María Inés Baragatti nació y vivió toda su vida en Bernal.

Barre con el brazo todo lo que hay en la mesa, todo, mi agenda inclusive. Está eléctrica, poseída, rebalsa de vida al grito sostenido de “si no entienden voy de nuevo, si no entienden que conste, voy de nuevo, de nuevo”. Dibuja una circunferencia imaginaria y está dispuesta a enseñarme cómo es que se miden los radianes en los ángulos. No puedo colar ni una sola pregunta porque apenas se me aparecen en la cabeza ella se anticipa y las va contestando una a una, como si supiera todos los eslabones de la docencia, como si tuviera una cámara en mi cabeza. María Inés Baragatti tiene 70 años, es jubilada, nació y vivió toda su vida en Bernal. Hace poco se hizo famosa porque uno de sus exalumnos subió una de sus clases a YouTube y el video ya cosecha un millón de visitas. Fue bautizada como la “Adrián Paenza del conurbano” y aunque el apodo le sienta bien no tiene tiempo para nimiedades: solo pretende enseñar.

Desde 2014 brinda clases de apoyo gratuitas en su casa a estudiantes del colegio secundario y también a universitarios. “Todavía doy clases porque me gusta enseñar, es algo que me apasiona y creo que puedo ser muy útil. Vos podés odiar las matemáticas pero si yo te explico seguro te enganchás”, dice mientras suaviza la voz y se encorva, como si explorase un nuevo territorio con su cuerpo. Ahí va de nuevo a la carga: “los números esconden secretos, todo tiene un por qué: las matemáticas son lo más fácil que existe. Conozco gente que ha estudiado Letras, eso es verdaderamente difícil, nunca pude entender demasiado”.


Las matemáticas tienen mala fama, constituyen la materia complicada de los secundarios y “el filtro” en los ingresos universitarios. A veces, pareciera que solo los cerebros iluminados comprenden los números y sus disposiciones. Esta es una hipótesis superficial, nada seria, pero forma parte del sentido común. ¿Qué sucede en realidad? “Lo que ocurre es que ya no se enseña matemáticas, ya no existen”, suelta encendida. Y prosigue: “son todas recetas y fórmulas que se olvidan al otro día de aprenderlas. Si pregunto por los conceptos nadie sabe muy bien cómo se hace nada. Todos piensan que para medir hacen falta reglas y para calcular necesitamos calculadoras cuando durante la mayor parte de la historia fue diferente. Así nunca vamos a interesar a ningún pibe”, plantea. Comenta que la respuesta “ah, pero las profesoras me lo enseñaron así” está a la orden del día. Asunto anticipado por el propio “Chavo del 8” que décadas atrás eludía las situaciones problemáticas del profesor Jirafales con la misma excusa: “Lo que pasa es que a mí me lo enseñaron con manzanas y usted siempre habla de naranjas”.


Como si fuera poco, afirma, los manuales que emplean los estudiantes están colmados de errores. Se ofusca y manda correos a las editoriales, ninguna responde. Desconfía de las fórmulas pero confía en el florecimiento de la reflexión propia. “Tengo tan claro lo que enseño que lo explico de la manera más sencilla posible y los pibes me entienden más fácil; sucede de una manera natural”, señala. María Inés emplea metáforas y analogías, recurre a ejemplos de la vida cotidiana. Se entrega por completo y eso se nota, sus ganas la desbordan.
En 2017 se comunicó con ella Daniel Pedraza, un exalumno que la invitó a dar una clase abierta en la Facultad de Ingeniería de la UNLP. “Me dijeron que era la mejor docente que habían tenido durante toda la carrera, eso me emocionó mucho y no pude resistirme”, admite. En esa ocasión explicó números complejos y el aula explotaba: “Pedraza hizo una publicidad muy fuerte por La Plata, había gente con carteles, profesionales de diversas disciplinas que habían sido alumnos míos desde 1970 y venían de todas partes a visitarme y agradecerme”.


Todo fue emoción, aunque hubo un momento que la movilizó especialmente: “Cuando terminé la clase se acercó un joven y me dijo que había venido desde la Ciudad de Buenos Aires, para mí fue una sorpresa. Sobre todo, porque no había sido mi alumno, cursaba el secundario en el Nacional Buenos Aires y me admiraba”. Luego supe que unas horas antes había estado internado en terapia intensiva y le había solicitado a su madre que lo trajera a escucharme. “Ese cariño no sé cómo retribuirlo, ni siquiera me conocía personalmente”, dice emocionada. Y, claro, las redes sociales hacen lo suyo, así que como tuvo tanto éxito el primer video, ya están en camino los próximos.


De alma pitagórica, dedicó su vida entera a la enseñanza en colegios secundarios y universidades. En 1955 comenzó todo. Inició las clases en la Escuela N° 6 de Bernal y luego siguió en el Normal de Quilmes, sitio en el que tuvo docentes de primer nivel. De chica, le interesaba tanto mostrar lo que sabía que le daba clases a las paredes. Sin advertirlo, su futuro estaba signado: enseñaría matemáticas. Una profesión que, desde su perspectiva, debe cultivar la sana costumbre de persuadir, gustar... enamorar. “Siempre tuve facilidad con los numeritos y, además, también tuve la suerte de ser alumna de Raúl Cortizas, un ingeniero que tenía una claridad enorme para explicar y contagiar el amor por el conocimiento”, comenta.


El paso siguiente fue licenciarse en Matemáticas (UNLP), una carrera de grado poco corriente para aquella época. En 1972 comenzó a dar clases teóricas en la universidad; tenía 24 años pero ya evidenciaba sus dotes para hablar el mismo lenguaje que los estudiantes. “Tenía llegada, era muy querida, siempre dejé el alma en cada clase, siempre la clase que estaba dando era la más importante, no pensaba en nada más”, apunta mientras se le dibuja una sonrisa en su cara.


En 1991 fue la primera Coordinadora del Curso de Ingreso a la Universidad Nacional de Quilmes (Eje Lógico Matemático) y luego de manera ininterrumpida desempeñó el mismo cargo desde 1993 hasta 2005. Fue Profesora desde 2000 hasta su jubilación en Análisis Matemático I, III y IV con dedicación exclusiva. En la actualidad, dice que le gusta ir de frente, que no se calla nada aunque la frontalidad le ha traído más sinsabores que alegrías. “Discuto con las autoridades, siempre fui así. Desde chiquita me gustaba decir lo que pensaba, pero jamás me peleé con ningún alumno. En el aula quiero que entiendan, que se lleven algo. Doy clases de tres, cuatro o cinco horas seguidas. Puedo estar una semana entera hablando de números, no me canso”, narra.


Mujer de hierro, su potencia arrasadora y sus ganas de enseñar son a prueba de balas. Setenta años y una vida como docente que recién comienza: “Estoy dispuesta a ir a cualquier institución a explicar matemáticas totalmente gratis. No cobro un peso, pero la cosa tiene que cambiar. Lo quiero hacer por los chicos y por los docentes que no se preguntan lo elemental. Parece como si se enseñara por decreto, nadie se pregunta nada. Se aplica la norma y listo, nos olvidamos de preguntar, de cuestionar, de conocer el porqué del por qué. Las cosas pueden cambiar, esperemos que así sea”, concluye.


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Miércoles, 21 Marzo 2018 18:21

¿Qué es la eusocialidad?

¿Qué es la eusocialidad?

Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


El modelo básico más generalizado acerca del origen de la vida y la explicación acerca de la lógica de los sistemas vivos es la teoría de la evolución. El mérito de Darwin consistió en haber explicado un problema que llevaba cien años antes de él sin explicación, a saber: explicar la teoría de la evolución. Y la respuesta de Darwin fue el mecanismo de la selección natural. Los organismos y las especies que logran, como sea, superar las restricciones e imposiciones de la selección, logran adaptarse idóneamente y son, selectivamente, los mejores (fittest).


Es sabido que Darwin no emplea el término “evolución” en su obra cumbre, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), sino hasta la sexta edición, y ello debido al peso que ya había logrado el pensamiento de H. Spencer. Es debido a Spencer que a partir de la sexta edición del libro de Darwin que aparece el concepto de “evolución” expresamente en biología.


Ahora bien, al final de la introducción del libro mencionado, Darwin advierte expresamente que el mecanismo de la selección es la forma como él ha logrado explicar la dinámica de lo seres vivos, su origen, su lógica. Pero que no está para nada seguro que sea la única explicación posible de la evolución.


Numerosas otras alternativas aparecieron ulteriormente para explicar la evolución, acaso el concepto arquimédico de toda la cultura y la civilización contemporáneas. Pero la idea quedó en el ambiente: la competencia y la lucha, la exclusión e incluso la violencia fueron las claves para explicar lo que había sucedido desde las escalas más básicas hasta el surgimiento del Homo sapiens. La lucha por el mejor macho o la mejor hembra, por el cuidado de los críos, por el territorio, digamos.


Esta historia ha cambiado radicalmente en años recientes. El paradigma de la evolución, latu sensu, ya no es la selección en manera alguna. Antecedida por la obra de L. Margulis, específicamente la teoría de la endosimbiosis, la teoría más sólida a la fecha acerca de la vida y los sistemas vivos, se funda en la importancia de la cooperación: cooperación, comensalismo, mutualismo. Esta es la eusocialidad.


Desarrollada originariamente por E. O. Wilson, M. A. Nowak y C. Tarnita, la eusocialidad es el término usado que describe cómo, a partir de los insectos sociales y de otras especies animales, la vida consiste en una gran trama de cooperación centrada en los más jóvenes y en el cuidado del nido, el nicho, el hogar. La teoría es desarrollada entre 2004 y 2010, y constituye la mejor aplicación acerca de un hecho básico: la vida no es un sistema de lucha y competencia, sino de ayuda, de altruismo y de cooperación. Es lo que en términos algo más técnicos Margulis expresa como simbiosis y holobiontes.


De esta suerte, la teoría de la evolución cooperativa (= eusocial) pone de manifiesto una explicación multiniveles de la evolución, así: existe una imbricación entre selección individual y selección grupal, que favorece ampliamente, ya desde los invertebrados hasta los mamíferos superiores más complejos, la cooperación y el beneficio mutuo antes que la competencia y la lucha recíproca. Este modelo ha sido sustentado por nuevas matemáticas de sistemas dinámicos no lineales, que arrojan nuevas y refrescantes luces sobre la lógica de la vida.


Ciertamente, el origen de la eusocialidad ha sido raro en la historia de la vida, debido a que la selección de grupo ha sido excepcionalmente poderosa para relajar la fuerza de la selección individual. Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


Digámoslo de manera puntual: los sistemas más complejos son aquellos que poseen eusocialidad, esto es, una condición verdaderamente social. La complejidad se funda en la eusocialidad y a su vez la eusocialidad permite formas, dinámicas y estructuras auténticamente complejas.


Como se aprecia, la biología, la ecología y las propias matemáticas han tomado una ventaja selectiva en el panorama de las ciencias y las disciplinas en este plano. Sin la menor duda, las más rezagadas son las ciencias sociales, por ejemplo, la economía, la administración, la educación y la política, las cuales siguen haciéndose ampliamente posibles a la fecha con base en conceptos (erróneos), como “competencia” y “competitividad”. Competencias argumentativas, crecimiento competitivo de la economía, competitividad empresarial, lucha por el poder, por ejemplo.


¿Cabe mencionar aquí que el 97% de la biomasa son plantas? ¿O que la biomasa de las hormigas es esencialmente igual a la de los seres humanos a todo lo largo de la historia? ¿O que la vida se funda esencialmente en la importancia de las colonias bacteriales y que el microbioma es una instancia fundamental para comprender la salud humana? (Ello sin mencionar el significado del viroma).
Existe en el imaginario social y en la cultura en general una idea equivocada; se trata de la creencia de que la vida es un combate incesante y sólo los más fuertes sobreviven; no los mejores, no los más inteligentes, no lo más buenos. Esta creencia errónea tiene enormes consecuencias en numerosos planos. Frente a este imaginario, bien vale una actualización de lo mejor de la ciencia y la investigación. En este caso se trata de la idea de eusocialidad. El origen de la vida en el planeta fue exactamente el origen de procesos de ayuda mutua, de codependencia, de reciprocidad.
La cultura ha conducido a conceptos como “fuego amigo”, “bajas casuales”, “falsos positivos”, “posverdad” y los ya mencionados de “competencia” y “competitividad”, para no elaborar una lista larga. La ignorancia en ciencia se traduce en políticas peligrosas y en creencias falsas.


La eusocialidad, el hecho de que la vida es una gran red de cooperación y ayuda mutua, y en la que la naturaleza carece de jerarquías. Los sistema vivos generan constantemente las condiciones de posibilidad de su propia existencia, y se hacen posibles con base en aprendizaje mutuo y cooperación recíproca. No es difícil.

PUBLICADO: 19 MARZO 2018

Software Libre contra software privativo: batalla global

Desde que en 1991 Linus Torvalds empezara a trabajar en lo que más tarde sería Linux, la lucha entre los softwares libres y los softwares de pago ha alcanzado proporciones nunca imaginadas.

Para muchos escuchar los nombres de Linus Torvalds o Richard Stallman no significa mucho, pero los que conocen un poco de la historia de Internet y la mayoría de los programas utilizados por los usuarios del mundo, saben que esos nombres están estrechamente ligados a Linux y el Proyecto GNU, estandartes del software libre y el código abierto.


Hoy todavía la Microsoft es el gran monopolio en cuanto a software, pero ya con la adopción del software libre por numerosas empresas fabricantes de PC, muchas computadoras se venden con distribuciones GNU/Linux pre-instaladas. Ahora se ve que el GNU/Linux ha comenzado a tomar su lugar en el vasto mercado de las computadoras de escritorio y amenaza con desplazar al rey Bill Gates y su reino.


Muchas son las iniciativas que toman los amantes y desarrolladores de software libres para difundir su uso; una de ellas es el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (FLISoL), que figura como el evento de difusión de Software Libre más grande en Latinoamérica. Esta iniciativa se realiza desde el año 2005 y su principal objetivo es promover el uso del software libre, dando a conocer al público en general su filosofía, alcances, avances y desarrollo y ya este año cuenta con presencia en más de 200 ciudades del subcontinente.


Para tal fin, las diversas comunidades locales de software libre (en cada país, en cada ciudad o localidad), organizan simultáneamente eventos en los que se instala, de manera gratuita y totalmente legal, software libre en las computadoras que llevan los asistentes. Además, en forma paralela, se ofrecen charlas, ponencias y talleres, sobre temáticas locales, nacionales y latinoamericanas en torno al Software Libre, en toda su gama de expresiones: artística, académica, empresarial y social.


Los softwares libres representan una ventaja enorme para los usuarios finales porque no tienen que pagar las licencias de los programas que usan. Existen muchísimas aplicaciones gratis, de código abierto y con gran calidad a disposición de los usuarios particulares y de empresas y para Cuba la implementación masiva de estos softwares aportaría muchos beneficios.


Algunos usuarios, quizás por desconocimiento, afirman que no existen softwares libres funcionales para todas las finalidades que pudiera desear el usuario. Pero la realidad es diferente. Hay muchos programas libres y de código abierto con excelentes prestaciones, similares a los que ofrece Microsft Office, pero simplemente son desconocidos para muchas personas. Tienen gran calidad y no precisan de grandes conocimiento técnicos ni prestaciones de las PC. No tienes que preocuparte por las licencias y puedes estar seguro de no estar usando programas pirateados.


En Cuba en estos momentos existen importantes iniciativas encaminadas a la implementación a gran escala de software libres, donde se destacan la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y su Facultad 10, el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) y los Joven Club, que actualmente instalan laboratorios con estas tecnologías e imparten curso a la población interesada.


Los softwares libres en Cuba tienen una buena perspectiva. Es muy importante el trabajo que se hace en los Joven Club y en el MIC en cuanto a la migración al software libre, pero donde más avances se ven es la UCI: allí se trabaja con estos programas y además se crean otros libres también. Ya podemos ver sus resultados con el lanzamiento del NOVA, que es un sistema operativo completamente creado en Cuba.
La gran batalla que se vive en el mundo entre los softwares libres y los de pago está teniendo ahora nuevas escaramuzas. Ya es noticia vieja la derrota de la Encarta frente a Wikipedia y asimismo se ve como muchos sistemas operativos y aplicaciones libre gana cada día terreno frente a los productos de la Microsoft, que ve ya las grietas en su resquebrajado imperio.
Artículo publicado originalmente en Perlavisión

Entrevista:  El profesor Néstor García Canclini habla de los jóvenes y los cambios en el mundo del trabajo

Se encuentra en Medellín el destacado antropólogo y pensador argentino, Néstor García Canclini, quien participa de varios eventos académicos en atención a una invitación que le cursó la Universidad de Antioquia y la Escuela Nacional Sindical.

 

El profesor García Canclini, también doctor en filosofía, es uno de los antropólogos que más se ha ocupado del tema de la cultura, la modernidad y la posmodernidad desde una perspectiva latinoamericana. Uno de los conceptos que ha acuñado es el de "hibridación cultural", fenómeno que se materializa en escenarios donde diversos sistemas se “intersectan e interpenetran”. Y en algunos de sus textos también ha abordado asuntos del mundo del trabajo, en especial en su relación con la empleabilidad de los jóvenes y las nuevas tecnologías.

 

Autor de 14 libros, el profesor García Canclini ha desarrollado la mayor parte de su actividad intelectual en ciudad de México, donde reside desde 1976; y donde se desempeña como investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores, dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

 

Una de sus obras más conocidas es Consumidores y ciudadanos, en la que afirma que el consumo, producto de la globalización, ha generado una nueva concepción de ciudadano. También los libros Lectores, espectadores e internautas; Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad; Diferentes, desiguales y desconectados.

 

En la entrevista que la Agencia de Información le hizo, el profesor García Canclini habla sobre el mundo del trabajo, los jóvenes y el sindicalismo en América Latina.

 

Hoy se habla mucho del emprendimiento como estrategia de inclusión laboral de los jóvenes. ¿Cómo valora usted ese fenómeno?

 

La condición de los jóvenes ha cambiado considerablemente. Las grandes transformaciones contemporáneas se manifiestan mucho más elocuentemente en la condición juvenil. Por ejemplo: la incorporación en las nuevas tecnologías, la precariedad del trabajo, la capacidad de innovación. A algunos sectores de la juventud los llaman emprendedores, o “trend settings”, que son los que se involucran con las nuevas tendencias tecnológicas, no siempre relacionadas con aparatos sino también con nuevos hábitos de vida, nuevos modos de comunicarse, de trabajar, de organizarse. El fenómeno surge por la aceleración de las innovaciones tecnológicas, pero también culturales; de la posibilidad de un mayor acceso a un caudal de información globalizada, de poder asociarse a emprendimientos más allá de lo local. Tiene lados ambivalentes. Lo positivo es que expande el horizonte y da mayor posibilidad de contrastar la información en fuentes diversas. Gracias a estos procesos los jóvenes hoy tienen más relaciones y repertorios culturales que en el pasado.

 

¿Y lo negativo?

 

Que es un fenómeno también impulsado por la precariedad e inestabilidad laboral, de la necesidad de estar pendientes de un próximo trabajo. El modelo neoliberal de flexibilización de las relaciones laborales, la pérdida de derechos laborales y de seguridad social, la desindicalización, ha generado la posibilidad de trabajar en actividades múltiples. Los jóvenes más capacitados, los que terminan carreras universitarias y manejan el inglés, pueden vincularse con un universo social, económico y cultural más extenso, y en redes que trascienden su lugar nativo, tanto para viajar físicamente o para comunicarse y viajar virtualmente.

 

Y los jóvenes que no tiene esa capacitación, ¿qué opciones tienen?

 

Tiene que ver con las nuevas formas de acceder a la información, al conocimiento, de auto-educarse. Hay muchos jóvenes que no han estudiado en la universidad, o que la abandonan sin terminar la carrera, porque encuentran otras formas de emplearse, de ganar dinero, y en oficios que los apasiona y en los que pueden innovar. La innovación es un componente clave en todos estos procesos de reconfiguración laboral y educativa. Muchos de los conocimientos no se obtienen en la universidad, se tienen con el acceso a la tecnología, a los aparatos y dispositivos, a las fuentes de información y de conocimiento que encuentran en las redes sociales. Para muchos de estos jóvenes se vuelve innecesario seguir en la universidad, se retiran porque consideran inútil ver una cantidad de materias que les dan una información sobre otros aspectos de la sociedad y cultura que no les interesa, por el contrario, no les permiten concentrarse en lo que verdaderamente les interesa. La expresión “trend settings” surgió en Estados Unidos cuando se vio que un alto porcentaje de la población trabajaba en actividades de innovación tecnológica, auto-empleados, en muchos casos desde su casa. Se creó la utopía de que todos deberían auto-emplearse, crear su propio trabajo, y desde allí generar riqueza. Pero por cada Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, o de otros iniciadores de innovaciones en redes sociales y otras aplicaciones tecnológicas, hay millones que no logran dar ese salto, y viven experiencias de desempleo y precariedad. La noción de jóvenes emprendedores, creativos, tiene mucho de ilusión. Oculta y disimula procesos de explotación.

 

¿O será que simplemente a los jóvenes les gusta saltar de un trabajo a otro? ¿Qué ha podido establecer a ese respecto?

 

Estamos en una época en que se ha pasado de las carreras profesionales que duraban toda la vida laboral, a vivir el trabajo por proyectos. Hay una dinámica de movilidad que no siempre es negativa, pero para la mayoría sí implica precariedad y dificultades de insertarse en el mercado de trabajo. Antes teníamos la convicción de que si hacíamos una carrera universitaria y nos especializábamos obteníamos buenos recursos de conocimiento y mostrábamos que éramos capaces de hacer tareas con eficiencia teníamos un futuro asegurado, podíamos llegar a ser gerentes de una empresa, dirigentes, diputados... Pero los jóvenes desde hace por lo menos dos generaciones han interiorizado la experiencia de que no se puede hacer carrera, y que aún quienes logran posicionarse en los mejores puestos tienen la tendencia a cambiar, no solo de empresa sino de oficio y profesión; de moverse a otra actividad más innovadora o que dé mejores ingresos.

 

En una conferencia usted mencionó un logro del emprendimiento en Francia...

 

En Francia desde hace muchos años se habla de esta condición laboral como de intermitentes. Comenzó aplicándose a algunos ramos de la producción artística y cultural, que por su propia naturaleza lo son. Los actores y directores teatrales que producen una obra después de varios meses de ensayo la ponen en cartelera y luego pasan un período sin trabajar, mientras logran articular, ensayar y poner otro proyecto en escena, porque tienen que seguir viviendo con sus familias. Entonces el Estado francés creó un sistema de asistencia para que esas personas recibieran beneficios básicos y tuvieran una cierta continuidad en seguro médico. Algunos de estos beneficios se han ido acabando, o no llegan a todos los que lo necesitan. Pero es otra manera de concebir una solución en un oficio que por su propio carácter es inestable. Claro que esa inestabilidad se ha acentuado para todas las profesiones.

 

¿Qué se puede esperar de los jóvenes que no logran engancharse en el conocimiento ni en la tecnología, y tampoco en el mercado laboral?

 

Hay derivaciones distintas que están por estudiarse. Hay un informe del Banco Mundial que correlaciona estadísticas de desempleo juvenil con la tasa de homicidios en México, y se ve cómo esa correlación crece, sobre todo en el norte del país, en los estados más cercanos a Estados Unidos, donde muchos no logran pasar al otro lado y se quedan del lado mexicano, agrandan el desempleo y la precariedad. Y también muchos desesperadamente recurren a ocupaciones ilegales o paralegales, a la violencia, a formas de participación en redes delictivas. Hay otros que no eligen el camino del delito, quedan en la precariedad, son sostenidos por la familia, a veces por padres que también han perdido sus trabajos y quedan al respaldo de la pensión de los abuelos. Hay quienes tratan de educarse o migrar a otros países. En fin, hay muchas salidas poco estudiadas; salidas reales, aunque signifiquen pérdidas de relaciones familiares, desarraigo de su sociedad y su cultura. Creo que una gran tarea es investigar más por parte de las universidades y los gobiernos.

 

La movilidad e inestabilidad que menciona lleva también a los jóvenes a no pensar en una jubilación, una pensión para la vejez. ¿Cómo ha cambiado en ese sentido la expectativa de los jóvenes?

 

La jubilación es la experiencia terminal, pero la experiencia de precariedad y desposesión de bienes y recursos viene desde mucho antes. Traigo al caso lo que me comentaba hace poco una artista visual mexicana, que tiene dos maestrías, sabe 3 idiomas, pero vive saltando de un trabajo a otro, y también pasa periodos desempleada. Dice que no puede acumular una estabilidad que le permita obtener con qué comprar un carro ni quedar embarazada, y menos una jubilación.

 

¿Cómo el movimiento sindical puede participar o involucrarse en los escenarios de jóvenes con esa movilidad y precariedad laboral?

 

El tema tiene varias o muchas aristas, depende de qué país miremos. Mi apreciación la baso en los países latinoamericanos que más conozco, Argentina y México. En los dos sigue habiendo una minoría de trabajadores sindicalizados. La mayor parte, sobre todo los jóvenes, no pertenecen a sindicatos, y también han interiorizado el hecho de que pertenecer a ellos es muy difícil. Están contentos si consiguen trabajo en un restaurante, en un taller, en una empresa de confecciones. Ya saben que van a ganar poco, y menos si son mujeres, y menos si son más jóvenes; saben también que ese trabajo les puede durar poco y que no tendrán seguridad social. Tienen que ingeniárselas para obtener otras satisfacciones, que no les van llegar por la vía laboral, o no directamente. Los sindicatos tienen el desafío de ampliar el espectro de sus demandas, darse cuenta de que no solo deben reclamar aumentos laborales o beneficios ligados a la empresa y al comercio en el cual laboran, sino otros beneficios complementarios que permitan obtener bienestar.

 

¿Cuál es, o debería ser, el papel de los Estados en relación con ese tema?

 

Los Estados han desmantelado el bienestar de la gente, han dejado a las empresas que manipulen con mayor libertad un conjunto de recursos, de contratos de trabajo que crean desigualdad entre los propios trabajadores, los divide y los excluye. Este desmantelamiento ha llevado a transferir la responsabilidad del Estado a los trabajadores, o a los desempleados que deben conseguir trabajo, a ver qué inventan. Hay que luchar por restablecer cierto estado de bienestar, no podemos confiar a las empresas cuyo objetivo principal es el lucro, y debemos exigirles responsabilidad a los políticos por los que votamos.

 

Una premisa de la que parte el sindicalismo es que éste es un valor de la democracia, necesario para que ésta exista. ¿Cómo ve la construcción de democracia en un contexto en el que los jóvenes no ven en la sindicalización una opción prioritaria?

 

Hay nuevas formas de ciudadanía que están surgiendo, muchas de ellas ligadas a internet, pero también que van más allá de lo digital; formas que facilitan una información más amplia, articulaciones de solidaridad que trascienden la frontera. Al mismo tiempo estos procesos relativizan las formas antiguas de sindicalización y de solidaridad.

 

Finalmente, y ya remitiéndonos a Colombia y al proceso de paz y el posconflicto, ¿podemos esperar más inclusión y oportunidades laborales? ¿Cuál es su propuesta?

 

Me da una gran esperanza que se pueda ya hablar del posconflicto en Colombia. He venido muchas veces en las últimas décadas, he acompañado a varios investigadores que han estudiado este proceso y sé de su complejidad, encuentro relatos que muestran la diversidad de situaciones del conflicto. Me atrae mucho y lo escucho con enorme interés. Lamentablemente no tengo nada para proponer, entre otras cosas porque ahora mismo la situación mexicana está mucho más rezagada, estamos en medio del conflicto, en una etapa cruel, desconcertada por parte de casi todos los actores, especialmente del gobierno y de las fuerzas que deberían contribuir a la solución. Estamos en una situación más fragmentada que la de Colombia, con más carteles, combates y disputas por el territorio entre esos carteles. Así que se me hace difícil decir algo productivo en relación con Colombia. Más bien vengo a escuchar y a entender cómo han llegado a este punto, que parece ser muy promisorio.

 

 

Publicado enColombia
Domingo, 03 Abril 2016 19:46

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Internet

No siempre fue así. Hubo una época en la que Internet perseguía otras lógicas, en la que no tenía dueños. Y ahora que la concentración de empresas pone en jaque su filosofía original, queda en evidencia que en cada decisión de apariencia tecnológica se esconde, como siempre, la política.

 

De romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.

 

“Mi primera conexión fue en 1994, y fue también la de toda mi familia (...). Un viernes a la tarde, cuando ya habíamos vuelto de la escuela y el trabajo, nos reunimos frente al monitor y mi novio adolescente, experto en redes, hizo una conexión desde el gabinete de la computadora hasta el teléfono. Escuchamos el ruido de la conexión durante 15 segundos mientras en la pantalla se dibujaba una línea roja que conectaba un receptor con un router”, reconstruye la periodista y politóloga argentina Natalia Zuazo en el prefacio de su libro Guerras de Internet, que presentó el martes en el Centro Cultural de España junto a dos estudiosos uruguayos, Fabrizio Scrollini, abogado y presidente de Data, y Mariana Fossatti, socióloga e integrante de Creative Commons.

 

En los primeros tiempos “dábamos por sentado que podíamos usar esa red sin decir quiénes éramos, intercambiar con personas que no conocíamos en la vida real y conectarnos con la experiencia lejana a nosotros”, muy diferente a “la experiencia Facebook de interactuar con los amigos o los compañeros del pasado. No nos daba miedo, nadie nos decía que teníamos que sentir miedo. Podíamos encontrar lo que quisiéramos y descubrir nuevos gustos sin que nadie tuviera que poner una barrera protectora, sin el Gran Hermano que nos sugiriera lo que nos gustaba y escondiera lo que consideraba inconveniente”, comparó Fossatti. Él pertenece a una generación que durante su infancia esperó meses, a veces años, para que el teléfono fijo llegara al hogar, pero luego pasó a ser de “los veteranos de la red. Los que entraron un poco después (que en los noventa no habían nacido, eran muy chicos o, por ser más veteranos, nunca se animaron hasta que aparecieron los celulares y las tablets, Facebook y Twitter) asumieron una cultura completamente distinta” a la que se gestó en los comienzos.

 

Scrollini se paró desde su experiencia pero también fue un poco más atrás. En aquella época, dice, “éramos jóvenes y nos conectábamos a un módem 14,400 con una PC 486. Se hacía un ruidito y a una velocidad de tortuga se veía el buscador. Pero antes que nosotros también hubo otra gente”, acotó, para dar pie a un pasaje de Guerras de Internet: en 1874 se inauguraron “las comunicaciones internacionales de la Argentina con Europa a través de un cable de telégrafo transatlántico”, y el entonces presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, “el mayor impulsor del invento, decía que, a partir de ese día, los pueblos alejados comenzaban a convertirse en ‘una familia sola, un barrio’. Sus palabras eran, 115 años antes de la aparición de Internet, una premonición de la idea de la red, de ‘la gran aldea’ de seres humanos comunicados sin importar su ubicación en el mapa”. Esos caminos surcados por el telégrafo explican el recorrido actual: los mismos cables que se instalaron en el fondo del océano y que forman parte de la infraestructura de la red “siguieron la ruta marcada por esos cables iniciales” del telégrafo, lo que ejemplifica cómo “las decisiones que tomamos en algún momento de nuestra historia nos llevaron adonde estamos hoy. Son decisiones de las que después es difícil salir, tan difícil que los principales proveedores de Internet siguen siendo las telefónicas”.

 

DE AHORA Y DE ANTES.

 

“Cómo nos conectamos a Internet, cuánto la pagamos, a qué velocidad navegamos y cómo funciona depende, en gran parte, de las decisiones de una serie de empresas”, sentencia en su libro Zuazo. Son las telcos o empresas de telecomunicaciones, “que se pueden contar con los dedos de la mano” y “resuelven los caminos de Internet de 2.400 millones de usuarios en casi 200 países”. Dentro de ellas “hay afinidades: sureños, protestantes, ingenieros que combinaron lo técnico con las finanzas, y tan cercanos al Partido Republicano como a la corporación militar de Estados Unidos. (...) Son una generación de ingenieros que ya sabían de redes de comunicaciones antes de Internet, que conocían la tradición tecnológica de conectar el mundo a través de cables. También fueron tejiendo vínculos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que, junto con la Universidad de California, desarrolló Arpanet, la primera red experimental de computadoras que daría origen a Internet, en 1969”.

 

Mientras, los otros dueños de Internet, los que lideran las empresas de provisión de contenidos, como Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, “nacieron cuando ya existía Internet en el mundo, se sumaron a un invento en el que ya venían trabajando otros humanos-ingenieros-empresarios-militares. Los dueños del esqueleto, de los caños y la infraestructura venían ‘desde afuera’ de la red, de otras industrias. Los creadores de las empresas de contenidos ya crearon sus innovaciones desde dentro de ella”, se lee en Guerras de Internet.

 

En Uruguay, el esquema es apenas, aunque significativamente, distinto. El “proveedor de tránsito”, Antel, es una empresa estatal, por lo que “Uruguay tiene la posibilidad de regular y de elegir, por lo menos cada cinco años, que cambie o permanezca el proyecto político que la conduce. Pero por otro lado, uno ve que con esas condiciones súper favorables, los mismos cinco sitios que tienen más tráfico acá se repiten en otros países con circunstancias diferentes”, o sea que “en la capa de contenidos y servicios no hemos logrado ser alternativos. Ahora que lo que se viene es la uberización de la economía, la utilización de Internet para intercambios económicos y provisión de servicios físicos que alteran el funcionamiento de otros sectores, ¿podremos ser activos en políticas que apunten a la economía colaborativa y no exclusivamente a la corporativa y ultracapitalista? ¿Podremos incidir de otra manera?”, se preguntó Fossatti.

 

Los dos especialistas uruguayos pusieron un ejemplo claro: el acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, que el año pasado generó polémica, momento en el que se optó por “el camino que va en una sola dirección, hacia un solo proveedor, hacia el monopolio, todo lo contrario a la filosofía de muchos docentes que están pensando a la tecnología en el aula y que intentan que los chiquilines se apropien y tengan más curiosidad”, consideró Fossatti. Luego de la oposición que generó el acuerdo, “todo terminó en una megarreunión que reveló que no había una política pública detrás, que en el fondo nadie se lo había puesto a pensar. Seamos conscientes de las decisiones colectivas que tomamos. En este punto periférico del mundo, este país tiene una oportunidad de tomar conscientemente esas decisiones”, propuso Scrollini.

 

Para Zuazo, hay que abandonar la idea de que sólo hay una opción cuando vamos a adquirir una tecnología. “Exploremos qué implica desde el punto de vista del uso pero también de los caminos a los que conduce: si sólo nos dirige a un lugar o permite conectarse con otros de una forma más colectiva y generar un conocimiento propio. Parece que estamos hablando de romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.