Hay orden en el vuelo de los mosquitos

 

El frenético vuelo de una nube de mosquitos tiene pautas de organización con similitudes con el comportamiento de los estorninos y otras especies

 

¿Acaso hay algo más desordenado que una nube de mosquitos que vuela enloquecida sobre un espejo de agua? Aunque parezca un cúmulo caótico y sin orden, hay un patrón de organización en el que los científicos ponen la lupa para entender mejor sus interacciones.

“No me atrevería a decir que el vuelo de los mosquitos tiene una lógica, pero podemos entender que la nube de estos insectos no vuela al azar”, dice Tomás Grigera, científico argentino que junto con otros colegas italianos ha analizado el comportamiento del vuelo de los jejenes (Phlebotomus papatasi) en las fuentes y otros espejos de agua de Roma.

Los jejenes, una variedad de mosquito muy popular en la capital italiana, forman grandes nubes sobre formaciones de agua para atraer a las hembras. Estas atraviesan el cúmulo de insectos en una rápida búsqueda de pareja para realizar la fecundación que se produce fuera del enjambre.

Aunque los miles de insectos que forman un enjambre parecieran volar libremente y sin rumbo fijo, hay precisas interacciones y coordinaciones entre ellos. Más específicamente, estos mosquitos se agrupan en subconjuntos, donde vuelan hacia una determinada dirección por unos instantes y de repente, como si respondieran a un llamado invisible, se desintegran y se reagrupan en otro sentido. Pero en este complejo baile aéreo cada jején vuela a una velocidad similar a la de otro compañero que se mantiene a una cierta distancia.

“Cuando uno mide las velocidades del enjambre se da cuenta que están correlacionadas: lo que hace un individuo en un extremo no es independiente de lo que hace otro en el otro extremo”, precisa a La Vanguardia este científico del Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos, perteneciente a la Universidad de La Plata (Argentina).

Cuando se conoce la relación que hay entre las direcciones de dos insectos que se encuentran en distintos puntos, “vemos que esas posiciones también tienen que ver con lo que va a pasar a su alrededor”, explica, un comportamiento que se denomina correlación dinámica o temporal.

 

Un comportamiento similar al de las aves


Esta frenética danza de los mosquitos tiene una cierta relación con el comportamiento colectivo de otras especies animales, como los estorninos. Estas pequeñas aves forman grandes cúmulos de cientos de ejemplares que dibujan largas lenguas negras en el cielo. Los científicos no se han puesto de acuerdo la razón de que formen estas bandadas, pero lo más probable es que sea una forma de defensa ante el ataque de depredadores como el halcón.

Así como con los jejenes, los estorninos cambian de rumbo en forma inesperada por la transmisión de información entre los pájaros más cercanos, un cambio de rumbo que se comunica a los demás miembros de la bandada en forma exponencial. Cuando se detecta la presencia de un depredador, las aves que encabezan la formación cambian de trayectoria y este comportamiento es imitado por el resto de sus congéneres.

En la investigación publicada en Nature Physics, Grigera y los científicos italianos consideran que el mismo mecanismo de los estorninos se puede aplicar a los jejenes, aunque estos insectos no llegan a tener una coordinación tan elaborada como las aves, famosas por las plásticas figuras que elaboran en el cielo.

 
Las aplicaciones que surgen del estudio de los enjambres


El estudio del vuelo de los jejenes y los estorninos se puede extrapolar a otros campos. Por ejemplo, precisa Grigera, si se quiere mantener la llamada “ecuación del grupo” entre diversos drones para que vuelen en forma ordenada, el comportamiento de estas especies acercan pautas que se pueden replicar en el vuelo de estos aparatos.

Los comportamientos de las hormigas, las abejas, las luciérnagas y otras especies de insectos que se agrupan en grandes cúmulos también son analizados para descubrir nuevas pautas en las investigaciones en torno a la inteligencia artificial. La ‘inteligencia de enjambre’ investiga cómo es que la suma de cientos o miles de ejemplares crea un comportamiento colectivo, pero sin un líder que los guíe.

 

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Por ejemplo, los logaritmos basados en las colonias de hormigas son útiles para buscar pautas de comportamiento en donde se necesitan explorar diferentes caminos para alcanzar una misma meta. La coordinación que tienen estos insectos cuando entran y salen de sus nidos es analizada por los expertos en tráfico para dilucidar cómo miles de ejemplares entran y salen de un punto determinado sin chocar ni crear congestiones. También se ha estudiado su comportamiento para crear algoritmos que permitan una mayor eficacia en la asignación de los aviones en las terminales áreas.

Aunque el vuelo de un mosquito sea intrascendente, la ciencia siempre le sacará algún tipo de provecho.

 

 

El secretario del comité del Nobel de Medicina, Thomas Perlmann, anuncia los tres premiados de este año.

 

Los premiados son los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young

 

Los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young han ganado hoy el premio Nobel de Medicina de 2017, "por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano", según el jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo, responsable del galardón. El premio está dotado con nueve millones de coronas suecas, unos 940.000 euros.

Gracias en parte a su trabajo, hoy se sabe que los seres vivos portan en sus células un reloj interno, sincronizado con las vueltas de 24 horas que da el planeta Tierra. Muchos fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora del día, gracias a este reloj interior. Su existencia fue sugerida hace siglos. En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan observó el caso de las mimosas, unas plantas cuyas hojas se abren durante el día hacia la luz del Sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.

En 1971, Seymour Benzer y su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, dieron un salto trascendental en la investigación. Cogieron moscas del vinagre e indujeron mutaciones en su descendencia con sustancias químicas. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas. En unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas ellas estas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen. El descubrimiento podría haber merecido el Nobel, pero Benzer murió en 2007, a los 86 años, por una apoplejía. Y Konopka falleció en 2015, a los 68 años, de un ataque al corazón.

El Nobel, finalmente, se lo han llevado Hall (Nueva York, 1945), Rosbash (Kansas City, 1944) y Young (Miami, 1949). Los tres utilizaron más moscas en 1984 para aislar aquel gen, bautizado "periodo" y asociado al control del ritmo biológico normal. Posteriormente, revelaron que este gen y otros se autorregulan a través de sus propios productos —diferentes proteínas— generando oscilaciones de unas 24 horas. Fue “un cambio de paradigma”, en palabras del neurocientífico argentino Carlos Ibáñez, del Instituto Karolinska. Cada célula tenía un reloj interno autorregulado.

La comunidad científica ha constatado desde entonces la importancia de este mecanismo en la salud humana. Este reloj interior está implicado en la regulación del sueño, en la liberación de hormonas, en el comportamiento alimentario e incluso en la presión sanguínea y la temperatura corporal. Si, como ocurre en las personas que trabajan en turnos de noche, el ritmo de vida no sigue este guión interno, puede aumentar el riesgo de sufrir diferentes enfermedades, como el cáncer y algunos trastornos neurodegenerativos, según destaca Ibáñez.

“El sueño es vital para la función cerebral normal. Las disfunciones circadianas se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones, al trastorno bipolar, a la función cognitiva, a la formación de la memoria y a algunas enfermedades neurológicas”, añade el neurocientífico del Karolinska. El síndrome del cambio rápido de zona horaria, más conocido como jet lag, es una muestra clara de la importancia de este reloj interno y de sus desajustes.

El investigador del Karolinska pone un ejemplo con un ciclo de 24 horas, en el que el reloj interno anticipa y adapta la fisiología del organismo a las diferentes fases del día. Si la jornada comienza con sueño profundo y una temperatura corporal baja, la liberación de cortisol al amanecer aumenta el azúcar en sangre. El cuerpo prepara sus energías para afrontar el día. Cuando cae la noche, con un pico de presión sanguínea, se segrega melatonina, una hormona vinculada al sueño.

Estos ritmos internos se conocen como circadianos por las palabras latinas circa, alrededor, y dies, día. La comunidad científica sabe ahora que estos guiones moleculares “alrededor del día” surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron a lo largo de su evolución. Existen tanto en formas de vida de una sola célula como en organismos multicelulares, como hongos, plantas, animales y seres humanos.

En el momento de su descubrimiento, Hall y Rosbash trabajaban en la Universidad Brandeis, en Waltham, y Young investigaba en la Universidad Rockefeller, en Nueva York. Su reconocimiento sigue la tónica de los premios suecos. Los hombres han ganado el 97% de los Nobel de ciencia desde 1901. En la categoría de Medicina, la estadística mejora ligeramente: 12 de los 214 galardonados son mujeres: el 5,6%.

 

 

Prototipo de la base en la órbita lunar.

 

La instalación pretende ser el puerto de partida para misiones tripuladas a Marte

 

Rusia y EE UU han firmado una declaración de cooperación para crear una estación espacial en la Luna que comenzará a construirse a mediados de la próxima década, según ha anunciado hoy la agencia espacial rusa en un comunicado.

El proyecto Deep Space Gateway —Puerta al Espacio Profundo, en inglés— está abanderado por la NASA y consiste en una estación espacial en la órbita del satélite de la Tierra. El proyecto sería el sucesor de la Estación Espacial Internacional (ISS), que llegó al espacio en 1998 con la colaboración de EE UU, Rusia, Europa, Canadá y Japón y que dejará de funcionar en 2024, según los planes actuales.

El acuerdo muestra una importante sintonía en el espacio entre dos países enfrentados por el espionaje, la guerra en Siria y la proliferación nuclear de Corea del Norte. Las agencias espaciales de Europa (ESA), Japón y Canadá también están embarcadas en el proyecto, que aún está en un punto temprano de desarrollo, según la ESA.

Antes del anuncio de hoy, Rusia había expresado su intención de construir una base propia en la superficie de la Luna para entrenar a sus cosmonautas de cara a futuros viajes a Marte. También China ha anunciado planes para llevar a la Luna su propia estación espacial.

Parte de la declaración, firmada en Adelaida (Australia) durante el Congreso Internacional de Astronáutica, se refiere a las normas internacionales que deben aplicarse en el futuro. "Al menos cinco países están trabajando en la creación de sus propias naves tripuladas", ha dicho Igor Komarov, director general de Roscosmos. "Con el fin de evitar problemas en el futuro en la cooperación técnica, se debería unificar una parte de las normas, por la posibilidad de que los diferentes países trabajen en sus productos y se unan a la estación internacional en la órbita de la Luna", ha añadido. El pacto entre Rusia y EE UU también incluye el uso de los actuales cohetes rusos Proton y Angara en la construcción de la nueva base, así como el futuro cohete de gran tamaño que está construyendo Roscosmos.

"Declaraciones como la firmada con Roscosmos muestran que el concepto de Deep Space Gateway es un buen ejemplo de exploración espacial asequible y sostenible", ha dicho por su parte Robert Lightfoot, director en funciones de la NASA, en un comunicado.

El objetivo final de la nueva estación es ser el puerto de partida para las misiones tripuladas a Marte y otros puntos del Sistema Solar. Estos viajes se realizarían en vehículos reutilizables con propulsión química y eléctrica para ir y volver al planeta rojo, según explica la NASA. La primera fase de construcción consistirá en llevar a la órbita lunar los tres módulos de la estación, uno para generar energía, otro para que vivan los astronautas y un tercero dedicado a laboratorios similares a los de la ISS.

La instalación será una colonia donde los astronautas podrán entrenarse para ir a Marte y donde se probarán todas las tecnologías necesarias para alcanzarlo. También será la nave nodriza de misiones de exploración lunar tripuladas y no tripuladas. El cohete SLS que está construyendo la NASA, el más potente del mundo, será el enlace entre la Tierra y la Luna junto a las cápsulas Orion, cuyos propulsores y sistema de soporte vital han sido construidos por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La nueva estación tendrá tres módulos, uno para producir energía eléctrica, otro para que vivan los astronautas y un tercero con laboratorios similares a los de la ISS. Una vez acabada la base, a finales de la próxima década, se realizaría una misión tripulada de un año de duración en esta Puerta al Espacio Profundo para demostrar que todas las tecnologías necesarias para viajar a Marte están listas.

 

 

Publicado enInternacional
Martes, 26 Septiembre 2017 15:06

El diagnóstico inesperado

El diagnóstico inesperado

Falta de ejercicio. De repente me vi dando la tercera vuelta a esa inmensa cancha de fútbol a la cual debía darle 15 vueltas, las piernas me temblaban. Una vuelta más. La fatiga era evidente, ya no podía mantener la respiración por la nariz, abrí la boca para inhalar la mayor cantidad de aire posible y así lograr respirar; mis piernas no daban más. A la mitad de la décima vuelta mi cuerpo no respondía, estaba desconectado; correr o trotar era imposible, cada paso lo sentía más difícil, más pesado, tuve que renunciar y echar mi cuerpo sobre el césped.

 

A lo mejor, una sensación similar es la que viven los pacientes antes de ser diagnosticados. Un cansancio constante, un cuerpo que no responde. Quizás ese cansancio se calma cuando le mencionan el nombre de la patología, cuando le hablan de esa sigla que nunca se le pasó por la mente, la misma que ahora le pondrá una nueva carrera en la vida y que lleva por título ELA.

 

Como se mencionó en otro artículo*, la Esclerosis Lateral Amiotrófica es una enfermedad neurodegenerativa que representa la muerte de las neuronas motoras –las que comandan el movimiento voluntario de los músculos en el cuerpo–, lo que lleva a que el/la paciente quede en estado de inmovilidad pese a que su mente está intacta, pues no afecta cognitivamente nada.


Esta enfermedad es un proceso degenerativo e irreversible de carácter progresivo e inevitable que finalmente lleva a un paro respiratorio. Según la doctora Martha Peña Preciado, se necesitan tres factores para tener la enfermedad: susceptibilidad genética, que se tiene desde el nacimiento –no se desarrolla en todos los casos–; envejecimiento, con el pasar de los años las neuronas del pensamiento o control motor se deterioran y pueden morir, lo cual es un factor de riesgo; medio ambiente, aunque aún falta investigar este último factor, el cual es bastante importante y debe tenerse presente.

 

Aunque no se asegura que sea su causa, se cree que el cigarrillo, derivados de sustancias químicas que hay en el ambiente, petroquímicos, solventes, fungicidas, pueden tener componentes que desatan la enfermedad. Curiosamente, luego de la guerra del Golfo, varios militares norteamericanos regresaron con esta patología.

 

Los casos de ELA no se presentan de la misma manera, por un patrón común, es heterogénea. Si los síntomas inician por miembros inferiores, puede presentarse con problemas como: pie caído, dificultad para caminar y generalmente múltiples tropiezos o caídas. De igual manera, si se presenta en una mano, esta se va atrofiando y debilitando progresivamente, comprometiendo otras partes del cuerpo. Según la doctora Peña, la forma más severa es cuando la enfermedad empieza por los músculos de la cara y la faringe, como la lengua y los músculos para deglutir y hablar, variedad más agresiva de la enfermedad porque el paciente puede entrar en falla respiratoria más rápidamente, al sufrir el degeneramiento de los músculos del tórax, responsables de que los pulmones puedan captar oxígeno.

 

Pacientes con ELA en Colombia

 

En el país la enfermedad integra el grupo de enfermedades huérfanas y raras, de las cuales siempre ha existido un subregistro. Según la doctora Martha, el Ministerio de Salud dice que para 2015 había cerca de 350 a 400 pacientes afectados por ELA. No existe un registro oficial de los años 2016 y 2017, pero se sospecha que al día de hoy existen entre 800 y 1.000 personas vivas con la enfermedad. La mayoría de casos se presenta en hombres entre los 60 y 65 años de edad, no quiere decir que no se presenten pacientes de 14, 20, 30 o 80 años.

 

A continuación la historia de Antonio, un paciente que lleva alrededor de 10 años con la enfermedad, quien nos cuenta cómo fue su diagnóstico:

 

Tantos trámites para recibir el golpe

 

Transcurría el año 2008, enamorado de mi trabajo como comunicador social tenía la responsabilidad de consolidar un ejercicio en la capacitación y formación de emisoras escolares en la ciudad de Bogotá. A mi cargo estaba un proceso en 10 colegios de la localidad de Bosa, donde había que jugársela por dar todo el conocimiento y compartir el saber con niñas, niños y docentes para lograr el fortalecimiento de las emisoras, las cuales debían cumplir un papel pedagógico y comunicativo al interior de la comunidad educativa, aportando cambios en la cotidianidad conflictiva que vivía la gente.

 

Caminar de colegio en colegio era mi rutina diaria, que se volvía placentera al encontrarme con la energía y vitalidad de los jóvenes participantes y con la entrega de los docentes que hacían parte del proceso. Después de las jornadas gratas y productivas llegaba a descansar a casa; un día comencé a sentir un leve dolor lumbar, que al siguiente día aminoraba y se volvía imperceptible –quizá por el goce que sentía al realizar mi labor.

 

El malestar se repetía constantemente. Como cargaba un maletín en la espalda con documentos, cds, grabadora y material para los talleres, pensé en esa como la razón del dolor; para cerciorarme saqué una cita médica adaptándome a los tiempos de mi EPS-Compensar. El día de la cita con el médico general me dijo que tenía que mandarme a tomar unas placas de rayos x o una radiografía para ver qué pasaba.


Luego de ir a la toma de la radiografía, tuve que volver a pedir una cita con un especialista para que hiciera la lectura. El médico abrió la placa, la observó y dijo que mi dolencia se debía a una escoliosis; me recomendó revisar las posturas del cuerpo al levantar objetos pesados, dormir con una almohada entre las rodillas y hacer unas terapias para la corrección de la columna.

 

Seguir un diagnóstico médico sin saber lo que me esperaba

 

Varios meses después, a pesar de cumplir con las recomendaciones médicas, la dolencia no tenía mejoría. Tomé unas terapias, primero por Compensar en la Clínica San Rafael y luego en la Universidad Nacional por colaboración de una amiga que trabajaba en rehabilitación. Asistí a las terapias, dos por semana, a lo largo de seis meses, a la par me hacían exámenes de seguimiento y tenía que ir a citas con el médico especialista, quien cada vez pedía nuevas radiografías para ver cómo había evolucionado.

 

Con la ansiedad de saber cuál era mi estado, seguía juiciosamente las indicaciones del médico, me tomaba las placas de rayos x una y otra vez; el resultado no cambiaba: escoliosis. Mi salud se deterioraba lentamente, así pasaron dos años y medio. Los síntomas avanzaban y en cada nueva cita le decía al doctor que sentía los pies cada vez más pesados para caminar, no podía subir y bajar andenes como antes, tenía que caminar lentamente, pasar las calles era un complique. Ante esto el doctor me dijo que si seguía así tenía que operarme, no veía otra salida. “Yo lo puedo operar y tengo un amigo que es anestesiólogo, entonces toca que se tome otra placa de rayos x y una electromiografía”, dijo.

 

En el papeleo de pedir la autorización de los exámenes, realizármelos y esperar los resultados, pasó más de un mes. Llegué de nuevo a verme con el doctor, tenía los resultados en mis manos, iba acompañado de Mariana, por entonces mi compañera.

 

Entramos al consultorio y el médico se encontraba hablando por teléfono, nos pidió que lo esperáramos, estaba programando un viaje para el exterior y discutía porque no le habían realizado la reserva del pasaje, a la par de su discusión me pidió los resultados de los exámenes. Entre la charla por teléfono revisó la radiografía y dijo: “bueno, toca programar la cirugía, la dejamos para cuando regrese, voy a hacer las órdenes”. En ese momento no había revisado la electromiografía. Cuando leyó los resultados dijo “esto toca que lo vea un neurólogo porque puede ser otra cosa”. Elaboró la orden para neurología y tuve que esperar otro mes para que me ordenaran la cita con el neurólogo.

 

El día de la cita, me encontré en el consultorio con un médico joven, tenía acento caribeño; le pregunté que de dónde era y me dijo que salvadoreño, había hecho sus estudios en Cuba y ahora trabajaba en Colombia. Abrió los resultados de la electromiografía y la radiografía, de inmediato me dijo a quemarropa: “esto parece que es una enfermedad de las neuronas motoras, las que hacen que uno pueda moverse, hay que recetar urgente el medicamento existente para retrasar el avance, tenemos que cerciorarnos del resultado, hay que repetir la electromiografía para estar seguros, conozco un médico que se la puede hacer de inmediato”.

 

El examen me lo realizaron en el hospital San José, antiguo Lorencita Villegas. Este examen, privado, de urgencia, costaba medio millón de pesos, tuve que conseguir el dinero por todos los medios. Llegó la toma de la electromiografía y el resultado dos días después, el neurólogo salvadoreño me atendió sin pedir cita y me dijo que, efectivamente, tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica, me dijo que iba a ir perdiendo paulatinamente la movilidad y que lo que me esperaba no sería fácil.

 

Dos meses después el mismo médico se accidentó y se rompió las dos piernas, tuvo que regresar a su país y nunca supe nada más de él. Quedé perdido, sin guía, tenía claro el resultado pero no sabía qué hacer. Pedí una nueva cita de neurología en la EPS y me encontré con una neuróloga que no sabía mucho de la enfermedad, lo único que me dijo es que tenía máximo dos años de vida, que la enfermedad era implacable.

 

Después, otra doctora me remitió con la neuróloga que está al frente de la investigación de esta enfermedad en el país, la doctora Martha Peña Preciado. Solicitamos una cita al Instituto Roosevelt, donde ella trabajaba. Me realizó otra electromiografía y comprobamos que la ELA estaba conviviendo silenciosamente conmigo. En abril de 2010 mi mundo se partió en dos.

* https://www.desdeabajo.info/ediciones/32283-ante-la-paulatina-despedida-del-cuerpo.html

Publicado enEdición Nº239
La India potencia espacial desde hace 3 años

 

El 24 de septiembre de 2014, la India pone en órbita de Marte a la sonda espacial Mars Orbiter Mission (MOM), llamada popularmente Mangalayaan, esta sonda fue lanzada desde la isla Sriharikota, en el estado de Andhra Pradesh, a bordo de un cohete Polar Satellite Launch Vehicle (PSLV) PSLV C-25, el 5 de noviembre de 2013, después de 15 meses de diseño y fabricación por la Indian Space Research Organisation (ISRO).

De esta forma la India se sumó al selecto club de países exploradores de Marte junto a Estados Unidos, la antigua URSS y Europa. Con ese logro la ISRO también consigue convertirse en la primera agencia espacial en la historia que llega a Marte en su primer intento.

El objetivo principal de la Mars Orbiter Mission fue dar a conocer los sistemas de lanzamiento de cohetes de la India, su capacidad de construcción y operación de naves espaciales. El objetivo secundario, explorar algunas de las características de Marte: la superficie, la morfología, la mineralogía y la atmósfera, utilizando instrumentos científicos propios. Otro objetivo de esta primera misión india a Marte fue desarrollar las tecnologías necesarias para el diseño, la planificación, la gestión y operación de una misión interplanetaria, que comprende las siguientes tareas principales:

• Diseño y realización de un orbitador de Marte con capacidad para realizar maniobras, fase de crucero de 300 días, inserción en la órbita de Marte y la fase en órbita alrededor de Marte.

• Comunicación de espacio profundo, navegación, planificación y gestión de la misión.

• Incorporar funciones autónomas para manejar situaciones de emergencia.

La carga útil de 15 kilogramos estaba integrada por cinco instrumentos:

• Mars Exospheric Neutral Composition Analyzer (MENCA) – Instrumento para análisis de la atmósfera.

• Methane Sensor For Mars (MSM) – Instrumento para análisis de la atmósfera.

• Mars Color Camera (MCC) – Cámara en color.

• Probe For Infrared Spectroscopy for Mars (PRISM) – Cámara de infrarrojos.

• Lyman-alpha photometer – Instrumento para la medición del hidrógeno en la atmósfera marciana.

 

Referencias.

Mars Orbiter Mission. [En línea]. Disponible.https://es.wikipedia.org/wiki/Mars_Orbiter_Mission Página web. 21 de septiembre de 2017
Mars Orbiter Mission (MOM). [En línea]. Disponible.https://www.britannica.com/topic/Mars-Orbiter-Mission Página web. 21 de septiembre de 20

 

 

Martes, 19 Septiembre 2017 06:51

Irma o el fin de la naturaleza

Irma o el fin de la naturaleza

 

En El problema de los tres cuerpos, la obra maestra de ciencia ficción de Liu Cixin, la primera parte de una trilogía Remembrance of Earth’s Past (El recuerdo del pasado de la Tierra), un científico es atraído hacia un juego de realidad virtual “Tres Cuerpos” en el que los participantes se encuentran en un planeta alienígena Trisolaris cuyos tres soles se elevan y se ponen en intervalos extraños e impredecibles: a veces demasiado lejos y horriblemente fríos, a veces demasiado cerca y destructivamente calientes, y a veces no visibles durante largos períodos de tiempo. Los jugadores pueden de alguna manera deshidratarse a sí mismos y al resto de la población para hacer frente a las peores temporadas, pero la vida es una lucha constante contra elementos aparentemente impredecibles.

A pesar de eso, los jugadores lentamente encuentran maneras de construir civilizaciones e intentar predecir los extraños ciclos de calor y frío. Después de establecer el contacto entre las dos civilizaciones, nuestra Tierra aparece para los trisolares desesperados como un mundo ideal de orden y deciden invadirlo para que su raza sobreviva.

Esta oposición entre la Tierra y Trisolaris se hace eco de la oposición entre la tradicional visión confuciana del Cielo como el principio del orden cósmico y la alabanza de Mao al Cielo desordenado: ¿es la vida caótica en Trisolaris, donde el propio ritmo de las estaciones es perturbado, una versión naturalizada del caos de la Revolución Cultural? La visión aterradora de que “no hay física”, no hay leyes naturales estables, empuja a muchos científicos al suicidio (en la novela). ¿No nos estamos acercando a algo similar hoy? La naturaleza misma está cada vez más en desorden, no porque abruma nuestras capacidades cognitivas, sino principalmente porque no somos capaces de dominar los efectos de nuestras propias intervenciones en su curso, quién sabe cuáles serán las consecuencias finales de nuestra ingeniería biogenética o del calentamiento global? La sorpresa viene de nosotros mismos, se trata de la opacidad de cómo nosotros mismos encajamos en la imagen: la mancha impenetrable en la imagen no es un misterio cósmico como una misteriosa explosión de una supernova, la mancha somos nosotros mismos, nuestra actividad colectiva. “Hay un gran desorden en lo real”.

Así es como Jacques-Alain Miller caracteriza el modo en que la realidad se nos presenta en nuestro tiempo en el que experimentamos el impacto completo de dos agentes fundamentales, ciencia moderna y capitalismo. La naturaleza como lo real, en la que todo, desde las estrellas hasta el sol, vuelve siempre a su lugar, como el reino de grandes ciclos confiables y de leyes estables que los regulan, está siendo reemplazada por un contingente completamente real, real que está permanentemente revolucionando sus propias reglas, real, que resiste cualquier inclusión en un Mundo totalizado (universo de significado).

¿Cómo debemos reaccionar a esta constelación? ¿Debemos asumir un enfoque defensivo y buscar un nuevo límite, un retorno a (o, más bien, la invención de) algún nuevo equilibrio? Esto es lo que la ecología y la bioética predominantes tratan de hacer con respecto a la biotecnología, por eso los dos forman una dupla: la biotecnología busca nuevas posibilidades de intervenciones científicas (manipulaciones genéticas, clonación ...) y la bioética se esfuerza por imponer limitaciones morales a lo que la biotecnología nos permite hacer. Como tal, la bioética no es inherente a la práctica científica: interviene en esta práctica desde afuera, imponiéndole una moral externa. Incluso se puede decir que la bioética es la traición de la ética inmanente al esfuerzo científico, la ética de “no comprometer su deseo científico, seguir inexorablemente su camino”.

¿Podemos entonces usar el capitalismo mismo contra esta amenaza? Aunque el capitalismo puede fácilmente convertir la ecología en un nuevo campo de la inversión y la competencia capitalistas, la naturaleza misma del riesgo involucrado excluye fundamentalmente una solución de mercado –¿por qué? El capitalismo sólo funciona en condiciones sociales precisas: implica la confianza en el mecanismo objetivado de la “mano invisible” del mercado que, como una especie de Astucia de la Razón, garantiza que la competencia de los egoísmos individuales funciona para el bien común. Sin embargo, estamos en medio de un cambio radical. Hasta ahora, la Sustancia histórica desempeñó su papel de medio y fundamento de todas las intervenciones subjetivas: lo que hicieran los sujetos sociales y políticos, fue mediado y finalmente dominado, sobredeterminado, por la Sustancia histórica. Lo que se vislumbra hoy en el horizonte es la inédita posibilidad de que una intervención subjetiva intervenga directamente en la Sustancia histórica, perturbando su camino en el desencadenamiento de una catástrofe ecológica, una fatídica mutación biogenética, una catástrofe militar-social nuclear o similar, etc. Ya no podemos confiar en el papel de salvaguardia del limitado alcance de nuestros actos: ya no se sostiene que, hagamos lo que hagamos, la historia continuará. Por primera vez en la historia de la humanidad, el acto de un solo agente socio-político puede alterar e incluso interrumpir el proceso histórico global.

Jean-Pierre Dupuy se refiere aquí a la teoría de sistemas complejos que explica las dos características opuestas de tales sistemas: su carácter robusto y estable y su extrema vulnerabilidad. Estos sistemas pueden acomodarse a grandes perturbaciones, integrarlos y encontrar un nuevo equilibrio y estabilidad - hasta un cierto umbral (un “punto de inflexión”) por encima del cual una pequeña perturbación puede causar una catástrofe total y conduce al establecimiento de un orden totalmente diferente. Durante largos siglos, la humanidad no tuvo que preocuparse por el impacto en el ambiente de su actividad actividad productiva –la naturaleza fue capaz de acomodarse a la deforestación, al uso del carbón y del petróleo, etc–. Sin embargo, no se puede estar seguro si hoy , no nos estamos acercando a un punto de inflexión –uno realmente no puede estar seguro, ya que tales puntos pueden ser claramente percibidos sólo una vez que ya es demasiado tarde, en retrospectiva–. A propósito de la urgencia de hacer algo respecto a la amenaza actual de diferentes catástrofes ecológicas: o bien tomamos esta amenaza en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerán ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe, siendo el peor de los casos la elección de un punto medio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda (es decir, el problema es que no hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica: o bien sucederá o no sucederá). En tal situación, la charla acerca de la anticipación, la precaución y el control de los riesgos tiende a no tener sentido, ya que estamos tratando con lo que, en los términos de la teoría del conocimiento de Rumsfeld (ex secretario de Defensa de EE.UU.), “hechos desconocidos que desconocemos”: no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, incluso no sabemos exactamente lo que no sabemos. (El aspecto más inquietante de la crisis ecológica se refiere al llamado “conocimiento en lo real” que puede comportarse de manera peligrosa: cuando el invierno es demasiado cálido, las plantas y los animales malinterpretar el clima caliente en febrero como señal de que ya llegó la primavera y se comportan en consecuencia, no sólo haciéndose vulnerables a los últimos ataques de frío, sino también perturbando todo el ritmo de la reproducción natural.)

Es por eso que hay algo engañosamente reconfortante en la disposición de los teóricos del antropoceno al asumir la culpa por las amenazas a nuestro medio ambiente: nos gusta ser culpables ya que, si somos culpables, entonces todo depende de nosotros, movemos los hilos de la catástrofe, así también podemos salvarnos simplemente cambiando nuestras vidas. Lo que es realmente difícil para nosotros (al menos para nosotros en Occidente) de aceptar es que estamos reducidos a un papel puramente pasivo de un observador impotente que sólo puede sentarse y ver cuál será su destino –para evitar tal situación, somos propensos a participar en una frenética actividad obsesiva, reciclar papel viejo, comprar alimentos orgánicos, lo que sea, sólo para que podamos estar seguros de que estamos haciendo algo, contribuyendo en algo –como un aficionado al fútbol que apoya a su equipo frente a un televisor en una creencia supersticiosa de que esto de alguna manera influirá en el resultado– ... Es cierto que la típica forma de disuasión fetichista con respecto a la ecología es: “Sé muy bien (que todos estamos amenazados), pero realmente no lo creo (de manera que no estoy dispuesto a hacer algo realmente importante, como cambiar mi forma de vida”. Pero existe también una forma opuesta de desautorización: “Yo sé muy bien que realmente no puedo influir en el proceso que puede conducir a mi ruina (como un estallido volcánico), pero es, sin embargo, demasiado traumático de aceptar, así que no puedo resistir el impulso de hacer algo, aunque sé que es en última instancia no tiene sentido ... ¿No es por la misma razón que compramos alimentos orgánicos? ¿Quién cree realmente que las manzanas “orgánicas” medio podridas y caras son realmente más saludables? El punto es que, al comprarlas, no sólo compramos y consumimos un producto –simultáneamente hacemos algo significativo, mostramos nuestra atención y conciencia global, participamos en un proyecto colectivo grande–.

A los escépticos les gusta señalar la limitación de nuestro conocimiento sobre lo que sucede en la naturaleza, sin embargo, esta limitación no implica de ninguna manera que no debamos exagerar la amenaza ecológica. Por el contrario, debemos ser aún más cuidadosos, ya que la situación es profundamente impredecible. Las recientes incertidumbres sobre el calentamiento global no señalan que las cosas no son demasiado serias, sino que son aún más caóticas de lo que pensábamos, y que los factores naturales y sociales están indisolublemente ligados. El dilema a propósito de las amenazas actuales de catástrofes ecológicas es: o las tomamos en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerían ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe.

El peor caso es la elección de un punto intermedio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda–. No hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica, y en tal situación, la charla sobre anticipación, precaución y control de riesgos tiende a perder sentido, ya que estamos tratando con lo que, en términos de Rumsfeld, no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, ni siquiera sabemos exactamente lo que no sabemos.

Así que no es sólo la continuidad de la Historia la que está amenazada hoy en día –lo que estamos presenciando es algo así como el fin de la Naturaleza misma. Los devastadores huracanes, las sequías y las inundaciones, para no hablar del calentamiento global, ¿no indican que estamos siendo testigos de algo cuyo único nombre apropiado es “el fin de la Naturaleza”? “Naturaleza” debe entenderse aquí en el sentido tradicional de un ritmo regular de las estaciones, el fondo confiable de la historia humana, algo en lo que podemos contar que siempre estará allí. Cuando ya no podemos depender de ella, entramos en lo que llamamos “antropoceno”: una nueva época en la vida de nuestro planeta en la que nosotros, los humanos, ya no podemos confiar en la Tierra como un reservorio dispuesto a absorber las consecuencias de nuestra actividad productiva. Incluso nosotros (la humanidad) nos concebimos como héroes Prometeos imponiendo nuestra voluntad a la naturaleza, transformándola más allá del reconocimiento, todavía confiamos en ella como el fondo de la tabla de nuestra actividad que absorberá de alguna manera los efectos secundarios (daño colateral) de nuestra productividad. Hoy en día, sin embargo, tenemos que aceptar que vivimos en una “Tierra de la Nave Espacial”, responsable y responsable de sus condiciones. La Tierra ya no es el fondo impenetrable de nuestra actividad productiva, sino que surge como un (otro) objeto finito que podemos destruir o transformar inadvertidamente para hacerla inviable. Esto significa que, en el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra vida, tenemos que aceptar que somos simplemente otra especie animal en un planeta pequeño. Es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestro medio ambiente, una vez que nos damos cuenta de esto: ya no deberíamos actuar como un trabajador heroico expresando sus potencialidades creativas y usando los recursos inagotables de su medio ambiente, sino más bien como un modesto agente colaborando con su medio ambiente, negociando permanentemente un nivel tolerable de seguridad y estabilidad, sin una fórmula a priori que garantice nuestra seguridad.

Es difícil para un forastero imaginar cómo se siente cuando un vasto dominio de tierra densamente poblada desaparece bajo el agua, de modo que millones quedan privados de las coordenadas básicas de su mundo de vida: la tierra con sus campos, pero también con los monumentos culturales que eran la materia de sus sueños, ya no están allí, de modo que, aunque en medio del agua, son como peces fuera del agua, es como si el medio ambiente que miles de generaciones tomaban como la fundación obvia de sus vidas comenzara a agrietarse–. Por supuesto, se conocieron catástrofes similares durante siglos, algunas incluso desde la misma prehistoria de la humanidad. Lo que es nuevo hoy en día es que, como vivimos en una era post-religiosa “desencantada”, tales catástrofes ya no pueden ser interpretadas como parte de un ciclo natural más amplio o como una expresión de la ira divina son interpretadas mucho más directamente como intrusiones sin sentido de una rabia destructiva que no tiene una causa clara: ¿las inundaciones causadas por Irma son acontecimientos naturales o los productos de la industria humana? Las dos dimensiones están inextricablemente entremezcladas, privándonos de la seguridad básica de que, a pesar de todas nuestras confusiones, la Naturaleza continúa en sus eternos ciclos de vida y muerte. Así es como, en 1906, William James describió su reacción ante un terremoto: “La emoción consistió en alegría y admiración. Alegría ante la vivacidad que tal idea abstracta como “terremoto” podría tener cuando se verifica concretamente y se traduce en realidad sensata y admiración por como la frágil choza de madera se pudo mantener en pie a pesar del sacudón. No sentí ni un poco de temor; era puro deleite bienvenido”. ¡Que lejos estamos del sacudón de la fundación misma de la vida del mundo de uno!

Por lo tanto, la principal lección que se debe aprender es que la humanidad debe prepararse para vivir de una manera más plástica y nómade: los cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de transformaciones sociales inauditas a gran escala. Digamos que una gigantesca erupción volcánica hará inhabitable toda la Isla: ¿ A dónde se mudarán los habitantes de la Isla? ¿Bajo que condiciones? ¿Deberían recibir un pedazo de tierra o simplemente estar dispersos alrededor del mundo? ¿Qué pasa si la Siberia septentrional se vuelve más habitable y apropiada para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se harán demasiado secas para que una gran población viva allí? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando ocurrieron cosas semejantes en el pasado, los cambios sociales sucedieron de manera espontánea y salvaje, con violencia y destrucción; tal perspectiva es catastrófica en las condiciones de hoy, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones. Una cosa es clara: la soberanía nacional tendrá que redefinirse radicalmente y se tendrán que inventar nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué ocurre con los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de agua y fuentes de energía? ¿A través de qué procesos de elaboración se decidirán y ejecutarán tales cambios?

 

* Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal).

 

Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

 

Publicado enMedio Ambiente
El neurobiólogo mexicano Arturo Álvarez-Buylla Roces durante su participación en el encuentro académico Mecanismos de renovación de las células madres del cerebro adulto

 

No es rígido e inmutable, ni sus células son irremplazables: Arturo Álvarez-Buylla Roces

El neurobiólogo mexicano, Premio Príncipe de Asturias, explica mecanismos de renovación

 

Por muchos años se pensó que el cerebro era algo rígido e inmutable, que las neuronas eran irremplazables y que sólo se podrían producir durante el desarrollo embrionario. Esta idea cambió radicalmente con el descubrimiento de la neurogénesis en el adulto humano, así como en roedores y aves. Este hallazgo no sólo derrumbó un dogma, sino también planteó las preguntas sobre el mecanismo para generar e integrar nuevas neuronas en un cerebro ya maduro.

Con esta premisa se ha desarrollado el trabajo de uno de los investigadores más importantes de los últimos tiempos, el neurobiólogo mexicano Arturo Álvarez-Buylla Roces, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2011 por su descubrimiento de la regeneración de neuronas en cerebros adultos.

En el encuentro académico Mecanismos de renovación de las células madres del cerebro adulto, celebrado en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), el experto explicó que una de las cualidades de las neuronas es que están extremadamente integradas al resto del sistema nervioso; sus dendritas y axones efectúan las funciones fantásticas que tiene el cerebro.

Antes se creía que era imposible reemplazar estas células, no sólo porque no se reproducían, sino porque implicaba quitar una de estas células, que está bien integrada, y poner una nueva de forma que contribuya de manera útil para la regeneración o mantenimiento del sistema nervioso.

Uno de sus mentores, Fernando Nottebohm, de la Universidad de Rockefeller en Nueva York, naturista interesado en el comportamiento animal, en particular el canto de las aves, descubrió nuevas neuronas que se integraban a los circuitos que controlan el canto de canarios adultos. Esta era la primera evidencia de células con apariencia de neuronas que habían nacido, se habían movido a una determinada región del cerebro y se habían convertido en neuronas.

 

Legado paterno

 

Como embriólogo y biólogo del desarrollo, Álvarez-Buylla se enfocó en estudiar los mecanismos de renovación neuronal, mediante los cuales estas células se metían al cerebro, llegaban a la zona donde se necesitaban y contribuían a los circuitos cerebrales. Descubrió que una subpoblación de células funciona como progenitora de nuevas neuronas que se incorporan al bulbo olfativo, así como la zona subventricular, que es el origen de la neurogénesis de células olfativas en el adulto y la migración en cadena de estas células para alcanzar dicho bulbo.

Pero además, contribuyó a establecer la existencia de 10 tipos de células que se producen en la zona subventricular: son células madres, pero dependiendo de su región están especializadas para producir distintos tipos de neuronas, pero considera que debe existir mayor diversidad en esa u otra zona, algo que espera que su equipo logre encontrar.

El investigador mexicano recordó la labor de su padre, el neurofisiólogo Ramón Álvarez Buylla, en Cinvestav, quien en su laboratorio de reflejos condicionados con animales de laboratorio realizaba estudios sobre trasplantes de hipófisis y glándula salival. Este trabajo sembró en él la semilla que hasta hoy lo sigue impulsando a tratar de descifrar los misterios del sistema nervioso.

 

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Periódico desdeabajo, Edición Nº238 

 

Jueves, 14 Septiembre 2017 07:25

Transforman células cutáneas en neuronas

Transforman células cutáneas en neuronas

 

Científicos que trabajan para desarrollar nuevos tratamientos para las enfermedades neurodegenerativas se han visto obstaculizados por la incapacidad de desarrollar neuronas motoras humanas en el laboratorio. Las neuronas motoras impulsan las contracciones musculares y su daño subyace a enfermedades devastadoras como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la atrofia muscular espinal, que, en última instancia, conducen a la parálisis total y la muerte prematura.

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, en Estados Unidos, han convertido células de la piel de adultos sanos directamente en neuronas motoras sin pasar por un estado de células madre. La técnica hace posible estudiar las neuronas motoras del sistema nervioso central humano en el laboratorio.

 

Nueva herramienta

 

A diferencia de las neuronas motoras comúnmente estudiadas, las neuronas motoras humanas cultivadas en el laboratorio serían una nueva herramienta, ya que los investigadores no pueden tomar muestras de estas neuronas de personas vivas, pero pueden tomar fácilmente muestras de piel, explican los autores, cuyo trabajo se publica este jueves en la revista Cell Stem Cell.

Evitar la fase de células madre elimina las preocupaciones éticas planteadas al producir lo que se llama células madre pluripotentes, que son similares a las células madre embrionarias en su capacidad para convertirse en todos los tipos de células adultas. Y lo que es más importante, evitar un estado de célula madre permite que las neuronas motoras resultantes mantengan la edad de las células originales de la piel y, por lo tanto, la edad del paciente.

Mantener la edad cronológica de estas células es vital en el estudio de las enfermedades neurodegenerativas que se desarrollan en personas de diferentes edades y empeoran a lo largo de décadas. En este estudio, sólo usamos células de la piel de adultos sanos desde el inicio de sus 20 años hasta finales de los años 60, dice el autor Andrew S. Yoo, profesor asistente de Biología del Desarrollo.

 

 

Jueves, 14 Septiembre 2017 06:51

‘El Capital’ habla del capitalismo de hoy

‘El Capital’ habla del capitalismo de hoy

 

 

En los primeros días de septiembre de 1867, hace ahora 150 años, se publicó el primer volumen de El Capital, la que es para muchos la obra cumbre de Karl Marx (1818-1883). Fue en una modesta tirada de mil ejemplares, pero a pesar de ello contribuyó decisivamente a transformar la forma en la que personas de todo el mundo veían nuestras sociedades.

La idea original de Marx consistía en escribir un conjunto de seis libros, dedicados cada uno de ellos a los siguientes temas: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado, el Estado, el comercio exterior y el mercado mundial. Sin embargo, la pobreza y las enfermedades (su vida estuvo marcada por los exilios políticos y las carencias materiales y de salud) le retrasaron de tal modo que acabó optando por un proyecto editorial de tres volúmenes. Aun así, sólo publicó en vida el primero. Los volúmenes segundo y tercero, ambos inacabados, fueron editados y publicados por su amigo y camarada Friedrich Engels (1820-1895) a partir de los manuscritos que Marx había estado escribiendo durante los años previos a su muerte.

El Capital es una obra densa y difícil. Leerla y entenderla requiere la dedicación de una ingente cantidad de horas de estudio. Y aunque corre el rumor de que todo comunista dice haberla leído y entendido, es improbable que sea cierto. A su naturaleza de material incompleto hemos de añadir el estilo del autor, que en algunos pasajes es ciertamente oscuro. De hecho, es habitual que los lectores inadvertidos se encuentren decepcionados tras consultar las primeras páginas. En ellas encontramos un alto nivel de abstracción teórica que dificulta mucho la lectura. Por decirlo de una forma breve, El Capital no es el típico libro que se puede leer mientras se va en el autobús. No es el Manifiesto Comunista. En efecto, el Manifiesto, escrito con Engels en 1848, había sido un material propagandístico elaborado para animar a los trabajadores en el contexto de las revoluciones europeas que estaban teniendo lugar entonces. Por el contrario, El Capital obedece a objetivos mucho más complejos y ambiciosos. Se aspira, nada más y nada menos, que a la comprensión exacta del funcionamiento del sistema económico capitalista. Y ello, a juicio de Marx, requería una exposición mucho más justificada y rigurosa. Una exposición que se parecía mucho más a los trabajos de los primeros economistas clásicos, como Adam Smith y David Ricardo, que a los textos publicados hasta entonces por los representantes del socialismo utópico, como Robert Owen o Saint-Simon. Para Marx, El Capital era un misil contra la burguesía precisamente por su capacidad para desvelar y desnudar las formas por las que una parte de la población explotaba a la otra parte.

Se observará entonces que existía, y aún existe, una aparente contradicción. El Capital, como arma, parece de difícil acceso para los trabajadores, quienes por lo general, y por diversas razones, están menos preparados para abordar un libro de esta naturaleza. Precisamente por eso, han sido muchos los autores que han intentado resumir El Capital e incluso codificar esta obra en forma de catecismos. Así lo hizo Karl Kautsky, el primero en sintetizar en un buen libro las ideas principales de El Capital. O, por ser más precisos, lo que él consideraba que eran las principales ideas del libro de Marx.

La interpretación kautskiana se convirtió en hegemónica durante el período de vigencia de la II Internacional (1889-1914), considerándose desde entonces, no en vano, como la visión ortodoxa del marxismo. Pero el trabajo de Kautsky no consistió sólo en resumir El Capital sino que trató de sintetizar toda la obra marxista disponible hasta entonces, convertida así en doctrina. De este modo, el producto vivo e inspirador del largo trabajo de Marx fue enclaustrado bajo la fórmula cerrada de una doctrina al servicio de los principales partidos socialdemócratas de la época –como después ocurriría lo mismo con la III Internacional (1919-1943) y la Unión Soviética-. Esta interpretación ortodoxa, si bien se inspiraba en algunas de las lecturas de Marx, convirtió en mera caricatura la riqueza del trabajo original marxista. De hecho, Marx nunca habló de materialismo histórico y tampoco de materialismo dialéctico, sino que éstas fueron construcciones posteriores, hechas por Engels y otros autores, que trataron de ofrecer a la clase trabajadora un producto más compacto y accesible del trabajo de Marx.

Sin embargo, reducir la obra de Marx, entre ellas El Capital, a un producto cerrado implica ahogar gran parte de su capacidad para la investigación. La obra de Marx, como la de cualquier otro autor, está llena de elementos no del todo coherentes entre sí y que dependen, en gran medida, del contexto histórico en el que se escriben. En un ámbito bien distinto, como es el de la física, estas cuestiones también pasan. Aunque se califican de otra forma. El propio Einstein presentó su teoría de la relatividad especial en 1905, mientras que su teoría de la relatividad general tuvo que esperar a 1915, exactamente diez años después. En el período que media entre la primera y la segunda, Einstein publicó diferentes textos que pretendían resolver los problemas que enfrentaban sus planteamientos, aunque sin éxito. Nadie pretendería hoy, por ejemplo, recuperar y reivindicar aquellos intentos fallidos de Einstein. Eso es así porque en la física, a diferencia de lo que ocurre en las ciencias sociales, es posible llegar a consensos amplios sobre los resultados de una investigación. En el caso de las ciencias sociales eso es imposible; ello no quiere decir que toda opinión valga lo mismo, sino que los criterios de rigor para consignar que una explicación es cierta son distintos, más cuestionables, más abiertos. En realidad, toda la obra de Marx es un proyecto en construcción para dotar de una explicación a fenómenos sociales, cuya naturaleza es por defecto incierta, impredecible y en muchos casos incuantificable. Y el hecho de que sea un proceso en construcción, junto con la naturaleza específica de la ciencia social, hace fallido cualquier intento de crear una doctrina y, mucho menos, de elevarla al rango de ciencia.

Es verdad, por ejemplo, que en algún momento Marx sí creyó haber descubierto las leyes de la historia. En el Discurso ante la tumba de Marx, el propio Engels explicó que «de la misma forma que Darwin ha descubierto las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx ha descubierto las leyes del desarrollo de la historia humana»[1]. Y en una carta a Ferdinand Lasalle (1825-1864), el propio Marx le explicó que «la obra de Darwin es de una gran importancia y sirve a mi propósito en cuanto que proporciona una base para la lucha histórica de clases en las ciencias naturales»[2]. La influencia de los descubrimientos de Darwin, unida a la teoría de la historia heredada de Hegel, proporcionaron a Marx un esquema histórico sobre el que, en teoría, toda sociedad debería desplegarse en el tiempo. En breve, al feudalismo le seguiría el capitalismo, y a éste el socialismo. Sin embargo, el último Marx, el de la década de 1870, se había estado reuniendo con amigos y revolucionarios rusos que contribuyeron a modificar su visión sobre la situación de Rusia, en particular, y la de los países atrasados, en general. Hasta el punto de que en una carta de 1877 escribió que «sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica»[3]. Como se puede comprobar, casi una enmienda a la totalidad a su antigua concepción de la historia o, cuando menos, a la versión vulgar que Engels había sistematizado como materialismo histórico.

De ahí que, cuando la revolución rusa de 1917 tuvo lugar en un país severamente atrasado y prácticamente feudal, Antonio Gramsci (1891-1937) dijera que se trataba de una «revolución contra El Capital» y que «El Capital de Marx era, en Rusia, el libro de los burgueses más que el de los proletarios»[4] porque instaba a crear una burguesía e iniciar una era capitalista y no a que el proletariado tomara el poder en esas condiciones. Gramsci afirmó en aquel artículo que con la revolución «los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado»[5]. En realidad, lo que se ponía de manifiesto es que la interpretación ortodoxa del marxismo, y mucho más la interpretación del mismo que lo consideraba como ciencia pura, fallaba al enfrentarse con las cambiantes e impredecibles formas de la realidad. De ahí que no podamos considerar al marxismo más que como una, la más fértil, tradición política y de investigación.

Otro elemento ciertamente crítico, y que conforma una laguna en la obra de El Capital, es el de la clase social. Como he tratado de demostrar en un libro de próxima publicación, Por qué soy comunista (Península, 2017), la lectura que hacemos sobre la clase social y el Estado condiciona absolutamente la práctica política de los partidos socialistas. Sin embargo, Marx no llegó a escribir nada compacto sobre ninguno de esos conceptos. Y, en el caso de clase, esta es una ausencia crucial porque conforma la espina dorsal de su pensamiento político. Es más, a cualquier seguidor de la obra de Marx le sorprenderá que su táctica política fuera tan diversa en el tiempo. Por qué, por ejemplo, él y Engels consideraban necesario mantener la autonomía de los partidos socialdemócratas frente a los partidos liberales en Europa y, en cambio, ambos sugerían a esos mismos partidos socialdemócratas en Inglaterra o Estados Unidos que se incorporaran en el seno de los partidos liberales. Algo similar a la polémica de Lenin en 1905, cuando se opuso a la decisión del partido socialdemócrata ruso de no incorporarse al Soviet de San Petersburgo por ser considerado un espacio espontáneo y desideologizado. Tanto Marx y Engels, primero, como Lenin, después, no eran unos fetichistas de las organizaciones políticas sino que su práctica política dependía de cómo entendían la construcción y evolución de las clases sociales en contextos históricos. Por eso se ha dicho que lo importante es la clase social y no el partido. Y aun así, Marx nunca elaboró una explicación detallada del concepto de clase.

En el análisis del capitalismo que hace Marx en El Capital o en el Manifiesto Comunista, él detecta la existencia de dos clases fundamentales que le permiten explicar el desarrollo de la propia historia: los capitalistas y los trabajadores. Desde este punto de vista, el capitalismo genera una estructura de huecos en las relaciones de clase que luego son ocupados por personas reales. Es como si primero existiera la estructura, creada por el sistema económico, y luego las personas reales que «hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado»[6]. Estamos ante un esquema de clases típicamente polarizado donde sólo parecen existir capitalistas y trabajadores. Así, en este enfoque la clase es una realidad objetiva que varía según el desarrollo de las fuerzas productivas.

Sin embargo, en otros escritos Marx analiza la realidad social de una manera mucho más compleja, atendiendo a las particularidades de cada contexto. En este caso los escritos son de carácter más político y coyuntural, y en ellos Marx ya no trata con sólo dos clases sino que llega a diagnosticar clases, fracciones, facciones y una red mucho más compleja de grupos sociales. Un ejemplo paradigmático es el 18 Brumario, en el que Marx analiza el golpe de Estado dado por Luis Bonaparte (1808-1873) en 1851. Esta segunda opción está conectada con la visión de Lenin y, especialmente, de Edward Thompson, según la cual las clases sociales son también construcciones sociales que dependen de las prácticas políticas y no sólo huecos en las relaciones de producción.

Sea como sea, estas dos diferentes formas de analizar la clase social carecen de algún tipo de vínculo en la teoría de Marx. Es más, hay abundante material para creer que Marx «pensaba que la tendencia histórica del capitalismo apuntaba hacia una creciente polarización en lo concreto»[7], es decir, que la dinámica capitalista apuntaría a la destrucción de todas las clases sociales que no fueran la de los capitalistas y los trabajadores. En su visión, la complejidad de la vida real se estaba simplificando por el propio desarrollo del capitalismo puesto que éste creaba cada vez más proletarios y al mismo tiempo reducía el número de capitalistas –aunque los restantes vieran su poder incrementado. Esta idea, recogida después por Kautsky, se tuvo que enfrentar a las transformaciones del capitalismo a finales del siglo XIX y a la aparición de las llamadas clases medias. Este debate, como hemos insistido en otros lugares, es crucial para entender los fenómenos sociales y el desarrollo de la política hoy en día.

Por otra parte, Marx no supo o no pudo, también por diversas razones, incorporar cuestiones ecologistas y feministas en sus escritos. Marx fue un hombre de su época, y aunque hay autores como Elmar Altvater o Bellamy Foster que reivindican su temprana inclinación ecologista, no podemos dejar de advertir que tanto Marx como Engels asumieron no sólo las tesis más productivistas de la Economía Política y sus categorías sino también los prejuicios –en este caso bastante más Marx que Engels- propios de vivir en un sistema patriarcal. Para la actualización de los parámetros ecologistas y feministas desde una perspectiva marxista es necesario dejarse acompañar por autores más modernos que, aun inspirándose en Marx, despliegan su trabajo de un modo diferente.

En suma, leer a Marx es una fuente de inspiración que nos brinda la oportunidad de dar con las preguntas y respuestas adecuadas. Y 150 años después de la publicación de El Capital, a mi juicio conviene leer y estudiar con mucha atención la obra marxista. Así, además, corregiremos una deriva que ha afectado mucho a la calidad, y también utilidad, de los análisis marxistas. Me refiero, especialmente, a la tendencia a ignorar las cuestiones materiales y económicas en los análisis políticos.

Para entender esto debemos recordar que los fundadores del llamado socialismo científico y los llamados clásicos, entre los que se encuentran Marx, Engels, Lenin, Luxemburg, Kautsky, etc. pusieron su atención fundamental en cuestiones de Economía Política y de lo que se llamaría base económica. Pero a partir de los años veinte el marxismo occidental adquiere otro tono y asume otras preocupaciones. Como dice el historiador Perry Anderson (1938-), «el marxismo occidental en su conjunto, cuando fue más allá de cuestiones de método para considerar problemas de sustancia, se concentró casi totalmente en el estudio de las superestructuras»[8], especialmente las cuestiones culturales. Dicho de otra forma, el análisis cultural suplantó a la Economía Política. Pero, además, el tono fue cambiando desde un optimismo antropológico, basado en gran medida en la asunción de que la concepción de la historia era correcta, hasta convertirse en un pesimismo antropológico más que notable. Esto fue coincidente, además, con tres hechos adicionales. Por un lado, el desplazamiento del estudio y análisis marxista desde el continente europeo hacia el mundo anglosajón. Por otro lado, con el cambio de perfil de los intelectuales marxistas, que hasta los años veinte habían sido tanto dirigentes políticos como estudiosos del marxismo y a partir de entonces se produciría una profunda desconexión entre el movimiento obrero organizado y los intelectuales. Y, finalmente, el desarrollo de un Estado del Bienestar que, a partir de un compromiso entre capital y trabajo, parecía cuestionar la necesidad del socialismo para gran parte de la clase trabajadora[9].

Esto condujo a una paradoja. El geógrafo marxista David Harvey cuenta, por ejemplo, que durante los años de posguerra y especialmente tras la caída del muro de Berlín, pocos querían estudiar un libro como El Capital. La razón estaba en que «el hecho real era que El Capital no tenía demasiada aplicación directa a la vida diaria» porque «describía el capitalismo en su versión cruda, inalterada y bárbara típica del siglo XIX»[10]. Esta situación, sin embargo, ha cambiado en la actualidad. El marxismo ha vuelto a estar de moda. Pero aún más, la razón es que hoy El Capital parece hablarnos no del capitalismo del siglo XIX sino del actual. Las reestructuraciones empresariales, que implican despidos de miles de trabajadores, la crisis económica y sus efectos macroeconómicos, los comportamientos del capital financiero y de los diferentes tipos de capital... es como si estuviéramos volviendo poco a poco al siglo XIX. O puede ser, más probablemente, que El Capital tenga la capacidad de explicar el funcionamiento de un sistema que ha cambiado poco y cuyos principales fundamentos se mantienen invariables, con lo que su lectura y estudio, como todo el marxismo que de ahí se deriva, pueden sernos de extraordinaria utilidad para comprender el mundo que vivimos. Y para transformarlo.

El marxismo no es, por lo tanto, la llave que abre todas las puertas. El marxismo es, más bien, una herramienta para el análisis social y también para la práctica política. Y al mismo tiempo también es una concepción del mundo, inspirada por esa tradición política y de investigación, que nos anima a mirar determinadas trazas de la totalidad social. Como dice Manuel Sacristán (1925-1985), la concepción marxista de mundo «supone la concepción de lo filosófico no como un sistema superior a la ciencia, sino como un nivel del pensamiento científico: el de la inspiración del propio investigar y de la reflexión sobre su marcha y resultados»[11]. En efecto, lo que hace que un investigador de orientación marxista se centre en cuestiones como las clases y la desigualdad y no en otros campos posibles, es la creencia de que haciéndolo así se encontrarán más y mejores respuestas. En consecuencia, el marxismo tiene que ir cambiando en la medida que vamos incrementando nuestro conocimiento sobre el mundo que nos rodea y en la medida que va cambiando la sociedad a la que pertenecemos.

 

NOTAS


[1] Engels, F. (1883): “Discurso ante la tumba de Marx”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/83-tumba.htm
[2] Citado en Arnal, S. (2009): “Darwin, Marx y las dedicatorias de El Capital”, disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95700
[3] Marx, K. (1877): “Carta al director de Otieschéstvennie Zapiski”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m1877.htm
[4] Gramsci, A. (1917): “La Revolución contra El Capital”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm
[5] Gramsci, A. (1917): “La Revolución contra El Capital”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm
[6] Marx, K. (1851): El 18 Brumario de Luis Bonaparte, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
[7] Olin Wright, E. (2015): Clases. Siglo XXI, Madrid
[8] Anderson, P. (2012): Consideraciones sobre el marxismo occidental. Siglo XXI, Madrid.
[9] Anderson, P. (2012): Consideraciones sobre el marxismo occidental. Siglo XXI, Madrid.
[10] Harvey, D. (2015): Espacios de esperanza. Akal, Madrid.
[11] Sacristán, M. (1964): “Sobre el anti-dürhing”

 

 

 

 

 

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Variedad de café producido en México

 

Algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050

 

El cambio climático no acabará con las bebidas más consumidas del mundo -el café y el té- pero sí que alterará las zonas en las que se cultivan estos productos. El pasado mes de junio un estudio internacional indicaba que la mitad de los cultivos de café etíope se perderán este siglo por el cambio climático (ver La Vanguardia), y ahora una nueva investigación científica apunta que algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050 a raíz de los efectos del cambio climático.

Los nuevos resultados forman parte de un estudio publicado (11 set.) en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). En la parte positiva, el estudio indica que algunas áreas en las que hoy no se produce el grano podrían utilizarse en el futuro para este cultivo, según esta investigación realizada por un equipo internacional.

 

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"El estudio permite ver cómo el cambio climático podría modificar las áreas con capacidad de producir café, es decir, en qué zonas se perderá o ganará aptitud para este cultivo", dijo a Efe Pablo Imbach, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical de Vietnam, quien lideró este trabajo.

El análisis incluye áreas "que en el futuro no tendrán un clima apto para la producción de café, así como aquellas que no lo tienen ahora pero lo podrían tener en el futuro", agregó Imbach. La comunidad científica sabe que el cambio climático causará cambios en los cultivos y en las especies polinizadoras, lo que tendrá consecuencias en la disponibilidad de alimentos y en la economía de los pequeños productores. "Sin embargo, no se había evaluado la manera en que los cambios en la distribución de las abejas se acoplaban a los cambios en la distribución de las áreas aptas para producir café", señaló el investigador.

 

 

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En este estudio, el equipo creó un modelo con las distribuciones potenciales del café y de los polinizadores de ese cultivo bajo el clima actual y el que podría haber en un futuro en Latinoamérica.

Con ese modelo, buscaron comprender si las áreas que en un futuro serán aptas para la producción de café también serán adecuadas para las especies polinizadoras.

"Nuestros resultados sugieren que las áreas aptas para el café se reducirán entre el 73 y el 88 por ciento hacia 2050 en escenarios cálidos, una bajada entre el 46 y el 76 por ciento mayor a lo estimado en evaluaciones mundiales", indica el estudio.

"Aunque hallamos una reducción en la aptitud para el café y en la diversidad de las especies de abejas en más de un tercio de las áreas que en un futuro serán adecuadas para el café, todas las zonas albergarán potencialmente al menos cinco especies de abejas, lo que indica la continuación de los servicios de polinización", agrega el texto. Los resultados de la investigación sugieren que las pequeñas áreas que en el futuro serán más aptas para este cultivo estarán en zonas elevadas.

 

 

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En ese sentido, habrá una pérdida significativa de áreas aptas para el café en zonas con pocas montañas, como Nicaragua, Honduras y Venezuela, mientras que otros sitios verán una leve expansión. En ese segundo grupo aparecen México, Guatemala, Colombia y Costa Rica, según enumera el equipo de investigación.

Según Imbach, al simular los efectos del cambio climático sobre el café y las abejas, la comunidad científica puede "entender la magnitud y sitios en que ocurrirán estos cambios".

También a partir de un análisis con estas características, los especialistas pueden hacer recomendaciones a los productores "para apoyar su adaptación al cambio climático".

El investigador sostuvo que aún es necesario ver qué alternativas hay "para los medios de vida de los actuales productores de café en tierras que perderán aptitud para el cultivo" y los efectos que podrían generarse en las nuevas tierras aptas para el café. JEC

 

Artículo científico de referencia:

Coupling of pollination services and agriculture under climate change. PNAS. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1617940114. September 11, 2017.

 

 

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