La ciencia necesita tiempo para pensar: el movimiento que quiere acabar con la cultura de “publicar o morir”

El ritmo de la producción científica se ha disparado en las últimas décadas. Algunos estudios recientes estiman que hoy existen unas 30 000 revistas que publican al año más de 2 millones y medio de artículos científicos, con un índice de crecimiento anual de un 5 %.

La presión constante por publicar (el famoso “publica o muere”) fomentada por el exigente sistema de evaluación académico y la mayor competición entre el creciente número de grupos de investigación son algunas de las causas de esta sobreproducción de artículos y revistas. Por otra parte, hay que destacar también la aparición de revistas y congresos “depredadores” con las que algunos investigadores, ávidos por aumentar su número de publicaciones, intentan hinchar sus currículums con contribuciones científicas carentes de rigor y con una escasa revisión por pares.


Oras consecuencias de esta aceleración en la producción científica son el despiece de un mismo estudio científico en el mayor número de artículos posible (“salami slicing”), el plagio y la publicación de resultados difíciles de reproducir o incluso erróneos, muchas veces debidos a la precipitación a la hora de publicar.
Frenar la producción científica


En 2010, la Slow Science Academy de Berlín lanzó un manifiesto a favor de desacelerar este ritmo de producción en la ciencia.


«Decimos sí al flujo constante de publicaciones de revistas de revisión por pares y su impacto; decimos sí a la creciente especialización y diversificación en todas las disciplinas. Sin embargo, mantenemos que esto no puede ser todo. La ciencia necesita tiempo para pensar. La ciencia necesita tiempo para leer y tiempo para fallar. La sociedad debería darles a los científicos el tiempo que necesitan, pero lo que es más importante, los científicos deben tomarse su tiempo».


Al igual que los llamados “movimientos por la calma” Slow Food y Slow Fashion, el Slow Science tiene como objetivo que se valore más la calidad de los artículos científicos que su cantidad, para así promover una investigación mucho más reflexiva y pausada.


Una alternativa a la cultura del “publicar o perecer”


«Solo porque contar el número de publicaciones sea una forma fácil y rápida de evaluar la investigación, no significa que sea una buena forma de medir su calidad. La ciencia es un proceso lento, constante y metódico. No debemos esperar que los científicos proporcionen soluciones rápidas a los problemas de la sociedad».
Son palabras de Uta Frith, profesora emérita en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres y una de las impulsoras del movimiento Slow Science. Cuenta en uno de sus artículos que, al igual que con la producción de alimentos, la lentitud puede ser una virtud.


Se trata de una forma de mejorar la calidad y una alternativa a la cultura predominante del “publica o muere”. Según Frith, “de momento no hay ningún plan a corto plazo, tan solo ir despertando conciencias. Cada vez somos más personas hablando sobre esta idea de manera individual en distintas partes del mundo”.


También en España algunos investigadores son conscientes de la necesidad de ralentizar el frenético ritmo de producción científica.


«Creo que la pertinencia de este movimiento se debe sobre todo a su apuesta por la convivialidad. Tenemos que enlentecer los procedimientos de la investigación para estar seguros de que nos estamos haciendo las mejores preguntas y eso equivale a escuchar a los concernidos e incorporarlos en la tarea del diseño de las preguntas y en la interpretación de las respuestas».


Así explica la importancia del Slow Science Antonio Lafuente, investigador científico del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y uno de los impulsores del movimiento en España.


En una de sus charlas, Lafuente recuerda la historia de Stefan Grimm, un profesor de toxicología en el Imperial College de Londres que se quitó la vida en 2014 tras recibir un correo electrónico de sus jefes quienes le exigían mejorar sus métricas académicas y obtener más dinero en proyectos de investigación.


Antes de suicidarse, Grimm envió un correo electrónico a sus compañeros universitarios relatando lo ocurrido.


«Mi jefe, el profesor Martin Wilikins, vino a mi oficina y me preguntó cuántas becas tenía. Después de enumerarlas, me dijeron que no era suficiente y que tendría que dejar la universidad dentro de un año como máximo. La realidad es que estos científicos en lo más alto de la jerarquía solo miran las cifras para juzgar a sus colegas, ya sean factores de impacto o ingresos en subvenciones. Después de todo, ¿cómo puedes convencer a tu jefe de que estás trabajando en algo emocionante si ni siquiera asiste a los seminarios regulares del departamento?».


Los científicos deben tomarse su tiempo


«En 1844, Charles Goodyear describió en una patente la preparación de caucho vulcanizado, uno de los materiales que más se producen actualmente en la industria química. Este gran descubrimiento no fue resultado de una inspiración repentina, sino que llegó después de más de 10 años de experimentos repetidos y resultados fallidos».


La historia la cuenta Jean-François Lutz, investigador del CNRS en el Instituto Charles Sadron de Estrasburgo, en la prestigiosa revista Nature Chemistry. En él critica la rapidez con la que se publican muchos artículos en el campo de la química antes de estar suficientemente maduros.


«Seguramente el Manifiesto de Slow Science no consiga un cambio de ritmo en la ciencia contemporánea. Sin embargo, alienta a los científicos a pensar en cómo trabajan y sobre su papel en la sociedad. Por tanto, cada investigador debería dedicar unos minutos a leerlo y luego sacar sus propias conclusiones. Después de todo, tomarse un tiempo para pensar es, en cierta manera, a lo que todos aspiramos».

Por Manuel Souto Salom. Investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia (ICMol-UV), Universidad de Valencia

09/05/2019


 

Domingo, 03 Diciembre 2017 14:53

No se puede disciplinar la investigación

No se puede disciplinar la investigación

Están pretendiendo controlar el pensamiento mismo de los investigadores. Ya no solamente el de los educadores y profesores. Con ello, de consuno, se trata de controlar a posibles futuros lectores, a los estudiantes y a una parte de la sociedad. Una empresa de control total.


Una tendencia peligrosa tiende a hacer carrera en muchas universidades hoy en día, con paso cada vez más apretado y voz cada vez más elevada. Se trata de los intentos por disciplinar la investigación. Esto es, que los economistas deben publicar en revistas de economía, los administradores en revistas de administración, los politólogos en revistas de su disciplina y los médicos, por ejemplo, en las revistas de su área.


Se les quieren cortar las alas a los investigadores para que publiquen en revistas diferentes a su propia disciplina, y es creciente la tendencia a que, por ejemplo, para efectos de reconocimiento por producción intelectual, se valore poco y nada publicar artículos de alta calidad en revistas de otras áreas, incluso aunque esas revistas puedan ser 1A.


Esta es una tendencia evidente en Colombia y en otros países. Por tanto, cabe pensar que se trata de una estrategia velada que sólo se podría ver como anomalías locales. Falso.


Se trata, manifiestamente, de un esfuerzo cuyas finalidades son evidentes: adoctrinar a los investigadores y ejercer un control teórico —ideológico, digamos—, sobre su producción y su pensamiento. Y claro, de pasada, cerrarle las puertas a enfoques cruzados, a aproximaciones transversales, en fin, a la interdisciplinariedad.


Esta es una política a todas luces hipócrita: en efecto, mientras que de un lado cada vez más los gestores del conocimiento hablan de la importancia de la interdisciplinariedad, de otra parte se cierran; de un lado, en los programas de enseñanza y de otra parte, en los procesos mismos de investigación; libertades básicas que corresponden a lo mejor del avance del conocimiento en nuestros días.
Ciertamente que el conocimiento en general puede tener un avance al interior de cada disciplina. Pero ese progreso es limitado, técnico y minimalista. Dicho con palabras grandes: ese avance beneficia a la disciplina, pero deja intacto el mundo. No cambia para nada la realidad, ni la de la naturaleza ni la de la sociedad.


En realidad, disciplinar la investigación corresponde a la emergencia y consolidación del capitalismo académico. Bien vale la pena volver a leer, incluso entre líneas, el libro fundamental de Slaughter, S., and Rhoades, G., (2009). Academic Capitalism and the New Economy. Johns Hopkins University Press. Un texto invaluable sobre el cual los gestores del conocimiento en países como Colombia han arrojado un manto de silencio. Mientras que en los contextos académicos y de investigación de algunos países desarrollados sí es un motivo de reflexión y crítica.


Están pretendiendo controlar el pensamiento mismo de los investigadores. Ya no solamente el de los educadores y profesores. Con ello, de consuno, se trata de controlar a posibles futuros lectores, a los estudiantes y a una parte de la sociedad. Una empresa de control total.


En muchos colegios, los mecanismos de control ya están establecidos, notablemente a partir de las fuentes que trabajan; los libros, por ejemplo, muchos de ellos, concentrados en dos o tres fondos editoriales. El control ya viene desde las editoriales elegidas por numerosos colegios para la formación del pensamiento de los niños.


En las universidades se ha establecido ya la elaboración de los syllabus y de los programas. La libertad de enseñanza, la libertad de cátedra, como se decía, quiere ser más cercenada y manipulada. Incluso hay numerosos lugares donde se discuten colectivamente los programas, todo con la finalidad de ajustarlos finalmente a los syllabus.


Y a nivel de la investigación, el más reciente, el control ha venido a introducirse justamente con el llamado a la publicación de artículos en revistas de la disciplina. La libertad de pensamiento (= investigación) queda así limitada, si no eliminada.


En un evento internacional hace poco conocí a un profesor que había estudiado un pregrado determinado, había hecho su doctorado en otra área en un país europeo, y como resultado investiga en otros temas diferentes; pero, como pude comprobarlo, en investigación de punta (spearhead science). Pues bien, este profesor anda por medio país, y ahora por medio continente, buscando trabajo, pues las convocatorias en muchas ocasiones exigen disciplinariedad. Así, por ejemplo, haber estudiado economía y tener un doctorado en economía. De manera “generosa” (ironía), se escribe con frecuencia: “o en áreas afines”. Economía es aquí tan sólo un ejemplo.


El subdesarrollo —eso ha quedado en claro hace ya tiempo— no es un asunto de ingresos, dinero o crecimiento económico. Es ante todo una estructura mental. Pues bien, con fenómenos como los que estamos señalando, las universidades están reproduciendo las condiciones del atraso, la violencia, el subdesarrollo y la inequidad. Por más edificios que compren o reestructuren, por más aparatos y dispositivos que introduzcan en las clases y en los campus.


Como se aprecia, parece haber toda una estrategia política. Y sí, la política se ha convertido en un asunto de control y manipulación, no de libertad y emancipación.


Disciplinar la investigación es, en muchas ocasiones, un asunto de improvisación, en otras, una cuestión de mala fe (en el sentido Sartreano de la palabra), y en muchas ocasiones también un asunto de ignorancia.
Muchos profesores, simplemente por cuestiones básicas de supervivencia, terminan ajustándose a elaborar programas en concordancia con los syllabus, y a investigar y publicar en acuerdo con las nuevas tendencias y políticas. Por miedo, por pasividad. Pero siempre hay otros que conservan su sentido de independencia y autonomía.


Como sea, en el futuro inmediato, parece que el problema no se resolverá a corto plazo. Debemos poder elevar alertas tempranas contra la disciplinarización de la investigación. Y hacer de eso un asunto de discusión, estudio y cuestionamiento. Son numerosos los amigos y colegas que conozco que enfrentan este marasmo.
Diciembre 3 de 2017

Martes, 04 Julio 2017 06:36

El medio es el mensaje

El medio es el mensaje

Lo que acontece en el plano de los medios de comunicación masivos ocurre análogamente en el plano de la ciencia y la filosofía. El medio termina siendo más determinante que lo pensado o dicho.



Marshall McLuhan (1911–1980) es un autor desconocido para la mayoría, excepto para los estudiosos de la teoría de la comunicación y un par de intelectuales y académicos adicionales.


Padre del concepto de la “aldea global”, el vórtice de todo su pensamiento es justamente ese: la idea de que, hoy por hoy (lo dice en 1967), lo importante ya no es el mensaje por sí mismo, sino el canal a través del cual se difunde el mensaje. La credibilidad, la atención y el impacto de una noticia o un texto cualquiera se mide no tanto por lo dicho, cuanto que por el medio a través del cual se difunde. Eso: el medio es el mensaje.


Esto vale desde el mundo de las noticias (CNN en Estados Unidos o Globo en Brasil, El Universal en México, El Mercurio en Chile y así sucesivamente) hasta el mundo de la academia y la ciencia. Más vale decir algo en un medio prestigioso, popular y de alto impacto que en uno secundario, marginal y alternativo, por ejemplo.


Es lo que a su manera Thomas Kuhn designa justamente como la ciencia normal. La ciencia normal —que lo que hace es normalizar a los seres humanos— se caracteriza porque tiene sus propios canales de expresión y difusión, hasta el punto de que lo que el Gran Medio dice que es, eso es la Realidad. O la Verdad.


Así, al decir de McLuhan en otro de sus trabajos, los medios constituyen la extensión misma de los seres humanos (Understanding Media: The extensions of Man, de 1964). En general, la obra de McLuhan bien merece una segunda mirada. Pero no es ese nuestro interés principal aquí.


Lo cierto es que, mucho antes de la era de las “posverdades”, los “hechos alternativos” y las guerras de quinta generación (igual a las guerras en curso alrededor del mundo: Venezuela, Irán, Yemen, etc.), McLuhan anticipa con lucidez y clarividencia el núcleo del mundo que se proyecta hasta nuestro días: algo merece mejor credibilidad en función del canal o el medio que publica lo que se dice y se quiere decir. Vivimos la era que el autor canadiense designa como “del cliché al arquetipo” (1970).


Los académicos son los primeros prisioneros de este proceso de normalización de la inteligencia. Para los gestores del conocimiento (knowledge management) lo importante es que los académicos publiquen en medios de “alto impacto” y no lo que los académicos mismo dicen, piensan o publican. Como si “verdad” prefiriera un canal de expresión mejor que otro.


Contra esta política generalizada y condicionada por la cienciometría, existe un movimiento creciente entre investigadores, científicos y pensadores que sostiene exactamente lo contrario. Lo importante no es el medio de la publicación, sino lo publicado mismo.


Esto le abre las puertas de par en par a la vitalidad del conocimiento antes que a su anquilosamiento y formalización. Juan es interesante por lo que dice e incluso por la forma cómo lo dice, no por el medio o el canal que emplea para decirlo. Radicalizando su idea originaria, McLuhan lo sostiene: el medio es el masaje (1967), un estudio concienzudo acerca de la importancia de los efectos. Y tratándose de efectos, lo normal es el medio, no el contenido mismo.


De manera significativa, cabe recordar que la inmensa mayoría de artículos científicos (papers) que han implicado inflexiones importantes en la historia de la ciencia nunca se publicaron en revistas 1A. Por el contrario, en revista, dicho hoy, tipo B o C. Un dato importante de historia de la ciencia con claras consecuencias de tipo, al mismo tiempo sociológico y político.


Lo que se encuentra en entredicho es toda la historia de la cultura en sentido amplio y, con ella, todo el capitalismo académico y el capitalismo intelectual. Paradójicamente, a raíz de un pensador —M. McLuhan— que no fue precisamente un liberal y mucho menos un izquierdista en cualquier acepción de la vida. Todo lo contrario.


¡Vale recordar que las más importantes casas de revistas científicas y académicas son empresas privadas que ganan ingentes sumas con esas revistas! Elsevier, Science Direct, Hindawi. Medios que termina siendo el mensaje mismo. Como se observa, hay un problema serio.


Los gestores del conocimiento nunca han sido científicos o académicos, por definición. Justamente por eso hacen gestión. Ministros, rectores, decanos, por ejemplo. Que son quienes promueven altamente la idea de publicar en medios de “alto impacto”. Como si, para decirlo en términos de Perú o de Colombia, El Comercio o El Tiempo no estuvieran interesados, no construyeran noticias y no sirvieran a intereses claramente preestablecidos, por ejemplo.


Sistémicamente cabe decir que lo que acontece en el plano de los medios de comunicación masivos ocurre análogamente en el plano de la ciencia y la filosofía. El medio termina siendo más determinante que lo pensado o dicho. Sin olvidar que en las guerras de quinta generación, la guerra psicológica y la guerra informacional constituyen ejes centrales además de la guerra económica, la política y la propiamente militar.


De aquí la importancia: (a) en un plano, de los medios de comunicación alternativos, y (b) en otro plano, de revistas y medios no convencionales para la publicación de reportes, informes, discusiones y artículos; pongamos por caso.


Para una sana inteligencia, lo que dice Pedro es bastante más significativo que el canal que elige Pedro, siempre que Pedro diga cosas inteligentes y críticas, novedosas y sensibles. ¿El medio es el mensaje? Sí, para todos aquellos que son normales. Sin olvidar la obra cumbre de ese filósofo argentino, José Ingenieros: El hombre mediocre. Pero para ello necesitamos de otro espacio más amplio.

 

La ciencia, un asunto de comunicación social

Según la Real Academia Española, la ciencia remite al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sin embargo, presentada de ese modo –así, sin demasiado brillo, esquemática y fría–, esta definición oculta una multiplicidad de sentidos susceptibles de ser atribuidos. En principio, más vale arrancar por lo básico: la ciencia es una parte esencial de la cultura, en efecto, engloba un conjunto de prácticas que no existen sin seres humanos que las realicen.


Desde este punto de vista, tres asuntos florecen en el barro analítico y asoman por su importancia. Primero, un requisito: la ciencia requiere ser estudiada en contexto; luego, una propuesta metodológica: la ciencia puede ser abordada desde una perspectiva comunicacional, y, por último, una necesidad: tras considerar los puntos anteriores, será esencial la generación de condiciones de acceso que garanticen la participación de toda la sociedad en el proceso productivo y reproductivo de los saberes científicos.


- Los científicos hacen historia (pero) desde la historia. Es imposible comprender las ideas de algún filósofo o científico –que para el caso, son lo mismo– si no se accede al idioma de época; a respirar sus aires y a pasear por sus caminos. No se trata de ponerse en lugar de nadie, ello es imposible; aunque sí de comprender por qué sus pensamientos se impusieron en ese instante y no en otros, y por qué se desarrollaron en determinadas latitudes cuando las coordenadas podrían haber sido bien diferentes. En última instancia, intentar responder a una pregunta tan simple como: ¿por qué las cosas suceden cuando suceden y en el sitio en que suceden?


Proceso: una palabra que resuena con fuerza y que a menudo se vacía de significado, como usualmente ocurre con toda categoría analítica utilizada hasta el cansancio. Cada acontecimiento forma parte de una sucesión de momentos que se acomodan en una línea cronológica imaginaria que avanza a paso firme y jamás se detiene. Cada genio de época leyó libros que escribieron sus antecesores y se alimentó de las ideas que allí pululaban. Personas como Copérnico, Galileo y Kant, sin dudas, estuvieron interpeladas por sus entornos, pues, trabajaron con herramientas sociales y produjeron ideas maravillosas que hicieron historia pero desde la historia.


- La ciencia y la comunicación: una relación que pide matrimonio. La comunicación puede ser definida como un enfoque que permite desentrañar falsas concepciones, percepciones, valoraciones y modos de significación. Una perspectiva novedosa que –con un objetivo similar al de otras ciencias sociales como la antropología– busca penetrar el denso entramado que presentan los escenarios cotidianos, esos que los seres humanos organizados en grupos acostumbran a llamar "realidad". De aquí que observar a la ciencia con los ojos de la comunicación permite una lectura alternativa que desmitifica la supuesta blancura de un campo que está atravesado por tensiones, luchas de dominación y de poder.


Para ser más explícito, cada vez que una comunidad científica festeja un acontecimiento, ensancha las espaldas de un intelectual y dirige políticas de investigación en direcciones puntuales, lo que está haciendo no es más que velar otros acontecimientos, quebrar otras espaldas y anular otras posibles trayectorias. En definitiva, amordaza otras bocas para callar otras voces que disputan otros sentidos.


Sin embargo, las relaciones entre ciencia y comunicación no descansan en ese escalón. Todavía hay más: la ciencia posee un lenguaje que tiene su gramática, su ortografía y su sintaxis; un lenguaje que es necesario aprender y que sólo los escritores de elite de- sarrollan a medida que peinan sus canas y cuando sus pieles se convierten en pellejos. El gran maestro Leonardo Moledo, a menudo señalaba: "La ciencia es un cuento que la humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje".


- Para el pueblo lo que es del pueblo. El núcleo duro de la ciencia está compuesto por leyes generales, es decir, por enunciados científicos. Desde un enfoque semiótico, las teorías de la enunciación contemporáneas plantean una cuestión central: mientras los enunciados remiten al acto individual de apropiación de una lengua, el proceso de enunciación se caracteriza por la instalación de un "otro" que interpreta –o decodifica, así lo diría el jamaiquino Stuart Hall– el mensaje. Dicho de otro modo, la comunicación es dialógica y el diálogo supone un contexto en el que la práctica comunicativa se desenvuelve. Por tanto, no tiene sentido el hermetismo científico, pues, en definitiva el objetivo de toda investigación debe ser la divulgación; democratizar el acceso y ensanchar el espectro del público alcanzado. La ciencia no es patrimonio de quien "descubre" sino que pertenece a todos aquellos que demuestran curiosidad por aprender sobre un nuevo modo de pensar la vida. En síntesis, el acto hermenéutico de interpretación implica un proceso de resignificación y construcción del que nadie está exento.
- Ideas finales para construir nuevos principios. Resulta imposible, entonces, circunscribir el término –únicamente– al reducido marco de especialistas, uniformados con guardapolvos blancos y rodeados de tubos de ensayo y compuestos químicos multicolores y humeantes. En efecto, la realización de un ejercicio de desmitificación conceptual podría servir para allanar el camino hacia una aplicación más cotidiana y justa del término.


No todo el mundo cree en la existencia de una ciencia unificada que teje relaciones entre disciplinas como pueden ser la Historia, las Matemáticas y la Filosofía –porque para ser más exactos, no todo el mundo posee las necesidades materiales tan satisfechas como para sentarse a reflexionar, con un café en mano, sobre ello–. Y cuanto más se avanza en el tiempo, si es que el tiempo nos permite avanzar y si es que finalmente existe el tiempo (cuestión que habría que consultar tras leer los pensamientos de cráneos talentosos como Norbert Elias o Edward Thompson) la parcialización de los saberes en campos cada vez más y más pequeños es notoria y palpable.


En la actualidad, con mayor recurrencia, los investigadores y los científicos son empujados a realizar análisis acotadísimos y a recortar sus objetos de estudio hasta hacerlos desvanecer por asfixia. Las disciplinas están más disciplinadas que nunca y, en algunos casos, de tanta rigidez terminan por perder el horizonte y el propósito medular, en efecto, que la sociedad alcance un mejor funcionamiento –es decir que logre mayor equidad y autonomía– a partir de la producción de nuevos conocimientos.
En la posmodernidad, se promueven abordajes segmentados pero "profundos" a diferencia de los megaproyectos que los escritores clásicos realizaban en siglos precedentes. Ya no se cree demasiado en las "historias universales" y el polvo mágico de los atlas ha quedado en el camino. Aquellos libros regordetes que parecían encerrar en un puñado de páginas todos los secretos del mundo ya no generan el consenso de antaño. No. Hoy, las narrativas opcionales, los otros relatos, las otras perspectivas y las otras cosmovisiones (que son legítimas pero no están legitimizadas) están en la superficie y conforman la difusa sustancia que definen al viejo nuevo problema del sentido común.


En el siglo XXI, ninguna persona podrá decir que en esta parte del globo no se hace ciencia, luego de conocer, por caso, los impresionantes avances chilenos en materia astronómica, los progresos cubanos en salud pública e inmunología y los progresos costarricenses en producción de energías renovables. En esa línea es que Argentina proyecta el futuro, convencida de tener herramientas suficientes para escribir la historia con un lápiz propio. Sólo será cuestión de sacarle punta y afilar un poco el trazo.


En este marco, la propuesta será pensar en el concepto de ciencia desde un enfoque más flexible: evitar la falsa dicotomía entre las "duras" y las "blandas", otorgarles a las sociales y a las humanidades un estatus tan digno como merecido y promover desde los medios masivos de comunicación una perspectiva que defina a la ciencia más allá de sus etiquetas. No alcanza con desarrollar satélites y tirarlos al espacio, no basta con aprender a resolver ecuaciones de segundo o tercer grado, así como tampoco es suficiente conocer cuáles son los males que causan pesticidas como el glifosato para el reino animal, vegetal y humano. No, pues, la ciencia no es un elemento aislable ni específico ni nada de eso; la ciencia es una práctica cultural y, como tal, tiene sentido siempre y cuando se involucren las personas.


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Una experiencia de comunicación popular

En la localidad de Ciudad Bolívar se desarrolló durante el 2014 una experiencia de comunicación popular con el fin de realizar jornadas de difusión del parque Altos de La Estancia.

La experiencia consistió en conjugar elementos de la comunicación popular, como por ejemplo murales de difusión y perifoneo de cuñas radiales convocando a participar de los eventos y actividades en el parque, con el lenguaje multimedia que permite la internet: creación de blogs y convocatorias por correos electrónicos y redes sociales para la difusión de la información en este sector del suroccidente de Bogotá.

El objetivo fue la creación de una base social juvenil, por medio de la capacitación, que apoye la estrategia de comunicación en el área de influencia del parque Altos de La Estancia por medio de la capacitación en comunicación, con énfasis en radio, graffiti, fotografía y video.

Es de resaltar que ninguno de los jóvenes quiso tomar los talleres de prensa, lo cual demuestra que este lenguaje pierde relevancia entre las nuevas generaciones, constituyendose, sin duda, en una falencia para la construcción de escuela crítica con los jóvenes que poco les interesaba la lectura y la escritura.

Dentro de las actividades de la red de comunicación fueron pintados diez murales de difusión del Parque. Además se realizó una minga de muralismo en la Semana de Altos de La Estancia (octubre de 2014) pintando con el apoyo de artistas de la ciudad el muro de contención del barrio Espino I, con un área de 2.500 metros cuadrados.

En cuanto al trabajo adelantado en producción audiovisual, el colectivo Los Estancinos Alternativos (del colegio La Estancia) realizaron el documental "La historia bajo la tierra" que relata, por medio de testimonios de los habitantes, el proceso de poblamiento y los posteriores riesgos de remoción en masa presentados en el territorio. Además de lo anterior, fue realizado un video clip de la red.

Con el grupo de fotografía, se realizó una exposición durante la Semana de Altos de la Estancia: "Recordando el pasado, viviendo el presente", que recoge la mirada de Lizeth Orozco, una joven del barrio Casa Grande, y José Lermo Valencia, vigía ambiental del barrio Casa Loma, que pertenecen a la Mesa de Técnica de Trabajo Altos de La Estancia. Su exposición fue una invitación para ver el territorio que habitan, un viaje sobre terrenos fracturados, de recuerdos y vestigios de barrios vecinos que desaparecieron a causa de los deslizamientos de tierra entre 1997 y el 2003.

De igual manera, los equipos de producción radiofónica que se conformaron (en Santo Domingo, con el apoyo de la Asociación Cristiana a de Jóvenes – ACJ, y en el colegio La Estancia, con el apoyo de la Red de Emisoras Escolares Alternativas del Territorio Sur –Reats) realizaron cuñas radiales para su perifoneo por los barrios del área de influencia del Parque.

En especial los mensajes transmitidos estimulaban a la comunidad para cuidar el Parque, no arrojar basuras y vincularse a las huertas agroecológicas que están en construcción; como también la difusión de las actividades realizadas dentro del Parque, como el Festival del Viento en agosto, la clausura del diplomado en agroecología para la mitigación del riesgo, la primera semana distrital del parque Altos de La Estancia y el Encuentro de comunicación popular.

En otras palabras, el apoyo de la red de comunicación Altos de La Estancia fue una gran experiencia en materia de comunicación popular, que permitió acercar a las comunidades entorno a un objetivo en común. En este caso la construcción y recuperación del Parque para beneficio de todos los habitantes de Ciudad Bolívar.

Sin embargo, este trabajo se queda corto en la medida que los jóvenes requieren de un proceso de acompañamiento y capacitación, articulado con otros colectivos de comunicación de la localidad. Lo que demuestra esta experiencia son las posibilidades que brinda la articulación de diferentes grupos: desde el arte, la cultura y la comunicación, para formar nuevas maneras de difusión en los barrios; que sobrepasen los individualismos de cada grupo. Esto es lo que podría incidir en la formación ciudadana y hacer contrapeso al monopolio de la comunicación que vivimos a diario.

* Politólogo y comunicador popular. Facebook: Red Comunicación Altos de la Estancia. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - www.redestancia.blogspot.com

Publicado enEdición 211

Con un  comité organizador, con formado por Jorge Beinstein, Reinaldo Carcanholo, Wim Dierchxsens, Antonio Jarquin T, Paulo Nakatani y Remy Herrera, nace el Observatorio Internacional de la Crisis.

¿Cuáles son nuestras áreas de interés?

Como la crisis es multidimensional es necesario profundizar en sus diferentes dimensiones económicas, sociopolíticas y culturales con el afán de señalar tanto las amenazas como las oportunidades de transición en el proceso económico social y político y buscar alimentar el paso de la resistencia a la acción para el cambio.

En primer lugar enfocar diferentes dimensiones de la crisis

a, La crisis financiera: crisis monetaria (declinación del dólar, inestabilidad cambiaria global), la especulación con el oro, las grandes burbujas especulativas, por tipo y regiones, focalización prospectiva de posibles detonadores de crisis financiera (negocios con productos financieros derivados, carry-trade, etc.).

b, El proceso inflacionario-recesivo en curso , aspectos globales, casos nacionales y regionales, etc.

c, Crisis energética extendiendo la evaluación al conjunto de recursos naturales no-renovables y a las estrategias de reemplazo (bio-combustibles, etc.).

ch,. Crisis alimenticia a partir de la especulación con los granos básicos y la crisis ecológica.

d, Crisis del Estado tanto en los países centrales como en los periféricos, focalizando en cada momento temas estratégicamente urgentes (por ejemplo seguimiento dia-a-dia de las turbulencias institucionales en los Estados Unidos); la balcanización en el mundo y en el continente)

e, Crisis ecológica incluyendo el "cambio climático", el tema del agua, etc.

f, Seguimiento de crisis regionales y nacionales como la crisis latinoamericana, crisis de Medio Oriente, etc.).

g, Reservas estratégicas , el conjunto básico para la supervivencia: energía, agua, alimentos, biodiversidad)

h, Militarismo y guerras en el marco de la crisis (seguimiento del Complejo-Militar-Industrial (CMI) norteamericano, el renacimiento del CMI ruso, riesgo de una ampliación de la guerra en Medio Oriente; amenazas hacia América Latina, etc. Se focaliza temas URGENTES (ataque contra Irán, debate estratégico en el seno de la OTAN, etc).

En segundo lugar brindar aportes sobre la transición hacia el postcapitalismo

a. Aportes teóricos a la transición al postcapitalismo

b. Prácticas existentes y oportunidades nuevas para la transición

c. Retroalimentación a los movimientos sociales

d. Política y diplomacia para la integración y la transición

e. Experiencias del siglo XX y construcción del siglo XXI

¿Cuáles son nuestras actividades?

1. Página Web: Colocar en la página web del Foro Mundial de Alternativas (FMA) una selección de artículos que se refieren a las crisis, relevantes para la resistencia y/o los procesos de transición. La selección se realizará en diferentes ideomas.

2. Comunicación: Se creará una red internacional de comunicación abierta para un público mayor.

3. Investigación: a. Se formará un equipo nuclear dedicado a las tareas anteriores pero que a su vez realiza estudios de cierta profundidad sobre la crisis en sus diferentes dimensiones y con sus amenazas y oportunidades. b. A mediano plazo se pretende construir un equipo internacional y transdisciplinario de investigación altamente especializada.

4. Con una periodicidad el equipo central organizará u encuentro con invitados de movimientos sociales y representantes de procesos de transición en marcha para hacer un diagnóstico conjunto con un pronóstico y toma de acción posible para el futuro.

5. Consultarías de investigadores para temas muy especializados.

6. Un informe sintético sobre el estado del mundo cada 3 o 6 meses o después de cada reunión o un anuario con recopilación de artículos y opiniones diversas en varios idiomas.

http://www.observatoriocrisis.org

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