La contaminación aumenta un 20% el riesgo de sufrir un tipo de ictus a corto plazo

La exposición a altas concentraciones de hollín procedente de la combustión de los motores diésel eleva la posibilidad de accidente cerebrovascular



La sombra de los efectos nocivos de la contaminación en la salud se alarga tanto como la boina de polución que cubre de cuando en cuando el techo de las grandes ciudades. Además de aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y determinados tumores, de generar déficit de atención en la escuela y alteraciones en el desarrollo cerebral de los niños, o incluso incrementar la mortalidad entre los propios fumadores, la contaminación atmosférica que produce principalmente la combustión de motores diésel está relacionada también con un mayor riesgo de desarrollar un tipo de ictus. El Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y el Instituto de Salud Global Barcelona (ISGlobal) han constatado que la exposición a altas concentraciones de carbón negro (hollín) eleva un 20% el riesgo de sufrir un ictus aterotrombótico.


Los científicos ya conocían que la contaminación atmosférica elevaba la mortalidad por ictus a largo plazo y que los altos niveles de carbón negro —más conocido como hollín— en la atmósfera influía en las muertes por dolencias cardiovasculares. La novedad de esta investigación, explica el doctor Jaume Roquer, jefe del servicio de Neurología del Hospital del Mar y responsable de estudio, es que, por primera vez, se ha demostrado que la exposición a concentraciones elevadas de hollín precipita a corto plazo el desarrollo de un accidente cerebrovascular. "Relacionamos el contaminante del carbón negro, provocado especialmente por la combustión de motores diésel, con un efecto claro en el desarrollo del ictus aterotrombótico, que supone el 30% de los ictus isquémicos que se producen", apunta Roquer. Este tipo de accidente cerebrovascular se produce cuando se desprende una placa de ateroma —formada por colesterol, calcio y otras sustancias que se pegan a las arterias— y obstruye el vaso sanguíneo.


Los investigadores, que han publicado el hallazgo en la revista científica Enviromental Research, analizaron la potencial influencia de dos elementos contaminantes, las partículas finas (PM 2.5) y el carbón negro. El estudio analizó los casos de 2.742 pacientes ingresados en los últimos años (2005-2014) en el hospital del Mar con un ictus. Solo excluyeron del estudio a los enfermos que no disponían de fecha de inicio de la sintomatología clínica del accidente cerebrovascular y a aquellos que vivían fuera del área de referencia del hospital. "Teníamos los datos de los pacientes, a qué hora habían iniciado los prumeros síntomas, cúando entraron en urgencias... Y los relacionamos con los datos de altas concentraciones de contaminantes en la zona", señala el neurólogo.


Los niveles de calidad del aire los midieron, a partir de las directrices que marcan los organismos europeos, con los datos aportados por una estación en Barcelona y herramientas de geolocalización para ubicar a los pacientes. Según los investigadores, Barcelona y la zona del hospital del Mar tienen los mismos niveles de contaminación que Londres. En el período estudiado, los niveles de partículas PM 2.5 fueron de 17,5 microgramos por metro cúbico —las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece la recomendación por debajo de 25 microgramos por metro cúbico de media en el día y 10 de media anual—. Los niveles de hollín eran de 1,4 microgramos por metro cúbico, aunque en este caso, no hay ningún límite recomendado.


"No encontramos relación entre los niveles de PM 2.5 y los casos de ictus, pero descubrimos que cuando había un aumento de contaminación por carbón negro, aumentaba el 20% el riesgo de sufrir un ictus aterotrombótico en las próximas 24 y 72 horas", manifiesta el médico. Las partículas de hollín entran al organismo a través de la respiración y, pese a ser de un tamaño ínfimo, son capaces de "generar reacciones inflamatorias que facilitan reacción trombótica, aumentar el estrés oxidativo, producir una vasoconstricción de las arterias que puede degenerar en una hipertensión, y alterar el ritmo cardíaco", enumera Roquer. Sin embargo, agrega el médico, la exposición a estos contaminantes no producen, per se, el ictus, sino que precipitan su aparición en pacientes con factores de riesgo. "La contaminación desencadena el ictus, pero no lo provoca. Los afectados ya tienen factores de riesgo y arteroesclerosis de base. El exceso de polución lo que hace es precipitar el ictus", agrega.


Los resultados de la investigación, explican los artífices del estudio, vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de concienciar de los riesgos de la contaminación y regular, en concreto, los niveles recomendados de concentración de hollín en el aire. "Los médicos tenemos que ser más proactivos e incluir la contaminación como un factor de riesgo asociado más, como la diabetes o el tabaquismo", advierte Roquer.

Publicado enMedio Ambiente
Expertos logran programar nanorobots para buscar y destruir tumores

Se trata de "el primer sistema robótico de ADN totalmente autónomo que puede usarse para muchos tipos de cáncer"


Un equipo internacional de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (EEUU) junto con otros del Centro Nacional de Nanociencia y Tecnología de la Academia china de Ciencias, ha programado nanorobots para que busquen y destruyan tumores recortando su suministro sanguíneo, según un estudio realizado en ratones que divulga en la publicación británica Nature.


El último número de Nature Biotechnology recoge la primera demostración de esa nueva tecnología, empleada con modelos de ratón en casos de cáncer de mama, de ovario, pulmón y melanoma.


El director del Centro de Diseño Molecular de la Universidad de Arizona, Hao Yan, ha indicado que el equipo ha desarrollado "el primer sistema robótico de ADN totalmente autónomo" en terapias para el cáncer y que esa tecnología "es una estrategia que puede usarse para muchos tipos de cáncer".


Los científicos han querido diseñar, construir y controlar los nanorobots para que busquen y destruyan los tumores cancerosos pero sin dañar las células sanas. Para ello, el grupo investigador empleó una estrategia con la que seleccionar y reducir el tumor con un trabajo que comenzó hace cinco años.


Recortaron el suministro sanguíneo del tumor induciendo la coagulación de la sangre con un sistema robótico totalmente programable.


"Estos nanorobots se pueden programar para transportar cargas de moléculas y ocasionar bloqueos de suministro sanguíneo de los tumores, que pueden derivar en la muerte del tejido y en la reducción del tumor", destacó otro de los expertos Baoquan Ding.


Los científicos inyectaron en los ratones células cancerosas humanas para inducir el crecimiento del tumor agresivo y cuando este aumentaba de tamaño, se introducían los nanorobots que resultaron seguros y efectivos en la reducción del tumor.


Tampoco se detectaron evidencias de que esos nanorobots se extendieran al cerebro, donde podrían ocasionar efectos secundarios no deseados, como una apoplejía.
El tratamiento, según el estudio, bloqueó el suministro sanguíneo del tumor y generó, en 24 horas, daños en él sin ocasionar ningún efecto en los tejidos sanos.
Hao Yan destacó que "en el modelo de ratón con melanoma, el nanorobot no solo afectó al tumor principal, sino que también evitó la formación de metástasis, mostrando un potencial terapéutico prometedor".

12/02/2018 17:46 Actualizado: 12/02/2018 17:46

Foto ilustrativa

 

Un nuevo estudio revela cifras alarmantes del riesgo de desarrollar cáncer por beber agua del grifo que corren los ciudadanos de EE.UU.

 

La organización sin ánimo de lucro Environmental Working Group (EWG) ha publicado los resultados de su investigación de los sistemas públicos de abastecimiento de agua en Estados Unidos entre los años 2010 y 2015 y advierte sobre el exceso de elementos radiactivos que pueden afectar la salud, presentando serios riesgos para las embarazadas, y contribuir al desarrollo de cáncer.

En este período, más de 22.000 servicios públicos de los 50 estados del país, que atienden a más de 170 millones de personas, reportaron la presencia de radio en el agua.

Al mismo tiempo, 158 sistemas públicos de abastecimiento de agua, que satisfacen las necesidades de 276.000 estadounidenses en 27 estados, denunciaron que la cantidad del elemento químico excede las normas establecidas por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, por sus siglas en inglés), regulador federal de EE.UU., para los isótopos de radio-226 y radio-228.

Para mostrar el nivel del potencial peligro para los estadounidenses, la EWG ha elaborado un mapa interactivo con los datos sobre la contaminación del agua por el radio.

 

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ewg.org

 

La EWG ha acusado a Kathleen Hartnett White, la actual candidata a principal asesora en política ambiental de la Casa Blanca, de haber manipulado los datos para ocultar cuántos ciudadanos corren riesgo de contraer cáncer por la calidad del agua y ha instado a que el Senado rechace su candidatura.

La organización recuerda que Hartnett White rebajó intencionadamente los datos sobre el nivel de radiación en el agua del grifo que fueron enviados a la EPA entre 2003 y 2007, cuando encabezaba la Comisión de Calidad Ambiental de Texas (TCEQ, por sus siglas en inglés).

La propia funcionaria se defendió en una entrevista para KHOU-TV en 2011, diciendo que confiaba más en el asesoramiento de la TCEQ y que los estándares de la EPA eran demasiado estrictos, mientras su cumplimiento requería millones de dólares.

La EWG también insta al cambio del estándar federal para los niveles de radiación, que se remonta a 1976 y que tilda de anticuado, y pone como ejemplo las normativas desarrolladas por los especialistas gubernamentales de California.

Para la EPA son admisibles 70 casos de cáncer por un millón de personas, vinculados con el abastecimiento de agua, mientras los estándares de la Oficina de Evaluación de Peligros para la Salud Ambiental de California rebajan el número de casos posibles hasta uno por un millón de personas.

 

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Una sentencia del Constitucional reabre el debate en Colombia sobre la vacuna del Papiloma


La Corte solicita a las autoridades sanitarias mejorar los protocolos de seguridad del tratamiento para evitar el cáncer del cuello de útero entre las mujeres

 

La Corte Constitucional de Colombia ha publicado una sentencia que se limita a recordarle al Ministerio de Salud que debe informar a las familias que tienen el derecho a negarse a vacunar del virus del Papiloma Humano a sus hijas de entre nueve y 17 años. El organismo judicial emite este veredicto como respuesta a la solicitud de tutela de la madre de una joven de 15 años de la ciudad de Cali. La niña sufrió "fuertes dolores en el lado derecho de su cuerpo y en sus extremidades superiores e inferiores" un mes después de que en su colegio le pusieran la última de las tres dosis de esta vacuna. Las dolencias han evolucionado en una enfermedad.


"Es la causa número 1 de mortalidad entre las mujeres de 15 y 45 años en el mundo", ha asegurado el doctor Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana de Lucha contra el Cáncer. "Cada año 5.000 mujeres son diagnosticadas, 2.000 mueren por este tipo de cáncer". Con estos argumentos el especialista ha defendido la campaña de vacunación que desde 2012 llega de manera obligatoria a todos los colegios públicos y privados de Colombia, además de a las instituciones sanitarias encargadas de vacunar a la población.


Además, el Constitucional le ha solicitado a las autoridades sanitarias que, en caso de que no se pueda garantizar la seguridad en la vacunación, "procedan a suspender la misma teniendo en cuenta los efectos colaterales, según el principio médico 'primero que todo no hacer daño".


La decisión de la Corte no cuestiona la seguridad de la vacuna ni la campaña que desde 2012 lleva a cabo el Ministerio de Salud para vacunar de manera gratuita a todas las niñas colombianas. Aún así, se ha generado un debate público en el país porque la sentencia se ha interpretado desde varios sectores, sobre todo los conservadores, como el freno definitivo a un tratamiento que previene el cáncer de cuello uterino entre la población femenina.


Ante la polémica, las autoridades sanitarias colombianas han tenido que recordar en rueda de prensa que "no existe ningún estudio a nivel internacional que relacione el tratamiento del virus del Papiloma Humano con el desarrollo de enfermedades autoinmunes". Los especialistas colombianos no niegan el caso de la joven caleña, como tampoco infravaloran a las 15 niñas que se desmayaron en un colegio de Carmen de Bolívar, en el interior del Caribe colombiano, tras recibir la vacuna.


"La ley de 2013 no solo garantizó la obligatoriedad", ha explicado el doctor Diego Alejandro García Londoño, médico pediatra y coordinador nacional de vacunación del Ministerio de Salud. "También se estableció un documento de elegibilidad para que aquellos padres que se negaran a vacunar a sus hijas lo firmaran, lo presentaran en el colegio y en la secretaría de salud correspondientes y así asumieran los riesgos de su decisión".


Es decir, en Colombia todas las instituciones educativas y sanitarias tienen la obligación de suministrar de manera gratuita esta vacuna que se administra en tres dosis. La población con el derecho a recibirla son niñas de entre nueve y 17 años vayan o no al colegio. Y sus padres pueden negarse al tratamiento siempre que firmen un documento. "Ojalá un día podamos vacunar también a niños, así se erradicaría esta enfermedad como ha sucedido con otras como el polio", ha ejemplificado Carlos Castro.
Una vacuna con metales


En 2012, una joven de Cali, como el resto de sus compañeras de colegio, recibió las tres dosis de la vacuna del Papiloma que se establecen en el tratamiento y con el consentimiento de su familia. Un mes después comenzó a tener dolores en las articulaciones. Las molestias continuaron, acudieron al médico y fue diagnosticada con una artritis reactiva poliarticular. El tratamiento a esta patología no funcionó y su familia acudió a unos laboratorios en Estados Unidos para que le hicieran unos análisis de pelo en busca de una respuesta concreta. "El resultado concluyó que presentaba una intoxicación por metales pesados (plomo, aluminio, cadmio, titanio y plata)", según se lee en la sentencia. El mismo veredicto le dieron en un hospital de Bogotá.


Ante esta situación, la familia denunció al Ministerio de Salud y otros organismos sanitarios por los supuestos efectos secundarios de la vacuna del Papiloma, también incluyó a la empresa aseguradora que, según su versión, no dio el tratamiento adecuado a su hija.


"Los programas de inmunización se han enfrentado a la pérdida de credibilidad por parte de los usuarios debido al crecimiento de la publicidad negativa relacionada con sus resultados. Aunque se han manifestado preocupaciones de seguridad sobre las vacunas, estas han sido investigadas de manera sistemática a la fecha. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la inclusión de la vacunación en los programas nacionales de inmunización en los que la prevención del cáncer cervicouterno sea una prioridad de la salud pública y que la inclusión sea factible en términos del programa”, se lee en la sentencia.


Toda la documentación que incluye la sentencia de la Corte se dirige a mejorar los protocolos de administración de la vacuna, las campañas informativas a familias, profesores e instituciones, pero en ningún momento relaciona la composición del tratamiento con la intoxicación, ni los dolores musculares.


La Corte ha incluido la opinión de varios médicos: "Si bien es cierto que estas vacunas contienen un aditivo de aluminio y fragmentos residuales de ADN, no existe un motivo suficiente que permita determinar un vínculo causal de dichas lesiones por la aplicación de esta vacuna".

 

Bogotá 28 AGO 2017 - 18:19 COT

Publicado enColombia
Así es el superordenador que descifra el genoma humano

El Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG) avanza hacia los tratamientos personalizados para enfermedades como el cáncer


Todo comienza en una pequeña superficie negra y plana en la que se amontonan 800.000 moléculas por milímetro cuadrado. En esta muestra se encuentra el genoma completo de un paciente. El mapa genético donde están los rasgos que comparte con todos los humanos y las pequeñas variaciones que le hacen único: desde los atributos físicos hasta la predisposición a sufrir enfermedades. Las máquinas del CNAG (Centro Nacional de Análisis Genómico) trabajan sin descanso para secuenciar 20 genomas al día. "Igual que los ordenadores tienen su información en 0 y 1, la de cada célula está en G, T, A y C. La parte importante es el orden en el que están colocadas estas cuatro moléculas químicas. Cada genoma humano tiene 3.300 millones de estas bases. Para conseguir buenos resultados, nosotros secuenciamos 2 billones de bases al día", explica el director del CNAG, Ivo Glynne Gut. La secuenciación es solo el primer paso. Al bucear entre estas millones de bases genéticas se descubren mutaciones que pueden ser responsables de enfermedades como el cáncer. Esta búsqueda del tesoro implica analizar 30 terabytes de información al día (el pendrive con el actual récord de almacenamiento es de 2TB), para la que no valen ordenadores normales.


"La parte básica de nuestro trabajo es encontrar las mutaciones en genes y analizar si podrían ser responsables de la aparición de alguna enfermedad. Sin supercomputación no podríamos analizar los genomas, sería imposible", explica Sergi Beltrán, director de la unidad de bioinformática del CNAG. De la capacidad y rendimiento de sus superordenadores depende, entre otros proyectos, su investigación con el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, con el que colaboran para analizar el genoma de niños con cáncer que van a ser operados en pocas semanas.


El objetivo es apostar por una terapia de precisión. Si se conoce exactamente en qué gen (o genes) se ha producido la mutación que ha derivado en cáncer, el tratamiento podrá ser más exacto, más certero. "Es posible saber cuál es la causa molecular de tu cáncer. Ya no es solo cáncer de pecho. Sino que sabemos exactamente cuáles son los genes que están mutados y a los que hay que atacar. El siguiente reto es saber qué medicamentos pueden tratar cada mutación", desarolla Beltrán. El análisis genómico como puente hacia el diagnóstico, como camino hacia la medicina personalizada.


Disponer de un DNI genético


El primer mapa del genoma humano tardó 10 años en completarse. La hazaña, que se consiguió en el año 2000, parecía el final. Pero el tiempo ha demostrado que solo era el pistoletazo de salida para una carrera lenta y larga. Primero porque, en casi dos décadas, no se ha conseguido todavía comprender cómo activar o desactivar determinados genes puede hacernos más violentos o más susceptibles a una enfermedad. Y larga, porque aunque el futuro se imagine con forma de DNI genético (una especie de un documento donde esté registrado el análisis genético de cada paciente para que el médico lo pueda consultar), quedan cimas mucho más cercanas por conquistar. Los algoritmos y los grandes centros de análisis genómico, como el CNAG, son el campo de batalla. El tiempo y el precio, los próximos objetivos. Se necesitan análisis genéticos más rápidos y baratos.


"Nuestra misión es que cuando un paciente con un cáncer con origen genético llegue al médico, se le pueda hacer un análisis genético, concluir un diagnóstico y ponerle un tratamiento personalizado. Todo en un día y con un coste por debajo de los 100 euros", señala Carlos Clerencia, director de Intel Iberia. La tecnología de Intel es la que permite al CNAG su alta capacidad de procesamiento: "Somos el núcleo duro, pero también la parte invisible", añade Clerencia.
Un análisis genético cuesta alrededor de 1.000 euros y tarda 15 días, en el caso del CNAG. Ya hay algunas compañías privadas que consiguen hacer la secuenciación en 24 horas, pero a un precio superior. "No estamos tan lejos de tenerlo en un día. El principal obstáculo para lograr recortar el tiempo es tecnológico, se necesitan procesadores y secuenciadores más potentes. Pero el precio sí está más lejos, tienen que bajar muchos costes", explica Beltrán.


Aun así, ambos objetivos están más cerca que hace solo unos años. En 2010, la secuenciación individual costaba alrededor de 70.000 euros; en 2012 ya había caído a 3.000 euros. Ese mismo año, el CNAG secuenciaba solo siete genomas diarios. Sin embargo, el cambio real se producirá, según Beltrán, cuando "realmente sea más barato y rápido analizar el genoma entero que todas las pruebas previas en los hospitales". En los centros médicos se realizan los llamados paneles, tests que tratan de identificar variaciones genéticas conocidas. "Estas pruebas son más baratas y rápidas de forma individual, pero se centran solo en cuatro genes, por lo que termina siendo un proceso muy largo", sostiene este miembro del CNAG.


Más capacidad de computación que de secuenciación


En la planta baja de la torre I del parque científico de Barcelona hay una sala sin ventanas y con ventilación subterránea. La preside una fila enorme de máquinas negras y plateadas. Son los superordenadores. Estas los que se encargan del almacenamiento y los del procesamiento. Algunos son propios del CNAG y otros pertenecen al verdadero monstruo de la supercomputación: el Marenostrum del Barcelona Supercomputing Center (BSC). Este centro de análisis genómico tiene conexión directa con el BSC, ya que están separados solo un kilómetro de distancia. Gracias a toda la inversión, ha conseguido subir su capacidad de procesamiento de 850 nódulos en 2011 a 3.500 y aumentar de 1,2 petabytes de capacidad (12 veces la capacidad de un ordenador normal) a 2 petabytes.


El otro gran núcleo del CNAG está al centro opuesto. Es una sala blanca y bien iluminada en la que la temperatura está controlada para que siempre haya 20 grados. De la exactitud dependen las pruebas. Ahí están ellos. Los 12 secuenciadores Illumina de varias generaciones (su precio oscila entre los 600.000 y 900.000 euros según el modelo) y los tres de Oxford Nanopore, recién llegados. Juntos consiguen secuenciar 20 genomas diarios, pero el futuro va más lejos: "El objetivo es que podamos hacer 100 o 200 genomas cada día. Se pueden comprar sistemas más potentes para producir más información", detalla el director del CNAG.


Dos obstáculos, según Gut, se interponen para conseguir esta cifra de secuenciación (10 veces superior a la actual): los secuenciadores Illumina "tienen una gran calidad, pero por su tipo de procesamiento sería muy difícil acelerar el proceso", y "el sistema de los Oxford Nanopore todavía no está tan maduro y pueden tener un genoma entero en una hora, pero la calidad no da el nivel". "Ahora mismo tenemos más capacidad de computación que de secuenciación, es en esta última parte donde debemos apostar la financiación", concluye el director del CNAG.


La implicación de estas máquinas ha revolucionado la investigación genética. La tecnología ha permitido a los expertos aplicar otra metodología de trabajo: empezar sin hipótesis establecidas, rastrear mutaciones en todos los genes. La investigación contra el cáncer ha sido una de las más beneficiadas, pero no la única. Los análisis genéticos permiten buscar patrones entre pacientes con enfermedades raras, para completar un gran mapa genético, encontrar individuos separados por kilómetros de distancia pero con la misma mutación, comparar tratamientos. El propósito final es crear una enorme biblioteca digital de datos médicos, que respete la privacidad del paciente , pero permita acelerar las tareas de diagnóstico. No se conoce cuándo, ni cómo podrá ser posible este big data médico; pero sí que solo podrá ser dentro de un superordenador.

 

Barcelona 14 ABR 2017 - 03:56 COT

Empieza carrera de ensayos clínicos con la "edición genética"

Mientras una parte del mundo se encuentra atenta a las disputas por el poder, sorprendida por la llegada de gobernantes que parecen anticipar un retorno a la Edad Media, los avances en el conocimiento no se detienen por ahora y, por el contrario, se convierten en esperanza para enfrentar algunas de las enfermedades más devastadoras. Por primera vez en la historia, un equipo científico de la Universidad de Sichuan, en China, encabezado por el doctor Lu You, ha iniciado los primeros ensayos clínicos para un nuevo tratamiento contra el cáncer pulmonar, introduciendo en pacientes voluntarios células modificadas con la técnica CRISPR-Cas9, conocida como "edición genética".

Desde el surgimiento de la poderosa técnica, la cual permite realizar cortes en regiones específicas del ácido desoxirribonucleico (ADN), era posible soñar con inactivar los genes participantes en el desarrollo de diversas enfermedades, entre las cuales el principal enemigo a vencer es el cáncer. Pero para llegar a este momento, tuvieron que ocurrir otros acontecimientos:

Una de las primeras señales esperanzadoras fue el trabajo de Pablo Tebas y sus colaboradores de la Universidad de Pensilvania, publicado en 2014 en el New England Journal of Medicine, en el que con una técnica de corte del ADN diferente al CRISPR-Cas9 (empleando en este caso una enzima que rompe el ADN, conocida como nucleasa de dedo de zinc) emprendieron un ensayo en 12 personas infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

En este caso, se tomaban células de la propia persona (una variedad de glóbulos blancos o células T conocida como CD4), a las que se les inactivó un gen llamado CCR5, para ser posteriormente reinyectadas a los pacientes. Los resultados indicaban que la técnica era segura y encontraron la reducción de los niveles del virus en estos enfermos, por lo que anunciaron la realización de nuevas series clínicas en el futuro.

Otro antecedente importante surgió a finales de 2015, a partir del caso de una niña de un año, de nombre Layla, quien recibió células "editadas" para enfrentar la leucemia. La menor fue tratada por el equipo del inmunólogo Waseem Qasim, del Great Ormond Street Hospital, en Londres, Inglaterra. Se trataba de un caso especial, en el que todos los tratamientos anteriores habían fracasado..

Como lo explicó Sara Reardon en una nota publicada el 5 de noviembre del año pasado en Nature, en el caso de esta niña los especialistas extrajeron de un donante sano células T y realizaron un corte al ADN, aunque empleando una técnica también diferente con una enzima llamada TALEN, la cual desactiva genes que podrían evitar que las células donantes actuaran sobre el blanco, modificando además los genes para proteger a las células de los medicamentos anticancerígenos que el paciente estuviera tomando.

La terapia consiste en destruir el sistema inmune de la enferma, el cual se sustituye con las células inyectadas. La paciente mostró mejoría considerable, de acuerdo con el equipo médico que la atendía. Como puede entenderse, no se trata de una solución definitiva, pero permite alargar la vida hasta encontrar nuevos donadores de células T que sean compatibles. A pesar de estas limitaciones, el esfuerzo constituye un antecedente de gran importancia que ha estimulado el interés por el empleo médico de la edición genética.

La técnica CRISPR-Cas9, tiene grandes ventajas sobre las anteriormente utilizadas, pues es más simple y barata, y es con ella que se iniciaron ya por primera vez los ensayos clínicos en China contra el cáncer pulmonar. La idea consiste en inactivar al gen PD1 en las células T, que forman un anclaje con proteínas de las células cancerosas, lo que impide la acción de los linfocitos contra ellas. Las pruebas, cuya primera fase consiste en probar la seguridad evaluando los posibles efectos adversos, tuvo que ser pospuesta de agosto al pasado 28 de octubre, pues la amplificación de las células editadas (su crecimiento en cultivos de laboratorio) resultó un proceso más complejo que el esperado; los detalles de esta técnica de modificación genética se publicaron ya en este mismo espacio (La Jornada, 9/8/16).

Al fin, las pruebas clínicas en China están en marcha y han dado lugar a una muy interesante carrera en la cual distintas naciones en el mundo están involucradas. La edición genética marca lo que seguramente será uno de los desarrollos científicos distintivos del siglo XXI, a pesar de los empeños contra ella de las corrientes anticientíficas.

Joven de 16 años hace temblar a la multimillonaria industria farmacéutica con su descubrimiento

Jack Andraka es un joven de 18 años que, a su corta edad, está haciendo temblar a la industria farmacéutica entera gracias a un increíble descubrimiento que revolucionará el sector salud, específicamente lo que tiene que ver con la terrible enfermedad del cáncer. Jack inventó un sensor que puede detectar el cáncer en 5 minutos y en etapas tempranas. A los 13 años, él perdió a un ser querido por culpa del cáncer de páncreas, y esto lo motivó a investigar sobre nuevas formas más eficaces para la detección de este mal.

 

La producción de este sensor cuesta solamente 3 centavos de dólar, y desde luego los grandes laboratorios le negaron el apoyo pues esto derribaría el enorme poderío de la industria del cáncer. Por fortuna, encontró el apoyo de una universidad, la cual se interesó por su invento.


Jack comenzó sus investigaciones en Google y Wikipedia. A raíz de la muerte de su ser querido por cáncer de páncreas, los médicos le dijeron que desafortunadamente este tipo de cáncer no suele detectarse a tiempo, lo que lo alentó a investigar más sobre las manifestaciones físicas de este mal. Tras tres años de investigaciones, Jack dio con una forma efectiva, rápida y segura de detectar esta enfermedad mortal a tiempo para poder ser tratada.


Este joven investigó y aprendió que en nuestra sangre hay 8 mil proteínas. Así, se dio cuenta de que una de ellas, la mesotelina, se dispara rápidamente en las personas que adquieren cáncer de pancreático.


"Detecta una de las miles de proteínas (la mesotelina) que hay en la sangre de los enfermos de cáncer. La mecánica fue utilizar anticuerpos y entretejerlos en una red de nanotubos de carbono, de modo que se obtiene un marcador que únicamente reacciona ante dicha proteína", dijo Jack en su presentación en el Festival de las Mentes Brillantes.


Nadie se hubiera imaginado que se trataría de un sencillo sensor de papel, cuyo costo no rebasa los 3 centavos y que arroja resultados bastante precisos en tan solo 5 minutos, siendo capaz de detectar tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón. Lo mejor es que, siendo 26 mil veces más barato, es 168 veces más rápido que los actuales métodos de detección, con la ventaja de que este no es invasivo.


Lo mejor, sin duda, es que este invento es capaz de detectar el cáncer en etapas tempranas, cuando el enfermo aún tiene un enorme porcentaje de posibilidades de supervivencia. "Y, cambiando el anticuerpo, este mismo invento puede utilizar una proteína diferente para detectar Alzheimer, otras formas de cáncer o VIH", añade Jack.


Después de su descubrimiento, envío solicitudes a 200 laboratorios, siendo rechazado por todos ellos. Al fin, la Universidad John Hopkins le abrió las puertas y le ayudará en el desarrollo de su invención.


No es de extrañar que los laboratorios no lo hayan querido ayudar, pues este invento podría hacer tambalear a la industria farmacéutica y sus millonarios negocios en torno al cáncer.


Por el momento, el invento de Jack se encuentra en trámites para ser patentado. Por ahora ya ha ganado varios premios internacionales y ha dado varias conferencias explicando el funcionamiento de su innovación. Esperamos que este sea el inicio de una exitosa carrera para Jack en las tecnologías para las ciencias de la salud. Por lo pronto, muchos pacientes le agradecerán por este genial invento.


Un chico de 16 años inventó un sensor que detecta el cáncer en 5 minutos y en etapas tempranas. Jack Andraka perdió a un ser querido a los 13 años por cáncer de páncreas. Se puso a investigar y descubrió el sensor, que cuesta 3 centavos de dólar. Los laboratorios se negaron a apoyarlo porque derriba a la millonaria industria del cáncer. Una universidad avalará su descubrimiento.


Jack Andraka: para muchos la esperanza.


Para los laboratorios, el fin de un negocio. Con tan sólo 16 años, un estudiante estadounidense de secundaria inventó un sensor para detectar el cáncer en tan sólo cinco minutos.


El descubrimiento puede cambiar la vida de muchísimas personas, pero también es una amenaza para la industria farmacéutica, que recauda millones por esta dolorosa enfermedad.


Todo comenzó con la pérdida de un ser querido cuando Jack Andraka tenía 13 años. Le dijeron que el cáncer de páncreas se detecta cuando ya no se puede tratar, lo que lo empujó a investigar sobre el cáncer a través de herramientas sencillas en Internet.


Y tres años después, descubrió una manera "rápida, simple y efectiva" de detectar esta enfermedad mortal, que gracias a este invento, podrá neutralizarse. Con información que obtuvo de Google y Wikipedia, Jack estudió las 8 mil proteínas que se encuentran en la sangre, hasta entender que una de ellas, la mesotelina, se dispara en etapas tempranas, en las personas que enferman de cáncer de páncreas.


"Detecta una de las miles de proteínas (la mesotelina) que hay en la sangre de los enfermos de cáncer. La mecánica fue utilizar anticuerpos y entretejerlos en una red de nanotubos de carbono, de modo que se obtiene un marcador que únicamente reacciona ante dicha proteína" explicó al presentarse en el Festival de las Mentes Brillantes.


El invento es un sensor de papel, que cuesta 3 centavos, y que es capaz de detectar encinco minutos tres tipos de cáncer: el de páncreas, el de ovario y el de pulmón.


Pero lo más sorprendente de todo es que ha sido 26 mil veces más barato siendo 168 veces más rápido. Además, este método es 400 veces más sensible que los actuales y no es invasivo.


Pero su mejor punto a favor es que "se puede detectar el cáncer en las etapas más tempranas, cuando alguien tiene casi 100 por ciento de probabilidades de sobrevivir, y hasta el momento es más de 90 por ciento exacto para detectar el cáncer" dijo. "Y va a ser lo mismo para cáncer ovario y de pulmón" añadía "y cambiando el anticuerpo, este mismo invento puede utilizar una proteína diferente para detectar Alzheimer, otras formas de cáncer o VIH".


Pero no fue nada fácil de conseguir. De 200 solicitudes que envió a laboratorios, todos se negaron a continuar con sus investigaciones, excepto uno. Finalmente logró que la Universidad Johns Hopkins ayudará a su desarrollo.
Es un descubrimiento que podría afectar a la millonaria industria del cáncer.


Su invento está en etapa de tramitación de patentes, algo que puede demorar varios años, pero el día que se apruebe puede resultar toda una revolución para la ciencia médica.


Además, durante la conferencia, el joven apuntó que la ciencia no debería ser un lujo, y que debería ser un derecho humano fundamental, "el derecho de acceso a la información debe ser de todos, no sólo de los que pueden pagar" afirmó.
Un descubrimiento que le ha llevado a ganar el premio Gordon E. Moore de la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel y el Premio Smithsoniano al Ingenio Estadounidense y es el orador más joven de la Real Sociedad de Medicina en Estados Unidos. Sin duda más que merecido

 

Por: Emisora Costa del Sol 93.1FM | Domingo, 25/09/2016 01:45 PM |

Publicado enSociedad
Acerca del debate sobre el uso del asbesto en Colombia

 

Por Oscar Gallo y Carmen E. Pico.
Área Salud Ocupacional ENS

 

La Comisión 7ª del Senado hundió el proyecto de ley que pretendía regular en Colombia el uso del asbesto, un mineral muy apreciado en la industria por su buena resistencia y bajo costo, pero cuyo uso está hoy prohibido en 66 países.

 

Mientras los defensores de este proyecto afirman que existen suficientes pruebas de los riesgos que el asbesto tiene para la salud en cuanto agente cancerígeno (la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, lo incluye en el grupo 1 de sustancias cancerígenas para el ser humano), los senadores que se opusieron al proyecto sostienen que hacen falta estudios concluyentes que prueben la incidencia del asbesto en la salud.

 

Esta posición de los opositores al proyecto coincide con la asumida de tiempo atrás por las empresas que en el mundo usan en sus procesos el asbesto, o amianto como también se llama. Con base en sus propios estudios insisten en que la nocividad de este producto no está confirmada, y por tanto no hay razón para considerar la limitación de su uso.

 

El debate sobre el asbesto/amianto está presente en la literatura médica hace más de un siglo, como lo demuestran investigaciones históricas de varios países de Europa. Y en Colombia la controversia sobre el tema tampoco es nueva.

 

En el año 2006 el director de la Asociación Colombiana de Fibras, Hugo Villegas, sostenía que los niveles de concentración de asbesto crisotilo en el aire eran los permitidos legalmente. Para este representante del empresariado no existía riesgo en la explotación y utilización del asbesto. Afirmaba que los estudios científicos realizados por la industria demostraban que la asbestosis estaba “erradicada”, y que el crisotilo no contenía hierro y permanecía en el cuerpo durante un período de 10 a 15 días y se eliminaría de forma natural. Es decir, los riesgos no podían ser cuantificados y eran probablemente bajos o “virtualmente cero”.

 

A esos argumentos en su momento se oponía el neumólogo Darío Isaza, para quien todo tipo de asbesto es peligroso y no hay ninguna partícula que no sea carcinógena. Cuestionaba la inactividad y falta de compromiso del Gobierno Nacional respecto de este problema.

 

Posición que corroboró la OIT en la Conferencia Internacional de 2006. Este organismo insiste en que la Convención 162 de 1986, relativa al asbesto, no puede utilizarse como excusa para prolongar la exploración de este mineral, toda vez que diversos organismos internacionales de salud afirman que todos los tipos de asbesto causan asbestosis, mesotelioma y cáncer de pulmón. Desafortunadamente la OIT no ha podido aprobar un convenio de prohibición total del uso industrial del crisolito en el mundo.

 

A su vez, diversas organizaciones sindicales y comunitarias también se han opuesto al uso del asbesto, y desde al 2006 hasta el 2015 estuvo en curso una acción popular para prohibir el uso de este mineral, dada su peligrosidad para la salud, no sólo para los trabajadores sino también para las personas que usan productos fabricados con asbesto. Los tumores malignos de pulmón, laringe y ovario han sido relacionados con el amianto en todas sus formas (crisotilo, crocidolita, amosita, tremolita, actinolita y antofilita), y el mesotelioma (que afecta las membranas que envuelven el pulmón) es considerado un mal de origen netamente ocupacional, generado por la exposición al asbesto.

 

Un antecedente aleccionador se dio en febrero de 2012, cuando el ex propietario del grupo suizo Eternit, Stephan Schmidheiny, y un administrador de la filial italiana de Eternit y el barón belga Jean-Louis Marie Ghislain, de Cartier de Marchienne, fueron sentenciados a 16 años de cárcel por omisión dolosa de medidas de seguridad laboral. Sabían del riesgo y no hicieron nada.

 

En América Latina la mayoría de países optaron por tímidas y fragmentadas medidas de control de la producción de amianto, con la excepción de Argentina, Chile, Uruguay y Honduras, donde existe una legislación prohibitiva.

 

La pregunta es: ¿por qué otros países mantienen la producción y el uso de asbesto, cuando parecen existir pocas dudas acerca de la nocividad de este material en cualquiera de sus formas? Evidentemente es por el peso de los intereses económicos que mueve esta industria. En Brasil, por ejemplo, que es uno de los principales productores del mundo, el asbesto genera cerca de 200 mil puestos de trabajo, directos e indirectos. Rusia, Kazajistán, China y Canadá son otros grandes productores.

 

El caso de Canadá es bien diciente. Exporta el 98% de su producción (580.000 toneladas), pero su uso esta prohíbe internamente en el país, gracias a las luchas del movimiento sindical y a la resistencia social y política.

 

En cuanto a Colombia, es clara la doble moral de los empresarios del asbesto. Tienen la tecnología alternativa para fabricar productos de exportación con elementos sustitutos del asbesto, pero para consumo nacional fabrican y comercializan los mismos productos con asbesto. Se conocen 5 empresas que fabrican productos con este material, pero sus trabajadores no son los únicos expuestos. También lo están, por ejemplo, los trabajadores de la construcción que manipulan materiales hechos con asbesto, como tejas.

 

De lo dicho hasta ahora se rescatan dos aspectos. Primero, la industria del asbesto se considera de gran importancia, tanto por sus beneficios económicos como por la cantidad de empleos que genera. En este punto no parecen existir muchas diferencias entre los empresarios y algún grupo de trabajadores, pues unos y otros priorizan el aspecto económico en detrimento de la defensa de la salud.

 

Segundo, el modelo de reconocimiento de las enfermedades laborales en el que el paradigma de una ciencia universal se enfrenta con el dinamismo de lo particular y la heterogeneidad de los fenómenos localizados, permite que algunos empresarios justifiquen “científicamente” la permanencia de ciertas actividades productivas.

 

Por otro lado, la política de salud para los trabajadores legítima la idea de que la intervención en el mundo del trabajo se hace mediante mecanismos de gerencia o atenuación del riesgo, y lo que es peor: mediante la negación e invisibilidad de los derechos. Los umbrales de exposición se consideran normales e inherentes al trabajo. La indemnización por los accidentes laborales y las enfermedades profesionales terminan siendo el derecho que todo trabajador tiene por el “inevitable” deterioro de su cuerpo.

 

Ante esta problemática, el movimiento sindical no puede renunciar a la única opción humana y segura: la prohibición total en su utilización, algo así como “cero uso” de asbesto en Colombia y el mundo.

 

En conclusión, las controversias, la movilización social y las orientaciones expertas del siglo XXI, no deberían apuntar a una mitigación de los riesgos industriales. Antes bien, deberían buscar reemplazar en las industrias estos materiales.

 

Publicado 16 junio de 2016.

Publicado enPolítica
Dan un "paso positivo" hacia una vacuna universal contra el cáncer

Científicos han dado "un paso muy positivo" hacia la creación de una vacuna universal contra el cáncer, que induce al sistema inmune a atacar tumores como si fueran virus, informan expertos.

En la revista Nature, un equipo internacional de investigadores describió cómo tomó segmentos del código genético de ARN de un cáncer, los colocó en nanopartículas de grasa e inyectó la mezcla en el torrente sanguíneo de tres pacientes en etapas avanzadas de la enfermedad.

El sistema inmune de los pacientes respondió produciendo células T "destructoras", diseñadas para atacar el cáncer.

La vacuna también resultó efectiva para combatir tumores "de crecimiento agresivo" en ratones, según los investigadores, dirigidos por el profesor Ugur Sahin, de la Universidad Johannes Gutenberg, en Alemania.

"Esas vacunas son rápidas y de producción económica, y se puede codificar por ARN un antígeno [proteína atacada por el sistema inmune] virtualmente de cualquier tumor", escribieron.

"Por consiguiente, la inmunoterapia de ARN en nanopartículas presentada aquí se puede considerar una novedosa clase de vacunas de aplicación universal para la inmunoterapia del cáncer."

El documento señaló que tres pacientes recibieron dosis bajas de la vacuna y aclaró que el objetivo de la prueba no era medir el buen funcionamiento de la misma. Si bien el sistema inmune de los tres pareció reaccionar, no hubo evidencia de que el cáncer desapareciera.

En un paciente, un tumor en un nodo linfático empequeñeció luego de recibir la vacuna. Otro al que le habían extirpado quirúrgicamente los tumores quedó libre de cáncer siete meses después de la vacuna.

El tercer paciente tenía ocho tumores que se habían extendido desde el cáncer de piel inicial hacia los pulmones. Estos tumores permanecieron "clínicamente estables" después de recibir la vacuna, indicó el documento.

La vacuna, que contenía varios segmentos distintos de ARN, activó células dendríticas que seleccionan objetivos para que el sistema inmune las ataque. Enseguida se produjo una fuerte respuesta de las células T "destructoras", que normalmente hacen frente a infecciones.

En estos días la inmunoterapia para el cáncer es causa de significativa emoción en la comunidad médica. Ya se emplea para tratar algunos cánceres, y algunos pacientes permanecen en remisión más de 10 años después de haber recibido el tratamiento.

Si bien el tratamiento tradicional del cáncer testicular y otros puede conducir a una cura completa, el de pulmón, el melanoma y algunos de cerebro y cuello han resultado difíciles de tratar.

Poder inyectar un tratamiento efectivo en el torrente sanguíneo de un paciente sería un significativo paso adelante. La vacuna también produjo efectos secundarios limitados, semejantes al catarro, en contraste con las enfermedades extremas causadas por la quimioterapia.

El profesor Alan Melcher, del Instituto de Investigación del Cáncer, comentó: “La inmunoterapia para el cáncer evoluciona con rapidez y es un campo emocionante. Este nuevo estudio, en ratones y en un número pequeño de pacientes, muestra que mediante un nuevo tipo de vacuna se puede provocar una respuesta inmune contra los antígenos dentro de un cáncer.

"Aunque es una investigación muy interesante, aún está algo lejos de ser de provecho demostrado para los pacientes", advirtió. "En particular, existe incertidumbre sobre si el beneficio terapéutico visto en ratones al enfocarse en un número pequeño de antígenos se aplicará también a humanos, y sobre el problema práctico de producir nanopartículas para una aplicación clínica en amplia escala."

Gran potencial

La doctora Helen Rippon, jefa ejecutiva de la organización Worldwide Cancer Research, declaró: "Sabemos que el sistema inmune tiene un gran potencial de ser manipulado y reactivado con el fin de combatir células cancerosas; por eso llevamos 15 años financiando investigaciones en este campo. Estos resultados son emocionantes y novedosos, pues muestran la promesa de que una vacuna de nanopartículas de ARN logre hacer precisamente eso".

Describió la respuesta inmune en los tres pacientes como "positiva" y apuntó que el cáncer avanzado de piel es “notoriamente difícil de tratar.

“Sin embargo, se requiere más investigación en un número más grande de personas con diferentes tipos de cáncer y en periodos más prolongados antes de que podamos decir que hemos descubierto una ‘vacuna universal contra el cáncer’. Aun así, esta investigación es un paso muy positivo hacia ese objetivo global”, precisó.

Traducción: Jorge Anaya

Un caballo de Troya programado para salvar a miles

El virus UIO-512 fue desarrollado por científicos del Instituto Leloir como punta de lanza de una novedosa inmunoterapia que busca combatir el cáncer. De ser eficaz, se estima que estará listo para ser suministrado a los pacientes en aproximadamente seis años.


El mes pasado, la Fundación Instituto Leloir, el Conicet y la compañía UnleashImmunoOncolytics (EE.UU.) firmaron un convenio en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva con el objetivo de promover un tratamiento contra el cáncer. Es la primera vez que se licencia una patente a una empresa creada con fondos de inversión de riesgo en el exterior, que protege los derechos de una inmunoterapia de etiqueta local. Se trata de UIO-512, un virus oncolítico que fue diseñado para detectar tumores, atacar células malignas y destruirlas sin comprometer tejidos sanos. Una tecnología tan inteligente que, incluso, activa la respuesta del sistema inmune para la ejecución de una respuesta específicamente antitumoral.


En los próximos años, la empresa biotecnológica con sede en Saint Louis (Missouri) deberá obtener inversiones para el desarrollo del virus, completar los estudios preclínicos obligatorios de toxicidad, obtener los permisos de entes reguladores y establecer conexiones con otras compañías farmacéuticas. El acuerdo, además, establece que la terapia tendrá precios diferenciales de ser requerido por el sistema público argentino.


Figuras estelares de la ingeniería genética, los virus oncolíticos exhiben su potencial –adquirido a lo largo de miles y miles de años– cuando ponen en marcha el motor que los impulsa a actuar como auténticos “caballos de Troya”. Desde el laboratorio, son modificados con aptitudes que los tornan capaces de reconocer a las proteínas ubicadas en las superficies de las células malignas. Esa identificación les permite el ingreso encubierto, pues una vez en el interior de la célula utilizan su maquinaria para poder multiplicarse y, en última instancia, hacerla explotar.


Osvaldo Podhajcer es doctor en Biología recibido en la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del Conicet. Además realizó un posdoctorado en Estrasburgo (Francia) y desde 1997 dirige el Laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir. Aquí, describe qué es la terapia oncolítica, explica el modo en que UIO-512 ataca el tejido tumoral y enumera las instancias que separa este novedoso virus de desarrollo autóctono de los pacientes argentinos.


–Usted es el jefe del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular. ¿Qué es eso?


–Se trata de una denominación general que abarca, por un lado, todo lo vinculado a ADN como herramienta terapéutica, así como también contempla el conjunto de procesos referidos a las células. Como usualmente utilizamos virus colocados en células busqué un nombre de carácter global para el laboratorio.


–Desde esta perspectiva, ¿qué es la terapia oncolítica?


–Tiene que ver con la modificación de virus de la naturaleza (que habitualmente provocan enfermedades como resfríos, conjuntivitis y bronquitis). Allí radica nuestro trabajo: en el diseño de un virus que sea capaz de atacar y destruir de forma exclusiva las células del tumor, y que logre restringir cualquier efecto sobre células u órganos normales. Además, lo que es muy importante y lo torna más complejo, activa el sistema inmune para que ejecute una respuesta antitumoral. Sin embargo, la biomedicina no es matemática. No podemos brindar soluciones taxativas y contamos con grises permanentes.


–¿Qué quiere decir que utilizan virus de la naturaleza?


–Los virus se mantienen, en general, a partir de la infección de células. Entonces, es posible aislar el virus y congelarlo, y segmentar su genoma para constituir secuencias. De este modo, podemos analizar las secuencias que codifican para los genes importantes del virus y rearmar el paisaje a partir de procedimientos de cortado y pegado. Por ejemplo, si lo que necesitamos es que el virus no infecte todo tipo de célula sino que sólo se ocupe de las malignas, en su superficie introducimos proteínas específicas que reconocen receptores de células malignas.


–Mediante este proceso ustedes redireccionan de modo particular el sitio al que debe ir el virus...


–Exactamente.


–Cuando usted señala que “aíslan” el virus, ¿qué actividad concreta realizan en el laboratorio?


–Infectamos células y el virus comienza a multiplicarse hasta acabar con ellas. En este procedimiento, se produce una explosión en la que se liberan partículas virales que infectan células alojadas en ese mismo entorno y uno puede observar cómo se van hinchando. Luego, continúa la rutina.


–¿Qué rutina?


–Tras cinco o seis días, congelamos y descongelamos las células para que exploten y liberen absolutamente todo el material residual. Ese producto se centrifuga y se lava. Sólo se conserva la superficie, que es donde el virus está presente. Se coloca en un gradiente de densidad y aparece una banda concentrada en un tubo de cincuenta centímetros cúbicos. Por último, con una jeringa se absorbe y se traspasa a otro recipiente para ser congelado en alícuotas (a menos 80C y sin dióxido de carbono).


–Imagino que, como todo trabajo científico, se trata de un proceso de prueba y error...


–Por supuesto, son muy pocos los experimentos de los que obtenemos resultados enseguida. En general, realizamos modificaciones en base a los errores que evidenciamos cada vez que algo no sale según lo esperado. De eso se trata la ciencia, al fin y al cabo. Además, las investigaciones de ingeniería genética requieren de muchos pasos previos para comenzar con los trabajos de laboratorio. Utilizamos sistemas computarizados para armar modelos del virus que vamos a modificar.


–Cuénteme acerca de UIO-512. ¿De qué manera el virus elimina tumores de forma selectiva sin dañar el tejido sano?

–Es un virus cuyo diseño promueve su multiplicación en células del tumor. Sin embargo, no sólo se ocupa de las células malignas sino también de aquellas pertenecientes al estroma que rodea al tumor y que colabora en su diseminación (aquellas que conforman los vasos sanguíneos, por ejemplo). De modo que constituimos un promotor cuya actividad permite que el virus sea activo en todas las células que componen el tumor y que actúe en el tejido maligno en su totalidad.


–¿Qué criterios evalúan para que el virus diseñado desde el laboratorio llegue a los pacientes?


–Se analiza una multiplicidad de variables y efectos. No obstante, la elaboración de cualquier medicamento contempla tres ejes centrales: eficacia terapéutica, toxicidad y farmacoeconomía. De modo que, primero, evaluamos cómo hacer que el virus no afecte a las células normales, al tiempo que buscamos la introducción de un gen que exacerbe la respuesta inmunológica estimulando la producción de linfocitos (glóbulos blancos) para destruir el tumor. Por último, pensamos en el costo-efectividad que tendrá ese producto y se realizan las mediciones pertinentes. Se trata de predecir cómo impactará en el mercado.


–¿Cómo seleccionar el mejor virus para cada paciente y su tipo de cáncer?


–Lo que hacemos es analizar cuáles son los genes que mejor se expresan en ciertos tipos de tumores. Evaluamos, por ejemplo, la actividad diferencial de genes entre tejidos malignos y normales. De antemano, conocemos la mayoría de los genes y sabemos cuál de ellos se expresan en situaciones patológicas no malignas y, en efecto, procedemos a seleccionar los promotores de los genes que activan la maquinaria viral y atacan las células malignas de modo específico en cada caso.

–Ahora sí, cuénteme cómo fue el proceso para licenciar la patente.


–Por las características específicas de nuestro trabajo me encuentro de modo permanente a la búsqueda de inversores que se muestren interesados en llevar el virus a la clínica. Nuestro objetivo, cada vez que investigamos, es que los avances logrados lleguen a los pacientes. En la actualidad, contamos con el Mincyt y el Conicet como dos instituciones clave que promueven este tipo de iniciativas. La idea medular es que el conocimiento se transforme en aplicación. Todo este proceso demoró un año y nueve meses e implicó, como es imaginable, múltiples conversaciones.


–¿En cuánto tiempo estima que este producto puede estar disponible en el mercado?


–En unos seis años aproximadamente. Si esto es tan importante como creo habrá muchos pacientes que se curarán. Sin embargo, hace falta que el virus sea probado en tres instancias: Fase I (en que se realizan exámenes de toxicidad y se analizan las dosis máximas capaces de suministrar a pacientes), Fase II (aquí el número de pacientes analizados se extiende de 50 a 80) y la Fase III (consta de, aproximadamente, 300 ensayos). Es posible que el proceso se acelere si se consigue una droga huérfana.


–¿A qué se refiere?


–Es cuando la enfermedad no tiene tratamiento. En general ocurre con las enfermedades avanzadas y en ese caso, los organismos reguladores aceleran la llegada ciertas drogas al mercado.


–Su equipo ya desarrolló el virus, ¿ahora en qué consiste su trabajo?


–El virus ha cosechado resultados prometedores en modelos preclínicos en animales y en biopsias humanas de tumores ginecológicos y melanoma en estadios avanzados, con ausencia total de toxicidad. Los resultados son tan alentadores que el siguiente paso es la fase de ensayos clínicos para probar si esta novedosa estrategia puede convertirse en un nuevo tipo de tratamiento para miles de pacientes. Por otra parte, nosotros sabemos que esto no va a funcionar en todos las personas. De modo que lo que hacemos es intentar predecir en qué tipo de individuos podría llegar a ser efectivo y en cuáles no. Como comenté, cada ser humano tiene sus particularidades.


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