Berkeley, la primera ciudad en EEUU que prohíbe el gas natural en las casas

El Ayuntamiento vota por unanimidad eliminar el gas natural en los edificios nuevos con el objetivo de que la urbe 100% sea libre de carbono en 2045

 

  

Mucho de lo que ocurre en las ciudades del estado de California se considera vanguardista. Berkeley, conocida por su prestigiosa universidad, dio el martes pasado un histórico paso que podría marcar el futuro del consumo de energía en otros lugares de este país. En una votación que fue unánime, el gobierno local aprobó la prohibición del gas natural en los nuevos edificios.

La principal razón para el ejecutivo, que otras ciudades en California también se están planteando, tiene que ver con reducir de forma drástica el consumo de energía en los edificios, responsable del 25% de los gases de efecto invernadero del estado californiano.

Que la forma en la que se cocina o se calientan las casas sea con electricidad y no con gas es uno de los pasos más efectivos para alcanzar así el objetivo que se ha marcado esta región de estar 100% libre de carbono en el año 2045, según ha considerado el gobierno local.

Pero la medida es muy importante, además, porque rompe la percepción que se tiene prácticamente en todo el mundo industrializado de que el gas es un puente válido hacia un modelo energético renovable por ser muy eficaz y la menos contaminante de las energías fósiles respecto al carbón y al petróleo. Sin embargo, ahora que se está eliminando el carbón de los sistemas energéticos, el gas aparece para muchos analistas como una inversión errónea de cara a los próximos años.

"Cuando se observan las políticas de electrificación, necesitamos pensar en cómo será la red en los próximos 10 ó 20 años, no cómo era ayer", ha explicado Pierre Delforge, investigador en el Natural Resources Defense Council, importante organización conservacionista en Estados Unidos.

La medida entrará en vigor en 2020 y más de 50 ciudades en el estado de California están considerando políticas similares en los nuevos edificios.

Por Sara Acosta

31/07/2019 - 21:29h

Publicado enMedio Ambiente
Materia orgánica extraterrestre apoya teoría del origen de la vida en la Tierra

Materia orgánica procedente de fuera de la Tierra fue descubierta preservada en una capa delgada de una roca sedimentaria de hace 3 mil 300 millones de años en Sudáfrica.

Este material orgánico extraterrestre está asociado con nanopartículas de espinela de ferrita enriquecidas con níquel y cromo, lo que sugiere un flujo de micrometeoritos durante el periodo Arcaico inicial sobre nuestro planeta.

Los sedimentos, obtenidos de la formación Josefsdal Chert, también contienen materia carbonosa biogénica.

La coexistencia de esas materias en los mismos depósitos sedimentarios resalta los desafíos a los que se enfrenta la investigación para el rastro de vida extinta en Marte, según el estudio, publicado en Science Direct.

El hallazgo, logrado en la formación Gaert Josefsdal en el Cinturón Greestone, de Barberton, apoya la idea de que los productos químicos orgánicos –es decir, basados en carbono– del espacio suministraron algunas de las materias primas para la primera vida en la Tierra.

"Esta es la primera vez que encontramos evidencia real de carbono extraterrestre en rocas terrestres", señaló a New Scientist Frances Westall, del Centro para la Biofísica Molecular del Centro Nacional para la Investigación Científica, institución oficial de Francia.

 

La Tierra recibió elementos para la vida de la colisión que creó la Luna

Un estudio de la Universidad Rice, en Houston, Texas, Estados Unidos, sostiene que la Tierra probablemente recibió la mayor parte de su carbono, nitrógeno y otros elementos volátiles esenciales para la vida, de la colisión planetaria que creó la Luna hace más de 4 mil 400 millones de años.

“Desde el estudio de los meteoritos primitivos, los científicos han sabido que la Tierra y otros planetas rocosos en el sistema solar interior están agotados por la volatilidad”, señaló el coautor del estudio Rajdeep Dasgupta. “Sin embargo, el momento y el mecanismo de la entrega volátil se han debatido acaloradamente. El nuestro es el primer escenario que puede explicarlo de manera consistente con todas las pruebas geoquímicas”, precisó.


La evidencia se recopiló a partir de una combinación de experimentos de alta temperatura y alta presión en el laboratorio de Dasgupta, que se especializa en el estudio de reacciones geoquímicas que tienen lugar dentro de un planeta bajo un intenso calor y presión.


En una serie de experimentos, el autor principal del estudio y estudiante graduado Damanveer Grewal reunió elementos para probar una teoría de largo plazo de que los volátiles de la Tierra llegaron de una colisión con un planeta embrionario que tenía un núcleo rico en azufre. El contenido es importante ya que a la desconcertante variedad de evidencia experimental sobre el carbono, el nitrógeno y el azufre que existen en todas las partes de la Tierra que no sean el núcleo.


“El núcleo no interactúa con el resto de la Tierra, pero todo lo que está por encima, el manto, la corteza, la hidrosfera y la atmósfera, están todos conectados”, sostuvo.


Una idea de larga duración acerca de cómo la Tierra recibió sus volátiles fue la teoría del chapado tardío, que los meteoritos ricos en esos elementos, trozos sobrantes de materia primordial del sistema solar exterior, llegaron después de que se formó el núcleo del planeta. Mientras las firmas isotópicas de esos materiales coinciden con objetos primordiales, conocidos como condritas carbonáceas, la proporción elemental de carbono a nitrógeno está desactivada.


El material no central del globo terráqueo, que los geólogos llaman “la Tierra de silicato a granel”, tiene alrededor de 40 partes de carbono por cada una de nitrógeno, aproximadamente el doble de la proporción 20-1 que se ve en las condritas carbonáceas.


Los experimentos de Grewal probaron la idea de que un núcleo planetario rico en azufre podría excluir el carbono o el nitrógeno, o ambos, dejando fracciones mucho mayores de esos elementos en el silicato a granel en comparación con la Tierra.

 

Descubren una "fascinante" y prolífica vida intraterrestre

Washington. Cerca de 70 por ciento de los microbios de la Tierra vive en las profundidades; en rocas que fueron consideradas estériles, pero donde abundan bacterias y organismos unicelulares, según varios científicos que, por primera vez, han estimado la magnitud de esta vida "intraterrestre".

En la cumbre estadunidense de geofísica, en Washington, cientos de investigadores internacionales del programa Deep Carbon Observatory publicaron ayer la suma de sus trabajos, según los cuales la vida profunda representa una masa de entre 15 mil y 23 mil millones de toneladas de carbono.

Esto nunca había sido cuantificado, ya que antes la comunidad científica no disponía de observaciones puntuales.

Los participantes de esta colaboración internacional, que se efectuó durante 10 años, hicieron cientos de perforaciones en continentes y océanos. Un barco japonés perforó 2.5 de kilómetros bajo la placa oceánica, capturando microbios que nunca habían sido observados y estaban en una capa de sedimentos de 20 millones de años.

"Viven por todas partes en los sedimentos", dijo a Afp Fumio Inagaki, de la Agencia japonesa para Ciencias Marinas y de la Tierra. "Están ahí y esperan... todavía no entendemos sus mecanismos para sobrevivir a largo plazo", apuntó.

Dichos organismos habitan varios kilómetros debajo de la superficie, en la corteza terrestre y aparentemente han evolucionado con total independencia de la vida superficial.

"Son nuevas ramas del árbol de la vida que existen en la Tierra desde hace miles de millones de años, sin que nunca las hayamos tenido en cuenta", dijo Karen Lloyd, de la Universidad de Tenesi.

Se trata principalmente de bacterias y microorganismos unicelulares; algunos son zombies, pues utilizan toda su energía para sobrevivir, sin ninguna actividad, en áreas aisladas de la superficie desde tiempos inmemoriales, hace decenas de millones de años o más.

Sometidos a una presión extraordinaria y privados de nutrientes, algunos no se reproducen y carecen de actividad metabólica para recuperarse.

Quimiosíntesis, en lugar de energía solar

Otras bacterias, por el contrario, tienen una cierta actividad y fascinan a los biólogos porque funcionan en un sistema que no tiene nada que ver con la superficie terrestre, donde toda la cadena alimenticia depende de la fotosíntesis, que hace crecer a las plantas y permite nutrirse a un conjunto de organismos.

"Su fuente de energía no es el sol y la fotosíntesis", señaló Bénédicte Menez, responsable del equipo de geomicrobiología del Instituto de Física del Globo de París. "Aquí lo que hace funcionar a las comunidades es la quimiosíntesis, es decir, obtienen su energía de las rocas cuando éstas se alteran".

El récord de las observaciones lo ostenta un organismo unicelular bautizado Geogemma barossii, que ha sido hallado en fuentes hidrotermales en el fondo de los océanos: vive, crece y se reproduce a 121 grados centígrados.

La vida profunda sigue siendo un misterio científico formidable. ¿Cómo se propagan los microbios bajo tierra? ¿Descienden de la superficie o se generan en el interior de ella? ¿Hasta que profundidad hay vida? ¿Cuáles son sus fuentes de energía principales? ¿Metano, hidrógeno, radiaciones naturales...?

"Todavía no se sabe cómo afecta la vida subterránea a la superficial y viceversa", dice Rick Colwell, de la Universidad del Estado de Oregon.

Los humanos acumulan proyectos de explotación del subsuelo profundo para almacenar, por ejemplo,dióxido de carbono o para enterrar proyectos nucleares, pero hasta ahora esos planes consideraban que las profundidades eran "globalmente estériles", dijo Bénédicte Menez. Sin duda las interacciones han sido subestimadas.

Ahora "hay una verdadera toma de conciencia de este impacto de la vida en las profundidades de la Tierra", añade.

El descubrimiento cambia también nuestra percepción sobre otros planetas; por ejemplo, Marte, donde sabemos desde hace años que hay agua líquida pero seguimos buscando indicios de vida.

Saber que a niveles de presión y de temperatura extremos viven algunos microbios "puede ayudarnos a buscar mejor en otros planetas", explica Rick Colwell, quien enseña astrobiología en Oregon.