La agencia europea lanzará en 2025 su primera misión para retirar basura espacial

La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) ha encargado para 2025 la construcción y lanzamiento de ClearSpace-1, primera misión dedicada a eliminar escombros espaciales de la órbita terrestre.

En Space19 +, el consejo ministerial de la ESA, que se efectuó en Sevilla a fines de noviembre, los ministros acordaron firmar un contrato de servicio con un proveedor comercial para eliminar de la órbita terrestre baja de forma segura un objeto inactivo propiedad de esta agencia.

Después de un proceso competitivo, un consorcio liderado por la empresa suiza ClearSpace, compañía derivada establecida por un equipo experimentado de investigadores de desechos espaciales con sede en el instituto de investigación Ecole Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL), será invitado a presentar su propuesta final antes de comenzar el proyecto en marzo, informa la ESA.

“Éste es el momento adecuado para tal misión”, señaló Luc Piguet, fundador y director ejecutivo de ClearSpace. “El problema de los desechos espaciales es más urgente que nunca. Hoy tenemos casi 2 mil satélites en vivo en el espacio y más de 3 mil fallidos”.

La misión ClearSpace-1 se destinará a retirar de la órbita la etapa superior Vespa (adaptador de carga secundaria del cohete Vega) que quedó en una órbita de aproximadamente 800 kilómetros por 660 kilómetros de altitud después del segundo vuelo del lanzador Vega de la ESA en 2013.

Con una masa de 100 kilos, la Vespa es cercana en tamaño a un satélite pequeño, mientras su forma relativamente simple y su construcción robusta lo convierten en un primer objetivo adecuado.

El nuevo cazador de escombros espaciales y Vespa se desorbitarán finalmente para arder en la atmósfera.

Un hombre sujeta un Smartphone de Apple, cuya carcasa posterior está agrietada./ REUTERS

Un informe de la European Environmental Bureau (EEB) estima que alargando un año la vida a los aparatos electrónicos se podría reducir la emisión de cerca de 4 millones de toneladas de CO2 al año, una cifra que equivaldría a eliminar dos millones de coches de las carreteras europeas. 

 

La vida se vuelve cada vez más dependiente de la tecnología y las grandes marcas lo saben. Cuanto menos duren los aparatos, antes regresarán los consumidores a los mercados. Esta premisa tan abstracta y certera es la denominada obsolescencia programada: el tiempo de vida útil que las empresas calculan y planifican para sus productos tecnológicos. Los teléfonos, las tabletas, los portátiles, las impresoras y hasta las lavadoras están destinadas a una muerte cada vez más temprana

Detrás de esta realidad se esconde un nuevo problema ambiental que implica, según cálculos de la European Environmental Bureau (EEB), la emisión anual de algo más de 48 millones de toneladas de CO2. Estas cifras gigantescas se deben a un aumento del consumo de energía y recursos para satisfacer la creciente demanda de productos tecnológicos y para la eliminación de los anteriores aparatos. “Este estudio es una prueba más de que Europa no puede cumplir con sus obligaciones climáticas sin abordar nuestros patrones de producción y consumo. El impacto climático de nuestra cultura de teléfonos inteligentes desechables es demasiado alto”, valora Jean-Pierre Schweitzer, oficial de Políticas para la Economía Circular en EEB.

La mayor parte de las emisiones que hay detrás de los aparatos electrónicos se vincula, no tanto a la energía que puedan consumir durante su funcionamiento como a la contaminación que se genera durante toda su fabricación. Buen ejemplo de ello son los teléfonos móviles, en tanto que el 75% de los gases de efecto invernadero que llevan asociados se corresponden con todo el proceso productivo, con el transporte y la distribución comercial. Es decir, tres cuartas partes de las emisiones que un teléfono móvil lleva agregadas se realizan antes de que el consumidor los desembale de la caja.

El tiempo medio de vida útil de un Smartphone y un portátil está entre los 3 y los 4 años. En el caso de una lavadora, su longevidad ronda los 11 años y si hablamos de aspiradoras –otro electrodoméstico común– seguramente terminen obsoletas al cumplir los 4 años. Tan sólo con alargar un año la vida de estos productos se conseguiría reducir 4 millones de toneladas de CO2 al año. Algo que, según la EEA, equivaldría a eliminar de golpe cerca de dos millones de coches de las carreteras de Europa.

Al problema de los gases de efecto invernadero se debe añadir el problema de residuos de que se vincula a las cortas vidas de móviles y otros objetos del mismo calibre. Tanto es así, que se estima que sólo en España se generan al año cerca de 930.000 toneladas de basura procedente de aparatos electrónicos. En Europa, las cifras oscilan entre las diez y las doce toneladas, según la propia Comisión Europea.

“Más allá de lo que supone para los bolsillos, creo que hay pocos ciudadanos que tengan conciencia de lo que la obsolescencia programada supone a nivel ecológico. Apenas hay informaciones gubernamentales sobre lo que significan medioambientalmente estás prácticas”, explica a Público Benito Muros, presidente de la Fundación de Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada.

La tiranía del diseño

Además de la programación deliberada de los años de vida de los aparatos electrónicos, existen otras limitaciones estéticas que refuerzan esa idea de obsolescencia programada. La tiranía del diseño de la mayoría de los productos provoca que las reparaciones sean más costosas de los que eran antes. Según Laura Rubio, portavoz de Recuperadores de la Economía Social y Solidaria (RESS), la forma en la que se fabrican los artefactos supone una “barrera importante para la reutilización y la reparación”.

“La mayoría de las veces el consumidor, por lo que le cuesta repararlo, decide comprar un objeto nuevo, con lo que ya pasamos a generar basura electrónica”, añade Muros. La sustitución del atornillado por el pegamento en los teléfonos del actual mercado es un ejemplo de cómo se esconden las piezas a los usuarios. Si la sustitución de una pequeña batería de litio era algo factible y asequible hace unos pocos años, el ensamblaje actual hace que sea prácticamente imposible.

Muros, por su parte, pone en evidencia los problemas que puede generar que la denominada transición ecológica esté fiando todas sus esperanzas en una revolución tecnológica que precisamente no garantiza que “todos los productos sean reparables y actualizables tanto en software como en hardware”.

"Etiquetado de durabilidad"

Combatir la obsolescencia “es complicado, pero no imposible”, explican desde Amigos de la Tierra. La organización ecologista –que ha impulsado la campaña alargascencia para luchar contra la muerte programada de los productos electrónicos– reclama medidas legislativas a nivel nacional para que se ponga fin a esta práctica que genera tantas cantidades de contaminación. “La Autoridad Garante de la Competencia y del Mercado de Italia multó a Samsung con 5 millones de euros y a Apple con 10 millones” por acortar la vida de los productos, citan desde la organización. Este, quizá, es uno de los caminos a seguir, opinan.

Rubio, por su parte, reclama que se impulse un “etiquetado de durabilidad” para garantizar que el consumidor sepa lo que compra y que los productores “se responsabilicen de la gestión de los residuos”. Si se obligase a que las compañías pagasen por los residuos “espabilarían” y harían que sus productos fuesen más propensos a la reutilización, comenta la experta del REES.

Desde la Fundación de Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada reclaman que se incremente la ley de garantías de dos a cinco años y que se elimine la letra pequeña de las garantías ya que establecen numerosas restricciones que impiden que los aparatos sean reparados en caso de defecto.

“Es imprescindible tratar de reparar el objeto o aparato que se nos haya estropeado, si no se puede ver el uso que le damos y valorar si nos lo pueden prestar o si se puede alquilar y, por último, antes de comprar nada nuevo, siempre está la opción de adquirirlo de segunda mano”, argumentan desde Amigos de la Tierra, para poner énfasis en el poder que tienen los consumidores y el valor de la economía circular

madrid

25/09/2019 07:46 Actualizado: 25/09/2019 07:46

alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
La contaminación de ríos por antibióticos excede los niveles "seguros"

Las concentraciones de antibióticos en algunos ríos del mundo exceden los niveles "seguros" hasta 300 veces, según reveló el primer estudio global al respecto.

Los investigadores identificaron 14 de esos fármacos de uso común en los ríos de 72 países de todos los continentes. Los encontraron en 65 por ciento de los sitios analizados. El de mayor prevalencia fue la trimetoprima, empleada principalmente para tratar infecciones del tracto urinario. Fue hallado en 307 de los 711 lugares estudiados.

Alistair Boxall, de la Universidad de York, institución que dirigió el estudio, explicó que “los resultados son reveladores y preocupantes. Demuestran la contaminación generalizada de los sistemas fluviales con esos compuestos.

"Muchos científicos y responsables políticos reconocen el papel del ambiente natural en el problema de resistencia a los antimicrobianos. Nuestros datos muestran que esa contaminación podría ser un contribuyente importante."

El metronidazol, usado contra infecciones bacterianas, incluyendo las de piel y boca, excedió los niveles de seguridad por el margen más grande, con concentraciones en un sitio en Bangladesh 300 veces más que el nivel "seguro".

En el río Támesis y uno de sus afluentes en Londres, detectaron una concentración máxima de antibióticos de 233 nanogramos por litro (ng/l).

El equipo de investigación comparó los datos observados con los niveles "seguros" determinados hace poco por AMR Industry Alliance que, según el antibiótico, varían de 20 a 32 mil ng/l.

La ciproflaxacina superó el umbral en 51 lugares

La ciproflaxacina, utilizada para tratar varias infecciones bacterianas, fue el compuesto que con más frecuencia excedió los niveles de seguridad, superando el umbral en 51 lugares.

El equipo señaló que los límites "seguros" se rebasaban con mayor frecuencia en Asia y África, pero los sitios en Europa, América del Norte y América del Sur también tenían niveles preocupantes que mostraban que la contaminación por esos medicamentos era un "problema global".

Los sitios donde los antibióticos superaron los niveles "seguros" en mayor medida se localizan en Bangladesh, Kenia, Ghana, Pakistán y Nigeria, mientras un lugar en Austria fue clasificado como el más alto de las áreas europeas observadas.

El estudio reveló que los sitios de alto riesgo eran típicamente adyacentes a los sistemas de tratamiento de aguas residuales, vertederos de desechos o alcantarillado y en algunas áreas de agitación política, incluida la frontera israelí y palestina.

El proyecto fue un gran desafío logístico. A socios de todo el mundo se les pidió que tomaran muestras de lugares a lo largo de su sistema fluvial local.

Se tomaron muestras de algunos de los ríos más emblemáticos del mundo, incluidos el Chao Phraya, el Danubio, el Mekong, el Sena, el Támesis, el Tíber y el Tigris. Fueron congeladas y enviadas a la Universidad de York para su análisis.

John Wilkinson, del Departamento de Medio Ambiente y Geografía, quien coordinó el trabajo de observación, señaló que no se había realizado ningún otro estudio a esta escala.

Los hallazgos se dieron a conocer en la reunión anual de la Sociedad de Toxicología y Química Ambientales en Helsinki, que empezó ayer y termina hoy.

Viernes, 23 Junio 2017 15:59

Doña Juana: una mala vecina

Doña Juana: una mala vecina

A treinta años de su apertura, el panorama sobre el botadero Doña Juana es sombrío. El próximo 27 de septiembre se cumplen veinte años del inmenso derrumbe que extendió por todo el sur capitalino el olor de la podredumbre allí enterrada, y que evidenció el pésimo manejo dado al relleno, donde la ganancia de los operadores se antepone a la vida de pobladores y trabajadores del basurero.

 

En una nueva fase de lucha, la Asamblea campesina y popular por el cierre del botadero “Doña Juana” sesionó el pasado 20 de mayo en dos espacios situados en la vereda Mochuelo Alto, localidad de Ciudad Bolívar: su salón comunal y el Colegio Distrital José Celestino Mutis. La sesión es la concreción de lo concertado por la comunidad urbano rural de la Cuenca del Rio Tunjuelo, en su persistente lucha contra la ubicación de este depósito de desechos, el mismo que la afecta desde hace casi treinta años.

 

Superando maniobras e intrigas. La administración distrital y el concejal de la Alianza Verde Jorge Torres, trataron por todos los medios de sabotear la asamblea convocada por campesinos y pobladores, y para ello convocaron a la misma hora en el Colegio Distrital José Celestino Mutis una asamblea, que como lo tituló un diario capitalino el 19 de mayo, buscaba “Un debate para hablar en serio del futuro del relleno Doña Juana”, pero ni debate serio ni propuestas de futuro por parte de los funcionarios y contratistas de las diferentes entidades presentes, ni menos de los llamados entes de control. Toda una farsa que se convirtió en una “asamblea de chaquetas” e informes, hasta que se hicieron presentes los asambleístas.

 

El alcalde Enrique Peñalosa, buscando ambientar la farsa, estuvo el día anterior en la misma institución educativa, encontrándose con la confrontación de los mismos estudiantes que lo tildaron de mentiroso, expresándole de manera abierta que “no lo queremos en este colegio y territorio”.

 

No pudieron concretar su farsa. Ante la falsa asamblea convocada por el concejal y la Alcaldía, campesinos y pobladores, en actitud de dignidad y expresión de la rabia sentida por la manipulación en marcha, dejaron su asamblea y se desplazaron al colegio en donde funcionarios y contratistas no pudieron escabullirse, obligados a escuchar a la comunidad, para luego balbucear frases que muy pocos de los asambleístas escucharon o entendieron.

 

Algo de historia

 

Corría el año 1985 cuando la comunidad que habita la localidad de Usme se entera de que abrirán un relleno sanitario en su territorio. La inconformidad no tarda en expresarse: visionando los perjuicios que éste ocasionaría, declaran un paro local. Al frente de la iniciativa estuvo el líder comunal Gerardo Santafé. Sería ésta la primera de muchas protestas, con asiento en el río Tunjuelo, ocasionadas por el que sería conocido como relleno Doña Juana.

 

Las protestas no logran contener el desafuero. El basurero, finalmente localizado en la zona rural de la localidad de Ciudad Bolívar, pero sobre la misma cuenca del Río Tunjuelito, empieza a recibir desechos desde noviembre de 1988, y no son pocos, ya que cada día recibe seis mil doscientas (6.200) toneladas de basura proveniente de toda la ciudad, además de algunos municipios circunvecinos; basura ingresada por 800 a 900 vehículos compactadores. El área total utilizada para el mismo se extiende a quinientas noventa y dos (592) hectáreas. Su inauguración oficial corrió a cargo del otrora alcalde Andrés Pastrana, era el año de 1989, en el cual también pasó a cargo de la empresa española Prosantana Ltda.

 

Casi diez años después de su apertura, el 27 de septiembre de 1997, ocurrió el derrumbe de un millón de toneladas de la Zona II, lo que obliga a la alcaldía bogotana a declarar una emergencia sanitaria. No era para menos. Producto de este desastre ambiental fueron atendidos cerca de treinta mil personas; siete veredas y novecientos dos barrios del sur de Bogotá padecen el efecto del derrumbe, como lo confirmó la Sentencia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca 05/2007.

 

Cambio de tercio. A partir de marzo de 2000 el consorcio español Proactiva Doña Juana ESP contrató la operación del relleno, la misma que desde el 2010 pasó a control del Centro de Gerenciamiento de Residuos –CGR– Doña Juana S.A E.S.P de Brasil, bajo la licencia ambiental dispositivas de las Resoluciones 1351 de 2014 y 2320 de 2014 de la CAR.

 

El sur que resiste al modelo de ciudad

 

El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) (Decreto 619 de 2000), en su artículo 425 señala zonas de suelo rural, con una extensión de 500 hectáreas, las cuales se reservan para estudiar su posible adecuación futura como ampliación del relleno sanitario de Doña Juana. La mencionada área de expansión implica el desalojo de ciento veintitrés predios de la vereda Mochuelo Alto, predios fértiles habitados por familias campesinas productoras de papa, arveja, haba y ganado; además de la afectación sanitaria y ambiental de las veredas Pasquilla, Mochuelo Alto y Bajo, Quiba Alta y Baja y barrios de las localidades de Usme y Ciudad Bolívar.

 

La comunidad rechazó la expansión, negándose a vender sus predios. La administración distrital decide iniciar estudios para expropiarlos por vía administrativa, con el argumento del beneficio colectivo (la población de Bogotá), sobre el beneficio particular (la población de los ciento veintitrés predios). Los pobladores de la veredas Mochuelo Alto y Bajo, apoyados por usuarios del acueducto de Aguas calientes que surte de agua los barrios de Mochuelo Bajo (Lagunitas, Barranquitos, Paticos, La esperanza, Vista Hermosa) y habitantes de las localidades del sur de Bogotá, inician jornadas de protesta que desembocan en dos paros que bloquean Doña Juana, en el segundo de ellos –realizado el diecinueve de diciembre del 2005– se declaran en “Asamblea Permanente por el Cierre del Basurero”, ante lo cual la administración distrital inicia un proceso de diálogo que no culmina en adelantos concretos.

 

La resistencia continúa. Corría la alcaldía de Luis Eduardo Garzón, y en el mismo momento en que se realiza la apertura de la “Semana Ambiental Distrital” en el auditorio del Centro de Alto Rendimiento, los miembros de la “Asamblea Permanente” se toman el evento principal, exigiendo la no expansión del relleno. El entonces alcalde, Luís Eduardo Garzón manifiesta su decisión de no expandir el relleno e iniciar mesas de concertación con la comunidad para compensar el daño y pagar la deuda social. Con el transcurrir de las siguientes administraciones los acuerdos se incumplen, las afectaciones aumentan y otro gran derrumbe de setecientas cincuenta toneladas de basura ocurre el 2 de octubre de 2015.

 


Incumplimientos, y engaños, que proceden desde el mismo momento en que es abierto el basurero en esta parte de la ciudad, durante los cuales lo único ofertado a las comunidades es envenenar sus familias y casas para controlar las plagas y enfermedades. Todo con la complicidad de la institucionalidad que no ha tenido la honestidad de denunciar este genocidio ecológico y de impactos socioambientales. Las tecnologías probadas de manejo de basuras eficiente, existen y han sido propuestas al Distrito, pero la corrupción, la ambición y el desprecio por los pobladores del Sur, no han permitido su implementación. Como es conocido, la administración proyecta continuar con este basurero, expandiéndolo, como está expreso en la propuesta de nuevo POT.

 

Sin dar el brazo a torcer. En asamblea realizada el 5 de marzo del presente año en la vereda Mochuelo Alto, la comunidad urbano rural de la Cuenca del Rio Tunjuelo, informó al operador del basurero, a la Administración Distrital, a la CAR –como autoridad ambiental–, a los entes de control (Personería, Contraloría, Procuraduría), la decisión de otorgar un último plazo para la concertación de una solución definitiva a esta problemática, para lo cual exigen la presencia en la Vereda Mochuelo Alto del Alcalde distrital y el fiscal general de la Nación. De no contar con su presencia, o no llegar a un acuerdo, darán inicio al paro cívico desde el sur de Bogotá, convocando a todas las comunidades de Bogotá y de la Sabana que se encuentran en conflictos socio ambientales, a la conformación de una Asamblea de Negociación Popular Conjunta, con los entes territoriales y el gobierno nacional.

 

La agenda a seguir

 

En esta misma asamblea, la comunidad expuso, de manera firme y contundente, sus peticiones: convocar a la realización de una consulta popular para el cierre definitivo del basurero Doña Juana y el pago, por parte de las instituciones correspondientes, de la deuda social por treinta años de afectación en el medio ambiente, la salud, bienestar y dignidad.

 

Exigir la declaratoria de emergencia socio ambiental para el sur bogotano, que implica la implementación de medidas técnicas necesarias por parte de la Administración Distrital, para así mitigar los malos olores y proliferación de ratas y moscos en la zona de influencia del botadero. También, iniciar los trámites para la vinculación formal a la nómina del Distrito Capital de los trabajadores del basurero. Una tarifa diferenciada, en el pago de los servicios públicos, para la población afectada por el basurero. E implementar una atención médica diferencial y especializada a la población afectada por el basurero.

 

Al iniciar el camino para realizar un paro cívico de los pobladores del sur, exigimos la implantación de empresas sociales para el aprovechamiento energético de residuos al interior de Doña Juana, como alternativa para el pago de la deuda social y resarcimiento de daños ocasionados por el relleno a lo largo de tres décadas. Asimismo, declarar el área de influencia del basurero en el POT como área especial para la aplicación de tecnologías sociales, desde donde se promueva el salto cultural que requiere la sociedad bogotana.

 

En igual sentido, la asamblea conmina al alcalde Enrique Peñalosa Londoño y a sus funcionarios de gabinete, a que se presenten ante la asamblea y públicamente expongan las decisiones que su administración ha tomado frente a las demandas de los campesinos y pobladores afectados por el basurero.

 


 

Recuadro

 

Principales daños del relleno

 

Contaminación del río Tunjuelo por vertimiento de lixiviados. Según la firma interventora Unión Temporal Colombo Canadiense (Utcc), los resultados obtenidos a partir de estudios realizados durante los primeros seis meses del año 2003, reflejaron el continuo incumplimiento de la resolución 3358 de 1990, en parámetros como: hierro, grasas y aceites, DBO5 (demanda biológica de oxígeno que mide posterior a cinco días el grado de contaminación), plomo, níquel y cadmio.

 

De manera adicional, según el Estudio de Impacto Ambiental relleno sanitario Doña Juana Zona VIII realizado en 2000, la mezcla de todo tipo de desechos independientemente de su origen y características, refleja el inadecuado manejo de los residuos, sumado a la modificación de los cauces naturales como las quebradas: Puente Tierra, que fluía por las zonas VII y VIII, El Botello, que fue desviada y canalizada, al igual que Hierbabuena y el cauce de la quebrada Puente Blanco por la disposición de materiales de excavación.

 

En julio de 2006, la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle, realizó la evaluación del impacto del Relleno Sanitario Doña Juana, (RSDJ) en la salud de grupos poblacionales en su área de influencia, dando como principales conclusiones que: “Dadas las características geomorfológicos de la región, cabe la posibilidad de que se genere contaminación en aguas que pueden llegar a ser utilizadas para el consumo agrícola y humano, la presencia de un alto número de moscas en la zona expuesta, verificada por los investigadores y referida por los habitantes del área, puede deberse a que la cobertura de las basuras en el RSDJ no se realiza con la frecuencia adecuada, este estudio muestra que la velocidad de crecimiento de los niños entre 0 a 3 años es menor en la zona expuesta al RSDJ que en la zona control, en la población de 1 a 5 años, la exposición al relleno sanitario se asoció a una mayor probabilidad de presentar síntomas irritativos, se encontró que, los adultos mayores de 50 años residentes en la zona expuesta al RSDJ presentaron mayor frecuencia de síntomas respiratorios en comparación con los residentes en el área control, es de esperar que las personas que viven cerca del RSDJ, dado que tienen más síntomas respiratorios, síndromes respiratorios más severos y un menor flujo espiratorio pico, tengan una función física menor que las personas de la zona control”.

Publicado enEdición Nº236
Idean solución a bomba de tiempo de desechos plásticos en océanos

Científicos han ideado la mejor manera de retirar millones de toneladas de desechos plásticos que flotan en los océanos, bomba de tiempo que amenaza con envenenar el ecosistema marino.


Se estima que unas 8 millones de toneladas de desechos plásticos, como empaques de alimentos y botellas, son derivadas hacia los océanos cada año, donde se descomponen en microplásticos que atraen toxinas químicas ingeridas por las criaturas oceánicas más pequeñas.


Se prevé que la cantidad acumulada de plástico en el océano se decuplicará en 2020, y las consecuencias persistirán durante siglos, dado el tiempo requerido para que los plásticos se biodegraden. Esto ha producido llamados a una iniciativa global para recoger el desperdicio plástico flotante en la superficie de los mares.


Existe ya un plan ambicioso de acopio de recursos para recoger desechos que circulan en un enorme parche de basura en medio del Pacífico, mediante el uso de barreras inflables de 100 kilómetros de largo, alineadas a través de las corrientes marinas.


Pero un nuevo estudio sugiere que esto sería mucho más efectivo si se hiciera cerca de líneas costeras densamente pobladas, en especial en las costas de China e Indonesia, donde gran parte del desperdicio entra al mar.
Limpiar desde tierra


El llamado gran parche de basura del Pacífico es una ilustración altamente visible de la escala del problema global. Sin embargo, los investigadores creen que sería mejor acometer la limpieza más cerca de su fuente en tierra, donde cada año se tira el equivalente a más de 15 bolsas de plástico de supermercado por cada 30 metros de línea costera del mundo, señalan.


El estudio, llevado a cabo por un equipo del Colegio Imperial, es comparado con dos métodos hipotéticos de recoger plástico marino en un periodo de 10 años entre 2015 y 2025, ya sea retirando el desecho del medio del océano o emplazando las barreras de recolección frente a la costa, cerca de zonas densamente pobladas.


Modelos de computadora sugirieron que colocar dispositivos de recolección más cerca de las costas retiraría alrededor de 31 por ciento de los microplásticos, pequeños trozos y fibras resultantes de la descomposición ambiental de piezas más grandes. Sin embargo, cuando todas las barreras de recolección se colocan dentro de los parches de basura que circulan en mitad del océano, sólo se retirarían 17 por ciento de los microplásticos, según el estudio publicado en la revista Environmental Research Letters.


Tiene sentido retirar plásticos donde entran al océano, alrededor de centros económicos y de alta densidad de población en las costas. También significa que se pueden quitar antes de que puedan causar daño. Los plásticos del parche han viajado mucho y potencialmente han hecho mucho daño, comentó Erik van Sebille, del Colegio Imperial, director del trabajo.
Aunque existe una masa enorme de desechos plásticos circulando en los giros del océano –corrientes circulares–, sería más eficiente atacar el problema donde la mayor parte del desperdicio entra al mar, que por coincidencia es más rico en vida silvestre, señaló Peter Sherman, estudiante de física que participa en el estudio.


Detener la fuente contaminante


El gran parche de basura del Pacífico cuenta con una masa enorme de microplásticos, pero el mayor flujo de plásticos está frente a las costas, donde entra a los océanos. Hay mucho plástico en el parque, pero es una zona relativamente muerta para la vida en comparación con la riqueza en torno a las costas, expresó Sherman.


Necesitamos limpiar de plástico los océanos, y en última instancia esto debe hacerse deteniendo la fuente de contaminación. Sin embargo, esto no ocurrirá de la noche a la mañana, así que se requiere una solución temporal, y los proyectos de limpieza pueden serlo si se hacen bien.


Un estudio de 192 países realizado el año pasado encontró que la mayor parte de los desechos plásticos de los océanos procede de personas que viven en una franja costera de 50 kilómetros. Se estima que cada año se generan 275 millones de toneladas de desperdicios en el mundo, y entre 4.8 y 12.7 millones son arrojados deliberadamente al mar o son arrastrados a él.


Otro análisis encontró que 90 por ciento de las aves marinas han tragado plásticos y que esas aves se concentran en torno a las costas. Las predicciones de cómo se incrementará la cantidad de desperdicio plástico tomaron en cuenta la creciente industrialización de las naciones en desarrollo, el crecimiento de la población y los intentos de limitar la deriva de desechos hacia los océanos mediante actividades de manejo de desperdicios en tierra.


Traducción: Jorge Anaya

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 03 Diciembre 2015 06:24

El clima, síntoma del poder

El clima, síntoma del poder

Mientras continúa la Cumbre del Clima, un informe de una ONG señaló que la mitad de las emisiones de carbono son producidas por una proporción menor de la población, el sector más rico. China promete que reducirá el 60 por ciento al llegar a 2020.

 

Tras la apertura con los 150 líderes mundiales presentes el lunes pasado, las reuniones en la COP21 de París iniciaron el ritmo pausado de las negociaciones y conversaciones técnicas. Por fuera de los debates, el informe de una ONG reveló que el 10 por ciento de la población más rica del mundo genera la mitad de las emisiones de combustibles fósiles causantes del calentamiento global, y que la mitad más pobre contribuye en un 10 por ciento. Al respecto, China prometió reducir 60 por ciento las emisiones de carbón progresivamente hasta alcanzar esa cifra en 2020. Por otro lado, los estados insulares piden una ayuda urgente a la cumbre de Le Bourget, resaltando que las personas que huyen de regiones afectadas por el cambio climático no están contempladas en el Derecho Internacional.


La desigualdad Norte/Sur sigue siendo uno de los principales obstáculos en las negociaciones de la cumbre del clima en París. El informe de la ONG Oxfam es el que subrayó que el 10 por ciento más rico de la población mundial es responsable de cerca del 50 por ciento de las emisiones de carbono, en tanto los 3500 millones de personas que conforman la mitad más pobre sólo generan el 10 por ciento de esas emisiones.


"Hemos probado que un crecimiento económico fuerte y un medio ambiente más seguro ya no están en contradicción. Eso debería darnos esperanza", había asegurado Barack Obama en la apertura de la COP21. La confianza del presidente norteamericano estriba en estudios como los del economista británico Nicholas Stern y del ex presidente mexicano Felipe Calderón, que identifican sectores que podrían sacar amplios beneficios de una reconversión ecológica de la economía. Entre los beneficiarios figuran las inversiones en eficiencia energética, energías renovables y automóviles híbridos. Eso también supondría una reestructuración profunda de un modelo basado en las energías fósiles. Y ahí la "economía verde" se toparía con otra problemática: la explotación ilimitada de los recursos naturales y la "huella ecológica" de las cadenas de producción y consumo.


Hace más de 25 años que la disputa de cómo repartir la responsabilidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de ayudar a los países más vulnerables bloquea las negociaciones. "El financiamiento podría ser el acelerador para llegar", dice la ONG ActionAid. Desde 2009 se aspira que para 2020 el Norte financie la reconversión al desarrollo sostenible del Sur con 100 mil millones de dólares anuales. Pero además de los montos, en París se discute la forma en que se canalizarán mediante mecanismos transparentes para evitar que vayan a bolsillos equivocados.


En paralelo a la cumbre de París, el gobierno de China anunció que modernizará de aquí a 2020 sus centrales de carbón con el fin de disminuir sus emisiones contaminantes un 60 por ciento. El objetivo es dejar de producir unas 100 millones de toneladas de carbón bruto y evitar la emisión de unos 180 millones de toneladas de CO2 cada año. Cabe destacar que más del 70 por ciento de la electricidad se produce con carbón, del cual el gigante asiático consumió 4200 millones de toneladas en 2013.


El cambio climático para los habitantes de islas del Pacífico hace que éstas se vuelvan cada vez más inhabitables. Quienes huyen de eso no están contemplados en el Derecho Internacional. Si bien migrar es una respuesta, sólo un 25 por ciento estaría en condiciones económicas de hacerlo. En caso de sequías, aumento del nivel del mar o inundaciones, numerosas familias de Kiribati, Tuvalu y Nauru afirmaron que irían a otro lugar.


Claude Emelee, el viceprimer ministro del estado insular de Vanuatu, fue el último orador en la cumbre parisina. "¿Cuándo podremos decirles a nuestros pueblos que este padecimiento, esta locura absoluta, estas atrocidades climáticas tendrán un fin?", preguntó. Barack Obama, quien se crió en Hawai y en Indonesia, intentó ponerse de su lado: "Yo soy un chico de las islas", y afirmó que los Estados Unidos aportarán 30 millones de dólares, un vuelto, a un seguro para paliar las consecuencias del cambio climático.


Vanuatu es una de las tantas pequeñas islas que se verán afectadas drásticamente por el cambio climático puesto que, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un aumento del nivel del mar de un metro hasta el 2100 es algo completamente posible.

Publicado enMedio Ambiente
La economía no es circular sino entrópica

Un eslogan político que se oye en China y también en la Unión Europea es que la economía debería ser circular. Los activistas que luchan contra la avalancha y el desperdicio de la basura doméstica, a veces usan el eslogan residuo cero, zero waste, que se parece un poco a ese eslogan oficial. Es decir, hay que disminuir los residuos y hay que reciclar los que se producen. ¿Quién podría estar en contra?


¿Cómo funcionaría una economía circular? Por ejemplo, entra aluminio en la economía procedente de la minería de bauxita, el proceso consume mucha electricidad y deja un barro rojo tóxico. Ya no más: vamos a reciclar todo el aluminio que producimos y usamos, reciclar todas las latas y todos los marcos de ventana, además los vamos a hacer más finitos e igual de resistentes. Se acabó la minería de bauxita. Se gasta además –suponemos– menos energía para reciclar que para producir el aluminio. ¡Qué bien!


Como ha escrito Jesús Ramos Martín, bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos. Por si fuera poco, si cada vez somos más eficientes en el uso de recursos, vamos a necesitar menos cantidad de los mismos. Pero ahí aparece una paradoja (la Paradoja de Jevons): la mayor eficiencia abarata el costo, y por tanto puede llevar a un mayor uso.


Además, veamos algunas cifras sobre el uso mundial de materiales y la falsa ilusión de una economía circular. ¿Cómo funciona realmente la economía mundial? Un artículo reciente de Willi Haas y sus colegas vieneses en el Journal of Industrial Ecology da algunas cifras. Recuerden que la población mundial es de algo más de 7 mil millones. Todas las cifras que siguen están también en miles de millones de toneladas (o lo que es lo mismo, gigatoneladas, GT), de manera que vemos que el uso de materiales por persona y año es de alrededor de ocho toneladas en promedio –pero en la India es solamente cuatro, y en Estados Unidos más de 20. Ese uso de materiales por año se divide en las siguientes categorías:


Doce GT de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) que en su casi totalidad van para ser quemados en la producción de electricidad o consumo doméstico, o en el transporte, es decir se usan como fuentes de energía. Son como fotosíntesis embotellada hace millones de años, la descorchamos y allá se va. No se puede quemar dos veces. El calor se disipa, por la segunda ley de la termodinámica o ley de la entropía.


Diecinueve GT de biomasa, para muchos usos distintos, la alimentación del ganado o directamente la alimentación humana (un kilogramo al día, más o menos), la producción de pasta de papel (eventualmente, una parte del papel es reciclado), la producción de madera para construcción, y la mayor parte de madera para quemar. Gracias a la fotosíntesis, esa biomasa se produce cada año otra vez, gracias a la energía solar y al agua, pero no se recicla más que en una pequeña parte. Además, los nutrientes (fósforo, potasio, nitrógeno) no regresan a los campos, en general. Mientras en algunos lugares faltan, en otros son producidos en exceso, llevan a la eutrofización de los cursos de agua por el exceso de nutrientes, o contaminan la napa freática con nitritos.


Veintidós GT de materiales de construcción, arenas y gravas para cementos. Esa extracción suele dañar el ambiente, pero además esos materiales apenas se reciclan. Aumenta el stock acumulado en los edificios, autopistas. Se puede discutir si se podría reciclar en mayor parte, y tal vez una economía sin crecimiento podría usar únicamente viejos materiales de construcción reciclados para reponer infraestructuras y rehabilitar viviendas. Estamos muy lejos de esta situación, no sólo porque la economía mundial todavía crece sino porque resulta seguramente más caro el reciclaje que la nueva extracción.
Por último, el cuarto sumando, a nivel mundial, es 4.5 GT de materiales metalíferos (de lo cuales la mayor parte se convierte en escorias y relaves), ingresando en la economía en promedio menos de una GT de metales ya concentrados y refinados. Algunos son de más fácil reciclaje que otros.


En conjunto, lo que se recicla actualmente en el mundo no es más de 6 por ciento de los materiales extraídos. Estamos lejísimos de una economía circular. Una economía que funcionara exclusivamente con energías renovables también sería entrópica, sin duda, pero dependería del flujo continuo de energía solar. Tal vez consiguiera reciclar todos los materiales, llevando a cero la extracción nueva. Estamos muy lejos de esta situación.
*ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Nuevas Tecnologías, Medio Ambiente y Desarrollo

Estamos viviendo importantes transformaciones que, debido a la falta de perspectiva histórica, resulta difícil apreciar en su total magnitud. A la par que presenciamos un increíble proceso de desarrollo de las tecnologías y de las comunicaciones, observamos también un incesante deterioro del medio ambiente que sobrepasa incluso los límites planetarios. El sistema económico imperante, siguiendo su lógica de acumulación y maximización de beneficios, ha impuesto una maniática dinámica de incesante producción de mercancías y consumo irracional que en lugar de ser un medio para la satisfacción de necesidades se ha convertido en un fin en sí mismo, originando, a su vez, un irreparable daño a la naturaleza y provocando un aumento constante de las desigualdades.

En este contexto resulta pertinente plantear la necesidad de transición a un nuevo modelo de desarrollo, y para ello, la ciencia y la tecnología debe ser un pilar básico en su construcción. Concretamente, la llamada revolución tecnológica, que incluye las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), puede ser una herramienta a través de la cual conseguir una coordinación adecuada entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que permita superar las contradicciones que existen en el sistema de producción capitalista.


No obstante, alcanzar un correcto grado de integración que permita desarrollar un nuevo modelo o paradigma requiere una solución conjunta a nivel global. Aunque es evidente que las TIC deben jugar un papel protagonista en este proceso, a su vez, observamos que en numerosas ocasiones vienen acompañadas de efectos perniciosos que contribuyen a la degradación medioambiental y a aumentar la polarización social.


Necesitamos un nuevo modelo de desarrollo que establezca una relación simbiótica y coherente entre los elementos mencionados (medio ambiente, nuevas tecnologías, y condiciones de vida de la población). No obstante, bajo el modelo imperante, los indicios muestran una relación nociva y perjudicial que incluso acentúan las ya perniciosas consecuencias del sistema económico actual.


Crisis de modelo.


Por un lado es evidente la crisis del actual modelo económico y social que provoca grandes niveles de pobreza y desigualdad y, por otro, encontramos unos límites planetarios que son incompatibles con el actual modelo de producción y consumo. Ser consciente de estas contradicciones y actuar en consecuencia es posiblemente el mayor reto que la humanidad enfrenta hoy en día.


La crisis actual ha puesto sobre la mesa la necesidad de replantear el sistema y cada vez más voces alrededor del mundo se alzan exigiendo un cambio. Sin embargo, es difícil consensuar y concretar qué características debería tener este nuevo modelo económico y social, al ser conceptualizado de diferente forma según los intereses y las preferencias de cada individuo o colectivo. Sea cual sea el modelo de desarrollo a implementar, es evidente que las TIC deben ayudar en el proceso de construcción del mismo y que el aspecto medioambiental no solo no debe ser ignorado sino que debe ser uno de los elementos principales y conciliadores sin el cual no podremos hablar de un modelo de desarrollo alternativo.


Sin embargo, desde las élites e instituciones que regentan el poder político y económico se reitera que la solución a la situación actual es únicamente factible mediante la continuidad de la misma senda que nos ha traído al punto en el que nos encontramos. Desde esta perspectiva, la búsqueda por el crecimiento económico, la austeridad presupuestaria, el fomento de las exportaciones o la flexibilización del mercado laboral son algunas de las medidas propuestas desde las instituciones y los agentes con poder para salir de la crisis económica actual. Estas medidas vienen acompañadas de un empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad, un aumento de la desigualdad y, como es de esperar, el medio ambiente no solo queda de nuevo relegado a un segundo plano (tal y como quedó patente tras los infructuosos resultados de la cumbre de Rio +20) sino que acaba siendo dañado como resultado de las medidas mencionadas.


Efectos de las TIC en el Medio Ambiente


La participación de las TIC es fundamental en la creación de un nuevo modelo de desarrollo. No obstante, para que ésta participación se produzca adecuadamente es fundamental ser conscientes de cuál es el modelo económico que se persigue y los mecanismos necesarios para alcanzarlo. Es innegable que directa o indirectamente, las TIC pueden proporcionar elementos que favorezcan la conservación del medio ambiente. Nuevas tecnologías ayudan, por ejemplo, a medir, documentar, calcular o difundir los efectos de la degradación medioambiental, favorecen la promoción de grandes cambios sociales, culturales e incluso económicos, ayudan a disminuir costes (ahorro de papel, viajes, etc.). En definitiva, las TIC deben ser la herramienta a través de la cual se pueda transitar de una situación de ineficiencia global a una de eficiencia sostenible a nivel planetario.


Sin embargo, en el contexto económico en el que nos movemos, las tecnologías de la información y la comunicación son en gran parte controladas por los agentes que poseen los medios de producción, siendo utilizadas principalmente como herramienta para continuar el proceso de acumulación de capital. El aumento de la productividad así como el desarrollo del capital financiero son consecuencia del desarrollo de las mismas. Es por ello que a pesar de sus efectos positivos, al no existir una dirección coordinada, una coherencia en los procesos de producción, una lógica global que tenga en cuenta los límites físicos del planeta o una voluntad política real, no podemos afirmar que a día de hoy las TIC estén contribuyendo de forma significativa a la creación de un nuevo modelo de desarrollo.


Los efectos negativos de las nuevas tecnologías de la información en el medio ambiente son numerosos. El Programa Ambiental de Naciones Unidas (PNUMA) estima que la basura electrónica (teléfonos móviles, impresoras, computadoras, televisiones, etc.), gran parte enviada a los países del sur, alcanza los cuarenta o cincuenta millones de toneladas al año en el mundo [1] . Cementerios electrónicos, como el de Guiyu en la provincia de Guangdong, China, suponen un gravísimo problema tanto para el medio ambiente como para la salud. Según Wu Yuping, jefa de la Administración Nacional de Protección Ambiental, en Guiyu es imposible encontrar agua potable en cincuenta kilómetros a la redonda y alrededor del 88% de los niños sufren de contaminación por los metales tóxicos que se encuentran entre los desechos. Se estima, por poner otro ejemplo, que una única pila común puede contaminar 3.000 litros de agua, una pila alcalina 175.000 y una pila botón 600.000 litros [2]. También encontramos problemas por el lado de la extracción de recursos. Uno conocido que ejemplifica este punto es el relacionado con el coltán, mineral escaso empleado para el uso de la alta tecnología [3] y causante de un conflicto bélico que se ha cobrado la vida de más de cuatro millones de personas desde 1997 y la desaparición de poblaciones de gorilas, animal en grave peligro de extinción, en la República Democrática del Congo.


Considerando además que el nuevo modelo hacía el que nos gustaría dirigirnos debe tener como objetivo alcanzar la igualdad y la erradicación de la pobreza, no debemos olvidar que existe el riesgo de que las TIC contribuyan a la agudización de la desigualdad al favorecer la creación de una brecha o división digital entre individuos y países. En un mundo globalizado, en el que internet juega un papel predominante, la existencia de esta brecha digital entre países o entre regiones dentro de un mismo país, constituiría una nueva forma de desarrollo desigual y por lo tanto una nueva y peligrosa forma de exclusión.


A modo de conclusión


Las nuevas tecnologías de la información pueden ser parte de la solución que permita la transformación económica del actual sistema de producción y consumo a uno más coherente con las necesidades y limitaciones existentes. Hoy en día las tecnologías de la información y comunicación nos permiten plantear soluciones ante problemas que parecían insalvables en el pasado. Además, su precio se reduce progresivamente lo cual facilita su acceso a cada vez un mayor número de personas.


Las TIC pueden contribuir a reducir la contaminación y el consumo de recursos utilizados en los países industrializados como también a ayudar en el proceso de desarrollo de los países. Las posibilidades que estas nuevas herramientas tienen son inimaginables, ayudan a documentar y difundir información, facilitan la sensibilización y movilización social, reducen costes, facilitan la coordinación y cooperación entre distintos actores, etc. Además, el desarrollo de las TIC puede contribuir a la generación de empleo que tan necesario resulta hoy en día. No obstante, su desarrollo, en un marco dominado por el sistema de producción actual, implica también graves consecuencias directas sobre el medio ambiente, ya sea en forma de desechos, en el proceso de extracción de recursos o por el problema de la brecha digital que puede suponer entre otros.


Requerimos de una mayor conciencia colectiva, ser conscientes de las dificultades que nuestras sociedades atraviesan hoy en día y, que mediante una verdadera voluntad política, se tomen medidas eficaces y coherentes con la magnitud de los problemas existentes. No hay duda de que las TIC deben jugar un papel fundamental en el proceso de comunicación y sensibilización, sin embargo, sin acuerdos globales que sitúen el elemento medioambiental en un lugar prioritario por delante de intereses económicos será imposible avanzar hacia un nuevo modelo y por lo tanto continuará la incesante degradación del medio ambiente, acercándonos progresivamente a niveles que ponen en peligro la propia existencia humana.


Las nuevas tecnologías deberían ser una herramienta clave que facilitase una correcta y coherente asignación de recursos, un equilibrio real entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, guiado por la sensatez y la razón. Estamos hablando de un nuevo modelo de producción guiado por una lógica distinta, que permita cubrir las necesidades de todos los individuos de una forma sostenible y respetuosa con el planeta, bajo la conocida máxima de vivir bien frente a nuestro incesante anhelo de vivir mejor.


___________
[1] http://www.elmundo.es/navegante/2007/01/10/tecnologia/1168430642.html
[2] http://www.lanacion.com.ar/1003808-una-pila-comun-contamina-3000-litros-de-agua
[3] El Coltán se utiliza principalmente para la fabricación de microchips, baterías de teléfonos móviles, videojuegos y portátiles aunque también se utiliza en centrales atómicas, misiles, estaciones espaciales o fibra óptica entre otros

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En 2025 habrá 10 bolsas llenas de plástico por cada 30 cm de costa en el mundo

Los océanos están llenos de suficiente basura plástica para formar una densa capa sobre todas las costas del orbe, según la primera evaluación mundial detallada del problema.


Científicos estiman que unos 8 millones de toneladas de basura plástica, como empaques y botellas, son descargados en los océanos cada año, y la cantidad acumulada de desperdicios provocará un aumento de 10 veces la cantidad total de ese material en el mar antes de 2020.


Nuestra estimación de 8 millones de toneladas que llegaron a los océanos en 2010 es equivalente a cinco bolsas del mandado llenas de plástico por cada pie (30 centímetros) de línea costera en el mundo, comentó Jenna Jambeck, profesora asistente de ingeniería ambiental en la Universidad de Georgia (Estados Unidos).


En 2025, la cantidad anual será el doble que en 2010, es decir, 10 bolsas llenas de plástico por cada 30 centímetros de costa. Entonces, el efecto acumulado hacia 2025 será de unas 20 veces nuestro cálculo de 2010: 10 bolsas de plástico por cada 30 centímetros de costa en el mundo.


Investigadores habían calculado anteriormente que habría unas 245 mil toneladas de desperdicios plásticos en los océanos. Pero este cálculo se basaba en la cantidad de plástico que se encontraba flotando en la superficie y no tomaba en cuenta el que se ha hundido.


La estimación más reciente proviene de la cantidad total de basura plástica que genera gente que vive a 50 kilómetros o menos de la costa en los 192 países estudiados.


Hasta ahora habíamos calculado la cantidad de contaminación por plástico en el océano llevando un barco muy lejos de la costa, lanzando una red de plancton y contando todas las piezas de plástico que recogíamos. Es una tarea muy tediosa y costosa, relató la doctora Jambeck.


Nuestra cifra es más grande ahora porque lo que encontramos en la superficie es sólo una porción de lo que entra. Una parte se hunde, otra se va a otras zonas. No sabemos con precisión adónde llega todo.


El estudio, publicado en la revista Science, estima que cada año se generan unos 275 millones de toneladas de desperdicio plástico en 192 países, y entre 4.8 y 12.7 millones derivan hacia el mar.


Las predicciones de cómo este desperdicio se incrementará en el futuro próximo toman en cuenta la creciente industrialización de las naciones en desarrollo, el aumento de la población y los intentos de limitar el flujo de basura plástica hacia los océanos por medio de actividades de manejo de desechos en tierra.


Nuestros cálculos futuros son acordes al crecimiento del plástico en nuestros desperdicios y también al aumento de la población, explicó Jambeck.


La basura plástica afecta especies marinas como delfines, focas, tortugas, aves y peces, que quedan atrapados o se asfixian en ella. Y cuando el plástico se descompone en partículas de menos de un milímetro, puede causar problemas para organismos más pequeños si es ingerido, apuntaron científicos.


La investigación más reciente se ha enfocado en plásticos que se fragmentan en el océano y se vuelven partículas microplásticas, que llegan a los extremos más bajos de la cadena alimentaria, por ejemplo peces pequeños, observó la doctora.


Kara Law, de la Asociación de Educación Marina en Woods Hole, Massachusetts, coautora del estudio, señaló: Este trabajo nos da una idea de cuánto necesitamos encontrar en el océano para sumarlo al total. Hay un montón de plástico en el fondo del océano y en las playas de todo el mundo. Por ahora hemos medido principalmente el plástico que flota, y sólo en relativamente pocos lugares.


Traducción: Jorge Anaya

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Expertos llaman al mundo a cambiar de actitud ante problema de la basura
Washington, 9 de agosto. En la basura hay tesoros por descubrir.


Con esta consigna, expertos analizan en una serie de artículos que se comienza a publicar hoy en la revista Science la situación de los desechos en el mundo y las formas de evitarlos o gestionarlos mejor que hasta ahora.


En el ciclo humano del agua hay un artefacto que ha hecho una victoriosa conquista del mundo a partir de Europa a finales del siglo XIX: el inodoro. En la actualidad no solamente hay modelos que ahorran agua, sino algunos que reciclan la orina y los deshechos sólidos para el compostaje. En Hong Kong, con sus millones de habitantes, se utiliza en los inodoros agua de mar y se ahorra 20 por ciento del agua potable.


El avance en estos terrenos no se detiene: este mismo mes varios equipos de investigadores presentarán sus nuevos prototipos en una muestra en Seattle, Estados Unidos. Su propósito es ganar el premio de la Fundación de Bill y Melinda Gates para “la reinvención del inodoro”.


El principal obstáculo son las concepciones culturales fijas, sobre todo en Occidente, escribe el redactor de Science Greg Miller. Como la cultura del “tirar de la cadena y olvidarse”.


Mark van Loosdrecht, de la holandesa Universidad de Delft, presenta una propuesta para resolver uno de los peores problemas: la eliminación del nitrógeno en el agua de desecho. Con su técnica, bautizada Anammox, bacterias transforman los nitratos y nitritos sin oxígeno en nitrógeno que se evapora en el aire. Con ello se evita la sobrecarga del agua.


“En el año 2000 construimos en Hattingen una de las primeras plantas, y entretanto hay unas 30 en toda Alemania”, señaló Jörg Hennerkes, de la Asociación del Rin. “Este procesamiento no sólo necesita menos energía, sino que además no requiere la introducción externa de carbono. Eso funciona muy bien.”


De los desechos sólidos se ocupa Bruce Logan, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, que presenta prototipos de células de combustible microbiológicas. Éstas usan las características de ciertas bacterias del género Geobacter que se producen por la fermentación para producir electricidad. Aunque aún están comenzando a desarrollarse, estas técnicas apuntan nuevas formas de aprovechar los desechos biológicos.


Algunas sustancias problemáticas se pueden reutilizar de forma sencilla, como el polipropileno. También en los metales, que en teoría serían fácilmente reciclables, queda mucho por mejorar. En el mundo suelen reutilizarse los metales más comunes como hierro, níquel y cobre, pero un análisis más detallado revela que durante toda su trayectoria de la mina a su desecho se pierde mucho: en el níquel, por ejemplo, 48 por ciento.


También es necesario desarrollar proyectos para elementos poco comunes, como el litio y el neodimio, que tienen un papel cada vez más importante en la alta tecnología.


En este contexto, la mejor alternativa sería un reciclaje mundial de todas las partes de los aparatos, algo que tiene que ser previsto desde el diseño. Aquí el problema no es la tecnología, según Science, sino los ciclos ya establecidos, que cuesta cambiar. Y eso necesita más bien impulso social.


Dpa

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