Una bomba nuclear estadounidense tipo 'Fat Man', que se utilizó en el bombardeo de Nagasaki

En agosto de 1945 la Alemania nazi ya había sido derrotada, pero EEUU necesitaba mandar un mensaje de supremacía al mundo, y así lo hizo.

 

Fue Harry Truman, presidente norteamericano, el encargado de dar la orden de utilizar armas de destrucción masiva contra Hiroshima y Nagasaki, llevando así a cabo un proyecto anhelado durante varios años por los Gobiernos de EEUU y Gran Bretaña.

En 1940, antes del ataque japonés a Pearl Harbor, la investigación científica para la guerra unió a EEUU y Gran Bretaña, y muchos de sus logros militares provienen de esa alianza, ya que al amparo de la misma se inició la investigación para desarrollar la bomba atómica.

Por cuanto que en ese momento Gran Bretaña estaba expuesta a ataques aéreos constantes y estaba amenazada por una posible invasión nazi, el primer ministro Churchill y el presidente Roosevelt acordaron que era prudente llevar a cabo el proyecto nuclear en EEUU.

La inteligencia soviética sabía que desde 1939 los científicos de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia y otros países habían comenzado a tratar de cerca el problema de la fisión del núcleo atómico y trataban de obtener una nueva fuente de energía atómica.

Los informes sobre la intensificación del desarrollo de una nueva temible arma fue transmitida a la URSS en septiembre de 1941 por un miembro del famoso grupo de agentes prosoviéticos Cambridge Five, John Cairncross, quien logró obtener un informe secreto para el primer ministro británico Winston Churchill sobre los planes de crear armas atómicas de destrucción masiva, junto con EEUU.

 

Estudios secretos y víctimas silenciadas

 

La biblioteca de Truman cuenta en sus archivos digitales con un documento titulado Evaluación sobre bombardeos estratégicos de los Estados Unidos: los efectos de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, aunque no se detallan muchos aspectos, en especial el referido a los efectos de la radiación en los sobrevivientes.

Luego de la rendición japonesa, EEUU implantó una política del silencio sobre cualquier cosa relacionada con los bombardeos o los efectos de la radiación. La única investigación autorizada era realizada por la comisión sobre las víctimas de la bomba atómica —Atomic Bomb Casualty Commission (ABCC)—. Si bien dicha comisión realizó exámenes médicos, no suministró atención médica porque su misión tenía un mandato de no realizar curaciones o tratamiento, afirma Atomicheritage.

Según dicha organización el tratamiento en sí se convirtió en un problema político porque, a la vista del público, tratar y curar a los hibakusha (como se les llama a las víctimas de los bombardeos atómicos norteamericanos) podría haber constituido una expiación estadounidense por los bombardeos atómicos, es decir un reconocimiento del crimen masivo.

En una publicación del diario oficial de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, se relata sobre los estudios epidemiológicos y genéticos de los sobrevivientes y de sus hijos por parte de la ABCC y su sucesora, la fundación de investigación de efectos de la radiación (RERF). Pero las víctimas afirman que la información fue distorsionada y ocultada por parte de la ABCC y que nunca recibieron tratamiento, y solo fueron fotografiados y luego enviados a casa.

Peor aún, las víctimas estaban restringidas por su propia autocensura. Muchas se ocultaron durante años, sentían vergüenza por sus deformaciones, sus heridas, sus enfermedades y, sobre todo, un deseo de olvidar el pasado.

 

El ignominioso escuadrón japonés 731

 

La humanidad tampoco debe olvidar algunas acciones del Ejército imperial japonés, en especial las referidas a sus proyectos de creación de armas biológicas de destrucción masiva, para lo cual utilizaron seres vivos: humanos y animales.

La película Men Behind the Sun, controversial por sus crueles escenas, relata que presos chinos, coreanos y soviéticos eran sujeto de experimentos inhumanos a cargo del Escuadrón 731 del Ejército imperial japonés. 

Tales hechos serían difíciles de creer si hoy no conociéramos los registros del proceso de Jabárovsk llevado a cabo por los soviéticos en 1949 y por los documentos desclasificados por los norteamericanos.

El Mengele nipón, Ishii Shiro, a la cabeza del Escuadrón 731, tenía como misión desarrollar armas biológicas para su Gobierno, en la región de Harbin al norte de China, ocupada por los japoneses. Así lo relató durante el juicio en Jabárovsk, Yoshio Shinozuka, miembro del escuadrón, quien afirmó que habían criado pulgas infectadas de tifus en ratas, ántrax, peste y cólera para usar contra el Ejército soviético.

La Unión Soviética logró enjuiciar por crímenes de guerra a 12 militares japoneses del Escuadrón 731, pero no pudo enjuiciar a Ishii Shiro, porque simplemente se había esfumado.

Durante muchos años se negó la actividad de dicho escuadrón, pero EEUU fue desclasificando cientos de documentos que dan cuenta de los "experimentos de guerra biológica". El proceso de Jabárovsk permitió a los soviéticos conocer detalles dolorosos, inmorales y de altísima peligrosidad.

Uno de los enjuiciados fue K. Kawashima, jefe del departamento de producción en el destacamento 731, quien reconoció que "el departamento de producción estaba muy bien equipado para el cultivo de bacterias, lo que nos permitió producir mensualmente en forma pura hasta 300 kilogramos de bacterias de peste, o hasta 500-600 kilogramos de bacterias de ántrax, o hasta 800-900 kilogramos de bacterias tifoideas, paratifoideas o disenterías o hasta 1.000 kilogramos de bacterias del cólera".

A pesar de los intentos, los soviéticos no pudieron nunca capturar ni enjuiciar al cabecilla del escuadrón, Ishii Shiro. ¿Por qué? El hecho es que, la información sobre las armas biológicas que el Imperio japonés había acumulado durante los experimentos, fue utilizada posteriormente como herramienta de negociación con EEUU.

La potencia norteamericana decidió otorgar libertad e inmunidad a Ishii Shiro y a otros miembros del nefasto Escuadrón 731, a cambio de la información que poseían. Toda una canallada histórica e inmoral.

 

La relación entre EEUU y Japón

 

EEUU a lo largo de estas décadas ha sabido manejar y construir con Japón una relación compleja pero muy favorable a sus intereses. Entre los acuerdos y tratados firmados se puede destacar el Tratado de cooperación mutua y seguridad entre Japón y EEUU que otorgó a EEUU el uso de áreas e instalaciones japonesas por parte de sus fuerzas terrestre, aéreas y naval.

Las bases en Japón son relevantes para la estrategia estadounidense. El portaaviones USS Kitty Hawk con sede en Yokosuka participó en los conflictos en Afganistán e Irak. Los aviones de combate estacionados en Misawa y Kadena también se desplegaron en Irak a partir de 2003. Las bases en Okinawa en particular son cruciales para sus acciones en el océano Índico y Oriente Medio y durante la guerra de Vietnam jugaron un rol estratégico y logístico importante.

En mayo de 2016 cuando el presidente norteamericano Barack Obama visitó Hiroshima afirmó que los hechos en Hiroshima y Nagasaki "demostraron que la humanidad poseía los medios para destruirse a sí misma", es decir, atribuyó a toda la humanidad la posesión de esos medios de destrucción masiva, lo cual es un embuste.

Evidentemente, la presencia militar norteamericana en territorio japonés es una piedra angular para los intereses de EEUU en Asia y han sabido construirla de manera sostenida y firme a pesar de toda la historia precedente.

La amenaza del uso de armas de destrucción masiva se ha incrementado
Mientras tanto, hoy, en el mundo hay unas 22.000 armas nucleares y se han llevado a cabo más de 2.000 ensayos nucleares.

Los países han firmado varios tratados multilaterales para detener la carrera armamentista nuclear, entre ellos, el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y en 2017 se avanzó hacia el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, donde cada Estado firmante se compromete a nunca y bajo ninguna circunstancia, desarrollar, ensayar, producir, adquirir, poseer o almacenar armas nucleares y a no usar o amenazar con usar armas nucleares.

Este tratado representa el único compromiso vinculante de desarme en un tratado multilateral por parte de los Estados poseedores de armas nucleares. Los países signatarios por ahora suman 82, pero sólo 40 lo han ratificado y para entrar en vigor necesita de 50.

Este año 2020 debía celebrarse la Conferencia Examen del Tratado de No Proliferación TNP, pero debido a la pandemia del COVID-19 lamentablemente debió posponerse hasta 2021.

Cuba por su parte nos recuerda y alerta que "las 1.750 ojivas nucleares desplegadas son más que suficientes para destruir la civilización varias veces. De ellas, más del 46% está en manos de EEUU".

La Segunda Guerra Mundial ha dejado muchas lecciones y eventos cruentos que no debemos olvidar ni permitir que las jóvenes generaciones desconozcan. Es importante refrescar la memoria para que no se repita.

2 agosto 2020 | 3

(Tomando de Sputnik)

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Una mujer vestida con un hiyab toma fotografías este jueves frente el Museo de Santa Sofía en Estambul. EFE/Sedat Suna

Después de un siglo de absentismo en Oriente Próximo, Turquía vuelve a la región para defender sus intereses vitales. El presidente Erdogan se enfrenta a un aislamiento creciente de las potencias regionales y occidentales a causa del islamismo moderado que practica, lo que le obliga a intervenir en conflictos que hasta ahora los turcos ignoraban.

 

A fines de junio el diario francés Le Figaro se alarmaba al dar cuenta de la creciente influencia de Turquía en el Mediterráneo oriental, destacando la preocupación que esta circunstancia suscita en numerosos países de la región, desde Grecia a Egipto y desde Arabia Saudí a Israel, así como entre ciertas potencias occidentales, incluida Francia, cuyos planes para la zona son bien distintos a los de Ankara.

Naturalmente, los intereses de París y Turquía en Libia están alejados. Los franceses quieren un norte de África estable y apartado de cualquier forma de islamismo, por moderado que sea, mientras que los turcos aspiran a que los gobiernos acojan con afecto el islamismo moderado o que lo representen directamente, por supuesto garantizando la estabilidad.

Desde la desaparición del califato en el siglo XX, y desde que perdió sus posesiones en Oriente Próximo a manos de las potencias europeas en la Primera Guerra Mundial, Ankara había desarrollado una política modesta y nada agresiva en la región, una política sin aspiraciones trascendentes. Sin embargo, en los últimos años el presidente Recep Tayyip Erdogan ha puesto fin a un siglo de absentismo por motivos estratégicos.

Desde París el presidente Emmanuel Macron ha lanzado una campaña internacional para desacreditar a Erdogan, campaña que gira especialmente entorno al acuerdo marítimo que Ankara firmó en noviembre de 2019 con el gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente. París asegura que ese acuerdo "suscita los miedos de una escalada regional a la luz de un creciente riesgo de conflicto".

Los franceses sostienen que con el acuerdo marítimo, Turquía podría impedir que se construyera el gasoducto que planea Israel para exportar gas a Europa. Los libaneses dicen que una parte de ese gas está en yacimientos situados dentro de su zona marítima, aunque lógicamente no están capacitados para defenderse de lo que califican de robo por parte del estado judío.

Además, las aguas de Chipre son también ricas en gas, lo que suscita una disputa entre Chipre y Grecia por un lado, y Turquía, que ocupa el norte de Chipre desde los años setenta, por otro lado. Los israelíes no han entrado abiertamente en el conflicto, aunque es evidente que no se quedan al margen y hacen que otros países, incluidos Chipre y Grecia, defiendan sus intereses.Turquía es un tema central en los medios de comunicación hebreos. Israel, que es con gran diferencia la potencia dominante en Oriente Próximo y la que dicta las políticas de sus aliados, es la enemiga número uno de Ankara y mueve activamente unas fichas que incluyen los Emiratos Árabes Unidos (EUA), Arabia Saudí y Egipto por este orden. Los ataques de los medios hebreos contra Turquía están a la orden del día y son muy numerosos.

Los medios hebreos no solo se hacen eco de los conflictos internacionales de la región. Alegan que Turquía es un país que no garantiza la libertad religiosa y que está destinando millones de dólares a organizaciones benéficas palestinas con el fin de manipular a los palestinos según sus intereses. Para más inri, decía la semana pasada The Jerusalem Post, los turcos destinan dinero a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, donde un creciente número de israelíes quiere establecer el Tercer Templo en cuanto se presente la oportunidad.

Desde el momento en que Turquía, Francia y Grecia son miembros de la OTAN, parece difícil imaginar un escenario de guerra, pero bien podría ser que se registren incidentes como el que ocurrió en las aguas libias en junio entre los ejércitos de Francia y Turquía, donde Turquía se llevó el gato al agua a costa de Francia, una ofensa que Macron no ha digerido.

El ministro de Defensa griego, Nikolaos Panigiotopoulos, dijo hace pocas fechas que su país "está listo para un conflicto militar con Turquía". Atenas ha denunciado que los turcos están perforando en busca de gas y petróleo en dos decenas de lugares que los griegos consideran que están dentro de su jurisdicción, y hace pocos días barcos militares de los dos países registraron un incidente.

Con este complejo panorama es difícil definir las ambiciones de Erdogan. Por un lado es evidente que los países de Oriente Próximo y Europa están a disgusto con su islamismo y no quieren que llegue a otros lugares. Por otro lado, es obvio que a causa de ello, Turquía está siendo aislada por las potencias dominantes, una situación que a Erdogan no le queda más remedio que corregir buscando aliados a cualquier coste.

Las relaciones entre Erdogan y Washington han experimentado altibajos en los cuatro años de mandato del presidente Donald Trump. En el libro publicado en junio por el exconsejero para la seguridad nacional de Trump, John Bolton en más de una ocasión indica que Trump ha estado dando su apoyo a Erdogan, lo que por ejemplo justificaría la presencia turca en Libia.

Esta situación quizá cambiará si Trump pierde las elecciones de noviembre como indican las encuestas. Esto le crearía un serio problema a Erdogan, máxime si Francia consigue arrastrar al resto de la Unión Europea contra Turquía. La política exterior europea con respecto a Oriente Próximo no puede estar más equivocada. No solo no hay una voz unificada sino que cada país va a su bola sin tener en cuenta los intereses del continente en su conjunto, una circunstancia que aporta más inestabilidad a la región.

JERUSALÉN

05/07/2020 08:49

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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La industria del fracking de EU podría enfrentar pérdidas por 300 mil mdd.Foto Ap

Hace dos años expuse el “Fracaso financiero de la Reserva Federal con el Espejismo del fracking” (https://bit.ly/3gbCBqU), lo cual aceleró el C-19 y el insólito desplome a -40 dólares el barril, cuya explicación anticipé en mi libro Los cinco precios del petróleo (https://bit.ly/2VsDzqT).

La quiebra de la industria del caníbal fracking era la crónica de una muerte anunciada mucho antes del C-19 (https://bit.ly/2Vwu9L5).

La excesiva y abusiva financiarización del gas lutita (shale gas) y su fracking caníbal, al unísono de las 190 quiebras que iniciaron en 2010, ahora alcanzaron a la icónica empresa pionera del fracking Chesapeake, con sede en la ciudad de Oklahoma, la cual, según el portal Sputnik, solicitó el amparo del capítulo 11 para lidiar con su quiebra en la Corte del Distrito Sur de Texas, que le permitirá seguir operando a cambio de la restructuración de su balance de pagos (https://bit.ly/31vdefy).

Su excéntrico fundador, Aubrey McClendon, que hizo de Chesapeake el segundo mayor productor de gas natural en EU, fue defenestrado en 2013 y luego de haber sido perseguido judicialmente por licitaciones fraudulentas, murió en un extraño accidente al día siguiente (https://cnb.cx/3igK9dN).

Según la firma contable global Deloitte, la industria del fracking de EU entró a un periodo de "gran compresión (sic) que puede enfrentar pérdidas por 300 mil millones de dólares" y una "ola de quiebras" (https://bit.ly/2NFQIsn).

De acuerdo con Deloitte existen cuatro factores que empujan a la "gran compresión": 1. La Nueva Norma de Tele-Conmutación (sic): "el movimiento a labores remotas con 37 por ciento de los trabajos en EU realizados en el hogar que puede impactar la demanda del transporte asociado"; 2. El Nuevo Orden de los Combustibles: "la convergencia del petróleo con el precio del gas y la fuerza relativa de los precios del gas natural"; 3. La Transición Acelerada de Energía: “los retornos de los proyectos de nueva energía ahora se encuentran al mismo nivel ( at par) con los retornos actuales de las empresas petroleras (del 5 al 10 por ciento), propulsando la transición energética”; y 4. La Evolución del Comercio y las Cadenas de Valor: "la nueva ola potencial de proteccionismo y la reducción de las cadenas de abasto como amenaza al transporte global y a la demanda de combustibles marinos".

Conforme a Deloitte, "la tercera parte de los operadores de gas lutita en EU se encuentran prácticamente insolventes (sic) al precio de 35 dólares el barril, y alrededor de 50 por ciento a 20 dólares el barril".

Se colapsa así toda la industria del caníbal fracking en EU, pese a que la cotización del barril en la variedad WTI rasguña 40 dólares.

A mi juicio, el colapso del caníbal fracking se debe a su enorme endeudamiento, propiciado por la Reserva Federal con el fin geopolítico del sacar del mercado a Rusia y Arabia Saudita.

La Agencia Internacional de Energía anunció que la producción de petróleo de EU se encamina a caer casi un millón de barriles al día este año,con un mayor decaimiento de 280 mil barriles al día para el año entrante debido a "bajos precios del petróleo, una demanda débil y una asequibilidad limitada de almacenamiento".

The Financial Times (28/06/20) revela que Chesapeake, "pionera de la revolución (sic) del gas lutita en EU", no pudo pagar los intereses este mes y que sus bonos que vencen este año fueron comercializados a sólo 5 centavos (sic) de un dólar.

Los "consejeros" para la quiebra de Chesapeake son la firma legal Kirkland & Ellis, Alvarez & Marsal y los bancos de inversiones Rothschild (¡mega-sic!) e Intrepid Financial Partners: extraño banco mercante de reciente creación en 2015.

Desde la derrota de Napoleón en Waterloo hace 205 años, la esclavista banca Rothschild representa la clásica banca carroñera que se beneficia de las tragedias ajenas.

¿Cómo afectará la quiebra de la industria del fracking caníbal de EU a las 10 principales reservas de gas lutita (shale gas) del mundo (https://bit.ly/31w6aiF), entre ellos México: con la Cuenca de Burgos, bajo el dominio catastral del cártel de Los Zetas, y la Cuenca Sabina en Coahuila?

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Viernes, 26 Junio 2020 06:28

Pandemia, contracción, petróleo

Pandemia, contracción, petróleo

Al acercarse la conclusión de la primera mitad del año se han multiplicado las evaluaciones y balances de lo ocurrido en el semestre de la pandemia. También las predicciones de lo que cabe esperar para la segunda y más adelante. En primer término se aprecia que, vista como tal, la pandemia no cede. Como lo expresó Le Monde (22/6/20) “…continúa acelerándose… el último millón de casos se añadió en apenas ocho días… Sus efectos se dejarán sentir a lo largo de decenios…” La coincidencia de aumentos rápidos en regiones como América Latina y Asia con el abandono de medidas de contención en Europa y Estados Unidos no es sostenible en un mundo en que la interconexión y la movilidad son componente de cualquier normalidad concebible.

Las secuelas sociales y económicas se aprecian con desaliento. Parecería darse una competencia de superlativos negativos para calificarlas y evaluarlas. Cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte, en su análisis más reciente, que esta crisis es como ninguna otra –por su magnitud y alcance, por la incerteza sobre su duración e intensidad, por los desafíos que plantea al diseño e instrumentación de políticas de respuesta y por derivarse, en gran medida, de las acciones adoptadas para superar la emergencia sanitaria misma– implica también que, aun si se consigue una pronta reactivación, será difícil eludir una transformación de fondo de las formas de operación de la economía y la sociedad globales. De conseguirse regresar a la normalidad, será, en todo caso, a una nueva normalidad, según la expresión más repetida del semestre.

Han abundado también las listas o relaciones de los sectores, actividades y empresas más afectados. No pocos se esforzaron por quedar incluidos, sobre todo en los primeros meses cuando parecía que llovería sobre ellos el maná de las ayudas, las ventajas fiscales y los subsidios. Entre las ayudas más generosas destinadas a las pymes destacaron las de Estados Unidos. Tardó poco en revelarse que una parte no menor de esos fondos había favorecido a empresas grandes e influyentes. El sector global de la energía, en general, y la rama de hidrocarburos, en particular, aparecieron en esos listados. Reforzó esa impresión el hecho insólito, aunque momentáneo, de un precio internacional negativo para el crudo estadunidense a mediados de abril.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ofreció, en su informe mensual para junio, la siguiente viñeta: En términos deportivos, el mercado petrolero de 2020 se acerca al silbatazo de medio tiempo. Hasta el momento, las iniciativas, bajo la forma del acuerdo OPEP+ y de la reunión de los ministros de Energía del G20, han realizado una gran contribución para restaurar la estabilidad en el mercado. En caso de que se consoliden las tendencias recientes de la producción y se recupere la demanda, el mercado contará con un fundamento más estable al concluir la segunda mitad del año. Sin embargo, no deben subestimarse las enormes incertidumbres.

Adviértase que es muy baja, por no decir nula, la probabilidad de que se generalice la incipiente recuperación de la demanda, limitada ahora a China e India, y de que se revierta la caída de 11.8 millones de barriles diarios de la oferta de crudo registrada en mayo. La contracción de la actividad económica esperada en el año en curso –de 8 por ciento en las economías avanzadas según el FMI o de entre 6 y 7.6 por ciento en la mundial según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos– augura, más bien, un annus horribilis para el mercado petrolero global.

En tal situación es explicable que todo mundo prefiera ver al largo plazo. Así procedió la propia AIE. También a mediados de junio dio a conocer un amplio programa trienal de recuperación de la actividad y el empleo, para el periodo 2021-2023, centrado en el sector de la energía. Vale la pena examinar el documento íntegro, que se inicia con una visión de conjunto y se desarrolla en tres capítulos generales y seis sectoriales. ( Sustainable Recovery: https://www.iea.org/sustainable-recovery). De entrada, se advierte la dificultad de que un ambicioso plan trienal de recuperación sustentable para el sector de la energía, que supone inversiones por un billón de dólares anuales, pueda ser adoptado, en la actual coyuntura, por la comunidad de naciones, o incluso por el conjunto más restringido y afluente de los 38 estados miembros o asociados de la AIE, México entre ellos.

Por otra parte, parece demasiado arriesgado partir del supuesto de que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que ocurrirá este año por la contracción de la economía mundial podrá mantenerse cuando ésta eventualmente se reactive. Al tratar de recuperar el terreno perdido por la crisis, las consecuencias ambientales no se contarán, por desgracia, entre las mayores preocupaciones.

De cualquier modo, el plan de la AIE apunta a líneas de acción en el petrolero y otros segmentos del sector de la energía que será valioso explorar después de la pandemia –ese futuro todavía impreciso.

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Descubren en el MIT sistema más eficiente para imitar procesos cerebrales

Un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) avanzó hacia un sistema alternativo para simular redes neuronales, que usa dispositivos físicos analógicos que pueden imitar de manera mucho más eficiente los procesos cerebrales.

Equipos de todo el mundo están construyendo sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados, diseñados de alguna manera para imitar el cableado del cerebro, con el propósito de llevar a cabo tareas como la visión por computadora y el procesamiento del lenguaje natural.

La nueva investigación del MIT trata de superar el obstáculo de que el uso de circuitos de semiconductores de última generación para simular redes neuronales requiere grandes cantidades de memoria y un alto consumo de energía.

Los hallazgos en tecnología basada en iones, que se presentan en Nature Communications, puede permitir simulaciones energéticamente eficientes del proceso de aprendizaje del cerebro, para sistemas de inteligencia artificial de redes neuronales.

Las redes neuronales intentan simular la forma en que se lleva a cabo el aprendizaje en el cerebro, que se basa en el fortalecimiento o debilitamiento gradual de las conexiones entre las neuronas, conocidas como sinapsis. El componente central de la red física es el interruptor resistivo, cuya conductancia electrónica se puede controlar eléctricamente, lo que emula ese proceso.

En las redes neuronales que utilizan la tecnología convencional de microchips de silicio, la simulación de estas sinapsis es un proceso muy intensivo en energía.

El nuevo sistema "aborda el desafío energético y el relacionado con la repetibilidad", afirmó en un comunicado Bilge Yildiz, autor del estudio y profesor de ciencias e ingeniería nuclear y de ciencia e ingeniería de materiales.

El interruptor resistivo en este trabajo es un dispositivo electroquímico hecho de trióxido de tungsteno y funciona de manera similar a la carga y descarga de baterías.

"Es similar al dopaje de los semiconductores", indicó Ju Li, coautor del estudio y profesor de ciencias e ingeniería nuclear y de ciencia e ingeniería de materiales.

El petróleo renace de sus cenizas con un claro vencedor: Arabia Saudí

Riad emergerá con mayor poder económico y geopolítico de la crisis del petróleo generada por el desplome de la demanda durante la Gran Pandemia, gracias al histórico recorte de la producción de crudo al que se han sumado con entusiasmo Rusia y EEUU.

 

Aseguran los analistas del mercado energético que en el negocio del petróleo juegan todos los grandes productores, pero siempre gana Arabia Saudí, parafraseando la máxima de los bancos en el terreno financiero.

Y, como suele suceder, el arma que ha vuelto a utilizar Riad para elevar el precio del crudo ha sido su efectiva política de recortes de cuotas desde el seno de la OPEP, ahora reconvertida en un club aún más numeroso, con la entrada de Rusia y nuevos productores más en la mesa de negociación del cártel.

La reconvertida, desde 2016, en OPEP + se ha labrado, para más inri, el beneplácito de EEUU, desde hace un par de ejercicios, el primer suministrador neto de barriles en el mercado. Por obra y gracia de una Administración Trump que sucumbe a los cantos de sirena del poderoso lobby petrolífero, instalado en la Casa Blanca desde su llegada al poder ante la ausencia de cualquier estrategia de combate contra el cambio climático por las nutridas voces de su Ejecutivo que enarbolan la bandera del negacionismo ecológico, y que han dado al traste durante su mandato con el más mínimo vestigio de crear un New Green Deal.

Las dificultades financieras en la industria del petróleo americano, muy instalada en Texas, ha visto cómo la hibernación económico propiciada por la Gran Pandemia y la paralización de los trabajos de extracción del fracking, junto a la histórica caída de la demanda de crudo, que ha dirigido las cotizaciones del West Texas Intermediate (WTI) a escenarios negativos -en varias jornadas del mes de abril se llegó a pagar por retirar barriles ante la saturación de los inventarios- ha dejado a las firmas del sector en la antesala de la quiebra. Fitch Rating identificaba hace unas fechas a 25 compañías petrolíferas de EEUU en las proximidades de calificaciones de bonos basura por la alta tensión financiera de sus balances. El 20 de abril el WTI, de referencia en EEUU, registró un precio de -37,63 dólares, la jornada más negra de su historia.

El acuerdo del doble cártel petrolífero, la OPEP +, después de semanas de fricción entre ambos bloques -con Riad y Moscú como maestros de ceremonias y Washington entre bambalinas- en las que arreció el retroceso de la demanda de crudo en los mercados, se forjó finalmente con la decisión de rebajar la producción global en un 23%. En nada menos que 10 millones de barriles diarios. Como en tantos otros antecedentes de la historia reciente, el crudo ha resurgido como un Ave Fénix. En mayo ha recuperado un 85% de su valor, afirma Market Insider. Un salto nunca visto. Ni siquiera en septiembre de 1990, tras el inicio de la intervención militar estadounidenses -Tormenta del Desierto- de la Primera Guerra del Golfo, cuando se incrementó un 44,6%, guarda parangón con el rally alcista actual.

Dejando atrás su peor comportamiento en los mercados energéticos desde la Segunda Guerra Mundial, con una caída de la demanda del 6% para este año, como prevé la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Un hecho también sin precedentes en época de paz, cuando la petición de compras de contratos a futuros se elevaba año tras año. Bien es cierto que el régimen saudí tratará ahora de que sus socios cumplan las nuevas cuotas. Un objetivo nada sencillo.

Tampoco para el príncipe heredero, Mohamed bin Salman (MbS) y su fiel equipo de ministros vinculado al petróleo. Porque países como México, unido al club dirigido desde Rusia, se han excluido del mismo. Mientras desde el bloque de la OPEP clásica, otros como Irak, Nigeria o Angola tienen un largo historial de incumplimientos a sus espaldas.

A los que se debería unir Kazajistán desde el espacio bajo la órbita rusa. Sin embargo, ahora, todos ellos, han dado compromisos específicos a Riad y Moscú de cumplimiento de sus cuotas este mes de junio y para abordar los contratos de futuros de julio y agosto, con recortes más drásticos que dejarán sus cuotas en los parámetros previstos por el cártel. Listos para operar en el tercer trimestre del año, justo cuando el consenso del mercado apunta al despegue inicial de la economía global. El resultado ya es visible. El barril de Brent para entrega en agosto ha superado los 40 dólares tras perder un 36% de su valor en los cuatro primeros meses del año.

A mitad de camino del objetivo -80 dólares- marcado por Riad como estratégico para sostener sus exigencias de ingresos con los que empezar a corregir el déficit presupuestario que le ocasiona, esencialmente, los altos gastos de la contienda militar en Yemen, que sufraga en su mayor parte junto a sus aliados del Golfo Pérsico. Además de la creciente repercusión de la pandemia sanitaria. Un esquema similar al que rige en la Rusia de Vladimir Putin.

Las presiones saudíes y rusas a sus aliados

Arabia Saudí regó el mercado con más de 12 millones de barriles diarios a principios del mes de abril. Preludio del descenso de la demanda, pero el gran detonante del inicio del pacto con Rusia. Riad lleva varias décadas de ventaja en el uso de la energía como herramienta de política exterior por mucho que Moscú haya aprendido a marchas forzadas desde la llegada de Putin al Kremlin.

Con la escalada de las últimas semanas, la coalición Riad-Moscú ha emprendido las presiones para que el resto de productores se ajusten rigurosamente a los recortes estimados. Hasta tal punto, que Irak ha dado su consentimiento a una reducción de más de 1,3 millones de barriles al día para ajustarse en las próximas fechas a los excedentes de mayo de su cuota asignada.

De igual manera que Nigeria, según Bloomberg, contraerá sus salidas al mercado en un 50%. Hasta dejar el suelo en los 40 dólares por barril, a la espera de que la recuperación impulse de nuevo la demanda. Sólo entonces, la OPEP + barajará una banda flexible, aunque tenue, de las cuotas productivas. A los ojos de Riad, la primera parte de la estrategia está alcanzada con la escalada de precios de mayo y el abandono del territorio negativo de cotización del mes precedente.

Y con Aramco, la supermajor entre las grandes, la mayor empresa del mundo, con contratos asegurados en Asia con abastecimiento a ritmos crecientes. Con alzas entre 5.60 y 7.30 dólares por barril suscritas por las economías asiáticas, que llevan varios meses de ventaja respecto a Europa y EEUU en la carrera por la desescalada hacia una cierta normalidad en la actividad. A expensas de posibles rebrotes de la pandemia. Pero, sobre todo, en esta maniobra, se ha apreciado la capacidad de influencia de Arabia Saudí.

Su uso de las herramientas políticas, energéticas y geoestratégicas para hacer renacer al barril de crudo de sus cenizas. Porque la reanimación del mercado lleva al mismo tiempo asociada la recuperación del resto de naciones productoras de petróleo y, muy presumiblemente, de las de gran parte de exportadoras de materias primas. Con el consiguiente acuse de recibo sobre ellas en poder de Riad. Y, de paso, una losa sobre las firmas propietarias de refinerías en Europa y Asia, que temen reducciones en sus márgenes de beneficio en tiempos de paralización económica o, a lo sumo, de despegue incierto de la actividad, con un repunte de las cotizaciones del crudo.

No hay mejor pinza estratégica para las autoridades saudíes que ostentar el apoyo de los países productores, compartir con ellos una táctica de precios y recortes y, a la vez, poner en jaque a las multinacionales occidentales. Por si fuera poco, además, cuenta con el beneplácito de EEUU, que ve en esta reacción una tabla de salvación para su industria petrolífera. En palabras del propio Donald Trump: "Hace sólo un mes, teníamos un escenario desastroso en materia energética, con los precios por debajo de cero. Hemos salvado el sector en un corto periodo de tiempo y, ¿quiénes nos han salvado? Rusia y Arabia Saudí".

El mensaje de Trump no esconde siquiera la cita electoral de noviembre, ni las críticas vertidas desde el bando demócrata sobre la docilidad diplomática de su gobierno hacia estos dos países. Pero también encierran el éxito de la política exterior energética de Riad. Más aliada que nunca de la Casa Blanca en Oriente Próximo por su rivalidad geoestratégica con Irán.

La resurgida fortaleza del gran productor global

Así lo atestigua Jason Bordoff en Foreign Policy. Con 4.000 millones de personas confinadas y el coronavirus en propagación aún por numerosas latitudes del planeta, la capacidad extractora de EEUU se ha reducido a la mitad en sólo dos meses, cuatro de cada diez firmas de este sector podrían acabar el año en estado de insolvencia y proyecciones de pérdidas de empleo para unos 220.000 trabajadores.

Estos datos son los que subyacen detrás de la versión de Trump. Pero en este contexto -dice Bordoff en su artículo-, Arabia Saudí emergerá este año como la triunfadora económica y geopolítica. A pesar de que el barril sigue lejos de los 80 dólares, de que su déficit fiscal haya superado los 9.000 millones de dólares en el primer trimestre del año, con la amenaza de recorte de su rating por parte de Moody’s y de la caída de recaudación derivada del descenso del crudo y de la agresiva expansión de la covid-19 por el reino wahabí.

Hasta el punto de que la Visión 2030, el megaproyecto de modernización económica y diversificación de la estructura productiva del país que dirige personalmente MbS ha retrasado su hoja de ruta. Porque Riad se erigirá en la referencia para abastecer de nuevo el mercado del crudo cuando la actividad global tire al alza de la demanda energética por habilidad para reactivar su capacidad de extracción. En contraste con países como Nigeria, Irak o Kazajistán, asolados por las batallas monetarias sobre sus divisas en los mercados cambiarios o Venezuela, en pleno avisto económico y social.

El recorte productivo auspiciado y tutelado por Arabia Saudí es, al mismo tiempo, el baluarte de su estrategia de llevar el barril a los 80 dólares a medio plazo. Riad tiene una deuda del 24% del PIB y su banco central, reservas por valor de 474.000 millones de dólares, cota que evoluciona muy por encima de los 300.000 millones en los que las agencias de rating sitúan un posible riesgo para defender su moneda de embestidas exteriores. El riyal tiene un currency board con el dólar.Un segundo factor que juega a favor de Riad son las previsiones de la EIA americana -la Agencia de Información Energética- de que la demanda de crudo retornará a los niveles previos a la covid ya a finales de este ejercicio.

Aunque su versión mundial, la Agencia Internacional de la Energía es algo más pesimista y calcula que se concluirá 2020 con entre un 2% y un 3% por debajo de los registros anteriores a la pandemia. En paralelo, también emerge el interés de la industria americana, dice el ex analista de Goldman Sachs, Arjun Murti, de que las firmas petrolíferas estadounidenses alcancen un punto de cierto equilibrio en sus ingresos con un barril a 50 dólares.

En el orden geopolítico, Arabia Saudí ha estrechado los lazos tanto con el Kremlin, que ha visto la conveniencia de tener como aliado a Riad en el manejo del precio del barril, como de la Casa Blanca. Después de meses en los que las bancadas demócratas del Congreso -en la Cámara de Representantes y en el Senado- y algunos versos sueltos republicanos clamaran contra el MbS por el affaire Khashoggi, el asesinato del periodista crítico con el régimen sobre el que aparece la figura del príncipe heredero, y que han estado detrás del intento legislativo de impulsar una iniciativa legal anti-OPEP por prácticas monopolísticas. Un asunto que emergen puntualmente en Capitol Hill.

Las relaciones Riad-Moscú, además, serán determinantes para inclinar la balanza de los conflictos geopolíticos en Oriente Próximo; en particular en Siria y respecto a Irán. Las de EEUU, por otro lado, serán claves para conocer si Riad extenderá o no el recorte productivo en la OPEP + en la reunión de finales de julio, en la que no se descarta, incluso, nuevas rebajas de cuotas. El estatus de Arabia Saudí como nación sobre la que gira la mano invisible del mercado del crudo volverá a brillar en los próximos meses.

 

madrid

22/06/2020 07:44

Por diego herranz

Publicado enEconomía
Foto: Combatientes leales al gobierno reconocido internacionalmente de Libia celebran la recuperación de la ciudad de Tarhuna (Foto: IsmailZitouny/Reuters)

La contraofensiva del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) de Libia ha hecho que las fuerzas rivales de Jalifa Haftar se retiren a las líneas anteriores a abril de 2019.

Después de 14 meses y de la pérdida de cientos de vidas, se ha puesto fin al intento del comandante militar renegado Jalifa Haftar de apoderarse de Trípoli y convertirse en el gobernante de Libia.

El viernes, fuerzas leales al GAN, reconocido por las Naciones Unidas, barrieron la ciudad de Tarhuna, el último bastión de Haftar en el oeste de Libia, un día después de que el GAN anunciara la recuperación total del área del Gran Trípoli.

Al Jazeera echa un rápido vistazo a la fracasada ofensiva  y examina qué puede esperar al país rico en petróleo del norte de África.

¿Cuándo se inició la batalla por Trípoli?

En abril de 2019, pocos días antes de las conversaciones de paz patrocinadas por la ONU, Haftar anunció una campaña militar para arrebatar el control de Trípoli, la sede del GAN desde principios de 2016.

Al lanzar la ofensiva, el nativo de Ajdabiya y antiguo operativo de la CIA dijo que buscaba “limpiar” la capital de un gobierno comprometido con las milicias y los “terroristas”.

Pero el impulso tuvo que frenarse ante la fuerte resistencia, y las líneas de batalla se mantuvieron en gran medida fijas hasta una serie de victorias militares en las últimas semanas de las fuerzas del GAN, que contaron con el apoyo de Turquía.

¿Quiénes son los actores extranjeros involucrados?

Haftar cuenta con los apoyos de los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia, mientras que el gobierno con sede en Trípoli del primer ministro Fayez al-Sarraj dispone del apoyo de Turquía.

Francia apoya oficialmente al GAN, aunque en el pasado bloqueó una declaración de la Unión Europea en la que se pedía al militar de 76 años que detuviera su ofensiva.

Estados Unidos ha enviado señales contradictorias y el presidente Donald Trump elogió inicialmente a Haftar por su papel en la lucha contra el “terrorismo”.

Sin embargo, Washington parece haber retrocedido en su posición inicial de ambigüedad, y el Mando de EE. UU. para África ha acusado recientemente a Rusia de desplegar una docena de aviones de combate rusos en Libia para expandir “su huella militar” en África.

¿Qué objetivos persiguen los actores extranjeros en Libia?

Con 46.400 millones de barriles, Libia ocupa la cima de las mayores reservas probadas de petróleo de África.

Turquía intensificó su intervención después de firmar un acuerdo de demarcación marítima con el GAN a fines del año pasado para comenzar la exploración de petróleo y gas en el Mediterráneo oriental, en una zona rica en recursos.

Pero los intereses energéticos no están solos en la configuración de la participación de los países extranjeros en Libia, que ha estado sumida en el caos desde el derrocamiento del gobernante Muammar Gaddafi en 2011.

Los Emiratos Árabes Unidos y Egipto ven en Haftar un hombre fuerte capaz de restablecer el orden y obstaculizar la propagación del Islam político, en particular de la Hermandad Musulmana, que consideran una amenaza para su gobierno a nivel interno.

Rusia ve en Libia una oportunidad para afianzarse en una parte del mundo que ha estado tradicionalmente bajo el dominio de Occidente.

“La presencia de Rusia en la costa sur del Mediterráneo amenaza los intereses de Estados Unidos y la OTAN. Es un sueño que la URSS siempre tuvo”, dijo Mohammed Ali Abdallah, asesor del GAN para asuntos estadounidenses.

¿Qué puede pasar ahora?

Los analistas dicen que los avances militares del GAN no marcan el final de la guerra de Libia sino un retorno al statu quo anterior al lanzamiento de la ofensiva de Trípoli.

Rusia y Turquía se han involucrado en una oleada de actividades diplomáticas para asegurar el alto el fuego y cosechar dividendos de su inversión militar.

Funcionarios libios de ambas partes viajaron a Ankara y Moscú para discutir los detalles de un futuro acuerdo de alto el fuego.

Para Emadeddin Badi, miembro destacado no residente del Consejo Atlántico, esto es una prueba del éxito de los dos países al imponerse como interlocutores indispensables en cualquier acuerdo de paz futuro.

“Resulta revelador que las facciones libias no hayan visitado ninguna capital europea estos días”, dijo Badi.

“Estados Unidos y los europeos se han esforzado especialmente en mantenerse al margena lo largo del pasado año. Francia ha socavado a Europa al respaldar a Haftar y no tiene ahora nada que demostrar”.

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or Ramy Allahoum | 09/06/2020

Ramy Allahoum es un periodista argelino licenciado en Ciencias Políticas

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Fuente: https://www.aljazeera.com/news/2020/06/libya-battle-tripoli-explained-600-words-200605150707243.html?utm_source=scroll3

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EEUU no dispara a los petroleros iraníes en las aguas de Venezuela

Después de descargar 1,5 millones de barriles de gasolina en los puertos de Venezuela, que aliviarán durante un par de meses los problemas de su abastecimiento en este país, los cinco buques cisterna iraníes regresan sanos y salvos a las aguas del Golfo Pérsico. El viaje empezó el 25 de mayo, y ante una gran expectación la flota iraní atravesó el Canal de Suez, el Mar Mediterráneo, el océano Atlántico para entrar en el Caribe. EEUU había amenazado con duros castigos, tanto al vendedor como al comprador ambos bajo aplastantes sanciones ilegales impuestas por Trump sobre su industria petrolífera, y envió a cuatro buques de guerra al Caribe, bajo el pretexto de lucha "contra el narcotráfico", confundiendo Venezuela con su aliada Colombia.

Afortunadamente, no hubo sangre. En este regreso a la era de la piratería, el año pasado, la Armada británica paralizó en Gibraltar al petrolero iraní Grace 1 que se dirigía a Siria y no lo liberó hasta que Irán capturó el buque petrolero de bandera británica Stena Impero en el Estrecho de Ormuz. ¿Qué ley internacional consensuada prohíbe que dos países realicen la transacción de un producto imprescindible para la vida de sus ciudadanos?

¿Por qué EEUU no les atacó?

Es una extraña pregunta que revela hasta qué punto se han normalizado las acciones bélicas de esta superpotencia a otras naciones. Las razones podrían ser:

  1. Haber sopesado los pros y los contras de una acción contra ambos países, y los contras ganaban.
  2. Pactar, posiblemente, la contención con el propio Teherán, a través de la diplomacia de la segunda vía (track two diplomacy), o sea, mediante canales no oficiales. De hecho, ambos países han llegado así a varios acuerdos sobre Siria, Iraq, Afganistán y el Líbano. Por lo que las advertencias y las amenazas de sus mandatarios podrán estar dirigidas al consumo interno.
  3. La advertencia de Teherán al embajador suizo, que representa los intereses de Washington en Irán, de que cualquier amenaza a sus barcos por parte de EEUU se encontraría con una "respuesta rápida y contundente". Miles de soldados de EEUU instalados en Oriente Próximo no solo dan miedo sino también lo reciben, siendo rehenes en los países que han ocupado.
  4. Esta transacción carecía de importancia ya que no cambiará la grave situación económica por la que están atravesando Irán y Venezuela.
  5. Hundir los buques iraníes no provocaría el "cambio de régimen" en Venezuela, que es el objetivo de EEUU, señala Heather Heldman, ex funcionaria del Departamento de Estado, ni modificaría el "comportamiento de la República Islámica" en la región, que es asunto de la "máxima presión a Irán" (que no derrocar a su régimen). Por lo que Trump ignora las presiones de los lobbies proisraelíes y prosaudíes para acabar con la supuesta influencia de la República Islámica en América Latina y su búsqueda de una "ventaja posicional" en el patio traserode EEUU, en cumplimiento de la Doctrina Monroe. Pero, si a Trump no le preocupan las vastas relaciones comerciales de rivales como China y Rusia con América Latina, ¿Por qué debe preocuparse por Irán en América Latina? Para Juan Cruz, el ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, se está exagerando la amenaza de Irán, país convertido en "un hombre del saco" para asustar a la gente cuando conviene.
  6. Un ataque a los buques iraníes en el Caribe supondría una guerra tanto con Irán como con Venezuela, por lo que tendría que involucrar a la OTAN, que está dividida: los europeos mientras respaldan las conspiraciones de EEUU contra Venezuela se desmarcan de su política respecto a la República Islámica.
  7. Discrepancias en el gobierno de EEUU: unos reservan la acción militar si Irán vuelve a romper el bloqueo, tanto el suyo como el de Venezuela, y otros se conforma con la vigilancia del contenido de los envíos para que no sean armas, por ejemplo, pero todos se oponen a un conflicto antes de las elecciones de noviembre. En estos momentos Trump no busca guerra, por lo que no le hace falta un pretexto.
  8. Una acción anti-iraní en el Caribe, lejos de hacer daño a Irán, le ofrecería al gobierno islámico una victoria propagandística a nivel mundial, y pondría en serio riego la poca autoridad, prestigio y credibilidad que el quedaba a un Trump que recetaba la inyección de desinfectante y tomar una copa de lejía para curare del coronavirus.
  9. No conviene para la imagen de EEUU apretar aun más a los venezolanos provocando una "crisis humanitaria" en medio de la pandemia. Quizás, más adelante, vuelva a emplear a USAIDla mega agencia "humanitaria" de la CIA

 

¿Por qué Irán se arriesgó?

 

Teniendo en cuenta que los costos del viaje de los cinco pequeños barcos (los grandes, actualmente, están destinados a almacenar el petróleo que no es absorbido por un mercado apático), recorriendo durante 45 días una distancia de 12.000 km, además de los riesgos que corrían, superan posiblemente los beneficios de la venta de estos barriles, Teherán pretendía quizás tomar el pulso a EEUU para ver su reacción y saber si podía volver a romper las sanciones, y con otros posibles clientes. Por ello, en vez de enviar "barcos fantasmas" a Venezuela, no activar su sistema de transmisión de señales de seguimiento (AIS) y escaparse de los ojos de los satélites de vigilancia, hizo lo contrario: gritar a los cuatro vientos esta venta.

Irán necesita vender sus productos bloqueados, y aliviar la presión de las sanciones sobre su economía, que junto con una monumental corrupción y medidas neoliberales, han llevado a la miseria absoluta a la mitad de la población. De hecho, justamente cunado el gobierno decidió, en noviembre pasado, eliminar el subsidio sobre la gasolina, cientos de miles de la gente más humilde, que utilizan sus coches para "hacer de taxista" y ganar una extra para llegar al fin de mes en un pobreza extrema, se echaron a las calles en la  llamada "rebelión de gasolina" a pesar de la prohibición de cualquier "protesta contra el gobierno de Alá". Durante cinco días de protestas en más de un centenar de ciudades del país, cientos de personas -incluidos 12 menores de 11 a 16 años-, fueron asesinadas por las fuerzas de orden y hubo 8000 detenidos, según la policía. Tras negar meses de reconocer la magnitud de la masacre, el uno de junio, por fin el gobierno, en un país donde no existe la posibilidad de una investigación independiente, ofreció la cifra de 230 personas muertas entre ellas 6 policías. Que ayatolá Jamenei criticase la actitud de la policía estadounidense contra un ciudadano desarmado negro, provocó la sorpresa de hasta la ex diputada islamista, Faezeh Hashemí, la hija del expresidente Rafsenyani, por usar dos varas de medir.

En este contexto, si Teherán ha pensado que en el periodo preelectoral a Trump no le interesa un conflicto de envergadura con Irán, puede estar equivocado. Un presidente-candidato criticado duramente por la suma de la desastrosa gestión del COVID19, su impactante indiferencia ante la muerte de alrededor de 100.000 compatriotas infectados, la crisis económicas que ha enviado a cerca de 40 millones de personas al paro, y como guinda tener en la calle a millones de manifestantes ("terroristas" para él) que protestan contra el racismo, puede encontrar justamente en una guerra la cortina de humo perfecta para dar otra "sorpresa de octubre".  

Además de Irán, también Turquía, otro miembro del "Club de los sancionados por EEUU", tiene muy buenas relaciones con Caracas e ignora las sanciones a los venezolanos. Tayyab Erdogan al igual que Nicolás Maduro sufrió un intento de golpe de estado y asesinato por EEUU.

La cooperación y el intercambio de recursos, habilidades y tecnología entre los estados es un derecho internacional y cualquier intento de impedirlos es como poner puertas al campo.

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Buques iraníes desafían el acoso de Trump a Venezuela

El desabasteciento de gasolina golpea al país 

El bloqueo económico estadounidense y la corrupción en Pdvsa, factores clave del declive de la producción y refinación petrolera

 

El tercer barco petrolero iraní, el Petunia, ingresó a aguas venezolanas este martes por la tarde escoltado por la Marina Bolivariana. Se sumó así a los dos primeros, el Forest, que fue acompañado a su vez por la Aviación Militar Bolivariana que desplegó dos Sukhoi Su-30MK2 y dos F-16 A/B Block 15, y el Fortune, que ya se encuentra en la refinería El Palito.

Quedan dos barcos por ingresar, todos bajo sanción del Departamento del Tesoro estadounidense. En cada caso está previsto que se repita el despliegue de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que en el caso del Fortune y el Petunia ingresó hasta aguas internacionales para recibirlos.

El gobierno informó que en los barcos no solamente viene gasolina –estimada en casi 1,5 millones de barriles petroleros- sino también aditivos, repuestos y otros equipamientos para aumentar la capacidad de refinación y producción petrolera.

Tanto la producción como la refinación se encuentran en declive desde los últimos años. Las razones son varias. Por un lado, el bloqueo económico estadounidense centrado sobre PDVSA que, desde el año 2017, hasta la fecha, ha multiplicado las sanciones sobre la industria petrolera.

El objetivo ha sido cortar a PDVSA de financiamiento, cerrarle canales de exportación -con sanciones a buques propios y empresas que comercien petróleo venezolano- y de importación, tanto de insumos para el refinamiento como de gasolina.

Por otro lado, las investigaciones de la Fiscalía que indicaron que desde el 2009 hasta el 2017 los presidentes de PDVSA, así como numerosos gerentes, estuvieron involucrados en corrupción, generando un desfalco. En el 2017 se cruzó el comienzo de las sanciones directas a la empresa y el cambio en su dirección.

La llegada de los buques petroleros permitió romper -de manera gráfica- el bloqueo que conforma un cerco sobre el país. Se espera que con eso se logre enfrentar parte del desabastecimiento de gasolina que golpea el país y ha generado sus consecuentes reventas dolarizadas. La escasez se siente menos por la cuarentena, no solo en las ciudades sino en las carreteras donde circulan muy pocos vehículos.

La alianza con Irán, otra economía bloqueada por Estados Unidos, representa la consolidación de una política internacional del gobierno venezolano que, en los últimos años, estrechó relaciones centralmente con Rusia y China. Estas alianzas permitieron a Nicolás Maduro construir una arquitectura de resistencia ante una escalada ininterrumpida desde Washington.

El envío de buques petroleros profundiza esa geopolítica y expone también las limitaciones actuales de América Latina ante este escenario que es más que un bloqueo económico. La reciente Operación Gedeón, con el envío de mercenarios, dos de los cuales estadounidenses, es una muestra de la naturaleza del conflicto.

Esa Operación forma parte de un continuum de acciones golpistas. Un actor central de esa trama ha sido el partido Voluntad Popular (VP), de donde proviene Juan Guaidó, fundado y liderado por Leopoldo López, quien se encuentra en la embajada de España en Caracas luego del intento fallido de golpe el 30 de abril del año pasado.

El Fiscal General, Tarek William Saab, anunció el lunes que introdujo en el Tribunal Supremo de Justicia un recurso de interpretación de los artículos 31 y 32 de la Ley contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo, para determinar si VP es una “organización criminal con fines terroristas”. La efectiva denominación del partido bajo esa denominación implicaría su disolución.

Esa situación tendría un fuerte impacto para el partido ya disminuido. Guaidó, por su parte, había anunciado a principios de enero que se separaba de VP para “enfocarse completamente en la libertad de Venezuela”.

Una parte de la oposición condenó la solicitud de la Fiscalía. La disolución de VP dejaría con menos fuerza al sector golpista de la oposición que ha retrocedido en su fuerza, unidad, y capacidad de interlocución con la sociedad. Esto último se acrecentó con el debate acerca del bloqueo económico, donde una parte mayoritaria de la oposición lo rechaza, mientras que otra, con Guaidó a la cabeza, sostiene que hay que profundizarlo.

La mayoría de la sociedad ve en el bloqueo un agravamiento de las condiciones materiales. El debate en relación a los buques petroleros dejó en evidencia que el consenso era que se permitiera su ingreso para poder acceder a gasolina, en un contexto de dificultades no solo por combustible, sino también por los precios dolarizados y la falta de agua debido a la sequía. 

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Juez de EEUU autoriza liquidación de CITGO valorada en 8.000 mdd

Los activos de CITGO en Estados Unidos están valorados en unos 8.000 millones de dólares.

23.05.20 - Un juez estadounidense autorizó el viernes avanzar con la liquidación de las refinerías venezolanas CITGO en Estados Unidos (EE.UU.), que fueron confiscadas por el Gobierno del presidente Donald Trump en 2019, para entregar ilegalmente su administración a una junta designada por el opositor derechista Juan Guaidó.

El juez Leonard P. Stark, del Tribunal de Distrito de EE.UU. en Delaware, emitió su fallo luego que la Corte Suprema de ese país avalara una decisión anterior suya en la cual ordenó la venta de CITGO para favorecer a la compañía minera canadiense Crystallex.

Crystallex fue nacionalizada en 2011 por el Gobierno venezolano tras el incumplimiento de una serie de medidas ambientales. La empresa minera canadiense inició una demanda contra el Estado venezolano en cortes de EE.UU.

Tras conocerse la decisión del magistrado estadounidense, el corresponsal de teleSUR en Caracas, Rolando Segura, tuiteó que Guaidó, quien en 2019 se autoproclamó presidente del país suramericano, “sirve, en bandeja de plata al mejor postor, activos de #Venezuela en #EEUU”.

“Juez autoriza liquidación de #CITGO para favorecer a minera de #Canadá, nacionalizada por Chávez. Junta designada por oposición había tomado control de la petrolera valorada (en) 8 mil millones usd”, escribió Segura en el tuit.

Gustavo Borges, director del grupo de investigación Misión Verdad, comentó por su parte en Twitter que “la operación Guaidó se diseñó exactamente para esto: saquear y piratear los preciados activos venezolanos en beneficio de los grandes capitales”.

Por: TeleSUR | Sábado, 23/05/2020 08:06 AM |

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