Jueves, 29 Octubre 2015 05:32

Hallan oxígeno molecular en cometa 67P

Hallan oxígeno molecular en cometa 67P

La sonda espacial Rosetta descubrió la existencia de oxígeno molecular (O2) entre los gases que rodean al cometa 67P, hallazgo importante para comprender el origen del sistema solar, según un estudio que publicó este miércoles la revista Nature.


Se trata de la primera observación de oxígeno en la coma (cabellera) de un cometa, compuesta principalmente de vapor de agua, monóxido y dióxido de carbono.


Fue muy sorprendente, afirmó André Bieler, investigador de la Universidad de Michigan y autor del estudio. No esperábamos para nada hallar oxígeno. A pesar de que ya había sido detectado en otros cuerpos celestes que contienen hielo –como por ejemplo las lunas de Júpiter y Saturno–, hasta el momento se desconocía la presencia de oxígeno en un cometa, aunque ahora se presume que puede ser algo común.


Espectrómetro de masa


Fue detectada por el espectrómetro de masa de la sonda europea Rosetta, que acompaña al cometa 67P/ Churiumov-Guerasimenko en su periplo alrededor del sol.


Las medidas efectuadas revelan una cantidad de O2 de 3.8 por ciento en relación con la cantidad de agua (H2O) presente. El análisis de esa proporción pone de manifiesto que el oxígeno y el agua presentes en el cometa tienen el mismo origen.
Ello sugiere que el O2, presente en la nube molecular de donde proviene el sistema solar, se habría incorporado al núcleo del cometa durante la formación del cuerpo celeste.


Pensamos que se trata de oxígeno primordial, es decir, proveniente de aquella nube molecular original, indicó Bieler.


Según el astrónomo, eso parece indicar que mucha de la materia procedente de la nube molecular ha sobrevivido sin cambios a la posterior formación del sistema solar hace 5 mil millones de años.

Rosetta ya aporta fascinantes pistas sobre el origen de la vida

La sonda europea Rosetta, que acompañó este jueves al cometa 67P en el punto más cercano al Sol de su trayectoria, comienza a dar pistas fascinantes que ayudan a comprender el origen de la vida en la Tierra, según los astrofísicos.
A las 2:03 horas el cometa alcanzó su perihelio, es decir el punto más cercano al Sol de su órbita elíptica de seis años y medio. El cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko se encuentra a 186 millones de kilómetros del Sol y 265 millones de la Tierra.


Este paso por el perihelio tiene especial importancia porque es la primera vez que una sonda espacial observa de cerca a un cometa durante ese agitado periodo.


Al aproximarse al Sol, el cometa, de unos cuatro kilómetros de diámetro y forma irregular, formado por hielo, minerales y partículas con carbono, conoce una actividad creciente.


De su núcleo escapan chorros de gas y polvo cada vez más intensos, según pudo observar la sonda, que hace un año escolta al 67P tras una década de viaje interplanetario desde la Tierra, con la que se comunica mediante ondas de radio.
Según la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), el cometa estuvo muy activo ayer, con importantes proyecciones de gases y polvo. La sonda está en perfecto estado de funcionamiento y sigue su periplo junto al cuerpo celeste que comienza ahora a alejarse del Sol, dijo Sylvain Lodiot, responsable de las operaciones en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales, situado en Alemania.


Jean-Yves Le Gall, presidente de la agencia espacial francesa CNES, acotó que Rosetta permanece al acecho. Estamos recibiendo datos extraordinarios y la cosecha continúa, precisó.


Sembrando vida


El propósito de la misión, proyectada hace más de 20 años, es comprender mejor el sistema solar desde su nacimiento, ya que se considera que los cometas son vestigios de su materia primitiva.


Antes de las observaciones de Rosetta y su robot Philae, posado en el 67P, los astrónomos pensaban que los cometas estaban compuestos fundamentalmente de hielo y un poco de polvo. Eran como bolas de nieve sucia, explicaban.
Para nada, aclara Jean-Pierre Bibring, del Instituto de Astrofísica Espacial de Francia. "Ahora sabemos que el cometa está compuesto principalmente de gránulos de materia orgánica –moléculas inertes con carbono y nitrógeno– formadas antes incluso de la formación del propio cometa.


Estamos convencidos de que fueron gránulos de ese tipo los que posteriormente tuvieron la posibilidad de viajar y sembrar nuestros océanos, asegura Bibring. "Eso es lo fascinante, gracias a Rosetta y su robot Philae, estamos convencidos de que se trata de la materia primordial que una vez sembrada en nuestros océanos hizo posible la emergencia de la vida. Obviamente, la gran pregunta es cómo se pasó de allí a la vida.


La visión que teníamos del sistema solar era equivocada. Todo proviene de la misma materia original, que tiene la misma edad, unos 6 mil millones de años. Pero cuando observamos a Marte, Venus, Mercurio y la Tierra, ninguno se parece. Y cuando comparamos nuestro sistema solar con otros más lejanos, no hay dos que se asemejen.


Ante tal diversidad queda planteada la pregunta que todos se hacen: ¿qué hizo que la Tierra sea como es, cuál fue el proceso? En esa reflexión, asegura Bibrin, la observación del cometa es un paso muy importante.
Amor con final feliz


La misión Rosetta se planeó hace 20 años y, por tanto, lleva tecnología del siglo pasado. Eso plantea desafíos, aunque muchos de los instrumentos son bastante parecidos a los de hoy. En cambio, las computadoras que lleva a bordo son obsoletas. "La suma total de memoria de que disponen para enviar o recibir instrucciones y almacenar datos es 10 mil veces menor a la que tenemos, por ejemplo, en nuestro teléfono inteligente.


El robot-laboratorio Philae, posado desde hace nueve meses sobre el cometa, no da señales de vida desde el 9 de julio.
Sus baterías se cargan con dificultad porque se encuentra en una zona de relieve accidentado con escasa exposición a la luz solar.


No hay mal que por bien no venga: se quedó a la sombra en un entorno relativamente fresco y eso podría ayudar a que sobreviva a la calurosa aventura del perihelio. "No creemos que Philae se haya quedado definitivamente silencioso", dijo Bibring.


Con sus 11 instrumentos, Rosetta se mantiene por ahora a unos 330 kilómetros del cometa. Una distancia prudente decidida por los responsables de la sonda para no hacerlo correr riesgos con las proyecciones de gas.


Las aventuras de la sonda no han terminado. Europa prolongó su misión hasta septiembre de 2016 y considera incluso la posibilidad de posarla lo más suavemente posible en el cuerpo celeste para cerrar su aventura científica con ese encuentro en el espacio, una historia de amor entre Rosetta y 67P con final feliz.

Jueves, 13 Agosto 2015 06:11

Encuentro cercano

Encuentro cercano

El 67P, con el Philae en su superficie y acompañado por la sonda Rosetta, llegó al punto más cercano al Sol de su órbita. Nunca antes objeto humano estuvo tan cerca del astro rey.

 

El cometa 67P tuvo anoche su cita con el Sol. Y por primera vez llegó acompañado por la sonda europea Rosetta, mientras su robot Philae posado en el cuerpo celeste ignora el solazo, dormido a la sombra. A las 2.03 GMT (22.03 hora argentina) el cometa llegó a su perihelio, es decir el punto más cercano al Sol de su órbita elíptica de seis años y medio. El cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko estuvo a 186 millones de kilómetros del Sol y 265 millones de la Tierra. Este paso por el perihelio reviste una gran importancia simbólica, porque es la primera vez que una sonda espacial acompaña a un cometa hasta el punto más cercano al Sol.


Al aproximarse al astro rey, el cometa, formado por hielo, minerales y partículas con carbono, conoce una actividad creciente. De su núcleo escapan chorros de gas y polvo cada vez más intensos, según pudo observar la sonda que hace un año escolta al 67P, tras un viaje interplanetario de una década desde la Tierra, con la que se comunica a través de ondas de radio.


"Actualmente, el cometa eyecta unos 300 kilos de gas por segundo –fundamentalmente vapor de agua–, pudiendo alcanzar hasta una tonelada de polvo por segundo", explicó Nicolas Altobelli, planetólogo de la Agencia Espacial Europea (ESA).


La cámara Osiris que lleva consigo Rosetta pudo de esta forma captar el 29 de julio un chorro particularmente brillante y poderoso que logró contrarrestar el viento solar, indicó la ESA. "Fue un fuego artificial, justo antes del perihelio", según la agencia.


Nada garantiza que hoy ocurra algo particularmente interesante. "No necesariamente alcanzaremos el máximo de actividad. Hay cierta inercia en la propagación de las ondas de calor y podría ocurrir que el cometa proyectase un máximo unas semanas después", advierte Altobelli. En las zonas más expuestas al Sol, las temperaturas en la superficie del cometa podrán alcanzar 80 grados Celsius. Sin embargo, el robot-laboratorio Philae, posado desde hace nueve meses sobre el cometa, permanecerá a la sombra en un entorno relativamente fresco, explicó la agencia espacial alemana.
Philae, que tiene el tamaño aproximado de un lavarropas, puede soportar temperaturas de 50º o tal vez más. "Y se encuentra en una zona en que las temperaturas no superarían ese nivel", asegura Koen Geurts, ingeniero del DLR.
Philae no dio novedades desde el 9 de julio, lo cual preocupa a los responsables del robot de observación científica. De todas formas, le enviaron instrucciones "a ciegas" para que eventualmente pueda trabajar, aunque no sea de momento capaz de comunicarse.


Con sus 11 instrumentos, Rose- tta se mantendrá a unos 330 kilómetros del cometa. Una distancia prudente decidida por los responsables de la sonda para no hacerle correr riesgos con las proyecciones de gas. En el supuesto caso de que Philae tenga la posibilidad de comunicarse hoy, probablemente la sonda esté demasiado lejos como para oírlo. "Nuestra prioridad es la sonda", explicó Sylvain Lodiot, responsable de las operaciones Rosetta del Centro Europeo de Operaciones Espaciales, en Alemania.


La actividad de la sonda se define, semana tras semana, en función de los datos que recibe de los instrumentos de orientación, basados en la posición de las estrellas. Cuando la sonda se encontraba a 200 kilómetros del cometa, estas últimas semanas, los instrumentos de orientación quedaron obstruidos por chorros de polvo cada vez más fuertes. El centro espacial decidió entonces mantener a Rosetta a 300 kilómetros de distancia.


El objetivo de la misión, proyectada hace más de 20 años, es comprender mejor el Sistema Solar desde su nacimiento, ya que se considera que los cometas son vestigios de la materia primitiva. "Todas las moléculas orgánicas –es decir, con átomos de carbono– necesarias para la aparición de la vida, están presentes en el 67P", señala Altobelli.


Las aventuras de Rosetta van a continuar. Europa prolongó la misión hasta septiembre de 2016 y considera incluso la posibilidad de posar lo más suavemente posible la sonda en el cuerpo celeste para cerrar con ese encuentro en el espacio esta aventura científica.