Miércoles, 20 Mayo 2020 06:08

El rostro del tapabocas

El rostro del tapabocas

Federico Nietzsche en las postrimerías del siglo XIX, se asumió como un médico de la cultura que denunciabala enfermedad que padecía la civilización, la decadencia de los instintos vitales, el desprecio por la vida. Para apurar el final de la enfermedad que agota al mundo moderno, todos contribuimos, entregando nuestro esfuerzo: borrando horizontes con homogéneas construcciones que alinean la necesidad de vivienda, exterminando el mundo marino, pretendiendo aislar los negocios realizados en la tierra, de la amenaza de un sol calcinante. La etapa actual de este viaje, evidencia que hacemos un trayecto a través de una nada infinita y que inevitablemente el sueño, el cansancio, la noche, llegan para la civilización que erigió una torre de babel.

Hemos hecho un tránsito por siglos, en medio de una aceleración que cubrió cada resquicio de la vida humana. El éxito social de esta idea fue el progreso, espejismo sobre el cual justificamos el dominio del mundo por medio de la tecné. La noción de progreso se remonta a los tiempos del motor a vapor hasta llegar a los días de la revolución digital, incorporada al psiquismo humano.Súbitamente y tal como lo denunciaron movimientos ambientalistas grupos políticos y comunidades étnicas el progreso tiene unos costos muy altos. Producto de una pandemia, en cuestión de tres meses, de la aceleración se pasó a una detención que afecta aquello por lo cual ha luchado el ser humano: viajes, turismo, moda, placer y sobrevivencia.

Un ejemplo de lo anterior lo representan las tiendas de ropa: quienes nos escriben a correos y redes, invitando a realizar compras online, ofreciendo descuentos casi nunca antes vistos. La magia de la religión del capitalismo es hacer presencia en el centro comercial como parte del ritual profano que consiste en escarbar los roperos, medirse innumerables prendas, buscar los mejores precios y finalmente la cúspide del ritual consistente en “estrenar” la última adquisición que sedujo nuestra vanidad. En las condiciones actuales, el misterio de la compra es vaciado, en la medida que cada objeto nuevo se encuentra bajo sospecha de ser un mensajero del virus.  En nombre de la salud se sacrifica el glamour consumista y se modifica por una tendencia higiénica que nos aleje del germen biológico.

Bajo esta circunstancia se imponen productos que protegen y transforman la estética corporal. Es el caso de tapa-boca que en otros momentos de la historia pertenecía a dos ámbitos:  el vestuario de los médicos en los hospitales y el ámbito de   la clandestinidad, evocación de un “Llanero solitario” como imagen cinematográfica, cubrirse el rostro para realizar una fechoría, así también es cubierto el rostro para protegerse de ser señalado y asesinado por reclamar derechos, denunciar injusticias, gritar lo que a muchos les molesta escuchar. ¡Quién lo diría ¡En los años previos a la pandemia, los sectores más reactivos hacia la protesta social han exigido la supresión de las capuchas y de las máscaras en las vías públicas, pero hoy, como una extraña paradoja la necesidad de cubrirnos el rostro se ha reivindicado.

 Con la actual pandemia, el tapa-boca salta al escenario de las calles de manera obligatoria, como una última trinchera de combate. Te pueden multar por no llevarlo puesto. Su aparición masiva ha mutilado la expresión de los rostros. Quedan ocultos al público los labios rosados y carnosos de una hermosa mujer, el movimiento provocador de una lengua pasando por ellos, la vanidad invertida en la estética dental. La boca como uno de los instrumentos comunicativos del pervertido, los labios que se muerden por las palabras no dichas. Queda encubierta la mueca del estudiante frente a sus compañeros, la sonrisa amable, el beso que se envía a distancia en la calle. Expresiones afectivas a las que se acostumbró la sociedad moderna. Los labios habían sido los protagonistas en la “Era de la Selfi” en los escenarios públicos. Pero esa pose auto-fotográfica no podrá ser tomada de la misma manera en espacios exteriores, las fotos de grupo han entrado en suspensión y sobreviven solo como evocación en el mundo de las redes sociales.

El virus, literalmente, afecta las raíces del capital, sus arterias comunicativas, pone en interdicción lo importante y subsidiario de la existencia humana. Mientras el daño ocurre, gobiernos y financistas corren de un lado a otro, desesperados, buscando poner fin a la hecatombe. En todo este panorama han sido los llamados trabajadores esenciales quienes han sostenido y sostendrán hasta el final de las cuarentas el capital herido. ¿Y quiénes son esos trabajadores esenciales? Transportadores de alimentos, aseadores, vigilantes, distribuidores de mercancía, mensajeros, policías y enfermeros. Incluso han llegado a tener gran protagonismo el sector de los trabajadores funerarios, solo por citar algunos ejemplosde aquellos empleos que realizan una produccion material de la vida, sometidos históricamente a la clasica plusvalia. Contrariamente la especulacion financiera no está experimentando las repercusiones que tenia antes de la pandemia.

Bajo el panorama de las tragedias civilizatorias modernas, la filósofa Hannah Arendt rebeló situaciones similares, en 1955 con una compilación de ensayos y artículos titulado “Men in dark times” (Hombres en tiempos de oscuridad) donde reflexiona sobre las vidas de pensadores que, como Rosa Luxemburgo, Karl Jaspers, Isak Dinessen, Hermann Broch, Walter Benjamin y Bertolt Brecht pasaron de los coches tirados por caballos a trenes de condenados a muerte que recorrían Europa central. Cada uno vivió y padeció tiempos de odio hacia los judíos, los comunistas, tiempos de revoluciones, fascismo, pandemia, uso de armas letales como los gases utilizados durante la Gran guerra. Refiriéndose a ese tiempo que vivió su generación, Arendt destaca una expresión de Benjamin acerca de ese momento: el tiempo del Juicio Final. La pensadora introduce una carta de Benjamin donde escribe: en este planeta un gran número de civilizaciones han perecido en sangre y horror. Naturalmente que uno debe desear que un día el planeta experimente una civilización que haya abandonado la sangre y el horror…”

Finalmente, no son buenos tiempos para el paseante. El tapa-boca que modifica la parte más expresiva del rostro, las caretas de vidrio sobre los ojos deberán ser entendidas como la prueba del fracaso de un modelo acumulador, ventajoso, egoísta, que se acentuó en los últimos cuarenta años y que hoy está herido; no sabemos si de muerte. Quienes habitamos el planeta hoy, tenemos la responsabilidad de contribuir a la reducción de tanta sangre y horror ¿Cómo? Si existiera un progreso certero este tendría que ubicar al ser humano por encima de la tecnología, de quien depende en el trecho actual, parte de la sobrevivencia del individuo y la sociedad. Frente a la detención en tierra de los aviones y la cultura de la prevención ante las multitudes humanas, dependerá nuestra posibilidad de seguir caminando por la historia. No se debe olvidar que este desastre debe superarse con la desinfección de los gérmenes de la desigualdad entre naciones, personas, géneros, etnias, territorios.

Abril de 2020

Publicado enSociedad
Imagen: Sandra Cartasso

Si bien el enfoque tradicional indica la presencia in situ de los cuerpos en el dispositivo analítico, es posible matizar esa exigencia. 

“La función del marco --entiéndalo como ventana-- que traté de definir en la estructura del fantasma no es una metáfora”.  Jacques Lacan

La pandemia que amenaza al planeta nos anoticia sobre la necesidad de observar algunos decisivos recaudos tales como guardar cierta distancia entre los cuerpos y evitar la circulación. Cuidar al Otro aparece como la consigna necesaria para que tales medidas no desemboquen en la desconfianza, el recelo y la mala fe respecto al prójimo, anhelado cóctel de todo régimen totalitario. Toda la pregunta que nos convoca reside en considerar cómo se aborda la práctica psicoanalítica a partir de estas normas que el gobierno argentino con muy buen criterio ha tomado para prevenir el febril ritmo de propagación que distingue al Covid-19. Discontinuar los tratamientos no aparece como una vía aconsejable habida cuenta del campo fértil para la angustia que este virus amenaza coronar en un sin salida. Es que si damos crédito al punto de vista freudiano según el cual la realidad psíquica prima por sobre cualquier otra, todo dato empírico o estadístico --tal como Aquiles con la tortuga-- le va en zaga a la escalada que el pánico imprime: esa otra peste que paraliza el trabajo psíquico inventa un Otro todopoderoso, enmudece los cuerpos y arroja las personas al puro estado de objetos.

Desde ya, un recurso disponible para evitar tal peligro es el empleo de medios digitales: Skype, videollamadas o sencillamente la voz en el teléfono. Al respecto, cierto sesgo de la teoría psicoanalítica nos revela algunas condiciones subjetivas pasibles de ser aprovechadas en aras de que el dispositivo por medios digitales enfatice el cuidado del lazo social en momentos tan inéditos como el que estamos viviendo. Por lo pronto, si bien el enfoque tradicional indica la presencia actualizada de los cuerpos en el dispositivo analítico, basta recordar el supuesto autoanálisis de Freud realizado en diálogo epistolar con su entonces amigo Fliess, para matizar la exigencia de la condición in situ en la pareja analítica. De hecho, a efectos de esta puntual situación que la contingencia nos obliga a atravesar, bien podríamos preguntarnos:

¿Qué es el cuerpo?

A tal interrogante Lacan responde con una muy fina articulación según la cual el ser hablante: “ama a su imagen como lo que le es más prójimo, es decir su cuerpo. Simplemente, de su cuerpo no tiene estrictamente ninguna idea. Cree que es yo [moi]. Cada uno cree que es él. Es un agujero. Y después, afuera está la imagen. Y con esta imagen hace el mundo”. Según nuestra lectura, Lacan está diciendo que: el cuerpo del cual no se tiene idea es el prójimo. En otros términos: la intimidad de un cuerpo de deseo habita más en el Otro que en la ficción provista por el narcisismo de la imagen, a punto tal que ya en uno de sus primeros textos Freud señalaba que el prójimo es una noticia en el cuerpo propio: una de cuyas versiones es el padecer sintomático que no se reconoce como propio. Tal noticia --para decirlo en términos freudianos-- habita en los orificios del cuerpo, allí donde las sustancias, la visión y la materialidad de la Voz dan cuenta de la eminente condición social de nuestra subjetividad. En efecto, ya sea en la boca, el ano, los ojos o las orejas, transcurre la oscura corriente de afecto que signa y determina las huellas constitutivas de una satisfacción singular cuyas marcas --si bien imborrables-- resultan pasibles de ser reescritas en un análisis. ¿Cómo juega este cuerpo de deseo en el marco de una pantalla?

El marco de la ventana

No debe ser casualidad que sea en el seminario sobre La Angustia donde Lacan asimila el fantasma --a saber: el guion que alimenta la realidad psíquica de un sujeto-- al marco de una ventana, ese ángulo o perspectiva por la cual cada sujeto construye una realidad según las particulares noticias que el prójimo dejó en su cuerpo. Desde este punto de vista, el empleo de medios digitales como el Skype, si bien ausentan los cuerpos in situ, no dejan de aportar la presencia de un marco o ventana en la pantalla del equipo. Basta evocar el recurso de retirarse oportunamente del campo de visión del sujeto para hacer presente por un instante esa necesaria ausencia que agita el deseo; la misma con la que nos “cagamos” de risa o de miedo; la misma que --ante el estereotipado chiste con que el sujeto pretende escaparse del compromiso de un decir-- el analista actualiza con la modulación de la voz o el empleo de un silencio en la línea telefónica. (Todo esto para no hablar de aquellos pacientes que se presentan a tres metros del equipo; los que se esconden detrás de algún libro o almohadón; hasta los que se presentan en ropa interior porque “en casa me estoy cagando de calor”, signos evidentes del marco fantasmático que la pantalla actualiza durante una sesión).

Quizás estos momentos en que --como canta Jorge Drexler-- se aconseja: “manten a distancias largas/ tu amor de distancias cortas”, nos sirvan para actualizar aquello de “irrealizar el referente” indicado por Lacan como condición para la práctica analítica. Es que, habida cuenta de la transferencia de amor y saber que el paciente deposita en el Otro, la principal función del cuerpo del analista para propiciar un cambio de posición subjetiva es la de causar al sujeto primero, para luego ausentarse, hacerse un hueco, ofrecerse como puro semblante. En estos días en que la superación de la pandemia depende del esfuerzo mancomunado de millones de personas, se trata entonces de ampliar o interrogar ese marco aportado por la pantalla para que las noticias del prójimo faciliten el acceso a un imaginario no especular, allí donde la singularidad habita más allá de la tontería narcisista que nos encierra en el pánico.

Por Sergio Zabalza, psicoanalista.

¿Es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayuda de la tecnología?

Al atardecer, un día de finales de agosto de 1960, dio comienzo el maratón de los Juegos de Roma. Parte de él transcurrió a oscuras, iluminado parcialmente por antorchas. Sobre adoquines, carretera y calles bacheadas ganó descalzo el etíope Abebe Bikila, estableciendo una nueva marca mundial: 2 h 15 min 16 s.

Cincuenta y nueve años después, el keniata Eliud Kipchoge corre en Viena un maratón diseñado a medida en 1 h 59 min 40 s. Rompe las 2 h por primera vez, pero no se considera una marca oficial. La carrera se planifica al margen de las normas de la Federación Internacional de Atletismo como una campaña de marketing de calzado iniciada unos años antes.

Kipchoge corre con un prototipo de zapatillas deportivas que aún no está a la venta. Se cree que pueden suponer una ayuda tecnológica injusta. Pero ¿qué esconde el calzado de Kipchoge? y ¿dónde está el límite de la ayuda tecnológica justa?

La tecnología presente en el maratón

En el deporte actual la tecnología está en casi todo, aunque no siempre es visible en competición. Uno de los elementos más tecnológicos es la vestimenta y, dentro de ella, muy especialmente, el calzado.

En la época en que Bikila ganó descalzo el maratón, se corría con playeras. El calzado cumplía escasamente su función protectora. Además, era pesado por la suela de caucho.

Una década más tarde, irrumpen los aeróbicos. Con ellos aparecen miles de corredores populares. Las marcas de calzado empiezan a usar materiales espumados, principalmente, de dos tipos:

  • Los EVA (etilvinilacetatos) albergan pequeñas burbujas cerradas.
  • Los PU (poliuretanos) contienen burbujas interconectadas a modo de esponja de baño.

De esta manera, se consigue rebajar hasta seis veces el peso de un mismo volumen de caucho y surgen las entresuelas; material por encima de la suela y debajo de la parte textil. Dentro de ellas, aparecen diferentes sistemas de amortiguación insertados que buscan proteger la pisada del impacto.

Las marcas de calzado de la época hablaban de la posibilidad de combinar la amortiguación con el retorno de energía en la impulsión. Pero no habían evidencias de que lo cumplieran eficazmente.

Con el cambio de siglo empieza a usarse en el calzado, con variados propósitos, la fibra de carbono.

Una década más tarde, irrumpe un nuevo material espumado, más ligero y con capacidades de retorno de una parte de la energía de la pisada. Se trata de los poliuretanos termoplásticos (TPU) encapsulados. Por otro lado, empiezan a registrarse evidencias de que el calzado actual ayuda a correr más rápido.

¿Un maratón en menos de 2 h?

Está claro que no es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayudas tecnológicas. Para eliminarlas totalmente, deberíamos desprendernos no solo del calzado. También, entre otras muchas cosas, de todos los dispositivos que se usan para el entrenamiento y recuperación del esfuerzo.

Paradójicamente se ha visto que aquellos que corren habitualmente descalzos suelen beneficiarse de una pisada mejor amortiguada con el suelo. Ello ha propiciado que muchos corredores calzados adopten su técnica de carrera: mayor frecuencia de pasos, menor amplitud en cada paso y pisar de planta o antepié en vez del talón. No obstante, la escasez de corredores descalzos contribuye a que no se hayan vuelto a ver marcas descalzas como la de Bikila en el maratón.

¿Dónde está el límite?

Los límites del rendimiento del ser humano en el deporte están íntimamente ligados a la tecnología. Los reglamentos velan por que se compita en igualdad de condiciones. Aceptan la tecnología siempre que favorezca el espectáculo sin que desvirtúe la esencia de la competición ni perjudique la salud. El mundo del atletismo no vería con buenos ojos que la antigua carrera de Filípides en la llanura de Maratón se convirtiera en una competición de tecnología de muelles del calzado.

La Federación Internacional de Atletismo no ha adoptado medidas de momento. El prototipo de Kipchoge aún no se ha usado en competición oficial. Tiene mayor altura de entresuela y más placas de fibra de carbono que modelos previos de la misma marca.

El reglamento de atletismo describe claramente los objetivos que debe cumplir el calzado: protección, estabilidad y firme adherencia sobre el suelo. No habla en absoluto de la ayuda en la impulsión para correr más rápido. Además, dice que los deportivos no deben estar fabricados de manera que otorguen ayuda o ventaja injusta. Si hay evidencias de que las zapatillas no se ajustan al reglamento, o al espíritu del mismo, podrán ser sometidas a estudio y prohibidas.

Desde la comunidad científica se ha propuesto limitar la altura de la entresuela como posible estrategia para controlar la ayuda en la impulsión que proporcionan los últimos modelos y prototipos de calzado. Ya se hizo en su día con el salto de altura y longitud. Por otro lado, esa limitación no coartaría totalmente el desarrollo futuro de avances tecnológicos en materiales y arquitecturas de calzado (con una altura de entresuela reducida, eso sí).

Por XAVIER AGUADO JÓDAR

PROFESOR DE BIOMECÁNICA DEPORTIVA. CATEDRÁTICO DE UNIVERSIDAD, UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

Publicado enSociedad
Viernes, 15 Noviembre 2019 06:10

"En Chile torturan, violan y matan"

"En Chile torturan, violan y matan"

Mon Laferte en los Grammys Latinos: la denuncia en el cuerpo 

La artista chilena Mon Laferte llegó a la ceremonia de los Grammy Latinos, en La Vegas, con un saco negro.  En la alfombra roja, cuando cientos de medios internacionales se preparaban para hacer la foto de rigor, se abrió el saco, dejó sus tetas al descubiero y mostró un  mensaje escrito en su cuerpo: “En Chile torturan, matan y violan”. 

En el cuello llevaba un pañuelo verde, el símbolo por la legalización del aborto que se im

Luego, al recibir el premio al mejor álbum de música alternativa, leyó una décima de la poeta y payadora La Chinganera: "Chile me dueles por dentro/ me sangras por cada vena/ me pesa cada cadena/ que te aprisiona hasta el centro/ Chile afuera, Chile adentro/ Chile al son de la injusticia/la bota de la milicia/ la bala del que no escucha/ no detendrá nuestra lucha/ hasta que se haga justicia"     

Publicado enCultura
Descubren mecanismo cerebral que amplifica o disminuye la sensación de dolor

La amígdala central tiene esa función, así como la de decodificar las emociones

Washington. La percepción del dolor es esencial para la supervivencia, pero la intensidad que una persona siente puede amplificarse o disminuir. Los soldados heridos en combate, por ejemplo, a menudo manifiestan no haberlo experimentado en el momento.

Un nuevo estudio publicado el martes en la revista científica estadunidense Cell Reports da cuenta del funcionamiento del circuito cerebral causante del aumento o la atenuación de las señales de dolor, y compara el mecanismo con un termostato que regula la temperatura de una habitación en una casa.

Yarimar Carrasquillo, principal autora del trabajo e investigadora del Centro Nacional para la Salud Integradora y Complementaria (NCCIH, por sus siglas en inglés), explicó que la región del cerebro en la que se produce este mecanismo es la amígdala central, estructura que cumple una función esencial en la decodificación de las emociones.

Según el estudio, la amígdala parece tener un doble papel.

Carrasquillo y sus colegas descubrieron en ratones que la actividad en las neuronas que expresan la proteína quinasa C-delta amplifican el dolor, mientras las que expresan somatostina inhiben la cadena de transmisión en los nervios utilizados para comunicar el dolor.

Sentir dolor es una advertencia esencial para que una persona sepa que necesita ayuda; por ejemplo, en casos de apendicitis o un ataque cardiaco.

La insensibilidad pone en peligro a las personas

Las personas que nacen con insensibilidad al dolor no perciben la gravedad de sus lesiones y en consecuencia están en mayor peligro de muerte.

Sin embargo, no todos los dolores resultan útiles. Según un estudio de 2012, cerca de 11 por ciento de los adultos estadunidenses sufre de dolor físico crónico.

Ese tipo de afección con frecuencia genera dependencia a poderosos analgésicos como los opiáceos, o promueve en pacientes la automedicación mediante productos inadecuados o ilegales.

"La reacción sana es: sientes dolor, te dice que algo está mal, recibes un tratamiento y la molestia se va", aseguró Yarimar Carrasquillo.

"En el caso del dolor crónico (...) el sistema está bloqueado. Si podemos identificar qué es lo que lo obstruye, podemos revertir el fenómeno."

Gen recién descubierto tiene impacto directo en la cantidad de sueño requerido por el cuerpo

Madrid. La genética de los ritmos circadianos ha sido bien estudiada en los años recientes, pero se sabe mucho menos acerca de otros genes que tienen un papel en el sueño, específicamente los que regulan la cantidad de éste requerido por nuestros cuerpos.

Ahora, al estudiar a una familia con varios miembros que requieren significativamente menos horas de sueño que el promedio, un equipo de investigadores identificó un nuevo gen que se cree que tiene un impacto directo en cuánto duerme una persona.

"Es notorio que sepamos muy poco sobre el sueño, debido a que las personas pasan un tercio de sus vidas durmiendo. Esta investigación es una nueva y emocionante frontera que nos permite diseccionar la complejidad de los circuitos en el cerebro y los diferentes tipos de neuronas que contribuyen al sueño y la vigilia", admitió Louis Ptácek, neurólogo de la Universidad de California, San Francisco (UCSF), y uno de los autores principales.

ADRB1

Según publican en la revista Neuron, la familia cuyo ADN condujo a la identificación de este gen es uno de los varios que Ptácek y Ying-Hui Fu, genetista de UCSF, otra autora principal del artículo, estudian e incluyen varios miembros que funcionan normalmente con sólo seis horas de sueño. El gen, ADRB1, se identificó mediante estudios de enlace genético y secuenciación de exoma completo, que revelaron una variante novedosa y muy rara.

El primer paso para descifrar el papel de la variante genética implicaba estudiar su proteína en el tubo de ensayo. "Queríamos determinar si estas mutaciones causaron alguna alteración funcional en comparación con el tipo salvaje. Descubrimos que este gen codifica para el receptor adrenérgico beta1, y que la versión mutante de la proteína es mucho menos estable, alterando la función del receptor. Esto sugirió que tendría consecuencias funcionales en el cerebro", explicó Fu.

A continuación, los investigadores realizaron experimentos en ratones que portaban una versión mutada del gen. Descubrieron que dormían una media de 55 minutos menos que los normales. Los humanos con lo tienen lo hacen dos horas menos que el promedio. Un análisis posterior mostró que ADRB1 se expresaba a altos niveles en la protuberancia dorsal, parte del tronco encefálico involucrado en actividades subconscientes como la respiración, el movimiento ocular y el sueño.

Además, hallaron que las neuronas ADRB1 normales en esa región eran más activas durante la vigilia y el sueño de movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés). Sin embargo, permanecieron silenciados durante el sueño no REM. Además, descubrieron que las neuronas mutantes eran más activas que las normales, probablemente contribuyendo al comportamiento de sueño corto.

Fu agregó que el trabajo eventualmente puede tener aplicaciones en el desarrollo de nuevos medicamentos para controlar el sueño y la vigilia. "Dormir es una de las cosas más importantes que hacemos. No hacerlo lo suficiente está relacionado con un aumento en la incidencia de muchas afecciones, como cáncer, trastornos autoinmunes, enfermedades cardiovasculares y Alzheimer".

Desarrollan brazo protésico motorizado con tacto y que se mueve con el pensamiento

Luke, como se llama esa extremidad, fue creado en la Universidad de Utah, según publicó la revista Science Robotics

 

Un equipo de ingeniería biomédica de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, liderado por el profesor asociado Gregory Clark, desarrolló un brazo protésico motorizado que puede sentir el tacto y moverse con el pensamiento. Consiguieron que el brazo Luke (llamado así por la mano robótica que Luke Skywalker llevaba en El imperio contraataca) imite a una mano humana que siente los objetos al enviar las señales apropiadas al cerebro, según publican en Science Robotics.

 

"Cambiamos la forma de enviar esa información al cerebro para que coincida con el cuerpo humano; al hacerlo, pudimos ver beneficios. Estamos creando señales más rea-listas biológicamente", explica el estudiante de doctorado en ingeniería biomédica Jacob George.

 

Significa que un amputado que usa el brazo protésico puede sentir el tacto de algo blando o duro, entender mejor cómo levantarlo y realizar tareas delicadas que, de otra manera, serían imposibles con una prótesis estándar con ganchos de metal o garras en lugar de manos.

 

"Casi me hace llorar. Fue realmente increíble. Nunca pensé que podría sentir de esa manera otra vez", recuerda Keven Walgamott, quien perdió la mano izquierda y parte de su brazo en un accidente eléctrico hace 17 años.

 

Walgamott, agente de bienes raíces de West Valley City, en Utah, y uno de los siete sujetos de prueba de la Universidad de Utah, fue capaz de arrancar uvas sin triturarlas, recoger un huevo sin romperlo y sostener la mano de su esposa con una sensación en los dedos similar a la de una extremidad real.

 

"Una de las primeras cosas que quería hacer era ponerle el anillo de matrimonio. Fue muy conmovedor". Y todo ello se consiguió a través de una serie compleja de cálculos matemáticos y modelos.

 

El brazo Luke precisó un desarrollo de unos 15 años. Está hecho principalmente de motores metálicos y piezas con una piel de silicona transparente en la mano, alimentado por una batería externa y conectado a una computadora. Fue desarrollado por Deka Research & Development Corp, compañía con sede en Nueva Hampshire fundada por el inventor de Segway, Dean Kamen.

 

Mientras tanto, el equipo de la Universidad de Utah ha estado desarrollando un sistema que permite que el brazo protésico toque los nervios del portador, que son como cables biológicos que envían señales al brazo para moverse. Lo hace gracias a un inventor de la Universidad de Utah, especialista en ingeniería biomédica, el profesor Richard A. Normann, quien creó la matriz de electrodos inclinados (Array).

 

Debe aprender a sentir

 

El Array es un conjunto de 100 microelectrodos y cables que se implantan en los nervios del amputado en el antebrazo y se conectan a un ordenador fuera del cuerpo. La matriz interpreta las señales de los nervios del brazo y la computadora las traduce a señales digitales que le dicen al brazo que se mueva.

 

Pero también funciona a la inversa. Para realizar tareas como recoger objetos, se requiere algo más que el cerebro que le dice a la ma-no que se mueva. La mano protésica también debe aprender a "sentir" el objeto para saber cuánta presión ejercer, ya que no puede darse cuenta de eso simplemente mirándolo.

 

Primero, el brazo protésico tiene sensores en su mano que envían señales a los nervios a través de la matriz para imitar la sensación que tiene la mano al agarrar algo. Pero igualmente importante es cómo se envían esas señales. Implica comprender cómo trata su cerebro con las transiciones en la información cuando toca algo por primera vez.

 

Al primer contacto de un objeto, una ráfaga de impulsos recorre los nervios del cerebro y luego disminuye. Recrear esto fue un gran paso.

 

"El simple hecho de proporcionar sensación es un gran problema, pero la forma en que envías esa información también es sumamente importante, y si la haces más realista desde el punto de vista biológico, el cerebro la entenderá mejor y el rendimiento de esta sensación también mejorará", dice Gregory Clark.

 

Para lograr eso, el equipo utilizó cálculos matemáticos junto con impulsos registrados del brazo de un primate para crear un modelo aproximado de cómo reciben los humanos estos diferentes patrones de señal. Ese modelo luego fue implementado en el sistema de brazos Luke.

 

Además de crear un prototipo del brazo Luke con sentido del tacto, el equipo ya está desarrollando una versión completamente portátil que no necesita ser conectada a una computadora fuera del cuerpo. En su lugar, todo sería inalámbrico, dando al usuario total libertad.

 

Clark señala que la matriz de electrodos inclinados de Utah también es capaz de enviar señales al cerebro sobre algo más que el sentido del tacto, como el dolor y la temperatura, aunque el documento aborda principalmente el contacto. Mientras su trabajo sólo involucra a gente que perdió extremidades por debajo del codo, donde se están los músculos para mover la mano, Clark dice que su investigación también podría aplicarse a quienes perdieron sus brazos sobre el codo.

 

Clark espera que en 2020 o 2021, tres sujetos de prueba puedan llevar el brazo a casa, en espera de la aprobación federal.

En la lengua también hay receptores del olfato que ayudan a detectar los sabores

Estudio abre el camino para desarrollar modificadores contra el exceso de uso de sal, azúcar y grasa

Científicos del Centro Monell, en Filadelfia, Estados Unidos, informaron que los receptores olfativos funcionales, sensores que detectan los aromas en la nariz, también se encuentran en las células del gusto humano que están en la lengua. Los hallazgos sugieren que las interacciones entre esos sentidos, los componentes principales del sabor de los alimentos, pueden comenzar en la lengua y no en el cerebro, como se pensaba.

"Nuestra investigación puede ayudar a explicar cómo las moléculas de olor modulan la percepción del gusto", señaló Mehmet Hakan Ozdener, autor principal del estudio y biólogo celular en Monell.

"Esto puede llevar al desarrollo de modificadores del gusto basados en el olor que pueden ayudar a evitar el excesivo consumo de sal, azúcar y grasa en enfermedades relacionadas con la dieta, como la obesidad y la diabetes", planteó.

Aunque muchas personas equiparan el sabor con el gusto, el primero proviene más del olor en la mayoría de los alimentos y bebidas. El gusto, que detecta moléculas dulces, saladas, agrias, amargas y sabrosas en la lengua, evolucionó como un guardián para evaluar el valor nutritivo y la potencial toxicidad de lo que comemos.

El olfato proporciona información detallada sobre la calidad del sabor de los alimentos. El cerebro combina el aporte del gusto, el olfato y otros sentidos para crear la sensación multimodal de sabor.

Hasta ahora, el gusto y el olfato se consideraban sistemas sensoriales independientes que no interactuaban hasta que su información respectiva llegaba al cerebro. A Ozdener le motivó desafiar esta creencia cuando su hijo de 12 años le preguntó si las serpientes extendían sus lenguas para oler.

Moléculas claves

En el estudio, publicado en línea en Chemical Senses, Ozdener y sus colegas utilizaron métodos desarrollados en Monell para mantener células vivas del gusto humano en cultivo. Con técnicas genéticas y bioquímicas para estudiarlas, los investigadores encontraron que las células gustativas humanas contienen muchas moléculas claves que se sabe que están presentes en los receptores olfativos.

Entonces, utilizaron un método conocido como imágenes de calcio para mostrar que las cultivadas responden a las moléculas de olor de manera similar a las células receptoras olfativas. Juntos, los hallazgos proporcionan la primera demostración de receptores olfativos funcionales en células gustativas humanas, lo que sugiere que pueden desempeñar un papel en el sistema del gusto al interactuar con las células receptoras de éste en la lengua.

Apoyando esta posibilidad, otros experimentos realizados por los científicos de Monell demostraron que una sola célula gustativa puede contener de los dos tipos de receptores. "La presencia de ellos en la misma célula brindará oportunidades interesantes para estudiar las interacciones entre el olor y los estímulos del gusto en la lengua", subrayó Ozdener.

Además de proporcionar información sobre la naturaleza y los mecanismos de las interacciones del olfato y el gusto, los resultados también pueden dar una herramienta para aumentar la comprensión de cómo el sistema olfativo detecta los aromas.

Los científicos aún no saben qué moléculas activan la gran mayoría de los 400 tipos de receptores olfativos humanos funcionales. Debido a que las células gustativas cultivadas responden a los aromas, podrían usarse como ensayos de selección para ayudar a identificar qué moléculas se unen a receptores olfativos específicos.

En el futuro, los científicos buscarán determinar si los receptores olfativos se ubican preferentemente en un tipo específico de célula gustativa; por ejemplo, las que detectan lo dulce o lo salado. Otros estudios explorarán cómo las moléculas de olor modifican las respuestas de las células gustativas y, en última instancia, la percepción del gusto humano.

Jueves, 14 Marzo 2019 06:14

“Este es un siglo trans”

“Este es un siglo trans”

La pornografía virtual, el “ideal” publicitario, los tatuajes, las fiestas electrónicas, las adicciones dejan marcas en el cuerpo que la especialista estudia para reflotar el análisis de por qué una persona puede amar su cuerpo y a la vez torturarlo.

 Silvia Ons estudia la problemática del cuerpo en el siglo XXI en toda su dimensión: desde cómo incide la pornografía virtual, el “ideal” que propone la industria publicitaria en torno a la representación corporal, las marcas que dejan los tatuajes, los cortes en el cuerpo, hasta llegar al fenómeno de las fiestas electrónicas y las adicciones. Realiza un estudio minucioso en El cuerpo pornográfico. Marcas y adicciones (Editorial Paidós), el nuevo libro de esta psicoanalista, analista miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. En su nuevo trabajo, Ons reflota desde la actualidad el análisis del por qué una misma persona puede amar a su cuerpo y, a la vez, torturarlo. “Eso lo explica Lacan en relación al goce. Hay un goce en los seres humanos que, a veces, puede atentar contra la vida misma. Es también lo que Freud plantea en Más allá del principio del placer. Así que es una idea de Lacan que tiene mucho que ver con este descubrimiento de Freud que no sólo tiene que ver con la guerra (donde muestra claramente el poder de la destrucción) sino con algo que él observa que les ocurre a los neuróticos. El siglo pasado ha tenido mucho que ver con la destrucción”, plantea Ons en la entrevista con PáginaI12. 

–¿La industria publicitaria estimula el cuerpo-máquina?


–Exacto. Lo que desarrollo en el libro es un tema que tiene que ver con el síntoma que presentan muchos adolescentes que comienzan a ver cómo se produce el encuentro entre los sexos en sus diferentes variantes a partir de la pornografía. El tema es que esto los vuelve muy adictos a la pornografía y uno podría pensar que esto podría estimular la relación sexual ulterior, pero lo que advertí es que justamente esto en lugar de estimular la relación sexual la obstaculiza.

–¿Por qué?

–Porque la pornografía da un modelo de un hombre-máquina que no tiene que ver con el cuerpo real, si bien asistimos en este momento a una identificación del hombre con la máquina. Uno puede pensar distintos momentos. Por ejemplo, en El capital Marx habla de la rebelión del hombre contra la máquina. Los obreros que golpeaban a la máquina porque producía plusvalía y atentaba contra su trabajo. En el siglo XX, una película maravillosa de Charles Chaplin, Tiempos modernos, mostró cómo el hombre termina identificado con la máquina. Y lo que yo he notado es esta cuestión de “trabajar como una máquina”, “rendir”. En los gimnasios aparece una publicidad que señala “Haz de tu cuerpo una máquina”, como si eso fuese un ideal. Esto se traslada al campo sexual, ya que la pornografía muestra cuerpos que parecen estar trabajando, donde desaparece la dimensión erótica y donde se da un modelo de cuerpo que no tiene que ver con el cuerpo real porque en la realidad no hay hombres con esos penes siempre erectos y que no fallan ni esas mujeres que están con orgasmos permanentes. Eso es una idea de la sexualidad que no tiene que ver con la sexualidad real.

–Y en relación al hombre-máquina también se puede señalar desde el lenguaje publicitario que promueve “la potencia” antes que el bienestar.

–Exactamente. Se ve muy bien en los mensajes publicitarios donde se trata no tanto de la felicidad sino del consumo, y de la energía de seguir un ritmo incesante todo el tiempo. En otro libro, esto lo pensé en relación al uso del Viagra porque lo notable es que no sólo usan Viagra los adultos mayores (porque lo necesitan) sino también los adolescentes y los jóvenes. Uno puede preguntarse por qué en ese momento de vigor juvenil hay necesidad del Viagra. Estos mandatos en relación a una sexualidad sin freno, una sexualidad sin fisuras hace que los jóvenes tengan necesidad del uso del Viagra como para responder también a una idea del hombre-máquina.

–¿La pornografía dejó, entonces, de ser un complemento del acto sexual para sustituirlo?

–Exacto. ¿Cuál es la característica de la pornografía actual? La pornografía existió siempre. Lo que pasa es que tuvo un auge a partir del cine, de toda la producción industrial y las imágenes. Anteriormente, para acceder a las películas porno o a las revistas había que trazar un camino. No era inmediato. Se podía comprar en un kiosco pero había que atravesar la mirada del otro, esconderla. O en los hoteles se usaba como complemento de la relación con el partenaire. Mientras que ahora la pornografía es de fácil acceso: basta un celular. Entonces, no hay ninguna barrera. Desaparece la vergüenza, el pudor. Y con esto también desaparece el erotismo porque el erotismo tiene mucho que ver con atravesar el pudor, con los velos; en fin, con el misterio.


–¿Por eso usted rescata una idea de Michela Marzano, quien señala que se produce un agotamiento del deseo como efecto de la pornografía?


–Exacto. Es muy interesante el libro de ella. El agotamiento del deseo es interesante porque la masturbación provoca un agotamiento. Freud hablaba de la masturbación. No me estoy refiriendo a la masturbación que es algo que se da, no es ese el punto sino cuando se transforma en una adicción y sustituye a la relación con el partenaire. Por ejemplo, en el prólogo de mi libro, Gustavo Dessal marca que, por ejemplo, en Japón los varones prefieren el acto solitario antes que la relación con el otro. Produce un efecto de agotamiento. Freud habla del hombre masturbador que aparece como agotado, con el rostro pálido, mientras que la relación sexual cuando está muy vinculada con el amor introduce una dimensión de vitalidad.


–Usted plantea que la pornografía es una forma de violencia hacia la mujer. ¿Tiene que ver con la cosificación del cuerpo femenino?


–Sí, hay varias cuestiones. Por un lado, es fundamentalmente un atentado al pudor. Y el pudor tiene mucho que ver con lo femenino. Y yo creo que es una forma de violencia a pesar de que no lo parezca. Creo que es una forma de violentar el cuerpo femenino porque se violenta esa dimensión del misterio que ya los griegos la pensaban con el término “aidós”, que tiene que ver con misterio, vergüenza, pudor, velo. Y sí, creo que es una forma de violencia.


–Volviendo a la publicidad, el mensaje que se baja hoy parece ser: “Venga con el cuerpo que tiene y váyase con el que desea”. ¿Cómo incide esta desvalorización del cuerpo en las ansias de lograr la perfección corporal?


–Tengo muchas ganas de escribir otro libro porque pienso que este siglo es un siglo trans. No me estoy refiriendo específicamente a la transexualidad sino que considero lo siguiente: asistimos a una separación cada vez más grande entre las palabras y las cosas. Por ejemplo, cuando escuchamos discursos, nos preguntamos si lo que dice es realmente lo verdadero o si tiene que ver con la conducta. Por eso, se habla de relatos y demás entre el discurso, las conductas y los hechos. También en el tema de género, sobre todo cuando se lleva a ultranza, asistimos a un momento cada vez más grande de separación entre el cuerpo y la identidad. Cuando se dice: “Nací con un envase equivocado”, por ejemplo. En muchos aspectos es un siglo trans. Pero, por ejemplo, con el cuerpo femenino también. Es decir: “Entre con el cuerpo que tiene, llévese el que quiere”. Con lo cual aquí hay un rechazo al cuerpo que se tiene, en todo sentido. El rechazo al cuerpo es un fenómeno de este siglo. Y también esto se ve en la pornografía porque lo que se ofrece ahí es un cuerpo que no es el real. Por eso, después el sujeto tiene dificultades para la relación con el otro sexo: cree que tiene que implementar ese programa. Y la realidad es otra. O los chicos que consumen Viagra porque tienen que tener una performance permanente.


–¿Qué significación puede tener el tatuarse el cuerpo casi en su totalidad?


–En su totalidad es lo interesante. El tatuaje en la actualidad parece que es una moda que perdura. Uno puede decir que es una moda ya desde los 90, ahora con muchísima más intensidad, pero parece que se prolonga bastante en el tiempo. Vivimos en un mundo cambiante, un mundo donde nada es lo que era. También hay un mandato de reinvención permanente, donde los sujetos tienen que reinventarse y sienten que si no se reinventan son desechados. Es un siglo bastante cruel. La violencia también tiene que ver con estos operativos de cuerpos bellos y reinvenciones permanentes. Entonces, el tatuaje obedece a la necesidad de que algo perdure. Yo he notado, por ejemplo, el fenómeno de duelo.


–Cómo marcar la inscripción del nombre de un familiar...


–Exacto. Ahí donde todos los funerales y demás tienden a desaparecer. A veces, ni siquiera se hacen los velorios. El mandato es: “Viví tu vida. Da vuelta la página”, cuando se tiene que aceptar la pérdida de un amor. Frente a esta cuestión de “No tiene que haber duelo”, el tatuaje obedece a la necesidad de una inscripción, de una permanencia.


–El tatuaje le permite al sujeto una marca o una creencia que tiene el significado de un para siempre.


–Exacto, sobre todo cuando tiene que ver con símbolos. Hay que diferenciar los tatuajes que tienen que ver con símbolos de aquellos que solamente obedecen a una cuestión estética. En psicoanálisis es muy interesante leer los tatuajes porque, a partir de ahí, se pueden pensar muchas cuestiones.


–En relación a los sujetos, esa marca simbólica no necesariamente representa la ideología o el pensar de esa persona, ¿no? Usted cita el ejemplo de un joven que se tatuó una imagen del Che Guevara y que es algo así como el “El rey del consumismo”.


–Claro, por eso es interesante leerlos para ver si los sujetos están de acuerdo con lo que tatuaron. Por ejemplo, en ese caso, era un paciente adicto a los autos cero kilómetro; o sea, el consumo máximo. Siempre se presentaba como “el de los faroles”, por sus ojos. Tenía que ver con los autos. Sin embargo, se tatuaba las figuras del Che Guevara, de Cristo. Todos tatuajes que entraban en contradicción. Es interesante ese análisis porque eso fue lo que lo impactó: darse cuenta de la dispersión en la que vivía y en qué se ponía de acuerdo en relación a esas marcas.


–¿Qué significados se les puede otorgar a los piercings y a la utilización de objetos que lastiman o cortajean el cuerpo?


–Lo de los piercings no lo estudié demasiado pero puedo decir a grandes rasgos que eso consiste en tratar al cuerpo como un objeto.


–¿Hay una representación corporal de un objeto?


–Claro. Por ejemplo, pensaba en la artista plástica Orla

n. Ella está en desacuerdo con las imposiciones culturales, con lo que le impone la cultura al cuerpo. Entonces, se realiza toda una serie de operaciones estéticas en un quirófano. Ese quirófano está musicalizado, tiene cuadros... Y ella pretende hacer de esas operaciones un hecho artístico. Le van realizando distintas. Ahora, lo interesante es que ella dice: “Con esto no sigo los mandatos culturales sobre el cuerpo”. Pero termina imponiéndole al cuerpo sus propios mandatos. Ese es el punto interesante para pensar.


–En relación al cuerpo y las fiestas electrónicas, ¿se puede vincular la pérdida del yo en Psicología de las masas con el cuerpo en un lugar masivo?


–En las fiestas electrónicas se da una ilusión de mismidad. La música favorece una suerte de identificación grupal y de mismidad con todos los que están en la fiesta. Pero también lo interesante es que es un tipo de adicción donde el sujeto no la reconoce como síntoma. Lo digo por pacientes que toman cristal, éxtasis en esas fiestas. Esa es otra cuestión: el tema del síntoma en la actualidad. Lleva a una reflexión: los que asisten a esas fiestas tienen un medio social de clase media-alta, aunque no todos. Y como todos lo hacen no se reconoce el valor sintomático que puede tener esa adicción.


–Si en la era victoriana la represión jugaba un rol clave, ¿cuál es el concepto con el que se puede identificar al cuerpo en esta era?


–Freud caracterizaba su época, como usted dice, en términos de represión. El denunciaba una cultura hipócrita, una cultura que, en nombre de los ideales, rechazaba la sexualidad y la pulsión. Uno puede pensar en relación a esta época qué quedó de esa cultura. Yo creo que vivimos una época hipócrita. De la misma manera que Freud hablaba de su cultura como una cultura hipócrita porque rechazaba la sexualidad, creo que hay nuevos imperativos. Estos imperativos pesan sobre el cuerpo. Y esta sociedad es también una sociedad hipócrita, donde lo que impera es lo políticamente correcto. Entonces, ese cuidado en relación a no decir determinadas cuestiones y demás, lo políticamente correcto es también un nombre de la represión.

Jueves, 06 Septiembre 2018 07:56

Otra medicina. Por un orgasmo libre

Otra medicina. Por un orgasmo libre

Cuando vamos a una cita médica llegamos buscando explicaciones. Y aunque la medicina, más que respuestas nos plantea preguntas, no deja de llamarnos la atención cuán ignorante es en asuntos ginecológicos: las caras de sorpresa de los expertos cuando ven un clítoris completo, el silencio incómodo cuando consultamos sobre el uso de la copa menstrual, entre otras situaciones. Esa ignorancia es la que nos ha llevado a desconocer afecciones muy comunes en personas con ovarios, útero, vagina y senos.

Los miomas uterinos, por ejemplo, son tumores benignos de fibra muscular que se desarrollan en los cuerpos de entre el 20 y el 40 por ciento de las personas con útero. Ante la presencia de un mioma, la respuesta médica consiste en la extracción de los tejidos comprometidos, es decir la extracción parcial o total del útero. De acuerdo con muchos –de los pocos– estudios médicos que existen al respecto, el útero tiene una función netamente reproductiva y es por eso que, a la hora de considerar su extracción total, se desestima completamente que, por ejemplo, a través de la contracción uterina es posible alcanzar un orgasmo, y que ante la ausencia del órgano se pierde esa específica posibilidad de sentir placer. Y sin embargo, la capacidad anatómica para el placer no se considera un argumento médico sólido para decidir que no se extraiga completamente el útero.


Alrededor de las afecciones ginecológicas hay bastantes y variadas historias. Pasa, por ejemplo, que se minimizan los dolores menstruales, no se realizan los exámenes necesarios para saber qué sucede y luego de algún tiempo aparecen miomas, pólipos, tumores o fibroides. Y el tratamiento no busca entender qué significan estas formaciones o por qué suceden, se trata de cortar, sacar, extirpar, realizar dolorosos legrados y cirugías invasivas. Además, a las personas que deben someterse a estas intervenciones no se les avisa sobre lo que viene después, sobre el tiempo de reposo, los dolores, la persistencia de los recuerdos sobre situaciones de violencia sexual, los cambios del cuerpo...

Por eso, el consejo de hoy es hablar con las amigas, contarles qué nos pasa, qué sentimos, qué sabemos y qué no sabemos, escuchar y conocer otras vivencias. Aprender de nuestras experiencias y confiar en lo que desde ahí sabemos. Porque el poder atraviesa nuestros cuerpos, oculta y reprime lo que la historia ha querido ocultar, convierte en síntoma las violencias silenciosas que hemos debido soportar. El cuerpo ha sido un objeto de explotación, pero también de emancipación. De los discursos feministas hemos aprendido que no es necesario esencializar nuestros cuerpos ni encasillarlos, que el cuerpo lo conoce y lo maneja mejor quien lo lleva puesto.

Queremos que cuando nos digan: “tiene un tumor en el útero”, tengamos en mente a otras personas que también los han tenido, porque no es anormal, no es extraordinario, no es designio de nada, es algo con lo que debemos convivir los cuerpos y podemos afrontarlo. ¿Cómo lo han afrontado otras personas en otras situaciones antes que nosotras? Queremos saber que no estamos solas, que tenemos fuentes cercanas de información y de apoyo. Queremos que las preguntas no-respuestas por la medicina Occidental encuentren conversaciones en otros espacios, en otras formas de conocernos. Porque, al final, la decisión sobre los métodos que queremos usar para sanar o convivir con el cuerpo que llevamos, son nuestras. Tenemos el conocimiento en nuestras historias y nuestras experiencias, no tenemos que escoger el único camino que parece posible para la medicina.

Publicado enColombia
Página 1 de 3