"Tabla periódica de células completará atlas del humano"

La biología tiene dos tablas periódicas importantes para la medicina: el mapa del genoma y la de las células humanas, afirmó el científico Eric Lander, quien fue integrante del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología de la administración de Barack Obama.

Al dictar la conferencia magistral Pasado, presente y futuro de la medicina genómica, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, precisó que estas herramientas, en constante actualización, serán preponderantes en los textos que consultarán las próximas generaciones de médicos.

Acompañado por Roberto Tapia, director general de la Fundación Carlos Slim, y Germán Enrique Fajardo Dolci , director de la Facultad de Medicina, habló sobre los inicios del estudio del genoma humano, que datan de hace 30 años. Indicó que el proyecto terminó en 2003. Al principio se consiguió mapear genes para padecimientos mendelianos y en 2007 para los más comunes, como cáncer, diabetes, esquizofrenia o Alzheimer.

Ahora, los científicos, precisó, trabajan en la tabla periódica de las células humanas. El objetivo es desarrollar el atlas completo del cuerpo humano.

El medio ambiente, otro factor de diabetes y obesidad

El matemático también indicó que el hecho de que los genes contribuyan a enfermedades como la diabetes y la obesidad, "no quiere decir que determinan la causa, sino dependen del medio ambiente, como la dieta, el ejercicio, exposición a males infecciosos y quizá cuando ya entendamos una enfermedad a nivel molecular de forma detallada la mejor manera de tratarla sea reducir el consumo de refresco, por ejemplo".

Asimismo, se refirió a las enfermedades autoinmunes. Dijo que han aumentado de manera alarmante en los pasados 100 años por factores medioambientales. "Creemos que hemos limpiado tanto el ambiente que las personas que viven en entornos donde no hay bacterias ni patógenos desarrollan esos padecimientos". Ejemplificó: "Si tomamos unos ratones con predisposición a la diabetes y los criamos en un cuarto limpio sin patógenos, 95 por ciento de ellos desarrollarán la enfermedad, y si criamos otros en un ambiente sucio, sólo 10 por ciento la tendrá".

Por su parte, Fajardo Dolci indicó que la conferencia es parte del Seminario sobre salud digital e implicaciones para la práctica médica.

Tapia señaló que la digitalización aplica hoy en todos los aspectos, y explicó que ésta nace de la convergencia de las revoluciones que se dieron en la genómica.

Jueves, 11 Mayo 2017 07:06

Se necesitan horizontes

Fotografía facilitada el 3 de agosto de 2015 por el grupo opositor Ariha Today que muestra varios edificios supuestamente destruídos tras un bombardeo en Ariha, Siria - efe

 

 

Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3,5 mil millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían preservarlos y hacerlos prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán, construidos en la década de 1980 con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabue, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.

Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dando el biberón a cabritillos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas de cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras que las fronteras entre el Estado y el narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de cincuenta años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.

Para ello, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad solo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?

Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviese una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiésemos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.

Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contraargumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario por el hecho de que el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia solo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y de solidaridad?

Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un tiempo pasado, dorado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.

La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.

El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Es esta la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria una ruptura epistemológica que vengo llamando epistemologías del sur.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

 

 

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Martes, 11 Abril 2017 15:38

La lógica trivalente

La lógica trivalente

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

 

Es conocido que una de las lógicas no clásicas, son las lógicas polivalentes. Es decir, en contraste con la lógica formal clásica, sistemas lógicos de muchos valores. Mientras que la lógica formal clásica —que predominó sin más durante veinticinco siglos— es una lógica bivalente —pues solo sabe de dos valores: verdad y falsedad, 1 o 0—, han emergido lógicas que, sin adjetivar, no son maniqueas (“o lo uno o lo otro”), binarias o dualistas. Un caso conspicuo es la lógica trivalente.

¿Cuántos valores existen en la lógica trivalente? Tres, estos son: verdad, falsedad e incertidumbre.

En efecto, en ciencia como en la vida, en muchas ocasiones hay problemas que no se pueden dirimir enteramente en términos de verdad o falsedad. En muchas ocasiones, sencillamente, no tenemos la información suficiente o el tiempo necesario para una toma de decisión, o sucede también un bloqueo —temporal acaso— para definir si una cosa o la otra. Pues bien, la lógica trivalente reconoce estas situaciones y afirma que, consiguientemente, existe también la incertidumbre. En la notación (técnica) se tiene entonces: 1, ½ y 0. Pues bien, ½ designa la incertidumbre; esto es, aquellos valores que no son verdaderos, pero tampoco falsos.

De esta suerte, mientras que toda la historia de la civilización occidental constreñía a que todas las situaciones, afirmaciones y experiencias del mundo pudieran ser definidas como “una cosa o la otra” —siendo imposible, por definición, cualquier otra alternativa—, el siglo XX hace el aprendizaje de la incertidumbre.

Originariamente, sucede a través de la física cuántica gracias a W. Heisenberg. Si conocemos el lugar de una particular, no sabemos entonces a dónde se dirige, y al revés; si sabemos a dónde se dirige, no sabemos entonces dónde está. La historia de la ciencia cuenta que Heisenberg hizo este descubrimiento a raíz de los debates de Copenhaguen, mientras caminaba, en una noche, por un camino semiluminado. A la luz del farol (o del poste con luz, diríamos hoy), el cuerpo de una persona aparecía y desaparecía, y así llega Heisenberg a su intuición fundamental.

Cultural y epistemológicamente, cabe decir que las verdades y certezas que alguna vez se tuvieron y se conquistaron, no se pierden ni se erosionan para nada. No hemos perdido las verdades. Por el contrario, adicionalmente, hemos ganado la incertidumbre. De esta suerte, la incertidumbre no tiene, en absoluto, un valor negativo —acaso cognitivamente—, sino, por el contrario, un valor positivo. Debemos poder contar con la incertidumbre, no descartarla.

La dificultad estriba en que, para la base de la sociedad, “incertidumbre” aparece como un obstáculo o una dificultad que, consiguientemente, hay que eliminar. La incertidumbre ocupa, así, el mismo rango que el azar o la aleatoriedad; hay que reducirlas e idealmente eliminarlas. El mundo debe poder consistir de verdades y necesidades. Esta es la forma normal de pensamiento y de vida. Las cosas no pueden librarse al azar; tiene que haber necesidades, esto es, razones de por qué ocurren las cosas, puesto que “todo sucede por alguna razón”; así no la sepamos.

Pues bien, la ganancia de la incertidumbre exige el reconocimiento explícito de que ésta no tiene, en absoluto, ningún valor emocional, psicológico o cognitivo. Más exactamente, la incertidumbre, en este contexto, no es un fenómeno que dependa del sujeto y de sus habilidades y fortalezas. Por el contrario, la incertidumbre forma parte de la realidad misma, del mundo tal y como acontece.

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

La incertidumbre, por tanto, tiene exactamente el mismo peso que verdad o que falsedad, y las tres se encuentran exactamente en el mismo nivel; ni más arriba ni más abajo. Podemos contar la incertidumbre y, en lugar de descartarla, tratar de interpretar muy bien su significado. Pues bien, el más radical de sus significados es que hay fenómenos, sistemas y comportamientos que no pueden ser reducidos a verdad o falsedad. El mundo se llena así de un matiz adicional, de una luz nueva y diferente de cara a toda la historia del pasado.

No es, por tanto, necesario ni inevitable que todas las cosas sean verdaderas o falsas sin más y que deban ser irremisiblemente una cosa o la otra. El mundo y la realidad conocen de la incertidumbre, definitiva o parcial. Pues bien, la primera forma de lógica que hace este reconocimiento y que sostiene que “verdad” puede ser, ulteriormente, reduccionista, es la lógica trivalente.

En el mundo actual, la lógica trivalente resulta particularmente sensible y revolucionaria. Particularmente en tiempos y lugares cuando y donde se habla de “hechos alternativos”, “posverdad” e incluso de “comisiones de verdad”. Como si verdad existiera sin más. Lo cierto es que, en la mayoría de las circunstancias, verdad no existe sin o al margen de incertidumbre (o de falsedad).

¿Es posible la vida en la incertidumbre? Nada permite afirmar algo semejante en el marco de la lógica trivalente. Lo que sí se dice, sin ambigüedad, es que paralela, concomitante, simultánea con “verdad” (o falsedad) existe, con la misma legitimidad, la incertidumbre.

Este panorama se torna magníficamente más problemático y sugestivo a la vez, cuando se piensa el mundo y la ciencia con otros matices y gradientes, con otras finezas y problemas. Tal es lo que acontece, por ejemplo, cuando se reconoce que no existen simple y llanamente tres valores, sino, por ejemplo, cuatro. Esto nos conduce a la lógica tetravalente. Pero este es el objeto de otro texto aparte.

Publicado: 11 Abril 2017

Miércoles, 22 Marzo 2017 07:03

¿Qué hace el pensamiento abstracto?

¿Qué hace el pensamiento abstracto?

El pensamiento abstracto nos acerca a las humanidades y a las artes, en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra. Por lo demás, los símbolos nos acercan a las naturaleza, mientras que los conceptos parecieran alejarnos de ella.


Cinco formas particulares, hoy en día, del pensamiento abstracto son: la(s) lógica(s), la(s) matemática(s), la filosofía, la física teórica y la química pura. Ciertamente que existen campos aplicados y experimentales en ellos —la ética empresarial; o las matemáticas financieras; o la nanotecnología; o la química farmacéutica, por ejemplo—, pero cuando son estudiadas sin intereses inmediatos de aplicación o experimentación conllevan numerosas ventajas.


El pensamiento abstracto nos permite simbolizar el mundo y la realidad, y es esa capacidad de referirnos al mundo y a la realidad en términos simbólicos lo que otorga una enorme ventaja selectiva a unos seres humanos sobre otros, a unos grupos y sociedades sobre otras.


Pues bien, sorpresivamente, la capacidad de simbolizar el universo y la realidad nos abre las puertas, de par en par, con las artes; esto es, con la poesía y la literatura, con la música y la arquitectura, entre otras. El arte, dicho de manera general, es una interpretación del mundo y la realidad en términos de símbolos. No ya de entidades particulares y singulares. El símbolo siempre remite desde sí mismo más allá de sí mismo. Los objetos, en tanto que cosas, por el contrario, siempre remiten a sí mismos y agotan el mundo en su propia existencia.


Existe, en la historia de la civilización occidental, un movimiento pendular irregular que parte de la inteligencia entendida como nous –esto es, una inteligencia intuitiva–, pero que es relegada a lugares secundarios e incluso negada durante dos mil quinientos años por parte del logos –la inteligencia de palabra y predicativa o proposicional–. El verbo del nous se dice en griego elnoein, y encuentra en Anaxágoras su punto de partida, y en E. Husserl el único referente siguiente. Originariamente, la historia del nous es la historia de la Grecia arcaica, la cual termina hundiéndose en el pasado de las guerras púnicas, y la guerra de Troya. Por su parte, la historia del logos es la que define a la civilización occidental como tal.


El péndulo, si cabe la metáfora, pareciera tender ahora del logos nuevamente hacia el nous, dado el reconocimiento de que la inteligencia no se agota en aspectos estrictamente cognitivos y predicativos, y que, adicionalmente, existe una capacidad de simbolización que, sorpresivamente, acerca a las ciencias y la lógica a las artes y la poesía. La escisión de las dos culturas nunca había sido tan superada como en los últimos lustros, en términos de cultura y civilización.


El pensamiento abstracto es el “trabajo” con variaciones eidéticas, con la imaginación y la fantasía, como con posibilidades, con juegos imaginarios y el permanente planteamiento de situaciones: “qué sucedería si....” (what if).


Dicho de manera directa y escueta, el pensamiento abstracto no es pensamiento proposicional, sino fantasía y juego. Que es lo que menos aparece o existe en el mundo del trabajo –regido por productividad, eficiencia y eficacia, ganancia y emprendimiento, por ejemplo–, como tampoco en la escuela en general, marcada acaso por competencias –argumentativas, interpretativas y propositivas (sic!).


Dicho de forma llana: se puede enseñar el pensamiento concreto, pero sólo se puede aprender el pensamiento abstracto. En consecuencia, el pensamiento abstracto es bastante más que el mero pensamiento conceptual. La verdad es que la primera forma de comunicación, y la más básica forma de entendimiento entre los seres humanos, no sucede a través de juicios, conceptos, enunciados y demostraciones. Por el contrario, se trata de metáforas y símiles, de sinécdoques, anadiplosis y polisíndeton, entre muchos otros. En una palabra, se trata de tropos. Que es la cara oculta del logos y, por el contrario, la cara visible del nous.


Como se aprecia, el pensamiento abstracto nos acerca a las humanidades y a las artes, en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra. Por lo demás, los símbolos nos acercan a las naturaleza, mientras que los conceptos parecieran alejarnos de ella.


La buena ciencia no consiste en argumentos, juicios y demostraciones. Desde el punto de vista cultural, la buena ciencia es, ante todo, una buena historia, un buen relato. Nadie puede ser un buen científico si no es un buen narrador; como los abuelos alrededor del fuego, como los buenos amigos con un café o un buen vino. Cuando sentimos que el tiempo no existe, porque el mundo entero es el relato.


Si se ha dicho que el trabajo total es creativo y que no sabe de tiempos ni espacios, es porque el investigador está inmerso en la hybris del conocimiento y el descubrimiento. Pero cuando ello sucede, entonces las distinciones entre pensar e imaginar, entre conocer y vivir resultan abstrusas e insostenibles.
Manifiestamente que las formas primeras, como aparece ante la sociedad el pensamiento abstracto, es en la forma de conocimientos altamente elaborados, en filosofía, en lógica, en matemáticas, en física teórica o en química pura. Pero la verdad es que cuando nos encontramos con teóricos que trabajan auténticamente en estos campos, no nos encontramos muy lejos de atisbos de verdadera sabiduría. Con la observación puntual de que la dificultad está en “auténticamente”.


Hay momentos en los que el conocimiento aparece como erudición (en inglés la palabra hermosa es polymath, cuya etimología se remonta al griego antiguo: se dice de aquella persona que aprende mucho o ha aprendido mucho). (No de aquella a la que le han enseñado muchas cosas). (Por su parte la etimología de la erudición sostiene que se refiere a todo aquel que está por fuera de lo rudo o de lo tosco). Una cosa no es lo mismo a la otra.


En términos de la etimología, en un caso, el pensamiento abstracto nos hace seres cultos y civilizados, que es lo que quiere significar lejos de la rudeza y la tosquedad. En otro caso, el pensamiento abstracto nos permite aprender, aprender constante e incesantemente. Gracias a lo cual nos hacemos libres. Y reconocemos que no hay fronteras entre las artes y las ciencias.

 

Publicado: 20 Marzo 2017

Cómo cocinar para aprovechar al máximo las propiedades de nuestra comida

 

Una preparación y cocción adecuada potencia la absorción de los nutrientes

 

En contacto con el fuego, nuestros alimentos se transforman: su olor, su consistencia y color mutan. Pero no sólo eso. El método culinario de cocción que utilizamos también altera el contenido nutritivo y calórico, produciéndose una mayor o menor pérdida de vitaminas y minerales.

Habitualmente cocinamos como más nos gusta encontrarlos en el paladar, sin tener en cuenta de qué forma ese alimento nos puede aportar más beneficio. Pero ambas cuestiones se pueden conjugar. A continuación, mostramos algunos consejos para conservar al máximo las propiedades en nuestros platos.

 

Las verduras: al vapor o hervidas

 

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Brócoli al vapor (1MoreCreative / Getty)

 

Son las cocciones más adecuadas para reducir la pérdida de nutrientes, sobre todo de aquellas vitaminas sensibles al calor, como pueden ser la b1, b2 o el ácido fólico y que pueden acabar destruyéndose o quedándose en el agua. La cocción al vapor es la que mejor mantiene los nutrientes, ya que no se produce contacto con el agua.

Además, también se conserva más su sabor. Para esta técnica, hay que asegurarse de que el recipiente es suficientemente amplio para que se pueda generar vapor. Si el vegetal lo permite, se pueden añadir unas gotas de limón al agua para que este ácido orgánico frene la pérdida de vitaminas.

Si hervimos las verduras, algunas de las medidas que podemos tomar son: usar la mínima cantidad de agua; cortar los vegetales justo antes de cocinarlos y hacerlo en trozos grandes; reducir la cocción de forma que queden al dente; pasarlos por agua fría para cortar la cocción; y, como en el caso del vapor, añadir unas gotas de limón.

 

Granos, legumbres y semillas: el “problema” de los antinutrientes

 

Los antinutrientes son compuestos naturales que protegen el alimento pero impiden o dificultan la absorción de los nutrientes que éste nos aporta. Hay de diversos tipos y están presentes en muchos de nuestros alimentos más comunes y nutritivos. Quizás el más famoso sea el ácido fítico, presente mayoritariamente en los cereales sin refinar, frutos secos y semillas.

 

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Lentejas (Image Source / Getty)

 

Los antinutrientes son un buen ejemplo de componentes que son, a la vez, enemigos y amigos. Se consideran enemigos por su capacidad de unirse a los minerales y vitaminas, dificultando su asimilación en el organismo.

Sin embargo, sin exceso pueden ser beneficiosos, pues esta unión también se da en metales como el aluminio y, por tanto, contribuye a eliminarlos de nuestro cuerpo. Para evitar el exceso, se recomienda poner en remojo toda la noche y después enjuagar bien, no sólo las legumbres, sino también los cereales, frutos secos y semillas.

Este proceso es especialmente importante cuando vayamos a ingerirlos crudos, ya que la cocción en sí destruye buena parte de los antinutrientes.

 
Infusiones y zumos: las hierbas mejor vivas

 

Tanto si vamos a preparar una infusión como si van a formar parte de un zumo natural, las hierbas siempre son más nutritivas vivas que secas. Cuando las infusionamos, debemos lograr la máxima fusión de la hierba con el agua, para que se transmita su valor nutricional más fácilmente. Y esto sólo se consigue si las cortamos en trozos muy pequeños o las machacamos.

 

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Smoothie de espinacas (Lecic / Getty)

 

En el caso de las plantas blandas (diente de león, cola de caballo, ortiga, y un larguísimo etcétera), se hierve el agua antes y, una vez hervida, se añaden los tallos.

Pero si tratamos con plantas más duras como es el caso de las raíces de cúrcuma o cardamomo (con una estructura muy leñosa), la raíz se incorpora en la cocción desde el principio. En todos los casos, la calidad del agua es fundamental.

 

 

 

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La lucha por la medalla de oro en ciencia, y en filosofía

Hacer ciencia —o filosofía— es una cosa sumamente difícil, porque solo existe medalla de oro. En todas las otras prácticas, oficios, actividades no necesariamente se tiene que ser el mejor.

 

Los griegos antiguos crearon la comedia y la tragedia. El drama fue un invento posterior. Pues bien, la tragedia en ciencia —como en filosofía— es que sólo existe medalla de oro. En ciencia no existe medalla de plata, medalla de bronce, diploma de participación o premio de consolación.

La medalla de oro consiste en que sólo se puede pensar aquello no ha sido pensado, no se puede descubrir aquello que ya ha sido descubierto, y no se puede inventar lo que ya está inventado. Esto significa, literalmente, que en la carrera de la ciencia, sólo gana quien llegue primero. Y como en todas las carreras de largo aliento, ello implica mucha preparación propia, pero también mucha estrategia y conocimiento de los contendores, tanto como considerar imponderables de última hora (el azar).

La historia de la ciencia, de una ciencia y disciplina a otra, está plagada de ejemplos de atletas (del pensamiento y la investigación) que llegaron segundos o terceros y nunca lograron ganar una medalla de oro, que bien hubieran podido merecer. El factor tiempo juega un papel crucial en la investigación y en la publicación de los resultados.

En ciencia, el proceso investigativo permite y exige al mismo tiempo adelantar avances de investigación. Pero dichos avances deben ser de tal índole que la “gran sorpresa” (si existe; cuando existe) no deba ser anticipada con obviedad antes justamente del anuncio de la misma. Esta es una situación difícil, que en la práctica se dice fácil, pero resulta más complicada de llevarla a cabo.

El gran producto de la investigación —latu sensu— debe poder ser adecuadamente ponderado, de suerte que la publicación del mismo, en forma de artículo o de libro, por ejemplo, tenga lugar en el mejor de los momentos y de los canales posibles. Muchas veces es posible anticipar, si no esta línea de acción, sí, por lo menos, el umbral mínimo posible para que ello tenga lugar.

Es aquí exactamente cuando tiene lugar la especificidad de la ciencia, a saber: tiene canales específicos, propios, y hay que saber elegirlos. Es lo que los estadounidenses llaman, apropiadamente, “The right man in the right place”, una expresión que simple y llanamente denota la buena combinación de fortuna y oportunidad con estrategia y disciplina de trabajo.

Existen muchas forma en que se expresa la medalla de oro en ciencia —o en filosofía—, pero la más determinante es la adscripción de un idea original, un descubrimiento anodino o una invención inaudita a alguien. Los premios, si los hay o si los llega a haber, son simplemente el producto derivado del reconocimiento de que “X descubrió que Y”, por así decirlo. O que “la idea A fue originalmente formulada por B”.

Si el gran premio para un artista es un aplauso cerrado y acaso sostenido en el tiempo —y si se puede con ovación y todo—, para los pensadores y científicos el equivalente es el reconocimiento explícito de haber formulado con originalidad una idea, un invento o un descubrimiento.

Desde luego que siempre habrá antecedentes, una historia o prehistoria del logro alcanzado. Ese no es el punto. Cuando alguien es grande, existe explícitamente el reconocimiento de deuda a otros. Como Newton: sobre hombros de gigantes. Aunque claro, siempre pueden haber excepciones a esta regla de nobleza e integridad intelectual (como es el caso propio de Heidegger, o de Habermas, entre otros).

Es suficientemente sabido que el mundo de la ciencia en general es un mundo de grandes egos. Pero una explicación parcial es justamente la medalla de oro que está en disputa. La verdad es que son siempre, por definición, para cada quien, muchos los competidores. Y cada uno mejor que el otro. Con todo y que siempre puede existir o aparecer un “novato” que salga con una idea, invención o descubrimiento que pueda ser sorprendente. Y que es generalmente lo que sucede.

La ciencia no avanza tanto por quienes ya son insiders, sino, muchas veces, por outliers y newcomers, que llegan con bríos, enfoques, aproximaciones y logros que pueden, al traste, lo que otros más avanzados en edad y en trabajo ya habían logrado. También la historia de la ciencia es abundante en ejemplos y casos al respecto.

La peor de las tragedias para un científico o filósofo consiste en el hecho de que un logro propio no se le reconozca como tal. No es ni siquiera que alguien le robe una idea, pues esta clase de fechorías siempre terminan por ser descubiertas. Robos existen todos los días, y malas apropiaciones de ideas. Esto es, casi, pan de cada día. Pero un gran logro es la gran apuesta, por así decirlo, de quien ha dedicado muy largas noches y días a elaborarla y, al cabo, escribirla y publicarla.

Porque, desde luego, la ciencia —como la filosofía— sólo se hacen, desde hace mucho tiempo, escribiendo y publicando. Sólo que hay que saber hacerlo, y este es un arte que se aprende con el tiempo; o con un muy buen golpe de suerte. Que también existe. (En la época laica, la diosa Fortuna ha terminado siendo subvalorada. Casi todas las culturas y civilizaciones clásicas cuentan entre sus dioses al equivalente de la diosa Fortuna. “Suerte”, dirían las gentes hoy en día)

La ciencia —al igual que la filosofía— es un asunto de mucha disciplina y pathos personal. No una cosa más que la otra. Se trata de ese pathos y disciplina que se convierten en un estilo de vida, no simplemente en un trabajo o una labor.

Hacer ciencia —o filosofía— es una cosa sumamente difícil, porque solo existe medalla de oro. En todas las otras prácticas, oficios, actividades no necesariamente se tiene que ser el mejor. Existen legiones de profesores, y los hay muy buenos, excelentes incluso. Y hay también legiones de científicos, inventores, descubridores, pensadores. Aquellos llevan a cabo una labor fundamental, a saber: contribuir a la apropiación social, a la divulgación del conocimiento. Jamás podremos pagar suficientemente la deuda con ellos. Pero es que hay, además, la legión de quienes se dan a la tarea de crear —ideas, conceptos, modelos, teorías, ciencias—. Para éstos sólo hay medalla de oro. Aunque no todos puedan ganársela, e incluso no en franca lid —como juego limpio (fair play).

Fecha: Marzo 6 de 2017

Miércoles, 01 Marzo 2017 08:22

La menstruación secuestrada

La menstruación secuestrada

 

Mancha, huele y en muchos casos duele. Pero en los anuncios sigue apareciendo como un líquido azul. Aunque cada vez se habla más de la menstruación (gracias a la labor pedagógica de las activistas menstruales), aún es un tema que permaneceoculto. Porque tiene que ver con el cuerpo de la mujeres. Si los hombres menstruaran igual hoy tendríamos otro sistema social y laboral. Y tal vez se hubiera investigado más la regla. Y quizá no se aceptaría el dolor como ‘normal’.

 

SILVIA MELERO ABASCAL @SilviaMeleroAba


“La menstruación es un tabú porque poner el foco en ella plantearía hacer un cambio en el sistema social y laboral”. Alicia Domínguez es especialista sanitaria, psicóloga, doula y autora del blog Üteropías. “Empecé a fantasear con la idea de cómo sería una sociedad organizada desde la salud femenina. Me la imagino más centrada en lo creativo que en lo productivo o lo competitivo, con un tono de relación amable, sin prisa, sin estrés asumido como normal, desde el cuidado, donde seamos dueñas de nuestro cuerpo y funcionemos según nuestras necesidades biológicas de descanso, placer o actividad. Desde un punto de vista auto-regulado y no socio-regulado”.

Cuando empezó a conocer los condicionantes socioculturales que influyen en la salud uterina (provocando patologías) se dedicó a profundizar en los procesos ginecológicos y fisiológicos. “Es revelador y revolucionario conocer tu cuerpo, tu menstruación, tus ciclos... Tiene una capacidad de generar cambios muy potente”.

Con su proyecto La Vía del Útero ofrece talleres a grupos de mujeres. “Nuestro útero responde a determinadas emociones. Vemos cómo es un útero que funciona de una forma saludable. Se trata de recuperar un lugar de referencia que no tenemos. Durante mucho tiempo ha sido concebido sólo como un espacio para tener hijos o un lugar de enfermedad y de dolor, no como vivencia en el cuerpo de la mujer. El útero fisiológicamente es un lugar de placer y de salud”.

El problema es que toda esa información no es tan accesible. Cuando a una niña le viene la regla, la frase que suele recibir es: “Ten cuidado, a partir de ahora te puedes quedar embarazada’. Desde ese momento, vivirá la menstruación como un tabú. Para normalizarla y visibilizarla, Diana Fabianoba dirigió el documental La Luna en ti, una película que ha cambiado la vida de muchas mujeres. “Las cartas que recibo me emocionan, mujeres que entendieron que no son las únicas a las que les pasan cosas, no son raras, no son cosas suyas. El dolor no es parte de ser mujer, no es su destino por ser mujer. Los médicos nos dicen que es lo normal, que la menstruación duele, que vas a parir con dolor. Lo han convertido en Biblia. Nadie debería sentir dolor, hay que cambiar eso. No hay una receta única, pero sí caminos individuales para cada una. Yo encontré el mío y me funcionó”.

 

 

"El útero es un lugar de placer y de salud"

 


El documental muestra, por ejemplo, cómo la danza del vientre de la terapeuta Mónica Lanzadera provoca cambios en las mujeres que se dedican a ellas mismas y ponen su atención hacia adentro”. El 80% de las mujeres sufre molestias físicas y psicológicas durante la menstruación. Sólo al síndrome premenstrual se le atribuyen 150 síntomas diferentes. Diana se fijó en que a nadie parece importarle que haya millones de mujeres infelices y un extraño silencio en torno a la menstruación. “Si a las mujeres se les deja espacio para menstruar sin presión, ellas son mucho más productivas en el resto del mes, si se acepta su propia naturaleza con sus espacios de descanso y cuidado, luego se rinde mucho más. Es bueno para la economía”.Para seguir divulgando, la directora hizo un segundo documental (Monthlies) dirigido a adolescentes, en el que desmonta mitos y aborda el tema con información y claridad.

 

Menstruar mola


Erika Irustra, investigadora, pedagoga y activista menstrual, asegura que ‘menstruar mola’. Lleva años dedicada a la educación a través de El Camino Rubí, una web que alberga la primera comunidad sobre ciclo menstrual (con escuela online incluida). “No puede ser que la mitad del planeta tenga el cuerpo mal. Yo no estoy mal. El mundo se ha diseñado sin la mitad del planeta y sobre ella. El problema es cómo se gestiona. Asumimos que el dolor es cosa nuestra, que es intrínseco o propio del cuerpo femenino, no del entorno estresante del sistema productivo. Nos sentimos culpables todo el rato y eso genera estrés y alteración hormonal con puntos de dolor. La manera en que comemos o dormimos (o no) nos afecta. Esto nos enferma. Aceptamos que somos nosotras las que fallamos. Respuesta que te dan: Ibuprofeno o ten un hijo”.

 

 

"El mundo se ha diseñado sin la mitad del planeta y sobre ella"

 


La investigadora explica que los temas de educación sobre la regla están en manos de la industria de higiene femenina o reproducción, sin tener en cuenta factores biológicos o emocionales, abordando la cuestión sólo desde la parte médica, farmacológica o de productos como compresas o tampones. A la industria tampoco le interesa hablar de la copa menstrual, una opción más ecológica, económica y saludable.

“La causa fundamental del tabú es que nosotras menstruamos y ellos no. Tenemos cuerpos de segunda. Si menstruaran ellos, el sistema social se organizaría en torno al ciclo menstrual. Seguimos regidos por una cultura judeocristiana, con cimientos culturales por los que las mujeres tenemos que superar el cuerpo que somos”. Y aunque hablar de la menstruación cada vez es más frecuente, asegura que se da una falsa normalización. “Hay una idea de que no es un tabú, es normal, es algo fisiológico, no pasa nada. Pero eso es mentira. Las compresas en los anuncios de televisión siguen manchándose de líquido azul. Las mujeres seguimos creyendo que no nos afecta, con un discurso normalizador que hace que no entendamos necesario conocernos. Pero cuando compartimos, nos damos cuenta. Tienes razón. No estás loca. Eres cíclica. No te pasa sólo a ti. Nos pasa a todas”.

 

 

"Las compresas en los anuncios de televisión siguen manchándose de líquido azul"

 


Para Diana, hay mucho interés aún hoy en que siga siendo un tabú por varios aspectos, uno de ellos económico. “Se convierte en vergüenza social menstruar, manchar la ropa. Muchas mujeres se ponen tampón e incluso compresa a la vez para asegurar que no se manchan, o cambian con más frecuencia la compresa para que no se note. Las multinacionales lo saben, les interesa que nos siga dando vergüenza. Las mujeres en Inglaterra hace unos meses salieron a la calle para decir que no quieren pagar el impuesto de lujo que llevan estos productos. Saben que nos callamos, que nos da vergüenza hablar de esto, que lo tapamos. Hacemos invisible la regla, como si no existiera. Estar guapa y deseable es estar sin sangre”.

Y recuerda también el aspecto político. “La menstruación fue un argumento para que una mujer no fuera piloto o jefe porque no se podía confiar en su capacidad y responsabilidad, dada su inestabilidad. Argumento también para no ser sacerdotisas, son impuras, no son limpias, no hay que tocarnos cuando menstruamos. Llevamos milenios con esto en las religiones”.

En su documental habla de esa impureza por la que el catolicismo dictaba qué podían hacer o no las mujeres dado que la sangre menstrual ‘nublaba’ su capacidad para pensar.

 

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Sobre tradiciones y mitos


Aunque la mayoría de las supersticiones sobre la menstruación son negativas, en Eslovaquia una antigua tradición cuenta que durante el invierno las chicas que estaban menstruando eran arrastradas en trineo por los campos para fertilizar la tierra. Diana entrevistó en México a la abuela Margarita, una sabia curandera maya. “Aprendí muchas cosas, ella y su tribu ven la sangre menstrual como algo muy valioso que hay que agradecer a la Madre Tierra. Riegan plantas y flores con sangre menstrual, les parece terrible tirar esos nutrientes, establecen ese vínculo con la tierra y la fertilidad”. Hay culturas en las que se enseñaba a las chicas desde edades tempranas a trabajar con sus cuerpos, aprendiendo a ejercitar el útero (el músculo más elástico). Los partos era indoloros, incluso orgásmicos. Lo que en otras épocas fue fuente de poder femenino, hoy es motivo de pérdida de poder y se vive como algo sucio.

Alicia subraya que en los años 50 se hicieron investigaciones sobre el útero y encontraron que en determinadas culturas no se concebía el dolor del parto y que para algunas mujeres incluso era un proceso placentero. “Luego Casilda Rodrigáñez ha hecho un trabajo precioso de recuperación de la información sobre sexología (que se ha quedado fuera de la información masiva a la que accedemos).

 

 

"Lo que en otras épocas fue fuente de poder femenino, hoy es motivo de pérdida de poder"

 


Los partos son dolorosos porque el útero está contraído. Durante una menstruación, un orgasmo y un parto, lo que pasa en el útero es lo mismo: se está moviendo. El útero en su estado de salud tiene un movimiento libre, tiene pulso”. Nuestras posturas corporales, la rigidez, la autoestima, la exigencia e imposición de un canon estético, las tensiones y otros factores lo contraen y eso genera dolor.

Una propuesta es recuperar la sensación física del útero y relajarlo. “Si tienes contracciones muy fuertes durante la regla, puede ser un desajuste bioquímico, a lo mejor lo puedes resolver con la alimentación, con magnesio. Pero otro aspecto importante es la relajación del útero”. Cita a Mónica Felipe-Larralde, autora del blog (Estudio sobre el útero), en el que plantea una relajación sencilla. Los resultados de su estudio demostraron que al hacer diariamente la relajación uterina, la mayoría de las mujeres dejaron de tener dolores menstruales. Para Alicia, liberar el cuerpo de la mujer es una revolución social. “Que la mujer conecte con su cuerpo y libere su sexualidad (la sexualidad no es sólo genitalidad, es energía vital), sus procesos hormonales, su capacidad creativa en sus ciclos de fertilidad. Tenemos muy avanzado el discurso de la igualdad y el feminismo pero en la práctica cotidiana tenemos muchos condicionantes interiorizados (sumisión, no demostrar demasiado placer, no expresar sensualidad).Se trata de recuperar eso pero para nosotras mismas, no con el fin de ser objeto de deseo. Recuperar nuestro sistema de placer como sistema de salud”.

Erika afirma que el autoconocimiento implica una revolución mundial. “Implica una cultura de la menstruación, del cuidado, para no tener enfermedades que no se investigan porque son nuestras. Yo creía que tenía un problema, que tendría que ir al psicólogo. De repente una semana me pongo a llorar, otra me río, ¿qué es esto? Me siento bien ahora en mi pellejo, menos vulnerable. Dejar de ser tu mayor enemiga para sentirte adecuada, apropiarte de tu cuerpo. Cuando naces niña es tuyo pero te lo alquilan. Hasta el Estado puede legislar sobre él. Vivimos como zombis en un cuerpo que no conocemos”.

 

 

 

Publicado enSociedad
Una breve nota de antropología de la ciencia

 

La antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

 

Es un hecho establecido que, en la ciencia y en la metodología normales, se habla: a) de el método científico (como si no fueran posibles otros, varios, múltiples), y b) del método científico como consistente en observación, descripción, formulación de hipótesis, verificación o contrastación o falsación de la hipótesis con la experiencia, y entonces formulación de un modelo o de una teoría acerca de los fenómenos. Hasta aquí nada nuevo.

La pregunta que surge es: ¿qué explica, por qué razón se asumió desde la modernidad que el método científico consistía o consiste en estos pasos? La antropología aporta luces que permiten entender el mito fundacional de la ciencia clásica y normal imperante.

Cada época desarrolla la ciencia que puede y, al mismo tiempo, cada época desarrolla la ciencia que necesita. Pues bien, sin ambages, toda la ciencia moderna, desde Bacon hasta Pasteur, desde Vesalius hasta Galileo, desde Leeuwenhoek hasta Newton, por ejemplo, o también, desde Descartes hasta Adam Smith, es la ciencia de la burguesía como clase social en ascenso. Esta burguesía triunfará políticamente en 1789 y económicamente con la Revolución Industrial.

Si hemos de creer a dos fuentes distintas, pero cercanas, de acuerdo con Hegel (Fenomenología del espíritu) y a Marx (Contribución a la crítica de la economía política), la burguesía no hace nada: simplemente paga para que los campesinos o los obreros hagan el trabajo. De forma habitual, un burgués no sabe coser un botón, no sabe cultivar la tierra o preparar un plato en la cocina, no sabe reparar una máquina, lavar un perro o cuidar de una vaca. Y es que no necesita saberlo porque tiene el capital que le permite pagar por el trabajo. Trabajo físico o intelectual que otros hacen.

El burgués de la modernidad temprana, mediana y tardía sencillamente observa pasar el mundo; observa los acontecimientos, incluso, si se quiere a distancia, y los describe. Desde la comodidad de su estudio, de su casa o de su hacienda, formula hipótesis y demás, pero jamás se ensucia las manos. La ciencia moderna genera una conciencia epifenoménica; es justamente la conciencia de la burguesía, en el sentido cultural, social e histórico de la palabra.

Precisamente por esta razón, el método científico nació y se estableció de la forma como se ha transmitido hasta la fecha.

El método científico nace como resultado de la mentalidad fisicalista producto del triunfo de la mecánica clásica y se corresponde perfectamente con la mentalidad deductiva o hipotético–deductiva que caracteriza a la civilización occidental: “si los hechos no se ajustan a mi modelo o a mi teoría, tanto peor para el mundo”. Los modelos jamás fallan; es, en el peor de los casos, la comprensión y la aplicación de los modelos —por parte de otros— lo que falla. La economía y las finanzas son un ejemplo conspicuo al respecto.

El mundo se observa a la distancia, y la distancia y el distanciamiento son justamente lo que da origen a la actitud, al método y a la aproximación del mundo propio de la ciencia moderna. Al fin y al cabo, la perspectiva, descubierta originariamente por Brunelleschi, implica el hecho cultural, científico y social de que cada quien tiene su (propia) perspectiva. Esto es, su punto de vista.

Así, la burguesía, contra el peso de la Iglesia en el medioevo, descubre que una perspectiva sobre el mundo y la realidad es posible, y ello va intrínsecamente ligado al descubrimiento del individualismo. Cada quien tiene su punto de vista. Y eso es respetable, se dice.

De consuno, el método científico permite y garantiza la objetividad y la universalidad de la ciencia, de los experimentos, de los argumentos. Que es justamente el fundamento de todo el mundo moderno. Y del mundo normal vigente a la fecha.

De esta suerte, el método científico se erige en canónica frente a los razonamientos tanto como frente a los fenómenos y los hechos. De partida, la primera afirmación fuerte de la conciencia moderna es el reconocimiento de los hechos, de los fenómenos: facts – data. Sin datos es imposible hacer ciencia, y los datos son susceptibles de observación y descripción, y demás.

De esta suerte, la forma normal de hacer ciencia es tomando distancia de los fenómenos, y sí, justamente, observándolos, describiéndolos y los demás pasos. Dicha ciencia y método garantiza varias cosas, así: en primer lugar que la prerrogativa de la buena conciencia consiste en observar y explicar el mundo y que, por tanto, es la prerrogativa de la buena ciencia formular modelos acerca de la realidad y la naturaleza. La capacidad comprensiva y explicativa del modelo define exactamente la realidad misma de los fenómenos.

Pues bien, la conciencia epifenoménica, fundante de el método científico es, al mismo tiempo, una conciencia distante e indolente del mundo. Como lo pusieron de manifiesto gente como I. Prigogine y S. Kauffman, desencantó el mundo. El mundo se volvió, simple y llanamente, un amasijo de hechos, datos, observaciones y modelos; y en el mejor de los casos, de teorías subsecuentes.

Una conciencia semejante no se compromete con el mundo ni con nada, porque ya tiene sus intereses creados, sus zonas de confort y sus ganancias aseguradas de antemano. La indolencia, el desapego y el desafecto son las consecuencias necesarias del método científico. “Que al mundo le duela lo que le haya doler, porque la ciencia es objetiva y universal”. Lo cual, en realidad, no es sino la traducción epistemológica de la más cara de las consignas de los poderes e imperios: “dura es la ley, pero es la ley”; desde los romanos.

Por lo demás, el desencantamiento del mundo vuelve psicótico al universo del conocimiento: es exactamente la idea de las dos culturas; las ciencias de un lado, y las humanidades de otro.

Como se aprecia, la antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

La historia en el futuro inmediato pondrá de manifiesto lo que pueda suceder de la revolución científica en curso en la que nos hallamos, todos, inmersos. Entonces, la propia antropología de la ciencia habrá cambiado, junto al cambio mismo de la ciencia, y del mundo.

 

 

Las nefastas consecuencias de la metafísica

 

La metafísica murió como ciencia, pero permanece aún como estilo de vida y de pensamiento. Y se cuela por las rendijas de la cultura y las disciplinas, haciéndole, finalmente, todos los favores que los violentos, los superficiales (mafiosos de todo tipo, por ejemplo) y los detentadores del poder desean.

 


La metafísica es un asunto que aparentemente interesa sólo a los filósofos, pero cuyas consecuencias se sienten en toda la sociedad y por toda la cultura.

La metafísica instaura, ya en los comienzos de esta civilización occidental, la división entre teoría y práctica. Y de consuno, enseña a pensar en términos analíticos —esto es, mediante división, segmentación, fragmentación—, así como a clasificar y jerarquizar el conocimiento y a la naturaleza entera. Entonces la sociedad aprendió a clasificar y a categorizar todas las cosas. Como si fuera algo natural.

Más allá de las particularizaciones técnicas de la metafísica —por ejemplo la preocupación por el to on he ion, o acaso también por el to ti en einai—; más allá de los accidentes que afirman que la metafísica se debe a un capricho de un tal Andrónico de Rodas; más allá de que los filósofos hayan afirmado durante milenios que la metafísica es el tronco del árbol del conocimiento —lo cierto es que todas las áreas que alguna vez formaron parte de la misma se han independizado con el curso de los tiempos.

Así, por ejemplo, nació la lógica sin metafísica (una expresión precisa de E. Nagel, un lógico conspicuo); nacieron todas las ciencias sociales y humanas, y la propia física y las ciencias naturales, la última vez que usaron el mote fue justamente con Newton cuando habló de una “filosofía de la naturaleza”. Nació la estética y también la historia al margen de la metafísica y la ontología, y adquirieron, todas, un estatuto social y un estatuto epistemológico propios. En fin, todos los campos que alguna vez formaron parte de la filosofía, sin más, se independizaron de la misma. (Todos menos uno: la ética; pero esto es tema de otro texto aparte). Sin embargo, el estilo de pensamiento (mindset) de la metafísica permaneció.

Todo comenzó antes de Aristóteles, con Platón. En su lucha, siempre bien justificada, contra los sofistas, la palabra más repetida en toda la obra de Platón es horismós; esto es, distinción, distingamos. Y se establecieron distinciones de conceptos, de planos, de contextos.

Al fin y al cabo los sofistas —cuya expresión contemporánea son los populistas, los de izquierda o los de derecha— siempre han mezclado todo, hacen un batiburrillo mental, tienen una inmensa capacidad retórica y van confundiendo a las gentes con cosas que nada tienen que ver unas con otras, mezclando lo que se puede mezclar, uniendo lo que no tiene el caso unificar.

Y entonces Sócrates–Platón insiste: separemos, distingamos, no confundamos, vayamos por partes. Las tiranías y dictaduras de toda clase siempre han encontrado en las funciones del lenguaje armas más idóneas y han armado guerras y conflictos, y alcanzado o conservado el poder a fuerza de palabras que–no–dicen–cosas, alterando los hechos, torciendo los fenómenos y la realidad. Al fin y al cabo, las gentes, incautas, siempre han confundido retórica y verbalidad con inteligencia; pues así fueron acostumbrados desde hace mucho tiempo.

La metafísica murió como ciencia, pero permanece aún como estilo de vida y de pensamiento. Y se cuela por las rendijas de la cultura y las disciplinas, haciéndole, finalmente, todos los favores que los violentos, los superficiales (mafiosos de todo tipo, por ejemplo) y los detentadores del poder desean.

En el mundo de la ciencia, permea la metafísica al distinguir entre investigación básica e investigación experimental o aplicada; o al creer que el análisis es la forma natural del pensamiento humano, olvidando las síntesis, y los juegos libres; o al insistir, de tantas maneras y con tantos mecanismos, que el mundo, la realidad, la naturaleza y la sociedad deben jerarquizarse y clasificarse en compartimentos —con cualesquiera denominaciones y justificaciones. Como si la vida misma fuera un aparataje de vitrales y mosaicos, por ejemplo, y la luz de la naturaleza fueran esos artificios de vitrales.

Y entonces se establecieron, de manera consolidada, las divisiones de géneros literarios, y se afirmó que había formas de conocimiento, de expresión y de pensamiento más dignos que otros. Cuando, en realidad, las divisiones y clasificaciones del conocimiento se traducían en verdad en clasificaciones y divisiones entre los seres humanos. Como si, ulteriormente, hubiera unos seres humanos más dignos que otros; a saber: justamente aquellos que disponían de los conocimientos mejores y más elevados.

En consecuencia, se le enseñó a toda la tradición a pensar en términos de fundamentos. Y es que en eso exactamente consiste la metafísica. Como dicen los filósofos técnicos: meditationes de prima philosophia. Y todos los saberes y conocimientos buscaron y demandaron de fundamentos. Por definición, fundamentos absolutos, de los cuales no cupiera dudar. La metafísica hizo fundamentalistas a los seres humanos. Y la historia subsiguiente ya es conocida, hasta la fecha.
Y toda la historia desde entonces se asumió en los términos mencionados; justamente, como algo normal, algo que va de suyo: categorizar, fundamentar, clasificar, separar, dividir, jerarquizar. Y, sobre todo, identificar la esencia de la apariencia. Lo demás fue compartimentar todos los conocimientos, saberes, prácticas y, por tanto, formas de vida.

No obstante, lo apasionante de la ciencia y el conocimiento de punta en el mundo es que estamos aprendiendo a reconocer la insubsistencia de esa tradición y aseveraciones. En suma, estamos aprendiendo a pensar y a vivir sin metafísica, ni siquiera como estilo de pensamiento. En esto consiste, exactamente, la revolución científica y cultural en curso, incipiente, pero segura; joven, pero aventada. Vivimos los albores de nuevos estilos, formas, modos y contenidos de pensamiento. Y, por tanto, de vida y de relaciones con el mundo y la naturaleza. Los indicios son claros, los signos son contundentes, los trazos están definidos, aunque inacabados.

Pensar y vivir sin metafísica, en toda la línea de la palabra, significa vivir y pensar sin deudas con el pasado. Sin deudas que no son, por lo demás, nuestras, sino heredadas de tradiciones cada vez más distantes. Los mayores han pagado las deudas que, por lo demás, no les correspondían; los jóvenes pueden lanzarse a soñar, imaginar y crear mundo nuevos y mejores. ¿Y la metafísica? Quedará como una palabra, un referente que ya no es, en modo alguno, necesario hacia futuro.

Domingo, 05 Febrero 2017 05:46

La computadora que sabe engañar

La computadora que sabe engañar

La inteligencia artificial dio un gran salto esta semana cuando Libratus, una supercomputadora que puede aprender de sus errores, no sólo descubrió cuándo los humanos querían engañarla, sino que logró confundirlos a ellos. La competencia tuvo lugar en Pittsburgh, Estados Unidos.


El duelo fue anunciado con mucha anticipación. Eso sí: tenía el atractivo de toda revancha o desquite. La primera vez se habían enfrentado en julio de 2015, en el mismo lugar: el Rivers Casino de Pittsburgh. ¿Pittsburgh? ¿Por qué habrían de medirse en una ciudad con tanto frío (en esta época del año en el hemisferio norte)? Si bien Pittsburgh es, detrás de Filadelfia, la segunda ciudad en importancia de Pennsylvania, tiene que haber alguna razón de mucho peso para que se desarrolle en un lugar así. Lo curioso es que como en aquella oportunidad, no hubo promoción, no hubo difusión, no se vendieron entradas anticipadas ni tampoco hubo que discutir los derechos de televisión. No hubo gente haciendo cola y las redes sociales ignoraron el evento por completo. ¿Entonces?


Creo que está claro a esta altura, que cualquier acontecimiento que no se vea por TV o que no tenga repercusión en las redes sociales... es porque ¡no existe! Podría decir con poco margen de error, que es porque ¡no le interesa a nadie! Sin embargo... no se apure, no vaya tan rápido. Espéreme un poquito y después de leer lo que sigue, volvemos juntos para atrás y re-pensamos la respuesta.


En principio, el cartel que figuraba en la marquesina decía lo siguiente:


Brain vs. Artificial Intelligence: Upping the Ante


Jan 11-20, 2017


Rivers Casino, Pittsburgh, PA


Es decir, el Cerebro enfrentando a la Inteligencia Artificial, pero con un agregado: “Subiendo la Apuesta”. Me imagino un diálogo entre usted y yo:


–¿Adrián, otra vez con lo mismo?


–Sí... otra vez con lo mismo


–¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora? O mejor dicho, ¿qué pasó ahora?
–Téngame un poquito de paciencia... y le cuento.


–¿Otra vez ‘la máquina’ compitiendo con los humanos en algún juego?
–Y... sí... de nuevo


–Pero, ¿no era que ya se sabía cómo ganar siempre a las damas, al ajedrez, al GO? ¿Qué juego queda?
Acompáñeme por acá. Quiero resumirle una historia.


• En 1997, Deep Blue, un programa diseñado por IBM le gana –finalmente– al mejor jugador de ajedrez y campeón del mundo en ese momento: Garry Kasparov.


• En 2007, Jonathan Schaeffer1, profesor de la Universidad de Edmonton, en Alberta, Canadá, diseña su programa Chinook y publica su trabajo seminal: “El fin de las damas”.


• En 2011, Watson, otro programa, también diseñado por IBM les gana a Ken Jennings y Brad Ruttner, los dos campeones del mundo de Jeopardy (un juego al que nosotros no jugamos en nuestro país pero si le interesa, le sugiero que lo ‘googlee’). Y finalmente,


• En 2015, Google en su laboratorio Deep Mind, diseña su programa Alpha-Go2 que le gana al campeón del mundo en ese momento (y actual) Lee Sidol.


A partir de esos momentos particulares, los humanos, a través de nuestros representantes podemos decir que dominamos cualquiera de esos juegos. Sabemos ahora qué estrategias elaborar para ganar siempre o si usted prefiere (y sería más correcto), no perder nunca.


Pero ahora apareció algo distinto. Tuomas Sandholm y Noam Brown son profesor y alumno de doctorado en el Departamento de Computación de la Universidad de Carnegie Mellon, en Pennsylvania, Estados Unidos. Ellos diseñaron un programa (que llamaron Libratus), para que juegue al poker. Para ser más precisos, es una variante del poker3. No hace falta saber nada sobre él y de hecho, si usted no saber jugar, sepa que yo tampoco. Pero este artículo no es para ilustrar sobre el juego, sino para exhibir algo extraordinario que acaba de suceder.


En todos los juegos de los que hablé antes (damas, ajedrez, GO), los rivales tienen toda la información a la vista. Como se juegan sobre un tablero, los dos jugadores ven las piezas del rival y saben en qué lugar están ubicadas. No hay nada escondido. Pero acá es donde se produjo un salto fundamental. Cuando uno juega a las cartas, no importa que sea al poker o el juego que usted elija, hay información del rival que uno no tiene, hay cartas que uno no ve. Y lo mismo sucede al revés. Al no saber, eso se presta para que hagamos lo que se llama un ‘bluff’, es decir, que yo quiera que usted ‘crea’ que yo tengo ciertas cartas que en realidad no tengo, y por supuesto, al revés también. Si quiere ignorar al poker, pase al truco: yo podría gritarle envido o truco y usted no sabe si yo tengo buenas cartas o no. Eso forma parte del juego, claramente. Lo mismo con el poker. Es por eso que ahora, la computadora, o mejor dicho Libratus, tiene que intuir por qué usted hace lo que hace, y tratar de decidir si usted está tratando de engañarla (o no).


Estos juegos se llaman de información incompleta o imperfecta. “Esa” es la gran diferencia. No están todas las cartas (o fichas) arriba de la mesa. Ni la computadora ni usted ven todas las armas que tiene el rival. Elaborar estrategias en esas condiciones es claramente mucho más difícil que jugar cuando todo el arsenal está expuesto y usted puede no sólo contar cuántos ‘soldaditos’ tiene el rival, sino que además, puede visualizar dónde están ubicados.


La gran novedad es que esta semana los humanos perdimos contra la computadora, perdimos contra el programa de Sandholm y Brown, perdimos contra Libratus. ¿Quiénes perdieron? ¿Cómo perdieron?


Ya verá, téngame un poco más de paciencia. Libratus no solo descubrió cuándo los humanos la quisieron engañar, sino que utilizó la potencia de su estrategia ... ¡para engañar a los humanos también, para confundirlos! En el camino, derrotó por una abrumadora diferencia a los cuatro mejores jugadores de poker del mundo. ¿No le parece que merece prestarle un poco de atención al episodio?


En agosto de 2015, en el primer desafío entre “El Cerebro” y la “Inteligencia artificial”, los cuatro jugadores que participaron le ganaron al programa Claudico4 que habían diseñado también Sandholm y Brown (profesor y alumno de doctorado). El encuentro se hizo en Pittsburgh, en el mismo casino. Para Brown, el resultado fue técnicamente un empate, pero para los jugadores que intervinieron, ellos sintieron que “habían ganado”. Ahora ya no importa, es historia pasada.


Durante 20 días, desde el 11 hasta el 30 de enero de este año, esos cuatro jugadores (Jason Les, Jimmy Chou, Daniel McAuley y Dong Kim), se enfrentaron contra el nuevo programa de Sandholm y Brown: Libratus. Pero no lo hicieron de cualquier manera, sino con esta estructura.


Jugaron diez horas por día. Se pasaron todo ese tiempo mirando las pantallas gigantes de múltiples televisores. No jugaron por dinero real, pero lo que sí hicieron es contabilizar el dinero que iría ganando cada uno (cada humano) si estuviera jugando en una mesa de poker real.


Al finalizar la competencia, los humanos se habrían de repartir 200.000 dólares entre ellos, en forma proporcional a los resultados que fueron obteniendo en sus partidas contra Libratus. En total, jugaron 120.000 manos... sí, leyó bien: ¡120.000!


Ahora, présteme atención a un dato extraordinario, ya que quizás usted está pensando en un detalle no menor: ¿cómo interviene la suerte? Es decir, cuando se juega al ajedrez o a las damas o al GO, las piezas empiezan siempre en la misma posición. Al jugar a las cartas, eso no es cierto. ¿Qué pasa si usted (o yo) recibimos mejores cartas? ¿Cómo interviene este particular factor?


Para resolver esa dificultad, hicieron lo siguiente: separaron a los cuatro humanos en dos equipos de dos personas cada una. Un par fue a una habitación a jugar contra Libratus en donde no tendrían contacto con el exterior, y no podrían usar sus teléfonos... nada.


El otro equipo de dos humanos jugó contra Libratus en otra habitación, que estuvo abierta para que pudieran seguir los partidos todas las personas interesadas. Pero lo notable es que decidieron darle LAS MISMAS CARTAS a ambos equipos, pero cambiadas. Es decir: las cartas con las que los humanos jugaban adentro de la habitación privada correspondían a las cartas que Libratus tenía para jugar en la habitación abierta al público, y al revés: las cartas que tenía Libratus en la habitación privada eran las de los humanos en la habitación pública. De esa forma, humanos y computadora tenían ¡las mismas posibilidades!


Por supuesto, lo notable es que, aun así, al finalizar los veinte días, la computadora ganó por escándalo. De hecho, haciendo las cuentas finales, Libratus ganó 15 de los 20 días que jugaron.


Al terminar cada jornada, después de diez horas de competencia, los cuatro jugadores se juntaban en el hotel e intercambiaban las notas sobre qué había hecho Libratus en cada una de las manos que cada uno de ellos había jugado. Después, una obviedad: cenaban y se iban a dormir.


Por supuesto, la máquina no necesitaba dormir nada y de hecho, mientras ellos comían, conversaban y descansaban, Libratus seguía jugando contra sí misma y tratando de resolver los problemas que esos mismos humanos le habían planteado durante el día, ya que como jugadores excepcionales que son elaboraban estrategias para enfrentarla que los programadores no habían contemplado.


Y acá apareció una diferencia más: en todos los casos anteriores, cuando se abordaron los otros juegos (ajedrez, damas, GO), los programadores intentaban explotar las debilidades de los humanos, si es que las descubrían. En este caso, la estrategia fue al revés. Libratus aprovechaba lo que aprendía de lo que ¡los humanos le enseñaban durante las diez horas del día! Es decir, cuando Les, Chou, McAuley y Kim encontraban alguna flaqueza, y comenzaban a explotarla, a la noche, la computadora resolvía esos agujeros o errores. De hecho, Sandholm dijo que elegían los tres problemas más serios que habían descubierto los humanos y un meta-algoritmo intentaba resolverlos durante la noche. El cambio era evidente: en lugar de detectar y luego explotar las debilidades de los rivales (los humanos), Libratus aprendía durante el día cuáles eran las debilidades propias y las corregía durante la noche.


Pero hay más, y esta también es una diferencia extraordinaria. En agosto de 2015, cuando AlphaGo le ganó al campeón del mundo Lee Sidol y finalmente el hombre aprendió cómo dominar el juego (el GO), la máquina jugaba contra sí misma pero en su base de datos, los humanos que lo programaron, la alimentaron con ¡todas las partidas de Go que se habían jugado en la historia hasta ese momento!


En cambio, con Libratus es diferente. A Libratus no le mostraron ninguna partida de poker que se hubiera jugado antes. ¡Ninguna! A Libratus le dijeron cuáles eran las reglas del juego y empezó a jugar ¡solo! (o sola, como prefiera) desde el principio. Aprendió por su cuenta. Por supuesto, cometió todos los errores de un principiante, pero... aprendió. Y resulta que ahora juega mejor que cualquiera de los cuatro mejores representantes que tenemos los humanos, sencillamente porque puede elaborar mejores estrategias que las que nosotros podemos producir en el mismo tiempo.


En el camino, hizo algo imposible para nosotros: jugó billones de partidos (billón es un uno seguido de doce ceros) sin que nunca hubiera visto cómo se jugaba una partida “en serio” en donde Libratus no hubiera participado, y se fue refinando hasta descubrir qué es lo que más le convendría hacer para ganar más dinero: si apostar o retirarse.


Cuando terminó la competencia, Jason Les dijo: “Ha sido una experiencia muy frustrante porque daba la sensación de que Libratus ...¡nos veía las cartas! No se puede jugar tan bien con tanta consistencia. Nosotros no estamos acostumbrados a perder, pero experimentamos situaciones que nunca habíamos vivido. La computadora juega de una manera imprevisible para nosotros. Sus estrategias nos confundían. Cada vez que alguno de nosotros creyó que había detectado alguna debilidad, inexorablemente resultó ser un espejismo. Al día siguiente, nos pulverizaba si intentábamos ir por ese camino”.
Las partidas se hicieron en Pittsburgh, con frío o sin él, porque tanto Sandholm como Brown trabajan en Carnegie Mellon, y la supercomputadora que usaron está a 15 minutos del casino en donde se realizó la competencia.


Justamente, el director del departamento de computación de la universidad, Frank Pfenning, elaboró un comunicado que publicó oficialmente la institución. Allí se pretende resaltar la importancia del hecho conseguido y por qué sí importa, o nos debiera importar lo que hizo Libratus.


No mencionó lo que significa esto para la propia industria del juego, pero sí lo que representará en términos de elaboración de estrategias militares o de prevención de ciber-ataques, y también sobre los diseños de nuevos tratamientos en medicina. “La computadora no puede ganar al poker si no puede hacer ‘bluff’. Imagine que en algún momento su teléfono inteligente podrá negociar el precio de su nuevo auto mejor que usted. Esto es solo el principio”.


Sí, es nada más que el principio y vale la pena estar informado de lo que está sucediendo en el mundo. La ciencia no tiene moral. Solo para poner un ejemplo: la energía atómica se puede utilizar para reemplazar los recursos naturales que utilizamos hoy y que se agotarán inexorablemente o se puede usar para construir la bomba atómica. Pero el progreso de la ciencia y la tecnología es inexorable también. Por ahora, ningún teléfono inteligente tiene la potencia que tiene la supercomputadora de Carnegie Mellon, pero cuando Manuel Sadosky trajo Clementina a Exactas, UBA, para tener la potencia que hoy tenemos en un reloj que usamos en la muñeca, hubo que ocupar una habitación entera y múltiples horas de picar tarjetas físicas para poder programar. Hoy, el recuerdo de Clementina solo despierta una sonrisa tierna. Es sólo cuestión de tener paciencia para que el teléfono celular ya no se llame más teléfono inteligente pero sí tenga la potencia de la supercomputadora de Carnegie Mellon. Pero claro, en ese momento, las supercomputadoras... (siga usted con la idea...).


Por eso, sí, esto es nada más que el principio... pero, ¿el principio de qué?


Referencias
1 https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-164965-2011-03-27.html
2 https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-303267-2016-07-03.html
3 Una variante que se conoce con el nombre de “Heads Up No Limit Texas Hold Them” (que sinceramente no puedo ni sé traducir, pero aceptemos que es una variante del poker tradicional) y es el que más se juega hoy en el mundo. En todo caso, las reglas del poker, para saber quién gana en cada “mano”, son siempre las mismas. Eso no cambia.
4 Estoy casi seguro de que no deben saber lo que significa la palabra “claudico” en español, ¿no le parece? Me parece muy difícil que hubieran elegido ese nombre sin saber... pero esto es solo una conjetura mía.