Lunes, 28 Noviembre 2016 15:51

Romper el cerco mediático

Romper el cerco mediático

25 años es un tiempo vital significativo. desdeabajo ha sido en estos años un incasable espíritu dinamizador para la comunicación alternativa y para la democratización de las comunicaciones. Sin duda, ha sido el proyecto más persistente y ambicioso en este campo, extendiendo la mano a otras apuestas de los sectores populares que han caminado por la misma senda. El presente plantea nuevos retos
¡Pa’lante!

 

Al igual que la tierra, en Colombia los medios de comunicación están concentrados en unas pocas manos. El país vive un tiempo convulso, con la oportunidad abierta para que lleguen a buen término los diálogos de paz con las dos más grandes insurgencias. El proceso con el Ejército de Liberación Nacional recién arranca, mientras que el proceso con las Farc, a pesar de los tropiezos, se encuentra próximo a su cierre.

 

Precisamente, en este proceso de transformación de las formas de ejercicio de la política, la comunicación y su democratización son elementos neurálgicos. Los movimientos sociales, con sus distintos repertorios de acción, deberían adquirir mayor centralidad. En este marco, y desde hace unos años, la comunicación ha tomado, paulatinamente, mayor protagonismo en las luchas sociales: la explosión de las nuevas tecnologías digitales como el internet y los teléfonos celulares, abrieron la puerta a múltiples posibilidades y nuevos escenarios desafiantes para las acciones colectivas.

 

En los últimos años vivimos experiencias que han demostrado la manera como podría desenvolverse la dinámica de los movimientos sociales en el país, en particular en un ambiente de posacuerdos. Con mucha fuerza e impacto, en los últimos cuatro años hemos vivido tres grandes paros agrarios (2013, 2014 y 2016), con dinámicas regionales y presencia en campos y ciudades. Estas coyunturas, junto con otras movilizaciones recientes, en el campo de la comunicación alternativa se tornaron en ejemplos de cómo romper el cerco mediático; acción comunicativa mediante la cual se logró posicionar agendas y problemáticas de sectores populares, al igual que legitimar sujetos excluidos y potenciar las movilizaciones mediante diferentes mecanismos. El caso particular del Paro Nacional Agrario del 2013 trasluce los límites y posibilidades de los movimientos sociales en articulación con las plataformas de comunicación alternativa, en el intento por democratizar las comunicaciones.

 

Paro Nacional Agrario

 

Aún lo recordamos. El 19 de agosto de 2013, en respuesta a la crisis agraria, diferentes organizaciones, movimientos y trabajadores rurales iniciaron el Paro Nacional Agrario, protestando por los altos costos de los insumos, por la prohibición sobre el uso de semillas nacionales –incluida en el TLC con los Estados Unidos– y otra serie de factores que golpean de manera coyuntural y estructural al campo colombiano. Creciendo en fuerza e impacto rápidamente, en el curso de pocos días se convirtió en la movilización social más importante vivida en Colombia en los últimos tiempos, construyendo un puente particular entre el mundo rural y urbano, e involucrando a diferentes sectores sociales.

 

Además de los factores estructurales y coyunturales generales, como el TLC con Estados Unidos, la estructura del campo colombiano, las movilizaciones precedentes y el proceso de paz que explican el momento histórico en el que surgió el paro, sugiero tres mecanismos particulares que incidieron directamente en la potencia de la movilización: 1) la represión y estigmatización por parte de las fuerzas represivas del Estado, 2) la identificación simbólica-afectiva con el campesinado, en particular con el boyacense, y 3) la comunicación alternativa permitida por las nuevas tecnologías. Dichos mecanismos se articulan entre sí y confluyen particularmente en el último, permitiendo romper dicho cerco.

 

Cerco mediático

 

El cerco mediático del que hablo está caracterizado por barreras a la circulación, producción y consumo de la información y la comunicación, construidas por determinados actores en su ejercicio de poder y exclusión de otros, mediante diferentes dispositivos; que en este caso abarcan desde el control económico corporativo de los medios hegemónicos, y hasta el control político en determinadas coyunturas. Éste es reproducido constantemente por medios y periodistas, en muchas ocasiones de manera inconsciente o automática. Para los movimientos sociales significa la invisibilización de sus luchas y problemáticas, o presentarlas como ilegitimas, estigmatizar sus mecanismos de acción, excluir a sus actores, sus anhelos y perspectivas, entre otros.

 

Según la investigación realizada por Fecolper, Reporteros Sin Frontera y la Flip: “Monitoreo de la propiedad de los medios (MOM)”, unas pocas familias y grupos económicos controlan la mayor parte de los medios de comunicación dominantes en los distintos formatos (tv, radio, prensa, revista y medios digitales): la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, la Organización Ardila Lulle y el Grupo empresarial Santo Domingo –Valorem, son los más representativos y poderosos. La Organización Ardila Lülle, con 28,7 por ciento, y el Grupo Santo Domingo, con 19,5 por ciento, concentran la mayor parte de la audiencia y los medios. Dichos grupos extienden sus tentáculos a múltiples sectores de la economía y la política, configurando un bloque de poder de grandes magnitudes.

 

Aunque este es el panorama del campo comunicativo colombiano, mal haríamos en echar en un mismo saco a todos los medios y periodistas. Al interior de este bloque hay diferentes apuestas y diversidades políticas, el carácter de RCN –con su apuesta de derecha y de oposición al proceso de paz– contrasta con el de Caracol –en este aspecto con un carácter moderado–; igual acontece con las diferencias entre Semana, El Tiempo o El Espectador.

 

Por esto, es preciso expandir la lectura dicotómica entre medios buenos y malos, dominantes y alternativos, hegemónicos y contrahegémonicos. Captarlos como apuestas de grupos sociales, sectores y clases, con diferentes intereses en choque. Los medios dominantes no son la mera expresión mecánica del modo de producción, no son solo instrumento de los poderosos; su ejercicio en la construcción de hegemonía, en el entretenimiento, en el posicionamiento de concepciones del mundo y percepciones de la realidad, es más complejo.

 

Dentro de esta lógica, podemos, analíticamente, construir cuatro grandes categorías de medios en el panorama colombiano: a) Dominantes o hegemónicos: aquí están ubicados los medios masivos propiedad de grandes grupos corporativos (Rcn, Caracol, El Tiempo, El Espectador, entre otros), b) Institucionales (Señal Colombia, Canales regionales) c) Independientes –por su contenido o propiedad: Las Dos Orillas, La Silla Vacía, Noticas Uno, entre otros– y d) Los medios alternativos y comunitarios.

 

Estos últimos con diferentes concepciones sobre lo que es la comunicación alternativa o popular, integran un amplio espectro de medios en diferentes formatos. Contagio Radio, Prensa Rural, Colombia Informa, El Turbión, Periferia, El Rebelde Medios Alternativos, Noticiero Barrio Adentro y, por supuesto, desdeabajo, son algunos de sus cientos de expresiones. Tienen en común, entre otras cosas, su estrecha relación con movimientos sociales y organizaciones políticas, una apuesta por transformar el orden existente, legitimar interlocutores y sujetos excluidos, y practicar otra forma de comunicación en oposición a la dominante, desde sus formas de organización hasta su financiamiento.

 

Romper el cerco

 

En el paro del 2013, dichos medios hicieron posible romper el cerco. No puede leerse esta dinámica como algo anexo o subsidiario de las movilizaciones en las calles, de los bloqueos, los mecanismos de negociación y las demás formas que el paro adoptó en su transcurso, sino como una acción intrínseca, la comunicación es movimiento, los movimientos sociales son comunicación viva. A la vez que fueron un canal para la transmisión de información de muy variadas personas, fueron una apuesta política que permitió la generación de una dinámica comunicativa que llegó a extensos grupos sociales colombianos. Dicho proceso se vio fortalecido por el uso de las nuevas tecnologías, en particular la internet y los teléfonos móviles, logrando una ruptura con el modelo clásico de emisor–receptor, promoviendo la producción y distribución descentralizada de información, generando también impactos en los medios hegemónicos.

 

Dicho salto, en la práctica, se materializó en el posicionamiento de un sujeto con exigencias legítimas (el campesinado), la visibilización de la problemática rural, la expansión y potenciación de las manifestaciones, y la construcción de redes de solidaridad, permitiendo un proceso de organización como es la Cumbre Agraria, aunque en la práctica haya sido reiterativo el incumplimiento del Gobierno a los acuerdos pactados.

 

Límites y posibilidades

 

En este sentido, el potencial democratizante de los medios de comunicación alternativos es gigante. Por sus dimensiones y características, frecuentemente son calificados como insignificantes, con poco impacto real, con excepción de contadas coyunturas luego de las cuáles pasan a su condición natural vegetativa. Ahora bien, es cierto que su fuerza e impacto en grandes círculos de la sociedad se genera en coyunturas concretas, como la del paro, pero detrás de esto hay dinámicas permanentes, tejidos sociales y fortalecimientos orgánicos de los movimientos y grupos que los componen.

 

El reto consiste en que esta dinámica ocasional pueda ser consolidada como permanente, que se impulse un espacio alternativo de discusión y comunicación. Que se construya una esfera pública alternativa, o contra esfera pública, que logre dotar de contenido el ejercicio democrático con sujetos diversos, en general excluidos. Que puede percibirse en tiempos de mediana duración y consolidarse orgánicamente.

 

Medios con posibilidades pero con muchas limitantes, pues su práctica ha quedado reducida, en general, a la denuncia, dirigida, por demás, a públicos pequeños de simpatizantes. De ahí que sea preciso transformar sus lenguajes, formatos y proporcionar comunicaciones de calidad y análisis, que no se estanquen en la política formal sino que aborden otras esferas culturales. Su propósito no es antagónico con la masividad. La revolución en la técnica y la tecnología proporciona múltiples ventajas y retos en el mundo digital, hay que incursionar con fuerza en las redes sociales y en nuevos formatos.

 

Colombia necesita una democratización en sus comunicaciones. Además de una Ley de medios o una política pública en esta dirección, los medios de comunicación alternativa son una de sus principales expresiones. Para no sólo ser referente sino agentes, deben asumir la tarea de disputa del sentido social en las calles y el mundo digital.

 

* Grupo de investigación Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia. El Rebelde Medios Alternativos. http://elrebeldemediosalternativos.blogspot.com.co/

Publicado enEdición Nº230
“Ahora ya todos trabajamos para las GAFA sin cobrar”

Yo veo muchos de mis alumnos sin empleo, pero están todo el día trabajando gratis para las GAFA.

 

¿GAFA?


Siglas de G-oogle, A-pple, F-acebook y A-mazon. Todos trabajamos para las GAFA sin cobrar y algunos hasta pagan por trabajar para ellas. Son los telares mecánicos del capitalismo cognitivo. Ya no en Manchester, sino en Silicon Valley.


¿Cómo cree que nos explotan?


Con la última y genial metamorfosis de las relaciones de producción: millones de humanos no cobran ningún sueldo pero dedican gran parte de su vida a generar dividendos para las GAFA.


¿Cómo hemos llegado hasta aquí?


Veamos de dónde viene el capitalismo cognitivo en perspectiva histórica: el primer capitalismo fue el mercantil con mano de obra esclava.


Aquí tuvimos esclavos hasta 1888.


Occidente prosperaba con el trabajo de los esclavos en las colonias y unos pocos se hacían ricos con él. Le siguió el auge del capitalismo industrial con asalariados. Al principio, el patrón trataba de impedir que el obrero abandonara el empleo y lo hacía vivir junto a las máquinas.


Ahora la obsesión es poder echarlo.


Pero hay residuos de aquel empeño: aún se ata a muchos inmigrantes a salarios muy bajos con la amenaza de perder el visado si buscan otro.


Pero en la sociedad postindustrial el empleo es un bien escaso.


Porque en el capitalismo cognitivo el empresario digital necesita muy pocos empleados.


¿Cómo ganan dinero sin dar empleo?


Ocupando todas las facetas de nuestra vida. La digitalización consiste en poner on line, ergo monetizar, todas las relaciones humanas.


Eso son muchos bytes.


Necesitas billones de datos para que den dinero, por eso sólo cuatro o cinco multinacionales como las GAFA los monopolizan. Y ya son las primeras empresas en capitalización.


Ganan más que la General Motors, las petroleras o los gigantes de otros sectores.


Porque, en los 80 y 90, supieron ver las nuevas Américas por explorar al otro lado de los océanos digitales: conquistarían todo lo que hacemos en nuestra vida y lo convertirían en datos, y los datos, en dinero. Y los conquistadores se lanzaron a por ellas desde Silicon Valley.


Al principio, digital quería decir gratis.


Nadie se daba cuenta de que gratis eran las baratijas con que los esclavistas engañaban a los nativos hasta encadenarlos. Ahora los cuatro big brothers GAFA convierten el gratis en oro. Metemos toda nuestra vida en la red digital universal, que va sustituyendo a la vida real.


Ya no haces amigos, montas la excursión o saludas a la abuela si no es on line.


Y cada minuto que pasamos en pantalla es dinero para las GAFA. Las otras dos esferas de acumulación de plusvalías son las clásicas para el capitalista: los asalariados y el trabajo en negro, Sólo la esfera clásica del trabajo asalariado paga impuestos y seguridad social. Y disminuye: hay menos empleos y están peor pagados.


Las GAFA eluden y aun evaden impuestos.


Es una de las grandes razones de la grave crisis de la fiscalidad del euro, porque nuestras instituciones aún no saben fiscalizarlas. A veces están en connivencia con las multinacionales.


¿Cómo convierten las plataformas digitales nuestras relaciones humanas en dinero?


Se van apropiando de todos los signos que los humanos generamos en el planeta: el presupuesto de una empresa o el cumpleaños de la abuela en Facebook. Es la economía de la atención: cuanta más atención les prestamos, más datos les damos y más rentables son. Los convierten en dinero, acompañándolos de publicidad viralizada, o en información mercancía para venderlos como big data a otras empresas.


¿Crean, transforman o destruyen?


Es una espiral descendente hacia el low cost universal. El capitalismo digital no distingue descanso y actividad: siempre está generando tráfico. Hasta los esclavos descansaban, pero las GAFA digitalizan y monetizan día y noche, festivo o laboral... Y el día de Navidad más.


Eso es mucho, pero que mucho dinero.


Es una revolución monetaria igual que la provocada por la colonización que obligaba a asegurar embarcaciones con grandes sumas que a su vez originaron las bien capitalizadas aseguradoras, bancos, acciones, bolsa... ¡Capitalismo!


Ahora se requiere liquidez suficiente para monetizar toda la actividad humana.


¿Y qué cree que está pasando? Pero no se reparte, sino que se acumula en pocas manos.


Creo que empezamos a percibirlo.


Empresas de hostelería sin hoteles, de taxis sin coches, concentrando beneficios en poquísimas manos. Igual que cuando se industrializó el planeta: la tecnología digital es disruptiva y genera desigualdad, trabajo manchesteriano: envía clases medias al paro o las proletariza.


Por eso se sucedieron las revoluciones hasta los grandes pactos sociales.


Hay que hacer política. Debemos instaurar garantías de bienestar que no dependan de los salarios convencionales, como la renta universal o los complementos a los salarios más bajos. Y hay que gravar a las digitales por ese trabajo que les hacemos sin cobrarles.


Pero la izquierda parece encantada con las plataformas digitales democratizadoras.


Es tan ingenua como la que profetizó al comenzar la revolución industrial que las máquinas liberarían al hombre del trabajo.

Publicado enInternacional
Martes, 23 Junio 2015 15:34

No quieren superar la brecha digital

Charis Tsevis

En la lectura del PND "Todos por un nuevo país" hallamos una serie de menciones con las que impulsan programas y proyectos relacionados con el desarrollo de las Tecnologías de la información y la comunicación –Tics– en materia de política pública. Allí expresan que pretenden, como interés principal, desarrollar una plataforma que sirva a la equidad, la educación y la competitividad de toda la nación. El desarrollo de estos propósitos se encuentra en los objetivos y metas del Plan Vive Digital (2014-2018).

Sorprende la ambiciosa tarea allí propuesta: convertir a Colombia en el líder mundial en la experiencia de aplicaciones sociales, sobre todo, dirigidas a los sectores más pobres. Titánica misión cuando sabemos que en el mundo dos terceras partes de sus pobladores nunca podrán acceder a un computador o dispositivo conectado a internet, debido a las condiciones de pobreza estructural. Pese a esto, ahora vienen con el cuento que en un país como el nuestro, donde el hambre no sólo existe sino que es inocultable, y la inexistencia de un servicio público como el agua potable es una realidad para muchos municipios, corregimientos y hasta ciudades, harán con las Tics en pocos años una experiencia exitosa de inclusión social de referencia internacional.

La tecnología, referida no sólo al nivel digital y de programación, antecede a esta época en la historia del relacionamiento con las herramientas, aparatos y máquinas construidas por las sociedades, se convierte en un vector que implica una fuerza social que acelera cambios pero a la vez genera usos culturales desiguales entre los distintos sectores. ¿Cuál es la apropiación que puede tener la nación colombiana de un sistema o plataforma? Pues no se trata aquí de rechazar frontalmente cualquier propuesta pero tampoco de una aceptación pasiva. En principio, la manera de relacionarnos con los artefactos y dispositivos tecnológicos depende de nuestro grado de comprensión de los mismos. Así, la dimensión de conectividad puede ofrecer y/o potencializar capacidades y competencias, pero depende del componente cognitivo que transforma la percepción o visión del mundo. Desde un análisis cultural los dispositivos son semióticos que renegocian los significados.

Un aspecto social sobre las investigaciones en el campo de las tecnologías enfatiza, no en los desarrollos propiamente en hardware de los artefactos o software en su programación, sino en el uso cultural por establecer, en los significados que cobra para los usuarios y en las expresiones sociales establecidas entre las personas. Estas reflexiones, a la luz de la realidad nacional, muestran que tras la pretensión proyectada en el PND, la primera barrera está dada en el acceso, quién no cuenta con las tecnologías está borrado del escenario digital. Lo anterior indica que la población que no cuenta con las condiciones materiales queda excluida, pero también quedan por fuera las personas que no cuentan con los conocimientos básicos para su uso. Esto sin contar con aquellos cuya característica es la pasividad, convertidos en simples espectadores.

Por tanto, analizar la implementación de política pública en esta materia, tendría que dar cuenta de la destinación de recursos para garantizar los derechos al mundo digital y mejorar la relación con la institucionalidad estatal. La responsabilidad de esta enorme tarea recae principalmente en el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, pero el documento señala que la mayoría de los recursos necesarios provienen principalmente del sector privado. Por lógica neoliberal es una oferta como negocio y no vía para garantizar un derecho colectivo adquirido y garantizado por el Estado. En todo caso esto nos obliga a interrogar, ¿cómo van a garantizarlos y cuál es el camino para su gestión? El hecho que los dineros provengan del sector privado señala que no están garantizados y que de esas inversiones saldrán lucrativos negocios antes que goces colectivos.

Las metas establecidas en el Plan son muy altas. Al realizar un recorrido por las líneas relacionadas con la ampliación de infraestructura, por ejemplo, apuntan como retos a cumplir en el 2018: 27 millones de conexiones a internet por banda ancha, acceso a fibra óptica para el 63 por ciento de hogares, contar con cobertura nacional al 100 por ciento en todas las cabeceras municipales con 4G, el despliegue al 100 de la Televisión Digital, habilitación a 1.000 zonas Wifi en los 1.123 municipios del país, así como la instalación de 7.621 kioscos Vive Digital. ¿Metas reales? ¿Demagogia?

También se jactan en decir que lograrán convertirse en un gobierno más eficiente y transparente gracias a las mismas tecnologías. En otro conjunto de metas buscan favorecer la ciudadanía digital, al facilitar trámites y su relación con la institucionalidad. En este sentido la virtualidad es posibilidad de ser presencia en el escenario digital, pero ésta recae mayoritariamente entre la población en prácticas culturales de "narración o exaltación de sí", como lo expresa el uso cultural de las redes sociales, todo en lógica de la sociedad del espectáculo. Por otro lado, la interacción con la interfaz, a diferencia de lo que ingenieros y programadores promulgan, no es transparente ni neutral sino que proyecta implicaciones profundamente ideológicas. Porque es muy distinto una ciudadanía digital empoderada para la exigibilidad de derechos a un usuario de la web que consulte la poca información maquillada en las páginas institucionales. Pretender que el 80 por ciento de las entidades nacionales y territoriales cuenten con mayor eficiencia hacia "Gobierno en línea", cuando la misma página del ministerio de las Tics no está actualizada, pues a la fecha aún no cuelga su plan de acción y su visión institucional, es clara evidencia de lo distante que está la realidad de la demagogia. Lo que conseguirán serán múltiples sitios en línea convertidos en "islas que nadie visita" dentro de las rutas de navegación que realiza la población.

Hay que subrayar. El PND no brinda lineamientos en la vinculación de las metas de desarrollo tecnológico con el sector educativo, deja las tareas sobre innovación en manos de Colciencias, orientada ahora hacia la investigación con fines militares, además seriamente cuestionada por centros y grupos de investigación de universidades públicas y privadas, en el sistema de clasificación establecido que condiciona la democratización de recursos en sus convocatorias.

Para poder cumplir con sus metas, en una mayor cantidad de años y con mayores recursos, el gobierno necesitará desarrollar e impulsar, educativamente, los nuevos campos profesionales surgidos en el desarrollo de las tecnologías. Sin embargo, al gobierno sólo le interesa formar técnicamente para la adopción de las innovaciones realizadas en otros países.

Ahora, lo que sí propicia el Plan es el espacio y las condiciones para que la industria cultural norteamericana pueda incidir en la parrilla de programación. Así queda evidente al final del documento, dentro de los objetivos del fortalecimiento a los canales institucionales, que dispone una apertura para realizar coproducciones internacionales con Discovery, Fox y Mtv. Así, las políticas públicas buscan beneficiar la transformación intensiva de las industrias culturales para que puedan desarrollar sus narrativas transmedia, es decir, formas de expandir relatos por diferentes lenguajes, plataformas de comunicación y medios, convertidas hoy en las nuevas industrias creativas del mercado de consumo digital y el entretenimiento, con narrativas extensas en diferentes formatos.

Puede concluirse entonces, como resumen, en este acápite del PND, que aquí no buscan una soberanía digital, la misma que implicaría fuertes inversiones para ser productores de tecnología, o financiar proyectos que busquen frenar la dependencia en materia satelital, lo que demanda contar con tecnología propia en comunicación, y poder así disponer con redes propias.

La dependencia es evidente hasta en temas como el software privativo, pues no les interesa que las instituciones oficiales adquieran y desarrollen software libre, para liberarnos así de una parte del control de las multinacionales. No les preocupa cambiar la realidad nacional. El mismo financiamiento es la evidencia que el sector es asumido por el gobierno nacional como negocio, al dejar en manos de particulares un sector vital y estratégico como éste, para que unos pocos continúen perpetuándose con grandes ganancias, condenándonos a continuar con la dependencia que nos catacteriza y determina.

Así como muchos otros propósitos del PND están desfinanciados, las tecnologías son la punta de lanza de lo que parece ser "todos por un nuevo país, aunque continúe siendo para los pocos que siempre la han gobernado".

 

1 Sibilia, Paula, La intimidad como espectáculo, FCE, Buenos Aires, 2009.

2 González, Juan, Entre cultura(s) y [email protected](s), Universidad de la Plata, Buenos Aires, 2007.

3 Scolari, Carlos, Hipermediaciones, Editorial Gedisa, Barcelona, 2008.

4 Luhmann, Niklas, Sistemas sociales, lineamientos para un teoría general, Anthropos, Bogotá 1998.

5 Amador Baquiro, Juan Carlos, "Las mutaciones de la subjetividad y el desenfreno del yo" en: Infancia, cibercultura y subjetividades, Universidad Distrital, Bogotá, 2012.

6 Schultz, Margarita, El factor humano en la cibercultura, Alfagrama Ediciones, Buenos Aires, 2007.

7 Scolari, Carlos, Narrativas Transmedia, Deusto, Barcelona, 2013.

Domingo, 09 Noviembre 2014 08:36

En la era de la democracia digital

En la era de la democracia digital

Hoy acecha el espionaje masivo de las agencias de seguridad, el robo sistemático de los datos en las redes sociales y la radiografía permanente de nuestros actos y costumbres.

 

Desde París


Teníamos la democracia política, luego, entre otras, nació la democracia de opinión. Ahora existe otra forma de democracia, tal vez la más amenazada de todas: la democracia digital. Las cada vez menos "nuevas tecnologías" crearon un soporte en las redes que dio lugar a uno de los más vastos sistemas de comunicación entre los seres humanos. Pero esa democracia digital está acechada por el espionaje institucionalizado y masivo de las agencias de seguridad, por el robo sistemático de los datos en las redes sociales, la radiografía permanente de nuestros actos, gestos, pensamientos y costumbres y la monetización de cada clic.


Jérémie Zimmermann, el animador del grupo francés La Quadrature du Net y coautor, junto a Jacob Appelbaum y Andy Müller, del libro de Julian Assange Cyberpunks advierte: "Hay que comprender que estamos asistiendo a la aparición y a la difusión masiva de una tecnología antisocial y anticiudadana". Frente a esta amenaza polifónica surgió como respuesta una nueva forma de resistencia que consta de tres ramas que terminaron por unirse en un naciente movimiento político. Son, a su manera, los nuevos apóstoles de la transparencia de los Estados, un contrapoder que creció, en parte, en el corazón del poder: se trata, por un lado, de los antiguos militares, diplomáticos y agentes secretos norteamericanos o británicos, de los especialistas de la seguridad informática, de los funcionarios o empleados de las multinacionales. A ellos se les sumaron hombres como Julian Assange o Edward Snowden y una galaxia de jóvenes compuesta por hackers, militantes por los derechos cívicos y los derechos humanos en Internet, abogados, militantes por la privacidad de la red y una Internet libre, neutra y humanista.


Estos son los actores de una corriente política mal conocida, despreciada por la prensa hegemónica, a menudo ignorada o incomprendida por el público. Sin embargo, estos militantes de la democracia digital desempeñan un papel decisivo en la defensa de nuestras democracias formales, de nuestras libertades y nuestra intimidad. Acusados de traidores en sus respectivos países, perseguidos por la Justicia, amenazados, muchas veces exiliados, estos filtradores de información comprometedora así como la nueva generación que los protege se han tornado un eslabón esencial de lo que está en juego en la construcción de nuestra civilización. "Hoy estamos ante un movimiento político y cultural global", afirma Markus Beckedahl, dirigente alemán de una start-up de programas libres y responsable de la publicación del libro colectivo Uberwächtes Netz (La red bajo vigilancia) redactado por cuatro expertos. Para ellos, el caso del ex analista de la CIA y de la NSA Edward Snowden y las revelaciones que aportó a través del periodista Glenn Greenwald del diario británico The Guardian es como el punto de partida de una aventura política. "El escándalo Snowden será tal vez para nosotros lo que fue el accidente nuclear de Chernobyl para los ecologistas", reconoce Pavel Meyer, un diputado por Berlín del Partido Pirata alemán y, además, encargado de supervisar los servicios secretos del estado berlinés.


Filtradores o "whistleblower" hubo siempre. Saltaron a la escena contemporánea gracias a tres de ellos: el soldado Bradley Manning –fue él quien le suministró a Julian Assange los documentos sobre la guerra de Irak difundidos por Wikileaks–, el mismo Julian Assange y Edward Snowden. Sin embargo, estos tres personajes mundiales descienden de una dinastía cuyas mejores páginas se escribieron a partir de los años '60 en Estados Unidos. El primero fue Daniel Ellsberg. Ex analista norteamericano, Ellsberg le suministró a The New York Times los famosos "Pentagon Papers". Un total de 7000 páginas de documentos secretos pertenecientes al Pentágono que demostraban el oscuro proceso de decisión del gobierno durante la guerra en Vietnam. Los "Pentagon Papers" tuvieron una influencia categórica en el fin de la guerra de Vietnam. Para Ellsberg, la situación es muy clara: "El gobierno norteamericano lleva a cabo una guerra contra quienes dicen la verdad, una guerra contra el derecho de nuestras democracias a conocer cómo actúan los Estados". El otro personaje conocido de esos años es William Mark Felt, alias Garganta Profunda. Felt les suministró a los periodistas del Washington Post la información que condujo a la renuncia del presidente Richard Nixon, en 1974. Los atentados del 11 de septiembre y la guerra de Irak precipitaron y ampliaron el movimiento a través de personajes notorios que osaron desafiar los Estados, las agencias de espionaje, la industria del armamento, el mundo de las finanzas o las multinacionales de Internet.


Entre ellos se destacan William Binney, ex miembro de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, la NSA. Es un hombre clave. Binney inició en 2001 el programa de espionaje Prism con el cual la NSA monitorea el planeta entero. Luego, ante los abusos, lo denunció. "Estamos muy, muy cerca de ser un Estado totalitario. Edward Snowden le hizo un gran favor a la humanidad", afirma Binney. También está Thomas Andrews Drake, un ex ejecutivo de la NSA que, en 2006, denunció los procedimientos de la agencia: "La democracia no puede estar en manos de una sola persona o de un organismo oscuro. ¿Hasta cuándo deberemos sacrificar nuestra libertad en nombre de la seguridad?", alega Drake. Igualmente, hay que destacar a John Kiriakou, ex agente de la CIA que reveló la práctica de la tortura en las guerras de Afganistán, Irak y en Guantánamo.


Filtradores hay muchos más, pero la novedad radica en lo que produjo el caso Snowden. Se trata de una convergencia entre todos hacia la defensa global de la democracia digital y la otra. Como lo recuerda el francés Jeremy Zimmermann, "en la intimidad emerge de nuestras conciencias lo que define nuestra individualidad, nuestra identidad. Eso es justamente lo que está amenazado cuando nos espían". Zimmermann es un genuino representante de la nueva generación que se alió con los antiguos filtradores y los más recientes. Este link pasa por tres capitales: Londres, Berlín y París. Londres, porque allí está Assange; París, porque el grupo de Zimmermann, la Quadrature du Net, es híper activo y Berlín porque allí fueron a exiliarse varios jóvenes que trabajaron en el entorno de Assange y Edward Snowden. La persecución policial fue tal que eligieron Berlín como tierra de asilo. Alemania es un paraíso y el frente más activo de la resistencia. Allí vive Sarah Harrison, miembro del equipo de defensa jurídica de Wikileaks. Fue Sarah Harrison quien acompañó a Snowden durante los días en que estuvo varado en el aeropuerto de Moscú hasta que Rusia le otorgara la residencia. "Se trata, ante todo, de nuestros datos, de nuestra información, de nuestra historia. Debemos batallar para poseerla", dice Harrison. Otro personaje central de los exiliados de Berlín es el hacker y experto en informática Jacobo Appelbaum. Fue él quien se encargó de cifrar los intercambios entre Snowden y el periodista Glenn Greenwald. Appelbaum es, además, un integrante central del proyecto –real– de red descentralizada Tor que permite circular por la red sin dejar huellas. Appelbaum retrata muy bien la violación cotidiana en la que vivimos: "Estamos frente a un aspirador de datos. Es como si la NSA abriera cada mañana las cartas que recibimos y copiara el contenido. No hay escapatoria". Anni Machon –también exiliada en Alemania– denunció en los años '90 una operación organizada por el contraespionaje que apuntaba a pagar a islamistas libios para que asesinen a Muammar Khadafi. Hoy, Machon preside la Fondation Courage. Este organismo se encarga de proteger a los filtradores. "Divulgar información confidencial tiene un costo muy alto, afirma Anni Machon: "Muchos filtradores van presos, son perseguidos, pierden su trabajo, sus derechos, sus familias y nadie quiere contratarlos. También se los acusa de traidores y, de inmediato, se vuelven seres tóxicos". Con la internacionalización del espionaje, hackers, filtradores y militantes de todo origen se acercaron y abrieron un campo de batalla prioritario. El lugar de encuentro es el CCC, el Chaos Computer Club de Alemania. El CCC es la asociación de hackers más importante de Europa.


La transparencia digital de los Estados es tan decisiva como la transparencia de la democracia política. Estos nacientes centinelas de la democracia digital necesitan la contribución de las conciencias. Estas, sin embargo, parecen domesticadas, fascinadas aún por el objeto tecnológico como para darse cuenta del peligro que se corre. El mundo de hoy ya estaba escrito. El escritor norteamericano Philip K. Dick – Minority Report, Blade Runner, Total Recall– lo anticipó en sus primeras novelas de los años '50. Vio la NSA, el espionaje, las redes, la persecución digital. Sólo le faltó vislumbrar un ingrediente determinante en esta batalla democrática que recién empieza: la pasividad de las sociedades.


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Edward Snowden: "Internet no es el enemigo al igual que no lo es Irak"

Pocos tienen el privilegio de entrevistar a Edward Snowden, aún por videoconferencia, después de que destapara, por medio de filtraciones a los periodistas, uno de los mayores escándalos, o el que más, de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA por sus siglas en inglés).


TED Talks lo ha conseguido. El programa de Tecnología, Entretenimiento y Diseño con más de 900 charlas (que se pueden descargar gratuitamente), traducidas a 80 idiomas y, hasta 2011, visitadas por más de 400 millones de veces, lo ha entrevistado en una curiosa videoconferencia. Al parecer, el programa estadounidense ha creído que las de Snowden sí eran "Ideas dignas de difundir" (el lema del espacio televisivo), al contrario de lo que pueda pensar su país.


Te han calificado de muchas maneras en los últimos meses. Te llamaron soplón, traidor, héroe. ¿Con qué palabras te describirías?
Quién soy realmente no importa. Si soy la peor persona del mundo, puedes odiarme y pasar a otra cosa. Lo que de verdad importa son los problemas. Lo que en verdad importa es la clase de gobierno que queremos, el tipo de Internet que queremos, el tipo de relación entre las personas y las sociedades. Hacia allí quiero que vaya el debate y lo vemos cada vez más con el tiempo. Si tuviera que describirme, no usaría "héroe", ni "patriota", ni "traidor". Diría que soy un ciudadano estadounidense como cualquier otro.


Hace un año, estabas en Hawái trabajando como consultor para la NSA. Como administrador de sistemas, tenías acceso a sus sistemas y empezaste a revelar ciertos documentos clasificados a algunos periodistas elegidos cuidadosamente, lo que desembocó en las revelaciones de junio. ¿Qué te impulsó a hacer eso?
Si iba al Congreso, corría el riesgo de que me enterraran junto con la información y que la gente nunca se enterara. No había leyes, no había protección legal para un empleado privado, para un analista privado como yo. Pero la Primera enmienda de la Constitución de los EEUU nos garantiza la libertad de prensa por una razón: permitir una prensa antagonista que desafíe al Gobierno.


Algunas personas están furiosas con lo que hiciste. Oí una frase de Dick Cheney que dijo que Julian Assange era una picadura de pulga, Edward Snowden es el león que decapitó al perro. Dice que cometiste uno de los mayores actos de traición en la historia de EEUU. ¿Qué les dirías a las personas que piensan así?
Dick Cheney es especial. Es increíble porque cuando Julian Assange estaba haciendo su mejor trabajo, Dick Cheney decía que iba a terminar con los gobiernos del mundo, los cielos arderían en llamas y los mares entrarían en ebullición, y ahora dice que es una picadura de pulga. Deberíamos sospechar del mismo tipo de declaraciones exageradas sobre el daño a la seguridad nacional por parte de estos funcionarios. Pero pensemos que estas personas realmente creen lo que dicen. Yo diría que tienen una concepción muy cerrada de la seguridad nacional. Las declaraciones de gente como Dick Cheney no mantienen seguro al país. El interés del público no siempre es el mismo que el interés nacional. Ir a la guerra contra personas que no son nuestro enemigo en lugares que no son una amenaza no nos hace más seguros, y eso es válido en Irak o en Internet. Internet no es el enemigo. Nuestra economía no es el enemigo. Los negocios estadounidenses, chinos, y cualquier otra empresa son parte de nuestra sociedad. Son parte de nuestro mundo interconectado. Hay lazos de fraternidad que nos unen, y si se destruyen estos lazos socavando los estándares, la seguridad, la forma de conducta, los países y los ciudadanos del mundo esperan que nos atengamos a ellos.


Pero se dice que robaste 1,7 millones de documentos. Parece que solo algunos miles fueron compartidos con periodistas hasta ahora. ¿Habrá más revelaciones?
Seguro que hay más revelaciones por venir. Creo que sin dudas todavía están por hacerse algunos de los informes más importantes.


Hicieron el cálculo de que valía la pena reducir la seguridad de nuestras comunicaciones como parte de la defensa de EE.UU. contra el terrorismo. ¿Es un precio que vale la pena pagar?
Al analizar los resultados de estos programas contra el terrorismo, verán que no tienen fundamento y no hace falta que crean mi palabra, porque tuvimos la primera audiencia pública, el primer tribunal federal que lo analizó, fuera del arreglo secreto, y tildó a los programas de orwellianos y posiblemente inconstitucionales. El Congreso, que tiene acceso para instruir sobre estas cosas, y ahora desea hacerlo, ha presentado proyectos de ley para reformarlo, y dos paneles independientes de la Casa Blanca que revisaron toda la evidencia clasificada dijeron que estos programas nunca han detenido ni un solo ataque terrorista inminente para EE.UU. Entonces, ¿realmente estamos parando el terrorismo? ¿Estos programas tienen algún valor? Yo digo que no y los 3 poderes del gobierno estadounidense también dicen que no.


¿Crees que hay una motivación más profunda para ellos que la guerra contra el terrorismo?
La conclusión es que el terrorismo siempre ha sido lo que en el mundo de la inteligencia llamaríamos una excusa para la acción. El terrorismo es algo que provoca una respuesta emocional que permite que las personas razonen autorizando poderes y programas que de otra manera no harían. En la era post 11-S, usaron el secreto y la justificación del terrorismo para empezar estos programas en secreto sin consultar al Congreso, ni al pueblo de EE.UU., y es de ese tipo de gobierno a puertas cerradas del que tenemos que protegernos, porque nos hace menos seguros y no aporta valor.


Me parece que este debate no se divide por las líneas políticas tradicionales. No es izquierda o derecha, no se trata de estar a favor del gobierno, de ser libertario ni nada de eso. En parte es un problema generacional. Ustedes son parte de una generación que creció con Internet y parece que se ven ofendidos a un nivel casi visceral si ven algo que creen que puede dañar a Internet. ¿Hay algo de cierto en eso?
Sí, creo que es cierto. No se trata de ser de izquierda o derecha. Nuestras libertades básicas, y cuando digo nuestras, no me refiero solo a los estadounidenses, sino a las personas de todo el mundo, no tiene que ver con un problema partidario. Estas cosas en las que creen todas las personas, y depende de todos nosotros protegerlas, y de las personas que han visto y disfrutado de una Internet libre y gratuita depende de nosotros preservar esa libertad para que la próxima generación pueda disfrutarla, y si no cambiamos las cosas, si no nos paramos para hacer los cambios que hay que hacer para mantener la seguridad en Internet, no solo por nosotros sino por todos, vamos a perderla, y será una pérdida tremenda, para nosotros y para todo el mundo.


Hace 30 años que se fundó TED, en 1984. Hubo muchas charlas desde entonces siguiendo el razonamiento de que en realidad George Orwell estaba equivocado. No hay un Gran Hermano que nos mira. Nosotros, gracias al poder de la Web, y la transparencia, estamos mirando al Gran Hermano. De alguna manera, tus revelaciones le dieron una puñalada al corazón de esa mirada más bien optimista, pero todavía crees que hay algo para hacer al respecto.

Exacto, se puede argumentar que los poderes del Gran Hermano han aumentado muchísimo. Hace poco salió un artículo legal en Yale que establecía el principio Bankston-Soltani que decía que nuestra expectativa de privacidad es violada cuando las capacidades de vigilancia del gobierno se vuelven más baratas en un orden de magnitud, y cada vez que eso sucede, tenemos que revisar y reequilibrar nuestros derechos de privacidad. Eso no ha sucedido desde que los poderes de vigilancia del gobierno aumentaron en varios órdenes de magnitud, y por eso tenemos el problema que tenemos hoy pero todavía hay esperanza, porque los poderes de los individuos también se incrementaron con la tecnología. Soy una prueba viviente de que un individuo puede ir cabeza a cabeza contra los adversarios más poderosos y las agencias de inteligencia más poderosas del mundo y ganar, y creo que eso es algo que nos da esperanza, y tenemos que construir sobre eso para que sea accesible no solo para los expertos técnicos sino también para los ciudadanos comunes. El periodismo no es un delito, la comunicación no es un delito y no tienen que monitorear nuestras actividades cotidianas.


El New York Times pidió una amnistía para ti. ¿Aceptarías una oportunidad para volver a EEUU?
Claro. Sin dudas, los principios que han sido el fundamento de este proyecto han sido el interés público y los principios que subyacen al establishment periodístico de EE.UU. y del mundo, y creo que la prensa ahora dice apoyamos esto, esto es algo que tenía que pasar, es un argumento fuerte pero no es el argumento final, es el público el que debe decidir. Pero al mismo tiempo, el gobierno dio a entender que quiere un tipo de acuerdo, que quieren que comprometa a los periodistas con los que trabajé, a regresar, y quiero dejar en claro que no hice esto para estar a salvo. Hice esto para hacer lo correcto, y no voy a detener mi trabajo en interés del público solo para beneficiarme.

"Las tecnologías digitales debilitan la capacidad de decidir"

Ya no estamos solos. Un doble o muchos dobles nuestros persisten en los incontables Data Center del mundo, en las redes sociales, las memorias gigantescas de Google, de Facebook o de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, la NSA. Es lo que el ensayista francés Eric Sadin, uno de los autores más proféticos y brillantes en el análisis de las nuevas tecnologías, llama "la humanidad paralela".

 

Este ensayista francés no comete la tontería de agitar espantapájaros triviales a propósito de nociones como el "transhumanismo". Tampoco se refiere a la fusión física entre el ser humano y las máquinas, el famoso ciborg, ni ahonda en la tesis del fin de una humanidad recuperada o salvada mediante soportes numéricos. No. Eric Sadin piensa de manera magistral las relaciones entre el individuo, la sociedad, los datos, los programas, los iPhones o los smartphones, los grandes sistemas que deciden por sí solos y la amenaza de los Data Center.

 

En cada uno de sus libros anteriores, Surveillance Globale, La Société de l'anticipation, Eric Sadin ha explorado como pocos las mutaciones humanas inherentes a la erupción de la hiper tecnología en nuestras vidas. Lejos de contentarse con un anecdotario trivial de los instrumentos tecnológicos que surgieron desde hace décadas, Sadin los piensa de una forma inédita. Su último libro, L'Humanité Augmentée, L'administration numérique du monde (La humanidad aumentada, La administración digital del mundo), explora la capacidad cada vez más creciente que tienen los dispositivos inteligentes para administrar el rumbo del mundo. El libro ganó en Francia el Hub Awards 2013, un premio que recompensó al mejor ensayo del año.

 

La obra navega fuera de los senderos evidentes. Ni elogio fúnebre de la especie humana ni cántico de rodillas a las nuevas tecnologías, sino una reflexión pura que demuestra que nos encontramos en un momento crítico de la historia humana. Para Eric Sadin, Hal 9000, la computadora súper potente que en la película 2001 Odisea del Espacio equipa la nave Discovery, ha dejado hace mucho de ser una ficción: Hal 9000 ha sido incluso superada por la tendencia actual hacia una "administración robotizada de la existencia". GPS, iPhone, smartphone, sistemas de gestión centralizados que deciden por sí solos, trazabilidad permanente, todo confluye en la creación de lo que el autor llama un "órgano-sintético que repele toda dimensión soberana y autónoma". En esta entrevista con Página/12, Sadin analiza ese doble tecnológico que nos facilita muchas cosas al tiempo que nos acecha al punto de transformar nuestra humanidad.

 


–Eric Schmidt, el presidente de Google, dice en su último libro The New Digital Age que "acabamos de dejar los starting-blocks" de la revolución numérica. Usted, al contrario, estima que la revolución digital se acaba. ¿Fin o nueva fase?

–La década actual señala el fin de lo que se llamó "la revolución digital", que empezó a principios de los años '80 mediante la digitalización cada vez más vasta de lo real: la escritura, el sonido, la imagen fija y animada. Ese amplio movimiento histórico se desplegó paralelamente al desarrollo de las redes de telecomunicación e hizo posible el advenimiento de Internet, o sea, la circulación exponencial de los datos en la red. Esta condición tecnológica universalizada trastornó prioritariamente tres dimensiones: las condiciones de acceso a la información, el comercio y la relación con los otros a través de los correos electrónicos y las redes sociales. Hoy, esta arquitectura que no cesó de desarrollarse y consolidarse está sólidamente instalada a escala global y permite el advenimiento de lo que yo llamo "la era inteligente de la técnica".

 


–La historia del siglo XXI se parece entonces a una redefinición de las líneas antropológicas. Usted la define como una humanidad "comprometida en una odisea incierta e híbrida, antropólogo-mecánica".

–Nuestro tiempo instaura una relación con la técnica que ya no está prioritariamente fundada sobre un orden protético, o sea, como una potencia mecánica superior y más resistente que la de nuestro cuerpo, sino como una potencia cognitiva en parte superior a la nuestra. Hay robots inmateriales "inteligentes" que colectan masas abismales de datos, las interpretan a la velocidad de la luz al tiempo que son capaces de sugerir soluciones supuestamente más pertinentes, e incluso de actuar en lugar nuestro, como ocurre con el trading algorítmico, por ejemplo.

 

–Precisamente, el trading algorítmico desempeñó un papel nefasto en la crisis financiera de 2008. Un dispositivo creado por el ser humano operó una suerte de sustitución que terminó ahondando la crisis.

–Las transacciones financieras mundiales se llevan a cabo mediante la colecta automatizada de volúmenes astronómicos de datos: su tratamiento en tiempo real, la compra o la venta de acciones están a cargo de robots numéricos que trabajan a una velocidad que sobrepasa nuestras capacidades cognitivas. Hace 30 años, esa actividad estaba realizada por seres humanos, pero fue poco a poco transferida hacia sistemas interpretativos y reactivos. Ese fenómeno expone el momento inquietante de nuestra contemporaneidad, donde las producciones tecnológicas concebidas por seres humanos nos sustituyen e incluso actúan en lugar nuestro.

 

–En su último ensayo, La humanidad aumentada, la administración digital del mundo, usted expone un mundo cartografiado de manera constante por los sistemas digitales. Usted muestra la emergencia de una suerte de humanidad paralela –las máquinas– destinadas a administrar el siglo XXI. Se impone una pregunta: ¿qué queda entonces de nuestra humanidad?

–La historia de la humanidad está constituida por una infinidad de evoluciones sucesivas en todos los campos. Desde el Renacimiento, nuestro potencial humano se fundó sobre la primacía humana constituida por la facultad de juzgar, la facultad de decisión y, por consiguiente, de la responsabilidad individual que funda el principio de la Ley. La asistencia de las existencias por sistemas "inteligentes", además de que representa una evolución cognitiva, redefine de facto la figura de lo humano como amo de su destino en beneficio de una delegación progresiva de nuestros actos concedida a los sistemas. Una creación humana, las tecnologías digitales, contribuyen paradójicamente a debilitar lo que es propio al ser humano, o sea, la capacidad de decidir conscientemente sobre todas las cosas. Esta dimensión en curso se amplificará en los próximos años. Además, nuestras vidas individuales y colectivas están cada vez más reorientadas por sistemas que nos conocen con mucha precisión, que nos sugieren ofertas hiper individualizadas, que nos aconsejan este u otro comportamiento. Por medio del uso de nuestros protocolos de interconexión se opera una cuantificación continua de los gestos, la cual autoriza un "asistente robotizado" expansivo de las existencias.

 

–Usted se refiere al surgimiento de un componente "órgano-sintético que repele toda dimensión soberana y autónoma". En suma, el mundo, nuestras vidas, están bajo el orden de lo que usted llama "la gobernabilidad algorítmica". El ser humano ha dejado de administrar.

–No se trata de que ya no administre más, sino de que lo hará cada vez menos en beneficio de amplios sistemas supuestamente más eficaces en términos de optimización y de seguridad de las situaciones individuales y colectivas. Esto corresponde a una ecuación que está en el corazón de la estrategia de IBM. Esta empresa implementa arquitecturas electrónicas capaces de administrar por sí mismas la regulación de los flujos de circulación del tráfico en las rutas o la distribución de energía en ciertas ciudades del mundo. Esto es posible gracias a la colecta y al tratamiento ininterrumpido de datos; los stocks de energía disponibles, las estadísticas de consumo, el análisis de los usuarios en tiempo real; la energía disponible, las estadísticas del consumo, el análisis de la utilización en tiempo real. Estas informaciones están conectadas con algoritmos capaces de lanzar alertas, de sugerir iniciativas o asumir el control decidiendo por sí mismos ciertas acciones: aumento de la producción, compras automatizadas de energía en los países vecinos, o corte del suministro en ciertas zonas.

 

–Eso equivale a una suerte de pérdida mayor de soberanía.

–La meta consiste en buscar la optimización y la seguridad en cada movimiento de la vida. Por ejemplo, hacer que una persona que pasa cerca de una zapatería pueda beneficiarse con la oferta más adecuada a su perfil, o que alguien que se pasea en una zona supuestamente peligrosa reciba un alerta sobre el peligro. Vemos aquí el poder que se le delega a la técnica, o sea, el de orientar cada vez más con mayor libertad la curva de nuestras existencias. Ese es el aspecto más inquietante y más problemático de la relación que mantenemos con las tecnologías contemporáneas.

 


–El escándalo del espionaje que explotó con el caso Prism, el dispositivo mediante el cual la NSA espía todo el planeta, puso al descubierto algo terrible: no sólo nuestras vidas, nuestra intimidad, son accesibles, sino que nuestras vidas están digitalizadas, convertidas en Big Data, dobladas.


–Prism reveló dos puntos cruciales: en primer lugar, la amplitud abismal, casi inimaginable, de la colecta de informaciones personales; en segundo, la colusión entre las compañías privadas y las instancias de seguridad del Estado. Este tipo de colecta demuestra la existencia de cierta facilidad para apoderarse de los datos, guardarlos y, luego, analizarlos para instaurar funcionalidades de seguridad. La estrecha relación que liga a los gigantes de la red con la NSA debería estar prohibida por la ley, salvo en ocasiones específicas. De hecho, no es tanto la libertad lo que disminuye sino partes enteras de nuestra vida íntima. El medio ambiente digital favoreció la profundización inédita en la historia del conocimiento de las personas. Este fenómeno está impulsado por las compañías privadas que colectan y explotan esas informaciones, a menudo recuperadas por las agencias de seguridad y también por cada uno de nosotros mediante las huellas que diseminamos permanentemente, a veces sin ser conscientes, a veces de manera deliberada. Por ejemplo, a través de la exposición de la vida privada en las redes sociales.

 

–El caso NSA-Prism marca todo un hito en la historia. De alguna manera, incluso si la gente ha reaccionado de forma pasiva, hemos perdido la inocencia digital. ¿Cree usted que aún persiste la capacidad de rebelarse en esta gobernabilidad digital?

–Con Prism habrá un antes y un después. Este caso mostró hasta qué punto la duplicación digital de nuestras existencias participa de la memorización y de su explotación. Esto ocurrió en apenas 30 años bajo la presión económica y de las políticas de seguridad sin que se haya podido instaurar un debate a la medida de lo que estaba en juego. Este es el momento para tomar conciencia, para emprender acciones positivas, para que los ciudadanos y las democracias se apropien de lo que está en juego, cuyo alcance concierne a nuestra civilización.


–La ausencia de Europa ha sido en este robo planetario tan escandalosa como cobarde. Usted, sin embargo, está convencido de que el Viejo Mundo puede ahora desempeñar un papel central.

–Me parece que Europa, en nombre de sus valores humanistas históricos, en nombre de su extensa tradición democrática, debe influir en la relación de fuerzas geopolíticas de Internet y favorecer la edificación de una legislación y una reglamentación claras. El término Big Data, más allá de las perspectivas comerciales que se desprenden de él, nombra ese momento histórico en el cual el mundo está copiado bajo la forma de datos que pueden ser explotados en una infinidad de funcionalidades. Se trata de una nueva inteligibilidad del mundo que emerge a través de gigantescas masas de datos. Se trata de una ruptura cognitiva y epistemológica que, me parece, debe ser acompañada por una "carta ética global" y marcos legislativos transnacionales. No obstante, hay que desconfiar de todo intento de toma de control por ciertos países capaz de conducir a una fragmentación de Internet. Justamente, el valor de Internet radica en su dimensión universalizada. Me parece que lo que necesitamos es un acuerdo en torno de algunas exigencias fundamentales.

 


El smartphone, ese "asistente robotizado"


En su libro, usted se refiere a una figura mítica del cine, Hal, el sistema informático de la nave Discovery que aparece en la película 2001 Odisea del espacio. ¿Hal es, para usted, como la figura que encarna nuestro devenir tecnológico a través de la inteligencia artificial?
–Hal es un sistema electrónico hiper sofisticado que representa la figura mayor de la película de Stanley Kubrick. Hal es un puro producto de la inteligencia artificial, es capaz de colectar y analizar todas las informaciones disponibles, de interpretar las situaciones y actuar por sí misma en función de las circunstancias. Exactamente como ciertos sistemas existentes en el trading algorítmico, o en el protocolo de Google. Hal no corresponde más a una figura imaginaria y aislada sino a una realidad difusa llamada infinitamente a infiltrar sectores cada vez más amplios de nuestra vida cotidiana.

 

–En esa misma línea se sitúa para usted el iPhone o los smartphones. No se trata de juguetitos sino de un casi complemento existencial.


–Creo que la aparición de los smartphones en 2007 corresponde a un acontecimiento tecnológico tan decisivo como el de la aparición de Internet. Los smartphones permiten la conexión sin ruptura espacio-temporal. Con ello los smartphones exponen a un cuerpo contemporáneo conectado permanentemente, tanto más cuanto que puede ser localizado vía el GPS. También, a través de él se confirma el advenimiento de un "asistente robotizado" de las existencias por medio de las innúmeras aplicaciones capaces de interpretar un montón de situaciones y sugerirle a cada individuo las soluciones supuestamente más adaptadas.

 

–Esos objetos, que son táctiles, nos hacen mantener una relación estrecha con el tacto. Pero, al mismo tiempo que tocamos, las cosas se tornan invisibles: toda la información que acumulamos desaparece en la memoria de los aparatos: fotos, videos, libros, notas, cartas. Están pero son invisibles.


–En efecto, ese doble movimiento trastornante debería interpelarnos. Nuestra relación con los objetos digitales se establece según ergonomías cada vez más fluidas, lo que alienta una suerte de creciente proximidad íntima. La anunciada introducción de circuitos en nuestros tejidos biológicos amplificará el fenómeno. Por otro lado, esa "familiaridad carnal" viene acompañada por una distancia creciente, por una forma de invisibilidad del proceso en curso. Esto es muy emblemático en lo que atañe a los Data Centers que contribuyen a modelar las formas de nuestro mundo y escapan a toda visibilidad. Es una necesidad técnica. Sin embargo, esa torsión señala lo que se está jugando en nuestro medio ambiente digital contemporáneo: por un lado, una impregnación continua de los sistemas electrónicos, y, por el otro, una forma de opacidad sobre los mecanismos que la componen.

 


 

"Desarrollar una conciencia crítica"


Los poderes públicos, principalmente en Europa, son incapaces de administrar el universo tecnológico, incapaces de encuadrarlo con leyes o fijar límites. La ignorancia reina, pero la tecnología termina por imponerse, al igual que las finanzas, a todo el espectro político. De alguna manera, los poderes públicos son víctimas de la ignorancia y de lo que Paul Virilio conceptualizó como nadie: la velocidad.

–Una velocidad aumentada sin nunca cesar caracteriza el movimiento vertiginoso imprimido por la innovación tecnológica. Estamos viviendo en el seno de un régimen temporal que se vuelve exponencial, prioritariamente mantenido por la industria que impone sus leyes. Lo propio de los regímenes democráticos es su facultad deliberativa, su capacidad colectiva para elegir conscientemente las reglas que enmarcan el curso de las cosas. Ese componente está hoy eminentemente fragilizado. Ahora como en el futuro, debemos enfrentarnos activamente, sin nostalgia y bajo diversas formas, a la amplitud de lo que está en juego éticamente, bajo la inducción de esta "tecnologización" de nuestras existencias. Tanto en las escuelas y universidades, creo que es urgente enseñar el código, la composición algorítmica, la inteligencia artificial. Creo que son los profesores de "humanidad numérica" quienes deberían ingresar en las escuelas y contribuir a despertar las conciencias y ayudar a encontrar las perspectivas positivas que se están abriendo con este movimiento. Es preciso que en adelante desarrollemos una conciencia crítica ante nuestra propia utilización, que se instaure lo que yo llamo "una disciplina de la utilización". Esta disciplina me parece indispensable si no queremos estar infinitamente pegados a las producciones tecnológicas, si no queremos volvernos un mismo cuerpo con la técnica. Es preciso mantener cierta distancia, porque es la distancia quien condiciona el principio mismo de una relación abierta y singularizada con el mundo.

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La era digital potencia nuevas narrativas; lo impreso, a salvo

Nuevas formas de vivir la literatura emergen en la era digital y estas herramientas no sustituyen a la letra impresa, sino que potencian una experiencia y se convierten en trampolín. Es una de la coincidencias en el punto de vista de quienes viven la experiencia gráfica y digital desde tres aristas diferentes: el narrador Alberto Chimal, el editor Diego Rabasa y el creador de novela gráfica Bernardo Fernández, Bef.

 

La palabra y la imagen, las dos herramientas más poderosas de la comunicación, en la actual era digital aparecen engarzadas en nuevas formas de acercarse a la narrativa y generar novedosas experiencias literarias. Aunque, opinan, es un proceso lento y complementario.

 

Ulises, de James Joyce, se esparce por las páginas en forma de recuadros coloreados, el terror de Edgar Allan Poe está al alcance del toque digital en una pantalla portátil, es posible descubrir a un autor reservado para iniciados en el blog de un amante de los libros.

 

"Cuando llega una nueva tecnología no destruye a las otras; cambia la relación de ésas con los seres humanos. Cambia su prioridad, el lugar que tienen en la cultura. Va a ocurrir lo mismo con las herramientas digitales, no va a dejar de haber las tecnologías previas, van a usarse para otras cosas, pero no creo que desaparezcan. Al menos la historia sugiere que no lo harán, porque no lo hicieron las otras", opina el escritor y divulgador Alberto Chimal.

 

"La literatura existió antes que las letras. Y no dejó de existir con la aparición de la escritura. Se transformó, se convirtió en algo distinto", y así abre el narrador mexicano la conversación sobre el primer cambio de la tradición oral hacia la escrita y, enseguida, un nuevo proceso de transformación con la invención de la imprenta.

 

Las diferencias entre los textos impresos y los digitales son evidentes, "lo inmaterial de la literatura digital también tiene sus ventajas, puede alcanzar una difusión mayor y traspasarse con mucha facilidad en contraste con el libro impreso; mientras más se usa lo digital, más vivo está. Menos riesgo corre de que se olvide".

 

Sin embargo, "uno no excluye al otro, es más, puede potenciarlo, estoy convencido de eso".

 

Experiencia enriquecedora

 

Autor de una literatura particular desde las redes sociales, principalmente desde su cuenta de Twitter, Alberto Chimal califica la experiencia como enriquecedora. Uno de los resultados ha sido la minificción, de donde ha surgido material para dos libros.

 

Aparecen ideas contradictorias durante la conversación. Por una parte, señala, cae la ilusión de que al publicar en Internet instantáneamente aparecen millones de lectores. Pero, de manera paralela, permite la ex-posición de quienes podrían haber sido ignorados por lo medios tradicionales y habrían quedado silenciados.

 

"Creo que se enriquece el potencial de la experiencia literaria", afirma Chimal; es una de las reflexiones centrales en la práctica digital.

 

"Esto del griterío y la cacofonía está gravemente exagerado, porque la mayoría de las personas que entran a una red social no lo hacen para leer literatura, sino para hablar con su gente, decir tengo hambre, mira esta foto de gatos, lo cual es perfectamente normal y válido.

 

"La herramienta en sí misma no es buena ni mala. El uso que se le da es lo que importa. Los textos están ahí. Si de pronto se pierden entre el ruido, es una pena."

 

Por otra parte, a los críticos se les olvida que no todo mundo está viendo lo mismo, porque una de las grandes ventajas de las redes sociales es que cada usuario se convierte en una especie de curador de su perfil, y si uno no quiere leer a una persona molesta, fastidiosa, simplemente la deja de seguir o la bloquea.

 

Al mismo tiempo ha sido un "camino de experimentación, de dar pasos falsos, pues el medio no está reglamentado aún, y para bien.

 

"Algo que trato de no olvidar es que ninguno de estos medios que tenemos ahora, muy importantes, ninguno de estos servicios con nombre y apellido: Facebook, Twitter, ninguno va a durar para siempre. Algún día se extinguirán, como ocurrió con otros", afirma.

 

Hacia la cultura digital y visual

 

El editor Diego Rabasa considera que los fenómenos sociales digitales, en su mayoría, tienen que ver con las imágenes, como lo fue la aplicación fotográfica Instagram o la red social Twitter, en el que se utilizan textos reducidos, con la exigencia de tener sólo 140 caracteres. "Estamos viviendo un tránsito para comunicarnos con imágenes y menos a través de textos largos".

 

Los periódicos en línea, ejem-plifica, "difícilmente reproducen textos largos porque las personas no quieren leerlos en pantalla", asevera el director de la editorial Sexto Piso.

 

"Eso opera en sentido negativo en términos de lo que a nosotros nos interesa como proyecto editorial. Creemos que la lectura es un ejercicio que requiere atención, concentración, aislamiento y soledad para poder sumergirse en el texto en cuestión."

 

En contraste, la edición digital "es una invitación a una vida fast track, de mucho movimiento. Pero, definitivamente, hay una tendencia irreversible hacia el tema digital".

 

Sin embargo, desde su perspectiva, el tránsito de la lectura en papel al formato digital será un proceso lento, incluso complementario. Sin embargo, "definitivamente la inercia apunta hacia la cultura digital y visual".

 

Desde su experiencia en Sexto Piso, dice que la imagen forma parte del proyecto editorial que cuenta con un creciente catálogo de novelas gráficas y la publicación de textos clásicos con bellas ilustraciones, como Ulises, de James Joyce; una biografía de Nietzsche, el poema Aullido, de Allen Ginsberg, que han sido criticadas en principio, pero que han tenido éxito de ventas y aceptación del público.

 

Al respecto, considera que puede tratarse de un acercamiento para después saltar a la obra original. No es un sustituto del libro ni un paliativo para una obra que puede ser difícil, sino un nuevo formato con otras características y demandas: es un acercamiento y una expresión distintos.

 

Lo mismo sucede con aplicaciones para computadoras o tabletas electrónicas, como el iPad. "Versiones interactivas, como el cd-rom, existen desde hace mucho tiempo. Y todo tipo de formatos que ayuden a promover la lectura, de alguna u otra manera, es bueno. Pero no creo que vaya a sustituir la lectura tradicional".

 

Agrega que vivimos una fase donde la tecnología cambia de manera vertiginosa y es absurdo hacer vaticinios. "Me da risa cada vez que un artículo dice que se acabará la industria del libro como la conocemos. Hasta que la realidad demuestre lo contrario, hay que ser observadores y anticipar el futuro" y, mientras, "estas herramientas pueden ser interesantes para atraer la atención de lectores jóvenes hacia la literatura".

Palabra e imagen

 

Por otra parte, el escritor y dibujante Bernardo Fernández, Bef, manifiesta que el cómic es una forma de literatura gráfica. Hay quien no está de acuerdo, pero son formas legítimas de hacer literatura.

 

"Habría que hacer notar que son nuestras dos herramientas más poderosas de comunicación: la palabra y la imagen", enfatiza.

 

"Son nuevas formas de narrativa, y al final, tienen la misma estructura. Lo que pasa es que sus formas van cambiando. En la lectura digital, se crean otros envoltorios. Al final, lo que importa, más que el sustento, es la sustancia, las historias que se cuentan.

 

"Es muy importante en este momento enriquecer nuestro catálogo de formatos para contar historias.

 

"No sólo es lo impreso o lo audiovisual, sino que existe el soporte digital, que es un medio distinto con otros potenciales. Apenas metemos los pies en este mundo de lo digital a escala masiva", expresa el ilustrador de La calavera de cristal, cuento de Juan Villoro.

 

Alondra Flores

Periódico La Jornada

 

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La cuestionada televisión abierta de Chile será más monopólica aún, tampoco mejorará la deplorable mala calidad de sus contenidos e incluso habrá que pagarla con la implantación de la televisión digital terrestre, según la ley aprobada el miércoles 6 por la Cámara de Diputados con 107 votos a favor y 1 en contra. La iniciativa, que se tramita desde noviembre de 2008, pasará ahora al Senado.
 
La legislación sobre la nueva tecnología digital abrió la posibilidad de un debate abierto sobre la democratización de la televisión abierta, que surgió en Chile a comienzos de los años 60 como actividad exclusiva de las universidades tradicionales (Católica y De Chile), pero la nueva ley consolida el control de los actuales dueños privados del negocio de la TV. A juicio de los especialistas Chiara Sáez y Jaime Mondría, vinculados al Observatorio Fucatel, “esta ley podría mejorar el escenario señalado, pero en vez de eso, lo empeora (…) El proyecto de TV digital se ha vuelto cada vez más beneficioso para los actuales grandes canales de televisión, los mismos que los telespectadores evalúan negativamente”.
 
Aunque ya existen bastantes señales pagadas de canales de cable y satélite, la nueva ley faculta a los dueños de la TV a cobrar por la mitad de sus transmisiones, que se supone seguirán ofreciendo su habitual calidad cero, más allá del fútbol. El boletín oficial de la Cámara anunció con todas sus letras que “en relación a la facultad de hacer nuevos negocios, se permitirá a los concesionarios destinar hasta el 50% del espectro de concesión para levantar señales de Televisión de Pago”. Para Sáez y Mondría, “este artículo (31A) contradice el uso consagrado para las bandas del UHF y del VHF del espectro radioeléctrico, que está pensado para el desarrollo de señales abiertas de televisión”.
 
Los grandes operadores actuales de la TV tampoco necesitarán concursar para obtener una concesión digital, según los artículos II y III transitorio de la ley aprobada por Diputados. Pero los legisladores de la derecha y la llamada “izquierda” (Concertación de Partido por la Democracia) coincidieron en no otorgar este mismo derecho a los canales regionales, locales ni comunitarios que actualmente se encuentran funcionan y suman más de 100 estaciones en todo el país. El Observatorio Fucatel anotó que “estos artículos transitorios atentan gravemente contra el derecho de igualdad ante la ley, en este caso de los distintos modelos de televisión existentes en Chile. La ley da mayores facilidades a los operadores más fuertes y pone más barreras de entrada a los más débiles, profundizando así la desigualdad dentro del sistema televisivo”.
 
“Primero perdimos la televisión universitaria, después perdimos la televisión pública y ahora perderemos la televisión abierta… ¿Qué podemos hacer, entonces, como ciudadanía informada y activa?”, se preguntaron en el Observatorio Fucatel la socióloga Chiara Sáez, doctora en comunicación y participante del Observatorio Internacional de Televisión de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Jaime Mondría, actor, gestor cultural y activista ciudadano por una TV digital democrática.
 
TV = Censura, autocensura y mediocridad

El debate parlamentario de más de dos años sobre televisión digital fue casi clandestino, celebrado entre las cuatro paredes del Congreso que funciona en Valparaíso. No es sorprendente que la opinión ciudadana chilena esté absolutamente desinformada sobre cuestiones fundamentales que atañen a su propia existencia, como su creciente alimentación con productos transgénicos que consume sin información ni control de las autoridades. La televisión, junto a los grandes diarios, participa activamente en la desinformación. Privilegia noticias banales, como el éxito del último súper teléfono digital o el concierto del grupo extranjero tal y cual, pero oculta noticias reales e importantes como la huelga 32 días, hasta el 6/11/2010, de los trabajadores de la cadena Farmacias Ahumada SA (FASA), de la que fue accionista Piñera y es una importante avisadora en los medios.
 
Los actores que trabajan en televisión también se quejan del silencio que hace invisible el conflicto que mantienen con las estaciones por el incumplimiento de una ley de 2008 (N° 20.243) que obliga a los canales a pagar por las repeticiones de sus actuaciones. Precisamente hoy, jueves 7 de abril, realizan una huelga convocada por Chile Actores, organización gremial presidida por Esperanza Silva. La agrupación ya presentó demandas civiles contra la televisión pública TVN, Canal 13, Mega y Chilevisión y hoy no asistirán a grabaciones de telenovelas como advertencia. Claudio Arredondo, de Chile Actores, explicó: “Esta es una ley aprobada en 2008 y no se ha aplicado. La ley autoriza a Chile Actores a cobrar hasta 2% de los ingresos brutos por toda emisión pública de una producción donde esté presente un actor (...) Nosotros queremos que se cumpla la ley…”
              
Como contrapartida, la propaganda del gobierno tiene como caja de resonancia a todos los canales de televisión abierta, sin excepción, sin excluir su versión en cable. La mega producción tipo reality show del recate transmitido en vivo de los 33 mineros cuyo protagonista estrella fue Piñera no fue responsabilidad de ningún director de TVN, el canal público que lideró la transmisión. Fue un descarado acto de gobierno de corte goebbeliano. La puesta en escena de esta impactante transmisión oficial tuvo como director general de televisión a Reynaldo Sepúlveda, encargado de toda transmisión de eventos en que participe Piñera desde su cargo en la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda. "Resultó muy evidente la manipulación de las imágenes para favorecer los planos del primer mandatario y demás autoridades presentes, convirtiendo la transmisión en una cadena nacional que rendiría nutritivos frutos a la imagen del Ejecutivo y sus rostros más protagónicos", reseñó el Observatorio Fucatel. Incluso el domingo 22 de agosto, cuando se supo que los mineros estaban todos vivos, los medios y periodistas que cubrían in situ en la mina San José hicieron “un pacto de caballeros” con el gobierno para retrasar la entrega de la noticia y dar tiempo para otorgarle la exclusiva a Piñera, quien llegó con retraso a enseñar y leer el famoso papel escrito bajo tierra: “Estamos vivos los 33 en el refugio”.
 
El falso “progreso” de la TV digital llega a un país donde dos partidarios de Piñera y defensores acérrimos de la versión neoliberal del actual capitalismo en crisis –Agustín Edwards y Álvaro Saieh- controlan los principales diarios que leen los chilenos, mientras el grupo Luksic controla el 66,6% del Canal 13, que en sus comienzo fue operado por la Pontificia Universidad Católica y por lo tanto, el otro tercio le pertenece al Vaticano. Chilevision Canal 11, que nació como Canal 9 de la Universidad de Chile, terminó bajo el control de Sebastián Piñera, quien se lo vendió al grupo Times Warner CNN. El actual Canal 9 Mega, que estaba destinado a la Universidad Técnica del Estado, hoy USACH, y no alcanzó a salir al aire por el golpe militar contra Salvador Allende en 1973, cayó en manos del grupo de Ricardo Claro, cuyos herederos acaban de asociarse con el grupo Lucsik en la Compañía Sudamericana de Vapores, empresa insignia de ese holding cuyos barcos fueron utilizados para transportar prisioneros políticos al campo de concentración de Chacabuco, en el desierto cercano a Antofagasta. El otro canal abierto de alcance nacional, La Red, pertenece al mexicano Ángel González, mientras TVN tiene un directorio que refleja la composición política del Congreso, donde en la práctica dejó de existir algo que seriamente pueda llamarse oposición al gobierno.
 
¿Qué hacer?: Gaste su dinero en otra cosa
 
La pregunta obvia -¿qué hacer?- surge mientras la televisión presiona a los ciudadanos para que consuman más y ahora se embarquen en la compra a crédito de televisores nuevos, sin abordar para nada el carácter exclusivista que está adquiriendo la ley de televisión digital en favor de los monopolios de la información. “En primer lugar -recomiendan Chiara Sáez y Jaime Mondría- escriba a los parlamentarios de su distrito pidiéndoles que no aprueben la ley así como está. Los artículos 31A, II y III transitorios son sólo la punta del iceberg de un proyecto de ley orientado a consagrar un sistema televisivo cada vez menos democrático y diverso. En segundo lugar, infórmese de los contenidos de la ley, de los debates parlamentarios y de las posiciones críticas que desde organizaciones de medios y organizaciones ciudadanas se vienen haciendo al proyecto, al menos desde hace un año”.
 
“Si lo anterior no funciona, no invierta en un nuevo aparato para ver la misma oferta que la actual. La televisión abierta en Chile se financia principalmente a través de la publicidad: los canales venden audiencias a los anunciantes. Y para eso necesitan que la clase media (el colectivo que consume en mayor número) vea televisión (porque los grupos de menos ingresos tampoco le interesan). Si usted como clase media o como clase baja piensa que con esta ley la oferta televisiva seguirá siendo la misma, rebélese ante este engaño y gaste su dinero en otra cosa”.
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