Recreación del descubrimiento de planetas del sistema solar Trappist-1 Handout

 

El astrofísico del IEEC analiza porqué el hallazgo de un nuevo sistema solar dispara las hipótesis de contemplar vida más allá de nuestro planeta

 

 

Esta semana conocíamos una de las noticias que, sin duda, pasará a los anales de la historia de la astronomía: el descubrimiento de un pequeño sistema solar a tan sólo 40 años luz, con siete planetas en su órbita con similitudes a la Tierra. Un interesante hallazgo para la comunidad científica que permite especular sobre la posibilidad de encontrar vida extraterrestre en los próximos años.

Kike Herrero, astrofísico del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC), señala que este nuevo sistema solar no es el único donde podría contemplarse vida extraterrestre. “Una de cada seis estrellas puede tener planetas similares a la Tierra. Por lo tanto, si en nuestra galaxia existen 200 mil millones de estrellas, contemos cuantos planetas pueden albergar vida”, señala. Por ello, el astrofísico considera que “es difícil pensar que la vida es un fenómeno único”.

 

 

"Una de cada seis estrellas puede tener planetas similares a la Tierra”

 

 

Para poder determinar si estadísticamente podemos localizar otro planeta con vida, “deberíamos conocer el número de probabilidad, ya que ahora no sabemos si es una entre un billón, una entre mil o una entre cien. Cuando encontremos otro planeta con vida, podremos conocer la proporción y saber si es algo excepcional o bien algo abundante en el universo”.

“El hecho de que un planeta transite por delante de su estrella, nos permite conocer muchas más cosas sobre estos cuerpos”, explica Kike Herrero, astrofísico del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC). Cuando el planeta se encuentra frente al astro, “parte de la luz que pasa a través del planeta está modificada y filtrada por la posible atmósfera que exista, cosa que nos permitirá conocer los compuestos químicos que se albergan y si hay, o no, posibilidades de vida”, confiesa el experto.

En esta vídeoentrevista para LaVanguardia.com, el astrofísico resalta que gracias a los futuros estudios, “quizás podamos dar respuesta a uno de los grandes misterios de todos los tiempos de la Humanidad: si existe vida más allá de nuestro planeta”.

En este sentido, la observación de la atmósfera deberá realizarse con tecnología punta y nuevas herramientas como la entrada en funcionamiento del nuevo telescopio espacial, el denominado James Webb Telescope, que será lanzado por un Ariane 5 en octubre de 2018.

 

 

"Cuando encontremos otro planeta con vida, podremos conocer la proporción y saber si es algo excepcional o bien algo abundante en el universo”

 

El astro protagonista del último descubrimiento, anunciado por la NASA y publicado en Nature, se llama Trappist-1 y está considerado una estrella enana ultrafría. Tiene un radio equivalente al 12% del Sol y una temperatura superficial de unos 2.300 grados centígrados, frente a los 5.500 de nuestra estrella. De ahí la importancia que el conjunto de planetas orbite a una distancia cercana al astro.

Precisamente esta situación provoca que el planeta “f”, el candidato con mejores posibilidades de albergar vida, haga una translación alrededor de su sol en tan solo nueve días, en lugar de los 365 terrestres.

 

 

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Recreación del sistema solar Trappist-1 (M. Kornmesser / AFP)

 

 

¿Hay alguien ahí fuera? Estos son los 11 puntos clave del nuevo descubrimiento de la NASA

 

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) ha anunciado este miércoles en una rueda de prensa especial el descubrimiento de un nuevo sistema solar que se encuentra a tan solo 39 años luz de la Tierra.

 

 

Los científicos han precisado que al menos siete planetas del tamaño de la Tierra orbitan alrededor de la estrella enana fría de dicho sistema, conocida como TRAPPIST-1. Los seis planetas interiores se encuentran en una zona templada donde las temperaturas de la superficie varían de cero a 100 grados Celsius.

 

De los planetas descubiertos se sabe lo siguiente:

  1. Este sistema se encuentra a tan solo 39 años luz de la Tierra.
  2. Los planetas tienen entre 0,4 y 1,4 veces la masa de la Tierra y su tamaño aproximado es similar al de nuestro planeta.
  3. La frecuencia con la que dan una vuelta alrededor de la estrella varía desde un día y medio hasta 20 días.
  4. Los científicos creen que cada planeta del sistema siempre muestran su misma cara a la estrella.
  5. La atmósfera de algunos planetas podría ser similar a la de la Tierra o de Venus.
  6. Aunque los expertos afirman que las temperaturas de superficie permiten la presencia de agua líquida, los planetas están demasiado lejos para probar que sí la alberguen.
  7. Las temperaturas de superficie varían de cero a 100 grados Celsius.
  8. Se cree que al menos tres de estos mundos podrían contar con océanos, lo que aumenta la probabilidad de que alberguen vida.
  9. Ninguno de los planetas tiene luna, si bien se encuentran tan cerca uno del otro que se verían como la Luna desde la Tierra.
  10. Los planetas se encuentran mucho más cerca de su estrella que en el Sistema Solar: si TRAPPIST-1 ocupara el lugar del Sol, todos sus planetas se encontrarían dentro de la órbita de Mercurio.
  11. Este sistema solar se formó, probablemente, hace 500 millones de años, mientras que nuestro Sol se formó hace 4.500 millones de años.

 

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Dado que ningún otro sistema estelar conocido contiene un número tan grande de planetas del tamaño de la Tierra, según la revista 'Nature', este descubrimiento abre nuevas oportunidades para los investigadores del espacio:

"Este sistema va a ser uno de los mejores laboratorios que tenemos para entender la evolución de los planetas pequeños", aseguró Zachory Berta-Thompson, un astrónomo de la Universidad de Colorado en Boulder.

Debido a que el sistema está tan cerca de la Tierra, los astrónomos pueden estudiar las atmósferas de los planetas con relativa facilidad. Eso podría revelar una asombrosa diversidad de mundos cubiertos de rocas o de hielo.

Los seis planetas interiores probablemente se formaron más lejos de su estrella y luego emigraron hacia el interior. Ahora están tan cerca el uno del otro que sus campos gravitatorios interactúan, empujándose unos a otros de maneras que permitieron al equipo estimar la masa de cada planeta. La disposición de tantos planetas del tamaño de la Tierra tan juntos será una bonanza para los investigadores que están trabajando para comparar cómo evolucionan los mundos, según Michaël Gillon, astrónomo de la Universidad de Lieja en Bélgica.

 

¿Cómo y cuándo fueron descubiertos?

 

El equipo liderado por Guillon buscó nuevos planetas con ayuda de dos telescopios de 60 centímetros ubicados en Chile y Marruecos, y en mayo del año pasado anunció el descubrimiento de tres planetas que orbitan alrededor de TRAPPIST-1. En un primer momento detectaron el oscurecimiento leve de un planeta y lo siguieron, investigación en cuyo desarrollo el telescopio espacial Spitzer de la NASA ‘observó’ el cuerpo espacial durante 20 días consecutivos.

Después vieron que lo que creían que era solo un planeta eran, en realidad, cuatro, después de lo cual pudieron observar el resto, incluido el séptimo y más lejano de todos. Tras investigarlos, Guillon concluyó que, probablemente, los seis planetas más cercanos a la estrella se formaron fuera de su órbita, pero fueron atraídos después hacia ella.

"Es una piedra de Rosetta con siete idiomas diferentes, o sea, siete planetas diferentes que nos podrían aportar perspectivas completamente diferentes sobre la formación planetaria", opina Julien De Wit, miembro del equipo científico.

 

 

Miércoles, 07 Septiembre 2016 06:27

Una investigación de otro mundo

Una investigación de otro mundo

La semana pasada, un equipo internacional de astrónomos anunciaba el hallazgo de un nuevo planeta que orbita fuera del sistema solar y que podría albergar formas de vida. El físico y astrónomo Pablo Mauas cuenta todo acerca de esta joya del universo.


Hace tan solo una semana, por intermedio de la revista Nature, un equipo internacional de astrónomos y especialistas liderado por Guillem Anglada-Escudé –investigador barcelonés de la Universidad Queen Mary de Londres– anunciaba el hallazgo de Próxima b. Se trata de un planeta rocoso que, según se estima, posee 1,3 veces la masa de la Tierra (medida denominada “masa mínima”) y orbita alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana al sistema solar. Según datos aproximados, su año dura apenas 11,2 días.


Gracias a los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) (emplazado en Chile) se logró determinar que el nuevo mundo se ubica en la denominada “zona de habitabilidad”. Esta condición promovería las características necesarias para una temperatura adecuada e incrementaría las chances de encontrar agua en estado líquido y formas de vida. ¿Cómo se explica esto? La ecuación es muy sencilla. En comparación, Próxima b se encuentra mucho más cerca de su estrella (8 millones de km) que la Tierra del Sol (150 millones de km). En este sentido, aunque la asociación lineal invitaría a comparar al planeta con el mismísimo infierno, su estrella presenta características muy distintas al Sol: tiene un 5 por ciento de su masa y es menos luminosa.


Pablo Mauas estudió física en la Universidad de Buenos Aires y luego realizó estudios de posgrado en la Universidad de Harvard. En la actualidad, dirige el grupo de Física Estelar, Planetas Extrasolares y Astrobiología del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE-Conicet-UBA). Sigue la pista de Próxima Centauri desde 1999 y admite estar “cada vez más desolado y estrellado” porque ya no le dedica tanto tiempo al Sol como cuando era joven y hace décadas se encuentra atrapado en el examen de otras estrellas.


En esta línea, analiza las características del nuevo mundo y evalúa la hipotética existencia de agua líquida en relación sus condiciones climáticas. “Próxima Centauri es mucho más chica y menos brillante que el Sol –señala–. Por eso, la energía y la luz que irradia calienta a Próxima b más o menos lo mismo que la luz que se dirige del Sol hacia la Tierra. Se puede calcular que la temperatura de ambas superficies será parecida”.


Desde aquí, si bien el nuevo planeta podría tener –según meras aproximaciones– unos 40° bajo cero, de existir una atmósfera, mejorarían las condiciones y habilitarían el desarrollo de un espacio más acogedor. Así, “como toda la vida que conocemos se basa en el agua, no imaginamos que puede haber existencia alguna sin ella. Si hubiera agua en Marte, por ejemplo, estaría congelada del mismo modo que en Venus estaría evaporada”, explica.


Por otra parte, existen algunos inconvenientes –asociados a la naturaleza de la estrella– que un cuerpo celeste como Próxima b podría afrontar. En primer lugar, Próxima Centauri es una enana roja, y por lo tanto es pequeña y su comportamiento es errático. Desde aquí, presenta un nivel de radiación muy superior al que emite el Sol y se caracteriza por una superficie colmada de explosiones. “Las fulguraciones de Próxima Centauri podrían impactar en el planeta y ocasionarían la emisión de una luz muy potente, hasta cinco veces más de la que recibe en situación normal. Son fenómenos corrientes que dificultarían la habitabilidad del mundo”, afirma.


El segundo problema se explicaría por la sincronía entre el movimiento que realiza el planeta cuando gira alrededor de la estrella y cuando lo hace sobre sí mismo. “La sincronía implicaría que Próxima b le presentase siempre la misma cara a Próxima Centauri, del mismo modo que nosotros siempre observamos la misma cara de la luna –subraya Mauas–. Por eso, una cara estaría siempre muy caliente y la otra mucho más fría. Esto complicaría la habitabilidad”.


Si bien en el último tiempo se observó una gran cantidad de exoplanetas distribuidos por la galaxia, el hallazgo de Próxima b es significativo porque se ubica a tan solo 4,2 años luz de distancia, una medida que equivale a 40 billones de kilómetros. Este dato permite fabular con el envío de sondas robóticas y el desarrollo de una nueva generación de telescopios ya que las enanas rojas, por su luz tenue, no pueden ser observadas a simple vista. Sin embargo, hay que ser cautos: pese a la cercanía cósmica, la visita del nuevo mundo se torna imposible, al menos en el corto plazo. “Si la NASA o alguna institución con muchísima plata se propusiera enviar una sonda, se podría explorar el proyecto y creo que podrían lograrse resultados muy positivos. Se necesitaría de una sonda que viajase a un quinto de la velocidad de la luz para alcanzar el destino en un poco más de 23 años. De todos modos la información llegaría en unos 30 años. Hoy en día ningún plan supera la ciencia ficción”.


Hasta al momento, Kepler-452b –ubicado a 1400 años luz– era el exoplaneta más cercano al sistema solar. La proximidad de este nuevo mundo brinda la posibilidad de profundizar los estudios vinculados al campo de la física estelar y la astrobiología. Solo se trata de seguir la pista extraterrestre, pero no demasiado lejos. No vaya a ser cosa que la solución esté, finalmente, a la vuelta de la esquina (o a la vuelta del sistema solar).
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Detectan "espectaculares" ondas gravitacionales en el espacio

"La observación futura permitirá comprender cómo se forman los hoyos negros a partir de la muerte de estrellas enormes y probar si son como las predijo Einstein", afirma experto

 

Ondas gravitacionales en el tejido del espacio-tiempo, una de las predicciones formuladas por Albert Einstein hace un siglo, han sido detectadas por segunda vez. Los descubridores creen que este hallazgo "espectacular" podría anunciar una nueva era de entendimiento del universo.

Un equipo internacional de más de mil investigadores, entre ellos varios profesores británicos, observó la colisión y fusión de dos hoyos negros, que liberó fuerzas colosales rara vez vistas.

El suceso, ocurrido a mil 400 millones de años luz de distancia, causó una cantidad de energía equivalente grosso modo a la masa del sol convertida en ondas gravitacionales. Estas ondas fueron "capturadas" por los detectores gemelos Ligo (Observatorio Interferómetro Láser de Ondas Gravitacionales) emplazados en Livingston, Luisiana, y Hanford, Washington (EU). La observación se realizó el pasado diciembre, pero apenas se da a conocer al público.

Las ondas gravitacionales fueron predichas en la teoría de la relatividad general de Einstein, la cual plantea que la gravedad ocurre a causa del espacio y el tiempo curvos. Las ondas se estrechan y comprimen todo en su camino, sean humanos o planetas enteros, al distorsionarse el tejido del espacio-tiempo.

El doctor Stephen Fairhurst, uno de los miembros del equipo en la Universidad de Cardiff, señaló: “Este hecho anuncia el verdadero principio de la astronomía de ondas gravitacionales y la apertura una nueva ventana hacia el universo.

“Las diferentes masas y giros observables que presenciamos en el evento mostraron que estamos comenzando a recabar información vital acerca de la población de hoyos negros en el universo.

"La observación futura de ondas gravitacionales nos permitirá entender cómo se forman los hoyos negros a partir de la muerte de estrellas enormes, y probar si en verdad son como las predice la teoría de Einstein."

Visión diferente

Los científicos esperan que las ondas gravitacionales ofrezcan una visión por completo diferente del universo, y les permitan estudiar hechos que podrían estar ocultos a los tradicionales telescopios ópticos y radiotelescopios. Al analizar la detección más reciente, pudieron inferir que los hoyos negros en colisión eran 14 y ocho veces más grandes que el Sol, respectivamente.

Sheila Rowan, directora del Instituto de Investigación Gravitacional de la Universidad de Glasgow, quien también participó en el descubrimiento, expresó: “Sabemos por esta segunda detección que las propiedades medidas por Ligo nos permitirán comenzar a responder algunas preguntas claves mediante astronomía gravitacional.

“Podremos estudiar este fenómeno y entender mejor la historia cósmica, con el objetivo de llenar los ‘eslabones perdidos’ en nuestro conocimiento.”

Los hallazgos han sido aceptados para publicación en la revista Physical Review Letters.

El doctor Chad Hanna, de la Universidad Estatal de Pensilvania, en EU, quien codirigió el equipo de detección, señaló: “Ahora tenemos mucho más confianza en que las fusiones de dos hoyos negros son comunes en el universo cercano.

"Puesto que ya podemos detectar ondas gravitacionales, serán una fuente fenomenal de nueva información acerca de nuestra galaxia y un canal enteramente nuevo de descubrimientos sobre el universo."

La Colaboración Científica Ligo está integrada por más de mil científicos de 17 países, entre ellos investigadores de 17 universidades del Reino Unido. Cada instalación de Ligo cuenta con dos tubos, cada uno de 4 kilómetros de largo, dispuestos en forma de L. Se proyecta un haz láser por cada tubo para determinar con gran precisión la distancia entre espejos ubicados a cada extremo. Si una onda gravitacional está presente, alterará la distancia entre los espejos en una cantidad mínima.

El profesor Andreas Freise, de la Escuela de Física y Astronomía de la Universidad de Birmingham, cuyo equipo contribuyó a desarrollar instrumentos para Ligo, indicó: "Los detectores de Ligo Avanzado son una obra maestra de física experimental. Son los detectores de ondas gravitacionales más sensibles jamás construidos. Partimos de un concepto bien conocido, un interferómetro de luz, pero requería nuevas tecnologías que hemos desarrollado a lo largo de varias décadas para crear estos dispositivos de escucha extremadamente sensibles a las señales de gravedad del universo".

El doctor Ed Daw, del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Sheffield, quien ha investigado las ondas gravitacionales con Ligo desde 1998, añadió: “La detección de la colisión de un par de hoyos negros fue asombrosa; la detección de una segunda es espectacular, porque apunta a que pasan muchas cosas de estas allá.

"Pero también plantea más preguntas: ¿qué formó estos hoyos negros? ¿Cuántos hay? ¿Podremos empezar a probar en verdad la relatividad general en detalle?"

Traducción: Jorge Anaya

Un tercer planeta enano aún sin nombre se suma al sistema solar.
Llamado 2007 OR10, es significativamente más grande de lo que se pensaba, hasta el punto de ser el tercero en el ránking de estos objetos, tras Plutón y Eris.

 

 

EUROPA PRESS

 

MADRID.- Un planeta enano del sistema solar, llamado 2007 OR10, es significativamente más grande que se pensaba. Hasta el punto de ser el tercero en el ránking de estos objetos, tras Plutón y Eris. Los resultados de un nuevo estudio sitúan a 2007 OR10 como el más importante mundo sin nombre en nuestro sistema solar, superando a otros objetos similares y que sí han sido reconocidos con nombre propio como Haumea y Makemake.

 

El estudio también encontró que el objeto es bastante oscuro y gira más lentamente que casi cualquier otro cuerpo que orbita nuestro Sol, necesitando cerca de 45 horas para completar su rotación diaria. Para su investigación, los científicos utilizaron el telescopio buscador de planetas Kepler de la NASA --ahora inmerso en la misión K2--, junto con los datos de archivo del Observatorio Espacial Herschel de la Agencia Espacial Europea, con la participación de la NASA. El trabajo de investigación se publica en la revista Astronomical Journal.

 

"K2 ha hecho una contribuciónimportante en la revisión de la estimación del tamaño de 2007 OR10. Pero lo que es realmente poderoso es cómo la combinación de K2 y los rendimientos de datos de Herschel ofrecen una gran cantidad de información acerca de las propiedades físicas del objeto", dijo Geert Barentsen, científico en el Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California.

 

La medición revisada del diámetro del planeta, 1.535 kilómetros, es aproximadamente 100 kilómetros mayor que el segundo mayor planeta enano, Makemake, o alrededor de un tercio más pequeño que Plutón. Otro planeta enano, llamado Haumea, tiene una forma oblonga que es más ancha en su eje mayor que 2007 OR10, pero su volumen total es menor.

 

Averiguar el tamaño de los objetos pequeños del confín del sistema solar es un asunto complicado, informa la NASA. Ya que aparecen como meros puntos de luz, que puede ser un desafío para determinar si la luz que emiten representa un objeto más brillante y pequeño, o uno más grande y oscuro. Esto es lo que hace que sea tan difícil observar OR10 2007: a pesar de que su órbita elíptica le trae casi tan cerca del Sol como Neptuno, está actualmente dos veces más lejos del Sol que Plutón.

 

Las estimaciones previas basadas en datos de Herschel sugirieron un diámetro de aproximadamente 1.280 kilómetros para 2007 OR10. Sin embargo, sin una manija en el período de rotación del objeto, esos estudios estaban limitados en su capacidad para estimar su brillo general, y por lo tanto su tamaño. El descubrimiento de la lenta rotación de K2 era esencial para el equipo para la construcción de modelos más detallados que revelan las peculiaridades de este planeta enano. Las mediciones de la rotación incluyeron variaciones en el brillo en toda su superficie.

 

Juntos, los dos telescopios espaciales han permitido al equipo medir la fracción de la luz solar reflejada por 2007 OR10 (utilizando Kepler) y la fracción absorbida y luego irradiada de nuevo en forma de calor (usando Herschel).

 

De acuerdo con las nuevas mediciones, el diámetro de 2007 OR10 es alrededor de 250 kilómetros más grande de lo que se pensaba anteriormente. El tamaño más grande también implica una mayor gravedad y una superficie muy oscura - esto último debido a que la misma cantidad de luz que se refleja por un cuerpo más grande.

 

"Nuestra mayor tamaño revisado para 2007 OR10 hace que sea cada vez más probable que el planeta esté cubierto de hielos volátiles de metano, monóxido de carbono y nitrógeno, que se pierde fácilmente al espacio por un objeto más pequeño", dijo András Pál en el Observatorio Konkoly en Budapest, Hungría, que dirigió la investigación.

 

En cuanto a cuándo 2007 OR10 tendrá finalmente un nombre, ese honor le corresponde a los descubridores del objeto. Los astrónomos Meg Schwamb, Mike Brown y David Rabinowitz lo divisaron en 2007 como parte de un estudio para buscar los cuerpos del sistema solar distantes utilizando el telescopio Samuel Oschin en el Observatorio Palomar cerca de San Diego.

 

 

Viernes, 26 Febrero 2016 06:01

Crean mapa más completo de la Vía Láctea

Crean mapa más completo de la Vía Láctea

La Vía Láctea, la galaxia donde se encuentra el planeta Tierra ha sido revelada al máximo detalle. Un equipo de los astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) ha publicado una nueva imagen de la Vía Láctea: se trata del mapa más detallado y nítido que se haya creado. Forma parte del proyecto llamado ATLASGAL (Telescope Large Area Survey of the Galaxy).


La gigantesca fotografía cubre el plano galáctico visible desde el hemisferio sur en un área del cielo de 140 grados de largo y 3 grados de ancho, e incluye, la mayor parte de las regiones de formación de estrellas de nuestra Vía Láctea.
El nuevo mapa, cuatro veces más grande que la anterior versión, tiene también una mayor calidad, puesto que en algunas regiones se repitió la observación con objeto de obtener una calidad más uniforme de los datos dentro del área total de estudio.


El instrumento utilizado para este completo mapa ha sido el telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment), ubicado en el desierto de Atacama, en el norte de Chile. APEX cuenta con un espejo de 12 metros de diámetro a 5.100 metros sobre el nivel del mar, cualidad que permitió estudiar el universo frío (polvo, gas...) en longitudes de onda submilimétricas y con un nivel de detalle inusitado que otros sondeos recientes (que ha permitido incluso el censo completo de nubes frías y masivas donde se están formando nuevas estrellas).


• ( Puedes ver el mapa completo haciendo clic aquí )


(Tomado de Muy Interesante)

Varía velocidad de rotación de la Tierra: ¿Los días y las noches duran lo mismo?

La versión de que la velocidad de rotación de la Tierra ha aumentado y, por consiguiente, se han acortado los días ha generado discusiones entre los especialistas. Mientras algunos insisten en que cada jornada tiene varias horas menos, otros refutan esa hipótesis y explican que cambios de tal envergadura habrían sido notados por todo el mundo.


De acuerdo con un estudio denominado Resonancia Schumann, que trata sobre la metafísica cuántica y la astrofísica metacuántica, desde 1980 la velocidad de rotación de nuestro planeta ha aumentado, por lo que los días habrían perdido ocho horas y solo durarían 16.


Según la teoría, este cambio encontraría su razón en las catástrofes climáticas.


No obstante, otros especialistas rechazaron esta hipótesis. Uno de ellos es el astrónomo Víctor Vera, de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad de San Marcos (Perú), quien explicó que "para que el tiempo varíe es necesario que la velocidad de la luz cambie", publicó 'El Comercio', y agregó que "no se ha podido comprobar que la velocidad de la luz haya sufrido una variación en el tiempo cósmico".


"Todo sigue normal a escala cósmica. La variación de la duración del día tendría implicancias increíbles. Amanecería a las tres de la tarde, por ejemplo, y los telescopios tendrían que recalibrarse", siguió, para concluir que "si hubiera habido esta disminución tan drástica" lo hubieran notado "todos".


(Con información de Russia Today)

Exoplaneta rocoso, buen presagio para estudiar cuerpos que podrían tener vida

Un equipo científico reveló este miércoles la presencia de un planeta rocoso similar a la Tierra fuera de nuestro sistema solar.
Los astrofísicos dieron al nuevo mundo el nombre GJ 1132b por la estrella pequeña que orbita.


Aunque la temperatura puede alcanzar 230 grados centígrados, ese planeta tiene una atmósfera espesa tipo venusina.
GJ 1132b está apenas a 39 años luz de distancia.


Un equipo dirigido por Zachory Berta-Thompson, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), descubrió el planeta en mayo, utilizando telescopios emplazados en Chile. Reportan el hallazgo en la edición del miércoles de la revista Nature.
Nuestra galaxia se extiende a lo largo de 100 mil años luz. Esto es definitivamente una estrella muy cercana de la vecindad solar, explicó Bertha-Thompson en un comunicado del MIT


Los científicos dicen que el exoplaneta –como se denomina a los planetas fuera de nuestro sistema solar– es demasiado caluroso para soportar la vida.


Si descubrimos que este lindo planeta caliente ha logrado mantener su atmósfera durante miles de millones de años, es buen presagio para el objetivo a largo plazo de estudiar planetas más frescos que pudieran albergar vida, señaló Berta-Thompson en una declaración.


Hace demasiado calor para que sea habitable, no tiene agua líquida en la superficie, pero está mucho más fresco que los otros exoplanetas de rocas volcánicas que conocemos, explicó Berta-Thompson.


Berta-Thompson y sus colegas calculan que GJ 1132b tiene un diámetro de 14 mil 700 kilómetros, poco más que la Tierra, pero se cree que su masa es 60 por ciento mayor.


La estrella a la que circunda es una enana roja de una quinta parte del tamaño del Sol. El planeta la orbita a poco más de 2 kilómetros y por eso es tan caluroso.


Nuestro objetivo es hallar una melliza de la Tierra, comentó el astrónomo David Charbonneau, del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica, uno de los autores, pero de paso encontramos un mellizo de Venus.


Puede analizarse con telescopios


Los investigadores estiman que, por tanto, en GJ 1132b hay una atmósfera similar a la de Venus en nuestro sistema solar, que gracias a la distancia relativamente escasa puede analizarse con telescopios.


En otro artículo en Nature, Dake Deming, de la Universidad de Maryland, que no participó en el estudio, dijo que los astrónomos podrán estudiar el nuevo planeta con una fidelidad sin precedente dada su proximidad y el tamaño reducido de su estrella. Por eso lo considera posiblemente el planeta más importante hallado fuera del sistema solar.


Cada 1.6 días el exoplaneta pasa delante de su estrella madre, visto desde la Tierra, y le da un poco de sombra. Por esta pequeña oscuridad regular los astrónomos descubrieron a GJ 1132b.


Cada vez oscurece a la estrella 0.3 por ciento, lo que reveló a los investigadores también su tamaño.


Además, el planeta arroja su fuerza de gravedad sobre su estrella madre, que por eso oscila ligeramente. Gracias a la intensidad de ese movimiento se pudo calcular la masa del exoplaneta.

Sábado, 25 Abril 2015 07:08

El ojo del Universo

El ojo del Universo

En la astronomía es considerado el invento más revolucionario desde el telescopio de Galileo de 1609. El Hubble fue diseñado para operar 20 años, pero ya lleva un cuarto de siglo enviando fotos que cambiaron la manera de entender el Universo y sus orígenes.

Para los seguidores de la saga de Stars Wars y curiosos en general, esta semana se recuerda el 25º aniversario de un hito para la Humanidad. El avance más importante de la astronomía desde que Galileo tuvo su genial invención en el lejano 1609, el Hubble es prácticamente una máquina del tiempo que revolucionó la astronomía y lleva a los científicos a intentar comprender los inicios del Universo. Del tamaño de un autobús, de 11 toneladas de peso, el primer telescopio espacial fue lanzado el 24 de abril de 1990 por el transbordador Discovery y lleva el nombre de un célebre astrónomo estadounidense, Edwin Powell Hubble (1889-1953). Tuvo dificultades al principio, pero por la vía de un correctivo comenzó a enviar información valiosa de galaxias lejanas. A la fecha tomó más de un millón de imágenes espectaculares de distintos cuerpos celestes. En su momento, lanzarlo al espacio costó unos 1500 millones de dólares.


El Telescopio Espacial Hubble (TEH) se dedica a la exploración de las profundidades del espacio. Comenzó a transmitir imágenes impactantes de supernovas, de las cataclísmicas explosiones que marcan la muerte de una estrella y de otros cuerpos celestes. El TEH orbita la Tierra a 570 kilómetros de altitud –no mucho más arriba que la Estación Espacial Internacional (ISS), que está a cerca de 400 kilómetros– y da la vuelta al globo en 97 minutos a una velocidad de 28.000 kilómetros por hora.
"Con el Hubble, la Humanidad mira el Universo y ve su lugar en él", explicó la astrónoma Jennifer Wiseman, quien monitorea el telescopio desde el Centro Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, nordeste de Estados Unidos. "Este telescopio nos mostró que el cosmos cambió en el curso del tiempo; que las estrellas producen todos los elementos necesarios para la vida y para la formación de los planetas", añadió la científica.


Una de sus fotos más emblemáticas fue la de las gigantescas columnas de gas y de polvo interestelar a 6500 años luz de la Tierra, en la Nebulosa del Aguila, apodadas "los pilares de la creación". El Hubble reveló además agujeros negros en el corazón de galaxias cuya existencia hasta entonces la ciencia solamente podía suponer. También tomó más de un millón de imágenes de cuerpos celestes, algunas en los confines del cosmos, lo cual permitió a los astrónomos calcular con mayor precisión la edad del Universo: cerca de 13.800 millones de años.


Gracias a todas estas imágenes, de una nitidez enormemente mayor a las obtenidas por los más poderosos telescopios terrestres, los astrofísicos pudieron confirmar en 1998 que la expansión del Universo se está acelerando, descubrimiento que bien valió el Premio Nobel de Física 2011 a dos estadounidenses, Saul Perlmutter y Adam Riess, y al australiano Brian Schmidt. Estos cosmólogos descubrieron que la aceleración es el resultado de una misteriosa fuerza llamada "energía oscura", que constituiría cerca del 70 por ciento del Universo. El resto del cosmos está formado por 5 por ciento de materia visible y 25 por ciento de materia oscura invisible, cuya presencia se manifiesta por sus efectos gravitacionales sobre los cuerpos celestes.
Entre otros descubrimientos del Hubble figura la detección de la primera molécula orgánica en la atmósfera de un planeta que orbita en torno de una estrella lejana de la Vía Láctea. Además, el telescopio permitió avanzar en el conocimiento del Sistema Solar y concluir que la formación de planetas es relativamente común. "El Hubble desempeñó un papel muy importante al infundir en los habitantes de nuestro planeta un sentido de la maravilla por este Universo en el que vivimos", subrayó la astrónoma Wiseman.


El TEH mide 13,2 metros de largo por 4,2 metros de diámetro y es fruto de una colaboración entre la agencia espacial estadounidense (NASA) y la Agencia Espacial Europea (ESA). El telescopio transmite cerca de 120 gigabytes de datos científicos por semana, que equivalen a una pila de libros de 1097 metros de altura. La gigantesca y siempre creciente colección de imágenes y datos se almacena en discos magneto-ópticos. Asimismo, los dos espejos del TEH fueron pulidos de manera que su curvatura, casi perfecta, no se desvíe más de 2,5 centímetros. El diámetro del espejo principal es de 2,4 metros y pesa 828 kilogramos. El secundario tiene 30 centímetros de diámetro y pesa 12,3 kilos.


El Hubble es además extremadamente estable. Posee dos magnetómetros que determinan su orientación con respecto al campo magnético terrestre y tres sistemas que contienen cada uno dos giroscopios, que detectan los movimientos de rotación. De esta manera, el telescopio puede enfocar un objetivo con una precisión que le permite, por ejemplo, alcanzar con un rayo láser un blanco del tamaño de un centavo a 250 kilómetros de distancia. También puede observar objetos astronómicos con gran detalle. El TEH sería capaz de "ver" luciérnagas en vuelo a 10.000 kilómetros de él, es decir, casi la distancia entre la capital mexicana y Tokio a lo largo del Océano Pacífico.


Tuvo sus reveses en los primeros tiempos, para lo cual se enviaron astronautas con la misión de "ajustar tuercas". Tres años después de su despliegue, ya estaba completamente operativo. El problema fue que la concavidad de su espejo principal tenía una falla que forzó el envío de una nave espacial para instalar un mecanismo corrector, en un operativo muy delicado que se efectuó en 1993.


El Hubble está equipado actualmente con cinco instrumentos que fueron modernizados o agregados posteriormente, mientras otros fueron retirados en las cinco misiones de mantenimiento que hicieron los astronautas en 1993, 1997, 1999, 2002 y 2009. Se trata de cámaras y espectrómetros que operan con luz ultravioleta, luz visible o infrarroja cercana. Su electricidad se alimenta por paneles solares de 7,6 metros, cada uno de los cuales produce 2800 watts: el consumo equivalente al de un departamento de cuatro habitaciones.


Con un costo inicial al momento de su lanzamiento de 1500 millones de dólares, el TEH es una verdadera superestrella de la astronomía. Más adelante debería coexistir con su sucesor, el telescopio espacial infrarrojo James Webb, que será lanzado en 2018 y será cien veces más potente. Desde la NASA, el astrónomo Matt Greenhouse afirma que "el Webb podría revolucionar otra vez la astronomía". Ni Carl Sagan lo hubiera imaginado.

Sophie Van Eck: "Las estrellas son las verdaderas alquimistas cósmicas"

Esta científica de la Universidad Libre de Bruselas ha logrado junto a su equipo medir por primera vez en la historia la temperatura del centro de una estrella.


BRUSELAS.- En 1926, el astrofísico Sir Arthur Eddington afirmó en su obra La constitución interna de las estrellas que "el interior del sol y de las estrellas es menos accesible que cualquier otra región del Universo. ¿Qué instrumental podría atravesar las capas externas de las estrellas y analizar las condiciones de su interior?".


Casi 90 años después, esta pregunta está empezando a tener respuesta en el trabajo de un equipo de seis astrofísicos liderados por la belga Sophie Van Eck (Bruselas, 1971). Los científicos, de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, y la de Montpellier, en Francia, han logrado por primera vez en la historia medir la temperatura del centro de una estrella. El estudio se publicó el 8 de enero en Nature.

Van Eck, científica de la Universidad Libre de Bruselas e investigadora asociada del Fondo Nacional de Investigación Científica de Bélgica (el CSIC belga), es una de las astrofísicas más destacadas del mundo. Ha sido reconocida, entre otras cosas, por el descubrimiento en 2001 de las primeras estrellas-plomo, estrellas gigantes muy ricas en este material.

Es la primera vez que se mide la temperatura en el interior de las estrellas. ¿Cuál ha sido el principal desafío para ello?
Es la primera vez que se hace a través de mediciones directas. El principal desafío es que no se puede acceder físicamente al interior de una estrella, de modo que hay que hacerlo midiendo ciertos fenómenos que se producen en ellas y a partir de ahí realizar cálculos para obtener resultados concretos y fiables. En este caso, hemos medido unos 100 millones de grados centígrados.

Porque, ¿de qué está hecha una estrella?


Principalmente de hidrógeno, una pequeña parte de helio, y trazas de elementos pesados. El plomo es uno de esos elementos pesados que fabrican las estrellas, pero no todas fabrican plomo, sólo las gigantes, y sólo lo hacen cerca del final de su vida. Además de plomo, también fabrican otros elementos que se usan hoy para numerosas aplicaciones tecnológicas, como el niobio (en los imanes potentes) o el cerio (en los catalizadores).

Usted descubrió en 2001 las primeras estrellas-plomo. ¿Son las que se han investigado en este trabajo?
Nosotros nos hemos centrado en las estrellas de tipo S. Las estrellas-plomo, conocidas como estrellas CH, son estrellas gigantes compuestas de hidrógeno y helio y muy ricas en elementos más pesados, sobre todo, plomo. Las estrellas S no son tan ricas en plomo u otros elementos pesados como éstas aunque, eso sí, son también gigantes. El Sol mismo también tiene plomo, por ejemplo, aunque en muy poca cantidad y proviene, en realidad, de generaciones previas de estrellas. De hecho, el Sol se convertirá en una de estas estrellas gigantes en unos 4.000 millones de años. Para entonces su radio se habrá incrementado entre 400 y 500 veces.

¿Cuántas estrellas han analizado en esta investigación?


En nuestra muestra hay 23 en total, 17 son de tipo S y otras seis de tipo M, estrellas gigantes pero sin apenas elementos pesados. Éstas las hemos empleado como referencia.

 

¿Cómo se ha podido medir la temperatura en el interior de esas estrellas?


En las regiones cercanas al núcleo, una estrella sintetiza elementos muy pesados, como decimos, y desde esas zonas son eyectados hacia la superficie de la estrella. Dicho proceso emite luz, y medir esa luz al final es como usar un termómetro puesto que a través de esas mediciones podemos calcular a qué temperaturas han de producirse procesos que tienen lugar en el núcleo de los átomos de ciertos elementos, procesos como que se combinen dos núcleos (es decir, una fusión nuclear) o cuando un núcleo captura un neutrón.


¿De qué manera se han observado estas estrellas?


Esto es fundamental. Junto a lo que he descrito antes, hemos necesitado una enorme cantidad de datos de mucha calidad sobre las estrellas estudiadas, que hemos obtenido mediante el espectrógrafo HERMES, instalado en el telescopio Mercator de la Universidad de Lovaina y ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, Canarias. Con todos los datos recabados, hemos elaborado modelos informáticos de proyecciones sobre la evolución de los elementos en el interior de la estrella y así calculamos su temperatura.

 

¿Se puede calcular también su edad a través de este método?


No hemos medido exactamente la edad de la estrella, lo que hemos hecho ha sido medir el tiempo empleado por estas estrellas S en una fase muy específica de su evolución, es decir, el período en el que producen y llevan a su superficie elementos pesados. Pero sólo se trata de un período. Para obtener la edad, debería añadírsele las duraciones de todas las fases evolutivas de la estrella. Hay grandes incertezas sobre la duración de esas otras fases. Para realizar esos cálculos en la mayoría de los casos hay que basarse en predicciones de modelos teóricos. De todos modos, el cálculo en sí que hemos realizado no es novedoso, pero sí el método que hemos empleado para ello.

¿Cómo lo han hecho y qué resultado han obtenido?


Es más o menos lo mismo que se hace con la técnica del carbono 14, pero con una diferencia: mientras que ese método sirve para calcular directamente la edad completa de un objeto, en nuestro caso usamos tratamos de medir el tiempo que un elemento ha tardado desde que fue fabricado en el interior de la estrella hasta que ha llegado a la superficie. La conclusión que este proceso dura entre uno y tres millones de años. En nuestro trabajo hemos medido con la ayuda de cosmocronómetros, por lo que somos de algún modo más independientes en la medición que empleando modelos teóricos para predecir su edad, como hasta ahora.

¿En qué se parece este proceso a la técnica del carbono 14?


En que nuestras mediciones se basan también en la medición de isótopos, esto es, átomos de un mismo elemento químico pero cuyos con núcleos tienen una cantidad diferente de neutrones. Como hemos dicho, en el interior de la estrella los elementos químicos sufren procesos que alteran su núcleo, como la fusión nuclear o cuando un núcleo captura un neutrón. Es decir, que se producen elementos radiactivos que permiten realizar una datación. Se trata entonces de medir la proporción de ciertos isótopos respecto a otros en la superficie. Estos isótopos, por cierto, una vez transportados hasta las zonas externas de las estrellas son arrojados al espacio cuando la vida de la estrella toca a su fin, y se reintegran en el medio interestelar y en las grandes nubes que lo componen, de las cuales nacerán nuevas estrellas en el futuro. Nuestro Sol pasó por esta situación hace 4.500 millones de años.


¿Así es el final de una estrella, que es o puede ser a su vez el principio de otras?


El final de la estrella es cuando pierde masa y eso depende de muchos factores. Pero sí sabemos que hacia el final de su vida el núcleo de la estrella va fabricando esos elementos pesados y los eyecta a la superficie. Allí forman una nebulosa planetaria, formada de conchas de estrellas, que son ionizadas por la luz de la propia estrella. Esa nebulosa son planetas ni tienen nada que ver con ellos. En cuanto al núcleo de la estrella, éste nunca es eyectado pero llega un momento en que deja de ser una fuente de energía y se apaga.

Para las estrellas analizadas en su investigación han calculado 100 millones de grados. ¿Qué implicaciones tiene este dato?
Otros estudios previos, basados en el análisis de ciertos elementos en meteoritos, apuntaban a una temperatura más elevada, más de 300 millones de grados, para el proceso de construcción de elementos pesados en el núcleo de las estrellas S, proceso llamado nucleosíntesis. Dichos estudios apuntaron a que era el neón el elemento que estaría en el origen de los neutrones requeridos para construir los elementos pesados en la estrella. En nuestro trabajo, basado no ya en los meteoritos sino en el análisis de las estrellas, hemos mostrado, sin embargo, que la temperatura es mucho más baja de 250 millones de grados y también que es el carbono el que está en el origen de los neutrones necesarios para se produzcan esos elementos pesados en las estrellas.

 

Entonces, ¿el plomo y otros elementos pesados provienen de las estrellas?


Sí. Las estrellas son unas verdaderas alquimistas cósmicas. El Big Bang generó sólo hidrógeno, helio y trazas de elementos más pesados, como el litio. Todos los demás elementos fueron fabricados después en el interior de las estrellas gigantes, durante lentas fases de su evolución, o en supernovas. De hecho, algunos planetas, como los planetas gigantes gaseosos, tienen en gran medida la misma composición que las estrellas; Júpiter, de hecho, tiene básicamente la misma composición que el Sol. Sin embargo, no son tan suficientemente masivos como para alcanzar las altas temperaturas con las que quemar hidrógeno hasta convertirlo en helio, que es lo que hacen las estrellas. Esos planetas son estrellas fallidas.

 

Entonces, ¿qué fue primero, los planetas o las estrellas?


Es una cuestión difícil. Una cosa es segura: las estrellas tuvieron que formarse en el incipiente universo compuestas prácticamente sólo de hidrógeno y helio, son las llamadas estrellas de primera generación, para después poder producir los elementos pesados que ahora se encuentran en el universo, como el plomo. Si la primera generación de estrellas tenía ya planetas orbitando a su alrededor es algo que aún ignoramos.

¿Y qué hay del sol, qué tipo de estrella es?


El Sol podría ser una estrella de tercera o cuarta generación.

 

¿Qué sucede después con esa nebulosa planetaria de elementos muy pesados que se forma cuando la estrella se extingue?
Esas capas de material eyectado por la estrella pueden ir más allá y acabar formando una especie de nube de, digamos, chatarra espacial que podría reconvertirse en una nueva estrella, mucho más rica que las anteriores en esos nuevos elementos que la componen ahora.


¿Hasta qué punto las estrellas son la clave para comprender el universo?


Son la clave porque las galaxias están hechas de estrellas, la composición de los elementos pesados del universo son fabricados por las estrellas... La comprensión de la física de la atmósfera de las estrellas y el conocimiento de las distancias y de la masa de las estrellas son fundamentales para predecir su evolución y determinar precisamente su composición química. Por lo tanto, podemos saber cómo las estrellas, reales factorías para producir átomos, que enriquecen el universo con elementos pesados. Su estudio nos ofrece información crucial, incluyendo una mejor comprensión de la evolución química de las galaxias formadas por miles de millones de estrellas, y particularmente ésas que componen nuestra propia galaxia desde el Big Bang.

¿En qué centra ahora sus investigaciones?


Estoy centrada en investigar las abundancias de diferentes tipos de estrellas, el estudio tomográfico de estrellas gigantes, de las atmósferas estelares. Y también estoy involucrada en el proyecto europeo GAIA-ESO Survey.

 

¿Cuál es el objetivo de este último proyecto?


Está encaminado a analizar el movimiento de las estrellas, lo que llamamos la velocidad radial, así como la abundancia estelar en la galaxia. La misión del satélite GAIA calculará distancias y velocidades radiales de 1.000 millones de estrellas. Este proyecto pretende caracterizar mejor pequeña muestra de estrellas, unas 100.000 estrellas, pero tratando de detectar abundancias precisas de varios elementos químicos. De esta manera, tendremos una visión más completa de la evolución de las estrellas y de su proceso de nucleosíntesis así como de su movimiento en la galaxia.