El Universo profundo no es totalmente negro

Una nave espacial observa el cielo más oscuro y estima a la baja el número total de galaxias.

 

El Universo profundo es oscuro, muy oscuro, pero no negro del todo y el número total de galaxias existentes es menor que el calculado. Son las conclusiones de los astrónomos que han hecho una nueva medida del difuso resplandor que permea el Universo y que se puede apreciar mucho mejor desde fuera del Sistema Solar. Lo han conseguido gracias a la sonda que hizo en 2015 la primera visita en la historia al planeta enano Plutón y que prosigue su viaje por los confines del sistema planetario.

Las misiones espaciales son esencialmente de usar y tirar. Las que se alejan mucho de la Tierra son, sin embargo, especiales, porque una vez que una nave ha cumplido su misión principal sigue y sigue viajando por el espacio exterior. Mientras continúen funcionando las comunicaciones, se puede utilizar para nuevas exploraciones y también para obtener datos antes desconocidos, por inaccesibles, o poco precisos, dado que los instrumentos que llevan estas sondas son cada vez más avanzados.

El equipo de astrónomos utilizó la cámara telescópica de New Horizons, dirigiéndola hacia zonas oscuras, cuando la nave estaba a más de 7.000 millones de kilómetros de la Tierra. Esta cámara ha visto el cielo más oscuro hasta ahora captado en imágenes, ya que está fuera de la zona de contaminación lumínica que produce la luz del Sol dispersa en polvo en la zona interior del Sistema Solar, la llamada radiación zodiacal.

El cielo no es absolutamente negro fuera de nuestra galaxia porque contiene innumerables fuentes de luz en forma de galaxias y estrellas lejanas, pero si las conocidas y estimadas se sustraen de lo medido, los astrónomos se preguntan si sigue existiendo un resplandor de fondo y a qué se debe. Tras este nuevo estudio, considerado fascinante por el astrófísico Ethan Siegel, que no ha participado en él, han llegado las sorpresas.

Por un lado, según estos datos, existen muchas menos galaxias no detectadas (porque están tan lejos que apenas llega su luz o por otra razón, como que en ellas domine la materia oscura) de las que se habían calculado antes, que eran dos billones. "No hemos visto la luz de dos billones de galaxias", asegura Marc Postman, del telescopio Hubble, miembro del equipo que ha hecho el estudio, que se presentó la semana pasada en el congreso anual de la Sociedad Americana de Astronomía (AAS), este año en formato virtual. Precisamente los datos de los ya históricos panoramas del cielo profundo del Hubble habían servido de base para calcular con modelos matemáticos cuántas galaxias no observadas existen, pero las medidas ahora presentadas no apoyan estos cálculos y sí otros anteriores. El número real de galaxias no observadas parece estar en el ámbito de centenares de miles de millones (alrededor de 200.000 millones es una de las cifras más aceptadas).

"El Universo es oscuro, pero no tan oscuro como creíamos", afirma Tod Lauers, de la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF) de Estados Unidos, que ha dirigido el análisis. La luz total medida es muy poca pero no despreciable. Es solo el doble de la detectada hasta ahora, no 10 veces más, como el modelo citado había calculado.

El resplandor medido es lo que se llama radiación de fondo óptica, que es el equivalente en luz visible de la más conocida radiación de fondo de microondas, o residuo del Big Bang. "Mientras que la radiación de fondo de microondas nos informa sobre los primeros 450.000 años de existencia del Universo, la óptica nos informa sobre la suma total de todas las estrellas que se han formado desde entonces", explica Postman. "Pone un límite máximo al número total de galaxias que se han creado y cómo se sitúan en el tiempo". Como dijo el propio Edwin Hubble, la historia de la astronomía es la historia de horizontes cada vez más lejanos, porque mirar más lejos es mirar hacia atrás en el tiempo, dado lo que tarda la luz en llegar a un observador. La expansión del Universo juega también un papel en qué parte de éste se puede observar.

Y es en este punto cuando, tras las correcciones pertinentes para restar la luz de las fuentes conocidas y estimadas y otros factores, que ha sido lo más complicado de hacer en la nueva investigación, todo indica que no existe la oscuridad perfecta en el Universo profundo y que el origen concreto de la luminosidad remanente no se conoce.

Mientras tanto la pequeña nave New Horizons, de la NASA, y su todavía más pequeño telescopio prosiguen su viaje a través del lejanísimo cinturón de Kuiper hacia el espacio interestelar y pueden seguir dando sorpresas.

Madrid

19/01/2021 07:20

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

PauliNet, una estimación de función de onda de aprendizaje profundo que logra soluciones casi exactas de la ecuación electrónica de Schrödinger para moléculas con hasta 30 electrones.Foto Nature Chemistry

Científicos buscan estimar el estado fundamental de la fórmula, desarrollada por el físico austriaco Erwin Schrödinger

Científicos de la Freie Universität Berlin desarrollaron un método de inteligencia artificial (IA) para calcular el estado fundamental de la ecuación de Schrödinger en química cuántica.

 

La ecuación de Schrödinger, desarrollada por el físico austriaco Erwin Schrödinger en 1925, por la que ganó el premio Nobel de Física en 1933, describe la evolución temporal de una partícula subatómica masiva de naturaleza ondulatoria y no relativista. Es de importancia central en la teoría de la mecánica cuántica, donde representa para las partículas microscópicas un papel análogo a la segunda ley de Newton en la mecánica clásica. Esas partículas incluyen a los electrones, así como sistemas, como núcleos atómicos.

El objetivo de la química cuántica es predecir las propiedades químicas y físicas de las moléculas basándose únicamente en la disposición de sus átomos en el espacio, evitando la necesidad de experimentos de laboratorio que consumen mucho tiempo y recursos. En principio, esto se puede lograr resolviendo la ecuación de Schrödinger, pero en la práctica esto es extremadamente difícil.

Hasta ahora había sido imposible encontrar una solución exacta para moléculas arbitrarias que se puedan calcular de manera eficiente, pero el equipo de Freie Universität desarrolló un método de aprendizaje profundo que puede lograr una combinación sin precedente de precisión y eficiencia computacional.

Impacto significativo

La IA ha transformado muchas áreas tecnológicas y científicas, desde la visión por computadora hasta la ciencia de los materiales. “Creemos que nuestro enfoque puede tener un impacto significativo en el futuro de la química cuántica”, destacó en un comunicado Frank Noé, quien dirigió el equipo. Los resultados se publican en la revista Nature Chemistry.

La función de onda es fundamental tanto para la química cuántica como para la ecuación de Schrödinger, un objeto matemático que especifica completamente el comportamiento de los electrones en una molécula. Es una entidad de alta dimensión y, por tanto, es extremadamente difícil captar todos los matices que codifican cómo los electrones individuales se afectan entre sí. De hecho, muchos métodos de la química cuántica abandonan por completo la expresión de la función de onda y, en cambio, sólo intentan determinar la energía de una molécula determinada. Sin embargo, esto requiere que se hagan aproximaciones, lo que limita la calidad de predicción de tales técnicas.

Otros métodos la representan con el uso de una inmensa cantidad de bloques de construcción matemáticos simples, pero son tan complejos que son imposibles de poner en práctica para más de un simple puñado de átomos. “Escapar del equilibrio habitual entre precisión y costo computacional es el mayor logro de la química cuántica”, explicó Jan Hermann, de Freie Universität Berlin, quien diseñó las características clave del método en el estudio. “Hasta ahora, el valor atípico más popular es la teoría funcional de la densidad extremadamente rentable. Creemos que el enfoque profundo del Monte Carlo cuántico, el enfoque que proponemos, podría ser igualmente, si no más, exitoso. Ofrece una precisión sin precedente en un costo computacional todavía aceptable”.

La red neuronal profunda diseñada por el equipo del profesor Noé es una nueva forma de representar las funciones de onda de los electrones. “En lugar del enfoque estándar de componer la función de onda a partir de elementos matemáticos relativamente simples, diseñamos una red neuronal artificial capaz de aprender los pautas complejas de cómo se ubican los electrones alrededor de los núcleos”, señaló.

Principio de exclusión de Pauli

“Una característica peculiar de las funciones de onda electrónicas es su antisimetría. Cuando se intercambian dos electrones, la función de onda debe modificar su signo. Tuvimos que incorporar esta propiedad en la arquitectura de la red neuronal para que el enfoque funcione”, agregó Hermann. Esta característica, conocida como “principio de exclusión de Pauli”, es la razón por la que los autores llamaron a su método PauliNet.

Además del principio de exclusión de Pauli, las funciones de onda electrónicas también tienen otras propiedades físicas fundamentales, y gran parte del éxito innovador de PauliNet es que integra estas propiedades en la red neuronal profunda, en lugar de permitir que el aprendizaje profundo las resuelva simplemente observando los datos.

“La integración de la física fundamental en la IA es esencial para su capacidad de realizar predicciones significativas en el campo. Aquí es realmente donde los científicos pueden hacer una contribución sustancial a la inteligencia artificial, y exactamente en lo que se centra mi grupo”, sostuvo Noé.

Aún quedan muchos desafíos por superar antes de que el método de Hermann y Noé esté listo para su aplicación industrial. “Ésta sigue siendo una investigación fundamental, pero es un nuevo enfoque a un antiguo problema de la ciencia molecular y de los materiales, y estamos entusiasmados con las posibilidades que abre”, coinciden los autores.

Dibujo sobre la población aborigen en la Isla. Imágen: Referencial.

La historia de los isleños originales del Caribe se enfoca más claramente en un nuevo estudio de Nature que combina décadas de trabajo arqueológico con avances en tecnología genética.

 

Un equipo internacional dirigido por David Reich de la Facultad de Medicina de Harvard— y en el que  participaron el Centro Nacional de Genética Médica de Cuba, junto a la Universidad de La Habana y la Universidad Médica de Matanzas entre otras instituciones internacionales de la región— analizó los genomas de 263 individuos en el estudio más grande de ADN humano antiguo en las Américas hasta la fecha. La genética rastrea dos grandes olas migratorias en el Caribe por dos grupos distintos, con miles de años de diferencia, revelando un archipiélago poblado por personas muy móviles, con parientes lejanos que a menudo viven en islas diferentes.

El laboratorio de Reich también desarrolló una nueva técnica genética para estimar el tamaño de la población en el pasado, que muestra que la cantidad de personas que vivían en el Caribe cuando llegaron los europeos era mucho menor de lo que se pensaba anteriormente, probablemente en decenas de miles, en lugar del millón o más informado por Columbus y sus sucesores.

Para el arqueólogo William Keegan, cuyo trabajo en el Caribe abarca más de 40 años, el ADN antiguo ofrece una nueva herramienta poderosa para ayudar a resolver debates de larga data, confirmar hipótesis y destacar los misterios restantes.

Esto “hace avanzar dramáticamente nuestra comprensión del Caribe de una sola vez”, dijo Keegan, curador del Museo de Historia Natural de Florida y coautor principal del estudio. “Los métodos que desarrolló el equipo de David ayudaron a abordar preguntas que ni siquiera sabía que podíamos abordar”.

Los arqueólogos a menudo confían en los restos de la vida doméstica (cerámica, herramientas, restos de huesos y conchas) para reconstruir el pasado. Ahora, los avances tecnológicos en el estudio del ADN antiguo están arrojando nueva luz sobre el movimiento de animales y humanos, particularmente en el Caribe, donde cada isla puede ser un microcosmos de vida único.

Si bien el calor y la humedad de los trópicos pueden descomponer rápidamente la materia orgánica, el cuerpo humano contiene una caja fuerte de material genético: una parte pequeña e inusualmente densa del hueso que protege el oído interno. Utilizando principalmente esta estructura, los investigadores extrajeron y analizaron el ADN de 174 personas que vivieron en el Caribe y Venezuela hace entre 400 y 3100 años, combinando los datos con 89 individuos previamente secuenciados.

El equipo, que incluye a académicos caribeños, recibió permiso para realizar el análisis genético de gobiernos locales e instituciones culturales que actuaron como cuidadores de los restos humanos. Los autores también involucraron a representantes de las comunidades indígenas del Caribe en una discusión sobre sus hallazgos.

La evidencia genética ofrece nuevos conocimientos sobre la población del Caribe. Los primeros habitantes de las islas, un grupo de usuarios de herramientas de piedra, navegaron a Cuba hace unos 6.000 años, expandiéndose gradualmente hacia el este a otras islas durante la Edad Arcaica de la región. No está claro de dónde provienen: aunque están más estrechamente relacionados con los centroamericanos y sudamericanos que con los norteamericanos, su genética no coincide con ningún grupo indígena en particular. Sin embargo, artefactos similares encontrados en Belice y Cuba pueden sugerir un origen centroamericano, dijo Keegan.

Hace unos 2.500-3.000 años, los agricultores y alfareros relacionados con los hablantes de arawak del noreste de América del Sur establecieron un segundo camino hacia el Caribe. Usando los dedos de la cuenca del río Orinoco de América del Sur como carreteras, viajaron desde el interior hasta la costa de Venezuela y avanzaron hacia el norte hacia el Mar Caribe, estableciendo Puerto Rico y finalmente moviéndose hacia el oeste. Su llegada marcó el comienzo de la Edad de la Cerámica de la región, marcada por la agricultura y la producción y uso generalizados de la cerámica.

Con el tiempo, casi todos los rastros genéticos de las personas de la Edad Arcaica desaparecieron, excepto una comunidad de resistencia en el oeste de Cuba que persistió hasta la llegada de los europeos. Los matrimonios mixtos entre los dos grupos fueron poco frecuentes, y solo tres individuos en el estudio mostraron ascendencia mixta.

Muchos cubanos, dominicanos y puertorriqueños actuales son descendientes de personas de la Edad de la Cerámica, así como inmigrantes europeos y africanos esclavizados. Pero los investigadores notaron solo evidencia marginal de ascendencia de la Edad Arcaica en individuos modernos.

“Eso es un gran misterio”, dijo Keegan. “Para Cuba, es especialmente curioso que no veamos más ascendencia arcaica”.

Durante la Era de la Cerámica, la cerámica caribeña experimentó al menos cinco cambios marcados en el estilo durante 2000 años. La cerámica roja ornamentada decorada con diseños pintados de blanco dio paso a vasijas simples de color beige, mientras que otras ollas estaban salpicadas de pequeños puntos e incisiones o tenían caras de animales esculpidas que probablemente se doblaban como asas.

Algunos arqueólogos señalaron estas transiciones como evidencia de nuevas migraciones a las islas. Pero el ADN cuenta una historia diferente, lo que sugiere que todos los estilos fueron desarrollados por descendientes de personas que llegaron al Caribe hace 2.500-3.000 años, aunque pueden haber interactuado e inspirado en extraños.

“Esa era una pregunta que quizás no hubiéramos sabido hacer si no hubiéramos tenido un experto en arqueología en nuestro equipo”, dijo la coautora principal Kendra Sirak , becaria postdoctoral en el Reich Lab. “Documentamos esta notable continuidad genética a través de cambios en el estilo de la cerámica. Hablamos de 'ollas contra personas' y, hasta donde sabemos, son solo ollas”.

La genética revela conexiones familiares entre islas

Destacando la interconectividad de la región, un estudio de los cromosomas X masculinos descubrió 19 pares de “primos genéticos” que viven en islas diferentes, personas que comparten la misma cantidad de ADN que los primos biológicos pero que pueden estar separados por generaciones. En el ejemplo más sorprendente, un hombre fue enterrado en las Bahamas mientras su pariente fue enterrado a unas 600 millas de distancia en la República Dominicana.

“Mostrar relaciones entre diferentes islas es realmente un paso adelante asombroso”, dijo Keegan, quien agregó que los vientos y corrientes cambiantes pueden dificultar el paso entre islas. “Me sorprendió mucho ver estos emparejamientos de primos entre islas”.

Descubrir una proporción tan alta de primos genéticos en una muestra de menos de 100 hombres es otro indicador de que el tamaño de la población total de la región era pequeño, dijo Reich, profesor de genética en el Instituto Blavatnik del HMS y profesor de biología evolutiva humana en Harvard.

“Cuando se toman muestras de dos individuos modernos, no es frecuente encontrar que sean parientes cercanos”, dijo. “Aquí, estamos encontrando parientes por todas partes”.

Revisión de estimaciones del tamaño de la población caribeña

Una técnica desarrollada por el coautor del estudio Harald Ringbauer , un becario postdoctoral en el laboratorio del Reich, utilizó segmentos compartidos de ADN para estimar el tamaño de la población pasada, un método que también podría aplicarse a estudios futuros de personas antiguas. La técnica de Ringbauer mostró que entre 10.000 y 50.000 personas vivían en dos de las islas más grandes del Caribe, Hispaniola y Puerto Rico, poco antes de la llegada de los europeos. Esto está muy por debajo del millón de habitantes que Columbus describió a sus clientes, lo que probablemente los impresionará, dijo Keegan.

Más tarde, el historiador del siglo XVI Bartolomé de las Casas afirmó que la región había albergado a 3 millones de personas antes de ser diezmada por la esclavitud y las enfermedades europeas. Si bien esto también fue una exageración, la cantidad de personas que murieron como resultado de la colonización sigue siendo una atrocidad, dijo Reich.

“Este fue un programa sistemático de borrado cultural. El hecho de que el número no fuera de un millón o millones de personas, sino de decenas de miles, no hace que esa eliminación sea menos significativa”, dijo.

Para Keegan, colaborar con genetistas le dio la capacidad de probar algunas hipótesis que ha argumentado durante años, mientras que trastoca otras.

“En este punto, no me importa si estoy bien o mal”, dijo. “Es emocionante tener una base más firme para reevaluar cómo vemos el pasado en el Caribe. Uno de los resultados más importantes de este estudio es que demuestra cuán importante es la cultura para comprender las sociedades humanas. Los genes pueden ser unidades discretas y medibles, pero el genoma humano se crea culturalmente”.

Principales preguntas y hallazgos

En la citada investigación se responden las siguientes preguntas: ¿De dónde  vienen estas poblaciones que usaron herramientas de piedra y que elaboraron arcilla? ¿Estaban emparentados entre sí? ¿Cuántas personas  vivían en el Caribe a la llegada de los españoles? ¿Cuánta ascendencia  de esos primeros habitantes del Caribe, si es que hay alguna, se puede  rastrear en el ADN de las poblaciones caribeñas actuales, como huella  genética de estos grupos indígenas que proceden del período anterior al contacto?

En el curso de este estudio fueron estudiados los genomas de  aborígenes que vivían en lo que ahora son las Bahamas, Cuba, República Dominicana, Haití, Puerto Rico, Guadalupe, Santa Lucía, Curazao y Venezuela, a partir de ADN extraído de sus restos óseos.

Los resultados hallados son consistentes con que las poblaciones del  Caribe de la Edad Arcaica descienden de una sola fuente de población  en América Central o del Sur, sin un antepasado notable de América del  Norte.

Los aborígenes de la Era Cerámica tenían un perfil genético diferente,
muy similar a los grupos de habla arawaka procedentes del noreste de  América del Sur, según descubrió el equipo. El hallazgo está en  correspondencia con la evidencia arqueológica y lingüística  previamente reportada.

Los ceramistas parecen haber emigrado al Caribe desde América del Sur,  probablemente de isla en isla a través de las Antillas Menores, hace  al menos 1.700 años, encontraron los investigadores. A medida que los alfareros de la Era Cerámica fueron ocupando, en una  nueva oleada migratoria, las islas del Caribe, reemplazaron casi por  completo a las personas residentes que usaban herramientas de piedra,  descubrió el equipo.

Solo quedó un pequeño porcentaje de población  arcaica, que persistió en el occidente de Cuba hasta aproximadamente  el momento de la llegada de los europeos.

El trabajo confirma que era “extremadamente raro” que las personas asociadas con las culturas arcaicas se mezclaran y tuvieran hijos con  personas asociadas con las culturas cerámicas.

Gracias en parte a la gran cantidad de muestras de ADN disponibles,  los investigadores pudieron estimar el tamaño de la población caribeña  antigua antes de la llegada de los europeos. Se sugiere que en la  región combinada de La Española (Haití y República Dominicana) y  Puerto Rico en los siglos antes de la llegada de los europeos vivían entre 10,000 y 50,000 personas. Un número mucho más bajo que las  estimaciones anteriores y que lo se conoce hasta ahora.

La investigación del ADN antiguo cambia significativamente la forma en que pensamos sobre los pueblos indígenas en el Caribe anterior al contacto. Otro hallazgo sorprendente, por ejemplo, es que el legado genético de los caribeños antes del contacto no desapareció: contribuyeron con aproximadamente el 14 por ciento del ADN de las personas vivas de Puerto Rico, el 6 por ciento de ese en la República Dominicana y el 4 por ciento de que en Cuba. Además, al iluminar el estilo de vida altamente móvil de los caribeños antes del contacto con muchos primos de ADN en diferentes islas, la investigación subraya el grado en que estaban conectados, una unidad relativa que luego se fracturó por siglos de división en esferas coloniales por parte de las potencias europeas.

Los resultados de esta investigación convierten al Caribe en el primer lugar de las Américas donde los científicos han obtenido datos sobre el ADN antiguo de ultra alta resolución a nivel genómico, algo que hasta ahora solo había estado disponible en el oeste de Eurasia.

24 diciembre 2020

 (Con información del Centro Nacional de Genética Médica, New York Times, Nature y el Museo de Ciencias de la Florida

El cohete Larga Marcha 5, que transporta la sonda lunar Chang'e-5, despega del centro de lanzamiento espacial de Wenchang. 23 de noviembre de 2020.Tingshu Wang / Reuters

La misión, la primera de este tipo desde la década de 1970, forma parte del Programa Chino de Exploración Lunar, que durará de 15 años, y sus etapas posteriores son aún más ambiciosas.

 

El 23 de noviembre, China lanzó a la Luna la sonda Chang'e-5, que tiene como objetivo traer a la Tierra dos kilogramos de muestras de suelo y rocas lunares.

La misión, la primera de este tipo desde la década de 1970, forma parte del Programa Chino de Exploración Lunar, que tendrá una duración de 15 años, y sus etapas posteriores son aún más ambiciosas. 

En caso de éxito, la misión Chang'e 5 convertirá a China en el tercer país que ha logrado recolectar muestras lunares, después de que décadas atrás lo hicieran EE.UU. y la URSS.

¿Cómo transcurre la misión? 

El lanzamiento de la Chang'e-5 se llevó a cabo mediante el cohete portador Changzheng 5, o Larga Marcha 5, desde el centro de lanzamiento espacial más meridional de China, el de Wenchang, ubicado en la costa noreste de la isla de Hainán.

El 28 de noviembre, la sonda —que como sus predecesoras lleva el nombre de la diosa de la Luna de la mitología china, Chang'e— entró en órbita lunar y se prevé que aterrice en la superficie del satélite este 1 de diciembre.

El lugar del aterrizaje será una inmensa llanura volcánica en la cara visible de la Luna conocida como 'Oceanus Procellarum', u 'Océano de tormentas', donde se encuentran alrededor de 20 volcanes rodeados por campos de lava joven de entre 1.200 y 1.500 millones de años. Las muestras que se obtengan allí pueden ayudar a responder preguntas como cuánto tiempo fue volcánicamente activo el interior de nuestro satélite natural y cuándo se disipó su campo magnético.

Antes de alunizar, el módulo de descenso con el aparato de despegue se separará del bloque orbital y de la cápsula espacial, que permanecerán en la órbita de la Luna a una altitud de 200 kilómetros en modo de espera.

En el plano superior del módulo de descenso se encuentra un manipulador para recolectar suelo y rocas de la superficie de la Luna, mientras que en el plano lateral del aparato está instalado un dispositivo de perforación. 

Tras aterrizar y tomar muestras, el aparato podrá realizar otras tareas científicas utilizando un conjunto de instrumentos para determinar la composición mineral del regolito, analizar la evolución de gas de la superficie lunar y estudiar la estructura del suelo lunar, entre otras tareas.

Las muestras luego se cargarán en un contenedor del aparato de despegue, que se espera que sea lanzado alrededor del 2 de diciembre.

Después, la unidad orbital tendrá que encontrar automáticamente el aparato de despegue, acercarse a él y 'capturarlo'. El contenedor con muestras, por su parte, se cargará a través de una puerta en la parte superior de la cápsula, tras lo cual el aparato de despegue se separará para caer en la Luna. Esta es la parte más difícil de la misión y el primer acoplamiento automático de dos naves espaciales en otro cuerpo celeste.

La sonda comenzará a volar hacia la Tierra alrededor del 13 de diciembre. A una distancia de unos 5.000 kilómetros de nuestro planeta, la cápsula se separará del vehículo orbital y entrará en la atmósfera.

Se espera que la Chang'e-5 aterrice con la ayuda de un paracaídas en el territorio de Mongolia Interior el próximo 17 de diciembre. De esta manera, la misión durará un total de 23 días.

¿Qué planea China hacer después? 

El regreso de la Chang'e-5 completará la tercera etapa del Programa Chino de Exploración Lunar. 

La cuarta etapa pretende estudiar los territorios en la región del polo sur de la Luna para futuras expediciones tripuladas. Aproximadamente en 2024 la Chang'e-6 aterrizará en el satélite para recolectar suelo lunar y transportarlo a la Tierra. La Chang'e-7 llevará a la Luna un 'rover' y un pequeño módulo de demostración con motores a reacción. Finalmente, la Chang'e-8 desarrollará tecnologías clave para la construcción de una estación lunar, que permitirá la investigación científica y la minería en la superficie lunar.

¿Tiene rivales China? 

Está previsto que en octubre de 2021 Rusia lance desde el cosmódromo de Vostochni la estación interplanetaria automática Luna-25, la primera estación lunar rusa. Si tiene éxito, hará el primer aterrizaje suave del mundo en la región circumpolar meridional de la Luna cerca del cráter Boguslávski. En 2024, se planea que viaje hasta nuestro satélite el aparato científico orbital Luna-26.

En EE.UU. existe el programa de vuelo espacial tripulado Artemis, iniciado por el presidente Donald Trump, que tiene el objetivo de volver a explorar la Luna y llevar al satélite "a la primera mujer y al próximo hombre", específicamente a la región del polo sur, para 2024. No obstante, es posible que la victoria de Joe Biden en las elecciones altere los planes del programa.

El aparato indio Chandrayaan-2 actualmente está operando con éxito cerca de la Luna, pero los intentos de Nueva Delhi de aterrizar suavemente en el satélite aún no han tenido éxito. La India está actualmente desarrollando su tercera misión lunar, la Chandrayaan-3

Además, cabe también destacar la pequeña estación lunar Beresheet de la organización israelí sin fines de lucro SpaceIL. El aparato intentó aterrizar suavemente en la superficie de la Luna en abril de 2019, pero sufrió un accidente. Ahora SpaceIL está intentando encontrar financiación para un segundo dispositivo.

En septiembre de 2020, el primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Rashid al Maktoum, anunció que en 2024 su país tiene previsto el lanzamiento de Rashid, un pequeño 'rover' lunar con equipo científico.

Publicado: 1 dic 2020 08:47 GMT

Fuentes: El viejo topo

Entrevista a Álvaro de Rújula sobre Disfruta de tu universo, no tienes otra opción (I)

 

Álvaro de Rújula nació en Madrid, donde estudió Física y obtuvo su doctorado. Ha trabajo en Italia (Centro Internacional de Física Teórica, Trieste), Francia (Instituto de Estudios Científicos Avanzados), Estados Unidos (Universidades de Harvard y de Boston, MIT) y en la Organización Europea para la Investigación nuclear, el CERN (desde estudiante de verano hasta director de la División de Teoría). Actualmente también forma parte del Instituto de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid (IFT/UAM/CSIC).

En los años setenta del pasado siglo, el profesor de Rújula contribuyó a la consolidación del modelo estándar de la física de partículas, principalmente la cromodinámica cuántica y sus quarks encantados. También ha realizado trabajos sobre neutrinos (las mediciones de la masa y la tomografía de la Tierra), la ausencia de antimateria en el universo, cómo encontrar el bosón de Higgs, etc.

En Los Libros de la Catarata (junto con la Fundación Areces y la Real Sociedad Española de Física) ha publicado recientemente Disfruta de tu universo, no tienes otras opción.

Disfruta de tu universo, no tienes otra opción, es el hermoso y epicúreo título de tu último libro. ¿Es imprescindible saber ciencia para disfrutar de nuestro universo y de tu libro?

Para disfrutar de nuestro universo ciertamente no es imprescindible. Espero que no lo sea para disfrutar de mi libro. Es una de las razones por las que lo escribí.

¿Pero cuánta ciencia habría que saber?

Para disfrutar de mi libro espero que muy muy poca. Para disfrutar del universo, cuanta más, mejor.

El “tu” del título: ¿hace referencia a un universo personal o el universo es igual para todos?

Quizás todos tengamos un universo personal. Pero, si así fuese, yo sólo he estado en el mío. El Universo con mayúscula es igual o muy parecido para todos los científicos… serios.

¿Y qué condiciones debe tener un científico para ser serio? ¿Hay científicos o científicas que no lo son?

Debería de haber dicho bueno, íntegro u honesto. Evidentemente en todas las profesiones los hay que no lo son. En la ciencia el sistema para detectarlos, esencialmente el “arbitraje por los pares”, funciona relativamente bien, pero está lejos de ser perfecto. Hay feudos inexpugnables, intereses económicos espurios, etc. Como en todas partes, pero mucho menos.

Intereses económicos espurios, feudos inexpugnables… ¿Nos puedes dar algún ejemplo?

Las investigaciones en farmacia y ocasionalmente en biología tienen subvenciones directas, o indirectas, de compañías farmacéuticas. Eso tiene sus peligros evidentes. Algunas revistas científicas de prestigio tienen también sus peculiaridades. Un ejemplo: Nature, en donde he publicado algunos artículos de investigación o de comentario (con tendencia a que me cambiaran el título sin mi permiso). Si quieres publicar en Nature un artículo criticando otro que hayan ya publicado y proponiendo una alternativa, la revista exige que tu artículo sea primero aceptado por los autores del artículo criticado. Muy honestos tienen realmente que ser dichos autores para no disfrutar de su inviolabilidad automática. Los hay que no lo son.

Como en todas partes, dices, pero mucho menos. ¿Por qué mucho menos? ¿Ser científico exige un grado de honradez inexistente en las otras profesiones o trabajos? ¿No estás mirando tu profesión con ojos  demasiado generosos?

Para no meterme en camisas de once varas, quizás debería de haber dicho “rigor”, en lugar de honradez. El juez definitivo e infalible en la ciencia es lo observable en la naturaleza. El arbitraje de los pares puede no ser riguroso, pero a la larga la verdad científica (en su acuerdo con lo repetida y precisamente observado) prevalece. Pero no siempre los datos se manejan con rigor o se atribuyen las ideas a su primer autor o autores. De ahí que dijera mucho menos y no muchísimo menos.

¿Qué es la ciencia para un científico investigador como tú?

En sentido estricto las ciencias como la química o la biología —y sobre todo la física— son aquellas en las que quienes las practican pueden llegar a un acuerdo basado en realidades comprobables observacionalmente. Las matemáticas también son una ciencia, pero sus criterios de veracidad son lógicos, no experimentales. La economía emplea hoy en día métodos científicos pero no es una ciencia. Razón: trata con demasiadas variables no medibles. Prueba: los economistas jamás se ponen de acuerdo, por mucho que manejen los mismos datos.

Para mí la ciencia es un apasionante hobby que de paso me da de comer. Y de cuando en cuando, satisfacción. Por ejemplo cuando creo saber —o mis colaboradores y yo creemos saber— algo que en este planeta nadie más sabe. Y resulta ser cierto.

Lo que apuntas de la economía, ¿se puede decir también del resto de disciplinas que forman parte de las ciencias sociales?

Temo que sí.

¿Será porque en estas disciplinas la ideología de los científicos está más presente?

En la diana.

¿Nos puedes dar algún ejemplo de alguna cosa que tus colaboradores y tú hayáis creído saber y que nadie más sabía, y que además era cierta?

Un ejemplo fácil de entender: el universo visible no está hecho de grandes “continentes”, unos con estrellas y planetas de materia “ordinaria” y otros de antimateria. Demostrado con mis colegas Andy Cohen y Shelly Glashow.

Más difícil de explicar brevemente: las interacciones entre quarks están caracterizadas por una escala de energía o, equivalentemente, de distancias. Dicha escala cromodinámica podía deducirse a mediados de los 70 del siglo pasado empleando datos ya existentes. Yo fui el primero en hacerlo y conocer su valor; ningún otro físico teórico ha sido el primero en determinar una constante “fundamental” de la naturaleza.

Y un ejemplo que no entenderás: es posible acotar la masa de los neutrinos empleando procesos de captura “débil” de electrones; trabajos en parte en colaboración con mi colega Maurizio Lusignoli.

Paro aquí, me he pasado ya varios pueblos dándome autobombo. Te atribuyo a ti toda la culpa.

Haces bien, asumo toda la culpa y acepto también mi dificultad para entender el último ejemplo que has dado. Estudio, me documento.

¿Qué relación hay, desde tu punto de vista, entre ciencia y verdad?

La ciencia no busca la “Verdad” con mayúscula. Pero sí descubre aproximaciones cada vez más precisas a la verdad (científica, claro).

¿Quiénes buscarían entonces la Verdad con mayúscula?

Soy físico, no tertuliano. No tengo respuestas ex-cátedra a todas las preguntas. ¿Y a quién podría interesarle mi opinión sobre una pregunta de la que todo el mundo sabe la respuesta?

A mí por ejemplo y no sé si todo el mundo sabe la respuesta.

Menosprecias a tus lectores. Malo, malo.

Intento no hacerlo. ¿Qué caracteriza a la verdad científica, la que escribes con minúscula?

Lo he dicho: es una aproximación, pero es verificable. Las hay que no parecen aproximaciones, por ejemplo que el espacio tiene tres dimensiones. Pero hasta esto es, en cierto sentido, una aproximación, ya que existe la posibilidad —no excluida— de que cada cosa que nosotros consideramos un punto sea como una bolita con sus propias dimensiones “internas”. Pues bien, habitantes de civilizaciones distintas que nunca hayan tenido un contacto anterior llegarán a la misma conclusión: es verdad que hay tres dimensiones espaciales “grandes”: esas que van de adelante a atrás; del lado del corazón al otro; y de arriba a abajo.

Sobre lo que es Verdad con mayúscula, raro sería que dos civilizaciones distintas se pusieran de acuerdo por medios no violentos.

¿La ciencia es el único conocimiento sólido o hay otros tipos de conocimientos, no estrictamente científicos, que no merecen ni deben ser menospreciados?

Por supuesto que, en mi opinión, los hay. Por ejemplo todas las artes. Aunque conocimiento “sólido” no sea la mejor manera de calificarlas. A pesar de que Michelangelo ya supiera de antemano qué estatua, bien sólida, le aguardaba dentro de una enorme losa de mármol de Carrara.

Escribes en el prefacio de tu libro: “Pocos no científicos se adhieren con entusiasmo a la opinión de que entender el universo en el que estamos, o sencillamente intentarlo, también es muy divertido. “No entiendo nada” es una reacción frecuente a cualquier texto científico. En mi opinión, la razón fundamental no es que la ciencia sea aburrida o indescifrable, sino que, en la mayoría de los casos, no se enseña adecuadamente.” ¿Quiénes no la enseñan adecuadamente?

Muchos —aunque no todos— los maestros o profesores, desde el jardín de infancia hasta la universidad.

¿Por desconocimiento, por falta de habilidad pedagógica, por la compleja matemática que rodea a algunos resultados científicos, por excesivo teoricismo…?

Supongamos que un profesor de tenis no haya jugado nunca al tenis. Olvidemos la compleja matemática, que en el tenis lo es mucho. Este profe tendría también las otras carencias que citas. De modo análogo, para enseñar bien ciencia es casi imprescindible haber hecho un poco de investigación o, como mínimo, haber presenciado como la hacen quienes la hacen. Un ejemplo: grupos de profesores de primaria y secundaria de muchos países visitan con regularidad el CERN. Lo más útil de esas visitas son las sesiones en las que participan con investigadores en, por ejemplo, un análisis de datos. Es como si el profe de tenis se decidiera finalmente un buen día a jugar un poco. Aunque más le hubiera valido empezar ya de pequeñito.

¿No es casi socialmente imposible, una especie de utopía pedagógica, que todo el profesorado que enseña ciencia deba haber hecho un poco de investigación o presenciado como la hacen quienes las hacen? ¿No exigiría lo que señalas y defiendes una verdadera revolución (la palabra no está de más) en la formación de nuestros maestros y profesores de ciencias?

En mi opinión los maestros son los pilares de la sociedad. Y la revolución a la que te refieres se puede costear. Por ejemplo, profesores universitarios de reconocida calidad investigadora y docente podrían pasar una fracción de su tiempo enseñando a maestros o haciendo de maestros. Pagándoles bien por ello, claro. Muchos laboratorios y universidades podrían hacer cosas como las que el CERN y otros laboratorios como Fermilab (cerca de Chicago) ya hacen. Hay que poner las “manos en la masa”, algo que escribo con mayúsculas porque es una manera, que explico en el libro, de enseñar a niños como actuar y colaborar como científicos.

Por último, bueno sería que la de maestro fuese una profesión extremadamente competitiva, socialmente respetadísima y muy bien pagada. Nada de esto me parece utópico.

Déjame dar una referencia, que tomo de tu libro, de ese programa de enseñanza al que aludes (“Hands on): “Looking Back: Innovative Programs of the Fermilab Education Office”https://ed.fnal.gov/office/marge/retro.html. Tomemos un descanso si te parece.

De acuerdo.

Por Salvador López Arnal | 10/11/2020

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2020

El hallazgo de agua en la Luna abre el camino para la exploración del satélite

La confirmación de la NASA de la existencia de agua en la Luna es un gran avance para la ciencia y la carrera espacial, pero implica retos tecnológicos que se tendrán que resolver, aunque también se vislumbra la presencia humana en un futuro cercano, coincidieron en señalar científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"El agua es una molécula esencial para los seres vivos, y el hecho de que se encuentre en la Luna abre la posibilidad de que pueda ser utilizada para las futuras misiones que vayan al satélite, que se establezcan con usos variados: consumo humano, producción de combustible y oxígeno que se requiere para la respiración", afirmó Rafael Navarro González, astrobiólogo del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional.

Con este descubrimiento, se vislumbra más cerca la presencia de una futura colonia humana en la Luna.

Julieta Fierro Gossman, investigadora del Instituto de Astronomía (IA) de la Universidad Nacional, considera que el hallazgo abre camino al hombre para la exploración en el satélite.

Corroboración

La experta en el estudio del sistema solar comentó que si bien se había encontrado ese líquido en la Luna desde hace mucho tiempo con el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (Sofia, por sus siglas en inglés) de la NASA, no se tenía la certeza de que fuera agua, hecho que se corroboró.

"Se sabía que en los polos de la Luna hay agua, en particular en el Sur, lo que es muy importante para los astronautas y ahora se encontró en unas grietas, en zonas donde nunca entra la luz del Sol", precisó la especialista.

José Franco López, investigador del IA, sostuvo que "cualquier agua que pueda existir en la parte superficial o un poco debajo de la superficie del satélite natural de la Tierra se evapora en el día y se vuelve a condensar durante la noche, así que quizás exista un ciclo del agua. Además, en los cráteres que están cerca de los polos lunares, donde nunca da el Sol, se mantiene agua congelada a menos 150 grados, es una roca sólida que puede estar estable durante millones de años".

Representación artística del robot al momento de descender en el cuerpo celeste a investigarFoto Afp

Recolectar alrededor de 60 gramos de partículas del cuerpo celeste, el objetivo // La masa exacta se conocerá hasta el sábado

 

Washington. La sonda estadunidense Osiris-Rex entró brevemente en contacto este martes con el asteroide Bennu, tal como estaba previsto, confirmó la NASA, aunque el nivel del éxito de la operación de toma de muestras no se conocerá hasta dentro de algunos días.

"Aterrizaje confirmado", "Muestreo terminado", anunció la agencia espacial durante la retransmisión en vivo de las operaciones, arrancando una ovación entre el equipo al terminar esta intervención de algunos segundos, que llega más de cuatro años después del lanzamiento de la sonda.

"Todo fue perfecto", explicó minutos más tarde Dante Lauretta, jefe de la misión, emocionado.

"Escribimos una página de la historia esta tarde", añadió.

Tras arrojar nitrógeno comprimido a la superficie de Bennu, el brazo del robot debía recoger las partículas de menos de 2 centímetros de diámetro. El objetivo era acumular al menos 60 gramos durante esos pocos segundos, lo que sería la mayor muestra extraterrestre recogida desde las misiones lunares Apolo.

Sin embargo, la masa exacta de la muestra no se conocerá hasta sábado.

Hasta ahora, Osiris-Rex sólo ha podido enviar mensajes de confirmación, pero ninguna imagen: la sonda apenas lo hizo la noche del martes al miércoles, en cuanto regrese a su órbita y se encuentre a distancia segura del asteroide, tras cargar las baterías.

En las próximas horas y días, enviará numerosos datos e imágenes que darán una estimación del resultado de la toma de muestras.

Existe la posibilidad de que el brazo de la sonda no se haya podido posar sobre una superficie plana y aspirar el polvo, por ejemplo si ha caído sobre una gran roca.

En caso de fracaso, se podría decidir hacer un nuevo intento, en otro punto, en enero.

"En realidad no podemos aterrizar en la superficie de Bennu, así que sólo se besó la superficie", agregó Beth Buck, de Lockheed Martin.

El interés de analizar la composición de los asteroides del sistema solar se basa en que están hechos de los mismos materiales que formaron los planetas.

Es "casi una piedra Rosetta, algo que está ahí fuera y cuenta la historia de toda nuestra Tierra, del sistema solar durante los pasados miles de millones de años", aseguró Thomas Zurbuchen, científico jefe de la NASA.

Las muestras regresarán a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, con un aterrizaje planeado en el desierto de Utah. Con ese material, los laboratorios podrán llevar a cabo análisis mucho más potentes de sus características físicas y químicas, informó Lori Glaze, directora de la división de ciencia planetaria de la agencia espacial estadunidense.

Bennu no es un asteroide liso, cubierto por una "playa" inofensiva de arena fina, que esperaba la NASA. En realidad, se eligió porque está convenientemente cerca y es antiguo: los científicos estiman que se formó en los primeros 10 millones de años de la historia del sistema solar, hace 4 mil 500 millones de años.

(Con información de Ap)

Martes, 20 Octubre 2020 05:31

Contando historias con estadística

Contando historias con estadística

Hoy, 20 de octubre, celebramos en todo el planeta el Día Mundial de la Estadística. La consigna que promueve la Comisión de Estadística de Naciones Unidas es que esta disciplina conecta al mundo con datos confiables. Por ello, es un momento ideal para acercar a los profesionistas de distintos ámbitos a su uso, reflexionando sobre un vehículo cuya popularidad está creciendo como forma efectiva de comunicar en muy diversas esferas: el arte de contar historias apoyándose en datos y estadísticas.

Contar historias es un elemento central de la existencia humana. Es parte de la revolución cognitiva que permitió al Homo sapiens distinguirse de otros animales, como lo detalla Yuval Noah Harari en su libro Sapiens: De Animales a Dioses, donde sostiene que se requiere la ficción para crear civilizaciones, pues "un gran número de extraños puede cooperar con éxito si cree en mitos comunes. Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes".

Contar historias es una actividad común a todas las civilizaciones, tanto ancestrales como modernas. Al inicio de la historia de la humanidad, los cuentos acumulaban el conocimiento necesario para sobrevivir y a través de ellos se transmitía el conocimiento. Las historias consolidaron el vínculo biológico de los hombres con los lazos sociales que creaban.

Las sociedades y formas de transmitir el conocimiento han evolucionado, pero permanece el gusto por las historias. La fe, la ciencia, el amor, los fenómenos sociales, necesitan de una historia con la cual la audiencia se sienta identificada a nivel intelectual y/o emocional. De hecho, hasta las campañas políticas requieren de una narrativa para ser efectivas. Son estas historias las que hacen que la información sobre cada uno de los temas sea memorable.

Las historias pueden ser contadas por distintas personas, en distintos momentos y cada público las interpretará de acuerdo con su experiencia, sus ideas e imaginación. Una misma historia puede tener tantas interpretaciones como combinaciones de narrador y escucha o lector existen.

Hay historias que transcurren por completo en la fantasía, pero hay otras que buscan tener una semblanza de realidad. De ahí la importancia de agregar estadísticas a las historias. Al nutrir las narraciones con datos, éstas adquieren objetividad. Los mensajes contados con números logran permanecer intactos a través del tiempo, independientes de las interpretaciones.

Pero para contar historias con estadísticas debemos primero entender lo que ellas dicen y discernir cuáles aportan evidencia a nuestro relato. El primer reto que enfrentamos es seleccionar datos de calidad, que provengan de fuentes confiables, como las oficinas nacionales de estadística que generan información con rigor metodológico. El segundo reto es narrar con la habilidad de traducir las estadísticas de forma que resulten relevantes para nuestro relato, significativas para nuestra audiencia y útiles para los estudiosos y hacedores de política.

Las historias nutridas con estadísticas son un poderoso mecanismo para generar conocimiento en nuestro mundo tan lleno de datos. Contar historias es relevante para los comunicadores, los maestros, los historiadores, la mercadotecnia de las empresas y para la sociedad en general. Las estadísticas no deben verse sólo como números usados por un grupo de técnicos especializados, sino como una herramienta que la sociedad debe aprender a usar en su favor.

No hay que elegir entre números o historias: hay que usar ambas, contar historias soportadas con estadísticas.

Las encuestas reflejan múltiples historias, los datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, por ejemplo, muestran que trabajando hombres y mujeres tiempo completo (40 horas o más a la semana), al llegar al hogar las mujeres laborarán casi 18 horas a la semana más que los hombres en actividades sin sueldo, como el quehacer doméstico o el cuidado de miembros del hogar. Estas cifras sustentan las historias de desigualdad de género en nuestro país que, bien contadas, comunican la dimensión de este fenómeno.

Este poder de la estadística debe llamar la atención y celebrarse en un día como hoy. Mientras en la comunidad estadística debemos esforzarnos por contar historias que promuevan el conocimiento de los datos, los profesionistas de otras disciplinas deben estar conscientes de que no podrán más clasificarse entre creativos o analíticos, entre hábiles o torpes con los números, sino que deben, cada vez más, desarrollar las habilidades para explotar las estadísticas en cada uno de sus campos.

"Somos, como especie, adictos a las historias. Incluso cuando el cuerpo duerme, la mente permanece despierta toda la noche, contándose historias". (Jonathan Gottschall, El animal cuentahistorias: Cómo las historias nos hacen humanos.)

Por Julio A. Santaella, presidente del Inegi

Publicado enSociedad
Unsplash/Nicolas Lobos, CC BY-SA

Hace décadas que el gran divulgador Carl Sagan imaginó magistralmente diferentes ambientes para la vida en un sistema solar que poco a poco íbamos descubriendo. En tiempos recientes, las especulaciones han ido dejando paso a evidencias firmes de que algunos de estos entornos tienen el potencial de albergar hábitats extraños pero sospechosamente familiares. Los últimos datos científicos nos permiten enfocar la búsqueda hacia los lugares que parecen más probables.

En las últimas semanas, varias noticias han dibujado tres situaciones muy distintas. El fosfano en Venus nos invita a pensar en formas de vida suspendidas a gran altura, en un hábitat completamente aéreo. Apenas unos días más tarde se anunciaban nuevos resultados sobre Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que enfatizaban la idea de un océano encapsulado. Finalmente, Marte volvió a presentar su candidatura para la habitabilidad con la confirmación de lagos de agua líquida y salada bajo su superficie.

¿Vida en las nubes, en un océano atrapado por el hielo o en lagos subterráneos? No son lugares tan extraños como podría parecer.

Las posibilidades de Venus han sido muy comentadas recientemente. Los autores del descubrimiento de fosfano han mostrado también un posible ciclo de vida que permitiría el mantenimiento de microbios en una biosfera aérea. Esta hipótesis ya había sido discutida con anterioridad y permite abrir diversas líneas de investigación en el ambiente terrestre. Las hipótesis que se manejan para Venus implican la vida contenida en el interior de las gotas de las nubes para compensar tanto la acidez como la enorme falta de agua en nuestro vecino.

Encélado es una luna compuesta básicamente por agua, cubierta de hielo en el exterior. En su interior, la fricción generada por las mareas de Saturno proporcionarían la fuente de energía necesaria para crear un gigantesco océano encapsulado. Esta situación sería similar a la de otros satélites, como Europa, en Júpiter.

En 2005, la sonda Cassini detectó la presencia de un géiser de agua. Desde entonces se ha intentado determinar por diferentes métodos cuál es la proporción de ingredientes como sal, urea, o amoníaco tanto por favorecer como por perjudicar la posible presencia de seres vivos.

Un reanálisis profundo de los datos acumulados durante 13 años por Cassini ha permitido detectar regiones más finas y jóvenes alrededor de las "rayas de tigre" que muestra Encélado. Estas zonas podrían estar relacionadas con puntos calientes en el océano profundo, tal vez, como en la Tierra, volcanes o fumarolas.

El ambiente volcánico submarino ha sido señalado como el posible origen de la vida en la Tierra y es el sueño de cualquier astrobiólogo, dado que permite tanto buscar vida fuera de la Tierra como estudiar nuestro propio origen. El análogo terrestre más cercano sería el lago Vostok, en la Antártida. Si recordamos el enorme esfuerzo que supuso acceder al propio lago bajo apenas un par de kilómetros de hielo queda clara la enorme complejidad de acceder al posible hábitat de Encélado, bajo una corteza tal vez diez veces más gruesa.

Marte, el eterno candidato

Por último, Marte aparece siempre en la astrobiología, no solo por las más que firmes pruebas de la presencia continuada de agua líquida en su superficie, sino también porque la exploración de sus potenciales hábitats, tanto presentes como pasados, es quizá una de las más sencillas.

Recientemente, la misión Mars Express ha confirmado la detección previa de lagos enterrados un kilómetro y medio bajo la superficie. Aunque se sigue debatiendo la interpretación de las observaciones, agua con una elevada salinidad podría permanecer líquida en esas condiciones, al abrigo de algunas de las dificultades que ofrece la superficie del planeta rojo, como son los cambios extremos de temperatura y la indefensión ante la radiación solar.

Las posibilidades marcianas de los organismos halófilos, adictos a los ambientes salados, se han estudiado por su potencial para generar metano, el gas biomarcador que parece haber sido detectado en el planeta rojo.

Estos tres ambientes, tan aparentemente diferentes, tienen en común sus analogías con la Tierra y son por lo tanto escenarios muy sugerentes donde buscar formas de vida sencilla en nuestro vecindario galáctico. Todos ellos cuentan con sus propias limitaciones, pero también con un gran potencial para incrementar nuestro conocimiento sobre cómo la vida pudo prender y prosperar en nuestro propio planeta.

 

Por Santiago Pérez Hoyos

Investigador Doctor Permanente - Astronomía y Astrofísica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

17/10/2020  

“Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia”

Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (II)

 

El profesor Francisco Erice es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

En los últimos años, ha centrado sus investigaciones en los problemas de la memoria colectiva, la historia del comunismo y la historiografía. Fruto de ello son libros como Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva (2009) y Militancia clandestina y represión. La dictadura franquista contra la subversión comunista, 1956-1963 (2017), así como numerosos artículos en revistas y capítulos en obras colectivas.

En Siglo XXI de España, Erice ha publicado E.P. Thompson. Marxismo e historia social (2016, junto a José Babiano y Julián Sanz, (eds.) y un capítulo en Historiografía, marxismo y compromiso político en España. Del franquismo a la actualidad (2018, José Gómez  Alén, ed.) y En defensa de la razón (2020). En este último libro centramos nuestra conversación.

*

Estábamos en este punto. Hay una referencia y comentario en tu libro, sorprendente para mí, sobre El queso y los gusanos de Ginzburg. ¿Este ejemplo de “microhistoria”, deslumbrante en mi opinión, alimentó también las críticas posmodernas en contra de los “grandes relatos”, de la macrohistoria?

El queso y los gusanos, que a mí también me parece deslumbrante, y la microhistoria en general, no se presentan como manifestaciones del posmodernismo, sino como reflejo de un clima historiográfico general en el que entran en cuestión los paradigmas estructurales y excesivamente deterministas. Los referentes teóricos de esta corriente son diversos y eclécticos. Pero Ginzburg no es un posmoderno; baste ver las diferencias en cómo trata a su personaje (Menocchio), ensanchando los límites de lo individual pero sin negar las reglas sociales, frente a un Foucault que, al tratar del asesino Pierre Rivière, excluye cualquier interpretación para no forzarlo -dice- reduciéndolo a la razón ajena.

Ginzburg tiene claro -y así lo recalca- que de la propia época y clase “nadie se escapa” y que los individuos pueden optar entre diversas posibilidades latentes, pero dentro de una “jaula visible e invisible” que construyen la lengua y la cultura, ejerciendo dentro de ella una “libertad condicionada”. Las críticas más importantes que pueden hacerse a la microhistoria van por otras vías; por ejemplo, por las dificultades de reconstruir el sentido de las acciones individuales sin el conocimiento previo enmarcador de los contextos sociales y culturales en las que se producen.

Te has referido a Foucault en dos ocasiones pero tengo que preguntarte: ¿también Michel Foucault, desde tu punto de vista, es un pensador posmoderno?

Lo es sin duda alguna. No por casualidad se le considera (junto con Derrida, Barthes, Deleuze y algún otro) una de las figuras fundamentales de lo que en Estados Unidos se ha conocido como French Theory, del posestructuralismo, eje central del posmodernismo. Pero, además, Foucault refleja como pocos algunos de los rasgos cardinales del pensamiento posmoderno, entre otras cosas por su conexión directa con Nietzsche: la fragmentariedad y la discontinuidad (piénsese en su teoría de las “epistemes”, sus libros sobre la locura o la prisión, etc.), la ruptura con la idea de causalidad y el descriptivismo (su seguidor Paul Veyne, lo califica como el primero historiador “totalmente positivista”), la negación de la objetividad, etc.

Otra cosa es que Foucault sea, dentro de los posmodernos, el mas interesante, al menos para los historiadores, con algunas aportaciones -y sobre todo sugerencias- importantes.

¿Nos puedes citar alguna de sus aportaciones importantes?

En realidad, más que aportaciones sólidas, yo diría intuiciones o incluso ideas-fuerza que han estimulado investigaciones históricas o sociológicas relevantes, aunque representen también factores de debilidad conceptual o desviación de los enfoques con respecto a otras posibilidades fructíferas.  Pienso por ejemplo en su noción del “poder difuso”, la relación entre saberes y poder, su interés por los márgenes, el análisis de los “sistemas disciplinarios” o incluso -aunque a mí no me parecen especialmente interesantes- sus nociones de biopolítica, de gubernamentalidad o poder pastoral. Son ideas que han generado y generan debates. Aunque en una entrevista reciente convertían una frase incidental mía, donde afirmaba que probablemente Foucault estaba sobrevalorado, en titular llamativo, no pretendía con eso negar todo valor a su obra. Ni siquiera soy, en esto, la mitad de radical que Thompson, que decía que Foucault era “un charlatán”, o de Ginzburg, que lo reducía en gran medida a “una nota a pie de página de Nietzsche”; o incluso del gran marxista español, fallecido hace unos años, Juan Carlos Rodríguez, que relacionaba lo que denominaba “mito Foucault” con un cierto “antimarxismo sutil”.

Sobre estas cuestiones me remito al libro, donde se habla más extensamente de todo ello. 

Ciertamente, le dedicas un capítulo entero, el IV, “Miseria y grandeza del foucaultismo”, título que de nuevo recuerda a Brecht, el del “Terror y miseria del Tercer Reich”.

Hablabas antes de Nietzsche: ¿por qué, como afirmas, Nietzsche y Heidegger son dos predecesores reaccionarios del posmodernismo?

Al hablar de ambos pensadores como precursores del posmodernismo no descubro ningún secreto, porque son las dos grandes figuras influyentes, en mayor o menor medida, en los autores posmodernos. Es bien conocido, por ejemplo, el fuerte influjo heideggeriano en Derrida, o el quizás aún mayor nietzscheano en Foucault. Del carácter política y socialmente reaccionario de ambos filósofos alemanes creo que no caben demasiadas dudas, por más que se haya intentado interpretar a “Nietzsche contra Nietzsche” o “Heidegger contra Heidegger”.

El rechazo al racionalismo ilustrado, las idas de diferencia o discontinuidad, el papel central del lenguaje, el relativismo y tantos otros elementos del pensamiento posmoderno se inspiran en gran medida en ellos. Al presentarlos, en el libro, bajo el epígrafe de “Dos precursores reaccionarios”, se intenta resaltar el llamativo contraste entre pensadores posmodernos sedicentemente de izquierdas y la influencia determinante en ellos de pensadores tan ultraconservadores como los dos citados, o la de Carl Schmitt entre los politólogos posmodernos.

Es difícil pensar que puedan separarse tan radicalmente sus opiniones políticas del resto de sus ideas. Visto así, hablar de “nietzscheanos de izquierdas” o “heideggerianos de izquierdas” va más allá de un simple oxímoron o una “contradictio in terminis”.  

También incluyes a Laclau y Mouffe entre los pensadores posmodernos. Sin embargo, como sabes, no sé si con inconsistencias, algunas formaciones políticas de la llamada nueva izquierda reivindican su pensamiento, su concepción de la política y lo político. ¿Es posible entonces un posmodernismo político de izquierdas?

Laclau y Mouffe son claramente posmodernos; sus influencias declaradas y el desarrollo de sus esquemas de análisis son, en ese sentido, inequívocos. También lo son (aunque con más matices) Negri y Hardt en su teoría del Imperio. Y hay también un “posmodernismo desde el Sur” con muchas variantes (Boaventura de Sousa Santos, Dussel, Aníbal Quijano, etc.).

El posmodernismo ha influido mucho en los a veces llamados “nuevos movimientos sociales” y en los análisis histórico-sociales ligados a los mismos (Historia de género, Cultural Studies, Estudios poscoloniales, etc.). Eso significa que hay, evidentemente posmodernismo que se reivindica de la izquierda, y cuyos defensores son muchas veces firmes y consecuentes militantes de la izquierda. Por eso es importante el debate, la confrontación crítica con estas posiciones desde la izquierda de orientación marxista, para delimitar posiciones de manera clara, pero, por supuesto, entendiendo que estas diferencias no deben excluir las posibles y necesarias colaboraciones prácticas.

En el caso de Laclau y Mouffe, defensores de un “posmarxismo” teórico que se proyecta políticamente como “populismo de izquierdas”, creo que cabe reprocharles, desde posiciones marxistas, su remisión al campo lingüístico de las contradicciones sociales, la separación de lo social (que prácticamente se difumina) y lo político, la ambigüedad de sus posiciones sobre la transformación social o la concepción de la política como una movilización sobre la base de las emociones y los sentimientos, tremendamente peligrosa por su potencial irracionalismo, que condena objetivamente a los movilizados a una posición subalterna.        

¿Ha habido aportaciones importantes, destacables y reconocidas, del posmodernismo en el ámbito de la historia, o sus reflexiones se han centrado más bien en la metahistoria o en la filosofía en general? ¿Hay historia posmoderna interesante por decirlo de algún modo?

Suele decirse que hay mucha reflexión teórica posmoderna en el campo de la Historia (Hayden White es un claro ejemplo), pero pocos historiadores posmodernos, y creo que es cierto, aunque con algunos matices. La razón está en que llevar a la práctica postulados posmodernos extremos supone atentar contra la misma lógica del oficio de historiador; no es de extrañar que uno de los defensores de estas tesis, Jenkins, llegue a pronosticar el fin próximo de la Historia (de la Historia como disciplina) y hable de futuras sociedades que ya no necesiten a los historiadores. Por eso lo que sí hay es una amplia gama de influencias parciales o de posmodernismo light o moderado. Y, sobre todo, un clima propicio a la difusión de este tipo de planteamientos, siempre mezclado con otros o matizado. La Historia posmoderna más completa, lo que sus cultivadores llaman, por ejemplo, la Historia postsocial, es hoy bastante minoritaria. 

Pero esto que señalas del fin de la historia como disciplina científica o la consideración de que de hecho nunca lo fue, ¿no son también tesis o consideraciones próximas a Althusser o a sus discípulos o seguidores?

La proximidad de Althusser a algunos de estos autores es evidente (por ejemplo, su influencia en Laclau), aunque, en todo caso, Althusser tenía una concepción “cientifista” del marxismo y hablaba pomposamente de Marx como descubridor del “continente de la Historia”. A lo mejor parte del problema es qué entiende por ciencia o la contraposición ciencia-ideología.

Para los historiadores, creo que los dos principales problemas que plantea Althusser tienen que ver con el “anti-historicismo” y “anti-empirismo” por un lado, y el “antihumanismo” por otro. Thompson percibió bien -aunque no sé si lo formuló del todo correctamente- los efectos deletéreos para la Historia de un “anti-empirismo” que degenera en “teoricismo”, rompiendo el “diálogo” de la construcción teórica con el material empírico. El antihumanismo, además, degradando el papel de la acción humana, refleja el carácter “políticamente sombrío” del marxismo althusseriano, como decía Eagleton, reforzado por su noción de ideología, que subraya la opacidad necesaria de los procesos sociales incluso en el ámbito de una hipotética sociedad emancipada.    

¿Cuáles serían tus principales críticas a lo que llamas historia de género?

La llamada “Historia de género”, y no digamos ya la Historia de las mujeres, noción más amplia pero estrechamente relacionada con ella, han hecho aportaciones verdaderamente sustanciales a la renovación historiográfica de las ultimas décadas. Lo que el libro critica no es este campo historiográfico, ni la noción en sí de género, entendido como construcción cultural de los roles atribuidos a hombres y mujeres. Más bien se cuestiona una determinada manera de definir el género, vinculada precisamente a las teorías posmodernas, que entiende las diferencias como mera construcción lingüística y se desvincula del estudio de las relaciones materiales y sociales que afectan a las mujeres.

Es esta Historia reductivamente “culturalista”, tremendamente peligrosa además para la misma legitimación de los movimientos feministas, la que debe ser teóricamente combatida. Hay, por el contrario, intentos de imbricación de género y clase o de explicación histórica materialista de la historia de las mujeres, ligada a las condiciones materiales de su existencia, sin olvidar -claro está- los factores culturales, que constituyen una vía de desarrollo historiográfico verdaderamente prometedora para el futuro.     

La tercera parte de tu libro lleva por título “La historia marxista después de la tormenta. Propuesta para una reconstrucción”. Son muchas las sugerencias y tesis que en ella defiendes. Sobre algunas de ellas. ¿Qué fue Marx en tu opinión? ¿Un economista, un filósofo, un revolucionario, un historiador? ¿Todo en uno?

Humildemente, debo reconocer que esta tercera parte tiene quizás más sugerencias que tesis perfiladas. En todo caso, sin querer decir que en las dos anteriores se planteen los análisis de manera más sólida o afianzada, me pareció que era más oportuno subrayar, en esta parte final, el carácter abierto de los debates sobre cómo reconstruir un marxismo historiográfico que recoja lo mejor de la tradición materialista y a la vez no se repliegue sectariamente frente a las contribuciones del propio desarrollo de la Historia como disciplina.

Con respeto a la identificación “gremial” de la obra de Marx o en el encasillamiento de su figura, creo que posee todas esas dimensiones y alguna más. Pero todas ellas, lejos de superponerse, se integran en una visión unitaria, como Schumpeter supo ver bien a propósito de la Economía y la Historia. Creo que Marx absorbe y combina muchos ingredientes y perspectivas, pero nunca es “ecléctico”. Quizás la dimensión central más justificable de su obra sería la de filósofo, más que de científico. Y por supuesto, la de revolucionario, que asume la “crítica de las armas” como realización del “arma de la crítica”.

Desde luego, no es exactamente un historiador, pese a que Pierre Vilar le gustaba identificarlo como tal (las obras de Marx, si acaso, nos recuerdan a las actuales Sociología histórica o Historia del Presente), por su evidente y fundamental tendencia a “pensarlo todo históricamente”.    

¿La teoría marxista de la historia es una disciplina científica? Si lo fuera, ¿qué tipo de ciencia sería?

Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia. Pero sí creo que la concepción marxista, racionalista, materialista y crítica, nos ayuda a la construcción de la Historia como ciencia. El marxismo lo que nos ofrece o nos permite construir es una teoría de la sociedad que funcione como un “horizonte metodológico” o “ideal regulativo” (tomo las expresiones de Moradiellos) para el análisis de los materiales históricos. Pero no hay una “ciencia marxista”, como no la hay “proletaria” o “feminista”.

Las ciencias, sin que ello implique sacralizarlas, representan el horizonte máximo de racionalidad metódica y sistemática alcanzado por las sociedades humanas. Hablar de la Historia como ciencia se sitúa en las antípodas del posmodernismo, que la identifica en lo esencial con la Literatura o la ficción, o que niega principios esenciales como el de causalidad, determinación o continuidad. Obviamente, la Historia es una ciencia “humana”, en la que el sujeto operatorio (el historiador) es imposible de neutralizar del todo (como sucede en las ciencias físico-naturales) en el proceso de construcción del conocimiento. Pero existen mecanismos que permiten alcanzar grados de veracidad significativos (la crítica rigurosa de las fuentes, los principios deontológicos del trabajo del historiador, la socialización “gremial” o el contexto institucional de los conocimientos, etc.), que permiten a la Historia figurar decorosamente en el campo de las ciencias humanas o sociales que se ha ido institucionalizando a lo largo de los dos últimos siglos. Creo que la teoría de la ciencia de Gustavo Bueno plantea correctamente el asunto, sin renunciar al análisis sociológico de la misma, pero no incurriendo en el sociologismo o el relativismo.  

Tomemos un respiro. El último.

Como quieras.

Por Salvador López Arnal | 14/10/2020 

Fuente: El Viejo Topo, septiembre de 2020

Primera parte: Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (I), «Pensamientos y lenguaje no forman un mundo aparte, son ‘expresiones de la vida real’», https://rebelion.org/los-pensamientos-y-el-lenguaje-no-forman-un-mundo-aparte-sino-que-son-con-toda-su-complejidad-expresiones-de-la-vida-real/

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