Ahora Donald Trump planea volver a las redes sociales con una plataforma propia

El expresidente estadounidense Donald Trump tiene previsto regresar “pronto” a redes sociales con una plataforma propia después de ser vetado de plataformas como Facebook y Twitter a raíz del asalto de sus seguidores al Capitolio el pasado 6 de enero. Además de una red social propia, Trump podría lanzar también su propia cadena de televisión para captar a la audiencia de Fox News, que fue el primer medio en señalar a Joe Biden como vencedor en el estado clave de Arizona en la noche electoral.

En una conversación en el podcast The Interview, Jason Miller, uno de los asesores de Trump, afirmó que el equipo del exmandatario ha estado manteniendo conversaciones "con las plataformas de redes sociales existentes y también con algunas plataformas nuevas".  En ese sentido, adelantó que Trump “volverá a redes sociales en dos o tres meses con su propia plataforma”, y destacó que así “redefinirá por completo el juego” y atraerá a “decenas de millones” de usuarios.

Trump y sus simpatizantes denuncian un sesgo en las principales redes sociales incluso anterior al asalto al Capitolio, unos hechos que dejaron cinco muertos y que calaron profundamente en el imaginario político estadounidense.

Vetado

Tras meses de advertencias, de marcar algunos de sus mensajes como informaciones falsas y de un constante tira y afloja, el aliento por parte del que todavía era presidente de EE.UU a los actos del fallido golpe de estado del Capitolio fue lo que puso fin a la era Trump en Twitter.

No fue la primera ni la única red social que le aplicó un "límite" al exmandatario estadounidense, pero si es de las que más contundentes se han mostrado en su veto.

En tanto, Facebook, próximamente, revisará su posición con respecto a Donald Trump, y si le permiten volver a la red social, una decisión que tomará un “comité de sabios”.

Twitter, sin embargo, cerró la puerta para siempre. Incluso en el hipotético caso de que Donald Trump volviera a optar a la presidencia en 2024, Twitter reafirmó que "para siempre significa para siempre".

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El ‘boom’ de los ‘podcasts’: esta revolución sí será radiada, ¿o no?

Medio de comunicación al alcance de cualquiera, versión siglo XXI de las radios libres o un soporte más que las grandes corporaciones usarán y tirarán en su búsqueda de beneficios, los podcasts radiofónicos viven una explosión que no oculta las múltiples caras de este fenómeno.

 

En 2020 se crearon dos nuevos podcasts cada minuto en todo el mundo, unos 17.000 a la semana. Un total cercano a los 900.000 programas de radio digitales y descargables se estrenó durante el año pasado, frente a los 300.000 que lo habían hecho en 2019. Aunque un tercio de esos nuevos podcasts no prolongó su vida más allá del tercer episodio —se trataba, sobre todo, de pruebas para chequear el funcionamiento de herramientas gratuitas—, el 23% ha superado los diez publicados durante los últimos meses, lo que refleja una voluntad de continuidad y la constatación de que el podcasting es una de las manifestaciones culturales más representativas de esta época. En ella confluyen elementos tan dispares como la recuperación del audio y la voz como herramientas sociales, el capitalismo de grandes plataformas, las nuevas narrativas digitales, la prescripción desde los márgenes o el consumo de medios de comunicación en el siglo XXI.

Casi la mitad de esos 900.000 nuevos podcasts se emite en idiomas que no son el inglés, con un importante incremento del hindi, el portugués y el chino. Los podcasts en español se multiplicaron por siete durante 2020. Los datos los ofrece el portal Chartable, especializado en la medición de audiencias, descargas, anunciantes y volumen de negocio en el mundo del podcast, que califica como “increíble explosión” lo sucedido en el último año con esta forma de comunicación y señala el telón de fondo en el que se produce: la creciente competencia corporativa y la consolidación de un sector industrial. La batalla entre compañías como Spotify, Apple, Amazon, iHeartMedia, Podium, Podimo, iVoox o SiriusXM por el pastel de los podcasts promete ser cruenta. Lo está siendo ya, con inversiones multimillonarias y compras de plataformas, productoras y aplicaciones. El riesgo, evidente, reside en la uniformidad de contenidos que imponen estas grandes empresas y sus algoritmos. También en la más que posible conversión de contenidos hasta ahora de distribución gratuita en servicios de pago, como los de las plataformas de vídeo bajo demanda.

En 2001 Apple lanzó iPod, uno de los primeros reproductores portátiles de audio digital, y en 2004 Ben Hammersley utilizó en The Guardian por primera vez el término podcasting, mezcla de iPod y broadcasting (radiodifusión). Ese mismo año, Comunicando, de José Antonio Gelado, fue el primer podcast nativo digital en España, si bien anteriormente ya emitían por internet proyectos como Radio Gladys Palmera o Scanner FM. Uno de los hitos en la historia de los podcasts fue Serial, una investigación periodística de Sarah Koenig sobre el asesinato de una adolescente en Baltimore (Maryland, Estados Unidos) cuya primera temporada, emitida durante el otoño de 2014, logró cerca de 70 millones de oyentes.

Según el Digital News Report 2020, encuesta online realizada entre finales de enero y principios de febrero, cuatro de cada diez internautas escuchan podcasts en España. Lo que más aprecian es la comodidad del formato para informarse (54%), la variedad de temas y puntos de vista que ofrece (53%), el modo entretenido de conocer las noticias (53%) y la profundidad (51%) en el tratamiento de los temas.

Por edad, es significativa la diferencia de consumo entre los internautas hasta 44 años, entre los que la mitad (51%) es oyente. A partir de 45 años, la mayoría no lo es (67%). Entre 18 y 24 años, seis de cada diez internautas escuchan podcasts.

La encuesta también encuentra variaciones en el consumo según el género. Entre los hombres, hay un mayor porcentaje de oyentes de podcasts sobre actualidad (17%), deporte (16%) y especializados en temas de ciencia, salud, tecnología, negocios o medios de comunicación (15%). Las mujeres escuchan más podcasts de temas relacionados con los estilos de vida, arte, literatura, viajes, ocio y gastronomía. 

Según la selección de plataformas, sitios web y aplicaciones consideradas en este estudio, YouTube (55%), Spotify (32%), iVoox (17%), Google Podcasts (17%) y los de Radiotelevisión Española (14%) son los más utilizados por los internautas que escuchan podcasts en España.

Estamos en el aire

Georgina Marcelino ha encontrado en el podcast un espacio seguro, un lugar de aprendizaje y un altavoz más efectivo que otros para expresar sus preocupaciones y las de mujeres como ella, negra e inmigrante. Junto a Yania Concepción acaba de terminar la primera temporada de La güira, un programa de radio en internet que responde a la “necesidad de las dos, y de otras compañeras, mujeres racializadas, de un espacio en español que sirviese como punto de encuentro para hablar y comentar nuestras experiencias”.

Ninguna tenía experiencia previa y han ido aprendiendo sobre la marcha a escribir guiones, grabar y editar. La respuesta obtenida les dibuja una sonrisa en la cara: “Nos escuchan compañeras, mujeres que sienten ese espacio que queríamos crear. Nos escriben mensajes diciendo que les representa, que les gusta, que tal episodio les encantó, que están aprendiendo mucho… Nos ha permitido llegar y conocer a mujeres que están en otros países como Colombia o República Dominicana. Estamos recibiendo muchísimo apoyo de la comunidad negra de aquí, es muy agradable sentir esto”.

Lo que se escucha en La güira son “voces negras que ponemos en común cosas que se han silenciado durante mucho tiempo: nuestras experiencias a viva voz, sin paternalismos, sin la guía de una voz blanca que se imponga”. Como objetivo, este proyecto aspira a crear comunidad entre las mujeres negras y afrodescendientes, pero Marcelino sabe que al otro lado puede haber una audiencia amplia: “Nos dirigimos a todas las personas que están interesadas en escuchar y descubrir, desde voces negras, lo que es la experiencia de la mujeridad y la negritud, desde nuestros propios cuerpos”.

La güira está disponible en Spotify e iVoox, “plataformas abiertas, gratuitas para el público”, señala Marcelino, quien explica sus motivos para estar ahí: “Spotify es muy utilizada, todo el mundo la tiene instalada y es fácil seguir podcasts por allí, e iVoox es la plataforma más importante de podcasts en español, el público que te encuentra allí ya está acostumbrado a escuchar podcasts y los busca intencionadamente”. De momento, no obtienen un retorno económico, aunque han recibido algunas propuestas que están estudiando de cara a la segunda temporada. Marcelino concluye con una reflexión general, más allá de su programa: “El podcast es un espacio que nos está abriendo las puertas a muchas mujeres para hablar de las cosas que nos interesan, no solamente de modo experiencial y testimonial. Permite bastante libertad y llegar a personas a las que no llegarías tanto con otras actividades”.

A Isabel Cadenas Cañón le intriga cómo el pasado influye en el presente. También le atrae el silencio, como materia informativa y para romperlo. Lo materializa en(De eso no se habla), un podcast en el que han cristalizado varios conceptos con los que trabaja desde hace tiempo. “Me interesa entender cómo una guerra civil, una dictadura y una transición hecha de aquella manera siguen determinando los silencios que hay hoy en nuestra sociedad”, explica.

Mediante la narración de relatos personales, (De eso no se habla) se ha integrado en la comunidad que se afana por recuperar la memoria histórica en España. Esa mirada, admite su creadora, facilita llegar a un público que pudiera ser reacio a escuchar un programa sobre esta temática. Además de encontrar la financiación necesaria, localizar esas historias personales y a sus protagonistas es lo que más le está costando: “Es la parte más compleja, siempre, también una de las más emocionantes, porque en el fondo lo que más me gusta es escuchar historias de gente y los mundos que se abren con ellas”.

(De eso no se habla) forma parte de PRX y Google Podcasts. Cadenas detalla el vínculo con estas empresas: “Hace dos años, lanzaron un programa de profesionalización, con apoyo económico, formación y la creación de una comunidad internacional de creadores y creadoras de podcasts. Google puso el dinero y el programa lo llevó a cabo PRX, así que con Google no tuve relación más allá de conocer a algunas personas durante las formaciones en Boston. Con PRX sigo teniendo mucha relación, porque nuestro podcast es parte de su red y además usamos su plataforma de publicación para nuestros episodios”.

Para ella, no deberían existir grandes diferencias entre la radio y el podcast puesto que la materia prima es la misma: contar historias con audio. Pero considera que las emisoras convencionales no están apostando por la creación de contenidos, así que quienes quieren probar nuevas experiencias han encontrado su lugar en los podcasts. “No hay nadie poniendo límites al formato, ni a la duración, ni al tiempo que dedicas a cada historia. El podcast nos ofrece libertad. Ojalá eso cambie algún día y la radio convencional decida tomar más riesgos”.

La pandemia y el confinamiento para evitar su expansión se llevaron por delante el estreno de la segunda temporada de Invisibles, previsto para abril de 2020. Finalmente fue en noviembre cuando se empezó a emitir. “Ese parón inesperado nos sirvió para pensar qué queríamos hacer y cómo, y sacar una temporada distinta y mucho más rica”, valoran desde el equipo que realiza este podcast narrativo en forma de documental de no ficción cuyo primer episodio se lanzó en 2019 con el propósito de “hacer un periodismo en profundidad y reflexivo que también adoptara herramientas de las ciencias sociales”.

Invisibles se centra en tres inquietudes: el género, la migración y el racismo. En la primera temporada abordaron el trabajo del hogar y los cuidados, teniendo en cuenta que “debían ser las mujeres atravesadas por esta realidad las protagonistas y las que hablasen: escapar así del victimismo que a veces tiñe estas historias y de esa idea de que el periodismo es ‘dar voz’”.

En la segunda temporada, con cinco personas a cargo del programa, han tratado temas como el asilo en la población lgtbi, el problema de la vivienda, el trabajo sexual, los ataques racistas a centros de menores migrantes, la salud mental... “También en este tiempo le hemos dado más peso al diseño sonoro”, apuntan.

Invisibles está en Podium, Spotify, iVoox, Google Podcast y Apple Podcasts. Con Podium tienen un acuerdo para esta segunda temporada: “Publicar el podcast a través de ellos nos ha ayudado a amplificar el proyecto y su distribución y llegar a más personas, además de mejorar en algunos aspectos por el acompañamiento de Jimena Marcos, su editora jefa”.

En cuanto al futuro, se ven haciéndolo a largo plazo aunque, por el momento, “todo el retorno económico se invierte en el proyecto. Es decir, no vivimos de Invisibles. La primera temporada contó con el apoyo de Alianza para la Solidaridad. Y la segunda la pudimos realizar porque hicimos un crowdfunding y porque contamos con el apoyo de Podium Podcast”.

Trincheras de la cultura pop comenzó en mayo de 2018 como laboratorio de ideas, un work in progress sonoro desde el que abordar diferentes aspectos de la cultura popular con ánimo crítico, según lo describen sus responsables, Elisa McCausland y Diego Salgado, periodistas culturales y colaboradores de El Salto con su sección Ruido de Fondo.

En el podcast, que graban en casa, se plantean analizar en cada programa una faceta de la cultura popular, o la relación de la misma con otros imaginarios colectivos como la religión, la ecología, los totalitarismos o las pandemias. Reconocen que el alcance obtenido les resulta sorprendente: “Después de 28 episodios, solo en iVoox cada uno de ellos alcanza una media de mil escuchas que, dada la naturaleza de nuestro programa, nos parece una barbaridad”. Y encuentran una explicación en la diversidad de perfiles a la que llega una propuesta como la suya: “Queremos pensar que Trincheras, que nunca ha tenido más promoción que la justa y necesaria, ha crecido en oyentes gracias al efecto boca-oreja, la recomendación personal. Y eso implica tipos muy variados de personas, un oyente que visualizamos casi como un gran interrogante, lo que nos estimula mucho”.

Además de en iVoox, Trincheras de la cultura pop se puede escuchar en Spotify y en Apple Podcasts, pero de la distribución de este podcast se encarga consonni, productora de arte contemporáneo y editorial afincada en Bilbao. De hecho, forma parte de su proyecto radiofónico desde que este dio comienzo. McCausland y Salgado consideran que no tendría sentido fuera de allí y agradecen el trato dispensado: “Hay un retorno económico porque las amigas de consonni son muy legales en esto y no habrían dejado de ninguna manera que hiciésemos el programa gratis, pero tenemos claro que no lo hacemos por la remuneración”. 

Como uno de los motivos para el auge de los podcasts apuntan que “en estos tiempos convulsos, a la gente le gusta sentirse acompañada por el sonido de la voz humana, como antaño ocurrió con la radio o la televisión en su vertiente más social”.

¿La nueva radio libre?

Tras más de 200 programas y ocho temporadas, Sangre fucsia se encuentra en una fase de reajuste. Veterano programa de perspectiva feminista emitido en radios libres, el proyecto afronta ahora una reestructuración. Aunque les dé cierto pudor, la etiqueta de podcast feminista pionero se ajusta a lo que han lanzado a las ondas en este tiempo. “El podcast Hacia el sur en el Atlántico fue una inspiración directa y explícita cuando creamos Sangre fucsia pero es cierto que en 2013, cuando empezamos, el ecosistema feminista y de podcasts —y de podcasts feministas, claro— no tenía, ni de lejos, la efervescencia que experimenta actualmente”, recuerda Laura Gaelx, una de sus realizadoras.

Según ellas lo entienden, el formato podcast es propicio para amplificar las voces e ideas de sujetos no hegemónicos. “Siempre decimos que la radio es un medio especialmente feminista o accesible, ya que —en resumen— es barata y fácil de hacer y, además, nos libra de la dictadura de la imagen. Por supuesto, como en cualquier otro canal, conviven mensajes de todo tipo”.

Sangre fucsia, que sus creadoras suelen definir como fanzine sonoro, habita en varios mundos. “En el lado más activista —señala Gaelx—, lo subimos a Archive.org, un repositorio de materiales bajo licencias libres; a la web de nuestra emisora, Ágora Sol Radio; a nuestro propio blog y a la página de Pikara Magazine, con quienes colaboramos. Pero también se puede escuchar en plataformas más mainstream, como iVoox y Spotify”.

Para ellas, no hay duda de que los podcasts cumplen la función que en los años 80 y 90 cumplieron las radios libres: “El espíritu DIY [do it yourself, hazlo tú misma] se mantiene, al menos en nuestro caso, pero, al trasladarse a internet, lo que se logra es ampliar los públicos. Es indudable que los podcasts, en comparación con las radios libres, llegan a mucha más gente”.

La escritora Silvia Nanclares comparte esa apreciación sobre los podcasts y las radios libres: “Alguien dijo que el podcast es la radio sin todo lo que la radio no te permite hacer. La radio, no las radios libres, está sujeta a muchos corsés: anunciantes, editoriales, casi hasta morales, y temáticos. En el podcast no siempre hay esos límites, es mucho más libre. De hecho, tiene mucho más que ver con la tradición de las radios libres y la cultura digital”. Ella vaticina que los podcasts no van a ser flor de un día sino que permanecerán. “Son como hijos gamberros de la radio y la cultura digital, conviven perfectamente. E irán mutando con soltura”.

Nanclares lleva una temporada estudiando el universo de los podcasts para “SModa”, la revista de moda y tendencias de El País, tras aficionarse a la escucha después de ser madre. En sus indagaciones, se deja llevar para encontrar regalos para sus oídos. “Busco calidad técnica, parece una chorrada pero me condiciona mucho que el sonido me meta o no, y no hablo solo de buenos micros, sino de una propuesta de diseño sonoro, que no sea hablar sin más, que haya una creación en ese sentido”, asegura. Como oyente atenta, Nanclares separa el grano de la paja y advierte de algunos riesgos: “En todos los formatos acaban acampando los forococheros, pero sin duda, y sobre todo por esa genealogía que trazan con las radios libres, los podcasts tienen una vocación subversiva muy marcada, partiendo también de esa posibilidad que da el Juan Palomo o do it yourself. Pero, vamos, que morralla de contenido te encuentras también a espuertas”.

La comunicadora mexicana residente en Vallecas Susana Albarrán opina que el podcast es ya un lenguaje propio y que eso hace que se distancie de lo que significa hacer radio, aunque siga bebiendo de ahí. “Cumplen su función en la realidad de su tiempo: escucha a la carta, soportes individualizados, comunidades identitarias cada vez más segmentadas, lo que te lleva a ser un oyente mucho más selectivo”, explica y destaca que las radios libres y comunitarias siguen siendo la escuela para mucha gente que ahora hace podcasts, como lo fueron antes para muchas personas que acabaron trabajando profesionalmente en la radio.

Sin nostalgia, pero con ojo crítico, señala algunas diferencias entre los modos de hacer. “El tiempo de aprendizaje de las herramientas se ha acortado y con ello se pierde cierto sentido precisamente de vivir el proceso y de hacerlo en comunidad: el hecho de reunirse en las instalaciones de unos estudios, de una emisora, que te permitía socializar con gente muy diversa. Actualmente veo muchos podcasts con equipos de producción muy reducidos, y en una buena parte individuales”.

Albarrán participa activamente en El Salto Radio, donde destaca que “estamos casi experimentando y dando espacio a mucha gente que empieza, de nuevas, la experiencia de hacer podcast, eso trae frescura y te permite abrir bastante la mente”.

Por Juan Vallecillos

Jose Durán Rodríguez

@j_duran_r

20 mar 2021 06:00

Publicado enCultura
Domingo, 14 Marzo 2021 05:04

La expansión de las ‘big tech’

Una empleada revisa una CPU en un centro de datos de Google en Oregon; tiene 21 por todo el mundo

La mayoría de los seres humanos utiliza algún servicio de la compañía: unos 4.000 millones de personas del total de 7.800 millones de la población mundial

 

Google es un gigante que no puede parar de crecer. Como ejemplo, tomemos una unidad de prueba para prensa de un teléfono Android nuevo que todavía no ha salido al mercado y que es de una compañía ajena. En la pantalla de inicio se encuentra en posición preeminente un cuadro de texto para hacer búsquedas con Google. Debajo, el primer icono es una carpeta con 15 apps de sus servicios y al lado aparecen 3 apps más. En la parte inferior, en una posición centrada, está el icono de su navegador Chrome. ¿Se puede vivir sin Google? Una respuesta rápida podría ser: sí con un iPhone, pero no es cierto. El buscador por defecto en los móviles de Apple es Google y, entre su numerosa cartera de servicios, es fácil acabar por hacer uso no de uno, sino de varios de ellos.

La mayoría de los seres humanos utiliza alguno de los servicios de Google: unos 4.000 millones de personas del total de 7.800 millones de la población mundial actual. Alphabet es la empresa matriz creada en el 2015 para reorganizar el conglomerado de compañías que giran en torno a los servicios de Google, fundada a partir del buscador de internet lanzado por Sergey Brin y Larry Page en 1998.

El principio ético con el que se fundó de la compañía fue “Don’t be evil” (no seas malvado), pero unos tres años después de la reorganización bajo el paraguas de Alphabet, en el 2018, el lema bienintencionado de los idealistas ingenieros de software de Silicon Valley desapareció del código moral para adaptarse al de la matriz: “Haz lo correcto”. Una parte del idealismo se diluyó por el ­camino.

Para entender la forma en que Google crece imparable, hay que repasar cómo ha crecido y absorbido áreas de negocio en las que es el dominador absoluto. Su cifra de ingresos mantiene un crecimiento sin freno desde su creación –ver gráfico–, y cada año dispara sus beneficios. La publicidad no ha dejado de ser la principal fuente de ingresos de una compañía que ofrece a miles de millones de personas sus servicios ¿gratuitos?

A medida que Google empezó a tener éxito como buscador frente a las empresas que dominaban internet a finales del siglo XX, como Altavista y Yahoo!, fue abriendo siempre su perspectiva bajo la idea de “organizar la información del mundo”. Para Page y Brin, Google debía ser siempre una compañía lejos de las tradicionales, con la innovación como objetivo esencial, y con una estructura horizontal, muy abierta a la opinión de sus empleados. La aversión a la organización jerárquica vertical forma parte de su cultura empresarial.

Cuando uno visita unas oficinas de Google, no puede reprimir cierta envidia hacia quienes trabajan allí. Los empleados de la compañía californiana no solo gozan de los mejores sueldos del sector, sino también de unas libertades que rompen esquemas tradicionales. Disponen de comida y bebidas gratuitas, zonas de juegos y de relax, para dormir la siesta y ni siquiera tienen horarios rígidos, aunque eso pueda implicar que muchos puedan trabajar finalmente más tiempo que si los tuvieran.

La nueva sede que Google está construyendo en Mountain View, muy cerca de la actual, es un espacio de fantasía con carpas gigantes, espacios abiertos, paredes y techos transparentes y jardines. Todo en la línea inicial.

Ese espíritu de compañía diferente se ha ido transformando a lo largo de los años. En el 2001, el volumen del negocio de Google empezaba a desbordar a sus fundadores, que admitieron que necesitaban una “supervisión adulta”, por lo que ficharon a Eric Schmidt, un reputado ingeniero y directivo de empresas de Silicon Valley, como consejero delegado. Estuvo diez años en ese cargo, cuando lo relevó Page, que cedió el puesto en el 2015 a Sundar Pichai. Schmidt dirigió los pasos iniciales de Alphabet hasta que en el 2018 Pichai fue nombrado también consejero delegado de la empresa matriz.

Pichai ha delegado desde entonces en directivos de su confianza para llevar las riendas de las diferentes divisiones de Alphabet. Sencillamente, es un gigante muy grande que debe reportar beneficios a sus accionistas. No puede dejar de crecer. Las estimaciones de consultoras son que Google alcanza a gestionar alrededor del 60% de la publicidad digital, un mercado que no parece haber llegado ni mucho menos a su techo aunque su ritmo de crecimiento se halla ralentizado en los últimos ejercicios.

Otro indicio de que Google ya no es la empresa idealista en la que los trabajadores tenían una gran posición decisoria es el hecho de que en enero pasado, después de un año de organización en secreto, se presentó el primer Sindicato de Trabajadores de Alphabet (AWU), con una afiliación inicial de 400 personas, lejos a aún de los más de 120.000 empleados de la compañía.

Lo que no ha variado son los hitos que va logrando la compañía en esa “organización de la información” mundial. La mayoría de los vídeos que existen en internet pasan por YouTube, compañía de su propiedad. Cada día se suben más de 50 años de vídeos a esta plataforma, y se visualizan unos 90.000 cada segundo.

En las búsquedas –donde solo China se le resiste, por su política restrictiva–, Google es de lejos el motor más utilizado en el mundo. En conjunto es el 65% del mercado mundial —por esa ausencia del mercado chino, que le hace perder una importante cuota—, pero en numerosos países rebasa el 90%. Durante un día laboral, el número de búsquedas que se hacen en Google está cercano a los 7.000 millones de consultas.

La telefonía móvil es fundamental. Google no solo posee Android, el sistema operativo más popular, sino también una buena parte de los servicios asociados. Android está en el 71,9% de los móviles. El 27,3% es iOS de Apple. Las proporciones varían por países, mientras en Estados Unidos está muy equilibrado (50,7% iOS y 48,8% Android), en España la diferencia es más abrupta (78,8% Android y 20,5% iOS).

Google tiene también una importancia capital en la forma en que nos desplazamos. Google Maps ha cartografiado cada metro de las vías y caminos de buena parte del mundo. Además dispone del planeta virtual Google Earth y de Waze, la app colaborativa de navegador para carretera.

Después de dos décadas de perseguir la utilización de los enlaces de los periódicos sin pagar por ello y a partir de legislaciones claras como la de Australia, Google está dispuesta a abrir ahora una vía de pago a los editores para ­crear un nuevo agregador, Google News Showcase.

Su última incursión puede revolucionar el sector del turismo. Ofrece a los hoteles anuncios gratis en el buscador. Podría romper el duopolio Booking/Expedia y crear, quizás, otro monopolio.

Por Francesc Bracero

Barcelona

14/03/2021 02:31

Mark ZuckerbergErin Scott / Reuters

Asimismo, compartió su visión sobre el desarrollo de las tecnologías digitales en el futuro próximo.

 

El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo este lunes en una entrevista con la revista digital The Information, que para el 2030 las personas podrían usar gafas inteligentes para asegurar su presencia virtual en cualquier lugar.

Facebook inventará unas gafas que pueden mostrar el contenido gráfico junto con el mundo real a través de pantallas transparentes. "Esto podría llevar a tantas cosas increíbles, [...] en lugar de llamar a alguien, tener una videoconferencia, en un abrir y cerrar de ojos te teletransportas, y estás sentado allí y ellos están en su sofá y todos se sienten como si estuvieran juntos", explicó el multimillonario. De este modo, la creación de los avatares podría revolucionar la comunicación humana.

Esta invención podría contribuir a la reducción de los viajes por negocios o placer, lo que ayudaría a revertir los efectos del cambio climático. "Obviamente los coches y aviones y todo eso no desaparecerá, [...] Pero cuanto más nos podamos teletransportar, mejor será para la sociedad y para el planeta en general", señaló Zuckerberg. 

Según su punto de vista, otra ventaja consiste en la posibilidad de  expandir el modo de trabajo remoto para los empleados, reduciendo el tiempo y el costo de viajes cotidianos, porque será posible "simplemente teletransportarse al trabajo". 

Actualmente las grandes empresas tecnológicas como Apple, Microsoft y Google están trabajando en la tecnología de realidad aumentada, que implica la interconexión entre gráficos generados por computadora e imágenes del mundo real. Facebook está involucrada en el desarrollo de los cascos de realidad virtual a través de la empresa Oculus, adquirida en el 2014.

Publicado: 13 mar 2021 00:58 GMT

El experimento de qué pasa si un país y un gigante tecnológico chocan: la confrontación entre Facebook y Australia

La red social reacciona con un apagón informativo a la intención del gobierno australiano de hacerle pagar por las noticias que comparten sus usuarios. Los algoritmos han censurado también decenas de páginas del gobierno y la sociedad civil

 

En los últimos tiempos los gobiernos han subido el tono con las multinacionales digitales. La cosa empezó con la manipulación informativa de Cambridge Analytica y los rusos pero siguió con la precarización que impone su economía a escala, con los gastos extra que suponen para los estados, con su ingeniería financiera para pagar menos impuestos, con sus prácticas monopolísticas, con sus algoritmos sesgados o con sus estrategias para mantenernos enganchados.

En ese tira y afloja con las GAFAM (Google, Apple, Amazon, Facebook y Microsoft), Australia ha sido la primera en probar hasta dónde puede estirarse la cuerda antes de romperse. Los resultados preliminares de ese experimento son: 1) a los países no va a serles fácil torcer la voluntad de estas multinacionales; y 2) hay varias y todas son monopolios en sus sectores, por lo que un conflicto con solo una de ellas puede llevar a problemas.

Una exigencia made in Australia

El problema que ha elegido Australia para lanzar el órdago es, curiosamente, una disputa aletargada desde los primeros pasos de Internet: ¿cómo deben remunerar las multinacionales tecnológicas a los medios de comunicación por el uso de sus contenidos en sus plataformas?

Tras años de tregua, parlamentos de todo el mundo han retomado el debate sobre esto. También en España. El dominio de la publicidad digital de Google y Facebook está tan consolidado que ya no hay dudas sobre la necesidad de regulaciones a medida. Las compañías por su parte han aceptado que ha llegado el momento de pagar, después de muchos años usando las noticias como vía para extraer datos sobre los intereses de sus usuarios con los que rellenar sus perfiles publicitarios.

El punto medio donde gigantes digitales y empresas editoras se están encontrando son los acuerdos individuales con cada medio para llevar a cabo esa remuneración, que ya se han firmado en varios lugares del mundo.

El Gobierno y el Parlamento australiano quieren ir un paso más allá: pretenden establecer tasas reguladas por ley a negociar entre las plataformas y los medios. Si no se ponen de acuerdo, entra en acción un organismo de mediación. El problema es que las plataformas no quieren ni oír hablar de estos entes intermediarios, ni en Australia ni en ningún otro lugar. España, por ejemplo, es el único país europeo sin Google News y el motivo es que Google se negó a negociar con un intermediario, una SGAE de la prensa, llamada Cedro. Ante el ultimátum del canon AEDE, la multinacional desactivó el servicio de agregación de noticias. Y así lleva desde 2014.

Australia también quiere que tanto Google como Facebook informen a los editores sobre los cambios que vayan a introducir en los algoritmos, con el fin de que puedan estar preparados de antemano. Estas modificaciones en la forma en la que las tecnológicas muestran la información pueden resultar dramáticas para los medios, que sufren una gran dependencia de la visibilidad que obtienen de Google y Facebook.

Si los entes intermediarios son una línea roja para las plataformas, lo de abrir sus algoritmos a los medios locales australianos y darles en exclusiva una información por la que negocios de todo el mundo –mucho más allá de la industria mediática– estarían dispuestos a pagar millones, a las multinacionales les suena ya a exigencia de otro planeta.

Apagón informativo

Google amenazó con bajar la persiana y abandonar totalmente Australia si esta insistía en sus demandas, aunque finalmente ha llegado a un acuerdo con News Corp., la multinacional editora de un buen número de cabeceras en el país, y con otros medios locales. El trato es similar al alcanzado con editores de Francia, Reino Unido o Brasil y no incluye ninguna cláusula sobre algoritmos.

Facebook, en cambio, ha decidido cortar por lo sano y vetar todos los enlaces de noticias y las páginas de Facebook que publican información para los 16 millones de australianos que usan sus servicios. Antes incluso de que Australia apruebe la ley.

La decisión ha producido un caos informativo este jueves. Un apagón informativo que recuerda a esos que los que protagonizan las dictaduras o cuando se llevan a cabo golpes de Estado como el de Birmania, donde lo primero que se hace es cortar el acceso a las redes sociales. La diferencia es que en esta ocasión ha sido una multinacional la que ha dejado a oscuras a los ciudadanos.

El debate ha trascendido rápidamente de disputa comercial a las libertades fundamentales. "Es extremadamente preocupante que una empresa privada esté dispuesta a controlar el acceso a la información de la que dependen las personas. La acción de Facebook demuestra claramente por qué permitir que una empresa ejerza un poder tan dominante sobre nuestro ecosistema de información amenaza los derechos humanos", ha denunciado Amnistía Internacional, que pide a la empresa de Zuckerberg que "revoque inmediatamente la decisión".

Uno de los aspectos más graves es que la acción de Facebook ha arrasado un gran número de páginas que no son medios de comunicación. El periodista Kevin Ngouyen ha ido recopilando en Twitter los casos en los que los algoritmos han censurado páginas meramente informativas, que se cuentan por decenas. Entre ellos hay páginas oficiales del Gobierno australiano, de sindicatos, de ONG, de asociaciones deportivas, benéficas, de víctimas de violencia de género, metereológicas, de aviso de incendios...

por Carlos del Castillo

18 de febrero de 2021 23:03h

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Imagen ilustrativaFoto: Surasak Suwanmake / Gettyimages.ru

Se prevé que el nuevo tipo de red, que puede lanzarse aproximadamente en el 2030, sería hasta 100 veces más rápido que el 5G.

Mientras en el mundo se despliegan las redes 5G, ya empieza la batalla por otras tecnologías. Varios países han entrado en la lucha por el próximo gran avance en el ámbito de las telecomunicaciones, el 6G, que algunos expertos ya calificaron de la nueva revolución industrial.

¿Qué es y para qué se necesita?

Aunque el 5G aún no fue lanzado a nivel global, especialistas empezaron a pronosticar qué representará su sucesor, la sexta generación de la tecnología inalámbrica (6G). Mientras que el 5G debe aumentar la velocidad de transmisión de datos hasta 1.100 Mb/s, se espera que el 6G pueda ser hasta 100 veces más rápido, informa Bloomberg.

Se prevé que el nuevo tipo de red, que puede lanzarse aproximadamente en el 2030, tendría la capacidad de conectarse con dispositivos mucho más complejos, entre ellos coches automatizados. Además, podría hacer realidad varias ideas de la ciencia ficción, como hologramas en tiempo real o vehículos voladores.

Competición internacional

Varios países ya están luchando por ser pioneros en desarrollar la tecnología y obtener una ventaja frente a otros jugadores en el ámbito tecnológico.

El proyecto "es tan importante que esto se convirtió en cierta medida en una carrera de armamentos", declaró Peter Vetter, jefe del departamento de acceso y dispositivos en la compañía Bell Labs perteneciente a Nokia, agregando que "un ejército de investigadores" será necesario para preservar la competitividad de los participantes en la batalla.

Los principales competidores hoy son EE.UU., China y la Unión Europea.

  • China

Bloomberg señala que el gigante asiático lanzó un satélite en noviembre del año pasado para probar una posible transmisión de 6G. Por el momento, dos grandes compañías participan en la competición por parte de este país: Huawei y ZTE. 

Unos reportes indican que Huawei estableció un centro de investigación de 6G en Canadá. ZTE, a su vez, empezó el trabajo conjunto con la empresa de telecomunicaciones China Unicom Hong Kong Ltd para desarrollar el 6G.

  • EE.UU.

Por su parte, EE.UU. creó en octubre del año pasado una alianza de empresas —con participación de Apple, Google, Samsung, entre otros— para "avanzar en el liderazgo norteamericano del 6G".

  • La UE

En diciembre del año pasado, se dio a conocer que la Unión Europea también inició un proyecto para desarrollar el 6G. Nokia, Ericsson AB, Telefónica SA y varias universidades participan en la iniciativa.

Esta semana, el instituto de investigaciones CEA-Leti, con sede en Francia, anunció también un proyecto de desarrollo de la sexta generación de la red.

Por su parte, el abogado especialista en derecho digital, Erick Iriarte, señaló que existe una brecha tecnológica entre los países en cuanto al acceso a las nuevas tecnologías, lo que puede provocar discriminación.

Publicado: 14 feb 2021 01:53 GMT

Domingo, 07 Febrero 2021 05:42

La batalla por el relato

La batalla por el relato

 

No es que primero haya que hacer las cosas bien y luego comunicarlas, sino que hay que hacer cosas que se puedan comunicar bien. En realidad, aunque lo llamamos comunicación no es otra cosa que publicidad y propaganda. El imperialismo del marketing lo ahoga y lo contamina todo.

 

Entre las características del mundo en que vivimos se encuentra la de ser, en buena medida, un mundo mediáticamente construido. El aspecto mediático no se refiere sólo a lo que antes abarcaban los medios de comunicación (que podían ser mejores o poeores, estar más o menos escorados políticamente, pero que siempre incluían un componente de profesionalidad); hoy, la configuración de la realidad que llevan a cabo estos medios está condicionada y definida por la agenda que marcan las llamadas redes sociales. Y las redes sociales, más que un reflejo o un espejo de lo que ocurre, son mecanismos de precisión teledirigidos a crear realidad.

Las gentes y los movimientos sociales que tenemos por objetivo transformar la realidad social nos vemos ante el dilema de seguir alimentando al monstruo con nuestra presencia y actividad, o retirarnos definitivamente de esos espacios que, además de distraernos, difuminan, banalizan, hooliganizan y corrompen nuestro mensaje.

Cada vez parece más evidente que hemos entrado a un trapo que nos han puesto delante nuestros adversarios, que hemos tragado el anzuelo, y ahí estamos, dando vueltas a la noria, en nuestra caja de resonancia, en la burbuja, escuchando nuestros propios ecos, respondiendo a boots y trolls (en este terreno todo hay que decirlo con anglicismos), encantadas de habernos conocido, alimentando egos incapaces de ver más allá de sí mismos.

Ni se nos ocurre ya hacer algo y no comunicarlo en las redes. Pero, imperceptiblemente, cada vez más nuestra acción se va limitando a comunicar en las redes. El caso de los partidos políticos es claro; en ellos, el departamento de comunicación ha aumentado su centralidad y relevancia de forma exponencial. Resulata desalentador constatar que comunicar no es otra cosa que vender (muchas veces vender la moto). La comunicación se preocupa más por el hecho vender y de hacer marca que por el producto vendido. Se extiende así una sensación desasosegante y agotadora de estar permanentemente en campaña electoral. Los argumentarios ocupan el lugar de los argumentos y el debate de cuestiones controvertidas se convierte en espectáculo lamentable, a la búsqueda de likes y de circo mediático con opciones de convertirse en tendencia.

Igual que los equipos de fútbol o las grandes empresas, prácticamente todos los medios y organizaciones sociales (feministas, ecologistas, antirracistas, anticapitalistas) dedican parte de su trabajo a hacer marca, a estar presentes en el mercado de siglas y logos (¿tal vez es inevitable?). Una parte mayor o menor de su actividad incluye hacer merchandasing (camisetas, sudaderas, tazas, bolis, bolsos, cuadernos... da igual, cosas, muchas cosas que lleven la marca, el logo). Hablamos frivolamente de merchan y nos olvidamos de que es una técnica de márketing. Las oenegés saben mucho de esto (aunque no son propiamente organizaciones sociales activistas, por lo general, la gente no milita sino que trabaja en ellas de forma remunerada o, a lo sumo, hace de voluntaria, que es algo muy diferente de la militancia). Están en la vanguardia de la hípermercantilización y llevan años con sus agentes comerciales por las calles abordando a los transehuntes con técnicas de persuasión enfocadas a la captación de clientes.

Es cierto que antes también poníamos mesas con nuestras chapas, mecheros y pegatinas para sacar dinero (que siempre ha sido algo necesario), las camisetas con logos y eslóganes no son cosa de ahora. Ahí estaba la cara del Ché Guevara compitiendo con la de Marilyn Monroe (hasta que el activismo queer las unificó en un solo nuevo icono). Pero la diferencia con lo que ahora ocurre ha dejado de ser de grado (ahora más que antes), es una diferencia cualitativa (ahora distinto que antes). Ahora el marketing nos ha arrebatado el alma, desplazando a todo lo demás; el mercado nos han poseido por completo. La publicidad dicta nuestros actos, marca el sendero que siguen nuestros pasos sonámbulos.

En otro lugar planteé que en las políticas públicas no se trata ya de dar a conocer lo que hace una institución (anunciarlo, comunicarlo), sino que lo prioritario es hacer lo que convenga según los criterios del departamento de comunicación, confundiendo y trastocando el qué (hacer) y el cómo (comunicarlo). No es que primero haya que hacer las cosas bien y luego comunicarlas, sino que hay que hacer cosas que se puedan comunicar bien. En realidad, aunque lo llamamos comunicación no es otra cosa que publicidad y propaganda. El imperialismo del marketing lo ahoga y lo contamina todo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo han conseguido las técnicas de venta calarnos hasta los huesos? ¿Cómo ha colonizado tan profundamente el capitalismo nuestra cabeza, nuestra alma? ¿Cómo ha conseguido que trabajemos gratis para conseguir objetivos a los que nos oponemos? ¿Cómo ha sido posible que, tan inteligentes y avispadas (eso nos gusta creer) hayamos puesto nuestro tiempo y nuestro trabajo a disposición de quienes mueven los hilos, para acercarnos inconscientemente a fines totalmente opuestos a los que conscientemente perseguimos? Creo que hay mucho que pensar y corregir en este terreno. Pero esta vez quería ir a otro tema relacionado.

Sabemos que siempre, pero especialmente en este mundo híper-comunicado, es mucho más importante el relato creado que la propia realidad relatada. La extrema derecha, más espabilada de lo que nos gusta pensar, consciente de ello, se ha puesto a la tarea de construir relato. Como decía Thomas Szaz, si en el reino animal la regla es comer o ser comido, en el humano la cuestión es definir o ser definido, tomar la palabra primero, establecer los términos de la narración, o que lo hagan otros.

La cuestión es que hay en Madrid un gobierno de izquierda del que, a lo sumo, se puede decir que está poniendo en marcha políticas socialdemócratas muy tibias. En el abanico de posiciones entre derecha e izquierda estaría en un centro-izquierda moderado, sin grandes aspavientos. Pero la ultraderecha repite machaconamente que se trata de un gobierno socialcomunista. Si esta insistente matraca llega a tener éxito, si el público “compra” esa versión de las cosas (ya lo decimos directamente así, comprar) puede ocurrir que unas políticas tan tímidas lleguen a ser consideradas de forma mayoritaria nada menos que como extremistas.

Tanto se está moviendo a la derecha el foco que gran parte del ala izquierda del arco político está quedando fuera del campo visual. Si lo que hace este Gobierno es socialcomunista, ¿cómo proponer o pedir la nacionalización de la energía, por ejemplo, o la creación de un banco público? ¿Cómo prohibir la fabricación de plástico u obligar a reciclar el 100% de los residuos? ¿Cómo defender la necesidad de un sistema público de cuidados, que garantice el derecho de todas las personas a recibir cuidados y, al mismo tiempo, las condiciones laborales dignas de las personas cuidadoras, como venimos reivindicando desde el Movimiento Feminista? No, no son barbaridades, no son locuras, no responden a posiciones extremistas ni desubicadas, hay muchas y muy buenas razones para trabajar aquí y ahora por hacer realidad cada una de esas propuestas.

La misma distorsión hace que las políticas a favor del capital y de las grandes empresas que el Gobierno autonómico de PNV y PSE lleva a cabo en Euskadi (políticas, como mucho, democristianas y socialdemócratas y, en muchos casos, netamente neoliberales) se vendan como si fueran de una sensibilidad social extrema (la maquinaria publicitaria del Gobierno Vasco no es moco de pavo). El mensaje subliminal es que deberíamos estar contentas, porque aquí la extrema derecha no tiene mucho éxito (no prestamos atención al hecho de que ya han enseñado la patita, que la realidad no nos chafe el cuento); por lo que se ve, aquí nos dedicamos al bien común, auzolana. Total, que la política de derecha se vende como si fuera de centro; la de centro, como si fuera de izquierda y la de izquierda... desaparecida, no está en la agenda. Ni en Euskal Herria, ni en España, ni en Europa. Precisamente en un momento en el que urge revertir la lógica de acumulación del capital y de la obtención del máximo beneficio. En medio de una crisis civilizatoria en la que el capitalismo está a punto de acabar con la vida en el planeta.

Quizá deberíamos proclamar con orgullo que además de ecofeministas y antirracistas somos “socialcomunistas”, para empezar a borrar las connotaciones negativas de este último adjetivo. No lo sé. Pero parece que la batalla por el relato la están ganado quienes más manipulan y mienten. Están teniendo mucho éxito en colocar su mensaje publicitario y vender su producto. Esto sucede, en parte, debido al peso desmesurado de las redes sociales y sus dinámicas infernales. Es hora de que dejemos de mirarnos al ombligo.

Por Tere Maldonado

Forma parte de feministAlde! y es profesora de filosofía

7 feb 2021 08:00

Publicado enSociedad
Vasant Dhar, de la Universidad de NY, recomienda nacionalizar Facebook y Twitter como bienes comunes

La peor censura de la historia fue propinada el 6/1, mediante un golpe cibernético de los nuevos hijos de Torquemada, en imitación al 11/9 (https://bit.ly/3bJoeuP).

Provocó conmoción la censura selectivamente politizada por las redes sociales de la cibercracia (https://bit.ly/3sw8cud).

Desde su comodidad paradisiaca en la Polinesia francesa, Jack Dorsey (JD), vilipendiado mandamás de Twitter, después de haber censurado de por vida a un presidente todavía en funciones en EU, se percató del grave daño infligido al principal valor de la democracia libertaria que tendrá profundas consecuencias en el largo plazo sobre el Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/3bYDnsD): el GAFAM (Google/Apple/Facebook/Amazon/Microsoft) y Twitter –Microsoft tiene su sede en Redmond (estado de Washington).

La censura de las redes sociales es mucho más grave que la tosca toma del Capitolio que, según el ex diplomático y asesor de los republicanos del Senado James Jatras representó el pretexto idóneo, debido al grave error de cálculo de Trump para aplicar el “equivalente funcional al Reichstag Fire (incendio del parlamento alemán) de 1933, usado por los nazis para establecer su ley de emergencia (https://bit.ly/3qy3lqV)”.

En el mismo EU la censura de la cibercracia ha causado estupor en los círculos académicos, como es el caso de Vasant Dhar (VD) –profesor del Centro de Data Science de la Universidad de Nueva York– quien recomienda nacionalizar Facebook y Twitter como bienes públicos.

A juicio de VD, es preocupante el poder que las plataformas de las redes sociales ejercen en la sociedad y en particular su impacto en el futuro del discurso público y la democracia, ya que, si pueden censurar a la persona más poderosa del planeta y ponerlo de rodillas sin previo aviso, lo pueden hacer con cualquiera en cualquier momento.

Lo interesante es que el portal The Hill, pro-Demócrata y anti-Trump, dé cabida a una opinión crítica del GAFAM/Twitter.

VD comenta que Mark Zuckerberg y JD le acaban de demostrar a los legisladores quiénes son los que ejercen el poder final. Hasta cierto punto, ya que, como excelente analista cibernético de las finanzas, VD debería saber que son los cuatro giga-bancos de EU –Vanguard, State Street, Fidelity y BlackRock; este último ostenta un manejo de capitales de 7.8 trillones (en anglosajón) de dólares estadunidenses, equivalente a 7.8 veces el PIB de México– quienes controlan al GAFAM/Twitter. A su vez, los giga-bancos y las redes sociales son controlados en última instancia por el Pentágono mediante el Consejo de Innovación de Defensa (https://bit.ly/3bG8Lfc).

Lo mÁs increíble radica en que las plataformas de las redes sociales carecen de guías regulatorias y son protegidas en forma anómala con patente de corso por la sección 230 y nunca han sido elegidas por la ciudadanía cuando se arrogan el derecho desde su ciber-plutocracia de imponer su discrecionalidad supra-constitucional a ciudadanos discriminados y hasta a un presidente todavía en funciones.

¿Cuál sería, entonces, el objetivo de celebrar elecciones cuyos resultados serían estériles ante la cibercracia y los hijos de Torquemada del siglo XXI?

VD recomienda nacionalizar las plataformas de las redes sociales como bienes públicos que proveen un “servicio público ( utility)” para la comunicación y el discurso público.Juzga que las plataformas de las redes sociales se quitaron los guantes, envueltos en terciopelo para los legisladores y específicamente la nueva administración de Biden.

Aduce que no existe alternativa, pues implica la aplicación de la Primera Enmienda a las plataformas que son efectivamente bienes públicos, por lo que el público debe decidir sobre las reglas del discurso, que solamente pueden ser a través del gobierno, ya que negar a alguien el acceso a tales plataformas en forma arbitraria sería similar a impedirles su acceso al transporte público y ésa no es una decisión que los ejecutivos de una empresa privada puedan hacer. ¡Nada menos que el mismo discurso que los mandatarios de Alemania y México!

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

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'Netflixicación' de la (comunicación) política

The events depicted in this film took place in Minnesota in 1987. At the request of the survivors, the names have been changed. Out of respect for the dead, the rest has been told exactly as it occurred.


(Los hechos descritos en esta película tuvieron lugar en Minnesota en 1987. A petición de los supervivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los muertos, el resto se ha contado exactamente como ocurrió).
Fargo (Joel Coen y Ethan Coen, 1996).

 

¿Quién recuerda a Mozart? Nos referimos al de verdad, no al Amadeus frívolo y bobalicón de Miloš Forman. O ¿quién recuerda al nobel John Nash? El de verdad, no al (casi) siempre carismático Russell Crowe. O ¿quién recuerda lo qué pasó realmente en el «juicio de los 7 de Chicago»? El que tuvo lugar en 1968 y no en la épica imaginación de un siempre grandilocuente Aaron Sorkin. ¿Era negra la Reina Carlota (consorte de Jorge III)? ¿Quién conoce realmente a Phyllis Schlafly? ¿Ragnar Lothbrok? ¿Catalina la Grande? ¿O alguien recuerda que «Bella ciao» es una canción originaria de la región italiana de Emilia Romana y no de La casa de papel? O ¿quién conoce con aséptica precisión los negocios privados, y algunos públicos, de Juan Carlos I? Los de verdad, claro, no todos los sugeridos en el vídeo que ha publicado Podemos con imágenes montadas con el ex Jefe del Estado al ritmo de Narcos.

Son tantas las recomendaciones de series que hace el vicepresidente segundo del Gobierno de España como el número de críticas que recibe. No tanto por su criterio artístico o seriéfilo como por el tiempo dedicado a evaluar el extenso catálogo de sus proveedores habituales de streaming. A pesar de ello, la cuidada selección de títulos y recomendaciones muestra una secuencia que sigue una sencilla premisa (puede que no de manera consciente, o sí): hacer comprensible la realidad.

El tiempo es, con diferencia, el recurso más importante para la política. Un escaso recurso al que, si sumamos la complejidad de la política, se obtiene como resultado un aparente desinterés. Al margen de los factores que tradicionalmente explican la participación política, son varios los estudios que la relacionan con la capacidad de la ciudadanía de entender la política. Por ejemplo, los hallazgos de Shulman y Sweitzer muestran que, cuando el lenguaje político resulta sencillo, los ciudadanos experimentan una mayor accesibilidad. Esto, a su vez, permite aceptar la información y se favorece el interés político. Un interés que, lógicamente, influye positivamente en la participación.

Estos experimentos que relacionan la complejidad o sencillez del lenguaje con el interés y la participación política han demostrado, a su vez, la capacidad de manipulación cognitiva. Con un sencillo cambio gramatical y el uso de referentes concretos, el lenguaje político se hace más sencillo y, por ende, más comprensible. Una comprensión que despierta el interés y la participación política. Una efectiva aplicación del feelings-as-information theory.

NarcosLa VenenoEl colapsoBaron NoirPress… son algunos de los referentes que se han empleado para explicar asuntos complejos (y posicionarnos ante la realidad). No se trata de un ejercicio similar al decidido y conducido análisis que realizan amigos como Beers&Politics o Cámara Cívica. El propósito no es identificar teorías, conceptos o fenómenos políticos en series u otros productos de la cultura pop. El objetivo, en esta ocasión, sigue una estrategia más directa y efectista. Se emplean series del catálogo de Netflix, Filmin, HBO, o cualquier otro proveedor, para crear referencias. Unas sencillas coordenadas que ayuden a los ciudadanos, al menos a los followers, a orientarse en la hoja de ruta. Bien para fijar el punto de partida, o bien para fijar el destino.

El uso de estas referencias simplifica la realidad, la hace más comprensible, pero también persigue otro propósito. La capacidad de construcción cognitiva de estos productos permite crear potentes y duraderas imágenes en los espectadores. No solo perdura el bobalicón Amadeus o los imposibles saltos históricos del Ministerio del tiempo. También por los atributos, valores, principios… y, sobre todo, por los significados asociados a la recreación de una realidad que, progresivamente, pierde, en buena medida, su condición de ficción debido a la creciente familiaridad que despierta. Poco importa si esa familiaridad es causa o consecuencia, punto de partida o destino. Lo importante es que da paso a un nuevo marco de referencia.

El marco de referencia es un libro de códigos, de significados, que se emplea para construir la realidad. Y, como todo libro de códigos, nos dice cómo descifrar aquello que percibidos. Cómo debemos posicionarnos ante lo que nos rodea. Un producto en permanente construcción. Del mismo modo, por ejemplo, que Wayne y O’Hara, en la inspirada obra de Ford El hombre tranquilo, nos enseñaron lo convulso de las relaciones apasionadas. Hoy, esta obra maestra del cine clásico, podría convertirse fácilmente en un ejemplo de masculinidad tóxica y maltrato machista. Señoros por doquier, incluso en la oferta de Netflix, cuya presencia impulsa un revisionista esfuerzo cuya exigencia solo se ve amortiguada por los títulos más modernos, más inclusivos, con valores renovados, etc. Una realidad-ficción que, si bien no encaja del todo con la realidad-no ficción (la de verdad, si es que eso existe ya), encaja mejor con lo que conoce, incluso espera, gran parte de la audiencia. La culpable, nuevamente, no es otra que esa familiaridad, ya casi aspiracional.

Nueva realidad

La constante hiperactividad del Premier Johnson no le ha hecho perder la oportunidad (en realidad ha sido Oliver Dowden), puede que empujado por Buckingham, de pedir a Netflix una advertencia a la audiencia de su serie The Crown. «Fiction», una sencilla etiqueta que no trata de clasificar a los espectadores como unos torpes autómatas incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Es solo la escenificación de un nuevo capítulo, esta vez amplificado por el sensacionalismo que rodea a los Windsor, de una guerra cultural que extiende su campo de batalla a todos los ámbitos. La capacidad de construir imágenes, la realidad, de una serie como The Crown, no se circunscribe solo a la creación y categorización de personajes, también al juicio que emite sobre una época, una sociedad y, por qué no, de un gobierno. Y es que, estaba claro, el de Gorbachov no iba a ser el único condenado por su Chernóbil.

La netflixicación de la comunicación política no solo simplifica el lenguaje político con sencillas referencias culturales. También se apropia de los significados y códigos que series y productos culturales emplean para construir la nueva realidad. Aquellos que ya son familiares para una creciente audiencia. Un uso del lenguaje que favorece el interés y, al menos, el debate político.

Esto concede a los productores de la ficción streaming, en realidad a todo el woke capital, un destacado rol. Los convierte en los propietarios de un nuevo discurso, todavía no hegemónico, que, además, presenta un importante gap generacional. Algo de lo que Podemos es consciente y por el que, con toda probabilidad, doblará su apuesta. Puede que, en realidad, sean los únicos nativos de esta nueva realidad. Que sean los únicos propietarios de este nuevo marco de referencia, de esta nueva cotidianidad.

Por Rubén Sánchez Medero

Profesor de Ciencia Política, Universidad Carlos III

15/01/2021

Publicado enCultura
La privacidad de los datos ante la corporación Facebook

Con más de 1.000 millones de usuarios/ciudadanos en 180 países, WhatsApp (WSP) es la aplicación de mensajería preferida de todo el mundo. ¿Por qué? Bueno porque las funcionalidades de la aplicación aportan sencillez a las personas que organizan sus redes sociales, laborales, personales, etc. ¿Además es gratuito? Bueno en principio parece, pero ya las compañías de telecomunicaciones europeas están cobrando a WSP las comunicaciones IP (Internet Protocolo). Otra novedad es que el celular se utiliza poco como teléfono, ahora llamada o video llamadas por WSP / IP, si le sumamos el boca a boca de “pásame tú WSP” los propios usuarios/ciudadanos fuimos promoviendo su uso para alcanzar la cifra citada.

Pero nosotros no pagamos por su uso, eso sí entregamos nuestros datos de perfil y nuestros datos (textos, audios, imágenes y videos) del chat. Este es el punto para reflexionar como ciudadanos consumidores sobre el territorio digital nuestros derechos y privacidades ante las nuevas disposiciones de WSP que serán aplicadas a partir del próximo 8 de febrero.

Es una oportunidad para que busquemos independencia, cuidemos nuestros datos y comencemos lentamente a emanciparnos.

La adquisición de WhatsApp por parte de Facebook en 2014 suscitó preocupación entre los expertos en privacidad y aquellos usuarios/ciudadanos preocupados por la seguridad de sus datos; después de todo, Facebook y sus aplicaciones de terceros se han visto envueltos en múltiples situaciones de seguridad, en las que se filtró gran cantidad de información privada de los usuarios/cuidadnos como los casos del Brexit y elección de Trump y Cambiemos en Argentina. La compra de WSP terminó con su eslogan de ser una aplicación independiente, dedicada a crear y mantener un servicio de mensajería seguro.

Recientemente, Facebook anunció que a partir del 8 de febrero los usuarios de la aplicación deberán aceptar las nuevas condiciones para el uso de WSP. Es que el Big data se ha convertido en una producción de información que genera mucho dinero. Por lo cual Facebook va a combinar tres plataformas distintas de mensajería: Facebook Messenger, WhatsApp e Instagram, haciendo convergente los contenidos que circulan en cada una de modo de integrar los datos en una única plataforma para aplicar los métodos y modelos del Big data.

Los términos y condiciones establecen que a partir de ahora WSP compartirá información personal del usuario/ciudadano con Facebook y otros servicios que maneja el grupo de Mark Zuckerberg. Las actualizaciones y su aceptación, permite que el servicio de software recolecte contactos, datos comerciales cuando se usa Facebook e, inclusive, la IP, dirección geográfica del usuario/ciudadano, información sobre cómo el usuario /ciudadano interactúa con los demás, incluyendo empresas. “Aunque no uses nuestras opciones relacionadas con la ubicación, usamos la dirección IP y otra información, como los códigos de área de números de teléfono, para estimar cuál es tu ubicación general (por ejemplo, ciudad y país). Además, señala el texto de privacidad, que no solo recopilará información del usuario/ciudadano principal, sino también de sus contactos o terceras personas. Apunta que serán reunidos cuando los otros cibernautas tengan interacción con el usuario principal, como conversaciones en grupos, reportes o por los proveedores de servicios de otras empresas distintas a Facebook.

La privacidad de los datos nos pone a los ciudadanos/usuarios de las aplicaciones mencionadas, en pensar si aceptamos y continuamos siendo usuarios o rechazamos y nos mudamos a destinos de software como Signal o Telegram. Arthur Messaud, abogado de La Quadrature du net, asociación francesa que defiende a los usuarios de internet, dijo que «si la única forma de rechazar (la modificación) es dejar de usar WhatsApp, entonces el consentimiento es forzado ya que el uso de datos personales es ilegal».

Esta actualización no afectará a los usuarios/ciudadanos europeos, según un comunicado que Facebook difundió el pasado 8 de enero, en el que dice que no habría cambios en la «región europea», que cubre la UE, el Espacio Económico Europeo y Reino Unido. «Para evitar cualquier duda, sigue siendo cierto que WhatsApp no comparte los datos de sus usuarios de la región europea con Facebook con el propósito de que Facebook use estos datos para mejorar sus productos o anuncios», señala Facebook y agrega que no usa la información de WSP para ese tipo de propósitos en Europa, debido a que, en los últimos años, los organismos europeos de protección de datos han decretado estrictas regulaciones de privacidad en Europa.

13 enero 2021 | Sin categoría, Tecnología

Publicado enSociedad
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