El crudo sigue cotizando en mínimos históricos

El petróleo se convirtió en un problema para los que lo tienen

Fuertes oscilaciones en el mercado con los contratos "cortos", para entrega en mayo y junio, reflejo del hundimiento de la economía mundial. El WTI sale y vuelve a números negativos. El Brent cayó 30% y se recuperó parcialmente.

La volatilidad es la regla en la cotización del petróleo en estas horas. Tras la insólita foto que mostró el lunes 20 con el crudo de Texas (WTI) cotizando en valores negativos (una figura de época para cuando en el futuro se recuerde a la crisis económica mundial por la pandemia de coronavirus), las operaciones del martes seguían mostrando un mercado sumergido en cotizaciones históricamente bajas. El crudo Brent (Mar del Norte) descendió a las profundidades de 17,67 dólares por barril, un nivel tan bajo que no había marcado desde el 14 de diciembre de 2001, con una baja del 30,9 por ciento con respecto a los valores del lunes. Ese violento vuelco tuvo una rcuperación parcial posterior, que lo ubicó en los 22,34 dólares por barril, todavia 12,6% por debajo del día anterior para los contratos con entrega en junio. El WTI también mostró bruscas oscilaciones, ya que tras recuperarse de su mínimo histórico e impensado de 37,63 dolares negativo del lunes (lo que pagaban los vendedores para que alguien se llevara los contratos) para ubicarse apenas en terreno positivo 6,30 dólares por barril para contratos a junio), volvió a caer a precios en rojo. La bolsa esadounidense NYMEX entregó valores de -4,51 dólares por barril ya avanzada la jornada. 

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto puede demorar en acomodarse el mercado, ni en qué valores se podría dar cierto equilibrio. La crisis por un probable agotamiento de la capacidad de almacenamiento del petróleo que no se logra colocar en el mercado, por la brutal baja en la demanda mundial, ni siquiera logró ser aplacada con las audaces declaraciones del presidente Donald Trump, de Estados Unidos, amagando comprar toda oferta de crudo que se le cruce.  

"El crudo está ahora a un nivel que es muy interesante para mucha gente", había dicho el lunes, poco después de que el barril de petróleo estadounidense de referencia West Texas Intermediate (WTI) llegara a cotizarse a un precio negativo por primera vez en la historia. "Si nosotros pudiéramos comprarlo por nada, vamos a tomar todo lo que podamos", agregó al expresar su interés porque el gobierno adquiera 75 millones de barriles de crudo. Sin embargo, un día después los valores seguían en terreno negativo. Es decir, ni gratis encontraban interesados en tomarlo.

Los medios internacionales, BBC Mundo (Londres) entre ellos, especularon con que el presidente estadounidense esté jugando una vez más a encontrar una oportunidad de negocio en medio de una crisis. Y en este caso la oportunidad estaría dada por la eventual utilización de las cuevas subterráneas en las que Estados Unidos almacena sus reservas estratégicas de petróleo. 

La reserva estratégica, o SPR como se la conoce por sus siglas en inglés, fue creada en oportunidad de otra crisis producida por el petróleo. En ese momento, década de 1970, se trató del embargo petrolero de los países árabes a los gobiernos occidentales en respuesta al apoyo a Israel en la guerra de Yom Kippur. La repercusión en el mercado de esta guerra de mercado fue que los precios del petróleo se cuadruplicaran para 1974, un año después de la citada Guerra. 

Estados Unidos padeció las consecuencias de la escasez de combustible en sus industrias, y como respuesta estableció, al año siguiente (1975), las reservas estratégicas con el propósito de preservar al país de los vaivenes del mercado petrolero mundial. La libre competencia es, para Estados Unidos, una buena herramienta mientras ellos la dominen. 

Para cumplir con ese propósito, se excavaron amplísimas cuevas en roca salina para guardar ese petróleo que cumpliría la función de reserva estratégica. Un sistema de 60 cuevas subterráneas que se extienden desde Baton Rouge (Louisiana) hasta Freeport (Texas). Se estima que cuenta con capacidad de almacenaje para más de 700 millones de barriles. El último informe del SPR, del 17 de abril, indicaba que tenía albergado 635 millones de barriles. Cuando Trump habla de la posibilidad de hacer un "buen negocio" con la adquisición de 75 millones de barriles, está sugiriendo llevar el almacenaje al llenado a su nivel máximo.

Ciertamente, el conflicto inmediato con el petróleo de contratos cortos es la capacidad física de almcenaje, pero no parece que la compra masiva por el gobierno de crudo para la SPR sea una solución de fondo. El mundo real empieza a debatir con un síntoma grave de la crisis sin precedentes de una caída del consumo que alteró todas las previsiones, y en la cual por ahora, no se ven soluciones y apenas la reacción de un líder mundial que intenta "sacar ventajas".

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Derrumbe inédito del precio del petróleo

El precio del barril WTI cayó de 18,2 dólares a menos 38,7 dólares 

El problema se origino porque este martes vencen en Estados Unidos miles de contratos a futuro con entrega en mayo en un contexto de sobreoferta y sin capacidad de almacenamiento disponible.

El petróleo WTI operó este lunes con precios negativos por primera vez en su historia. La cotización del barril se derrumbó de 18,20 dólares a menos 38,7 dólares debido a la desesperación de gran cantidad de operadores por tratar de evitar la entrega de crudo físico en mayo. El problema se originó porque este martes vencen en Estados Unidos miles de contratos a futuro. Por lo general, cuando un trader no quiere recibir la entrega que pactó originalmente vende ese contrato en el mercado secundario y se posiciona en otro, pero en esta ocasión el derrumbe de la demanda provocado por el coronavirus ha sido tan extraordinario que esa venta se convirtió para muchos en una operación ruinosa, pues algunos llegaron a pagar 38,5 dólares por barril solo para que alguien se haga cargo de ese crudo. Argentina se mantuvo al margen de esta crisis puntual porque el crudo que se toma como referencia en el país es el Brent del Mar del Norte que cayó 8 por ciento, pero permanecía por encima de los 25 dólares.

Una opción que tienen los traders o especuladores cuando les ofrecen valores bajos en el mercado secundario es almacenar ese crudo hasta que los precios se recuperen, pero como la caída de la demanda mundial ahora supera el 30 por ciento esa opción se complica. Reuters informó este lunes que el centro de almacenamiento en la ciudad de Cushing, Oklahoma, donde tiene lugar la entrega física de barriles de petróleo estadounidenses comprados en el mercado de futuro estaba hace un mes al 50 por ciento y ahora al 69 por ciento, según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos. Las reservas en Cushing aumentaron 9 por ciento solo desde el viernes, situación que explica la desesperación de aquellos que no tienen almacenamiento reservado para tratar de ubicar el crudo en algún lado.

Los traders trataron de desprenderse este lunes de los contratos como si fueran una papa caliente pero hubo pocos interesados en comprar ese crudo con entrega en mayo. A raíz de esa situación es que el precio del barril se sumergió a niveles difíciles de imaginar hace poco tiempo.

Los problemas para colocar los contratos ya habían comenzado a quedar en evidencia desde temprano. Según precisó Reuters, a las 2 de la tarde hora argentina el petróleo WTI a junio cotizaba a 22,26 dólares, 11 por ciento menos que el viernes, y 840.000 contratos habían cambiado de manos, mientras que en los contratos a mayo el barril se había derrumbado a 1,8 dólares, un 90 por ciento menos que el viernes, pero solo 131.000 contratos habían cambiado de manos. Lo que vino después fue una debacle de los precios todavía peor, cayendo hasta menos 38,7 dólares.

Semejante derrumbe sin duda está motivado por maniobras especulativas protagonizadas, en muchos casos, por inversores que pareciera que nunca terminaron de comprender el riesgo al que se estaban exponiendo. No obstante, esta situación anómala fue posible por la contracción inédita de la demanda de crudo que provocó la crisis sanitaria.

Después de la guerra de precios desatada a comienzos de marzo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus naciones aliadas acordaron el pasado 12 de abril un recorte en la producción de crudo de 9,7 millones de barriles diarios durante mayo y junio. A su vez, algunos países del G20, con Estados Unidos a la cabeza, se comprometieron por lo bajo a elevar esa cifra a 15 millones de barriles diarios. Sin embargo, ese recorte se efectivizará recién a partir del mes próximo y ni siquiera es seguro que alcance a empardar la disminución de la demanda. Eso dependerá en parte de cómo evolucione la crisis del coronavirus. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, viene pronosticando que lo peor está comenzando a quedar atrás, pero con 40.000 muertos solo en Estados Unidos y sin una vacuna a la vista no está claro que la situación vaya a ser muy diferente el mes próximo.

Si las cuarentenas siguen, la demanda seguirá planchada y los países productores probablemente deberán acordar mayores recortes para tratar de preservar el valor de su activo. Si no lo hacen, situaciones como la de este lunes podrían volver a repetirse, aunque se supone que con un impacto menor porque el mercado de futuros de a poco comienza a ajustar sus valores de a acuerdo a la disponibilidad real de crudo. Lo que pasó hasta ahora fue que muchos especularon con que la crisis iba a terminar siendo menor de lo que fue y convalidaron precios en el mercado de futuros que no se terminaron ajustando ni por asomo a lo que ahora está pasando. Por eso este lunes se terminaron estrellando de la peor manera. 

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La luna llena se eleva sobre la refinería de petróleo de Gazprom Neft en Omsk, Rusia. REUTERS / Alexey Malgavko

Han acordado  reducir su oferta petrolera en un 23% ante la crisis en el sector causada por la pandemia de la covid-19.

México se ha sumado oficialmente al acuerdo alcanzado por la OPEP+ para reducir la producción mundial de petróleo crudo, después de pactar con Estados Unidos que este país asuma una parte significativa de la cuota de ajuste originalmente asignada al país azteca, que limitará así a 100.000 barriles diario su recorte de oferta, según ha anunciado el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

En una conferencia de prensa, López Obrador ha informado de que en una conversación telefónica con su homólogo estadounidense, Donald Trump, ambos líderes pactaron que EEUU asuma un recorte adicional de su producción de 250.000 barriles al día, permitiendo así que México pueda ajustar su oferta de crudo únicamente en 100.000 barriles.

"Se comunicó con nosotros el presidente Trump y se llegó a un acuerdo de hacer una disminución de 100.000 barriles. Estados Unidos se compromete a reducir adicionalmente a lo que iba a aportar otros 250.000 barriles por México para compensar", ha anunciado López Obrador. "Esto lo comunicamos de inmediato y ya es formal, ya cumplimos con este asunto", ha sentenciado.

"Nos pedían hacer una reducción del orden del 23% de la producción, como la de Arabia Saudí o Rusia. Un recorte de 400.000 barriles", ha señalado el presidente mexicano, quien ha defendido que México no estaba en condiciones de aceptar un recorte de tal magnitud tras los años de caída de la producción registrados en el país.

De este modo, el presidente mexicano ha informado que de los 1,786 millones de barriles diarios producidos durante marzo en promedio, "a partir del mes de mayo" México a bajar a 1,686 mb/d, lo que se espera que contribuya a un aumento del precio del petróleo crudo, pero sobre todo "a estabilizar la economía y los mercados". "México está aportando. En general es el 5,5%, no podíamos el 23%", ha defendido.

La AIE confía en que el G20 devuelva la estabilidad a los mercados petroleros tras el acuerdo de la OPEP+. Los países de la OPEP, liderados por Arabia Saudí, y otros productores, incluyendo Rusia, que forman el grupo conocido como OPEP+, alcanzaron esta

Asimismo, se acordó una reducción de ocho millones de barriles al día desde julio a diciembre de este año a la que seguirá un ajuste de seis millones de barriles al día del 1 de enero de 2021 hasta el 30 de abril de 2022.

10/04/2020 13:29 ACTUALIZADO: 10/04/2020 17:53

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El mercado petrolero cerró ayer antes del anuncio de la OPEP+ sobre el recorte a la producción, el crudo estadunidense West Texas Intermediate perdió 2.33 dólares (9.3 por ciento) a 22.76 dólares por barril, y el Brent cayó 1.36 dólares (4.1 por ciento) a 31.48 dólares. El barril de la mezcla mexicana cedió 1.35 dólares (7.5 por ciento) y cerró en 16.54 dólares.Foto Ap

La Organización de Países Exportadores de Petróleo y productores asociados, entre los que se encuentran México, grupo conocido como OPEP+, lograron un acuerdo en principio para reducir en 10 millones de barriles por día (bpd) la extracción en mayo y junio, a fin de impulsar los precios del crudo, que se han hundido debido a la contracción de la demanda por la pandemia.

México, según reportó la secretaria de Energía, Rocío Nahle, colaborará con una disminución de 100 mil barriles por día en los próximos dos meses.

"De un millón 781 mil barriles diarios de la producción que reportamos en marzo de 2020, disminuiremos a un millón 681 mil", escribió la funcionaria ayer por la tarde en su cuenta de Twitter.

La postura del gobierno mexicano fue difundida por Nahle después de la publicación de reportes de que la funcionaria mexicana abandonó la conferencia virtual de la OPEP+, antes de que ésta concluyera.

México abandona reunión

La agencia Sputnik informó que la delegación de México se retiró de la reunión de los miembros de la OPEP y otros países productores de petróleo, sin dar su consentimiento a un nuevo acuerdo de recorte petrolero.

El grupo OPEP+, "no logró asegurar un acuerdo final, según fuentes de ese organismo, porque México no aceptó el recorte de producción que le fue solicitado".

Por su parte, Ramses Pech, experto en temas petroleros, aseguró que la estrategia de México es dejar de exportar alrededor de 400 mil barriles de petróleo, pasando de un millón 200 mil a 800 mil barriles a finales de 2020.

El presidente Andrés Manuel López Obrador explicó el domingo que ante la caída en los precios del crudo, México aumentará la producción de gasolinas en el país. "Destinaremos a ese propósito 400 mil barriles diarios adicionales para no malbaratar todo el petróleo de exportación y bajar la compra de combustibles en el extranjero", informó.

La demanda mundial de combustible se ha desplomado hasta en 30 millones de bpd, 30 por ciento de los suministros mundiales, ya que las medidas para combatir el coronavirus han dejado en tierra aviones, reducido el uso de vehículos y frenado la actividad económica.

Este jueves, los países de OPEP y productores fuera de la alianza realizaron una videoconferencia para reanudar el diálogo sobre el recorte petrolero con el fin de estabilizar el mercado. De acuerdo con el comunicado emitido al término de la reunión virtual, el recorte será de aproximadamente 10 por ciento del suministro mundial de crudo.

Se espera que otros países como Estados Unidos se sumen al pacto y colaboren con una rebaja del bombeo de 5 millones de bpd.

Un recorte sin precedente de 15 millones de bpd aún sería insuficiente para disminuir el exceso de almacenamiento en el mundo.

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Las potencias petroleras buscan un pacto para frenar la sangría de precios

 La OPEP ampliada se reúne este jueves en un nuevo intento de recortar la oferta para compensar una demanda deprimida por la pandemia

Dos de los tres mayores productores de petróleo del mundo, Arabia Saudí y Rusia, buscan este jueves un nuevo acuerdo de recorte de la producción que permita un respiro en un mercado bajo mínimos. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, liderada de facto por Riad) y el país euroasiático se sentarán a la mesa, por vía telemática, para tratar de pactar un recorte en la oferta que compense una demanda en caída libre por el avance de la pandemia. Ambos países, sin embargo, condicionan el pacto a que Estados Unidos —la tercera pata clave del mercado y erigido ya en primer productor mundial gracias a la revolución del fracking—, Canadá o Brasil se comprometan también a recortar los bombeos. El crudo brent, el de referencia en Europa, cotiza ahora en el entorno de los 30 dólares, tras haber llegado a caer en las últimas semanas por debajo de los 25, su mínimo en 18 años.

Riad, Moscú, Washington —donde los fraqueros de Texas ya han hecho sonar las alarmas: si los actuales niveles de cotización se prolongan la viabilidad de muchas firmas del sector está en entredicho— y el resto de actores del mercado necesitan urgentemente un acuerdo que ponga fin a la guerra de precios en la que están inmersos. Y, sin embargo, todo está en el aire, con unos mimbres todavía débiles para la fumata blanca: el encuentro virtual de este jueves se iba a celebrar inicialmente el lunes, pero las disensiones internas forzaron su aplazamiento; e Irán, miembro destacado de la OPEP y recurrentemente entre los 10 mayores exportadores del mundo, ha sido el último en visibilizar una brecha que sigue siendo profunda. “La vaguedad [de las posiciones] en torno al encuentro ministerial es preocupante”, subrayó a última hora del martes el titular iraní de Petróleo, Bijan Zanganeh, en una carta remitida a su homólogo argelino, el país que ostenta la presidencia rotatoria del cartel. En la misiva, Zanganeh criticaba que iniciar un encuentro “en ausencia de consenso” sería un mensaje fallido incluso antes de comenzar, que “puede agravar aún más el actual entorno de precios bajos”. A la llamada de los ministros de la OPEP el viernes otro encuentro telemático de los responsables de Energía del G20 en el que se tratarán de cerrar los flecos pendientes para posibilitar una reducción de la oferta global.

Venezuela, otro miembro del cartel y el país con las mayores reservas de crudo del planeta —aunque inmerso en una enorme crisis, que afecta también a su capacidad de producción— ya ha anunciado por boca de su presidente, Nicolás Maduro, que pedirá en la reunión unos “precios justos y estables". “Lo he dicho y lo repito: la estabilidad y la recuperación futura de la economía y las finanzas mundiales dependen los acuerdos de la OPEP+ [u OPEP ampliada, que también incluye a Rusia y a otros países de su órbita]. A buen entendedor, pocas palabras bastan", ha apuntado el mandatario. Caracas, como el resto de productores latinoamericanos, necesita como el comer un acuerdo que frene las ventas a pérdidas a las que se están viendo obligados en el actual entorno de precios, cercano a mínimos de dos décadas. A diferencia de otros colosos, como las propias Arabia Saudí o Rusia, el músculo financiero de estos países —y, por lo tanto, su capacidad de aguante— es notablemente menor.

La semana pasada, Donald Trump anunció la proximidad de un pacto entre saudíes y rusos para reducir la oferta en entre 10 y 15 millones barriles diarios (casi la décima parte de la producción mundial, un tijeretazo sin parangón). Este miércoles, víspera de la reunión, el país norteamericano ha reducido en casi un 8% su previsión de producción de petróleo en 2020, una señal de que la oferta pica a la baja incluso antes de cualquier acuerdo entre Gobiernos. Además, para tratar de elevar la presión sobre el reino del desierto, un grupo de senadores republicanos ha promovido en las últimas horas un proyecto de ley que supondría la retirada de tropas, misiles y otros sistemas de defensa de Arabia Saudí —un aliado histórico en Oriente Próximo— si no se aviene a recortar su oferta petrolera, según Reuters.

A renglón seguido de Trump, su homólogo ruso, Vladímir Putin, mostró el pasado viernes su disposición a aceptar un recorte de los bombeos siempre y cuando Washington también se comprometiese a hacer lo propio, provocando un rebote de los precios desde mínimos. Este miércoles, sin embargo, el Kremlin ha optado por la cautela. “Esperemos a mañana o pasado mañana”, ha deslizado un portavoz del Gobierno ruso al tiempo que rechazaba la sugerencia estadounidense, a través de la estadística hecha pública este miércoles, de que su producción ya viene a la baja: Moscú, como Riad, quiere mucho más.

El precedente de la última reunión de la OPEP+ en marzo, cuando todo saltó por los aires, cualquier acuerdo previo de reducción de oferta pasó automáticamente a ser papel mojado y Arabia Saudí respondió a la ruptura con Rusia con un brutal incremento de su producción hasta máximos históricos, sigue siendo una sombra demasiado alargada. Entonces ya se sabía que el impacto del coronavirus sobre el mercado petrolero iba a ser severo, pero los Gobiernos occidentales aún no habían echado el cerrojo total para evitar la propagación del virus, las aerolíneas todavía seguían operando la mayor parte de sus rutas, la actividad en las fábricas no se había congelado y los coches todavía circulaban por las calles. Hoy, el panorama es muy distinto: prácticamente cualquier rastro de actividad que implicase el consumo de crudo (salvo el transporte de lo más básico) ha desaparecido y los cálculos más recientes apuntan a que la pandemia ha reducido en aproximadamente un 30% la demanda mundial de crudo. Con esas cifras encima de la mesa, el acuerdo entre productores se antoja más necesario que nunca.

Madrid - 08 abr 2020 - 17:30 COT

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¿Por qué Trump declara la guerra a Nicolás Maduro?

La acusación de William Barr, fiscal general de Estados Unidos, contra Nicolás Maduro, de "haber participado en una asociación criminal que involucra a una organización terrorista extremadamente violenta, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en un esfuerzo por inundar Estados Unidos de cocaína" y la recompensa para su "arresto" de 15 millones de dólares que anunció Mike Pompeo, secretario de Estado, constituye, en los hechos, una declaración de guerra de Donald Trump contra Venezuela.

El marco en el que Trump realiza esta declaración se caracteriza por un desplome extraordinario de los precios internacionales del petróleo que han colocado la cotización del petróleo tipo Brent en 27. 51 dólares –similar al precio promedio nominal de 1999–, sobreproducción de petróleo en los mercados internacionales, producción inédita de Estados Unidos superando los 13 millones de barriles por día, los descuentos y la decisión de incrementar la producción de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Kuwait, cuyos gobiernos son aliados incondicionales y subordinados a Estados Unidos, hundimiento de la economía mundial en una gran depresión por el freno que apuntaló la pandemia del coronavirus (Covid-19) de la actividad industrial, comercial y financiera.

No es casual que Trump escoja este momento para reforzar su ofensiva para derrocar al presidente de Venezuela. China, que es uno de los principales aliados de Venezuela y se encuentra a la defensiva, concentrado en restablecer sus actividades que fueron paralizadas en muchas de sus principales ciudades para frenar el ritmo de propagación del Covid-19. Rusia e Irán, también aliados de Venezuela, van a tardar en sacudirse el impacto del desplome de sus ingresos petroleros y, además, en el caso de Irán, persiste el bloqueo comercial que le ha impuesto Estados Unidos.

Sin embargo, lo más importante y que ya anticipaba el freno del exponencial crecimiento de su producción petrolera entre 2015 y 2017, es que ésta se mostró muy sensible con precios inferiores a 60 dólares por barril al estancarse su producción; el desplome actual de los precios al retirar a muchos de sus productores amenaza su actual volumen de producción.

Adueñarse de las reservas petroleras de Venezuela, las más importantes del mundo, en el escenario de un eventual derro­camiento de Nicolás Maduro, aunque tuviera que sacrificar a sus productores petroleros internos, concentrados en el fracking, no le importaría, pues en un horizonte de largo plazo estima disponer de una mayor seguridad de abastecimiento, desestimando la decidida batalla que darán el pueblo y el ejército venezolano de cada metro de su territorio frente a sus bombas y mercenarios.

Dentro de este plan contra Venezuela, Irán y Rusia se inscribe la reunión a que convocó a principios de marzo, en la Ciudad de México, el embajador estadunidense a diplomáticos de Canadá, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, España y Países Bajos para concertar acciones ante las decisiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador al considerar que "erosionan las bases legales de los contratos de miles de millones de dólares firmados en la administración de Enrique Peña Nieto".

Detener la puesta en marcha de la declaración de guerra de Donald Trump, a través de las irresponsables acusaciones de integrantes de su gobierno, que no tienen mayor validez y sustento a las que utilizaron para ahorcar a Saddam Hussein y asesinar a Muhamar Kaddafi, es un acto de autodefensa para frenar las presiones imperiales contra México para que se retome la vía de la privatización de sus hidrocarburos, incluyendo la explotación de yacimientos mediante la fractura hidráulica.

por Francisco Colmenares. autor de Despojo, resistencia y corrupción. México en los ciclos del precio del petróleo. Ed. Plaza y Valdés, México, 2019

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Rusia demanda nuevo acuerdo de la OPEP para enfrentar colapso en la demanda de petróleo

Un nuevo acuerdo de la OPEP+ para equilibrar los mercados del petróleo podría ser posible si otros países se unen a él, dijo Kirill Dmitriev, responsable del fondo soberano ruso, añadiendo que los países también deberían cooperar para amortiguar las consecuencias económicas del coronavirus.

El pacto entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros productores, incluyendo a Rusia (conocido como OPEP+), para frenar la producción de petróleo y apoyar los precios se vino abajo a principios de este mes, lo que provocó una caída en picado de los precios mundiales del petróleo.

"Se necesitan acciones conjuntas de los países para restaurar la economía (mundial)... Estas (acciones conjuntas) también son posibles en el marco del acuerdo de la OPEP+", dijo a Reuters en una entrevista telefónica Dmitriev, jefe del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF por sus siglas en inglés).

Dmitriev y el ministro de Energía Alexander Novak fueron los principales negociadores de Rusia en el acuerdo sobre el recorte de producción con la OPEP. El acuerdo existente expira el 31 de marzo.

"Estamos en contacto con Arabia Saudí y otros países. En base a estos contactos vemos que si el número de miembros de la OPEP+ aumenta y otros países se unen, existe la posibilidad de un acuerdo conjunto para equilibrar los mercados del petróleo".

Dmitriev se negó a decir quiénes deberían o podrían ser los miembros del nuevo acuerdo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo la semana pasada que se involucraría en la guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudí y Rusia en el momento oportuno.

Dmitriev también dijo que era inevitable una crisis económica mundial, ya que la deuda mundial había subido a un importe equivalente al 323% del producto interior bruto, frente el 230% de la anterior crisis económica de 2008.

"Los esfuerzos para restaurar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos son ahora tan importantes como siempre, haremos todos los esfuerzos de nuestro lado y esperamos que Estados Unidos también entienda que esto es necesario", dijo.

29 marzo 2020

(Con información de Público)

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El presidente ruso Vladimir Putin y el rey Salman de Arabia Saudií, en un encuentro en el Kremlin, en Moscú, en octubre de 2017. REUTERS/Alexei Nikolsky

El 6 de marzo, Rusia sorprendió a la OPEP al rechazar la propuesta del Reino de Arabia Saudí (RAS) de disminuir la producción en millón y medio de barriles por día (mbd) ante la desaceleración de la economía en Europa y EEUU y la brusca caída de la demanda en China, hasta un 20%, agravadas por el brote del coronavirus. Como resultado, los precios se derrumbaron en un 30%, la mayor caída desde la segunda guerra del Golfo Pérsico en 1991, situándose en torno a los 32 dólares.

Los jeques saudíes enfadados reaccionaron de modo aún más sorprendente, casi "antinatural": anunciaron inundar el mercado, con más crudo y más barato, ofreciendo un descuento de 5 dólares a los compradores asiáticos, 6 a los estadounidenses y 8 a los europeos, clientes tradicionales de Rusia; anunciando además que a partir del 1 de abril los miembros de la OPEP pueden producir la cantidad de petróleo que deseasen(¡otra cosa es venderla!), a pesar de que el mercado está sobre abastecido y las posibilidades de almacenar -conocido como "contango"- tampoco son infinitas.

Así, Moscú apuso fin (provisional) al juego de la "Ruleta rusa" de cooperar con la OPEP, iniciada en 2016, cuando pactaron recloratr la producción para subir los precios, que habían caído de unos 80 dólares a la mitad. Lo cierto es que, ayunque Moscú hubiera aceptado estos recortes, los precios no habrían subido mucho.

Tenido en cuenta que el precio del petróleo lo determina la política que no la ley de oferta y demanda del mercado, veamos los motivos de las dos superpotencias energéticas que juntos producen 21 mbd de crudo.

Los motivos reales de los saudíes

  1. Arruinar la economía rusa, beneficiando, de paso, al petróleo esquisto de su aliado estadounidense, que tuvo compasión con RAS tras el vil asesinato de Khashoggie, y cumplió con su gran petición que fue imponer sanciones de su archienemigo Irán. Riad hizo lo mismo en noviembre del 1986, bajando los precios en un 75%, ¡10 dólares el barril!, asestando un golpe mortal a la economía soviética que en parte por ser planificado no puedo reaccionar. Para ver hasta qué punto este mercado es político, el 5 de julio del 2018, un Donald Trump preocupado por los votos en las elecciones parlamentarias del noviembre y el precio del barril 85 dólares, ordenó al rey Salman "¡Bajad el precio del petróleo ahora!", y ante la negativa de Riad le amenazó: "Podría no estar [en el trono] en dos semanas". Y su majestad tuvo que bajarlo a 67 dólares.
  2. Ante la crisis económica actual y la volatilidad del mercado, Ras pretende recuperar su liderazgo.
  3. Reducir el espacio del petróleo esquisto de un EEUU, que ya produce 13.1 mbd de los que exporta 4.15 mbd.
  4. Hundir aún más a su archienemigo Iraní, que encima sufre una brutal sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera.

Los motivos de Rusia

  1. Mandar a la quiebra la industria del esquisto bituminoso de EEUU, que con la actual tecnología no podrá sobrevivir con precios por debajo de 45 dólares.
  2. Capturar los clientes de EEUU.
  3. Reducir la capacidad de Washington en imponer sanciones a Rusia: la construcción casi terminada del gaseoducto Nord Stream 2, que llevaría el gas ruso a Europa, sigue paralizada.
  4. Ampliar su clientela, tener en cuenta la ausencia de Irán y Venezuela en el mercado, así como las interrupciones en los suministros desde Nigeria y Libia.

Consecuencia de esta guerra de precios

  1. Esta guerra de precios puede provocar la quiebra y/o la fusión forzada de los productores del petróleo esquisto de EEUU, y enviar al paro de miles de sus trabajadores en un año electoral para Donald Trump, cuya política energética difiere de sus antecesores. El presidente ha ordenado al Departamento de Tesoro comprar abundantes cantidades del petróleo barato para la Reserva Estratégica de Petróleo con el fin de asegurarse el apoyo de los multimillonarios Chevron y ExxonMobil, que no a cientos de pequeños y medianos inversores de esquisto altamente endeudada o en bancarrota sólo en Tejas. Para más inri, lo ha hecho cuando el coronavirus está atacando y una mayoría de la población de su país carece de un seguro médico. Según Greenpeace esta compra podría costar los 2.6 mil millones de dólares cuando la ayuda para las familias trabajadoras que serán afectadas por el COVID-19 serían unos 1.7 mil millones.
  2. Un mayor déficit presupuestario en el RAS: Aunque el coste de la producción del petróleo del país ronda sobre 3 dólares por barril, el reino -que ya sufre un déficit fiscal de 50.000 millones de dólares-, necesita un precio de curdo de al menos 80 dólares no sólo para equilibrar su presupuesto, sino también para continuar con la matanza de los yemeníes. Es más, tendrá que enfrentarse con un descontento social que va en aumento. La detención de la semana pasada de unas 300 personas, entre príncipes, militares y funcionarios, muestra la frágil poder de los jeques.
  3. La caída libre de las acciones de Saudí Aramco (que el año pasado sufrió un extraño atentado) en un 9%, situándose por debajo de su precio de oferta pública inicial. Entre sus efectos: a) el descontento de miles de ciudadanos, un 20% de la población, que compraron las acciones, algunos pidiendo incluso préstamo para convertirse en el inversor de la empresa; b) tener que prolongar las medidas de austeridad en los salarios de los trabajadores; c) golpe al prestigio, si lo tuvo alguna vez, del heredero Mohammad Bin Salman, promotor de la ambiciosa Vision 2030, proyecto de grandes infraestructuras que iba a reducir la dependencia del país al petróleo y ahora se queda sin ingresos suficientes para su financiación. Este movimiento pormovido por un príncipe gafe y perdedor, que destruye todo lo que toca, contra un veterano y astuto ajedrecista como V. Putin ha sido una estrategia demasiada arriesgada: a ver se sobrevive a ello.
  4. A pesar de que Rusia ha reducido parte de su dependencia a la renta del petróleo, y desde el 2018 basa su presupuesto en los 45 dólares el barril (RAS lo habia hecho sobre los 65 dólares), los precios bajos no sólo perjudicarán a su economía sino a la propia persona del presidente Putin; fue gracias al auge del precio del petróleo en la década de 2000 que consiguió importantes reformas económicas y el apoyo de su pueblo. Ahora que aspira gobernar hasta 2036 necesita un barril por encima de 60 dólares.
  5. Perjudica enormemente a Irán, que sufre unas brutales sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera. Ha solicitado 5.000 millones de dólares al FMI para luchar contra el coronavirus que si los obtiene, serán parte de la maldita deuda de un país inmensamente rico a las instituciones financieras.
  6. Asesina directamente a la OPEP, por tres razones: a) Ahora, cada miembro podrá ir por libre, b) sus miembros perderán miles de millones de beneficio y c) Separa a Rusia del cartel.
  7. Benéfica a China, que consume 13% de los barriles de petróleo que produce el mundo, y tiene tanto a Rusia como a RAS entre sus proveedores.

La guerra de Arabia Saudí contra Rusia, y la de Rusia contra EEUU pueden intensificarse provocando nuevos cambios en el mapa geopolíticos de energía hasta establecer un "nuevo orden petrolero" que se presenta lleno de incógnitas.

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Refinería Marathon Oil Corporation en Carson, California.Foto Afp

La guerra no es de vulgares precios. Es también de "presupuestos" –precio para las necesidades fiscales– y de "reservas": de divisas no devaluadas e hidrocarburos.

El "choque petrolero viral" comporta características geopolíticas donde habrá ganadores y perdedores.

El brutal choque de 2020 no se parece al de 1986 cuando se gestó la colusión de EU y Arabia Saudita para desplomar el precio del barril que marcó el inicio del fin de la ex URSS (https://bit.ly/2TSX4XT).

En 1986, la URSS, se encontraba a la baja geoestratégica, mientras China no jugaba.

En 2020, Rusia se encuentra al alza multidimensional y China se mantiene incólume, pese al Covid-19, mientras EU ha sido entrampado con su artificial gas lutita financiado por la Reserva Federal y Wall Street (https://bit.ly/38INPyW).

En EU existe la peregrina propaganda de que Rusia busca liquidar la industria del gas lutita en la Cuenca Pérmica –no se diga para impedir el boicot de Trump al gasoducto NordStream 2 que conecta a Rusia con Alemania– cuando su derrumbe era más que cantado (https://bit.ly/3aIemh7), con o sin "guerra de precios".

En la metáfora del "cono de arena", al final, un solo grano derrumba todo el cono infectado por el virus global que mermó la sobreoferta de petróleo con dos millones de barriles diarios y que busca(ba) reducir Arabia Saudita, al unísono de la OPEP y de otros miembros observadores como Rusia, para mantener su presupuesto fiscal que proyecta(ba) en 80 dólares el barril, mientras Rusia puede absorber un precio de 50 dólares y hasta la mitad.

Ya el zar Vlady Putin, quien con su reflejo de judoka reviró a dos blancos y advirtió que Rusia podía soportar un precio de 25 dólares el barril por una década (¡súper-sic!; https://bit.ly/38HaX0S), cuando, además, Moscú posee hoy 570 mil millones de dólares de reservas –sin contar su Fondo de Riqueza Soberana de 150 mil millones–, frente a las de Arabia Saudita que han disminuido a 495 mil millones de dólares.

No se trata de una banal "guerra de precios" cuando Rusia juega a la "geometría multivariable" y a una "multidimensionalidad geopolítica" de varios niveles ( multilayered) que afecta todo el planeta cuando contará quien pierda menos en la tétrada precios/presupuesto/reservas/geopolítica. Aquí no caben procaces maniqueísmos lineales y daltónicos.

Su desplome beneficia a China e India (básicamente, los importadores principales) y despedaza a los productores carentes de anticuerpos en su sistema inmunológico energético.

Arabia Saudita es más vulnerable que Rusia en su ingreso petrolero: el primero depende de 87 por ciento y el segundo de 40.8 por ciento, incluyendo su gas, que es el verdadero “ game changer”.

El zar Vlady Putin venderá caro su amor a EU, no se diga a "Occidente" al borde de "choques deflacionarios", cuando peligra el sector petrolero y gasero de EU que contribuye en 7 por ciento de su PIB y cuenta con más de 10.3 millones de empleos (https://bit.ly/2Q2l8X6).

NYT culpa al príncipe Mohamed bin Salmán (https://nyti.ms/2IAXIEb). No se trata de culpar o exculpar, sino quien juega mejor a la geoestrategia energética entre los tres grandes: EU/Rusia/Arabia Saudita.

WSJ, cercano a Trump, anda más perdido que nunca, y después de sentenciar en forma estrafalaria que "Putin no es amigo de Trump", exhorta a jalarle las orejas a su aliado Mohamed bin Salmán (https://on.wsj.com/3cPBhJd).

Una llamada de Trump a Mohamed bin Salmán quizá tuvo que ver en la recuperación de 10 por ciento del precio, no se diga la visita "secreta"del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, íntimo de Jared Kushner, al embajador ruso, lo cual fue expuesto por el Kremlin en su Facebook antes que el mismo EU (http://dailym.ai/2Q7qy3o).

La mezcla ominosa del virus global y el choque petrolero puede descarrilar la relección de Trump y afectar la estabilidad de la mayoría de los países productores de petroleo, sean de la OPEP o no.

El zar Vlady Putin, como el mandarín Xi, busca la extensión de su mandato, como lo hizo Roosevelt en una fase crítica, y como lo pondera Trump en caso de una relección sin Covid-19 y sin desplome de Wall Street.

Las consecuencias geopolíticas son ya enormes.

www.alfredojalife.com

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Mina de tierras raras en California (EE UU).JOE BUGLEWICZ / BLOOMBERG

El control de estos metales, esenciales en el mundo tecnológico, se ha convertido en objeto de disputa entre las dos grandes potencias del mundo

Hay que bucear un poco en la tabla periódica para encontrarlas. Gadonio, lantano, samario, europio, terbio… Son 17, se las conoce como tierras raras y son famosas por ser buenas conductoras de electricidad. La vida moderna no sería lo mismo sin ellas. Están en los móviles, tabletas y ordenadores. Pero también en las cámaras fotográficas, aerogeneradores, bombillas de bajo consumo y en algunas aplicaciones militares como en las gafas de visión nocturna o en las armas de precisión (guiadas por láser o satélite). Por esa razón se han convertido en la joya de la corona de las dos grandes potencias del planeta. China —el líder en producción desde hace más de tres décadas y con las mayores reservas del mundo— lucha por mantener su posición en el mercado, mientras que Estados Unidos —que acaba de volver a la palestra— busca la autosuficiencia, pues el 80% del consumo de estos elementos procede del gigante asiático.

EE UU ha pisado el acelerador. Impulsa a marchas forzadas el desarrollo de una industria, al mismo tiempo que diversifica sus fuentes. Su hambre por estos metales lo ha llevado a desplegar en su territorio drones y otras tecnologías que ayuden a localizar posibles reservas, según reveló la agencia Bloomberg. De igual forma, Washington ha acordado con Canadá y Australia el despliegue de proyectos en conjunto que están enfocados en el refinado de estos materiales. Además, busca fondos federales para reforzar el sector. “Ha retomado la actividad…, pero le tomará tiempo competir con China”, afirma David Merriman, experto en metales en la consultora Roskill. El primer paso ya lo dio el año pasado: la producción de tierras raras en EE UU aumentó un 44% y el país pasó de la cuarta a la segunda posición en la tabla mundial con un 12% del mercado, una cuota muy lejana a la china, que llega al 63%, de acuerdo con las cifras del Servicio Geológico de EE UU. El salto no es casual. Su principal y única mina de tierras raras, ubicada en California, ha resurgido de sus cenizas.

Tras años de cierres y aperturas intermitentes, la Mountain Pass —que hasta finales de los ochenta era el mayor suministrador mundial de metales raros— retomó operaciones en 2017 gracias a un acuerdo de inversores en el que ha participado la china Shenghe Resources, una de las principales compañías del sector. “EE UU no se siente cómodo con el dominio que tiene China”, dice Chris Berry, fundador de House Mountain Partners, una consultora de materias primas con sede en Nueva York. Su malestar se ha evidenciado cuando el gigante asiático, en medio de una guerra comercial, amenazó con paralizar las exportaciones de tierras raras. “Estos elementos se han convertido en una herramienta geopolítica”, dice un análisis de Roskill. Para EE UU son de suma importancia a tal grado que han sido catalogadas como “imprescindibles para la seguridad nacional y económica”.

Por ese motivo, estos metales fueron una baza en la primera fase del acuerdo comercial, en la que China se ha comprometido a comprar a EE UU dos tipos de tierras raras: escandio e itrio, usadas en aplicaciones de defensa, en la aeronáutica y en la fabricación de televisores. El movimiento es estratégico y dará frutos a la incipiente industria estadounidense, pero no de forma inmediata. “EE UU piensa en el futuro, porque ahora la producción de estos dos metales es minúscula”, afirma Juan Diego Rodríguez-Blanco, profesor de nanomineralogía en el Trinity College de Dublín. Para algunos analistas, la autosuficiencia podría estar a la vuelta de la esquina. “[Quizás] en siete o diez años pueda conseguirlo”, estima Eugene Gholz, profesor de ciencias políticas y experto en seguridad nacional en la Universidad de Notre Dame (Indiana).

Gigante asiático

China comenzó a extraer cantidades importantes de tierras raras en los años ochenta del siglo pasado. Durante la década siguiente ya controlaba el 28% de la producción, por detrás de EE UU, que copaba el 38%. Después, el gigante asiático fortaleció su posición al vender los metales por debajo del precio de otras empresas. La Mountain Pass y muchas otras minas en todo el mundo no pudieron competir y echaron el cierre. Entre 2008 y 2010, Pekín llegó a controlar alrededor del 95% del mercado, según las cifras del Servicio Geológico de EE UU. Sin embargo, su hegemonía extractiva se ha visto menguada en los últimos años a pesar de que su producción ha crecido de manera constante desde 2012. Ello se debe a la aparición de diversos jugadores (EE UU, Australia, Myanmar, entre otros) que quieren un trozo del pastel.

El poderío de la potencia emergente es difícil de abatir, pues controla el proceso de refinación. “Una gran cantidad de la propiedad intelectual en torno al procesamiento de tierras raras está en manos chinas. Este tipo de conocimiento es inevaluable”, explica Berry. China ha mantenido su posición porque, además de ser el mayor productor mundial de tierras raras (con solo seis compañías), también es el primer consumidor, por delante de Japón y EE UU.

Ese estatus se ha mantenido a pesar de que la extracción se ha visto afectada por la introducción de una legislación medioambiental que ha puesto freno a la actividad en las provincias del sur. “China creció tanto en sofisticación que se convirtió en una superpotencia”, asegura Ei Sun Oh, experto del Instituto de Asuntos Internacionales de Singapur. Hoy, el mayor riesgo es el brote de coronavirus que ha paralizado la actividad industrial. El Global Times — el periódico insignia del Partido Comunista Chino— afirma que las empresas del sector ubicadas en la localidad de Ganzhou (donde se procesan cerca del 70% de los metales raros que se usan en el mundo) estaban trabajando a principios de febrero a un 20% de su capacidad a causa del brote, lo cual afectaría las exportaciones hacia EE UU, Japón y Europa


.Groenlandia

The Wall Street Journal publicó el pasado agosto lo que pudo haber sido una tomadura de pelo: “El presidente Trump contempla una nueva compra de bienes raíces: Groenlandia”. Pero no fue así. Su intención resultó real y, a pesar de las críticas, no es cualquier ocurrencia. La isla (región autónoma de Dinamarca) es una rica fuente de materias primas, sobre todo de tierras raras. Allí se desarrolla el proyecto Kvanefjeld —liderado por la australiana Greenland Minerals, donde la china Shenghe Resources tiene participación—, que en el futuro pretende suministrar entre un 20% y 30% de la demanda global de esos metales. El sueño de Trump tiene un raro trasfondo.

Por Óscar Granados

Madrid - 07 Mar 2020 - 18:30COT

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