Científicos en pie de lucha en las naciones emergentes

Hace algunos años fue muy celebrado un grupo de potencias emergentes conocido como BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia, India y China). Un elemento común a todas ellas, y que en mi opinión explicaba su éxito, era la inversión que realizaban en ciencia y tecnología, la cual era superior al uno por ciento de su producto interno bruto (PIB). Pero en el siglo XXI la situación ha cambiado mucho en algunas de estas naciones, como ocurre hoy en India y Brasil, donde las comunidades científicas tienen que movilizarse en busca de retomar el camino de crecimiento científico que sus gobiernos han decidido sacrificar.

India ha sido la cuna de grandes científicos, como Chandrashekhara Venkata Raman, quien obtuvo el Premio Nobel de Física en 1930 por sus trabajos sobre la dispersión molecular de la luz; en 1995, el físico y matemático Subrahmanyan Chandrasekhar obtuvo también ese galardón por sus estudios teóricos de los procesos físicos en la formación y evolución de las estrellas, y en 1968, Har Gobind Khorana obtuvo el Nobel en fisiología y medicina por sus estudios sobre la interpretación del código genético y la síntesis de proteínas. Pero hoy esa nación, que ha dado lugar a esas y otras glorias científicas, pasa por una crisis que ha llevado a la comunidad científica de esa nación a lanzarse a las calles en protesta por la escasa atención que sus gobernantes brindan a las tareas científicas y tecnológicas.

En una nota publicada en Nature el pasado 9 de agosto, TV Padma describe cómo miles de científicos, estudiantes universitarios y entusiastas de la ciencia salieron a las calles ese día en decenas de ciudades para marchar en apoyo de la ciencia, protestando por los bajos niveles de financiamiento para la investigación y quejándose por la promoción gubernamental de "ideas no científicas". En las manifestaciones algunos prestigiados investigadores no pudieron participar por una prohibición gubernamental directa a que lo hicieran.

La manifestación, que llega cuatro meses después de la Marcha Mundial por la Ciencia, pone el énfasis en que a pesar de las promesas de los diferentes gobiernos de incrementar la inversión a 2 por ciento del PIB, esto no ha ocurrido, pues el financiamiento no ha variado significativamente de 0.9 por ciento en la década pasada.

Por otra parte, y aunque el contexto es muy diferente, en Brasil, las posturas de la comunidad científica se han radicalizado. En marzo de este año, el gobierno encabezado por Michel Temer anunció un nuevo recorte de 44 por ciento en el presupuesto propuesto para la ciencia, llevándolo al nivel más bajo en 12 años. Aunque los ajustes afectaron a casi todos los ministerios federales, la reducción del gasto en ciencia fue particularmente fuerte, porque ya había sido recortado cada año desde 2013, escribe Anna Petherick en una nota publicada el jueves pasado en la sección de noticias de la revista Nature. La autora añade que esto ya ha comenzado a provocar el éxodo de investigadores y estudiantes de ciencia hacia otras naciones en busca de mejores oportunidades.

Los medios brasileños han dado cuenta recientemente de cómo la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), que es la mayor organización de la comunidad científica en ese país, con más de 6 mil miembros y 100 sociedades científicas asociadas, emitió una resolución que fue enviada hace pocos días a los presidentes de las cámaras de diputados y senadores, así como a representantes de todos los partidos políticos brasileños, en la que se pronuncian abiertamente por la realización de elecciones anticipadas.

"Brasil está inmerso en una grave crisis política y económica. El gobierno actual ha implementado un programa para retirar derechos del pueblo brasileño y ha conducido a la ciencia nacional al peor presupuesto de las décadas recientes", dice la misiva dirigida también a todos los parlamentarios del Congreso Nacional.

Los científicos brasileños recuerdan al gobierno de Temer que su llegada a la presidencia y las políticas que ha impuesto no corresponden con un procedimiento democrático: "Las medidas adoptadas van en la dirección contraria a la opinión expresada en las urnas por la población brasileña y no pasaron por el tamiz popular, además de que son fuertemente rechazadas por la sociedad", dicen en su carta, en la que subrayan el alto índice de rechazo a propuestas como la Enmienda Constitucional 95, que congela las inversiones en las áreas sociales, incluidas ciencia y tecnología, para los próximos 20 años.

"Las recientes denuncias de la Procuraduría General de la República sobre actos de corrupción que involucran al presidente y algunos miembros de su equipo dejan evidente que el actual gobierno no tiene condiciones de conducir reformas y medidas tan impactantes para la vida de la población", dicen los académicos que concluyen su misiva diciendo: "En función de esto y de la histórica participación de la SBPC en momentos cruciales para la democracia brasileña, nos posicionamos en defensa de las elecciones directas".

Lo que ocurre en India y Brasil es un mensaje para todo el mundo en desarrollo sobre la fragilidad del progreso económico en ausencia de un proyecto que incluya el desarrollo científico y tecnológico de largo plazo, así como sobre el creciente papel de los científicos en la lucha contra los gobiernos con políticas regresivas en este sector.

Hallan indicios de que la luz interacciona consigo misma

Un equipo de físicos detectó por primera vez indicios directos de la colisión de fotones en experimentos realizados en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), informaron este lunes en la revista Nature Physics.


Todavía faltan algunos pasos para constatar el hallazgo con los más altos estándares de la física, pero los responsables del experimento Atlas del CERN esperan completarlos en las pruebas que llevarán a cabo a finales de 2018.


Este resultado es un hito: la primera evidencia directa de luz interaccionando consigo misma a alta energía, afirmó el coordinador de física del experimento Atlas, Dan Tovey, en un comunicado. El resultado confirma una de las predicciones más antiguas de la electrodinámica cuántica.


Experimento en el Gran Colisionador de Hadrones


Los científicos llevaron a cabo más de 4 mil millones de colisiones de iones de plomo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y detectaron 13 interacciones de éstas. Los experimentos se efectuaron en 2015 y desde entonces se estudió y verificó la ingente cantidad de datos obtenidos.


La teoría clásica del electromagnetismo, formulada hace 150 años por las ecuaciones de Maxwell, postula que los rayos de luz no interaccionan entre ellos. Sin embargo, hace 80 años, los físicos cuánticos calcularon que las partículas de luz –los fotones– pueden interactuar en determinadas condiciones. Esas interacciones ya habían sido medidas de forma indirecta en los años 70. En la prueba se lanzaron unos iones de plomo contra otros a velocidades cercanas a las de la luz. Cuando estos pasan unos muy cerca de otros a gran velocidad se genera un gran campo electromagnético. Esto puede interpretarse como dos fotones que se dirigen uno hacia otro.


En el resultado, los dos iones se dirigen uno hacia el otro y emiten dos fotones, que se pueden medir con el detector Atlas en el LHC. A partir de esos datos se puede deducir que los fotones tuvieron que colisionar.

Crean ADN sintético; rediseñar el humano, el propósito final

Permitiría producir mejores proteínas farmacéuticas o fuentes más seguras de tejidos y órganos, consideran autores del estudio

 

En el laboratorio de Jef Boeke, se siente un olor que parece fuera de lugar, como si estuviesen horneando pan.

Sin embargo, él y sus colegas cocinan otra cosa: levadura que se procesa con trozos de ADN hecho por el hombre.

Desde hace tiempo, los científicos pueden hacer modificaciones específicas al código del ADN, pero ahora van más allá, produciendo nuevas formas de vida desde cero. Boeke, investigador de la Universidad de Nueva York, dirige un equipo internacional que incluye 11 laboratorios en cuatro continentes y procura "rescribir" el genoma de la levadura, siguiendo un plan muy detallado que publicaron en marzo.

Su trabajo es parte de un proyecto más ambicioso y polémico cuyo objetivo es crear códigos de ADN para ser insertados en células vivas para alterar su funcionamiento o incluso usarlas para curar enfermedades. Algún día podría ayudar a los científicos crear organismos totalmente nuevos, una perspectiva inquietante para muchos.

El genoma es la totalidad del código genético de todo organismo vivo. Si se puede generar de cero "se puede crear algo totalmente nuevo", indicó Boeke.

La investigación podría revelar las reglas básicas, ocultas, que gobiernan la estructura y el funcionamiento de los genomas. Pero al mismo tiempo abre la puerta a formas de vida con características nuevas y útiles, como mejores células de microbios o de mamíferos que puedan generar más medicinas o vacunas. También se podrían producir mejores biocombustibles, señaló.

Algunos científicos sueñan con generar árboles que purifican las fuentes de agua y plantas que detectan explosivos en los aeropuertos y los centros comerciales.

No altera genéticamente a la gente, aclaran

En el horizonte asoma también la capacidad de rediseñar el ADN humano. Los científicos destacan que ello no implica alterar genéticamente a la gente. Dicen que el ADN sintético puede ser incorporado a las células para que produzcan mejores proteínas farmacéuticas, por ejemplo, o células madre que generan fuentes más seguras de tejidos y órganos elaborados en laboratorios para ser trasplantados a pacientes.

La idea de rehacer el ADN humano resulta inquietante para muchos, y los científicos planean asesorarse con expertos en aspectos éticos y tantear las actitudes de la gente antes de intentarlo. "Sabemos que esto va a generar mucho debate", comentó Boeke.

Para otros, la manipulación del ADN es directamente alarmante. A Laurie Zoloth, especialista en bioética de la Universidad del Noroeste, le preocupa la posibilidad de que se produzcan organismos "con propiedades que no conocemos del todo". Estos trabajos, por otro lado, molestarán a quienes creen que crear formas de vida de cero dará a los humanos un poder desmedido e injustificado”, señaló.

"Esto es más que un proyecto científico", afirmó Zoloth en un correo electrónico. "Es una propuesta ética, moral y teológica de grandes proporciones".

Ya se usa ADN modificado en virus y bacterias. Científicos australianos anunciaron recientemente que crearon un genoma como el virus del zika en un laboratorio, que permitirá comprender mejor ese microorganismo y buscar nuevos tratamiento

Mil millones de soles: Científicos crean la luz más brillante de la Tierra

Una luz generada por láser de una potencia nunca antes vista podría detectar daños en el organismo humano que antes pasaban completamente desapercibidos.
Un grupo de científicos han generado por medio de láser la luz más deslumbrante jamás producida en la tierra, de un brillo mil millones de veces superior al de la superficie solar, informa 'The Independent'.


Si normalmente un electrón dispersa únicamente un fotón de luz a la vez, en la luz producida en el Laboratorio de Luz Extrema de la Universidad de Nebraska-Licoln, en EE.UU., se dispersaron aproximadamente 1.000 fotones a la vez.


"Cuando tenemos esta luz inconcebiblemente brillante, resulta que la dispersión —fenómeno que hace las cosas visibles— cambia fundamentalmente en la naturaleza", señala Donald Umstadter, investigador del Laboratorio de Luz Extrema de la universidad, citado por el medio.


"Es como si las cosas aparecieran de manera diferente a medida que aumentamos el brillo de la luz, algo que normalmente no experimentamos", explica Umstadter.
"Cuando se vuelve más brillante (refiriéndose al objeto), suele verse igual que con un nivel de luz bajo. Pero aquí la luz está cambiando la apariencia (del objeto). La luz llega en ángulos diferentes, con diferentes colores, dependiendo de lo brillante que sea", añade el investigador.


Durante la investigación los científicos aplicaron el láser Diocles contra electrones suspendidos en helio para medir cómo los fotones del láser se dispersaban. Umstadter señala que el fotón expulsado absorbe la energía colectiva de todos los fotones dispersados, otorgándoles la energía y la longitud de onda de una radiografía.


Según Umstadter, estos rayos X tienen numerosas aplicaciones, como la generación de imágenes en tres dimensiones en la escala nanoscópica, método que podría ser utilizado para encontrar pequeños tumores o microfacturas que hoy no son detectados por los rayos X convencionales.


Publicado: 27 jun 2017 09:26 GMT

¿Qué son las neurociencias sociales?

Si es verdad que el principal problema de salud pública en los estados y las sociedades contemporáneas es la salud mental, las neurociencias sociales contribuyen como pocos campos a la explicación del fenómeno.



Una auténtica revolución científica tiene lugar al interior de las ciencias sociales. El estado de lo que normal o clásicamente se conocía como las ciencias sociales viene cambiando de forma radical. La interdisciplinariedad ya no es un discurso, sino una práctica cotidiana. Uno de los campos de punta que han emergido son justamente las neurociencias sociales.


El concepto nace en 1992, pero ya ha logrado posicionarse gracias a la existencia de una prestigiosa revista con el mismo título (Social neurosciences), y se llevan a cabo reuniones periódicas de congresos internacionales, sociedades nacionales y redes activas de científicos que trabajan en este campo.


La idea de base es que no es posible comprender los comportamientos sociales al margen de la explicación acerca del funcionamiento del cerebro y de la biología. En realidad, los seres humanos poseen tres cerebros en uno, así: el cerebro reptiliano (emociones básicas, primarias), el sistema límbico (sentimientos) y el neocórtex (ideas y conceptos). El mundo humano no es sin la interacción entre los tres tipos de cerebros. Y a su vez, el cerebro incide sobre el cuerpo mismo (soma) y en la forma como nos relaciones, actuamos o dejamos de hacerlo en un momento determinado.


La verdad es que las relaciones y las estructuras sociales inciden profundamente en el funcionamiento y en la propia estructura del cerebro y del propio organismo, algo que ha dado lugar, por otra parte, a uno de los descubrimientos más apasionantes: la cultura y el medioambiente inciden en la estructura: (a) de los genes; (b) de las neuronas y del propio cuerpo. La epigenética estudia exactamente estos aspectos. Ya no existe la cultura, de un lado, y la naturaleza de otro: ambos conforman un continuo dinámico que hace posible la vida, o la impide.


Pues bien, las neurociencias sociales estudia, de una parte, los mecanismos biológicos que subyacen a los procesos y comportamientos sociales. Comprar, sentir afecto o aversión, las relaciones con nuestras mascotas, los aspectos judiciales o los económicos, por ejemplo, son considerados a la luz de la forma el funcionamiento del cerebro, del sistema endocrino y del sistema inmune —los tres conforman una sola unidad, en realidad—, configura un mundo social con tales o cuales características. De otra parte, se trata de estudiar cómo la biología misma —y entonces hablamos a la vez de dos cosas: del enfoque Eco–Evo–Devo (ecología, evolución y desarrollo) y de biología de sistemas— aporta métodos, conceptos y explicaciones para el mundo social.


Digámoslo de manera puntual: ni biologismo, ni sociologismo, por ejemplo. Antes bien, un nuevo campo cruzado que arroja nuevas y mejores luces acerca de lo que clásicamente explicaban la antropología, la economía, la política o la sociología, por ejemplo.


Existen dos grupos de métodos en las neurociencias sociales. De un lado, técnicas propias de la psicología cognitiva y las neurociencias como son las imágenes de resonancia magnético funcional, la electromiografía facial, los electromiogramas, las respuestas galvanizadas de piel, la simulación magnética transcraneal, y varias otras. Sencillamente, se trata de leer las áreas de activación del cerebro en determinadas circunstancias, así como el estudio facial de emociones, circunstancias y eventos, los cuales traducen ideas, conceptos, temores y hasta principios.


De otro lado, al mismo tiempo, existe ya una tradición de métodos narrativos en el ámbito de las neurociencias sociales. En este caso, no de espaldas a los trabajos experimentales y teóricos, se trata de construir relatos en torno al problema de base. De esta suerte, los métodos cuantitativos y los cualitativos confluyen en este novedoso ámbito de trabajo cruzado.


Si es verdad que el principal problema de salud pública en los estados y las sociedades contemporáneas es la salud mental, las neurociencias sociales contribuyen como pocos campos a la explicación del fenómeno. Las enfermedades crónicas, por mencionar un ámbito, emergen como un reto inescapable para la convivencia de un mundo común para todos. Las enfermedades no transmisibles requieren aportes diferentes a los provenientes de la medicina. Pero es igualmente cierto que la cultura, en sentido amplio pero fuerte, constituye un caldo de cultivo para la “transmisión” de patologías y comportamientos erráticos. La no medicalización de la salud abre las puertas, de par en par, a las interacciones entre cultura, medioambiente y biología.


Las neurociencias sociales pueden intervenir de forma positiva en enfermedades biológicamente no transmisibles, pero que culturalmente pueden convertirse en epidemias. Pero con ello, ulteriormente, al final del día, en todos los temas y aspectos que competen a un saber vivir bien, a un saber vivir.


Al fin y al cabo, el cerebro es una instancia social, no ya simplemente personal o biográfica. Pero este es un tema al que apenas la ciencia y la cultura se están aproximando, en perspectiva histórica. El cerebro: la confluencia de tres sistemas distintos que forman una sólida unidad: el sistema endocrino (hormonas), el sistema inmune y el sistema nervioso central. Nuestra mundo, según parece, está cruzado por los tres. Debemos poder comprender esos cruces, entrelazamientos y refuerzos positivos y negativos a la vez. En ellos nos va la vida.


Una observación final: tradicionalmente se cree que existe interdisciplinariedad, en medicina, porque un internista trabaja con enfermeras, con inmunólogos, con oncólogos y terapistas, por ejemplo. O que hay interdisciplinariedad cuando trabajan físicos y biólogos, matemáticos y expertos en computación, por ejemplo. O en otro plano, que hay interdisciplinariedad porque trabajan historiadores y economistas o antropólogos y sociólogos, o politólogos e internacionalistas, por ejemplo. En todos los casos, hay autoengaño por parte de las comunidades académicas y de investigación. Pues la verdadera interdisciplinariedad no sucede al interior de grupos o familias de ciencias o disciplinas. Por el contrario, sucede cuando trabajan familias y grupos distintos y cruzados. Las neurociencias constituyen un ejemplo conspicuo de verdadera interdisciplinariedad. Algo que en nuestros países está aún lejos de suceder.

El estudio del cerebro y sus aplicaciones

El estudio del cerebro apunta directamente a conocer su estructura y funcionamiento, algo sobre lo cual, si bien la ciencia ha ganado un amplio terreno, es demasiado lo que falta por conocer.

 

Uno de los programas de investigación científica de más largo alcance de punta hoy es el estudio del cerebro. De un lado, por ejemplo, encontramos la Brain Initiative en Estados Unidos, y de otra parte, en la Unión Europea, el Human Brain Project.

La psicología, las ciencias cognitivas, las ciencias del comportamiento, las neurociencias y las tecnologías aplicadas a las mismas: cinco áreas perfectamente entrecruzadas entre sí, y de una importancia estratégica desde varios puntos de vista.

El estudio del cerebro apunta directamente a conocer su estructura y funcionamiento, algo sobre lo cual, si bien la ciencia ha ganado un amplio terreno, es demasiado lo que falta por conocer. Al fin y al cabo, la condición mínima a partir de la cual los seres humanos hacen algo o dejan de hacerlo es el conjunto de sus creencias, temores, ilusiones, deseos, fantasías, frustraciones, angustias y relaciones con el entorno y con el mundo circundante. Es en el cerebro donde se incuban todas estas instancias.

Pues bien, a partir de, en relación con, las iniciativas y proyectos e investigación sobre el cerebro han emergido algunos campos singulares directamente vinculados o extensiones de las investigaciones en curso. Los más importantes de estos campos son los siguientes:

Neuropsicología: Estudia las relaciones entre los procesos mentales y los comportamentales, directamente vinculados con el conocimiento del cerebro. El neuropsicólogo elabora el diagnóstico y tratamiento de los problemas cognitivos, de comportamiento y emocionales que pueden ser el resultado de procesos en el cerebro.

Neuroética: Originariamente vinculada a la bioética, la neuroética consiste en el estudio de los valores, principios y comportamientos éticos y no éticos que tienen los individuos, de modo que puedan elaborarse diagnósticos y explicaciones acerca de por qué y cómo determinados individuos y colectividades actúan con base en tales criterios éticos, o bien en aquellos otros. No en última instancia, se trata de conocer los valores éticos y morales que se anidan en el cerebro de grupos y sociedades.

Neuroderecho: El sentido de una acción estaría anidado en el cerebro. Así, se trata de estudiar por qué existen patologías jurídicas, comportamientos ilegales, comportamientos antiéticos y tendencias a subvertir la ley con una u otra justificación. El neuroderecho permite conocer y anticipar conductas delictivas a partir del estudio del funcionamiento del cerebro en determinados ámbitos sociales, económicos, religiosos o militares.

Neuromarketing: ¿Por qué hay un tipo de consumidores y no otros? ¿Por qué hay ciertas preferencias y cómo y por qué cambian? ¿Cómo son los sentidos afectivos y emocionales que permiten el consumo o lo inhiben? ¿Cómo surgen y se mantienen los gustos de las personas? Estos son algunos de los ejes del neuromarketing. Todo a partir de determinados estímulos de mercadeo —combinados con propaganda, publicidad y diseño.

Neurociencias sociales: De entrada, este grupo de ciencias, o enfoque, se concentra en la interface entre el sistema biológico de los seres humanos y sus comportamientos, poniendo énfasis en las relaciones entre el sistema hormonal y el sistema neurológico. De esta suerte, el cruce entre afectos y emociones, conjuntamente con procesos cognitivos y mentales, se erige como basamento para la comprensión del mundo social. Más puntualmente, el interés radica en la forma como los comportamientos sociales están marcados o influidos por el sistema inmune, el sistema endocrino, los procesos de metabolización y los aspectos mentales e intelectuales.

Neuroeducación: Establecer por qué hay individuos y grupos que aprenden rápidamente y otros más lentamente es el objeto base de las preocupaciones de la neuroeducación. De esta suerte, el aprendizaje y la didáctica deben poder encontrar en las neurociencias (funcionamiento del cerebro) las razones mismas de la pedagogía. En ninguna área es tan evidente que el aprendizaje y el funcionamiento del cerebro forman un todo integrado que habrá de determinar las capacidades, las habilidades y las destrezas de los estudiantes o aprendices.

Neuropolítica: Una de las áreas más sensible de las aplicaciones de las ciencias neurológicas que la política en general. Esto, todos los gestos, gustos, comportamientos e ideas acerca de poder, alianzas, relaciones, aceptación del statu quo, rechazo del mismo, y otros aspectos concomitantes. En una palabra: quién es amigo del sistema y quién no lo es, tanto como quien podría no serlo. La ciencia de grandes bases de datos, el uso de las tecnologías sociales, internet y machine learning, las redes sociales y las tecnologías de comunicación (celulares, etc.) resulta capital en este plano. La idea aquí no es tanto diagnosticar comportamientos, como leer la mente de los usuarios y ciudadanos y entonces anticipar comportamientos.

Existe, naturalmente, una muy fuerte imbricación entre los campos antes mencionados. Y si en todos el uso de las nuevas tecnologías es determinante, en ninguno lo es como en la neuropolítica. En todos los casos, el afán es finalmente uno solo: conocer el cerebro para controlar comportamientos; conocer el cerebro para predecir conductas.

¿El cerebro? Una observación puntual se impone. En realidad, los seres humanos poseen tres cerebros ensamblados en una sola unidad. Estos tres cerebros son: el reptiliano (emociones), el sistema límbico (sentimientos) y el neocórtex (ideas y conceptos). No es evidente que las grandes, las mejores y las más altas decisiones tengan lugar en el neocórtex.

Vivimos una época que es verdaderamente una bisagra y, en ella, el estudio del cerebro resulta estratégico desde muchos puntos de vista. Asistimos apenas a los primeros atisbos de lo que se viene por delante.

"Tabla periódica de células completará atlas del humano"

La biología tiene dos tablas periódicas importantes para la medicina: el mapa del genoma y la de las células humanas, afirmó el científico Eric Lander, quien fue integrante del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología de la administración de Barack Obama.

Al dictar la conferencia magistral Pasado, presente y futuro de la medicina genómica, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, precisó que estas herramientas, en constante actualización, serán preponderantes en los textos que consultarán las próximas generaciones de médicos.

Acompañado por Roberto Tapia, director general de la Fundación Carlos Slim, y Germán Enrique Fajardo Dolci , director de la Facultad de Medicina, habló sobre los inicios del estudio del genoma humano, que datan de hace 30 años. Indicó que el proyecto terminó en 2003. Al principio se consiguió mapear genes para padecimientos mendelianos y en 2007 para los más comunes, como cáncer, diabetes, esquizofrenia o Alzheimer.

Ahora, los científicos, precisó, trabajan en la tabla periódica de las células humanas. El objetivo es desarrollar el atlas completo del cuerpo humano.

El medio ambiente, otro factor de diabetes y obesidad

El matemático también indicó que el hecho de que los genes contribuyan a enfermedades como la diabetes y la obesidad, "no quiere decir que determinan la causa, sino dependen del medio ambiente, como la dieta, el ejercicio, exposición a males infecciosos y quizá cuando ya entendamos una enfermedad a nivel molecular de forma detallada la mejor manera de tratarla sea reducir el consumo de refresco, por ejemplo".

Asimismo, se refirió a las enfermedades autoinmunes. Dijo que han aumentado de manera alarmante en los pasados 100 años por factores medioambientales. "Creemos que hemos limpiado tanto el ambiente que las personas que viven en entornos donde no hay bacterias ni patógenos desarrollan esos padecimientos". Ejemplificó: "Si tomamos unos ratones con predisposición a la diabetes y los criamos en un cuarto limpio sin patógenos, 95 por ciento de ellos desarrollarán la enfermedad, y si criamos otros en un ambiente sucio, sólo 10 por ciento la tendrá".

Por su parte, Fajardo Dolci indicó que la conferencia es parte del Seminario sobre salud digital e implicaciones para la práctica médica.

Tapia señaló que la digitalización aplica hoy en todos los aspectos, y explicó que ésta nace de la convergencia de las revoluciones que se dieron en la genómica.

Jueves, 11 Mayo 2017 07:06

Se necesitan horizontes

Fotografía facilitada el 3 de agosto de 2015 por el grupo opositor Ariha Today que muestra varios edificios supuestamente destruídos tras un bombardeo en Ariha, Siria - efe

 

 

Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3,5 mil millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían preservarlos y hacerlos prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán, construidos en la década de 1980 con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabue, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.

Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dando el biberón a cabritillos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas de cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras que las fronteras entre el Estado y el narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de cincuenta años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.

Para ello, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad solo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?

Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviese una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiésemos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.

Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contraargumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario por el hecho de que el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia solo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y de solidaridad?

Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un tiempo pasado, dorado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.

La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.

El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Es esta la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria una ruptura epistemológica que vengo llamando epistemologías del sur.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

 

 

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Martes, 11 Abril 2017 15:38

La lógica trivalente

La lógica trivalente

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

 

Es conocido que una de las lógicas no clásicas, son las lógicas polivalentes. Es decir, en contraste con la lógica formal clásica, sistemas lógicos de muchos valores. Mientras que la lógica formal clásica —que predominó sin más durante veinticinco siglos— es una lógica bivalente —pues solo sabe de dos valores: verdad y falsedad, 1 o 0—, han emergido lógicas que, sin adjetivar, no son maniqueas (“o lo uno o lo otro”), binarias o dualistas. Un caso conspicuo es la lógica trivalente.

¿Cuántos valores existen en la lógica trivalente? Tres, estos son: verdad, falsedad e incertidumbre.

En efecto, en ciencia como en la vida, en muchas ocasiones hay problemas que no se pueden dirimir enteramente en términos de verdad o falsedad. En muchas ocasiones, sencillamente, no tenemos la información suficiente o el tiempo necesario para una toma de decisión, o sucede también un bloqueo —temporal acaso— para definir si una cosa o la otra. Pues bien, la lógica trivalente reconoce estas situaciones y afirma que, consiguientemente, existe también la incertidumbre. En la notación (técnica) se tiene entonces: 1, ½ y 0. Pues bien, ½ designa la incertidumbre; esto es, aquellos valores que no son verdaderos, pero tampoco falsos.

De esta suerte, mientras que toda la historia de la civilización occidental constreñía a que todas las situaciones, afirmaciones y experiencias del mundo pudieran ser definidas como “una cosa o la otra” —siendo imposible, por definición, cualquier otra alternativa—, el siglo XX hace el aprendizaje de la incertidumbre.

Originariamente, sucede a través de la física cuántica gracias a W. Heisenberg. Si conocemos el lugar de una particular, no sabemos entonces a dónde se dirige, y al revés; si sabemos a dónde se dirige, no sabemos entonces dónde está. La historia de la ciencia cuenta que Heisenberg hizo este descubrimiento a raíz de los debates de Copenhaguen, mientras caminaba, en una noche, por un camino semiluminado. A la luz del farol (o del poste con luz, diríamos hoy), el cuerpo de una persona aparecía y desaparecía, y así llega Heisenberg a su intuición fundamental.

Cultural y epistemológicamente, cabe decir que las verdades y certezas que alguna vez se tuvieron y se conquistaron, no se pierden ni se erosionan para nada. No hemos perdido las verdades. Por el contrario, adicionalmente, hemos ganado la incertidumbre. De esta suerte, la incertidumbre no tiene, en absoluto, un valor negativo —acaso cognitivamente—, sino, por el contrario, un valor positivo. Debemos poder contar con la incertidumbre, no descartarla.

La dificultad estriba en que, para la base de la sociedad, “incertidumbre” aparece como un obstáculo o una dificultad que, consiguientemente, hay que eliminar. La incertidumbre ocupa, así, el mismo rango que el azar o la aleatoriedad; hay que reducirlas e idealmente eliminarlas. El mundo debe poder consistir de verdades y necesidades. Esta es la forma normal de pensamiento y de vida. Las cosas no pueden librarse al azar; tiene que haber necesidades, esto es, razones de por qué ocurren las cosas, puesto que “todo sucede por alguna razón”; así no la sepamos.

Pues bien, la ganancia de la incertidumbre exige el reconocimiento explícito de que ésta no tiene, en absoluto, ningún valor emocional, psicológico o cognitivo. Más exactamente, la incertidumbre, en este contexto, no es un fenómeno que dependa del sujeto y de sus habilidades y fortalezas. Por el contrario, la incertidumbre forma parte de la realidad misma, del mundo tal y como acontece.

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

La incertidumbre, por tanto, tiene exactamente el mismo peso que verdad o que falsedad, y las tres se encuentran exactamente en el mismo nivel; ni más arriba ni más abajo. Podemos contar la incertidumbre y, en lugar de descartarla, tratar de interpretar muy bien su significado. Pues bien, el más radical de sus significados es que hay fenómenos, sistemas y comportamientos que no pueden ser reducidos a verdad o falsedad. El mundo se llena así de un matiz adicional, de una luz nueva y diferente de cara a toda la historia del pasado.

No es, por tanto, necesario ni inevitable que todas las cosas sean verdaderas o falsas sin más y que deban ser irremisiblemente una cosa o la otra. El mundo y la realidad conocen de la incertidumbre, definitiva o parcial. Pues bien, la primera forma de lógica que hace este reconocimiento y que sostiene que “verdad” puede ser, ulteriormente, reduccionista, es la lógica trivalente.

En el mundo actual, la lógica trivalente resulta particularmente sensible y revolucionaria. Particularmente en tiempos y lugares cuando y donde se habla de “hechos alternativos”, “posverdad” e incluso de “comisiones de verdad”. Como si verdad existiera sin más. Lo cierto es que, en la mayoría de las circunstancias, verdad no existe sin o al margen de incertidumbre (o de falsedad).

¿Es posible la vida en la incertidumbre? Nada permite afirmar algo semejante en el marco de la lógica trivalente. Lo que sí se dice, sin ambigüedad, es que paralela, concomitante, simultánea con “verdad” (o falsedad) existe, con la misma legitimidad, la incertidumbre.

Este panorama se torna magníficamente más problemático y sugestivo a la vez, cuando se piensa el mundo y la ciencia con otros matices y gradientes, con otras finezas y problemas. Tal es lo que acontece, por ejemplo, cuando se reconoce que no existen simple y llanamente tres valores, sino, por ejemplo, cuatro. Esto nos conduce a la lógica tetravalente. Pero este es el objeto de otro texto aparte.

Publicado: 11 Abril 2017

Miércoles, 22 Marzo 2017 07:03

¿Qué hace el pensamiento abstracto?

¿Qué hace el pensamiento abstracto?

El pensamiento abstracto nos acerca a las humanidades y a las artes, en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra. Por lo demás, los símbolos nos acercan a las naturaleza, mientras que los conceptos parecieran alejarnos de ella.


Cinco formas particulares, hoy en día, del pensamiento abstracto son: la(s) lógica(s), la(s) matemática(s), la filosofía, la física teórica y la química pura. Ciertamente que existen campos aplicados y experimentales en ellos —la ética empresarial; o las matemáticas financieras; o la nanotecnología; o la química farmacéutica, por ejemplo—, pero cuando son estudiadas sin intereses inmediatos de aplicación o experimentación conllevan numerosas ventajas.


El pensamiento abstracto nos permite simbolizar el mundo y la realidad, y es esa capacidad de referirnos al mundo y a la realidad en términos simbólicos lo que otorga una enorme ventaja selectiva a unos seres humanos sobre otros, a unos grupos y sociedades sobre otras.


Pues bien, sorpresivamente, la capacidad de simbolizar el universo y la realidad nos abre las puertas, de par en par, con las artes; esto es, con la poesía y la literatura, con la música y la arquitectura, entre otras. El arte, dicho de manera general, es una interpretación del mundo y la realidad en términos de símbolos. No ya de entidades particulares y singulares. El símbolo siempre remite desde sí mismo más allá de sí mismo. Los objetos, en tanto que cosas, por el contrario, siempre remiten a sí mismos y agotan el mundo en su propia existencia.


Existe, en la historia de la civilización occidental, un movimiento pendular irregular que parte de la inteligencia entendida como nous –esto es, una inteligencia intuitiva–, pero que es relegada a lugares secundarios e incluso negada durante dos mil quinientos años por parte del logos –la inteligencia de palabra y predicativa o proposicional–. El verbo del nous se dice en griego elnoein, y encuentra en Anaxágoras su punto de partida, y en E. Husserl el único referente siguiente. Originariamente, la historia del nous es la historia de la Grecia arcaica, la cual termina hundiéndose en el pasado de las guerras púnicas, y la guerra de Troya. Por su parte, la historia del logos es la que define a la civilización occidental como tal.


El péndulo, si cabe la metáfora, pareciera tender ahora del logos nuevamente hacia el nous, dado el reconocimiento de que la inteligencia no se agota en aspectos estrictamente cognitivos y predicativos, y que, adicionalmente, existe una capacidad de simbolización que, sorpresivamente, acerca a las ciencias y la lógica a las artes y la poesía. La escisión de las dos culturas nunca había sido tan superada como en los últimos lustros, en términos de cultura y civilización.


El pensamiento abstracto es el “trabajo” con variaciones eidéticas, con la imaginación y la fantasía, como con posibilidades, con juegos imaginarios y el permanente planteamiento de situaciones: “qué sucedería si....” (what if).


Dicho de manera directa y escueta, el pensamiento abstracto no es pensamiento proposicional, sino fantasía y juego. Que es lo que menos aparece o existe en el mundo del trabajo –regido por productividad, eficiencia y eficacia, ganancia y emprendimiento, por ejemplo–, como tampoco en la escuela en general, marcada acaso por competencias –argumentativas, interpretativas y propositivas (sic!).


Dicho de forma llana: se puede enseñar el pensamiento concreto, pero sólo se puede aprender el pensamiento abstracto. En consecuencia, el pensamiento abstracto es bastante más que el mero pensamiento conceptual. La verdad es que la primera forma de comunicación, y la más básica forma de entendimiento entre los seres humanos, no sucede a través de juicios, conceptos, enunciados y demostraciones. Por el contrario, se trata de metáforas y símiles, de sinécdoques, anadiplosis y polisíndeton, entre muchos otros. En una palabra, se trata de tropos. Que es la cara oculta del logos y, por el contrario, la cara visible del nous.


Como se aprecia, el pensamiento abstracto nos acerca a las humanidades y a las artes, en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra. Por lo demás, los símbolos nos acercan a las naturaleza, mientras que los conceptos parecieran alejarnos de ella.


La buena ciencia no consiste en argumentos, juicios y demostraciones. Desde el punto de vista cultural, la buena ciencia es, ante todo, una buena historia, un buen relato. Nadie puede ser un buen científico si no es un buen narrador; como los abuelos alrededor del fuego, como los buenos amigos con un café o un buen vino. Cuando sentimos que el tiempo no existe, porque el mundo entero es el relato.


Si se ha dicho que el trabajo total es creativo y que no sabe de tiempos ni espacios, es porque el investigador está inmerso en la hybris del conocimiento y el descubrimiento. Pero cuando ello sucede, entonces las distinciones entre pensar e imaginar, entre conocer y vivir resultan abstrusas e insostenibles.
Manifiestamente que las formas primeras, como aparece ante la sociedad el pensamiento abstracto, es en la forma de conocimientos altamente elaborados, en filosofía, en lógica, en matemáticas, en física teórica o en química pura. Pero la verdad es que cuando nos encontramos con teóricos que trabajan auténticamente en estos campos, no nos encontramos muy lejos de atisbos de verdadera sabiduría. Con la observación puntual de que la dificultad está en “auténticamente”.


Hay momentos en los que el conocimiento aparece como erudición (en inglés la palabra hermosa es polymath, cuya etimología se remonta al griego antiguo: se dice de aquella persona que aprende mucho o ha aprendido mucho). (No de aquella a la que le han enseñado muchas cosas). (Por su parte la etimología de la erudición sostiene que se refiere a todo aquel que está por fuera de lo rudo o de lo tosco). Una cosa no es lo mismo a la otra.


En términos de la etimología, en un caso, el pensamiento abstracto nos hace seres cultos y civilizados, que es lo que quiere significar lejos de la rudeza y la tosquedad. En otro caso, el pensamiento abstracto nos permite aprender, aprender constante e incesantemente. Gracias a lo cual nos hacemos libres. Y reconocemos que no hay fronteras entre las artes y las ciencias.

 

Publicado: 20 Marzo 2017