Satélites privados y redes 5G: invasión corporativa del espacio

El capitalismo, sea de mercado o de estado, no sólo ha contaminado la Tierra y todos sus ecosistemas, también ha producido una cantidad considerable de basura espacial que orbita el planeta. Ahora, con la ambición de crear redes de internet super-rápidas para crear nuevos mercados, la invasión del espacio y de nuestros cielos avanza en forma vertiginosa. No existe regulación de estos usos, mucho menos evaluación de los impactos que tendrá sobre los habitantes del globo. No se trata sólo de lo que sucede en el espacio (no tan exterior, ya que son órbitas bajas), también de las radiaciones electromagnéticas que pueden interferir con telescopios y otros instrumentos de medición científica, y las que llegarán a todas y todos cuando se masifique, ya que la idea es pasar de los actuales 2000 satélites en actividad, a decenas de miles, controlados por unas cuantas trasnacionales.

Impactos que sumarán al aluvión de impactos económicos, sociales, políticos, de vigilancia y en salud y ambiente que conlleva el desplegar a escala el llamado Internet de las Cosas, para lo cual la expansión de redes 5G y satelitales es esencial.

Desde mediados de 2019, la compañía SpaceX, del multimillonario Elon Musk, ha lanzado 240 satélites de baja órbita, en paquetes de a 60 por cada lanzamiento, para formar lo que llama “una mega-constelación” de satélites para internet. El proyecto, que la empresa llama Starlink, pretende colocar en un plazo de 4 años pretende miles de satélites, principalmente para internet, pero también para uso militar y de exploración. El gobierno de Trump ya autorizó a SpaceX a poner en órbita 12,000 satélites, SpaceX planea solicitar para 30,000 más. Musk fue el único de los grandes empresarios de informática y plataformas digitales que cuando Trump asumió no participó en las acciones “hostiles” que otras empresas de tecnología le plantearon al inicio porque sus restricciones afectaban sus negocios. Este proyecto fue sin duda la motivación principal de que Musk diera su apoyo entusiasta a Trump.

Los satélites lanzados por SpaceX se colocaron en órbitas bajas de la Tierra. El plan es que haya varias capas de satélites que rodeen todo el planeta, la mayoría en un rango de altura de 330 a 550 kilómetros. Su meta explícita es multiplicar la capacidad, velocidad y latencia de internet complementando a las redes 5G que se están instalando en tierra.

SpaceX es la primera en poner este tipo de satélites en órbita, pero existen proyectos similares de una decena de trasnacionales, entre ella Amazon, OneWeb, Samsung, Boeing, Commsat, todas pensando en colocar miles de satélites cada una, para sus propias redes y en competencia con las otras. Es el espejo de las guerras comerciales entre las telefónicas e informáticas por el control de las tecnologías 5G (De la que las agresiones de EUA contra la china Huawei son parte)

Actualmente, hay aproximadamente mas de 5000 satélites en órbita, con propósitos de exploración, científicos y de comunicación, pero hay menos de 2000 funcionales, por lo que si SpaceX realmente logra colocar los más de 4000 que pretende hasta 2024, será por lejos quien domine las frecuencias desde el espacio. Con la cantidad actual de satélites, ya hay un volumen muy importante de basura, que provoca colisiones todo el tiempo, un tema que sin duda aumentará, con consecuencias imprevistas.

Si bien ya se usa comunicación satelital, este tipo de satélites pequeños y a baja altura pretende masificar su uso, llegar a sitios aislados o actualmente inaccesibles, donde no llegan las torres de comunicación, aumentar la velocidad, el volumen de datos trasmitidos y reducir la latencia, que es la velocidad desde que se emite un mensaje hasta que el paquete de datos llega al destinatario desde el servidor. Actualmente, la latencia de comunicación satelital es mucho mayor que la banda ancha de internet.

Para avanzar en el Internet de las Cosas, la velocidad, volumen de datos, latencia y continuidad son temas fundamentales. La idea es multiplicar exponencialmente los aparatos digitalizados y conectados, desde la producción industrial a los servicios y hogares. Por ejemplo, el refrigerador detectará que no hay leche, y basado en los patrones de consumo, podría ordenarla por sí mismo al supermercado, que la entregará en un dron u otro vehículo no tripulado, pagando con una tarjeta integrada. Es el sueño del capitalismo: adelantarse a la decisión de comprar, adivinando lo que supuestamente necesitamos, y haciéndolo por nosotros. El Internet de las Cosas, pretende además integrar los procesos industriales y conectarse con el Internet de los Cuerpos (estado de salud, humor, consumos, relaciones), con los sistemas de educación y demanda de mercado adaptados entre sí, los sistemas políticos, represivos, institucionales, etc. Es una visión extrema de un capitalismo de mercado auto-regulado, donde los actores son empresas y consumidores y entre ellos una capa de robots y trabajadores, servicios financieros y bancarios digitalizados, etc. Los vehículos no tripulados y fábricas automatizadas son un componente fundamental del modelo, y por eso la continuidad permanente y latencia son claves.

Por supuesto hay mucho más que discutir sobre esta distopía. No obstante, el despliegue de los satélites de SpaceX y de las redes 5G en Tierra, aunque seguramente tendrán muchos problemas técnicos y sufren de un exagerado optimismo tecnológico, ya están en marcha y muestran que el desarrollo capitalista va por ese camino.

En el caso de los satélites de SpaceX, me tocó ver desde Sudámerica el efecto del cuarto lanzamiento de 60 satélites Starlink que se desplazaban en la noche como un tren de estrellas. Esta visión que es bastante fascinante cuando se ve por primera vez, reveló para los astrónomos que la contaminación lumínica del cielo, con la instalación de miles de satélites, obstruirá la observación del cosmos y en muchos casos la impedirá, ya que los telescopios científicos más potentes basan la observación en el registro durante horas, para comparar los movimientos estelares. No suponían que los satélites tendrían tal grado de luminosidad que serian visibles a simple vista. Musk contestó que esto solo sucederá en la instalación, ya que luego estarán a una altura mayor, y serán ocultos por la sombra de la Tierra. No obstante, esto es especulativo. Los astrónomos estiman que la multiplicación exponencial de satélites y la necesidad de que estén conectados en todos los puntos de la Tierra y en todos los momentos, podría llevar a que hubieran cientos de puntos visibles hasta altas horas de la noche y antes del amanecer.

Sin duda, hay muchos componentes especulativos. Lo que parece claro es que tanto en la noche como en el día, la intención de estas redes corporativas, contrariamente a lo que anuncian, no es que estemos mejor comunicados, sino que todas las comunicaciones pasen por ellas.

18 febrero 2020 

El prototipo de la nave espacial Starship de SpaceX en Boca Chica, Texas, EE.UU., el 28 de septiembre de 2019Callaghan O'Hare / Reuters

El multimillonario está planeando enviar a Marte 1.000 naves Starship cada 26 meses con "cualquiera" que desee migrar al planeta rojo.

 

 El fundador y director general de la compañía aeroespacial SpaceX, Elon Musk, en una serie de tuits ha compartido este 17 de enero los detalles de su visión de cómo el ser humano se convertiría en una especie multiplanetaria, construyendo una ciudad de 1 millón de habitantes en Marte para el año 2050.

Estas personas llegarían al planeta rojo en las naves Starship, vehículo interplanetario reutilizable, que SpaceX está desarrollando en Texas (EE.UU.). De acuerdo con Musk, para alcanzar la meta hay que fabricar 1.000 en un plazo de 10 años: esto equivaldría a la construcción de 100 naves espaciales anualmente.

Musk planea lanzar diariamente un promedio de 3 naves a la órbita terrestre con el uso del cohete reutilizable Super Heavy.

"Se necesita llevar a la órbita megatones [1 millón de toneladas] por año para que la vida se convierta en multiplanetaria", ha aseverado el líder de SpaceX, precisando que se trata de "100 megatones anualmente".

Además, el multimillonario ha señalado que "alrededor de 100.000 personas" volarían al planeta rojo "cada sincronización orbital Tierra-Marte". Aquí Musk se refiere a la alineación de las órbitas de la Tierra y Marte, que ocurre cada 25 meses y dura 30 días.

Estas condiciones permitirían a las Starship salir de la órbita terrestre e iniciar la ruta hacia Marte con un bajo consumo de combustible. Musk ha planeado usar esta oportunidad para "cargar la flota de Marte en la órbita terrestre" y posteriormente mandar las 1.000 naves hacia el planeta rojo cada 26 meses.

Cada Starship sería capaz de transportar a la órbita una carga de más de 100 toneladas y a 100 pasajeros a la vez. Aunque el fundador de SpaceX no ha especificado esta vez qué llevarían las naves espaciales a Marte, se puede imaginar que sería agua, comida, herramientas y materiales para construcción, entre otras cosas.

Además, Musk opina que este viaje a Marte debería ser accesible para cualquiera que lo desee emprender.

"Tiene que ser para que cualquiera pueda ir si quiere, con préstamos disponibles para aquellos que carecen de recursos", ha escrito Musk. Estos préstamos se pagarían, ya que el multimillonario asegura que "habrá muchos trabajos en Marte".

 

  • El pasado 28 de septiembre, Elon Musk presentólas últimas actualizaciones del diseño y de la construcción de su sistema de transporte Starship
  • El 20 de noviembre de 2019, el primer prototipo a tamaño real de la nave espacial Starship explotódurante una prueba de hermeticidad
  • Un mes después de que explotara el primer prototipo, Elon Musk presentóla cúpula gigante de esta nave espacial 

Publicado:19 ene 2020 04:11 GMT

Sábado, 04 Enero 2020 06:51

El vértice de la colonización

El vértice de la colonización

Mirando atentamente la escena global desde unos años, se ve emerger potentemente a dos fenómenos de una transversalidad nunca vista, tanto social como étnica y cultural, multitudinaria, que tomaron por asalto una agenda mental, subcutánea, ya domesticada por gobiernos, corporaciones y medios, y pusieron en cuestión lo establecido no hace diez o veinte o cien años, sino muchísimo antes.


Los feminismos y el activismo medioambiental se unen ahí, en ese punto ciego de la protesta visceral, con la furia de la cuenta pendiente, con el atragantamiento de lágrimas transgeneracionales, con una decisión no instada por líderes políticos sino sociales y por colectivos que interpelan a la política tradicional. En distintos idiomas dicen lo mismo: basta de colonización. Y en ese corte la idea de colonización se abre, desde el vértice mismo de su sentido, y aparecen países colonizados, pueblos colonizados dentro de esos países, mujeres colonizadas como parte de esos pueblos. La microfísica de la colonización. Porque a su vez, estos nuevos movimientos denuncian la colonización profunda y subjetiva que fue operándose con el paso de los siglos y que ha penetrado y es hoy sostén del sojuzgamiento, entre otros, de mujeres y de indígenas. Así como el patriarcado continúa amparado por varones y mujeres que lo han normalizado, hay indígenas o descendientes mestizados que odian a los indígenas porque se ven a sí mismos blancos, y que no dudan en ejercer el liderazgo feroz del blanco en tierras de indios, como en Bolivia.


Los indígenas latinoamericanos son hoy también un sujeto político nuevo, que juega un nuevo rol, que simbólicamente regresan con sus saberes y sus insistencias de siglos, y podría ubicárselos en el corazón de la nueva y masiva demanda medioambiental. En la reciente cumbre del clima de Madrid, Greta Thunberg cedió el protagonismo en la clausura a uno de los pueblos indígenas amazónicos más atacado, los guajajas, cuyos líderes están siendo asesinados por comandos paraestatales en Brasil. Y en Colombia, el centro de esta masacre ocultada por los grandes medios como todo lo realmente importante, no hay día en que no se acribille a líderes ambientales, la mayoría indígenas. El año pasado mataron a 230.


Chicos del colegio secundario de todo el mundo se organizan alrededor de esta nueva categoría política que es el nuevo medioambientalismo, muy lejos del Amazonas: se pelea para defender no sólo a los bosques y a los animales. Se pelea por defender también la vida humana, atacada por el cambio climático, sí, pero literalmente atacada por los beneficiarios económicos del cambio climático a través de comandos militares o civiles que matan a ambientalistas, o vecinos de innumerables pueblos y habitantes de selvas acechadas por glifosato, por cianuro, por falta de acceso al agua, por balas de goma o plomo.


Cuando llegamos hasta este punto de la idea, lo que se ve enfrente son corporaciones. Las que tradicionalmente se han dedicado a desequilibrar lo único verdaderamente “natural”, la naturaleza, es decir las mineras, las madereras, las de ganadería a gran escala, entre muchas otras. Pero también hay instituciones que bajo el neoliberalismo se han corporizado: poderes políticos, judiciales, mediáticos. Todo eso junto es a lo que se opone la demanda medioambiental, que lo que dice es que la tierra se agotó y necesita respiro, y que hay que cambiar nuestra idea de desarrollo y buscar formas de crecer globalmente con más armonía y más humanidad. Difícilmente pueda reclamársele este cambio a un solo país. Es por región o no es, por una sencilla cuenta de correlación de fuerzas. Son capaces de barrer con la especie, cómo no van a querer barrer a un país.


Los dos son despertares, el de los feminismos y el de los pueblos que rechazan un modelo de producción a gran escala. Y a ellos también podría sumarse, ya como modo de expresión política también nueva, la revuelta chilena, apasionante y dramática, sin referentes salvo la ya mítica “primera línea”, que por principio es anónima, pero con mártires y una identidad cultural plural que va de Víctor Jara a Las Tesis que globalizaron el himno Un violador en tu camino, y ancla en la histórica lucha mapuche en defensa de los recursos naturales. Esos movimientos inorgánicos, pero con una autodisciplina y una conciencia intensas, han sido las formas asombrosas que adoptaron por un lado las mujeres y por el otro los vecinos o las comunidades afectadas directamente en su vida cotidiana por los venenos de un modo de producción agotado, que ya sólo funciona con venenos más fuertes. Pero esos núcleos duros de pensamiento que ya circulaban no hubieran estallado como lo siguen haciendo si lentas cadenas de sentido no se hubieran movido en el sentido opuesto al que lo hicieron siempre. Hay un violador en el camino de cada pueblo colonizado. La colonización en sí misma es un abuso.


Interpretar, leer esa escena, es complejo. Porque funciona con categorías que les pertenecen, no con las de la política tradicional (aunque también hay que decir que las derechas y ultraderechas son declaradamente enemigas de ambos fenómenos: odian a los feminismos y niegan el cambio climático). Siempre hay una retracción ante lo que no responde a las propias lógicas, y hubo y hay debates y críticas, porque en cada uno de esos movimientos hay disensos y hay tensiones. Pero por ahora no podemos dejar de ver una línea ascendente en lo que implica el involucramiento de millones de personas en esas inesperadas formas de romper los hechizos neoliberales.


“El Estado opresor es un macho violador” es una síntesis que expresa a las mujeres chilenas pero se ha cantado en muchos idiomas y en diferentes países con diversos tipos de gobierno. Hay más violaciones y hay más femicidios. El odio no cesa de crecer tampoco. Viene recargado porque viene a restaurar. Pero ésa, la de los feminismos, es una de las facetas de la lucha chilena, el modo en que la revuelta traga demandas y las escupe, con una garganta múltiple que no deja ninguna voz afuera. Hablan los que nunca fueron escuchadas o escuchados. Los que no salen en la televisión, que se ha quedado con su audiencia pretoriana pero está muy lejos de poder influir en las generaciones más jóvenes, que han roto antes que nada ese hechizo: el televisivo. Y son ellas y ellos los que mayoritariamente están en las calles.


Del vínculo que pueda establecer la política antineoliberal con esos movimientos que no le responderán nunca del todo, depende en gran parte la salida hacia el futuro.

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A la izquierda, Robonaut 2, el 13 de marzo de 2012; arriba a la derecha, Fedor, el 26 de julio pasado, y abajo, Kirobo, el 6 de noviembre de 2013. Los tres autómatas han estado en la Estación Espacial Internacional.Foto Afp

 Moscú. La nave espacial que transportó a Fedor, el primer robot humanoide que Rusia pone en órbita, se acopló con éxito este martes a la Estación Espacial Internacional (EEI), tras un primer intento fallido el fin de semana, indicó la agencia espacial Roscosmos.

"Me disculpo por el retraso, estaba en un atasco. Ya estoy listo para continuar el trabajo", declaró el robot en un mensaje de su cuenta Twitter.

Un comunicado del portal de Internet de Roscosmos indicó que la nave Soyuz MS-14 se acopló a la central a las 3:08 horas GMT.

El presidente Vladimir Putin envió un mensaje de felicitación a los astronautas rusos a bordo de la EEI.

Los problemas con el acoplamiento "eran en cierta manera anormales", precisó. "Como sucede siempre con nuestros cosmonautas, lo resolvieron perfectamente", añadió.

Fedor corresponde a un nombre ruso y también a las siglas en inglés de Final Experimental Demonstration Object Research. Con cuerpo antropomórfico plateado, mide 1.80 metros y pesa 160 kilos.

Capaz de imitar los movimientos humanos, tendrá por misión ayudar a los astronautas a realizar sus tareas, aunque no podrá moverse libremente por la estación.

Un comentarista en NASA TV, que retransmitía el acoplamiento, destacó "el acercamiento perfecto a la EEI. Contacto confirmado, captura confirmada", relató.

Fedor había salido el jueves a bordo del cohete Soyuz MS-14 lanzado desde el cosmódromo ruso de Baikonur, en Kazajistán.

Provisiones y equipamiento

La nave transportó "670 kilos de carga: equipamiento científico y médico, componentes para el sistema de soporte vital, así como contenedores con alimento, medicinas y productos de higiene personal para los miembros de la tripulación", agregó el comunicado.

En principio, el robot debía permanecer 10 días en la EEI y dar asistencia a los tripulantes; su regreso está programado para el 7 de septiembre.

El fracaso en el primer intento de acoplamiento el sábado fue una desilusión para el sector espacial ruso, que ha sufrido en los años recientes humillantes accidentes y escándalos de corrupción.

En octubre pasado, un accidente ocurrido en un Soyuz minutos después de despegar obligó a los astronautas a bordo –el estadunidense Nick Hague y su colega ruso Alexéi Ovtchinin– a aterrizar de emergencia.

A bordo del laboratorio espacial, Fedor debe probar sus capacidades en condiciones de microgravedad, bajo la supervisión del ruso Alexander Skvortsov. Sus habilidades principales incluyen imitar movimientos humanos, lo que significa que podría ayudar a los astronautas a realizar sus tareas.

Entre las operaciones que es capaz de realizar destacan el manejo de destornillador y llaves, según Alexander Bloshenko, director de programas prometedores de Roscosmos, en una entrevista con el diario Rossiyskaya Gazeta.

Ese robot fue diseñado para trabajar en las condiciones más difíciles, que serían peligrosas para el hombre, precisó Bloshenko. Las autoridades rusas pretenden utilizarlo en un futuro para la exploración espacial.

No es el primer robot que visita el espacio exterior: en 2011, la NASA envió a un robot humanoide llamado Robonaut 2, desarrollado en cooperación con General Motors, con el mismo objetivo de ponerlo a trabajar en un entorno de alto riesgo. Regresó a la Tierra en 2018 debido a problemas técnicos.

En 2013, Japón lanzó al espacio un pequeño robot, Kirobo, coincidiendo con la llegada del primer comandante japonés de la EEI, Koichi Wakata. Era capaz de hablar, pero sólo en japonés.

Lunes, 22 Julio 2019 05:32

Las fechorías del homo europeo

Las fechorías del homo europeo

Lo que ha hecho el homo europeo (homo europaeus lo llamó el historiador rumano Victor Neumann) es adueñarse del concepto de humanidad, y, desde una jerarquía perversamente determinista, y con el tiempo darwiniana, aplastar a las civilizaciones del mundo en nombre de un dios, muchos reyes, y gracias a la democracia-de-los-menos inventada por los “padres fundadores” de Estados Unidos, los señores presidentes. También produjo Borgias, piratas, traficantes de esclavos, Hitler y Mussolini. Podemos retroceder hasta la Cruzadas, cuando el homo europeo, actuando en pandillas, decidió que Jerusalén y de paso el Oriente medio le pertenecían por un derecho divino totalmente inventado.

 

Allí empezó todo. La civilización del homo europeo se arrogó el derecho de animalizar, degradar y criminalizar a los otros, oscuros, amarillos, verdes, morenos. Todo aquello que fue a “descubrir”. Con esa naturalidad los marinos españoles se apropiaron de imperios enteros en un continente “nuevo”, que sencillamente consideraron propiedad de su rey. Enseguida se sumaron los portugueses para repartirse “América”, despertando la envidia de las viejas pandillas de cruzados ahora convertidas en reinos que se volvieron antipapistas convenientemente. El homo europeo había descubierto su destino: apropiarse de todo, exprimirlo poniendo a trabajar en ello a los naturales que degrada y deshumaniza, concediéndoles la limosna de cristianización o muerte.

 

Ni tardos ni perezosos, británicos, franceses y holandeses se lanzaron al asalto de los mares y los continentes. Y a todos lados llegaron para someter y degradar a las gentes, usarlas y a veces, ¡ups!, exterminarlas, como ocurrió en las Antillas. Y ahora, ¿qué bestia humana iba a realizar las faenas de la civilización? El inconveniente se resolvió con la importación de otros subhumanos, cazados y secuestrados masivamente en el continente negro.

 

Pronto los ingleses sacaron ventaja, se expandieron por Norteamérica, dominaron el subcontinente indio, y el chino, con menos éxito. Reinvadieron Medio Oriente. “Descubrieron” y se adueñaron de la vastedad australiana poblada por las personas de civilización más antigua en el planeta; enseguida las rebajaron físicamente, les descuartizaron el alma. Muy al estilo implementado en Canadá y Estados Unidos, recluyeron a los nativos en campos, reservaciones y “territorios” ayunos de derechos, les arrebataron sus hijos para blanquearlos mientras el homo europeo construía prosperidad con sus propias y viriles manos, y las de sus esclavos importados.

 

La crueldad y la avaricia inherentes a la civilización que inventó el capitalismo (reino de mil años que se acerca a su fin) ha marcado al mundo en lo humano, lo biológico, lo atmosférico, lo mineral. Domeñó las almas. Convirtió las Áfricas en un cementerio de humanos inferiores, una cadena monumental de esclavos y una fábrica de riqueza estratosférica.

 

Así como las Indias bañaron de oro al Vaticano y los reinos de España y Portugal, India, Indochina y África alimentaron la voracidad de Albión y la Francia que, llegada su hora, devendría napoleónica con su gran invento racionalista: no sólo Dios hace a los reyes, también el individuo con su regalada gana. Lo de hoy son presidentes y primeros ministros, el tiempo de los dictadores europeos ya pasó y sólo quedan tiranías en países parias o en guerra. Las naciones negadas (Kurdistán, Sahara, Palestina) no cuentan. Los verdaderos dictadores son electos democráticamente en las metrópolis del homo europeo, o presiden consejos de administración globales.

 

El homo europeo ya se distinguió por su entusiasmo para entre matarse sin piedad durante las guerras europeas y la guerra civil estadunidense, pero nunca ha tirado la bomba atómica contra cristianos, como advertía Mumia Abu Jamal. Donde amaga con hacerlo son tierras de infieles (hoy que el Islam es su bestia negra los llama terroristas, aunque esa aberración islámica, como las dictaduras latinoamericanas, árabes y africanas, es producto directo de la intervención del homo europeo).

 

El mundo de los “que nunca han inventado nada, nunca explorado nada, nunca han domado nada” (Aimé Césaire), colonizado, exprimido, doliente y milagrosamente vivo toca las puertas de la fortaleza de la civilización superior, la ganadora, la dueña. Y ésta los rechaza, los criminaliza, los vuelve a degradar, ahora como “ilegales”.

 

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Una ilustración de Astrobiotic.Foto Afp

Alemanes desarrollan tecnología que derrite polvo del satélite, útil como material de construcción

 La agencia espacial estadunidense seleccionó tres módulos de alunizaje, fabricados por empresas locales, para enviar material científico a la Luna, antes del regreso de astronautas previsto para 2024 como parte del programa Artemisa.

Los tres vehículos llevarán una veintena de instrumentos entregados por la NASA.

Está previsto que el primer módulo, fabricado por Orbit Beyond, alunice en el mar de la Lluvia (Mare Imbrium) en septiembre de 2020, tras haber sido lanzado por un cohete Falcon 9 de SpaceX.

El módulo de la compañía Intuitive Machines intentará posarse en julio de 2021 en el océano de las Tormentas (Oceanus Procellarum), la mayor mancha oscura de la Luna, visible desde la Tierra. También será transportado por SpaceX.

El vehículo de Astrobotic se dirigirá al gran cráter del lago de la Muerte (Lacus Mortis), también en julio de 2021, a bordo de un transbordador que aún no ha sido escogido.

Cada una de esas empresas recibió contratos de entre 77 y 97 millones de dólares para fabricar sus aparatos.

"El año próximo, nuestras primeras herramientas de investigación científica y tecnológica estarán en el suelo lunar, lo que contribuirá al envío de la primera mujer y del próximo hombre al satélite en cinco años", informó Jim Bridenstine, administrador de la Aeronáutica y del Espacio (NASA).

La agencia espacial escogerá este verano boreal el material que enviará a la Luna, principalmente instrumentos para ayudar a los futuros astronautas a alunizar, a navegar y a protegerse de las radiaciones.

Los estadunidenses no han vuelto al satélite terrestre desde la última misión Apollo, en 1972. La NASA envió, sin embargo, varias sondas a la órbita lunar, de la que sólo sigue en activo el orbitador de reconocimiento lunar.

China alunizó dos veces: en 2013 y el pasado enero en la cara oculta de la Luna.

Ayuda a preparar viajes de humanos

"Lo que aprenderemos no sólo cambiará nuestra comprensión del universo, sino nos ayudará también a preparar nuestras misiones humanas en la Luna y un día en Marte", declaró Thomas Zurbuchen, jefe de las actividades científicas de la NASA.

Por otro lado, científicos alemanes desarrollaron una nueva tecnología para derretir el polvo lunar con un láser y utilizarlo como material de construcción de futuras bases en el satélite terrestre.

El proyecto, denominado Moonrise y liderado por el Laser Zentrum Hannover (LZH), tiene como objetivo producir un sistema láser que no pese más de tres kilogramos y el volumen de un envase grande de zumo, que pueda derretir las materias primas presentes en la Luna y convertirlas en estructuras versátiles.

De esta forma no sería necesario llevar desde la Tierra materiales esencialmente destinados a la construcción de infraestructuras, ahorrando un enorme costo de transporte: a 700 mil euros el kilo.

La tecnología Moonrise se enviará a la Luna en 2021 con la primera misión lunar de PTScientists, de la compañía NewSpace de Berlín, que ofrece a los investigadores una ocasión única de probar su tecnología pionera en condiciones reales.

Específicamente, los científicos alemanes quieren derretir el regolito en la superficie lunar de manera controlada, utilizando su sistema láser. Después de enfriarse, es un cuerpo sólido que sería adecuado, por ejemplo, como material de construcción para la Aldea de la Luna”, puesto de avanzada en el espacio.

La fusión dirigida en estructuras predefinidas se vigila y graba con cámaras de alta resolución. Los hallazgos de los experimentos tendrán un impacto fundamental en las misiones exploratorias en general. Si el experimento tiene éxito en la Luna, el proceso de Moonrise se puede ampliar para producir estructuras más grandes. Por tanto, a largo plazo, se podrían construir infraestructuras completas, como cimientos, caminos y superficies de aterrizaje, utilizando la tecnología de fabricación Moonrise.

La carrera espacial de los millonarios galácticos

El objetivo de Trump de enviar estadounidenses a la Luna antes de 2024 y la competencia entre emprendedores animan el efervescente sector de viajes al espacio

Artemisa. Hermana de Apolo, diosa de la Luna. Nadie podrá acusar a la NASA de escatimar en imaginación a la hora de alimentar la pasión de los aficionados al espacio. Poco más tiene para ofrecer desde que en 2011 abandonó su programa Shuttle, y aceptó la humillación de enviar sus astronautas a la Estación Espacial Internacional (EEI) con onerosos billetes para el Soyuz apoquinados al otrora archienemigo galáctico ruso.

La agencia espacial norteamericana recurrió a la diosa del terreno virgen en la mitología griega, melliza del dios que dio nombre al mítico programa que llevó el primer hombre a la Luna hace ahora 50 años, para bautizar su misión de volver a llevar estadounidenses al satélite terrestre. “Estamos emocionados de enviar a la primera mujer y al próximo hombre a la superficie antes de 2024”, tuiteó el martes Jim Bridenstine, administrador de la NASA.


De paso, Bridenstine solicitó al Congreso mil millones de dólares de presupuesto adicional para hacer realidad el deseo de la Administración Trump, expresado en marzo por el vicepresidente Mike Pence, de adelantar en cuatro años el objetivo inicial de llevar americanos a la Luna en 2028, proporcionando así a Donald Trump un glorioso colofón a un eventual segundo mandato. No contento con ello, el insaciable ego del republicano le llevó a actualizar su presupuesto, vía Twitter, con 1.600 millones para “volver a la Luna, y después a Marte” durante su presidencia. Será ahora el Congreso el que decida si aprueba la partida de gasto, a costa de un programa de becas estudiantiles.


La NASA cuenta para lograr su objetivo con las compañías privadas, menos sujetas a los vaivenes que han lastrado la carrera espacial pública, de una Administración a otra, en las últimas décadas. Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, fundador de Amazon y de la empresa espacial Blue Origin, se adelantó en una semana a la oferta de la NASA, presentando una maqueta de nave que asegura estará en condiciones de enviar astronautas a la Luna para 2024. “Oh, deja de vacilar, Jeff”, le respondió por Twitter, acompañado del emoticono que guiña un ojo, el también multimillonario Elon Musk, jefe de Tesla y de SpaceX, que hace dos semanas lanzó con éxito desde Florida la 17ª misión de su contrato de abastecimiento con la NASA. Un cohete reutilizable Falcon, que aterrizó de pie en un barco no tripulado después de colocar en órbita una cápsula Dragon Cargo, que se enganchó a la EEI para llevar a los astronautas material científico y suministros. Para el año que viene planean llevar y traer a los propios astronautas. Meta hacia la que corre casi en paralelo con otro competidor, ULA, consorcio de Boeing y Lockhead Martin, que ha realizado ya 120 lanzamientos desde 2006.


La carrera espacial privada atraviesa tiempos de entusiasmo inusitado. A finales de 2015, SpaceX y Blue Origin lanzaron por primera vez, con un mes de diferencia, cohetes que después aterrizaron con éxito verticalmente para poder ser reutilizados. Volar al espacio es ahora, pues, más barato. Detrás del discurso altruista con el que visten sus operaciones, a nadie se le escapa que también existen extraordinarias posibilidades de negocio para quien pueda permitirse estar ahí.


Los emprendedores espaciales comparten la megalomanía y la pasión. Pero difieren en sus visiones a largo plazo, que van desde el proyecto orientado al turismo espacial de Richard Branson, hasta la colonización de Marte que persigue Musk, como seguro de vida ante las negras perspectivas de la Tierra, o la idea de Bezos de expandir la civilización al espacio, pero no en planetas sino sobre plataformas construidas por el hombre.


La sociedad no parece compartir la urgencia de avanzar en la exploración del espacio, al menos no con su dinero. El 60% de los estadounidenses, según una encuesta del año pasado, cree que la NASA debe centrarse en monitorizar el clima y detectar meteoritos que pudieran impactar en la Tierra. Solo un 18% y un 13%, respectivamente, defienden que la prioridad debe ser llevar a humanos a la Luna o Marte.


“Elegimos ir a la Luna no porque sea fácil, sino porque es difícil”, dijo el presidente Kennedy en su famoso discurso de 1962, para lograr apoyo popular al programa Apolo. Hoy son los nuevos emprendedores del espacio, ricos y visionarios, los encargados de dotar de seducción a Artemisa.

Por Pablo Guimón
Washington 18 MAY 2019 - 21:33 COT

 

NASA: regreso a la Luna en 2024 preludiará la llegada del primer hombre a Marte en 2033

Washington. El regreso de astronautas estadunidenses a la Luna, anunciado recientemente para 2024, estará destinado a preparar la llegada del primer humano a Marte en 2033, informó este martes Jim Bridenstine, administrador de la NASA.

"Queremos arribar a Marte en 2033", declaró en una audiencia en el Congreso estadunidense.

"Podemos avanzar en el aterrizaje en Marte avanzando en el de la Luna, es el banco de pruebas", afirmó el ex parlamentario republicano nombrado por Donald Trump.

La NASA está con prisas desde que la semana pasada el presidente estadunidense, a través del vicepresidente, Mike Pence, adelantó cuatro años el calendario de regreso a la Luna, de 2028 a 2024, último año de un eventual segundo mandato de Trump.

Muchos expertos y legisladores del Congreso dudan de las capacidades de la NASA para cumplir esta nueva fecha límite por los retrasos en el desarrollo del cohete de las misiones lunares, el Space Launch System o (SLS), construido por Boeing.

Una misión para Marte durará al menos dos años a causa de la distancia, ya que solamente el trayecto de ida dura seis meses, frente a los tres días que hacen falta para ir a la Luna.

La ida y vuelta a Marte sólo se puede hacer cuando el planeta rojo está situado en el mismo lado del Sol que la Tierra, aproximadamente cada 26 meses.

En 2017, una ley de financiación de la NASA dispuso 2033 como fecha de lanzamiento de la primera misión habitada a Marte, pero la agencia espacial hablaba en general de "los años 2030" en sus comunicaciones de los meses pasados.

La agencia quiere aprender a extraer y explotar las toneladas de hielo que hay en el polo sur de la Luna. "Representa aire para respirar, agua para beber, carburante", aseguró Bridenstine.

Probar que podemos vivir en otro mundo, el objetivo

"El objetivo no es solamente llevar humanos a la superficie lunar, sino probar que podemos vivir y trabajar en otro mundo", agregó.

"De acuerdo, ¿y cuánto dinero necesitaremos?", preguntó Eddie Bernice Johnson, presidenta de la comisión de Ciencias de la Cámara de Representantes.

El jefe de la NASA prometió actualizar su solicitud presupuestaria antes del 15 de abril.

Por otro lado, la agencia espacial advirtió que la prueba realizada por India en el espacio dejó más de 400 piezas de desechos, lo que pone en riesgo a la Estación Espacial Internacional (EEI) y la seguridad de los astronautas que ahí viven.

"Es inaceptable y la NASA debe ser muy clara sobre cual es su impacto en nosotros", afirmó Bridenstine.

El misil lanzado el pasado 27 de marzo por India fue una prueba para eliminar un satélite antiguo, acción que dejó flotando más de 400 piezas de diferentes tamaños, recordó.

Del total, más de 60 piezas tienen un tamaño mayor a los de 15 centímetros, además unos 24 fragmentos quedaron sobre la EEI, lo que representa un peligro para la central.

El primer ministro de India, Narendra Modi, refirió que la Mision Shatki fue un éxito, que sumó al país asiático a la lista de países que han realizado esta prueba, entre ellos Estados Unidos, Rusia y China.

India se volvió una "potencia espacial de élite" al utilizar con éxito el sistema antisatélite. "Hará que la nación sea más fuerte, incluso más segura y promoverá la paz y la armonía", destacó Modi.

De acuerdo con reportes de prensa, los expertos de la India estudiaron antes la prueba para que la explosión no afectara a los otros instrumentos que están en órbita y evitar que los escombros cayeran a la Tierra.

Según la NASA, el riesgo para la EEI aumentó 44 por ciento desde que se realizó la prueba, por lo que Bridestine apuntó que la vida de los astronautas estará resguardada por ellos y que si es necesario la central podría moverse un poco para evitar los escombros.

Elige la Nasa antiguo delta para el arribo de Mars 2020 al planeta rojo

La Nasa eligió un antiguo delta como el lugar de aterrizaje de su robot Mars 2020, vehículo no tripulado de exploración espacial, para buscar evidencias de vida en el planeta rojo, informaron funcionarios.

Aunque en la actualidad Marte es frío y seco, el sitio de llegada escogido, el cráter Jezero, fue la cuenca de un lago de 500 metros de profundidad que se abría a una red de ríos hace entre 3 mil 500 y 3 mil 900 millones de años.


El delta es un buen lugar para que se haya depositado la evidencia de vida y se haya preservado durante los miles de millones de años transcurridos desde que este lago estuvo presente, señaló a los reporteros Ken Farley, científico del proyecto Mars 2020 del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa, durante una conferencia telefónica.


Expertos creen que la cuenca de 45 kilómetros de ancho podría haber recolectado y preservado antiguas moléculas orgánicas y otros signos potenciales de vida microbiana.


Al menos cinco tipos diferentes de rocas, entre ellas arcillas y carbonatos, que tienen un alto potencial para preservar las huellas de vidas pasadas, se encuentran en el cráter, ubicado justo al norte del ecuador marciano, explicó la agencia espacial.


Los científicos debatieron dónde aterrizar el robot durante los pasado cuatro años y llegaron a su decisión tras evaluar más de 60 sitios posibles.
Lanzamiento previsto para dentro de año y medio


El vehículo explorador Mars 2020, proyecto conjunto de la Agencia Espacial Europea y la Nasa con un costo de 2 mil 500 millones de dólares, será lanzado en julio de 2020 y tocará la superficie de Marte en febrero de 2021.


El robot está diseñado para aterrizar dentro del cráter y recolectar muestras que finalmente serán traídas a la Tierra para un análisis más profundo, tal vez para finales de la década de 2020.


Pero, primero, el vehículo tiene que posarse en la superficie intacto y de pie, sorteando un campo de rocas, trampas de arena y las orillas del delta.


Mars 2020 utilizará el mismo tipo de aterrizaje que posó con éxito al vehículo no tripulado Curiosity, también de la Nasa, en el cráter Gale del planeta rojo en 2012.


El cráter Gale, con sus muchas capas de sedimento, fue elegido para hurgar en la historia de cómo Marte hizo la transición de un planeta cálido y húmedo al helado y polvoriento que es en la actualidad.


El sitio de aterrizaje del cráter Jezero es diferente debido a sus abundantes rocas carbonatadas y lo que se espera que éstas puedan revelar sobre la antigua habitabilidad en Marte, dijo la agencia espacial.


En lugar de poseer un laboratorio analítico a bordo, como tiene el Curiosity, Mars 2020 está diseñado para mirar las rocas en una escala más fina, viendo qué biofirmas conservan.
Luego las recolectará en un compartimento y una misión separada, aún por definir, traería las rocas a la Tierra para su estudio.


Impacto en la seguridad


Por otro lado, la Nasa confirmó que hurgará sobre el uso de drogas y la seguridad en sus proveedores SpaceX y Boeing, luego de que Elon Musk, propietario de la primera, se fumó un porro durante una entrevista en directo en septiembre.


El jefe de la agencia espacial estadunidense, William Gerstenmaier, señaló a The Washington Post que la investigación se centrará en todo lo que pueda tener un impacto en la seguridad.


En un comunicado, la agencia confirmó que en los próximos meses (...) llevará a cabo un estudio de evaluación de la cultura (de usos y costumbres) en coordinación con nuestros socios privados, para asegurarnos de que las empresas cumplen con los criterios de la Nasa de seguridad en el trabajo, incluido el respeto por un entorno libre de drogas.


SpaceX y Boeing son las dos compañías seleccionadas por la Nasa para transportar astronautas al espacio a partir de 2019.


La agencia estadunidense no ha confirmado oficialmente que esas investigaciones tengan relación con el caso del cigarrillo de mariguana de Musk, pero el hecho de que se refiera a las drogas en su declaración parece indicarlo, y tres fuentes lo confirmaron a The Washington Post.

Miércoles, 22 Agosto 2018 10:00

¿Se echó colonia o perfume de París?

¿Se echó colonia o perfume de París?

La innegable realidad de una presencia hispánica en nuestra cotidianidad, sigue siendo un hecho que llena de cuestionamientos, reflexiones y elucubraciones a la mente. Traspasa con variopintos sentimientos encontrados el corazón, ya que, tal vez bajo el filo damoclesiano de la tragedia, dicha realidad insoslayable da una certeza al alma. Sea ésta una tragedia con estilo de resignación. O con atisbos de certeza afirmativos, alimento de la dualidad identitaria, al mejor estilo del monólogo más famoso y más trillado de Hamlet: “Ser o no ser”.

 

Sin embargo, al utilizar el término resignación en el anterior párrafo, y haciendo uso de los retruécanos de esta lengua que tanto desconozco, propongo al lector concederle otro valor a esa raíz etimológica que de un sabor meramente indicativo, y su pretexto dé señal al signo, concediéndole más poderes simbólicos y hasta filosóficos, para tratar de llenarle de significado.

 

Entonces, nuestra tragedia hispano-descendiente no sería una tragedia resignada, sino resignificable, desde la capacidad de no negar la historia, pero sí de entrar en diálogo con sus consecuencias en el presente. De no temerle a la historia oficial triunfalista, pues, desde el grito de Triana, no sólo se han encontrado sangres derramadas en el campo de batalla, y sangres fusionadas en el lecho, sino también sendas virtualidades de mundos pluridiversos y confusos: se encontraron muchas maneras de ensoñarse al mundo, y los sueños no son del mundo de la razón. Es más, si bien la patrimonialización de la razón llegó en barco allende del estrecho de Gibraltar, tendría que esperar casi trescientos años para escuchar su propio eco y soliloquio en suelo americano. Y mientras tanto, el delirio católico ad portas de pintas de Yagé.

 

Lágrimas de cocodrilo, diría mi abuelita

 

Es imposible tratar de razonar con el lúgubre campo de lo patético. Por ello, desde el campo de la filosofía, probablemente se prefiera pensar antes que emocionarse, en un “tomar distancia” metodológico, y no político. Me atrevo, entonces, a decir que la relación más inmediata con el mundo hispánico, que nos habita por dentro y por fuera, está constituida por una serie de relaciones emotivas tan a flor de piel como a cavernas del subconsciente. Una serie de relaciones que van desde el tedio del sueño colonial tan vigente, a la rabiosa indignación por los “indios” de hace quinientos años. Manifestación irónicamente dramatizada cual monólogo de Antígona, en la frívola corte de Felipe IV.

 

Sin embargo, ese lúgubre campo de lo patético, sí que resulta estratégico para quienes, con poder en mano, utilizan el dolor y el éxtasis de otros para su propio beneficio. La razón ha sido secuestrada por el raciocinio instrumentado, para hacer de las emociones el vehículo que obnubile. Por ello, es posible avizorar cómo la propaganda política ha sido la mayor secuestradora de las manifestaciones artísticas, estéticas y estésicas en todas las culturas. Por otra parte, la ensoñación y la creatividad contemplativa, permanecen ignoradas en este campo de la inmediatez y del azuce campal identitario. Aquellos que ensueñan, ¿a qué irían a un campo de batalla? El ensueño de Don Quijote de la Mancha, quien a su vez era el ensueño del manco de Lepanto, atacó molinos de viento para desdicha de Rocinante y solaz de los leyentes.

 

Visiones lejanas de gigantes que son molinos

 

El caso de los molinos es muy similar al de nuestra realidad novelada. El espejismo al que se ataca, es también, causal de la desgracia. Y aunque resulte divertido en el caso del ingenioso hidalgo, la pesadillezca virtualidad de nuestra embriaguez mestiza, cual confluencia revuelta de chichas fuertes, nos impide ver que el verdadero enemigo es el actual, y siempre vigente, odio fratricida. Odio que se disputa la mismísima abundancia pretérita de estos territorios. Odio cotidianizado por más de doscientos años y después de:


Proclamados los actos políticos emancipatorios, por parte de los criollos reconocidos con nombre propio.

 

Ejecutados los actos militares por parte de los zambos, los mulatos, los mestizos, las ñapangas y las guaneñas desconocidos y nombrados en genérico.

 

Actos de ambas naturalezas que resultan siendo complementarios. Actos que, fundamentalmente notifican al mundo del comercio ultramarino de una estratégica independentista de este endeudado ente territorial, respecto a una España empobrecida por su autófaga corrupción inveterada. A la merced estuvo el mundo hispanoparlante de la codicia imperialista comandada por el mismo Napoleón Bonaparte, tan consecuente a la Revolución francesa. Es, en ese escenario, en donde estos territorios equinocciales serían comercial y políticamente disputados entre Inglaterra, Francia y Holanda desde otras estrategias de dominación.

 

Menos de medio siglo después, aparecen en el escenario los Estados Unidos de Norteamérica y su neocolonialismo de tan bananera recordación. Un poco más acá en lo temporal pero más allá en lo geográfico, se dejó entrever el proyecto expansivo de una aparatosa Unión Soviética que, al tratar de enraizarse en el trópico neogranadino, se fue vaporizando o evaporando entre los sahumerios sacrílegos de la teoría de la liberación, tan doctrinaria también.

 

Pergaminos y microscópicos marcadores filogenéticos

 

Surge, entonces, la tentación decimonónica de patrimonializar a nuestro odio fratricida y nacional como herencia española. Lo cual, además de ser una irresponsable delegación de cargas éticas, es una concesión política a la vetusta corona española, al brindarle aún más publicidad a la nefasta maquinaria de guerra colonial de su antiguo imperialismo y a sus muertos en tanto víctimas, dando al traste con un agente distractor, frente al auténtico e inmanente enemigo neocolonial.

 

El sistema colonial del imperio español consumió carnes mediterráneas, amerindias y africanas; pergaminos y microscópicos marcadores filogenéticos. La única diferencia con la guerra neocolonial es que los pergaminos no circulaban en aquel entonces. Y en la actualidad bélica transnacional, para más ironías, los viejos pergaminos coloniales son la única herramienta de algunos pueblos indígenas para reclamar al gobierno nacional, terrenos ancestrales, bajo la figura del resguardo.

 

Si tuviéramos el respeto individual y colectivo para rememorar a los indígenas asesinados por la campaña bélica del imperio español, no usaríamos sus nombres como propaganda para nuevos intereses políticos igualmente mezquinos. Si de verdad nos interesara colectivamente la memoria de los pueblos indígenas, más que darnos golpes de pecho por un descuartizado, Túpac Amaru II; interlocutaríamos con la situación de los Misak y los Nasa en el Cauca, de los Wayuú en la Guajira, de los Huitoto y los Embera en Bogotá. Pero talvez un pueblo indígena del Chocó es menos mediático que el rimbombante nombre croniticio, puesto al antiguo Tawantinsuyo.

 

Si de verdad nos asqueáramos con la esclavitud de los africanos de la colonia, reconoceríamos más al sinsentido ruidosamente taciturno de los afrodescendientes de las ciudades y campos, en vez de encarcelar estatuas de Cristóbal Colón, pues ese tipo de actos ni siquiera son simbólicos. Podría decirse que son un “lavarse las manos” socialmente aceptable, tan complaciente con el viejo e histórico libreto de víctimas resentidas y victimarios indiferentes.

 

La retórica, sí que ha sido una herencia colonial vigente, pero sólo perpetuada bajo el cálido clima de una minoría de edad auto-imputada. Como ambiguas herramientas de construcción de imagen nacional, hemos sido, frente a la necesidad de representación identitaria, indios para unas cosas, –sean mexicanos, peruanos o bolivianos– negros para otras, –negra afrodisíaca, exótica y teñida de visceralidad y sabor– y españoles medievales para otras –ni siquiera renacentistas o ¿en dónde empacamos al neo-feudalismo actual?–.

 

Sin embargo, mestizos confundidos, sí que es impopular aceptarlo. ¿Resulta más seductor un fundamentalismo racial o ideológico? La retórica de esgrimir argumentos bizantinos para ser una buena salvaje, un señor barroco o un caudillo romántico, son ditirambos a la razón y burlas que cotidianamente le hacemos a las condiciones precarias de los indígenas, campesinos (mestizos) y afrodescendientes, siendo estos colectivos de por sí heterogéneos y disímiles dentro de estas categorías nuevamente impuestas desde un lenguaje externo a sus cosmovisiones, y sin necesidad de la sociedad de castas.

 

Asumir un mestizaje confuso no ha de ser motivo para enarbolar banderas tal como lo pretendieron los nacionalismos criollos latinoamericanos del siglo XIX. Puede ser una incómoda posibilidad pero, toda vez, una oportunidad para ver a los ojos a las múltiples realidades crudas, pero potencialmente transformables. Desde el arte, la cultura, la lúdica y otras instrupupencias.

Publicado enEdición Nº249
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