Alicia Sintes, profesora de la Universidad de las Islas Baleares

 

"Estamos ante el inicio de una nueva herramienta de observación astronómica y solo hemos dado un primerísimo paso"

 

Poco antes del mediodía del 3 de octubre, la profesora de la Universidad de las Islas Baleares, la física Alicia Sintes, recibió un claro y escueto mensaje de su marido. "Hay premio". Se refería al Nobel de Física que acababan de conceder a Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne por la detección de las ondas gravitacionales, un trabajo al que Sintes, líder del primer grupo español que ha trabajado en la detección de estas ondas dentro de la colaboración LIGO, ha dedicado más de 20 años de su vida.

"Estaba dando clases cuando mi marido me envió el mensaje. Lo único que hice fue preguntarle a quién y cómo se había repartido y luego continué con lo que estaba haciendo". Pero poco más de media hora después el teléfono de Sintes volvía a vibrar. "Estamos rodeados de periodistas". Aún así, la profesora continuó con sus alumnos, hasta que recibió una llamada del Rectorado. "Me dijeron que interrumpiera la clase inmediatamente, que me estaban esperando para dar una rueda de prensa".

El ajetreo, la presión y el estrés son una constante en la vida de esta física teórica de 48 años desde que en 2016 se anunciara la detección, por primera vez, de las ondas gravitacionales, una señal cuya existencia había propuesto Albert Einstein en su Teoría de la Relatividad General justo un siglo antes. A aquel anuncio, que fue identificado por muchos como el descubrimiento del año y que también se llevó el Premio Princesa de Asturias, le siguieron otros tres. En total, cuatro señales de ondas gravitacionales que provenían de sistemas de agujeros negros gigantes.

Pocos meses después, en agosto de este mismo año, se disparaban nuevos rumores en torno al experimento. La colaboración había vuelto a detectar una señal, pero esta vez era algo nuevo y tras dos meses de trabajo los investigadores publicaban sus resultados el pasado lunes. Habían observado por primera vez la fusión de dos estrellas de neutrones e iniciado una nueva era en la astronomía.


La primera vez que la entrevisté, varios años antes de la detección de las ondas gravitacionales, me dijo que estas ondas cambiarían la astrofísica y parece que el tiempo le ha dado la razón

Seguramente te diría algo así como que las ondas gravitacionales iban a revolucionar los conceptos actuales del universo [risas].


Algo así, sí [risas]

Pues mira, hemos anunciado cuatro detecciones de ondas gravitacionales de agujeros negros y una de estrellas de neutrones y hoy te puedo decir que hemos revolucionado toda la astrofísica. Hemos asociado las explosiones de rayos gamma con la fusión de estrellas de neutrones, hemos visto cómo se forman en el universo los elementos pesados como el plomo, el oro o el platino, que la mitad no se sabía de donde provenía.

También hemos podido hacer una medida totalmente independiente de la expansión del universo. Hemos hecho muchas cosas y todavía quedan muchos resultados interesantes por salir. Estamos ante el inicio de una nueva herramienta de observación astronómica y solo hemos dado un primerísimo paso, ya que estos detectores ni siquiera han alcanzado la sensibilidad de diseño.


Y cuándo la alcancen ¿qué nos espera?

A corto o medio plazo quedan muchísimas cosas que revolucionar con ondas gravitacionales, como la observación de supernovas y de púlsares, ver cómo se forman los agujeros supermasivos en los centros de las galaxias, estudiar los límites de la Teoría de la Relatividad General... aún queda mucho y todo es emocionante.

 

¿Y a largo plazo?

La detección del fondo cósmico de ondas gravitacionales. Con este fondo podríamos ver los primeros instantes tras el Big Bang, cuando el universo no tenía ni un segundo de vida. Ahora mismo solo podemos ver el fondo cósmico de microondas, de cuando el universo tenía al menos 300.000 años, pero con el fondo de ondas gravitacionales podremos ver mucho más atrás. Cuando lo detectemos sabremos cómo hemos llegado hasta aquí. Sería algo impresionante, pero para eso probablemente nos queden 20 años.


¿Siempre tuvo claro que este campo sería tan importante?

Sí. Recuerdo que cuando estaba haciendo el doctorado era más teórica y trabajaba con modelos cosmológicos, pero un día en una escuela de verano vi lo de las ondas gravitacionales y pensé que iban a ser los mensajeros del futuro, que serían extremadamente importantes.


Pero entonces no había prácticamente nada

No, aún no había datos, pero había mucho trabajo que hacer y varios experimentos en los que me podía meter. Sabía que aquello iba para largo, pero que merecería la pena.


¿Y la ha merecido?

Por supuesto. Llevo 20 años en esto de las ondas gravitacionales y al fin las he visto. Muchos otros se han dejado la piel y no han llegado a verlo. Pienso en gente como Joseph Webber, que desarrolló el primer detector de ondas gravitacionales y que murió en el año 2000 o Felix Pirani, que fue el teórico que entendió cómo se podían detectar estas ondas y que murió en 2015, poco después de las primeras detecciones, pero no sé si llegó a enterarse. Y piensa en los que se han llevado el Nobel. Weiss debe tener 85 años, porque tiene la edad de mi madre, y Barish creo que tiene 81, y los dos han dedicado toda su vida a esto.


Se podría decir que ha vivido en el momento adecuado

La verdad es que la naturaleza ha sido extremadamente benévola con nosotros. Ya lo fue hace dos años cuando empezamos con las primeras detecciones, porque nadie pensaba que hubiese esos sistemas de agujeros negros de masas superiores a 20 masas solares que hemos ido detectando. Y ahora hemos detectado un sistema binario de estrellas de neutrones, que ha sido algo alucinante.


¿Cómo fue la detección de las estrellas de neutrones?

Pues todo ocurrió en agosto, así que me destrozaron las vacaciones [risas]. Pero fue algo superemocionante, porque nosotros detectamos algo con ondas gravitacionales, pero luego se vio una explosión de rayos gamma, que además es la más cercana jamás detectada y entonces te das cuenta de que tienes algo muy gordo entre las manos y se monta el gran sarao.


¿El ‘gran sarao’?

A partir de la detección comienzan a saltar las alertas dentro de la colaboración, porque este mismo evento que vimos nosotros, se pudo observar de distintas formas: en rayos gamma, en rayos X, en óptico e incluso nueve días después lo vieron en radio, así que hay todo un trabajo de coordinación para ver qué resultados hay que publicar y tener los artículos listos en menos de dos meses.


¿Dos meses no es poco tiempo para publicar resultados científicos?

Totalmente. La presión ha sido impresionante. Recuerdo que después de la primera detección en 2015, los primeros resultados tardaron seis meses en publicarse, pero ahora había más presión. Además, esta vez no se ha publicado un artículo diciendo que hemos detectado tal cosa, sino que hemos publicado nueve estudios con resultados científicos importantes.


Supongo que habrá sido agotador

Mucho. Llevo tres semanas durmiendo 4 horas diarias y la verdad es que ya no puedo más.


No debe ser fácil trabajar en una gran colaboración internacional como LIGO

Es emocionante, pero también duro, porque dentro hay mucha competencia y nosotros tenemos que competir con grupos como el del Max Planck, que tiene cerca de 30 personas dedicadas solo al estudio de binarias, mientras que ahora mismo nosotros solo somos 12. Básicamente luchamos para que no nos arrasen.


¿Es difícil hacer que el grupo crezca?

Sí, es difícil, aunque hemos tenido una respuesta muy positiva por parte del Gobierno balear, que nos dio una financiación extra que nos ha salvado, porque nos ha permitido contratar a un investigador posdoctoral más. Sin ese dinero no sé que habríamos hecho.


¿Y el Ministerio?

La última vez que pedí un proyecto al Ministerio la cosa fue bastante bien, pero en este país uno siempre tiene la duda de a cuánto se le va a quedar el siguiente proyecto, porque la inversión en I+D se ha recortado mucho y ahora mismo estamos a niveles de hace una década.


¿Crees que el Gobierno no valora lo suficiente la ciencia?

Creo que cualquier país decente debería tener un ministerio de investigación, ciencia o como se quiera llamar. Que hayan eliminado ese ministerio, duele, y que estemos bajo el de Economía, Industria y Competitividad, sin que ni siquiera aparezca la palabra ciencia en el nombre, duele.

 

Respecto a los premios, el Princesa de Asturias ha premiado a la colaboración, pero el Nobel solo es para tres personas ¿le parece correcto?

No lo veo del todo mal y todas las personas que hemos trabajado en la colaboración nos sentimos parte del premio. Ahora, sí hay algo de lo que me puedo quejar del Nobel de Física y es que en más de 100 años solo se haya premiado a dos mujeres.

 

Y la última fue hace más de medio siglo


Exacto. Hay que romper estereotipos de una vez, porque nombres hay y ha habido. A Jocelyn Bell no se le dio, a Vera Rubin no se le dio y así podríamos seguir con una infinidad de nombres de mujeres a las que nunca se reconoció. Esta claro que también ha habido hombres a los que no se les ha reconocido, porque hay mucha gente puntera que ha sido merecedora de este galardón, pero ya es hora de que se empiece a equilibrar la balanza.

 

 

NASA / JPL-CALTECH / MSSS

Científicos de la Nasa descubren evidencia de sedimentos en gran mar de hace millones de años

La actividad volcánica combinada con el líquido estancado propició condiciones que habrían sido similares a las que existieron en el orbe, señala experto del centro espacial en Houston

 

Científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa, por sus siglas en inglés) encontraron evidencias de antiguos depósitos hidrotermales de fondo marino en Marte, lo cual podría ofrecer datos sobre el origen de la vida en la Tierra.

Los resultados se dieron luego de que los especialistas analizaran un reciente informe internacional que explora las observaciones del Orbitador de Reconocimiento de Marte (MRO, por sus siglas en inglés) de depósitos masivos en una cuenca en el sur del llamado planeta rojo.

Según la Nasa, los datos son evidencias de que los sedimentos marcianos se crearon por agua caliente de una parte volcánica activa de la corteza del planeta que emergió en el fondo de un gran mar hace miles de millones de años.

Si nunca encontramos evidencias de que ha habido vida en Marte, este sitio puede informarnos sobre el ambiente donde la vida pudo haber comenzado en la Tierra, destacó Paul Niles, miembro del Centro Espacial Johnson de la Nasa en Houston.

Explicó que la actividad volcánica combinada con el agua estancada proporcionó condiciones que eran de forma probable similares a las que existieron en la Tierra aproximadamente al mismo tiempo, cuando la vida temprana estaba evolucionando aquí.

Señaló que según los científicos, los depósitos marcianos atribuidos a la actividad hidrotermal del fondo marino tienen una edad aproximada de tres mil 700 millones de años.

La agencia espacial estadunidense indicó que las condiciones hidrotermales submarinas en la Tierra cercanas a ese mismo tiempo son un parámetro relevante para determinar el lugar y la fecha en que comenzó la vida en nuestro planeta.

A pesar de que el planeta todavía cuenta con dichas condiciones, donde las formas de vida prosperan en la energía química extraída de rocas, sin luz solar, debido a la corteza activa del planeta azul, se tiene poca evidencia geológica directa del momento que comenzó la vida, aclaró.

Sin embargo, apuntó, la posibilidad de actividad hidrotermal submarina dentro de lunas heladas como Europa en Júpiter y Encelado en Saturno, mantienen el interés de buscar vida en los satélites de los planteas.

Refiró que las observaciones realizadas a Marte con el MRO ofrecieron datos para identificar minerales en depósitos masivos dentro de la cuenca Eridania del planeta rojo.

Este sitio nos da una historia convincente de un mar profundo, de larga duración y un ambiente hidrotermal de aguas profundas. Es evocador de los ambientes hidrotermales de alta mar en la Tierra, detalló Niles.

El investigador señaló que similar a los ambientes donde la vida podría ser encontrada en otros mundos, la vida que no necesita una agradable atmósfera o superficie templada, sino sólo rocas, el calor y el agua.

De acuerdo con la Nasa, los científicos estiman que el antiguo mar Eridania tenía cerca de 210 mil kilómetros cúbicos de agua, es decir, casi nueve veces más que el volumen combinado de todos los grandes lagos de América del Norte.

Precisó que la mezcla de minerales identificados que incluyen la serpentina, talco y carbonato, así como, la forma y textura de las capas gruesas del lecho rocoso, condujeron a la identificación de posibles depósitos hidrotermales en el fondo marino.

Agregó que el área también presenta flujos de lava que datan la desaparición posterior del mar, lo que sería una evidencia de que es una zona de corteza de Marte con susceptibilidad volcánica que pudo producir efectos cuando el mar estaba presente.

 

 

LIGO de Louisiana, en la ciudad de LIvingstone.

 

Es un intento de divulgación. Nada nuevo para personas ya puestas en la materia. Me baso en artículos de diarios y de revistas. Algunos de ellos, llevan la firma de Nuño Domínguez. En mi opinión, uno de los mejores divulgadores científicos de nuestros país. También en una nota del físico de la UAM Juan García-Bellido.


Las ondas gravitacionales [OG]

 

Son vibraciones en el espacio-tiempo, el material del que está hecho el universo. En 1916, Albert Einstein predijo que, según su teoría general de la relatividad [TGR], los cuerpos más violentos del cosmos -las explosiones estelares en supernovas, las parejas de estrellas de neutrones, la fusión de dos agujeros negros supermasivos, la fuente más potente de estas ondas- liberan parte de su masa en forma de energía a través de estas ondas “que tienen más energía que billones y billones de bombas atómicas”. El físico con extenso expediente del FBI creyó también, creencia que ahora sabemos que es errónea, que no sería posible detectarlas debido a que se originan en lugares muy distantes. Serían imperceptibles al llegar a nuestro planeta.

Las OG, la metáfora ha sido muy usada, son comparables a las ondas que se mueven en la superficie de un estanque o al sonido en el aire. Deforman el tiempo y el espacio y, en teoría, viajan a la velocidad de la luz. Su paso puede modificar la distancia entre planetas de forma muy leve. Las frecuencias de algunas de estas ondas coinciden con las del sonido.

Las OG abren una nueva era en el conocimiento del universo. Toda la información que tenemos del cosmos -se cree que solo conocemos el 5%- es por la luz en sus diferentes longitudes de onda: visible, infrarroja, ondas de radio, rayos X, etc. Las OG nos dan, digamos, un sentido más y nos permiten saber qué está pasando allí donde hasta ahora no veíamos nada.

También permiten saber si la Teoría General de la Relatividad se mantiene vigente en los rangos de presión y gravedad más intensos que pueden concebirse... O no, por supuesto.

 

LIGO

 

El Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en EE UU, captó en 2015 las ondas producidas por la fusión de dos agujeros negros. La primera vez que se captan OG, un siglo después de que Einstein predijera su existencia.

Sólo existían pruebas indirectas de su existencia. En 1978, Rusell Hulse y Joseph Taylor demostraron que un púlsar binario -dos estrellas orbitando juntas, una de ellas un púlsar- estaban cambiando ligeramente su órbita debido a la liberación de energía en forma de OG en una cantidad idéntica a la que predecía la TGR. Ambos ganaron el Nobel de Física en 1993. Las teorías de Einstein dan para muchos premios como vemos.

Diez años después, en 2003, se confirmó que lo mismo sucede con otra pareja estelar, en este caso de dos púlsares.

El LIGO es un gran instrumento óptico de precisión desarrollado por los institutos tecnológicos de California (Caltech) y Massachusetts, (MIT) y la Colaboración Científica LIGO, en la que participan unos 1.000 investigadores de muchos países (España incluida). La instalación consta de dos detectores láser con forma de L. Cada brazo de esa L tiene 4 kilómetros y hay dos detectores idénticos, uno en Luisiana y otro a unos 3.000 kilómetros, en el estado de Washington. LIGO puede identificar variaciones equivalentes, no hay error en la medida, a una diezmilésima parte del diámetro de un átomo. Es la medición más precisa jamás lograda por un instrumento científico.

Se necesitan al menos dos detectores. ¿Para qué? Para evitar los falsos positivos causados por cualquier vibración local como terremotos, tráfico o fluctuaciones del propio láser. Al contrario que todos ellos, este es un punto importante, una OG causará una perturbación exactamente igual en Luisiana que en Washington.

Con la configuración actual, LIGO puede ver-detectar a una distancia de unos 1.000 millones de años luz de la Tierra (1.000 x 1.000.000 * 365* 84.600 * 300.000 kms = 9.263.700.000.000.000.000.000 de km). Se cree que LIGO alcanzará su máxima potencia en 2020.

 

El descubrimiento de la primera señal de OG.

 

Los responsables del LIGO anunciaron en 2016 que habían captado las ondas producidas por el choque de dos agujeros negros. El anuncio se hizo en una conferencia de prensa celebrada en Washington. Los resultados científicos fueron aceptados para su publicación en Physical Review Letters. "Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido", exclamó el director ejecutivo del LIGO, David Reitze. "Hemos tardado meses en ver que realmente eran las OG, pero lo que es verdaderamente emocionante es lo que viene después, abrimos una nueva ventana al Universo".

La primera señal se captó el 14 de septiembre de 2015 en los dos detectores idénticos de este experimento, situados como se dijo a unos 3.000 kilómetros de distancia. La señal venía de una fusión que sucedió hace 1.300 millones de años, fruto del violento abrazo de dos agujeros negros cuya masa era entre 29 y 36 veces mayor a la del Sol. Los dos agujeros “se fundieron en uno liberando una energía equivalente a tres masas solares, que salió despedida en forma de OG en una fracción de segundo”.

Este proceso de masa transformándose en energía en fracciones de segundo lo describe la ecuación más famosa de la historia de la ciencia E=mc2. El hallazgo abre un nuevo camino en astronomía. Estas ondas, como se dijo, son comparables al sonido y permiten estudiar objetos que eran totalmente invisibles hasta ahora.

Nuestros oídos empiezan a escuchar “la sinfonía del universo”.

Este tipo de señales mostrarán si estos violentísimos sucesos ocurren tal y como predice la teoría de la relatividad de Einstein o si debemos buscar otra nueva para entenderlos.

 

La detección de OG gana el Nobel de Física 2017.


Los científicos estadounidenses Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne han ganado el Premio Nobel de Física 2017 por su trabajo en LIGO. El jurado ha reconocido a los científicos por un "descubrimiento que sacudió al mundo", ha señalado Göran Hansson, el secretario general de la Real Academia de Ciencias Sueca, al anunciar el fallo del jurado.

Los tres físicos, junto al resto de la colaboración internacional del experimento, también recibieron este año el Premio Princesa de Asturias por su papel en el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales.

El jurado de la academia sueca ha reconocido a Rainer Weiss como uno de los pioneros “en el diseño de los primeros interferómetros láser cuyos haces de luz estaban especialmente concebidos para vibrar al paso de una leve onda gravitacional, un trabajo que inició a finales de los años 60 en el Instituto de Tecnología de Massachusetts”. Unos años después, el físico teórico Kip Thorne comenzó a trabajar en el diseño de dispositivos similares en el Instituto de Tecnología de California. “Ambos proyectos quedaron unidos en el actual LIGO, cuya construcción fue aprobada en 1990”. Barry Barish, el tercer premiado, lideró la etapa de edificación y puesta en marcha de los dos grandes interferómetros del proyecto, que están separados, como se comentó, por más de 3.000 kilómetros para maximizar las probabilidades de captar una señal. También fue quien dio al proyecto su actual proyección internacional. Más de 1.000 científicos de 20 países -incluida España a través del grupo de gravitación y relatividad de la Universidad de las Islas Baleares que lidera Alicia Sintes- han contribuido en esta gran hazaña científica.

El físico de la UAM, Juan García Bellido, ha explicado lo sucedido en los siguientes términos:

1. Dos enormes interferómetros en Washington y Luisiana ”detectaron el pasado 14 de septiembre de 2015, por primera vez en la historia, la emisión de ondas gravitacionales generadas en los últimos instantes de la fusión de dos agujeros negros de unas 30 masas solares cada uno, abriendo una nueva era de la astronomía y la cosmología”.

2. El 11 de febrero de 2016 se pudo seguir en directo la rueda de prensa que los fundadores del experimento, “Reiner Weiss, Ronald Drever y Kip Thorne, dieron en Washington, en la sede de la National Science Foundation estadounidense, describiendo la detección de la señal inequívoca, por lo que los investigadores de la colaboración LIGO sabían que estaban ante un hito de la historia de la ciencia”.

3. Si el siglo XX fue el siglo de la exploración del universo gracias a las ondas electromagnéticas de todas las frecuencias de radio a los rayos gamma, “este siglo XXI seremos capaces de explorar el universo con una nueva sonda, las ondas gravitacionales. Nos va a permitir explorar la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura. En concreto, la emisión de ondas gravitacionales es tan precisa que podemos calibrar las fuentes con nuestros conocimientos de relatividad general y, por tanto, podemos usar estos eventos de fusión de agujeros negros como “sirenas estándar” para determinar con precisión las distancias a las galaxias lejanas, similar a lo que hacemos ahora de forma rutinaria con las supernovas”. De esta manera, prosigue García-Bellido, “es posible deducir el contenido de materia y energía que da lugar a la expansión acelerada del universo, y descubrir, por ejemplo, la naturaleza del campo responsable de dicha aceleración.

4. La precisión de las medidas hechas por estos detectores “es tan extraordinaria que podemos usar estas observaciones para testar la teoría de la relatividad general en régimen de campo fuerte y plantearnos la posibilidad de que en un futuro detectemos pequeñas desviaciones respecto a las predicciones de la relatividad general”. Si fuera así, se tendría la necesidad de buscar una teoría de la gravedad más allá de la actual, “posiblemente con nuevos efectos de gravedad cuántica”.

5. El avance tecnológico que ha sido necesario para llegar a construir el experimento LIGO “será el precursor de desarrollos aún más novedosos, con nuevos materiales y tecnologías, para explorar la detección de ondas gravitacionales a todas las frecuencias posibles, incluso aquellas que podrían darnos información de los primeros instantes del universo y de la naturaleza de la materia oscura”.

Acabamos de entrar en una nueva era científica, en opinión de Juan García-Bellido. Que así sea y que la paz la acompañe, que el armamento nuclear sea destruido y que el humanismo bien entendido sea su guía. ¡Ciencia para la emancipación humana, no para su destrucción!

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

 

El inglés Richard Henderson, el estadunidense Joachim Frank y el suizo Jacques Dubochet

 

De Jacques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson, abrió una nueva era de la bioquímica

Gracias a él, los investigadores pueden congelar (...) las biomoléculas y visualizar procesos que nunca se habían observado, algo decisivo para el desarrollo de fármacos, señala jurado

 

El suizo Jacques Dubochet, el estadunidense Joachim Frank y el británico Richard Henderson ganaron este miércoles el Nobel de Química por el desarrollo del microscopio crioelectrónico, que sirve para obtener imágenes en alta resolución de la estructura de diminutas biomoléculas en solución.

"El microscopio crioelectrónico simplifica y mejora el escaneo de las biomoléculas. Este método ha llevado a la bioquímica a una nueva era", señaló en Estocolmo la Academia de Ciencias de Suecia.

Gracias a él, "los investigadores pueden congelar (...) las biomoléculas y visualizar procesos que nunca se habían visto, algo decisivo para la comprensión básica de la química de la vida y para el desarrollo de fármacos", añadió.

"Nos abrieron un mundo nuevo", afirmó Peter Brzezinski, miembro del jurado. "Esas moléculas son muy pequeñas": si se les compara con el tamaño del hombre, son tan pequeñas como lo es el ser humano respecto de la Luna, ejemplificó. Esta técnica se ha utilizado recientemente para estudiar las biolmoléculas relacionadas con el virus del zika, que azotó Brasil y otros países, latinoamericanos. También podrá aplicarse en la lucha contra la resistencia a los antibióticos: permitirá estudiar las bacterias para desarrollar medicamentos contra las bacterias resistentes.

 
Evolución

 

La técnica es una evolución de la del microscopio electrónico, desarrollada en los años 30 y por la que Ernst Ruska recibió el Nobel de Física en 1986. Durante mucho tiempo se pensó que sólo podría utilizarse con materia inerte, ya que el potente rayo de electrones que utilizan destruye la biológica.

Sin embargo, Richard Henderson (Edimburgo 1945) consiguió en 1990 utilizar un microscopio electrónico para generar una imagen tridimensional de una proteína con una resolución atómica. Según el Comité Nobel, ese avance "mostró el potencial de esa tecnología".

Frank, estadunidense nacido en Alemania en 1940, logró que la tecnología pudiera generalizarse. Entre 1975 y 1986 desarrolló un método por el que las imágenes bidimensionales borrosas vistas por el microscopio electrónico son analizadas y mezcladas para formar una nítida estructura tridimensional.

Dubochet (Aigle, 1942) consiguió solucionar el problema de que las biomoléculas se secan y colapsan en el vacío que necesitan los microscopios electrónicos para funcionar. A principios de los años 80, el suizo Dubochet consiguió vitrificar agua: la enfrió tan rápidamente que se solidificó en forma líquida alrededor de la muestra biológica analizable. De esa forma es posible que las biomoléculas mantengan su forma natural incluso en el vacío. Tras esos descubrimientos, en 2013 se consiguió la resolución atómica y ahora los investigadores pueden reproducir la estructura tridimensional de las biomoléculas de forma rutinaria. Esta tecnología ha conseguido obtener imágenes precisas, por ejemplo, de la superficie del virus del zika o de las proteínas que provocan resistencia antibiótica. Frank, desde 2008 profesor en la Universidad de Columbia (Nueva York), aseguró sentirse "totalmente abrumado" por la noticia.

"Pensaba que las posibilidades de ganar un premio Nobel eran minúsculas", expresó por teléfono a los periodistas que cubrían la noticia en Estocolmo.

El científico de 77 años aseguró que sus moléculas preferidas son los ribosomas, las fábricas de proteínas de las células. Aseguró, también, que las aplicaciones prácticas de la tecnología que impulsó son "inmensas", aunque en el campo de la medicina llevará aun algunos años.

Henderson, de 72 años, dirige un laboratorio de biología molecular en Cambridge. La noticia le agarró lejos de su universidad debido a una conferencia, pero aseguró que lo celebrará el jueves con su equipo.

El suizo Dubochet, de 75 años, se doctoró en 1973 y actualmente es profesor honorario de biofísica en la Universidad de Lausana.

Los tres ganadores del Nobel se conocen bien y se alegraron al recibir la noticia, según explicó Peter Somfai, miembro del jurado Nobel. "Parecen una familia de químicos, simpática y alegre".

Cada premio está dotado alrededor 1.1 millón de dólares y la ceremonia de entrega tiene lugar el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de su fundador, Alfred Nobel.

 


 

 

Técnica revolucionaria

 

 

De la Redacción

 

Rosario Muñoz Clares y Lilian González Segura, investigadoras de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirmaron que con el microscopio crioelectrónico, desarrollado por Jaques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson, se revolucionan los estudios de proteínas, al permitir tener imágenes de su comportamiento molecular en un nivel que antes era imposible.

Esto tendrá múltiples aplicaciones, pues puede contribuir al desarrollo de fármacos y vacunas, así como al mejoramiento de productos agrícolas.

Entre las aplicaciones más relevantes está el estudio para saber cómo ataca la salmonela a la célula; caracterizar proteínas que ofrecen resistencia a la quimioterapia y antibióticos; el análisis de complejos moleculares que alteran el ciclo circadiano, o bien, captar las reacciones de las proteínas fotosintéticas ante la luz.

Con esta innovación se simplifica y mejora la obtención de imágenes de biomoléculas. Esta técnica ha llevado la bioquímica a una nueva etapa, dijeron las investigadoras, en un comunicado de la UNAM.

“Se abre un amplio horizonte para conocer más a fondo la estructura de las proteínas, que hasta ahora no eran fáciles de abordar con lo que teníamos.

Estudiarlas y conocer su estructura a nivel atómico en detalle ahora es posible, señaló Muñoz Clares, responsable del Laboratorio de Estructura, Función y Evolución de Proteínas.

González Segura dijo que si uno conoce bien la estructura y cómo está su arreglo atómico, entonces se puede manipular directamente sobre el sitio que nos interese.

 

 

El premio Nobel de Química se concede desde 1901 (LVE)

 

Una técnica de microscopía que permite ver moléculas biológicas en tres dimensiones y en alta resolución ha sido reconocida con el premio Nobel de Química de 2017. Según ha informado la Real Academia de Ciencias Sueca, el suizo Jacques Dubochet, el germano-estadounidense Joachim Frank y el británico Richard Henderson han sido galardonados por un avance que “ha hecho entrar la bioquímica en una nueva era”.

Dubochet, Frank y Henderson reciben el premio “por haber desarrollado la criomicroscopía electrónica para la determinación de la estructura en alta resolución de biomoléculas en solución”.

Gracias a esta técnica, “ahora los investigadores pueden visualizar procesos que nunca habían observado antes”, destaca la academia de ciencias sueca en un comunicado. Las imágenes de proteínas y otras moléculas biológicas obtenidas con la criomicroscopía electrónica “son decisivas tanto para la comprensión básica de la química de la vida como para el desarrollo de fármacos”.
La técnica se ha desarrollado a partir de la microscopía electrónica clásica, que sólo se podía aplicar a la materia inerte porque la energía de sus haces de electrones destruye el material biológico.

Jacques Dubochet, nacido en Aigle (Suiza) en 1942 y afiliado actualmente a la Universidad de Lausana, fue pionero en utilizar agua para observar muestras con microscopía electrónica. A principios de los años 80, consiguió vitrificar el agua -es decir, enfriarla tan rápido que se solidificaba con su forma líquida alrededor de una muestra biológica, de modo que las moléculas biológicas conservaban su forma original-.

De manera independiente, Joachim Frank, nacido en Munich (Alemania) en 1940 y actualmente investigador en la Universidad Columbia en Nueva York, desarrolló entre 1975 y 1986 una técnica para procesar las imágenes en dos dimensiones del microscopio electrónico para obtener una imagen en tres dimensiones.

Por su parte, Richard Henderson, nacido en Edimburgo (Reino Unido) en 1945 y afiliado a la Universidad de Cambridge, utilizó por primera vez en 1990 un microscopio electrónico para obtener una imagen en tres dimensiones de una proteína. “Aquel hito demostró el potencial de la técnica”, destaca la academia de ciencias sueca.

En las dos décadas siguientes, la criomicroscopía electrónica se ha perfeccionado hasta que en 2013 alcanzó el objetivo de observar moléculas átomo por átomo. Ahora, “los investigadores pueden producir estructuras tridimensionales de moléculas de manera rutinaria”, añade la academia sueca. “En los últimos años, la literatura científica se ha llenado de imágenes de todo tipo de estructuras, desde proteínas que causan resistencia a antibióticos hasta la superficie del virus del zika”.

Gracias a las aportaciones de los tres premiados, “la bioquímica se encuentra ante un desarrollo explosivo y se prepara para un futuro apasionante”.

 

 

Barry C. Barish y Kip S. Thorne, ambos del Instituto Tecnológico California, celebran el premio. A la derecha, Rainer Weiss, profesor emérito del Instituto Tecnológico Massachusetts, recibe felicitaciones por el galardón

 

Aunque en la investigación participa gran número de científicos, los galardonados fueron escogidos por sus contribuciones decisivas, señala el comité de la academia sueca

 

En esta ocasión, las predicciones se cumplieron: el premio Nobel de Física fue concedido este martes a los estadunidenses Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne por la confirmación directa de la existencia de las ondas gravitacionales predichas por Albert Einstein hace un siglo.

Los pioneros Rainer Weiss y Kip S. Thorne, junto con Barry C. Barish, el científico y líder que completó el proyecto, garantizaron que cuatro décadas de esfuerzos llevaran a que finalmente se observaran las ondas gravitacionales, informó la Academia Real Sueca desde Estocolmo.

Las ondas gravitacionales se producen cuando las masas se aceleran y comprimen, y estiran el espacio. Se propagan en el vacío a la velocidad de la luz y distorsionan el espacio-tiempo, de forma parecida a las ondas que produce una piedra que se lanza al agua. Su detección abre una nueva ventana para el estudio del universo, que permitirá descubrir nuevos fenómenos y alcanzar regiones del espacio-tiempo no accesibles hasta ahora.

Thorne, de 77 años, y Weiss, de 85, desarrollaron desde los años 70 la técnica básica para la medición de las ondas, mientras Barish (de 81) perfeccionó esa tecnología e impulsó el proyecto LIGO hasta convertirlo en una investigación en la que participan más de un millar de científicos.

 

Huella de la fusión de dos agujeros negros

 

El observatorio estadunidense LIGO, puesto en marcha en 2002, consiguió captar en 2015 la huella de la fusión de dos agujeros negros. Dicha prueba confirmó la existencia de las ondas gravitacionales, la última gran predicción de la teoría de la relatividad general de Einstein que aún quedaba por constatar de forma directa. Los científicos de LIGO detectaron las primeras ondas el 14 septiembre de 2015 y el hallazgo se publicó el 11 de febrero de 2016.

Desde entonces han sido detectadas en tres ocasiones, la más reciente anunciada hace pocas semanas en el Observatorio Virgo, en Italia. Es realmente maravilloso, afirmó Weiss por videoconferencia poco después de conocer la noticia, recordando que el descubrimiento fue fruto de una gran colaboración internacional. “Nos llevó un tiempo –casi dos meses– convencernos de que habíamos visto algo que realmente era una onda gravitacional”, recordó.

Thorne, por su parte, siempre estuvo convencido de que el hallazgo obtendría el Nobel algún día. Es uno de los mayores logros científicos de los años recientes, afirmó este martes. Sin embargo, sí le sorprendió que el comité lo escogiera entre los miles de físicos involucrados, ya que sólo intervino en los preparativos y los comienzos de LIGO. El verdadero éxito fue de los colegas más jóvenes que llevaron a cabo el experimento, afirmó.

Pero aunque en el proyecto está involucrado un gran número de científicos, los nuevos Nobel fueron escogidos por sus contribuciones decicisivas, explicó Mats Larsson, miembro del comité.

En 1993 ya hubo un Premio Nobel a la demostración, entonces indirecta, de las ondas gravitacionales. Los astrónomos estadunidenses Joseph Taylor y Russel Hulse observaron en 1974 un pulsar binario, es decir, dos estrellas de neutrones que orbitan una en torno a la otra. Su periodo orbital se reducía lentamente, lo que se podía explicar exactamente con la pérdida de energía mediante ondas gravitacionales. Weiss, Thorne, Barish y la Colaboración Científica LIGO también fueron galardonados este año con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, uno de los más importantes en España.

Weiss (Berlín, Alemania, 29 de septiembre de 1932), es reconocido a escala internacional por haber inventado la técnica interferométrica láser, que supuso la base para la construcción del observatorio LIGO. Es considerado, además, pionero en la medición del espectro de radiación del fondo cósmico de microondas, radiación procedente de fotones en la etapa más temprana del universo.

Thorne (Logan, Utah, Estados Unidos, 1940), astrofísico y uno de los mayores expertos en la teoría general de la relatividad de Einsten, es cofundador de LIGO. En los años 60 y 70 fijó los fundamentos teóricos de las pulsaciones de estrellas relativistas y las ondas gravitacionales que emiten y, posteriormente, desarrolló la formulación matemática mediante la cual se analiza su generación.

Por otra parte, Barish (Omaha, Nebraska, Estados Unidos, 1936) creó en 1997 la Colaboración Científica LIGO. Bajo su liderazgo se aprobaron las mejoras que condujeron al posterior perfeccionamiento de las infraestructuras.

 

 


 

"LIGO, una proeza científica"

 

Con el desarrollo del Observatorio de Detección de Ondas Gravitatorias (LIGO, por sus siglas en inglés), los galardonados con el premio Nobel de Física 2017 lograron una proeza científica al captar ese fenómeno, considerado uno de los avances más importantes en la astronomía en los pasados 50 años.

Shahen Hacyan, investigador del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que al desarrollar el LIGO, Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne lograron una proeza.

En un comunicado, el experto señaló que el hallazgo abre una nueva ventana al universo. Hasta ahora veíamos el cosmos a través de la luz, o de los neutrinos, pero ahora observaremos otra faceta, expuso Hacyan, en un mensaje difundido en Facebook.

Destacó que por medio de su teoría de la relatividad general, Albert Einstein predijo la existencia de ondas gravitacionales. Él se dio cuenta de que así como existen ondas electromagnéticas –luz, ondas de radio o rayos X– que transportan energía y permiten comunicarnos en el mundo, debía haber algo similar, pero relacionado con la gravedad.

La gran diferencia es que estas ondas son extremadamente débiles, tanto que para generarlas se necesita el movimiento de estrellas u hoyos negros, pues es imposible producirlas en laboratorio.

Aunque el mismo Einstein no consideraba posible detectarlas, varios físicos se plantearon el reto de encontrarlas y la propuesta de los ganadores del Nobel fue la construcción de interferómetros o equipos que lanzan luz en dos direcciones distintas.

La idea consiste en colocar espejos muy grandes, alejados entre sí por varios kilómetros, que al detectar una onda gravitacional vibran ligeramente, concepto que probó ser correcto en septiembre de 2015, cuando fue captada la primera.

En tanto, Alan Watson, investigador del Instituto de Astronomía, también de la UNAM, consideró que se trata de uno de los avances más importantes en la astronomía en los pasados 50 años. Es como presenciar el descubrimiento del primer telescopio, pero esta vez usando las ondas gravitacionales, precisó.

 

 

 

Hay orden en el vuelo de los mosquitos

 

El frenético vuelo de una nube de mosquitos tiene pautas de organización con similitudes con el comportamiento de los estorninos y otras especies

 

¿Acaso hay algo más desordenado que una nube de mosquitos que vuela enloquecida sobre un espejo de agua? Aunque parezca un cúmulo caótico y sin orden, hay un patrón de organización en el que los científicos ponen la lupa para entender mejor sus interacciones.

“No me atrevería a decir que el vuelo de los mosquitos tiene una lógica, pero podemos entender que la nube de estos insectos no vuela al azar”, dice Tomás Grigera, científico argentino que junto con otros colegas italianos ha analizado el comportamiento del vuelo de los jejenes (Phlebotomus papatasi) en las fuentes y otros espejos de agua de Roma.

Los jejenes, una variedad de mosquito muy popular en la capital italiana, forman grandes nubes sobre formaciones de agua para atraer a las hembras. Estas atraviesan el cúmulo de insectos en una rápida búsqueda de pareja para realizar la fecundación que se produce fuera del enjambre.

Aunque los miles de insectos que forman un enjambre parecieran volar libremente y sin rumbo fijo, hay precisas interacciones y coordinaciones entre ellos. Más específicamente, estos mosquitos se agrupan en subconjuntos, donde vuelan hacia una determinada dirección por unos instantes y de repente, como si respondieran a un llamado invisible, se desintegran y se reagrupan en otro sentido. Pero en este complejo baile aéreo cada jején vuela a una velocidad similar a la de otro compañero que se mantiene a una cierta distancia.

“Cuando uno mide las velocidades del enjambre se da cuenta que están correlacionadas: lo que hace un individuo en un extremo no es independiente de lo que hace otro en el otro extremo”, precisa a La Vanguardia este científico del Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos, perteneciente a la Universidad de La Plata (Argentina).

Cuando se conoce la relación que hay entre las direcciones de dos insectos que se encuentran en distintos puntos, “vemos que esas posiciones también tienen que ver con lo que va a pasar a su alrededor”, explica, un comportamiento que se denomina correlación dinámica o temporal.

 

Un comportamiento similar al de las aves


Esta frenética danza de los mosquitos tiene una cierta relación con el comportamiento colectivo de otras especies animales, como los estorninos. Estas pequeñas aves forman grandes cúmulos de cientos de ejemplares que dibujan largas lenguas negras en el cielo. Los científicos no se han puesto de acuerdo la razón de que formen estas bandadas, pero lo más probable es que sea una forma de defensa ante el ataque de depredadores como el halcón.

Así como con los jejenes, los estorninos cambian de rumbo en forma inesperada por la transmisión de información entre los pájaros más cercanos, un cambio de rumbo que se comunica a los demás miembros de la bandada en forma exponencial. Cuando se detecta la presencia de un depredador, las aves que encabezan la formación cambian de trayectoria y este comportamiento es imitado por el resto de sus congéneres.

En la investigación publicada en Nature Physics, Grigera y los científicos italianos consideran que el mismo mecanismo de los estorninos se puede aplicar a los jejenes, aunque estos insectos no llegan a tener una coordinación tan elaborada como las aves, famosas por las plásticas figuras que elaboran en el cielo.

 
Las aplicaciones que surgen del estudio de los enjambres


El estudio del vuelo de los jejenes y los estorninos se puede extrapolar a otros campos. Por ejemplo, precisa Grigera, si se quiere mantener la llamada “ecuación del grupo” entre diversos drones para que vuelen en forma ordenada, el comportamiento de estas especies acercan pautas que se pueden replicar en el vuelo de estos aparatos.

Los comportamientos de las hormigas, las abejas, las luciérnagas y otras especies de insectos que se agrupan en grandes cúmulos también son analizados para descubrir nuevas pautas en las investigaciones en torno a la inteligencia artificial. La ‘inteligencia de enjambre’ investiga cómo es que la suma de cientos o miles de ejemplares crea un comportamiento colectivo, pero sin un líder que los guíe.

 

img cvillalonga 20170920 181049 imagenes lv otras fuentes istock 144796549 kdGD 656x436LaVanguardia Web

 

Por ejemplo, los logaritmos basados en las colonias de hormigas son útiles para buscar pautas de comportamiento en donde se necesitan explorar diferentes caminos para alcanzar una misma meta. La coordinación que tienen estos insectos cuando entran y salen de sus nidos es analizada por los expertos en tráfico para dilucidar cómo miles de ejemplares entran y salen de un punto determinado sin chocar ni crear congestiones. También se ha estudiado su comportamiento para crear algoritmos que permitan una mayor eficacia en la asignación de los aviones en las terminales áreas.

Aunque el vuelo de un mosquito sea intrascendente, la ciencia siempre le sacará algún tipo de provecho.

 

 

El secretario del comité del Nobel de Medicina, Thomas Perlmann, anuncia los tres premiados de este año.

 

Los premiados son los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young

 

Los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young han ganado hoy el premio Nobel de Medicina de 2017, "por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano", según el jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo, responsable del galardón. El premio está dotado con nueve millones de coronas suecas, unos 940.000 euros.

Gracias en parte a su trabajo, hoy se sabe que los seres vivos portan en sus células un reloj interno, sincronizado con las vueltas de 24 horas que da el planeta Tierra. Muchos fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora del día, gracias a este reloj interior. Su existencia fue sugerida hace siglos. En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan observó el caso de las mimosas, unas plantas cuyas hojas se abren durante el día hacia la luz del Sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.

En 1971, Seymour Benzer y su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, dieron un salto trascendental en la investigación. Cogieron moscas del vinagre e indujeron mutaciones en su descendencia con sustancias químicas. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas. En unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas ellas estas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen. El descubrimiento podría haber merecido el Nobel, pero Benzer murió en 2007, a los 86 años, por una apoplejía. Y Konopka falleció en 2015, a los 68 años, de un ataque al corazón.

El Nobel, finalmente, se lo han llevado Hall (Nueva York, 1945), Rosbash (Kansas City, 1944) y Young (Miami, 1949). Los tres utilizaron más moscas en 1984 para aislar aquel gen, bautizado "periodo" y asociado al control del ritmo biológico normal. Posteriormente, revelaron que este gen y otros se autorregulan a través de sus propios productos —diferentes proteínas— generando oscilaciones de unas 24 horas. Fue “un cambio de paradigma”, en palabras del neurocientífico argentino Carlos Ibáñez, del Instituto Karolinska. Cada célula tenía un reloj interno autorregulado.

La comunidad científica ha constatado desde entonces la importancia de este mecanismo en la salud humana. Este reloj interior está implicado en la regulación del sueño, en la liberación de hormonas, en el comportamiento alimentario e incluso en la presión sanguínea y la temperatura corporal. Si, como ocurre en las personas que trabajan en turnos de noche, el ritmo de vida no sigue este guión interno, puede aumentar el riesgo de sufrir diferentes enfermedades, como el cáncer y algunos trastornos neurodegenerativos, según destaca Ibáñez.

“El sueño es vital para la función cerebral normal. Las disfunciones circadianas se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones, al trastorno bipolar, a la función cognitiva, a la formación de la memoria y a algunas enfermedades neurológicas”, añade el neurocientífico del Karolinska. El síndrome del cambio rápido de zona horaria, más conocido como jet lag, es una muestra clara de la importancia de este reloj interno y de sus desajustes.

El investigador del Karolinska pone un ejemplo con un ciclo de 24 horas, en el que el reloj interno anticipa y adapta la fisiología del organismo a las diferentes fases del día. Si la jornada comienza con sueño profundo y una temperatura corporal baja, la liberación de cortisol al amanecer aumenta el azúcar en sangre. El cuerpo prepara sus energías para afrontar el día. Cuando cae la noche, con un pico de presión sanguínea, se segrega melatonina, una hormona vinculada al sueño.

Estos ritmos internos se conocen como circadianos por las palabras latinas circa, alrededor, y dies, día. La comunidad científica sabe ahora que estos guiones moleculares “alrededor del día” surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron a lo largo de su evolución. Existen tanto en formas de vida de una sola célula como en organismos multicelulares, como hongos, plantas, animales y seres humanos.

En el momento de su descubrimiento, Hall y Rosbash trabajaban en la Universidad Brandeis, en Waltham, y Young investigaba en la Universidad Rockefeller, en Nueva York. Su reconocimiento sigue la tónica de los premios suecos. Los hombres han ganado el 97% de los Nobel de ciencia desde 1901. En la categoría de Medicina, la estadística mejora ligeramente: 12 de los 214 galardonados son mujeres: el 5,6%.

 

 

Prototipo de la base en la órbita lunar.

 

La instalación pretende ser el puerto de partida para misiones tripuladas a Marte

 

Rusia y EE UU han firmado una declaración de cooperación para crear una estación espacial en la Luna que comenzará a construirse a mediados de la próxima década, según ha anunciado hoy la agencia espacial rusa en un comunicado.

El proyecto Deep Space Gateway —Puerta al Espacio Profundo, en inglés— está abanderado por la NASA y consiste en una estación espacial en la órbita del satélite de la Tierra. El proyecto sería el sucesor de la Estación Espacial Internacional (ISS), que llegó al espacio en 1998 con la colaboración de EE UU, Rusia, Europa, Canadá y Japón y que dejará de funcionar en 2024, según los planes actuales.

El acuerdo muestra una importante sintonía en el espacio entre dos países enfrentados por el espionaje, la guerra en Siria y la proliferación nuclear de Corea del Norte. Las agencias espaciales de Europa (ESA), Japón y Canadá también están embarcadas en el proyecto, que aún está en un punto temprano de desarrollo, según la ESA.

Antes del anuncio de hoy, Rusia había expresado su intención de construir una base propia en la superficie de la Luna para entrenar a sus cosmonautas de cara a futuros viajes a Marte. También China ha anunciado planes para llevar a la Luna su propia estación espacial.

Parte de la declaración, firmada en Adelaida (Australia) durante el Congreso Internacional de Astronáutica, se refiere a las normas internacionales que deben aplicarse en el futuro. "Al menos cinco países están trabajando en la creación de sus propias naves tripuladas", ha dicho Igor Komarov, director general de Roscosmos. "Con el fin de evitar problemas en el futuro en la cooperación técnica, se debería unificar una parte de las normas, por la posibilidad de que los diferentes países trabajen en sus productos y se unan a la estación internacional en la órbita de la Luna", ha añadido. El pacto entre Rusia y EE UU también incluye el uso de los actuales cohetes rusos Proton y Angara en la construcción de la nueva base, así como el futuro cohete de gran tamaño que está construyendo Roscosmos.

"Declaraciones como la firmada con Roscosmos muestran que el concepto de Deep Space Gateway es un buen ejemplo de exploración espacial asequible y sostenible", ha dicho por su parte Robert Lightfoot, director en funciones de la NASA, en un comunicado.

El objetivo final de la nueva estación es ser el puerto de partida para las misiones tripuladas a Marte y otros puntos del Sistema Solar. Estos viajes se realizarían en vehículos reutilizables con propulsión química y eléctrica para ir y volver al planeta rojo, según explica la NASA. La primera fase de construcción consistirá en llevar a la órbita lunar los tres módulos de la estación, uno para generar energía, otro para que vivan los astronautas y un tercero dedicado a laboratorios similares a los de la ISS.

La instalación será una colonia donde los astronautas podrán entrenarse para ir a Marte y donde se probarán todas las tecnologías necesarias para alcanzarlo. También será la nave nodriza de misiones de exploración lunar tripuladas y no tripuladas. El cohete SLS que está construyendo la NASA, el más potente del mundo, será el enlace entre la Tierra y la Luna junto a las cápsulas Orion, cuyos propulsores y sistema de soporte vital han sido construidos por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La nueva estación tendrá tres módulos, uno para producir energía eléctrica, otro para que vivan los astronautas y un tercero con laboratorios similares a los de la ISS. Una vez acabada la base, a finales de la próxima década, se realizaría una misión tripulada de un año de duración en esta Puerta al Espacio Profundo para demostrar que todas las tecnologías necesarias para viajar a Marte están listas.

 

 

Publicado enInternacional
Martes, 26 Septiembre 2017 15:06

El diagnóstico inesperado

El diagnóstico inesperado

Falta de ejercicio. De repente me vi dando la tercera vuelta a esa inmensa cancha de fútbol a la cual debía darle 15 vueltas, las piernas me temblaban. Una vuelta más. La fatiga era evidente, ya no podía mantener la respiración por la nariz, abrí la boca para inhalar la mayor cantidad de aire posible y así lograr respirar; mis piernas no daban más. A la mitad de la décima vuelta mi cuerpo no respondía, estaba desconectado; correr o trotar era imposible, cada paso lo sentía más difícil, más pesado, tuve que renunciar y echar mi cuerpo sobre el césped.

 

A lo mejor, una sensación similar es la que viven los pacientes antes de ser diagnosticados. Un cansancio constante, un cuerpo que no responde. Quizás ese cansancio se calma cuando le mencionan el nombre de la patología, cuando le hablan de esa sigla que nunca se le pasó por la mente, la misma que ahora le pondrá una nueva carrera en la vida y que lleva por título ELA.

 

Como se mencionó en otro artículo*, la Esclerosis Lateral Amiotrófica es una enfermedad neurodegenerativa que representa la muerte de las neuronas motoras –las que comandan el movimiento voluntario de los músculos en el cuerpo–, lo que lleva a que el/la paciente quede en estado de inmovilidad pese a que su mente está intacta, pues no afecta cognitivamente nada.


Esta enfermedad es un proceso degenerativo e irreversible de carácter progresivo e inevitable que finalmente lleva a un paro respiratorio. Según la doctora Martha Peña Preciado, se necesitan tres factores para tener la enfermedad: susceptibilidad genética, que se tiene desde el nacimiento –no se desarrolla en todos los casos–; envejecimiento, con el pasar de los años las neuronas del pensamiento o control motor se deterioran y pueden morir, lo cual es un factor de riesgo; medio ambiente, aunque aún falta investigar este último factor, el cual es bastante importante y debe tenerse presente.

 

Aunque no se asegura que sea su causa, se cree que el cigarrillo, derivados de sustancias químicas que hay en el ambiente, petroquímicos, solventes, fungicidas, pueden tener componentes que desatan la enfermedad. Curiosamente, luego de la guerra del Golfo, varios militares norteamericanos regresaron con esta patología.

 

Los casos de ELA no se presentan de la misma manera, por un patrón común, es heterogénea. Si los síntomas inician por miembros inferiores, puede presentarse con problemas como: pie caído, dificultad para caminar y generalmente múltiples tropiezos o caídas. De igual manera, si se presenta en una mano, esta se va atrofiando y debilitando progresivamente, comprometiendo otras partes del cuerpo. Según la doctora Peña, la forma más severa es cuando la enfermedad empieza por los músculos de la cara y la faringe, como la lengua y los músculos para deglutir y hablar, variedad más agresiva de la enfermedad porque el paciente puede entrar en falla respiratoria más rápidamente, al sufrir el degeneramiento de los músculos del tórax, responsables de que los pulmones puedan captar oxígeno.

 

Pacientes con ELA en Colombia

 

En el país la enfermedad integra el grupo de enfermedades huérfanas y raras, de las cuales siempre ha existido un subregistro. Según la doctora Martha, el Ministerio de Salud dice que para 2015 había cerca de 350 a 400 pacientes afectados por ELA. No existe un registro oficial de los años 2016 y 2017, pero se sospecha que al día de hoy existen entre 800 y 1.000 personas vivas con la enfermedad. La mayoría de casos se presenta en hombres entre los 60 y 65 años de edad, no quiere decir que no se presenten pacientes de 14, 20, 30 o 80 años.

 

A continuación la historia de Antonio, un paciente que lleva alrededor de 10 años con la enfermedad, quien nos cuenta cómo fue su diagnóstico:

 

Tantos trámites para recibir el golpe

 

Transcurría el año 2008, enamorado de mi trabajo como comunicador social tenía la responsabilidad de consolidar un ejercicio en la capacitación y formación de emisoras escolares en la ciudad de Bogotá. A mi cargo estaba un proceso en 10 colegios de la localidad de Bosa, donde había que jugársela por dar todo el conocimiento y compartir el saber con niñas, niños y docentes para lograr el fortalecimiento de las emisoras, las cuales debían cumplir un papel pedagógico y comunicativo al interior de la comunidad educativa, aportando cambios en la cotidianidad conflictiva que vivía la gente.

 

Caminar de colegio en colegio era mi rutina diaria, que se volvía placentera al encontrarme con la energía y vitalidad de los jóvenes participantes y con la entrega de los docentes que hacían parte del proceso. Después de las jornadas gratas y productivas llegaba a descansar a casa; un día comencé a sentir un leve dolor lumbar, que al siguiente día aminoraba y se volvía imperceptible –quizá por el goce que sentía al realizar mi labor.

 

El malestar se repetía constantemente. Como cargaba un maletín en la espalda con documentos, cds, grabadora y material para los talleres, pensé en esa como la razón del dolor; para cerciorarme saqué una cita médica adaptándome a los tiempos de mi EPS-Compensar. El día de la cita con el médico general me dijo que tenía que mandarme a tomar unas placas de rayos x o una radiografía para ver qué pasaba.


Luego de ir a la toma de la radiografía, tuve que volver a pedir una cita con un especialista para que hiciera la lectura. El médico abrió la placa, la observó y dijo que mi dolencia se debía a una escoliosis; me recomendó revisar las posturas del cuerpo al levantar objetos pesados, dormir con una almohada entre las rodillas y hacer unas terapias para la corrección de la columna.

 

Seguir un diagnóstico médico sin saber lo que me esperaba

 

Varios meses después, a pesar de cumplir con las recomendaciones médicas, la dolencia no tenía mejoría. Tomé unas terapias, primero por Compensar en la Clínica San Rafael y luego en la Universidad Nacional por colaboración de una amiga que trabajaba en rehabilitación. Asistí a las terapias, dos por semana, a lo largo de seis meses, a la par me hacían exámenes de seguimiento y tenía que ir a citas con el médico especialista, quien cada vez pedía nuevas radiografías para ver cómo había evolucionado.

 

Con la ansiedad de saber cuál era mi estado, seguía juiciosamente las indicaciones del médico, me tomaba las placas de rayos x una y otra vez; el resultado no cambiaba: escoliosis. Mi salud se deterioraba lentamente, así pasaron dos años y medio. Los síntomas avanzaban y en cada nueva cita le decía al doctor que sentía los pies cada vez más pesados para caminar, no podía subir y bajar andenes como antes, tenía que caminar lentamente, pasar las calles era un complique. Ante esto el doctor me dijo que si seguía así tenía que operarme, no veía otra salida. “Yo lo puedo operar y tengo un amigo que es anestesiólogo, entonces toca que se tome otra placa de rayos x y una electromiografía”, dijo.

 

En el papeleo de pedir la autorización de los exámenes, realizármelos y esperar los resultados, pasó más de un mes. Llegué de nuevo a verme con el doctor, tenía los resultados en mis manos, iba acompañado de Mariana, por entonces mi compañera.

 

Entramos al consultorio y el médico se encontraba hablando por teléfono, nos pidió que lo esperáramos, estaba programando un viaje para el exterior y discutía porque no le habían realizado la reserva del pasaje, a la par de su discusión me pidió los resultados de los exámenes. Entre la charla por teléfono revisó la radiografía y dijo: “bueno, toca programar la cirugía, la dejamos para cuando regrese, voy a hacer las órdenes”. En ese momento no había revisado la electromiografía. Cuando leyó los resultados dijo “esto toca que lo vea un neurólogo porque puede ser otra cosa”. Elaboró la orden para neurología y tuve que esperar otro mes para que me ordenaran la cita con el neurólogo.

 

El día de la cita, me encontré en el consultorio con un médico joven, tenía acento caribeño; le pregunté que de dónde era y me dijo que salvadoreño, había hecho sus estudios en Cuba y ahora trabajaba en Colombia. Abrió los resultados de la electromiografía y la radiografía, de inmediato me dijo a quemarropa: “esto parece que es una enfermedad de las neuronas motoras, las que hacen que uno pueda moverse, hay que recetar urgente el medicamento existente para retrasar el avance, tenemos que cerciorarnos del resultado, hay que repetir la electromiografía para estar seguros, conozco un médico que se la puede hacer de inmediato”.

 

El examen me lo realizaron en el hospital San José, antiguo Lorencita Villegas. Este examen, privado, de urgencia, costaba medio millón de pesos, tuve que conseguir el dinero por todos los medios. Llegó la toma de la electromiografía y el resultado dos días después, el neurólogo salvadoreño me atendió sin pedir cita y me dijo que, efectivamente, tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica, me dijo que iba a ir perdiendo paulatinamente la movilidad y que lo que me esperaba no sería fácil.

 

Dos meses después el mismo médico se accidentó y se rompió las dos piernas, tuvo que regresar a su país y nunca supe nada más de él. Quedé perdido, sin guía, tenía claro el resultado pero no sabía qué hacer. Pedí una nueva cita de neurología en la EPS y me encontré con una neuróloga que no sabía mucho de la enfermedad, lo único que me dijo es que tenía máximo dos años de vida, que la enfermedad era implacable.

 

Después, otra doctora me remitió con la neuróloga que está al frente de la investigación de esta enfermedad en el país, la doctora Martha Peña Preciado. Solicitamos una cita al Instituto Roosevelt, donde ella trabajaba. Me realizó otra electromiografía y comprobamos que la ELA estaba conviviendo silenciosamente conmigo. En abril de 2010 mi mundo se partió en dos.

* https://www.desdeabajo.info/ediciones/32283-ante-la-paulatina-despedida-del-cuerpo.html

Publicado enEdición Nº239