Lunes, 29 Abril 2013 06:42

Biblioteca incompleta

Biblioteca incompleta

Hace unos días, un quinteto presidencial se reunió en Texas para celebrar la inauguración de una biblioteca con el nombre de uno de ellos, y con ello, rehabilitar a uno de los peores presidentes, según la opinión pública, de la era moderna.


La Biblioteca Presidencial George W. Bush fue inaugurada con la presencia de ex presidentes de este país, y el actual, Barack Obama: el de la biblioteca estrenada, Bill Clinton, George H.W. Bush (el padre del festejado) y Jimmy Carter. En el discurso de Obama (quien aseguró que Bush “es un buen hombre”) como en todos los demás de este exclusivo club, lo más notable fue la ausencia de referencias al tema de las guerras de Irak, la respuesta al desastre natural del huracán Katrina y la peor crisis económica desde la Gran Depresión; o sea, los principales “logros” de la gestión de Bush.


Y es que, como todos en el planeta saben, el gran logro de Bush fue llevar a su país a las dos guerras ahora más largas de su historia, con justificaciones falsas, inauguró el campo de concentración de Guantánamo, autorizó el uso de la tortura y la desaparición como instrumentos oficiales de la “guerra contra el terror”, e impulsó una de las mayores ampliaciones del gobierno para administrar esta nueva “guerra” infinita, que incluyo toda una serie de medidas sin precedente para espiar al mundo, incluyendo a su propio pueblo; todo esto denunciado por organizaciones de derechos humanos y de libertades civiles como violaciones a la Constitución y al derecho internacional.

 

Por si fuera poco, Bush y su gente llevaron al país al “precipicio” del caos económico. Eso con el costo de millones de desempleados y el incremento de la población con hambre, sin casa y sin acceso a servicios de salud. La lista de consecuencias es extensa. Pero también fue parte de una política económica que se ha extendido con Obama, quien, en los hechos, ha resultado en uno de los traslados de riqueza de las mayorías al 1 por ciento más rico y más dramático de la historia contemporánea. La desigualdad económica desde los años de Bush hasta ahora se ha vuelto la más aguda desde justo antes de que estalló la Gran Depresión.


Nada de esto se mencionó en el gran festejo, lo cual lleva a preguntar qué hay dentro de esa biblioteca, o más bien, qué no hay.
Por ejemplo, seguro no está la carta abierta que le envió un veterano de guerra de Irak llamado Tomas Young el mes pasado al celebrarse el décimo aniversario de esa guerra. “En todo los niveles –moral, estratégico, militar y económico– Irak fue un fracaso… Y fueron ustedes, Sr. Bush y Sr. Cheney, quienes iniciaron esta guerra. Son ustedes quienes deberían de pagar las consecuencias”, escribió en lo que llamó “La última carta”, porque Young ha tomado la decisión de suicidarse en las próximas semanas porque ya no aguanta el dolor y deterioro físico de su existencia después de quedar paralizado en esa guerra.

 


Young escribe que enviaba esta carta a Bush y Cheney “no porque pienso que entienden las terribles consecuencias humanas y morales de sus mentiras, manipulación y sed por riqueza y poder. Escribo esta carta porque, antes de mi propia muerte, quiero dejar claro que yo, y cientos de miles de mis compañeros veteranos, con millones de compañeros ciudadanos, y cientos de millones más en Irak y Medio Oriente, sabemos plenamente quiénes son ustedes y qué han hecho. Ustedes podrán evadir la justicia, pero a nuestros ojos cada uno es culpable de crímenes de guerra severos, de pillaje, y de asesinato, incluyendo el de miles de jóvenes estadunidenses, mis compañeros veteranos cuyo futuro usted robo”. (La carta completa se puede consultar en: truthdig).


Seguro tampoco están en esa biblioteca los detalles de uno de los mayores fraudes en la historia mundial, donde los principales bancos, aseguradoras y casas de inversión engañaron y manipularon a tal grado de avaricia que lograron detonar una crisis gigantesca que puso en riesgo la viabilidad económica del país. Fueron rescatados por el estado, con el tesoro del pueblo, para poco después regresar a una prosperidad récord hoy día.


Y ahora sigue la fiesta para los afortunados: durante los dos primeros años de la recuperación económica, el valor neto de los hogares del 7 por ciento más rico del país se incrementó aproximadamente 28 por ciento; para el restante 93 por ciento se desplomó 4 por ciento, según un análisis difundido la semana pasada por el Centro de Investigación Pew. Con ello se incrementó la desigualdad: el 7 por ciento más rico ahora concentra 63 por ciento de la riqueza de los hogares; dos años antes tenía 56 por ciento.


Bush afirmó en la celebración que las generaciones futuras “se enterarán de que nos mantuvimos fieles a nuestras convicciones”.
Tanto las guerras como la política financiera y económica han sido un gran negocio para unos cuantos. Todo esto producto de un consenso entre las cúpulas políticas y económicas a lo largo de esta última década.


John LeCarre, el gran escritor británico, ha sido un crítico de la creciente interrelación entre las cúpulas políticas y económicas, señalando con alarma hasta la cada vez mayor privatización de las operaciones bélicas y de inteligencia del Estado. Comentó recientemente al New York Times que “Mussolini dijo que la definición del fascismo era cuando uno no podía colocar un papel de cigarro entre el poder empresarial y el poder gubernamental”.


Pero nada de esto está en esa biblioteca, y menos que Bush continúa ocupando el segundo lugar de los presidentes más desaprobados por la opinión pública en la era moderna, a pesar de este tipo de ceremonias y otros esfuerzos para intentar rehabilitar a quien formaba parte de lo que Gore Vidal llamaba la “junta Cheney/Bush” (en ese orden).


Tal vez se debería de abrir una biblioteca sólo con lo que no está en esa.

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Sábado, 20 Abril 2013 07:07

Los años bellos de Badiou

Los años bellos de Badiou

–Me gustaría empezar por una suerte de relato de sus años de formación en la universidad, tratar de reconstruir el clima, los debates de esa época y la influencia de sus maestros Sartre y Althusser.

 

–Terminé mis estudios secundarios en Provence. Nací en Marruecos y luego mi infancia transcurrió en Toulouse, al sur de Francia. Cuando estaba terminando mis estudios hubo dos acontecimientos importantes en mi vida. El primero, efectivamente, fue leer a Sartre desde muy joven, y el segundo fue el comienzo de la guerra de Argelia. Creo que hay algo como el destino, pues desde el principio hubo una relación entre el problema político, muy grave, entre la lucha anticolonialista y la filosofía. Esta relación entre política y filosofía se constituyó en mi vida cuando todavía era un joven. Luego fui a París, a la Escuela Normal Superior, donde Althusser era profesor de filosofía. El reforzó esta relación natural entre la filosofía y la política, ya que se proponía, primero, transformar el marxismo de manera filosófica, para luego influir en la política del Partido Comunista Francés. Entonces, para las primeras influencias, están Sartre y luego Althusser, las dos se dirigieron hacia un compromiso, pero estrechamente vinculado con la filosofía.

 

–¿Cómo irrumpe el acontecimiento de 1968?

 

–Hay que considerar también el período de los años intermedios, pues durante todo el tiempo que estuve en la Escuela Normal Superior estaba la guerra de Argelia. Esta guerra fue algo terrible, lo hemos olvidado un poco. Fue de una violencia extrema, centenares de miles de jóvenes franceses participan. Hubo torturas y violencia en las mismas comisarías parisienses (...) Fue un período en el que asistí a la política en su forma violenta. Me comprometí contra todo eso, ocupó mucho mi tiempo. En esos años me volví una suerte de rebelde, de militante (...) Cuando termino de estudiar, me nombran profesor en una ciudad de Provence, y se produce Mayo del ’68. Y va a ser un cambio radical de mi vida, de mis concepciones y mi filosofía. Por dos razones: la primera es que participaba por primera vez en un acontecimiento positivo. Había un vínculo que se establecía entre los militantes populares y los militantes obreros; y había ideas de liberación, de emancipación, que se discutían en toda Francia. No era como la lucha contra la guerra de Argelia que era una resistencia difícil y negativa. En cambio, en este caso, era como un nacimiento, como algo que surgía, era un poco como una primavera de la vida y de la acción. La guerra de Argelia era como un invierno. Esta es entonces la primera razón, y me dio la convicción de que lo que realmente cambia la vida de la gente es cuando se produce algo que es afirmativo, aquello que propone realmente algo nuevo. Más tarde llamaré a eso un acontecimiento. En esa época lo vivía, aún no lo había nombrado. La segunda razón es que me di cuenta de que todo esto tenía también una resonancia mundial (...) Entonces intenté, filosóficamente, pensar la relación entre la acción local, Mayo del ’68, parisiense y francés, y los grandes procesos históricos, el escenario mundial. Me di cuenta de que la filosofía es también un medio para pensar al mismo tiempo lo que está a la vista, lo que se experimenta. Esto me dio una nueva idea de la relación entre filosofía y política.

 

–Entonces fue también una experiencia de internacionalismo.

 

–Fue una experiencia concreta de dos cosas fundamentales. La primera, como usted dice, la del internacionalismo, la necesidad de pensar las cosas en la mayor escala posible; y la segunda fue la relación muy estrecha entre personas de origen social muy diferente. Es decir, la barrera que existe entre los intelectuales y los trabajadores manuales, entre los obreros y los empleados, los funcionarios y el resto de la población. Todo eso se borró un poco, se demolió (...)

 

–¿En ese mismo período usted empieza también a discutir las ideas de Lacan?

 

–Sí. Todo eso empezó en el mismo momento. Lacan es muy importante por una razón que sigue siendo hoy fundamental. Filosóficamente todo eso sucede en el momento en que existe lo que se llama estructuralismo. El estructuralismo es una visión del pensamiento y de la filosofía muy vinculada con la ciencia. Es la afirmación de que es posible analizar objetivamente la situación, descubrir las estructuras; y también es la idea de que nosotros somos el resultado de estructuras; que la vida humana está estructurada, a menudo de manera inconsciente, pero son las estructuras las que le dan su sentido de estabilidad. Lacan interviene, en el ámbito del psicoanálisis, desde ese punto de vista, pero mantiene la categoría de sujeto. Y eso es decisivo. Intenta hacer una suerte de síntesis entre el pensamiento de las estructuras y la vida del sujeto. Va a decir: por supuesto, hay estructuras, pero el sujeto no se reduce a las estructuras, hay un margen de libertad, de deseo, que hace que todo no se pueda reducir a las estructuras. Y nos apasionó Lacan porque teníamos el mismo problema en política. ¿Acaso la economía, las relaciones sociales, de clase, son estructuras que determinan la acción o es posible ser un sujeto activo, práctico, que no se reduce a las estructuras sociales y económicas? Lacan nos daba herramientas para luchar contra el economicismo en política, es decir, a la idea de que la economía decide todo.

 

–Me imagino que esa discusión era especialmente dramática en los años ’80, en el período de la reacción y de la polémica con los nuevos filósofos.

 

–Por supuesto, eran los años bellos rojos, como los llamábamos. Después llegó la gran reacción de los ’80, y en esta reacción el problema fue organizar una suerte de resistencia, que era también intelectual, filosófica, en contra de las ideas reaccionarias que vuelven con fuerza. Y ése es un período de resistencia, un período difícil, de aislamiento también, porque muchos jóvenes intelectuales que se habían comprometido con el movimiento posterior a Mayo del ’68 se retiraron con posiciones totalmente reaccionarias (...) Fue necesario trabajar mucho para mostrar que una filosofía de la emancipación, de la creación de la libertad humana era posible, incluso en medio del brote reaccionario.

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De la universidad pública a la universidad común

Desde hace muchas décadas, “universidad pública” es la palabra de orden que organiza la militancia en torno de la necesidad de su “defensa” a la vez que la disputa por su contenido. Particularmente durante los años noventa, el espacio público universitario fue objeto de embates internos y externos para su conversión en una pura entidad prestadora de servicios y su sometimiento al paradigma de la empresa.

 

Sin embargo, herencia del trabajo intelectual y político de muchas generaciones, ha sabido “defenderse” de su malversación y ha logrado –al menos en buena medida– preservarse de su captura por el reino de la mercancía que establece la tasación de las vidas y las trayectorias académicas, de las ideas y de los conocimientos, como lo hace con cualquier otro objeto. La “defensa” que procura mantener a la universidad a distancia de la rentabilidad privada está destinada a ser continua y sostener renovadamente su condición “pública”, siempre pasible de pérdida. Noción organizadora de la universidad posreformista latinoamericana, “autonomía” designa a su vez la condición institucional que no sólo se afirma como autogobierno, sino también como potencia productiva de saberes dislocados del imperio de la mercancía y como reino de la crítica frente al “desmonte” de lenguajes, saberes y experiencias renuentes a ser reducidos a una simple ecuación costo/beneficio.

 

Sin detrimento de este resguardo de la universidad, frente a un progresismo reaccionario que no sólo vacía al conocimiento de su orientación social, sino que también aniquila memorias, historias, vacilaciones propias de la forma de vida dedicada al estudio, “improductividades”, el gusto por la especulación y por las aventuras inciertas del conocimiento que es el espíritu de lo que llamamos “investigación”, resulta necesario adjuntar a su “defensa” una apropiación plural que la convierta efectivamente en un bien común. La conquista de lo común se asienta necesariamente en la defensa de lo público, pero inscribe allí la construcción de la universidad como “incubadora” de nuevas relaciones sociales. Y resignifica, sin abjurar de ella, la noción de autonomía.

 

Conforme la acepción que se le busca adjudicar aquí, autonomía no es indiferencia ni autorreferencialidad ni autismo, sino más bien articulación, intervención, apertura a la no universidad, construcción heterogénea, convergencia política y cognitiva con movimientos sociales, hospitalidad hacia los saberes populares, común formación de redes contrahegemónicas. No clausura solitaria sino heterogeneidad solidaria; “extensión en sentido contrario” –según la expresión de Boaventura de Sousa Santos– que incorpora saberes concebidos en otra parte e ideas acuñadas fuera para componer una interpretación del mundo y una conversación sobre todas las cosas a la mayor distancia posible de la heteronomía del capital y del mercado.

 

La “universidad común” que resulta de esta “autonomía heterogénea” no se desentiende a su vez de la implementación de políticas públicas que tienen su origen en el Estado, en aquellos casos e iniciativas institucionales que pueden ser consideradas formas de contrapoder y creación de igualdad; en tanto que activa su potencia crítica, lo cual es otro modo de no desentenderse del Estado y no abandonarlo en sus fragilidades a las embestidas de poderes que lo exceden–, cuando la igualdad y el contrapoder no es lo que orienta la disputa por la ley y las decisiones estatales, sino más bien la tolerancia a –o la directa promoción de– formas de acumulación que conllevan depredaciones ambientales o sociales (agronegocios, megaminería, radicación de plantas de semillas transgénicas...) conforme un desarrollismo unilateral e inmediatista despojado de una sabiduría de las consecuencias.

 

¿Cómo pensar lo común entre la universidad y los movimientos sociales? Y también: ¿qué es lo común entre las distintas ciencias y los diferentes movimientos sociales? Este interrogante no propone el hallazgo de lo que cosas distintas tienen en común, sino una exploración de algo que los diferentes pueden en común. Así, lo común no es lo ya dado de lo que se dispone sino el efecto de una voluntad de encuentro –o de una apertura a la aleatoriedad de los encuentros–, de un trabajo, y una conquista conjunta de acciones y nociones que precipitan una convergencia política; en otros términos: lo común es la conquista de una autotransformación que conmueve las identidades involucradas por la elaboración conjunta de una diferencia y la creación de una novedad.

 

La universidad común y los movimientos sociales (que con un pequeño forzamiento en la expresión podríamos llamar también “movimientos comunes”) se proponen como laboratorios de nuevas libertades y nuevas igualdades; como experimentación de relaciones sociales alternativas que desmantelen la separación corriente del saber y el sentido del saber en favor de una generación de comunidades contrahegemónicas capaces de mancomunar la búsqueda del conocimiento y el anhelo de transformación; capaces de constituir una red de intercambios de ideas y circulación de significados, y una convergencia de potenciamiento conjunto que no ocurre sin un trabajo y sin la creación de nuevas instituciones orientadas a albergar una conversación entre diferentes maneras de hablar y de interpretar el libro del mundo.

 

Cuando se produce, esa novedad no es efecto de una sumatoria de entidades incólumes sino de una interpenetración: una hospitalidad de los movimientos sociales hacia la ciencia y el conocimiento producido en la universidad (la escuela de formación política Florestán Fernandes del Movimiento sin Tierra de Brasil es un ejemplo de ello) y al revés, la inclusión –en sentido fuerte de la palabra– de saberes no universitarios al interior de la universidad conforme una cultura institucional que considere y promueva la extensión en sentido contrario.

 

La conquista de lo común requiere una tarea de traducción –en el estricto sentido de trans-ducción: llevar de un lado hacia el otro– en la que siempre (como cuando se lleva de una lengua a la otra) algo se pierde para ganar mucho. En este sentido, traducción no equivale a una aplicación inmediata de saberes provenientes de otro lado ni a una recepción pasiva de experiencias, sino antes bien a una actividad de comprensión y transformación. Esa actividad, política en sentido estricto, está destinada a ser interminable debido a una constitutiva opacidad de lo común, que no es algo anterior a lo que se pertenece ni un lastre con el que se carga, sino una dimensión emancipatoria por venir que no sucumbe a las ilusiones de la transparencia.

 

Por Diego Tatián, Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.

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Kim Dotcom: “Estados Unidos quiere colonizar Internet”

“Kim va a llamarle ahora”. Tras cuatro meses persiguiendo al informático más conocido del planeta —en libertad condicional en Nueva Zelanda— un escueto correo electrónico certifica que la caza ha terminado. Y, en efecto, a los dos minutos suena el teléfono. “Perdón por tanto retraso. Ahora tengo tiempo”, suelta Kim Dotcom (Kiel, 1974), en un inglés marcado por un fuerte acento alemán. Una hora, en concreto, en la primera entrevista con un medio español del hombre que generó daños por 386 millones a la industria cultural, según el FBI.


 
Pregunta. Estados Unidos asegura que es un criminal. ¿Usted cómo se definiría?


 
Respuesta. Ciertamente no un criminal. Si lo soy, YouTube y Google también lo son, y cualquier página web que ofrezca la posibilidad de almacenar contenidos y compartirlos. Yo proporciono un espacio conectado a Internet, cuyos términos de servicio aclaran que no se puede violar el copyright. Lo que haces con ello es asunto tuyo. Nunca he subido un archivo que infringiera la ley a Megaupload. Quieren culparme por lo que hacen nuestros usuarios: el Gobierno de EE UU está llevando a cabo contra nosotros un caso inédito. Detrás de todo esto está el exsenador Chris Dodd, que es presidente de la MPAA [Asociación de los grandes estudios de Hollywood] y mejor amigo del vicepresidente de EE UU, Joe Biden. Era un contexto electoral, Obama quería ganar un nuevo mandato, y Hollywood presionó a la Casa Blanca.


 
P. Suele defender que no solo pelea por sus derechos sino por los de todos. ¿Qué quiere decir?


 
R. Peleo por mis derechos porque he sufrido un abuso. Pero si gano es una victoria para cualquiera que use la Red. Si se salen con la suya eso va a desalentar las páginas web a permitir que los usuarios compartan contenidos y sería muy negativo para Internet y la sociedad.


 
P. ¿Qué recuerda de la noche en la que la policía irrumpió en su casa para detenerle?


 
R. La irrupción fue la experiencia más traumática para mi familia. Mi mujer sigue teniendo pesadillas. 72 hombres llegaron con metralletas, perros y helicópteros a una casa residencial. No para matar a Bin Laden o detener a un narcotraficante mexicano sino para tumbar una página web de un tipo acusado de violar el copyright.

 


P. ¿Por qué ha vuelto con Mega?


 
R. EE UU tumbó una empresa, destruyó 220 empleos, embargó nuestros activos y mientras mantiene congelado nuestro dinero está prolongando el caso hasta que no tengamos recursos para pagar a los abogados. Ya que es injusto, y probablemente dure años, quisimos empezar algo nuevo y distinto.


 
P. No parece tan distinto. La diferencia principal respecto a Megaupload es una contraseña.


 
R. Hay varias mejoras. La primera es la contraseña, que solo controlan los usuarios. Hemos mejorado la conexión. Y legalmente mucho ha cambiado, tras las alegaciones insensatas que hizo EE UU. Nuestros abogados han estado implicados en toda la creación. Ni una línea de los códigos de Megaupload está en Mega. Naturalmente el principio de subir algo que puedes compartir es el mismo.


 
P. Si ha hecho cambios legales, le está dando la razón a Estados Unidos.


 
R. En absoluto. Cuando ganemos vamos a ajustar nuestro modelo de acuerdo con ello. Y vamos a ganar. Hay un tratado de extradición entre Nueva Zelanda y EE UU que no incluye infracciones del copyright. Si solo nos hubiesen acusado de ello, no habría ni juicio. Por eso añadieron lo de la organización criminal. Creamos una web para almacenar archivos en la nube y compartirlos con familiares o amigos. Nunca hubo intención de que fuera piratería a escondidas.


 
P. ¿Megaupload era un negocio?


 
R. Claro que era un negocio.


 
P. ¿Se enriqueció gracias a Megaupload?


 
R. Obviamente. Fue un producto muy popular y la gente pasaba mucho tiempo en nuestra página. Más de la mitad de los documentos subidos a Megaupload aún no han sido descargados ni una vez. Hay algo llamado doctrina Sony. Hollywood denunció a Sony por los reproductores de VHS y tenían los mismos argumentos que contra nosotros: que estaba favoreciendo piratería y que promovía las infracciones. Sony ganó en el Supremo y se asentó la doctrina Sony: mientras tengas una cantidad significativa de usos de tu tecnología que no infringen la ley nadie tiene derecho a tumbarla solo porque alguien está haciendo un uso equivocado. La gente nos pagaba por todos los usos legítimos que se podían hacer de Megaupload.

 

P. Según el FBI ganó 135 millones de euros gracias a Megaupload. ¿Robó dinero que pertenecía a los creadores de contenidos?


 
R. Absolutamente no. Google gana 40.000 millones de dólares al año. Y un amplio porcentaje de sus búsquedas tiene que ver con contenidos piratas. Todo proveedor de servicios que conecta a la gente a Internet cobra por ello. Da igual si el usuario baja una película pirata o no: se benefician. La mitad del tráfico mundial de Internet está probablemente relacionado con alguna violación. Y hay una economía masiva detrás de ello: creadores de routers y módems, servidores de alojamiento, fabricantes de discos duros.


 
P. ¿Se benefició de la piratería?


 
R. Nunca intentamos ofrecer un servicio que favoreciera la piratería. Habríamos funcionado muy bien sin ella. No lo veo en absoluto como un beneficio. Míreme ahora: ya da igual si gano, el daño está hecho. Este caso es una broma, es un asunto político, de un puñado de personas en la Casa Blanca. Van a pagar por ello, necesitan una lección. No importa lo poderoso que seas, no tienes derecho a violar tu propia ley.
 


De todos modos, la pregunta correcta es: ¿habría yo tenido éxito si Hollywood ofreciera sus contenidos en tiempo real y por un precio justo y los hiciera accesibles a todo el mundo que usa Megaupload y páginas similares? Estaría feliz de trabajar con los creadores y ofrecer la mejor experiencia posible a nuestros clientes pero desafortunadamente aún no han alcanzado la era de Internet.


 
P. ¿De verdad nunca sospechó que algo de su página web fuera ilegal?


 
R. En absoluto. Vas ahora mismo a cualquier otra web que ofrezca almacenamiento online y encontrarás contenidos que infringen la ley. A lo largo de los años tuvimos millones de documentos que tumbamos que violaban el copyright. Claramente éramos conscientes de que había piratería en nuestra web: lo podíamos ver por las notificaciones de contenidos tumbados. Pero la piratería no es un fenómeno de Megaupload, sino de Internet. No hay un sistema de precios y distribución de contenidos culturales justo, a nivel global y en tiempo real. Si una película o una canción es lanzada en algún lugar en el mundo, cualquiera debería poder tener acceso a ello al mismo tiempo. Si no, estás alentando la piratería.


 
P. ¿Por qué defiende que la oferta legal cultural en la Red aún no es tan relevante?


 
R. La manera en la que Hollywood gana dinero para sus filmes es que acuden a los socios de licencias y les dicen: “Estamos haciendo una nueva película. ¿Quieres asegurarte los derechos?”. Juntan el dinero antes de que se haya gastado un solo euro en la película. Y entonces la lanzan sin el menor riesgo financiero. Si empiezas a hacer los filmes accesibles desde todos los soportes en tiempo real este modelo muere. Por eso luchan. Y por eso tenemos piratería, por cómo tratan al consumidor. Es ridículo en la era de Internet poner tráilers de películas que se estrenan en EE UU y esperarse que los usuarios del resto del mundo no las busquen. En el momento en el que están disponibles online la gente que está obligada a esperar no lo va a aceptar. Encontrarán la manera de hallar ese contenido.


 
P. Dice que proporcionaba una caja al usuario y le avisaba de que no rompiera la ley. ¿No es lavarse las manos?


 
R. Cuando compras un coche y vas demasiado rápido, lo cual está en contra de la ley, no se culpa al fabricante del vehículo. Si vas a las oficinas de correo y pones 10 porros en un sobre que envías a un amigo no suspenden el Correo porque estás haciendo algo ilegal. Cualquier proveedor de servicios en Internet se enfrenta al mismo asunto: sabe que se está haciendo piratería gracias a su conexión, puede verlo y hasta medirlo. Y sigue cobrando a sus clientes cada mes por conectarlos y jamás será responsable por las acciones de los usuarios.


 
P. Tuvieron que retirar muchos contenidos de Megaupload. Entonces, ¿no se planteó hacer algo al respecto?

 

R. Mis abogados me explicaron que la ley requiere que los propietarios de los contenidos sean los que tienen que perseguir las violaciones y tumbarlas. No es mi trabajo controlar activamente Internet y lo que están haciendo nuestros usuarios. En EE UU el electronic comunication privacy act prohíbe a los proveedores de servicio mirar dentro de las cuentas de sus usuarios a menos que no haya alguna acción legal en marcha.


 
P. Es decir, que sabía que en su página web había actividad ilegal y no hizo nada para pararla.


 
R. Insisto: no es mi trabajo. No entramos en las cuentas de nuestros usuarios para saber qué han subido. No es nuestro derecho ni nuestra obligación. Cuando alguien nos envía una notificación para retirar un contenido lo hacemos. Encima, hemos ofrecido a las majors acceso directo a nuestros servidores para retirar los contenidos ilegales. De todos modos, seamos honestos: si eres Sony y quieres encontrar infracciones en Internet lo que tienes que hacer es gastarte 2 millones al año, un porcentaje minúsculo de tus costes, en un centro de retirada de contenidos en un país con mano de obra más barata como India o Filipinas. Contratas a 2.000 personas que no hacen más que buscar tus contenidos en Internet y tumbar las violaciones. Si lo hubiesen hecho no existiría tanta piratería.


 
P. Desde el nacimiento de Mega, España ha sido líder en tráfico prácticamente todas las semanas. ¿Qué representa España para usted?


 
R. España es un gran mercado para nosotros y siempre lo ha sido. Megaupload también era muy popular y mucha gente en España ha sido afectada por su cierre. Por eso han seguido la historia, y cuando ha aparecido Mega han vuelto con nosotros. Los españoles siempre han sido fans de nuestro servicio. Por cierto, quiero que se sepa que he contratado a un nuevo equipo de abogados que llevará un caso contra el Gobierno de EE UU ante la ONU. Para ello, la denuncia tiene que proceder de un país, de un Estado. Así que estamos buscando cualquier gobierno cuyos ciudadanos hayan sido afectados por el cierre de Megaupload. Estoy hablando con Brasil, Alemania y Finlandia. Y también miramos a España como uno de los posibles socios para este caso. Internet no pertenece a EE UU. Solo el 10% de los usuarios de Megaupload venía de ese país. Y el gobierno solo tenía jurisdicción sobre ellos. El 90% del daño que se ha hecho aquí no tiene nada que ver con los usuarios de EE UU.


 
P. ¿Qué ha pasado con los millones de contenidos legales almacenados en Megaupload?


 
R. Millones de usuarios han perdido su acceso a sus documentos legítimos. La fundación Electronic Frontier ha denunciado al Gobierno de EE UU en nombre de un usuario que ha sido privado de su propiedad por el cierre de Megaupload. Lamentablemente, el caso avanza despacio. Ha pasado un año pero la corte de EE UU no vio ninguna urgencia en devolver los archivos a sus usuarios. Los servidores están en un almacén y esperamos que la corte dé la orden de reconectarlos para dar a nuestros usuarios acceso a sus propiedades. El Gobierno de EE UU ha cometido la mayor masacre de datos de la historia digital.

 


P. Hace unos días decía en Twitter que Mega es el primer paso de su plan. ¿Cuáles son los otros?


 
R. Primero, mi objetivo es encriptar un porcentaje significativo del tráfico en Internet. Quiero que haya cada vez más gente que use claves en sus correos electrónicos, en las llamadas, en las transferencias de documentos. Porque lo que he aprendido es cuánto espionaje hay. Esta conversación esta siendo grabada ahora mismo por el Gobierno de EE UU. Hay mucha vigilancia en Internet que va en contra de los derechos humanos. Quiero crear una solución con la tecnología que te permita protegerte. El almacenamiento es el comienzo. Vamos a ampliarnos a un servicio de correos electrónicos y llamadas online que te permita una comunicación segura.


 
P. ¿Qué opina del copyright? ¿Considera justo que los autores reciban dinero por sus productos?


 
R. Totalmente. Creo que el copyright tiene derecho a existir. La gente que gasta dinero, tiempo y talento para crear una película o una canción debería ser pagada. Pero el copyright no debería afectar a otros derechos, como el de las personas a compartir documentos o el derecho básico a no ser tachado de criminal porque bajas algo que no hay manera de encontrar en ningún otro sitio. Hay muchos contenidos que no están disponibles para gente que podría y querría pagar por ello pero cuya única alternativa es la descarga ilegal.


 
P. ¿Cómo se conjuga este derecho a compartir contenidos online con la defensa del copyright?


 
R. Hace falta un equilibrio. Hasta que no haya una solución por parte de la industria no se puede criminalizar a la gente. Habrá una manera para ambas partes, proveedores de información y tecnología y proveedores de contenidos, de tener una situación en la que ganen todos. Yo lanzaré Megabox en un par de meses, que permitirá a los artistas vender directamente a sus aficionados. Pueden cortar el intermediario y ganar más ingresos que cuando las discográficas venden por ellos. Discográficas que, por cierto, tienen gastos masivos, miles de empleados, muchos de ellos abogados, que no benefician a los artistas. Con Megabox los creadores reales van a ingresar mucho más. En 10 años todas estas organizaciones de intermediarios desaparecerán. Los creadores de contenidos, los estudios cinematográficos, los cineastas independientes, los artistas musicales venderán directamente a sus clientes, lanzarán su producto al mismo tiempo en todo el mundo para todos los soportes y el precio bajará probablemente significativamente. ¿Por qué pagarías lo mismo por una película buena y otra producida con un 10% del presupuesto y con valoraciones pésimas? Los estudios te obligan a pagar por un hotel de 5 estrellas para estar en una tienda de campaña.

 


P. ¿Qué opina de EE UU?


 
R. Este caso fue una iluminación para mí. Siempre estuve a favor de EE UU, me creía el sueño americano y siempre he pensado que soy más estadounidense que alemán o finlandés, donde me crié, por cómo me porto, por mi estilo de vida. Me sorprendió cómo el gobierno de EE UU ha cambiado en la última década. Desde el 11-S se están pasando en invadir los derechos de la gente y ser los policías del planeta.  EE UU se ha convertido en el tipo de gobierno al que deberías tener miedo. No supieron prever el futuro: han impreso dinero como locos, endeudándose más que cualquier otro país y estaba claro que eso iba a colapsar. Y se están volviendo mas agresivos para proteger lo que aún tienen. Han identificado Internet como uno de los más importantes ejes del futuro y quieren colonizarlo. Todo el mundo debería estar preocupado con esto.


 
P. ¿Que espera del juicio sobre su extradición a EE UU?


 
R. Todo este caso es un fraude. Nunca seremos extraditados, se lo garantizo. Nos acusan de ser una organización criminal, pero si tuvieran algún caso concreto en el que nos portamos como tal, deberían mostrar las pruebas. Sin embargo no existen, están construidas. Todo este caso no era el objetivo principal: era tumbar Megaupload y destruirlo. Y ya lo consiguieron.

 

Por Tommaso Koch Madrid 11 MAR 2013 - 00:00 CET

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”Estamos llevando adelante el proyecto de consultas más ambicioso en la historia de la humanidad”, sostiene el noruego Olav Kjorven al referirse a la Conversación Global, auspiciada por Naciones Unidas, para definir una agenda de metas que, desde el 1º de enero de 2016, ocupe el lugar de los actuales Objetivos de Desarrollo del Milenio, que rigen hasta 2015. Kjorven es director del Departamento de Políticas para el Desarrollo del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). En febrero del año pasado, el funcionario dijo a este diario que la Conferencia Río+20 sobre Desarrollo Sustentable –que se efectuó en junio de 2012– podría “ser ocasión para establecer una agenda diferente” en cuestiones como la emisión de gases con efecto invernadero, causante del calentamiento global. Hoy admite que en Río+20 “no hubo compromisos muy concretos”, pero es entusiasta en la esperanza de que la Conversación Global “asegure que la voz de los ciudadanos sea parte integral en el proceso”. Porque “los líderes políticos de los países sólo aceptarán compromisos difíciles en la medida en que haya un nivel de presión desde la sociedad civil”. La vasta Conversación se propone en varios niveles: el de la participación mediante canales globales, como lo son las páginas web www.worldwewant2015.org y www.myworld2015.org; el de la participación en el orden nacional, mediante consultas que organizarán las delegaciones de Naciones Unidas en cada país; el nivel de la consulta a expertos sobre temas específicos; el nivel regional, donde continentes y subcontinentes como América latina examinarán los problemas compartidos; pero también se procurará dar cuenta de debates generados en las redes como Facebook y Twitter. El conjunto de estas actividades constituiría, según Kjorven, “una movilización sin precedentes en la historia del mundo”.

 

–Organizaciones dedicadas a los temas ambientales sostienen que la Conferencia Río+20 sobre Desarrollo Sostenible (efectuada en junio de 2012) fracasó fuertemente en cuestiones centrales como el control de los gases de efecto invernadero. ¿Cuál es su evaluación?

 

–No diría que la Conferencia haya fracasado. Su meta no era exactamente resolver los problemas, muy serios, que tenemos en campos como el del medio ambiente o la lucha contra la pobreza. La agenda de Río no se refería a resolver en el corto plazo, sino a establecer acuerdos para el largo plazo, crear una agenda para el desarrollo sostenible a largo plazo. El documento oficial establece principios muy importantes en cuanto a la necesidad de integrar las dimensiones social y económica en una política sostenible que pueda atacar la pobreza, la desigualdad, la destrucción ambiental. También en Río vimos una alianza que no se había registrado antes: la que involucra a la sociedad civil, con compromisos de aportar 50 mil millones de dólares desde el sector privado.

 

“Ahora –continuó Kjorven– se trata de ayudar a todos los países a poner en marcha políticas más poderosas y eficaces para construir un futuro diferente. Esto no es fácil, hay muchos intereses que se oponen a esto. Pero ahora, más que nunca antes, entre los ciudadanos de países del norte y del sur se ha difundido el conocimiento de que la integración es la única manera de resolver los problemas que tenemos. El 21 de enero, Barack Obama, en el discurso que inauguró su segundo período presidencial, otorgó a la cuestión del cambio climático más atención que a ningún otro tema, y afirmó que en los próximos cuatro años Estados Unidos intentará hacer mucho más que lo que se hizo en los últimos años; ahora es necesario actuar, no sólo hablar, sino hacer cosas diferentes, sostuvo en este discurso donde planteó un compromiso mucho más fuerte que el que hemos registrado últimamente en Estados Unidos y en otros países.”

 

“Actualmente, desde el PNUD llevamos adelante un proceso muy interesante: definir las metas de desarrollo para el futuro; la agenda para los años posteriores a 2015. Ese año finaliza el plazo para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La determinación de la nueva agenda es una oportunidad global para definir compromisos, que, incluso, pueden dar más contenido a los que se lograron en Río+20. Llamamos a esto una conversación global, que debería desarrollarse en todos los países del mundo. Y ya hemos empezado. Desde el PNUD estamos dando apoyo a consultas que tendrán lugar en 60 a 100 países. Queremos asegurar que la gente, en todo el mundo, también las personas pobres y generalmente excluidas, pueda contribuir a definir las metas para el futuro.

 

–¿Esos objetivos se refieren también al orden ambiental?

 

–Todavía no estamos proponiendo objetivos o metas concretas. Primero queremos consultar, y escuchar, y aprender lo que dice la gente en todo el mundo: qué es lo importante para ellos. A partir del resultado de las consultas, se negociará con los distintos gobiernos, y creo que presenciaremos compromisos más concretos que los que se plantearon en las ocho Metas del Milenio, las que expiran en 2015. Veremos compromisos más fuertes sobre el tema del medio ambiente. Hay discusiones muy activas e interesantes sobre el agua, los mares, el cambio climático, los problemas específicos de las distintas regiones; también sobre el ambiente urbano, el desarrollo de ciudades sostenibles, la protección de las tierras y la productividad, los bosques. Creo que tenemos una buena oportunidad para asegurar que las metas que se definan configuren un marco de desarrollo sostenible.

 

–Entidades ambientalistas denuncian que cuestiones que usted acaba de mencionar, como la conservación de los océanos y la pesca, no fueron incluidas en el texto final de Río+20, como tampoco los objetivos en materia de energías renovables...

 

–En el documento final de Río+20 había referencias al tema de la energía y a la situación de la pesca, pero estoy de acuerdo con lo que usted dice en que no hay compromisos muy concretos. Había mucho texto, mucha descripción de los problemas y se hablaba también de soluciones, pero sin compromisos duros para hacer las cosas diferentes. Estoy de acuerdo en que en Río+20 hacía falta un nivel de concreción en cuanto a los compromisos. Pero, aun así, es importante que el documento final haya incluido esos temas, y ahora, con el trabajo alrededor de las metas para el futuro, también en materia de desarrollo sostenible, tenemos una oportunidad muy buena para incluir ese tipo de cuestiones de manera más fuerte.

 

–¿Por qué en 2015 sería posible lograr compromisos que hoy no se están logrando?

 

–Es cierto que éstas son cuestiones muy políticas, donde juegan intereses muy fuertes y divisiones entre países. Por eso siempre va a ser complicado lograr los acuerdos que hacen falta para resolver problemas mundiales. No va a ser fácil, pero precisamente por eso hemos empezado con este proceso, que es el proyecto de consultas más ambicioso en la historia del mundo. Se trata de asegurar que la gente, en todo el mundo, pueda participar en la conversación y contribuir a definir qué mundo queremos, qué futuro queremos tener. Yo creo que los líderes políticos de los países sólo aceptarán compromisos políticamente difíciles en la medida en que haya un cierto nivel de presión por parte de la población, de la sociedad civil. En relación con esto, planteamos una movilización sin precedentes en la historia del mundo, para asegurar que la voz de los ciudadanos sea parte integral en el proceso.

 

“Al mismo tiempo –continuó–, vemos en todo el mundo los cambios dramáticos causados por el calentamiento global; los cambios climáticos y ambientales se están acelerando a causa del fracaso en poner en marcha las políticas que hacen falta. En Estados Unidos, la magnitud del huracán Sandy, el año pasado, ha tenido impacto. Hasta entonces, casi no era posible aludir al concepto de cambio climático en el debate político. Después se abrió un espacio para hablar verdaderamente sobre el tema. Y en todo el mundo vemos cambios así en los debates. Desafortunadamente se producen como consecuencia de desastres o cambios muy fuertes en las condiciones de vida de la gente: inundaciones, huracanes, sequías, grandes calores. En los dos años que restan hasta 2015 hay que poner energía y urgencia en introducir estos temas en el diálogo político. Es cierto que no será fácil, no podemos dejar de lado la complejidad de las cuestiones, sobre todo en la agenda referida al ambiente.

 

–El proyecto de consultas que ustedes emprenden a nivel global, ¿no requiere la colaboración de los distintos gobiernos nacionales?

 

–Trabajamos en distintos niveles. Lo fundamental es utilizar nuestra presencia en países de todo el mundo para promover consultas nacionales: deben ser organizadas de modo que maximicen la inclusión, que ofrezcan a todos los actores la posibilidad de participar, abarcando a representantes de los más excluidos, los pobres, los pueblos indígenas, las personas con discapacidad. Todos los sectores deben tener voz para definir la agenda de metas en los diferentes países. Y, efectivamente, estamos dialogando y colaborando estrechamente con los gobiernos. Porque cada consulta requiere ser organizada y porque los gobiernos deben a su vez considerar estas consultas como algo útil para formar políticas nacionales desde las cuales participar en las discusiones en el nivel internacional.

 

“Se trata de que, cuando lleguemos al punto de concretar las negociaciones, sea sobre la base de reflejar lo que piensa y dice la población en cada país –continuó Kjorven–. Nuestra meta es apoyar el proceso de consultas nacionales en cien países. No sólo trabajamos en los países en desarrollo, sino que insistimos en que los países de la OCDE, los países ricos, organicen sus consultas nacionales del mismo modo, utilizando el mismo abordaje a fin de garantizar la inclusión. Efectuada la consulta, analizaremos los resultados y, comparando los datos de los distintos países, produciremos un informe que pueda contribuir a las negociaciones internacionales, al señalar qué dicen los distintos actores, en todo el mundo, sobre cada tema.”

 

“Y hay un segundo nivel –advirtió Kjorven–. Es el de las consultas temáticas globales: dar la oportunidad a que expertos con experiencia en diferentes campos discutan cuáles son las soluciones para los problemas, de modo de asegurar un mayor progreso en las metas para el futuro. Un tema de estas consultas a expertos es la sustentabilidad medioambiental. Otro tema es la desigualdad; otro la salud; otro la seguridad. También son temas la energía, el agua, el crecimiento, el empleo. Y todavía hay otro nivel. Actualmente, gracias a las tecnologías y las redes sociales, es posible desarrollar una conversación global, con ciudadanos en todo el mundo, mediante recursos como los teléfonos móviles, Facebook, Twitter y muchas otras modalidades. Queremos captar y analizar lo que dice la gente. Y hay aún otro nivel, el regional: en todas las regiones del mundo, incluida por supuesto América latina, se harán reuniones específicas para examinar las cuestiones regionales.

 

–Un ciudadano cualquiera que desee participar en la consulta, ¿de qué modo podría hacerlo? Tal vez este ciudadano no pueda o no quiera opinar sobre los grandes temas globales, pero tenga inquietudes referidas a su situación, a su comunidad...

 

–Tenemos mucho interés, no sólo en las perspectivas referidas a las comunidades nacionales o la comunidad mundial, sino en entender los problemas más importantes en las distintas comunidades. Cotejando lo que la gente diga en diferentes partes del mundo, podremos detectar tendencias. Es claro que esta consulta no puede resolver directamente problemas locales, pero para el proceso global es muy importante entender las tendencias que se dan en las distintas comunidades; ver cómo diferentes personas, en distintas comunidades de distintos lugares del mundo, definen los problemas que experimentan en sus vidas. En cuanto al nivel global de participación de la gente, es totalmente abierto, y cualquier persona puede participar por diferentes medios. Existe un sitio específico de Internet mediante el cual se puede intervenir en la Conversación Global. Estamos trabajando, utilizando los canales de comunicación de Naciones Unidas y nuestras oficinas en distintos países, para hacer llegar la información acerca de esta consulta. Pero, junto con el nivel de participación global, donde cualquiera en el mundo puede acceder a ese sitio web, también queremos que las consultas nacionales sean bien accesibles, y esto depende de cómo se organicen en cada país.

 

“Los sitios web habilitados son: http://www.worldwewant2015.org/, y también http://www.my world2015.org, donde se puede votar sobre distintas cuestiones; ambos tienen opciones para elegir idioma –precisó Kjorven–. Esto es a nivel global, pero, como decía, también es muy importante la consulta nacional que se efectúe en cada país. Este es en muchos sentidos el núcleo del proyecto. Queremos generar información sobre cada país, maximizar la participación y estar en condiciones de informar a los gobiernos de todo el mundo sobre lo que dice la gente acerca de la agenda para después de 2015. A veces me preguntan por qué hacemos todo esto; por qué todo este trabajo, tantas reuniones y procesos: ¿resultará en algo concreto para la gente? Mi respuesta es que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los que rigen hasta 2015, ya demostraron que una agenda con metas compartidas para todo el mundo es algo enormemente importante para el desarrollo humano; ha hecho una diferencia enorme, en muchos países de todo el mundo, y los efectos los apreciamos en muy distintos niveles. Por ejemplo, la infección por VIH/sida disminuyó muchísimo. También bajó mucho el nivel de mortalidad infantil y materna. Hicimos grandes progresos en el tema del agua potable. Hemos visto que la mayoría de los países integraron las Metas del Milenio en sus presupuestos y en sus estrategias para acelerar el desa-rrollo humano. Nada es perfecto, tenemos todavía muchísimos problemas. Y las Metas no enfocaron suficientemente las cuestiones del medio ambiente, de la de-sigualdad, de la vulnerabilidad. No todo es perfecto, pero hemos aprendido que tener una agenda común entre todos los países, con todos los actores unidos para trabajar hacia el cumplimiento de los objetivos, eso tiene un valor muy grande. Y sería una tragedia histórica si, en la mañana del 1º de enero de 2016, nos despertamos sin una agenda en común para la humanidad.

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