En un futuro no muy lejano, los seres humanos serán capaces de implantarse memorias RAM neuronales que les permitirán almacenar grandes cantidades de recuerdos e información con la que podrán aprender en tiempo récord habilidades nunca antes imaginadas, guardar información confidencial o comerciar con ella. Así lo afirma el estudio Los Trabajos del Futuro, elaborado por la consultora FastFuture, que anticipa que en las próximas dos décadas el mundo se parecerá más a las películas cyberpunk de los años noventa, como Matrix o Johnny Mnemonic, que a la realidad tal cual la conocemos hoy en día.

Para implantar los microchips que hagan las veces de disco duro del ordenador humano harán falta cirujanos de aumento de memoria, una de las profesiones más demandadas en 2030, junto a policía del clima, farmagranjero o arquitecto espacial. Según el futurólogo y presidente de FastFuture, Rohit Talwar, "es el momento de comenzar a reciclarse y pensar en qué querremos ser de mayores".

Las previsiones hablan de que dentro de 20 años la población mundial aumentará unos 1.500 millones de personas hasta llegar a los 8.300 millones. La comida y el agua comenzarán a escasear y será necesario hacer frente a la amenaza del cambio climático, cada vez más presente.

"Los campos claves de crecimiento serán la biotecnología, la nanotecnología, las tecnologías verdes y la educación on-line", explica a Público Talwar, quien para elaborar sus predicciones ha contado con la colaboración de 453 expertos de 58 países en seis continentes. En la investigación han participado compañías líderes en los sectores de consumo, tecnología e innovación, entre ellos, IBM, Intel, Nokia, Panasonic, Pepsi, Pfizer, Samsung, Shell o Siemens. Su idea era identificar los sectores emergentes en 2030 partiendo de la evolución de las actuales tendencias políticas, económicas, sociales, demográficas, medioambientales y científicas.

En la lista definitiva de empleos de ciencia ficción, confirma Talwar, "aparecen trabajos que no existen todavía", junto a empleos minoritarios ya creados pero que "en el futuro serán predominantes". Estas nuevas profesiones servirán para dar soluciones a los problemas que se plantearán en los próximos años, como las hambrunas. Gracias a los farmagranjeros, especialistas con conocimientos biotecnológicos que permitan modificar genéticamente los cultivos, se podrá producir más cantidad de alimentos y con mayores propiedades nutritivas y terapéuticas. Además, el efecto invernadero y la creciente tendencia de algunos países a provocar fenómenos atmosféricos como la lluvia de forma artificial obligarán a que el medio ambiente sea vigilado día y noche, misión para la que se creará un cuerpo internacional de policías del clima.

Medicina regenerativa
Con el previsible acelerón que vivirá el cambio tecnológico en los próximos 15 años, la inteligencia artificial y la robótica también facilitarán la aparición de profesiones como la de fabricante de partes del cuerpo. La medicina regenerativa ya está dando sus primeros pasos y en el futuro se necesitarán personas que combinen medicina, robótica e ingeniería para decir adiós a las lesiones crónicas y a las minusvalías.

Sin embargo, para el autor del estudio, estas no serán las profesiones mejor pagadas, "sino las que tengan que ver con el espacio". Talwar afirma que el siglo XXI será el de la conquista del universo, para lo que harán falta pilotos, guías turísticos e incluso arquitectos espaciales.

"A medida que el turismo espacial vaya en alza, la gente querrá estar cómoda en el espacio", explica Regina Peldszus, una de las pioneras de la arquitectura estelar. A sus 27 años, Peldszus recrea cómo serán los habitáculos de los cohetes del futuro desde su despacho en el Centro de Diseño Aeronáutico de la Universidad de Kingston, en Londres. Para ello, esta alemana de nacimiento y británica de adopción se inspira en sus tres películas de ciencia ficción preferidas: 2001, de Stanley Kubrick; Solaris, de Andrei Tarkovsky; y Alien, de Ridley Scott. Su imaginación le ha valido la nominación como una de los 25 diseñadores que cambiarán la arquitectura en 2010, según la prestigiosa revista inglesa Blueprint Magazine. A pesar de que su profesión parece de otro mundo, su principal objetivo es más que mundano: conseguir que viajemos cómodos al espacio.

Otro reto al que nos enfrentaremos en los próximos años, este más cercano a la sociedad actual, será el progresivo envejecimiento de la población. El estudio The future at Work, elaborado por el Departamento de Trabajo de EEUU y la corporación Rand, anuncia que la principal economía del mundo será la primera en enfrentarse al problema. La llegada a la edad de jubilación de la generación de los baby boomers, nacidos entre 1946 y 1960, forzará la aparición de especialistas médicos en la tercera edad. No sólo se limitarán a cuestiones clínicas, sino también a la salud mental, psicología o ejercicio físico.

En cualquier caso, muchos trabajadores actuales quizá comprueben al jubilarse que su trabajo ya no existe. "Vamos a vivir un enorme cambio en el mercado laboral. Algunos trabajos desaparecerán y otros sobrevivirán, pero con enormes cambios", adelanta el consultor y futurólogo estadounidense Alvin Toffler, autor de los libros Future Shock y Revolutionary Wealth.

Entre los trabajos que Toffler da por extinguidos para 2030 se cuentan el de cajero de supermercado, que será sustituido por las cajas automáticas y el dinero digital, o el de dependiente de tienda de discos, a quienes las descargas de Internet ya han empezado a jubilar antes de tiempo. Otros, como los pilotos de combate, deberán reciclarse en capitanes de aeronaves espaciales y dejar las guerras para las máquinas.

Por ROBERTO ARNAZ Los Angeles (EEUU) 12/06/2010 22:53 Actualizado: 12/06/2010 23:45
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Sábado, 12 Junio 2010 17:24

La nueva máquina de la verdad

Hace unas semanas, un ciudadano estadounidense intentó demostrar su inocencia ante un tribunal con imágenes de su cerebro. Las instantáneas mostraban cómo reaccionaron sus neuronas a preguntas sobre su intención de robar a las arcas públicas. Sus abogados dijeron que las zonas que se activaban en su encéfalo a cada pregunta demostraban que el acusado decía la verdad.

No era la primera vez que un abogado intentaba exculpar a su cliente usando la Imagen por Resonancia Magnética Funcional (fMRI, en inglés), una técnica aún experimental que hasta hace muy poco sólo usaban los científicos y los médicos.

Triple asesinato

El año pasado, una aplicación similar fue aceptada por primera vez en un tribunal de EEUU. Fue en el juicio de Brian Dugan, un caso de gran repercusión mediática ya que, tras 20 años en la cárcel cumpliendo dos cadenas perpetuas por dos asesinatos anteriores, Dugan reconoció que fue él quien mató a Jean Nicarico, una niña de 10 años por cuyo asesinato ya se había condenado a otras dos personas. Lo único que pedía el reo es que no le condenasen a muerte y, para conseguirlo, sus abogados estaban dispuestos a usar cualquier prueba.

Fue así como el neurocientífico Ken Kiehl, de la Universidad de Nuevo México, llegó a Illinois para testificar en el caso. Kiehl había escaneado con fMRI a más de mil reclusos que cumplían condena por asesinato y otros crímenes y creía que esa evidencia permitía distinguir a un psicópata de una persona sana. La clave, señaló Kiehl, está en la amígdala, el centro cerebral de las emociones. La mayoría de sus reclusos con psicopatía mostraban una actividad mucho menor en esa zona que los sujetos sanos.

El tribunal no aceptó como prueba el fMRI de Dugan, pero sí dejó que Kiehl lo explicase al jurado. El especialista dijo que Dugan mostraba signos claros de psicopatía.

Otro psicólogo testificó en contra del uso del fMRI y señaló que la mayoría de estudios hechos hasta la fecha se habían realizado con grupos de personas y no con individuos concretos. También dijo que el crimen se cometió en 1983, con lo que el cerebro de Dugan probablemente se comportaba ahora de una manera muy diferente a la de entonces. Tras oír estos testimonios el jurado declaró a Dugan culpable y el juez le sentenció a muerte.

En el caso de Tennessee, el juez Tu Pham, tras 12 horas escuchando argumentos sobre la fiabilidad y precisión de la técnica y su uso como detector de mentiras, decidió no aceptarla como prueba en lo que pareció una nueva derrota para aquellos que defienden el uso del fMRI en procesos judiciales.

Otros tribunales de California y Nueva York habían hecho lo mismo en casos anteriores. Pero en su informe de más de 39 páginas, el juez Pham dejaba la puerta abierta al uso de esta tecnología en el futuro. "Si se somete a más estudio, desarrollo y análisis por parte de expertos", decía el juez, "esta metodología podría ser admisible".

Cuestión de tiempo

Por ahora no se han dado casos similares en Europa, algo que podía cambiar pronto, según algunos expertos. "Será sólo una cuestión de tiempo hasta que se acumulen estudios suficientes que permitan validar el uso de esta tecnología en los tribunales", explica a Público Burkhard Schafer, un profesor de la Universidad de Edinburgo (Reino Unido) que acudió esta semana al Instituto de Estudios Avanzados de Glasgow para discutir junto a otros 40 neurocientíficos y profesores de derecho de EEUU y Europa si es viable el uso de la imagen cerebral en los tribunales. "Las implicaciones para la privacidad son preocupantes", opina. "Estas técnicas podrían usarse también para fijar las primas de las empresas de seguros, entrevistas de trabajo o pleitos laborales", añade.

La mayoría de expertos, incluidos los que utilizan el fMRI en investigaciones científicas, creen que este aparato aún no es lo suficientemente fiable como para usarse fuera de los laboratorios. "Los neurocientíficos tienen bastante claro que la imagen cerebral no está preparada para usarse con confianza ante un tribunal", explica Mike Nellis, un profesor de derecho de la Universidad de Glasgow.

"En cinco o 10 años el fMRI podría convertirse en un buen detector de mentiras, pero ahora sólo acierta en el 50% de los casos", sentencia Hank Greely, director del Centro de Ley y Biociencia de la Universidad de Stanford (EEUU) y uno de los mayores expertos sobre las implicaciones del uso de estas máquinas fuera de su contexto científico. Al contrario que Schafer, Greely cree que, después de todo, puede que el fMRI nunca resulte viable como detector.

En el mercado

A pesar de las incertidumbres, estos detectores de mentiras ya están en el mercado. Dos empresas estadounidenses, No Lie MRI y Cephos, ofrecen tests de la verdad a sus clientes para que los usen en juicios. La primera afirma que su máquina tiene una fiabilidad de entre el 90 y el 99% . La segunda fue la encargada de escanear al empresario Lorne Sembrau, el acusado del caso de Tennessee que supuestamente obligó a sus empleados a rellenar documentos falseados para recibir más subvenciones del Gobierno. "Si su palabra, su reputación o su libertad está en disputa, contacte con nuestro equipo hoy mismo", anuncia la compañía en su web.

El fMRI estudia el flujo sanguíneo en diferentes zonas del cerebro. Cuanto más flujo hay, más activa está esa zona. "Allí donde hay un cambio en la actividad neuronal, hay un cambio en la señal BOLD [el indicador del fMRI]", explica Santiago Canals, investigador del Instituto de Neurociencias. El experto utiliza el fMRI para estudiar en ratas las diferencias entre un cerebro sano y otro adicto al alcohol o las drogas.

Predicciones

"En estos casos se produce un alteración de los circuitos cerebrales y se segregan grandes cantidades de dopamina en el circuito límbico y el hipocampo", explica. Desde hace 15 años, científicos de todo el mundo han estado acumulando datos similares hasta generar una base científica que, en ocasiones, puede hacer predicciones en función de qué zonas del cerebro registran más actividad. "Un estudio reciente demostró que el fMRI puede identificar si una persona es de izquierdas o de derechas estudiando sus reacciones a fotografías de George Bush y Bill Clinton", explica Juan Lerma, director del Instituto de Neurociencias. Otro trabajo fue capaz de decir cuándo una persona iba a comprar algo antes incluso que decidiera hacerlo, añade. El investigador Ruben Gur, de la Universidad de Pennsylvania, dice que, gracias al fMRI, puede diagnosticar la esquizofrenia con un 80% de fiabilidad.

"Es una técnica mucho más fiable que el polígrafo, porque es imposible que un individuo manipule su actividad cerebral aunque se entrene", explica Lerma. "La técnica aún no está lista para salir del laboratorio de forma general, pero sí para ser usada en casos especiales", opina.

En una declaración conjunta, los 40 expertos reunidos en Glasgow dijeron que, "aunque la neuroimagen ya se usa en tribunales y márketing, esos usos carecen de base científica". "El impacto de las nuevas aplicaciones de la imagen cerebral es tan importante que requieren un debate público así como más investigación que apoye esos posibles nuevos usos", concluyen

Por NUÑO DOMÍNGUEZ MADRID 12/06/2010 13:30 Actualizado: 12/06/2010 13:30
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Sábado, 05 Junio 2010 08:07

Vida artificial con fines de lucro

El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc, habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de auto-replicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y lograron que el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.

Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida artificial, desde éticos a bélicos –por su alto potencial como armas biológicas– así como por los graves impactos ambientales y económicos que tendría.

Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida. Según él, la construcción de vida artificial será la solución para problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud. Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que identifican su propiedad.

Un macabro ejemplo que muestra el tipo de "solución" al que se refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de la cual es co-fundador (con capitales y participación de los mexicanos Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar combustibles a partir de su producción con microbios construidos artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.

Con el reciente mega-derrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas más contaminantes e irresponsables del planeta.

Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación de "vida" artificial, ya que en realidad Venter introdujo un genoma en una bacteria pre-existente, ello no disminuye los riesgos que significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma "mínimo" que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma, un "chasís" al que agregarle diferentes genes según la función que se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos: dependería de los genes que se les agregue.

Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme colección de genes con características extremas, para sus fines comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación "sin fines de lucro". Poco después declaró que si lograba construir un microbio artificial para producir combustibles, valdría "billones de dólares", y "sin duda patentaría todo el proceso".

Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran, es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y comercialización de la "biomasa" del planeta, de los cultivos y bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales. Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.

Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio, son mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida artificial en laboratorio puede "funcionar", pero no hay duda que violenta los largos procesos co-evolutivos naturales de los organismos y el ambiente, con impactos impredecibles sobre éstos.

Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a la liberación de organismos vivos artificiales, a la próxima sesión del Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro sigan actuando en la impunidad.

Silvia Ribeiro*
*Investigadora del Grupo ETC
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Miércoles, 02 Junio 2010 07:12

Hablando con un mito matemático

–Usted vino al país invitado por la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba (Famaf - UNC) y es un miembro del mítico grupo Bourbaki. Ha hecho aportes originales a la geometría algebraica, a los grupos de Lie, a los grupos algebraicos, probabilidades, teoría de números, física matemática, entre otros. ¿Qué más puedo decir para presentarlo?

–Que nací en 1932 en Sedán, en el norte de Francia, y me dediqué a las matemáticas desde muy temprana edad. Participé fuertemente en el grupo Bourbaki, donde redacté varios volúmenes, en particular los capítulos de teoría de Lie, que es aún hoy en día uno de los más citados de Bourbaki. A veces me presentan como una especie de embajador itinerante de la matemática. Visité una gran cantidad de países, Brasil, Chile, Argentina, el norte de Africa, Vietnam, Japón, India, siempre tratando de que la matemática sirva para unir a los pueblos.

–Usted estaba en el grupo donde estaban Henri Cartan, Dieudonné... ¿Son verdaderas las historias que se cuentan? Por ejemplo, que una vez disfrazaron a alguien, dijeron que había venido un matemático polaco que hablaba una jerga incomprensible y que no obstante todo el mundo dijo “qué maravilla”, pero realmente no habían entendido nada.

–Bueno, aquello fue una broma de los estudiantes en 1930.

–¿De dónde viene el nombre Bourbaki?

–Históricamente es una familia de militares griegos. El más antiguo de ellos fue colaborador de Napoleón en la guerra de Egipto. Napoleón le agradeció nombrándolo general y le ofreció ocuparse de su hijo. Este hijo fue educado en escuelas militares francesas. A partir de lo cual hay varias generaciones de militares franceses en el ejército que llevan ese nombre.

–¿Y por qué eligieron ese nombre?

–Hay dos razones para la elección de este nombre. La primera de ellas es que los estudiantes que hicieron la broma sobre el matemático polaco o ruso en el anuncio de su conferencia pusieron que era Bourbaki. Al principio, el matemático Bourbaki no tenía nombre de pila. La primera vez que el grupo de matemáticos del colectivo Bourbaki quiso publicar un texto en la Academia de Ciencias tuvo que dar un currículum del autor. Cuando tuvieron que presentar el texto en la Academia de Ciencias era obligatorio poner un nombre de pila y, de acuerdo con una vieja tradición de la Sorbona, cuando alguien no era profesor y presentaba un texto en una conferencia llevaba la inicial N, que significa “no existente”.

–Era un grupo secreto. Nadie sabía quién era ese tal Bourbaki.

–Más o menos... se sabía quiénes eran los integrantes. El grupo comenzó a trabajar en 1935, en 1940 Francia colapsa por la Segunda Guerra Mundial y debido a ello una parte del grupo se fue a EE.UU. En particular André Weil. Pero continuaron trabajando, y al final de la guerra había suficiente material como para publicar unos 4 o 5 libros más. En los años ’30 comenzó la colección de libros.

–Las matemáticas que hacían ustedes con el grupo Bourbaki y demás correspondieron más o menos a la etapa del estructuralismo francés.

–André Weil fue el que insistió sobre la idea de estructura. Había dos razones. La primera razón es de tipo histórico: algunos grandes matemáticos previos como Elie Cartan, un gran geómetra, hablaban de la estructura de los grupos, la estructura de los espacios sin tener una definición precisa. André Weil conocía muy bien los trabajos de lingüística de J. Mayer. Estos lingüistas fueron los que introdujeron la noción de estructura. André Weil, que conocía ambas ciencias, buscaba un concepto que ayudara a organizar el trabajo de Bourbaki.

–Casi todo estaba organizado por estructuras.

–Sí. El plan de la colección estaba organizado por estructuras.

–Actualmente, ¿cuál es la situación de esa corriente matemática? Porque en una época, acá en la Argentina, se estudiaba en matemáticas todo Bourbaki. Después entró la matemática norteamericana...

–La influencia de la matemática francesa, o en particular Bourbaki, en América latina viene de que Grothendieck, Dieudonné y André Weil pasaron muchos años en Brasil.

–Y que muchos estudiantes argentinos estuvieron con ellos en EE.UU., me parece. Y ahora, a nivel mundial, ¿en qué está Bourbaki?

–Nuestra broma era que los libros de Bourbaki se llamaban “la Biblia”.

–Y así lo tomábamos nosotros cuando estudiábamos.

–El gran éxito de Bourbaki fue haber hecho una enciclopedia. Hace unos 50 años había muchas divergencias en cuanto a las definiciones correctas de determinadas nociones y esas diferencias llevaban a distintas interpretaciones. Bourbaki estableció un estándar de rigor, pero sobre todo de presentación, de terminología. Hoy en día la terminología matemática está unificada en gran parte gracias a Bourbaki. Pero el grupo no tiene más actividad. Hace 25 años que no se escriben nuevos libros. Diría que nosotros estamos después de la revolución. La revolución que hubo en matemática en los años ’30 y ’40 es el fundamento de la matemática que se desarrolla hoy en día. Pero los problemas, las cuestiones matemáticas que se abordan hoy en día son de una naturaleza diferente.

–¿Y cuáles son?

–La geometría continúa desarrollándose en gran parte debido a sus profundas conexiones con la aritmética, y la teoría de números. En segundo lugar, la mecánica de Newton, que fue considerada muerta hace 60 años debido a las nuevas mecánicas de los físicos, la relativista y la cuántica, pero en gran parte debido a la exploración espacial sigue habiendo una necesidad de trabajos en mecánicas newtonianas muy importantes. Después de trabajos como los de Arnold o los de la Escuela Rusa han llevado a una conjunción de la mecánica newtoniana y la geometría. De una manera más general los problemas matemáticos de la física son muy difíciles y muchos de ellos no han sido resueltos.

–Lo que ahora se llama teoría del caos. A mí nunca me convenció mucho su rigor...

–Los fundamentos matemáticos son sólidos, pero aquellos que desarrollaron esta teoría, como Mandelbrot, Roel, Cimat, creían que tenían la llave para explicar todo. Del mismo modo, René Tom, con la teoría de catástrofes, tenía la misma sensación. Hoy en día somos más modestos. Hay muchos fenómenos de mecánica donde aparece el caos. En los últimos 25 años, los astrónomos franceses han estudiado la evolución del sistema solar en períodos de miles de millones de años. En sus estudios sobre este tema aparecen realmente fenómenos del caos. Por ejemplo, como se ve que de repente Mercurio se encuentra muy cercano a Júpiter, en estos períodos tan prolongados pueden suceder cosas muy complicadas.

–Le pregunto, porque acá en Famaf se dedican a esto. ¿En qué consiste la historia conceptual de las matemáticas?

–Fue Jean Dieudonné quien por primera vez abordó la historia conceptual de las matemáticas, que consiste en intentar comprender desde un punto de vista retrospectivo cómo se llegó a determinado resultado, por ejemplo en alguna área del conocimiento en el siglo XIX.

–¿Y cómo llega a sus resultados conceptuales?

–A veces sucede que los matemáticos encuentran diversos resultados que no se entienden y sólo mucho tiempo después alguien encuentra una teoría que los encuadra y entonces uno se da cuenta de que aquellos resultados que fueron encontrados primero, en realidad tenían que ver con este concepto que todavía no había nacido.

–Como en el caso de los grupos de permutaciones...

–Sí, creo que cuando hay diversos métodos, en cualquier ciencia, lo más rico es utilizarlos a todos simultáneamente.

–Ya que estamos, hablemos un poquito de historia... ¿Cómo fue que usted se dedicó a las matemáticas?

–En mi familia hace más de cien años que hay profesores y maestros de matemática. Y mi abuela, madre, esposa, hijas, todas han trabajado como profesoras o maestras.

–Bueno, sabiendo que el de su familia no es un caso común, ¿cree que la divulgación influye en la vocación por las matemáticas?

–Yo diría que no se trata de hacer propaganda de la matemática. Creo que una de las maneras es hacer conocer la historia de las matemáticas y de los propios matemáticos. Pero fíjese que, paradójicamente, el mayor motivo de orgullo de un matemático destacado es cuando su nombre se olvida y su descubrimiento pasa a ser parte del conocimiento común.

–Ciertamente se da en muchos campos del progreso científico...

–Sí, por ejemplo sabemos muy bien que en la electricidad se habla de amperes y watts, y muy pocos saben quiénes eran Ampère y Watt.

Por Leonardo Moledo
Desde Córdoba

leonardomoledo.blogspot.com 
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Miércoles, 26 Mayo 2010 06:27

Ciencia: ¿hasta dónde?

La ciencia, a diferencia de la literatura, no admite ficción. Las artes enriquecen la vida gracias a la imaginación, a la belleza, a la paz que suelen ofrecer. Las ciencias fortalecen la existencia por medio de sus descubrimientos, por los problemas que resuelven, porque mejoran las condiciones de vida. Las artes se nutren del correr de la vida y del contacto entre seres humanos; crecen por lo que observan, y, salvo cuando se usan con fines propagandísticos, como sucedió en la Alemania nazi, suelen ser benéficas e inocuas.

Las ciencias incrementan el conocimiento por medio de reglas muy estrictas. Sus aportes siempre son bienvenidos: sólo dañan cuando se utilizan para destrozar Hiroshima o Nagasaki, o cuando se prueban fármacos en seres humanos sin apegarse a códigos éticos. La ficción no daña. La ciencia, cuando vulnera leyes éticas, produce desgracia. Ni la ciencia ni el arte tienen fronteras.

Algunas conquistas científicas, además de producir admiración, generan preocupación. Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, y su grupo, informaron, hace pocos días, la creación de una bacteria. Este hallazgo pone fin a uno de los grandes (e inviolables) dogmas de la biología: las células, es decir, la vida, provienen forzosamente de la división de otras células vivas. Romper paradigmas biológicos es un suceso inmenso. Crear células artificiales generará, seguramente, grandes beneficios; sin embargo, es muy probable que se susciten algunos dilemas éticos. Otro ingrediente insoslayable es que Venter combina su gran capacidad científica con su ímpetu comercial: es fundador y codueño de la empresa Synthetic Genomics.

El descubrimiento del científico estadunidense se inició hace 15 años mientras trabajaba en el genoma humano. Desde el punto de vista científico el logro es inmenso; Venter y su grupo crearon una bacteria cuyo origen son los tubos de ensayo que contienen productos biológicos y químicos y no células madre. Me explico: las células y las bacterias se reproducen a partir de formas similares –madres biológicas es una buena forma de denominarlas–, mientras la bacteria de Venter podría llamarse bacteria sintética o informática, ya que su origen no es la vida tal y como la conocemos, sino la información proveniente de otras células cultivadas en el laboratorio.

La primera célula sintética, como la denomina Venter, se llama Mycoplasma mycoides JCV1-syn 1.0. JCV se refiere a John Craig Venter; el 1.0 es su leitmotiv: el científico buscará crear nuevas versiones de células. Por ahora se procurará elaborar vacunas, crear nuevas medicinas, mejorar las características de algunos alimentos, diseñar microrganismos capaces de purificar aguas sucias y producir algas que utilicen la energía solar para generar hidrocarburos. De cumplirse algunos de esos propósitos la aportación del grupo de Venter a la humanidad será inconmensurable.

Los alcances científicos deparan algunas cuestiones. Dentro de las reales resaltan el posible mal uso de las bacterias de laboratorio (células sintéticas) para la producción de sustancias tóxicas que se utilicen como armas biológicas, es decir, como instrumento del denominado bioterrorismo; esas armas podrían ser una amenaza contra la seguridad pública. Otro uso cuestionable se refiere a la propiedad intelectual del descubrimiento. La patente y sus posibles usos pertenecen a Venter, lo que implica que él tiene derecho para utilizarla de acuerdo con sus intereses empresariales.

El mal uso de la ciencia profundiza las diferencias entre ricos y pobres y se vende al mejor postor. Los bioeticistas bien saben que la propiedad intelectual no es la mejor bandera cuando se trata de acortar las distancias entre distintos grupos de seres humanos. No en balde algunos científicos de vieja cepa, como Jonas Salk, descubridor de la vacuna oral contra la poliomielitis, solía decir que la ciencia no puede ni debe ser patentable.

Además de las cuestiones previas resaltan algunas de índole filosófica. Venter comentó: Este es un paso importante tanto científica como filosóficamente, a lo cual agregó, han cambiado mis opiniones sobre la definición de vida y sobre cómo funciona la vida. Es bien sabido que la ciencia no se detiene. De ahí algunos problemas éticos. Bienvenidas las vacunas y las bacterias que limpien el ambiente. Bienvenidos muchos descubrimientos pero no todos: ¿Qué sucederá cuando se logre modificar el genoma humano?

Aunque es muy probable que pasen muchos años hasta que se logre cambiar el genoma humano, esbozo algunas respuestas: Se mal usará la ciencia, se romperán algunos códigos éticos, se incrementará la brecha entre ricos y pobres, se crearán seres humanos distintos, inmunes a muchas enfermedades y, por último, será necesario reinventar nuevas ficciones antes de que Venter, lejos del bienhechor cobijo de las artes, diseñe seres humanos a la carta.

Por Arnoldo Kraus
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Miércoles, 26 Mayo 2010 06:18

Animalito, compórtate, así te estudio

–Usted es el director del Instituto de Ingeniería Biomédica de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Cuénteme qué es lo que hace allí.

–Este instituto surgió por iniciativa de Bernardo Houssay, con la idea de estudiar biología desde la ingeniería. Tenemos varios grupos. Hay uno que hace procesamiento de voz, otro que hace bioprótesis, otro hace procesamiento de señales biológicas... Mi subgrupo lo que hace es neuroingeniería.

–¿Y eso qué es?

–Nosotros hacemos modelos matemáticos para explicar conductas desde bases neurofisiológicas y eso se aplica a máquinas inteligentes. Para nosotros, entender conductas implica entender circuitos neuronales, así como en una computadora uno habla de circuitos de transistores... Antes de seguir con la oración, quisiera hacer una salvedad: el cerebro no tiene nada que ver con una computadora.

–Sin embargo, hay una tendencia que es modelar el cerebro según la computadora...

–Yo creo que esa tendencia está errada. Hay muchas diferencias. Yo puedo simular una teoría en la computadora, pero eso no tiene nada que ver con pensar que nuestro cerebro funciona como una computadora. Eso claramente no ocurre. Básicamente una computadora funciona de manera secuencial, mientras que el cerebro no. Si yo le digo a usted que reconozca la imagen de un ser querido, usted la reconoce en un tiempo cortísimo, en milisegundos. La razón es que nuestro cerebro procesa en paralelo: nosotros hacemos muy pocos pasos antes de reconocer una imagen. Nuestra memoria funciona de modo muy diferente; por ejemplo, la estimación de tiempo en una computadora se hace contando pulsos de un reloj (pulsos muy rápidos, del orden de los gigahertz). Nuestro cerebro no estima así...

–¿Cómo estima nuestro cerebro?

–Nadie lo sabe bien. Nosotros tenemos un grupo que estudia esto. Se parecería, en principio, a una integración en el tiempo.

–¿Y su grupo qué hace?

–Nosotros arrancamos por hacer un modelo matemático para explicar el condicionamiento operante. Esta es una conducta muy básica de los humanos: diría que gran parte de nuestro comportamiento diario está basado en encadenamientos de este tipo. El condicionamiento clásico es típico, como el ensayo de Pavlov con el perro: se le daba carne después de hacer sonar una campana durante varias veces y luego se verificaba que alcanzaba con hacer sonar la campana sin darle la carne para que el perro comenzara a salivar. El condicionamiento operante consiste en lo siguiente: si suena la campana, y yo respondo a eso entonces recibo el estímulo. El individuo debe operar sobre el entorno para recibir el refuerzo. A pesar de que esto es muy simple, sirve, por ejemplo, para hacer propagandas, o para que un chico que no controla esfínteres los empiece a controlar, o para cosas menos políticamente correctas, como saber cuándo pagarle a un obrero para que rinda más.

–Déme un ejemplo de conducta operante?

–Un ejemplo es, como le decía, el de los chicos que no controlan esfínteres de noche. Se les pone un aparatito tremendamente sencillo: es una chicharra, normalmente agarrada al piyama, con cables que van a la ropa interior del chiquito. Esto funciona como sensor: cuando el chico se hace pis, suena una chicharra que lo despierta. El chico, de día, no se hace pis: registra que la vejiga está llena y decide ir al baño. De noche no registra bien el estímulo. Lo que el chico debe hacer, entonces, es aprender a registrar el estímulo. Lo que debería ocurrir es que el chico, a la larga, aprenda cuál es el estímulo necesario para no relajar esfínteres y evitar el sonido de la chicharra. Lo que hicimos hace años fue un modelo para explicar condicionamiento operante válido para estímulos tanto apetitivos como aversivos. Queda claro en esto que los estímulos incondicionados no sólo son los primarios (como ser comida, sexo); para nosotros puede ser apetecible, por ejemplo, sacar una buena nota. En primera instancia hicimos esto y lo aplicamos a máquinas inteligentes, concretamente en lo que se llama “altruismo recíproco”. Esta es una conducta donde un individuo A hace algo que beneficia a un individuo B sin recibir ningún beneficio a cambio. A la larga el individuo B realiza algo que beneficia al individuo A sin recibir, tampoco, ningún beneficio. Un buen ejemplo es el de los vampiros: ellos consumen sangre y son individuos con un metabolismo muy alto. ¿Cómo funciona la cosa? Ellos necesitan comer todas las noches, pero no todas las noches que salen consiguen sangre. Los que cazan, cuando vuelven, comparten con los otros individuos. Ellos memorizan quién compartió con ellos y quién no, por lo tanto los individuos que aprenden a cooperar tienen más chances de sobrevivir que los que no. Esto lo usamos en algo muy sencillo: dos brazos robóticos debían aprender a cooperar para hacer una determinada tarea. Nosotros usamos modelos matemáticos que salen de la neurobiología y de la neurofisiología, y tratamos de reproducir en tiempo real conductas que los animales hacen a diario. O sea: comparamos segundo a segundo nuestro modelo con lo que hace un animal de laboratorio.

–¿Y eso cómo lo hacen?

–Tenemos las curvas de comportamiento de los animales y las comparamos con las de nuestros modelos. Estos modelos los hacemos con redes neuronales.

–Pero hay que controlar la red neuronal del animal segundo a segundo.

–En realidad, lo que yo mido es la salida. En este caso, tengo entradas que son estímulos condicionados (luces, sonidos) o estímulos incondicionados (aversivos o apetecibles) y tengo salidas: la conducta puede ser comer, saltar, rascarse, pararse en dos patas. Hecho de esta manera yo puedo reproducir exactamente lo que ocurre. Por ejemplo: yo en tiempo cero pongo un sonido. Espero a ver si en los siguientes diez segundos el animal responde de alguna manera, por ejemplo, saltando. Si salta, le doy comida. Yo puedo trazar, entonces, las curvas de aprendizaje para mi animal y para mi modelo.

–¿Y qué animales usan?

–Nosotros estamos asociados al IByME, y trabajamos con ratas. Ahora estamos estudiando conductas más complejas...

–¿Como por ejemplo?

–Una conducta más compleja es aprender categorizaciones. Por ejemplo, si yo digo que me compré un auto, usted me entiende, de la misma manera que usted me entiende si le digo “me compré un...” y saco una foto de un auto, o si digo que me compré un car. Es raro que uno entienda lo mismo de las tres maneras, pero eso ocurre para nosotros porque esos tres elementos forman una categoría. Nosotros definimos categoría como la aprendimos en el colegio: los elementos de una categoría son entre sí reflexivos, simétricos y transitivos. Lo que hicimos fue un modelo que aprende estas categorías desde bases neurofisiológicas.

–¿Cómo las aprende?

–Si bien nos interesa explicar el lenguaje, los experimentos que hacemos con ratas son más sencillos, sobre todo porque no tienen un lenguaje tan desarrollado como el nuestro. Lo que hacemos es lo siguiente: uno puede enseñarles categorías a los animales. Los humanos lo hacen, los monos pareciera ser que también y en las ratas hay controversias de los especialistas. Es muy simple. El protocolo tiene tres teclas: una central y dos al costado. Cada tecla se puede prender de color rojo o de color verde. Supongamos que en algún momento las tres teclas están prendidas. El animal lo que debe aprender es a tocar la tecla del costado que tiene el mismo color que la tecla del centro. Queda claro que el rojo a veces puede aparecer a la derecha y a veces a la izquierda. Este protocolo, que parece bastante simple, implica un cambio importantísimo en el aprendizaje. Aprender matching to semble implica aprender una función como la ex or. Es algo mucho más complejo, que un perceptrón no podría aprender...

–¿Un perceptrón? ¿Qué es un perceptrón?

–Una red neuronal muy simple, que se hizo a fines de los años ’50 y principios del ’60. Después se vio que si se ponen capas, aumenta muchísimo la capacidad de aprendizaje.

–Ahora, un animal pareciera tener categorías de entrada. Sabe lo que es comida y lo que no es comida. Sabe lo que es predador y lo que no es predador.

–Es que algunas cosas el animal las aprende y otras le vienen genéticamente, son instintivas. Los sapos, por ejemplo, escapan ante determinados tipos de sombra y ante otras no. El punto es que por estos condicionamientos el animal aprende qué es aversivo y qué no, y nosotros logramos explicar lo que es imitación, que es otro mecanismo de aprendizaje muy importante. Una gacela, por ejemplo, podría aprender que el león no es su mejor amigo porque se está comiendo a su hermanita. Lo que sale de estos modelos es realmente interesante. Los animales siempre tienden a una conducta egoísta, cosa que es esperable si el mecanismo más importante de aprendizaje es el condicionamiento operante: a mí lo que me conviene como individuo es tener siempre una conducta egoísta (porque es cuando recibo refuerzo). Supongamos esto: alguien nos pone presos a los dos; a mí me conviene decir que usted es el culpable y a usted, que yo soy el culpable.

–Pero la teoría de juegos demuestra que lo que conviene es cooperar.

–Claro, pero los animales no tienden a cooperar naturalmente. Los animales no tienden a cooperar, salvo en un caso específico. Se ponen dos pájaros. Cada uno opta por ser egoísta. Supongamos, por el contrario, que yo aumento la cantidad de comida que le voy a dar. No la puede comer, pero él ve que va a comer más. Cuando se hace esto, hay más chances de que los animales aprendan a cooperar. Esto tiene implicancias sociológicas importantes. Los individuos normalmente tendemos a actitudes egoístas. ¿Qué sucede si nosotros los educamos, si hacemos que desde chiquititos aprendan la ventaja de cooperar? Habrá más posibilidades de que, de adultos, tiendan a conductas cooperativas, que son las que le convienen a toda la sociedad.

Informe: Nicolás Olszevicki
leonardomoledo.blogspot.com 
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El premio Nobel de Medicina de 2002, el británico John Sulston, cargó hoy contra los intentos de patentar la primera forma de vida casi artificial, una célula con genes sintéticos creada por el biólogo y empresario estadounidense Craig Venter.

Sulston, que lideró hace diez años un proyecto público para secuenciar el genoma humano al mismo tiempo que Venter lo intentaba con dinero privado, afirmó que patentar la vida artificial sería "extremadamente perjudicial".

El científico británico arremetió contra su antiguo rival en la presentación en la Royal Society de Londres de un informe elaborado por su equipo de la Universidad de Manchester y titulado, precisamente, ¿Quién es el dueño de la ciencia?. "He leído el contenido de algunas de estas patentes y sus reclamaciones son muy, muy amplias", explicó Sulston a la BBC en referencia a los intentos de Venter de hacerse con los derechos exclusivos de sus descubrimientos. "Espero de verdad que estas patentes no sean aceptadas, porque pondrían la ingeniería genética bajo el control del Instituto J. Craig Venter. Tendrían el monopolio sobre una gran cantidad de técnicas", añadió.

El dinero que hay en juego es inimaginable. Si Venter logra patentar su organismo pseudoartificial, presentado la semana pasada en la revista Science, podrá obstruir y monopolizar la investigación de las futuras formas de vida artificiales. En la actualidad, múltiples equipos científicos trabajan para obtener células sintéticas capaces de fabricar vacunas, generar energía sin emitir CO2 o devorar vertidos de petróleo en el océano.

En el ADN del nuevo organismo, una bacteria normal con sus genes naturales sustituidos por otros creados en laboratorio, Venter introdujo, en clave, su nombre y el de las personas de su equipo, para poder cazar futuros plagios.
Genes patentados

"Se ha extendido la creencia de que es importante reforzar la propiedad intelectual para promover la innovación, pero no hay pruebas de que se esté consiguiendo este objetivo", afirmó Sulston, que matizó que la visión está cambiando. Un juez de EEUU anuló en marzo dos patentes sobre dos genes humanos relacionados con el cáncer de mama y de ovarios, que estaban en propiedad de la empresa Myriad Genetics.

Un portavoz de la compañía de Venter defendió hoy sus ambiciones. "Hay muchas empresas y organismos públicos que trabajan en el campo de la biología y la genómica sintéticas. La mayoría, si no todos, ha solicitado algún grado de protección por medio de patentes para varios aspectos de su trabajo, así que parece improbable que un solo equipo sea capaz de obtener un monopolio de ningún tipo", declaró el portavoz a la BBC.

PÚBLICO MADRID 25/05/2010 22:51 Actualizado: 25/05/2010 23:20

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Lunes, 24 Mayo 2010 06:37

Bacterias

La noticia científica de la semana pasada fue la creación de una bacteria por medio de procedimientos de la biología sintética. Según los reportajes del caso, se trata de una bacteria con un genoma artificial y, por ello, un organismo sin ancestros.

Las cuestiones técnicas son entreveradas para los no especialistas: se trata de describir la síntesis del genoma de una bacteria e insertarla en otra del mismo género. Así se crea una célula sintética, aunque lo sintético es el genoma insertado en una célula que ya existía.

Las técnicas y procedimientos utilizados por Venter y Smith, así como los objetivos de este tipo de trabajo científico han desatado toda una serie de comentarios sobre sus consecuencias y, por supuesto, habrá muchos más de aquí en adelante.

En fin, que ya los científicos tendrán materia suficiente para debatir y fijar sus posiciones. Pero estos no son asuntos que deban quedarse en el terreno propio de los científicos. Provocan, necesariamente, una serie de reflexiones acerca del conocimiento, las innovaciones y sus usos, que siempre repercuten en el ámbito social. No podría ser de otra manera.

Se especula que los avances de la biología sintética como el que aquí se comenta, tienen que ver con las aplicaciones de ese tipo de tecnología en áreas como la agricultura o la energía, o bien, en la producción de medicamentos y vacunas. Y quién sabe ahora en qué otras más. Para ello falta tiempo.

No obstante, no hay por qué posponer la reflexión y discutir sobre las implicaciones presentes y futuras de estos avances científicos. Aquí, presente y futuro se vinculan de un modo complejo con particularidades propias.

Trato sólo de formular algunas cuestiones que se enfrentan en el modo de pensar complejamente ciertos dilemas a los que nos enfrentamos.

Una forma de aproximarse a esta cuestión puede ser contrastar los hechos en los que se desenvuelve nuestra existencia, no de una manera que se consideren únicos en términos históricos, sino sólo como aquellos que nos corresponde enfrentar en nuestra época.

El avance del conocimiento, en este caso de tipo científico, es muy desigual y sus efectos en el orden social son, cuando menos, heterogéneos.

Pienso, por ejemplo, en las donaciones multimillonarias de la Fundación Gates para combatir la malaria en África y otros lugares. Lo mismo pasa con otras enfermedades difíciles de erradicar o con otras sobre las cuáles aún se sabe poco y son la causa de la mayor parte de las muertes.

Esa misma limitación del saber se advierte en el número reciente de National Geographic. Ofrece un reportaje sobre el sueño, su función, cómo lo regula nuestro organismo y las consecuencias del trastorno que provoca no dormir. Las lagunas del conocimiento al respecto son muy grandes sobre esta tarea básica del cuerpo. Lo mismo ocurre con un conjunto extenso de operaciones del organismo humano.

No se trata de hacer una lista, por demás interminable y sujeta a las prioridades de cada uno que la intentase. Y hay consideraciones éticas que, igualmente, muestran la diversidad de los dilemas actuales. Mientras ya se tiene la secuencia completa del genoma humano, un filósofo como Peter Singer trata el asunto de si los animales sienten y cuáles son sus derechos.

Por supuesto que manipular el genoma humano o aproximarse a la creación de células y de formas de vida, provoca fuertes cuestionamientos en el terreno de la ética. Una consideración básica, sobre la cual se discute poco tiene que ver con la investigación general acerca de lo que es bueno, como planteara G. E. Moore en Principia Ethica, de 1903.

Hay quienes piensan que las innovaciones son siempre un paso adelante, no sólo en el conocimiento, sino en la forma de ordenar una sociedad y enfrentar sus dilemas. En el campo de la sostenibilidad ambiental es común tal idea, que pospondría actuar hoy pues habrá un método para contrarrestar el deterioro que se genera.

El riesgo de una desmedida confianza en las ventajas de las innovaciones, sean de carácter científico o de la estructura social, es grande. Hay una especie de arrogante certidumbre que resulta chocante en términos intelectuales.

Problematizar el asunto de las innovaciones es cosa difícil en una sociedad en la que se promueven de modo tan rápido y se alteran velozmente las formas de comportamiento individual y las relaciones colectivas. Pero, aceptemos al menos que no es un tema que deba dejarse al margen. La bacteria de Venter y Smith es parte del debate, pero no es el único.

Las páginas de los diarios están repletas ahora de noticias sobre las consecuencias institucionales de la crisis financiera de 2008 y sus efectos políticos y sociales.

Los economistas creyeron que habían llevado su disciplina a un estado de conocimiento científico similar al del laboratorio de Venter. Ahí podían aplicar hipótesis (frágiles) sobre el comportamiento de los individuos y métodos complicados de análisis de riesgo y de valuación del precios de los activos financieros en los mercados. No fue así, la crisis se dio del modo más convencional por un exceso de especulación.

Hoy, luego de tres décadas de innovaciones sociales se han puesto en entredicho los acuerdos que parecían firmemente establecidos. Rehacerlos será arduo y costoso. Requerirá imaginación, trabajo e inversión en una escala muy grande.

Por León Bendesky
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La comunidad médica celebró el avance logrado esta semana en medicina personalizada, con el primer caso en el que la secuenciación del genoma completo de un paciente reveló la causa genética de su enfermedad.

El avance demuestra por primera vez que la tecnología de la secuenciación genética, proclamada durante una década como el futuro de la medicina, es lo bastante sólida para producir resultados clínicamente significativos. No llegan a 10 las personas en el mundo cuyo genoma se ha completado hasta ahora, y la mayoría de los casos constituyeron ejercicios intelectuales.

Sin embargo, la tecnología puede anunciar una nueva era de neurosis médica, más que de mejor salud. Enterarse por anticipado del riesgo de sufrir enfermedades puede ayudar a prevenirlas, pero también podría conducir a una vida de preocupación por ellas.

El adelanto más reciente resuelve un enigma de 20 años para el paciente James Lupski, quien como vicepresidente de genética molecular y humana en el Colegio Baylor de Medicina, en Houston, Texas, también encabezó la investigación.

Entre 5 y 10% de 25 mil genes

Lupski heredó de sus padres un raro trastorno que afecta los nervios de manos y pies, llamado síndrome de Charcot-Marie-Tooth. En 1991 él y su equipo identificaron la primera mutación genética que dio origen a la enfermedad, y de entonces a la fecha otros investigadores han implicado otros 40 genes en ella. Pero ninguno explicaba por sí mismo el padecimiento, que afecta al doctor y a algunos de sus consanguíneos.

Para ayudarlo en su búsqueda, Richard Gibbs, director del Centro de Secuenciación del Genoma Humano, ofreció decodificar su genoma. Los investigadores encontraron dos mutaciones convincentes en el gen SH3TC2, uno de los que se sabía que estaban relacionados con el síndrome. Los resultados se publican en la revista New England Journal of Medicine (NEJM).

Lupski comentó que durante 40 años había sabido que tenía una enfermedad genética, pero ahora sabía qué gen la había originado. Es la primera vez que hemos intentado identificar en esta forma un gen vinculado a un padecimiento. Por ahora sólo sabemos la función de entre 5 y 10 por ciento de los aproximadamente 25 mil genes de nuestro genoma que se requieren para formar un ser humano. Lo que este estudio nos dice es que los datos son lo bastante sólidos para que comencemos a utilizarlos con el propósito de interpretar información clínica en el contexto de la secuencia del genoma, explicó.

Desentrañar los secretos del código secreto de los individuos para revelar su riesgo de desarrollar enfermedades específicas se ha visto limitado por el alto costo, pero éste cae a pasos agigantados. Descifrar el genoma completo del premio Nobel James Watson, codescubridor de la estructura de doble hélice del ADN, costó un millón de dólares; el genoma del doctor Lupski fue secuenciado por 50 mil. Un editorial del NEJM prevé que continuarán las espectaculares reducciones del costo, a consecuencia de la competencia y la innovación, y que el curso de dos años estarán a la décima parte del costo actual.

Incluso hoy, utilizando una técnica diferente que reduce el objetivo de la secuenciación (cubre uno por ciento del genoma pero aun así abarca 90 por ciento de todas las mutaciones productoras de efectos importantes), descifrar el genoma del doctor Lupski se habría logrado por 4 mil dólares. Cada vez es más claro que el costo se acerca a un parteaguas en el que la secuenciación del ADN se vuelva un procedimiento de rutina en el arsenal del diagnóstico, vaticinó la revista.

Sin embargo, los nuevos adelantos plantean un conjunto de cuestiones éticas. Entre ellas está la forma en que se debe presentar a los individuos la información sobre los riesgos genéticos de tener una enfermedad, y cuáles serán las implicaciones para los seguros y el empleo.

Por ejemplo, las mujeres afectadas por los genes BRCA1 y 2, de los cuales se sabe que incrementan hasta 80 por ciento el riesgo de cáncer de seno, pueden protegerse sometiéndose a mamografías regulares u optando por una cirugía profiláctica de extirpación de senos.

Vivir a la sombra del padecimiento

En cambio, no hay cura para la enfermedad de Huntington, trastorno neurodegenerativo progresivo hereditario. Alertar a personas afectadas por el gen que causa este padecimiento significa que vivirán más tiempo bajo la sombra de él. Si bien algunas tal vez quisieran saberlo, otras quizá preferirían vivir en la ignorancia hasta que se desarrollaran los síntomas. Parejas que quieran tener hijos podrían desear saber si el feto se vería afectado, de modo que pudieran optar por la adopción.

En Gran Bretaña, la asociación de compañías aseguradoras acordó en 2001 una moratoria en el uso de pruebas genéticas, la cual se ha prorrogado en dos ocasiones y ahora tiene fecha de expiración en 2014. La moratoria permite a los consumidores obtener seguros para ellos y sus familias sin tener que revelar resultados adversos de pruebas genéticas predictivas que pudieran indicar un riesgo de enfermedad grave.

Hasta ahora se han identificado mutaciones en genes únicos que causan más de 2 mil enfermedades, la mayoría raras. También se descubren mutaciones en genes múltiples que elevan el riesgo de enfermedades comunes.

Por Jeremy Laurence
The Independent
Traducción: Jorge Anaya
 
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"Queda por indagar si los inventos mecánicos han aligerado el trabajo humano", preguntaba John Stuart Mill en sus Principios de economía política. Marx le responde: ese no era su objetivo. Las máquinas, como cualquier invento capitalista, son un método particular para incrementar la tasa de ganancia.

Los cultivos transgénicos son un instrumento del capital para transformar un proceso de producción. Su objetivo no es combatir el hambre, ni terminar con la pobreza. Tienen otra finalidad: imponer la racionalidad del capital y transformar el campo en espacio de rentabilidad. Son el último eslabón de una larga cadena de esfuerzos por dominar un ámbito que le ha resistido tenazmente.

En la agricultura el capital simplemente no ha podido apropiarse del proceso productivo para moldearlo a sus necesidades. Y es que en el campo el capitalismo no puede someter al clima o sujetar la visita inoportuna de plagas y otras calamidades. Vaya, no controla ni el tiempo de producción, ni la porosidad del proceso de valorización del capital. Tampoco controla los humores, tiempos y tradiciones de los campesinos. Y eso sí que le duele: no controlar al trabajador.

Cierto, la agricultura fue sojuzgada desde afuera, imponiéndole términos de intercambio desfavorables (precios bajos al productor, costo elevado de insumos). A escala macroeconómica, la agricultura fue convertida en fuente inacabable de mano de obra y alimentos baratos para mantener una norma salarial adecuada a la acumulación capitalista.

Pero el campo no es una fábrica y el proceso directo de producción no es fácil de intervenir. El capital quiso controlarlo por la mecanización, la difusión de insumos agro-químicos y semillas modificadas para aumentar rendimientos (toneladas por hectárea). Por cierto, entre 1950-1970 los fitomejoradores lograron dichos incrementos pero con costos sociales y ambientales considerables. Lo más importante es que desde el punto de vista del capital, el control del proceso de producción en el campo siempre fue incompleto.

No importa que algún mentecato o un funcionario prevaricador afirme que los cultivos transgénicos son la respuesta al hambre, porque en realidad no están diseñados para aumentar los rendimientos de manera significativa. Por ejemplo, muchos estudios concluyen que los rendimientos de los cultivos transgénicos han permanecido estables o incluso han sido inferiores a los de cultivos tradicionales. Otros indican que en algunos casos pueden aumentar, pero se trata de incrementos marginales, nada comparable a los aumentos en rendimientos que produjo la revolución verde.

Para que un cultivo transgénico permita aumentos en rendimientos comparables a los de la revolución verde se necesitaría modificar la arquitectura de una planta. Para lograr ese resultado habría que manipular una mayor cantidad de genes. Esa proeza exigiría una capacidad tecnológica que hoy no está disponible y probablemente nunca lo estará. Si la biotecnología pudiera manejar el mismo número de genes que el de patentes que controlan los abogados de las empresas trasnacionales, quizás las cosas serían distintas. Se ha dicho que los biotecnólogos quieren jugar a dios. Sería más certero decir que sólo juegan al aprendiz de brujo con unas cuantas piezas extraviadas de un lego que no conocen.

Si los cultivos transgénicos son el mejor ejemplo de una trayectoria tecnológica fallida, ¿por qué se interesa el capital en ellos para acometer con nuevos bríos esta lucha por dominar el campo? Porque las empresas trasnacionales no han recuperado las inversiones que hicieron en su apuesta con esta tecnología fracasada y hoy la crisis les aprieta por todos los frentes.

Desde Guadalajara, el director de la FAO miente. Dice que la meta de reducir el hambre en 50 por ciento se podría cumplir con la aplicación de la biotecnología. Nada más alejado de la verdad. Habría que recordarle que aun los aumentos en rendimientos de los años sesenta no pudieron acabar con el hambre: ¿por qué será?

Su retórica enseña a qué grado se ha envilecido la FAO frente a las trasnacionales de la biotecnología. El hambre en el mundo es producto de un modelo económico cimentado en la explotación y la concentración de riqueza. La desnutrición es fruto de un sistema excluyente que impone el monocultivo comercial y el sometimiento al poder de unas cuantas corporaciones gigantes. Por si no se han enterado, la crisis global es engendro del sistema neoliberal que hizo todo esto posible. En lugar de proponer reformas, el director de la FAO (y sus comparsas en el gobierno mexicano) recomiendan todo aquello que signifique continuar con el modelo neoliberal. Es claro: la bestia neoliberal está herida, pero eso no la hace inofensiva.

En los cultivos transgénicos tenemos el mejor ejemplo de una forma de ciencia que es poderosa en la medida en que es ignorante. "La ciencia como dominación sacrifica a la ciencia como conocimiento", escribía Paul Valéry en sus Historias quebradas.

Por Alejandro Nadal

http://nadal.com.mx

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