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Ejemplar de sepia común. — Marie Bournonville / CREATIVE COMMONS.

¿Me como un trozo de gambón ahora mismo o espero un poco para comerme una gamba viva, que me gusta más? Las sepias sometidas a este dilema han demostrado una capacidad de autocontrol significativa ante una prueba similar a la que se diseñó hace décadas para medir el desarrollo cognitivo del cerebro humano en niños de corta edad. Esta capacidad de autocontrol en un invertebrado es comparable a la de algunos vertebrados con un cerebro de considerable tamaño. Las sepias sometidas a este experimento fueron antes entrenadas y efectuaron pruebas de aprendizaje.

Aunque a pocos se les ocurriría entrenar a una sepia en vez de comérsela, estos cefalópodos son capaces de aprender y sus reacciones dicen mucho sobre lo que puede hacer su cerebro. Sus parientes los pulpos son considerados los más inteligentes, pero las sepias comunes (Sepia officinalis) acaban de demostrar que pasan la prueba de la golosina (o de la recompensa), lo que demuestra una capacidad cognitiva que los investigadores que han hecho el experimento creen que es una herramienta que les permite adaptarse para sobrevivir.

La capacidad de autocontrol que permite retrasar una satisfacción se considera una habilidad cognitiva básica que varía mucho entre animales. Algunos pueden ejercerla durante pocos segundos mientras que en otros muchos no se ha encontrado o es muy débil, y solo unos pocos animales toleran retrasos de varios minutos.

En lo que es una explicación simplificada, cuando la prueba se hace en niños se les ofrece su golosina preferida y se les dice que si esperan un cuarto de hora, se podrán comer dos de esas golosinas en vez de una. Es una forma de comprobar a qué edad se desarrollan en humanos la capacidad de tomar decisiones, la planificación del futuro y el comportamiento dirigido a un objetivo.

Las sepias del experimento solo aguantaron entre 50 y 130 segundos, pero esta duración se considera relativamente larga si se compara con los resultados en muchos otros animales, explican los autores, liderados por Alexandra K. Schnell, de la Universidad de Cambridge. Lo más complicado sin duda fue el diseño del experimento, porque ya el año pasado uno más simple indicó que las sepias podían no desayunar si esperaban una cena que les gustase más, pero no se consideró concluyente respecto a la capacidad de auto control.

Así que estos investigadores diseñaron algo diferente y mucho más complejo. Las sepias del experimento, seis ejemplares casi adultos de nueve meses de edad, aprendieron primero a asociar tres símbolos (cuadrado, círculo y rectángulo) con el grado de disponibilidad en el acuario de una presa visible tras una pantalla transparente en la que figuraba el símbolo.

Así se pudo estudiar cuanto tiempo estaba dispuesto cada uno de los ejemplares a esperar para obtener la recompensa deseada, que era la gamba viva (hubo también una fase de control). Se empezó por 10 segundos y se fue aumentando el tiempo de 10 en 10 segundos. En cualquier momento la sepia podía lanzarse a adquirir la presa disponible sin esperar más por la otra. El tiempo de espera de los ejemplares varió entre los 50 y los 130 segundos y este tiempo individual se mantuvo en cada ejemplar en pruebas consiguientes en las que se retrasó más la recompensa. En general, cuanto más aumentaba el tiempo más abandonaban la espera los animales.

Este experimento se pretendió utilizar también para evaluar la relación entre el grado de autocontrol y la capacidad de aprendizaje de una tarea concreta,y los investigadores afirman que es la primera vez que se encuentran indicios de esta asociación en un animal no primate. Reconocen, sin embargo, que pueden quedar dudas sobre esta relación y esperan que experimentos posteriores la corroboren. Lo que sí aseguran es que, en cuanto al auto control, las sepias muestran una capacidad cognitiva comparable con la de los mamíferos estudiados.

Un autocontrol alto se ha relacionado sin duda con mejores resultados en tareas cognitivas, como el aprendizaje, en humanos y otros primates, incluidos los chimpancés, pero no está clara esta relación en otros animales que viven en condiciones muy diferentes, señalan los investigadores, de Reino Unido, Austria y Estados Unidos, que han publicado el resultado de su experimento con sepias en una revista de la Royal Society británica.

Otras especies que han demostrado ser capaces de autocontrol para esperar una recompensa mejor son los cuervos, los loros y los perros. En estos casos se relaciona con factores socioecológicos, como que usan herramientas, que tienden a almacenar alimentos y que viven en comunidad. Pero las sepias, que se sepa, no usan herramientas, no guardan alimentos y su sociabilidad es muy limitada.

Por eso los investigadores creen que el desarrollo en su caso de la ventaja evolutiva del auto control puede asociarse a que las sepias permanecen durante mucho tiempo quietas y camufladas, solo atacan a sus presas durante breves periodos y tienen mayor probabilidad de éxito cuando esperan a que éstas estén muy cerca. Ahora falta por comprobar si otros cefalópodos tienen capacidad de autocontrol y el candidato más interesante es precisamente el pulpo, por el modo de caza que emplea, señalan los investigadores

madrid

09/03/2021 07:32

Malen Ruiz de Elvira

A la izquierda, corte de cerebelo, con factor de aumento 40x, obtenido con microscopía electrónica (doctor E. Zunarelli, Hospital Universitario de Módena). A la derecha, sección de una simulación cosmológica, que se extiende 300 millones de años luz a cada lado.Foto Vazza et al. 2019 A&A

Un astrofísico y un neurocirujano italianos realizaron el análisis comparativo

 

Un astrofísico y un neurocirujano italianos encontraron similitudes sorprendentes al comparar la red de células neuronales del cerebro humano con la red cósmica de galaxias.

A pesar de la diferencia sustancial de escala entre las dos redes (más de 27 órdenes de magnitud), el análisis de Franco Vazza, astrofísico de la Universidad de Bolonia, y Alberto Feletti, neurocirujano de la Universidad de Verona, quien se encuentra en la encrucijada de la cosmología y la neurocirugía, sugiere que diversos procesos físicos pueden construir estructuras caracterizadas por niveles similares de complejidad y autorganización.

El cerebro humano funciona gracias a su amplia red neuronal que se estima que contiene aproximadamente 69 mil millones de neuronas. Por otro lado, el universo observable está compuesto por una red cósmica de al menos 100 mil millones de galaxias. Dentro de ambos sistemas, sólo 30 por ciento de sus masas están compuestas por galaxias y células nerviosas.

Dentro de ambos sistemas, las galaxias y las neuronas se organizan en largos filamentos o nodos entre los primeros. Finalmente, en ambos sistemas, 70 por ciento de la distribución de masa o energía está compuesta por componentes que tienen un papel aparentemente pasivo: agua en el cerebro y energía oscura en el universo observable.

A partir de las características compartidas de los dos sistemas, los investigadores compararon una simulación de la red de galaxias con secciones de la corteza cerebral y el cerebelo. El objetivo era observar cómo las fluctuaciones de la materia se dispersan en escalas tan diversas. Los resultados se publican en Frontiers in Physics. "Calculamos la densidad espectral de ambos sistemas. Es una técnica que se emplea a menudo en cosmología para estudiar la distribución espacial de las galaxias", explicó Franco Vazza.

"Nuestro análisis mostró que la distribución de la fluctuación dentro de la red neuronal del cerebelo en una escala de un micrómetro a 0.1 milímetros sigue la misma progresión de la distribución de la materia en la red cósmica pero, por supuesto, en una escala mayor que va de 5 millones a 500 millones de años luz."

Conexiones

Los dos investigadores también estimaron algunos parámetros que caracterizan tanto la red neuronal como la cósmica: el número promedio de conexiones en cada nodo y la tendencia de agrupar varias conexiones en nodos centrales relevantes dentro de la red.

"Una vez más, los parámetros estructurales han identificado niveles de concordancia inesperados. Probablemente, la conectividad dentro de las dos redes evoluciona siguiendo principios físicos similares, a pesar de la llamativa y obvia diferencia entre los poderes físicos que regulan las galaxias y las neuronas", agrega Alberto Feletti.

Los resultados de este estudio piloto impulsan a los investigadores a pensar que técnicas de análisis nuevas y efectivas en ambos campos, cosmología y neurocirugía, permitirán una mejor comprensión de la dinámica enrutada subyacente a la evolución temporal de estos dos sistemas.

 Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido).

ENTREVISTA — Catedrática de Neuroimagen Cognitiva

La investigadora de la Aston University (Reino Unido) explica que "si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos"

 

Una de las lecciones que ha dejado la pandemia de COVID-19 es que en biología no hay unos y ceros: la realidad es compleja y las excepciones, numerosas. La investigadora Gina Rippon (Reino Unido, 1950) defiende en El género y nuestros cerebros (Galaxia Gutenberg, 2020) que los cerebros de los seres humanos no pueden catalogarse de forma binaria según el género de su portador.

¿Reflejan nuestros cerebros que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus? Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido), repasa la historia de la neurociencia y el estudio de las diferencias sexuales del cerebro con dureza y una dosis de humor británico.

En las páginas de El género y nuestros cerebros hay psicología barata, neurobasura, salmones muertos y bebés. Muchos bebés. Hablamos con ella sobre el órgano más complejo de nuestro cuerpo y los mitos sexuales que lo rodean y damos por sentado. 

¿Existe un cerebro masculino y femenino?

La idea [de que existen] surgió a finales del siglo XVIII y está pasada de moda. Como hombres y mujeres tenían cuerpos, habilidades y roles diferentes, se daba por sentado que también tendrían cerebros diferentes. Así empezó lo que yo llamo una "caza de diferencias", pero ninguna investigación ha podido asignar un sexo a un cerebro. Es importante tenerlo en cuenta, porque muchas políticas, estrategias educativas y estereotipos de género se basan en la idea de que sí existe un cerebro masculino y uno femenino.

Entonces, si alguien estudiara mi cerebro ¿no podría adivinar mi sexo?

Si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos. Cada cerebro es diferente al resto. Existen partes que tienden a ser mayores en los hombres y rutas que pueden ser más largas en las mujeres, pero es un mosaico, no una división entre rosa y azul.

Antes pesábamos cráneos y ahora contamos con los escáneres más avanzados. ¿Por qué las nuevas tecnologías no han zanjado el debate sobre las diferencias sexuales en el cerebro?

Tendemos a buscar evidencias que confirmen lo que ya creemos. A los científicos nos gusta considerarnos objetivos, pero a menudo las preguntas que se hacen forman parte de un sesgo de confirmación. Ya no medimos el ángulo entre la punta de la nariz y el lóbulo de la oreja; en su lugar intentamos demostrar que la amígdala masculina es más gruesa que la femenina, pero todo forma parte de la misma idea. Cuando no encontramos diferencias creemos que hay algo mal con las métricas, en vez de pensar que igual no existen. Aun así, creo que la neurociencia del siglo XXI maneja mejor las preguntas: por eso debemos revisitarlas.

Hoy sabemos que el cerebro es plástico y tiene gran capacidad de adaptación. ¿Puede esto poner punto y final al debate?

Es difícil, pero debería hacer que avance. Pensábamos que el cerebro era algo fijo que tenía un guion biológico, con una plantilla para hombres y otra para mujeres, y que si no encontrábamos diferencias era por culpa de la tecnología. Ahora sabemos que este órgano cambia a lo largo de nuestra vida y que su desarrollo no termina durante la adolescencia. Cambia según nuestras experiencias y según lo que el mundo espera de nosotros, de nuestro comportamiento y del grupo al que deberíamos pertenecer. En ese sentido sería mejor hablar de un cerebro "feminizado" o "masculinizado" para reflejar que lo que sucede fuera es tan importante como lo que pasa dentro.

En el libro asegura que una diferencia estadística no tiene por qué ser "útil". ¿A qué se refiere?

Si miras los datos asociados a diferencias [sexuales] entre cerebros y comportamientos verás que hay mucha variabilidad dentro de cada grupo, con una superposición enorme. Las diferencias entre los grupos son muy pequeñas, mientras que las diferencias dentro de los grupos son muy amplias. Sin embargo, nuestra atención siempre ha estado en las primeras, que son tan pequeñas que pueden no ser significativas. Que haya un número estadístico no significa que puedas coger una mujer o un hombre al azar y predecir su personalidad o el tamaño de su hipocampo.

A las defensoras del concepto de "neurosexismo" se les acusa de negar que existan las diferencias sexuales e, incluso, la propia biología. ¿Es cierto?

Soy neurocientífica, sería raro que negara la biología. Estoy de acuerdo en que existen las diferencias sexuales, el problema es que algunos aseguran que tienen un significado evolutivo y que por eso se han mantenido. Tenemos que preguntarnos cómo de significativas son [para explicar] las diferencias en logros y salud. Asumir que todo lo que necesitas saber de alguien es su género no te dará la respuesta correcta: el sexo influye, pero hay otros factores a tener en cuenta.

Sus críticos también aseguran que ustedes piden no investigar ciertos temas y, por lo tanto, censuran la ciencia.

 Me molesta mucho ese argumento porque yo no digo que no haya que estudiar las diferencias sexuales. No las negamos ni las consideramos una verdad incómoda. De hecho, son tan importantes que queremos llegar al fondo del asunto, asegurarnos de que las investigaciones son fiables y válidas, y que las preguntas e interpretaciones son rigurosas.

La batalla en curso [contra el neurosexismo] tiene un decepcionante nivel de mala comprensión sobre lo que hacen los científicos en cada bando. Es un debate importante y no solo académico: es sobre cómo la gente vive sus vidas y cría a sus hijos.

¿Es la salud mental uno de esos ejemplos en los que es importante estudiar las diferencias sexuales?

En la salud mental, depresión, desórdenes alimenticios y de autoestima hay influencias sociales muy poderosas. También puede ser que el cerebro de las mujeres sea más susceptible a estas influencias y de ahí vengan las diferencias, pero no surgen automáticamente. Emergen en el contexto de una sociedad muy dividida por géneros [que enfatiza] las diferencias sexuales. Las diferencias biológicas juegan un papel, pero no son solo genes y hormonas. También puede ser que la biología haya sido moldeada por los estereotipos, expectativas y experiencias.

Define a los psicólogos evolucionistas como "defensores del ‘statu quo’". ¿Es esto un problema en otros campos?

Es algo que sucede en la propia neurociencia, que en sus orígenes trabajaba partiendo del statu quo. La psicología evolucionista consiste en mostrar una diferencia sexual, como el instinto maternal o la agresión, y luego retroceder para decir que tiene un significado evolutivo y que se ha mantenido a lo largo del tiempo porque es importante. Así acabas diciendo que las mujeres prefieren el rojo al azul porque necesitaban recolectar bayas en el pasado, mientra los hombres escaneaban el horizonte en busca de mamuts. 

¿Buscamos excusas científicas para justificar decisiones políticas?

El argumento esencialista dice que todas estas brechas de género están basadas en diferencias naturales que no deberíamos cambiar. Quienes se benefician de las desigualdades piensan que habría que dejar las cosas como están, y hay evidencias que muestran que aquellos que creen en la existencia de diferencias biológicas fundamentales tienden a apoyar menos las iniciativas que fomentan la diversidad. Creen que si hay menos mujeres en ciencia o en los gobiernos así es como debería ser.

¿Cómo cambiar la visión de la sociedad en este tema? Llevamos años absorbiendo mala ciencia y titulares sensacionalistas.

A la gente le encantan libros como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus porque sienten que reflejan su propia experiencia. Si hay datos que apoyan [las diferencias sexuales] y les dan algo de credibilidad científica es más probable que lo crean. No gusta oír que, en realidad, no son verdades universales sino algo que hemos construido en la sociedad. Necesitamos destacar las consecuencias negativas de los estereotipos y explicar que el mundo no tiene por qué ser así. Debemos explicar que somos más similares que diferentes: no somos ni de Marte ni de Venus, somos todos de la Tierra.

¿Qué papel juega en esto la educación?

La educación también es importante. En los primeros años de vida, cuando los cerebros son más absorbentes, [los niños] están más expuestos a estereotipos de género, desde la ropa a los juegos. Así empezamos a encaminar sus cerebros de formas diferentes. Debemos asegurar que todos puedan alcanzar su potencial. Pequeños cambios, como prohibir anuncios y juguetes que apoyen estereotipos de género, pueden ayudar.

Aun así, la gente me pregunta si alguna vez tendremos una sociedad neutral en cuanto al género, y me dice que va a educar así a sus hijos. Yo creo que el único camino hacia adelante es tener una sociedad en la que el género sea irrelevante, en la que este no decida cómo una persona puede contribuir a la sociedad, qué habilidades tiene y qué se le da bien o mal.

Muchos científicos critican que no se publiquen más resultados negativos. ¿Son los estudios de diferencias sexuales la punta del iceberg?

 Sí, y es algo que pasa en la ciencia en general. Diseñamos un estudio para demostrar la hipótesis de que hay diferencias entre los cerebros, y cuando no las encontramos pensamos que quizá hicimos algo mal y no lo publicamos. La ciencia debería compartir todo lo que encuentra. De lo contrario, quien ojee la literatura académica pensará que hay miles de estudios que muestran diferencias en el cerebro de hombres y mujeres, cuando hay muchos más que no se han publicado.

¿Nos fijamos demasiado en las diferencias 'per se', en vez de en sus implicaciones?

Completamente cierto. Hemos gastado millones en medir pequeñas partes del cerebro, pero no sabemos cómo las diferencias estructurales se traducen en diferencias de comportamiento. Podemos medir todo lo que queramos, pero nada de eso explica que haya más hombres jóvenes que se suicidan, mujeres jóvenes con desórdenes alimenticios, menos investigadoras, o más hombres en prisión. Podemos decir que hay una asociación, pero no sabemos realmente lo que significa. 

La ciencia superó hace décadas el debate entre naturaleza y crianza, ¿por qué parece haberse mantenido en la sociedad?

Esta vieja dicotomía refleja los inicios del feminismo, que sostenía que las mujeres deberían ser capaces de hacer cualquier cosa, y cualquier explicación biológica era una especie de conspiración para mantenerlas en su sitio. Por eso defendían ignorar la biología y centrarse en la crianza. La gente piensa así todavía porque no se dan cuenta de cómo el mundo moldea nuestro cerebro. No es naturaleza ni crianza: están enmarañadas, e intentar agarrarse a un lado u otro nos ha limitado siempre.

En los últimos años se escucha cada vez más que el sexo humano no es binario, ¿qué opina del tema?

Hasta los biólogos dicen que no deberíamos pensar en términos binarios rígidos porque sabemos que la distinción no es tan clara. Aunque aceptemos que hay un sexo biológico binario, eso no determina en absoluto cuál debería ser tu identidad de género. Además, [el género] es un proceso biológico, pero es mucho más flexible y multidireccional de lo que pensábamos. Deberíamos decir a la gente que su identidad está determinada por quién sienten que son, pero a veces existe una tensión por mantener la vieja dicotomía.

¿La mala ciencia ha afectado a la lucha por la igualdad de género?

Sí, es la base de la desigualdad de género porque históricamente se ha creído que [las diferencias sexuales] eran por motivos biológicos. Esto socava el progreso en muchas iniciativas, no solo de género. Centrarse en la biología puede ser un problema porque esta no funciona en el vacío: tienes que cambiar la cultura en la que se desarrolla para asegurar que los esfuerzos por igualar la brecha de género valen la pena.

Una de las preguntas que deja sin resolver en 'El género y nuestros cerebros' es la llamada paradoja de la igualdad, por la que aquellos países más igualitarios tienen menos investigadoras. ¿Por qué cree que sucede?

Es muy simplista decir que las mujeres no hacen ciencia porque prefieren a la gente, mientras que los hombres prefieren las cosas, como si hubiera una preferencia biológica predeterminada. Esto lleva a sugerir que no hay que molestarse con iniciativas para impulsar la diversidad. La autoestima es muy importante: dirige nuestro comportamiento y es un mecanismo de supervivencia casi tan fundamental como el hambre y la sed. Hay muchas formas en las que una cultura puede socavar la autoestima de una persona, y si una persona con habilidades puede escoger dónde usarlas, puede decidir evitar los sitios donde no va a ser reconocida, recompensada ni ascendida. Es un gran ejemplo de la paradoja por la que la sociedad culpabiliza al individuo sin mirar su propio papel en el comportamiento de este.

Por Sergio Ferrer

6 de septiembre de 2020 22:03h

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Jueves, 23 Julio 2020 05:57

El sueño y sus interrogantes

El sueño y sus interrogantes

Entrevista a la psicoanalista argentina Carolina Koretzky

Por qué soñamos, qué dicen nuestros sueños: “El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre”, dice esta especialista, que indaga qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis.

 

Uno de los libros emblemáticos de Sigmund Freud fue La interpretación de los sueños. El gran psicoanalista vienés señaló que el sueño “es el guardián del dormir”, algo que no aplica para los sueños de angustia y los sueños traumáticos que más bien provocan el despertar. Jacques Lacan, en tanto, empleó el término “despertar” para hablar de la experiencia analítica. Ahora bien: ¿qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis? Ese es el gran interrogante que aborda la psicóloga y psicoanalista argentina Carolina Koretzky en su libro Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica (Grama Ediciones). ¿Un análisis es un medio de despertarnos o una manera de seguir soñando cuando fue, justamente, la irrupción de un síntoma o de un encuentro traumático que nos despertó? ¿Hay alguna posibilidad de despertarnos? Esas preguntas se formula esta analista radicada en Francia y miembro de L’Ecole de la Cause freudienne y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. “Estudiar aquello que Freud en su obra y Lacan en su enseñanza dijeron a propósito de esta pregunta se vuelve crucial, ya que las respuestas no son tajantes. Al contrario: son respuestas que merecen ser complejizadas ya que se trata de, nada menos, que de la relación del sujeto a lo real en el análisis. Este libro intenta abordar esta pregunta dejando aparecer todas las variantes y paradojas que la riqueza clínica nos ofrece”, explica Koretzky a PáginaI12, sobre su investigación que fue el resultado de una tesis de doctorado en Psicoanálisis, presentada en la Universidad de París 8, bajo la dirección de Serge Cottet y Marie-Hélène Brouse.

--¿Por qué en el sueño no todo es sueño?

--Su pregunta merece una aclaración y un matiz propio a la lengua francesa: la diferencia entre rêve y songe. En español usamos la misma palabra para hablar de un “sueño” (rêve) y de “tener sueño” (sommeil). Su pregunta es muy pertinente ya que Freud mismo cuestionó aquello que en el sueño no lograba acomodarse al dormir. La prueba es la gran paradoja que muestra el sueño de angustia: el sueño es supuestamente el guardián del dormir y a veces, su contenido mismo interrumpe el dormir. Freud intentó dar una explicación a esta aparente contradicción, pero al mismo tiempo los sueños de angustia y los sueños traumáticos nos muestran que hay algo en el interior mismo del sueño que no duerme... O en todo caso, que no se vuelve compatible con el deseo de dormir.

--¿Cómo se explica que, si según Freud el sueño es el guardián del dormir, es también el que provoca el despertar?

--Esto requiere entrar en los detalles apasionantes de la metapsicología, pero trataré de simplificarlo: en La interpretación de los sueños Freud busca establecer una teoría general inédita hasta el momento sobre el sueño y el aparato psíquico. Es una obra que tiene un gran valor epistemológico ya que va a postular que cualquiera sea el contenido representativo, todo sueño figura un cumplimiento de deseo. Esta tesis general va a ser puesta en cuestión a partir de 1920 con el descubrimiento del más allá del principio de placer y la pulsión de muerte. En la primera teoría del sueño la figuración de la realización del deseo es indisociable del deseo de dormir. No son más que uno, dice Freud en una carta a Fliess: se sueña para no despertarse, ya que deseamos dormir, para cuidar el dormir. El sueño es un producto de compromiso que permite seguir durmiendo. Para decirlo lo más claramente posible: los sueños son una formación producto de un acuerdo logrado entre dos elementos heterogéneos y conflictivos: un deseo inconsciente, prohibido e infantil, y la barrera de la censura, que impone sus prerrogativas para el acceso a la conciencia. Gracias a este compromiso entre la censura y el deseo --o entre el yo y la pulsión--, el sujeto puede dormir. Si soñamos para no despertar, ¿por qué razón habría sueños que nos despiertan? El fenómeno de interrupción brusca del sueño a partir de la angustia es una paradoja: sólo hay sueño si dormimos, y sin embargo, a veces, el sueño se acaba por lo que el soñar mismo produce y provoca el despertar. No es la realidad la que despierta, sino algo en el interior mismo del sueño. Eso Lacan lo retoma y lo desarrolla en detalle en su seminario XI.

--¿En términos psicoanalíticos, el despertar es una ruptura instantánea?

--Exactamente. Es lo que diferencia al psicoanálisis de otras corrientes o visiones del mundo, sobre todo religiosas, como en el budismo theravada, que apuntan a un despertar como ideal supremo, el nirvana. Pero el psicoanálisis no adhiere tampoco completamente al dramaturgo barroco Calderón de la Barca quien decía que la “La vida es sueño”. Justamente, para el psicoanálisis el despertar es, al igual que el modelo de la interrupción del dormir por la angustia, un corto instante, un relámpago, decía Lacan, un encuentro fugaz e instantáneo.

--¿Cuáles son las diferencias fundamentales del despertar según Freud y según Lacan?

--Si en Freud encontramos este término de “despertar” referido fundamentalmente al mundo onírico, Lacan a lo largo de su enseñanza, ha empleado este término y sus opuestos (sueño, deseo de dormir, adormecimiento) para dar cuenta de componentes fundamentales de la experiencia analítica. Es un término que de Freud a Lacan pasa de un uso literal a un uso figurativo. De esta forma, el despertar en psicoanálisis es el objeto de una diversidad de usos, figuras y aporía, pero todas indican la presencia en la clínica de un elemento disruptivo: aparición instantánea de las manifestaciones del inconsciente, sorpresas, traumas, momentos de desidentificación o, incluso, el final del análisis. Yo encontré una sola referencia a un uso figurativo del despertar en Freud: es en Análisis terminable e interminable, de 1937, artículo que escribió como respuesta póstuma a Sandor Ferenczi, quien le reprochó a Freud, su analista, el haber omitido analizar su transferencia negativa hacia él y de esta forma no haberle permitido realizar un análisis completo. Freud se muestra desfavorable respecto a la idea de deber activar un conflicto en el analizante que no se exterioriza y recurre a la frase popular: “No despertar a los perros dormidos”. Si las pulsiones crean perturbaciones es la prueba de que los perros no duermen, pero no está en nuestro poder el ir a despertarlos si duermen bien. Posición anti-profiláctica de Freud.

--¿Qué quiso decir Lacan con la idea de que “nos despertamos para seguir durmiendo en realidad”? ¿Uno de los aportes de Lacan es que el despertar en la realidad le sirve al sujeto para evitar el despertar en su propia verdad?

--Como decíamos, en el momento en que el sujeto se aproxima demasiado a una verdad insoportable, se despierta. Pero si nos detenemos un instante vemos bien que es un despertar a la realidad que le sirve para evitar el despertar a la propia verdad, esa verdad encontrada en el espacio del sueño en una temporalidad instantánea y fugaz. Es precisamente este mecanismo que lleva a Lacan, en diferentes momentos de su enseñanza, a enunciar que nos despertamos para seguir soñando o durmiendo. Esta tesis viene a definir el principio mismo de realidad: el sujeto se confronta a un punto de horror pero sólo el tiempo de un instante, un relámpago, y se vuelve luego a dormir en la realidad de representación, en el fantasma. Allí donde puede mantener nuevamente su deseo. Para retomar su pregunta a propósito de la diferencia entre Freud y Lacan vemos que allí donde Freud veía que es para seguir durmiendo que soñamos, Lacan demuestra que es para continuar soñando que uno se despierta. Pero “soñar” o “dormir” en el sentido de seguir inmersos en las representaciones y en los discursos que tejen la trama de la realidad y que necesariamente nos adormecen. Es por esa razón que Jacques-Alain Miller concluía en un excelente artículo que el despertar a la realidad es sólo una huida del despertar a lo real y que ese real se anuncia en el sueño justamente en el momento en que el sujeto va a acercarse a aquello de lo cual nada quiere saber.

--¿Es correcto separar los sueños de la realidad?

--Veíamos recién que Lacan demuestra que es para seguir soñando que uno se despierta, se despierta para huir y evitar el horror encontrado. Esto es muy interesante porque vemos que Lacan no sitúa el despertar y el acceso a lo real del lado de la realidad. Al contrario, toda la psicología construida en torno a un supuesto saber de adaptarse a la realidad se cae a pedazos, ya que la realidad material es un medio de eludir otra realidad. A esa otra realidad, Lacan la llama un real, ese real al que justamente el sueño, en un brevísimo instante, permitió acercarse. Si nos referimos a un texto como Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico vemos la manera en que Freud concibe la relación del sujeto a la realidad, la permanente infiltración del sueño, de las ensoñaciones y de los fantasmas en la realidad material y viceversa. Freud demuestra que el sujeto opta por la realidad debido a una falla en el principio de placer. El principio de realidad sólo opera a partir de una falta de satisfacción, y la sustitución del placer por la realidad no es más que un desvío gobernado por una exigencia de satisfacción. En su curso Causa y consentimiento, Jacques-Alain Miller relee este texto y demuestra claramente cómo la realidad es una prosecución del principio de placer por otros medios. Los sueños, las ilusiones y la actividad fantasmática, en general, no deben ser opuestos a la realidad ya que no hacen más que uno solo con el fin de prolongar el goce.

--En tiempos anteriores al primado de la razón se hablaba de sueños premonitorios. ¿El psicoanálisis le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales?

--¿Por qué soñamos? ¿Qué nos dicen nuestros sueños? El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre. Lo cierto es que corroboramos que casi no hay civilización ni cultura que no tenga o no haya tenido una teoría sobre los sueños. Durante la antigüedad, el sueño recibió una significación profética. Abundan los ejemplos en el antiguo testamento pero también están presentes en Virgilio, Homero, Aristóteles y Platón. Durante las campañas militares, Alejandro Magno podía llegar a decidir si atacar o no una ciudad en función de lo que sus intérpretes predecían a partir de sus sueños. La función profética y oracular de los sueños era preeminente en la antigüedad. Durante el medioevo, los sueños adquirieron una significación sobrenatural, un espacio de conexión con los poderes del más allá, una visita de origen diabólico, como lo muestra la palabra “incubus” en latín, que designaba también a las pesadillas. Durante el siglo XIV y hasta el XVI la palabra “incubo” (o súcubo) designó a las pesadillas, basada en la creencia medieval según la cual un demonio masculino abusaba de una mujer durante el sueño. Vemos cómo a partir del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, el sueño se volvió un objeto para la ciencia, que en contraposición a las antiguas teorías, le quitó todo valor simbólico. En una reacción exacerbada, la ciencia de principios del siglo XIX sólo le otorgó un valor somático cerrando las puertas al inconsciente y a la interpretación. Freud es heredero de su época y, si bien le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales, no lo hizo al precio del cierre del inconsciente. Vio en el sueño un medio, una “vía real” a su acceso.

--¿Para Freud no es un despertar en la realidad gracias a un estímulo exterior sino un despertar de la fantasía?

--Decíamos que hay en Freud una inmisión del sueño y de la realidad más bien que una lógica de separación tajante entre los dos registros. Freud se opone a sus contemporáneos que sólo veían en el sueño la reacción a una perturbación exterior o interior del cuerpo. Para estos autores, de un racionalismo extremo, el sueño es sólo la respuesta a una perturbación. Esto es cierto y no lo es: ciertamente hay sueños que incluyen en su contenido el elemento perturbador con el fin de seguir durmiendo, pero Freud se opone a concebir el aparato psíquico en términos de estímulo y respuesta, ya que cada uno de nosotros podrá ser molestado por un mismo estímulo de la realidad y, sin embargo, producir contenidos radicalmente diferentes. Vemos cómo entre el estímulo y la respuesta interviene un proceso que tiene por función un “ensayo interpretativo”, dice Freud, que termina en una representación. Este proceso, primario, lo califica Freud, es un espacio absolutamente singular: es el espacio del inconsciente. Freud lo ejemplifica a partir del célebre sueño de Maury, quien fue un gran investigador de los sueños, profesor del Collège de France y creador de laboratorios del sueño muy en boga durante el siglo XIX. Maury tuvo un sueño que suscitó en la época importantes discusiones filosóficas. El sueño se sitúa en el momento de la Revolución y Maury es juzgado junto a Robespierre, Marat, Fouquier-Tinville. Es conducido luego al lugar de la ejecución, sube al patíbulo y en el instante en que la guillotina cae, Maury siente que su cabeza se separa del tronco. Se despierta en estado de angustia extrema y descubre que el dosel de la cama se había caído a la altura de sus cervicales... Le dejo al lector descubrir la explicación que da Freud a propósito de este extraño sueño...

--¿Por qué lo que despierta no es la realidad exterior? ¿Cómo se entiende esto en los sueños de angustia?

--En la misma línea de Freud, en 1964, Lacan retoma esta apasionante discusión a propósito de esta brecha entre, dice él, percepción y conciencia. Es en ese entre que se produce una traducción soñada de la percepción. Esta traducción hace que no sea la realidad la que nos despierta sino más bien eso que Lacan llama “knocked” y que lo diferencia del knock, del golpe. Es en este espacio que va del knock al knocked, que el inconsciente se manifiesta en su singularidad inconmensurable. Freud llama a este proceso “Repräsentanz”, que es la forma en que se traduce la irrupción de la realidad material. A menudo sucede que lo que despierta al sujeto no es la realidad, el golpe, sino la traducción soñada de esta realidad. Y para ejemplificar este mecanismo Lacan va a utilizar como ejemplo un sueño que Freud cuenta al comienzo del capítulo VII de La interpretación de los sueños. Ese sueño es para Freud la ilustración misma de que aun cuando se trata de un sueño de angustia, la teoría del cumplimiento de deseo se corrobora. La relectura de Lacan difiere ya que se trata para él, no de un simple sueño de angustia que revela el deseo de ver al hijo en vida --interpretación freudiana--, sino de un sueño traumático consecutivo a un duelo.

Por Oscar Ranzani

Publicado enCultura
Italianos descubren molécula que bloquea la enfermedad de Alzheimer

Roma. Científicos italianos descubrieron una molécula que bloquea la enfermedad de Alzheimer, informó este lunes el periódico Il Messaggero.

“Descubren la molécula que rejuvenece el cerebro, favoreciendo el nacimiento de nuevas neuronas y combatiendo los defectos que acompañan las fases precoces de la enfermedad de Alzheimer”, precisó el rotativo.

El estudio fue coordinado por los científicos de la Fundación Ebri Rita Levi-Montalcini, en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones, la Escuela Normal Superior y el Departamento de Biología de la Universidad Roma Tre.

Al hacer experimentos con ratones, los científicos lograron neutralizar los A-beta oligómeros que se acumulan en las células madres del cerebro, causando el desarrollo de la enfermedad.

Los investigadores introdujeron el anticuerpo A13 en las células madres del cerebro de un ratón enfermo, con lo cual reactivaron el nacimiento de neuronas, rejuveneciendo el órgano.

Recupera lo perdido

El diario destaca que esta estrategia permite recuperar 80 por ciento de lo perdido por la patología en la fase inicial.

El estudio abre la posibilidad de desarrollar nuevos modos para diagnosticar y curar el Alzheimer.

Antonino Cattaneo, uno de los científicos que participaron en el estudio, aseguró que el uso terapéutico del anticuerpo A13 permitirá neutralizar los A-beta oligómeros dentro de las neuronas, donde se forman por primera vez, combatiendo así el efecto más precoz posible en la evolución de la patología.

Martes, 05 Noviembre 2019 06:19

La mujer resistente al alzhéimer

 María Nelly (derecha), una de las pacientes con alzhéimer hereditario de Antioquía (Colombia) que participa en el estudio de esta enfermedad liderado por Francisco Lopera, junto a su hija Yaned. Steve Russell/Getty Images

 El hallazgo de una paciente casi inmune a la demencia hereditaria temprana abre el camino hacia nuevos tratamientos

Durante generaciones, miles de habitantes de la región colombiana de Antioquia han vivido una de las peores maldiciones que puedan imaginarse. Todos ellos tienen una mutación en el gen de la presenilina 1 que hace que con un 99,9% de probabilidades desarrollen alzhéimer poco después de cumplir los 40 años. El hecho de que gran parte de Antioquia haya sido una región de difícil acceso durante siglos ha favorecido el aislamiento de sus habitantes y ha extendido la enfermedad debido a que muchos están emparentados. Desde que el neurólogo colombiano Francisco Lopera descubrió esta situación hace 30 años, este departamento se ha convertido en el epicentro de la búsqueda del primer tratamiento efectivo contra el alzhéimer hereditario y, posiblemente, también contra su variante esporádica, la más común.

El alzhéimer es devastador por muchas razones. Comienza de forma silenciosa unos 20 años antes de que aparezca ningún síntoma y una vez se diagnostica es demasiado tarde para revertirlo. Aunque se han hecho múltiples intentos de conseguir un fármaco efectivo aún no existe ninguno y muchas grandes farmacéuticas han desistido de desarrollar nuevos fármacos tras resultados negativos. Su incidencia va en aumento por el envejecimiento de la población. Solo en España 800.000 personas sufren la enfermedad y cada año se diagnostican 40.000 casos nuevos, según la Sociedad Española de Neurología. Ni siquiera están claras sus causas.

“En Colombia conocemos ya unos 6.000 miembros de la misma familia, todos emparentados, que tienen esta mutación, así que podemos hacer estudios estadísticamente significativos para demostrar si un fármaco contra el alzhéimer funciona o no”, explica Kenneth Kosik, investigador de la Universidad de California en Santa Bárbara. En 2013 arrancó en Antioquia un ensayo clínico con casi 300 personas, unas con la mutación, otras sin ella, para demostrar si el fármaco crenezumab, desarrollado por la biotecnológica californiana Genentech, propiedad de Roche, puede evitar el alzhéimer. Es un estudio casi imposible de realizar en ningún otro lugar del mundo, pues aquí los médicos saben quién desarrollará alzhéimer con casi total seguridad. Los resultados se esperan para 2022, pero gracias a los análisis médicos de los participantes se ha identificado a la única persona resistente a la mutación patológica y la enfermedad que provoca.

Se trata de una mujer que ahora tiene 73 años y que es la primera entre 6.000 portadores conocidos de la mutación que llegó a los 70 años sin rastro de alzhéimer, explican Lopera, Kosik y otros investigadores de Colombia y EE UU en un estudio publicado hoy en Nature Medicine. La mujer ha pedido a los médicos y científicos que no desvelen su identidad porque quiere mantener su anonimato.

Cuando los responsables del trabajo estudiaron el cerebro de esta mujer, vieron que estaba atestado de proteína beta amiloide, el primer marcador molecular del alzhéimer. Estas placas seniles se empiezan a formar 10 o incluso 20 años antes de que la persona sienta ningún síntoma. Pero para que alguien tenga alzhéimer diagnosticado debe haber un segundo marcador que aparece posteriormente: los ovillos de proteína tau que impiden que las neuronas se comuniquen entre sí y que, por un mecanismo que aún no está claro, podrían desencadenar la muerte neuronal y la destrucción de la memoria que caracteriza la enfermedad, que es la principal causa de demencia a nivel mundial. La paciente colombiana tenía unos niveles de tau muy bajos y no desarrolló alzhéimer.

Los investigadores han averiguado cómo se origina la resistencia de esta paciente al alzhéimer a nivel molecular. Esta mujer lleva dos copias del gen APOE 3 Christchurch, una variante rarísima del gen APOE 3. El APOE es el gen que más contribuye al alzhéimer y existen tres alelos, o variantes. La 2 da menos riesgo de lo normal de sufrir alzhéimer, la 4 lo aumenta significativamente, y la 3 es más o menos neutral. Después de analizar el cerebro de la paciente con máquinas de resonancia magnética, secuenciar su genoma y realizar otras pruebas, la colombiana Yakeel Quiroz, investigadora del Hospital General de Massachusetts, en Boston, ha desarrollado un anticuerpo que imita el efecto de la mutación que llevaba esta paciente. Esto ha desvelado cómo puede ejercer su función protectora.

 “Lo que hemos visto es que la proteína que genera el gen APOE de esta paciente interfiere en la unión de las proteínas APOE y HSPG, que fomenta la acumulación de proteínas amiloides y también tau”, explica Quiroz. Esto puede explicar por qué aunque su cerebro mostraba el primer marcador clásico del alzhéimer, no había muestras del segundo y las neuronas conservaban toda su funcionalidad a pesar de que en teoría el cerebro debería estar devastado por el alzhéimer desde hace 30 años. En su estudio, los investigadores dicen que se podría desarrollar un anticuerpo similar u otra molécula que reproduzca este mecanismo para probar si funciona como primer tratamiento contra el alzhéimer hereditario y, posiblemente, también el esporádico.

Quiroz advierte de que es muy pronto para que este descubrimiento pueda ayudar a las personas que sufren la enfermedad en la actualidad y explica que es necesario aún mucho trabajo. El siguiente paso es caracterizar a la perfección el mecanismo molecular detrás de este efecto protector y, a continuación, empezar un ensayo clínico en pacientes con una molécula que lo imite para ver si también puede proteger a personas que no tienen la mutación de esta paciente. Aunque a nivel molecular el alzhéimer hereditario y el esporádico son muy parecidos, dice Quiroz, también hay que demostrarlo. Es un proceso que en el mejor de los casos puede llevar cinco o incluso 10 años, señala. “La paciente tiene ahora 73 años y vemos que ha empezado a mostrar signos de demencia leve, pero aún así es espectacular, pues debería haber sufrido la enfermedad hace 30 años. Si pudiéramos imitar lo mismo en la población general retrasaríamos la aparición de la enfermedad tres décadas”, resalta. Quiroz añade que tiene hijos, por lo que probablemente hay más personas que llevan su mutación protectora y ahora están intentando encontrarlas.

Otro de los objetivos es encontrar la familia en la que se originó la mutación que condena a sufrir alzhéimer. Kosik explica que su equipo piensa que la variante genética llegó a América desde España con los conquistadores, hace 500 años. Su equipo está colaborando con científicos españoles para intentar localizar familias españolas en las que también haya alzhéimer hereditario, quizás debido a la misma variante en el gen de la presenilina 1. Otra opción es que esa mutación "se haya extinguido", reconoce.

Expertos independientes consultados sobre el trabajo destacan su interés, pero piden cautela. “El trabajo abre claramente un enfoque terapéutico”, opina Alberto Rábano, director del banco de cerebros de la Fundación CIEN, con 155 órganos donados por pacientes del Centro Alzhéimer Fundación Reina Sofía. El experto destaca que este trabajo refuerza la idea de que es la acumulación de la segunda proteína patógena, la tau, la que desencadena la dolencia. “Hay que tener mucha prudencia porque aquí solo se muestra una de las posibles vías por las que aparece la enfermedad, pero tener una sola forma de evitar la acumulación de proteína tau es algo muy importante. Un fármaco de este tipo sería el que habría que dar a las personas con deterioro cognitivo leve a las que hoy en día no podemos ofrecer nada. Este descubrimiento nos obliga a explorar este camino”, resalta.

Desde el punto de vista del conocimiento de la enfermedad, el estudio es importante porque “muestra que hay factores genéticos protectores ante la dolencia”, destaca Jesús Ávila, director científico de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas. Ávila señala que en 2012 se identificó otra mutación en personas de Islandia que les protegía de los efectos de otra forma de alzhéimer hereditario, en este caso provocado por un defecto en el gen de la proteína precursora amiloidea. Al igual que en Antioquia, este tipo de defectos se hicieron más prevalentes en los islandeses debido al aislamiento de su población y la consanguineidad.

Carlos Dotti, experto en alzhéimer del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, explica que “estos mecanismos no solo están presentes en esta paciente gracias a su mutación, sino que también están fuertemente operativos en individuos de edad avanzada”. “La mayoría de personas de más de 80 años no desarrolla alzhéimer a pesar de que en muchos de ellos la cantidad de placas de amiloide es muy alta, tanto o más que en individuos que sí desarrollaron demencia. Una de las explicaciones más lógicas a la falta de demencia en un ambiente con gran cantidad de amiloide es la robustez de mecanismos de defensa. Lamentablemente, no hay trabajos que demuestren la importancia en los mecanismos de resiliencia para evitar el desarrollo de alzhéimer, pero este estudio sugeriría que mecanismos parecidos al que protege a esta señora podrían estar involucrados”, añade.

Por Nuño Domínguez

5 NOV 2019 - 04:02 COT

Nuevos implantes cerebrales podrían dar poderes telepáticos

La Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural también advierte que esta tecnología podría dar a los gobiernos y las empresas el poder de leer el pensamiento y por lo tanto debe ser regulada.

A raíz de los nuevos avances tecnológicos que ahora incurren en el desarrollo de sofisticadas interfaces neuronales que conectan el cerebro humano con una computadora, la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural discute el potencial de estas tecnologías para la sociedad y pone sobre la mesa las preocupaciones éticas sobre el manejo de estas innovaciones.

En un nuevo informe titulado 'iHuman: Blurred lines between mind and machine' (iHuman: líneas borrosas entre la mente y la máquina), la asociación científica británica describe las interfaces neuronales como dispositivos implantados en el cuerpo o usados externamente, que pueden registrar o estimular la actividad en el cerebro y en el sistema nervioso.

Como señalan, actualmente existen diversas aplicaciones de esta tecnología en dispositivos que ayudan a tratar los temblores de la enfermedad de Parkinson, estimuladores para la recuperación de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular e implantes cocleares que transmiten sonidos a personas con pérdida auditiva, entre otros. Además, en un futuro no tan lejano se podrían aplicar para la comunicación directa de cerebro a cerebro, es decir, el intercambio de pensamientos, y para el tratamiento de enfermedades más complejas como el alzhéimer.

A pesar de los beneficios de estos avances que son y serán múltiples, con este informe los especialistas establecen recomendaciones para garantizar que se extiendan marcos éticos para la aplicación y desarrollo de estos dispositivos y plantean cuestiones sobre cómo estas interfaces desafían la esencia de un ser humano. Además, resaltan que, aparte de los peligros de la comercialización de estos productos, también podría caber la posibilidad de que las grandes compañías tecnológicas tuvieran acceso a los pensamientos e ideas de las personas.

Asimismo, las empresas podrían pedir a sus empleados que usen estas interfaces para revelar sus sentimientos. Si se pudiera acceder a los pensamientos, entonces podrían ser utilizados por corporaciones en sus esfuerzos por comercializar bienes y servicios o por políticos o activistas que buscan reclutas para sus causas, subraya el informe.

Interfaces cerebrales en marcha

En julio pasado, Elon Musk anunció que la compañía Neuralink desarrolla 'hilos' flexibles para ser implantados en el cerebro humano que permiten la transferencia de grandes cantidades de datos para permitir que las personas con síndrome o parálisis controlen una computadora o un teléfono.

Del mismo modo, Facebook financia un proyecto para crear un sistema capaz de traducir señales cerebrales a textos, que permitiría ayudar a pacientes que hayan perdido parcial o totalmente su capacidad de hablar debido a parálisis faciales a raíz de derrames cerebrales, lesiones de la médula espinal o enfermedades neurodegenerativas.

Publicado: 12 sep 2019 10:41 GMT

Cerebro de un adicto a las metanfetaminas, que recibe la terapia en el hospital Ruijin. Abajo, los médicos observan el órgano en una computadora.Foto Ap

Shanghái. Un equipo de médicos en China ensaya un tratamiento innovador que involucra la inserción de electrodos en el cerebro a fin de curar a los drogadictos. La esperanza es que con esa tecnología la adicción quede, literalmente, "apagada" mediante un interruptor.

El tratamiento, llamado estimulación cerebral profunda, se ha usado desde hace años para curar males neurológicos como el de Parkinson. Ahora, los primeros ensayos del tratamiento contra la adicción a las metanfetaminas se realizan en el Hospital Ruijin de Shanghái, junto con experimentos paralelos contra la dependencia a los opioides.

El tratamiento involucra una operación en que se implantan electrodos en el cerebro al paciente, los cuales actúan como una especie de marcapasos que estimulan las áreas señaladas.

El uso de la estimulación cerebral para combatir la drogadicción ha tropezado con obstáculos en Occidente, pero China parece estar perfilándose como el nuevo centro mundial para esos tratamientos.

Los científicos en Europa han tenido problemas en reclutar a drogadictos para sus experimentos, y en Estados Unidos los dilemas éticos, sociales y científicos han entorpecido la introducción del procedimiento, más aun cuando allí los implantes cuestan 100 mil dólares cada uno.

China tiene un largo historial de aplicar la cirugía cerebral para curar la drogadicción, pero a la vez ello le ha valido controversias costosas. Incluso hoy día, el país asiático tiene leyes contra el uso de drogas que obligan al acusado a pasar años bajo tratamiento forzado o lo sentencian a campamentos de trabajo para su "rehabilitación".

Sin embargo, lo cierto es que China tiene gran cantidad de pacientes, un financiamiento público abundante y ambiciosas empresas médicas dispuestas a pagar por estudios sobre estimulación cerebral.

En el mundo hay ocho sitios oficialmente registrados para combatir la drogadicción con la estimulación cerebral, según los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. Seis están en China.

Sin embargo, la magnitud y el sufrimiento humano provocado por la epidemia de los opioides podría llevar a las autoridades de salud estadunidenses a cambiar de opinión y la cirugía experimental que se practica en China está en camino en Norteamérica: en febrero la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó un experimento en Virginia Occidental.

Tratamientos riesgosos

En China antes se hacían extirpaciones cerebrales. Las familias de adictos a la heroína estaban tan desesperadas que pagaban miles de dólares por cirugías riesgosas y dudosas en las que los médicos perforaban el cerebro y extirpaban o malograban tejidos cerebrales. Tales operaciones beneficiaron económicamente a algunos hospitales, pero también dejaron un sinnúmero de personas con trastornos emocionales, memorias atrofiadas y erráticos impulsos sexuales.

En 2004, el Ministerio de Salud de China ordenó cesar esas cirugías. Nueve años después, expertos en el hospital militar de Xi’an reportaron que la mitad de los mil 167 pacientes que se habían sometido a la extirpación cerebral habían durado cinco años o más libres de drogas.

La estimulación cerebral tiene sus raíces en esas experiencias, pero a diferencia de la extirpación, que atrofia irreversiblemente algunas células, los electrodos causan efectos que son, al menos en teoría, reversibles. La tecnología ha despertado una nueva ola de experimentación a escala global.

"Como médicos, siempre tenemos que pensar en el paciente", declaró Sun Bomin, director del departamento de neurocirugía del Hospital de Ruijin. “Son seres humanos. Uno no puede decirles: ‘véte, aquí no tenemos nada para ayudarte’”.

 

Estímulo eléctrico mejora la memoria en personas de más de 60 años

La gente sometida al experimento recordó cosas como un joven de 20, asegura investigador de la Universidad de Boston

Nueva York. La aplicación de una leve corriente eléctrica al cerebro de personas mayores de 60 años les mejoró la memoria al punto que recordaron cosas como alguien de 20 años, revela estudio.

Cabe la posibilidad que algún día la gente se someta a semejante procedimiento para afianzar su capacidad de recordar, que se va atrofiando no sólo en pacientes de Alzheimer, sino en cualquier individuo de edad avanzada, señaló el investigador Robert Reinhart, de la Universidad de Boston.

El tratamiento se enfoca en la llamada "memoria funcional", es decir, la que permite a una persona realizar tareas en pocos segundos, como un problema matemático en la mente. Esta capacidad, a veces llamada "la pizarra cerebral", es crucial para acciones como tomarse una pastilla, pagar una cuenta, comprar alimentos o planificar algo, explicó Reinhart.

"Es donde se encuentra la conciencia... donde uno procesa información", precisó el experto.

No es el primer estudio que demuestra que estimular el cerebro mejora la memoria, pero Reinhart, quien publicó los resultados del estudio el lunes en la revista Nature Neuroscience, sostuvo que este experimento destaca porque mostró los beneficios en gente de edad avanzada y la nueva capacidad se mantuvo casi una hora después de que cesó el estímulo eléctrico.

Un científico que antes había reportado sobre cómo el estímulo eléctrico mejora la memoria, advirtió que en personas de edad avanzada, pero en estado normal de salud, la pérdida de memoria no es enorme, pero este experimento "eliminó los efectos del envejecimiento en estas personas", destacó Barry Gordon, profesor de neurología y ciencias cognoscitivas en la Escuela de Medicina Johns Hopkins en Baltimore.

Destreza mental

"Es un excelente primer paso" hacia demostrar maneras de mejorar la destreza mental, puntualizó Gordon, quien no estuvo involucrado en el estudio reciente.

Reinhart advirtió, sin embargo, que se necesitan más estudios para que el proceso sea aprobado como un tratamiento eficaz.

La corriente eléctrica fue suministrada mediante una gorra que además controlaba las ondas cerebrales de cada persona. El choque eléctrico no era más que un leve cosquilleo, pulso o roce por unos 30 segundos, agregó Reinhart. Después de eso la piel se acostumbra a la electricidad y ésta se vuelve imperceptible.

La idea es mejorar la comunicación entre la corteza frontal (al frente del cerebro) y la corteza temporal (a la izquierda), debido a que las actividades entre esas dos áreas habían dejado de estar sincronizadas.

La corriente eléctrica pasó por ambas secciones a fin de sincronizarlas de nuevo. Los resultados ofrecieron evidencia de que la interrupción del flujo de mensajes entre esas dos secciones causa la atrofia de la memoria funcional en los años tardíos, agregó Reinhart.

El Departamento de Noticias sobre Salud y Ciencia de The Associated Press recibe apoyo del Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes. La Ap es la única responsable de su contenido.

Tras las huellas de la conciencia en el cerebro

“La conciencia es el teatro donde se desarrollan las miserias y alegrías de los seres humanos”, dice Enzo Tagliazucchi, uno de los referentes locales del proyecto. Es doctor en Física e Investigador del Conicet en el Instituto de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Science Advances, fue realizada en centros internacionales de Francia, Bélgica, EE.UU. y Canadá, e incluyó 159 resonancias magnéticas de individuos sanos, pacientes en estado vegetativo y otros con mínima conciencia. Aquí explica qué es la conciencia, describe por qué puede considerarse un “todo dinámico y complejo” y narra las implicancias futuras que estos avances podrían tener en el campo de la salud y la medicina.


–¿Qué es la conciencia?


–Es un punto de vista acerca del mundo, aquella respuesta más directa frente a la pregunta sobre qué se siente ser un cerebro humano. Dicho de otro modo, quizás más metafórico, es una ventana a través de la que todos miramos, tenemos experiencias y las sentimos en primera persona. Sin embargo, todavía resulta difícil saber cómo las neuronas y la materia que conviven en una masa esponjosa como es el cerebro, de repente, desarrollan una propiedad única –que ningún otro sistema físico tiene– y sobre todo privada. Esta cualidad, su privacidad, despierta mucha incertidumbre, tal es así que podría hacernos dudar en algún punto sobre la misma posibilidad de estudiar de manera científica a la conciencia. Se generan grandes vacíos entre el conocimiento disponible y las experiencias sensoriales que cada persona pueda tener. Para el filósofo Daniel Dennett, el objeto de una ciencia de la conciencia debe ser la subjetividad que los individuos manifiestan respecto de la comprensión de sus propios comportamientos.

–Pero como decía Descartes, los sentidos engañan.

–Bueno, ese es uno de los asuntos que las ciencias que estudian las subjetividades no han logrado trascender. Uno puede intentar describir una sensación de dolor o alegría, pero como dato científico resulta bastante difícil de explicar. Existe un trabajo muy leído y citado titulado “¿Qué se siente ser murciélago?”, cuyo autor es Thomas Nagel. Se sabe que estos animales se desplazan por ecolocación, es decir, calculan la distancia a la que se encuentran los objetos mediante la emisión de sonidos que son reflejados por aquellos. Podemos examinar su cerebro de manera de entender punto por punto cómo funciona este proceso, pero no sabemos cómo se siente. No sabemos si se siente como escuchar o si, más bien, la ecolocación se parece a ver. Es una pregunta que, a menos que seas un murciélago, será imposible de responder.

–De aquí los límites de la ciencia. Por eso, tal vez, intentar conocer el mundo sea tan fascinante: por todo lo que todavía se desconoce. Más aún si nos referimos a la conciencia.

–Exactamente. Hoy solo podemos aspirar a encontrar los correlatos neuronales de la conciencia. A diferencia de cualquier otro objeto de estudio, aquí el propio sistema que estudiamos nos marca la pauta de cuáles son las condiciones experimentales. De hecho, si en los experimentos que realizamos las personas no nos comparten su subjetividad es imposible avanzar. En los departamentos de física, algunas veces, quienes estudian la conciencia no son observados con buenos ojos. Me esfuerzo en explicar que, en verdad, se trata de un sistema físico extremadamente interesante, tan enigmático que nos despierta nuevas preguntas a cada paso.


–Conversemos respecto de su última investigación. ¿A dónde va la conciencia cuando el ser humano está inconsciente?


–Nosotros trabajamos con diversas teorías que intentan responder a este interrogante. La conciencia posee múltiples configuraciones posibles, ya que la cantidad de escenas del sentir que se pueden presentar es astronómica. La postura dominante en este campo plantea que cada estado consciente depende de una disposición física particular del cerebro. Al mismo tiempo, también sostenemos que la conciencia determina un todo unificado: el ser humano no posee una conciencia separada para escuchar, otra para ver y una distinta para oler, sino que reúne a todos los sentidos, los pensamientos y las funciones. Intentar dividirla es como probar dividir los polos de un imán. Esto origina la teoría del núcleo dinámico –desarrollada por el psiquiatra italiano Giulio Tononi– que postula que la conciencia no constituye un lugar en el cerebro (no determina una zona física particular) sino un proceso dinámico en constante evolución. De este modo, cuando una persona pierde la conciencia –durante una anestesia o un sueño profundo– el cerebro adopta configuraciones que no le permiten soportarla. Se manifiesta como una ausencia de subjetividad. Lo más sorprendente no es que la conciencia se vaya, sino que después vuelva y uno siga siendo el mismo.


–La conciencia como algo unificado que fluye en el tiempo.


–Si bien la conciencia no está fragmentada en átomos –como se creía en el pasado–, sostenemos que es posible que esté segmentada en momentos bien definidos. Para lograr integrarse necesita de un cierto tiempo, fundamental para que fluya la información. Como es un proceso, jamás es algo instantáneo.


–Su trabajo se realizó a partir de 159 resonancias magnéticas de individuos sanos y en estado vegetativo o con mínima conciencia. ¿Qué puede narrar al respecto?


–Quisimos comprobar si la conciencia tenía que ver con la comunicación que se produce entre las diferentes zonas del cerebro. Mientras que en las personas sanas hallamos un patrón rico de conectividad, en los pacientes con “mínima conciencia” advertimos que logran establecer comunicaciones funcionales de manera esporádica. Eso ocurre, por caso, cuando en una situación experimental le pedimos a un individuo que nos alcance un lápiz y quizás al primer intento no lo hace, pero luego de varios llamados atiende la solicitud. Experiencias como éstas marcan un mundo de diferencia con las personas a las que se diagnostica un estado vegetativo persistente; las que rara vez logran recuperarse ya que no exhiben, a través de resonancias magnéticas y otros análisis, esa integración que pudiera dar cuenta de la emergencia de sensaciones subjetivas. Es muy difícil distinguir a pacientes con mínima conciencia y aquellos en estado vegetativo, lo cual es muy sensible porque en muchos países se toma la decisión (como recurso humanitario) de discontinuar el soporte vital.


–Se trata de identificar las huellas de la conciencia en el cerebro. También utilizaron anestesia general en los tres casos. ¿Qué sucedió?


–Cuando suministramos anestesia general a los pacientes vegetativos advertimos que no se modificaba su situación porque ya manifestaban un estado de inconsciencia de antemano; los de mínima conciencia perdieron esos pocos fragmentos de lucidez que evidenciaban; mientras que los sujetos experimentales sanos también demostraron un patrón de inconsciencia. Y, luego, realizamos otro experimento muy interesante. Seguimos la pista de Adrian Owen, científico británico que trabaja actualmente en Canadá con pacientes en estado vegetativo. En un caso planteó que no lograban comunicarse porque sus vías sensoriales estaban cortadas, de modo que lo introdujo en un resonador y le pidió que imaginase estar jugando al tenis y caminando en su casa. Cuando hizo eso, los patrones cerebrales que emergieron fueron idénticos a los que aparecen cuando una persona sana imagina jugar al tenis o caminar en su casa. A tal punto que Owen logró comunicarse con el paciente y establecieron el código de que cuando quería decir “sí” se imaginara jugando al tenis. Nosotros replicamos este método y también comprobamos que funcionaba.


–Increíble. Estos avances podrían brindar nuevas pistas para el campo de la salud.


–La conciencia es el teatro donde se desarrollan las miserias y alegrías de los seres humanos. Estos resultados muestran de manera concluyente que las manifestaciones físicas de nuestra experiencia humana nunca van a ser inequívocamente identificadas con un grupo de regiones cerebrales. La noción de que es posible identificar una zona del cerebro para cada facultad humana se derrumba, al menos, para el caso de la conciencia. En el campo de la medicina, a veces es necesario comprender que es más importante tener una conciencia libre de sufrimiento que un cuerpo que funcione tan bien como una máquina. Me resulta escandaloso que a pacientes avanzados de cáncer no se les recete morfina, porque aunque tiene potencial para generar dependencia resulta cínico no suministrarla para aliviar las cargas cuando enfrentan un estado terminal.


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