Jueves, 06 Diciembre 2018 06:02

Qué es Freud

Qué es Freud

Freud es un pensador a contramano, un pensador contra-moderno. Se trata nada más y nada menos que de aquel pensamiento que le dio a la Modernidad la posibilidad de pensarse a sí misma.

 ¿Cómo decir en dos palabras, o en diez, quince minutos y de una manera simple, qué es Freud? Nótese que dije qué es Freud, y no quién es Freud. Si estamos hoy acá es para festejar su pensamiento, no para homenajear a su persona. Si se trata de festejar, es porque hay algo vivo. Se trata nada más y nada menos que de aquel pensamiento que le ha dado a la Modernidad, nuestra época, la posibilidad de pensarse a sí misma. Nótese que de esta manera no hay modo de pensar la subjetividad sin la época, y no hay modo de entender la época, el mundo, sin dar con las ruinas y vestigios, con la historia -trágica- moderna, que determina este presente. Allí está, como materia pre-formada todo aquello que hace parte del descubrimiento de Freud: el inconsciente. La Modernidad es esa época, la nuestra, que empuja contra si misma: progreso y destrucción van juntos. La Modernidad, que no deja de hablar del hombre y sus derechos universales al mismo tiempo que lo asesina en nombre de alguna particularidad. Que cada quien sea particular puede tornarse muy inquietante; y la vida marchitarse bajo algún rasgo. Lo evidente no es obvio. El fondo de violencia que no cesa, que es permanente y continuo, sobre el que cada quien tiene que hacer soportar su existencia, será absolutamente interrogado por Freud. Si Freud primero se pregunta, y después escribe, ¿Por qué la Guerra? es porque la existencia se da siempre sobre ese fondo. La vida transcurre entre la que pasó y la próxima. La crisis (y aquí bien lo sabemos) no es una excepción, es la regla (del sistema). Aunque no sea ni tan obvio ni tan evidente. Ahora estamos, por ejemplo, en el tiempo de las guerras comerciales globales, cuando no estamos dentro de alguna guerra comercial familiar. Digamos al pasar, así lo entiendo, que no hay análisis que no haya modificado la relación de cada quien con el dinero y su amplio circuito; y que un análisis podría producir que algo (no alguien) pierda valor.

¿Por qué la inseguridad y el terror son globales desde que existe Occidente? Porque hay Occidente –un mundo global– desde que hay Conquista: de unas lenguas sobre otras, de ciertas categorías mentales, un sistema, sobre otras formas de vida. Hay acumulación posible de riqueza para algunos sólo porque hay una permanente producción extensiva de pobreza. También porque a la época le es intrínseca, lo que Freud llama la pulsión de muerte: ¿quién no ha vivido el miedo como un lugar de refugio? ¿Quién no le ha tenido miedo al miedo? ¿El que imparte terror está él mismo aterrorizado? El miedo es moneda corriente y la amenaza algo constante; y cada quien tiene su manera singular de hacerlo pasar por su cuerpo. El pánico es moneda corriente, aunque no siempre fue así. Donde no estaba, la globalización-la civilización, lo ha llevado. No hay ciudad occidental sin pánico: es allí donde vivimos, con el pánico y el terror naturalizados. Y será justamente allí que el psicoanálisis, y su invento, se interponen, toda vez que se pregunta, en su práctica, y de manera singular cada vez, cuáles son las condiciones de vaciamiento para un cuerpo colonizado por el miedo, el terror, la inseguridad, la amenaza, la vergüenza y el desamparo.


Pero sigamos con lo vivo de aquel pensamiento. Para que un pensamiento esté vivo, muerto el pensador-el autor, tiene, ese pensamiento, que necesariamente haber abierto un campo de interrogación que no se detiene. Y a esto se le ha dado el nombre de discurso. En este sentido el psicoanálisis lo es, tanto como el capitalismo. Sólo que no son el mismo. Y qué es un discurso sino una cierta relación social a la palabra. Una de las diferencias que podemos trazar entre uno y otro, es que abren, uno y otro, hacia formas de relación con la palabra que no son la misma. No alcanza para definir qué es el psicoanálisis con afirmar que se trata de una práctica de la palabra. No es lo mismo una relación crítica a la palabra, que una de obediencia, por ejemplo. No es la misma aquella que sostiene un pacto con la verdad, una voluntad de saber, que aquella con la que se comercia, incluso en el amor. No es lo mismo la circulación de la palabra cuando se está dispuesto a perder, que cuando sólo se trata de ganar. Y convengamos que si alguien quiere analizarse es porque querría, justamente, poder perder algo, aunque más no sea un poco de miedo. El pensamiento vivo de Freud está medido por el alcance crítico de las preguntas que se formula.


Dicho esto, sigamos yendo hacia lo que es el descubrimiento freudiano, y hacia su invento, el consultorio, su práctica. Digamos que, como todo descubrimiento, el de América por ejemplo, se trata de algo que estaba ya ahí. Sólo que cubierto en la oscuridad, censurado y reprimido, negado y rechazado: el inconsciente son las formas paradojales de retorno al desnudo de la historia en el presente, y el análisis, su invento, el lugar donde será puesto en descubierto. Si Freud pudo construir un saber acerca del sufrimiento, del pathos, fue por haber sabido interrogarse acerca de lo que estaba allí haciéndolo posible. ¿Y cuál fue su mérito? El de hacerse las preguntas que no estaban. Nada muy distinto de lo que pasa en un análisis. Esas preguntas van guiando una lectura. Convengamos que si se trató de un gran escritor, tal cosa no existe sin que haya un gran lector. Su obra es un tejido heterogéneo y conflictivo que corre en diagonal atravesando la lengua, la historia de las religiones, de la filosofía, de la literatura, de la ciencia. Freud se mueve como un arqueólogo en un campo que es el de la historia, de la economía, de la política, un campo pulsional.


Abrir los textos, la obra de Freud, es encontrarse con un texto maravilloso. Tiene de maravilloso que está lleno de preguntas exquisitas. Una al azar: se pregunta por los sueños en los que el soñante aparece desnudo, inquieto por su desnudez, lleno de pudor y vergüenza. Sueños que provocan confusión, malestar y desazón. Sueños que atañen particularmente a hombres, hombres que exhiben la carencia de un atributo (fálico), expuestos entonces a un desfallecimiento posible. Se trata de la verdad desnuda, hasta de la verdad como desnudez. Se trata de la insoportable vergüenza del durmiente y la aparente indiferencia de su entorno. El durmiente es el único que se ve desnudo; y al verse desnudo está solo. Digamos que no hay análisis que no haya implicado para cada quien darle algunas vueltas a la palabra solo, tanto como a aquel atributo de poder. Digamos también que Freud dejó abierta la pregunta acerca de cómo se las arregla el hombre, con qué tipo de sustituto, ante su desfallecimiento posible. Así es la época: nos deja en la intemperie. Así es el mundo dominado por el hombre: un mundo desfalleciente, lleno de carencias y de sustitutos. La interpelación que el feminismo lleva adelante hoy, digamos que tiene como antecedente necesario la pregunta que Freud se hizo y las incompletas interpretaciones que formuló. Las mujeres, no todas, han decidido no dejarse tomar como ese sustituto, incluso a ellas mismas. La libido en Freud es siempre masculina porque en la modernidad, el campo del placer, está movido siempre por una carencia. Y hay un correlato que vive en cada cuerpo entre esa carencia y la modernidad, o sea el capitalismo, un sistema, globalizado: se llama síntoma. Todo análisis se ocupa del o la soñante, o sea de la manera singular en la que cada quien se las arregla con su carencia, con su desnudez y su deseo. De las maneras siempre singulares en las que cada quien se toma como mercancía, como moneda de cambio, en el placer y en el amor. ¿Por qué lo más propio, lo que más nos identifica, permanece desconocido?


Freud es un pensador a contramano, un pensador contra-moderno. Allí donde se quiere hacer creer que cada quien es una unidad, Freud interpreta. Estamos divididos, por ejemplo, entre el placer o el amor que esperamos, el que damos y el que obtenemos.


Si las preguntas que Freud se hace son exquisitas, sus textos están hechos para ser masticados, suave y lentamente. Hay tanto un saber de la verdad, como un sabor verdadero. No alcanza con saber si no hay sabor; y no hay sabor sin una cierta relación con la verdad. Así es la vida. Y para darle sabor Freud produjo su invento, una práctica. El invento es en apariencia sencillo, solo se trata de hablar y de escuchar, solo que ni una cosa ni la otra son sencillas. Hablar para que lo reprimido, lo censurado, aquello que ensombrece una vida retorne, y se haga entonces descifrable. Hablar para que pueda surgir una pregunta hasta entonces inexistente, una pregunta que disloca todo lo conocido, que es agitadora y rebelde. El invento tiene como efecto que una vida, salida de las sombras en las que la época nos fija, pueda dirigirse hacia lo inesperado, la sorpresa. Una vida analizada, como efecto de aquel invento, es una vida que se habrá llevado hacia lugares antes impensados. El destino no es más que el lugar en la que la época fija a cada uno y a cada cuerpo. Que alguien pueda asociar libremente –nótese el uso de la palabra libertad– para ser escuchado atentamente (de manera flotante, no fija), aunque es simple, produce efectos inesperados. Dado que el pensamiento es obediente y dependiente, la asociación libre termina por deconstruir los cimientos de ese mismo pensamiento. El invento de Freud, un análisis, abre a la posibilidad de pensar de otra manera, abre la posibilidad de preguntarse, dado que no es obvio, qué es pensar


Antes de finalizar quiero leerles una cita de Freud. Entiendo, espero, que por lo dicho hasta aquí, se la podrá seguir en su agudeza y en su complejidad. Está sacada de un escrito cuyo título no es ingenuo, como no es ingenuo que haya decidido leerla hoy y en este particular contexto en el que estamos viviendo, un título que es casi una denuncia (tanto como un manifiesto): “Las resistencias al psicoanálisis”:


“Pero en suma, el hombre se ve obligado a exceder psicológicamente sus medios de vida, mientras que por otro lado sus exigencias pulsionales insatisfechas le hacen sentir las imposiciones culturales como una constante opresión. Con esto la sociedad sostiene un estado de hipocresía cultural (preguntémonos: ¿todo Estado es hipócrita?) que necesariamente será acompañado por un sentimiento de inseguridad y por la imprescindible precaución de prohibir toda crítica y discusión al respecto (...) debido a esta crítica, el psicoanálisis fue tachado de enemigo de la cultura, condenándoselo como peligro social. Semejante resistencia no puede gozar de vida eterna, ninguna institución humana podrá escapar a la influencia de una crítica justificada, pero hasta ahora la actitud del hombre sigue siendo dominada por este miedo que desencadena las pasiones y menoscaba la pretensión de argumentar lógicamente.”


Ahora sí, y para finalizar, una cita de Lacan que explica por qué, para preguntarse qué es Freud, debíamos pasar por la modernidad, por la época en la que nos toca vivir: “No reconocer la filiación o la paternidad cultural que hay entre Freud y cierto vuelco del pensamiento, manifiesto en ese punto de fractura, de división, que se sitúa hacia el final del siglo XVII, equivale a desconocer totalmente a qué tipo de problemas se dirige la interrogación freudiana” (13-1-60).
* Psicoanalista. Miembro del Colectivo Zona de Frontera.


Presentación para la mesa “Freud y la verdad”, compartida con Cynthia Szewach y Carlos Gutiérrez (coordinada por Adriana Abeles), dentro de la semana “Freud por ...venir”, organizada por la Municipalidad de San Isidro y Fundación Campos del Psicoanálisis.

Sábado, 17 Noviembre 2018 06:09

Una ventana al futuro

Una ventana al futuro

Cientos de hombres y mujeres encapuchados miran hacía una de las tres pantallas que tienen de frente. En ellas pueden ver Reed, México Insurgente, película dirigida por Paul Leduc en 1970. La proyección se realiza en Cinema Infantil Emiliano Zapata 3D, una de las dos salas habilitadas en el Caracol de Oventik para la realización del Festival de cine Puy ta cuxlejaltic (Caracol de nuestra vida), convocado por el EZLN. La escena acontece en los primeros días de noviembre de 2018.

Al festival acudieron personas referentes del cine del México contemporáneo. Se trató de otra de las muchas iniciativas que el zapatismo ha lanzado para dialogar con los otros mundos, pero también para expandir el mundo en las propias cabezas, como dijera el subcomandante Galeano.


En el archivo histórico, alojado en la página Enlace Zapatista, se contabilizan más de mil 700 entradas a documentos publicados entre el 31 de diciembre de 1993 y noviembre de 2018. Una revisión rápida a éste alcanza para esbozar el aporte histórico del EZLN a las luchas en México y el mundo: la guerra, los distintos procesos de diálogo, la Convención Nacional Democrática, consultas, foros especiales sobre derechos y cultura indígenas y sobre la reforma del Estado, encuentros nacionales e internacionales con sociedad civil, intelectuales, pueblos originarios y organizaciones sociales; el Frente Zapatista de Liberación Nacional, su participación en la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI), Caravanas y recorridos por todo el país, la Marcha del Color de la Tierra, las Juntas de Buen Gobierno (JBG) y los Caracoles, la Otra campaña, las movilizaciones en solidaridad con distintos sectores sociales, la Escuelita zapatista, coloquios y seminarios, CompArtes y ConCiencias, encuentros de mujeres y recién, junto al CNI, el proceso del Concejo Indígena de Gobierno.


En 2003, a propósito de los 20 años de formación del EZLN y 10 de su aparición pública, el difunto subcomandante Marcos contó que los tres pilares de esa etapa del zapatismo fueron: 1) el eje de fuego (acciones militares); 2) el de la palabra, (encuentros, diálogos, comunicados y silencios), y 3) el que podía considerarse la columna vertebral: la forma en que se va desarrollando la organización de los pueblos zapatistas.


En el mismo año se dio un paso fundamental en el tercer eje: el ejército zapatista entregó a sus bases de apoyo la totalidad de la administración y mando en los territorios. Los antiguos Aguascalientes se convirtieron en Caracoles, y nacieron con ellos cinco Juntas de Buen Gobierno. El poder popular se organizó en cuatro instancias territoriales (pueblo, región, municipio y zona) y tres niveles de autoridades autónomas (comunitarias, municipales y las JBG). Sin embargo, la máxima son los pueblos y sus asambleas.


En las diferentes generaciones de la Escuelita zapatista, las bases de apoyo mostraron a miles de personas los resultados de su proceso organizativo. Explicaron ahí cómo se organizan de forma diferente atendiendo a las necesidades primordiales y modos de cada pueblo, pero siempre respetando los siete principios del mandar obedeciendo, servir y no servirse, representar y no suplantar, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, y bajar y no subir.


Rosalinda, una ex integrante de la JBG de la Zona Altos de Chiapas, nos cuenta en uno de los libros La libertad según [email protected] zapatistas (https://goo.gl/A8V1Xg), algunos de los principales logros en materia educativa y de salud alcanzados sólo en esa zona. Ahí existe un Sistema de Educación Autónoma Zapatista de Liberación Nacional, el cual agrupa a 496 promotores y promotoras, 157 escuelas primarias autónomas y una secundaria. Asimismo, existe una clínica central, 11 microclínicas y 40 casas de salud comunitaria.


Una de las bases principales del proyecto zapatista es la tierra. En palabras del subcomandante Moisés, se trata de la base de la resistencia económica del zapatismo. Es la que garantiza su capacidad autogestiva y sobre la que ensayan un mundo poscapitalista, uno de alma agraria. El trabajo colectivo también es clave en su proceso, por medio de este logran financiar la organización, conformar cooperativas de pan, de ganado, de zapatos. Incluso se han construido instituciones bancarias, como el Banco Autónomo Comunitario, que apoya a las familias en situaciones de emergencia.


El mundo, muy otro, que han construido los pueblos originarios zapatistas, es un referente de organización y resistencia. Tenemos ahí una ventana al futuro con su propia historia. Un ejemplo concreto de que los mundos fuera del capitalismo son posibles… y urgentes. Ahora que el EZLN cumple 35 años de existencia, 25 de su aparición pública y 15 de la creación de las JBG, miremos y celebremos su existencia recordando siempre a Mariátegui: ni calco ni copia, sino creación heroica.

Raúl Romero, sociólogo

 

Sociólogo.

Publicado enCultura
Vista simulada de un descenso en Marte del módulo de aterrizaje robótico InSight , que el 5 de mayo partió de la Tierra hacia el planeta rojo, a cuya superficie llegará el 26 de noviembre.

Radiación mortal del cosmos, posible pérdida de la visión y huesos atrofiados son sólo algunos de los desafíos que los científicos deben superar antes de que un astronauta pueda pisar Marte, expusieron ayer expertos y funcionarios de la Nasa.

La agencia espacial de Estados Unidos cree que en los próximos 25 años puede poner un hombre en el planeta rojo, pero los retos tecnológicos y médicos que se interponen para que eso se concrete son enormes.

"Con los presupuestos actuales, o algo más altos, llevará unos 25 años resolver esos desafíos", dijo en conferencia de prensa en Washington el astronauta retirado de la Nasa Tom Jones, quien viajó al espacio en distintas misiones.

"Tenemos que empezar ahora con ciertas tecnologías clave."

A una distancia de unos 225 millones de kilómetros, Marte representa un reto mayor que las misiones de los Apolo a la Luna.

Con la tecnología disponible en la actualidad, un astronauta tardaría hasta nueve meses en llegar a Marte, y el costo físico de flotar tanto tiempo en gravedad cero sería enorme.

Por ejemplo, los científicos creen que eso podría causarles cambios irreversibles en los vasos sanguíneos de la retina, lo que llevaría a una degradación de la vista.

Descomposición de huesos

Además, después de un tiempo en gravedad cero, el esqueleto empezaría a perder calcio y tejido óseo.

Con una gravedad de sólo un tercio en relación a la de la Tierra, los expertos desconocen todavía los efectos de una misión de un año a la superficie de Marte.

Una forma de reducir los daños sobre el cuerpo humano es bajar significativamente el tiempo de viaje al planeta.

Jones cree que sistemas de propulsión nuclear tendrían el beneficio adicional de producir energía en los vuelos.

"Si comenzamos ahora, en 25 años podríamos tener tecnologías disponibles para ayudar a protegernos de estos tiempos de viaje tan largos", expuso.

En las condiciones de hoy, un solo tramo del viaje a Marte demoraría tanto que un astronauta recibiría la misma cantidad de radiación que se considera segura a lo largo de toda su carrera.

"Aún no tenemos la solución en términos de seguridad, en términos de protección contra rayos cósmicos y llamaradas solares a las que (el astronauta) se expone durante este tiempo de tránsito", señaló Jones.

Especialistas han identificado varias tecnologías que necesitan desarrollarse rápidamente, incluyendo una nave que pueda resistir el duro ingreso a Marte y aterrizar suavemente, y la capacidad de devolver a los pasajeros a la Tierra.

La Nasa cuenta con un nuevo módulo de aterrizaje robótico llamado InSight que se dirige hacia Marte, donde aterrizará el 26 de noviembre después de despegar de California el 5 de mayo.

El proyecto de 993 millones de dólares apunta a expandir el conocimiento de las condiciones en Marte con el fin de enviar exploradores y revelar de qué manera los planetas rocosos como la Tierra se formaron hace miles de millones de años.

Jim Garvin, científico jefe del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la Nasa, cree que InSight completará las "incógnitas críticas" y ayudará a tener una comprensión clara sobre Marte.

En 2020, otra misión de la Nasa enviará un vehículo a ese planeta para determinar la habitabilidad del entorno marciano, buscar signos de vida antigua y evaluar los recursos naturales y los peligros para futuros exploradores humanos.

Además, empresas privadas como SpaceX y otras naciones están desarrollando tecnologías que podrían usarse en próximas misiones.

"La inteligencia artificial puede repetir los sesgos, o incluso amplificarlos"

¿Qué podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático? ¿Queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros? Según el tecnólogo y filósofo David Weinberger, "dejaremos que la inteligencia artificial 'decida' por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas".


La necesidad de abordar la tecnología y su impacto en nuestras vidas necesita ser abordada desde todos los puntos de vista que ppodamos imaginar. David Weinberger, tecnólogo y doctor en Filosofía por la Universidad de Toronto (Canadá), reflexiona sobre lo que podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.


De visita en el MediaLab de Madrid (en el marco de la Semana de la Ciencia y la Innovación), Weinberger —coautor del célebre Manifiesto Cluetrain, de 1999, sobre cómo funcionaría la conversación en internet— ahora investiga en el Berkman Klein Center for Internet & Society de la Facultad de Derecho de Harvard.


A continuación será ponente en el Foro de la Cultura de Burgos (del 9 al 11 de noviembre), en donde tratará de abordar la cuestión de si seremos capaces de controlar la inteligencia artificial. Weinberger responde para los lectores de Público a una serie de cuestiones acerca de la creciente automatización de nuestro entorno.


¿Realmente queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros?


La inteligencia artificial es capaz de hacer evaluaciones probabilísticas de cómo clasificar las cosas, por tanto puede hacer predicciones probabilísticas. Dependerá de la situación concreta si queremos que realice esas evaluaciones sin intervención humana.


Solemos usar simples ordenadores de esta forma todo el rato. Hay un millón de ejemplos, como convertir la escritura a mano en letras. Ahora, la inteligencia artificial en forma de aprendizaje automático está haciendo lo mismo. La diferencia es que hasta ahora los humanos tenían que decirles a las máquinas qué buscar para identificar la escritura a mano: si ve una línea vertical con un punto encima, esa es una "i", etc.


Con el llamado "machine learning" no necesitas introducir en el ordenador ese tipo de reglas, sino que se alimenta de miles de ejemplos de escritura a mano y descubre los patrones que se corresponden, estadística y probabilísticamente, a las letras. Resulta que, en muchos casos, el aprendizaje automático funciona mejor que la forma antigua de programar estas reglas. No hay ningún problema ético en particular con esto, ¿verdad? Tampoco veo que exista ninguna decisión en sentido literal.


Del mismo modo, si un sistema de aprendizaje automático le dice a su médico que usted tiene un 63% de probabilidades de desarrollar diabetes, la máquina no está tomando una decisión: nos está alertando de una probabilidad estadística. Usted —más bien, su médico— decidirá qué quiere hacer al respecto, tal como lo haría si hubiera notado un aumento en el nivel de azúcar en la sangre, que podría indicar una susceptibilidad a padecer diabetes.


Existe, por supuesto, una amplia gama de casos. Para el análisis de escritura a mano, las preguntas son relativamente fáciles.También para la inteligencia artificial que traza las rutas para que un automóvil llegue a un destino. Pero también es posible la inteligencia artificial para actuar sin intervención humana. Los ordenadores —ojo, no la inteligencia artificial, que yo sepa— aterrizan aviones con bastante frecuencia; los pilotos a veces no intervienen porque las máquinas suelen ser mejores que los humanos para esa tarea. Ése es un caso en el que habitualmente permitimos que una computadora "decida" un asunto. Digo "decidir" entre comillas porque las computadoras no son conscientes y, por lo tanto, no pueden decidir nada.
Del mismo modo, permitiremos que la inteligencia artificial conduzca nuestros coches si la inteligencia artificial lo hace mejor que los humanos; por ejemplo, los vehículos sin conductor pueden actuar sobre de datos recogidos en un rango de 360 grados y su tiempo de reacción es mucho mejor que el de los humanos. Así pues, permitiremos que existan los coches sin conductor si en las pruebas y en un despliegue cuidadosamente monitoreado resultan ser más seguros que los vehículos con conductor humano.


¿Queremos, por ejemplo, que la inteligencia artificial determine las sentencias judiciales?


Bueno, podemos decidir no hacerlo porque creamos que disminuirá la confianza en el sistema judicial. Por otro lado, los jueces humanos son propensos a sesgos —al fin y al cabo, como todos— y, por tanto, podría ser que la inteligencia artificial sea más justa en ciertas sentencias. Personalmente, creo que vamos a tener problemas para aceptar un sistema de inteligencia artificial en el ámbito de la jusricia; su uso en el sistema judicial de los Estados Unidos es problemático, por decirlo de alguna manera.


Mi punto de vista es que dejaremos que la inteligencia artificial tome "decisiones" por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas, y somos los humanos los que podremos decidir qué consideramos como "mejores decisiones". Esto no es nada inusual en la historia de la computación. Variará según el entorno y la aplicación, y dependerá de muchos factores.


Puedo ver que las compañías y los expertos nos "venden" algoritmos como algo "blanco", inofensivo, pero en general el mundo del software es oscuro, no transparente. ¿Qué piensa sobre esto? ¿Cómo puede alguien decidir si algún sistema de inteligencia artificial es preciso o no antes de los resultados de su comportamiento?


Existe una controversia entre los científicos informáticos sobre si la inteligencia artificial tiene que ser opaca, y hay mucha investigación sobre cómo hacerla más transparente. Pero, por el momento, supongo (y no soy científico informático) que al menos algunos sistemas van a generar resultados a través de procesos que son simplemente demasiado complejos para que la mente humana los comprenda. Puede haber aplicaciones en las que queramos insistir en que sean transparentes, incluso si eso significa que sus resultados sean menos precisos.


Imaginemos, por un momento, que los coches sin conductor son controlados por la "caja negra" de inteligencia artificial, es decir, por unos modelos que los humanos no pueden entender. Pensemos, además, a raíz de ello las muertes en el tráfico disminuyen en un 90% (una estimación común que podría estar muy equivocada). Ahora, imaginemos que hacer que la inteligencia artificial sea "comprensible" se traduce en una reducción de las muertes sólo en un 50%. Eso significaría que miles de vidas que se hubieran salvado se pierden. ¿Querríamos, como sociedad, hacer ese intercambio entre transparencia y salvar vidas? Creo que no lo haría, pero esta es una pregunta que tendremos que responder.
Sin embargo, insistir en la transparencia de los algoritmos no es la única forma de controlar la inteligencia artificial. Por ejemplo, en algunos casos, podríamos controlarla insistiendo en la transparencia sobre los datos que se utilizan para entrenar el sistema; podríamos exigir, por ejemplo, que esos datos no estén sesgados, que representen el rango de personas afectadas, que los marginados y vulnerables no hayan sido excluidos, etc.


O bien, podríamos insistir en que los resultados sean transparentes. En el caso de la "caja negra" de inteligencia artificial para coches sin conductor, esto significaría transparencia sobre los resultados que deseamos: menos muertes, más ahorro ecológico, tiempos de transporte más cortos, viajes más cómodos, etc. También se puede exigir transparencia sobre cómo cumple su función la máquina: si los vehículos no cumplen con sus objetivos declarados públicamente, podríamos requerir que los fabricantes los ajusten para que lo hagan. Este tipo de control no requeriría la transparencia de los algoritmos.


La transparencia no es en sí misma un bien. Por eso tenemos cortinas para nuestras ventanas, o un derecho al olvido en Europa. La transparencia es una herramienta que es útil en algunas circunstancias. En mi opinión, deberíamos acordar como sociedad lo que queremos o esperamos de determinados sistemas de inteligencia artificial, y luego encontrar los mejores mecanismos para garantizar que se obtienen los resultados deseados. A veces, la transparencia de los algoritmos será el enfoque correcto, pero no siempre. Entonces, relacionado con esto, ¿por qué deberíamos confiar en inteligencia artificial?


Deberíamos confiar en una aplicación de inteligencia artificial cuando tengamos pruebas convincentes de que funciona. Dependiendo de la aplicación, esto podría requerir pruebas y más pruebas, algunas exhaustivas y en algunos casos, no tanto.


En su opinión, ¿puede la inteligencia artificial amplificar nuestros defectos?


Sin lugar a dudas. La inteligencia artificial aprende de los datos que le damos. Es decir, analiza esos datos ampliamente, y encuentra correlaciones complejas y patrones estadísticos y probabilísticos. Los datos reflejan prácticas y creencias humanas. Por lo tanto, la inteligencia artificial puede repetir los sesgos que existen en los datos, o incluso amplificarlos.
Por ejemplo, si las mujeres están subrepresentadas en la alta gerencia empresarial, los datos reflejarán eso, y la inteligencia artificial puede aprender de esa información que existe una correlación negativa entre ser mujer y ser una alta directiva. La consecuencia, por ejemplo, es que quizá el sistema termine por no recomendar a las mujeres para tales trabajos. El problema, por supuesto, puede ser mucho más sutil que eso. Ésta es una cuestión bien conocida y seria.


En su opinión, ¿existen los algoritmos 'sesgados'? ¿Cómo podemos detectarlos?


Sí, como ya he explicado. Hay una gran cantidad de investigación sobre cómo detectar sesgos en la inteligencia artificial y sobre cómo eliminarlos o, al menos, minimizarlos. No soy un científico informático, pero estimo que una forma de detectar sesgos es observar los resultados. Si un sistema de inteligencia artificial para clasificar las solicitudes de empleo rara vez recomienda a mujeres solicitantes, es evidente que existen razones para pensar que está sesgado. Pero insisto, el asunto puede ser mucho más sutil que eso.


Una forma de detectar el sesgo es examinar directamente el modelo que inteligencia artificial utiliza para tomar "decisiones". Eso requiere entender el modelo, y algunos pueden ser demasiado complejos para los humanos. Otra forma, que sugieren algunos investigadores de las universidades de Harvard y Oxford, es enviar la misma información al sistema, pero con ligeras variaciones en los datos: si cambiar un punto en esos datos altera el resultado de alguna manera significativa, es una señal de que ese punto de datos es importante. Si ese punto de datos es, por ejemplo, el género o la raza de la persona, eso es una prueba de que el sistema está sesgado. Claro que esto que explico es una gran simplificación ya que, como dije antes, no soy un científico informático.


Finalmente, ¿hasta qué punto puede ser peligroso (o no) un sistema de inteligencia artificial diseñado para realizar predicciones?


La inteligencia artificial puede hacer falsas predicciones. De hecho, todas sus predicciones conllevan un nivel de confianza, de la misma forma que los meteorólogos afirman que hay un 60% de probabilidad de lluvia. Los errores pueden ser peligrosos si las falsas predicciones son peligrosas: decir que mañana estará despejado cuando en realidad llueva por la tarde no es peligroso generalmente pero, por otro lado, un mal diagnóstico médico puede ser fatal. Al igual que con cualquier otra cosa, dependeremos de la inteligencia artificial en tanto en cuanto constatemos su precisión en casos anteriores y midamos la gravedad de las consecuencias de estar equivocado.


En cambio, uno podría preguntar si usar la inteligencia artificial para alguna tarea en particular es más peligroso que confiar en los métodos anteriores. Si la inteligencia artificial está haciendo predicciones más precisas que las realizadas hasta la fecha, entonces, aun existiendo un riesgo, las consecuencias serán menos peligrosas que las arrojadas por el método que reemplaza. En tal caso, podemos preferir la inteligencia artificial.

Por Pablo Romero
@pabloromero

“Los datos que entregas acabarán por estrangularte en el sistema”

Ranga Yogeshwar, conocido divulgador en Alemania, alerta de la falta de control político y moral sobre muchas innovaciones de la era digital

Ranga Yogeshwar (Luxemburgo, 1959) es una especie de canario en la mina, capaz de analizar y alertar de los desafíos que nos deparan las innovaciones. Él piensa que en el campo de la inteligencia artificial, innovamos sin ser capaces de comprender los sistemas que creamos y las consecuencias que pueden tener.


Yogeshwar recibe a El PAÍS en su casa de Lanzenbach, una aldea cerca de Colonia, en pleno campo. El habitáculo vital de este conocido físico divulgador en Alemania es, sin embargo, el mundo. Lo recorre impartiendo conferencias y conociendo de primera mano las innovaciones que regirán el futuro y nos cambiarán como sociedad. Políticos y empresarios alemanes y de medio mundo le llaman para que les cuente a dónde vamos. Él lo explica en su libro Próxima estación: futuro (Arpa), en el que alerta del mal uso de los datos y de que podemos acabar siendo esclavos de la digitalización de nuestro comportamiento. Pero Yogeshwar no pertenece al club de los agoreros, ni propone ninguna vuelta atrás. Él lo que cree es que la política puede y debe moldear una innovación que no debe dejarse en manos solo de ingenieros e inversores. “Al final será bueno, porque nos haremos las preguntas fundamentales y encontraremos respuestas mejores de las que habíamos encontrado hasta ahora”.


Pregunta. ¿Cómo nos está cambiando la innovación?


Respuesta. Hay cosas esenciales que permanecerán. No queremos vivir en un estado de miedo permanente, ni morir de hambre, pero hay que ver cómo nos ha cambiado por ejemplo la comunicación, qué pasa ahora en las familias. Cuando yo era joven y me iba de viaje era un tiempo de separación de mis padres, de crecer, pero ahora cuando los chicos se van, están conectados todo el tiempo con su familia. ¿Cómo va a influir esto en su personalidad? O las ecochambers, si te rodeas todo el tiempo de gente que piensa como tú, te encierras en una burbuja y eso también modela la personalidad. Me pregunto si acabaremos en una sociedad muy diferente, que no se parece nada a la idea de sociedad cohesionada que teníamos hasta ahora, sino una en la que sean islas con unas reglas elementales para relacionarnos.

P. La filosofía ha dedicado mucho tiempo a analizar la diferencia entre los humanos y los animales. ¿De las máquinas inteligentes, en qué nos diferenciaremos?

R. El desarrollo de la inteligencia artificial nos fuerza a repensar qué somos y qué nos hace humanos. Podemos perdonar, nos encantan las excepciones. Es decir, aspiramos a tratar a todo el mundo por igual, pero si es tu amigo, haces algo especial por él. A veces eres irracional. Fumas aunque no tenga sentido, las máquinas no hacen eso. Puede que gracias a la innovación acabemos replanteándonos cosas esenciales, como el estar enfocados hacia la productividad y el rendimiento económico; puede que haya transformaciones de las que ahora ni siquiera somos conscientes. Puede, por ejemplo, que vayamos hacia una era postextual en la que contemos y escuchemos historias en lugar de leer y escribir, que es un proceso muy complejo. Ahora ya no lees las instrucciones de un aparato, ves un tutorial. Tal vez, nuestra inteligencia puede disminuir porque la de las máquinas crezca.

P. No parece un futuro muy prometedor.

R. Yo soy optimista. Vemos, por ejemplo, que empezamos a querer pasar tiempo desconectados, lo que los británicos llaman digital detox [desintoxicación digital]. Al final, aprenderemos cómo utilizar bien la innovación. Nuestra relación con el progreso, para mí, es como los niños en Navidad: abren los paquetes y tratan de hacer funcionar el juguete. Cuando no lo consiguen, es cuando miran las instrucciones. Tratamos de ir muy rápido, pero ahora poco a poco estamos empezando a estudiar las instrucciones de la revolución digital. Los conquistadores llegaron a América, se hicieron con el lugar y mataron a los indígenas y esa es la misma mentalidad cowboy que vemos en la era digital. Google y Facebook son los conquistadores que se apoderan de los contenidos, pero estamos entrando en una fase en la que empezamos a civilizar estos contenidos y creo firmemente que seremos capaces de hacerlo. Estableceremos reglas, entenderemos tendencias y, tal vez, en los próximos años nos demos cuenta de que hay que partir los googles y los amazons porque sean demasiado grandes. Estableceremos reglas por las que no utilizaremos tecnologías que no entendamos completamente, porque habrá reacciones en contra. La historia nos demuestra que siempre hay un proceso de civilización. Al final será bueno, porque nos haremos las preguntas fundamentales y encontraremos respuestas mejores de las que habíamos encontrado hasta ahora.

P. Usted explica que nuestro futuro no es lineal, que no hay una continuidad desde el pasado, que hay disrupciones. ¿Qué consecuencias tiene este tipo de progreso?

R. La velocidad es una nueva cualidad. La electricidad, por ejemplo, se introdujo poco a poco o el teléfono, que tardó 75 años en llegar a 100 millones de usuarios. Antes había tiempo para adaptarse; era un proceso orgánico. A veces se tardaba incluso una o dos generaciones, lo que significaba que no era una intrusión en tu vida personal, porque era la siguiente generación la que lo tenía que gestionar. Ahora, si miramos a Facebook u otras redes sociales, o los teléfonos inteligentes, en apenas 11 años, todo el mundo tiene uno. Es decir, las cosas suceden de manera tan rápida que no hay tiempo para adaptarse de una manera civilizada. Las innovaciones se implantan y, de repente, nos damos cuenta de que necesitamos leyes. Empezamos a regular la privacidad, pero es un proceso muy lento comparado con la velocidad de la innovación. En la inteligencia artificial surgen multitud de dilemas éticos.

P. ¿Cómo pueden convivir los algoritmos y la ética?

R. Es un tema que va a estar muy presente, pero no se puede tratar de una forma tradicional porque la ética es cambiable. Hace 50 años, por ejemplo, se aceptaba que se pegara los hijos, pero cambiamos. Necesitamos trabajar con una ética que tenga en cuenta cómo nos va a cambiar la tecnología. Por ejemplo, nuestro concepto de privacidad no va a ser el mismo en unos años. Es una situación muy dinámica y como no podemos anticipar los cambios, tal vez haya que diseñar un proceso ético que continuamente cuestione y adapte las cosas.

P. ¿Es posible impedir que la moral y la ley vayan siempre por detrás?


R. Necesitamos una cultura en la que el progreso sea el resultado de un proceso de reflexión de la sociedad y no el resultado exclusivo de la ingeniería y los inversores. ¿Queremos tener máquinas que tomen decisiones cruciales? Y si las tenemos, ¿cómo de transparentes deben ser las decisiones? Me refiero, por ejemplo, al sesgo de los datos que proporcionas a los sistemas, porque el problema es que nadie comprende realmente cómo funcionan. No sabemos qué pasa en las capas más profundas y, por lo tanto, desconocemos si se adoptan las decisiones adecuadas. Por ejemplo, Google empezó a etiquetar fotos, pero de repente, las personas negras aparecían etiquetadas como gorilas, porque los datos que habían introducido en el sistema estaban sesgados, porque probablemente no habían suministrado suficientes imágenes de personas negras. En algunas aplicaciones no pasa nada por que haya errores, pero en las que están íntimamente ligadas con nuestra democracia, no es una opción. No se puede detener a alguien sin decirle exactamente por qué, no quiero que me detengan porque un algoritmo lo ordene. Al final, se reduce a la cuestión de si optamos por la correlación o por la causalidad, que es la base de nuestra democracia.


P. ¿A qué se refiere?


R. Establecemos y comercializamos sistemas a pesar de que no los comprendemos. No sabemos si son estables o sesgados. Todo va muy rápido. Estuve en una conferencia con jefes de recursos humanos y me explicaron que utilizaban inteligencia artificial para las entrevistas de trabajo. Tienen un sistema que analiza qué palabras utilizan los aspirantes para definir un perfil. Si utiliza ciertas palabras, concluyen que es un tipo optimista y proactivo o al revés. En Estados Unidos, por ejemplo, el sistema Compas predice si un detenido va a cometer un nuevo crimen a través de algoritmos. Lo que pasó fue que encontraron un sesgo importante hacia los detenidos negros, porque habían metido los datos sesgados. No me cansaré de decirlo: los datos son un problema.


Robots fuera del armario


Yogeshwar deja de hablar y muestra en el ordenador de su estudio una invención que da una idea de lo avanzado que está el procesamiento de voz. Una máquina pide una cita para ir a la peluquería haciéndose pasar por una persona y es capaz de mantener una conversación, respondiendo a las preguntas de la recepcionista. “Es inmoral. No puedes tener máquinas que se hacen pasar por humanos. Falta una reflexión ética. Los robots del futuro tienen que salir del armario y decir: 'Hola, soy un asistente de inteligencia artificial”.

P. Usted habla de velocidad y de complejidad. Mucha gente se siente alienada y rechaza un progreso que no comprende. Hay un movimiento reaccionario.

R. Hay que preguntarse cuál es nuestro objetivo. ¿Tener una sociedad digitalizada que nos haga la vida más fácil? o ¿ser más felices? Porque si queremos eso, puede que no haya mucha relación, porque poco a poco el ser humano se adentra en la categoría de las máquinas. Podemos acabar sometidos a la dictadura del comportamiento. Es decir, tu móvil, por ejemplo, controla el ejercicio que haces. Ya hay aseguradoras que te piden tus datos para calcular tu póliza. Dentro de cinco años veremos a un tipo corriendo por un parque y le preguntaremos si le gusta salir a correr y responderá que no, pero que tiene que hacerlo para que quede reflejado en sus datos. La libertad que se prometió puede terminar en justo lo contrario, en una dictadura de tu comportamiento. La libertad de comportarte como te de la gana, de beberte un vaso de vino por la noche, de fumarte un cigarro va a desaparecer porque todos los datos que entregas, acabarán estrangulándote en un sistema. Empieza con los seguros médicos y rápidamente se extiende a muchas otras áreas. Y eso genera un cierto sentimiento de desconfianza hacia el futuro, es la segunda fase de la era digital.


P. A usted también le preocupa la evolución de los medios de comunicación.


R. Los pilares de la democracia son los medios, el lugar donde se pone en ejecución y los medios se han vuelto populistas porque se rigen por los clics, por la audiencia medida con algoritmos que amplifican resultados. Ahora la pelea está por la atención no por las ideas. En un periodo de tiempo muy corto hemos visto un cambio en la prensa que desconcierta a mucha gente. Vemos muchos cambios en muy poco tiempo y nos hace plantearnos hacia dónde nos dirigimos, quién está controlando el cambio o si alguien lo está controlando. Para muchas personas, la respuesta es que el cambio se gestiona a sí mismo y sienten que ellos no tienen nada que aportar. Las élites no son capaces de comunicar la esencia de los cambios y la gente siente que vive en una democracia en la que no puede participar. Por eso, aunque a la gente le vaya bien, sienten cierto desasosiego y miedo fruto de la transformación, que afecta también a sus negocios. Porque igual han trabajado un montón de años para llegar a una posición y de repente eso no vale nada. Desconfían de la innovación y se entregan al populismo. Y culpan a los extranjeros, piensan que la solución es encerrarse como si viniera un huracán, que en realidad es la innovación. Es puro miedo

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P. ¿Puede hacer algo la política?


R. La política puede hacer mucho pero desafortunadamente la europea y alemana han hecho muy poco. La mayoría de los políticos no entienden lo que está pasando, son literalmente ignorantes. Yo les explico por ejemplo que la fisonomía de las ciudades va a cambiar por el monopolio de Amazon y que van a desaparecer las librerías y es algo en lo que ni han pensado. Hay una enorme ignorancia sobre el cambio más crucial que está sucediendo.


P. ¿Y la industria?


R. Viven enamorados de su pasado y no piensan en el futuro. En Estados Unidos, el 70% de las empresas tienen un jefe de transformación digital, que estudia cómo va a cambiar la empresa con la digitalización o si va a seguir existiendo. En Alemania, no llega al 20%. Aquí vienen las empresas extranjeras y se llevan a los jóvenes con más talento. Si miramos a EE UU y a China, nos damos cuenta de que Europa va a morir en el proceso de la innovación de inteligencia artificial. ¿Por qué nada nace en Europa con contadas excepciones? Le cedemos nuestros datos a EEUU y desde Snowden sabemos que nos tratan de manera diferente. Internet, la carta Magna de la era digital se creó para ser utilizado por todo el mundo y ahora lo único que vemos es negocio.


P. ¿Qué cambios geopolíticos va a traer la innovación?


R. Si analizamos de dónde van a venir los científicos en 2030, vemos que el 37% vendrá de China y el 1,4% de Alemania. Dejemos de creer que los chinos son estúpidos. Son muy innovadores y tienen ambición.

 

Por Ana Carbajosa 

Colonia 17 OCT 2018 - 11:22 COT

 

Lanzarán sondas con la misión de develar los misterios de Mercurio

Destino: Mercurio. Un cohete Ariane 5, que se lanzará el sábado desde la Guayana francesa, pondrá en órbita dos sondas espaciales con la misión de tratar de desentrañar el misterio de este "eslabón perdido" entre los planetas rocosos.

Las dos sondas de la misión BepiColombo, que partirán de la base de Kourou a bordo del transbordador europeo, "regresarán como un caballero blanco, con mejores datos y más precisos", aseguró Alain Doressoundiram, astrónomo del Observatorio de París.

Pero antes de alcanzar Mercurio, viajarán durante siete años y recorrerán 9 mil millones de kilómetros.

"Para entender la formación de la Tierra, hay que aclarar primero la de los otros planetas rocosos (Mercurio, Venus y Marte) en su conjunto. Sin embargo, el planeta mas cercano al Sol se desmarca de sus similares sin que sepamos por qué", explicó.

Para escudriñar esos misterios, 16 instrumentos serán transportados entre ambas sondas, una de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la otra de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (Jaxa).

Con un diámetro de 4 mil 879 kilómetros (frente a 12 mil 756 para la Tierra), Mercurio es el planeta rocoso más pequeño del sistema solar. Para Pierre Bousquet, de la contribución francesa en BepiColombo, es "extrañamente" pequeño.

Cicatriz de un cataclismo

Esta particularidad sugiere que, en su juventud, Mercurio sufrió el impacto de un gran objeto. "Hay un cráter enorme visible en su superficie que podría ser la cicatriz de ese cataclismo", según este ingeniero. BepiColombo tratará de verificarlo.

Esta hipótesis permitiría explicar igualmente el tamaño inusualmente grande del núcleo de Mercurio (55 por ciento de la masa total del planeta frente a 30 por ciento en el caso de la Tierra).

A excepción de la Tierra, Mercurio es el único planeta telúrico que dispone de un campo magnético, generado por un núcleo líquido. que tendría que haberse enfriado y solidificado, debido al tamaño del planeta, como en el caso de Marte.

Los expertos sopesan varias teorías para entender esta posible anomalía, como la presencia de un elemento en el núcleo que le impediría enfriarse. Estudiando su campo de gravedad, ambas sondas podrán definir la composición y la estructura del planeta.

Quedará por dilucidar por qué el núcleo es diferente al del resto de planetas rocosos, pese a que se formaron prácticamente en el mismo lugar.

En Mercurio, el calor es extremo durante el día (430 grados Celsius) y en la noche hace mucho frío (-180 grados Celsius). Se pasa del día a la noche en el equivalente de tres meses terrestres.

Pero varias misiones anteriores revelaron la presencia de hielo en el fondo de cráteres polares. Los científicos presumen que se habría acumulado a lo largo de bombardeos de cometas y habría escapado a los rayos ultravioletas del Sol.

Otorgan a tres expertos el Nobel de Física por desarrollo de los láser ópticos

Una canadiense, la primera mujer galardonada en 55 años

 

Tres científicos que desarrollaron los láser ópticos que allanaron el camino para los instrumentos de precisión que se utilizan en la cirugía correctiva de ojos, ganaron este martes el premio Nobel de Física, entre ellos la primera mujer en 55 años: una canadiense, un estadunidense y un francés.

El estadunidense Arthur Ashkin, de 96 años, se llevó la mitad del premio, mientras el francés Gérard Mourou, de 74 años, y la canadiense Donna Strickland, nacida en 1959, compartirán la otra mitad, precisó en Estocolmo el jurado del prestigioso galardón.

Sus hallazgos "revolucionaron la física del láser y los instrumentos de precisión avanzada que abren campos inexplorados de investigación y una multitud de aplicaciones industriales y médicas", indicó la Real Academia de Ciencias de Estocolmo.

Ashkin, el laureado de mayor edad de los Nobel en todas las categorías, fue premiado por desarrollar la "pinza óptica", instrumento que permite manipular organismos extremadamente pequeños, como células o bacterias.

En 1987 logró atrapar bacterias vivas sin dañarlas y conservándolas en un ambiente estéril. Las pinzas se utilizan desde entonces en los laboratorios para estudiar los microorganismos, pero también en las nanotecnologías para el control de micromotores e incluso en los inhaladores de asma.

Técnica que genera impulsos de gran potencia

Mourou, egresado de Ecole Polytechnique, prestigiosa facultad de ingeniería francesa, y su alumna Donna Strickland, fueron galardonados juntos por desarrollar la técnica de la amplificación de los láser, llamada Chirped Pulse Amplification, que genera impulsos ultracortos y de gran potencia.

Además de su contribución para el estudio del vacío o los agujeros negros, los trabajos de los dos científicos permitieron operar a millones de personas que sufrían miopía o cataratas.

Strickland, profesora de la Universidad de Waterloo, en Canadá, expresó sentirse honrada con el premio, que sólo han recibido dos mujeres en esta categoría desde que se creó en 1901.

"Pensé que sería más fácil premiar a las físicas (...), espero que con el tiempo las cosas vayan más rápido", sostuvo.

Marie Curie, quien en 1911 recibió el premio de química, fue galardonada junto a su marido Pierre en 1903 con el Nobel de Física. Maria Goeppert-Mayer lo obtuvo en 1963.

La Academia Real de Ciencias estima que el reducido número de mujeres galardonadas con premios científicos se explica por el hecho de que los laboratorios durante mucho tiempo mantuvieron las puertas cerradas para ellas.

Gérard Mourou, director del Laboratorio de Óptica Aplicada y profesor de la Ecole Polytechnique, dedicó 40 años a incrementar las capacidades de los láser y a hallarles usos técnicos o médicos, en particuñar en la cirugía ocular, pero también en la arqueología.

Desarrolló el concepto de luz extrema y fue uno de los impulsores de la creación del Instituto de Luz Extrema y del láser civil Apollon de Paris-Saclay, que debería alcanzar una potencia de cinco petavatios, esto es 1/35 de la potencia solar recibida por la Tierra.

El láser que desarrolló puede dar esa potencia durante un tiempo minúsculo, solamente algunos femtosegundos, es decir, menos de una mil billonésima de segundo, por lo cual la energía total equivale a la de una bombilla eléctrica en un par de días.

Mourou dijo que se estaba preparando para ir a nadar, como lo hace a diario, cuando recibió la llamada de la Academia. "Uno no se lo espera. Tú te lo puedes imaginar, pero cuando pasa, es diferente", admitió.

La Infraestructura Europea ELI desarrolla la construcción de otros láser en Hungría, Rumania y República Checa, que deberían superar la capacidad de Apollon.

Los científicos esperan hallar en el futuro múltiples aplicaciones, en particular en el procesamiento de desechos nucleares (reduciendo el tiempo de radiactividad), en las técnicas de imágenes médicas, en el tratamiento de tumores o en la limpieza de los millones de minúsculos desechos en órbita de la Tierra.

“¿Es Silicon Valley producto del libre mercado o de la mano activa y visible del Estado?”

El Estado emprendedor y el relato neoliberal

 

Mariana Mazzucato es catedrática de Economía de innovación y valor público en la University College London. Es asesora en el Council of Economic Advisers de la primera ministra escocesa y asesora de Carlos Moedas, comisario de investigación en la UE. Fue miembro del equipo asesor de Jeremy Corbin, del que dimitió a causa del Brexit. En la actualidad participa en el equipo asesor de la OCDE, para la elaboración de un nuevo relato económico, en Gotcha y en Sitra´s Advisory Panel en Finlandia, entre otros. Es autora de varios libros, entre ellos El Estado emprendedor y El valor de todo.


Mazzucato afirma que llegó a la economía a través de la lectura de algunos economistas entre los que sin duda se encontraba Karl Marx.


Todos conocemos el relato típico: nuestras economías serían más dinámicas si el Estado se quitara de en medio. La economista Mariana Mazzucato sostiene lo contrario: la financiación pública de la investigación en las etapas iniciales ha permitido en gran parte el desarrollo de los sectores tecnológico, energético y farmacéutico. Sin embargo, el Estado se muestra muy poco eficaz a la hora de llevarse los laureles y, lo que es más grave, a la hora de rentabilizar su inversión. Sin embargo, ¿qué habría sido de Uber sin la financiación pública para el desarrollo del GPS? ¿Qué sería de Google si no se hubiera producido la financiación pública para el desarrollo de internet?


¿Qué diría ante afirmaciones como que el libre mercado es casi siempre bueno y el Estado casi siempre malo?


Lo primero que preguntaría es qué entendemos por libre mercado. Es curioso que Adam Smith, uno de los primeros economistas de finales del siglo XVIII, definiera el “libre mercado” no como algo libre de la intervención del Estado, sino libre de prácticas rentistas y de las actividades centradas en la extracción de valor. A aquellas personas que afirman que necesitamos menos intervención del Estado para generar más innovación y dinamismo les diría que se fijaran en Silicon Valley. ¿Es producto del libre mercado o de la mano activa y visible del Estado? Lo que yo defiendo es que el Estado ha intervenido en prácticamente todos los aspectos relacionados con Silicon Valley. Eso no significa, por supuesto, que no haya tenido algo que ver en todo ello el sector privado, de hecho, todos conocemos las importantes empresas asentadas allí. Pero los actores públicos intervinieron a lo largo de toda la cadena de innovación.


Se refiere a agencias como DARPA, NASA y los National Institutes of Health por ejemplo, ¿verdad?


Sí, me refiero a organismos encargados de desarrollar investigación puntera como la National Science Foundation, pero también a otros dedicados a la investigación aplicada, como DARPA y su organización hermana en los últimos tiempos, ARPA-E. Estas instituciones públicas son cocreadoras de valor. Es bastante curioso que nos hayamos acostumbrado a términos mucho más pasivos para describir al sector público. Hay que empezar a cambiar el vocabulario que empleamos. En lugar de decir que el sector público elimina el riesgo del sector privado, hay que decir que se trata de compartir los riesgos. En lugar de hablar de facilitar y permitir la actividad empresarial, hay que hablar de liderar la inversión como inversor preferente.


Uno de los argumentos centrales que defiende es que las instituciones públicas y cuasi públicas invierten, asumen riesgos y, sin embargo, apenas participan de los beneficios. ¿Hasta qué punto es esto problemático?


Es muy problemático y tiene que ver, de nuevo, con cómo hablamos de las cosas. A menudo recuerdo que ya Platón advirtió de que los contadores de historias dominan el mundo. De hecho, estos relatos sobre quién crea valor son los que han creado los relatos que justifican la extracción de valor. Déjeme que ponga un ejemplo que creo que ilustra la idea: después de la crisis, el Gobierno de Estados Unidos decidió desarrollar una serie de medidas de estímulo fiscal de casi 800.000 millones de dólares. Y parte de esas medidas iban encaminadas realmente a potenciar la economía verde. Quizá recuerde que Obama financió a algunas compañías como Solyndra a través del Departamento de Energía, mediante un préstamo garantizado de unos 500 millones. La compañía quebró.


La gente dijo “¡Dios mío, el Gobierno es un caso perdido! Una panda de burócratas que no saben lo que tienen entre manos. No deberían apostar a los caballos sino ejercer de mediadores, hacer carreteras, invertir en educación e infraestructuras y quitarse de en medio”. Para empezar, este enfoque obvia el hecho de que el Gobierno de Estados Unidos ha sido el principal financiador en materia de energía solar y eólica –junto con otros Gobiernos– pero también de la energía nuclear. El propio fracking recibió financiación pública con anterioridad. De hecho, a la par que financiaba a Solyndra estaba financiando a Tesla con una cantidad similar de dinero. De modo que el coche Tesla S obtuvo un préstamo garantizado de 465 millones de dólares. Y cuando digo garantizado, me refiero garantizado por los contribuyentes. Contribuyentes a los que no les gustaba en absoluto tener que pagar la factura de la quiebra de Solyndra. Sin embargo, ¿por qué no sabían que habían financiado también a Tesla? ¿Acaso eso no habría cambiado el relato y la percepción de las acciones de aquellos burócratas de Washington? Lo cierto es que contaban con una cartera, como cualquier otro inversionista de riesgo. Cualquier inversor de riesgo te dirá que consigue un éxito entre muchos fracasos. Sin embargo, si realmente quieres dedicarte a esto tienes que elaborar una cartera que te permita obtener alguna ventaja de tus triunfos, precisamente para poder cubrir los reveses. El Gobierno de EE.UU. no lo hizo. No solo fracasaron en materia de marketing, no habían sido capaces de comunicar a la ciudadanía el éxito de algunas de sus inversiones, como en los componentes de tu iPhone o smartphone, internet, GPS, las pantallas táctiles, Siri: todos han recibido financiación pública. Pero en este caso concreto, la gente no sabía que el propio Elon Musk había recibido financiación para Tesla. Y Elon Musk, por cierto, ha recibido un total de 5.000 millones, con sus nueve ceros.


Por lo tanto, defiende que, por un lado, no se le atribuye lo suficiente el éxito al Estado por sus anteriores inversiones en organismos como DARPA y la NASA, o en el sector farmaceútico, etc. Y, por otra parte, defiende también que no está rentabilizando sus inversiones lo suficiente, todo ello bastante verosímil. Sin embargo, tampoco ayuda nada que el sector empresarial obtenga altos rendimientos y pague pocos impuestos. Me gustaría que ilustrara esto con algunos ejemplos. Me estoy refiriendo, como sabe, a EE.UU., porque ¿dónde están los Googles europeos? ¿Qué distingue a Estados Unidos de Europa, por qué no se dan allí compañías como Facebook y Google?


En primer lugar, EE.UU. contaba con un sistema de innovación que no tienen muchos países europeos, con un sector financiero paciente, y organismos muy activos orientados a cumplir una misión y preocupados por los grandes problemas. Para ir a la luna es necesaria la innovación en distintos sectores, incluido el de la ropa, no es solo una cuestión de aeronáutica. También se requieren otro tipo de instrumentos como los premios y las políticas de compra que permiten crecer a las startups. Y lo importante es contar con un sistema, con un ecosistema emprendedor, yo no creo en los emprendedores, creo en los ecosistemas de emprendimiento, que son los que permiten escalar a las startups. Es curioso que Europa haya aprendido lo peor de la experiencia de Silicon Valley. Y eso se debe en parte al discurso imperante en Estados Unidos, un país que habla como Jefferson pero actúa como Hamilton. Jefferson hablaba de cómo librarse del Estado y Hamilton, antes de su duelo con Burr, hablaba más bien de una estrategia industrial activa. Sin embargo, China sí ha aprendido la lección correcta. China está haciendo por la economía verde lo que Estados Unidos hizo por la revolución IT. Al mismo tiempo que sucede esto, Donald Trump desmantela lo que yo llamo el Estado emprendedor.


Pero la pregunta es: ¿a dónde van a parar los beneficios dado que todo se construye sobre las espaldas de infraestructuras financiadas con dinero público?


¿A dónde le gustaría que fueran a parar? Si pudiera diseñar y poner en marcha un marco de colaboración público-privada para los próximos 50 años, ¿qué mecanismos elegiría para que el Estado obtuviera rendimientos, que a su vez revertieran sobre los contribuyentes, en lugar de ver cómo el beneficio sigue fluyendo a manos privadas y de los accionistas?


Hay distintos mecanismos, no uno sólo. Sería absurdo pensar que sirve el mismo mecanismo para todos los sectores o las distintas fases del ciclo innovador. En el caso de las farmacéuticas, lo lógico es recurrir a los precios. Los precios que se fijan para los medicinas, los fármacos que las personas tienen que comprar para poder sobrevivir cuando contraen esas terribles enfermedades, ya sean diabetes, hepatitis C o cáncer, deberían reflejar esa aportación pública y así evitar que los contribuyentes paguen dos veces, por un lado por el gasto en investigación puntera, y por otro pagando los altísimos precios que fija la industria farmacéutica. Pero volvemos al tema de los contadores de historias de Platón. Si el relato que circula es contrario a ti y te convierte en un impedimento intervencionista, regulador y no te define como un inversor preferente, carecerás de la confianza, la seguridad y el mandato para poder influir sobre los precios.


¿Y teme un retroceso?


Exactamente. Los precios son un ejemplo. Otro sería generar las condiciones adecuadas para que los beneficios se reinviertan en las áreas que han recibido gran cantidad de ayudas y fondos públicos. Si las empresas quieren un libre mercado total, estupendo, que lo tengan, pero que no reciban un solo céntimo del Estado. Pero si vas a recibir esas enormes cantidades de dinero del Estado, entonces habría que imponer algunas condiciones para la obtención de valor público, porque de lo contrario, solo se trata de valor privado.


Por muy convincente que resulte su enfoque desde un punto de vista tanto económico como político, ¿no tiene la sensación de estar perdiendo la batalla? Porque, hasta dónde yo sé, la mayor parte de los gobiernos de los grandes países y las mayores industrias están precisamente empujando en el sentido contrario, ¿no es cierto?


Yo creo más bien que estas ideas están ganando terreno. Creo que resultaba mucho más difícil hace unos años. Volvamos al ejemplo de las farmacéuticas. Ya no pueden fingir que los precios elevados se deben al gasto en I + D porque ya hemos demostrado que eso no es así y que gastan mucho más en marketing y que su I + D es mucho más downstream que la del sector público.


Bien, para terminar, una pregunta un tanto odiosa. Pide que se valore más el gasto público, y que haya una mayor inversión en gasto público y mayores beneficios, pero a la vez es asesora de muchos Gobiernos y organismos, incluyendo el Gobierno escocés y la Comisión Europea. Cuando acusa a la empresa privada de estar plagada de rentistas, convénzame de que ni usted ni sus aliados gubernamentales lo son.


En primer lugar, y no quiero que parezca que estoy a la defensiva, no obtengo un solo céntimo como asesora. Quisiera matizar mi punto de vista para que se entienda bien. Yo no digo que el Estado tenga que invertir más. Lo que digo es que el Estado tiene que entender cuál es su papel. No está solo para arreglar los problemas marginales ni para limitarse a esperar a que las cosas vayan a peor para poner un parche. Tiene que ser un cocreador y coartífice activo. Mi papel ha consistido en mediar cuando se sientan a hablar el sector privado y el sector público, y que mantengan una conversación interesante. Y mi papel en el proceso político es ser la piedra en el zapato, que por desgracia no siempre se consigue sacar, y la piedra en el zapato de las empresas, para que nos les resulte tan fácil decir cosas como: “Ah, claro, es que el cortoplacismo se debe a las presiones del mercado”. A lo que yo respondo, “¿Qué quieres decir? ¿Qué el mercado es un resultado, el resultado de tus acciones? ¿Qué es el mercado?”. Y recibo palos por todas partes. En mi función de asesora, intento evitar la complacencia en torno a una mesa, la petulancia de los colectivos tanto públicos como privados. Y creo que se avecinan tiempos difíciles a los que solo nos podremos enfrentar juntos, y eso significa que hay que cambiar las palabras que empleamos, el relato y la historia hacia la necesidad de compartir los riesgos y las recompensas, y no de eliminar el riesgo.


Resumen de la entrevista radiofónica realizada por Stephen J. Dubner a Mariana Mazzucato el 5 de septiembre en Freakonomics y producida por Zack Lapinski. El programa llevaba por título ‘¿Es el Estado más emprendedor de lo que pensamos?’.

Por Stepeh J. Dubner
CTXT


Edición y traducción: Olga Abasolo.

Publicado enSociedad
Un famoso matemático octogenario propone una solución a un problema valorado en un millón de dólares

Los expertos son escépticos ante la demostración de la hipótesis de Riemann ofrecida por Michael Atiyah

El reconocido matemático británico Michael Atiyah, de 89 años, presentó este lunes durante una conferencia en un congreso en Heidelberg (Alemania) la supuesta solución a uno de los problemas más famosos de la disciplina, la demostración de la hipótesis de Riemann, mediante la que el matemático alemán buscó en 1859 una solución a la distribución de los números primos. El reto que dice haber resuelto es uno de los siete problemas del milenio: enigmas matemáticos cuya solución premia el Clay Mathematics Institute (EE UU) con un millón de dólares. Desde que los problemas se fijaron en el año 2000, solo uno —la conjetura de Poincaré— ha sido desentrañado.

Atiyah ha recibido por trabajos previos la medalla Fields y el premio Abel, galardones que a menudo se consideran equivalentes a los premios Nobel en el campo de las matemáticas. Su charla de este lunes provocó gran expectación porque ya en el programa del congreso se advertía de que presentaría una “demostración simple” de la hipótesis de Riemann a través de una nueva aproximación radical. Sin embargo, los expertos contactados por Materia, tras consultar un documento filtrado de cinco páginas con la firma de Atiyah en el cual expone su demostración, dudan o rechazan que el matemático haya alcanzado una solución.


Ricardo Pérez Marco, uno de los mayores expertos en la hipótesis de Reimann, asegura que es muy fácil pasar por alto errores en este problema y que el manuscrito de Atiyah “no es preciso y no está completo”. “A mi me envían [supuestas] demostraciones de la hipótesis de Riemann todos los meses, pero esta hace más ruido porque Atiyah es conocido. Sinceramente, no creo que tengamos una demostración aquí”, zanja el matemático. Atiyah todavía no ha publicado su demostración en una revista científica ni en el repositorio de manuscritos matemáticos Arxiv.


Antonio Córdoba, director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), se muestra cauto: “Por lo que he podido observar en el vídeo de la presentación de Atiyah, su conferencia estaba dirigida a un público general. No me ha sido posible sacar en claro el nudo de su demostración, quizás porque no era la intención de Atiyah ofrecer los detalles necesarios dada la naturaleza de su audiencia. Espero, por tanto, a que la presentación se haga ante el foro adecuado de expertos que no necesiten tanto de los preámbulos y sí de los argumentos precisos”, dice. Y añade: “En cuanto al escrito de cinco páginas atribuido a Atiyah, tampoco me parece que tenga el nivel que se exige habitualmente en una publicación matemática”.


La hipótesis debe su nombre al alemán Bernhard Riemann (1826-1866) y tiene implicaciones para la comprensión de la distribución de los números primos, lo que, a su vez, puede tener repercusiones para las técnicas de seguridad informática. Para muchos expertos, este problema centenario es el más importante de todos. “Existe un gran número de teoremas que serían ciertos si es que la hipótesis de Riemann lo es”, señala Córdoba. “Es uno de los más importantes objetos del deseo matemático”.


Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX, el matemático británico Godfrey Hardy escribió una postal a su amigo Harald Bohr en la que aseguraba haber encontrado la solución. Se embarcaba en un viaje tormentoso por el mar del Norte y Hardy, aunque era ateo, razonó que un dios no permitiría que se ahogase para dejar al mundo dudando si había sido el genio que demostró la hipótesis. Llegó a buen puerto, sin haber solucionado el problema, por supuesto. También el famoso matemático alemán David Hilbert afirmó, en respuesta a una pregunta, que si reviviese en 500 años, lo primero que haría sería preguntar si alguien había demostrado la hipótesis de Riemann.


“Si resuelves la hipótesis de Riemann te vuelves famoso. Si ya eres famoso, te vuelves infame”, dijo Atiyah durante su charla. “Nadie se cree ninguna prueba de la hipótesis de Riemann por su gran dificultad. Nadie la ha demostrado. ¿Por qué iban a demostrarla ahora? A menos que tengas una nueva idea, claro”, añadió. Atiyah propone su demostración de la hipótesis de Riemann haciendo alusión a un concepto sacado de la física, la función de Todd. Esgrime por reducción al absurdo que si hubiera un contraejemplo que refutase la hipótesis de Riemann, entonces habría una contradicción en la función de Todd y a partir de ello concluye que Riemann tenía razón.


En la charla, el matemático dedicó poco tiempo a su demostración. Hizo primero un repaso de la historia de la confrontación de los matemáticos con los números primos y señaló que la hipótesis de Riemann ofrecía la mejor posibilidad de encontrar una estructura en la distribución de los mismos. Al final, alguien del público le preguntó a Atiyah si estaba seguro de que ganaría el millón de dólares. Atiyah afirmó que lo estaba.


“Solo cabe esperar que nos provea con un manuscrito legible que supere la revisión de los expertos. Solo cuando ese proceso se haya completado podremos saber si tenemos, o no tenemos, humo blanco en este asunto”, concluye Córdoba.


¿Qué es la hipótesis de Riemann?

Antonio Córdoba, director ICMAT


A mediados del siglo XIX y en tan solo ocho páginas, el célebre matemático alemán Bernard Riemann trazó la hoja de ruta para entender la distribución de los números primos. En concreto, Riemann quería responder a la pregunta: ¿cuántos primos hay menores que un número entero dado n? Cincuenta años después, y siguiendo el plan de Riemann, los matemáticos franceses Hadamard y De la Valleé-Poussin lograron demostrar que ese número está bien aproximado por el cociente n/(log(n)), ¿pero cuál es el error relativo que estamos cometiendo con esta aproximación? ¿Cuál es su estimación óptima? La hipótesis de Riemann (RH), formulada también en ese maravilloso artículo de ocho páginas, es la respuesta precisa: según (RH) el tamaño del error relativo decrece casi como el inverso de la “raíz cuadrada de n” y esa es su mejor estimación.


Una formulación equivalente se refiere a la llamada función zeta de Riemann, definida sobre los números complejos. Recordemos que un número complejo lo escribimos en la forma z = x+yi (i=raiz cuadrada de -1), donde los números reales x e y son respectivamente su parte real y su parte imaginaria. Según la HR, dentro de la llamada banda crítica, 0<real(z) <="" 1,="" los="" ceros="" de="" la="" función="" zeta="" riemann="" están="" ubicados="" en="" recta="" vertical="" real(z)="½.

 

Japón logra posar dos naves en un asteroide por primera vez

Los artefactos, gemelos, Hayabusa 2 y Minerva 2, no necesitan paracaídas ni sistema de frenado

 

Discretamente, casi de tapadillo, la agencia espacial japonesa (JAXA) acaba de apuntarse otro avance. El pasado fin de semana, su sonda Hayabusa 2 depositó dos pequeños vehículos móviles en la superficie de un asteroide. Es la primera vez que se consigue algo así.


La Hayabusa 2 lleva varios meses aparcada en órbita alrededor de su objetivo, un pedrusco de alrededor de un kilómetro de diámetro llamado Ryugu. Para los japoneses, este nombre tiene resonancias mitológicas: Es el nombre del mítico palacio submarino del dios del mar, cuyas paredes están hechas de coral. Atentos hasta el último detalle, los técnicos han cambiado el color de fondo del escudo de la misión: del azul original al rojo coral.


La sonda orbita a unos 20 kilómetros del asteroide, una distancia perfecta para ofrecer detalladas vistas. El viernes los técnicos le ordenaron descender hasta solo cincuenta metros del suelo, soltar sus dos rovers en caída libre y volver a elevarse.


Ambos artefactos, gemelos, reciben el nombre de Minerva 2. El primero que llevaba ese nombre iba a bordo de la sonda anterior y debía aterrizar en el asteroide Itokawa, hace de eso 13 años. Por desgracia, falló la puntería y el aparatito erró el blanco y se perdió en el espacio.


Las nuevas sondas Minerva tienen el aspecto y tamaño de unas latas de conserva cilíndricas cubiertas de células fotoeléctricas para alimentar a sus equipos (principalmente, cámaras de televisión y medidores de temperatura). No necesitan paracaídas ni sistema de frenado. ¿Para qué? La gravedad de Ryugu es tan débil que les llevó un cuarto de hora recorrer los cincuenta metros. Durante su caída aún tuvieron tiempo de fotografiar la nave nodriza, que remontaba el vuelo. La imagen aparece movida, no por el movimiento del Hayabusa 2, sino porque los rovers iban girando sobre sí mismos.


Al llegar al suelo, ambos artefactos rebotaron y acabaron descansando a pocos metros de distancia uno de otro. No tienen ruedas ni patas, pero pueden desplazarse; por eso se califican de rovers. En su interior llevan un contrapeso accionado por un motor eléctrico. Cuando este gira, se desequilibran y dan una pequeña voltereta. Así, golpe a golpe, pueden ir de un lugar a otro. Eso sí, sin prisa.


La sonda todavía dispone de tres rovers más, de los que se desprenderá en las próximas semanas. El mayor, de construcción alemana, va provisto de equipos que analizan la composición química del suelo.


Para poder acceder a capas más profundas, que jamás han sido alteradas por la radiación solar, el Hayabusa 2 lleva a bordo una bala de cobre de un par de kilos de peso. Llegado el momento, la disparará contra el suelo, donde impactará a más de 2 kilómetros por segundo. El choque deberá poner al descubierto rocas prístinas… y también proyectar al espacio una gran nube de fragmentos. De hecho, se ha programado una maniobra para que la sonda, una vez eyectado el proyectil, busque refugio rápidamente al otro lado del asteroide para evitar el impacto de esa metralla cósmica.


Por último, la sonda descenderá una vez más hasta rozar el suelo con uno de sus sensores. Otro proyectil —esta vez mucho más pequeño— hará saltar esquirlas que serán recogidas por el propio dispositivo e introducidas en una pequeña cápsula. Luego, el Hayabusa 2 emprenderá regreso a la Tierra adonde, si todo va bien, deberá llegar el año 2020. La cápsula caerá con paracaídas en los desiertos de Australia, donde los técnicos japoneses estarán esperando su llegada.
Rafael Clemente es ingeniero industrial y fue el fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa).

24 SEP 2018 - 18:35 CEST