Vasant Dhar, de la Universidad de NY, recomienda nacionalizar Facebook y Twitter como bienes comunes

La peor censura de la historia fue propinada el 6/1, mediante un golpe cibernético de los nuevos hijos de Torquemada, en imitación al 11/9 (https://bit.ly/3bJoeuP).

Provocó conmoción la censura selectivamente politizada por las redes sociales de la cibercracia (https://bit.ly/3sw8cud).

Desde su comodidad paradisiaca en la Polinesia francesa, Jack Dorsey (JD), vilipendiado mandamás de Twitter, después de haber censurado de por vida a un presidente todavía en funciones en EU, se percató del grave daño infligido al principal valor de la democracia libertaria que tendrá profundas consecuencias en el largo plazo sobre el Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/3bYDnsD): el GAFAM (Google/Apple/Facebook/Amazon/Microsoft) y Twitter –Microsoft tiene su sede en Redmond (estado de Washington).

La censura de las redes sociales es mucho más grave que la tosca toma del Capitolio que, según el ex diplomático y asesor de los republicanos del Senado James Jatras representó el pretexto idóneo, debido al grave error de cálculo de Trump para aplicar el “equivalente funcional al Reichstag Fire (incendio del parlamento alemán) de 1933, usado por los nazis para establecer su ley de emergencia (https://bit.ly/3qy3lqV)”.

En el mismo EU la censura de la cibercracia ha causado estupor en los círculos académicos, como es el caso de Vasant Dhar (VD) –profesor del Centro de Data Science de la Universidad de Nueva York– quien recomienda nacionalizar Facebook y Twitter como bienes públicos.

A juicio de VD, es preocupante el poder que las plataformas de las redes sociales ejercen en la sociedad y en particular su impacto en el futuro del discurso público y la democracia, ya que, si pueden censurar a la persona más poderosa del planeta y ponerlo de rodillas sin previo aviso, lo pueden hacer con cualquiera en cualquier momento.

Lo interesante es que el portal The Hill, pro-Demócrata y anti-Trump, dé cabida a una opinión crítica del GAFAM/Twitter.

VD comenta que Mark Zuckerberg y JD le acaban de demostrar a los legisladores quiénes son los que ejercen el poder final. Hasta cierto punto, ya que, como excelente analista cibernético de las finanzas, VD debería saber que son los cuatro giga-bancos de EU –Vanguard, State Street, Fidelity y BlackRock; este último ostenta un manejo de capitales de 7.8 trillones (en anglosajón) de dólares estadunidenses, equivalente a 7.8 veces el PIB de México– quienes controlan al GAFAM/Twitter. A su vez, los giga-bancos y las redes sociales son controlados en última instancia por el Pentágono mediante el Consejo de Innovación de Defensa (https://bit.ly/3bG8Lfc).

Lo mÁs increíble radica en que las plataformas de las redes sociales carecen de guías regulatorias y son protegidas en forma anómala con patente de corso por la sección 230 y nunca han sido elegidas por la ciudadanía cuando se arrogan el derecho desde su ciber-plutocracia de imponer su discrecionalidad supra-constitucional a ciudadanos discriminados y hasta a un presidente todavía en funciones.

¿Cuál sería, entonces, el objetivo de celebrar elecciones cuyos resultados serían estériles ante la cibercracia y los hijos de Torquemada del siglo XXI?

VD recomienda nacionalizar las plataformas de las redes sociales como bienes públicos que proveen un “servicio público ( utility)” para la comunicación y el discurso público.Juzga que las plataformas de las redes sociales se quitaron los guantes, envueltos en terciopelo para los legisladores y específicamente la nueva administración de Biden.

Aduce que no existe alternativa, pues implica la aplicación de la Primera Enmienda a las plataformas que son efectivamente bienes públicos, por lo que el público debe decidir sobre las reglas del discurso, que solamente pueden ser a través del gobierno, ya que negar a alguien el acceso a tales plataformas en forma arbitraria sería similar a impedirles su acceso al transporte público y ésa no es una decisión que los ejecutivos de una empresa privada puedan hacer. ¡Nada menos que el mismo discurso que los mandatarios de Alemania y México!

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'Netflixicación' de la (comunicación) política

The events depicted in this film took place in Minnesota in 1987. At the request of the survivors, the names have been changed. Out of respect for the dead, the rest has been told exactly as it occurred.


(Los hechos descritos en esta película tuvieron lugar en Minnesota en 1987. A petición de los supervivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los muertos, el resto se ha contado exactamente como ocurrió).
Fargo (Joel Coen y Ethan Coen, 1996).

 

¿Quién recuerda a Mozart? Nos referimos al de verdad, no al Amadeus frívolo y bobalicón de Miloš Forman. O ¿quién recuerda al nobel John Nash? El de verdad, no al (casi) siempre carismático Russell Crowe. O ¿quién recuerda lo qué pasó realmente en el «juicio de los 7 de Chicago»? El que tuvo lugar en 1968 y no en la épica imaginación de un siempre grandilocuente Aaron Sorkin. ¿Era negra la Reina Carlota (consorte de Jorge III)? ¿Quién conoce realmente a Phyllis Schlafly? ¿Ragnar Lothbrok? ¿Catalina la Grande? ¿O alguien recuerda que «Bella ciao» es una canción originaria de la región italiana de Emilia Romana y no de La casa de papel? O ¿quién conoce con aséptica precisión los negocios privados, y algunos públicos, de Juan Carlos I? Los de verdad, claro, no todos los sugeridos en el vídeo que ha publicado Podemos con imágenes montadas con el ex Jefe del Estado al ritmo de Narcos.

Son tantas las recomendaciones de series que hace el vicepresidente segundo del Gobierno de España como el número de críticas que recibe. No tanto por su criterio artístico o seriéfilo como por el tiempo dedicado a evaluar el extenso catálogo de sus proveedores habituales de streaming. A pesar de ello, la cuidada selección de títulos y recomendaciones muestra una secuencia que sigue una sencilla premisa (puede que no de manera consciente, o sí): hacer comprensible la realidad.

El tiempo es, con diferencia, el recurso más importante para la política. Un escaso recurso al que, si sumamos la complejidad de la política, se obtiene como resultado un aparente desinterés. Al margen de los factores que tradicionalmente explican la participación política, son varios los estudios que la relacionan con la capacidad de la ciudadanía de entender la política. Por ejemplo, los hallazgos de Shulman y Sweitzer muestran que, cuando el lenguaje político resulta sencillo, los ciudadanos experimentan una mayor accesibilidad. Esto, a su vez, permite aceptar la información y se favorece el interés político. Un interés que, lógicamente, influye positivamente en la participación.

Estos experimentos que relacionan la complejidad o sencillez del lenguaje con el interés y la participación política han demostrado, a su vez, la capacidad de manipulación cognitiva. Con un sencillo cambio gramatical y el uso de referentes concretos, el lenguaje político se hace más sencillo y, por ende, más comprensible. Una comprensión que despierta el interés y la participación política. Una efectiva aplicación del feelings-as-information theory.

NarcosLa VenenoEl colapsoBaron NoirPress… son algunos de los referentes que se han empleado para explicar asuntos complejos (y posicionarnos ante la realidad). No se trata de un ejercicio similar al decidido y conducido análisis que realizan amigos como Beers&Politics o Cámara Cívica. El propósito no es identificar teorías, conceptos o fenómenos políticos en series u otros productos de la cultura pop. El objetivo, en esta ocasión, sigue una estrategia más directa y efectista. Se emplean series del catálogo de Netflix, Filmin, HBO, o cualquier otro proveedor, para crear referencias. Unas sencillas coordenadas que ayuden a los ciudadanos, al menos a los followers, a orientarse en la hoja de ruta. Bien para fijar el punto de partida, o bien para fijar el destino.

El uso de estas referencias simplifica la realidad, la hace más comprensible, pero también persigue otro propósito. La capacidad de construcción cognitiva de estos productos permite crear potentes y duraderas imágenes en los espectadores. No solo perdura el bobalicón Amadeus o los imposibles saltos históricos del Ministerio del tiempo. También por los atributos, valores, principios… y, sobre todo, por los significados asociados a la recreación de una realidad que, progresivamente, pierde, en buena medida, su condición de ficción debido a la creciente familiaridad que despierta. Poco importa si esa familiaridad es causa o consecuencia, punto de partida o destino. Lo importante es que da paso a un nuevo marco de referencia.

El marco de referencia es un libro de códigos, de significados, que se emplea para construir la realidad. Y, como todo libro de códigos, nos dice cómo descifrar aquello que percibidos. Cómo debemos posicionarnos ante lo que nos rodea. Un producto en permanente construcción. Del mismo modo, por ejemplo, que Wayne y O’Hara, en la inspirada obra de Ford El hombre tranquilo, nos enseñaron lo convulso de las relaciones apasionadas. Hoy, esta obra maestra del cine clásico, podría convertirse fácilmente en un ejemplo de masculinidad tóxica y maltrato machista. Señoros por doquier, incluso en la oferta de Netflix, cuya presencia impulsa un revisionista esfuerzo cuya exigencia solo se ve amortiguada por los títulos más modernos, más inclusivos, con valores renovados, etc. Una realidad-ficción que, si bien no encaja del todo con la realidad-no ficción (la de verdad, si es que eso existe ya), encaja mejor con lo que conoce, incluso espera, gran parte de la audiencia. La culpable, nuevamente, no es otra que esa familiaridad, ya casi aspiracional.

Nueva realidad

La constante hiperactividad del Premier Johnson no le ha hecho perder la oportunidad (en realidad ha sido Oliver Dowden), puede que empujado por Buckingham, de pedir a Netflix una advertencia a la audiencia de su serie The Crown. «Fiction», una sencilla etiqueta que no trata de clasificar a los espectadores como unos torpes autómatas incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Es solo la escenificación de un nuevo capítulo, esta vez amplificado por el sensacionalismo que rodea a los Windsor, de una guerra cultural que extiende su campo de batalla a todos los ámbitos. La capacidad de construir imágenes, la realidad, de una serie como The Crown, no se circunscribe solo a la creación y categorización de personajes, también al juicio que emite sobre una época, una sociedad y, por qué no, de un gobierno. Y es que, estaba claro, el de Gorbachov no iba a ser el único condenado por su Chernóbil.

La netflixicación de la comunicación política no solo simplifica el lenguaje político con sencillas referencias culturales. También se apropia de los significados y códigos que series y productos culturales emplean para construir la nueva realidad. Aquellos que ya son familiares para una creciente audiencia. Un uso del lenguaje que favorece el interés y, al menos, el debate político.

Esto concede a los productores de la ficción streaming, en realidad a todo el woke capital, un destacado rol. Los convierte en los propietarios de un nuevo discurso, todavía no hegemónico, que, además, presenta un importante gap generacional. Algo de lo que Podemos es consciente y por el que, con toda probabilidad, doblará su apuesta. Puede que, en realidad, sean los únicos nativos de esta nueva realidad. Que sean los únicos propietarios de este nuevo marco de referencia, de esta nueva cotidianidad.

Por Rubén Sánchez Medero

Profesor de Ciencia Política, Universidad Carlos III

15/01/2021

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La privacidad de los datos ante la corporación Facebook

Con más de 1.000 millones de usuarios/ciudadanos en 180 países, WhatsApp (WSP) es la aplicación de mensajería preferida de todo el mundo. ¿Por qué? Bueno porque las funcionalidades de la aplicación aportan sencillez a las personas que organizan sus redes sociales, laborales, personales, etc. ¿Además es gratuito? Bueno en principio parece, pero ya las compañías de telecomunicaciones europeas están cobrando a WSP las comunicaciones IP (Internet Protocolo). Otra novedad es que el celular se utiliza poco como teléfono, ahora llamada o video llamadas por WSP / IP, si le sumamos el boca a boca de “pásame tú WSP” los propios usuarios/ciudadanos fuimos promoviendo su uso para alcanzar la cifra citada.

Pero nosotros no pagamos por su uso, eso sí entregamos nuestros datos de perfil y nuestros datos (textos, audios, imágenes y videos) del chat. Este es el punto para reflexionar como ciudadanos consumidores sobre el territorio digital nuestros derechos y privacidades ante las nuevas disposiciones de WSP que serán aplicadas a partir del próximo 8 de febrero.

Es una oportunidad para que busquemos independencia, cuidemos nuestros datos y comencemos lentamente a emanciparnos.

La adquisición de WhatsApp por parte de Facebook en 2014 suscitó preocupación entre los expertos en privacidad y aquellos usuarios/ciudadanos preocupados por la seguridad de sus datos; después de todo, Facebook y sus aplicaciones de terceros se han visto envueltos en múltiples situaciones de seguridad, en las que se filtró gran cantidad de información privada de los usuarios/cuidadnos como los casos del Brexit y elección de Trump y Cambiemos en Argentina. La compra de WSP terminó con su eslogan de ser una aplicación independiente, dedicada a crear y mantener un servicio de mensajería seguro.

Recientemente, Facebook anunció que a partir del 8 de febrero los usuarios de la aplicación deberán aceptar las nuevas condiciones para el uso de WSP. Es que el Big data se ha convertido en una producción de información que genera mucho dinero. Por lo cual Facebook va a combinar tres plataformas distintas de mensajería: Facebook Messenger, WhatsApp e Instagram, haciendo convergente los contenidos que circulan en cada una de modo de integrar los datos en una única plataforma para aplicar los métodos y modelos del Big data.

Los términos y condiciones establecen que a partir de ahora WSP compartirá información personal del usuario/ciudadano con Facebook y otros servicios que maneja el grupo de Mark Zuckerberg. Las actualizaciones y su aceptación, permite que el servicio de software recolecte contactos, datos comerciales cuando se usa Facebook e, inclusive, la IP, dirección geográfica del usuario/ciudadano, información sobre cómo el usuario /ciudadano interactúa con los demás, incluyendo empresas. “Aunque no uses nuestras opciones relacionadas con la ubicación, usamos la dirección IP y otra información, como los códigos de área de números de teléfono, para estimar cuál es tu ubicación general (por ejemplo, ciudad y país). Además, señala el texto de privacidad, que no solo recopilará información del usuario/ciudadano principal, sino también de sus contactos o terceras personas. Apunta que serán reunidos cuando los otros cibernautas tengan interacción con el usuario principal, como conversaciones en grupos, reportes o por los proveedores de servicios de otras empresas distintas a Facebook.

La privacidad de los datos nos pone a los ciudadanos/usuarios de las aplicaciones mencionadas, en pensar si aceptamos y continuamos siendo usuarios o rechazamos y nos mudamos a destinos de software como Signal o Telegram. Arthur Messaud, abogado de La Quadrature du net, asociación francesa que defiende a los usuarios de internet, dijo que «si la única forma de rechazar (la modificación) es dejar de usar WhatsApp, entonces el consentimiento es forzado ya que el uso de datos personales es ilegal».

Esta actualización no afectará a los usuarios/ciudadanos europeos, según un comunicado que Facebook difundió el pasado 8 de enero, en el que dice que no habría cambios en la «región europea», que cubre la UE, el Espacio Económico Europeo y Reino Unido. «Para evitar cualquier duda, sigue siendo cierto que WhatsApp no comparte los datos de sus usuarios de la región europea con Facebook con el propósito de que Facebook use estos datos para mejorar sus productos o anuncios», señala Facebook y agrega que no usa la información de WSP para ese tipo de propósitos en Europa, debido a que, en los últimos años, los organismos europeos de protección de datos han decretado estrictas regulaciones de privacidad en Europa.

13 enero 2021 | Sin categoría, Tecnología

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La compañía explica que las actualizaciones de su política incluyen más información sobre el servicio de WhatsApp y sobre cómo procesa los datos. Foto: Archivo.

Millones de usuarios de WhatsApp han comenzado a recibir esta semana un aviso de la popular plataforma de mensajería pidiéndoles que acepten sus nuevos términos y condiciones antes del 8 de febrero si quieren seguir utilizando la aplicación.

“Al seleccionar ACEPTAR, aceptas las Condiciones y la Privacy Policy actualizadas, que entrarán en vigor el 8 de febrero de 2021. Después de esta fecha, deberás aceptar las actualizaciones para seguir usando WhatsApp”, se lee en el mensaje que envió la plataforma a sus usuarios, tanto en Android como iOS.

La compañía explica que las actualizaciones de su política incluyen más información sobre el servicio de WhatsApp y sobre cómo procesa los datos; cómo las empresas pueden usar los servicios alojados en Facebook para almacenar y administrar sus chats de WhatsApp y cómo la plataforma se asocia con su empresa matriz “para ofrecer integraciones en los productos de las empresas de Facebook”.

La política actualizada deja claro que los datos recopilados por WhatsApp se compartirán ahora con Facebook, lo quiera o no el usuario. Estos datos incluyen los números de teléfono, “datos de transacciones, información relacionada con el servicio, información sobre cómo interactúa con otros (incluidas las empresas)” cuando utiliza sus servicios, así como información del dispositivo móvil y la dirección IP, entre otros.

“Como parte de las empresas de Facebook, WhatsApp recibe información de las otras empresas de Facebook, y también comparte información con ellas”, explica la política de privacidad. “Ambas partes podemos usar la información que recibimos para operar, proporcionar, mejorar, entender, personalizar, respaldar y promocionar nuestros Servicios y sus ofertas, incluidos los productos de las empresas de Facebook”, añade.

Compartir datos con Facebook será obligatorio para todos los usuarios, excepto para los de la UE, donde se aplica desde 2018 el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR por sus siglas en inglés).

En declaraciones a MailOnline, un portavoz de WhatsApp confirmó que “no hay cambios en las prácticas de intercambio de datos de WhatsApp en la región europea (incluido el Reino Unido) que surjan de los Términos de servicio y la Política de privacidad actualizados”.

“Para evitar cualquier duda, sigue siendo cierto que WhatsApp no ​​comparte datos de usuario de WhatsApp de la región europea con Facebook con el fin de que Facebook utilice estos datos para mejorar sus productos o anuncios”, detalló.

8 enero 2021

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La manipulación mediática sobre la pandemia: uno de los capítulos más vergonzosos de la historia del periodismo

Publican datos falsos. Manipulan información. Distorsionan estrategias en aras de sus filias y fobias políticas. Comparan países incomparables. Especulan. Mienten. Hacen campaña contra los gobiernos o los políticos con los que no concuerdan. Publican balances amañados. Las lecturas políticas, basadas en intereses partidarios, desplazan a las científicas. Estimulan la indignacionitis a partir de un doble estándar. Militan contra las cuarentenas, los controles y las restricciones. Y, ahora, contra las vacunas.

El año en el que vivimos en peligro por una emergencia de salud ameritaba que los medios de comunicación asumiéramos la responsabilidad del servicio social que debemos brindar a una sociedad. Prudencia, serenidad, profesionalismo y seriedad tenían que haber sido las premisas de diarios, portales, cadenas de radio y televisión durante estos meses en los que el Covid ha representado la pérdida de millones de vidas en todo el mundo.

Pero la prensa tradicional, mayoritaria y más influyente de Argentina, no cumplió.

El compromiso inicial de: "al virus lo frenamos entre todos" se evaporó. La polarización volvió rápidamente a Argentina luego de unos primeros meses en los que, de manera inédita, el presidente Alberto Fernández logró instalar mensajes (e imágenes) de unidad nacional con el apoyo de la oposición.


Lo más importante para un grupo de medios y periodistas es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo, de rebeldía, de alarmismo, de obsesión con su villana favorita, con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.


Bastó que las encuestas demostraran que los altos niveles de popularidad que el presidente tuvo en un breve lapso después de la llegada del coronavirus comenzaban a descender para que gran parte de la prensa retomara su papel opositor con una línea editorial que no se basa en la investigación, la información, los datos, ni la ciencia, sino en antiperonismo puro y duro.

Lo más importante para un grupo de medios y periodistas –por suerte, nunca son todos, hay múltiples excepciones– es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo (¿la cuarentena sirve o es un fracaso? ¿no es mejor abrir todo para que la economía se recupere?), de rebeldía (instigando las movilizaciones anticuarentena/antigobierno), de alarmismo (todo es un desastre, es el peor país del mundo, hay que huir de aquí), de obsesión con su villana favorita (la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es la culpable de todos los males), con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.

 

Campañas


La irresponsabilidad está a pleno ahora con su campaña para hacer dudar a la población sobre la efectividad de las vacunas, en especial la Sputnik V, a la que han rodeado de un aura demoníaca.

Si no fuera tan grave, sería gracioso que hablen de la vacuna "soviética", de la URSS, del comunismo, de todo aquello que dejó de existir hace tres décadas en ese país. Por increíble que parezca, muchos periodistas se quedaron anclados en la Guerra Fría y abonan a la esquemática narrativa occidental en la que los rusos siempre son los malos.

Sostienen ese relato por más que la realidad los desmienta, ya sea con el reciente diálogo entre Angela Merkel y Vladímir Putin para analizar la posibilidad de que Alemania y Rusia produzcan juntos la vacuna, o el acuerdo entre los fabricantes de Oxford y Sputnik V para hacer ensayos con la combinación de ambas vacunas. Con pleno desconocimiento de los valiosos aportes que la ciencia rusa ofreció al mundo a lo largo de su historia.

Desde que el gobierno de Alberto Fernández anunció la compra de la Sputnik V arreció la desconfianza y la descalificación a priori, basadas, por supuesto, en datos falsos: que si no había informes de los estudios, de las pruebas, de los resultados en los voluntarios, que ningún otro país quiere esta vacuna, que es solo un negocio entre "los comunistas" presidentes de Rusia y Argentina que están manipulados por Fernández de Kirchner, que la vacuna no iba a llegar en diciembre y, cuando llegó, que no servía porque era apenas un "ensayo" o que, de plano, era peligrosa.

La semana pasada, con el arribo de las primeras dosis de la vacuna, la campaña se intensificó. Los titulares se regodearon con supuestos efectos negativos que, oh sorpresa, estaban desacreditados en las propias notas. Que el encabezado no coincida con el desarrollo de la información ya es un clásico, pero ¿también en temas de salud pública? De terror.

Gracias a esa estrategia, la pregunta de moda es: "¿te pondrías la vacuna rusa?" La frase cargada de estigmatización y prejuicio y repetida a diario en muchos de los medios masivos más importantes se disemina en las calles, en los hogares, en los lugares de trabajo. El recelo se expande a costa de poner en riesgo a la población.

Maniobras


Los temas de cobertura de la prensa opositora ya pasaron por comparar el "éxito" de Finlandia, Suiza o Uruguay en el manejo de la pandemia, con el "fracaso" de Argentina; rechazar la llegada de médicos cubanos porque son "espías"; denunciar la falsa liberación en masa de asesinos y violadores con el pretexto del coronavirus; alertar sobre la amenaza estatizadora-comunista del oficialismo y magnificar cualquier crítica negativa (jamás las positivas) de la prensa extranjera al gobierno o al país.

También insisten en que hay un gobierno nazi o dictatorial; se quejan de "la cuarentena más larga del mundo" que no es tal; y advierten que "vamos a ser Venezuela", la amenaza estigmatizante y sin sustento que la derecha ha impuesto a escala internacional.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como criticar, preguntar, contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de hablar sin saber.


En medio de todo ello, las y los periodistas científicos han debido nadar contra la corriente, muchas veces casi en soledad, con impotencia ante las desinformaciones diarias que se instalan a través de las redes y que son retomadas por la prensa que se autoconsidera "seria".

No se trata, por supuesto, de defender a ningún gobierno, no es esa nuestra tarea, ni la de justificar el caos en el velorio masivo del futbolista Diego Armando Maradona, las contradicciones del presidente y funcionarios que no usan barbijos ni respetan el distanciamiento social, la falta de respuesta ante los múltiples casos de violencia institucional registrados durante la pandemia o la sobreactuación épica por la llegada de las vacunas, por mencionar sólo algunos cuestionables episodios.

Pero nuestra labor tampoco es la de atacar sin fundamento y mucho menos la de promover la ira social, la polarización y la negatividad permanente, absoluta, que establece que todo lo que hacen las autoridades está mal.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de opinar sin saber. Como dicen los colegas del portal Faro Digital: Preguntar es tarea del periodismo; sembrar dudas, no.

O sea, lo que siempre debemos hacer. Quizás hoy sea demasiado pedirles a los medios y a los periodistas que, tristemente, priorizan sus intereses económicos y partidarios por encima de la información de calidad que merecen las sociedades.

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 Festejo por la decisión de la justicia británica de rechazar el pedido de extradición de Julian Assange a Estados Unidos.Foto Afp

Advierten que la amenaza contra Assange y la libertad de expresión sigue latente // Lo castigan por su valor de publicar crímenes de guerra


Nueva York., Noam Chomsky, Daniel Ellsberg, abogados constitucionalistas y otros defensores estadunidenses de la libertad de expresión celebraron el fallo de la jueza Vanessa Baraitser en Londres contra la solicitud de extradición de Julian Assange interpuesta por el gobierno de Donald Trump, pero advirtieron que por ahora el triunfo es parcial y no implica el fin a la amenaza contra el fundador de Wikileaks ni contra la libertad de prensa en Estados Unidos.

En una teleconferencia sobre el veredicto, Chomsky –quien entregó testimonio al tribunal en apoyo de la defensa– expresó que se puede celebrar el hecho de que Assange no será enviado al sistema de prisión barbárico de Estados Unidos y especuló que el equipo de transición del presidente electo Joe Biden también está festejando. Explicó que en el fallo, la juez aceptó la validez de todos los cargos presentados por los fiscales estadunidenses, reivindicando completamente la postura estadunidense, pero que con el fallo basado sólo en la preocupación por su salud, bajo un gobierno de Biden Estados Unidos ahora se ahorra un juicio vergonzoso contra la libertad de prensa.

Denunció que por esos cargos, Assange ha sufrido 10 años de tortura sin ninguna justificación por todo eso.

Chomsky insistió en que todo caso que es impulsado con el pretexto de la seguridad nacional, casi siempre se trata del gobierno buscando evitar que el pueblo se entere de lo que está haciendo. Recordó que Barack Obama estableció nuevos récords en el uso del Acta de Espionaje contra filtradores, “y Biden estaba ahí con él, y no hay hada que indique que no continuará con eso mismo… aunque eso depende de la presión popular”.

Daniel Ellsberg, famoso por su filtración de los llamados Papeles del Pentágono hace justo medio siglo, y desde entonces feroz activista del derecho del pueblo a enterarse de lo que el gobierno hace en su nombre, se sumó al festejo del fallo declarando que tal vez se ha salvado la vida de Assange, pero advirtió que los periodistas aún no se dan cuenta de que la persecución contra éste es un ataque en contra de ellos también.

Enfatizó que este caso representa el primer uso del Acta de Espionaje contra periodistas, y no sólo contra filtradores oficiales, como fue con él. También recordó que el caso en su contra en 1971 fue desechado por las tácticas que empleó el gobierno para amenazarlo, desde chantaje hasta amenaza de asesinarlo, pero que hoy día, después de los cambios legislativos posteriores al 11 de septiembre de 2001, no se sabe si esas mismas tácticas ahora son legales.

Ellsberg dice que aún está pendiente saber si el gobierno de Biden abandonará este caso de extradición, recordando que el presidente electo, cuando era vicepresidente con Obama, calificó a Assange de terrorista de alta tecnología.

Para la abogada constitucionalista Marjorie Cohn, ex presidenta del Gremio Nacional de Abogados, esta es una victoria monumental y a la vez una condena al sistema carcelario estadunidense, ya que la jueza rechazó la solicitud exclusivamente sobre el argumento de que Assange no podría tolerar el trato en las prisiones estadunidenses. Señaló que esa jueza ha otorgado 96 por ciento de las solicitudes de extradición que le han presentado.

Pero coincidió en que el fallo no fue un rechazo al uso de leyes como el Acta de Espionaje contra los comunicadores, lo que calificó de una pistola cargada que apunta a los periodistas que se atreven a reportar sobre asuntos de política exterior y seguridad nacional.

Indicó que aunque hay múltiples temas relacionados con el caso de Assange, eso no debe distraer de lo más importante: la razón por la cual Assange fue acusado es por su temeridad al revelar crímenes de guerra. Recordó que fueron los documentos clasificados sobre las guerras en Irak y Afganistán, sobre tortura en centros de detención y el famoso video del ataque de un helicóptero militar estadunidense contra civiles –filtrado por Chelsea Manning– mostrando crímenes de guerra lo que motivó la persecución estadunidense de Assange, Manning y Wikileaks.

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Libre: el fallo a favor de Julian Assange

Primero vino el silencio. Julian Assange, preso en una cárcel de alta seguridad en Gran Bretaña, aparecía en audiencias judiciales encerrado en una jaula de vidrio a prueba de balas y a nadie parecía llamarle demasiado la atención. Había revelado los secretos más oscuros de Estados Unidos y sus aliados asociado a los medios de comunicación más poderosos y prestigiosos de mundo y ahora esos medios callaban mientras Estados Unidos y Gran Bretaña disponían de la vida, la libertad, la salud y la reputación del publicador serial de verdades incómodas, devenido en terrorista de última generación. Solo, aislado y a merced de sus enemigos, Assange enfrentaba una extradición a Estados Unidos que parecía ser un mero trámite, más o menos prolongado.

Pero pasaron cosas, empezando por la derrota electoral de Donald Trump. El principal perseguidor del fundador de WikiLeaks e ideólogo de la acusación por la que Assange recibiría hasta 175 años de cárcel será reemplazado el 20 de enero en la Casa Blanca por Joe Biden, el dos veces vicepresidente de Barack Obama. Y resulta que durante la presidencia de Obama el Fiscal General Eric Holder se negó a llevar adelante una acusación en contra de Assange porque, según su razonamiento, no podría acusarlo sin llevar a juicio también a sus socios editoriales en Estados Unidos empezando por el New York Times, y sin violar la primera enmienda constitucional estadounidense, que garantiza la libertad de expresión en ese país. Cabe aclarar que en Estados Unidos la Justicia no es un poder independiente del Ejecutivo, sino que el Fiscal General asume funciones de ministro de Justicia y forma parte del gabinete presidencial. Defensor a ultranza de la gestión de Obama, para Biden el eventual juzgamiento de Assange en Estados Unidos se convertía en un problema.


La decisión de la jueza Vanessa Baraitser de negar la extradición por motivos de salud mental se da en ese contexto. La magistrada británica fundamenta su negativa en el riesgo de suicidio que presenta Assange debido a una depresión agravada tras 10 años de encierro, siete en la embajada ecuatoriana en Londres y tres en cárceles británicas. Pero rechaza los demás argumentos de la defensa, sobre todo el de que se trata de una causa política y por lo tanto no extraditable. Assange está siendo juzgado por una supuesta “conspiración” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar en WikiLeaks y junto a sus socios--decenas de medios de todo el mundo, incluyendo Página/ 12-- millones de documentos diplomáticos, de las guerras de Irak y Afganistán y de la cárcel de Guantánamo, extraídos de una red de seguridad estadounidense.


El fallo de Baraitser sorprende. Casi no existen antecedentes cercanos de la justicia británica negando una extradición a Estados Unidos no sólo por la cercanía política entre ambos países, sobre todo de sus cúpulas militares y de inteligencia, sino porque el tratado de extradición entre ambos países es de lo más flexible que se ha aprobado en cualquier lugar de mundo. Pero la decisión de la jueza no deja de tener su lógica.


Deja abierta la puerta para que el proceso continúe por medio de apelaciones pero también le da al gobierno de Biden una salida elegante para que pueda evitar un juicio incómodo en su país sin bajarse de su caracterización de Assange como un “terrorista de alta tecnología” y sin enfrentarse con la comunidad de inteligencia que desde hace años pide la cabeza del editor australiano. Lo que para Trump era una exigencia ineludible, para Biden se convertía en un problema que la jueza evitó.


Desde una mirada política es un fallo de compromiso pero en otro nivel no deja de ser un claro triunfo para la democracia y la libertad de expresión. Desde el punto de vista humanitario lo más importante es que la decisión judicial permite que Assange recupere su libertad después de una década de un encierro agravado por todo tipo de intrusiones, extorsiones, privaciones, malos tratos y torturas psicológicas. De mínima, estando en libertad el editor de WikiLeaks podrá hacer uso de sus recuperadas facultades mentales para colaborar con su propia defensa legal y relanzar su portal de filtraciones con nuevas revelaciones. Más aún, este fallo le permite reunirse con su familia y sus afectos y recuperar su felicidad y sus ganas de vivir. Y así podrá seguir inspirando a potenciales denunciantes o “whistleblowers” a seguir presentando evidencias de procederes opacos, inmorales y criminales de las grandes corporaciones privadas y estatales que gobiernan el mundo. Por eso no es un fallo más ni se limita a la salud del acusado. En un caso que pone en juego la libertad, no solo de expresión, de la sociedad global, nada menos, ninguna decisión es inocente.

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La justicia británica no entregará a Julian Assange a EE UU por “riesgo de suicidio”

El fundador de Wikileaks, buscado por las autoridades de EE UU por desvelar las atrocidades de las guerra de Iraq y Afganistán, presenta problemas mentales, según la jueza, y su vida correría peligro si es extraditado y mantenido en total aislamiento.


Julian Assange no será extraditado a Estados Unidos. Al menos por ahora. En la mañana de este 4 de enero la justicia británica ha hecho pública su decisión de no entregar al fundador de Wikileaks a las autoridades estadounidenses. La juez Vanessa Baraitser, encargada del caso, considera demostrado que Assange presenta problemas mentales y existe un alto riesgo de suicidio si es procesado en Estados Unidos y encarcelado en “condiciones de casi total aislamiento”.

Hace un año, en abril de 2019, la foto de la detención de Assange en la embajada ecuatoriana, donde había pasado los últimos siete años de su vida, dio la vuelta al mundo. Desde entonces, el australiano se encontraba detenido en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, cerca de Londres, a la espera de una decisión sobre la extradición a Estados Unidos.

No fueron las motivaciones políticas ni la vulneración de la libertad de prensa lo que convenció a la juez británica, sino los supuestos problemas mentales de Assange y el riesgo para su vida ante una posible extradición


Después de que la acusación por violación en Suecia fuera archivada, el Gobierno de EE UU mantenía una orden de búsqueda y captura por 17 cargos de espionaje y un cargo adicional de pirateo informático. No fueron las motivaciones políticas ni la vulneración de las libertades lo que convenció a la juez británica, sino los supuestos problemas mentales de Assange y el riesgo para su vida ante una posible extradición.

A medida que se acercaba la fecha, aumentaban las presiones desde todos los campos. El relator especial de la ONU sobre la Tortura, Nils Melzer, vinculaba el caso con la ofensiva de los Estados contra el periodismo de investigación: “Si Julian Assange es condenado, será una sentencia de muerte para la libertad de prensa”.

Todo empezó el 5 de abril de 2010, cuando el mundo pudo ver, gracias al portal de investigación fundado por Assange, las imágenes de soldados estadounidenses masacrando a civiles en Bagdad desde un helicóptero. Y unos meses después, Wikileaks destapó 90.000 documentos sobre la guerra de Afganistán en los que se evidenciaban graves violaciones de los derechos humanos. Y el 22 de octubre de 2010, una nueva filtración, esta vez de 400.000 documentos, mostraban las atrocidades de la guerra de Iraq.

El conocido caso del Cablegate, donde Wikileaks hizo públicos 250.000 documentos del Departamento del Estado, o la difusión de los horrores de las cárceles de Guantánamo y Abu Ghraib colocaron a Julian Assange como uno de los principales enemigos de la Casa Blanca. “Se está creando un sistema criminal ante nuestros propios ojos”, decía Nils Melzer. En esta ocasión ha conseguido evitar la extradición, pero todavía está lejos de ser libre y reparado por diez años de persecución y aislamiento.

 


 

«Están juzgando a Assange por ejercer el periodismo y revelar información auténtica de interés público»


Carlos Enrique Bayo


La periodista de investigación Serena Tinari ha hecho desde Berna decenas de documentales exclusivos para la Swiss Broadcasting Corporation, la televisión pública de Suiza. Ahora, ha lanzado la iniciativa #PeriodistasAlzanLaVozPorAssange, que ha reunido ya más de 1.600 firmantes de 99 países, y está empeñando toda su capacidad profesional en destapar la campaña de propaganda y calumnias contra Wikileaks lanzada por EEUU y Reino Unido para destruir a su creador.

Serena Tinari lleva trabajando en prensa escrita, online, radio y televisión desde 1994, especializada en periodismo de investigación sobre sanidad, derechos humanos y seguridad digital. De origen italiano pero establecida en la capital suiza, Berna, en 2015 fue cofundadora de Re-Check, una ONG suiza dedicada a destapar affaires sobre salud pública que produce publicaciones en múltiples idiomas, da apoyo a redacciones en todo el mundo y ofrece talleres de trabajo sobre cómo investigar en profundidad temas de medicina, sanidad y conflictos de interés.

Instructora de ética y estándares periodísticos, Tinari es portavoz y moderadora de la Global Investigative Journalism Network (Red Global de Periodismo de Investigación), miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y referente de documentales en la Swiss Broadcasting Corporation, la televisión pública de Suiza. Cuenta con varios galardones internacionales, incluido el Premio Daniel Pearl, concedido por el ICIJ por su investigación sobre el fármaco Tamiflu.

Tinari ha puesto en marcha la mayor movilización mundial de periodistas en defensa de Julian Assange, que ya reúne a 1.637 profesionales de un centenar de países decididos a alzar su voz para impedir la agresión contra la libertad de información que supone el proceso de extradición del creador de Wikileaks, por haber revelado crímenes de guerra cometidos por los mismos que ahora quieren condenarle a morir en la cárcel.

¿Cómo surgió la iniciativa #JournalistsSpeakUpForAssange (#PeriodistasAlzanLaVozPorAssange)?

Nació en octubre de 2019. Yo envié un mail al Global Investigative Journalism Network (GIJN o Red Global de Periodismo de Investigación) preguntando a mis colegas si podían dormir por las noches sabiendo lo que estaba ocurriendo con Assange. Yo ya no podía conciliar el sueño. Me sentía avergonzada por no haber seguido el caso de cerca. Y estaba muy preocupada –y sigo estándolo– por su destino y por las consecuencias que tiene este caso para la libertad de prensa, los alertadores de corrupción y abusos (whistleblowers), y para el periodismo de investigación.

El neozelandés Nicky Hager y el esloveno Blaž Zgaga se pusieron en contacto conmigo y decidimos lanzar la iniciativa. Otros periodistas de investigación de diferentes países nos ayudaron con el texto (en ocho idiomas), y especialistas en tecnología de la información se prestaron voluntarios para ayudarnos con la página web y un sistema seguro de recoger firmas. La declaración fue difundida el 6 de diciembre de 2019 con un primer grupo de 200 nombres. Ya somos más de 1.600, de 99 países. Muchos son periodistas de investigación, pero la hemos abierto a todos los que ejercen alguna tarea relacionada con el periodismo, así como a los whistleblowers y a los que trabajan en derechos digitales y transparencia.

Estamos todavía reuniendo firmas. Durante el pasado año hemos seguido enviando a nuestros firmantes actualizaciones periódicas de las vistas sobre la extradición en Londres, que el periodista de investigación Tareq Haddad ha estado cubriendo para nosotros. Tareq se sumó a nosotros tres en los últimos meses y es un gran refuerzo para nuestro pequeño pero pertinaz equipo. Todo lo que hacemos se sustenta en trabajo voluntario. Yo sufrago los costes relacionados con la página web.

Lo principal es que estamos escarbando más a fondo para tratar de desentrañar qué ocurrió exactamente en estos últimos diez años. ¿Qué agencias y estados hicieron posible que quedase atrapado en un limbo legal? ¿Cómo es posible que sus derechos humanos fueran violados flagrantemente? ¿Quién hizo qué y cuándo? Estamos en la fase de recaudar fondos y todas las propuestas son bienvenidas en speak-up-for-assange.org.

 

¿Qué sabe de la actual situación y condición física de Assange?

Assange está detenido en una prisión de alta seguridad de Londres. Pasa en aislamiento más de 20 horas al día. Esa prisión de Belmarsh es conocida como «la Guantánamo británica». Hace muchas semanas que su familia le envió ropa de abrigo, pero no se la han entregado, sino que ha quedado almacenada en el edificio. Tiene una salud quebrantada a causa de la falta de atención médica tanto en la embajada como en prisión. Y porque ha padecido torturas desde hace diez años, como demostró la investigación del relator de la ONU sobre la Tortura, Nils Melzer.

«Casi 300 médicos de todo el mundo han proclamado temer que Assange pueda morir en prisión»

Durante las sesiones del juicio escuchamos diversos testimonios de médicos sobre su preocupante estado de salud, advertencias que también han sido planteadas por la iniciativa Doctors For Assange, casi 300 médicos del mundo entero que han proclamado tener «serios temores, en base a la información disponible, de que el señor Assange pueda morir en prisión». En Belmarsh, su acceso a familiares y abogados es muy limitado, incluso desde antes de las limitaciones por la covid. En una ocasión le facilitaron un laptop, pero tenía las teclas adheridas, así que no se podía trabajar con él. Y desde que empezaron los confinamientos su acceso al mundo exterior ha sido todavía más limitado.

¿Qué consecuencias tendría la extradición de Assange a EEUU, tanto para él como para la libertad de información?

EEUU ha anunciado sin ambages que lo encarcelará en un centro de máxima seguridad y quedará sometido a un estatus especial, con limitadísimos contactos con el mundo exterior. Los abogados y familiares tampoco podrán hablar públicamente sobre el caso. Son 175 años de cárcel, así que morirá en prisión. Sus médicos estiman que si es extraditado es muy probable que cometa suicidio.

«Su extradición supondría el fin de gran parte de la libertad de prensa, tal como hoy la conocemos»

Si Assange es extraditado, se abrirá la puerta a hacer lo mismo a cualquier periodista o editor en cualquier lugar del mundo. Él es ciudadano australiano, así que mañana podemos encontrarnos con que sea normal que China consiga la extradición de ciudadanos españoles, por ejemplo. Ha sido procesado por revelar información verdadera de interés púbico; por tanto, se le juzga por ejercer el periodismo. Eso supondría el fin de gran parte de la libertad de prensa, tal como hoy la conocemos, y tendría un efecto devastador sobre el periodismo de investigación en todo el mundo.

¿Por qué están tan empeñados EEUU y el Reino Unido en perseguir a Assange, por encima de los principios legales y los derechos humanos?

Buena pregunta. Assange sacó a la luz crímenes de guerra y violaciones de los derechos humanos cometidos por EEUU. Las revelaciones de Chelsea Manning y de otros whistleblowers [alertadores] a Wikileaks nos mostraron los verdaderos colores de este mundo. No cabe duda de que este tipo de trabajo no gusta al Departamento de Estado [de EEUU]. Y el papel que está jugando el Reino Unido es muy cuestionable. Este 4 de enero, fecha en la que se emitirá la sentencia sobre su extradición, sabremos hasta dónde quieren llegar.

En la vista oral pudimos ver lo débil que es el caso contra Assange. El Reino Unido debería denegar la extradición por muchísimas razones… desde el espionaje que se ha hecho de sus comunicaciones confidenciales con abogados y médicos, al hecho de que en EEUU le espera una cadena perpetua, además de que no robó ninguna información y publicó lo mismo y a la vez que grandes medios de comunicación (¿van a imputarlos también?). Y muchos otros dobleces de este procesamiento chapucero, porque la causa planteada por la Fiscalía de EEUU es defectuosa a muchos niveles. ¿Avalará todo esto el Reino Unido?

¿Cómo pueden ayudar a Assange sus seguidores y los que están preocupados por la libertad de información?

«Necesitamos ser millones. Tenemos que poner a nuestros políticos bajo presión»

Alzando la voz. Necesitamos que esto sea algo que preocupe a todo el mundo y de lo que todos hablen. Los medios de comunicación están a menudo en silencio sobre este caso, lo que constituye un grave problema. También, mucha gente se ha creído la propaganda y la campaña de calumnias de la que ha sido objeto. En cuanto la gente conozca los hechos, todos se indignarán y se pondrán de su lado inmediatamente. Necesitamos ser millones. Tenemos que poner a nuestros políticos bajo presión.

¿Qué planes futuros tienen en la campaña para reivindicar a Assange y su legado?

Hay varios grupos de activistas que luchan como leones por él. Apuesto que todos ellos seguirán luchando, pase lo que pase el 4 de enero y en fechas posteriores. Pondremos en marcha recursos, apelaciones…

Como plataforma #JournalistsSpeakUpForAssange, tampoco nos rendiremos. Y haremos todo lo que podamos, sobre todo aquello en lo que somos mejores: periodismo de investigación tal como ya estamos haciendo ahora mismo sobre el caso Assange.

 

. @tableroglobal

Fuente: https://www.publico.es/internacional/persecucion-mundial-wikileaks-juzgando-assange-ejercer-periodismo-revelar-informacion-autentica-interes-publico.html

Publicado enInternacional
Lunes, 21 Diciembre 2020 05:43

La política como espectáculo

La política como espectáculo

Hasta hace algunos años la apuesta más segura de la televisión por cable para captar mayor auditorio había sido la transmisión de encuentros deportivos: la Serie Mundial de beisbol, el campeonato de futbol americano, el de básquetbol, los Juegos Olímpicos y, desde hace algunos años, el de futbol soccer, por sólo mencionar los deportes más populares en Estados Unidos. Pero algo curioso sucedió en el lustro pasado, los actos políticos, los debates presidenciales y la cobertura de las elecciones incrementaron su audiencia en forma sensible; si bien no al nivel de los deportivos, en ocasiones han recibido igual o mayor atención.

Sin embargo, cabe preguntarse si la espectacularidad creada por los medios en años recientes con el fenómeno Trump trascenderá a su partida de la Casa Blanca. ¿Será posible que la tradicional abulia de los estadunidenses por prestar atención a los asuntos políticos y de gobierno se haya superado, y su interés pudiera llegar al que existe en otros países? O bien, ¿que la dieta diaria de noticias explosivas y los dramas protagonizados por Donald Trump ha llegado a su fin y con ella la pérdida en la atención a los asuntos de la política y de gobierno?

La pregunta no es del todo ociosa, atendiendo a la preocupación expresada por los ejecutivos de las dos cadenas más importantes de noticias por cable de Estados Unidos, CNN y MSNBC, cuyo contenido es eminentemente liberal, debido a que el estilo de Biden es más reposado y conciliador, lo que evitará las sistemáticas diatribas que hicieron de Trump un fenómeno publicitario. Sin el espectáculo diario a cargo del presidente, el auditorio de ambas cadenas pudiera perder el interés en las emisiones noticiosas. Uno de los factores con que ambas cadenas ganaron un amplio auditorio fue dar cuenta de las atrocidades y bravatas de Trump.

¿Qué pasará si los ejecutivos de ambas cadenas, condicionados ante una posible baja en el rating, deciden disminuir la extensión y el número de emisiones de información y opinión política? Dejar que la cadena de noticias Fox, antípoda conservadora de CNN y MSNBC, llene ese espacio vital para la vida de millones de televidentes, rompería el precario equilibrio entre la opinión liberal y la conservadora, en favor de esta última. Sería una vía para erosionar el mensaje de Biden y los demócratas sobre los beneficios para la mayoría de la sociedad de su programa de reformas sociales y económicas.

Publicado enPolítica
Cómo la creatividad en la educación fomenta el potencial transformador de nuestro cerebro

Ser creativos o morir. Este ha sido el dilema que se ha planteado la humanidad en momentos críticos. La creatividad es la capacidad que nos ha hecho afrontar y superar retos desconocidos y llegar hasta aquí.

l inicio de nuestro Universo (Big Bang) es un acto creativo de materia y energía, en constante expansión y complejificación en el espacio y el tiempo. Y, como el gran neurocientífico Antonio Damasio ha recordado en su libro El extraño orden de las cosas, muchas dimensiones creativas que creemos humanas aparecen ya desde el origen mismo de la vida en seres unicelulares.

No somos tan originales ni exclusivos como creíamos, aunque tampoco conocemos cotas más elevadas de creatividad que las humanas.

Ahora nos encontramos en una encrucijada más radical que cualquier otra conocida previamente, en el horizonte de una transhumanización, de una transformación profunda que hibrida lo cibernético y lo orgánico, en una era que –por el negativo impacto de lo humano– se ha llamado antropoceno.

Pero creemos con Hölderlin que "allí donde surge el peligro crece también lo que nos salva". Si somos capaces de reconocerlo y afrontarlo desde nuestra capacidad creativa. De ella depende nuestra vida y su calidad, tanto individual como colectivamente.

La creatividad nos salvará

Las difíciles circunstancias actuales han marcado un antes y un después en el horizonte de 2020, que exige transformaciones muy profundas con altas dosis de creatividad y plasticidad.

La indagación científica, los avances biotecnológicos, la reactivación económica o la reorganización política y social requerirán creatividad e innovación, valor y generosidad.

Pero las dinámicas y procesos educativos, de los que depende el mundo de la vida a corto, medio y largo plazo, exigirán el mayor cuidado, atención y consideración para que la creatividad sea el impulso mayor de cada ser humano, desde sus años iniciales hasta la actualización permanente que la educación requiere.

Educarnos es alimentar nuestra mente, y estamos en dicho proceso desde antes de nuestro nacimiento hasta los últimos instantes de nuestras vidas.

En sus 21 lecciones para el siglo XXI, el autor de Sapiens y Homo Deus, Yuval Noah Harari, sitúa la educación en la tríada final bajo el rótulo común de resiliencia, la gran virtud que se requerirá de los seres humanos para vivir en un mundo cambiante e incierto, junto a "significado" y "meditación".

Las cuatro ces

El nuevo sistema educativo debe ayudar a realizar el oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Y desde ese autoconocimiento, imprescindible para que no sean otros los que nos conozcan y manipulen, han de impulsarse las cuatro ces:

  1. Pensamiento crítico.
  2. Comunicación.
  3. Colaboración.
  4. Creatividad.

Esta última será imprescindible para soportar y responder a los cambios, reinventarnos y mantener el equilibrio mental. Creatividad, sí, para el arte, la ciencia, la interacción social… pero sobre todo para crearnos y recrearnos constantemente, para ser los artífices de nuestras propias vidas.

Gracias a las ciencias de la creatividad (neurociencia cognitiva, psicología, pedagogía, sociología, ética y estética, incluso paleontología de la creatividad humana, etc.) sabemos en la actualidad más que nunca acerca de las dinámicas creativas.

En una modernidad líquida, como la denominara Zygmunt Bauman, es importante saber fluir (flow), noción desarrollada por la psicología de la creatividad desde 1975 y que implica, según Mihaly Csikszentmihalyi, objetivos claros y alcanzables; concentración y enfoque en un limitado campo de atención; retroalimentación directa e inmediata; equilibrio entre el nivel de habilidad y el desafío. Finalmente, la actividad es intrínsecamente gratificante.

Csikszentmihalyi, en las páginas iniciales de su obra fundamental Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención la define así: "La creatividad es el resultado de la interacción de un sistema compuesto por tres elementos: una cultura que contiene reglas simbólicas, una persona que aporta novedad al campo simbólico y un ámbito de expertos que reconocen y validan la innovación (…)".

Sus diferentes dimensiones

La creatividad es algo sistémico y complejo: tiene diversas dimensiones y elementos, y conoce muchos tipos y posibilidades. Hablamos de creatividad artística, pero también de creatividad científica y –en un mundo de consumo– los publicistas han reclamado para sí el nombre de "creativos" por antonomasia (y tienen como referente a Edward De Bono).

Buena parte de los recursos creativos humanos están al servicio del control de nuestras mentes, en un mundo orientado hacia el tener y no hacia el ser, como advirtiera Eric Fromm hace décadas.

Las transformaciones fundamentales de los procesos educativos en el siglo XXI vienen de la estrecha colaboración entre neurocientíficos, psicólogos y psicopedagogos, sociólogos y comunicólogos, siempre con la aportación de especialistas en cada ámbito específico del conocimiento y de la acción.

Recomendamos, para un trabajo adecuado en este ámbito, las aportaciones del neurocientífico Francisco Mora, especialmente Neurocultura. Una cultura basada en el cerebro (2007) y Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama (nueva edición de 2017).

También, por la importancia extraordinaria de los procesos de lectura en el desarrollo mental humano, Neuroeducación y lectura: de la emoción a la comprensión de las palabras (2020), cuyas claves sintetizamos en esta reseña.

Hoy comenzamos a conocer una parte de las redes neuronales del cerebro que codifican el pensamiento divergente o creativo. Estas son las redes denominadas default (por defecto), salience(prominente) y executive (ejecutiva) conformando un posible conectoma.

Mora ha subrayado la importancia de las emociones en todos los procesos humanos, así como la necesidad de suscitar el interés, la motivación, la atención e implicación gozosa en los procesos de aprendizaje. Para aprender a aprender.

Y si el ser humano es lo que la educación hace de él (Kant), una nueva educación basada en nuestro conocimiento del funcionamiento cerebral debe poner en su centro el impulso de la creatividad.

A través del fomento gradual, abierto y comprensivo de dinámicas de lectura y escritura, de desarrollo psicomotriz, musical, plástico… de habilidades para el conocimiento interior y para la interacción y empatía con los demás.

Conexión con el mindfulness

Hoy sabemos que hay una profunda conexión entre creatividad y mindfulness, como tuvimos ocasión de desarrollar en este trabajo. Los positivos efectos de la práctica de atención plena para nuestro cerebro (desarrollo neuronal e incremento de la conectividad en los lóbulos prefrontales, mayor control del sistema límbico, entre otros) han sido acreditados científicamente.

La creatividad no es ninguna panacea. Como la ciencia, es un impulso que puede provocar consecuencias positivas o negativas. Hay creatividad para el bien y creatividad para el mal.

Por ello, cuando cerramos esta invitación a pensar en la clave esencial de nuestro presente y de nuestro futuro, animamos a que la creatividad se oriente hacia la verdad (creatividad científica), hacia la bondad (creatividad ética y social) y hacia la belleza (creatividad estética y artística). Todas ellas deben estar en el corazón de los imprescindibles nuevos procesos educativos. Desde la educación infantil a la universitaria.

 

Por Manuel Ángel Vázquez Medel

Catedrático de Literatura Española e Hispanoamericana, Universidad de Sevilla

07/12/2020

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Publicado enCultura
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