Canibalismo entre algunas células cancerosas propicia nuevos tumores tras quimioterapia

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, descubrieron que algunas células cancerosas sobreviven a la quimioterapia al comerse las células tumorales vecinas.

El estudio, que se publica en el Journal of Cell Biology, sugiere que este acto de canibalismo proporciona a esas células la energía que necesitan para mantenerse con vida e iniciar una recaída tumoral después de completar el tratamiento.

Los medicamentos de quimioterapia, como la doxorrubicina, matan las células cancerosas al dañar su ADN, pero las que sobreviven al tratamiento inicial pronto pueden dar lugar a tumores recurrentes.

Este es un problema particular en los cánceres de seno que retienen una copia normal de un gen llamado TP53.

En lugar de morir en respuesta al daño del ADN inducido por la quimioterapia, esas células cancerosas generalmente dejan de proliferar y entran en un estado latente, pero metabólicamente activo conocido como senescencia.

Otros factores

Además de sobrevivir a la quimioterapia, esas células producen grandes cantidades de moléculas inflamatorias y otros factores que pueden promover el crecimiento del tumor. Por tanto, los pacientes con cáncer de mama tratados con quimioterapia con genes TP53 normales son propensos a recaer y tienen tasas bajas de supervivencia.

"Comprender las propiedades de esas células es extremadamente importante", señaló Crystal A. Tonnessen-Murray, investigadora posdoctoral en el laboratorio de James G. Jackson en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane.

Tonnessen-Murray y sus colegas descubrieron que, luego de la exposición a la doxorrubicina u otros medicamentos de quimioterapia, las células de cáncer de mama que se vuelven senescentes con frecuencia engullen a las enfermas vecinas.

Los investigadores observaron este comportamiento no sólo en las células cancerosas cultivadas en el laboratorio, sino también en los tumores que crecen en ratones.

Detectaron que las células de cáncer de pulmón y hueso también engullen a sus vecinas después de volverse senescentes.

Tonnessen-Murray y sus colegas hallaron que las células cancerosas senescentes activan un grupo de genes que normalmente tienen actividad en los glóbulos blancos que comen los microbios invasores o los desechos celulares.

Las células cancerosas senescentes que engulleron una célula vecina sobrevivieron en cultivo durante más tiempo que las que no lo hicieron.

"La inhibición de este proceso puede proporcionar nuevas oportunidades terapéuticas, porque sabemos que son los pacientes con cáncer de mama con tumores que sufren senescencia mediada por TP53 en respuesta a la quimioterapia los que tienen tasas bajas de supervivencia", afirmó Jackson.

Secuencian genoma del tiburón blanco; aporta claves para la salud humana

Detectan mecanismos contra el desarrollo de cáncer, para la curación de heridas y coagulación

En un paso científico importante con implicaciones en la salud humana, investigadores decodificaron el genoma completo del gran tiburón blanco, depredador icónico.

Un equipo liderado por científicos del Centro de Investigación de Tiburones de la Fundación Salvemos Nuestros Mares, de la Universidad Nova del Sureste (UNS) y el Instituto de Investigación Guy Harvey (GHRI), el Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell, y el Acuario de la Bahía de Monterey, en Estados Unidos, completaron el genoma de ese animal y lo compararon con los de una variedad de otros vertebrados, incluyendo el tiburón ballena gigante y el ser humano.

Los hallazgos se detallan en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. La decodificación del genoma reveló su enorme tamaño (una vez y media el tamaño del genoma humano), así como una gran cantidad de cambios genéticos que podrían estar detrás del éxito evolutivo de los tiburones de gran cuerpo y larga vida.

El gran tiburón blanco es una de las criaturas marinas más reconocidas en la Tierra, generando una gran fascinación pública y atención de los medios. Posee características notables, como su tamaño de 6 metros y peso de cerca de 4 toneladas, además del buceo a unos mil 200 metros de profundidad. También son una gran preocupación para la conservación, debido a su número relativamente bajo en los océanos del mundo.

Los investigadores encontraron sorprendentes cambios específicos que indican adaptación molecular (también conocida como selección positiva) en numerosos genes con funciones importantes en el mantenimiento de la estabilidad del genoma, los mecanismos de defensa genética que contrarrestan la acumulación de daño al material genético de una especie, por tanto, conservando su integridad.

Esos cambios de secuencia adaptativa se hallaron en genes íntimamente relacionados con la reparación, respuesta al daño y tolerancia a éste del ADN, entre otros. El fenómeno opuesto, la inestabilidad, que resulta del daño acumulado en el material genético, se conoce bien por predisponer a los humanos a cánceres y enfermedades relacionadas con la edad.

"No sólo hubo un número sorprendentemente alto de genes de estabilidad del genoma, sino también un enriquecimiento de varios de ellos, destacando la importancia del ajuste genético en el tiburón blanco", afirmó Mahmood Shivji, director del Centro de Investigación de Tiburones de la Fundación Salvemos Nuestros Mares. Dirigió el estudio con Michael Stanhope, de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell.

Genes saltarines

También fue notable que el genoma contenía un número muy alto de "genes saltarines" o transposones, y en este caso un tipo específico, conocido como LINE.

"Se sabe que los LINE causan inestabilidad genómica al crear rupturas de doble cadena en el ADN. Es plausible que la proliferación de ellos represente un agente selectivo fuerte para la evolución de mecanismos de reparación eficientes, y se refleja en la selección positiva y el enriquecimiento de tantos genes de estabilidad", sostuvo Stanhope.

El equipo de investigación, que incluyó a científicos de las universidades Estatal de California, de Clemson, y de Oporto (Portugal), así como del Centro Theodosius Dobzhansky de Bioinformática Genética, Rusia, encontró que muchos de los mismos genes de estabilidad del genoma en el gran tiburón blanco también estaban bajo selección positiva y se enriquecieron con el tiburón ballena de gran cuerpo y larga vida.

El descubrimiento de que el tiburón ballena también tenía estas adaptaciones clave de la estabilidad del genoma fue significativo porque, en teoría, el riesgo de desarrollar cáncer debería aumentar tanto con el número de células (cuerpos grandes) como con la vida útil de un organismo: existe un apoyo estadístico para una relación positiva del tamaño del cuerpo y el riesgo de cáncer dentro de una especie. Curiosamente, esto no tiende a resistir entre especies.

Al contrario de lo que se espera, los animales de cuerpo muy grande no padecen cáncer con más frecuencia que los humanos, lo que sugiere que han desarrollado capacidades superiores de protección contra esa enfermedad. Las innovaciones genéticas descubiertas en los genes de estabilidad del genoma en el tiburón blanco y la ballena podrían ser adaptaciones que faciliten la evolución de sus grandes cuerpos y su larga vida útil.

"Decodificar el genoma del tiburón blanco es proporcionar a la ciencia un nuevo conjunto de claves para descubrir misterios persistentes sobre estos depredadores: por qué han prosperado durante unos 500 millones de años, más que casi cualquier vertebrado en la Tierra", afirmó Salvador Jorgensen, del Acuario de la Bahía de Monterey, coautor del estudio.

Además, el genoma reveló otras adaptaciones evolutivas. "Encontramos genes vinculados a algunas de las vías más fundamentales en la curación de heridas, incluso en un gen clave de coagulación", destacó Stanhope.

Los investigadores dicen que acaban de explorar la "punta del iceberg" respecto del genoma del tiburón blanco. "La inestabilidad del genoma es un tema muy importante en muchas enfermedades humanas graves. Ahora descubrimos que la naturaleza ha desarrollado estrategias inteligentes para mantener la estabilidad de los genomas en estos tiburones de gran cuerpo y de larga vida", explicó Shivji.

Emplean secuenciación genómica para detectar mutaciones causadas por sustancias y contaminantes

Día con día los seres humanos estamos expuestos a una serie de sustancias y contaminantes causantes del mal funcionamiento de nuestros genomas, lo que provoca una agresión severa a la salud.

Esta es "una situación muy delicada", porque la probabilidad de contraer cáncer o cualquier enfermedad degenerativa se multiplica, según Esperanza Martínez Romero, coordinadora de la licenciatura en ciencias genómicas de la unidad Morelos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La investigadora mencionó que la exposición a los mutágenos (agentes que alteran la información genética) tienen efectos multiplicativos, por lo que se potencian; es decir, el efecto de un mutágeno más otro es mayor que la suma de los dos. Por tanto, "mutamos porque hemos llegado a niveles de contaminantes nunca antes vistos en la historia de la humanidad".

Hacer la secuenciación del genoma permite detectar las mutaciones. La genómica es un área emergente del conocimiento que arroja datos sobre la información genética, que debe ser decodificada para entender lo que dicen los genomas.

"Enseñamos a los alumnos que puedan sumergirse, entender, descifrar, extraer conocimiento de todos estos datos genómicos que están revolucionando la medicina, la biología, la agricultura, los conceptos de evolución que tenemos."

Martínez Romero señaló que los análisis completos de los genomas han permitido identificar qué genes determinan ciertas enfermedades. De esta manera, los genes que causan las enfermedades se pueden contraseleccionar, es decir, que los individuos que portan esos genes no se reproduzcan.

Otra alternativa es tratar de editar el genoma: la persona sabe de qué gen es mutante y que es probable que sus hijos padezcan cierta enfermedad, por lo que decide que separen su genoma para "quitarle" el problema.

Controversial pero con amplio alcance

Esta segunda opción desemboca en una situación controversial pues, de acuerdo con la académica, el riesgo es mucho mayor porque aunque la genómica ha impulsado el uso de la tecnología, ésta aún no es completamente aplicable para modificar genomas. Sin embargo, refirió que sería benéfica para aquellas personas con enfermedades letales o para las que no existe cura farmacopeica.

Sostuvo que los países desarrollados serán los primeros en tener acceso a esta tecnología de manera casi rutinaria, lo que hará más fácil la toma de decisiones al pensar en tener hijos. Por tanto, personas con Huntington o mal de Parkinson podrán saber si heredaron la mutación, es decir, el problema genético que llevará a padecer esa enfermedad.

El poder de la genética ha sido tal que "lo que nos imaginamos que nos darían y dirían los genomas se ha quedado corto".

Los estudios genómicos también han arrojado descubrimientos de mutaciones de novo, es decir, aquellas que surgieron en el proceso de generar un nuevo ser vivo, explicó la investigadora.

Esperanza Martínez Romero aseguró que los retos que enfrenta esta ciencia son enormes. "Estamos prácticamente en la prehistoria de la genómica, desconocemos la función de los genes de muchos organismos".

 

Los pañales desechables, nido de sustancias tóxicas

Hoy es 28, pero no de diciembre, cuando se divulgan divertidas y extrañas noticias para celebrar a los santos inocentes. La siguiente es cierta y una prueba más de cuánta razón tienen quienes luchan contra los plaguicidas y defienden la salud de las personas y la naturaleza.


La agencia responsable de la seguridad sanitaria en Francia afirma que algunas sustancias que contienen los pañales desechables son un riesgo para los bebés. Gracias a un estudio realizado en 2017, la dependencia identificó en ellos la presencia de varios hidrocarburos aromáticos policíclicos y dioxinas: son cancerígenos.


En los pañales había 60 sustancias tóxicas como el glifosato, herbicida cancerígeno al que tantas veces he criticado aquí. Lo elaboraba la estadunidense Monsanto, hoy propiedad de Bayer. También varios plaguicidas prohibidos desde hace años en decenas de países, como el lindano, el quintozeno o el hexaclorobenceno. A ellos se suman dioxinas, el alcohol bencílico o el butilfenil y los policlorobifenilos (PCB). Las autoridades galas descubrieron hasta hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) que podemos encontrar en el humo de cigarrillos y en las emisiones de los automóviles.


Tras una reunión convocada por la ministra de salud, Agnès Buzyn, y en la que también estuvieron Bruno Le Maire, titular de Economía y el de Transición Ecológica, François de Rugy, la ministra declaró que existe un riesgo potencial a largo plazo de causar diversas enfermedades, máxime que algunos de los compuestos identificados superan los límites sanitarios aceptables. Por eso el gobierno francés exigió a los fabricantes de dichos pañales eliminar, en un plazo máximo de seis meses, las sustancias tóxicas encontradas en ellos.


Para no alarmar a la población, la ministra dijo que no existe prueba concluyente de que sean peligrosos los pañales utilizados por 95 por ciento de los bebés franceses. Y que obviamente debemos seguir poniendo pañales a nuestros bebés, llevamos al menos 50 años utilizándolos. Mas advirtió que no se tolerará un retraso en las medidas correctivas. Los tres ministros exigieron que, en un plazo de dos semanas, los fabricantes y distribuidores de esos pañales presenten un plan de acción para conocer el proceso de la eliminación de las sustancias potencialmente tóxicas.


Por su parte, Gérard Lasfargues, director de la agencia de seguridad sanitaria francesa, reveló que, en sus primeros tres años de vida, un bebé llega a usar 4 mil pañales y que algunos de los componentes pueden migrar a través de la orina del bebé hasta ser absorbidos por la piel, lo que ocasionaría desde alergias cutáneas por sustancias perfumantes hasta quizás riesgos cancerígenos por los PCB o las dioxinas.


Nuestros pañales son seguros y siempre lo fueron, aclaró la empresa Pampers, perteneciente a la poderosa trasnacional estadunidense Procter and Gamble, y asegura haber puesto en práctica las recomendaciones del estudio. ¿En tan pocos días? ¡Qué sorprendente logro tecnológico!


De la lista de sustancias peligrosas encontradas en los pañales, destaco el glifosato, que tanto daño ha ocasionado a la población y al medio ambiente al aplicarse en plantaciones de soya de Argentina y Brasil, y utilizarlo como defoliante en la lucha contra los cultivos ilícitos en Colombia. En México se utiliza con toda impunidad.


En cuanto a los pañales desechables, afectan muy negativamente al medio ambiente. Tardan varios siglos en degradarse. Alrededor de 15 por ciento de los residuos sólidos que se generan en los hogares mexicanos son pañales. Cada año billones de ellos se tiran a la basura. Pese al grave daño que ocasionan, no se apoyan de manera suficiente los proyectos para elaborarlos de tela o biodegradables, mucho menos dañinos para la salud de los bebés y el ambiente.


Es necesario y urgente que los titulares de las secretarías de Salud, Medio Ambiente y Comercio de México informen si los millones de pañales desechables que se venden aquí son tan potencialmente dañinos para la salud de los bebés, como acaba de revelar el gobierno francés sobre los que se utilizan en dicho país.

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El Nobel de Medicina, para la primera inmunoterapia contra el cáncer

El premio ha sido para los investigadores James P. Allison y Tasuku Honjo, por el desarrollo de una técnica que permite al sistema inmune atacar el cáncer

"Los Premios Nobel de este año han establecido un principio completamente nuevo para la terapia del cáncer". Así se anunciaba hace apenas unos minutos la entrega del premio Nobel de Medicina a James P. Allison y Tasuku Honjo, los principales artífices de la inmunoterapia, un tratamiento basado en estimular la capacidad inherente de nuestro sistema inmunológico para atacar las células tumorales. Por tercera vez en la historia de los Nobel, la academia sueca ha decidido premiar a un avance an la lucha contra el cáncer.

A finales de los noventa, James Allison demostró que presionando las teclas celulares adecuadas podía desencadenar una respuesta inmunológica que destruiría las células tumorales. Allison estudió una proteína que funciona como un freno para el sistema inmune y se dio cuenta del potencial de liberar el freno para que nuestras células inmunes puedan atacar los tumores.


Paralelamente, Tasuku Honjo descubrió una proteína en las células inmunitarias y, tras una cuidadosa exploración de su función, finalmente reveló que también funciona como un freno, pero con un mecanismo de acción diferente. Las terapias basadas en su descubrimiento demostraron ser sorprendentemente efectivas en la lucha contra el cáncer.
Ambos investigadores demostraron que las estrategias para inhibir los frenos en el sistema inmunológico podían ser utilizadas en el tratamiento del cáncer, algo que ha sido calificado por la academia sueca como "un hito en nuestra lucha contra el cáncer".


Los premiados


James P. Allison nació en 1948 en Alice, Texas. Obtuvo su doctorado en 1973 en la Universidad de Texas, donde actualmente dirige el departamento de Inmunología del centro Anderson para investigación contra el cáncer. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y del Instituto de Medicina, y es miembro de la Academia Americana de Microbiología y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Es director del consejo asesor científico del Instituto de Investigación del Cáncer. Anteriormente, fue presidente de la Asociación Americana de Inmunólogos


Tasuku Honjo nació en 1942 en la ciudad de Kyoto. Se doctoró en 1975 en la Universidad de Kyoto donde actualmente es Director General Adjunto y Profesor Distinguido del Instituto de Estudios Avanzados. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, de la Academia Alemana de Ciencias Naturales Leopoldina y de la Academia de Japón.

eldiario.es
01/10/2018 - 12:34h

 

Monsanto, condenado en EE UU por no advertir que su herbicia podía ser cancerígeno

La mal reputada Monsanto recibió un golpe duro este viernes tras perder el primer juicio por herbicida de glifosato en Estados Unidos. Un jurado de San Francisco ordenó al gigante agroindustrial pagar casi 290 millones de dólares en daños a Dewayne Johnson por no advertir de que el glifosato que contenía su herbicida era cancerígeno. Johnson desarrolló un linfoma no Hodgkin incurable que, según él, apareció tras utilizar durante los productos de la compañía en los terrenos escolares de la ciudad de Benicia, en California, razón por la que demandó a la multinacional.


El juez encontró que la compañía actuó con "malicia" y que su herbicida Roundup, y su versión profesional RagenrPro, contribuyó "sustancialmente" a la enfermedad terminal de Johnson. La respuesta de la compañía, casi inmediata, fue que apelará el veredicto. "La decisión de hoy no cambia el hecho de que más de 800 estudios y revisiones científicas, y conclusiones de la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, los Institutos Nacionales de Salud de los EE UU y las autoridades reguladoras de todo el mundo, respaldan el hecho de que el glifosato no causa cáncer, y no causa el cáncer del Sr. Johnson", sostuvo Scott Partridge, vicepresidente de Monsanto.


Johnson, de 46 años, sufre de un linfoma incurable no hodgkiniano, que atribuye al hecho de haber rociado los terrenos de la escuela para la que trabajaba entre 2012 y 2014 con RoundUp y RangerPro. El caso se basó en las conclusiones del Centro Internacional de Investigación del Cáncer, un organismo de la OMS, que desde 2015 catalogó al glifosato como "probablemente cancerígeno".


Es la primera vez que Monsanto, adquirido por la alemana Bayer en junio por 66.000 millones de dólares (53.373 millones de euros), se encuentra sobre el banquillo de los acusados por los potenciales efectos cancerígenos de estos productos que contienen glifosato, una controvertida sustancia. Los expertos coinciden que el veredicto puede abrir la puerta a centenares de nuevas demandas. El mayor productor de semillas transgénicas padece de una mala reputación y es una de las compañías más controvertidas en el universo corporativo global. No parece estar cerca de aljarse de esa fama.

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Un jurado de EEUU ordena a Johnson & Johnson a pagar 4.690 millones por presencia de amianto en los polvos de talco desde los años 70

La justicia ha condenado a la compañía a indemnizar a 22 mujeres que responsabilizan a los productos de haberles causado cáncer de ovarios
Las demandantes acusan a la empresa de que sus polvos de talco tienen amianto desde los años 70
Johnson & Johnson tiene cerca de 9.000 casos similares abiertos

Un jurado en Estados Unidos ha ordenado este viernes a Johnson & Johnson indemnizar con 4.690 millones de dólares a 22 mujeres y sus familias que culpan a los productos de talco de la compañía de haberles causado cáncer de ovarios.


La indemnización, dictada por un jurado en San Luis (Misuri), se divide en 550 millones de dólares en daños compensatorios y otros 4.140 en daños punitivos.


Se trata de la mayor indemnización que afronta hasta la fecha Johnson & Johnson, que tiene cerca de 9.000 casos similares abiertos.


Las demandantes, seis de las cuales ya fallecieron, acusaron al fabricante de productos de cuidado personal y para bebés de haber contribuido al desarrollo de su cáncer de ovarios con sus polvos de talco con amianto desde los años 1970.


Johnson & Johnson, que ya anunció que recurrirá al veredicto, defiende que sus productos de talco ni contienen amianto ni son causantes de cáncer.

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Monsanto deberá defenderse en los tribunales de EEUU contra una denuncia de ocultación de pruebas sobre riesgos de sus herbicidas

Un juez de California acepta que el jurado considere la denuncia de ocultación de pruebas en una demanda contra la empresa, además de las pruebas científicas sobre el cáncer del demandante

Con 46 años, DeWayne Johnson no está preparado para morir. Pero con un cáncer que se expande por todo su cuerpo, los doctores dicen que apenas si le quedan unos meses de vida. Ahora Johnson, marido y padre de tres hijos en California, espera vivir lo suficiente como para hacer que Monsanto asuma la culpa.


El 18 de junio, Johnson se convertirá en la primera persona en llevar a juicio a la multinacional especializada en semillas y productos químicos, acusada de ocultar durante décadas los peligros cancerígenos de sus populares herbicidas Roundup. Ahora su caso acaba de conseguir un gran impulso.


La semana pasada el juez Curtis Karnow emitió una orden para permitir que los miembros del jurado consideren no solo las pruebas científicas sobre el origen del cáncer de Johnson, sino también las acusaciones de que Monsanto eliminó pruebas de los riesgos que conllevaba utilizar sus herbicidas. Karnow dictaminó que el juicio seguirá su curso y que un jurado será el encargado de considerar las indemnizaciones punitivas.


"Las comunicaciones internas anotadas por Johnson podrían apoyar las conclusiones de un jurado de que Monsanto ha sido consciente durante mucho tiempo del riesgo de que sus herbicidas hechos a base de glifosato sean cancerígenos... pero ha buscando continuamente influir en las publicaciones científicas para evitar que sus preocupaciones internas llegasen a la esfera pública y para reforzar sus defensas en acciones de responsabilidad por sus productos", escribió Karnow. "Por lo tanto, hay cuestiones enjuiciables de hechos materiales".


El caso de Johnson, presentado en el tribunal superior del condado de San Francisco, en California, está en primera línea de la lucha legal contra Monsanto. Unos 4.000 demandantes han demandado a la empresa argumentando que la exposición al Roundup causó que ellos o sus familiares desarrollaron el linfoma no Hodgkin. En octubre, está programado que se juzgue otro caso en la ciudad donde Monsanto tiene su sede, San Luis (Missouri).


Estas demandas cuestionan la posición de Monsanto de que sus herbicidas son seguros y aseguran que la compañía ha sabido de los peligros y los ha ocultado a los reguladores y también a la población. Los litigantes citan varios estudios que indican que el ingrediente activo de los herbicidas de Monsanto, una sustancia llamada glifosato, puede provocar LNH y otras dolencias.


También citan investigaciones que muestran que las fórmulas del glifosato de sus productos comerciales son más tóxicas que el glifosato por sí solo. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasificó el glifosato como una sustancia con potencial cancerígeno para los humanos en 2015.
Monsanto "defendió datos falsificados y atacó a los estudios legítimos" que revelaban los peligros de sus herbicidas, y lideró una "campaña prolongada de desinformación" para convencer a las agencias gubernamentales, agricultores y consumidores de que el Roundup era seguro, según la demanda de Johnson.

"Esperamos mostrar la manera en la que Monsanto ocultó el riesgo de cáncer y cómo contaminó la ciencia", defiende Michael Miller, abogado de Johnson. "Monsanto no quiere que la verdad sobre Roundup y el cáncer salga a la luz".


Monsanto ha negado de forma tajante las denuncias, diciendo que sus productos no producen cáncer. Según la empresa, los descubrimientos de la IARC son erróneos y también los estudios que concluyeron que el glifosato y los herbicidas a base de glifosato como el suyo son potencialmente cancerígenos. Monsanto señala que los hallazgos de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EEUU) y otras autoridades reguladoras respaldan su defensa.


"Los herbicidas a base de glifosato están respaldados por una de las bases de datos sobre efectos sobre la salud humana y el medio ambiente más extensas del mundo jamás recopiladas para un producto contra las plagas", afirma Monsanto en su página web. "Amplios estudios toxicológicos y de impacto ambiental realizados a lo largo de los últimos 40 años han demostrado una y otra vez el fuerte nivel de seguridad de este herbicida tan usado".


Un portavoz de la compañía no ha querido hacer comentarios a este diario.


La forma en la que se desarrolle la demanda de Johnson podría ser un indicador para otros demandantes sobre cómo proceder. Si Johnson lo consigue, podría haber muchos más años de duros litigios y duras reclamaciones por daños. Si Monsanto supera con éxito el desafío, podría frustrar otros casos y reducir la presión sobre la empresa.


Según los registros del tribunal, Johnson tenía un trabajo como encargado de mantenimiento del distrito escolar unificado de Benicia, lugar en el que se utilizó números tratamientos herbicidas de Monsanto sobre las propiedades de la escuela desde 2012 hasta, por lo menos, finales de 2015. Estaba sano y activo antes de que le diagnosticaran el cáncer en agosto de 2014.


En una declaración en enero, el médico que trata a Johnson testificó que más de un 80% de su cuerpo estaba cubierto de lesiones y que probablemente solo le quedaban unos meses de vida. Johnson ha mejorado desde que comenzó un nuevo tratamiento en noviembre, pero a veces sigue estando demasiado débil como para hablar o levantarse de la cama, han asegurado sus médicos y sus abogados en expedientes judiciales.


Los abogados de Monsanto planean presentar pruebas de que otros factores causaron el cáncer de Johnson, desafiar la validez científica en la que se basan las afirmaciones de Johnson y presentar sus propios expertos e investigaciones que apoyan que producen productos seguros. La compañía tiene un borrador de evaluación de riesgo de glifosato de la EPA que concluye que es poco probable que sea cancerígeno.


Carey Gillam es directora de investigación de la asociación de consumidores US Right to Know
Traducido por Cristina Armunia Berges

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Detectan partículas de plástico en agua embotellada de varias marcas

Encontraron restos de polipropileno, nylon y PET, usado para hacer las tapas

Evian, Aqua, Aquafina, Dasani, Nestle Pure Life y San Pellegrino, parte de los productos analizados

El agua embotellada de numerosas conocidas marcas de todo el mundo está contaminada con partículas de plástico cuyos peligros para la salud aún se desconocen, según un estudio.

Científicos analizaron el agua de más de 250 botellas en nueve países (Brasil, México, China, Estados Unidos, India, Indonesia, Kenia, Líbano y Tailandia), bajo la coordinación de Sherri Mason, profesora de la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia, de acuerdo con un resumen del estudio publicado en la plataforma periodística Orb Media.

Se halló plástico en 93 por ciento de las muestras de agua embotellada de marcas como Epura, Evian, Aqua, Aquafina, Dasani, Bisleri, Gerolsteiner, Minalba, Wahaha, Nestle Pure Life y San Pellegrino.

Entre los restos de plásticos hallaron partículas de polipropileno, nylon y tereftalato de polietileno (PET), usado para hacer tapas de botellas. En promedio, encontraron en las botellas de un litro de agua 10.4 partículas de una medida cercana a los 0.10 milímetros. Las partículas más pequeñas eran más abundantes: 314.6 por litro de agua de media.

Creo que estos vienen de los procesos de embotellamiento, y que la mayor parte proviene de la misma botella, de su tapón y del proceso industrial de embotellamiento, explicó Mason..

El agua en botellas de vidrio también contenía microplásticos, señala el estudio.

Se desconoce el alcance de los riesgos que representan estas partículas para la salud humana.

Hay una relación con ciertos tipos de cáncer, con la disminución de la cantidad de espermatozoides e incluso con el aumento de algunas enfermedades como el trastorno del déficit de atención o el autismo, declaró Mason.

Según la experta en microplásticos, se ha determinado que estas diferentes afecciones están relacionadas con la presencia de productos químicos sintéticos en el medio ambiente.

Sabemos que los plásticos constituyen un medio para que esas sustancias entren en nuestro cuerpo, explicó.

 

La de grifo, más segura

 

Un estudio anterior, también publicado por Orb Media, había mostrado que en el agua de grifo también estaban presentes partículas de plástico, aunque en cantidades más pequeñas.

El agua del grifo, en general, es mucho más segura que la embotellada, afirmó Mason.

El estudio se realizó a lo largo de tres meses empleando una técnica desarrollada por la Escuela de Química de la Universidad de East Anglia (UEA), en Inglaterra, que permite visualizar micropartículas de plástico gracias a un colorante luminiscente.

Se nos pidió supervisar los resultados y la metodología de forma independiente, para asegurarnos de que el estudio es sólido y creíble, explicó Andrew Mayes, científico de la Escuela de Química de la UEA. Según el experto, los resultados son coherentes.

Jacqueline Savitz, directora para América del Norte de Oceana, una organización no gubernamental que lucha contra la contaminación del océano, dijo que el estudio proporcionaba una razón más para limitar la producción de botellas de plástico.

Es más urgente que nunca hacer que esos envases sean cosa del pasado, declaró Savitz, cuya organización no participó en el estudio.

La Federación Nacional de Agua Envasada y Embotellada (Fnece) de Francia aseguró en un comunicado que el agua producida y vendida en Francia era de la más alta calidad.

El organismo subrayó que no existía una metodología oficial para analizar microplásticos ni un consenso científico.

La Asociación Internacional de Agua Embotellada consideró que esta investigación no se apoya en una ciencia confiable y no ha sido revisado por pares, como es habitual en el campo de las publicaciones científicas.

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La contaminación aumenta un 20% el riesgo de sufrir un tipo de ictus a corto plazo

La exposición a altas concentraciones de hollín procedente de la combustión de los motores diésel eleva la posibilidad de accidente cerebrovascular



La sombra de los efectos nocivos de la contaminación en la salud se alarga tanto como la boina de polución que cubre de cuando en cuando el techo de las grandes ciudades. Además de aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y determinados tumores, de generar déficit de atención en la escuela y alteraciones en el desarrollo cerebral de los niños, o incluso incrementar la mortalidad entre los propios fumadores, la contaminación atmosférica que produce principalmente la combustión de motores diésel está relacionada también con un mayor riesgo de desarrollar un tipo de ictus. El Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y el Instituto de Salud Global Barcelona (ISGlobal) han constatado que la exposición a altas concentraciones de carbón negro (hollín) eleva un 20% el riesgo de sufrir un ictus aterotrombótico.


Los científicos ya conocían que la contaminación atmosférica elevaba la mortalidad por ictus a largo plazo y que los altos niveles de carbón negro —más conocido como hollín— en la atmósfera influía en las muertes por dolencias cardiovasculares. La novedad de esta investigación, explica el doctor Jaume Roquer, jefe del servicio de Neurología del Hospital del Mar y responsable de estudio, es que, por primera vez, se ha demostrado que la exposición a concentraciones elevadas de hollín precipita a corto plazo el desarrollo de un accidente cerebrovascular. "Relacionamos el contaminante del carbón negro, provocado especialmente por la combustión de motores diésel, con un efecto claro en el desarrollo del ictus aterotrombótico, que supone el 30% de los ictus isquémicos que se producen", apunta Roquer. Este tipo de accidente cerebrovascular se produce cuando se desprende una placa de ateroma —formada por colesterol, calcio y otras sustancias que se pegan a las arterias— y obstruye el vaso sanguíneo.


Los investigadores, que han publicado el hallazgo en la revista científica Enviromental Research, analizaron la potencial influencia de dos elementos contaminantes, las partículas finas (PM 2.5) y el carbón negro. El estudio analizó los casos de 2.742 pacientes ingresados en los últimos años (2005-2014) en el hospital del Mar con un ictus. Solo excluyeron del estudio a los enfermos que no disponían de fecha de inicio de la sintomatología clínica del accidente cerebrovascular y a aquellos que vivían fuera del área de referencia del hospital. "Teníamos los datos de los pacientes, a qué hora habían iniciado los prumeros síntomas, cúando entraron en urgencias... Y los relacionamos con los datos de altas concentraciones de contaminantes en la zona", señala el neurólogo.


Los niveles de calidad del aire los midieron, a partir de las directrices que marcan los organismos europeos, con los datos aportados por una estación en Barcelona y herramientas de geolocalización para ubicar a los pacientes. Según los investigadores, Barcelona y la zona del hospital del Mar tienen los mismos niveles de contaminación que Londres. En el período estudiado, los niveles de partículas PM 2.5 fueron de 17,5 microgramos por metro cúbico —las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece la recomendación por debajo de 25 microgramos por metro cúbico de media en el día y 10 de media anual—. Los niveles de hollín eran de 1,4 microgramos por metro cúbico, aunque en este caso, no hay ningún límite recomendado.


"No encontramos relación entre los niveles de PM 2.5 y los casos de ictus, pero descubrimos que cuando había un aumento de contaminación por carbón negro, aumentaba el 20% el riesgo de sufrir un ictus aterotrombótico en las próximas 24 y 72 horas", manifiesta el médico. Las partículas de hollín entran al organismo a través de la respiración y, pese a ser de un tamaño ínfimo, son capaces de "generar reacciones inflamatorias que facilitan reacción trombótica, aumentar el estrés oxidativo, producir una vasoconstricción de las arterias que puede degenerar en una hipertensión, y alterar el ritmo cardíaco", enumera Roquer. Sin embargo, agrega el médico, la exposición a estos contaminantes no producen, per se, el ictus, sino que precipitan su aparición en pacientes con factores de riesgo. "La contaminación desencadena el ictus, pero no lo provoca. Los afectados ya tienen factores de riesgo y arteroesclerosis de base. El exceso de polución lo que hace es precipitar el ictus", agrega.


Los resultados de la investigación, explican los artífices del estudio, vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de concienciar de los riesgos de la contaminación y regular, en concreto, los niveles recomendados de concentración de hollín en el aire. "Los médicos tenemos que ser más proactivos e incluir la contaminación como un factor de riesgo asociado más, como la diabetes o el tabaquismo", advierte Roquer.

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