Miércoles, 13 Julio 2011 06:33

La cultura, los cereales y la civilización

Todas o casi todas las culturas humanas se basaron en el cultivo de algún cereal: trigo, maíz, arroz, mijo. Parecería que sin los cereales no existe la civilización. Pero los cultivos plantean problemas para alimentar a poblaciones siempre crecientes.

Publicado enInternacional
Tanja Schultz trabaja en el Instituto de Tecnología deKarlsruhe (Alemania), en el departamento de Antropomática, la ciencia que estudia la simbiosis entre los seres humanos y las máquinas. Una de sus investigaciones se centra en el "discurso silencioso". Dice que en cinco o diez años llegará al mercado un teléfono móvil que permitirá comunicarse en silencio, gracias a unos sensores que identifican las palabras por los impulsos de los músculos faciales. Schultz ofreció recientemente una conferencia en Bilbao, invitada por Zientzia Foroa.

Los sistemas de reconocimiento de voz aún cometen errores. ¿Qué falta para que sean fiables?

Funcionan bien en entornos controlados. Sin embargo, si hay ruido, cometen errores. El problema del cambio de una palabra por otra, como en lugar de playa (beach, en inglés) poner puta (bitch), es causado por la falta de contexto de la máquina. La mente, en cambio, sí lo tiene. Estamos trabajando en el desarrollo de modelos mentales para que la máquina tenga un contexto.

¿La tecnología del móvil que permitirá comunicarse en silencio puede ser una solución al ruido?

Sí. Estamos perfeccionando los sensores. Antes iban adheridos a la cara, pero ahora van ya integrados en el teléfono. Basta con pegar el teléfono a la cara para que capten los impulsos de los músculos faciales y, en silencio, reconozcan las palabras.

¿Cuándo puede llegar ese móvil al mercado?

Llegará al mercado en cinco o diez años.

¿De qué depende?

En la parte técnica hay que incorporar innovaciones. Además, la gente quiere este sistema, pero sin pagar más. Sería necesario que interesase a compañías de telefonía móvil.

Los expertos creen que un error habitual al diseñar interfaces de voz es forzar a las personas a hablar como la máquina y no al revés.

Los seres humanos debemos adaptarnos a cómo hablan las máquinas y viceversa, pero mi idea es que el ordenador se adapte más a cómo hablamos las personas. Todos acabaremos hablando con ordenadores. Es importante que comprendan a las personas.

¿Hasta qué punto la gramática y la fonética de los idiomas frenan el desarrollo de los sistemas de procesamiento?

Depende. El inglés es sencillo a nivel gramatical, pero su fonética es más compleja. Todo lo contrario ocurre con el japonés. Y el chino es de los más difíciles, porque cuando la gente habla sigue una línea continua. No hay segmentación, por lo que hay que buscar las unidades de comunicación.

¿Y cómo se adapta el español a las máquinas?


Se han hecho investigaciones con el español castellano y el español suramericano y, como hay muchas diferencias, es un gran reto. Pero la gran ventaja del español es que su pronunciación se ajusta a su escritura y eso facilita su reconocimiento. También sé que se investigan el catalán y el euskera.

¿Logrará la tecnología lo que no pudo el esperanto?

La idea no es que esta tecnología sea para traducir, pero sí ayudará.

El PC lo cambió todo. ¿Cuándo llegará la revolución de la voz?

El cuándo va a depender de qué se haga. Toda esta tecnología se orientará a que las máquinas hagan lo que el ser humano no puede. Un ejemplo serían las prótesis totales, es decir, prótesis conectadas a las extremidades nerviosas. También habrá robots humanoides que hagan lo que las personas no pueden hacer.

Pero ¿cuándo?

En 20, 30, 50 años... Esto empezará con utensilios personales, como el móvil, que ofrecerá más servicios. Servirá como mando de la tele, para encender la luz... Los móviles van a ser más inteligentes y van a ir reemplazando a nuestra memoria. Por lo tanto, es importante que sepan cómo es nuestra mente.

¿No teme que haya una excesiva dependencia hacia esa tecnología?

Sí, pero lo mismo ocurrió con los coches. La verdad es que sí da algo de miedo.

¿Esto abrirá más la brecha entre los países desarrollados y los subdesarrollados?

Quizá ya ocurre ahora.


Publicado enInternacional
El Ejército estadounidense podrá perpetrar ciberataques contra supuestos enemigos para defender sus intereses nacionales, después de que el presidente norteamericano, Barack Obama, firmara una serie de ordenanzas que contemplan operaciones de este tipo en la estrategia militar de EE. UU.

El contenido completo de los documentos firmados no ha sido revelado, pero según datos de la agencia AP, las instrucciones son similares a las directivas sobre el uso de armas convencionales o nucleares. En ellas se indica que los militares tienen derecho a lanzar ciberataques durante los conflictos bélicos y en épocas de paz. Ello les autoriza a infectar con virus servidores extranjeros y provocar apagones eléctricos.

La instrucción permite a los militares difundir códigos informáticos en las redes internas de otros países para verificar la calidad de la conexión. Esos códigos no contienen virus y en principio no tienen por qué afectar a los servidores mientras haya paz, pero en caso de estallar un conflicto con EE. UU., la ruta para la transferencia de virus ya habría quedado establecida.

Ciberespacio, ¿el nuevo campo de batalla?

La disposición correspondiente fue firmada hace un mes y responde a los esfuerzos del Pentágono para reglamentar la aplicación de ciberataques por parte del ejército estadounidense, lo que se suma a la decisión de catalogar los ciberataques como acciones de guerra. Asimismo Washington se reserva el derecho de dar una respuesta militar a cualquier sabotaje informático.

“Tenemos que estar preparados para poder defendernos en el ciberespacio”, anunció el viceministro de defensa de EE. UU., William Lynn. Según James Lewis, experto en seguridad cibernáutica del centro de Investigaciones estratégicas, la nueva estrategia militar concibe el ciberespacio como un nuevo campo de batalla. “Ya no tienen necesidad de bombardear. Es un mundo totalmente nuevo”, señala.

Se espera que en un futuro próximo el Pentágono presente la estrategia oficialmente.
Programadores con talento: una amenaza para EE. UU.

El Comando Central intensificó su lucha contra los ciberdelitos después de sufrir un importante ataque informático perpetrado en 2008 contra todos los servidores del Ejército de Estados Unidos. Una llave de memoria USB infectada fue insertada en un ordenador portátil del Ejército estadounidense que se encontraba en una base de Oriente Próximo. El código informático maligno se introdujo en la red interna del Comando Central y se extendió por todas las computadoras. Se trató de la mayor violación cometida contra la seguridad del país.

La ‘infección’ de 2008 alertó al Pentágono, que desde entonces ha establecido un Ciber Comando para combatir estas acciones y ha tomado medidas para reforzar su defensa informática. A ello se une la creación del sofisticado virus Stuxnet, diseñado para atacar los sistemas informáticos del programa nuclear de Irán.

Estados Unidos considera los ‘ciberataques’ como una de las mayores amenazas para su seguridad, y es una de sus prioridades defensivas. “Si decenas de programadores talentosos encontraran una brecha digital, podrían representar una amenaza real para EE. UU.: podrían robar planes de operaciones militares, debilitar el servicio de inteligencia y poner en riesgo la capacidad defensiva”, advierte el viceministro de defensa, William Lynn.

El analista político Atilio Borón considera “muy desafortunada” la decisión de la Casa Blanca. “Pensemos lo qué podría suceder si ciertos mecanismos de información en materia de seguridad o de salud pública resultaran afectados por este ataque. Ello desencadenaría una guerra sin reglas. En las guerras existen algunas reglas, convenciones de Ginebra que de alguna manera establecen ciertos límites sobre lo que se puede o no se puede hacer en materia militar, pero acá no va a haber reglas de ningún tipo”, advierte el experto.

24 Junio 2011 1 Comentario
(Tomado de RT)
Publicado enInternacional

El biólogo Richard Dawkins, a quien han apodado el rottweiler de Darwin, sacó ayer los dientes. "La religión no tiene sitio en la evolución", aseguró el profesor emérito del New College de Oxford durante una conferencia de prensa en el Festival Starmus, que se celebra en Tenerife hasta el viernes.

Dawkins llegó para impartir una conferencia titulada Exobiología y religión y para explicar su visión de la evolución y la posibilidad de vida en otros mundos. Como en las antiguas ágoras, en esta reu-nión única de astronautas, astrónomos, biólogos y premios Nobel vale discutir todo, desde las bases biológicas del pensamiento religioso al aspec-to que tendrán los humanos tras millones de años de evolución o la posibilidad de que los primeros colonos en ciertos planetas desarrollen "largas piernas como arañas" debido a las condiciones de su nuevo hogar, como especuló Dawkins después de haber puesto en su sitio a la religión.


"La religión sólo existe como parte de la psicología humana, porque a veces estamos tentados de postular un supuesto diseño para cosas que son complicadas", dijo Dawkins,conocido por sus críticas contra el creacionismo. Y aunque reconoció que la perfección de la vida en la forma de un ala, una pierna o un ojo "pueden llevar a ver un espejismo de diseño, el único propósito de la teoría de la evolución por selección natural de Darwin es desechar que haya diseño inteligente", señaló. En su visión del mundo sólo hay una progresión hacia la complejidad basada en el ADN y la selección natural. "La historia de la ciencia ha sido la de intentar vencer a la religión paso a paso", resumió.
 

El gen Dios

Autor de libros como El gen egoísta o El espejismo de Dios, Dawkins ve al hombre como una "máquina de genes", pero, ¿es Dios un gen? "No creo que haya un gen que haga creer en Dios, pero sí genes que predispongan a hacerlo en el contexto adecuado", señaló. "La familia de Bach probablemente tenía genes que produjeron su habilidad musical. Pero en otro contexto, los mismos genes pueden hacer otra cosa", opinó. La mejor forma de encontrar esos genes es analizar a los gemelos idénticos, aquellos que surgen de un solo óvulo y tienen el mismo ADN. "Algu-nos trabajos ya han mostrado que estos gemelos tienden a tener las mismas orientaciones religiosas", explicó.


Por los pasillos del hotel donde se celebra Starmus resonaba también la pregunta de si estamos solos en el universo. Para Dawkins, el cosmos está infestado de vida, pero repartida en "islas". "El número de estrellas es grande, pero la islas están tan diseminadas que podría ser que nos quedemos muy solos y a la vez seamos muy numerosos", aventuró.
 

La jaula que impone esa soledad la explicó Albert Einstein. El científico fue el primero en demostrar que nada puede viajar más rápido que la luz (o una onda de radio) que recorre 300.000 kilómetros por segundo. Para cruzar la Vía Láctea, habría que viajar 100.000 años a esa velocidad. Dawkins señaló que los esfuerzos del hombre para intentar captar señales de radio de otras civilizaciones en proyectos como SETI "merecen mucho la pena", pero reconoció su desencanto. "Es muy improbable que obtengamos respuesta y nunca tendremos una conversación", concluyó.
 

Publicado enInternacional
Edward O. Wilson permanece calmado hasta que se le pregunta por las hormigas. Entonces se revuelve en la silla, gesticula describiendo la ferocidad de unas mandíbulas, imita con sus manos el paso de un ciempiés y sonríe hasta con el ojo que se cegó mientras pescaba cuando tenía 7 años. Aquel muchacho "fascinado por los bichos" nacido el 10 de junio de 1929 en Alabama (EEUU) se convirtió en todo un caballero de la Universidad de Harvard. Allí escandalizó a sus colegas y cambió el rumbo de las teorías de la evolución basado en las hormigas, el animal con sociedades más complejas después del hombre. En 1975 propuso que la sociedad dentro de un hormiguero sirve para entender a la humana, algo que los marxistas no toleraron y por lo que James Watson, codescubridor del ADN, le retiró el saludo. Desde entonces, la idea de Wilson se ha convertido en una disciplina, la sociobiología, y su padre ha seguido acuñando nuevos términos, como el de biodiversidad, en 1988. También escribe de forma incansable obras de divulgación por las que ha ganado dos premios Pulitzer. Tras llegar a Madrid para recibir el Premio Fronteras del Conocimiento de Ecología y Biología de la Fundación BBVA, este profesor emérito de Harvard explicó ayer a Público los detalles de su nueva obra, que se publica en 2012.

¿Qué hace cuando no está trabajando?
Trabajar es divertido. Acabo de regresar de Ecuador y de la costa estadounidense del golfo de México. He estado en junglas y en praderas. En julio me voy a Mozambique. Este es mi trabajo y mi hobby.
¿En qué estado se encuentran los ecosistemas del Golfo tras el vertido?

Dirijo varios estudios sobre la biodiversidad en Florida y Alabama. También estoy planeando recomendaciones para que el Gobierno cree nuevos parques nacionales o reservas.

¿Es viable establecer esos parques nacionales?
Esperamos que sí. Debemos actuar rápido para crear reservas. Pero al mismo tiempo tenemos que ponernos de acuerdo con los empresarios para crear una economía dentro de los parques y alrededor de ellos. Si no podemos mejorar la vida de la gente de la zona, se perderá todo.

Usted se ha mostrado optimista con que el hombre sabrá llegar a un acuerdo para salvar la biodiversidad. ¿Lo sigue pensando?
Soy un cauto optimista. No podemos salvar todos los ecosistemas y especies. Es como el cambio climático, ya lleva demasiada inercia. Perderemos especies y ecosistemas hagamos lo que hagamos, pero podemos frenarlo y, al final de este siglo, detener la pérdida. Salvar la biodiversidad quiere decir salvar al mundo vivo. Deberíamos estar prestando mucha más atención a esto. Por ahora, nos interesa el cambio climático o la escasez de agua, pero la humanidad en su conjunto, incluidos los políticos, no entienden que estamos perdiendo el mundo vivo.

Su sociobiología causó mucho revuelo hace 30 años. ¿En qué estado está hoy?
En los setenta introduje la idea de la sociobiología, es decir, que se puede estudiar el comportamiento social de forma científica. La oposición no llegó por el rechazo de esa idea sino por una objeción de incluir a los humanos. Se asumía que la mente humana está libre de instintos. Que es una página en blanco que se forma a través de la experiencia y la educación. Es una postura difícil de entender hoy en día, pero muy extendida entonces en las ciencias sociales. Era un dogma, también de la extrema izquierda. Los marxistas creían que podían hacer al hombre perfecto y después tener la sociedad perfecta. Pusieron en duda la sociobiología, pero hoy en día está completamente aceptada. Ahora hay estudios en muchas áreas que han recuperado los instintos como característica verdaderamente humana.

¿Cuánto se pueden modificar esos instintos con educación?
Hay que buscar el medio. Entonces surge la definición de la naturaleza humana que yo sugiero. Según ella, los instintos no son respuestas absolutas a un estímulo, como en los animales. En humanos, los instintos son la predisposición de aprender una cosa y no otra. Incluye, por ejemplo, la forma en la que los humanos vemos, dividimos y nombramos los colores. Sigue reglas muy claras, una tendencia que no es absoluta, que varía entre sociedades, pero siempre existe. Otra es la tendencia a eludir el incesto. La gente evita tener hijos entre dos personas que han sido criadas y educadas juntas, como hermano y hermana. Es un gran ejemplo de un instinto que no depende del aprendizaje ni las circunstancias, pero aún así es muy poderoso.

Usted también defiende que la evolución sucede en grupos de hormigas, por ejemplo, que triunfan sobre otros. ¿Se aplica lo mismo a los humanos?
La próxima primavera publicaré mi nuevo libro, Social Conquest of Earth (La conquista social de la Tierra). En él examino el origen de los humanos, pero también el de las otras criaturas exitosas en crear sociedades. En ellas hay una división del trabajo, unos se reproducen y otros se sacrifican a no hacerlo, y se cuida de los individuos jóvenes. Me pregunto cómo han surgido estos comportamientos en todas las criaturas, incluidos los humanos. Con datos de arqueología, psicología, historia y genética de poblaciones, creo que puedo mostrar que la razón es la evolución grupal. Es algo que empezó hace tres o cuatro millones de años y desemboca en que un grupo se queda con el terri-torio de otro, al que elimina o asimila. Es uno de los rasgos más enraizados del comportamiento humano y también uno de los más peligrosos. Fue lo que creó al ser humano frente al resto de prehumanos. Ahora, lo que nos creó amenaza con destruirnos.

¿Seguimos evolucionando en grupo?
Todo el mundo quiere pertenecer a un grupo y quiere pensar que su grupo es mejor que el resto. Los seres humanos somos extremadamente grupales. Queremos estar con otra gente, pero siempre dentro de nuestro grupo, que siempre será mejor que otros sin importar si hablamos de una religión, una nación, un equipo de fútbol Eso es lo que es la naturaleza humana.

¿Cómo cree que surgióel primer animal social?
El salto a una sociedad avanzada, como la que tienen las hormigas o los humanos, convierte a ambos en especies extremadamente exitosas. Llegaron al umbral de convertirse en criaturas sociales cuando sus ancestros construyeron un nido para cuidar de sus crías. Esta es, en los 20 casos que he analizado, la regla, sin excepción.

¿Y en los humanos?
Empezó hace unos tres millones de años, en un grupo llamado Homo habilis. Fueron los primeros en hacer dos cosas. Primero, comer carne, transformarse en omnívoros. Lo segundo es hacer nidos, o sea, campamentos, como los que se han hallado y que pertenecieron a los Homo erectus, que descendían de los Homo habilis. No eran diferentes de otros animales eusociales [hormigas, abejas, termitas]. Es una preadaptación rara, muy pocas especies hacen nidos para alimentar a los jóvenes. Dentro de estas, un número mucho más pequeño, unas 20 o 25 especies, dio el salto al siguiente paso: la nueva generación y la vieja se quedan en el nido y forman un grupo.

¿Eso es todo?
Cuando tienes un grupo, la ventaja de la cooperación es enorme, pero requiere saber qué necesita el otro. Si estiro el brazo para agarrar una botella pero no alcanzo, tú lo harás por mí. Un chimpancé no. Nosotros leemos las intenciones del otro. También nos gusta competir con los demás en un entorno de cooperación. Esa es una fuerza primordial de la evolución.

¿Cómo explica el auge del creacionismo en EEUU?
EEUU sigue siendo un país intensamente religioso. Creo que se debe a su carácter de frontera. Hace siglo y medio se formaron pequeños grupos. Comenzaron en Nueva York o Pensilvania y conquistaron el oeste. Necesitaban algo que les uniera. No tenían grandes iglesias como en Europa, ni obispos, ni santos. Lo único que les unificaba era la Biblia. Así que aceptaron que todo lo que dice es verdad. A eso se debe que los americanos sean más religiosos y explica por qué están dispuestos a creer en cosas estúpidas. No es tanto ignorancia como lealtad a su grupo.

¿Es posible ser parte de un grupo religioso y aceptar las teorías de Darwin?

Sí. Puedes ser un muy buen científico y no creer en la evolución. Pero apenas ocurre. En 1990 se supo que entre los biólogos de la Academia Nacional de Ciencias, la élite de los mejores científicos de EEUU, sólo el 3% creía en Dios o en la vida después de la muerte. En otras palabras, los mejores científicos rara vez son religiosos.

"He buscado esta hormiga durante años"
Edward O. Wilson no duda ni un segundo cuando se le pregunta por su hormiga favorita. "Es una que busqué durante años y años", reconoce. Sorprender a este biólogo en materia de hormigueros no es fácil, ya que, como profesor (ahora emérito) de Harvard y conservador del Museo de Zoología comparada de esta universidad, estuvo a cargo de la mayor colección de hormigas del mundo. Pero aquel ejemplar de ‘Thaumatomyrmex' era algo único. "Sus mandíbulas son como horcas, con una hilera de dientes que llega hasta la cabeza. Eran tan difíciles de encontrar que no sabíamos qué comían. Por fin unos colegas brasileños encontraron una colonia y supieron que se alimenta de una sola especie de ciempiés que se defiende como un puercoespín. Está cubierto de espinas y es el único alimento de la hormiga. Esta llega con sus mandíbulas, traspasa las púas, lo mata y se lo lleva a casa. Después le quita las espinas gracias a unos parches rugosos que tiene en las patas traseras y así se lo puede comer. Esa es mi hormiga preferida", relata Wilson. Su otra gran pasión es la hormiga podadora, sobre la que acaba de publicar una monografía y que califica como "la más interesante" entre las que ha estudiado. Se caracteriza por formar largas colas de obreras que acarrean trozos de hojas. "Son agricultoras y forman la sociedad más compleja que se conoce después del ser humano. Toman hojas frescas para cultivar hongos. Lo hacen siguiendo una cadena de montaje por diferentes castas. Crean un sustrato en el que cultivan los hongos", comenta. 

Por NUÑO DOMÍNGUEZ MADRID 14/06/2011 08:00 Actualizado: 14/06/2011 10:17
Publicado enInternacional
Buenos Aires, 9 de junio. Científicos argentinos desarrollaron una vaca clonada que produce leche maternizada. Fue presentada hoy oficialmente por la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

Los investigadores incorporaron a la vaca "dos genes humanos que codifican dos proteínas presentes en la leche materna y de gran importancia para la nutrición de los lactantes", precisó el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“En su edad adulta, Isa producirá leche que se asemejará a la de los humanos, ya que la leche de vaca casi no contiene lisozima (muramidasa) y la actividad de la lactoferrina es específica de cada especie”, indicó la entidad.

La presidenta destacó que "es un orgullo para todos los argentinos tener la primera vaca clonada" que dará leche maternizada.

Originaria de la localidad bonaerense Balcarce

"Esto demuestra las cosas que somos capaces de hacer los argentinos", subrayó durante un acto en la Casa de Gobierno en Buenos Aires, transmitido en videoconferencia con la agencia del INTA en la localidad bonaerense de Balcarce, donde se desarrolló el animal.

La presidenta bromeó en tanto con el nombre de la vaca. "Cuando estábamos en Roma, me dijeron que le iban a poner Cristina, pero ¿qué mujer se banca (aguanta) que le pongan su nombre a una vaca? Por eso me pareció más simpático que le pongan Rosita", declaró sonriendo.

La ternera, bautizada finalmente como Isa, nació el 6 de abril tras un trabajo conjunto entre la Universidad Nacional de San Martín y el INTA.

Dpa

Publicado enInternacional
En medio de la indudable y demasiado lenta decadencia de las teorías posmodernas que cuestionaron (infructuosamente) la validez del conocimiento científico, la filosofía de la ciencia, un área algo relegada en el campo intelectual, puede decir mucho no sólo sobre la ciencia, sino sobre la visión del mundo. Rodolfo Gaeta se ocupa de señalar algunos de los puntos principales.
   
–Usted se dedica a la filosofía de la ciencia.

–Y particularmente a un problema muy importante dentro de la filosofía de la ciencia, que es el del realismo y el anti-realismo científico. Veamos qué es esto. Las teorías generalmente postulan la existencia de ciertas entidades (como por ejemplo los átomos, las moléculas, las clases sociales). Hay un debate entre realistas y antirrealistas, que si bien tiene muchos matices puede sintetizarse en dos problemas principales: el problema de la verdad y el problema de la existencia de las entidades teóricas.

–A ver...

–El problema de la verdad está vinculado con la imposibilidad que pareceríamos tener de llegar a formular teorías que sean verdaderas y que sepamos que sean verdaderas. Aun suponiendo, entonces, que podríamos llegar a postular teorías que son verdaderas, se presenta el problema de cómo sabemos que esas teorías son verdaderas (si habla de aspectos de la realidad que no son directamente accesibles, por ejemplo). Este es uno de los problemas. Por eso algunos autores plantean que el objetivo de la ciencia no debe ser procurar la verdad sino procurar modelos que se adecuen a la experiencia. Larry Laudan, por ejemplo, propone como criterio plantearse en qué medida una teoría resuelve problemas (prácticos o teóricos), es decir, propone un criterio pragmático.

–Ian Hacking, en cierta medida, comparte eso.

–Pero va más allá, porque supone que si esas entidades pueden manipularse, entonces existen. Yo personalmente no comparto, pero ya hablaremos de eso. Estábamos con el tema de la verdad: los no realistas plantean que el objetivo de la ciencia puede ser otro que no sea la verdad. La otra vertiente es la de las entidades teóricas y está vinculado con el problema de la verdad: si no consideramos que lo importante en una teoría es la verdad, entonces no podemos dar el paso para afirmar que las entidades de esa teoría existen en la realidad. Si la teoría de Newton no la tomo como una descripción de la realidad sino como un instrumento de predicción, la fuerza de gravedad no es más que una manera de hablar. Tal vez convenga, para volver a ubicarnos en el problema realismo-antirrealismo, repasar dos argumentos contrapuestos. Uno sería el argumento más convincente que pueden tener los realistas, y el otro, el más convincente que pueden tener los antirrealistas. El primer argumento, el de los realistas, responde casi al sentido común: si yo tengo unas teorías científicas y esas teorías me permiten hacer predicciones adecuadas e intervenir en la realidad modificándola, sería el mejor argumento para pensar que la teoría no es meramente un modelo adecuado sino una teoría verdadera.

–Pero con el modelo ptolemaico se podía hacer todo eso, y sin embargo no era verdadero.

–Al argumento que le comentaba se lo podría llamar el argumento del no milagro: si las teorías no fueran verdaderas, su éxito sería una especie de milagro, de pura casualidad. Pero justamente aparece aquí el contraejemplo de Ptolomeo, con una teoría que tuvo un éxito magnífico y sin embargo era falsa. Larry Laudan elabora una larga lista de teorías que fueron exitosas pero falsas, y dice que esta lista podría extenderse ad nauseam. El argumento no realista, entonces, sería: si prácticamente todas las teorías hasta el momento, aun las más exitosas, después han sido consideradas falsas, ¿por qué vamos a tener la soberbia de pensar que nuestras actuales teorías son verdaderas? Este argumento invita a pensar que nuestras presentes teorías, y las que vengan posteriormente, están llamadas a ser consideradas falsas en algún momento. Este argumento (llamado “de la meta-inducción pesimista”) no supone que las teorías son un avance hacia la verdad sino que son directamente falsas. Desde esta postura, no hay aproximación a la verdad.

–Y cuando hablamos de los términos teóricos de las ciencias sociales se pone todo más difícil, ¿no?

–Bueno, yo no conozco ningún método para medir la complejidad de los objetos de estudio, pero creo que nadie que se adentre en algo tan complejo como un organismo viviente esté dispuesto a aceptar que los objetos de las ciencias sociales son más complejos. Muchas veces conocemos mejor la conducta humana que la conducta física.

–Yo creo que una estrella es mucho más simple que las clases sociales.

–Yo no estoy tan seguro.

–Hay modelos muy simples para la estrella.
..

–Que haya modelos simples es otra cosa. Siempre los modelos simplifican la realidad. El propio Newton, por ejemplo, plantea un modelo que funciona bastante bien pero que no puede tener en cuenta la influencia mutua de todos los planetas. Para eso se tiene que manejar con la relación entre dos objetos y dejar de lado todo lo demás. Por eso mismo se terminaron descubriendo otros planetas que alteraban el funcionamiento de los que ya se conocían. Predecir con exactitud qué va a pasar con el movimiento de un planeta es imposible. Por eso le digo que no veo que el problema tenga una diferencia fundamental entre las ciencias naturales y las sociales. En ambos casos hay objetos muy complejos. Después de todo, el concepto de clase social es un concepto teórico, así como lo es el de átomo.

–¿Y cuando se fotografía un átomo, por ejemplo? ¿Cómo se puede negar su existencia?

–Ahí hay otro problema: la fotografía presupone la teoría de la óptica. Yo no puedo tomar en cuenta el resultado de una fotografía si no acepto las teorías físicas que tienen que ver con el funcionamiento del aparato. Lo que pasa es que a nosotros nos engañan ejemplos muy simples: si yo fotografío un automóvil, puedo comparar la foto con el auto y darme cuenta de que son idénticos. Pero si yo uso un microscopio para fotografiar, ahí tengo que suponer que el microscopio no deforma... Hay aquí una cosa muy interesante. Al tratar de determinar cómo se transmitían los rasgos físicos a la descendencia, surgió la teoría del homúnculo, que suponía que adentro del óvulo o del espermatozoide había un pequeño hombre ya perfectamente formado. Esta teoría vino después de la invención de los primeros microscopios, pero muchos creyeron ver al ser humano pequeñito a través del microscopio.

–Veían lo que querían ver.

–Claro. Ahora yo tengo que confiar en la teoría del microscopio electrónico para poder aceptar que la fotografía corresponde a la realidad empírica.

–¿Y usted cómo se define? Yo, por ejemplo, soy realista lunes, miércoles y viernes; antirrealista martes, jueves y sábado, y el domingo no pienso en esas cosas.


–Yo tiendo a ser antirrealista con respecto a las ciencias naturales y sociales: no tengo ninguna garantía razonable de que las construcciones teóricas correspondan a la realidad. Pero, sin embargo, me veo inclinado a aceptar que sí existen las entidades matemáticas. Es lo que se llama platonismo en matemática. El problema es que parecería que hay ciertas cuestiones que tienen que ver con la lógica y con la matemática que son objetivas, que se nos imponen. Por ejemplo: cuando los pitagóricos descubrieron los números irracionales se quisieron suicidar todos, pero no pudieron evitar admitir su existencia. Eso implica que hay algo así como una independencia de una realidad lógica que es inmaterial...

–¿No es mucho decir?

–Hay muchos que piensan así. Matemáticos de la talla de Gödel, sin ir más lejos. Gödel descubre que hay una verdad matemática que si bien es indemostrable desde la deducción formal a partir de axiomas, es innegable, porque lo que dice es que ella misma es indemostrable. Si hay una verdad que no es deducida de los axiomas y la tengo que reconocer: ¿no me veo forzado a admitir que esa verdad me trasciende?

–Para formular una teoría y ser realista, uno tiene que tener una cierta confianza en que hay algún tipo de identidad entre mente y mundo, ¿no?

–A mí me parece que ese es más un principio del idealismo que del realismo. El idealista, en términos generales, plantea que lo que uno conoce es siempre a sí mismo, a su propia producción. El problema que usted quiere sugerir es algo que sugirió Putnam (quien está asociado, curiosamente, al argumento del no milagro y al de la meta-inducción pesimista). Porque Putnam, como usted, se la pasó oscilando toda su vida entre el realismo y el anti-realismo. Putnam plantea una posición que se conoce con el nombre de “realismo interno”, que está emparentada con la innovación filosófica de Kant: la mente y el mundo hacen, conjuntamente, la mente y el mundo. Es decir: no hay un mundo totalmente independiente de la mente y tampoco el mundo es una pura creación de la mente. Carnap, uno de los positivistas lógicos, considera que preguntarse por la existencia de los números es un pseudo-problema. Para Carnap tiene sentido preguntarse si existe un número primo entre 5 y 10, pero preguntarse si existen los números en general no tiene sentido. Uno elige un marco conceptual y resuelve dentro de ese marco, pero los problemas que están por fuera de ese marco son problemas externos. En nuestro grupo de investigación estamos atendiendo a las diferentes posiciones que se dan dentro de este debate entre realismo y anti-realismo. Una de las posturas interesantes que se han planteado es lo que se llama “realismo estructural”.

–Que dice...

–Que las teorías científicas lo que captan es la estructura de la realidad. Las teorías pueden cambiar, pero lo que se mantiene es la estructura. De alguna manera, esto daría continuidad en el desarrollo científico. Algunos llegan a afirmar, incluso, que lo único que hay es estructura. Lo cual lleva al siguiente contraargumento: una estructura es una serie de relaciones; ¿cómo puede haber relaciones si no hay relata? De cualquier manera, el concepto de objeto también puede ser discutido. Porque uno podría preguntarse qué pasaría con una lengua que no tuviera la estructura sujeto-predicado. Según he leído por ahí, hay ciertas lenguas que tienen una estructura diferente. Nosotros estamos acostumbrados a frases del tipo: “El vaso está sobre la mesa”, “El gato está sobre la alfombra”. Pero imaginemos un lenguaje en el que solamente hubiera verbos: habría fenómenos pero no objetos. Entonces la existencia se plantearía en términos distintos.

–Pero ahí se determina mucho la realidad por el lenguaje.

–Lo que digo es que el conocimiento se tiene que expresar de alguna manera. Si yo quiero saber lo que hizo Newton tengo que leer los Principia; la manera de objetivar el conocimiento es a través de algún tipo de lenguaje. En términos generales, el lenguaje es un vehículo. Esto no quiere decir que uno hipostasíe el lenguaje, pero hay que ser consciente de que entre medio y referencia hay una relación. Yo invitaba a pensar una relación diferente a partir de un lenguaje que fuera diferente al lenguaje al que estamos acostumbrados.

–Lo que pasa es que Chomsky, por ejemplo, muestra que la estructura de sujeto y predicado está en todas las lenguas del universo, lo cual, siguiendo su razonamiento, hablaría a favor de una existencia de los objetos. Para lo cual hay además un argumento evolutivo: si yo no creo en los objetos, me come el león.

–Ahí hay dos cosas. Una es que apoyarse en una teoría científica para fundamentar la ciencia es una opción cuestionable, que se conoce con el nombre de “epistemología naturalizada”. Quine, por ejemplo, planteó que la mejor manera de dar cuenta de la ciencia es apelar a la propia ciencia (en este caso, la Biología). Otros rechazan el argumento por ser circular: si yo quiero fundamentar la ciencia apoyándome en resultados científicos, sería como querer apoyar la verdad de una religión apoyándome en el libro sagrado de esa religión. Ese es un debate abierto. La segunda cosa es que aun una teoría equivocada puede tener buenos resultados. Esto tiene que ver con una cuestión muy simple: infinitas curvas pasan por un conjunto finito de puntos. Es decir, para un conjunto finito de observaciones (puntos) hay un conjunto infinito de teorías explicativas (líneas). La teoría ptolemaica, por ejemplo, construía epiciclos y epiciclos para ir ajustándose a la realidad y funcionaba muy bien. Además hay un hecho lógico básico: una deducción correcta puede tener premisas falsas y conclusión verdadera. Yo puedo estar razonando bien, a partir de premisas falsas, y llegar a una conclusión verdadera. No necesariamente por llegar a conclusiones verdaderas tengo premisas verdaderas. Por ejemplo, puedo decir lo siguiente: si Nostradamus hizo una predicción confusa de un ser malvado que vendría en algún momento de la historia y que se puede identificar con Hitler y Hitler efectivamente existió, entonces Nostradamus adivinaba el futuro. Con las teorías científicas pasa lo mismo. La teoría de Ptolomeo era aceptada, y con justa razón, porque funcionaba bien. Volviendo al tema de lo que decía usted de la evolución: a lo mejor la evolución nos hace crear fantasmas que, sin embargo, son útiles. Lo que quiero decir es que uno podría tener tranquilamente creencias equivocadas sobre el mundo y, sin embargo, tener éxito.

–¿Y por qué usted se dice anti-realista en las ciencias naturales?

–Porque creo que las postulaciones teóricas son muy útiles pero conllevan la necesidad de aventurarse más allá de lo necesario. En ese sentido, simpatizo con lo que se llama la navaja de Ockham: no multiplicar innecesariamente las entidades. Y me refiero no sólo a las ciencias naturales sino también a las ciencias sociales. Simpatizo, en este sentido, con la postura de Van Fraasen. El dice que el objetivo de la ciencia es la búsqueda de teorías empíricamente adecuadas.

–Es, de alguna manera, positivismo.

–Es lo que se llama empirismo constructivo. No niega que las teorías científicas puedan ser verdaderas o falsas, lo que dice es que, como no podemos saber si son verdaderas o falsas, tenemos que tener como objetivo que sean adecuadas empíricamente. Porque la verdad, si viene, viene por añadidura.

Por Leonardo Moledo
Publicado enInternacional
Miércoles, 20 Abril 2011 06:29

Experimentos con humanos (I)

Las investigaciones en el campo de la medicina y las ciencias naturales, el ímpetu civilizador del colonialismo y el éxito literario de Frankenstein o el moderno Prometeo (Mary Shelley, 1818) llevó a los pensadores europeos del siglo XIX a debatir sobre un tema algo complicado: ¿es posible mejorar a los seres humanos?

Curiosamente, una de las fuentes de inspiración de Frankenstein fue Erasmus Darwin (1731-1802), el abuelo de Charles, a quien el vulgo veía como un tipo capaz de devolver la vida a los muertos cuando experimentaba con electricidad.

Frankenstein cautivó la imaginación de generaciones, convirtiéndose con los años en alegoría de las perversiones científicas para experimentar con seres humanos. Sólo faltaba vencer los remilgos éticos de una burguesía muy pagada de sí misma. Y los cuatro tomos del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (JA Gobineau, 1853-55) contribuyeron a superar los complejos de culpa.

Pocos años después, tras el impacto de El origen de las especies (Charles Darwin, 1859), brotaron nuevas herramientas teóricas para justificar el racismo. Prescindiendo del rol del azar en la ciencia, el zoólogo Ernst Haeckel (1834-1919) divulgó en Alemania la obra de Darwin, dictando cátedra acerca de las razas primitivas que, a su juicio, estaban “…más cerca de los monos que de los europeos”.

Emplazado por las insólitas repercusiones de sus investigaciones, Darwin sostuvo que la ciencia no responde a ninguna agenda política, moral o religiosa: “la evolución –dijo– carece de finalidad, y es absurdo calificar a un animal superior a otro”. En cuanto a la muletilla divulgada por Haeckel, preguntaba: ¿en qué momento afirmé que el hombre desciende del mono?

Naturalmente, Darwin creía que si se ayuda a las especies débiles a sobrevivir y procrear “…se podrían perder los beneficios de la selección natural…” Pero simultáneamente advertía que negar tal ayuda a los seres humanos ponía en peligro el instinto de solidaridad, “…la parte más noble de nuestra naturaleza”.

Fue en vano. Un primo suyo, el erudito inglés Francis Galton (1822-1911) inventó el término eugenesia, claramente inspirado en lecturas torcidas de la teoría de Darwin. La eugenesia (de bien nacido, buena reproducción) posibilitaría la reducción del nacimiento de los ineptos, débiles y enfermos, y la mejora de la raza mediante el fomento de la productividad de los más aptos y sanos (El genio hereditario, 1867).

Otro sabihondo inglés, el positivista Herbert Spencer (1820-1903) planteó que nada interfiere en las leyes naturales. Spencer inventó la expresión darwinismo social, que le venía como anillo al dedo al imperialismo y a la idea de libre mercado: los hombres son desiguales desde su origen, y los débiles quedan sometidos siempre al dominio de los más fuertes.

En América Latina, el darwinismo social animó el pensamiento de los gobernantes que le dieron forma y sustento ideológico a los nacientes estados nacionales. En Conflicto y armonías de las razas en América, Domingo F. Sarmiento (1811-1888) ponderó la barbarie liberal para justificar el exterminio de los pueblos indígenas, y el influyente socialista argentino José Ingenieros (1877-1925) dijo en relación con su país: ...Chile carece de extensión y de fecundidad. Al Brasil le faltan el clima y la raza. La Argentina reúne las cuatro: territorio vasto, tierra fecunda, clima templado, raza blanca.

El libro del alemán Wilhelm Schallmeyer (1857-1919), Herencia y selección en la historia de los pueblos (1903), fue la biblia del grupo de entomólogos y eugenistas que en Berlín organizaron la Sociedad para la Higiene Racial (1903). Tres años después, Galton fundó en Londres la Eugenics Education Society, mientras en Alabama se fundaba la Escuela superior de la civilización para ennoblecer a la raza negra.

Los primeros experimentos médicos con humanos tuvieron lugar en Namibia, colonia alemana de África occidental. Allí, el secretario de la oficina colonial del reich, Bernard Dernburg (1865-1937), banquero, político liberal y miembro de una influyente familia judía, concibió un sistema para liberar al negro de sus “…defectos físicos… y de este modo su espíritu se abrirá a la influencia beneficiosa de la naturaleza superior”.

En 1913, el antropólogo Eugen Fischer (1874-1967) publicó el estudio Los bastardos de Rehoboth (comunidad de Namibia), en el cual intentó demostrar el predominio de una raza prehistórica en tiempos históricos. Gran amigo del filósofo Martin Heidegger, Fischer fue uno de los responsables del exterminio de judíos y enfermos mentales durante la Segunda Guerra Mundial.

En poco más de medio siglo, las fantasías del doctor Frankenstein habían echado raíces profundas en los estamentos científicos, políticos y económicos de la cultura occidental. Y el menú científico para experimentar a escala individual o en masa con seres humanos quedó listo: biologismo, racismo, higiene racial, eugenesia y darwinismo social.

Por José Steinsleger/I
Publicado enInternacional
China es ya la segunda potencial científica mundial, sólo por detrás de EEUU en la clasificación y por delante de otras superpotencias tradicionales de la ciencia (Europa Occidental y Japón). Brasil e India, están también haciéndose hueco en la I+D internacional, pero hay otros países que empiezan a destacar, al menos por su esfuerzo en este campo, como son Irán, Túnez y Turquía, según un estudio realizado por la Royal Society británica.

El estudio, titulado Conocimiento, redes y países: colaboración científica global en el siglo XXI se basa en análisis de gran cantidad de datos, incluido el número de publicaciones científicas de cada país y en el número de citas de esos trabajos por otros investigadores (un parámetro que se considera válido para medir la calidad de la investigación). España aparece en el noveno lugar de la lista por número de publicaciones y en el décimo por citas.

“El mundo científico está cambiando y están apareciendo rápidamente nuevos jugadores”, comenta el físico Chris Llewellyn-Smith, que ha presidido el comité que ha hecho el estudio de la Royal Society. “Más allá de la emergencia de China, apreciamos una escalada de otros países de del Sudeste Asiático, Oriente Medio y África del Norte.

El incremento de la investigación científica y de las colaboraciones, que pueden ayudarnos a encontrar soluciones a los retos globales que ahora afrontamos, es bienvenido. Sin embargo, ningún país históricamente dominante se puede permitir dormirse en los laureles si quiere mantener la ventaja económica competitiva asociada al liderazgo científico”.

Los dados del análisis se centran en dos períodos (1993-2003 y 2004-2008) para ver la evolución, explica la Royal Society en un comunicado. EE UU sigue manteniendo el liderazgo mundial, pero entre el primero y el segundo períodos considerados, su porcentaje de autoría de la investigación mundial ha caído del 26% al 21%., mientras que China ha pasado de ocupar el sexto lugar (un 4,4%) al segundo (10,2%).

En el tercer puesto se mantiene el Reino Unido con una ligera caída de su porcentaje (del 7,1% al 6,5%). En 1993-2003, Japón ocupaba el segundo lugar mundial, seguido de Reino Unido, Alemania y Francia; España estaba en el puesto décimo con un 2,5% del total de las publicaciones científicas. En 2004-2008, tras EE UU, China y Reino Unido, van Japón y Alemania, y España ocupa ya el puesto número nueve.

En la clasificación por citas, es decir, el impacto o calidad de la investigación, Estados Unidos ocupaba y ocupa el primer puesto. La lista no han cambiado desde el puesto segundo hasta el sexto (Reino Unido, Alemania, Japón, Francia y Canadá), pero si en 1999-2003 Italia estaba en séptima posición, ahora ha pasado a la octava, cediendo el sexto puesto a China. Holanda pasa del octavo al noveno en 2004-2004 y sale Australia de la clasificación de los 10 primeros (puesto noveno en 1999-2003), mientras que entra España en el décimo lugar en 2004-2008.

El análisis destaca la trayectoria reciente de otros países en I+D. Turquía está creciendo con una tasa casi equiparable a la de China, multiplicando por seis veces su inversión en ciencia y tecnología entre 1995 y 2007 e incrementando en un 43% su número de investigadores. En 2008 los científicos turcos publicaron cuatro veces más artículos que en 1996. Irán es el país en que más ha aumentado el número de publicaciones científicas del mundo, pasando de 736, en 1996, a 13.238 en 2008.

El Gobierno iraní trabaja con un plan para la ciencia que incluye impulsar la inversión en I+D hasta llegar al 4% de su PIB e 2030, partiendo de un 0,59% en 2006. Túnez es otro de los países que ha empezado a esforzarse en ciencia, pasando de una inversión del 0,03% de su PIB en 1996 al 1,25% en 2009 y reestructurando su sistema de investigación, con la creación de 139 laboratorios. Singapur ha casi duplicado su gasto en I+D entre 1996 y 2007, pasando del 1,37% de su PIB al 2,61% y triplicando sus publicaciones científicas en ese período (de 2.620 a 8.506). Por último, el informe de la Royal Society destaca Qatar, que quiere alcanzar el 2,8% de su PIB en inversión en I+D.

El análisis de los expertos británicos se ha detenido también en la tendencia a la colaboración científica internacional, señalando que actualmente el 35% de los artículos publicados en las revistas son de colaboraciones científicas de varios países, frente al 25% de hace 15 años. El deseo de los investigadores de colaborar con los mejores, independientemente del país en que trabajen, el aumento de temáticas de impacto global, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación y el abaratamiento de los viajes serían los factores determinantes de esta tendencia.

(Tomado de El País, España) 
Publicado enInternacional
Experto en política científica y tecnológica, Mario Albornoz asume que la catástrofe nipona será un símbolo que obligará a rediscutir los parámetros del desarrollo tecnológico. Y plantea que aquí el nuevo escenario abre la discusión sobre su futuro. El imaginario en torno de Japón, la conciencia sobre la fuerza de la naturaleza, el futuro de la energía nuclear.

–De pronto mucha gente tomó conciencia de que la tercera economía mundial, el modelo en el imaginario social de desarrollo tecnológico, tiene cincuenta centrales nucleares siendo un país con riesgo sísmico. ¿Qué reflexiones debería promover los acontecimientos en Japón?

–Antes que reflexiones, lo primero que uno tiene es estupor. Una potencia como Japón vuela de repente como casitas de papel. No sólo las centrales nucleares, sino también trenes que desaparecieron con la gente adentro. El estupor quita la palabra. En segundo lugar, uno siente mucho miedo por la fuerza de la naturaleza. Hay ciertas predicciones de que se viene una revancha de la naturaleza contra todo modelo de desarrollo tecnológico e industrial.

–¿Quién lo dice?

–Lo dicen la literatura, el cine, el temor de la gente. Es un tema viejo, de principios del siglo XX. Hay textos que están denunciando que todo esto es sumamente peligroso. Quien mejor lo dice es un sociólogo alemán, Ulrich Beck, que habla de la sociedad del riesgo. En su libro La Sociedad del Riesgo Global, de 1986, plantea que hay toda una dinámica de la sociedad industrial moderna que conlleva a las raíces de su propia destrucción.

–¿Por qué?

–Dice que es una sociedad que necesita cada vez más crecimiento para sostener su propio crecimiento, necesita más energía. Beck plantea que la propia dinámica de la sociedad, por el tipo de desarrollo industrial, genera todo el tiempo riesgo. Un riesgo obvio, del que se habla mucho, es el “efecto invernadero”, la desertificación, el agotamiento y el maltrato de los recursos naturales, pero también en tecnologías de menor nivel científico que una central nuclear, como las grandes obras públicas, las grandes represas. Hoy leí en los comentarios de lectores de uno de los diarios un accidente que yo desconocía con una central hidroeléctrica que se rompió en China hace un tiempo, que causó 26 mil muertos cuando inundó la ciudad que estaba abajo. Hay una dinámica que impulsa casi con necesidad a la sociedades industriales a mantener su ritmo de industrialización, a mantener el consumo y la competencia por la frontera tecnológica, y eso lleva a generar soluciones tecnológicas guiadas por una competitividad permanente que ponen en peligro la propia sociedad. Este es un tema para reflexionar, pero para reflexionar en concreto, no en abstracto. Lo primero que uno tiene que ver es si, en este caso de Japón, como señalan los defensores de la energía nuclear, sería la falta de previsión del gobierno que aparentemente habría tenido informes que indicaban que sus centrales nucleares no iban a resistir un terremoto de grado superior a 7. Si el gobierno japonés lo sabía, no estamos tanto ante un caso de riesgo tecnológico –porque la propia tecnología habría proporcionado los medios para evitar eso–, sino ante un caso de irresponsabilidad gubernamental. No me consta que sea así, pero siempre que se producen este tipo de catástrofes uno puede preguntarse si era un tema previsible o no, y si los gobiernos habían tomado las medidas necesarias para evitarlo. Yo soy de Santa Fe y recuerdo que cuando se produjo en la ciudad la última inundación causada por el río Salado, siempre se habló de que había habido imprevisión gubernamental y que los informes de los ingenieros hídricos de la Universidad Nacional del Litoral habían dado avisos de que se venía una inundación, no se tomaron recaudos y la ciudad se inundó. Ahora han construido un murallón alrededor de la ciudad y hay bombas extractoras. ¿Por qué no las habían construido antes? Siempre hay una dinámica que tiene que ver con que los gobiernos son más o menos sensibles a las catástrofes en general después de que ocurren, y no antes. La magnitud del drama de Japón me parece que sí obliga a pensar un poco más allá en la línea de la sociedad de riesgo.

–¿A qué se refiere?

–Por un lado, porque Japón es la tercera potencia mundial, pero al nivel del imaginario popular de desarrollo tecnológico es la primera.

–Es el modelo, el ideal de desarrollo tecnológico.

–Exacto. La frontera de la tecnología cae como papel. Las noticias nos dicen que los habitantes de Tokio están huyendo de la ciudad. Esto obliga a pensar, no sé sí metafísicamente, sobre la vulnerabilidad del ser humano, u obliga a pensar, primero, las bases de lo que sería un tipo de desarrollo científico, tecnológico y de infraestructura social. ¿Por qué digo esto? Estoy por ir a una reunión en Bilbao donde se discuten temas como la sociedad de la información y del conocimiento, como si fueran temas de los que no se retornan. Pero resulta que a la sociedad del conocimiento y de la información en su máxima expresión viene una ola de diez metros de altura y se la lleva. Entonces, a lo mejor no sé si ese modelo de desarrollo tecnológico es el más adecuado. Este es otro tema a discutir. Todo ministro de Ciencia y Tecnología que se precie, en el mundo occidental por lo menos, no puede apartarse de que la meta es la sociedad de la información y del conocimiento y la innovación –que es ahora la palabra fetiche– y que hay que apostar a los temas de tecnología de avanzada. Esa es una corriente. La otra corriente, más basada en demandas sociales, tiene una aproximación más hacia un modelo de desarrollo de ciencia, tecnología y sociedad, que a lo mejor no sea del más alto tenor científico, pero sí de respuesta a las demandas sociales. La prioridad estaría en buscar que la política científica y tecnológica esté conectada directamente con las necesidades sociales del país que sostiene ese sistema. Como todas las discusiones de política, son posiciones polares. En la práctica, no tienen que ser tan polares. Si se tienen grupos de investigación que son capaces de competir en la primera línea, hay que apostar a ellos. Pero sin olvidar que al mismo tiempo hay grandes demandas de conocimiento práctico en la sociedad cuya solución no requiere la primera línea de conocimiento.

–Por ejemplo, desarrollar viviendas económicas para enfrentar el déficit habitacional.

–Claro, temas de salud y muchísimos otros. Además, hay otro problema con las tecnologías muy de punta: es que generan una sociedad de grandes inversiones y están asociadas a grandes concentraciones de capital. Empresas pequeñas y medianas o economías regionales no están en condiciones de sostener tecnologías de punta. El otro día estaba leyendo un informe sobre la producción algodonera en el norte de Santa Fe que decía que la producción está en manos de grandes terratenientes que utilizan semillas avanzadas que les proveen las grandes corporaciones que comercializan semillas tratadas genéticamente, y pequeños productores cuya economía es tan frágil que no les permite acceder a semillas de primera calidad, con lo cual están produciendo un algodón de peor calidad y tienen una economía de subsistencia. Solucionar esto, hacerlos acceder a semillas de primera calidad, confronta con una estructura económica, política y social, es confrontar con intereses económicos concentrados. Es decir, las tecnologías más avanzadas, a menos que haya una acción del Estado reguladora muy enérgica en el plano de la producción, genera mayor concentración.

–Y fuertes presiones.

–Cuanto más concentración más presiones.

–Obama, por ejemplo, tiene grandes dificultades para aprobar una ley que favorezca energías alternativas debido a las presiones de la industria nuclear.

–Totalmente. Hay otra cosa, además, que no está directamente relacionada con el tema que venimos hablando, pero vale la pena mencionar: generalmente se dice que la política científica y tecnológica moderna es un invento de la posguerra, es decir, que el mundo tomó conciencia de la importancia de la ciencia y la tecnología durante la Segunda Guerra Mundial, no sólo por la bomba atómica –que ya de por sí fue muy sho-ckeante, el icono nuclear es como el icono del poder de la ciencia destructiva, pero al mismo tiempo energía que la ciencia es capaz de desatar–, pero además porque en el transcurso de esta competencia científica se desarrollaron las computadoras, la famosa Iniac, que fue la primera computadora con miles y miles de válvulas, el radar, la penicilina, etc. Cuando los Estados toman conciencia de la importancia de la ciencia empiezan a generar políticas para apoyarla. Lo cual implica que en realidad la política ciencia moderna es hija de la guerra y de los intereses asociados a la guerra y de los intereses de las grandes corporaciones que desarrollaron los equipos militares, el famoso complejo militar-industrial, que genera las mayores inversiones. De hecho, todavía hay algunos autores norteamericanos, un poco heréticos para el establishment norteamericano que dicen que, todavía hoy, más de dos tercios de la inversión de Estados Unidos en ciencia y tecnología está directa o indirectamente relacionada con el potencial militar. Entonces, si tenemos un modelo científico y tecnológico que está desarrollado en función de una visión del mundo concebida como hegemonía, como desarrollo y capacidades militares de grandes intereses industriales, no es de extrañar que las necesidades sociales de la población queden en segundo lugar y que grandes obras de infraestructura tienen que ver con grandes empresas constructoras que necesitan permanentemente que se generen oportunidades de ocupar espacios en el mercado y tienen intereses de que esto sea de un modo y no de otro. Esto es muy serio y hay que tomarlo en cuenta, sobre todo cuando un país como el nuestro tiene la oportunidad de elegir su propio modelo de desarrollo científico y tecnológico. ¿Vamos a tratar de repetir en minúsculo una política científica y tecnológica que en realidad en el fondo responde a intereses corporativos o vamos a tratar de hacer otro modelo de desarrollo científico y tecnológico que trate de dar respuestas a las necesidades concretas de la población en términos de medicamentos, de salud, de vivienda como usted dijo, de aprovechamiento de recursos naturales en forma no agresiva? Estos son dilemas que hay que tomar en cuenta. Pero hay otra cosa que tenemos que analizar.

–¿Qué otra cosa?

–Hoy por hoy, como decía, la palabra fetiche es innovación. Acá como en todo el mundo el ministerio se llama de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Esto es una moda que se remonta a los últimos años del siglo pasado, alrededor del 1980 empezó la innovación como un sesgo muy fuerte de la política científica. Pero la innovación, que fue algo que los europeos sobre todo redescubrieron cuando la crisis del petróleo de los años setenta, es una teoría de un economista que se llama Joseph Schumpeter, escrita en 1912, luego archivada y rescatada en los años ’80. Schumpeter decía que lo que mueve la economía es la innovación. Pero a la innovación la llamaba destrucción creadora.

–¿Por qué?

–Porque cuando una empresa innova por encima de las otras competidoras al mismo tiempo las destruye. Si las otras no pueden repetir el proceso innovador de la primera, desaparecen del mercado. Y eso significa puestos de trabajo que se pierden, empresas que quiebran, infraestructuras que se vuelven obsoletas. Cuando uno transita la zona sur del conurbano bonaerense, encuentra muchísimas fábricas abandonadas que no son sólo expresión de las crisis económicas que afectaron el país, sino expresión de una crisis tecnológica: empresas que se volvieron obsoletas, que la innovación destruyó. Por eso Schumpeter decía que la innovación es destrucción creadora: crea algo nuevo, pero destruye lo viejo. Y lo viejo no es una teoría, una idea; lo viejo es gente que pierde su trabajo, cuyas competencias laborales no sirven, barrios que pierdan su capacidad económica y de empleo. Entonces, cuando se estimulan las nuevas tecnologías y la innovación, y queremos correr esa carrera, alguien tiene que acordarse de qué pasa con los perdedores de esa competencia. Esto me lo pregunto cuando veo que el paradigma del país innovador, desarrollador de tecnologías de punta, en el fondo estaba sometido a una gran vulnerabilidad. ¿Cuál es nuestra vulnerabilidad? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos.

–¿Qué piensa de la crisis nuclear?

–Obvio que me pregunto qué va a pasar con el mundo, qué nuevos equilibrios habrá, pero me parece que no hay que ir por el lado de ya mismo cuestionar la energía nuclear. Sí hay que tomar nota. Argentina ha hecho una apuesta, aunque modesta, a la energía nuclear, con una actitud favorable de la población hacia ese tipo de energía. Hay que estudiar el tema. Hay que ver si las condiciones de vulnerabilidad de una central japonesa son reproducibles en otros países. Pero me parece que lo de las centrales nucleares es lo de menos, porque los ingenieros nucleares saben. Si hay voluntad política de prever los daños, los técnicos tienen los conocimientos para solucionar un problema. Lo que hay que tener en cuenta es que el hecho de estar en la tecnología de punta, en el conocimiento básico de avanzada, no garantiza nada, porque todo eso forma parte de una dinámica que alguien ya llamó sociedad del riesgo y conlleva muchísimos riesgos. Uno tiene que tener un modelo de desarrollo productivo y social que permita incorporar la ciencia y la tecnología subordinada a las prioridades sociales y económicas del país. Así como la foto del hongo atómico fue el icono de la potencia de la ciencia, el terremoto y el tsunami son el icono de la vulnerabilidad de la sociedad tecnológica, son el antiicono. Cuando se plantea cuáles deben ser los ejes de una política científica y tecnológica, si debe estar guiada por los grandes intereses económicos y de las corporaciones, por competir con los otros países por la primera línea de la tecnología mundial o más bien debe estar guiada por preservar el planeta, cuidarlo de su destrucción, construir sociedades más amigables con la naturaleza.

–¿Cree posible desafiar las presiones de las grandes corporaciones?

–Y si no, tendrán razón los mayas...

–¿...?

—(Se ríe a carcajadas.) ... que pronosticaron que se acaba el mundo en 2012.

Por Mariana Carbajal
Publicado enInternacional