para el estudio de las ciudades antiguas, porque en muchos casos no se puede excavar, ya sea debido a que son demasiado grandes o están atrapadas debajo de las estructuras modernas.

El GPR funciona como un radar normal, rebotando ondas de radio de objetos y usando el eco para construir una imagen a diferentes profundidades. Remolcando sus instrumentos detrás de un quad, los arqueólogos inspeccionaron las 30.5 hectáreas dentro de las murallas de la ciudad –Falerii Novi era un poco menos de la mitad del tamaño de Pompeya– tomando una lectura cada 12.5 centímetros.

Ubicada a 50 kilómetros al norte de Roma y ocupada por primera vez en 241 aC, Falerii Novi sobrevivió hasta el periodo medieval (alrededor del 700 dC). Los datos de GPR del equipo ahora pueden comenzar a revelar algunos de los cambios físicos experimentados por la ciudad en este momento. Ya han encontrado evidencia de robo de piedra.

El estudio también desafía ciertas suposiciones sobre el diseño urbano romano, mostrando que el de Falerii Novi estaba menos estandarizado que muchas otras ciudades bien estudiadas, como Pompeya. El templo, el edificio del mercado y el complejo de baños descubierto por el equipo también son más elaborados arquitectónicamente de lo que se esperaría en una ciudad pequeña.

En un distrito del sur, justo dentro de los muros de la ciudad, el GPR reveló un gran edificio rectangular conectado a una serie de tuberías de agua que conducen al acueducto.

La imagen muestra el trabajo de excavación en la cueva Bacho Kiro. .Foto Ap

En cueva de Bulgaria descubren evidencia de la dispersión de la especie

 

Este lunes, dos estudios publicados en Nature y Nature Ecology & Evolution dan cuenta de nuevas pruebas sobre las primeras migraciones de los Homo sapiens. Documentan su presencia en los Balcanes 8 mil años antes de lo que se creía.

Revelan interacciones de estos pioneros que vivieron hace al menos 45 mil años con la población neandertal, que habitaba el continente desde hacía cientos de miles de años.

Los dos estudios informan del hallazgo de nuevos fósiles de Homo sapiens del yacimiento de la cueva Bacho Kiro, en Bulgaria, que ha proporcionado evidencia de la primera dispersión de la especie en las latitudes medias de Eurasia, señaló Jean-Jacques Hublin, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania.

"Los grupos pioneros trajeron nuevos comportamientos a Europa e interactuaron con los neandertales locales. Esta ola temprana es en gran medida anterior a la que llevó a su extinción final en Europa occidental 8 mil años después", se explica en la revista Nature.

Un equipo de científicos de Europa, Estados Unidos y Reino Unido, dirigido por Jean-Jacques Hublin, Tsenka Tsanova y Shannon McPherron, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, y Nikolay Sirakov y Svoboda Sirakova, del Instituto Nacional de Arqueología con Museo en la Academia de Ciencias de Bulgaria, reanudó las excavaciones en la cueva de Bacho Kiro en 2015.

El equipo descubrió miles de huesos de animales, herramientas de piedra y hueso, cuentas y colgantes y cinco fósiles humanos.

Excepto por un diente, los fósiles humanos estaban demasiado fragmentados para ser reconocidos por su apariencia. Fueron identificados mediante el análisis de las secuencias de proteínas.

"Al utilizar la espectrometría de masas de proteínas, podemos identificar rápidamente esos restos que representan huesos humanos que de otro modo serían irreconocibles", aseguró Frido Welker, de la Universidad de Copenhague y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

A fin de conocer la edad de los fósiles y los depósitos en la cueva, el equipo trabajó en colaboración con Lukas Wacker, del ETH Zúrich, utilizando esa técnica.

“La mayoría de los huesos de animales tienen signos de impactos en las superficies, como marcas de carnicería, que, junto con las fechas directas de los huesos humanos, proporciona una imagen cronológica muy clara de cuándo el Homo sapiens ocupó esa cueva por primera vez, en el intervalo de 45 mil 820 a 43 mil 650 años atrás, y potencialmente tan pronto como hace 46 mil 940 años”, expuso Helen Fewlass, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

Conjunto de datos más grande y preciso

"Las fechas de radiocarbono en la cueva no sólo son el conjunto de datos más grande de un único sitio paleolítico jamás realizado por un equipo de investigación, sino también son las más precisas en términos de rangos de error", sostuvieron Sahra Talamo, de la Universidad de Bolonia, y Bernd Kromer, del Instituto Max Planck.

Aunque algunos investigadores han sugerido que el Homo sapiens podía haber entrado ocasionalmente en Europa en ese momento, los hallazgos de esta edad generalmente se atribuyen a los neandertales.

Para saber qué grupo de humanos estuvo presente en Bacho Kiro, Mateja Hajdinjak y Matthias Meyer, del equipo de genética dirigido por Svante Pääbo, del Departamento de Genética Evolutiva del Instituto Max Planck de Antropología, secuenciaron el ADN de los huesos fósiles fragmentados.

"Dada la excepcional conservación del ADN en el molar y los fragmentos de hominina identificados por la espectrometría de masas de proteínas, pudimos reconstruir genomas mitocondriales completos de seis de siete muestras y atribuir las secuencias de ADN mitocondrial recuperadas de las siete muestras a humanos modernos", indicó Mateja Hajdinjak, becaria posdoctoral en el Instituto Francis Crick en Londres e investigadora asociada en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

"Al relacionar estos ADN mitocondriales con los de otros humanos antiguos y modernos, las secuencias de ellos se ubican cerca de la base de tres macrohaplogrupos principales de personas actuales que viven fuera del África subsahariana. Además, sus fechas genéticas se alinean casi perfectamente con las obtenidos por radiocarbono", agregó.

Los resultados demuestran que el Homo sapiens entró en Europa y comenzó a impactar a los neandertales hace unos 45 mil años y probablemente antes. Trajeron al pedernal de alta calidad de la cueva Bacho Kiro desde fuentes de hasta 180 kilómetros del sitio, donde trabajaron en herramientas como cuchillas puntiagudas, tal vez para cazar y muy probablemente matar a los animales, según los restos encontrados en el sitio.

En conjunto, los sedimentos de la cueva Bacho Kiro documentan el periodo en Europa cuando los neandertales del Paleolítico Medio fueron remplazados por el Homo sapiens del Paleolítico Superior (el llamado periodo de transición), y los primeros conjuntos de Homo sapiens son lo que los arqueólogos llaman el Paleolítico superior inicial.

Los dientes de 'Homo luzonensis' hallados en la cueva de Callao (Filipinas) CALLAO CAVE ARCHAEOLOGY PROJECT

Descubierto el 'Homo luzonensis', un misterioso homínido que vivió hace 67.000 años

La cueva de Callao, en Filipinas, es una enorme cavidad con siete cámaras, pero lo más interesante está muy cerca de la entrada. Allí se han desenterrado 13 huesos y dientes que, según sus descubridores, pertenecen a un nuevo miembro de nuestro propio género al que han bautizado Homo Luzonensis y que vivió hace al menos 67.000 años en la isla de Luzón.


El hallazgo obliga a cambiar los libros de texto —otra vez—, pues la lista de miembros del género Homo que habitaban la Tierra en este periodo pasa de los cinco conocidos (neandertales, denisovanos, hobbits de Flores, erectus y sapiens), a seis.


Todos estos homininos son una familia variopinta de primates unidos por lazos de parentesco más recientes que con los otros homínidos vivos, como los chimpancés o los bonobos. Cada uno representó un experimento evolutivo más o menos exitoso. Todos se han extinguido menos uno, el Homo sapiens, quien cada vez que encuentra un nuevo pariente se pregunta por qué ellos desaparecieron y nosotros no.


El humano de Luzón es un enigma. Es imposible saber cómo era su rostro, pues no hay fragmentos de cráneo, ni qué estatura tenía, porque el único hueso disponible que podía tallarle, el fémur de un muslo, está partido. Los restos hallados, el primero una falange hallada en 2007 que data de hace 67.000 años, y el resto hallados entre 2011 y 2015 con una antigüedad de al menos 50.000 años, pertenecieron a dos adultos y un niño. Sus dientes, dos premolares y tres molares, son muy pequeños, parecidos a los de un humano actual o a los del Homo floresiensis, el hominino asiático de un metro de estatura y cerebro de chimpancé que vivió en la isla indonesia de Flores en la misma época. En cambio, los huesos de manos y pies son mucho más primitivos, comparables a los de los australopitecos que vivían en África dos millones de años antes y cuyas extremidades estaban adaptadas para vivir colgados de los árboles.


“Si miras cada uno de estos rasgos por separado los encontrarás en una u otra especie de Homo, pero si coges el paquete completo no hay nada similar, por eso esta es una nueva especie”, explica Florent Détroit, paleoantropólogo del Museo Nacional de Historia Natural de París y coautor del estudio que describe la nueva especie, publicado este miércoles por la revista científica Nature. Ha sido imposible extraer ADN de los restos, lo que aumenta el misterio sobre su origen.


“Este hallazgo va a generar un enorme debate”, opina el paleoantropólogo del CSIC Antonio Rosas. “No es fácil evaluarlo porque hay muy pocos fósiles, pero hay base para proponer que sea una nueva especie. Lo que está claro es que ratifica que la diversidad de nuestro género es increíble y está en la antítesis de ese modelo lineal que representa a una especie de primate tras otra hasta culminar en los sapiens”, señala. Para Rosas lo más importante es que esta especie demuestra un camino alternativo de evolución al nuestro caracterizado por el aislamiento.


Luzón ha estado rodeada por mar desde hace dos millones y medio de años. El humano hallado en la cueva de Callao tuvo que cruzarlo, nadie sabe cómo. Es lo mismo que hizo el hombre de Flores para llegar a su propia isla, donde fabricaba herramientas de piedra tan sofisticadas como las de los sapiens. En Cagayan, un valle cercano a la cueva filipina, se han hallado herramientas de piedra que delatan la presencia de homininos hace al menos 700.000 años, por lo que es posible que se tratase de los luzonensis. Es en este punto se abren al menos tres diferentes posibilidades sobre su origen.
La más plausible es que esta especie descienda del Homo erectus, el primer hominino que salió de África y pobló Asia hace 1,8 millones de años. Todos los humanos actuales venimos de otra oleada de Homo sapiens muy posterior que salieron de África hace unos 70.000 años.


El luzonensis sería un descendiente de los erectus que llegaron a lo que hoy esChina. Al igual que su congénere de Flores habría evolucionado durante decenas de miles de años aislado con las presiones evolutivas que eso supone, lo que posiblemente le transformó en un humano de dimensiones más pequeñas que sus ancestros. Esta posibilidad la apoya el tamaño de los dientes y también el del metatarso de la mano, cuyas dimensiones coinciden con las de los negritos —explica Détroit—, humanos actuales que viven en Filipinas, Malasia y las islas Andamán que no suelen superar el metro y medio de estatura. Es este un dato inquietante si se suma otra evidencia reciente: los jarawa de Andamán tienen un 1% de ADN de otra especie de Homo sin identificar, fruto de un cruce hace miles de años.

La segunda opción es que luzonensis provenga de una oleada que salió de África antes que erectus, posiblemente de australopitecos. No hay fósiles para sostener esta hipótesis, pero puede argumentarse por la morfología frankensteiniana del luzonensis. Una tercera opción, defendida por Chris Stringer, investigador del Museo de Historia Natural de Londres, es que los Homo de Luzón y Flores descienden de un antepasado común local que surgió en la isla de Sulawesi, donde se han hallado herramientas de piedra de unos 110.000 años.


El polémico paleoantropólogo estadounidense Erik Trinkaus opina que ninguna de las opciones es plausible y asegura que luzonensis era un individuo enfermo, lo mismo que se dijo en su día del hobbit de Flores. “Es una rareza que debe ser considerada en el contexto del Pleistoceno, en el que eran muy abundantes las malformaciones”, explica. Puede que no sea algo tan descabellado dado el nuevo paradigma desvelado por la genética en el que neandertales, sapiens y denisovanos se cruzaron y tuvieron hijos fértiles. “El debate está demasiado polarizado, no creo que el Homo floresiensis sea un Homo sapiens patológico, pero sí que tiene patologías, algo que tampoco es de extrañar si estás hablando de una población aislada, con altos niveles de endogamia y que sufre además un proceso de enanismo insular que afecta a procesos de crecimiento general, sobre todo cuando se ha visto que las hibridaciones entre especies producen patologías”, apunta María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana.


Los hobbits de Flores desaparecieron hace 50.000 años, justo cuando el Homo sapiens llegó a Asia. La mayoría de los restos óseos de luzonensis tienen justo esa antigüedad mínima, lo que abre un último misterio sobre si los sapiens tuvieron algo que ver en la desaparición de estos dos parientes lejanos que ya no están aquí para explicar su historia.

Por NUÑO DOMÍNGUEZ
10 ABR 2019 - 16:45 COT

 

Arqueólogos datan en Perú el mayor sacrificio masivo de niños del Nuevo Mundo

Pruebas de un sacrificio masivo obtenidas en un sitio arqueológico del siglo XV en Perú, revelan que se realizó con el asesinato ritual de más de 140 niños y más de 200 llamas.

El estudio, publicado en Plos One, por Gabriel Prieto, de la Universidad Nacional de Trujillo, en Perú, y sus colegas, describe el mayor sacrificio masivo conocido de niños, y de llamas, en el Nuevo Mundo.

Los sacrificios humanos y de animales se conocen a partir de una variedad de culturas antiguas, a menudo realizados como parte de rituales funerarios, arquitectónicos o espirituales. Sin embargo, hay muy poca evidencia de esta práctica en la costa norte de Perú. El sitio de Huanchaquito-Las Llamas era parte del estado de Chimú, cultura dominante en la costa peruana en el siglo XV.

Este estudio informa sobre los hallazgos de las excavaciones entre 2011 y 2016, que revelaron cientos de cuerpos enterrados en un área de aproximadamente 700 metros cuadrados. Los restos humanos eran casi todos niños, y los de animales, todos juveniles, se identificaron como llamas, pero posiblemente fueron alpacas.

La evidencia anatómica y genética indica que se incluyeron niños y niñas entre 5 y 14 años de edad. Las marcas de corte que atraviesan los esternones y las costillas desplazadas sugieren que tanto a los pequeños como a las llamas les pueden haber abierto el pecho posiblemente durante la extracción ritual del corazón.

Los restos fueron datados con radiocarbono hacia 1450 dC, durante el apogeo del estado de Chimú. Una capa gruesa de barro que cubre los sedimentos del entierro indica que esta matanza masiva fue precedida, y quizás inspirada, por una gran tormenta o inundación.

Los autores señalan que este sacrificio fue claramente una gran inversión de recursos para la cultura Chimú. Mediante estudios futuros, los investigadores esperan entender mejor el ritual por medio de sus víctimas, analizando las historias de vida y los orígenes culturales de los niños sacrificados.

El coautor John Verano, profesor de antropología en la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, agrega que este descubrimiento arqueológico fue una "sorpresa" para todos.

"No habíamos visto nada como esto antes, y no había ninguna sugerencia de fuentes etnohistóricas ni relatos históricos de sacrificios de niños o camélidos en una escala así en la costa norte de Perú. Tuvimos la suerte de poder excavar completamente el sitio y tener un equipo multidisciplinario de campo y laboratorio para realizar la excavación y el análisis preliminar del material. Este sitio abre un nuevo capítulo sobre la práctica del sacrificio de niños en el mundo antiguo", concluyó.

Migas de pan de 14.400 años cuestionan el origen de la agricultura

Investigadoras españolas hallan restos de pan elaborado milenios antes del cultivo de los cereales

 

El pan se inventó antes que el trigo cultivado. Investigadoras españolas han identificado restos de pan hecho hace 14.400 años, varios milenios antes de que los cereales fueran domesticados. El hallazgo da un revolcón al relato dominante sobre el origen de un alimento tan básico para la historia de muchas civilizaciones y el de la propia agricultura.

El descubrimiento se ha producido en el desierto Negro, en el nordeste de Jordania. En un hogar de una pequeña aldea, los científicos hallaron miles de restos orgánicos de origen vegetal. La mayoría pertenecían a un tubérculo acuático emparentado con la chufa. En menor cantidad, también identificaron semillas de avena, cebada o escaña, un trigo silvestre. Pero lo más llamativo eran 24 pequeños trozos churruscados.


"¿Tienes tostadora en casa? Pues estos 24 son muy parecidos a los restos de pan que se quedan en ella", dice la investigadora de la Universidad de Copenhague y principal autora del estudio, Amaia Arranz-Otaegui. "Al microscopio binocular [el óptico convencional] se ve que hay algo diferente, como incrustaciones. Pero con el microscopio electrónico de barrido [que usa haces de electrones en vez de luz], se ve que son células vegetales, células de granos de cereal", añade la investigadora del University College de Londres (UCL) y coautora de la investigación, Lara González Carretero.


El estudio, publicado en la revista PNAS, lo describe como un pan plano, sin levadura, ácimo, hecho de harina y agua. Al microscopio se puede observar una estructura similar, aunque menos inflada, que la de muchos panes actuales. Los vanos, los espacios huecos, apenas ocupan el 16%, frente al 40% - 70 % de los actuales con levadura. Se parecería más a un pan pita que a uno de molde. La datación por radiocarbono considera a este pan como el más antiguo de los encontrados. Hasta ahora, ese puesto lo tenía un pan encontrado por la propia González en Çatalhöyük, un yacimiento de la meseta de Konya, en la actual Turquía. Según sus estimaciones, tendría unos 9.000 años. El identificado ahora fue cocinado unos cinco milenios antes.


Las migas de pan de 14.400 años fueron halladas por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Copenhague en Shubayqa 1, uno de los yacimientos más antiguos de la cultura natufiense, presente en todo el Oriente Próximo, desde el norte del actual Irak hasta la península del Sinaí, en el moderno Egipto. "Los natufienses fueron los últimos cazadores recolectores [en Oriente Próximo] antes de la llegada de los agricultores del Neolítico", recuerda Arranz-Otaegui, que ha participado en las excavaciones del desierto Negro durante cuatro años. Aquel pueblo ya tenía perros domesticados, habían abandonado la vida nómada y contaban con piedras, morteros y toda una industria lítica para, entre otras cosas, hacer pan.


Sin embargo, el cultivo consciente de los cereales necesarios para obtener harina exigiría un proceso de domesticación que no se producirá hasta unos milenios más tarde. Así que los natufienses hacían su pan plano con granos de cereales silvestres en un proceso que debía ser muy costoso. "El trigo actual se descascarilla casi solo, en los silvestres la cobertura está diseñada para protegerlo y después había que molerlo, amasarlo, cocerlo... Todo apunta a que el pan se hacía en ocasiones, quizá para un uso simbólico o ritual, pero esto es difícil de demostrar", comenta la arqueóloga de la Universidad de Copenhague.


De hecho, la presencia de cereales, pan y otros posibles derivados de la harina como las gachas es pequeña si se compara con otros vegetales o carnes hallados en el yacimiento. Apenas el 20% de la dieta de aquellas personas dependía de los cereales que recolectaban. Ese porcentaje irá aumentando a medida que avance la agricultura.


"El pan exige un proceso intensivo en mano de obra que incluye el descascarillado, la molienda de los cereales, el amasado y el horneado. Que esto se hiciera antes de los métodos agrícolas sugiere que era considerado algo especial y el deseo de hacer más de esta comida especial probablemente contribuyera a la decisión de empezar a cultivar cereales", opina el director de la tesis de González, el profesor de la UCL Dorian Fuller. Y con el cultivo de los cereales, se generalizó la agricultura, la acumulación de alimento, la primera explosión demográfica, las primeras ciudades, las estructuras sociales...

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Arabia Saudita, región clave para entender éxodo de África

Un hueso de dedo fosilizado de un humano moderno de hace 90 mil años, hallado en el desierto de Nefud, Arabia Saudita, revela que el primer éxodo fuera de África fue más expansivo de lo pensado.

Se trata del fósil de homo sapiens fechado más antiguo fuera de África y Medio Oriente, según el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en Alemania.

Antes de este descubrimiento, se pensaba que las primeras dispersiones en Eurasia no tuvieron éxito y se limitaron a los bosques mediterráneos del Levante, a las puertas de África.

Los resultados detallan el descubrimiento realizado en el sitio de Al Wusta, un antiguo lago de agua dulce ubicado en lo que ahora es el hiperárido desierto de Nefud. Numerosos fósiles de animales, incluidos los de hipopótamo y diminutos caracoles, se encontraron ahí, así como abundantes herramientas de piedra hechas por humanos.

Entre estos hallazgos, se encontraba un fósil bien conservado y pequeño, de sólo 3.2 centímetros de largo, que fue inmediatamente reconocido como un hueso de dedo humano. Fue escaneado en tres dimensiones y su forma comparada con otros huesos de los dedos, tanto de individuos homo sapiens recientes como de otras especies de primates y otras formas de humanos primitivos, como los neandertales.

Los resultados mostraron de manera concluyente que el hueso del dedo, el primer fósil humano antiguo encontrado en Arabia, pertenecía a nuestra especie. Utilizando una técnica llamada datación por series de uranio, se usó un láser para hacer orificios microscópicos en el fósil y medir la proporción entre diminutas trazas de elementos radiactivos. Estas proporciones revelaron que tenía 88 mil años de antigüedad.

Otras fechas obtenidas de animales asociados fósiles y sedimentos convergieron a una fecha de aproximadamente 90 mil años atrás. Otros análisis ambientales también revelaron que el sitio había sido un lago de agua dulce en un antiguo entorno de pastizal muy alejado de los desiertos actuales.

Capacidad para colonizar

El autor principal del análisis, Huw Groucutt, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, afirma: Este descubrimiento demuestra que los primeros miembros de nuestra especie colonizaron una región del sudoeste de Asia y no sólo restringido al Levante. La capacidad de estos primeros pueblos para colonizar ampliamente esta región arroja dudas sobre los puntos de vista sostenidos de que las primeras dispersiones fuera de África fueron localizadas y no tuvieron éxito.

Los desiertos modernos de la Península Arábiga alguna vez fueron exuberantes praderas que los humanos pudieron colonizar. Se considera desde hace mucho tiempo lejos de la etapa principal de la evolución humana. Este descubrimiento coloca firmemente a Arabia en el mapa como región clave para entender nuestros orígenes y la expansión al resto del mundo. A medida que avanza el trabajo de campo, seguimos haciendo descubrimientos notables en Arabia Saudita, agregó el líder del proyecto, Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

El consorcio internacional de investigadores que participa en este proyecto está encabezado por ese instituto, en asociación con la Comisión Saudita para el Turismo y el Patrimonio Nacional. Otros participantes son el Servicio Geológico Saudita, la Universidad King Saud, la Universidad de Oxford y otras instituciones clave en Reino Unido y Australia.

Angamuco, la ciudad milenaria en México con tantos edificios como Manhattan

Una técnica de exploración láser revela los secretos de una zona arqueológica con una extensión de 26 kilómetros cuadrados y que estuvo varios siglos bajo tierra

Los secretos de Angamuco han tardado siglos en ser revelados. Los tesoros de la ciudad milenaria de los purépecha, los enemigos del Imperio azteca, habían estado sepultados por el paso del tiempo en el oeste de México y desenterrarlos había representado una tarea titánica con las técnicas arqueológicas tradicionales. Pero un procedimiento revolucionario ha sido un rayo de luz y esperanza para los investigadores. El mapeo láser, que permitió este lunes el descubrimiento de una ciudad maya en Guatemala con 60.000 edificios, ha desvelado ahora que Angamuco tenía 40.000 edificios, tantos como Manhattan y en apenas una superficie de 26 kilómetros cuadrados.


"Es increíble pensar que esta enorme ciudad estaba en el corazón de México sin que nadie supiera de su existencia", adelantó al diario The Guardian Chris Fisher, arqueólogo de la Universidad Estatal de Colorado y autor de una investigación que puede dar un giro a la historia de esta civilización mesoamericana tal como la conocíamos. "Esta ciudad estuvo abandonada por años antes de la llegada de los españoles y fue ocupada de nuevo después por los purépecha, lo que nos da claves importantes de los procesos sociales que ayudaron a la formación de ese imperio", agrega en declaraciones a EL PAÍS.


Aunque que la historia azteca está ya muy estudiada, los purépechas fueron la civilización mayoritaria en el centro de México a principios del siglo XVI. Tenían una capital del imperio llamada Tzintzuntzan al borde del lago Pátzcuaro, área en la que los supervivientes de esta comunidad aún viven. De hecho, las repúblicas purépechas sobrevivieron durante la Colonia y después de la Independencia de México, a principios del siglo XIX, en el Estado de Michoacán hasta que se estableció la división por municipios. Los purépechas adoptaron el cristianismo y combinaron sistemas modernos y tradicionales de organización social, económica y política. “La lejanía entre las zonas purépechas y la Ciudad de México dificultó por años su estudio, sabíamos poco de ellos más por una cuestión geográfica que por otra cosa”, comenta Fisher.


El arqueólogo, que encabeza un equipo de 10 investigadores, ha presentado este último descubrimiento en la reunión anual de la Asociación Americana por el Avance Científico que se celebró esta semana en Austin, Texas. La tecnología Lidar (del inglés Light Detection and Ranging) es un dispositivo que permite determinar la distancia desde un emisor a un objeto o superficie al utilizar un escáner con láser que integra la geolocalización satelital (GPS) y con otros avances tecnológicos. La distancia se mide con luz. Esto ayuda a crear imágenes en alta definición de objetos ocultos por densas capas de vegetación, por ejemplo. "Nos permite ver zonas que antes eran inaccesibles", explica el arqueólogo. "Los investigadores pueden ir directamente a los puntos que les marca el sistema con coordenadas tridimensionales y un margen de error de cinco centímetros", agrega Juan José Beltrán, director general de Lidar en América Latina.


La tecnología láser ha revelado que Angamuco era el doble de grande que la capital Tzintzuntzan, ya que se extendía a lo largo de 26 kilómetros cuadrados. “Era una ciudad muy extensa, de gran importancia ceremonial, muy compleja arquitectónicamente y muy densamente poblada”, señala Fisher. La urbe tenía alrededor de 100.000 habitantes entre los años 1000 y 1350 después de Cristo, según el investigador. De comprobarse los hallazgos, Angamuco se convertiría "en la ciudad de México más grande conocida hasta ahora durante este periodo".


Las imágenes de Fisher dan cuenta de pirámides, caminos, pozos y viviendas antiguas. Los investigadores también han recalcado que Angamuco tiene una estructura inusual porque las plazas abiertas y las pirámides están situadas en los bordes de la ciudad, en lugar de en el centro, localización habitual en el tramado de las urbes. "En vez de tener un núcleo ceremonial, tenía varios puntos importantes distribuidos en toda la superficie", apunta.


Aunque la ciudad fue descubierta en 2007, las técnicas tradicionales para mapearla y las condiciones del terreno no permitían avanzar con rapidez en la investigación. Fue en 2011 cuando los arqueólogos comenzaron a usar la técnica Lidar. Siete años después, la investigación ha dado frutos. “Esta tecnología está transformando la arqueología, hay otras 30 ruinas en Mesoamérica que están siendo analizadas y de las que podremos saber más con estas técnicas”, dice Fisher, que tiene un proyecto similar en la remota región de Mosquitia, en Honduras. El investigador espera con ansías poner las botas sobre el terreno y seguir desvelando los secretos de Angamuco. Cerca de 7.000 objetos arqueológicos ya han sido verificados en excavaciones que han cubierto cuatro kilómetros del nuevo universo arqueológico de los purépecha.

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Exploradores en el sistema Sac Actún, en Tulum.

 

El proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), dirigido por el buzo jefe Robert Schmittner, dio con el hallazgo de la cueva bajo el agua más grande descubierta hasta ahora con 347km de longitud.

Un grupo de exploración subacuática descubrió este martes la conexión existente en Tulum, en la Riviera Maya de México, entre dos de los sistemas de cenotes más grandes del mundo (Sac Actun y Dos Ojos), una conexión buscada en el laberinto acuático desde hace 14 años.

Como resultado de una intensiva exploración en los últimos 10 meses que culminó con el descubrimiento del pasado 10 de enero, Dos Ojos se añadió a San Actun al descifrar la conexión entre ambos sistemas de cuevas bajo el agua, informó GAM en un comunicado.

Esto conforme a las normas de la espeleología que indican que cuando se conectan dos sistemas de cuevas, el más pequeño es absorbido por el más grande.

Con 347 kilómetros de longitud, Sac Actun (cueva blanca en maya) se coronó como la cueva sumergida más grande descubierta hasta el momento. El tamaño del sitio arqueológico bajo el agua es comparable con la distancia que hay aproximadamente entre Cancún y Chetumal (332 km. en línea recta, como un vuelo de avión).

GAM destacó que esta conexión le quitó el récord con sus 270 km de longitud al sistema Ox Bel Ha, ubicado al sur de Tulum. Hasta hace unos días, el segundo más largo era el sistema Sac Actun (263 km), el tercero Kook Bal (93 km) y el cuarto Dos Ojos (84 km).

En el laberinto subterráneo, los investigadores encontraron cientos de objetos arqueológicos de los primeros pobladores de América, la cultura maya y de animales extintos. Estos van desde objetos de la época de la Colonia hasta restos de vasijas de cerámica maya. Asimismo, restos humanos y diversos animales como elefantes, perezosos gigantes, osos, tigres y caballos antiguos.

De acuerdo con Guillermo de Anda, especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y director de la investigación: “Esta inmensa cueva representa el sitio arqueológico sumergido más importante del mundo.”

El equipo de GAM también registró un sistema con una longitud de 18 km y una profundidad máxima de 20 metros al norte de Sac Actún. Hasta ahora, ha sido denominado como “La madre de todos los cenotes”. El grupo de exploración continuará buscando conexiones entre Sac Actun y otros dos grandes sistemas subterráneos. Según datos del Quintana Roo Speleological Survey, se calcula que hay 1.400 kilómetros subterráneos de agua dulce repartidos en 358 sistemas tan solo en el norte de este estado mexicano.

Por otro lado, la importancia del hallazgo también radica en la gran biodiversidad y reserva de agua dulce que representa. Las acciones más próximas del proyecto GAM serán hacer un análisis del agua subterránea y un estudio de la diversidad. Asimismo, adoptar medidas que ayuden a conservar el sitio arqueológico bajo el agua más grande del mundo, por ahora.

 

Abajo, en video, cueva sumergida más grande del mundo:

 

 

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Cómo los rayos cósmicos permitieron descubrir un gran hueco en la pirámide de Keops

 

No se trata del primer caso en el que la física de partículas se aplica a la arqueología pero si el más espectacular. Sorprendentemente, el Gobierno egipcio resta importancia al hallazgo y la toma con los investigadores.

 

El hallazgo de una estructura interna de al menos 30 metros de longitud en la gran pirámide de Keops, en Guiza, se presta a hablar de los misterios y posibles tesoros que siempre acompañan en la imaginación al desarrollo de la arqueología en Egipto. Sin embargo, en este caso, por ahora el principal interés de la detección de esta posible galería en la pirámide más famosa reside en la tecnología utilizada, que aprovecha el continuo bombardeo de rayos cósmicos sobre la Tierra y demuestra que la física de partículas más moderna sirve para estudiar las estructuras más antiguas. No es el primer ejemplo de su aplicación a la arqueología, pero sí el más espectacular hasta la fecha, ya que la gran pirámide –una de las siete grandes maravillas del mundo- sigue siendo un misterio arquitectónico y cualquier nueva información es bienvenida.

Los métodos para obtener imágenes con el concurso de los rayos cósmicos –partículas de alta energía procedentes del espacio exterior, en su mayoría protones- se han ido perfeccionando en los últimos 50 años, y han encontrado numerosas aplicaciones, como la detección de material nuclear de contrabando. Recientemente se han utilizado para “ver” el interior de volcanes activos en Japón y también el Vesubio en Italia. Es una tecnología a la que ha recurrido el gobierno japonés para conocer cómo quedaron los reactores afectados por el tsunami en la central nuclear de Fukushima.

Los muones son partículas elementales que se originan cuando los rayos cósmicos chocan con los átomos de la parte superior de la atmósfera terrestre, explican los investigadores en la prestigiosa revista Nature, en la que han publicado el resultado de su estudio sobre la pirámide de Keops. Aunque no los notemos, los muones llegan a la superficie terrestre a casi la velocidad de la luz y con un flujo de unos 10.000 por metro cuadrado por minuto. Lo mismo que los rayos X penetran en el cuerpo humano y permiten “ver” los huesos en radiografías, los muones pueden viajar sin desviare a través de centenares de metros de estructuras sólidas, como la piedra, antes de desaparecer. Si encuentran huecos en su camino, se comportan de forma diferente, se puede decir que duran más.

Basta entonces con detectar las direcciones de la que proceden los mayores flujos de muones para saber que por allí hay un hueco. Esto se dice fácilmente pero la realización de una muografía de una pirámide es muy complicada, como señalan los científicos japoneses, franceses y egipcios que han hecho el estudio. En su caso han utilizado tres técnicas distintas para confirmar la existencia del gran hueco y han tenido que tomar datos durante varios meses. Primero instalaron en la Cámara de la Reina (uno de los tres grandes huecos conocidos) película de emulsión nuclear, similares a la película fotográfica, para detectar las trayectorias de los muones en tres dimensiones. Esto les permitió detectar dos de las estructuras ya conocidas (la Cámara del Rey y la Gran Galería) pero además obtuvieron indicios de otro gran hueco por encima de la Gran Galería, que confirmaron primero con la instalación en la misma cámara de otros detectores y luego con dos telescopios de muones en el exterior de la pirámide.

 

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Investigadores del estudio sobre la pirámide de Keops

 

Que en la pirámide había más huecos de los conocidos desde el siglo XIX se suponía y se llevan buscando desde hace décadas. La nueva información no aporta novedades que puedan interesar a la mayoría de los egiptólogos, pero es una prueba de concepto, la primera de importancia, del gran proyecto de investigación ScanPyramids, que se propone escanear las pirámides de Egipto con las últimas técnicas no invasivas de imagen. El proyecto lo lideran el Instituto HIP, con sede en París, y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de El Cairo, bajo el control del Ministerio de Antigüedades de Egipto.

Sin embargo, no todo es de color de rosa. El Gobierno egipcio, empeñado en controlar los anuncios sobre los descubrimientos arqueológicos, se ha tomado muy mal el camino seguido por el equipo de investigación de publicar el hallazgo en una revista científica sin pasar antes, afirma, por el comité científico-político del proyecto, y le ha quitado importancia, además de insinuar que puede no renovar el permiso de investigación. Lo ahora descubierto puede ser una nueva galería o simplemente un recurso de los constructores para quitar peso a la pirámide.

La mayor pirámide de Guiza (139 metros de altura por 230 metros de lado) se construyó durante el reinado del faraón Keops, hace unos 4.500 años. Se conocen y se puede acceder a tres cámaras (una subterránea) conectadas por pasadizos y conductos de ventilación. El más notable de los corredores es la Gran Galería, que mide 8,6 metros de alto, 46,7 de largo y entre 2 y 1 metros de anchura. “Sabemos que este gran hueco que hemos detectado tiene las mismas características que la Gran Galería,” explica Mehdi Tayoubi, el director y fundador del Instituto HIP, que pretende estudiar y conservar el patrimonio cultural mediante técnicas avanzadas. “Es verdaderamente impresionante”.

 

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