Miércoles, 02 Septiembre 2009 06:07

Mucho antes de las pirámides

–Acá, en la bajada, decía que me siento como si de repente hubiera retrocedido seis mil años, aunque escucho el ruido del tráfico... y sé que estoy en el año 2009... o por lo menos creo que lo sé... este asunto del tiempo es muy escurridizo... porque usted estudia el antiguo Egipto, ¿no?

–Sí, el grupo A de Nubia, una comunidad que vivió entre el 4000 y el 3000 a.C. en una zona que está al sur de Egipto, actualmente en el noroeste de Sudán.

–Bueno, ¿no le decía yo? Retrocedí seis mil años. Trato de imaginarme ese mundo, anterior a toda imagen que tenemos de Egipto. En el 4000 a. de C. todavía faltaban mil años para que se construyeran las pirámides.

–Un poco más...

–Y dígame... a ver... ¿qué es lo que busca en ese pasado remoto?

–Cuando empecé a trabajar, primero tenía que delimitar el período (dado que en historia antigua uno trabaja con una gran cantidad de siglos). Lo que vi es que sobre el período del grupo A había más preguntas que certezas. Los investigadores discutían mucho, pero nadie se ponía de acuerdo.

–Cuénteme qué cosas se discutían...

–La estructuración política, por ejemplo, la existencia o no de un Estado en ese momento. Para eso, estaríamos pensando alrededor del 3200.

–Lo que no veo es cómo se dilucida la existencia o no de un Estado a través de la arqueología.

–Esa ya es una cuestión más teórica, porque a fin de cuentas el registro arqueológico es el mismo para todos. Depende de cómo uno define el Estado si la evidencia coincide con esa definición o no. Yo tomo la idea de Weber de que el Estado se basa en el monopolio legítimo de la coerción. Lo que intento ver, entonces, es si efectivamente en el registro arqueológico hay evidencias de un uso de la fuerza de un grupo sobre otro.

–¿Pero cómo se ve eso a través de la evidencia arqueológica?

–Armas, por ejemplo. O iconografía. En Nubia hay dos cementerios con una gran cantidad de ajuares funerarios que tienen valores de lujo, masa de piedra, incensarios. Para esta época, en Egipto, hay que tener en cuenta que ya había pequeños estados.

–¿Muchos? ¿Cuántos?

–En el Alto Egipto, 3 eran los principales, y todos ellos tenían su propia iconografía: el halcón, el león, los bovinos. Lo que yo estoy tratando de observar es si el registro arqueológico de esos dos cementerios evidencia o no la existencia de una elite que justifica su poder a través de la emulación de las representaciones ideológicas provenientes de Egipto.

–Pero una elite todavía no es un Estado...

–Por supuesto. La parte estatal se puede observar a partir del análisis de las armas, sobre todo si tenemos en cuenta que estos cementerios están circunscriptos a grupos minoritarios (tienen alrededor de 25 tumbas). Eso quiere decir que son sitios exclusivos y demuestra el grado de poder de quienes están enterrados allí. Esos lugares son los únicos donde se han encontrado armas de simbología real.

–En esa época no hay escritura, ¿no?

–No, todavía no.

–¿Y cómo trabaja usted, aquí en pleno Buenos Aires, sobre el antiquísimo Egipto?

–En principio, sin excavar. Trabajo con documentos de otros arqueólogos (de campo) que hacen una descripción minuciosa del material que descubren y con documentos de arqueólogos que formulan teorías sobre aquello que descubren. Hoy por hoy, cualquier persona que trabaje con el grupo A está en las mismas condiciones que yo, porque como está todo bajo el agua, no se puede saber mucho más. Creo que la innovación que uno puede plantear desde Argentina como historiadora es el pensamiento, el modelo teórico.

–¿Y cuál es su teoría en este caso?

–Yo trabajo con cinco problemas del grupo A, sobre los cuales hay un montón de teorías diferentes.

–A ver...

–La estructuración política. El tipo de economía: hay autores que plantean que hay agricultura y otros que dicen que es una cultura cazadora -recolectora, todo basado en la existencia de dos tipos diferentes de asentamientos: temporales y permanentes.

–También podría haber las dos cosas...

–Sí, ésa es mi postura. Yo creo que pueden haber sido sedentarios, pero tener asentamientos temporales para realizar actividades temporales de caza y recolección. O también puede ser que los asentamientos permanentes fueran de la elite, que es la que más resistió.

–¿El tercer problema?

–La relación de intercambio con Egipto y con las zonas del sur. Yo trabajo con la baja Nubia. Lo que me interesa ver es, además de las relaciones de intercambio con Egipto, las relaciones de intercambio con el sur. No hay que olvidar que tanto Egipto como la baja Nubia integraban lo que es Africa. Tenemos todo un sustrato panafricano donde se comparten costumbres, religiones...

–Y dígame.... eso siempre me lo pregunto... ¿quién era esa gente? ¿De dónde venía?

–En realidad es difícil determinarlo. Uno lo que puede llegar a explicar es que empiezan a surgir en el Sahara y se van asentando en lo que es el valle del Nilo. Hay de todos modos trabajos sobre las migraciones, pero tienen una visión en general bastante sesgada. Yo creo que es una mezcla de las personas que vinieron del Sahara junto con las poblaciones autóctonas de allí.

–¿El cuarto problema?

–El tema religioso. Todos los autores con los que he trabajado dejan de lado ese tema. Es complicado estudiarlo a partir de las evidencias arqueológicas, pero creo que nos puede ayudar usar trabajos antropológicos y comparar con lo que sabemos de Egipto. En uno de los cementerios que estudio se ha encontrado ganado enterrado, lo cual es raro. No hay ganado enterrado en otros lugares. Y si resulta que en uno de los cementerios que aparentaría ser de la elite hay ganado enterrado, me puedo permitir suponer que eso tiene algún tipo de connotación religiosa. Hay otro tema, que es el del grano. No se cultivaba grano, pero se encontró grano en altares funerarios, lo cual permite suponer que hay algo ritual.

–¿Y el quinto problema?

–La desaparición del grupo, alrededor del 2800. Repentinamente hay un corte. Hay varias hipótesis. Una de las hipótesis es que Egipto, ya unificado, domina. Otra es que hubo conflictos climáticos y ambientales. Otra, derivada de los problemas climáticos, es que hay modificaciones que hacen imposible la vida y tienden a expandirse hacia otros territorios, donde se convierten nuevamente en sociedades cazadoras-recolectoras.

–¿Y cuál es su teoría?

–Que el grupo A dependía de las relaciones de intercambio, que su poder derivaba de su papel de intermediario entre Egipto y la alta Nubia. Yo creo que el grupo A cumplía ese papel y que, al unificarse Egipto, ese poder no podía seguir siendo ejercido, porque el intercambio lo quería monopolizar Egipto. De este modo, el grupo termina perdiendo su funcionalidad.

–¿Y cómo le resulta estudiar esas cosas que ocurrieron en la noche de los tiempos, que parecen tan pero tan lejanas, hoy, aquí, a metros de la Plaza Once?

–Creo que cuando uno hace historia en realidad siempre se está haciendo preguntas sobre el presente. La visión es siempre actual. Cuando uno se acerca a su objeto, se acerca desde el presente: yo no sólo trabajo con el tema del Estado sino también con grupos étnicos, con el tema de la identidad, todas cuestiones que están muy en boga en la historia actual. Hacemos historia desde nuestro contexto propio. Y si bien es una tarea complicada de realizar desde Argentina (porque no tenemos acceso a los museos, o a las bibliografías muy especializadas) corremos con una ventaja: los investigadores del exterior son verdaderamente muy colaboradores y serviciales. Además, Internet ha facilitado muchísimo las cosas. Si bien es raro estar haciendo Nubia desde la Argentina, no es imposible.

–¿Por qué es importante todo esto para la historia de Egipto?

–Bueno, cuando yo empecé a estudiar Nubia quise sacarme de encima la tradición historiográfica que consideraba que todos los avances (las estructuras políticas, el desarrollo en cerámica) habían provenido de una raza derivada de los egipcios. Nunca se había llegado a pensar que había desarrollos propiamente locales. Cuando yo decido investigar, investigo con todas estas perspectivas. Creo que lo que más importa es que hay muchas relaciones de contacto, de intercambio. A veces uno debería ver más lo periférico.

–Esta pregunta que le voy a hacer es un poco absurda, porque naturalmente todo avance en el conocimiento tiene importancia per se.... Pero bueno, igual: ¿qué importancia tiene la egiptología en Argentina?

–Creo que tiene su importancia como la tiene cada período de la historia. Creo que puede servir para analizar procesos que no están del todo terminados, y para repensar modelos teóricos que siguen siendo muy actuales (como, por ejemplo, la definición del Estado). Igualmente reconozco que acá no se le da demasiada importancia a la egiptología: es muy difícil hacer ese tipo de historia en un ámbito donde todo está centrado en la historia argentina.

El jinete se va... y vuelve a sumergirse en el mundo multicolor del Once, con los trapos expuestos en la vereda y las multitudes que bajan de los colectivos, hacia o desde los subtes y los trenes... Y se pregunta cómo serían aquellas ciudades de Nubia. Y se pregunta qué pensarán los arqueólogos del futuro, qué podrán reconstruir de lo que ahora está viendo. Y se pregunta lo central, lo más importante... cuando se le acaba el espacio.

Por Leonardo Moledo
 

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Miami, 31 de agosto. Estados Unidos efectúa por primera vez en 50 años pruebas clínicas por medio de un medicamento desarrollado en Cuba a pacientes con diferentes tipos de cáncer inoperables informó el periódico El Nuevo Herald.

El medicamento, denominado nimotuzumab y en fase experimental en la Universidad de Florida, está destinado a combatir células cancerosas, entre ellas algunas letales, como el glioma.

La potente droga está patentada por la compañía canadiense CIMYN, que tiene los derechos para desarrollarla en América del Norte, Europa y Japón, así como en otras regiones, de acuerdo con la nota aparecida en el diario de Miami.

Pero 80 por ciento de CIMYM pertenece a YM Biosciences, compañía radicada en Canadá, y el otro 20 por ciento es propiedad del Centro de Inmunología Molecular de Cuba, que se ha encargado de obtener la licencia en 20 países, entre ellos China e India.

Todavía no ha sido aprobado en América del Norte, Europa y Japón, pero hay cerca de 20 pruebas en proceso, precisó.

Para probar el medicamento en Estados Unidos, YM Biosciences necesitó una excepción del embargo impuesto a Cuba, la cual fue aprobada por el Departamento del Tesoro en 2006 para hacer pruebas con nimotuzumab, en ese momento limitadas solamente a niños con tumores inoperables en el cerebro.

Las pruebas todavía están en proceso y se espera que los resultados se alcancen a finales de 2010.

En fecha más reciente YM Biosciences solicitó nuevamente probar el fármaco cubano en pacientes con todo tipo de cáncer y la aprobación llegó hace pocos días.
“Estamos en el negocio de desarrollar medicamentos”, dijo David GP Allan, jefe de YM Biosciences. “No nos importa el aspecto político”, subrayó.

De acuerdo con el diario, la Agencia Europea de Medicinas rechazó en marzo una solicitud para comercializar la droga, citando 27 objeciones serias, entre ellos “grandes deficiencias en el control, consistencia y validación de la sustancia de del medicamento” en la fábrica de La Habana.

Allan dijo que la solicitud había sido hecha por una compañía europea que YM Biosciences había subcontratado y estaba “basada en una información pobre”, que no podía ser aprobada. La próxima vez la petición será mucho mejor, afirmó.

Amy Smith, pediatra neuroncóloga de la Universidad de la Florida, declaró que en teoría la droga detiene el crecimiento de las células cancerosas, al atacar los receptores de factor de crecimiento epidérmicos.

Smith afirmó que anteriores estudios en Europa habían mostrado que el fármaco había tenido resultados muy prometedores para prolongar la vida de niños que tienen glioma inoperable en el tallo cerebral. Aun con radiación, esos niños generalmente sólo sobreviven entre 8 y 15 meses.

Se espera que las pruebas en Estados Unidos tomen de tres a cuatro años. De ser exitosas, la firma canadiense necesitaría un cambio en la ley del embargo estadunidense sobre Cuba para comenzar la comercialización del producto.

Dpa
 

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Siete trabajadoras chinas enfermaron gravemente luego de haber trabajado algunos meses en una fábrica de pinturas que usaba nanopartículas. Sufrieron daños severos y permanentes en los pulmones, erupciones en rostro y brazos. Dos de ellas murieron y las demás no mejoran después de varios años. El caso fue revelado en un artículo publicado en 20 de agosto 2009 en el European Respiratory Journal, escrito por investigadores chinos liderados por Yuguo Song, del Departamento de Enfermedades Laborales y Toxicología Clínica del Hospital Chaoyang de Beijing.

Es la primera vez que se comprueban daños fatales en humanos relacionados con el contacto con nanopartículas. Lejos de ser un caso aislado, podría ser la punta del iceberg de una industria extremadamente riesgosa que ha avanzando vertiginosamente a nivel comercial en todo el mundo, aplicando una nueva tecnología sobre la cual no existen supervisión independiente ni regulación en ninguna parte del mundo.

Según el artículo, las jóvenes habían trabajado entre cinco y trece meses rociando paneles de poliestireno con pintura, aspirando vapores y humo que contenían nanopartículas. Al caer enfermas, los médicos encontraron exceso de fluidos en pulmones y corazón, que deterioraron sus funciones respiratorias y cardiacas. Los análisis mostraron la presencia de nanopartículas de 30 nanómetros de diámetro en los pulmones y fluidos, como las contenidas en la pintura que usaban.

Estudios científicos anteriores –desde 2003 a 2009– mostraron que las nanopartículas y nanotubos producen daños pulmonares en ratones. Estudios con células humanas de varios órganos también mostraron toxicidad de nanopartículas. Son parte de los cerca de 500 estudios científicos que se han publicado en los últimos años mostrando toxicidad de diferentes nanopartículas, nanocompuestos y productos nanoformulados, en animales de laboratorio, en cultivos de células humanas, en el medio ambiente (en suelo, agua, cultivos, microorganismos, algas, invertebrados).

Pese a esto, Clayton Teague, encargado de la Oficina de Coordinación Nacional de Nanotecnología de la Casa Blanca, Estados Unidos, afirmó que este caso se debió a malas condiciones laborales, por trabajar en un espacio reducido sin ventilación. Similares argumentos esgrimieron otros que tienen intereses en la nanotecnología, en un marcado esfuerzo por desvincular a la nanotecnología de lo ocurrido.

Sin duda, las pobres condiciones laborales aceleraron el proceso. Sin embargo, el tema es mucho más preocupante. Los autores del artículo reconocen las malas condiciones de trabajo, pero consideran que el caso tiene implicaciones más allá, relacionadas directamente con la presencia y contacto con nanopartículas sintéticas. Yuguo Song enfatizó es claro que los síntomas, los resultados de los exámenes y el desarrollo de la enfermedad en nuestras pacientes [las trabajadoras chinas] difiere notablemente de las patologías inducidas por inhalación de pinturas de otros pacientes. Señaló que pese a que las trabajadoras cesaron sus actividades en la fábrica, en los años siguientes dos de ellas murieron y la fibrosis pulmonar de las sobrevivientes siguió avanzando.

Actualmente, se conocen a nivel global más de 800 líneas de productos de venta directa al consumidor que usan nanotecnología: la mayoría contienen nanopartículas de plata o de carbono, sustancias nanoencapsuladas para controlar su liberación en los organismos (más lenta, más rápida o abrirse en contacto con ciertos tejidos o condiciones ambientales). Son usadas en barnices, pinturas, textiles, construcción, informática, telefonía, agricultura, alimentación, farmacéutica, cosméticos, vestimenta, entre otras industrias.

La industria de nanotecnología propagandea sus supuestos enormes beneficios (al menos para ellas sí los tienen) y ninguno de sus riesgos. Tal como la industria nuclear –también en el negocio de manipular átomos– decía que era natural porque hay átomos en todas partes, o la ingeniería genética, que todos tenemos genes, la industria nanotecnológica nos dice que toda la naturaleza está compuesta de nanopartículas. Pero, de manera similar a los otros ejemplos, se trata de partículas y nanocompuestos sintéticos, manipulados, que nunca antes habían existido en la naturaleza y frente a los cuales, por su tamaño y propiedades nuevas, ni el sistema inmunológico humano ni la naturaleza se han enfrentado antes. Pese a que existen cientos de estudios que indican toxicidad, a que hay enormes vacíos de conocimiento científico y grandes incertidumbres sobre sus impactos en los organismos y en la naturaleza, miles de productos están en los mercados sin pasar por ningún tipo de evaluación ni regulación.

Avizorando todo esto, el Grupo ETC propone desde 2003 una moratoria a la liberación comercial de productos con base nanotecnológica, e incluso a la investigación hasta definir claros protocolos de investigación, supervisados en forma independiente. Nos llamaron enemigos de la ciencia y la tecnología. ¿Cuántos muertos se necesitarán para que se aplique el principio de precaución y las industrias, gobiernos y científicos acríticos dejen de usar al público como conejillos de indias?

Por Silvia Ribeiro*

*Investigadora del Grupo ETC

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Miércoles, 26 Agosto 2009 06:30

Cuidado, que no te parta un rayo

–Dígame algo de usted.

–Bueno, pero no sé por dónde empezar.

–Por la parte profesional.... No le pido que me cuente “nací....”.

–Ah, sí, así es más fácil. Bueno: soy físico, doctorado en Inglaterra, y trabajo en Famaf, la Facultad de Matemáticas, Astronomía y Física de la Universidad de Córdoba.

–¿Y dentro de Famaf?

–Fui el fundador del grupo de física de la atmósfera de Famaf, que dirigí de 1974 hasta el 2004. Mi tema es el de la atmósfera y el tema nubes, formación, electrificación de las nubes y su deselectrificación, que son los rayos.

–¿Por qué no le explica a toda la gente que lo va a leer qué es exactamente un relámpago y qué es un trueno? Porque todo el mundo se cree que lo sabe pero...

–Nosotros tenemos una nomenclatura específica para estas cosas. El relámpago es lo que ocurre dentro de la nube, cuando se ilumina, y el rayo es lo que comúnmente se dice que cae a tierra. En realidad son dos facetas de la misma cosa. La nube por procesos microfísicos está cargada. Normalmente son varios culombios de carga que se distribuyen entre la parte alta y la baja. Las diferencias de voltaje son del orden de los mil millones de voltios, entre una parte y otra de la nube o entre una nube y tierra. Son nubes de gran desarrollo vertical: los cumulus nimbus.

–Mil millones de voltios no es poca cosa. ¿Ahí es cuando salta una chispa dentro de la nube?

–Eso es lo que la gente piensa que ocurre. Si saltara una chispa implicaría que se trata de un proceso instantáneo, y no es así... Lo que ocurre es que avanza desde una parte alta de la nube hacia abajo o viceversa lo que se llama un “líder”

–que es...

–...un conjunto de pequeñas descargas autosustentadas, a una velocidad de un décimo de la velocidad de la luz, y ese líder va ionizando, va cargando, el espacio a su paso y va abriendo un camino de iones, que no tiene mucha luz.

–¿Y entonces?

–Avanza el líder.

–Parece el parte de una batalla. Aunque en general los líderes se quedan atrás...

–... y antes de llegar al otro electrodo, que es la otra parte de la nube, se produce un arco que se ilumina a la inversa del avance del líder, se produce el arco de retorno, que viaja a un tercio de la velocidad de la luz y levanta la temperatura del aire a unos 30 mil grados. La temperatura se levanta tanto que genera mucha luz, el canal se ilumina y literalmente el aire explota y la onda de choque es el trueno.

–¿Y el rayo?

–El rayo es lo mismo, pero hacia abajo. La nube está cargada e induce también cargas a la tierra. Después de unos relámpagos internos de la nube, los líderes pueden bajar, son descargas, pequeñas chispitas, bajan hasta alcanzar un árbol o una antena por ejemplo, y desde esa estructura se produce el rayo de retorno que ilumina todo el canal ionizado que dejó el líder. El rayo principal retorna, pero en realidad ni sube ni baja, es gradual, no es instantáneo, no ocurre en los 3 o 4 kilómetros de altura del rayo a la vez. Son ondas que bajan y ondas que suben. Es un proceso gradual, el rayo no baja ni sube.

–¿Y por qué el rayo es representado en la tradición como bajando desde el cielo?

–A ojo desnudo parece que baja del cielo, pero en las cámaras de alta velocidad se ve perfectamente el proceso que acabo de describir, primero baja el líder y luego vuelve el rayo.

–¿Cuánta energía tiene un rayo?

–Unos 10 mil millones joules.

–¿Esa energía sería aprovechable de alguna manera?

–No creo, es muy difícil porque es de muy corta duración. Para que fuera útil habría que poder almacenarla y distribuirla y es muy difícil atrapar algo que dura a lo sumo 70 microsegundos.

–La historia de los rayos es muy interesante, Franklin es el primero que demuestra que el rayo es un fenómeno eléctrico, pero antes Watson lo había intuido. Creo que es un ejemplo de síntesis decir que eso que sucede en el cielo, es lo mismo que se produce frotando un peine de plástico en el pelo.

–Sí, claro, es un ejemplo de extrapolación, pero le cuento que en el laboratorio las chispas son azules y ruidosas como en el cielo, no es tan difícil producirlas. Y en esa época ya había máquinas y maneras de producirlas. O sea que en fondo no es tan impresionante.

–Me destruyó una ilusión. Y dígame.... ¿qué hacen ustedes con eso?

–Estamos interesados en conocer la fenomenología completa y también estamos interesados en lograr una aplicación práctica, queremos aprovechar la señal electromagnética del rayo, hacer la climatología del rayo, ver dónde se produce más frecuentemente, conocer la intensidad que tiene.

–¿Se puede prever la caída de un rayo?

–Si se tiene un molino de campo, un instrumento que a partir de un campo continuo, como es el de la nube, produce un campo alterno, que es fácil de medir, pasado cierto umbral, todo indica que va a caer un rayo en la inmediación. Eso se hace. Una de las técnicas para investigación es el gatillado de rayos, que consiste en disparar pequeños cohetes que cuando llegan bien alto funcionan como pararrayos y con eso se puede traer el rayo donde uno quiere, y medirlo.

–¿Todavía producen muchas víctimas los rayos?

–Sí, muchas, todos los años, y los que sobreviven quedan con el sistema nervioso muy dañado. Los pararrayos no protegen lo suficiente. La gente tiene la costumbre de ponerse bajo un árbol, y es lo peor que se puede hacer, porque el rayo cuando cae va por la superficie del árbol y si hay alguien apoyado en el tronco lo electrocuta. El mejor lugar de todos es adentro del auto, ya que va por afuera.

–Están estudiando la microfísica de los rayos, ¿qué es lo que no se sabe todavía?

–Queremos saber el mecanismo detallado de cómo se generan las cargas eléctricas en una nube. No está todavía entendido cómo se generan esas cargas. Sabemos que hay impactos entre partículas de hielo. Esa interacción hace que se transfiera carga de una a otra, pero son miríadas de impactos, de muy baja intensidad. Acá en Famaf ponemos túneles de viento, producimos partículas de hielo y medimos cargas muy débiles. Y hemos visto la fenomenología, pero el mecanismo fino todavía no lo conocemos, no sabemos por qué se transfiere la carga. Hay una serie de hipótesis y las trabajamos todas. Hay dos clases de hielo, los granicitos y los cristalitos tipo nieve. Son los pedacitos de hielo, el agua no interviene casi. Apenas las gotas de nubes se tocan coalescen, cuando una gota se une a otra para formar una gota más grande.

–¿Qué es lo que sostiene a esos pedacitos de hielo en la nube?

–No hay nubes si no hay corrientes de ascenso. Las corrientes convectivas los sostienen. Las nubes producen corrientes que al ascender se enfrían, y terminan produciéndose nubes de 10, 12 kilómetros de altura.

–¿El granizo a qué velocidad cae?

–Puede caer a 30, 40 metros por segundo.

–¿La nube es como un condensador? Como estructura general...

–Sí... algo así, sólo que no hay un electrodo definido, la carga está repartida en las partículas. Cuando se analiza en detalle una nube de tormenta se encuentra una estructura fina.

–¿Qué más hacen?

–Estamos trabajando con un tesista viendo otra cosa, el proceso que produce la descarga de esta corriente que se transfiere a las partículas dentro de la nube, y esto es lo que podría explicar el fenómeno del chaparrón. Porque hay una vieja controversia que cada tanto vuelve... ¿qué es primero? ¿El chaparrón o el rayo? Mucha gente asocia que después de un relámpago, cae el agua. El rayo podría cargar gotas, produciendo interacción con las partículas vecinas, que se atraen, y entonces de golpe se puede hacer que una partícula que no estaba creciendo empiece a crecer más rápido hasta formar una gota de lluvia. La otra hipótesis es que, mientras estaban cayendo los hielos, la fricción produjo el relámpago. Creo que son combinaciones de los dos procesos, lo estamos investigando.

–Cuando resuelvan la controversia avísenme, así yo sé si tengo que sacar el paraguas luego de ver un rayo o voy a ver un rayo cuando saque el paraguas.

–Hay segundos de diferencia. Otro de los proyectos en los que estamos trabajando es el de estaciones que localizan descarga. Instalamos estaciones en el Observatorio de Pilar, en la Conae en Falda del Carmen y en Villa General Belgrano, y con este instrumental podemos ubicarlos. En general estamos motorizando la radarización para meteorología en el país, que realmente es una de las cuentas pendientes que tenemos en esta área. Por lo pronto tenemos una muy buena relación con el Sistema Meteorológico Nacional, ahora está dirigido por un científico, dejó de estar bajo la órbita de las Fuerzas Armadas y depende del Ministerio de Defensa. Como institución se ha abierto mucho y estamos cooperando muy bien.

–Me gustaría que la foto sea a caballo de una nube de tormenta, fue un reportaje de alto voltaje.

 Por Leonardo Moledo

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Miércoles, 19 Agosto 2009 06:36

Hablemos un poco de la terapia génica

–¿Y el jinete?

–Desensilló hasta que aclare. Mmmm... cuando elegí este lugar, un café, para hacer la entrevista, yo le dije que los laboratorios tienen poco que ver con la ciencia y usted me dijo que eso está cada vez más claro. ¿Qué quiere decir eso?

–Bueno, a lo que me refería es a que, cada vez más, la ciencia trasciende el laboratorio. Hoy hay una necesidad cada vez más grande por parte de los científicos de comunicar qué es lo que están haciendo, sobre todo por un reclamo de parte de la comunidad de saber qué se financia con los impuestos. Es un poco, también, la necesidad de salir de este espacio y de desmitificar al científico trabajando en una campana de cristal. Me refería, cuando decía eso, a la interacción....

–Yo me refería a otra cosa: en el laboratorio se mide, pero la ciencia se hace, fundamentalmente, cuando se piensa. Y eso no entra en el laboratorio.

–Sí, pero por otra parte también es cierto que las mejores ideas chocan contra la infraestructura. Muchas veces se tiene una gran idea, pero es imposible llevarla a cabo por falta de tecnología, por ejemplo. En ese sentido, creo que el laboratorio es indispensable.

–Sí, pero no lo es todo. ¿Y qué hace usted en el laboratorio?

–Bueno, he desarrollado un proyecto en el área de terapia génica, que consiste esencialmente en usar los genes para curar enfermedades, ya sea en enfermedades hereditarias (donde está bien claro cuál es el gen de la enfermedad) como en enfermedades no hereditarias (como, por ejemplo, el cáncer), donde hay genes involucrados pero que no necesariamente se transmiten de padres a hijos. Eso fue hasta fines del ’90, aproximadamente.

–¿Y después?

–Luego nos inmiscuimos en el área de la genómica, aprovechando las nuevas tecnologías para encontrar genes que tuvieran importancia en el diagnóstico o en el tratamiento de las enfermedades. Lo último que estamos haciendo, desde hace unos tres años, es incorporar las células madre como herramienta para llevar genes. Las células madre tienen la particularidad de que son “llamadas” por los tejidos y son incorporadas a esos tejidos. Esos tejidos pueden ser órganos normales o también pueden ser un tumor. Como el tumor está liberando factores químicos que están llamando a la célula madre, entonces nosotros nos planteamos la posibilidad de modificar esas células madre incorporándoles genes terapéuticos. La conjunción sería identificar los genes mediante el uso de herramientas genómicas, generar los vectores virales para meter esos genes y meter esos vectores dentro de la célula madre para que lleguen al tumor. Esa es, más o menos, la manera en que se fue encadenando la investigación a lo largo de los años.

–¿En qué están las terapias génicas desde el punto de vista práctico? Pregunto porque nosotros tendemos a pensar, siempre que aparece una nueva tecnología, que es la solución a todos los problemas. Pasó con los antibióticos, con las vacunas...

–Bueno, eso tiene que ver con cómo es la historia de la ciencia. Pasó, como usted decía, con los antibióticos: se pensó que curarían todo, y ahora resulta que son muy buenos pero sólo para algunas enfermedades. Con la terapia génica pasa lo mismo. Hubo un boom, sobre todo en la década de los ’90, se pensó que eran la panacea. Hoy, con nuestra investigación, podemos decir que potencialmente la terapia génica podría curar todas las enfermedades.

–Otra vez.

–Potencialmente.

–Bueno, es algo. Más precautorio.

–Sí. El problema sería cómo hacer realmente para que los genes lleguen a la célula a la que tienen que curar. Creo que ése es el tema central, por lo menos en lo que tiene que ver con enfermedades crónicas. Al mismo tiempo, es necesario evitar que eso afecte al tejido normal. Dejemos eso a un costado. De lo que no hay duda es de que la terapia génica es muy efectiva: hay casos de chicos con síndromes muy serios que fueron curados, salieron de la burbuja y viven una vida normal. Si se consigue que el gen llegue a la célula a la que tiene que llegar, la terapia es muy efectiva.

–¿Qué hace el gen cuando llega a la célula?

–En el caso de las enfermedades hereditarias, compensar el hecho de que el otro gen no esté activo. Lo que se hace es aportar una copia nueva, que comienza a producir la proteína que hace falta, y eso se arregla. Lo mismo pasó con la degeneración de mácula en el ojo. Hay gente que empezó a recuperar la visión. Evidentemente conociendo el gen y logrando que llegue, se cura. El punto es cómo lograr eso, por ejemplo, en enfermedades diseminadas: ¿cómo se hace para llegar con un gen terapéutico a un cáncer diseminado? Ahí es donde aparece el problema. Igualmente se están aportando nuevas herramientas.

–A ver...

–Bueno, están los virus oncolíticos que, a diferencia de la percepción inicial (donde se decía que los virus no tenían que multiplicarse porque acarreaban un efecto dañino), lo que se hace ahora es que sí se multipliquen, pero en un contexto determinado que uno lo fuerza haciendo ingeniería genética del virus. ¿Qué es lo que nosotros hacemos? En lugar de que se multiplique con sus propios mecanismos, sacamos un promotor (partícula de ADN que regula la actividad de los genes, en este caso, el que regula la multiplicación viral) y en su lugar le ponemos un promotor del gen tumoral. Ahora toda la partícula viral está regulada por un promotor que corresponde al gen del tumor. Si el virus infecta a una célula normal, no se va a multiplicar, porque ese gen no está activo, mientras que si afecta a una célula tumoral, sí se va a multiplicar, porque está activo. Ahí el virus replica y al replicarse hace miles de copias, mata a la célula y comienza a diseminarse. Liberadas las partículas virales, se infectan las células que están alrededor. Así se va infectando todo el tumor, hasta que queda un momento en que ya no quedan más células malignas sino solamente células normales. En ese momento el virus deja de replicarse.

–¿Eso ya se ha probado?

–Hay menos de diez ensayos clínicos por ahora. Esto es un estudio hecho en animales de laboratorio. Lo que demostramos es que lo importante no es atacar solamente a la célula maligna per se sino también a las que forman el estroma tumoral: un conjunto de células que antes se consideraban benignas, pero que ahora se sabe que contribuyen al desarrollo del tumor. Hay que entender que el cáncer es como un órgano: no está compuesto de un solo tipo de células. Hay una conversación siempre entre la célula maligna y su entorno, que es lo que le permite diseminarse. Lo que nosotros concluimos es que no basta con atacar a la que lleva la batuta, sino que hay que atacar a todos los actores de ese “órgano cáncer”.

–¿Y entonces?

–Demostramos que si en un modelo animal con este virus eliminamos perfectamente al tumor, en un ciento por ciento de los casos. Cuando uno agrega este mismo virus, pero le agrega a las células tumorales estas células del estroma, al virus no le es tan fácil. Entonces lo que hicimos fue armar un virus que sí se pudiera replicar en las células del estroma. Ahí logramos que el efecto fuera impresionante. Después hubo otra serie de cosas que observamos. Por ejemplo, hay una “conversación” tan importante...

–Una “conversación” química, supongo.

–Sí..., tan importante que esos factores químicos que producen las células del estroma hacen que el virus sea más activo en las células tumorales también....

–A ver..., no entiendo muy bien.

–Bueno, se lo simplifico. En esencia lo que demuestra el trabajo es que las células del estroma son importantísimas en el crecimiento de un tumor. Y, además, que si uno quisiera pensar en una terapia total debería pensar en atacar tanto a las células malignas mismas como a las que están en el entorno, o interrumpir esa conversación. Eso se puede hacer, aunque no es tan fácil, porque esa comunicación se da a partir de factores químicos complejos.

–Por ahora se estudia en animales...

–Nosotros, sí. Pero hay grupos en el mundo que usando estos virus están ya en ensayos clínicos.

–¿Y cómo van esos ensayos?

–Lo que está claro es que el temor que se tenía de que la multiplicación del virus fuera tóxica desapareció. Los ensayos clínicos están dando que no es tóxico, o sea que la parte de bioseguridad está perfectamente controlada.

–¿Le parece posible que aparezca en su campo de estudios una idea tan novedosa como lo fue en su momento la microbiología?

–La terapia génica es eso.

Por Leonardo Moledo

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Sábado, 15 Agosto 2009 06:35

El sueño de fabricar un diente propio

“¿Y ahora qué? –le dijo el ratón a su dentista–: ¿Un implante metálico, un puente, un diente postizo?” “No –contestó el dentista de roedores–: le voy a implantar una célula germinal que se va a convertir en un diente propio, nuevo.” El ratón participaba en una experiencia efectuada en Japón y publicada en una prestigiosa revista científica: las piezas dentarias así desarrolladas –a partir de células germinales procedentes de embriones– resultaron similares a los dientes naturales, con plena aptitud para morder y masticar, y se integraron totalmente al organismo receptor. La experiencia no sólo abre expectativas revolucionarias para la odontología, sino que es uno de los avances más impresionantes en la “terapia regenerativa”, que se propone reconstruir tejidos y órganos humanos. “Estos avances rozan los bordes de la ficción”, comentó un investigador argentino, si bien advirtió que, para poder aplicar estas técnicas a seres humanos, todavía falta lograr el desarrollo de “células germinales” similares a las embrionarias.

La experiencia fue realizada por un equipo de la Universidad de Ciencias, de Tokio, dirigido por Etsuko Ikeda, y se publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. El informe empieza por recordar que “el principal propósito de la terapia regenerativa es desarrollar, mediante bioingeniería, órganos totalmente funcionales, capaces de reemplazar a aquellos perdidos o dañados por enfermedad, lesión o envejecimiento”. Advierte que “estas tecnologías todavía no alcanzaron reconstrucciones en tres dimensiones de órganos plenamente funcionales”: ellos afirman haber logrado una reconstrucción tridimensional, con el diente de ratón. “El reemplazo dentario por terapia regenerativa es un modelo confiable para evaluar la futura aplicación clínica del reemplazo de órganos mediante bioingeniería”, sostiene el informe.

Pero, ¿cómo se fabrica un diente de verdad? “La estrategia para desarrollar un ‘tercer diente’, tras la pérdida de los dientes temporario y permanente, consiste en reproducir el proceso que ocurre durante el desarrollo embrionario: se reconstruye, en laboratorio, por bioingeniería, un ‘germen dentario’.” En los embriones, a cierta altura de su desarrollo, se van diferenciando células que darán lugar a los distintos órganos: un “germen dentario” producirá un diente y no otra cosa. Los investigadores obtuvieron las células correspondientes a un germen de molar a partir de un embrión de ratón de 14 días de desarrollo y las cultivaron en laboratorio durante una semana, luego de lo cual “un germen de muela fue trasplantado, con la correcta orientación, en un alvéolo de la región molar superior de un ratón adulto, cuyo primer molar superior había sido extraído tres semanas antes”. A los 36 días de la implantación, “la cúspide del diente apareció en la cavidad oral”.

“El diente regenerado logró una normal oclusión (cierre de la dentadura) con el diente opuesto natural, y en armonía con los otros dientes del animal receptor”, y “el potencial masticatorio se ubicó dentro de los rangos normales”. Sin embargo, “el tamaño del diente obtenido por bioingeniería fue más pequeño que el de los otros dientes”, reconocen los investigadores.

Además, se logró que “las fibras nerviosas del organismo de los animales receptores ingresaran en la pulpa del diente obtenido por bioingeniería” y “esos nervios fueron capaces de transportar señales de estímulos”; el organismo receptor también hizo llegar vasos sanguíneos para la nutrición de su nuevo diente.

“En conclusión, este estudio brinda evidencia del exitoso reemplazo de un órgano completo y funcional en un organismo adulto, por medio del trasplante de un germen obtenido por bioingeniería, reconstituido a partir de la manipulación in vitro de una sola célula. Nuestro estudio hace una contribución sustancial al desarrollo de tecnología en bioingeniería para la futura terapia de reemplazo de órganos”, sostiene el equipo de la Universidad de Tokio.

El biólogo Marcelo Rubinstein –profesor titular en la UBA e investigador principal del Conicet– destacó “el gran interés” despertado por el estudio de la Universidad de Tokio: “El futuro de esto es el hombre biónico –dijo, no del todo en broma–, que podrá obtener reemplazos de muy diversos órganos”. Observó, sin embargo, que, para que el experimento efectuado en ratones pueda aplicarse a seres humanos, hace falta un paso que todavía no se dio.

“En los ratones –explicó Rubinstein–, el implante se hizo a partir de embriones, extraídos de un útero, genéticamente idénticos al receptor; son cepas de ratones preparadas para que sean como gemelos”, observó. “Tratándose de seres humanos, habría que partir de una célula del paciente que recibirá el implante y, primero, ‘reprogramarla’ para que vuelva al estado indiferenciado de stem cell, célula madre, capaz de transformarse en cualquier célula del organismo. Esto ya podemos hacerlo. Pero a esa célula madre habrá que hacerla ‘avanzar’, mediante estímulos adecuados, para que se convierta en germen dentario: una célula capaz de generar un diente y sólo eso. Este último paso todavía no fue dado por la ciencia.”

También Guillermo Trigo, decano de la Facultad de Odontología de la Universidad Maimónides, juzgó “interesantísimo” el trabajo publicado en Proceedings...: “Existe un conjunto de enfermedades congénitas en las que hay ‘agenesia de piezas dentarias’, que no llegan a aparecer. También hay casos de fisuras congénitas de paladar, donde faltan los gérmenes dentarios. A veces son los dientes permanentes los que no se presentan. Para estos casos tan tempranos, el procedimiento que se investigó en Japón sería de gran utilidad. Además, por supuesto, de las piezas dentarias que pueden ir perdiéndose. Hoy se cuenta con los implantes metálicos, que por supuesto no pueden compararse con lo que sería la restitución de un diente fisiológico”.

Por su parte Rubinstein juzgó necesario agregar que “si bien estos avances son maravillosos y en ellos la realidad toca los bordes de la ficción, dejan ver la tremenda disparidad respecto de tantas enfermedades que serían muy fáciles de curar o prevenir pero continúan incidiendo, en distintos países y también en la Argentina”.

 Por Pedro Lipcovich
 

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Jueves, 13 Agosto 2009 06:13

El hombre biónico está lejos

El hombre biónico tendrá que esperar. Cuando todo parecía predestinado a que las máquinas fueran el sustituto natural de los órganos o extremidades perdidas, nuevos avances en las técnicas de conexión de nervios y capilares dan un nuevo impulso a los trasplantes. Complementarias o competidoras, el futuro no será tanto del hombre-máquina como del hombre-puzzle.

En 2001, Jesse Sullivan se convirtió en el primer amputado capaz de manejar un brazo mecánico con el impulso de su mente. Sullivan fue el primer paciente en someterse a una técnica experimental que remite directamente a esa idea tan exprimida por los relatos de ciencia ficción de la fusión entre el hombre y la máquina. Sus nervios se conectaron a unos electrodos que controlan los movimientos de una sofisticada (y aparatosa) prótesis. Gracias a ella, piensa en una acción y su nuevo brazo, mano y dedos la ejecutan, ya sea coger un vaso o abrir una puerta. Existe una continuidad entre las conexiones nerviosas y unos sensores que se dirigen a unos microprocesadores que traducen al brazo las señales que ordena el cerebro. El brazo se ha convertido en una extensión de su cuerpo, lo que le convirtió en el primer hombre biónico del mundo.

Esta técnica representa toda una revolución frente a las limitaciones de las prótesis actuales que ofrece el mercado. Pero, ¿tanto para suponer el fin de los trasplantes de brazo, la otra gran opción que la ciencia ofrece a los pacientes amputados? Los especialistas no lo tienen tan claro. Pese a ser muy prometedora, esta tecnología, denominada de reinervación muscular selectiva, presenta limitaciones en función de las características del paciente y está aún lejos de llegar a los estantes de las tiendas de ortopedia. Y, pese a los importantes efectos secundarios de la medicación que tienen que tomar de por vida los pacientes injertados o la dureza del tratamiento de rehabilitación para desarrollar la movilidad de las nuevas extremidades, la opción del trasplante representa una solución para cada vez más personas. En todo caso, la respuesta pasa por analizar el riesgo y el beneficio que aportan ambas opciones; y por ajustarse al perfil del paciente y sus necesidades.

De entrada, con un solo brazo, una persona se puede manejar bastante bien, por lo que "la única indicación de trasplante de antebrazos o por encima del hombro es el bilateral", a juicio del coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz. Por ello, para la ONT, entidad que supervisa este tipo de intervenciones, los candidatos ideales a un trasplante serían pacientes que hubieran perdido los dos brazos, "algo que no pasa, por ejemplo, en países donde el peso de la sanidad privada es mayor y no existen estas consideraciones", como por ejemplo en los Estados Unidos, "donde sí se han producido injertos unilaterales de brazo".

¿Qué le puede aportar a un paciente un doble trasplante que no ofrezcan las prótesis? Por un lado, y a medio plazo, recuperar una mayor movilidad, especialmente, la referida a la mano y dedos, aunque sea limitada. Sobre todo cuando el muñón está por encima del codo "las prótesis de hoy en día no suplen ni un 5% o 10% de las habilidades de un brazo normal", apunta Ramón Zambudio, especialista en medicina física y rehabilitación y coordinador de la Unidad de Prótesis y Órtesis del Hospital Virgen de las Nieves (Granada).

Pero, además, hay otro aspecto al que los pacientes otorgan una gran importancia: el deseo de recuperar una figura humana completa. Volver a tener unos brazos parecidos a los que se perdieron (al buscar donante se tienen en cuenta condiciones como el sexo, unas proporciones y un tono de piel similares al receptor) representa un importante aliciente psicológico.

Sin embargo, existen también importantes inconvenientes. En primer lugar, están los riesgos que implica toda intervención quirúrgica. Y un trasplante de este tipo no es cualquier operación. Suelen ser cirugías largas y muy laboriosas que consisten en conectar venas, arterias, nervios, músculos, piel y huesos, lo que puede durar más de 11 horas.

Además, los pacientes deben estar dispuestos a asumir la "titánica" tarea, como la define Matesanz, de someterse a una larga y exigente rehabilitación para recuperar la mayor movilidad posible. El proceso es lento porque los nervios del paciente deben de extenderse a lo largo del nuevo miembro hasta establecer nuevas conexiones con los músculos y el ritmo de crecimiento ronda el milímetro por día. En injertos por encima del codo, lo primero que inerva son los músculos que se insertan en la parte final del antebrazo. De ahí que lo habitual es que el primer movimiento que realizan los trasplantados consiste en doblar el codo. Poco a poco llegan los movimientos más finos, cuando las nuevas ramificaciones nerviosas alcanzan los músculos de las manos. Alba, una mujer de origen colombiano a quien el cirujano Pedro Cavadas trasplantó los antebrazos en diciembre de 2006 en el hospital La Fe de Valencia, ya ha recuperado el movimiento de dedos. Año y medio después de la intervención, en junio del año pasado, la paciente demostró que era capaz de coser con lentitud un botón con sus nuevas manos.

Este proceso de recuperación varía en función de los pacientes. De ahí que se produzcan sorpresas, como ha sucedido con Pedro Jiménez, intervenido también por Cavadas en noviembre del año pasado, que ha empezado a mover el brazo "antes de lo que tocaba", como destaca Matesanz.

A la intervención y la rehabilitación se suma otro inconveniente: la medicación inmunosupresora. Como sucede con cualquier otro trasplante, el cuerpo reacciona rechazando todo elemento extraño. Para evitar esta circunstancia, se administra al paciente un tratamiento que debilita sus defensas. Lo habitual es que se administren primero dosis elevadas para, progresivamente, ir rebajando la medicación hasta alcanzar un punto de equilibrio que mantenga a raya el rechazo. Peso estas sustancias, que el paciente deberá tomar toda su vida, son tóxicas y producen importantes efectos secundarios. Este trasplante en particular es especialmente susceptible al rechazo, aunque también presenta ventajas. Al ser perfectamente visible (al contrario de los órganos internos trasplantables) cualquier síntoma que apunte a una crisis de rechazo (cambio de color, de textura) es fácilmente observable.

Hay especialistas que consideran que aún hay margen en la mejora de la compatibilidad de tejidos y numerosos ensayos trabajan en esta dirección. Existen ensayos en los que se ha combinado el trasplante con una infusión de linfocitos (las células responsables de la respuesta inmunitaria) obtenidos de la médula del donante. La idea es inducir cierta tolerancia hacia el órgano injertado. En el horizonte está la quimera de la inmunotolerancia, es decir, dar con la fórmula que permita que el receptor acepte el nuevo brazo, pulmón, corazón o riñón como propio.

Hasta que esto llegue (si algún día se consigue) la otra gran esperanza está en la reinervación muscular, desarrollada por Todd A. Kuiken y su equipo del Instituto de Rehabilitación de Chicago. Basta con teclear "Jesse Sullivan" en YouTube para observar la destreza que ha alcanzado este electricista de 62 años en el uso de su brazo biónico. En una primera grabación colgada hace tres años, se le puede ver mover con cierta torpeza la prótesis que tiene por brazo izquierdo. Existe otro vídeo más reciente, de febrero de este año, en el que aparece con un modelo más perfeccionado que recuerda a primera vista al brazo de C3-PO, el del famoso androide de protocolo de La Guerra de las Galaxias, pero en lugar de dorado, es plateado y negro. La nueva prótesis no sólo se ha estilizado en su diseño, sino que permite movimientos más finos, como poner una pinza en una varilla metálica.

Detrás de este aparato hay una sofisticada combinación de electrónica, informática, robótica y cirugía. En esencia, la técnica consiste en transferir al pecho los nervios residuales del muñón que controlaban el brazo, donde se unen a grupos musculares pectorales. Estos músculos sirven de amplificador biológico de los nervios resituados y van conectados a unos sensores que recogen la señal eléctrica. La función de estos sensores consiste en transmitir la señal producida por los músculos pectorales y dirigirla a un microprocesador, que, a su vez, la convierte en una orden que ejecuta el brazo biónico.

Un ejemplo. El nervio mediano es el que da la orden de cerrar la mano. Si se transfiere al músculo pectoral, cuando el paciente piensa en cerrar la mano, se contrae la zona muscular del pectoral reinervada por el nervio mediano. Un dispositivo conectado para captar la señal eléctrica muscular la recoge y activa el motor de cierre de mano de la prótesis. Todo este procedimiento se puede observar (literalmente) en los vídeos de Jesse Sullivan. Al mover el brazo, los sensores situados en su pecho bailan al ritmo de las contracciones pectorales que guían las articulaciones del brazo biónico.

En febrero, el Journal of the American Medical Association (JAMA) publicó un artículo que avaló esta tecnología de futuro. El texto analizó la movilidad de cinco pacientes con prótesis biónicas frente a otros cinco no amputados. Comprobó que la reinervación permite hasta 10 tipos de movimientos y destacó especialmente las habilidades adquiridas en codo y muñeca. En un editorial publicado en el mismo número, Gerald E. Loeb, de la Universidad de Southern California, se refirió a esta tecnología como "prometedora y llena de posibilidades de mejoras clínicas y tecnológicas". Y aunque "avanza lentamente, sus efectos son profundos". Zambudio sostiene que la reinervación "supondrá un cambio fundamental en la utilidad de las prótesis de miembro superior, especialmente en niveles de amputación por encima del codo".

La distancia entre las habilidades que se esperan alcanzar con estas prótesis, incluido el tacto, y las que ofrece la tecnología actual es sideral. Especialmente cuando sólo falta un brazo y por encima del codo, "las prótesis convencionales prácticamente no sirven para nada", apunta el especialista en rehabilitación del hospital Virgen de las Nieves, "sólo resuelven el problema estético". Y si la amputación es de antebrazo, aporta algo más de posibilidades, pero no mucho.

Frente a los modelos tradicionales -una especie de brazos plásticos parecidos a los de un maniquí en los que un cable metálico responde al movimiento del hombro contrario que activa un gancho en el extremo- hay otro tipo de aparatos, que se activan mediante un motor eléctrico. En este caso, el paciente ha de aprender a controlar los músculos del muñón conectados a unos electrodos que activan el motor de apertura y cierre de la mano. Es más cómodo, pero el movimiento es, con distintas variantes, bastante torpe, según Zambudio.

Por ello, en personas que han perdido los dos brazos, y hasta que se perfeccione la prótesis biónica, el trasplante puede ser una opción para aquellos dispuestos a asumir los inconvenientes que lleva aparejados.

¿Y las piernas? Aquí el debate está algo más claro. Su función principal es la sustentación, y las prótesis la cubren bastante bien. Incluso cuando se trata de hacer deporte, como demuestran las extremidades de fibra de carbono del atleta surafricano Oscar Pistorius. Con todo, el cirujano valenciano Pedro Cavadas tiene en mente un trasplante a pesar de que, por un lado "tienen pocas indicaciones porque las prótesis funcionan muy bien" y por otro, los reimplantes no han dado buenos resultados, como comentó hace unas semanas al referirse a la cuestión. Hasta el momento, no se ha hecho ninguno. "Quizás en un caso muy particular, muy justificado y en una doble amputación se podría considerar", reflexiona Matesanz, "pero habría que estudiar muy bien el balance riesgo beneficio".

JAIME PRATS 13/08/2009

 

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Miércoles, 12 Agosto 2009 06:22

De cómo los conductores evitan colisiones

–Usted se dedica a la neuroetología... O por lo menos dentro del Laboratorio de neurobiología de la memoria esto se llama unidad de neuroetología. Nunca antes había escuchado esa palabra... Cuénteme qué quiere decir.

–Es una rama de la neurología que está destinada a entender las bases neuronales del comportamiento. La salvedad, con respecto a otras ramas, es que se estudia el comportamiento de animales que realmente se observen en la naturaleza. Digo esto para contraponerlo a lo que son estudios con animales de laboratorio. A no- sotros nos interesa entender el comportamiento de animales que pueden ser efectivamente observados.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, el fenómeno de ecolocalización de los murciélagos. Lo que nos interesa no es simplemente estudiar el fenómeno conductual, sino que consideramos que hay animales que son campeones para desarrollar determinadas tareas. Ese es el caso de los murciélagos: en animales que tienen capacidades especiales puede ser más fácil estudiar las propiedades del cerebro. El objetivo es, por supuesto, conocer el funcionamiento de los cerebros. El hecho de que estos animales hayan generado mecanismos tan espectacularmente complejos como la ecolocalización o algunas respuestas de escape lleva a que los cerebros estén hiperadaptados para esas funciones. Entonces hay mayores chances para entender cómo funciona el cerebro. Es como elegir el animal campeón de determinada disciplina, donde la habilidad está hiperdesarrollada, y estudiarlo ahí.

–¿Y qué es lo que pretende, o mejor, qué es lo que llega a averiguar?

–Bueno, yo he trabajado mucho con neurobiología de la memoria, pero ahora estoy muy entusiasmado con el tema de cómo se detectan las colisiones y cómo los animales somos capaces...

–¿Dijo “somos”?

–Dije somos. Capaces de reaccionar y de anticipar el momento de la colisión. Piense en la situación de manejo, cuando uno tiene un camión adelante: siempre va regulando cuánto pisa el acelerador y el freno para no chocar. O el tipo que juega al tenis y recibe un saque. Ese saque viene, por ahí, a 200 kilómetros por hora. Pero el tipo es capaz de pegarle a la pelotita y devolverla para el otro lado. Para lograrlo, tiene que haber hecho previamente un cálculo, que debe realizarse en el orden de los milisegundos, o menos aún. Y está basado, fundamentalmente, en la imagen de la pelotita que se viene expandiendo sobre la retina del observador, y a partir de esa expansión, el cerebro hace cálculos de cuánto tiempo falta y se produce la maniobra anticipatoria. Esto de estimar el tiempo para la colisión lo hacen muchísimo los animales. Los que vuelan, por ejemplo, lo hacen cada vez que tienen que aterrizar, desde una paloma hasta una mosca. Momentos antes de aterrizar, la paloma despliega el tren de aterrizaje (sus patas delanteras) luego de haber hecho un cálculo de cuánto le falta para llegar al suelo. Los animales, cuando detectan un predador que se les viene encima, no siempre salen corriendo. Ellos hacen una serie de cálculos y muchas veces prefieren quedarse quietos y pasar desapercibidos. Si el predador se sigue acercando, deciden correr. Muchas de esas decisiones son tomadas en función del análisis de la imagen del predador que se acerca. El interés no es sólo teórico (entender cómo funciona el cerebro), sino también práctico.

–A ver...

–Pensemos por ejemplo en una mosca, que vuela por el medio de todo y no colisiona nunca y, por si fuera poco, evita de manera muy efectiva nuestros manotazos. Eso sucede con un animal que tiene un cerebro mínimo. Hay mucho interés, por parte sobre todo de ingenieros, en algo que se llama “Robots biológicamente inspirados”. La pregunta es: ¿Cómo puede ser que en un microchip tan chiquito como el de una mosca se puedan llevar adelante estas tareas de manera tan eficiente? Si podemos entender cuáles son los principios computacionales que operan en ese cerebro, tal vez el día de mañana podamos utilizar esos principios de cómputos en sistemas artificiales. Si uno pudiera tener un sistema efectivo de cálculo de colisiones sería posible, por ejemplo, hacer que los cinturones de seguridad o los airbags (que ahora se activan en el momento en que chocan) pudieran activarse antes.

–Bueno... ¿y cómo hace ese cerebro chiquito para ser eficiente a la hora de evitar colisiones?

–No hay una única manera en la cual se calculan los tiempos dentro de ese cerebro. Es poco lo que se sabe sobre su implementación. Se pueden hacer análisis de comportamiento, pero el problema es estudiarlo, después, en un animal que está entero y viviendo (no en una rebanada de cerebro) cómo esas neuronas están computando.

–Cuénteme cómo se hace eso.

–No hay muchos modelos en vertebrados donde se pueda hacer. Por eso son importantes los animales más sencillos, que sí permiten un estudio de este tipo. En insectos, por ejemplo, se emplea mucho la langosta. Nosotros elegimos el cangrejo por una cantidad de ventajas metodológicas: podemos hacer estudios conductuales de manera muy precisa. En su caso hay una respuesta de escape, en la que el animal va continuamente controlando la velocidad a la que se va alejando de acuerdo a la velocidad a que se va acercando el objeto, y la dirección también es continuamente modificada de acuerdo a las direcciones que va tomando el objeto que se aproxima. Con lo cual es una situación mucho más parecida a la que se da cuando nosotros manejamos: no apretamos a fondo el pedal o lo soltamos del todo, sino que vamos regulando. El cangrejo nos sirve como modelo para estudiar este tipo de cosas. Son problemas muy complicados de estudiar, pero en el cangrejo tenemos, además de su comportamiento, la ventaja de que, por el duro caparazón que tiene y por la disposición que tiene su cerebro, al acceder a neuronas con una técnica que se llama “registros intracelulares”, nos podemos meter en una única neurona a través de un pequeño agujerito en el caparazón y, con el animal vivo, presentarle los estímulos que generaban el escape pero analizando estas neuronas que están involucradas en el proceso, para darnos una idea de cómo son los procesos de cómputo.

–¿Y cómo son?

–No se sabe demasiado al respecto. Hasta ahora, lo que encontramos es que las neuronas parecen leer la velocidad a la que se expanden los bordes de una imagen. Todo objeto que se acerca genera una determinada dinámica de expansión sobre la retina. Aparentemente, lo que estas neuronas están haciendo es leer esas velocidades.

–Es curioso, porque la expansión de los bordes es lineal...

–Depende. Si uno tiene un objeto que se acerca a velocidad constante, la manera en que lo hace es exponencial, porque cuanto más cerca está viniendo, la velocidad parece crecer más rápidamente. Creemos que esa información luego es transformada en otra información acerca de cuánto tiene que modificarse la velocidad del animal. Estamos trabajando en esta línea.

–¿Y en el laboratorio cómo hacen... mmmm.... estos estudios?

–Colocamos al animal sobre una esfera de telgopor que flota en el agua, donde el animal puede correr, y tenemos dos mouses de computadora con los cuales integramos los movimientos de la bola.

–¿Cómo hace la neurona para registrar que se expande la imagen? ¿Y cómo informa que hay que cambiar la velocidad?

–Eso es algo que no conocemos. Hasta acá pudimos ver cómo se correlacionan estas cosas. Las neuronas disparan potenciales de acción (que es el código por el cual envían sus mensajes). Cuando una imagen se acerca, la frecuencia de disparos aumenta con una dinámica que se corresponde con la velocidad de expansión de los bordes. Y después, cuando trato de relacionar esa frecuencia del disparo con el comportamiento del animal, me encuentro con una correspondencia entre el incremento de frecuencia y la aceleración.

–Eso tiene una explicación evolutiva perfecta.

–Claro. Es una respuesta esencial, inherente a todos los animales. No necesita ni siquiera ser aprendida.

–Y, por ejemplo, tienen distancias a las que reaccionan de acuerdo a la especie. Una paloma tarda más en escaparse que un gorrión.

–Pero eso sí es modificable por educación. Es un proceso que se conoce como habituación. Por ejemplo, en parques nacionales donde además del interés biológico prima el interés turístico, se habitúa a los animales a no escaparse ante el hombre. Durante muchísimos años estudiamos que el fenómeno de la memoria tiene que ver con esta modificación en la reacción de escape ante un fenómeno que era potencialmente peligroso pero que, al final, no traía consecuencias. Para esta línea, que es el tema que ocupa a todo el laboratorio, descubrimos que las neuronas que disparaban frente al peligro, cuando se dan cuenta de que no pasa nada, dejan de disparar.

–¿Y cómo saben que tienen que disparar menos potenciales?

–Hay muchas maneras por las cuales una neurona puede aumentar o disminuir su excitabilidad, desde cambios en los canales que tienen las membranas hasta fenómenos de mayor duración, que hacen que se modifiquen los contactos de una neurona con la siguiente.

Por Leonardo Moledo
 

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Washington, 7 de agosto. Los virus comunes que causan los resfríos y la gripe dejan una firma distintiva en la sangre y un grupo de expertos estadunidenses informó que halló una forma de inmovilizarlos.

Los investigadores esperan desarrollar una prueba que le diga al médico rápidamente si un paciente tiene un resfrío común, influenza o alguna otra infección, lo que los ayudaría a guiar el tratamiento.

“Este trabajo aún está en una fase relativamente inicial de descubrimiento, pero somos optimistas de que estos hallazgos conducirían a una manera completamente nueva de diagnosticar las enfermedades infecciosas”, expresó en un comunicado el doctor Geoffrey Ginsburg, de la Universidad Duke, y quien dirigió el estudio.

La mayoría de las infecciones respiratorias tienen síntomas similares: tos, estornudos, fiebre, dolor de cabeza y fatiga. Y no existen pruebas rápidas y buenas para su clasificación.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) publicaron el jueves un informe en el que señalan que las pruebas rápidas de la gripe pasan por alto casi la mitad de las infecciones por influenza.

Expertos en salud consideran que alrededor de la mitad de las veces el paciente con enfermedad respiratoria nunca sabe qué tuvo. A veces también es complicado predecir quién enfermará gravemente.

“Hasta que los resultados están disponibles, el tratamiento tiene bastante de adivinanza. Saber exactamente qué patógeno está involucrado es importante, porque afecta la urgencia de respuesta y el tipo de tratamiento” requerido, indicó Ginsburg.

En un artículo publicado en la revista Cell Host & Microbe, Ginsburg y sus colegas señalaron que reclutaron a 57 voluntarios sanos que aceptaron que se les inyectara virus del resfrío, llamado rinovirus; el virus respiratorio sincicial o una cepa del de la influenza estacional.
Hacia una terapia más precisa

Los investigadores evaluaron la sangre de cada voluntario, esperaron a ver quiénes enfermaban y siguieron evaluando la sangre. Alrededor de la mitad de los pacientes de cada grupo enfermó.

El equipo encontró un patrón de 30 genes que se activaron sólo en los pacientes que desarrollaron síntomas.

Los expertos también observaron estudios de personas con infecciones bacterianas comunes, como la neumonía por estreptococo, y comparó los genes activos en esos pacientes con los de los infectados con virus. El equipo indicó que la prueba podría detectar la diferencia.

El mayor valor está, según los científicos, en que ayudaría a los médicos a saber quién tiene neumonía viral y quién bacteriana. Esto es central, porque no tiene sentido tratar infecciones virales con antibióticos.

“Esto podría implicar un uso más adecuado de los antibióticos. Su uso excesivo puede llevar a la aparición de patógenos resistentes a los fármacos”, señaló en un comunicado Christopher Woods, de Universidad Duke.

“Este enfoque puede conducir a una terapia más precisa, informada y personalizada para las enfermedades infecciosas”, añadió Ginsburg.

El trabajo está en sus etapas iniciales y se requiere más investigación, destacó el autor.

Los investigadores aclararon que los voluntarios con influenza fueron tratados con el antiviral tamiflu, de Roche AG, que ayuda a disminuir los síntomas.

Reuters
 

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Miércoles, 05 Agosto 2009 06:11

Finalmente, aparece el doctor Kroto

Después de su horrible fracaso, el jinete pulula entre los 23 premios Nobel y los 600 jóvenes investigadores que se han concentrado en Lindau para hablar, discutir, escuchar conferencias de los grandes “Nobles” de la Academia de hoy. Pero al jinete no le interesan las conferencias, ni los investigadores, ni siquiera los premios Nobel. Al jinete lo acosa una única duda científica, una sola pulsión: ¿dónde está el doctor Harold Kroto, Premio Nobel de Química 1996, por su descubrimiento de los compuestos de carbono llamados fullerenos? Se sienta en un banco situado en el paseo que bordea el lago Constanza, a rumiar su desgracia. Frente a él, un pequeño embarcadero donde se menean algunos barquitos de vela que le recuerdan prodigiosa e irrespetuosamente al Tigre.

Y de repente... Dos camarógrafos toman posición frente a él..., iluminan, prueban, y al segundo un Premio Nobel elegante se sitúa frente a ellos. ¿Pero acaso no se trata del doctor Kroto? ¡Por supuesto! ¡Claro que es el doctor Kroto¡ El jinete derriba a los camarógrafos, que caen al suelo desangrándose, destruye los micrófonos y las cámaras y arroja los restos al lago, acorrala al doctor Kroto contra la pared y le empieza a preguntar. Sin preámbulos. Y el doctor Kroto, atemorizado a pesar de ser un Premio Nobel, contesta.

–Hay mucha gente que cree que la ciencia va a salvar a la sociedad, y hay mucha gente que le tiene miedo a la ciencia y piensa que nos va a llevar a la debacle. ¿Qué cree usted?

–Bueno, es un gran problema. Creo que nadie puede negar que la expectativa de vida ha aumentado muchísimo, que la tecnología ha ayudado a hacer mejores las vidas de las personas (a través de inventos como, por ejemplo, la penicilina). El gran problema es que la tecnología actualmente es extraordinariamente poderosa y está en manos de personas que podrían destruir a la humanidad. No sé la respuesta a su pregunta, no sé si la ciencia es en sí misma buena o mala. Creo que tenemos un problema.

–Hábleme, siga hablando...

–En el pasado (tal como ahora) había entre un 1 y un 5 por ciento de la gente que tenía serios disturbios mentales. Pero la diferencia es que, cuando mataban gente, debían hacerlo de a uno por vez. El asunto es que ahora, con la tecnología nuclear, uno puede destruir una ciudad entera. Está el caso de Hiroshima, de Dresde. El problema es, entonces, que seguimos contando con ese 5 por ciento de gente con serios disturbios mentales, pero ahora tienen en sus manos armas incomparablemente más poderosas y sacan provecho de eso. No hay más que mirar al Medio Oriente para darse cuenta de eso. Hay muchos niveles en los que se utiliza la tecnología para ejercer la violencia. Y siendo tan poderosa, corremos el riesgo de destruirnos a nosotros mismos. Yo no sé si podemos determinar si la ciencia y la tecnología son en sí mismas beneficiosas o perjudiciales. Por un lado, se ha aumentado notablemente la esperanza de vida, se ha disminuido la mortalidad infantil (en el siglo XVIII morían millones de chicos antes de los 8 años). Eso es un avance claro para el bienestar de la humanidad.

–Bueno, uno podría pensar en Troya, o Cartago, y la cantidad de muertes producidas allí también es pavorosa.

–Sí, pero es diferente. Porque, como le decía, tenían que matar de a uno por vez. No existía una bomba que uno tiraba y destruía todo en un segundo. Aunque se terminó destruyendo la ciudad, demoraron más de diez años. Hoy en día, 25 personas pueden matar tranquilamente a 5000 personas. Pienso en el caso del World Trade Center. Y ni hablar de las armas nucleares. Eso es algo que en la Antigüedad no pasaba, cuando no existía la tecnología moderna. Lo increíblemente estúpido es que sigamos creando los medios para que este 5 por ciento de lunáticos destruya a la humanidad de a poco. Eso es, ciertamente, un gran inconveniente.

–¿Y qué cree que va a pasar?

–Bueno, esa no es mi especialidad, y no soy demasiado bueno prediciendo cosas. No soy más inteligente que usted.

–Gracias.

–Lo que sí puede ser es que tenga un poco más de conocimiento técnico y, por lo tanto, conozca mejor los riesgos de las armas nucleares. Es terriblemente peligroso que estas tecnologías estén en manos de personas que no se caracterizan en absoluto por ser cuidadosas. El problema es que ahora estamos siendo llevados a la aplicación de tecnologías en una escala muy grande, pero no sabemos a dónde nos va a llevar esa aplicación. El ejemplo es el DDT, el arma más efectiva y poderosa contra la malaria que tenemos, que terminó provocando muchas muertes. ¿Qué pasará? Creo que es posible que de acá a 40 años naciones lunáticas (entre las que se incluyen los Estados Unidos y Gran Bretaña) continúen creando armas nucleares, que seguirán estando en manos de grupos de gente muy pequeños que seguirán utilizándolas de manera muy destructiva.

–¿Y qué piensa que deben hacer los científicos?

–Bueno, son muchos los científicos que trabajan duro para lograr que los países decomisen sus armas nucleares. Pero los países no se hacen demasiado eco de eso. Hasta que las naciones nucleares como Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos no se deshagan de sus armas nucleares, no creo que Corea o Irán se deshagan de las suyas. Pero eso no está del todo claro. ¿Por qué habría de desprenderse de sus armas Irán si EE.UU. y Gran Bretaña no lo hacen? Estos son temas socio-políticos y socio-económicos en los que yo no soy especialista.

–¿Y qué significa para usted la ciencia?

–Creo que tiene por lo menos tres aspectos.

–A ver...

–Uno es el conocimiento causal: sabemos, por ejemplo, algunos aspectos de cómo funciona el universo. El segundo es la aplicación tecnológica: ese conocimiento que adquirimos lo podemos utilizar para cosas útiles, como motores eléctricos, o automóviles. Y el tercero, el más importante, es el método que usamos para analizar la evidencia. Para mí es el único método válido de arribar a conclusiones sobre las bases de la evidencia. Creo que si no se hace eso, si no se utiliza el método científico, se recae necesariamente en errores. No quiero decir que el método científico sea infalible: también se pueden cometer errores utilizando este método. Pero si se observa bien la evidencia y se aprende a analizarla correctamente, y luego se aprende a ponerla a prueba y a ver si lo que se descubrió se corresponde con la realidad, entonces la posibilidad de error se minimiza. Para mí es una actitud que sirve para resolver cualquier problema: basarse en la evidencia, y no en lo que a uno le gustaría que fuera.

–¿La ciencia aprehende la verdad?

–Sin duda. Uno trata de conocer las cosas tal cual son, basándose en la evidencia (que es lo central). Cuando no se tiene evidencia, cualquier cosa vale y así emergen todas las visiones estúpidas de la raza humana, y uno tiene todas las religiones. Eso no significa que sean útiles o no. Pueden ser verdaderas. Pero no hay ninguna evidencia que las sostenga.

–Pero la pregunta es... la ciencia, ¿solamente construye modelos que más o menos encajan con la realidad? ¿O encuentra la verdad en un sentido más bien filosófico?

–Bueno, yo diría que no hay una verdad indiscutible, independiente de toda filosofía. Los experimentos siempre tienen razón. Uno no tiene una teoría que explica algo y luego a partir de esa teoría interpreta la realidad de tal manera que cuando algo coincida con la teoría uno sienta que está encaminado a comprender la realidad. Si hablamos, por ejemplo, de las verdades que hay en la cabeza de la gente, cada uno tiene su propia verdad particular. Se puede sentir que algo es verdad, aunque no lo sea, y de ahí que haya budistas, y católicos, y judíos, todos con sus verdades parciales. Eso no tendría por qué enfrentarlos.

–Mmmm...

–Yo lo pienso como científico: si yo descubro y publico que tal y tal cosa pasan y viene otro científico y dice que eso es mentira, no me voy a pelear con él.

–¿En serio?

–Vamos a contrastar nuestros resultados y vamos a llegar a alguna conclusión en conjunto. Esa es la causa por la que la ciencia es diferente de todo el resto de las cosas. Eso ocurre porque la ciencia es independiente de las creencias de la gente. La ciencia depende de la manera en que la ciencia es. Una teoría puede no ser lo suficientemente sofisticada, o nuestros experimentos pueden no ser lo suficientemente agudos como para determinar una verdad, pero todo eso es perfectible: las teorías se pueden refundar y refinar. Las teorías nos pueden servir para movernos hacia adelante, hasta encontrar un obstáculo que nos impide movernos y entonces tenemos que refinarlas. De todos modos, toda teoría es una buena aproximación a una teoría más precisa. Esos son aspectos de lo que la ciencia es. Pero al fin de cuentas, la ciencia es un método de análisis o de estudio de problemas que van más allá de las aplicaciones que se puedan hacer. Es una manera de enfrentarse al mundo y de mirarlo y de cuestionarlo y de acercarse a la verdad universal, que, por definición, tiene que ser completamente independiente de los hombres particulares. Con las teorías podemos aproximarnos muy bien a esa verdad, aunque tal vez no se pueda aprehender en su totalidad. Pero dígame (señalando a los camarógrafos que se desangran en el suelo)... ¿no habría que ayudar a estos hombres?

El jinete ni le contesta y se marcha satisfecho. El reguero de sangre cruza el asfalto del paseo, y se derrama en el lago, justo en el medio del embarcadero, tan prodigioso e impertinentemente parecido al Tigre.

Por Leonardo Moledo
Desde Lindau

www.leonardomoledo.blogspot.com
 

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