Sábado, 15 Agosto 2009 06:35

El sueño de fabricar un diente propio

“¿Y ahora qué? –le dijo el ratón a su dentista–: ¿Un implante metálico, un puente, un diente postizo?” “No –contestó el dentista de roedores–: le voy a implantar una célula germinal que se va a convertir en un diente propio, nuevo.” El ratón participaba en una experiencia efectuada en Japón y publicada en una prestigiosa revista científica: las piezas dentarias así desarrolladas –a partir de células germinales procedentes de embriones– resultaron similares a los dientes naturales, con plena aptitud para morder y masticar, y se integraron totalmente al organismo receptor. La experiencia no sólo abre expectativas revolucionarias para la odontología, sino que es uno de los avances más impresionantes en la “terapia regenerativa”, que se propone reconstruir tejidos y órganos humanos. “Estos avances rozan los bordes de la ficción”, comentó un investigador argentino, si bien advirtió que, para poder aplicar estas técnicas a seres humanos, todavía falta lograr el desarrollo de “células germinales” similares a las embrionarias.

La experiencia fue realizada por un equipo de la Universidad de Ciencias, de Tokio, dirigido por Etsuko Ikeda, y se publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. El informe empieza por recordar que “el principal propósito de la terapia regenerativa es desarrollar, mediante bioingeniería, órganos totalmente funcionales, capaces de reemplazar a aquellos perdidos o dañados por enfermedad, lesión o envejecimiento”. Advierte que “estas tecnologías todavía no alcanzaron reconstrucciones en tres dimensiones de órganos plenamente funcionales”: ellos afirman haber logrado una reconstrucción tridimensional, con el diente de ratón. “El reemplazo dentario por terapia regenerativa es un modelo confiable para evaluar la futura aplicación clínica del reemplazo de órganos mediante bioingeniería”, sostiene el informe.

Pero, ¿cómo se fabrica un diente de verdad? “La estrategia para desarrollar un ‘tercer diente’, tras la pérdida de los dientes temporario y permanente, consiste en reproducir el proceso que ocurre durante el desarrollo embrionario: se reconstruye, en laboratorio, por bioingeniería, un ‘germen dentario’.” En los embriones, a cierta altura de su desarrollo, se van diferenciando células que darán lugar a los distintos órganos: un “germen dentario” producirá un diente y no otra cosa. Los investigadores obtuvieron las células correspondientes a un germen de molar a partir de un embrión de ratón de 14 días de desarrollo y las cultivaron en laboratorio durante una semana, luego de lo cual “un germen de muela fue trasplantado, con la correcta orientación, en un alvéolo de la región molar superior de un ratón adulto, cuyo primer molar superior había sido extraído tres semanas antes”. A los 36 días de la implantación, “la cúspide del diente apareció en la cavidad oral”.

“El diente regenerado logró una normal oclusión (cierre de la dentadura) con el diente opuesto natural, y en armonía con los otros dientes del animal receptor”, y “el potencial masticatorio se ubicó dentro de los rangos normales”. Sin embargo, “el tamaño del diente obtenido por bioingeniería fue más pequeño que el de los otros dientes”, reconocen los investigadores.

Además, se logró que “las fibras nerviosas del organismo de los animales receptores ingresaran en la pulpa del diente obtenido por bioingeniería” y “esos nervios fueron capaces de transportar señales de estímulos”; el organismo receptor también hizo llegar vasos sanguíneos para la nutrición de su nuevo diente.

“En conclusión, este estudio brinda evidencia del exitoso reemplazo de un órgano completo y funcional en un organismo adulto, por medio del trasplante de un germen obtenido por bioingeniería, reconstituido a partir de la manipulación in vitro de una sola célula. Nuestro estudio hace una contribución sustancial al desarrollo de tecnología en bioingeniería para la futura terapia de reemplazo de órganos”, sostiene el equipo de la Universidad de Tokio.

El biólogo Marcelo Rubinstein –profesor titular en la UBA e investigador principal del Conicet– destacó “el gran interés” despertado por el estudio de la Universidad de Tokio: “El futuro de esto es el hombre biónico –dijo, no del todo en broma–, que podrá obtener reemplazos de muy diversos órganos”. Observó, sin embargo, que, para que el experimento efectuado en ratones pueda aplicarse a seres humanos, hace falta un paso que todavía no se dio.

“En los ratones –explicó Rubinstein–, el implante se hizo a partir de embriones, extraídos de un útero, genéticamente idénticos al receptor; son cepas de ratones preparadas para que sean como gemelos”, observó. “Tratándose de seres humanos, habría que partir de una célula del paciente que recibirá el implante y, primero, ‘reprogramarla’ para que vuelva al estado indiferenciado de stem cell, célula madre, capaz de transformarse en cualquier célula del organismo. Esto ya podemos hacerlo. Pero a esa célula madre habrá que hacerla ‘avanzar’, mediante estímulos adecuados, para que se convierta en germen dentario: una célula capaz de generar un diente y sólo eso. Este último paso todavía no fue dado por la ciencia.”

También Guillermo Trigo, decano de la Facultad de Odontología de la Universidad Maimónides, juzgó “interesantísimo” el trabajo publicado en Proceedings...: “Existe un conjunto de enfermedades congénitas en las que hay ‘agenesia de piezas dentarias’, que no llegan a aparecer. También hay casos de fisuras congénitas de paladar, donde faltan los gérmenes dentarios. A veces son los dientes permanentes los que no se presentan. Para estos casos tan tempranos, el procedimiento que se investigó en Japón sería de gran utilidad. Además, por supuesto, de las piezas dentarias que pueden ir perdiéndose. Hoy se cuenta con los implantes metálicos, que por supuesto no pueden compararse con lo que sería la restitución de un diente fisiológico”.

Por su parte Rubinstein juzgó necesario agregar que “si bien estos avances son maravillosos y en ellos la realidad toca los bordes de la ficción, dejan ver la tremenda disparidad respecto de tantas enfermedades que serían muy fáciles de curar o prevenir pero continúan incidiendo, en distintos países y también en la Argentina”.

 Por Pedro Lipcovich
 

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Jueves, 13 Agosto 2009 06:13

El hombre biónico está lejos

El hombre biónico tendrá que esperar. Cuando todo parecía predestinado a que las máquinas fueran el sustituto natural de los órganos o extremidades perdidas, nuevos avances en las técnicas de conexión de nervios y capilares dan un nuevo impulso a los trasplantes. Complementarias o competidoras, el futuro no será tanto del hombre-máquina como del hombre-puzzle.

En 2001, Jesse Sullivan se convirtió en el primer amputado capaz de manejar un brazo mecánico con el impulso de su mente. Sullivan fue el primer paciente en someterse a una técnica experimental que remite directamente a esa idea tan exprimida por los relatos de ciencia ficción de la fusión entre el hombre y la máquina. Sus nervios se conectaron a unos electrodos que controlan los movimientos de una sofisticada (y aparatosa) prótesis. Gracias a ella, piensa en una acción y su nuevo brazo, mano y dedos la ejecutan, ya sea coger un vaso o abrir una puerta. Existe una continuidad entre las conexiones nerviosas y unos sensores que se dirigen a unos microprocesadores que traducen al brazo las señales que ordena el cerebro. El brazo se ha convertido en una extensión de su cuerpo, lo que le convirtió en el primer hombre biónico del mundo.

Esta técnica representa toda una revolución frente a las limitaciones de las prótesis actuales que ofrece el mercado. Pero, ¿tanto para suponer el fin de los trasplantes de brazo, la otra gran opción que la ciencia ofrece a los pacientes amputados? Los especialistas no lo tienen tan claro. Pese a ser muy prometedora, esta tecnología, denominada de reinervación muscular selectiva, presenta limitaciones en función de las características del paciente y está aún lejos de llegar a los estantes de las tiendas de ortopedia. Y, pese a los importantes efectos secundarios de la medicación que tienen que tomar de por vida los pacientes injertados o la dureza del tratamiento de rehabilitación para desarrollar la movilidad de las nuevas extremidades, la opción del trasplante representa una solución para cada vez más personas. En todo caso, la respuesta pasa por analizar el riesgo y el beneficio que aportan ambas opciones; y por ajustarse al perfil del paciente y sus necesidades.

De entrada, con un solo brazo, una persona se puede manejar bastante bien, por lo que "la única indicación de trasplante de antebrazos o por encima del hombro es el bilateral", a juicio del coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz. Por ello, para la ONT, entidad que supervisa este tipo de intervenciones, los candidatos ideales a un trasplante serían pacientes que hubieran perdido los dos brazos, "algo que no pasa, por ejemplo, en países donde el peso de la sanidad privada es mayor y no existen estas consideraciones", como por ejemplo en los Estados Unidos, "donde sí se han producido injertos unilaterales de brazo".

¿Qué le puede aportar a un paciente un doble trasplante que no ofrezcan las prótesis? Por un lado, y a medio plazo, recuperar una mayor movilidad, especialmente, la referida a la mano y dedos, aunque sea limitada. Sobre todo cuando el muñón está por encima del codo "las prótesis de hoy en día no suplen ni un 5% o 10% de las habilidades de un brazo normal", apunta Ramón Zambudio, especialista en medicina física y rehabilitación y coordinador de la Unidad de Prótesis y Órtesis del Hospital Virgen de las Nieves (Granada).

Pero, además, hay otro aspecto al que los pacientes otorgan una gran importancia: el deseo de recuperar una figura humana completa. Volver a tener unos brazos parecidos a los que se perdieron (al buscar donante se tienen en cuenta condiciones como el sexo, unas proporciones y un tono de piel similares al receptor) representa un importante aliciente psicológico.

Sin embargo, existen también importantes inconvenientes. En primer lugar, están los riesgos que implica toda intervención quirúrgica. Y un trasplante de este tipo no es cualquier operación. Suelen ser cirugías largas y muy laboriosas que consisten en conectar venas, arterias, nervios, músculos, piel y huesos, lo que puede durar más de 11 horas.

Además, los pacientes deben estar dispuestos a asumir la "titánica" tarea, como la define Matesanz, de someterse a una larga y exigente rehabilitación para recuperar la mayor movilidad posible. El proceso es lento porque los nervios del paciente deben de extenderse a lo largo del nuevo miembro hasta establecer nuevas conexiones con los músculos y el ritmo de crecimiento ronda el milímetro por día. En injertos por encima del codo, lo primero que inerva son los músculos que se insertan en la parte final del antebrazo. De ahí que lo habitual es que el primer movimiento que realizan los trasplantados consiste en doblar el codo. Poco a poco llegan los movimientos más finos, cuando las nuevas ramificaciones nerviosas alcanzan los músculos de las manos. Alba, una mujer de origen colombiano a quien el cirujano Pedro Cavadas trasplantó los antebrazos en diciembre de 2006 en el hospital La Fe de Valencia, ya ha recuperado el movimiento de dedos. Año y medio después de la intervención, en junio del año pasado, la paciente demostró que era capaz de coser con lentitud un botón con sus nuevas manos.

Este proceso de recuperación varía en función de los pacientes. De ahí que se produzcan sorpresas, como ha sucedido con Pedro Jiménez, intervenido también por Cavadas en noviembre del año pasado, que ha empezado a mover el brazo "antes de lo que tocaba", como destaca Matesanz.

A la intervención y la rehabilitación se suma otro inconveniente: la medicación inmunosupresora. Como sucede con cualquier otro trasplante, el cuerpo reacciona rechazando todo elemento extraño. Para evitar esta circunstancia, se administra al paciente un tratamiento que debilita sus defensas. Lo habitual es que se administren primero dosis elevadas para, progresivamente, ir rebajando la medicación hasta alcanzar un punto de equilibrio que mantenga a raya el rechazo. Peso estas sustancias, que el paciente deberá tomar toda su vida, son tóxicas y producen importantes efectos secundarios. Este trasplante en particular es especialmente susceptible al rechazo, aunque también presenta ventajas. Al ser perfectamente visible (al contrario de los órganos internos trasplantables) cualquier síntoma que apunte a una crisis de rechazo (cambio de color, de textura) es fácilmente observable.

Hay especialistas que consideran que aún hay margen en la mejora de la compatibilidad de tejidos y numerosos ensayos trabajan en esta dirección. Existen ensayos en los que se ha combinado el trasplante con una infusión de linfocitos (las células responsables de la respuesta inmunitaria) obtenidos de la médula del donante. La idea es inducir cierta tolerancia hacia el órgano injertado. En el horizonte está la quimera de la inmunotolerancia, es decir, dar con la fórmula que permita que el receptor acepte el nuevo brazo, pulmón, corazón o riñón como propio.

Hasta que esto llegue (si algún día se consigue) la otra gran esperanza está en la reinervación muscular, desarrollada por Todd A. Kuiken y su equipo del Instituto de Rehabilitación de Chicago. Basta con teclear "Jesse Sullivan" en YouTube para observar la destreza que ha alcanzado este electricista de 62 años en el uso de su brazo biónico. En una primera grabación colgada hace tres años, se le puede ver mover con cierta torpeza la prótesis que tiene por brazo izquierdo. Existe otro vídeo más reciente, de febrero de este año, en el que aparece con un modelo más perfeccionado que recuerda a primera vista al brazo de C3-PO, el del famoso androide de protocolo de La Guerra de las Galaxias, pero en lugar de dorado, es plateado y negro. La nueva prótesis no sólo se ha estilizado en su diseño, sino que permite movimientos más finos, como poner una pinza en una varilla metálica.

Detrás de este aparato hay una sofisticada combinación de electrónica, informática, robótica y cirugía. En esencia, la técnica consiste en transferir al pecho los nervios residuales del muñón que controlaban el brazo, donde se unen a grupos musculares pectorales. Estos músculos sirven de amplificador biológico de los nervios resituados y van conectados a unos sensores que recogen la señal eléctrica. La función de estos sensores consiste en transmitir la señal producida por los músculos pectorales y dirigirla a un microprocesador, que, a su vez, la convierte en una orden que ejecuta el brazo biónico.

Un ejemplo. El nervio mediano es el que da la orden de cerrar la mano. Si se transfiere al músculo pectoral, cuando el paciente piensa en cerrar la mano, se contrae la zona muscular del pectoral reinervada por el nervio mediano. Un dispositivo conectado para captar la señal eléctrica muscular la recoge y activa el motor de cierre de mano de la prótesis. Todo este procedimiento se puede observar (literalmente) en los vídeos de Jesse Sullivan. Al mover el brazo, los sensores situados en su pecho bailan al ritmo de las contracciones pectorales que guían las articulaciones del brazo biónico.

En febrero, el Journal of the American Medical Association (JAMA) publicó un artículo que avaló esta tecnología de futuro. El texto analizó la movilidad de cinco pacientes con prótesis biónicas frente a otros cinco no amputados. Comprobó que la reinervación permite hasta 10 tipos de movimientos y destacó especialmente las habilidades adquiridas en codo y muñeca. En un editorial publicado en el mismo número, Gerald E. Loeb, de la Universidad de Southern California, se refirió a esta tecnología como "prometedora y llena de posibilidades de mejoras clínicas y tecnológicas". Y aunque "avanza lentamente, sus efectos son profundos". Zambudio sostiene que la reinervación "supondrá un cambio fundamental en la utilidad de las prótesis de miembro superior, especialmente en niveles de amputación por encima del codo".

La distancia entre las habilidades que se esperan alcanzar con estas prótesis, incluido el tacto, y las que ofrece la tecnología actual es sideral. Especialmente cuando sólo falta un brazo y por encima del codo, "las prótesis convencionales prácticamente no sirven para nada", apunta el especialista en rehabilitación del hospital Virgen de las Nieves, "sólo resuelven el problema estético". Y si la amputación es de antebrazo, aporta algo más de posibilidades, pero no mucho.

Frente a los modelos tradicionales -una especie de brazos plásticos parecidos a los de un maniquí en los que un cable metálico responde al movimiento del hombro contrario que activa un gancho en el extremo- hay otro tipo de aparatos, que se activan mediante un motor eléctrico. En este caso, el paciente ha de aprender a controlar los músculos del muñón conectados a unos electrodos que activan el motor de apertura y cierre de la mano. Es más cómodo, pero el movimiento es, con distintas variantes, bastante torpe, según Zambudio.

Por ello, en personas que han perdido los dos brazos, y hasta que se perfeccione la prótesis biónica, el trasplante puede ser una opción para aquellos dispuestos a asumir los inconvenientes que lleva aparejados.

¿Y las piernas? Aquí el debate está algo más claro. Su función principal es la sustentación, y las prótesis la cubren bastante bien. Incluso cuando se trata de hacer deporte, como demuestran las extremidades de fibra de carbono del atleta surafricano Oscar Pistorius. Con todo, el cirujano valenciano Pedro Cavadas tiene en mente un trasplante a pesar de que, por un lado "tienen pocas indicaciones porque las prótesis funcionan muy bien" y por otro, los reimplantes no han dado buenos resultados, como comentó hace unas semanas al referirse a la cuestión. Hasta el momento, no se ha hecho ninguno. "Quizás en un caso muy particular, muy justificado y en una doble amputación se podría considerar", reflexiona Matesanz, "pero habría que estudiar muy bien el balance riesgo beneficio".

JAIME PRATS 13/08/2009

 

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Miércoles, 12 Agosto 2009 06:22

De cómo los conductores evitan colisiones

–Usted se dedica a la neuroetología... O por lo menos dentro del Laboratorio de neurobiología de la memoria esto se llama unidad de neuroetología. Nunca antes había escuchado esa palabra... Cuénteme qué quiere decir.

–Es una rama de la neurología que está destinada a entender las bases neuronales del comportamiento. La salvedad, con respecto a otras ramas, es que se estudia el comportamiento de animales que realmente se observen en la naturaleza. Digo esto para contraponerlo a lo que son estudios con animales de laboratorio. A no- sotros nos interesa entender el comportamiento de animales que pueden ser efectivamente observados.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, el fenómeno de ecolocalización de los murciélagos. Lo que nos interesa no es simplemente estudiar el fenómeno conductual, sino que consideramos que hay animales que son campeones para desarrollar determinadas tareas. Ese es el caso de los murciélagos: en animales que tienen capacidades especiales puede ser más fácil estudiar las propiedades del cerebro. El objetivo es, por supuesto, conocer el funcionamiento de los cerebros. El hecho de que estos animales hayan generado mecanismos tan espectacularmente complejos como la ecolocalización o algunas respuestas de escape lleva a que los cerebros estén hiperadaptados para esas funciones. Entonces hay mayores chances para entender cómo funciona el cerebro. Es como elegir el animal campeón de determinada disciplina, donde la habilidad está hiperdesarrollada, y estudiarlo ahí.

–¿Y qué es lo que pretende, o mejor, qué es lo que llega a averiguar?

–Bueno, yo he trabajado mucho con neurobiología de la memoria, pero ahora estoy muy entusiasmado con el tema de cómo se detectan las colisiones y cómo los animales somos capaces...

–¿Dijo “somos”?

–Dije somos. Capaces de reaccionar y de anticipar el momento de la colisión. Piense en la situación de manejo, cuando uno tiene un camión adelante: siempre va regulando cuánto pisa el acelerador y el freno para no chocar. O el tipo que juega al tenis y recibe un saque. Ese saque viene, por ahí, a 200 kilómetros por hora. Pero el tipo es capaz de pegarle a la pelotita y devolverla para el otro lado. Para lograrlo, tiene que haber hecho previamente un cálculo, que debe realizarse en el orden de los milisegundos, o menos aún. Y está basado, fundamentalmente, en la imagen de la pelotita que se viene expandiendo sobre la retina del observador, y a partir de esa expansión, el cerebro hace cálculos de cuánto tiempo falta y se produce la maniobra anticipatoria. Esto de estimar el tiempo para la colisión lo hacen muchísimo los animales. Los que vuelan, por ejemplo, lo hacen cada vez que tienen que aterrizar, desde una paloma hasta una mosca. Momentos antes de aterrizar, la paloma despliega el tren de aterrizaje (sus patas delanteras) luego de haber hecho un cálculo de cuánto le falta para llegar al suelo. Los animales, cuando detectan un predador que se les viene encima, no siempre salen corriendo. Ellos hacen una serie de cálculos y muchas veces prefieren quedarse quietos y pasar desapercibidos. Si el predador se sigue acercando, deciden correr. Muchas de esas decisiones son tomadas en función del análisis de la imagen del predador que se acerca. El interés no es sólo teórico (entender cómo funciona el cerebro), sino también práctico.

–A ver...

–Pensemos por ejemplo en una mosca, que vuela por el medio de todo y no colisiona nunca y, por si fuera poco, evita de manera muy efectiva nuestros manotazos. Eso sucede con un animal que tiene un cerebro mínimo. Hay mucho interés, por parte sobre todo de ingenieros, en algo que se llama “Robots biológicamente inspirados”. La pregunta es: ¿Cómo puede ser que en un microchip tan chiquito como el de una mosca se puedan llevar adelante estas tareas de manera tan eficiente? Si podemos entender cuáles son los principios computacionales que operan en ese cerebro, tal vez el día de mañana podamos utilizar esos principios de cómputos en sistemas artificiales. Si uno pudiera tener un sistema efectivo de cálculo de colisiones sería posible, por ejemplo, hacer que los cinturones de seguridad o los airbags (que ahora se activan en el momento en que chocan) pudieran activarse antes.

–Bueno... ¿y cómo hace ese cerebro chiquito para ser eficiente a la hora de evitar colisiones?

–No hay una única manera en la cual se calculan los tiempos dentro de ese cerebro. Es poco lo que se sabe sobre su implementación. Se pueden hacer análisis de comportamiento, pero el problema es estudiarlo, después, en un animal que está entero y viviendo (no en una rebanada de cerebro) cómo esas neuronas están computando.

–Cuénteme cómo se hace eso.

–No hay muchos modelos en vertebrados donde se pueda hacer. Por eso son importantes los animales más sencillos, que sí permiten un estudio de este tipo. En insectos, por ejemplo, se emplea mucho la langosta. Nosotros elegimos el cangrejo por una cantidad de ventajas metodológicas: podemos hacer estudios conductuales de manera muy precisa. En su caso hay una respuesta de escape, en la que el animal va continuamente controlando la velocidad a la que se va alejando de acuerdo a la velocidad a que se va acercando el objeto, y la dirección también es continuamente modificada de acuerdo a las direcciones que va tomando el objeto que se aproxima. Con lo cual es una situación mucho más parecida a la que se da cuando nosotros manejamos: no apretamos a fondo el pedal o lo soltamos del todo, sino que vamos regulando. El cangrejo nos sirve como modelo para estudiar este tipo de cosas. Son problemas muy complicados de estudiar, pero en el cangrejo tenemos, además de su comportamiento, la ventaja de que, por el duro caparazón que tiene y por la disposición que tiene su cerebro, al acceder a neuronas con una técnica que se llama “registros intracelulares”, nos podemos meter en una única neurona a través de un pequeño agujerito en el caparazón y, con el animal vivo, presentarle los estímulos que generaban el escape pero analizando estas neuronas que están involucradas en el proceso, para darnos una idea de cómo son los procesos de cómputo.

–¿Y cómo son?

–No se sabe demasiado al respecto. Hasta ahora, lo que encontramos es que las neuronas parecen leer la velocidad a la que se expanden los bordes de una imagen. Todo objeto que se acerca genera una determinada dinámica de expansión sobre la retina. Aparentemente, lo que estas neuronas están haciendo es leer esas velocidades.

–Es curioso, porque la expansión de los bordes es lineal...

–Depende. Si uno tiene un objeto que se acerca a velocidad constante, la manera en que lo hace es exponencial, porque cuanto más cerca está viniendo, la velocidad parece crecer más rápidamente. Creemos que esa información luego es transformada en otra información acerca de cuánto tiene que modificarse la velocidad del animal. Estamos trabajando en esta línea.

–¿Y en el laboratorio cómo hacen... mmmm.... estos estudios?

–Colocamos al animal sobre una esfera de telgopor que flota en el agua, donde el animal puede correr, y tenemos dos mouses de computadora con los cuales integramos los movimientos de la bola.

–¿Cómo hace la neurona para registrar que se expande la imagen? ¿Y cómo informa que hay que cambiar la velocidad?

–Eso es algo que no conocemos. Hasta acá pudimos ver cómo se correlacionan estas cosas. Las neuronas disparan potenciales de acción (que es el código por el cual envían sus mensajes). Cuando una imagen se acerca, la frecuencia de disparos aumenta con una dinámica que se corresponde con la velocidad de expansión de los bordes. Y después, cuando trato de relacionar esa frecuencia del disparo con el comportamiento del animal, me encuentro con una correspondencia entre el incremento de frecuencia y la aceleración.

–Eso tiene una explicación evolutiva perfecta.

–Claro. Es una respuesta esencial, inherente a todos los animales. No necesita ni siquiera ser aprendida.

–Y, por ejemplo, tienen distancias a las que reaccionan de acuerdo a la especie. Una paloma tarda más en escaparse que un gorrión.

–Pero eso sí es modificable por educación. Es un proceso que se conoce como habituación. Por ejemplo, en parques nacionales donde además del interés biológico prima el interés turístico, se habitúa a los animales a no escaparse ante el hombre. Durante muchísimos años estudiamos que el fenómeno de la memoria tiene que ver con esta modificación en la reacción de escape ante un fenómeno que era potencialmente peligroso pero que, al final, no traía consecuencias. Para esta línea, que es el tema que ocupa a todo el laboratorio, descubrimos que las neuronas que disparaban frente al peligro, cuando se dan cuenta de que no pasa nada, dejan de disparar.

–¿Y cómo saben que tienen que disparar menos potenciales?

–Hay muchas maneras por las cuales una neurona puede aumentar o disminuir su excitabilidad, desde cambios en los canales que tienen las membranas hasta fenómenos de mayor duración, que hacen que se modifiquen los contactos de una neurona con la siguiente.

Por Leonardo Moledo
 

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Washington, 7 de agosto. Los virus comunes que causan los resfríos y la gripe dejan una firma distintiva en la sangre y un grupo de expertos estadunidenses informó que halló una forma de inmovilizarlos.

Los investigadores esperan desarrollar una prueba que le diga al médico rápidamente si un paciente tiene un resfrío común, influenza o alguna otra infección, lo que los ayudaría a guiar el tratamiento.

“Este trabajo aún está en una fase relativamente inicial de descubrimiento, pero somos optimistas de que estos hallazgos conducirían a una manera completamente nueva de diagnosticar las enfermedades infecciosas”, expresó en un comunicado el doctor Geoffrey Ginsburg, de la Universidad Duke, y quien dirigió el estudio.

La mayoría de las infecciones respiratorias tienen síntomas similares: tos, estornudos, fiebre, dolor de cabeza y fatiga. Y no existen pruebas rápidas y buenas para su clasificación.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) publicaron el jueves un informe en el que señalan que las pruebas rápidas de la gripe pasan por alto casi la mitad de las infecciones por influenza.

Expertos en salud consideran que alrededor de la mitad de las veces el paciente con enfermedad respiratoria nunca sabe qué tuvo. A veces también es complicado predecir quién enfermará gravemente.

“Hasta que los resultados están disponibles, el tratamiento tiene bastante de adivinanza. Saber exactamente qué patógeno está involucrado es importante, porque afecta la urgencia de respuesta y el tipo de tratamiento” requerido, indicó Ginsburg.

En un artículo publicado en la revista Cell Host & Microbe, Ginsburg y sus colegas señalaron que reclutaron a 57 voluntarios sanos que aceptaron que se les inyectara virus del resfrío, llamado rinovirus; el virus respiratorio sincicial o una cepa del de la influenza estacional.
Hacia una terapia más precisa

Los investigadores evaluaron la sangre de cada voluntario, esperaron a ver quiénes enfermaban y siguieron evaluando la sangre. Alrededor de la mitad de los pacientes de cada grupo enfermó.

El equipo encontró un patrón de 30 genes que se activaron sólo en los pacientes que desarrollaron síntomas.

Los expertos también observaron estudios de personas con infecciones bacterianas comunes, como la neumonía por estreptococo, y comparó los genes activos en esos pacientes con los de los infectados con virus. El equipo indicó que la prueba podría detectar la diferencia.

El mayor valor está, según los científicos, en que ayudaría a los médicos a saber quién tiene neumonía viral y quién bacteriana. Esto es central, porque no tiene sentido tratar infecciones virales con antibióticos.

“Esto podría implicar un uso más adecuado de los antibióticos. Su uso excesivo puede llevar a la aparición de patógenos resistentes a los fármacos”, señaló en un comunicado Christopher Woods, de Universidad Duke.

“Este enfoque puede conducir a una terapia más precisa, informada y personalizada para las enfermedades infecciosas”, añadió Ginsburg.

El trabajo está en sus etapas iniciales y se requiere más investigación, destacó el autor.

Los investigadores aclararon que los voluntarios con influenza fueron tratados con el antiviral tamiflu, de Roche AG, que ayuda a disminuir los síntomas.

Reuters
 

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Miércoles, 05 Agosto 2009 06:11

Finalmente, aparece el doctor Kroto

Después de su horrible fracaso, el jinete pulula entre los 23 premios Nobel y los 600 jóvenes investigadores que se han concentrado en Lindau para hablar, discutir, escuchar conferencias de los grandes “Nobles” de la Academia de hoy. Pero al jinete no le interesan las conferencias, ni los investigadores, ni siquiera los premios Nobel. Al jinete lo acosa una única duda científica, una sola pulsión: ¿dónde está el doctor Harold Kroto, Premio Nobel de Química 1996, por su descubrimiento de los compuestos de carbono llamados fullerenos? Se sienta en un banco situado en el paseo que bordea el lago Constanza, a rumiar su desgracia. Frente a él, un pequeño embarcadero donde se menean algunos barquitos de vela que le recuerdan prodigiosa e irrespetuosamente al Tigre.

Y de repente... Dos camarógrafos toman posición frente a él..., iluminan, prueban, y al segundo un Premio Nobel elegante se sitúa frente a ellos. ¿Pero acaso no se trata del doctor Kroto? ¡Por supuesto! ¡Claro que es el doctor Kroto¡ El jinete derriba a los camarógrafos, que caen al suelo desangrándose, destruye los micrófonos y las cámaras y arroja los restos al lago, acorrala al doctor Kroto contra la pared y le empieza a preguntar. Sin preámbulos. Y el doctor Kroto, atemorizado a pesar de ser un Premio Nobel, contesta.

–Hay mucha gente que cree que la ciencia va a salvar a la sociedad, y hay mucha gente que le tiene miedo a la ciencia y piensa que nos va a llevar a la debacle. ¿Qué cree usted?

–Bueno, es un gran problema. Creo que nadie puede negar que la expectativa de vida ha aumentado muchísimo, que la tecnología ha ayudado a hacer mejores las vidas de las personas (a través de inventos como, por ejemplo, la penicilina). El gran problema es que la tecnología actualmente es extraordinariamente poderosa y está en manos de personas que podrían destruir a la humanidad. No sé la respuesta a su pregunta, no sé si la ciencia es en sí misma buena o mala. Creo que tenemos un problema.

–Hábleme, siga hablando...

–En el pasado (tal como ahora) había entre un 1 y un 5 por ciento de la gente que tenía serios disturbios mentales. Pero la diferencia es que, cuando mataban gente, debían hacerlo de a uno por vez. El asunto es que ahora, con la tecnología nuclear, uno puede destruir una ciudad entera. Está el caso de Hiroshima, de Dresde. El problema es, entonces, que seguimos contando con ese 5 por ciento de gente con serios disturbios mentales, pero ahora tienen en sus manos armas incomparablemente más poderosas y sacan provecho de eso. No hay más que mirar al Medio Oriente para darse cuenta de eso. Hay muchos niveles en los que se utiliza la tecnología para ejercer la violencia. Y siendo tan poderosa, corremos el riesgo de destruirnos a nosotros mismos. Yo no sé si podemos determinar si la ciencia y la tecnología son en sí mismas beneficiosas o perjudiciales. Por un lado, se ha aumentado notablemente la esperanza de vida, se ha disminuido la mortalidad infantil (en el siglo XVIII morían millones de chicos antes de los 8 años). Eso es un avance claro para el bienestar de la humanidad.

–Bueno, uno podría pensar en Troya, o Cartago, y la cantidad de muertes producidas allí también es pavorosa.

–Sí, pero es diferente. Porque, como le decía, tenían que matar de a uno por vez. No existía una bomba que uno tiraba y destruía todo en un segundo. Aunque se terminó destruyendo la ciudad, demoraron más de diez años. Hoy en día, 25 personas pueden matar tranquilamente a 5000 personas. Pienso en el caso del World Trade Center. Y ni hablar de las armas nucleares. Eso es algo que en la Antigüedad no pasaba, cuando no existía la tecnología moderna. Lo increíblemente estúpido es que sigamos creando los medios para que este 5 por ciento de lunáticos destruya a la humanidad de a poco. Eso es, ciertamente, un gran inconveniente.

–¿Y qué cree que va a pasar?

–Bueno, esa no es mi especialidad, y no soy demasiado bueno prediciendo cosas. No soy más inteligente que usted.

–Gracias.

–Lo que sí puede ser es que tenga un poco más de conocimiento técnico y, por lo tanto, conozca mejor los riesgos de las armas nucleares. Es terriblemente peligroso que estas tecnologías estén en manos de personas que no se caracterizan en absoluto por ser cuidadosas. El problema es que ahora estamos siendo llevados a la aplicación de tecnologías en una escala muy grande, pero no sabemos a dónde nos va a llevar esa aplicación. El ejemplo es el DDT, el arma más efectiva y poderosa contra la malaria que tenemos, que terminó provocando muchas muertes. ¿Qué pasará? Creo que es posible que de acá a 40 años naciones lunáticas (entre las que se incluyen los Estados Unidos y Gran Bretaña) continúen creando armas nucleares, que seguirán estando en manos de grupos de gente muy pequeños que seguirán utilizándolas de manera muy destructiva.

–¿Y qué piensa que deben hacer los científicos?

–Bueno, son muchos los científicos que trabajan duro para lograr que los países decomisen sus armas nucleares. Pero los países no se hacen demasiado eco de eso. Hasta que las naciones nucleares como Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos no se deshagan de sus armas nucleares, no creo que Corea o Irán se deshagan de las suyas. Pero eso no está del todo claro. ¿Por qué habría de desprenderse de sus armas Irán si EE.UU. y Gran Bretaña no lo hacen? Estos son temas socio-políticos y socio-económicos en los que yo no soy especialista.

–¿Y qué significa para usted la ciencia?

–Creo que tiene por lo menos tres aspectos.

–A ver...

–Uno es el conocimiento causal: sabemos, por ejemplo, algunos aspectos de cómo funciona el universo. El segundo es la aplicación tecnológica: ese conocimiento que adquirimos lo podemos utilizar para cosas útiles, como motores eléctricos, o automóviles. Y el tercero, el más importante, es el método que usamos para analizar la evidencia. Para mí es el único método válido de arribar a conclusiones sobre las bases de la evidencia. Creo que si no se hace eso, si no se utiliza el método científico, se recae necesariamente en errores. No quiero decir que el método científico sea infalible: también se pueden cometer errores utilizando este método. Pero si se observa bien la evidencia y se aprende a analizarla correctamente, y luego se aprende a ponerla a prueba y a ver si lo que se descubrió se corresponde con la realidad, entonces la posibilidad de error se minimiza. Para mí es una actitud que sirve para resolver cualquier problema: basarse en la evidencia, y no en lo que a uno le gustaría que fuera.

–¿La ciencia aprehende la verdad?

–Sin duda. Uno trata de conocer las cosas tal cual son, basándose en la evidencia (que es lo central). Cuando no se tiene evidencia, cualquier cosa vale y así emergen todas las visiones estúpidas de la raza humana, y uno tiene todas las religiones. Eso no significa que sean útiles o no. Pueden ser verdaderas. Pero no hay ninguna evidencia que las sostenga.

–Pero la pregunta es... la ciencia, ¿solamente construye modelos que más o menos encajan con la realidad? ¿O encuentra la verdad en un sentido más bien filosófico?

–Bueno, yo diría que no hay una verdad indiscutible, independiente de toda filosofía. Los experimentos siempre tienen razón. Uno no tiene una teoría que explica algo y luego a partir de esa teoría interpreta la realidad de tal manera que cuando algo coincida con la teoría uno sienta que está encaminado a comprender la realidad. Si hablamos, por ejemplo, de las verdades que hay en la cabeza de la gente, cada uno tiene su propia verdad particular. Se puede sentir que algo es verdad, aunque no lo sea, y de ahí que haya budistas, y católicos, y judíos, todos con sus verdades parciales. Eso no tendría por qué enfrentarlos.

–Mmmm...

–Yo lo pienso como científico: si yo descubro y publico que tal y tal cosa pasan y viene otro científico y dice que eso es mentira, no me voy a pelear con él.

–¿En serio?

–Vamos a contrastar nuestros resultados y vamos a llegar a alguna conclusión en conjunto. Esa es la causa por la que la ciencia es diferente de todo el resto de las cosas. Eso ocurre porque la ciencia es independiente de las creencias de la gente. La ciencia depende de la manera en que la ciencia es. Una teoría puede no ser lo suficientemente sofisticada, o nuestros experimentos pueden no ser lo suficientemente agudos como para determinar una verdad, pero todo eso es perfectible: las teorías se pueden refundar y refinar. Las teorías nos pueden servir para movernos hacia adelante, hasta encontrar un obstáculo que nos impide movernos y entonces tenemos que refinarlas. De todos modos, toda teoría es una buena aproximación a una teoría más precisa. Esos son aspectos de lo que la ciencia es. Pero al fin de cuentas, la ciencia es un método de análisis o de estudio de problemas que van más allá de las aplicaciones que se puedan hacer. Es una manera de enfrentarse al mundo y de mirarlo y de cuestionarlo y de acercarse a la verdad universal, que, por definición, tiene que ser completamente independiente de los hombres particulares. Con las teorías podemos aproximarnos muy bien a esa verdad, aunque tal vez no se pueda aprehender en su totalidad. Pero dígame (señalando a los camarógrafos que se desangran en el suelo)... ¿no habría que ayudar a estos hombres?

El jinete ni le contesta y se marcha satisfecho. El reguero de sangre cruza el asfalto del paseo, y se derrama en el lago, justo en el medio del embarcadero, tan prodigioso e impertinentemente parecido al Tigre.

Por Leonardo Moledo
Desde Lindau

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Miércoles, 29 Julio 2009 06:46

En búsqueda del Doctor Kroto

Y entre tantos científicos de elite, buscando al Dr. Kroto, que acababa de pronunciar una conferencia sobre “ciencia y sociedad”, uno de los temas de su predilección. Hasta que lo ve, de espaldas, charlando con alguna periodista de Indonesia, España o Uruguay, vaya uno a saber. Quieto, así, ya cerca de su presa, espera que la periodista en cuestión se levante, y entonces se abalanza con la furia del cazador sobre su víctima.

–¿Usted es el Doctor Kroto?

–No. Ojalá fuera el Dr.Kroto.

–(Desilusionado) Y entonces usted es...

–El Doctor Ernst...

–(Tratando de que su tristeza no se refleje).... Bueno, no importa, un Premio Nobel u otro... ¿Y por qué le gustaría ser el Dr. Kroto?

–El parece ser muy equilibrado, muy feliz, ama lo que hace, es muy entusiasta. Lo admiro por esas cosas: hace muy buenos chistes y discursos. No es solamente un científico aburrido: es un científico extraordinario pero es, al mismo tiempo, una persona encantadora.

–¿Y usted no?

–Bueno, yo trato de serlo... al final de esta charla, usted lo sabrá.

–Ahora espéreme un momento, porque tengo que contar por qué recibió usted el Premio Nobel.... no lo puse al principio porque, bueno usted sabe, yo creía que se trataba del Dr. Kroto.

–Bueno, adelante.

El Dr. recibió el Premio Nobel de Química por sus contribuciones al desarrollo de la resonancia magnética nuclear de alta resolución.

–Ahora sí. Dígame qué es “passion science” y qué es “beyond science”, que fue el tema de su conferencia.

–La ciencia es la ciencia y, como tal, es muy abstracta. Por eso puede parecer una cosa remota y alejada de nuestros sentimientos. Si bien el objetivo de la ciencia es la naturaleza, descubrir las leyes de la naturaleza, entender los fundamentos de nuestras observaciones en la naturaleza, algunas veces parece muy lejos de lo que sentimos, de lo que experimentamos, de lo que disfrutamos. Todo esto es lo que queda más allá de la ciencia.

–Pero la ciencia tiene mucho que ver con eso. Es como un arte, en un sentido.

–Sí, en un sentido. Pero también está el arte propiamente dicho. La ciencia y el arte tienen mucho en común, pero no se reemplazan el uno a la otra.

–No. Pero cuando uno elige una teoría, no se la elige solamente porque es simple, o porque es abarcativa, sino también porque es la más hermosa.

–La simetría, por ejemplo. Se ha buscado muchísimo la simetría, históricamente. Pero resulta que, después de todo, la simetría es aburrida. Lo que resulta interesante ahora es quebrar esas simetrías.

–Pero si tuviera un fenómeno que fuera simétrico y de repente esta simetría se rompiera, se parecería bastante a la ruptura entre el barroco y el renacimiento.

–Sí. El barroco operaba mucho con las simetrías y las simetrías rotas. Pero antes de poder romper una simetría, es necesario tenerla. Es un prerrequisito. Es una acción que, después de todo, es divertida.

–¿Qué diría usted del estilo artístico de la ciencia moderna? ¿Es una ciencia renacentista? ¿Es barroca? ¿Es manierista? Por ejemplo, la teoría de supercuerdas es una teoría manierista. Pero la teoría de la relatividad... ¿es clásica? ¿Es barroca? Yo creo que la ciencia clásica ha dejado su lugar a una ciencia barroca. ¿Qué piensa usted?

–Yo no podría decir eso, no podría decir que la ciencia es una o la otra. Creo que es todas al mismo tiempo o que, al menos, puede ser todas al mismo tiempo. Puede ser un poco más barroca, un poco más renacentista, pero todas conviven. Es un tema de interpretación de la ciencia, pero la ciencia en sí misma es abstracta. Y lo que se debe hacer es experimentarla, traerla a la vida, interpretarla, lograr que las asociaciones que se hacen sean significativas.

–¿Y los objetos teóricos de la ciencia (los electrones, las ondas de Schrödinger, los quarks), existen o son simplemente modelos?

–En ciencia, son todos modelos. No lidiamos con la naturaleza, sino con modelos de la naturaleza. Y todas las teorías están relacionadas como modelos. Todo lo que podemos hacer es crear modelos de la naturaleza e intentar ver si esos modelos contradicen a la naturaleza o si coinciden con ella. Pero la coincidencia final nunca se logra: siempre los modelos están sujetos a cambios, a perfeccionamientos.

–Pero más allá de los modelos, uno puede creer (creer) que esos metaobjetos con los que trabaja la ciencia existen en la realidad.

–Sí. Nuestros deseos son, indudablemente, explorar la naturaleza y descubrir cosas. Pero es una meta a la que nunca se arriba finalmente.

–Y las leyes naturales... ¿Existen objetivamente?

–Bueno, yo creo que sí. Pero, lamentablemente, no puedo probarlo.

–¿Y qué pasa con la gente que dice que las leyes naturales son el deseo de un dios?

–Yo no usaría ese término. Quiero decir: interpretar las leyes naturales de esta manera no es lo más acertado. En realidad, si quisiéramos, podríamos pensar en una fuerza sobrenatural que lo determina todo. Pero eso no pasará de ser una opinión personal.

–¿Usted es religioso?

–No. Pero estoy muy interesado en la religión. No es fácil decir en realidad si uno es o no religioso. No se puede contestar tan rápidamente si uno cree o no en un dios.

–¿Por qué? Muchos científicos, como Newton o Leibniz, creían que había entes supernaturales que hacían funcionar toda la maquinaria...

–No estoy seguro de que ellos realmente creyeran eso que decían que creían. Más bien creo que era la manera de justificar sus teorías frente a sus compatriotas.

–Pero Newton era a la vez un teólogo. Y escribió muchísimo sobre teología.

–Sí, pero no todos los teólogos creen en lo que hacen. Saben que lo que dicen es mentira, pero juegan su juego.

–Y Copérnico era un hombre de la Iglesia.

–Sí. Y además era un pensador terriblemente crítico.

–¿Y qué relación cree que hay entre ciencia y sociedad?

–Los científicos son servidores de la sociedad.

–Mmmmm... ¿Y cree usted que los científicos se relacionan con la sociedad como deberían hacerlo, hablan con la gente como deberían hacerlo?

–Tendrían que...

–Está bien, tendrían que... pero, ¿lo hacen?

–No. En realidad, sí lo hacen, pero no eficientemente. Hay contactos, pero esos contactos no son efectivos. Yo siempre promuevo este tipo de interacciones. Por ejemplo, hace tres años se organizó un evento en Zürich, en mi universidad, para que los científicos, los profesores, salieran a la calle e interactuaran con la gente. Al principio fueron un poco escépticos, pero después se entusiasmaron mucho. Creo que este tipo de encuentros entre la comunidad científica y el público en general son fundamentales para que los científicos conozcan los deseos e inquietudes de la gente y que puedan orientar sus propias investigaciones para resolver los problemas que a la gente le preocupan.

–¿No cree usted que, muchas veces, cuando los científicos hablan con el público en general están, de alguna manera, dando un sermón? “Yo sé, ustedes no saben y ésta es la verdad.”

–Sí, de algún modo eso pasa y está mal que pase. No debería ser así, sino que el encuentro debería darse como un intercambio de ideas entre los científicos y el público en general. Debería ser algo mutuo y darse en términos equitativos. Yo siempre hablo en contra de las clases magistrales: no me gusta para nada ese tipo de clases. Creo que es mucho más importante que los alumnos colaboren, que hablen, que hagan sus propias experiencias en el laboratorio.

–Pero yo creo que ni siquiera es en el laboratorio donde se aprende. Creo que la ciencia es lo que emerge de una charla con un colega, en un café...

–Claro. Si uno está solo, no aprende nada.

–¿Y cómo es ser un Premio Nobel? Normalmente empiezo con esta pregunta, pero bueno, aquí salió de otra manera...

–En primer lugar, uno tiene una voz para expresarse y eso, por supuesto, causa responsabilidad. Hay que pensar mucho lo que uno dice, porque es público. Y tomar responsabilidades públicas es una parte importante de ser un Premio Nobel.

–O sea que los ganadores del Nobel tienen una responsabilidad especial dentro de la comunidad científica.

–Sí, claro. No se puede continuar como antes. Hay que justificar el haber obtenido ese premio.

–¿Pensó en algún momento que ganaría el Premio Nobel?

–No. La verdad que no. Tal vez en mis sueños. Sabía que no me lo merecía.

–¿Piensa ahora que no se lo merece?

–En un sentido, sí. Muchas veces me pregunto: “¿Soy realmente un Nobel o solamente estoy soñándolo?”.

–Tal vez lo esté soñando, pero espero que no.... Porque si efectivamente está soñando (y en una de esas yo también), ¿qué hago con esta entrevista?

Por Leonardo Moledo
Desde Lindau

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Lunes, 27 Julio 2009 06:14

El abogado del Diablo

La Pontificia Academia de Ciencias organizó entre el 15 y el 19 de mayo, en el Vaticano, la semana de estudio Plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo. Restricciones a la introducción de la biotecnología para mitigar la pobreza. Un largo número de expertos, aunque con muy corta pluralidad en sus posiciones, se sumergieron –a puerta cerrada– en el apasionante mundo de los transgénicos para presentar argumentos que permitan a la Iglesia católica adoptar un posicionamiento frente a tan polémico asunto.

La posición de salida se adivinaba desde la introducción del documento de presentación oficial, cuando dice: “La oposición a la biotecnología agrícola generalmente es ideológica. El enorme potencial de la biotecnología vegetal para producir alimentos en mayor cantidad y de elevado valor nutricional para los pobres se perderá si la regulación de los OGM no remplaza el principio precautorio por principios científicos”.

O más adelante, cuando se afirma que “… necesitamos equiparnos con argumentos acerca de por qué la seguridad alimentaria de los pobres necesita tener acceso eficiente a la tecnología transgénica y que la extrema regulación precautoria es injustificada; argumentos para mostrar las consecuencias sociales y económicas de la excesiva regulación y para conocer cómo cambiar la regulación basada en la ideología por la regulación basada en la ciencia”.

Los pobres analizados como simples ratoncitos de laboratorio. Pobres ratoncitos pobres que movidos por creencias e ideologías (y eso lo dice una institución bajo la protección directa del Vaticano) se encadenan a los principios de la precaución. Los pobres ratoncitos pobres que no se dejan salvar y engordar por la sabiduría científica, que ahora parece contar con la infalibilidad de la curia para garantizar su inocuidad.

Pues sí, la oposición a los alimentos transgénicos es ideológica, por supuesto. Desde una ideología que no se quiere genuflexionar frente al todopoderoso dios transgénico, en el nombre de Cargill, de Syngenta y del (Espíritu) Monsanto. Que vive temerosa de las plagas bíblicas que profetizaron la plaga del Ángel exterminador que ya llegó sobrevolando y fumigando venenos sobre las comunidades campesinas pecadoras por vivir junto a campos transgénicos. Muerte y enfermedades que caen del cielo en forma de nube densa de plaguicida. Amén.
Desde una ideología que rechaza la extremaunción del medio ambiente y de la población campesina. Sabemos que sin campesinado no hay un medio ambiente vivo y viceversa. Aunque en los textos de la organización del acto se lea: “Los científicos del sector público tienen la responsabilidad de explicar a la sociedad (las ventajas de la biotecnología vegetal) y que el rechazo a la tecnología de los OGM limitará los esfuerzos para aliviar la pobreza y el hambre para salvar la biodiversidad y proteger el ambiente”.

Idénticas tesis a otros documentos científicos. “Y los bendijo, diciéndoles: sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la Tierra”. Libro del Génesis.

Los señores investigadores debieron buscar en su cónclave pruebas para excomulgar, por ejemplo, al gobierno alemán, cargadito de activistas antitransgénicos, hippies, ateos y seguro que además obsesionados defensores del condón, por su “excesiva regulación precautoria” (oxímoron neoliberal donde los haya) que hace que se equivoquen cuando acaban de prohibir el cultivo del maíz modificado genéticamente en su país por sus riesgos asociados. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Señoras, señores, se ha iniciado el proceso de canonización de los alimentos transgénicos. Presenten sus pruebas y sus milagros.

Por, Gustavo Duch Guillot, Veterinarios Sin Fronteras

 

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El Gran Telescopio Canarias (GTC), el más grande del mundo, con un espejo circular de 10.4 metros de diámetro y una visión equivalente a la reunión conjunta de 4 millones de pupilas humanas, fue inaugurado ayer, con lo que se oficializó su funcionamiento para la exploración del universo.

Durante el acto, que se pudo seguir en tiempo real en México, la comunidad científica consideró que el inicio de sus trabajos representan “el primer paso para develar muchos de los enigmas del cosmos”.

Se trata de una enorme estructura del tamaño de una catedral con una especie de ojo gigantesco y un peso de más de 500 toneladas, capacidad para ver astros y constelaciones a grandes distancias de años luz. Es un telescopio óptico infrarrojo ubicado en el observatorio El Roque de los Muchachos, a 2 mil metros de altitud en la isla de Las Palmas, en el archipiélago de las Canarias, España, y que costó 104 millones de euros.

El GTC es un proyecto multinacional en el que participaron, por España, la Administración General del Estado Español; por México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica del Conacyt; la Universidad de Florida, por Estados Unidos, y los Fondos de Desarrollo Regional de la Comunidad Europea.

La inauguración de este aparato científico-tecnológico, único en el mundo por su alcance e innovación, fue encabezada por los reyes de España –país que aportó 90 por ciento de los recursos para su construcción.

Práctica ancestral

Durante el acto, el rector de la UNAM, José Narro Robles, destacó la importancia del impulso a la investigación científica, la cual “permite abrir la mente, buscar nuevos horizontes y luchar contra la ignorancia”.


Agregó que entre las razones por las que la máxima casa de estudios respaldó este proyecto es porque la astronomía forma parte de la cultura de México: “Tenemos sangre de ancestros que la cultivaban con enorme aplicación. Somos descendientes de observadores del cielo acuciosos y metódicos. La astronomía forma parte importante de nuestra historia y de una auténtica aventura humana. Pero también puedo argumentar que, junto a esa historia multicentenaria, la astronomía que hoy se practica en México es de categoría internacional. Los investigadores que la ejercen tienen un sitio en la ciencia mundial”.

Aprovechando su visita a tierras ibéricas, Narro se refirió a la reciente distinción a la UNAM con el Premio Príncipe de Asturias, al señalar que la institución es un orgullo para México.
“Su significado en la investigación está fuera de toda discusión y su papel en las humanidades es de gran relevancia.”

Acto mundial

Más de 500 prestigiosos astrónomos de todo el mundo viajaron hasta la localidad canaria para atestiguar la inauguración de una obra que aspira a revolucionar los conocimientos astronómicos y a ahondar en las teorías del origen del mundo y la composición de la galaxia.
La construcción del GTC comenzó en el año 2000, con el propósito de profundizar en la investigación astronómica a escala mundial.

Por su parte, Francisco Sánchez, director del Instituto de Astrofísica de Canarias, afirmó que a partir de ahora “nuestros expertos podrán codearse con los mejores del mundo, para hacer ciencia de primera con un telescopio propio, que es ahora el mayor y el más avanzado del mundo”.

El GTC cuenta con un espejo primario compuesto de 36 segmentos vitrocerámicos hexagonales de 1.9 metros de diagonal cada uno, que al acoplarse forman una superficie equivalente a la de un único espejo circular de 10.4 metros de diámetro, lo que le permitirá captar la luz para formar imágenes directas –que detecta el ojo humano– y espectroscópicas –mediante espectrógafos que seleccionan parte de la imagen para separarla en diferentes longitudes de onda.

El 13 de julio de 2007, el GTC captó por primera vez luz proveniente del espacio, y hace no más de tres semanas se dieron a conocer las primeras imágenes de la galaxia M51 –con la participación de la UNAM–, localizada a 23 millones de años luz de la Tierra.
Asimismo, científicos de todo el mundo han usado las instalaciones del GTC para determinar el proceso de formación de las estrellas, localizar objetos ricos en metal dentro de la constelación de la Osa Mayor, entre otras observaciones.

La UNAM y otras instituciones mexicanas participaron en la construcción de varias partes del GTC, como la cámara de verificación, que calcula la posición y la alineación de los 36 segmentos que conforman el espejo de 10.4 metros, y el espectógrafo Osiris, gracias al cual se pudo captar la galaxia M15.

Información proporcionada por la UNAM señala que Osiris es un artefacto tan potente que para captar a detalle dicha galaxia se necesitó una exposición de dos minutos, mientras para un telescopio de metro y medio de diámetro se hubieran requerido casi cuatro horas.
Además de ese espectógrafo, a partir del próximo año también se instalarán una serie de instrumentos de vanguardia que permitirán observar objetos cósmicos hasta hace poco invisibles. Como la cámara infrarroja llamada CanariCam, que hará que una sola noche de observación equivalga a 40 en un observatorio de seis metros; el aparato es construido por la Universidad de Florida y estará listo en la primavera de 2010.

También se adaptará un aparato llamado Emir, que permitirá estudiar la formación de estrellas. Se trata de un espectógrafo multiobjeto diseñado por el Instituto de Astrofísica de Canarias. Además, los científicos mexicanos, en coordinación con especialistas de España y Estados Unidos, trabajan en la construcción de la cámara infrarroja llamada Frida, que permitirá realizar observaciones espectroscópicas en tres dimensiones y arrojará un retrato del cosmos como nunca antes se había visto. Este proyecto es liderado el Instituto de Astronomía de la UNAM y lleva ese nombre en honor a la pintora mexicana Frida Kahlo.
La UNAM, como institución copatrocinadora, tendrá derecho a usar cinco por ciento del tiempo anual del GTC.

Por, Armando G. Tejeda. Corresponsal
Con información de Emir Olivares
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Madrid, 23 de julio. Este viernes inaugurarán el Gran Telescopio Canarias (GTC), “el mayor y más avanzado equipo óptico-infrarrojo del mundo”, en el que colabora la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuyo rector José Narro Robles estará en el acto, que encabezarán los reyes España.

“La década que viene es toda para el GTC”, hasta que le suceda la próxima generación de telescopios, con espejos de entre 30 y 40 metros de diámetro, explicó Pedro Álvarez, director del GTC.

El Gran Telescopio es “la mayor máquina del tiempo del planeta”, y su poder de visión equivale a “4 millones de pupilas humanas”, según su promotor, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

La novedad está en que el telescopio, situado en la pequeña isla de La Palma, en el archipiélago de Canarias (frente a la costa sur occidental de Marruecos), está dotado de un espejo circular de 10.4 metros de diámetro y con la mayor superficie colectora de luz: 81.9 metros cuadrados.

Esto lo convierte en el mayor de los grandes telescopios del mundo, por arriba de los Keck estadunidenses instalados en Hawai, de 10 metros, los cuatro Very Large Telescope (VLT) europeos en Chile y los Géminis de este país y Hawai, entre otros.

Además del diámetro del espejo, segmentado en 36 piezas hexagonales y de 17 toneladas, el GTC cuenta con “los mejores instrumentos de nueva generación” capaces de captar, siempre por la noche, “lo que el ojo humano no puede ver” a través de las radiaciones térmicas de los cuerpos, según el IAC.

Analizar la estructura del cosmos, el reto

Su reto es analizar la estructura del cosmos a gran escala, lo que incluye buscar planetas fuera del sistema solar, explorar galaxias, agujeros negros, la materia oscura, supernovas y el universo, el nacimiento de nuevas estrellas, posibles planetas en los que podría haber vida o calcular la edad de las estrellas enanas solitarias.

En fin, “descubrir cosas que no se han descubierto hasta ahora”, según Álvarez.

El proyecto, concebido a finales de los años 80, se considera de “gran ciencia” debido a su alto presupuesto, explicó José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del Gran Telescopio.

El equipo costó 104 millones de euros, de los cuales 90 por ciento fue aportado por el Estado español (que contó con fondos europeos) y 10 por ciento por México y la Universidad de Florida (Estados Unidos).

Unas 100 empresas han participado en la construcción del GTC, donde trabajan 15 astrónomos, en su mayoría españoles, y otras 50 personas contando a los ingenieros.

Aunque el GTC no trabaja en su totalidad, empezó a operar en marzo con uno de sus instrumentos ópticos, Osiris, que puede observar “objetos violentos” (que pueden ser vistos por el ojo humano) como supernovas, estrellas de neutrones o galaxias.

A finales de año se pondrá en marcha CanariCam, una “cámara en la vanguardia de la tecnología infrarroja”, construida en Florida, que observará objetos “fríos” del espacio, es decir, que el ojo humano no puede ver, como estrellas en formación, galaxias muy lejanas, zonas de formación estelar y planetas extrasolares.

A finales de 2010 se estrenará Emir, único en el mundo, que sumará las capacidades de Osiris y CanariCam.

También para ese año se instalará Frida, instrumento que se fabrica en México que permitirá observar el espacio eludiendo las turbulencias atmosféricas.

Los socios mexicanos del GTC son la UNAM y su Instituto de Astronomía, cuyo director, José Franco, también estará en la ceremonia de inauguración.

Estas instituciones han participado, al igual que la Universidad de Florida, Estados Unidos, en la misma proporción, con el 5 por ciento de los gastos y en la construcción de varias piezas del GTC.

A cambio, México podrá disponer del 5 por ciento del tiempo de observación anual, según el IAC.

La colaboración entre ambos países, que se inició con la firma de varios acuerdos en 2001, se extiende además a la creación de varios de los instrumentos con que estará dotado el telescopio.

El Instituto de Astronomía de la UNAM y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) trabajan en la construcción de Frida, en homenaje a la pintora Frida Kahlo, y que se servirá de la novedosa óptica “adaptativa” para observar el cosmos sin que le molesten las turbulencias atmosféricas”.

Pedro Álvarez dijo: “México aporta su experiencia y conocimiento en la fabricación de elementos ópticos”.

La colaboración con la comunidad científica mexicana, que “ya existía de tiempo atrás”, incluye el telescopio milimétrico que México construye, precisó.

Los astrónomos españoles podrán utilizar este radiotelescopio, “el mayor del mundo en su rango de frecuencia”, con “una antena de 50 metros de diámetro” que tiene una sensibilidad que permite “observar desde México regiones del universo oscurecidas por el polvo interestelar”, según el IAC.

Pero estos son sólo los primeros, ya que “cada tres o cuatro años hay que instalar un instrumento nuevo”, según Álvarez.

“El GTC sería capaz de detectar los focos por separado de un coche que circule por Australia o un plato de lentejas en la Luna nueva”, según el IAC.

En sus primeros meses de operación ha medido un brote de rayos gamma, ha detectado una mancha muy fría en el fondo cósmico de microonda y ha observado supernovas muy distantes que sirven para medir la expansión del universo, además de las enanas marrones.

Afp
 

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Mérida, 14 de julio. La ciencia es fundamental para todos los países y debe tener un beneficio en su economía, pero sin el apoyo para el desarrollo de la ciencia básica será imposible alcanzar las aplicaciones del conocimiento, aseguró Joseph H. Taylor, premio Nobel de Física 1993.

El científico estadunidense consideró que el mundo debe basarse en el conocimiento científico para progresar: “las ciencias son en gran medida una empresa internacional”. Subrayó que no es necesario que México, al igual que muchas otras naciones, cubra todas las áreas científicas, sino que debe concentrarse en puntos particulares que a largo plazo tengan impacto en el desarrollo de la economía.

En entrevista en el contexto de la 40 Olimpiada Internacional de Física, que se celebra en esta ciudad, el Nobel dijo que los científicos deben tomarse un tiempo “para hacer comprensibles sus investigaciones y se entienda por qué es importante estudiar las leyes de la naturaleza y obtener conocimientos que posiblemente no tengan aplicación práctica el día de hoy, inclusive en años, pero que con el tiempo se volverán importantes”.

Aseveró que es verdad que el conocimiento básico no brinda resultados aplicables inmediatos, pero es un hecho que esas investigaciones en todas las áreas, en particular en la física, han generado el desarrollo de instrumentos tecnológicos que hoy son comunes y prácticos para la sociedad.

Las leyes del electromagnetismo, un ejemplo

Un ejemplo, explicó, es el descubrimiento de las leyes del electromagnetismo, hace casi 200 años, que actualmente son la base para la construcción de sistemas de motores eléctricos, radios, televisores y grabadoras, entre otros.

“Todos estos adelantos existen hoy día porque entendemos esas leyes, lo que no hubiera sido posible sin haber realizado antes estudios fundamentales. La mayor parte de los científicos que hacen este trabajo se interesan más en responder las preguntas que en realizar aplicaciones; éstas vienen inmediatamente después (de las respuestas).”

Joseph H. Taylor, quien obtuvo el Premio Nobel en Física junto con su alumno Joel Weinsberg gracias al descubrimiento de un nuevo tipo de pulsares que demuestran parte de la teoría de la relatividad de Albert Einsten, y que abrió nuevas perspectivas y posibilidades en el estudio de la gravitación, expresó que “parte de la emoción de ser científico es descubrir algo totalmente nuevo, algo que nadie sabía”.

Manifestó que sus investigaciones aún no le han brindado utilidades económicas, pero confió en que ese conocimiento será importante en el futuro. “A veces uno hace descubrimientos fundamentales para la ciencia, pero no para la vida cotidiana (a corto plazo); sin embargo, lo importante es el incremento de los conocimientos.”
Taylor, quien interactúa de cerca con los 400 jóvenes participantes en esa justa internacional, consideró que para que México pueda aumentar su capacidad científica es necesario que se incremente la cobertura y calidad de la educación media superior y superior, además de que los profesores de esos niveles cuenten con alta preparación académica.

Destacó la importancia y prioridad que países como China e India han dado al desarrollo de la ciencia y la manera en que se han aprovechado para beneficiar directamente a sus economías, las cuales “crecen de manera muy rápida”. En contraparte, indicó que en Estados Unidos existe preocupación porque se ha “perdido el liderazgo que teníamos”.

Indicó que todos los países deben aprovechar los adelantos científicos del más alto nivel para progresar, porque la ciencia es uno de los elementos fundamentales para tal fin.

“El mundo tiene que progresar, por lo que se debe poner énfasis en que las ciencias son una empresa internacional, y, aunque existe competencia, también se comparten los resultados. Cuando se hacen nuevos descubrimientos no se mantienen en secreto, sino al contrario, se ponen a disposición de todos; así otros países pueden sacar ventaja al igual que la nación en la que se realizó el hallazgo.”

Al referirse a la importancia de la edición 40 de la competencia juvenil internacional, Taylor aseveró que “es una excelente oportunidad” para que estudiantes brillantes de todo el mundo se reúnan, compartan experiencias y resuelvan problemas sobre física.

Despertar vocaciones

Consideró que su participación “es útil” para los alumnos, pues “puedo darles alguna guía o inspiración para que decidan desarrollarse como físicos”.

Lamentó que en esta justa académica exista tan poca participación femenina, pues más de 90 por ciento de los competidores son hombres. Dijo que este fenómeno no se presenta exclusivamente en la olimpiada, sino que es un problema común en muchos países en los que las áreas científicas son prácticamente copadas por el sexo masculino, aunque en años recientes la situación se ha ido revirtiendo y más mujeres comienzan a interesarse por esas áreas del conocimiento.

Un ejemplo, dijo, es Irán: “Hace dos años visité ese país para participar en algunas conferencias en la Universidad de Terán, la más grande para estudios científicos y técnicos de esa nación, y descubrí que tiene un gran departamento de física donde más de la mitad de los estudiantes son mujeres. Estaba muy impresionado y pregunté cómo era posible tal circunstancia, porque en mi país no es así. La respuesta fue que las madres les recomiendan que estudien física, porque es el futuro del mundo”.

Por Emir Olivares Alonso
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