Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido).

ENTREVISTA — Catedrática de Neuroimagen Cognitiva

La investigadora de la Aston University (Reino Unido) explica que "si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos"

 

Una de las lecciones que ha dejado la pandemia de COVID-19 es que en biología no hay unos y ceros: la realidad es compleja y las excepciones, numerosas. La investigadora Gina Rippon (Reino Unido, 1950) defiende en El género y nuestros cerebros (Galaxia Gutenberg, 2020) que los cerebros de los seres humanos no pueden catalogarse de forma binaria según el género de su portador.

¿Reflejan nuestros cerebros que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus? Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido), repasa la historia de la neurociencia y el estudio de las diferencias sexuales del cerebro con dureza y una dosis de humor británico.

En las páginas de El género y nuestros cerebros hay psicología barata, neurobasura, salmones muertos y bebés. Muchos bebés. Hablamos con ella sobre el órgano más complejo de nuestro cuerpo y los mitos sexuales que lo rodean y damos por sentado. 

¿Existe un cerebro masculino y femenino?

La idea [de que existen] surgió a finales del siglo XVIII y está pasada de moda. Como hombres y mujeres tenían cuerpos, habilidades y roles diferentes, se daba por sentado que también tendrían cerebros diferentes. Así empezó lo que yo llamo una "caza de diferencias", pero ninguna investigación ha podido asignar un sexo a un cerebro. Es importante tenerlo en cuenta, porque muchas políticas, estrategias educativas y estereotipos de género se basan en la idea de que sí existe un cerebro masculino y uno femenino.

Entonces, si alguien estudiara mi cerebro ¿no podría adivinar mi sexo?

Si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos. Cada cerebro es diferente al resto. Existen partes que tienden a ser mayores en los hombres y rutas que pueden ser más largas en las mujeres, pero es un mosaico, no una división entre rosa y azul.

Antes pesábamos cráneos y ahora contamos con los escáneres más avanzados. ¿Por qué las nuevas tecnologías no han zanjado el debate sobre las diferencias sexuales en el cerebro?

Tendemos a buscar evidencias que confirmen lo que ya creemos. A los científicos nos gusta considerarnos objetivos, pero a menudo las preguntas que se hacen forman parte de un sesgo de confirmación. Ya no medimos el ángulo entre la punta de la nariz y el lóbulo de la oreja; en su lugar intentamos demostrar que la amígdala masculina es más gruesa que la femenina, pero todo forma parte de la misma idea. Cuando no encontramos diferencias creemos que hay algo mal con las métricas, en vez de pensar que igual no existen. Aun así, creo que la neurociencia del siglo XXI maneja mejor las preguntas: por eso debemos revisitarlas.

Hoy sabemos que el cerebro es plástico y tiene gran capacidad de adaptación. ¿Puede esto poner punto y final al debate?

Es difícil, pero debería hacer que avance. Pensábamos que el cerebro era algo fijo que tenía un guion biológico, con una plantilla para hombres y otra para mujeres, y que si no encontrábamos diferencias era por culpa de la tecnología. Ahora sabemos que este órgano cambia a lo largo de nuestra vida y que su desarrollo no termina durante la adolescencia. Cambia según nuestras experiencias y según lo que el mundo espera de nosotros, de nuestro comportamiento y del grupo al que deberíamos pertenecer. En ese sentido sería mejor hablar de un cerebro "feminizado" o "masculinizado" para reflejar que lo que sucede fuera es tan importante como lo que pasa dentro.

En el libro asegura que una diferencia estadística no tiene por qué ser "útil". ¿A qué se refiere?

Si miras los datos asociados a diferencias [sexuales] entre cerebros y comportamientos verás que hay mucha variabilidad dentro de cada grupo, con una superposición enorme. Las diferencias entre los grupos son muy pequeñas, mientras que las diferencias dentro de los grupos son muy amplias. Sin embargo, nuestra atención siempre ha estado en las primeras, que son tan pequeñas que pueden no ser significativas. Que haya un número estadístico no significa que puedas coger una mujer o un hombre al azar y predecir su personalidad o el tamaño de su hipocampo.

A las defensoras del concepto de "neurosexismo" se les acusa de negar que existan las diferencias sexuales e, incluso, la propia biología. ¿Es cierto?

Soy neurocientífica, sería raro que negara la biología. Estoy de acuerdo en que existen las diferencias sexuales, el problema es que algunos aseguran que tienen un significado evolutivo y que por eso se han mantenido. Tenemos que preguntarnos cómo de significativas son [para explicar] las diferencias en logros y salud. Asumir que todo lo que necesitas saber de alguien es su género no te dará la respuesta correcta: el sexo influye, pero hay otros factores a tener en cuenta.

Sus críticos también aseguran que ustedes piden no investigar ciertos temas y, por lo tanto, censuran la ciencia.

 Me molesta mucho ese argumento porque yo no digo que no haya que estudiar las diferencias sexuales. No las negamos ni las consideramos una verdad incómoda. De hecho, son tan importantes que queremos llegar al fondo del asunto, asegurarnos de que las investigaciones son fiables y válidas, y que las preguntas e interpretaciones son rigurosas.

La batalla en curso [contra el neurosexismo] tiene un decepcionante nivel de mala comprensión sobre lo que hacen los científicos en cada bando. Es un debate importante y no solo académico: es sobre cómo la gente vive sus vidas y cría a sus hijos.

¿Es la salud mental uno de esos ejemplos en los que es importante estudiar las diferencias sexuales?

En la salud mental, depresión, desórdenes alimenticios y de autoestima hay influencias sociales muy poderosas. También puede ser que el cerebro de las mujeres sea más susceptible a estas influencias y de ahí vengan las diferencias, pero no surgen automáticamente. Emergen en el contexto de una sociedad muy dividida por géneros [que enfatiza] las diferencias sexuales. Las diferencias biológicas juegan un papel, pero no son solo genes y hormonas. También puede ser que la biología haya sido moldeada por los estereotipos, expectativas y experiencias.

Define a los psicólogos evolucionistas como "defensores del ‘statu quo’". ¿Es esto un problema en otros campos?

Es algo que sucede en la propia neurociencia, que en sus orígenes trabajaba partiendo del statu quo. La psicología evolucionista consiste en mostrar una diferencia sexual, como el instinto maternal o la agresión, y luego retroceder para decir que tiene un significado evolutivo y que se ha mantenido a lo largo del tiempo porque es importante. Así acabas diciendo que las mujeres prefieren el rojo al azul porque necesitaban recolectar bayas en el pasado, mientra los hombres escaneaban el horizonte en busca de mamuts. 

¿Buscamos excusas científicas para justificar decisiones políticas?

El argumento esencialista dice que todas estas brechas de género están basadas en diferencias naturales que no deberíamos cambiar. Quienes se benefician de las desigualdades piensan que habría que dejar las cosas como están, y hay evidencias que muestran que aquellos que creen en la existencia de diferencias biológicas fundamentales tienden a apoyar menos las iniciativas que fomentan la diversidad. Creen que si hay menos mujeres en ciencia o en los gobiernos así es como debería ser.

¿Cómo cambiar la visión de la sociedad en este tema? Llevamos años absorbiendo mala ciencia y titulares sensacionalistas.

A la gente le encantan libros como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus porque sienten que reflejan su propia experiencia. Si hay datos que apoyan [las diferencias sexuales] y les dan algo de credibilidad científica es más probable que lo crean. No gusta oír que, en realidad, no son verdades universales sino algo que hemos construido en la sociedad. Necesitamos destacar las consecuencias negativas de los estereotipos y explicar que el mundo no tiene por qué ser así. Debemos explicar que somos más similares que diferentes: no somos ni de Marte ni de Venus, somos todos de la Tierra.

¿Qué papel juega en esto la educación?

La educación también es importante. En los primeros años de vida, cuando los cerebros son más absorbentes, [los niños] están más expuestos a estereotipos de género, desde la ropa a los juegos. Así empezamos a encaminar sus cerebros de formas diferentes. Debemos asegurar que todos puedan alcanzar su potencial. Pequeños cambios, como prohibir anuncios y juguetes que apoyen estereotipos de género, pueden ayudar.

Aun así, la gente me pregunta si alguna vez tendremos una sociedad neutral en cuanto al género, y me dice que va a educar así a sus hijos. Yo creo que el único camino hacia adelante es tener una sociedad en la que el género sea irrelevante, en la que este no decida cómo una persona puede contribuir a la sociedad, qué habilidades tiene y qué se le da bien o mal.

Muchos científicos critican que no se publiquen más resultados negativos. ¿Son los estudios de diferencias sexuales la punta del iceberg?

 Sí, y es algo que pasa en la ciencia en general. Diseñamos un estudio para demostrar la hipótesis de que hay diferencias entre los cerebros, y cuando no las encontramos pensamos que quizá hicimos algo mal y no lo publicamos. La ciencia debería compartir todo lo que encuentra. De lo contrario, quien ojee la literatura académica pensará que hay miles de estudios que muestran diferencias en el cerebro de hombres y mujeres, cuando hay muchos más que no se han publicado.

¿Nos fijamos demasiado en las diferencias 'per se', en vez de en sus implicaciones?

Completamente cierto. Hemos gastado millones en medir pequeñas partes del cerebro, pero no sabemos cómo las diferencias estructurales se traducen en diferencias de comportamiento. Podemos medir todo lo que queramos, pero nada de eso explica que haya más hombres jóvenes que se suicidan, mujeres jóvenes con desórdenes alimenticios, menos investigadoras, o más hombres en prisión. Podemos decir que hay una asociación, pero no sabemos realmente lo que significa. 

La ciencia superó hace décadas el debate entre naturaleza y crianza, ¿por qué parece haberse mantenido en la sociedad?

Esta vieja dicotomía refleja los inicios del feminismo, que sostenía que las mujeres deberían ser capaces de hacer cualquier cosa, y cualquier explicación biológica era una especie de conspiración para mantenerlas en su sitio. Por eso defendían ignorar la biología y centrarse en la crianza. La gente piensa así todavía porque no se dan cuenta de cómo el mundo moldea nuestro cerebro. No es naturaleza ni crianza: están enmarañadas, e intentar agarrarse a un lado u otro nos ha limitado siempre.

En los últimos años se escucha cada vez más que el sexo humano no es binario, ¿qué opina del tema?

Hasta los biólogos dicen que no deberíamos pensar en términos binarios rígidos porque sabemos que la distinción no es tan clara. Aunque aceptemos que hay un sexo biológico binario, eso no determina en absoluto cuál debería ser tu identidad de género. Además, [el género] es un proceso biológico, pero es mucho más flexible y multidireccional de lo que pensábamos. Deberíamos decir a la gente que su identidad está determinada por quién sienten que son, pero a veces existe una tensión por mantener la vieja dicotomía.

¿La mala ciencia ha afectado a la lucha por la igualdad de género?

Sí, es la base de la desigualdad de género porque históricamente se ha creído que [las diferencias sexuales] eran por motivos biológicos. Esto socava el progreso en muchas iniciativas, no solo de género. Centrarse en la biología puede ser un problema porque esta no funciona en el vacío: tienes que cambiar la cultura en la que se desarrolla para asegurar que los esfuerzos por igualar la brecha de género valen la pena.

Una de las preguntas que deja sin resolver en 'El género y nuestros cerebros' es la llamada paradoja de la igualdad, por la que aquellos países más igualitarios tienen menos investigadoras. ¿Por qué cree que sucede?

Es muy simplista decir que las mujeres no hacen ciencia porque prefieren a la gente, mientras que los hombres prefieren las cosas, como si hubiera una preferencia biológica predeterminada. Esto lleva a sugerir que no hay que molestarse con iniciativas para impulsar la diversidad. La autoestima es muy importante: dirige nuestro comportamiento y es un mecanismo de supervivencia casi tan fundamental como el hambre y la sed. Hay muchas formas en las que una cultura puede socavar la autoestima de una persona, y si una persona con habilidades puede escoger dónde usarlas, puede decidir evitar los sitios donde no va a ser reconocida, recompensada ni ascendida. Es un gran ejemplo de la paradoja por la que la sociedad culpabiliza al individuo sin mirar su propio papel en el comportamiento de este.

Por Sergio Ferrer

6 de septiembre de 2020 22:03h

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Vista global simulada por computadora del cuerpo celeste, elaborada en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA

Residen dentro de las gotas de las nubes // El planeta tiene una atmósfera similar a la de la Tierra

 

Un nuevo estudio astrobiológico concluye que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido en la atmósfera de Venus, que les permitirá sobrevivir durante quizá millones de años.

Con un demoledor efecto invernadero, una presión superficial aplastante y nubes de ácido sulfúrico, Venus ciertamente no es amigable para la vida tal como la conocemos, y las pocas naves espaciales que la humanidad ha enviado a su superficie sólo han resistido unos minutos.

Pero a unos 40 a 60 kilómetros sobre la superficie, la atmósfera de Venus es la más parecida a la de la Tierra que a la de cualquier otro lugar del Sistema Solar. Allí, ese planeta tiene una presión de aire de alrededor 1 bar y temperaturas en el rango de cero a 50 grados Celsius.

La pregunta de si los microbios podrían sobrevivir allí ha sido especulada durante mucho tiempo por científicos, desde Carl Sagan en 1967. Un estudio en 2004 analizó cómo el azufre podría ser utilizado por microbios como un medio para convertir la luz ultravioleta en otras longitudes de onda de luz que podrían usarse para la fotosíntesis. Uno más, en 2018, planteó que las manchas oscuras que aparecen en la atmósfera del planeta podrían ser algo similar a las floraciones de algas que ocurren de forma rutinaria en los lagos y océanos de la Tierra, informó Universe Today.

Análisis anteriores

Sin embargo, la mayoría de los estudios anteriores concluyeron que los posibles microbios en la atmósfera de Venus podrían tener sólo una vida útil corta: caerían a través de las nubes hacia la capa de neblina inferior y terminarían incinerados y/o aplastados por la presión atmosférica más alta que está más cerca de la superficie.

Un nuevo estudio de la astrobióloga Sara Seager, profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, sugiere que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido, que les permitirá sobrevivir quizá millones de años.

Ella investigó la posibilidad de que los microbios puedan vivir dentro de las gotas de la nube de ácido sulfúrico. "Suponiendo que la vida debe residir dentro de las gotas de las nubes, resolvemos el enigma posterior de las que se depositan gravitacionalmente y alcanzan regiones más calientes e inhabitables al proponer un ciclo de vida venusiano en el que es un paso crítico. Los microbios se secan para convertirse en esporas al alcanzar la capa de neblina inferior relativamente estancada, que llamamos un depósito con fugas. Las esporas secas residirían allí hasta que algunas puedan ser transportadas de regreso a las capas de nubes templadas y habitables, donde actuarían para promover la formación de nubes, y quedarían envueltas en gotas de nubes para continuar el ciclo de vida", escribió Seager en su artículo, publicado en la revista Astrobiology.

La tentación de Newton ante las manifestaciones de la conspiración

Existe una historia sobre Isaac Newton que siempre ha llamado mi atención. Muy probablemente sea apócrifa, pero ilustra perfectamente cómo se veía a los científicos en el siglo XVIII. En su casa, el científico fue abordado por una señora que había perdido su bolso. El bolso contenía objetos importantes y la mujer le pidió angustiada que le dijese dónde estaba. Evidentemente, Newton se negó, no podía ayudarla. Tras catorce insistentes visitas, el científico se puso una túnica, marcó un círculo con tiza a su alrededor y dijo: Abracadabra. Ve a la fachada del Hospital Greenwich. Allí veo a un duende agachado con tu bolso.

No puedo por menos que sonreír imaginando al científico perplejo ante la incomprensión de algunos de sus vecinos sobre el funcionamiento y alcance de su trabajo. Pero también me pregunto cómo continuaría la historia al saberse estos ridiculizados por el maestro ante sus demandas imposibles.

En estas semanas corren ríos de tinta sobre algunas manifestaciones que contradicen el consenso científico. Antes que nada, recomendaría consultar el trabajo que desde finales de los años 1980 realiza el Comité de Investigación de Sociología del Conocimiento, de la Ciencia y la Tecnología de la Federación Española de Sociología (la sociedad científica que agrupa a la sociología española), así como desde la psicología social y la opinión pública, para comprender las dinámicas de la confianza social en la ciencia y las instituciones científicas.

¿Qué nos dice la evidencia sobre los movimientos contra el consenso científico?

El error de meterlo todo en el mismo saco

Primera evidencia: estos movimientos no son homogéneos. Lejos de eso, entre la población existe un amplio espectro de confianza hacia el consenso tecnocientífico y, además, con diferentes puntos de tensión. Es decir, algunas personas desconfían profundamente de la capacidad de controlar la energía nuclear, mientras que confían en las vacunas infantiles recomendadas por las instituciones sanitarias.

En el caso de la confianza en las recomendaciones sanitarias contra el coronavirus, primera sugerencia: tener en cuenta este continuo de actitudes (positivas, ambivalentes y negativas). Dicho de otra manera: no tratar las actitudes críticas como si fueran un bloque. No lo son; se trata de una amalgama de personas, algunas con posiciones infranqueables, otras con planteamientos más ambiguos, con una gran diversidad de inquietudes.

Como dice Dan Kahan en su interesante artículo en Science, tratarlos de manera uniforme puede tener efectos contraproducentes. También en España, diversos estudios muestran cómo la mayor parte de la ciudadanía expresa actitudes ambivalentes hacia la ciencia y la tecnología, alejadas de la antigua dicotomía "todo es beneficioso", "nada lo es".

La responsabilidad de los referentes en los que confiamos

Segunda evidencia: cuando analizamos realidades con aspectos científicos complejos (como un nuevo coronavirus que irrumpe de repente en nuestras vidas) la gran mayoría de las personas no puede dedicar el tiempo y la energía necesarios a comprender por ellas mismas todas las cuestiones en juego. No podemos estudiar microbiología, epidemiología, neumología, virología durante meses para poder llegar a tener una opinión sobre lo que sucede.

¿Cómo hacemos? Usamos atajos, normalmente mediados por la confianza que nos proporcionan algunas instituciones o personas. Por ello es tan importante cuidar la confianza cuando abordamos la comunicación de una crisis sanitaria como la que vivimos. Volveré sobre esto.

Así, las declaraciones de referentes sociales y políticos tienen mucha importancia. Un experimento de mi colega Matthew Hornsey muestra cómo los votantes republicanos son más propensos a rechazar la vacunación si llegan a leer tuits antivacunas de Donald Trump (en el que tienen una confianza política).

¿Hizo el presidente Trump ese curso de microbiología que no pudimos hacer? No. Pero su posicionamiento sobre temas complejos y controvertidos funciona de atajo para cientos de miles de personas. Por ello es tan importante la responsabilidad de los referentes políticos, sociales y culturales a la hora de pronunciarse sobre este tipo de cuestiones complejas. Si no pueden hacer ese curso de microbiología, deberían dirigir sus opiniones hacia las personas expertas.

Pero también existen incentivos para que algunos agentes sociales no actúen de manera responsable. Esta capacidad de ser atajos para cuestiones complejas y controvertidas está siendo utilizada por algunas agrupaciones políticas extremas en diversos países para canalizar la desconfianza y las inquietudes sobre la evolución de la pandemia. Estos incentivos deberían ser compensados por costes legales específicamente definidos para reducir este uso irresponsable de la influencia política hacia cuestiones de sanidad pública.

También es crucial la confianza que tengamos en el funcionamiento de nuestras instituciones sanitarias. Esa confianza influirá fuertemente, por ejemplo, en nuestras actitudes hacia la vacunación.

El razonamiento motivado

Una tercera evidencia que me parece muy pertinente para entender las manifestaciones recientes contra el uso de la mascarilla o las futuras vacunas es la que muestra mecanismos de razonamiento motivado o cognición protectora de la identidad.

A menudo, las personas operamos más como abogados cognitivos que como científicos cognitivos: en lugar de sopesar la información de una manera abierta, atendemos, criticamos y recordamos información de manera selectiva, de un modo que refuerza nuestras conclusiones previas. Grupos más afectados por las medidas contra el coronavirus, que ven peligrar en mayor medida su forma de vida o valores, tenderán a activar en mayor medida mecanismos de razonamiento motivado.

Y, todavía más interesante. Una investigación pendiente de publicación que hemos realizado en 2019 en España (con Celia Díaz y Matthew Hornsey) muestra que las personas con estudios superiores serían más proclives a activar este tipo de mecanismos en su reticencia a la vacunación, ya que disponen de más recursos para proteger cognitivamente su visión del mundo. Esto ayudaría a explicar la mayor presencia (con respecto al total de la población) de personas con niveles avanzados de estudios o con profesiones más expuestas por las medidas contra el coronavirus (autónomos, sector cultural, etc.).

Este mecanismo de razonamiento motivado también ayudaría a explicar por qué algunas personas reticentes con las vacunas pasan una cantidad de tiempo considerable buscando información en internet sobre las vacunas y, aun así, llegan a conclusiones alejadas del consenso científico. Y también por qué algunas campañas de vacunación que se han basado en presentar información científica o refutar mitos sobre las vacunas han logrado un éxito moderado e incluso algunas campañas particulares han llegado a tener efectos negativos (efecto boomerang).

El miedo y la necesidad de comprender

Por último, el miedo. La situación que hemos vivido estos últimos meses no tiene precedentes en nuestro tiempo de vida. Imagínese que, en esta circunstancia excepcional, siente que no puede confiar en los líderes políticos. Siente desconfianza hasta el punto que cree que no buscan proteger su salud. También desconfía de las farmacéuticas. Y de los médicos, porque cree que están al servicio de estas. No puede salir a la calle sin ‘saber’ lo que está pasando. Necesita una explicación coherente con su forma de ver el mundo.

Aquí entran en juego diversas teorías de la conspiración en torno al origen y la naturaleza del coronavirus. Para algunas personas, estas teorías cubren una necesidad urgente en un momento en que su vida está dando un vuelco: comprender. Porque si comprendo (o creo comprender) tengo la sensación de tener un mayor control sobre la situación.

El periodismo científico vive un momento crucial en todo el mundo, ya que puede influir de manera significativa en cómo evoluciona ese rango amplio de actitudes ambivalentes hacia la ciencia y la tecnología en este contexto de crisis sanitaria. Y sabemos que estas actitudes influirán en los comportamientos futuros.

Muchas personas quieren saber dónde está la solución y la quieren ya. Además, desconfían ante el hecho de que la ciencia no sea monolítica, que no todos los científicos den la misma contestación, que haya médicos que den explicaciones discordantes con el consenso mayoritario de la ciencia. También desconfían de que, en contextos de incertidumbre, haya medidas que posteriormente se corrijan o que puedan resultar contradictorias con otras. A pesar de que algunos ciudadanos insistan catorce veces, como a Newton, creo que la comunicación de la ciencia debe ser fiel a sus límites, evitando darles lo que reclaman: respuestas para todo, monolíticas, infalibles.

Redes sociales que polarizan mensajes

En las redes sociales veo cómo crece el ruido, la simplificación, la polarización social. El conflicto no necesariamente es negativo. Sin embargo, enfrentarnos contra quienes desconfían del consenso científico llevará a la polarización. Y en esta crisis, la polarización social promete pocos beneficios y, en cambio, mucho que perder.

Algunas reacciones duras contra las manifestaciones recientes me preocupan, aunque pueda entender las emociones que las motivan. Primero, porque numerosos estudios muestran que ridiculizar a estas personas es contraproducente. Sugiero revisar las recomendaciones de UNESCO (basadas en evidencia científica) sobre cómo comunicarse con personas que creen firmemente en teorías de la conspiración.

Segundo, porque el endurecimiento de las posiciones puede provocar enfrentamientos (no solo verbales) entre grupos de personas que ven al otro como el enemigo. Me sorprendió recientemente un tuit de un diputado, señalando a los manifestantes como "enemigos del pueblo". Si empezamos a vernos como enemigos difícilmente podremos colaborar en un reto en el que nos necesitamos mutuamente.

La tentación de ridiculizar a quien no confía en el consenso científico puede llevarnos a una disminución de la confianza social. Sin confianza, no hay colaboración. Sin colaboración, no podemos parar la pandemia. En esta situación, creo que Newton respiraría por decimoquinta vez y, sin caer en la ridiculización, trataría de entender la desesperación de su vecina. Porque la necesita.

Por JOSEP LOBERA

Profesor de Sociología, Universidad Autónoma de Madrid

23/08/2020

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Publicado enSociedad
Ingenieros y técnicos del Centro Espacial Kennedy, en Florida, trabajan en el robot, considerado el más avanzado de la NASA hasta el momento.Foto Ap

El robot de la NASA viajará en el Atlas 5, cuyo lanzamiento está previsto para hoy // Probarán equipamiento a fin de producir oxígeno en el planeta rojo a partir de su atmósfera

 

La NASA comenzará este jueves una misión ambiciosa a Marte, con el lanzamiento del cohete Atlas 5 que llevará al planeta rojo a Perseverance, un robot de última generación, encargado de desplegar un mini helicóptero, probar equipos para futuras misiones humanas y buscar rastros de vida en el pasado.

A bordo del cohete, producido en una asociación de Boeing y Lockheed denominada United Launch Alliance, Perseverance llegaría a Marte en febrero.

La nave, parte de una misión de 2 mil 400 millones de dólares, despegará, según se programó, de Cabo Cañaveral, en Florida. Se trata del noveno viaje de la agencia espacial estadunidense a la superficie marciana. Emiratos Árabes Unidos y China también lanzaron sondas al planeta rojo este mes.

Perseverance se posará en el cráter Jezero, lago extinto de 3 mil 500 millones de años de antiguedad que los científicos sospechan podría contener evidencia de vida microbiana en el pasado de Marte.

"Es la primera vez en la historia que iremos a Marte con la misión explícita de encontrar vida en otro mundo", sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, en una conferencia de prensa realizada ayer.

Uno de los siete experimentos de Perseverance abordará en específico futuras misiones humanas a Marte.

Moxie (Mars Oxygen In Situ Resource Utilization Experiment) ayudará a prepararse para esas primeras misiones al demostrar que es posible producir oxígeno en Marte a fin de utilizarlo como propulsor para cohetes y para la tripulación cuando pise suelo marciano.

Moxie fue propuesto y desarrollado a través de una colaboración entre investigadores del Observatorio Haystack del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de esa institución (AeroAstro), junto con ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

En la película de 2015 The Martian (de Ridley Scott), el astronauta Mark Watney (Matt Damon) se queda varado en Marte, donde logró sobrevivir el tiempo suficiente para coordinar una misión que le permitiera encontrar a la tripulación de la nave. A partir de la cinta se muestra el principio básico detrás de la utilización de recursos in situ, o ISRU, y Moxie representa un primer paso importante en ese sentido para futuros exploradores del planeta rojo.

"La gente y los cohetes necesitan oxígeno. Si estos últimos queman combustible, lo requieren", destacó Michael Hecht, investigador principal de Moxie y director de investigación en el MIT.

Los lanzamientos consumen una gran cantidad de combustible: impulsar una nave espacial para salir de la atracción gravitacional de la Tierra requiere una gran cantidad de energía, y regresar al planeta, también.

Además, los tanques a fin de transportar el oxígeno necesario para una misión determinada ocupan un valioso espacio en una nave espacial cuidadosamente calibrada. Aquí es donde entra en juego el enfoque ISRU.

"En lugar de llevarlo, ¿por qué no hacerlo cuando llegamos allí?", preguntó Hecht. "El oxígeno existe en Marte, pero no de forma que podamos usarlo. Ese es el problema que tratamos de resolver con Moxie".

Una fuente potencial de oxígeno es el hielo que hay debajo de la superficie marciana. Sin embargo, extraerlo requeriría maquinaria compleja; cavar y perforar provocaría un desgaste significativo en el equipo, lo cual es un problema cuando una persona de reparación está en un planeta de distancia. Por fortuna, había otro recurso potencial que el equipo puede aprovechar para generar oxígeno: la atmósfera.

"La atmósfera marciana es de alrededor de 96 por ciento de dióxido de carbono, por lo que construimos un pequeño árbol mecánico".

El objetivo es recolectar el dióxido de carbono, convertirlo en oxígeno y medir la pureza de éste. Después, el sistema filtra el polvo, lo comprime y lo introduce en el electrolizador de óxido sólido, elemento clave que toma dióxido de carbono a presión y utiliza una combinación de electricidad y química para dividir la molécula en oxígeno. y monóxido de carbono. Se analiza la pureza del oxígeno, y luego se devuelve a la atmósfera marciana.

Imagen de microscopía de fluorescencia atrapada por membrana de las muestras antes de los procesos de purificación celular, donde se observaron partículas de sedimentos muy abundantes, en un ubicación no revelada.Foto Afp

El trabajo ilustra la resistencia de la vida en la Tierra, explican // De la era de los dinosaurios, estaban en muestras de arcilla tomadas a más de 74 metros de profundidad en el océano

 

Microbios marinos de la era de los dinosaurios reviven en laboratorio

Científicos lograron despertar microbios de 100 millones de años, que se encontraban bajo el océano, en un lugar poco propicio para la vida, según un estudio.

Estos resultados, publicados en la revista Nature Communications, revelan las asombrosas capacidades de una de las formas de vida más primitivas aparecidas en la Tierra, que puede sobrevivir durante decenas de millones de años casi sin oxígeno ni nutrientes, y renacer en un laboratorio.

Un equipo de investigación la Agencia de Ciencia y Tecnología de la Tierra y el Mar de Japón (Jamstec) y la Escuela de Oceanografía de Graduados de la Universidad de Rhode Island reunió muestras de sedimentos antiguos hace 10 años durante una expedición al Gyre del Pacífico Sur, la parte del océano con la productividad más baja y la menor cantidad de nutrientes disponibles para nutrir la red alimentaria marina.

Sin embargo, los científicos lograron revivir esos microbios que habían sobrevivido en estado inactivo durante 101.5 millones de años, en una investigación que ilustra la resistencia de la vida en la Tierra.

Los microbios, que abarcan 10 grupos principales y numerosos menores de bacterias, pueden ser los organismos más antiguos conocidos del planeta. Los científicos informaron el martes que estaban presentes en muestras de arcilla extraídas desde la nave de investigación Joides Resolution a unos 74.5 metros en el fondo del mar.

Hasta 99 por ciento de los microbios, que datan de la época de los dinosaurios, que se encontraron encerrados en el sedimento sobrevivieron a pesar de no tener nutrientes durante todo ese tiempo.

Los investigadores, liderados por el geomicrobiólogo Yuki Morono, Jamstec y autor principal del trabajo, incubaron los microbios hasta por 557 días en un entorno seguro de laboratorio, proporcionando fuentes de "alimentos" de carbono y nitrógeno, como amoníaco, acetato y aminoácidos.

Los investigadores pusieron las muestras en incubación, para ayudar a los microbios a "salir" de su letargo.

 

Capaces de crecer y multiplicarse

 

Para su sorpresa, descubrieron que, lejos de haber estado fosilizados en los sedimentos, los microbios habían sobrevivido allí, y eran incluso capaces de crecer y multiplicarse.

"Al principio, era escéptico, pero resultó que 99.1 por ciento de los microbios de los sedimentos de 101.5 millones de años seguían vivos, y ¡dispuestos a comer!", indicó Morono.

"Ahora sabemos que no hay límite de edad para los organismos en la biosfera submarina. Es un excelente lugar para explorar los límites de la vida en la Tierra", explicó en un comunicado.

"Es sorprendente y biológicamente desafiante que una gran fracción de microbios puedan ser revividos tras mucho tiempo de estar enterrados en condiciones en extremo bajas de nutrientes y energía", agregó Morono.

Los microbios eran aeróbicos –requieren oxígeno para vivir–, y el oxígeno estaba presente en las muestras de sedimentos.

Esto indica, dijeron los investigadores, que si el sedimento se acumula gradualmente en el fondo del mar a una velocidad de no más de un metro o dos cada millón de años, el oxígeno puede permanecer presente para permitir que dichos microbios sobrevivan por largos periodos.

"La parte más emocionante de este estudio es que básicamente muestra que no hay límite para la vida en los sedimentos de los océanos de la Tierra", destacó Steven D’Hondt, de la Universidad de Rhode Island y coautor de la investigación.

"Mantener una capacidad fisiológica completa durante 100 millones de años en aislamiento y sin alimentos es una hazaña impresionante", agregó.

Con la capacidad recientemente desarrollada para crecer, manipular y caracterizar microorganismos antiguos, el equipo de investigación espera aplicar un enfoque similar a otras preguntas sobre el pasado geológico. Según Morono, la vida de los microbios en el subsuelo es muy lenta en comparación con la que está por encima, por lo que la velocidad evolutiva de estos microbios será más lenta.

Captura de imagen de una animación de computadora que muestra el plano de la expansión que ha tenido durante los 14 mil millones de años de su existencia. Foto Afp

Científicos del mundo lo lograron tras el análisis de galaxias y cuásares

 

Ginebra. Astrofísicos del mundo publicaron este lunes el mayor mapa en tres dimensiones del universo visible, tras el análisis de cuatro millones de galaxias y cuásares.

"Ese trabajo ofrece simplemente la historia de la expansión del universo más completa hasta la actualidad", subrayó Will Percival, de la Universidad de Waterloo y uno de los investigadores involucrados en el proyecto.

El mapa, fruto de una colaboración de más de 20 años de algunos cientos de científicos surgidos de una treintena de instituciones, fue preparado a partir de la última Exploración Digital Celeste Sloan (por el nombre de la fundación que la financió).

Gracias a los trabajos teóricos sobre el Big Bang, así como a la observación del fondo difuso cosmológico (la radiación residual de microondas dejada por esa explosión), los primeros instantes del universo son relativamente bien conocidos por los investigadores.

Los estudios realizados sobre las galaxias y las medidas de distancia dieron una buena comprensión de la expansión del universo que ha ocurrido durante los casi 14 mil millones de años de su existencia.

"Quedaban pendientes algunos datos entre el inicio del universo y el periodo actual", explicó Kyle Dawson, de la Universidad de Utah y uno de los líderes del trabajo.

"En 2012, lancé el proyecto con la idea de producir el mapa más completo del universo en tres dimensiones, utilizando por primera vez como marcadores las galaxias que todavía producen estrellas y los cuásares", sostuvo Jean-Paul Kneib, astrofísico de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL).

El mapa muestra filamentos de materia y vacíos que definen la estructura del universo desde que se hizo transparente a la luz, cuando solamente habían pasado 380 mil años desde el Big Bang.

Respecto de la parte relativa al universo ubicado a 6 mil millones de años luz, los investigadores observaron las galaxias más viejas y rojizas. Para las más lejanas, se concentraron en las más jóvenes, las azules.

Con la finalidad de ir más lejos, o sea hasta 11 mil millones de años-luz de distancia, utilizaron cuásares, los agujeros negros supermasivos ubicados en el centro de muchas galaxias y que son los objetos más luminosos por la cantidad de energía que irradian cuando la materia que los rodea cae en su interior.

"Gran inflación"

El mapa muestra que en cierto momento la expansión del universo se aceleró y después siguió su ritmo. La teoría astrofísica llama a ese periodo "la gran inflación".

Esta aceleración parece debida a la presencia de energía oscura, elemento teórico nunca detectado, que se integra a la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, pero cuyo origen aún no es comprendido, indicó la EPFL.

Los astrofísicos han sabido durante décadas que el universo se está expandiendo, y fue el astrónomo estadunidesne Edwin Hubble quien en la primera mitad del siglo XX descubrió la constante de esa aceleración.

Ingenieros examinan y hacen prueba de manejo del vehículo de la NASA.Foto Ap

Lanzarán naves aprovechando alineación ideal del planeta con la Tierra // Se minimiza el tiempo del viaje

 

Cabo Cañaveral., Marte es el único lugar del universo en el que la humanidad tiene posibilidades concretas de hallar pruebas de una vida extraterrestre pasada y esta intensa búsqueda podría por fin aportar sus frutos con el envío de tres nuevas misiones al planeta rojo.

Estados Unidos, China y Emiratos Árabes Unidos enviarán naves no tripuladas en rápida sucesión a partir de esta semana, en el esfuerzo más grande hasta la fecha por buscar indicios de antigua vida microscópica y explorar el lugar para futuros astronautas.

Los tres países aprovecharán el favorable posicionamiento celeste de este verano boreal para enviar una nueva tanda de robots, tanto para poner en órbita como para posar sobre suelo marciano. No es coincidencia que los tres lanzamientos sean casi simultáneos. La fecha viene marcada por la apertura de una ventana de un mes en la que Marte y la Tierra están en una alineación ideal en el mismo lado del Sol, lo que minimiza el tiempo de viaje y el consumo de combustible. Esa ventana sólo se produce una vez cada 26 meses.

"El planeta rojo es la prioridad de las exploraciones espaciales, puesto que sabemos que hace miles de millones de años era habitable", explicó Jean-Yves Le Gall, presidente de la agencia espacial francesa CNES, responsable de uno de los principales instrumentos de la misión Marte 2020, de la NASA.

Mientras la Luna está "desesperadamente vacía de vida", Marte ha sido "prometedor desde el siglo XVII", cuando se observó la posible presencia de agua helada en su polo sur, señaló el astrofísico Francis Rocard.

En 1976, dos misiones de aterrizaje del programa estadunidense Viking suministraron por primera vez datos in situ sobre la atmósfera y el suelo, demostrando que no había vida en la superficie.

"Fue una decepción", que ralentizó la exploración marciana 20 años, señaló a la Afp Rocard, especialista en el sistema solar.

“Hizo falta cambiar de estrategia, con una nueva doctrina: ‘¡Seguir el agua, el carbono, la luz!’”, los elementos que presuponen la formación de los organismos vivos, prosiguió.

En los primeros años del siglo XXI, el hallazgo de que en algún momento hubo agua líquida reavivó las pasiones y, desde entonces, cada misión aporta "cada vez más pruebas de que Marte no está tan muerto como se cree", según el biólogo Michel Viso.

Complemento al trabajo de Curiosity

Estados Unidos tiene previsto el lanzamiento del robot Perseverance el 30 de julio desde Cabo Cañaveral. La llegada a Marte será en febrero de 2021. Complementario al Curiosity, que opera desde 2012, el vehículo se posará en un entorno inexplorado: el cráter Jezero, del que recogerá muestras para traerlas a la Tierra.

Esta cuenca de 45 kilómetros de diámetro es un terreno ideal para conservar el rastro de una vida pasada en la superficie: es rica en rocas sedimentarias y su relieve en forma de delta se atribuye a la desembocadura de un antiguo río.

Además, al estudiar la geología de Jezero, el robot podrá caracterizar el entorno geoquímico que dio nacimiento a la superficie acuática, permitiendo comprender la historia del agua en Marte, según Rocard.

La nave de Emiratos Árabes Unidos, Amal, que significa esperanza en árabe, es una sonda orbital que tiene previsto despegar mañana desde Japón, en la primera misión interplanetaria de ese mundo. La nave, construida en alianza con la Universidad de Colorado Boulder, llegará a Marte en el 50 aniversario de la fundación de este país.

El director del proyecto, Omran Sharaf, afirmó que el mensaje para los jóvenes es "que si los Emiratos Árabes Unidos pueden llegar a Marte en menos de 50 años, entonces se puede hacer mucho más (...) Lo bonito del espacio es que pone el rasero muy alto".

La estación climatológica celeste, controlada por Dubái, intentará alcanzar una órbita muy alta en Marte, 22 mil kilómetros por 44 mil para estudiar las capas superiores de la atmósfera y el cambio climático.

China, por su parte, lanzará un vehículo y una sonda orbital alrededor del 23 de julio. Las autoridades no han publicado muchos detalles. La misión se llama Tianwen, o Preguntas para el cielo.

Para llegar a la superficie marciana, ambas naves tendrán que atravesar los cielos rojos de Marte en lo que se conoce como los "siete minutos de terror", la parte más difícil y arriesgada de enviar una nave al planeta.

El proyecto de Emiratos Árabes Unidos cuesta 200 millones de dólares, incluido el lanzamiento pero no las operaciones de misiones. China no ha revelado los costos de su misión.

¿Y si nunca hubo vida? El análisis de muestras marcianas en la Tierra, esperado por los científicos desde hace años, será sin duda decisivo para determinar una respuesta, gracias al trabajo de instrumentos punteros, como los sincrotrones (aceleradores de partículas).

Un técnico comprueba uno o de los grandes espejos situados en los extremos del detector LIGO./MATT HEINTZE/CALTECH/MIT/LIGO LAB

Los fenómenos microscópicos afectan a los aislados espejos del gigantesco detector de ondas gravitacionales LIGO.

 

Y sin embargo se mueven. La famosa frase de Galileo se podría aplicar a los espejos del gigantesco instrumento LIGO, que hizo historia cuando detectó ondas gravitacionales por primera vez. Ahora, sus científicos han comprobado que el ámbito de la física cuántica no se reduce a lo muy pequeño, lo invisible e imperceptible, lo que supuestamente no afecta a cualquier objeto no microscópico. El omnipresente y constante ruido cuántico inherente al Universo se muestra en su especial ambiente de trabajo y consigue mover objetos macroscópicos de 40 kilogramos de peso, como son los espejos que contiene LIGO. Este efecto, que han podido medir, se produce a temperatura ambiente.

"Se trata de algo notable, porque estas fluctuaciones ocurren en unas escalas de tamaño que son comparables a las dimensiones de las partículas elementales", comentan Valeria Sequino y Mateusz Bawaj en la revistaNature, donde se publica el trabajo de los científicos de LIGO. El ruido cuántico, normalmente imperceptible pero siempre presente, incluso en el llamado vacío en el que trabaja LIGO, puede llegar a mover estos grandes espejos una distancia pequeñísima, de 10 a 20 metros. "Un átomo de hidrógeno mide 10 a -10 metros, así que el desplazamiento de los espejos es a un átomo de hidrógeno lo que un átomo de hidrógeno es a nosotros, y lo medimos", explica LeeMcCuller, investigadorkavli in del Instituto Kavli de Astrofísica y miembro del equipo del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) en LIGO.

Los científicos pretendían con su trabajo aumentar la sensibilidad de la instalación de LIGO situada en Louisiana (EEUU) y formada por dos túneles de cuatro kilómetros de longitud en angulo recto con espejos en los extremos. "Lo especial de este experimento es que hemos visto efectos cuánticos en algo que es tan grande como un ser humano", señala Nergis Mavalvala. "En cada nanosegundo de nuestra existencia a nosotros también nos mueven estas fluctuaciones cuánticas pero nuestra energía térmica es demasiado grande para que afecten a nuestros movimientos tanto que se pueda medir. Con los espejos de LIGO hemos trabajado mucho para aislarlos de las fuerzas térmicas y de otro tipo, así que están tan quietos que los mueven las fluctuaciones cuánticas, estas extrañas palomitas que explotan continuamente en el Universo".

De hecho, el desplazamiento de los espejos es algo que se ajusta a las predicciones de la mecánica cuántica para objetos de este tamaño pero nunca antes se había podido medir, informa el MIT.

LIGO es un interferómetro excepcionalmente sensible que permite detectar las consecuencias de algunos de los acontecimientos más catastróficos en el Universo, como la fusión de dos agujeros negros, en forma de ondas gravitacionales. Ese fue su primer resultado, en 2015. Desde entonces ha observado varias fusiones más, tanto de agujeros negros como de estrellas de neutrones.

El detector funciona con luz laser y ya se sabe que la luz es tanto onda como partícula y que en las medidas de esta radiación se aplica el principio de incertidumbre de Heisenberg, por el cual no es posible medir la posición y el momento de un objeto de forma simultánea con precisión ilimitada. De ahí el intento de reducir lo más posible la incertidumbre en las medidas de LIGO para poder aumentar la sensibilidad y detectar más fenómenos.

Los científicos lo han conseguido al reducir el ruido cuántico con instrumentos nuevos y de paso han comprobado que la física cuántica no se aplica solo, a efectos prácticos, a lo muy pequeño. No está mal para un solo experimento, aunque luego haya habido que suspender el trabajo con el detector LIGO temporalmente por el coronavirus.

07/07/2020 07:17

 

Estiman científicos que hay alrededor de 36 civilizaciones extraterrestres en la Vía Láctea

 

La idea es mirar la evolución a escala cósmica // Análisis aporta datos para saber cuánto durará la nuestra, dicen

 

Madrid. Investigadores de la Universidad de Nottingham estiman que hay unas 36 civilizaciones inteligentes comunicantes activas en nuestra galaxia, con un nuevo enfoque publicado en The Astrophysical Journal.

Utilizando el supuesto de que la vida inteligente se forma en otros planetas de manera similar a como lo hace en la Tierra, estos científicos han obtenido la estimación del número de civilizaciones tecnológicas dentro de la Vía Láctea.

Christopher Conselice, profesor de astrofísica de la Universidad de Nottingham, quien dirigió la investigación, explicó en un comunicado: "debería haber al menos unas cuantas docenas de civilizaciones activas en nuestra galaxia bajo el supuesto de que se necesitan 5 mil millones de años para que se forme vida inteligente en otros planetas, como en la Tierra".

Agregó que "la idea es mirar la evolución, pero a escala cósmica. Llamamos a este cálculo el Límite Astrobiológico de Copérnico".

Tom Westby, primer autor del estudio, señaló: “el método clásico para estimar el número de civilizaciones inteligentes se basa en hacer conjeturas de los valores relacionados con la vida, por lo que las opiniones sobre estos asuntos varían de manera sustancial. Nuestro trabajo simplifica estas suposiciones utilizando nuevos datos, dándonos una sólida base de estimación del número de civilizaciones en nuestra galaxia.

"Los dos límites astrobiológicos de Copérnico son que la vida inteligente se forma en menos de 5 mil millones de años, o después de esa cantidad de tiempo, similar a la de la Tierra, donde se formó una civilización comunicante después de 4 mil 500 millones de años. En el criterio sólido, según el cual se necesita un contenido de metal igual al del Sol, calculamos que debería haber alrededor de 36 civilizaciones activas en nuestra galaxia."

La investigación muestra que el número de ellas depende en gran medida de cuánto tiempo envían activamente señales de su existencia al espacio, como transmisiones de radio desde satélites, televisión, etcétera. Si otras civilizaciones tecnológicas duran tanto como la nuestra, que es de 100 años de antigüedad, entonces habrá unas 36 civilizaciones técnicas inteligentes en curso en toda nuestra galaxia.

Sin embargo, la distancia promedio a ellas estaría a 17 mil años luz, haciendo que la detección y la comunicación sean muy difíciles con la tecnología actual.

También es posible que seamos la única dentro de nuestra galaxia, a menos que los tiempos de supervivencia de civilizaciones como la nuestra sean largos.

Conselice sostuvo: "nuestro estudio sugiere que la búsqueda de civilizaciones inteligentes extraterrestres revela la existencia de cómo se forma la vida y nos da pistas sobre cuánto durará la nuestra".

Astronautas crean en el espacio por primera vez en la historia el quinto estado de la materia

Se trata de los llamados condensados de Bose-Einstein, que no existen en la naturaleza y son prácticamente imposibles de crear en la Tierra.

 

A bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) se logró crear, por primera vez, los llamados condensados de Bose-Einstein (BEC), también conocidos como el quinto estado de la materia. Un estudio a ese respecto fue publicado este jueves en la revista Nature.

Para lograrlo, los astronautas utilizaron el Cold Atom Lab (CAL), un congelador capaz de enfriar átomos en el vacío a temperaturas extremas, apenas una diez mil millonésima de grado por encima del cero absoluto, por lo que tiene la fama de constituirse en uno de los lugares más fríos del universo.

Los condensados de Bose-Einstein aparecen cuando la temperatura de un conjunto de átomos llega casi al cero absoluto, con lo que luego esas nubes gaseosas de átomos actúan de manera colectiva y no individual. Las predijeron por primera vez Albert Einstein y el matemático y físico indio Satyendra Nath Bose, hace 95 años, pero hasta 1995 este extraño quinto estado de la materia no fue observado en un laboratorio.

El problema principal es que en la Tierra la gravedad los arrastra hacia el suelo, haciéndolos desaparecer en fracciones de segundo, mientras que en el espacio pueden permanecer más tiempo. Así, en la microgravedad del espacio los átomos se ralentizan y sus longitudes de onda se alinean, lo que permite estudiar los condensados de Bose-Einstein.

El experimento con el CAL es solo un primer paso, pero podría contribuir a que algún día esos condensados sean la base de herramientas ultrasensibles para detectar señales débiles de los lugares más recónditos del universo, al igual que fenomenos como las ondas gravitacionales o los agujeros negros.

El autor principal del nuevo estudio, David Aveline, físico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, comentó a la revista MIT Technology Review, perteneciente al Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.), que desde un punto de vista más práctico el trabajo de su equipo podría ayudar a mejorar sensores inerciales, desde acelerómetrosy sismómetros hasta giroscopios.

Publicado: 12 jun 2020 09:48 GMT

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