Lunes, 18 Septiembre 2017 06:22

¿Qué es la lógica epistémica?

¿Qué es la lógica epistémica?

La lógica epistémica forma parte de las lógicas no clásicas, se encuentra estrechamente relacionada con la lógica modal y multimodal, y la suya es una semántica de mundos posibles.



¿Qué significa que el conocimiento sea susceptible de un estudio formal? Esta puede ser considerada como la puerta de acceso a la lógica epistémica. Pues bien, una respuesta plausible es que “conocimiento” e incluso “creencia” pueden ser explicados en términos inmensamente mejores que simplemente decir: el conocimiento consiste en el trabajo y las relaciones entre ideas, conceptos, categorías, juicios, argumentos, nociones y palabras acerca del mundo y de la realidad; más o menos. Que es lo que de manera tradicional afirmaron filósofos y psicólogos, principalmente.


El conocimiento es susceptible de ser explicado en términos de una lógica. Y la lógica no forma ya parte de la filosofía; particularmente después del surgimiento de la lógica formal clásica (también conocida como lógica simbólica, lógica matemática, lógica proposicional o lógica de predicados). La lógica, uno de los capítulos excelsos del pensar abstracto, conjuntamente con las matemáticas, la filosofía, la física pura o la química teórica. Hoy, en un mundo eminentemente práctico y pragmático.


La lógica epistémica forma parte de las lógicas no clásicas, se encuentra estrechamente relacionada con la lógica modal y multimodal, y la suya es una semántica de mundos posibles. Es posible comprenderla de manera negativa de la siguiente manera: tiene como finalidad una crítica de la lógica omnisciente; que es la lógica de la humanidad occidental, desde siempre, hasta la ciencia normal predominante. Sencillamente, los seres humanos no conocen todas las consecuencias lógicas de sus conocimientos o creencias.


En pocas palabras, cuando las situaciones pueden ser consideradas como originándose a partir de la presencia o ausencia de conocimiento, hablamos entonces de alternativas epistémicas.


En este plano, dos ejes principales son la elucidación del conocimiento individual y, mucho más significativo, la comprensión del conocimiento social o colectivo. Un asunto de la mayor complejidad para la inmensa mayoría de ciencias y disciplinas. Para lo cual la lógica epistémica distingue entre el conocimiento implícito, el distribuido y el común.
Desde luego que la lógica epistémica tiene una prehistoria y una historia. De aquella forman parte figuras como Aristóteles, Buridano, Duns Scoto y G. De Ockham. Sin embargo, en cualquier caso, la lógica epistémica puede decirse que nace en 1962 a raíz de un libro ya clásico y fundamental de J. Hintikka: Knowledge and Belief: An Introduction to the Logic of Two Notions (otro de esos libros esenciales que nunca fueron traducidos al español).


Si hay un área destacada de trabajo en lógica epistémica actualmente es el de las ciencias de la computación. Para lo cual basta con remontarse al trabajo pionero de A. Turing: ¿es posible distinguir claramente la inteligencia humana de la inteligencia artificial? La respuesta es cada vez menos evidente. El más radical de los estudiosos al respecto es R. Kurzweil, alguien que pone nerviosos a los conservadores y humanistas de la vieja guardia. (Kurzweil llega tan lejos que ya le puso una fecha a la respuesta: 2019, la fecha cuando será imposible distinguir entre inteligencia humana e inteligencia artificial).


Subrayemos esto: la asunción básica de la lógica epistémica es la de que en materia de conocimientos o de creencias es posible dividir el conjunto de mundos en dos, así: aquellos mundos que son compatibles con el asunto en cuestión, y aquellos que no lo son. Al respecto baste con un reconocimiento explícito: en ciencia conocer es conocer acerca del futuro.


(Digamos entre paréntesis que existe una fuerte implicación recíproca entre la lógica de las opiniones y creencias —técnicamente llamada como lógica doxástica—, y la lógica epistémica: la lógica del conocimiento. Sencillamente, la lógica doxástica es más débil —o está incluida— dentro de las lógica del conocimiento. Las creencias son más frágiles que los conocimientos).


La epistemología clásica se define a partir de un reto: resolver los ataques del escepticismo. (No existe una lógica del escepticismo, así como tampoco existe una cultura de la muerte; hablar así es lo que sucede cuando el lenguaje está de vacaciones). Acorde a los desarrollos más recientes de la investigación, de otra parte, el interés se centra cada vez más en el modelamiento de las dinámicas que implican conocimientos y creencias. Este plano desborda el ámbito estrictamente humano y se extiende en general a todos aquellos agentes —animales, bacterias, sistemas artificiales, robots, etc.—, que exhiben claramente rasgos y estados cognitivos. El tema se torna magníficamente más complejo en este segundo plano.


Pues bien, es posible sostener que la lógica epistémica inaugura un camino novedoso —o bien, para los escépticos, se integra en las vías que hacen de lo siguiente un asunto mayor—, a saber: comprender la racionalidad de los procesos de investigación. Así, por ejemplo, la resolución de problemas; el trabajo con escenarios múltiples, muchas veces muchos de ellos disyuntos; la importancia de la intuición, la creatividad, la imaginación o la espontaneidad; en fin, la importancia del juego y el azar, por ejemplo. Todos los cuales implican y están atravesados por estados de creencias o de conocimiento.


Dicho de manera breve, hoy por hoy es imposible un estudio de la epistemología al margen de la lógica epistémica. Supuesto que se trabaja en las fronteras del conocimiento.
Para los sistemas vivos el mundo está configurado en correspondencia con los estados mentales —imágenes, mapas, asociaciones, y demás— de que son capaces los sistemas vivos. Dicho brevemente, mientras que la lógica formal clásica es una lógica eminentemente antropocéntrica y antropomórfica, la lógica epistémica admite que el problema no se agota ni se reduce a los seres humanos. Sólo que constituyen un ejemplo conspicuo de creencias y conocimientos.

El papel de las mujeres en la historia de la ciencia

En una época donde la igualdad en el laboratorio está más cerca que lejos, la cultura revisa el arrinconado papel de las mujeres en la historia de la ciencia


En el otoño de 1940, mientras el antisemitismo daba dentelladas, Rita Levi-Montalcini (Turín, 1909-Roma, 2012) fabricaba instrumentos artesanales para rehacer en su habitación un laboratorio donde continuar con la investigación que las leyes raciales de Mussolini habían truncado. Ante cada bombardeo británico, protegía su vida tanto como la del microscopio binocu¬lar Zeiss que se llevaba al refugio. En la montaña, donde se ocultó con su familia, peregrinó por granjas para conseguir huevos que le proporcionasen embriones para el experimento y tortillas para sus estómagos, por este orden. Y ni siquiera fueron las horas más angustiosas que vivió durante la guerra, cuando ejerció la medicina con tal impotencia ante la avalancha de muertos que renunció de por vida a la práctica clínica.


Años después, al revivir aquellas horas para sus memorias Elogio de la imperfección (Tusquets), afirmaría que siguió adelante con sus trabajos mientras el mundo se derrumbaba gracias a “la desesperada y en parte inconsciente voluntad de ignorar lo que ocurre, porque la plena consciencia nos habría impedido seguir viviendo”. Aquellos estudios desarrollados a contrapelo acabarían en un descubrimiento, el factor de crecimiento nervioso (NGF), que le daría en 1986 el Nobel de Medicina.


Un asunto, el del Nobel, al que ella dedica dos escuetas alusiones en sus memorias. Lo importante estaba en otra parte. En el consejo que un colega le dio en uno de aquellos días apocalípticos: “No se dé por vencida. Monte un laboratorio y siga trabajando. Recuerde a Cajal, y cómo en la ciudad soñolienta que debía ser Valencia a mediados del XIX sentó las bases de lo que conocemos del sistema nervioso de los vertebrados”.


No darse por vencidas pese a que todo, el contexto también, invitaba a hacerlo. La clave que convierte en historias épicas las trayectorias de las mujeres que dieron a la ciencia más de lo que la ciencia les reconoce reside en un heroico afán de superación. En una inteligencia portentosa protegida por una coraza de galápago para sobreponerse a los abucheos, las burlas, la explotación salarial o la apropiación indebida de sus ideas. Contra la visión de que la ciencia era un reducto de hombres, emergen cada vez más biografías y películas de esas aventureras del conocimiento (desde 2009:Ágora, El viaje de Jane, Temple Grandin, Figuras ocultas o Marie Curie).


Pocas, sí. Pero tan silenciadas que no existían hasta que en las últimas décadas, acompañando a la irrupción masiva de mujeres en el laboratorio y al impulso de los estudios de género, aflora una relectura que pone algunas cosas (y personas) en su sitio: desde la paleontóloga Mary Anning (1799-1847), que renovó el conocimiento de la prehistoria con sus descubrimientos de fósiles de dinosaurios (y silenciada por ser mujer, pobre y no anglicana, en el orden que quieran), hasta la matemática Ada Lovelace (1815-1852), considerada precursora de la programación informática.


Claro que si el Nobel es la cúspide para medir la excelencia, solo 48 mujeres han tocado el cielo. Un raquítico 5% de los 881 premiados (excluidos organismos) desde que se entregan en 1901. Tampoco las estadísticas domésticas invitan al jolgorio: los principales premios científicos concedidos hasta 2015 en España (Princesa de Asturias, Nacionales, Jaime I y Frontera-¬BBVA) han ido a manos de hombres en el 89% de las ocasiones, según datos de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT).


Los honores no resisten una revisión crítica de su historia. La trastienda del Nobel está repleta de pelusa sexista. Tres ejemplos. La austriaca Lise Meitner, pese a su papel en el descubrimiento de la fisión nuclear, es excluida en 1944 del Nobel de Física, entregado a su colaborador ¬Otto Hahn (otra alegría que sumaba la judía Meitner después de haber tenido que huir del Berlín nazi). Rosalind Franklin y su famosa Fotografía 51, donde se aprecia la doble hélice del ADN por la que pasarían a la historia James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins, que se valieron de la imagen sin reconocer a su autora. O la irlandesa Jocelyn Bell, que descubrió los púlsares con 24 años, mientras realizaba su doctorado. Tanta precocidad perturbó a la Academia, que distinguió con el Nobel a sus superiores.


A este rescate histórico se suma ahora la exposición Mujeres Nobel, dedicada a algunas de las ganadoras. Una lista que inauguró Marie Curie en 1903 y de momento cerraron en 2015 la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich (Literatura) y la científica china Youyou Tu (Medicina). Detrás de cada una coinciden a menudo la voluntad, la modestia y el humanismo. Si Levi-Montalcini ejerció la medicina clandestinamente durante la Segunda Guerra Mundial, Marie Curie (Nobel de Física y Nobel de Química) creó un servicio móvil de atención radiológica, los petit curie, para facilitar la extracción de metralla a los heridos en la Primera, ayudada por su hija Irène, futura Nobel de Química en 1935.

“Preocupada por la posibilidad de que alguna vez el conductor no estuviese disponible, aprendió a conducir y también la mecánica imprescindible”, cuentan en la biografía Ella misma (Palabra) Belén Yuste y Sonnia L. Rivas-Caballero, también comisarias de la exposición, que han organizado el CSIC y el Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Marie Curie es probablemente la científica más admirada. Fue también una de las más atacadas por su vida personal (su supuesta relación, ya viuda, con Paul Langevin, ya casado), utilizada por la prensa sensacionalista con la saña de las redes sociales de hoy. El mito Curie, sin embargo, pudo con todo, incluida la apertura de las puertas del Panteón de Hombres Ilustres de Francia en 1995. Un modelo que llevó a la niña Joaquina Álvarez a saber de qué iría el futuro: “Me regalaron un libro sobre ella y me dije: ‘Yo quiero hacer esto, saber cómo funciona el mundo, y más o menos lo he conseguido, pero siempre he sido minoría. Y cuando eres minoría, no te escuchan, te ignoran y casi siempre estás sola”. La geóloga Álvarez, que investiga en Taiwán los procesos que influyen en la formación de cordilleras, preside la AMIT, la organización que desde 2002 lucha por una ciencia libre de discriminación. Y aunque hay señales optimistas —tantas mujeres como hombres leyendo tesis—, se mantiene el predominio masculino en la cima de la carrera científica española.


En Europa se cita el 2000 como punto y aparte. Se presenta ese año el informe ETAN sobre Mujeres y Ciencia, un alarmante compendio de desigualdades en los países comunitarios. “La brecha de género afecta al PIB. Una sociedad no puede permitírselo, como tampoco se puede permitir la esclavitud, porque significa perder talento”, sostiene Pilar López Sancho, presidenta de la Comisión Mujeres y Ciencia del CSIC. En 2015 promovió la entrega de la medalla de oro del organismo a Jocelyn Bell, la descubridora de los púlsares. Pensó que era la primera mujer en recibirlo. Su estupor fue mayúsculo al descubrir que había un precedente que ignoraba. “La primera en recibir la medalla fue Rita Levi-Montalcini, pero en vez de en el salón de actos, se le dio en una salita pequeña y no se hicieron fotos. Pasó desapercibido. El colmo es que le den la medalla y no se sepa”.


La periodista Dava Sobel reconstruyó en El universo de cristal (Capitán Swing) la insólita experiencia del Observatorio de Harvard, que en 1893 alcanzaba la paridad: el 42,5% de los ayudantes eran mujeres. Hasta ahí lo bueno. “A veces me siento tentada de abandonar y dejar que pruebe poniendo a otra o a algún hombre a hacer mi trabajo, para que así se dé cuenta de lo que está obteniendo conmigo por 1.500 dólares al año, comparado con los 2.500 que recibe cualquier otro ayudante (hombre). ¿Piensa alguna vez que tengo un hogar que mantener y una familia que cuidar al igual que los hombres?”, se quejaba Williamina Fleming, una escocesa que entró como sirvienta en la casa del director del Observatorio, Edward Pickering, y acabó como conservadora oficial de fotografías astronómicas de Harvard.


Además de la complicidad de Picke¬ring, las investigadoras se beneficiaron de otra circunstancia: la financiación del Observatorio dependía de la filántropa Anna Palmer Draper, viuda del astrónomo Henry Draper. Para la historia también quedó constancia de la incomodidad que suscitaban las astrónomas en el presidente de Harvard: “Siempre pensé que el cargo de la señora Fleming era un tanto anómalo y sería mejor no convertirlo en una práctica regular otorgando a sus sucesoras el mismo cargo”.

Lunes, 04 Septiembre 2017 07:43

Las teorías coherentes

Las teorías coherentes

El reconocimiento de que existen y son posibles teorías inconsistentes, paraconsistentes y subdeterminadas permite ganar enormemente en grados de libertad y en comprensión y explicación de los fenómenos del mundo.

Th. Kuhn establece la distinción —jamás la jerarquía— entre la comunidad académica y la comunidad científica. Cabe aquí detenernos un instante en la segunda.

Un investigador destacado no simple y llanamente se concentra en autores, líneas y/o escuelas de pensamiento y determinadas técnicas y herramientas. Además y fundamentalmente debe poder ser capaz de discutir y elaborar modelos. Así, por ejemplo, modelos educativos, modelos físicos, modelos políticos, modelos matemáticos, modelos económicos. La más apasionante y difícil de las discusiones en este plano consiste en considerar: (a) cómo surge un modelo teórico; (b) cómo se mantiene o se sostiene; (c) cómo se hecha abajo o se tumba un determinado modelo del mundo o la sociedad.

Pues bien, correspondientemente, un investigador de primera fila debe poder elaborar una teoría (decir “teorías” suena en realidad muy presuntuoso). Son numerosos que estudian, conocen y debaten teorías; constituyen un puñado selecto aquellos que desarrollan una teoría, en acuerdo con sus fortalezas y/o campos de trabajo.

El concepto de “teoría”, tal y como se lo conoce actualmente —esto es, por ejemplo, en el sentido de la teoría de la evolución o la teoría de la relatividad—, es perfectamente reciente. La primera vez que aparece el término como tal es en 1600 con el libro Tellluris Theoria Sacra (conocido en ocasiones también como Theoria Terra Sacra) de Th. Burnetti. Teoría de la Tierra Sagrada.

Ocasionalmente alguien con formación filosófica podrá argumentar que el concepto de teoría se remonta al griego theorein, que significa contemplar, observar. Esto es cierto. Y, sin embargo, nada tiene que ver con el término de “teoría científica” tal y como se conoce y se emplea habitualmente.

Pues bien, prácticamente todas las teorías habidas en la historia de la humanidad occidental son y han sido teorías coherentes. Esto es, tienen la pretensión de ser conclusivas y/o concluyentes. En verdad, una teoría que no es concluyente y/o conclusiva no es, en el sentido normal de la palabra, una teoría; es, tan sólo, una hipótesis, o una conjetura.

La primera y más radical reflexión acerca del significado de las teorías habidas en la historia se debe a K. Gödel, quien demuestra (= teorema) que se ha tratado y se trata, en verdad, de teorías triviales, por tautológicas.

Dicho de manera sintética, las forma como se han explicado los fenómenos hasta la fecha es atendiendo al sistema en consideración por sí mismo, o bien, a los componentes y a las relaciones del sistema en consideración. Debemos, sostuvo Gödel, poder pensar en términos no tautológicos, esto es, no autorreferenciales. La lógica paraconsistente pone de manifiesto que una teoría tautológica es trivial. Sorpresivamente, la mayoría de explicaciones sobre el mundo han sido... triviales; y, sin embargo, sostiene un argumento pragmático, “han funcionado”.

Otra manera de entender lo anterior es gracias a una aproximación importante en el marco de la filosofía de la ciencia: el coherentismo. El coherentismo (Ramsey, Bradley, Quine, Sellars, o Recher, entre otros) es sencillamente la tesis que sostiene que todas las explicaciones de un fenómeno deben cuadrar como un rompecabezas, unas con otras. Eso, coherencia.

Pensar en términos tautológicos o coherentistas, sin embargo, significa en realidad pensar en términos de incompletud. Gödel: si una teoría es coherente, entonces es incompleta. Una forma de entender esto es diciendo que las teorías estándar o normales son inconsistentes. La historia de la lógica, la matemática y la epistemología no ha podido recobrarse de la crítica de Gödel. Y de consuno, de las reflexiones por parte de la lógica paraconsistente.

Pues bien, un buen investigador puede reconocer que no es necesario ni inevitable que una teoría científica, del mundo o de una parte del mundo deba ser coherente o completa. Son posibles —e incluso, a fortiori, necesarias— otras teorías. Este es el tema, dicho ampliamente, de la metateoría que emerge de las lógicas no clásicas.

En verdad, son posibles teorías inconsistentes, teorías paraconsistentes y teorías subdeterminadas. Algo perfectamente inopinado e inaudito cuando se lo ve con los ojos de la tradición y/o de la ciencia normal, predominante todavía allá afuera. Este tipo de teorías son alternativas a las teorías completas (una vez más: concluyentes y/o conclusivas, o por lo menos con pretensiones de ser tal). Este nuevo panorama complejiza enormemente el conocimiento, y al mismo tiempo el mundo y la naturaleza.

La verdad es que el reconocimiento de que existen y son posibles teorías inconsistentes, paraconsistentes y subdeterminadas permite ganar enormemente en grados de libertad y en comprensión y explicación de los fenómenos del mundo. Y uno de ellos, quizás el más sensible de todos: la vida y los sistemas vivos. La vida–tal–y–como–la–conocemos, tanto como la vida–tal–y–como–podría–ser–posible.

Un investigador de primera fila, por así decirlo, no se encuentra ya abocado(a) a tener que trabajar con, ni a formular y desarrollar, teorías coherentes. Que por ello mismo son cerradas y percluyentes. Ello conduce a comprender el mundo en términos de ámbitos, áreas, campos o compartimentos —más o menos consistentes.

Sorpresivamente, pensar el mundo y la naturaleza consiste en indeterminarlos, algo perfectamente desconocido a la luz de toda la heurística conocida, la metodología y la lógica de la ciencia habida y normal. Indeterminar el mundo, la sociedad y la vida es perfectamente posible con la ayuda de tres formas de teoría perfectamente desconocidas hasta la fecha. Teorías inconsistentes, teorías paraconsistentes y teorías subdeterminadas.

Cuando los científicos, académicos e investigadores se dan a la tarea de desarrollar teorías científicas. Del mundo, o de una sección del mundo y la realidad. Que es lo que sucede la mayoría de las veces.

Superláser de rayos X permitirá analizar la materia en el nanomundo

European XFEL, fruto de la colaboración de 11 países, será inaugurado en Alemania

Se extiende a lo largo de 3.4 kilómetros en los alrededores de Hamburgo


El mayor láser en el dominio de los rayos X del mundo, el European XFEL, será inaugurado mañana en Alemania con la misión de analizar la materia a escala atómica y permitir avances sobre todo en medicina y biología.

Este equipamiento puntero, fruto de una colaboración entre 11 países, en especial Alemania y Rusia, pero también Francia y España, se extiende a lo largo de 3.4 kilómetros en los alrededores de Hamburgo.

"Es la mayor y más potente fuente de rayos X fabricada por el hombre en el mundo", declaró Olivier Napoly, del Comisionado de la Energía Atómica francés, que participó en su construcción.

El Láser Europeo de Electrones Libres y Rayos X (XFEL, por sus siglas en inglés) comprende varios túneles subterráneos, de los cuales uno, con una profundidad de 38 metros, alberga un acelerador lineal de electrones que mide 1.7 kilómetros, y que permitirá que éstos generen una energía de entre 10 mil millones y 17 mil 500 millones de electronvoltios (V).

Este láser X podrá producir hasta 27 mil flashes de rayos X por segundo, un enorme salto comparado con los 120 emitidos por el láser estadunidense LCLS, de Stanford, y los 60 generados por el SACLA de Japón.

Tendrá además "el mayor promedio de brillo en el mundo", declaró Robert Feidenhans’l, presidente del consejo de administración del European XFEL.

Se trata del número de fotones (partícula de luz) generados a una determinada longitud de onda. "En su punto más álgido, el brillo del XFEL será mil millones de veces mayor que el de los sincrotrones, las mejores fuentes de rayos X convencionales", aseguran sus responsables.

"Permitirá ver los detalles más pequeños y procesos jamás observados en el nanomundo", agregó Feidenhans’l.

Sus aplicaciones abarcarán desde la medicina y la biología hasta la química y la ciencia de los materiales.

Por ejemplo, los científicos podrán "observar en detalle los virus a escala atómica, descifrar la composición molecular de las células, tomar imágenes en tres dimensiones del nanomundo y estudiar los procedimientos similares a los que se producen en el interior de los planetas", subrayaron los responsables.

Como la duración de los flashes es extremadamente corta, los investigadores podrán también realizar "filmes" de procesos ultrarrápidos, como las reacciones químicas y los cambios en las biomoléculas de los seres vivos.

El European XFEL es el resultado de un acuerdo alcanzado en 2009 entre 11 países y fue promovido por el centro de investigación alemán DESY, de Hamburgo. La construcción tuvo un costo de unos mil 800 millones de dólares, financiados en 57 por ciento por Alemania, 26 por Rusia, mientras los otros países (Francia, España, Italia, Suiza, Dinamarca, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Suecia) participaron entre uno y 3 por ciento, cada uno. Reino Unido prometió sumarse próximamente al proyecto.

Los científicos compiten para ser los primeros en experimentar con este equipamiento, cuya potencia aumentará de forma progresiva tras su inauguración. "Hay una gran competencia entre los investigadores para obtener tiempo de haces", indicó Feidenhans’l.

¿(Por qué) es el mundo contradictorio?

Las contradicciones surgen, de manera básica, a partir de la negación de una proposición o de un fenómeno. De hecho, son numerosas las razones por las que emergen las contradicciones.

Es una vieja disputa que, para recordar a Thomas Mann, procede “desde la noche de los tiempos”: el mundo, ¿es consistente, o bien es contradictorio? Como ninguna la lógica paraconsistente hace de este problema un asunto propio, y como ninguna, esta lógica contribuye a elucidar el problema.

En el marco de la lógica paraconsistente existen numerosas posturas al respecto. Sin embargo, es posible reunir las diversas tesis en torno a dos grupos principales, así: de un lado, un grupo muy destacado de autores sostiene que el mundo es consistente, y que las contradicciones se dan, inevitablemente, al nivel del conocimiento, o de la episteme sobre el mundo. De otra parte, sin embargo, otro grupo de autores, no menos importantes, afirma que el mundo es esencialmente contradictorio, y que, en consecuencia, la lógica paraconsistente tiene la tarea, por así decirlo, de entender los grados y modos de contradictoriedad de la realidad y la naturaleza.

Dos tesis radicalmente opuestas. Alrededor de ambas, numerosas escuelas de pensamiento, en ciencia como en filosofía, así como numerosos autores, pueden situarse, de lado y lado, sin dificultad alguna. Sólo que el primer bando, reconociendo las contradicciones, busca diversas estrategias frente a las mismas. Contradicciones semióticas, o reales.

La lógica paraconsistente —una de las contribuciones de América Latina a la historia de la ciencia, sin la menor duda— se ocupa de contradicciones con una condición: de que no sean triviales. De esta forma, en realidad, la principal contribución de esta, una de las lógicas no clásicas, consiste, no en identificar y trabajar con contradicciones, esto es, inconsistencias, sin, mucho mejor, en establecer qué es, cómo y por qué trivial. En este sentido, cabe distinguir la “trivizalición”, y lo “trivializable”, señalando expresamente que existen muchas formas de trivialización.

Dicho brevemente, la lógica paraconsistente sirve para entender el fenómeno general de la trivialización. En otras palabras, la lógica paraconsistente emerge a fin de evitar el fenómeno de la trivialización, a partir de una contradicción dada. Toda la lógica formal clásica, desde Aristóteles, pasando por la lógica medieval, R. Lulio, la Escuela de Port–Royal y el surgimiento de la lógica simbólica o lógica matemática es el ámbito de lo trivial, o de la trivialización.

Un reconocimiento determinante.

Aunque algo técnico, cabe, por tanto, distinguir tres cosas así: de un lado, es trivial cualquier sistema deductivo en el que es deducible cualquier fórmula; en otras palabras, se trata de un sistema que formaliza una determinada teoría, y tiene como base una lógica que es trivializable; de otra parte, es inconsistente un sistema deductivo en el que se deduce una contradicción articulada con un determinado operador de negación. Finalmente, es trivializable cualquier sistema lógico–formal.

Occidente le ha tenido, desde siempre, pavor a las contradicciones. Una historia que se funda absolutamente en el Proemio del poema de Parménides, y que es acogido sin más por Platón y por Aristóteles. Incluso el marxismo o los marxistas rehúyen las contradicciones, puesto que, afirman, hay que resolver las mismas.

Pues bien, las contradicciones surgen, de manera básica, a partir de la negación de una proposición o de un fenómeno. De hecho, son numerosas las razones por las que emergen las contradicciones. La lógica paraconsistente considera las inconsistencias con tal de que sean no triviales.

Algunos ejemplos conspicuos en la historia de la ciencia de fenómenos contradictorios no triviales —por tanto, teorías paraconsistentes— son la física cuántica y la dualidad onda–partícula; o bien, sobre la base de la paradoja sobre el espacio de Zenón de Elea, si el espacio es discreto, entonces no puede ser finito; o bien, igualmente, en el cálculo, el reconocimiento de que si una serie es infinita, puede tener una suma finita.

Sin embargo, de lejos, la mejor comprensión cultural de lo que puede ser una teoría paraconsistente, es decir, inconsistente pero no trivial, es todo el pensamiento de Heráclito, el Oscuro de Éfeso. Una figura ampliamente desconocida por toda la tradición occidental.

Existen dos posibilidades básicas, en consecuencia. O bien el mundo es consistente y no admite contradicciones; esto es, las contradicciones son anomalías (Th. Kuhn) que a toda costa hay que resolver; o bien, existen contradicciones y supercontradicciones, y entonces hemos de vivir con ellas, desbrozando las que son triviales y las que no lo son. Ahora bien, aquellas contradicciones que no son triviales nos presentan el mundo, en el mejor de los casos, tan sólo como grados o modos de verdad (o de falsedad).

En cualquier caso, lo grandioso consiste, como lo afirma N. da Costa, el padre de la lógica paraconsistente, en que el conocimiento es posible, incluso aunque el universo fuera, o es, inconsistente.

Asistimos así a un verdadero optimismo del conocimiento. Antes que una claudicación, cualquiera que sea la respuesta a la pregunta original, arriba, en el título, el conocimiento es posible, y con él sostenemos la vida. La lógica paraconsistente se traduce, de esta suerte, en un optimismo epistemológico sin parangón en la historia del conocimiento humano. Ya sea que el mundo es, por sí mismo, absolutamente contradictorio, o bien que admita, episódicamente, contradicciones, antes que rechazo e ira, se trata de desbrozar en ellas la trivialidad de lo que no es trivial. Una tarea colosal, en verdad.

La lógica paraconsistente es una de las lógicas no clásicas, y éstas emergen como un auténtico tanque de oxígeno civilizatorio frente a las creencias y supuestos de Occidente. Siendo el más angustioso y acucioso el de las contradicciones. Creer que A no es posible con no–A, o que si p → q. Una pesadilla de la cual despertamos con la ayuda de la lógica paraconsistente.

 

PUBLICADO: 27 AGOSTO 2017

Científicos en pie de lucha en las naciones emergentes

Hace algunos años fue muy celebrado un grupo de potencias emergentes conocido como BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia, India y China). Un elemento común a todas ellas, y que en mi opinión explicaba su éxito, era la inversión que realizaban en ciencia y tecnología, la cual era superior al uno por ciento de su producto interno bruto (PIB). Pero en el siglo XXI la situación ha cambiado mucho en algunas de estas naciones, como ocurre hoy en India y Brasil, donde las comunidades científicas tienen que movilizarse en busca de retomar el camino de crecimiento científico que sus gobiernos han decidido sacrificar.

India ha sido la cuna de grandes científicos, como Chandrashekhara Venkata Raman, quien obtuvo el Premio Nobel de Física en 1930 por sus trabajos sobre la dispersión molecular de la luz; en 1995, el físico y matemático Subrahmanyan Chandrasekhar obtuvo también ese galardón por sus estudios teóricos de los procesos físicos en la formación y evolución de las estrellas, y en 1968, Har Gobind Khorana obtuvo el Nobel en fisiología y medicina por sus estudios sobre la interpretación del código genético y la síntesis de proteínas. Pero hoy esa nación, que ha dado lugar a esas y otras glorias científicas, pasa por una crisis que ha llevado a la comunidad científica de esa nación a lanzarse a las calles en protesta por la escasa atención que sus gobernantes brindan a las tareas científicas y tecnológicas.

En una nota publicada en Nature el pasado 9 de agosto, TV Padma describe cómo miles de científicos, estudiantes universitarios y entusiastas de la ciencia salieron a las calles ese día en decenas de ciudades para marchar en apoyo de la ciencia, protestando por los bajos niveles de financiamiento para la investigación y quejándose por la promoción gubernamental de "ideas no científicas". En las manifestaciones algunos prestigiados investigadores no pudieron participar por una prohibición gubernamental directa a que lo hicieran.

La manifestación, que llega cuatro meses después de la Marcha Mundial por la Ciencia, pone el énfasis en que a pesar de las promesas de los diferentes gobiernos de incrementar la inversión a 2 por ciento del PIB, esto no ha ocurrido, pues el financiamiento no ha variado significativamente de 0.9 por ciento en la década pasada.

Por otra parte, y aunque el contexto es muy diferente, en Brasil, las posturas de la comunidad científica se han radicalizado. En marzo de este año, el gobierno encabezado por Michel Temer anunció un nuevo recorte de 44 por ciento en el presupuesto propuesto para la ciencia, llevándolo al nivel más bajo en 12 años. Aunque los ajustes afectaron a casi todos los ministerios federales, la reducción del gasto en ciencia fue particularmente fuerte, porque ya había sido recortado cada año desde 2013, escribe Anna Petherick en una nota publicada el jueves pasado en la sección de noticias de la revista Nature. La autora añade que esto ya ha comenzado a provocar el éxodo de investigadores y estudiantes de ciencia hacia otras naciones en busca de mejores oportunidades.

Los medios brasileños han dado cuenta recientemente de cómo la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), que es la mayor organización de la comunidad científica en ese país, con más de 6 mil miembros y 100 sociedades científicas asociadas, emitió una resolución que fue enviada hace pocos días a los presidentes de las cámaras de diputados y senadores, así como a representantes de todos los partidos políticos brasileños, en la que se pronuncian abiertamente por la realización de elecciones anticipadas.

"Brasil está inmerso en una grave crisis política y económica. El gobierno actual ha implementado un programa para retirar derechos del pueblo brasileño y ha conducido a la ciencia nacional al peor presupuesto de las décadas recientes", dice la misiva dirigida también a todos los parlamentarios del Congreso Nacional.

Los científicos brasileños recuerdan al gobierno de Temer que su llegada a la presidencia y las políticas que ha impuesto no corresponden con un procedimiento democrático: "Las medidas adoptadas van en la dirección contraria a la opinión expresada en las urnas por la población brasileña y no pasaron por el tamiz popular, además de que son fuertemente rechazadas por la sociedad", dicen en su carta, en la que subrayan el alto índice de rechazo a propuestas como la Enmienda Constitucional 95, que congela las inversiones en las áreas sociales, incluidas ciencia y tecnología, para los próximos 20 años.

"Las recientes denuncias de la Procuraduría General de la República sobre actos de corrupción que involucran al presidente y algunos miembros de su equipo dejan evidente que el actual gobierno no tiene condiciones de conducir reformas y medidas tan impactantes para la vida de la población", dicen los académicos que concluyen su misiva diciendo: "En función de esto y de la histórica participación de la SBPC en momentos cruciales para la democracia brasileña, nos posicionamos en defensa de las elecciones directas".

Lo que ocurre en India y Brasil es un mensaje para todo el mundo en desarrollo sobre la fragilidad del progreso económico en ausencia de un proyecto que incluya el desarrollo científico y tecnológico de largo plazo, así como sobre el creciente papel de los científicos en la lucha contra los gobiernos con políticas regresivas en este sector.

Hallan indicios de que la luz interacciona consigo misma

Un equipo de físicos detectó por primera vez indicios directos de la colisión de fotones en experimentos realizados en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), informaron este lunes en la revista Nature Physics.


Todavía faltan algunos pasos para constatar el hallazgo con los más altos estándares de la física, pero los responsables del experimento Atlas del CERN esperan completarlos en las pruebas que llevarán a cabo a finales de 2018.


Este resultado es un hito: la primera evidencia directa de luz interaccionando consigo misma a alta energía, afirmó el coordinador de física del experimento Atlas, Dan Tovey, en un comunicado. El resultado confirma una de las predicciones más antiguas de la electrodinámica cuántica.


Experimento en el Gran Colisionador de Hadrones


Los científicos llevaron a cabo más de 4 mil millones de colisiones de iones de plomo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y detectaron 13 interacciones de éstas. Los experimentos se efectuaron en 2015 y desde entonces se estudió y verificó la ingente cantidad de datos obtenidos.


La teoría clásica del electromagnetismo, formulada hace 150 años por las ecuaciones de Maxwell, postula que los rayos de luz no interaccionan entre ellos. Sin embargo, hace 80 años, los físicos cuánticos calcularon que las partículas de luz –los fotones– pueden interactuar en determinadas condiciones. Esas interacciones ya habían sido medidas de forma indirecta en los años 70. En la prueba se lanzaron unos iones de plomo contra otros a velocidades cercanas a las de la luz. Cuando estos pasan unos muy cerca de otros a gran velocidad se genera un gran campo electromagnético. Esto puede interpretarse como dos fotones que se dirigen uno hacia otro.


En el resultado, los dos iones se dirigen uno hacia el otro y emiten dos fotones, que se pueden medir con el detector Atlas en el LHC. A partir de esos datos se puede deducir que los fotones tuvieron que colisionar.

Crean ADN sintético; rediseñar el humano, el propósito final

Permitiría producir mejores proteínas farmacéuticas o fuentes más seguras de tejidos y órganos, consideran autores del estudio

 

En el laboratorio de Jef Boeke, se siente un olor que parece fuera de lugar, como si estuviesen horneando pan.

Sin embargo, él y sus colegas cocinan otra cosa: levadura que se procesa con trozos de ADN hecho por el hombre.

Desde hace tiempo, los científicos pueden hacer modificaciones específicas al código del ADN, pero ahora van más allá, produciendo nuevas formas de vida desde cero. Boeke, investigador de la Universidad de Nueva York, dirige un equipo internacional que incluye 11 laboratorios en cuatro continentes y procura "rescribir" el genoma de la levadura, siguiendo un plan muy detallado que publicaron en marzo.

Su trabajo es parte de un proyecto más ambicioso y polémico cuyo objetivo es crear códigos de ADN para ser insertados en células vivas para alterar su funcionamiento o incluso usarlas para curar enfermedades. Algún día podría ayudar a los científicos crear organismos totalmente nuevos, una perspectiva inquietante para muchos.

El genoma es la totalidad del código genético de todo organismo vivo. Si se puede generar de cero "se puede crear algo totalmente nuevo", indicó Boeke.

La investigación podría revelar las reglas básicas, ocultas, que gobiernan la estructura y el funcionamiento de los genomas. Pero al mismo tiempo abre la puerta a formas de vida con características nuevas y útiles, como mejores células de microbios o de mamíferos que puedan generar más medicinas o vacunas. También se podrían producir mejores biocombustibles, señaló.

Algunos científicos sueñan con generar árboles que purifican las fuentes de agua y plantas que detectan explosivos en los aeropuertos y los centros comerciales.

No altera genéticamente a la gente, aclaran

En el horizonte asoma también la capacidad de rediseñar el ADN humano. Los científicos destacan que ello no implica alterar genéticamente a la gente. Dicen que el ADN sintético puede ser incorporado a las células para que produzcan mejores proteínas farmacéuticas, por ejemplo, o células madre que generan fuentes más seguras de tejidos y órganos elaborados en laboratorios para ser trasplantados a pacientes.

La idea de rehacer el ADN humano resulta inquietante para muchos, y los científicos planean asesorarse con expertos en aspectos éticos y tantear las actitudes de la gente antes de intentarlo. "Sabemos que esto va a generar mucho debate", comentó Boeke.

Para otros, la manipulación del ADN es directamente alarmante. A Laurie Zoloth, especialista en bioética de la Universidad del Noroeste, le preocupa la posibilidad de que se produzcan organismos "con propiedades que no conocemos del todo". Estos trabajos, por otro lado, molestarán a quienes creen que crear formas de vida de cero dará a los humanos un poder desmedido e injustificado”, señaló.

"Esto es más que un proyecto científico", afirmó Zoloth en un correo electrónico. "Es una propuesta ética, moral y teológica de grandes proporciones".

Ya se usa ADN modificado en virus y bacterias. Científicos australianos anunciaron recientemente que crearon un genoma como el virus del zika en un laboratorio, que permitirá comprender mejor ese microorganismo y buscar nuevos tratamiento

Mil millones de soles: Científicos crean la luz más brillante de la Tierra

Una luz generada por láser de una potencia nunca antes vista podría detectar daños en el organismo humano que antes pasaban completamente desapercibidos.
Un grupo de científicos han generado por medio de láser la luz más deslumbrante jamás producida en la tierra, de un brillo mil millones de veces superior al de la superficie solar, informa 'The Independent'.


Si normalmente un electrón dispersa únicamente un fotón de luz a la vez, en la luz producida en el Laboratorio de Luz Extrema de la Universidad de Nebraska-Licoln, en EE.UU., se dispersaron aproximadamente 1.000 fotones a la vez.


"Cuando tenemos esta luz inconcebiblemente brillante, resulta que la dispersión —fenómeno que hace las cosas visibles— cambia fundamentalmente en la naturaleza", señala Donald Umstadter, investigador del Laboratorio de Luz Extrema de la universidad, citado por el medio.


"Es como si las cosas aparecieran de manera diferente a medida que aumentamos el brillo de la luz, algo que normalmente no experimentamos", explica Umstadter.
"Cuando se vuelve más brillante (refiriéndose al objeto), suele verse igual que con un nivel de luz bajo. Pero aquí la luz está cambiando la apariencia (del objeto). La luz llega en ángulos diferentes, con diferentes colores, dependiendo de lo brillante que sea", añade el investigador.


Durante la investigación los científicos aplicaron el láser Diocles contra electrones suspendidos en helio para medir cómo los fotones del láser se dispersaban. Umstadter señala que el fotón expulsado absorbe la energía colectiva de todos los fotones dispersados, otorgándoles la energía y la longitud de onda de una radiografía.


Según Umstadter, estos rayos X tienen numerosas aplicaciones, como la generación de imágenes en tres dimensiones en la escala nanoscópica, método que podría ser utilizado para encontrar pequeños tumores o microfacturas que hoy no son detectados por los rayos X convencionales.


Publicado: 27 jun 2017 09:26 GMT

¿Qué son las neurociencias sociales?

Si es verdad que el principal problema de salud pública en los estados y las sociedades contemporáneas es la salud mental, las neurociencias sociales contribuyen como pocos campos a la explicación del fenómeno.



Una auténtica revolución científica tiene lugar al interior de las ciencias sociales. El estado de lo que normal o clásicamente se conocía como las ciencias sociales viene cambiando de forma radical. La interdisciplinariedad ya no es un discurso, sino una práctica cotidiana. Uno de los campos de punta que han emergido son justamente las neurociencias sociales.


El concepto nace en 1992, pero ya ha logrado posicionarse gracias a la existencia de una prestigiosa revista con el mismo título (Social neurosciences), y se llevan a cabo reuniones periódicas de congresos internacionales, sociedades nacionales y redes activas de científicos que trabajan en este campo.


La idea de base es que no es posible comprender los comportamientos sociales al margen de la explicación acerca del funcionamiento del cerebro y de la biología. En realidad, los seres humanos poseen tres cerebros en uno, así: el cerebro reptiliano (emociones básicas, primarias), el sistema límbico (sentimientos) y el neocórtex (ideas y conceptos). El mundo humano no es sin la interacción entre los tres tipos de cerebros. Y a su vez, el cerebro incide sobre el cuerpo mismo (soma) y en la forma como nos relaciones, actuamos o dejamos de hacerlo en un momento determinado.


La verdad es que las relaciones y las estructuras sociales inciden profundamente en el funcionamiento y en la propia estructura del cerebro y del propio organismo, algo que ha dado lugar, por otra parte, a uno de los descubrimientos más apasionantes: la cultura y el medioambiente inciden en la estructura: (a) de los genes; (b) de las neuronas y del propio cuerpo. La epigenética estudia exactamente estos aspectos. Ya no existe la cultura, de un lado, y la naturaleza de otro: ambos conforman un continuo dinámico que hace posible la vida, o la impide.


Pues bien, las neurociencias sociales estudia, de una parte, los mecanismos biológicos que subyacen a los procesos y comportamientos sociales. Comprar, sentir afecto o aversión, las relaciones con nuestras mascotas, los aspectos judiciales o los económicos, por ejemplo, son considerados a la luz de la forma el funcionamiento del cerebro, del sistema endocrino y del sistema inmune —los tres conforman una sola unidad, en realidad—, configura un mundo social con tales o cuales características. De otra parte, se trata de estudiar cómo la biología misma —y entonces hablamos a la vez de dos cosas: del enfoque Eco–Evo–Devo (ecología, evolución y desarrollo) y de biología de sistemas— aporta métodos, conceptos y explicaciones para el mundo social.


Digámoslo de manera puntual: ni biologismo, ni sociologismo, por ejemplo. Antes bien, un nuevo campo cruzado que arroja nuevas y mejores luces acerca de lo que clásicamente explicaban la antropología, la economía, la política o la sociología, por ejemplo.


Existen dos grupos de métodos en las neurociencias sociales. De un lado, técnicas propias de la psicología cognitiva y las neurociencias como son las imágenes de resonancia magnético funcional, la electromiografía facial, los electromiogramas, las respuestas galvanizadas de piel, la simulación magnética transcraneal, y varias otras. Sencillamente, se trata de leer las áreas de activación del cerebro en determinadas circunstancias, así como el estudio facial de emociones, circunstancias y eventos, los cuales traducen ideas, conceptos, temores y hasta principios.


De otro lado, al mismo tiempo, existe ya una tradición de métodos narrativos en el ámbito de las neurociencias sociales. En este caso, no de espaldas a los trabajos experimentales y teóricos, se trata de construir relatos en torno al problema de base. De esta suerte, los métodos cuantitativos y los cualitativos confluyen en este novedoso ámbito de trabajo cruzado.


Si es verdad que el principal problema de salud pública en los estados y las sociedades contemporáneas es la salud mental, las neurociencias sociales contribuyen como pocos campos a la explicación del fenómeno. Las enfermedades crónicas, por mencionar un ámbito, emergen como un reto inescapable para la convivencia de un mundo común para todos. Las enfermedades no transmisibles requieren aportes diferentes a los provenientes de la medicina. Pero es igualmente cierto que la cultura, en sentido amplio pero fuerte, constituye un caldo de cultivo para la “transmisión” de patologías y comportamientos erráticos. La no medicalización de la salud abre las puertas, de par en par, a las interacciones entre cultura, medioambiente y biología.


Las neurociencias sociales pueden intervenir de forma positiva en enfermedades biológicamente no transmisibles, pero que culturalmente pueden convertirse en epidemias. Pero con ello, ulteriormente, al final del día, en todos los temas y aspectos que competen a un saber vivir bien, a un saber vivir.


Al fin y al cabo, el cerebro es una instancia social, no ya simplemente personal o biográfica. Pero este es un tema al que apenas la ciencia y la cultura se están aproximando, en perspectiva histórica. El cerebro: la confluencia de tres sistemas distintos que forman una sólida unidad: el sistema endocrino (hormonas), el sistema inmune y el sistema nervioso central. Nuestra mundo, según parece, está cruzado por los tres. Debemos poder comprender esos cruces, entrelazamientos y refuerzos positivos y negativos a la vez. En ellos nos va la vida.


Una observación final: tradicionalmente se cree que existe interdisciplinariedad, en medicina, porque un internista trabaja con enfermeras, con inmunólogos, con oncólogos y terapistas, por ejemplo. O que hay interdisciplinariedad cuando trabajan físicos y biólogos, matemáticos y expertos en computación, por ejemplo. O en otro plano, que hay interdisciplinariedad porque trabajan historiadores y economistas o antropólogos y sociólogos, o politólogos e internacionalistas, por ejemplo. En todos los casos, hay autoengaño por parte de las comunidades académicas y de investigación. Pues la verdadera interdisciplinariedad no sucede al interior de grupos o familias de ciencias o disciplinas. Por el contrario, sucede cuando trabajan familias y grupos distintos y cruzados. Las neurociencias constituyen un ejemplo conspicuo de verdadera interdisciplinariedad. Algo que en nuestros países está aún lejos de suceder.