Miércoles, 03 Junio 2009 08:40

Los laberintos de la memoria

–Cuénteme un poco qué es lo que hace... en este laboratorio de neurobiología de la memoria de la Facultad de Ciencias Exactas.

–Y Naturales.

–Y Naturales.

–El trabajo que comenzamos a hacer hace muchos años apuntaba a ver cómo algunas mensajeras del cerebro (en particular neurohormonas) modulaban el almacenado de la memoria. Esto quiere decir: hay memorias que se van a almacenar por largo término y otras que no y se sabe desde hace mucho que hay varios de estos neuromoduladores que lo deciden. Nosotros nos pusimos a trabajar con la idea de que uno de estos neuromoduladores (la angiotensina) modula o determina que algunas memorias se almacenen a largo plazo y otras no, y proponemos que es una especie de orquestador del sistema nervioso central que determina las situaciones de emergencia hídrica (cuándo falta agua, por ejemplo), o cuándo sobra y determina que se module el almacenado de cierto tipo de memoria. Una de las cosas importantes que queríamos demostrar es que ese neuromodulador se conservaba a lo largo de la evolución.

–¿Y con qué bichos trabajan?

–Empezamos a trabajar con un tipo de cangrejo y lo que descubrimos es que esencialmente lo que está mantenido es el efecto de este coordinador, de este orquestador. Un animal tiene que hacer muchas cosas frente a una falta de agua. En principio, si lo pensamos en nuestros términos, sentir sed. La que regula todo eso es la angiotensina, y algo similar es lo que le pasa al cangrejo. Finalmente esa línea de trabajo terminó llevándonos a nuestra hipótesis de trabajo (que se va a extender a ratas y a humanos) que es que no todas las memorias que se van a almacenar a largo término se van a expresar a largo término.

–A ver, vayamos a algo más básico. ¿Cómo se guarda la memoria? ¿A qué se traduce? Yo recuerdo, por ejemplo, una película, una escena, un diálogo. Esa información me llegó en forma de sonido o imagen y eso me quedó. ¿Cómo es que me quedó? ¿En qué se transformó?

–Bueno, eso es lo que menos sabemos. Lo que sí tenemos, es una idea de qué lugares son más importantes, cuáles más secundarios... También sabemos que lo que hay es un sistema (el sistema-cerebro) que tiene intrincadísimas conexiones, y que esas conexiones son distintas después de que uno aprendió o almacenó algo. Algo cambió.

–¿Hay como un lenguaje de conexiones?


–Claro. Es un sistema de miles de millones de actores y de miles de millones de conexiones. Esas conexiones cambian entre antes y después del almacenamiento. Lo que sí se sabe es que no hay tal cosa como una molécula, una proteína o una célula de la memoria. Tiene que ver con las conexiones.

–Y la configuración de esas conexiones para recordar algo, ¿cómo es? ¿Se ha reconocido algo del código de ese lenguaje?

–No. Estamos mucho más atrás del código. Por ahora, estudiamos cuál es la naturaleza de esos cambios. Lo que uno aprende, en general, no está aislado ni es absolutamente nuevo, sino que uno aprende en base a su historia y a la interpretación de lo que está pasando...

–A veces..., pero a veces uno aprende una poesía de memoria.

–Bueno, pero la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías y de lenguajes. Uno no aprende la poesía virginal, pura, sino que la poesía está inserta dentro de una estructura de poesías, de lenguajes, de letras, de sonidos. Cuando uno aprende no está aprendiendo solamente la poesía sino también la escritura, la letra, el sonido. Uno se puede acordar de una palabra en particular, de una palabra que uno no se acordaba antes, pero esa palabra está inserta dentro de un sistema. Lo que yo trabajo es mucho más simple que esto: si un animal puede recordar un contexto, si puede recordar dónde estuvo antes...

–¿Y puede?

–Sí, claro.

–¿Y cómo la recuerda?

–Una buena manera de empezar a charlar de estos temas es tratar de definir lo que es la memoria. ¿Cómo sabemos que esto que hace el animal tiene que ver con la memoria? Una manera sencilla de definirla es decir que se trata de un cambio en el comportamiento en función de una experiencia pasada. Todo animal entra en esa definición.

–¿Todos los animales aprenden?

–Todos: si no, desaparecerían. La estructura de cómo aprendemos esas cosas es muy compleja. Los procesos de aprendizaje de un cangrejo o una babosa tienen una naturaleza muy similar a los mecanismos de nuestra memoria. Los procesos básicos son muy similares...

–¿Y por qué hay memorias de corto y de largo término? Yo sueño algo, me despierto y lo recuerdo y al instante me lo olvido.

–Y no sólo eso. ¿Usted se acuerda, por ejemplo, exactamente de lo que estaba haciendo cuando fue el atentado a la AMIA?

–Sí. Estaba en medio de una entrevista.

–Bueno, el mismo sistema que hizo que se le pusiera la piel de gallina es el que decide que recordara eso. El mismo sistema fue el que determinó que esa memoria iba a almacenarse en la memoria a largo término de manera fuerte.

–¿Se puede bloquear la memoria?

–Sí...

–¿Cuántos tipos de memoria hay?

–Hay muchas formas...

–¿Y hay memoria inconsciente, memoria que no es explícita...?

–Sí, claro. Aunque no sé bien qué es la conciencia y la inconsciencia.

–Pero la conciencia está muy relacionada con la memoria.

–Es que nosotros mismos somos memoria. San Agustín pensaba: ¿cómo yo puedo ver la presencia? Todo es presencia. El pasado es la presencia de lo que yo tengo en la memoria. El presente es la presencia de lo que está ahora. Y el futuro es la perspectiva del futuro que yo tengo en el presente. Todo es ahora. Uno es lo que es en base a lo que uno cree que ha pasado y a cómo lo ha interpretado.

–Es decir, a cómo lo recuerdo.

–Claro. Y en eso hay varios actos inconscientes.

–¿Se puede avanzar hacia el código de alguna manera?

–Creo que no va a ser para nuestras generaciones, por lo menos en los próximos 20 años. Sí vamos a avanzar mucho sobre cómo son los cambios, dónde se localizan las memorias. Pero no creo que logremos elucidar el código.

–¿Está más o menos localizada la memoria?


–Sí. Y además viaja.

–¿A dónde viaja?

–Antes creíamos que una vez que uno aprendía algo, ya lo consolidaba y la memoria no podía perderse. Lo que ahora estamos viendo es que eso no es así.

–¿Y cómo es ahora?

–Esas memorias que creíamos que eran fijas se han vuelto a tornar plásticas, pueden agregar alguna memoria nueva o pueden perderse.

–Esto me hace recordar un poquito a cuando se usaba el término “factor hereditario”, que no se sabía qué era pero servía para determinar algunas leyes de la herencia. Hasta que se supo que ese factor hereditario era el ADN y que ese ADN tenía una forma característica. ¿Estamos muy lejos de eso con relación a la memoria?

–La ventaja del ADN es que eran moléculas. En este caso, no son moléculas. Ha habido pocos avances impresionantes en la biología. Uno de ellos es el de Darwin: no hay biólogo más importante y más creativo. Después, el descubrimiento del ADN. Tal vez el descubrimiento de la codificación de esa memoria sea uno de los hitos de la biología. Pero lo que es seguro es que no va a ser una molécula ni una proteína. Va a estar codificado en una relación de miles o de millones de conexiones. Para acceder a ese código hará falta, por un lado, nueva tecnología y, por el otro, nuevas ideas.

–¿Y dónde está el yo?

–Bueno, creo que a eso le podría contestar mejor San Agustín que yo.

–O sea que todavía está en el campo de la filosofía.

–No solamente. La psicología experimental ha aportado mucho. Lo que le puedo decir es que la relación entre yo y memoria es absoluta. Uno no es otra cosa que su memoria.

 Por Leonardo Moledo
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Un avance anunciado por científicos esta semana podría transformar la investigación sobre una gama de enfermedades incurables, pero desencadenaría un aumento dramático en el número de monos usados en experimentos. Investigadores han desarrollado una técnica para crear monos genéticamente modificados capaces de padecer enfermedades humanas.

Se cree que los experimentos con estos monos permitirán avanzar en el conocimiento y tratamiento de padecimientos incurables como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple. Sin embargo, este adelanto científico ha causado consternación entre grupos opositores a los experimentos con animales, porque casi sin duda conducirá a un incremento súbito en el número de primates usados en investigación médica, en un momento en que existen demandas de reducir la cantidad de éstos usados en experimentos.

Asimismo se abre la perspectiva de que se pueda aplicar la técnica a los humanos, que también son primates. Esto podría ayudar a familias afectadas por trastornos hereditarios, como la enfermedad de Huntington y la fibrosis quística, al erradicar en forma permanente los genes defectuosos de generaciones futuras.

El avance fue logrado por un equipo de científicos de Japón, encabezados por Erika Sasaki, del Instituto Central de Animales Experimentales, en Kawasaki, y el profesor Hideyuki Okano, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Keio. El estudio, publicado en la revista Nature, utilizó monos marmosetes, la especie más pequeña del grupo de los primates.

Desde hace 20 años se hace con ratones

Los monos “transgénicos” se crearon insertando en sus embriones un gen de medusa para hacerlos brillar a la luz ultravioleta, prueba normal para ver si la técnica funcionaba. Cuando llegaron a adultos, transmitieron este rasgo transgénico a la siguiente generación.

Esta “prueba de principio” sugiere que también se pueden manipular otros genes para crear animales que simulen las enfermedades humanas, lo cual ya es posible en ratones.

“La expresión de un gen introducido fue descubierta no sólo en la primera generación posterior de marmosetes comunes, sino también en la segunda. Fue el primer caso demostrado en el mundo en que un gen introducido se heredó a la siguiente generación de primates”, señaló el profesor Okano.

“Hasta ahora, el uso de ratones y ratas ha tenido un papel importante en la investigación científica de la vida mediante animales transgénicos, pero para investigar sobre enfermedades humanas se ha vuelto necesario utilizar primates, marcadamente más cercanos a los humanos en anatomía y funciones que los roedores”, añadió.

Los científicos lograron inyectar el gen de medusa en 80 embriones de marmosete fertilizados in vitro, los cuales se transfirieron a 50 madres subrogadas. Siete de ellas resultaron preñadas y cuatro dieron a luz cinco crías vivas. Las cinco crías eran animales transgénicos portadores del virus de medusa, lo cual causó la producción de una proteína verde fluorescente en la piel, que hace que las manos brillen bajo luz ultravioleta.

Lo más importante es que los científicos demostraron que el gen de medusa se había incorporado a las células reproductivas de dos de los cinco marmosetes –el esperma de un macho y los óvulos de una hembra–, los cuales produjeron después una segunda generación de marmosetes portadores del gen transgénico.

Este es el adelanto que ahora podría conducir a la fundación de colonias de monos transgénicos, cada una dotada de genes que estimulen los síntomas de enfermedades humanas, con el fin de que se les use como modelos experimentales, como se ha hecho con millones de ratones transgénicos en los 20 años pasados.

Emocionante o antiético y preocupante

“En muchos casos, los resultados obtenidos con ratones no se pueden aplicar directamente en humanos a causa de las muchas diferencias fisiológicas, anatómicas e histológicas entre ratones y humanos, que son distintos en términos evolutivos”, señaló el profesor Okano. “Por esta razón se requiere investigar por medio de primates, más parecidos a los humanos en funciones y anatomía.”

De la misma opinión es Kieran Breen, director de investigación y desarrollo de la Sociedad de la Enfermedad de Parkinson. “Es un hecho potencialmente muy emocionante para el futuro de la investigación del Parkinson. Como los primates están mucho más cerca de los humanos que los ratones en términos genéticos, la creación de marmosetes transgénicos significa que tendremos un nuevo modelo animal con el cual trabajar”, expresó.

Sin embargo, organizaciones pro bienestar de los animales condenaron esta investigación, pues sostienen que conducirá a un incremento en el uso de primates en un momento en que muchos países europeos intentan reducir los números de los que se utilizan en experimentos científicos.
“Es preocupante desde el punto de vista científico y ético que la creación de marmosetes transgénicos se considere un éxito. Estos experimentos sólo aumentarán el número de primates sujetos a experimentos en todo el planeta”, manifestó Carol Newman, del Fondo Dr Hawden para una Investigación Humana.

La creación del primer ratón transgénico, en la década de 1980, condujo a un dramático incremento en el uso de ratones de laboratorio durante la década siguiente. En 1990 había menos de 50 mil experimentos con ratones transgénicos sólo en Gran Bretaña –apenas 1.5 por ciento del total–, pero en 2007 el número de ratones transgénicos usados en experimentos había crecido a más de 1.1 millones, según estadísticas oficiales.
 
The Independent
Traducción: Jorge Anaya
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Londres/ Hamburgo, 28 de mayo. Todo el cielo parecía estar desplazado: “Las estrellas no están donde parece que están”, escribió hace 90 años el diario The New York Times. “Pero nadie debe preocuparse”.

El motivo de la excitación es que el 29 de mayo de 1919 se confirmó de manera espectacular la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein. Dos expediciones británicas observaron, durante un eclipse solar, que la gravedad del Sol curva la luz de las estrellas que se encuentran por detrás, tal como predijo Einstein. Por este motivo aparentan estar desplazadas en el firmamento.

“Esta primera confirmación práctica de la Teoría General de la Relatividad causó olas de shock en el establishment científico”, subrayó Pedro Ferreira, de la Universidad de Oxford.

En conmemoración de este acontecimiento histórico, calificado por la Real Sociedad Astronómica (RAS, por sus siglas en inglés) de Londres como uno de los experimentos más importantes del siglo XX, esta institución envió un equipo de expedición a la pequeña isla Príncipe, en el oeste de África.
En el contexto del Año Internacional de la Astronomía, el grupo encabezado por Ferreira develará mañana viernes una placa conmemorativa en el sitio en el que se hicieron las observaciones originales.
Einstein presentó su Teoría General de la Relatividad en el año 1915. Describe cómo todo objeto con masa genera gravedad, y el campo gravitatorio causa una curvatura del espacio-tiempo. De manera similar, también la luz de estrellas lejanas debería ser desviada por el Sol.

Normalmente, las estrellas no pueden ser vistas durante el día. Pero el eclipse solar del año 1919 ofreció la oportunidad óptima para probar la predicción de la teoría de Einstein.

Desde Sudamérica hasta África

El eclipse pudo ser observado en una estrecha franja desde Sudamérica hasta África. Sir Arthur Eddington envió en una expedición equipada por la RAS dos equipos de observación a ambos lados del Atlántico, para que las condiciones meteorológicas locales no afectaran el estudio.
El propio Eddington viajó a Príncipe. En los meses anteriores había medido con la máxima precisión posible la posición de las estrellas en cuestión.

El día del eclipse, espesas nubes cubrieron el cielo sobre Príncipe, que sólo pocos minutos antes del espectáculo celeste liberaron la vista al Sol.

Las mediciones de Eddington demostraron realmente que durante el eclipse las estrellas que centellean cerca del Sol no estaban en el lugar donde se esperaba.

Esta fue la primera prueba de que el Sol curva el espacio a su alrededor.

Esta confirmación contribuyó considerablemente a la fama mundial de Einstein.

“Este efecto, calificado de lente gravitacional, se convirtió en una de nuestras herramientas más poderosas para el estudio del universo”, subrayó Richard Massey de la Universidad de Edimburgo, miembro de la expedición de Ferreira.

Las galaxias y los grupos masivos de éstas concentran con tanta fuerza la luz de los objetos que se encuentran a grandes distancias detrás de ellos, que los investigadores los utilizan como gigantescos telescopios naturales.
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Un equipo científico japonés, tras cinco años de trabajo, ha logrado la primera estirpe de primates transgénicos que integra un gen ajeno perfectamente en su genoma. En este caso, el gen es un puro marcador para demostrar que el experimento funciona y que las crías de estos primates modificados genéticamente, unos titís pigmeos, tienen ese gen. Se trata de un gen que hace que determinadas partes del organismo sean fluorescentes cuando se iluminan con luz ultravioleta. La investigación "abre una nueva era en la utilización de los primates como modelos de enfermedades humanas", afirma la revista Nature que, en su número de mañana, presenta la investigación.

Los animales transgénicos, a los que se les introduce artificialmente genes de otra especie, son muy importantes en los laboratorios para estudiar características y enfermedades humanas, ya que se convierten en modelos vivos de las mismas. Con ellos se pueden estudian con rigor las funciones de los genes humanos en animales vivos y no sólo en cultivos celulares. El simulador vivo más generalizado es, por supuesto, el ratón (aunque se han hecho también ratas, cerdos, vacas e incluso perros y gatos modificados genéticamente), pero no se había logrado hacer primates plenamente transgénicos, y son muy interesantes por su proximidad biológica a los humanos. Hay dolencias, sobre todo las neurológicas, que resultan muy difíciles de reproducir debidamente en roedores, explican los investigadores.

Erika Sasaki (Instituto Central de Animales Experimentales, Japón) y sus colegas han introducido genes de la fluorescencia verde (GFP) en el ADN de los titís (Callithrix jacchus) y han logrado que dichos genes pasen a sus crías, siendo estos animales perfectamente sanos. Se habían hecho ya unos primates transgénicos, unos macacos con el gen de la corea de Huntington, pero no se ha demostrado la herencia de ese gen en su descendencia.

Los científicos inseminaron 80 embriones con genes de la fluorescencia en medio centenar de titís que eran madres de alquiler y lograron cinco crías que tenían en su genoma el gen extraño. El éxito se produjo cuando sus nuevos titís alcanzaron la madurez sexual y mostraron que estaban incorporando el gen. La primera cría de estos monos ya transgénicos que expresa el gen en su piel ha supuesto el triunfo rotundo del experimento. Luego han nacido más.

"Los titís transgénicos son modelos potencialmente útiles para investigar, por ejemplo, enfermedades infecciosas, inmunológicas y neurológicas", explica la revista Nature. Los titís, además, son apropiados para este tipo de trabajo en laboratorios ya que son pequeños, alcanzan la madurez sexual en sólo un año y tienen muchas crías. Sin embargo, los expertos señalan que, al tratarse de un animal del nuevo mundo, está más alejado biológicamente de los humanos que los macacos o los babuinos, por lo que para estudiar enfermedades como el sida, la degeneración macular y la tuberculosis, seguirán siendo esenciales las investigaciones con primates del viejo mundo.

Esta investigación de los titís transgénicos seguramente recibirá críticas desde la bioética y los grupos de defensa de los animales por crear unos primates a los que se hace nacer con una enfermedad. "Pero hay que pensar en el coste-beneficio", se adelanta Sasaki. "Si podemos hacer estas investigaciones en roedores o in vitro, lo haremos, pero para muchas enfermedades como el Parkinson no existe un buen modelo animal".

ALICIA RIVERA - Madrid - 27/05/2009

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–Usted es filóloga.

–Sí.

–A veces me cuesta pasar de los fotones o las proteínas a la filología en sólo un par de minutos.

–Bueno, qué le va a hacer. Es la vida que eligió.

–Eso es lo que le dice Hyman Roth al Padrino. Quedamos en que usted es filóloga.

–Soy filóloga, investigadora del Conicet y dirijo el Centro de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Mi proyecto principal es la edición del archivo documental de Juan Bautista Alberdi, que se conserva en la Biblioteca Furt de la Estancia Los Talas de Luján. Llevamos adelante la investigación sobre ese material bibliográfico y documental.

–¿Por qué hace falta un filólogo para hacer esa edición?

–La obra completa de Alberdi que se conoce ocupa ocho volúmenes y a su muerte se publicaron los escritos póstumos, que ocupan otros dieciséis volúmenes, a partir de kilos y kilos de papel, que son borradores...

–Estos tipos eran grafómanos, ¿no?

–Sí. Además, leer esos borradores es meterse en un laberinto. El tema es cómo escribía Alberdi, que tenía una letra espantosa, todos sus corresponsales se quejan de sus jeroglíficos. En las cartas aparece constantemente eso; cuando le contestan le dicen “interpreto que usted dice que...”. Ni él mismo podía releerse, entonces, no corregía, escribía las cosas una y otra vez. Es curioso: tenía el mismo método de escritura que Kafka, a diferencia de Flaubert, que escribía y corregía todo minuciosamente; por eso sus manuscritos están tan reescritos. Además, guardaba todo, de esos enormes volúmenes de textos se ocupa la crítica genética de París.

–¿Ve? Ahora aparece la genética. ¿Qué es la crítica genética?

–Es algo bien distinto a la genética biológica.

–Seguramente...

–Y se refiere al estudio de la génesis de la escritura, que no avanza linealmente, sino que va y vuelve. Porque la escritura es reescritura, eso lo han demostrado muy bien las ciencias cognitivas. Es un constante ida y vuelta.

–¿Usted hace crítica genética?

–Sí, soy la autora de la única edición crítico-genética del Martín Fierro, Don Segundo Sombra y de parte de La Guerra Gaucha.

–¿Y en qué consiste concretamente?

–Hay que ubicarla en el campo de los estudios de la literatura, a partir de la teoría de la recepción y el estudio del proceso de lectura iniciados en las décadas de 1960 y 1970. Es el estudio de la producción de escritura a partir de borradores o pretextos.

–¿Busca pretextos para qué?

–No, pretextos en el sentido de “textos previos”.

–Espere, entonces pongamos un guión.

–... a partir de borradores o pre-textos, porque el estudio de esos materiales previos determina que la escritura retrocede, va y viene, se relee. Cuando uno ve borradores, ve cómo se tacha y se reestructura y todo eso es significativo. Nos interesan todos los escritos anteriores a un momento provisoriamente definitivo.

–¿Y qué significa “provisoriamente definitivo”?

–La noción de texto como algo terminado es el de aquel que se imprimió y se vendió en miles de ejemplares idénticos. Esta noción convencional de texto aparece a fines del siglo XVIII en los países centrales. Pero cuántos autores hay que reescriben y republican su obra, por ejemplo los tres primeros poemarios de Jorge Luis Borges son un ejemplo, incluso de cómo pequeñas correcciones cambian la obra. A partir del estudio de los materiales previos de las versiones provisoriamente definitivas se ve que la manera normal de escribir es retroceder. Lo que es lineal es la lectura, no la escritura.

–Y todo eso desapareció con la computadora.

–Sí claro, como material sí, pero yo les pregunté al respecto a varios escritores, entre ellos a Juan José Saer, y diría que la mayoría imprimen en papel y luego corrigen sobre esa versión. Le aclaro que nunca conocí a un escritor interesado en esto del estudio de la producción.

–¿Qué nos dice esa historia de la producción?

–Estoy convencida de que, más allá de los intentos por teorizar, cada proceso de escritura es un mundo y en el caso de Alberdi vale la pena describirlo por lo que significan tanto él como sus propuestas de construcción de un Estado nacional.

–Y para llegar a ese mundo del autor, se utilizan las herramientas de la crítica genética...

–La crítica genética surge en pleno postestructuralismo. Es curioso porque en esa época se postula “la muerte del autor” y sin embargo el mismo Foucault dice que hay discursos fundacionales, como los de Marx y Freud. Esto es, sujetos individuales que logran cambiar “la lengua del otro”. Más allá de la voz social o de clase. Y en el siglo XIX tanto Sarmiento como Alberdi han sido autores de discurso fundante. Postulando ideologemas como “Civilización y Barbarie” o “Gobernar es poblar”, condensaron representaciones y percepciones que se lograron instalar e influyeron en la sociedad. No se puede negar la existencia de un autor productor de discurso, por eso tiene sentido leer y descubrir lo que surge de los borradores del Crimen de la Guerra de Alberdi.

–Cuénteme por qué es interesante leer borradores.

–Por las cosas que se descubren. Los genetistas estudian rizomas. En el caso de Alberdi, y cómo ya le dije, él escribe borradores que empieza una y otra vez. Lo que sucedió es que en 1895, once años después de su muerte, los publicaron ordenados por temas y se perdió la temporalidad de su escritura. Y la obra de Alberdi no se entiende si no se sigue esa temporalidad. Se hizo una ensalada con lo que era una progresión escritural. Por eso nosotros estamos tratando de reconstruir la temporalidad de su escritura. Allí descubrimos que lo que parecen contradicciones la mayor parte de las veces son rectificaciones. En las reescrituras vemos procesos, conceptualizaciones, a partir de sus dudas se crean conocimientos. Se ve un crescendo; cómo se plantea problemas cómo los resuelve, los rectifica, o los abandona.

–O sea, usted sigue la marcha de su pensamiento.

–Eso es, sí. Eso es el proceso de escritura. Mi trabajo, más que la práctica de una teoría, es un estudio a partir del hecho de la escritura.

–¿Cuáles son los temas acerca de los que escribe Alberdi allí?

–Se encuentran temas como el Derecho de Gentes; el tema de la neutralidad; “Pueblo Mundo”, que es la propuesta de una asociación universal con autoridad para arbitrar e intervenir.

Cuénteme sobre su estudio del Crimen de la Guerra.

–El texto surge a partir de un Concurso de Ensayos al que había convocado la Liga Internacional por la Paz en 1869. En primer lugar, Alberdi escribe que el “derecho de la guerra” es un oxímoron, porque son dos opuestos, ya que donde hay guerra hay una violación al derecho. Tiene una postura muy radicalizada. Para él esa contradicción se puede paliar con una reforma del derecho internacional, constituir una autoridad supranacional que tome resoluciones que impidan la guerra. Es un escrito precursor de la futura Organización de las Naciones Unidas. Era la primera vez que no escribía para lectores argentinos o sudamericanos, su objetivo era ser reconocido por la intelligentzia europea, ser un escritor inter pares, quería mostrar que era una voz más, que no era menos que los otros. El texto construye una teoría jurídica, empieza con un enfoque histórico. Es notable también que por entonces nadie hacía planteos de derecho internacional. A diferencia de Sarmiento, Alberdi quiere escribir para el mundo. Tras haber sido legislador en su país, quiere legislar para el mundo.

–Y plantea...

–Entre otras cosas, quiere cambiar el concepto de ejército por el de “soldado del mundo”, como servidor social; escribe acerca de la incentivación del comercio, y una verdaderamente inédita Teoría del Derecho Internacional. Las ideas del Crimen de la Guerra son hasta tal punto novedosas que en el año 1913 el presidente de la Asociación de Derecho Internacional las redescubre, las hace traducir al inglés, y pone en el prólogo, “si este libro se hubiera escrito en inglés o en francés, sería la Biblia de las organizaciones pacifistas”. O sea que el estudio de estos procesos de producción nos lleva también a la problemática de la producción intelectual desde los márgenes, porque el intercambio es desigual también en la producción simbólica, es evidente que hay condiciones que hacen que ciertas ideas circulen y otras queden silenciadas.

–¿Y se encuentran marchas y contramarchas en esos borradores?

–Alberdi recomienza algunos capítulos, a partir del esquema de un cuadro sinóptico, los matiza, vemos vaivenes, reelabora el concepto de neutralidad. De una posición muy terminante llega a la conclusión de que hay casos en los que no se puede ser neutral. Esto se lo ve una vez reconstruida la temporalidad de la escritura. Hasta que en determinado momento le hace agua la idea de la asociación internacional, en plena guerra de la Triple Alianza: corría el año 1869. Su planteo es que cuando las naciones más poderosas se unen, se perjudican las más débiles, ahí se le desarma su teoría inicial. En otra parte abandona su tono de tratadista, vuelve al discurso panfletario y escribe contra la Guerra de Paraguay y critica a Carlos Calvo, que era más moderado. Termina los borradores con una conciencia muy fuerte de la fractura Norte-Sur del mundo. Es un momento muy revelador, la obra se interrumpe justo ahí y no sabemos por qué.

–Entonces hagamos eso, interrumpamos aquí, con esa revelación. Y ahora me tengo que ir a hablar de partículas elementales, y después de algas.

–Que tenga suerte.

 Por Leonardo Moledo
 

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Corea del Norte desafió ayer a la comunidad internacional al lanzar un cohete de largo alcance que sobrevoló Japón, lo que fue considerado una provocación tanto por el gobierno de Tokio como por Estados Unidos, quienes convocaron a una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar posibles sanciones al régimen de Pyongyang.
 
La solicitud fue atendida y los 15 miembros del Consejo analizaron la situación durante casi tres horas. No obstante, y a pesar de los reclamos de la embajadora norteamericana ante el organismo multilateral, Susan Rice, quien había dicho que la ocasión era la oportunidad para realizar una acción colectiva contundente, el consenso entre las potencias no se logró. La sesión tuvo que levantarse sin poder acordar una resolución en común sobre el accionar de Corea del Norte.
 
Y es que no todos están de acuerdo sobre lo sucedido en la Península coreana. La propia Corea del Norte sostiene que lo que lanzó fue un satélite de comunicaciones con fines pacíficos, mientras que Washington, Seúl y Tokio lo consideraron como un ensayo de un misil de largo alcance Taepondong-2. Según estos países, un disparo de esa naturaleza es una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad que prohíben a Corea del Norte un ensayo nuclear o el disparo de misiles de este tipo.
 
De acuerdo con analistas militares, la cuestión no es fácil de dilucidar, ya que en ambos casos la tecnología utilizada es muy similar.
 
Desde Praga, el presidente estadounidense Barack Obama condenó sin reservas el lanzamiento norcoreano, llamando a la comunidad internacional a tomar medidas contra el régimen comunista. “El accionar norcoreano no sólo violó las reglas sino que también creó inestabilidad en su región y en todo el mundo”, precisó el mandatario estadounidense. “Es el momento de dar una respuesta internacional fuerte. Corea del Norte debe saber que el camino de la seguridad y el respeto nunca se hará mediante amenazas y armas ilegales”, agregó.
 
Asimismo, Japón, Corea del Sur, la Unión Europea y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, coincidieron con Washington y calificaron el hecho como una abierta provocación de ese país hacia la comunidad internacional, llamando al gobierno de Pyongyang a atenerse a las normas internacionales. “Instamos a Corea del Norte a cumplir sus compromisos de abandonar todo programa de armamento nuclear, respetar las normas reconocidas de relaciones internacionales y colaborar para promover la paz y la estabilidad”, señaló un comunicado conjunto.
 
Sin embargo, países como China, Rusia y Venezuela eligieron no sumar sus voces a la condena internacional y llamaron a la calma para analizar en detalle lo sucedido antes de tomar cualquier clase de medida.
 
Desde Moscú las autoridades del Kremlin señalaron que sus expertos militares se encontraban analizando toda la información disponible y solicitaron evitar una escalada en la península más militarizada del mundo.
 
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a la sazón en visita oficial a Japón, adhirió sin reservas a la postura fijada por Rusia. “Este es un tema que está generando una preocupación en todo el mundo. Los rusos han fijado la posición que me parece más racional; y la nuestra es la misma que la de ellos: ante la falta de información precisa y aún de datos contradictorios, prefiero tener mucha prudencia. Debemos evitar cualquier escalada en la región, sin permitir que comiencen a soplar vientos de guerra”, señaló el mandatario venezolano.
 
Por su parte, China, principal aliado del régimen norcoreano, emitió un comunicado a través del ministerio de Relaciones Exteriores por medio del cual optó a su turno por bajar los decibeles y se limitó a pedir a las partes a actuar con calma y moderación.
 
Tanto Estados Unidos como Corea del Sur coincidieron en que el satélite no había cumplido con sus objetivos, tal como lo había firmado Pyongyang. “El lanzamiento fracasó y ningún objeto entró en órbita”, aseguraron autoridades militares estadounidenses, quienes señalaron en el comunicado que luego de despegar, el misil había perdido varias de sus partes en el océano Pacífico.
 
Radares japoneses, surcoreanos y rusos confirmaron que el proyectil despegó de la base norcoreana de Musudan-ri, en la costa noreste del país, y atravesó el territorio japonés sin ser interceptado ni causar daños. Y esa fue una de las pocas coincidencias entre las partes involucradas.
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Miércoles, 25 Marzo 2009 06:15

En tiempos de lenguaje digital

Para quienes trabajamos cotidianamente en la gestión de información, los cambios de las últimas décadas han sido constantes y, no pocas veces, abruptos. A partir de la década del ’90, las computadoras extendieron su campo de acción al sector de la gráfica avanzada, el audio y las imágenes en movimiento, ampliando los escenarios laborales al mundo del multimedio y la simulación en tiempo real. La tendencia a la masificación de la web y todos sus servicios (Internet, e-mail, chat y las innumerables aplicaciones de la web 2.0) también está abriendo las puertas a nuevos espacios.
 
En el periodismo esta situación se hace más que evidente, a tal punto que se ha acuñado el término “periodista digital”. Pero, en realidad, ¿existe un periodista que tenga ese status? ¿Se lo puede diferenciar conceptualmente del periodista tal como lo hemos conocido hasta ahora? ¿Existe algún periodista que esté por fuera del ritmo y el ambiente que imprime hoy la comunicación digital?
 
Para el investigador francés Pierre Levy, las tecnologías del conocimiento (sistemas de comunicación, de escritura, de registro y reproducción de información) modelan el medio ambiente cognitivo que habitamos. El concepto de ecología o economía cognitiva hace referencia al ambiente cognitivo modelado por las formas sociales, las instituciones y las técnicas de una época. Los tipos de representaciones que prevalecen en tal o cual ecología cognitiva favorecen modos de narrar, de comunicar y de conocer particulares. Para el periodista escribir hoy significa sentarse frente a su computadora/notebook –o demás herramientas disponibles– y usar un procesador de textos. Por otro lado, buscar información sigue siendo estar ahí, preguntar a los protagonistas, explorar el territorio, pero no sólo eso. Ahora además es necesario recurrir a las múltiples opciones de acceso a la información que ofrece Internet. Y ni hablar de lo que ocurre en el ámbito del fotoperiodismo. La fotografía digital vino a potenciar esa otra forma ancestral de contar, a través de imágenes. La pantalla se convirtió, de esta manera, en un dispositivo que también está introduciendo cambios importantísimos en las prácticas de escritura, lectura y conocimiento. La digitalización y las nuevas formas de visualización del texto sobre la pantalla aportan otros modos de leer y de comprender. La pantalla pasa a ser una “máquina para leer/hacer” con características singulares.
 
Entonces, hablar de “periodista digital” es una idea empobrecedora, demasiado obnubilada por el artefacto, por los sistemas de registro y transmisión. No permite apreciar la dimensión de los cambios que todos los periodistas están viviendo en sus rutinas productivas. Hace ya un tiempo, el escritor-periodista Tomás Eloy Martínez, en una conferencia pronunciada ante la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, decía: “Cada vez que las sociedades han cambiado de piel, o cada vez que el lenguaje de las sociedades se modifica de manera radical, los primeros síntomas de esas mudanzas aparecen en el periodismo”. Hoy estamos asistiendo a uno de esos cambios de piel: el lenguaje digital –no el periodista digital–, con sus enormes potencialidades y su maleabilidad, plantea nuevos desafíos al periodismo. Preguntar, indagar, conocer, dudar, investigar, confirmar, emocionar, todo lo que constituye la esencia de la práctica periodística se amplía.
 
En definitiva, ninguna tecnología determina tal o cual modo de conocimiento o de organización social, sino que los condicionan o hacen posibles, los plasman. Abren un abanico de nuevas posibilidades de las que los actores sociales sólo seleccionamos algunas.
 
Así como en los principios de esta corta historia se hablaba de diarios electrónicos, con un marcado énfasis en el soporte, luego se comenzó a agregar la palabra digital para incorporar el análisis de cómo los nuevos lenguajes iban transformando las prácticas y las rutinas periodísticas. Por eso hoy ser periodista requiere formación, experimentar con nuevos lenguajes y géneros para contar historias con la precisión de los alquimistas: el dato justo, la paciencia del investigador, la sutileza del novelista y la responsabilidad del hacedor de realidades. Por eso, como afirma García Márquez, “el periodismo merece no sólo una nueva gramática, sino también una nueva pedagogía”.
 
Por,  Silvana Comba y Edgardo Toledo, docentes investigadores de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario.
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Desde el punto de vista de la evolución no existe un modelo normal de individuo ni el ser humano es el punto máximo entre las especies, como argumenta la mayoría de las religiones, tampoco es posible crear un modelo único de familia, de relaciones ni de personas, pues hombre y mujer son producto de un proceso evolutivo de 3 mil 500 millones de años y no un diseño divino, aseguró Rosaura Ruiz Gutiérrez, presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Bióloga por formación, darwinista por convicción, Ruiz sostiene que a partir de la teoría de la evolución y su difusión se puede defender el Estado laico y evitar que formaciones religiosas tengan peso en las políticas públicas.

La científica subraya que hace 150 años, cuando el naturalista inglés publicó El origen de las especies, obra que es la base de la teoría de la evolución, revolucionó la ciencia y planteó –indirectamente– la separación de ciencia y Estado de las ideas religiosas.

Darwin contrapuso una teoría científica a las ideas religiosas, al establecer que el ser humano no es producto del creacionismo divino, sino que, al igual que todas las especies actuales y extintas, es el resultado de un proceso natural denominado evolución.

Es imprescindible definir los límites

Cuando en ciencia hablamos de una teoría no nos referimos a un conocimiento hipotético, sino a un proceso de investigación y experimentación que concluye con resultados y explicaciones. En cambio, las ideas religiosas sólo son creencias. No se puede escoger entre un planteamiento científico y uno religioso. Me preocupa mucho la educación de los niños, pues desde esa etapa de la vida se les debe enseñar a distinguir entre creencias religiosas e ideas científicas. La ciencia no está peleada con la religión; los científicos la respetamos como una actividad posiblemente necesaria para la mayoría de los humanos; pero también tenemos que determinar la diferencia entre creencias religiosas y tesis científicas.

En 2009 se celebra el 150 aniversario de la publicación de la obra fundamental de Darwin, por lo que la AMC, la Universidad Nacional Autónoma de México y otras instituciones científicas llevan a cabo diversas actividades con la finalidad de difundir el pensamiento del biólogo inglés.

En entrevista, Ruiz destacó la necesidad de que a partir de esta celebración se insista en la separación Iglesia-Estado y se refuerce la laicidad estatal. Los contemporáneos de Darwin, afirmaban que era importante hacer ciencia para entender la creación. Con su obra, el inglés demostró que el objetivo de la ciencia no puede ser estudiar lo divino y sobrenatural.

Refirió que actualmente representantes de la Iglesia y algunos sectores de la política han emprendido campañas en favor de la prohibición del derecho al aborto y evitar la investigación en células madre, además de que impulsan la idea de que un cigoto sea considerado ser humano y tratan de imponer la idea de que existe un modelo único de familia y de relaciones.

A propósito, recordó que en el contexto del Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró en México en enero pasado, los obispos Javier Lozano Barragán y Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, representantes de la jerarquía católica y el Vaticano, durante una entrevista televisiva se pronunciaron contra las uniones de personas del mismo sexo, al asegurar que Dios diseñó al hombre y a la mujer para transmitir vida, por medio de su sexualidad.

Ruiz aseguró que en diferentes especies, producto de la evolución, mismas que la Iglesia asegura también fueron creadas por Dios, se presenta interacción sexual entre individuos del mismo sexo, sobre todo en los mamíferos.

“La crítica no es a la religión, sino a sus argumentos. Sostiene que el hombre fue creado –me pregunto si incluirán a la mujer–, y por tanto diseñado para ser pareja. Es un argumento falaz. Hay muchas especies en las que encontramos entes hermafroditas o inclusive organismos cercanos al ser humano que tienen interacciones entre individuos del mismo sexo; por ejemplo, en chimpancés. No se puede decir que lo normal es lo que Dios creó y lo demás es anormal.”

La presidenta de la AMC sostuvo que ni desde la teoría de la evolución puede hablarse de un tipo de ser humano y de familia normal, pues esto es resultado de un proceso evolutivo natural de 3 mil 500 millones de años, a lo que se debe incluir la evolución sociocultural del hombre y de su entorno.

La bióloga señaló que el argumento central de Darwin es sencillo y fundamental, ya que demuestra que los seres vivos no son producto de la creación divina.

Explicó que el planteamiento darwinista refiere que todas las especies que existen o existieron en el planeta tienen un ancestro común. Posteriormente otros científicos comprobaron que esos antepasados son las bacterias y tienen 3 mil 500 millones de años.

Eso Darwin no lo sabía; él habla de un ancestro común para todos los seres vivos. Las especies han ido transformándose por un mecanismo central, que plantea Darwin, el cual también está comprobado como el principal mecanismo de la evolución; se trata de la selección natural, que establece que en todas las especies nacen más individuos de los que un ambiente puede soportar o mantener, de manera que se va a producir siempre una lucha por la existencia, una competencia entre individuos de la misma y otras especies y también con el medio ambiente.

Importancia de la variación genética

Ruiz agregó que el naturalista también destacó la importancia de la variación, pues todos los organismos son diferentes pese a ser de la misma especie. Lo que Darwin plantea es que los organismos que tienen variaciones y mejoran su adaptación al ambiente son los que sobreviven y se reproducen.

Destacó que a partir de los estudios de Darwin se ha comprobado el mecanismo de herencia a partir de las mutaciones del ADN para la adaptación.

Dos hechos han representado una revolución científica: De las revoluciones de las esferas celestes, de Nicolás Copérnico, y la publicación de la obra de Darwin que cambiaron de manera dramática la historia de la humanidad.

Rosaura Ruiz afirmó que los postulados de Copérnico también se contrapusieron a los dictados religiosos de que la Tierra era plana y el centro del universo; en tanto que, en 1859, Darwin generó un gran cambio en el pensamiento de la humanidad, al demostrar que no somos el punto máximo de la creación y que somos simplemente una especie más, resultado de un proceso natural que no requiere de ninguna explicación sobrenatural. El ser humano no es el tope de la evolución. Esa idea es falsa, las bacterias y otras especies siguen evolucionando, hay especies que han aparecido después del ser humano, de manera que no somos el punto final ni máximo: somos una especie más que pudo o no haber existido, porque en la evolución hay mucho de azar.

Por, Emir Olivares Alonso

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Miércoles, 11 Marzo 2009 06:03

“La biología es carbono, agua y grasa”

–Me dijeron que usted es bióloga.
 
–Le dijeron bien. Yo estudié originalmente en la Universidad de Jerusalén, después hice una maestría y en el año ’84 empecé a hacer el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Soy profesora de la Facultad de Ciencias Exactas e investigadora independiente del Conicet.
 
–¿Y qué es lo que hace?
 
–Bueno, el objetivo general de lo que estudio es entender de qué manera un animal, que vive en un entorno complejo del cual se informa a través de sus sistemas sensoriales, vehiculiza la información que capta hacia las neuronas que gobiernan su conducta. Especialmente, nosotros estudiamos las conductas motoras, que están a cargo de las neuronas motoras (responsables de activar los músculos que mueven nuestro organismo). Ahora bien: cuando uno habla de vehiculizar información sensorial a neuronas motoras, está hablando de una gran y compleja red de conexiones y de señales que no van unas detrás de las otras sino que siguen muchas vías paralelas. Analizar eso en cualquier animal (ver de qué manera percibir el ambiente y generar una conducta motora) es un desafío interesante. Hay dos maneras para entender cómo se capta la información y cómo se procesa.
 
–A ver...
 
–Una es centrarse en una sola porción del cerebro de un animal complejo (un ratón, por ejemplo) y estudiar acabadamente una de las estaciones de relevo de esa información; la otra es elegir animales relativamente más simples (invertebrados) en los que la distancia entre la neurona sensorial y la neurona motora (es decir, entre la captación del estímulo y la ejecución del movimiento) tiene menos pasos, por lo cual es más posible rastrear la señal. Nuestra estrategia es justamente esta última: elegimos un organismo con una organización corporal muy sencilla, con lo cual su correlato neuronal es relativamente simple. Es una sanguijuela, que ha sido históricamente utilizada en la medicina y que se utiliza aún hoy, en casos de reinserción de órganos o de partes del cuerpo, para promover el flujo sanguíneo. Pero además ha sido utilizada como organismo modelo para estudiar el sistema nervioso.
 
–A Stalin, cuando tuvo su ataque, en 1952, le pusieron sanguijuelas.
 
–Claro. Bueno, pero nosotros lo utilizamos como modelo de sistema nervioso, por su relativa simpleza. Lo que nos interesa, en particular, es entender cómo hacen estas múltiples vías paralelas para funcionar de manera organizada. Dado que nosotros somos un solo cuerpo, una sola identidad...
 
–Lo cual es raro...
 
–Claro, porque estamos sometidos a una multiplicidad gigante de acciones. Nuestro sistema nervioso tiene neuronas motoras múltiples que inervan la musculatura... Entonces, lo que nos interesa es entender cómo se genera esa unicidad. Los focos de atención están puestos en las vías interneuronales: queremos entender qué es lo que pasa entre las interneuronas y las neuronas motoras. Ahora, puntualmente, estamos trabajando con un tipo de neurona que está conectada con todas las neuronas motoras y que genera una suerte de bisagra de información. Cuando un organismo produce un movimiento, es el efecto de la coordinación de una multiplicidad de neuronas motoras: si quiero caminar para adelante, las neuronas se tienen que activar de tal manera de que la propulsión sea en ese sentido. Por ejemplo, cuando la sanguijuela nada, el sistema nervioso tiene que regular una serie de contracciones y de relajaciones para que el bicho se propulse hacia adelante.
 
–¿Y cómo se genera esa unicidad?
 
–Por un lado, tenemos una jerarquía: el sistema motor está jerarquizado. Hay neuronas que de alguna manera ponen en actividad a las que están río abajo y comandan una acción que ya es una especie de patrón genéticamente establecido (es decir que los genes se encargaron, a lo largo del desarrollo del animal, de que las neuronas sigan un determinado patrón de actividad cuando una de las neuronas altas se activa). Pero esto, que era una versión simplificada de cómo funcionan los sistemas motores, hoy día se entiende de otra manera. Se piensa que no es tan lineal, sino que obedece a una población de comandos. Es como si yo le dijera que, en lugar de ser un gobierno con una sola cabeza, tiene muchos factores de determinación...
 
–Que tienen que ponerse de acuerdo...
 
–Que pueden ponerse de acuerdo. Para ello necesitan elementos del sistema nervioso que actúen como elementos de consenso. Una de las neuronas con la que hemos trabajado en los últimos cinco años es la que pone en consenso a las neuronas responsables del movimiento.
 
–¿Y cómo lo hace?
 
–Bueno, la especialidad en la que yo trabajo es la electrofisiología. El sistema nervioso tiene la particularidad de tener un doble lenguaje: las neuronas se comunican eléctrica y químicamente. Nosotros podemos extraer el sistema nervioso de estos animales con muy poco esfuerzo, tienen un sistema nervioso muy abordable para la experimentación y, utilizando electrodos muy pequeños, podemos escuchar el lenguaje eléctrico de las neuronas y manipular el lenguaje químico. De esa manera podemos detectar las señales en tiempo real. Mi trabajo es lo más parecido al trabajo de un espía: me meto dentro de un sistema y escucho a través de un osciloscopio cómo dialogan las células y cómo se puede modificar ese mensaje alterando el entorno. Vemos cómo la activación de una neurona influye en la activación de otras y estudiamos fundamentalmente patrones motores: en la sanguijuela, la natación es el movimiento por antonomasia, un movimiento muy articulado y muy bello de verse.
 
–En esta articulación hay una cosa que es medio enigmática, que es el hecho de que varias vías tengan una sola respuesta. Creo que ahí está cifrado uno de los problemas claves de la biología, que es el de la autoconciencia. Uno sabe que es uno, pero una sanguijuela, ¿sabe que es una sanguijuela?
 
–Es una pregunta que, por un lado, no me gusta contestar, porque se abusa de la interpretación que los neurobiólogos podemos hacer en función de entender la conciencia. De todos modos, yo siempre tuve una fórmula por la cual creo que todos los animales tienen conciencia de sí mismos: si le hacen daño, el animal se defiende y se escapa. Eso podría ser concebido como un acto reflejo: hay una cadena de neuronas que reacciona de manera automática si el animal es herido de alguna manera. Pero yo creo que hay allí un rudimento de conciencia. La defensa ante el peligro y el dolor creo que es una manera de decir: “Soy yo, diferenciado dentro del mundo, y no quiero que me dañen”.
 
–“Soy yo, esta sanguijuela y no aquélla.”
 
–O “soy yo, esta sanguijuela, y no una identidad con aquello que me está pinchando o me está quemando; soy algo diferente que no quiere ser sometido”.
 
–Si uno piensa en la conciencia a la luz de la teoría de la evolución, la conciencia tiene que haber evolucionado gradualmente. Entonces tuvo que haber habido pre-conciencia, sub-conciencia.
 
–Hay un biólogo muy reconocido en el campo de las ciencias que escribió hace poco un libro que se llama El yo en el vortex (I in the vortex), en el que propone algo que me pareció luminoso: él dice que la conciencia tiene que aparecer con los animales, porque la conciencia es predecir, y predecir es requerimiento para todo movimiento. Las plantas están, de alguna manera, sometidas, porque sus raíces las anclan a un lugar y ellas sólo pueden reaccionar limitadamente. Un animal que se mueve en el espacio tiene que predecir que sus movimientos no lo van a poner en peligro, y que sus movimientos van a ayudar a conseguir el fin por el cual esos movimientos se están produciendo. Este biólogo que le digo ve en la misma actividad motriz el rudimento de aquello que tiene que ser la conciencia. De todos modos, yo no estudio la conciencia.
 
–Pero se lo preguntaba como científica, como bióloga. Me interesa no solamente la materia particular de investigación sino las reflexiones de los investigadores sobre aquello que hacen. Más aún cuando uno piensa que el científico es una persona que reflexiona y postula teorías sobre el mundo sin saber si esas teorías efectivamente se corresponden con el mundo. En el caso de la física esto es más evidente que en el de la biología. En general, los físicos responden que lo que hacen son modelos, y que no es necesario explicar la naturaleza de las cosas. Creo que en la biología es diferente, porque el modelo no es matemático sino empírico. Las neuronas usted las ve, mientras que el físico tiene que postular la energía de manera abstracta.
 
–Bueno, son campos de conocimiento diferente, con abordajes diferentes. nosotros tenemos la suerte o la desgracia de trabajar con materias tangibles; los físicos, a veces no. Nosotros trabajamos con cosas que vemos, que tocamos, y nuestra imaginación está limitada por la realidad, por la materia.
 
–Un biólogo no puede refugiarse diciendo: “Esto es un modelo”.
 
–Conozco muy pocos que lo hacen. El biólogo, en general, quiere saber cómo la naturaleza verdaderamente actúa.
 
–Un físico podría decir que esa palabra, “verdaderamente”, es una palabra que a la ciencia no le interesa.
 
–Los biólogos somos más pedestres...
 
–No sé si más pedestres, me parece que desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia es más audaz.
 
–Bueno, de acuerdo. Lo que quería agregar es que la gran ambición de las neurociencias es explicar el estado de conciencia. Muy pocas personas la estudian de manera directa, se la va analizando de manera oblicua, pero yo creo que hay piezas del rompecabezas que todavía no se conocen. Para entender esa interfase entre un tejido que es carbono, agua y grasa y una estructura inasible físicamente como es la conciencia. Si uno desintegra un libro, va a encontrar la celulosa, el carbono, la tinta, pero no va a encontrar el libro. Si alguien estudia la literatura así, nunca va a entender la literatura. De todos modos, los biólogos estamos todavía más cerca de la desintegración del libro que de entenderlo como base física de la literatura.

Por Leonardo Moledo
 
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Las galaxias son estructuras formadas usualmente por millones de estrellas de diversos tipos, polvo, gas y un gran halo de una materia que no emite luz y se conoce usualmente como materia oscura. El primer conocimiento de la existencia de las galaxias vino de la mano de Edwin Hubble en 1923, cuando se dio cuenta que unas manchas que poblaban el cielo no eran otra cosa que estructuras enormes completamente independientes de nosotros. De hecho, nosotros vivimos en una de esas galaxias, la Vía Láctea, esa franja blanquecina que podemos observar a simple vista encima de nuestras cabezas en una noche clara de verano.

Años más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XX, con el incremento de la calidad de los telescopios, se descubrieron las mayores estructuras del universo: los cúmulos de galaxias. Estos objetos son, como si se trataran de ciudades de galaxias, agrupaciones gigantescas de cientos a miles de galaxias como la nuestra, millones de estrellas, gas y una gran proporción de materia oscura, todo ello ligado por medio de la gravedad. El tamaño de estos objetos oscila entre 3 y 30 millones de años-luz y con masas de entre varios cientos a millones de billones de veces la masa del Sol.

Los primeros del universo

Estos objetos son interesantísimos ya que se piensa que fueron los primeros que se formaron en el universo y, por lo tanto, el conocimiento de su origen, formación y evolución inferido a partir de la estructura y aspecto que observamos en la actualidad, es de enorme interés puesto que está directamente relacionado con el nacimiento y la evolución del universo.

Diversos estudios se han dedicado al desarrollado de teorías básicas sobre el origen y formación de estos cúmulos. Básicamente, la pregunta subyacente es: ¿cuál es el mecanismo que influye en la creación y evolución de estos objetos, lo innato o lo adquirido? El problema es algo parecido al que podemos plantear respecto al crecimiento y formación de una persona: ¿qué determina la manera de actuar y ser de una persona?, ¿el lugar dónde nació y quienes fueron sus padres, es decir, la herencia? o por el contrario, ¿las personas y lugares con los que interaccionó después, es decir, su entorno?

El primer modelo, el llamado modelo monolítico, establece la formación de los cúmulos y las galaxias que contienen bajo las mismas condiciones iniciales en las que se originó el universo. Así, partiendo de unas nubes de gas primigenio, esta teoría predice el colapso de dichas nubes bajo su propio peso. Posteriormente, al enfriarse, comenzaría el nacimiento de las primeras estrellas en su interior, y a partir de mecanismos de retroalimentación del gas, se formarían las primeras galaxias del universo.

El modelo jerárquico

Opuesto al modelo monolítico se encuentra el modelo jerárquico, a favor de la creación y evolución de las galaxias y los cúmulos galácticos a partir de la interacción con el entorno. En esta teoría, las partículas de gas que se encontrarían en halos de materia oscura proveniente de los primeros instantes del universo, irían colapsando y enfriándose lentamente al interaccionar entre ellas, creándose las primeras galaxias y posteriormente, los primeros cúmulos de galaxias.

En esta era en que nos encontramos, cada día tenemos telescopios más potentes, capaces de llegar a observar objetos más lejanos y por lo tanto, más cerca del inicio del universo. Además, disponemos de ordenadores capaces de realizar simulaciones impensables hace unos años, con los que podemos recrear y simular leyes físicas y probarlas sobre objetos astronómicos cómo si fuera un laboratorio estelar. Todo esto ha permitido entender y contrastar ambas teorías. En particular, el descubrimiento de cúmulos de galaxias muy lejanos con el telescopio espacial Hubble y las simulaciones de materia oscura fría han llevado a la elaboración del modelo más aceptado en al actualidad sobre el origen y formación de los cúmulos. Este modelo consiste en una combinación de las dos teorías anteriores. De esta forma, partiendo de las primeras nubes de gas y materia provenientes del principio del universo, procesos de fusión con otras estructuras propios del modelo jerárquico se irían combinando con procesos de colapso y retroalimentación para producir las estructuras que hoy vemos en la actualidad.

Aunque esta última teoría parece ser la más aceptada en la actualidad, todavía quedan muchas cuestiones que desentrañar y resolver. Cada poco tiempo, el descubrimiento de una nueva característica de un objeto hace plantearnos la validez de las teorías formuladas sobre el, provocando así el avance de la ciencia.

Por, Begoña Ascaso,  Universidad de California Davis
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