El intento de exterminar a Sintraisa hace parte de la estrategia para la venta de ISA, y para el despido de trabajadores de ISA y su filial Intercolombia

Si bien el gobierno de Uribe en 2004 no pudo vender a ISA, hoy es propósito que la venda su títere “el presidente Duque”.

Los gobiernos de turno en Colombia no pueden incumplir los acuerdos que firmaron sus predecesores y menos los compromisos con la banca mundial, so pena de recibir el castigo que hoy sufren los pueblos de Siria, Libia, Venezuela, y para ello tienen a sus vasallos.

En las dos últimas décadas, los gobiernos de turno en Colombia, han tenido en común  la venta del patrimonio público y el propósito de transferir a las corporaciones privadas todas las empresas del estado, primordialmente las más rentables -aquellas que prestan servicios públicos- en las cuales, pueden imponer tarifas a su antojo con la garantía de una rentabilidad siempre creciente, que se convierte en otra causa de empobrecimiento de los pueblos, sin que los gobiernos, ni las nuevas generaciones puedan hacer nada en beneficio del usuario y menos en contra de la multinacionales que operan y despojan a su antojo.

Un caso en Colombia nos sirve de muestra, el que se vive en los departamentos de la Costa Atlántica con la empresa Electricaribe, que hoy distribuye la energía a más del 20% de la población colombiana y que fue intervenida tardíamente por la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios -Sspd-; territorio en el cual la multinacional prestó un mal servicio, obtuvo grandes ganancias, no obtuvo ninguna sanción, mientras ponen al pueblo a salvar la empresa con el incremento en la tarifa a través del plan de desarrollo del Sr. Duque; y la multinacional demanda al estado por un gran monto de dinero que seguramente pagarán las futuras generaciones por el despropósito de nuestros gobernantes de privatizarla en 1998, bajo los supuestos de que se mejoraría el servicio, se incrementaría el empleo y de la promesa de reducción de la tarifa a la población; supuestos que nunca se cumplieron, por el contrario, se incrementó la tarifa del servicio, quebraron una empresa rentable, saquearon los activos, corrompieron a algunos sindicatos, promovieron la corrupción y se robaron la plata de los pensionados, la que hoy tiene que pagar el pueblo colombiano a través de impuestos; igualmente pasó en el sector salud con Saludcoop y hoy con Medimas.

Por eso la propuesta de venta del patrimonio público a todas luces es contrario a los intereses del pueblo colombiano, no tiene ninguna razón que la justifique, como no la tuvo la venta de Telecóm, de Isagen, ni de UNE, la de los bancos del estado, y tampoco la tienen para justificar la venta de ISA.

Con la firma del acuerdo de Paz, con el aumento de la corrupción a todo nivel, con el asesinato de líderes sociales que ya suman más de 600, con la aniquilación de sindicalistas y el exterminio de sindicatos, se crea el escenario propicio para salir a “vender” el patrimonio público de los colombianos y en su proceso promover más la corrupción a los más altos niveles en beneficio de empresarios y de algunos funcionarios en el alto gobierno.

El escenario para la venta de ISA, desde el año 2005, se ha orientado internamente por su junta directiva, a través de los planes estratégicos y sus administraciones, así han definido e implementado una política de exterminio del sindicato y de flexibilización laboral, que obedece al objetivo del gobierno nacional de entregar a ISA en “bandeja de plata” a las multinacionales, haciéndola altamente rentable en el mercado eléctrico de Latinoamérica con mínima resistencia de la sociedad.  Así lo hemos advertido, ante los permanentes y sistemáticos ataques que las administraciones de ISA han cometido contra Sintraisa y contra los trabajadores, desconociendo derechos, tercerizando áreas, secciones y funciones, para hacer de ISA una empresa atractiva sin mayores responsabilidades laborales y de gran flexibilidad.

En razón de dicha estrategia se crea a Intercolombia -empresa de papel- que seguramente, entrará en liquidación tras la venta de ISA; quedando ISA con todos los activos, utilidades y rentabilidad, pero sin la responsabilidad ni el pasivo de la mano de obra. La suerte de los trabajadores de Intercolombia, poco importará para el nuevo propietario.

Debe entenderse que quien compre a ISA, debe tener experiencia, y por tanto sus propios trabajadores y debe ser altamente eficiente en mano de obra, lo que nos deja ante el escenario de que un buen número de trabajadores de Intercolombia y de ISA engrosarían la lista de desempleados en Colombia, muchos de los cuales hasta tendrán que demandar para que les paguen sus prestaciones.

La administración actual de ISA en cabeza de su presidente Bernardo Vargas Gibsone y su Vicepresidente de Talento Organizacional Carlos Humberto Delgado Galeano, han tratado de desconocer a Sintraisa, porque saben que es parte de los obstáculos para la privatización de ISA. Por lo que han adelantado a nombre propio y de terceros una serie de acciones legales, ilegitimas y hasta ilegales, para desconocer a Sintraisa, a sus representantes y a los trabajadores sindicalizados, tales como: demandas contra la estructura sindical, violación al fuero sindical, falsedad ante autoridades administrativas, violación al derecho de asociación y negociación colectiva al negarse a negociar los pliegos de peticiones, entre otras acciones; el propósito es desconocer los sindicatos y los derechos de los trabajadores que laboran para ISA desde su filial Intercolombia y exterminar a Sintraisa, la cual, desde la legalidad y sus actos se niega a desaparecer, aprestándose  a jugar el papel histórico que le corresponde, aun ante la adversidad de la realidad ya descrita, y ante la indiferencia de los que en poco tiempo ya no serán trabajadores de esa empresa que construyeron.

Es nuestro papel resistir y advertir que la realidad la creamos los trabajadores; que de nuestras acciones colectivas de hoy depende el futuro de las nuevas generaciones de trabajadores en Colombia y en el mundo; que no podemos sucumbir ante el interés de un grupo corrupto de políticos y empresarios que se enriquecen a costa de vender las fuentes de bienestar de las futuras generaciones.

Hacemos un llamado a rechazar la privatización de ISA, y hacer un frente común para que el patrimonio público se conserve como garantía de sostenibilidad y bienestar para el pueblo colombiano y para futuras generaciones de trabajadores en Colombia. 

Medellín, 15 de julio de 2019

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL SINTRAISA

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¿Qué hay detrás de los apagones en Venezuela?

Un nuevo corte de luz de escala nacional dejó este lunes a 15 estados del país caribeño sin energía eléctrica, incluida Caracas. La situación, que provoca grandes pérdidas económicas en un país ya castigado por la crisis, se asemejó a lo acontecido a partir del pasado 7 marzo y hasta el 9 de abril, con cortes masivos que se prolongaron hasta una semana en algunas regiones. Tanto entonces como ahora el gobierno venezolano adujo ataques electromagnéticos contra el sistema eléctrico. El artículo que reproducimos a continuación fue publicado originalmente en abril de este año.

 

El final del ciclo de expansión rentístico se evidencia en el período 2014-2018, un quinquenio que se caracterizó por cinco caídas sucesivas en el Pbi, algo nunca antes visto en la economía venezolana. Para los años 2017 y 2018 se observa un agravamiento de la crisis, con la irrupción de una hiperinflación que ha roto récords en América Latina. La caída estimada del Pbi en el primer trimestre de 2019 puede rozar el 45 por ciento, según pronósticos moderados. Todo ello podría generar una caída anual de alrededor de 25 por ciento, lo que podría llevar a la pavorosa cifra de 62,5 por ciento de caída de la producción para el período 2013-2019.

De forma extremadamente sintética, puede decirse que:

 

—  por quinto año consecutivo el país exhibirá la inflación más alta del mundo, estimada, según la Asamblea Nacional (AN), en 1.698.488,2 por ciento para 2018. De este modo, el país detenta el decimosexto mes consecutivo con hiperinflación (noviembre de 2017 a febrero de 2019);

—  aunque es posible sostener que la estimación de la AN es exagerada, en el mejor de los casos la inflación de 2018 fue de alrededor de 90 mil por ciento, considerando una depreciación de similar magnitud en el tipo de cambio;

—  el valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se incrementó en más de 88 mil por ciento en 2018, lo cual ha desintegrado por completo el poder adquisitivo;

—  el salario real para el período 2013-2018 descendió 95 por ciento.

 

Esta dramática situación económica ha herido gravemente los servicios públicos “gratuitos”. La crisis ha hecho insostenible la transferencia de la exigua renta petrolera por la vía de gigantescos subsidios, lo que ha redundado en su contracción.

¿POR QUÉ VENEZUELA SUFRE BLACKOUTS?

En el país, apenas 1 por ciento de la generación de energía primaria proviene de biocombustibles y residuos, y sólo 11 por ciento se explica por la energía hidroeléctrica; 54 por ciento proviene del petróleo y 34 por ciento, del gas natural (2015), pese a que Venezuela tiene un enorme potencial hidroeléctrico subutilizado. Entre 2000 y 2015 el uso de petróleo se ha incrementado 20 por ciento y la utilización de gas ha descendido en la misma proporción. El cambio hacia energías menos contaminantes se ha frenado por el forzado sostenimiento de dantescos subsidios a la energía.

Aunque lamentablemente no es posible contar con el presupuesto de la nación, que no se publica desde 2016, se podría decir que la energía se regala a través de tarifas que reflejan precios irrisorios. Se puede decir, como ejemplo, que con un dólar (paralelo) se pueden llenar unos 200 mil tanques de gasolina de 40 litros cada uno. Con la electricidad sucede algo similar. De acuerdo a un estudio realizado en 2014, el país pierde (como costo de oportunidad) 51.000 millones de dólares al año para mantener el subsidio en gasolina, diésel, energía eléctrica y gas.

El bajo precio de la gasolina le costó al país 17.000 millones de dólares anuales, lo que representó 98,4 por ciento del costo real del combustible; ahora esta cifra ha empeorado porque la gasolina es aun más barata en términos reales. Por el obsequio del diésel se dejan de percibir 13.000 millones de dólares anuales. En total, anualmente, el país gastó (año 2014) aproximadamente 34.000 millones de dólares en la subvención de los combustibles. Ni hablar de que la gran compañía estatal Cadafe pierde 40 por ciento de su electricidad (energía no facturada) por sostenidos robos en conexiones ilegales.

Se estima que los subsidios totales entregados por concepto energético entre 2014 y 2016 alcanzaron los 75.000 millones de dólares, alrededor de diez veces la deuda externa completa de Bolivia en 2016. Vistos de forma acumulada, equivaldrían a cerca de 20 por ciento del Pbi promedio de esa tríada de años. Esto es evidentemente insostenible y una invitación al derroche. El gasto estatal en educación, salud y vivienda (sumados) apenas alcanzó en 2013 el 9,6 por ciento del Pbi, muy por debajo del subsidio general otorgado.

ALGUNAS RAZONES ESTRUCTURALES.

Para la mayoría de las grandes ciudades (excepto las ubicadas en el estado Zulia), los apagones eran excepcionales hasta finales de 2018. Sin embargo, muchas ciudades y pueblos lejos de la capital han venido sufriendo un fuerte racionamiento eléctrico que los ha dejado días sin ese esencial servicio. Esa “administración de carga”, como ahora llama el gobierno al racionamiento, tiene al menos diez años manifestándose sotto voce. Entre los años 2001 y 2005 ya habían ocurrido 316 interrupciones mayores de 100 megavatios en el Sistema Interconectado Nacional.

Aunque la vigente ley eléctrica, que data del 14 de diciembre de 2010, dice que el acceso a la electricidad es un derecho humano, este se ha venido vulnerando en repetidas ocasiones, lo que causa graves daños al país. En setiembre de 2015 murieron siete bebés prematuros en el Hospital Universitario Doctor Luis Razetti de Barcelona, estado Anzoátegui, por causa de una prolongada falla eléctrica. Un caso análogo ocurrió en el pediátrico Menca de Leoni, el 14 de febrero de 2018, en Guayana, donde la falla eléctrica duró cuatro horas: la planta eléctrica del pediátrico no funcionó y por lo tanto fallaron las presiones del aire comprimido y del oxígeno, y el saldo fue de seis recién nacidos muertos.

Podría pensarse que no hubo dinero para invertir en el sistema eléctrico. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Según Víctor Poleo (ex viceministro de Energía y Minas), hubo un despilfarro estimado en 40.000 millones de dólares en inversiones que sólo sirvieron para enriquecer a una burguesía corrupta asociada a la alta burocracia estatal. Para muchos, la debacle del sistema deviene de la desnacionalización de Electricidad de Caracas (Edc), por una venta írrita realizada por el gobierno de Hugo Chávez en 2000 a la empresa estadounidense Aes. La Edc estuvo en manos de Aes hasta 2007, cuando fue recomprada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa). La operación fue de 1.200 millones de dólares, pero lo que Aes vendió no fue lo que compró en 2000, pues ya había vendido muchas partes a empresas de España y Colombia.

Obviamente, hubo un ingente sobreprecio que dejó jugosas comisiones. Dennis Vásquez, presidente de Aes, dijo que nunca habían hecho un negocio tan bueno como ese. Infaustamente, las “nacionalizaciones” del gobierno bolivariano fueron pingües negocios con monumentales comisiones que enriquecieron a una elite y que de ningún modo fueron parte de una “revolución socialista” o de algo remotamente similar.

La clase obrera del sector también alertó sobre los gravísimos problemas que no tenían ninguna respuesta gubernamental. Los obreros de la Corporación Eléctrica Nacional (Corporelec), la central que agrupa a todas las empresas de electricidad de Venezuela, tienen, desde 2012, sin firmar su contrato colectivo. Obreros técnicos que en 2011 ganaban más de diez salarios mínimos ahora sólo reciben cerca de dos salarios mínimos y, a la sazón, ganan 12 dólares mensuales (al tipo de cambio oficial).

Con un salario tan bajo, los obreros técnicos más calificados han decidido emigrar. Se estima que de 50 mil empleados ahora quedan 30 mil, y lamentablemente subsisten los menos preparados o los más cercanos a la jubilación. En el Centro de Atención Eléctrica trabaja menos de un tercio del personal que trabajaba hace seis años, y con menos herramientas, uniformes y equipos. Manifestar descontento o una vocación política adversa al gobierno pueden granjearles persecución, los típicos insultos de “apátrida” y “traidor” o, peor aún, puede ser motivo de sospecha de una actividad de sabotaje, como el emblemático caso de Elio Palacios, sindicalista (chavista) que denunció la falta de mantenimiento e inversiones en el sector y vislumbró la posibilidad de colapso eléctrico. Palacios fue detenido y llevado a la cárcel, según el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), por la difusión de “información falsa (…) destinada a causar pánico y zozobra en la ciudadanía”.

RAYOS ELECTROMAGNÉTICOS O SIMPLE INCENDIO.

Para Poleo, lo que ocurrió el 7 de marzo fue una serie de incendios en el tramo de Guri a Malena, subestación que está a 120 quilómetros de la represa en la desembocadura del río Caura en el Orinoco. Las imágenes tomadas por satélite muestran ámbitos con 700 o más grados centígrados, es decir, varios incendios en ese tramo y también en el Malena-San Gerónimo (Guárico). Los incendios quebrantan mecánica y eléctricamente los conductores, y los sistemas de protección disparan la salida. Ese día, a las 16.30, desconectaron el Caroní. Pero ese volumen de carga se devolvió violentamente contra la casa de máquinas y sacó de servicio las turbinas del Guri, Caruachi y Macagua; el sistema entró en situación de inestabilidad y, como no hay termoeléctricas, se produjo una demanda en vacío y el país se apagó.

Nicolás Maduro comentó, en cadena nacional, que el Sistema Eléctrico Nacional (Sen) había sufrido un ciberataque. Pero todos los expertos en el área eléctrica lo consideraron por completo imposible, debido a que los sistemas de control del Sen no están conectados a ninguna red externa con posibilidad de conexión atacable a través de Internet. En la misma cadena, Maduro aseveró que habían sido ataques con rayos de pulso electromagnético, que a través de dispositivos, naves o algo así habían sido disparados contra estaciones de transmisión eléctrica por órdenes de Trump y Guaidó. Sin embargo, la posibilidad de un rayo electromagnético destructor es completamente descartable, por no decir ridícula, debido a que la energía necesaria para que este rayo pueda destruir partes del Sen requiere de una liberación de energía equivalente a la que una bomba nuclear desarrolla en su explosión. De haber sido así, serían visibles los rastros de algún estallido, que nadie vio, fotografió (ni oyó) en Venezuela.

*    Economista, magister scientiarum en ingeniería industrial y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo) en Venezuela.

(Tomado de Nueva Sociedad, con autorización del medio. Brecha reproduce fragmentos.)

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Gran Bretaña y EE.UU vuelven a agitar las aguas del Golfo Pérsico

Quién miente y quién dice la verdad en este conflicto cuyo objeto no es otro que el de obligar a Teherán a negociar el acuerdo nuclear del cual Washington se apartó.

 

Un imperio debilitado, azotado por sus arrancias políticas internas, enfrenta una crisis en uno de los lugares del mundo más críticos de la historia del siglo XX. El otro imperio, su aliado, está enfrascado en su nacionalismo grosero, sus alianzas regionales de dudosa eficacia, su guerra sucia contra Irán y su ineficacia en la escena internacional. Gran Bretaña y Estados Unidos vuelven a involucrarse en una crisis en el Golfo Pérsico que remite a las fracturas y reiterados enfrentamientos que tuvieron lugar después de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) y el famoso episodio conocido como “la guerra de los tankers” que sacudió el estrecho de Ormuz en los años 80. Este corredor marítimo situado entre Irán y los Emiratos Árabes Unidos (Golfo de Omán y Golfo Pérsico) es el pulmón por donde transita el petróleo y el gas que alimenta el sistema mundial y uno de los puntos del planeta donde se cristaliza otra confrontación respaldada por la Casa Blanca: Irán y Arabia Saudita. En 2018, por esa vía circularon 21 millones de barriles de petróleo bruto por día --ello equivale al 35% del petróleo mundial--, y una cuarta parte del suministro mundial de gas natural. A su vera está Arabia Saudita, segundo productor de petróleo, y Qatar, primer productor de gas licuado.

Como en el siglo XX, es muy posible que todo concurra a un nuevo desastre tal y como el imperio del Norte se ha empeñado en activar desde que decidió poner sus narices en esa zona del mundo para garantizar el suministro de petróleo y la perennidad de su alianza con Arabia Saudita. Washington, Londres y Riad llevan décadas y décadas intentado romper la hegemonía regional de Irán. Casi 70 años después de haber literalmente destrozado la región con el golpe de Estado fomentado en 1953 por la Casa Blanca y el M16 británico para derrocar al Primer Ministro nacionalista iraní Mohammad Mossadegh y poner a un lacayo en su lugar, el conflicto vuelve a encarnarse con los mismos actores y las mismas metas. Entre 1984 y 1987, cuando estalló la “guerra de los tankers”, se destruyeron en el Golfo Pérsico cientos de barcos. Luego, el 19 de octubre de 1987, un barco de guerra norteamericano, el USS Vincennes, derribó un Airbus de Iran Air con 290 pasajeros a bordo que se dirigía a Dubai. Ahora, todo regresa a su cauce conflictivo. Desde mayo de 2019, seis barcos fueron misteriosamente saboteados cuando ingresaban en el Golfo, hubo un dron norteamericano derribado, la intercepción, en aguas de Gibraltar, del petrolero Grace 1 y el arresto posterior de su tripulación y, volviendo al Golfo, la captura de dos buques británicos y acusaciones y amenazas cruzadas en todas las tonalidades posibles. Parece una remake de la década de los 80, espolvoreada en estos tiempos de trumpismo matonero e inoperancia de una Gran Bretaña sin capacidad de respuesta política racional a la crisis.

 La casi guerra del estrecho de Ormuz es también una guerra retórica que tiene, por razones recientes, un claro perdedor. Los mismos que en 2002 y 2003 organizaron la gran mentira de la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en manos del ex dictador iraquí Saddam Hussein para invadir a Irak ocupan altos puestos en la administración Trump. Es el caso de John Bolton, a quien se considera el “armador” de las pruebas falsas contra Hussein que la administración del ex presidente George W. Bush presentó ante Naciones Unidas (lo hizo el ex Secretario de Estado Collin Powell). Bolton es actualmente consejero de Donald Trump para la seguridad nacional y figura junto a Mike Pompeo en el rango de quienes sólo contemplan soluciones por la fuerza. En cuanto a los medios que se han asociado al disparate de estos meses, basta con recordar que, en 2003, cuando se presentaron las fotos falsas y los diagramas fabricados sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, el New York Times validó esas pruebas falaces con el ya memorable titular: “Inobjetable” (en Francia y Alemania los medios decían “es mentira”).

¿Quién agredió a quién ? ¿Quién miente y quien dice la verdad en este conflicto revisitado cuyo objeto no es otro que el de obligar a Irán a negociar el acuerdo nuclear del cual Estados Unidos se apartó ?. El estrecho de Ormuz no escapa a un destino que se tensó a partir de los años 50. Ello lo convirtió en un volcán de agua estratégico. Tres crisis colocaron al estrecho en el ojo del mundo: el descubrimiento en Arabia Saudita (1951) del yacimiento de petróleo más grandes del mundo ( Ghawar): la crisis petrolera de los años 70 derivada, a su vez, de la guerra del Kippur entre Israel y una coalición de países árabes bajo el mando de Siria y Egipto: y, en 1979, la Revolución Iraní liderada por quien había vivido hasta entonces exiliado en Francia, el Ayatola Jomeini. La victoria en un Irán esclavizado de una revolución islamista en un país chiíta no hizo más que despertar los demonios adormecidos de las potencias sunitas de la región. Washington encontró al títere sangriento que fue Saddam Hussein para encargarse de la guerra: un sunita lo suficientemente obediente como para activar más tarde una guerra contra Irán y ahogar en un interminable río de sangre y represión a la mayoría chiíta de su país. Fue el mismo Hussein quien, en abril de 1984, extendió la guerra a las aguas cuando atacó los barcos petroleros iraníes en la isla de Kharg. Akbar Hachémi Rafsandjani, presidente en ese entonces del Parlamento iraní y posteriormente presidente de la República (1989-1997), advirtió: ”el Golfo Pérsico será accesible para todos o para nadie”. Fue accesible sobre todo para las armas con las cuales Irán e Irak trasladaron el conflicto al Golfo Pérsico: Mirage F1, misiles Exocet, aviones Phantom, Tomcat y Super-Etendard, minas anti navíos. La guerra de los tankers hundió centenas de barcos y sirvió de resorte para que Washington se insertara como salvador mediante el operativo “Earnest Will” (1987), con el cual “acompañó” a los petroleros que venían a buscar el oro negro a Kuwait, Arabia Saudita y Qatar, los tres países del Golfo aliados de Saddam Hussein. Un avión civil derribado con 290 personas, más de 500 barcos destruidos a lo largo de cuatro años, cambios estratégicos en Irán y una guerra sin salida aplacaron el conflicto en las aguas del estrecho. Hubo, en los años siguientes, brotes de crisis semejantes a la de hoy. Cuando en mayo de 2018 Trump se retiró del acuerdo nuclear iraní las cartas ya estaban mezcladas: el estrecho de Ormuz volvería a ser un detonador. Sólo que entre los años 80 y 2019 los actores-compradores no son los mismos: el 76% del petróleo que transita hoy por el estrecho va hacia China, Japón, Corea del Sur y la India. A medida que aumente el riesgo, subirá el precio del petróleo, el de los transportes y los seguros. Tal vez un ramo de razones suficientes para que alguno de los imperios de Oriente le diga al imperio de Occidente y su colérico emperador que ya es hora de dejar de jugar al Far West en aguas estratégicas.

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Ilustración del enriquecimiento de uranio elaborada por Nuclear Threat Initiative

El uranio se compone de dos elementos y solo el más minoritario es válido para la fabricación de una bomba nuclear. Potenciar ese elemento es lo que se conoce como "enriquecer" el uranio

Irán está enriqueciendo uranio al 4,5% después de que Trump haya roto el acuerdo que mantenía un límite del 3,67% a cambio de suspender las sanciones de EEUU

Todo uranio altamente enriquecido (por encima del 20%) se puede utilizar para crear la bomba

 

 

Tras la salida unilateral de EEUU del acuerdo nuclear con Irán y el restablecimiento de las sanciones, Teherán ha decidido violar el acuerdo y ha anunciado que está enriqueciendo uranio al 4,5%. El mundo se echa las manos a la cabeza, pero ¿qué es enriquecer uranio y qué significan esos porcentajes para alguien que la última vez que vio una tabla periódica fue en Breaking Bad?

El elemento más utilizado para fabricar una bomba nuclear es el uranio. Extraído directamente de la naturaleza, el uranio se compone principalmente de dos elementos (isótopos): el U238 y el U235. Respecto a la composición de este mineral, el 99% es U238 y solo el 0,7% es U235. El problema es que el único isótopo que vale para hacer la bomba es el uranio 235 y por eso hay que enriquecerlo modificando su composición y aumentando el porcentaje de este elemento.

"La cantidad óptima para fabricar la bomba es tener una composición isotópica del 90% de enriquecimiento, lo que pasa es que no se puede esperar a que un país tenga el 90% porque eso significa que ya tiene la bomba", señala Vicente Garrido, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y asesor en materia de desarme del secretario general de la ONU entre 2014 y 2017.

Irán llegó a la mesa de negociaciones para el acuerdo nuclear con capacidad y pretensiones del 20% y aceptó limitar el proceso de enriquecimiento al 3,67% –siempre a cambio del levantamiento de las sanciones–. "El 3,67% fue una sorpresa. Incluso durante las negociaciones se hablaba de que iban a permitir un 5%. El 5% sería aceptable", añade.

En este sentido, Garrido recuerda que el 4,5% anunciado esta semana por Teherán sigue siendo un porcentaje inferior a la cantidad con la que se presentó en la mesa de negociaciones. "Es una medida de presión a la UE, a la que piden alguna contraprestación a las sanciones de EEUU, como por ejemplo un compromiso de comprar más petróleo iraní", explica. El problema para Europa es que EEUU aplica sanciones extraterritoriales, es decir, no solo prohíbe a las empresas estadounidenses hacer negocios con Irán, sino que su objetivo es que nadie haga negocios con la república islámica. Donald Trump lo resume muy bien: "Cualquiera que haga negocios con Irán no hará negocios con EEUU". Por tanto, las empresas europeas se han visto en la tesitura de elegir con quién hacer negocios: Irán o EEUU.

"Si no pasa nada en los próximos 60 días, tendremos que pasar a la siguiente fase", ha advertido el embajador de Irán ante la ONU. "Los elementos de la tercera fase no se conocen todavía, pero cuando llegue, anunciaremos lo que vamos a hacer", ha añadido.

Garrido asegura que "lo que realmente preocuparía es que recuperen el 20%" y advierte que "tienen capacidad para ello". "Depende solo de voluntad y de encender las centrifugadoras", señala. "La linea roja de todo esto sería volver a activar el reactor de Arak porque es de plutonio y el plutonio no tiene ningún uso civil, solo vale para fabricar la bomba. Esto ya sería un paso muy grave", añade.

Si el 20% dista tanto del 90% necesario para la bomba ¿por qué preocupa tanto este porcentaje? Pasar del 20 al 90 requiere una mínima parte del esfuerzo y recursos necesarios para lograr el 20% inicial. Cuanto más enriquecido está el uranio, más fácil es seguir enriqueciéndolo. Aproximadamente el 83,5% de los esfuerzos se invierten en llegar al 4% de enriquecimiento. Un 8,5% de los esfuerzos en llegar al 20% y un 8% en alcanzar el 90% final.

¿Cómo se enriquece uranio y cuántos kilos hacen falta?

Como el U235 y el U238 son idénticos en su composición química, no se pueden utilizar técnicas químicas utilizadas habitualmente para purificar sustancias. Sin embargo, el U235 y el U238 tienen una ligera diferencia en peso y masa de en torno el 1%. Es esta pequeña diferencia la que se explota para separar ambos elementos, ya que los dos isótopos se mueven a velocidades diferentes cuando se someten a una misma fuerza. El material se introduce en una centrifugadora y el U238, ligeramente más pesado, se queda en la parte exterior, mientras que el U235 permanece en el centro. El uranio, convertido en gas, pasa de una centrifugadora a otra hasta que se completa el proceso de separación.

El uranio enriquecido entre el 0,7% y el 20% se considera uranio poco enriquecido. La mayoría de los reactores nucleares utilizan como combustible uranio poco enriquecido de entre el 3% y el 5%. Todo el uranio enriquecido por encima del 20% se considera uranio altamente enriquecido y se puede utilizar para crear un explosivo, pero cuanto menor sea el enriquecimiento más material se necesitará para construir el explosivo. Según Nuclear Threat Initiative, con un enriquecimiento del 20% se necesitaría una masa crítica de 143 kilos para la bomba, mientras que con un enriquecimiento del 93% solo harían falta 12 kilos.

Para Estados Unidos, la reciente decisión de Irán de pasar al 4,5% de enriquecimiento es una extorsión ilegítima. Para Irán, un acto legal bajo el texto del acuerdo, en el cual se explica que "Irán considerará el restablecimiento de las sanciones como motivo para dejar de cumplir total o parcialmente sus compromisos bajo el acuerdo".

Por Javier Biosca Azcoiti

13/07/2019 - 20:54h

 

Martes, 02 Julio 2019 06:16

Irán se pasa de uranio enriquecido

  Fotografía de archivo que muestra al presidente iraní, Hasán Rohaní, durante una visita a la planta nuclear de Bushehr en el sur de Irán. EFE

La República Islámica de Irán informó ayer  que ya ha superado el límite de la reserva de 300 kilogramos de uranio enriquecido establecido en el histórico acuerdo nuclear de 2015. En declaraciones difundidas por la agencia local iraní de noticias ISNA, el ministro iraní de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, explicó que esta acción es coherente con las previsiones sobre el enriquecimiento de uranio. “Irán, según su programa, ha superado el limite de los 300 kilos y eso lo habíamos aclarado previamente. Hemos dicho de modo muy claro lo que hacemos y actuamos de acuerdo a ello, eso lo reconocemos como nuestro propio derecho en el acuerdo nuclear”, dijo Zarif. Según el acuerdo de 2015, del que Estados Unidos  salió en 2018, Irán debe limitar su programa nuclear para no poder desarrollar a corto plazo una bomba atómica, a cambio de alivios económicos y comerciales, que ahora están en entredicho por las sanciones estadounidenses.  El ministro iraní subrayó ayer que “las medidas europeas” para esquivar las sanciones de Estados Unidos “no son suficientes”, por lo que la República Islámica de Irán “llevará a cabo sus acciones de acuerdo con el plan anunciado previamente”.

Tras la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear, el Gobierno de Teherán ya anunció en mayo pasado que dejaría de cumplir algunos aspectos del acuerdo, como la cantidad máxima permitida de uranio poco enriquecido. El jefe de la diplomacia iraní explicó que el mecanismo europeo para sortear las sanciones económicas de Estados Unidos y mantener el intercambio comercial, “es una medida preliminar para que Europa cumpla con sus obligaciones”.

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 Buenos Aires se quedó sin servicio de Metro por el colapso del Sistema Argentino de Interconexión, que provocó uno de los apagones más grandes en la historia.Foto Ap

Argentina, Uruguay, partes de Brasil, Paraguay y Chile quedan sin luz; el suministro de agua también sufre interrupciones

 

Buenos Aires. Un excepcional fallo en el sistema de interconexión eléctrica dejó ayer sin luz a Argentina, Uruguay, partes del sur de Brasil, algunas zonas de Paraguay y varias ciudades de Chile, lo que afectó al menos a 45 millones de personas, informaron las empresas eléctricas de la zona.

 

El suministro, que se interrumpió a las 7:06 (hora local) y se restableció en la mayoría de las zonas afectadas más de 10 horas después, se originó porque "las tormentas del litoral sacaron de sistema líneas de Yacyretá-Salto Grande", lo que provocó el colapso del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), informó el ministerio de Energía. En concreto, habría sido un fallo en la conexión entre las centrales de Yacyretá sobre el río Paraná, que a su vez afectó la de Salto Grande, en el litoral argentino.

 

Página/12 informó que antes del apagón hubo una alerta que fue ignorada y ese problema inicial que no fue atendido tuvo un efecto dominó y todas las centrales dejaron de funcionar.

 

Lo que tendrían que haber notado es que cuando la frecuencia de las centrales se ve alterada, salen de funcionamiento como mecanismo de protección. Esa fue la situación, de acuerdo con la empresa de energía eléctrica Edesur, que generó el problema.

 

Es la primera vez que ocurre un apagón que alcanza a la totalidad de Argentina y Uruguay. En Paraguay se registraron cortes momentáneos de energía.

 

Uruguay y Argentina están interconectados, lo cual "permite que los sistemas de los países se protejan ante insuficiencias en cada uno", explicó el ministro de Industria, Guillermo Moncecchi.

 

Argentina, con 44 millones de habitantes, y Uruguay, con 3.4 millones, comparten un sistema de interconexión eléctrico centrado en la represa binacional de Salto Grande, ubicada unos 450 kilómetros al norte de Buenos Aires y unos 500 kilómetros al norte de Montevideo.

 

El presidente Mauricio Macri tardó horas en lamentar lo sucedido y alrededor de las 2 de la tarde anunció que se había restablecido la mitad del sistema eléctrico. "En este momento la situación de 50 por ciento de los usuarios ya se encuentra normalizada. Con el correr de las horas se restablecerá el servicio para todos los usuarios", tuiteó Macri.

 

De acuerdo con Página/12, el gobierno descartó que se haya tratado de un ciberataque como hipótesis principal y afirmó que en 48 horas habrá un primer informe de lo que pudo haber ocurrido, mientras la Secretaría de Energía precisó que "las causas se sabrán en 15 días".

 

En Argentina el corte de suministro eléctrico afectó a quienes se alistaban a celebrar el Día del Padre, el transporte y el alumbrado público. Se interrumpieron el suministro de agua, las comunicaciones telefónicas y el servicio de Internet en las principales ciudades.

 

"Me levanté a las 9 de la mañana, no había wifi, la nevera tampoco funcionaba, ni el agua del servicio central", explicó un joven llamado Iván.

 

El apagón masivo dejó sin semáforos Buenos Aires, lo que ocasionó más accidentes de lo habitual y obligó a reforzar los controles de tránsito en toda la ciudad.

 

Resultó afectado el sistema de distribución de agua potable durante unas horas debido a una falla general en el sistema de interconexión, confirmó la empresa pública Agua y Saneamientos Argentinos (Aysa), que tuvo que facilitar líquido a cuatro hospitales.

 

Todos los centros sanitarios tuvieron que recurrir a generadores externos para mantener los servicios de emergencia.

 

Los aeropuertos funcionaron durante unas horas gracias a generadores, mientras el servicio de trenes y el Metro de la capital argentina se interrumpió y casi todos los locales del centro porteño cerraron.

 

Un portavoz de la petrolera argentina YPF declaró a la agencia Reuters que todas las plantas en su refinería La Plata, clave en la cadena de suministro petrolero, fueron cerradas por el corte.

 

El apagón también incidió en los comicios de ayer en tres de las cuatro provincias del país para elegir a su próximo gobernador: Santa Fe (centro-oeste), San Luis (oeste) y Formosa (norte).

 

La cuarta provincia que convocó a sus ciudadanos a las urnas, Tierra del Fuego (sur), no se vio afectada, ya que no forma parte del sistema de interconexión nacional.

 

Alberto Fernández, uno de los candidatos presidenciales peronistas que buscan sacar a Macri en los comicios de octubre, tuiteó: "el presidente debería dar explicaciones sobre lo que están padeciendo los argentinos. Subieron las tarifas tanto como sus amigos exigieron, y generaron el apagón más grande de la historia", denunció quien lleva como compañera de fórmula para vicepresidenta a Cristina Fernández de Kirchner.

 

Usuarios de redes sociales dijeron que el corte alcanzó también a Paraguay y Brasil, aunque el operador del sistema brasileño de electricidad aseguró que no afectó al país.

 

Con el hashtag #Sin Luz, el apagón se convirtió trending topic en el Cono Sur. No faltaron los memes y las fotografías de las ciudades argentinas y uruguayas en completa oscuridad.

 

Una de las mayores preocupaciones en Uruguay era que la luz llegara "a las siete de la tarde", para ver un partido de futbol de la Copa América.

 

La compañía de electricidad de Paraguay, ANDE, informó que parte de la hidroeléctrica de Yaciretá quedó bloqueada y en consecuencia se fue brevemente el servicio en las ciudades de Ayolas, Villalbin, Pilar y otras aledañas.

 

Los servicios de energía comenzaron a restablecerse "lentamente" en Argentina y Uruguay

 

A las 18:30 horas (local), 98.5 por ciento de los servicios se encontraban conectados a la red de energía uruguaya, informaron autoridades. A las 20:15 ya se encontraban normalizado 98 por ciento de la demanda total, según la Secretaría de Energía.

 

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Un nuevo informe expone la enorme contribución del Pentágono a la crisis climática posterior al 11 de septiembre

Al no frenar el uso de combustibles fósiles de los militares estadounidenses, el codirector del proyecto Costs of War advierte que Estados Unidos “ayudará a garantizar los escenarios de pesadilla” que pronostican los científicos.

Desde el lanzamiento en 2001 de la llamada Guerra contra el Terror hasta 2017, el Pentágono generó al menos 1.200 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero, con tasas anuales que superan las emisiones de calentamiento global de países industrializados como Portugal o Suecia, según una nueva investigación.

La profesora de la Universidad de Boston Neta C. Crawford detalla las contribuciones masivas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos a la emergencia climática global en un documento publicado el pasado miércoles por el proyecto Costs of War (costes de la guerra), del Instituto Watson para Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown.

“El consumo de energía de los militares estadounidenses impulsa el consumo total de energía del Gobierno de los Estados Unidos”, se lee en el documento. “El DOD [Departamento de Defensa] es el mayor consumidor de energía en los EE. UU. Y, de hecho, el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo”.

“A falta de un cambio en la política de uso de combustible de los militares de EE UU, el consumo de combustible de sus militares necesariamente continuará generando altos niveles de gases de efecto invernadero”, advierte el informe. “Estos gases de efecto invernadero, combinados con otras emisiones de EE UU, ayudarán a garantizar los escenarios de pesadilla que el ejército predice y que muchos científicos del clima dicen que son posibles”.

Crawford, codirector del proyecto Costs of War, señala que las emisiones militares de los EE UU, que provienen en gran parte de las armas y equipos, y de uso de más de 560.000 edificios en todo el mundo, se basaron en datos del Departamento de Energía porque el Pentágono no informa de sus cifras de consumo de combustible al Congreso.

El documento también examina los patrones de uso de combustible militar desde 2001 en relación con las emisiones y las opiniones del Pentágono sobre “el cambio climático como una amenaza para las instalaciones y operaciones militares, así como para la seguridad nacional, cuando y si el cambio climático genera una migración masiva, conflicto y guerra”.

Al escribir sobre su investigación para The Conversation Wednesday, Crawford apuntó que las emisiones anuales del Departamento de Defensa han disminuido desde que alcanzó su punto máximo en 2004, ya que el Pentágono ha reducido su consumo de combustibles fósiles a través de acciones que incluyen el uso de energía renovable y la climatización de edificios durante la última década, y reduciendo el tiempo de inactividad de las aeronaves en las pistas”.

El resumen del documento describe cuatro beneficios principales de una mayor disminución del uso de combustibles fósiles por parte del Departamento de Defensa.

Primero, los EE UU reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto mitigaría el cambio climático y sus amenazas asociadas a la seguridad nacional.

En segundo lugar, reducir el consumo de combustibles fósiles tendría importantes beneficios políticos y de seguridad, incluida la reducción de la dependencia de las tropas en el campo del petróleo, que el ejército reconoce que las hace vulnerables a los ataques enemigos. Si los militares de Estados Unidos disminuyeran significativamente su dependencia del petróleo, Estados Unidos podría reducir los recursos políticos y de combustible que utiliza para defender el acceso al petróleo, en particular en el Golfo Pérsico, donde concentra estos esfuerzos.

Tercero, al disminuir la dependencia de Estados Unidos respecto a Estados ricos en petróleo, Estados Unidos podría revaluar el tamaño de su presencia militar en el Golfo Pérsico y revaluar su relación con Arabia Saudita y otros aliados en la región.

Finalmente, al gastar menos dinero en combustible y operaciones para proporcionar acceso seguro al petróleo, EE UU podría disminuir sus gastos militares y reorientar recursos hacia actividades económicamente más productivas.

Crawford, en su artículo para The Conversation, concluyó que “el cambio climático debería estar en el centro de los debates de seguridad nacional de los Estados Unidos. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del Pentágono ayudará a salvar vidas en Estados Unidos y podría disminuir el riesgo de conflicto climático”.

Está lejos de ser la primera institución en destacar cómo el Pentágono está alimentando la crisis climática mundial y pedir reformas urgentes. El mes pasado, la senadora Elizabeth Warren lanzó un plan de “resistencia y preparación” climáticos para los militares de Estados Unidos como parte de su campaña de 2020 para la Presidencia. Sin embargo, como Common Dreams informó en ese momento, los críticos antibélicos del plan de Warren acusaron de que “tratar de ‘ecologizar’ al Pentágono sin abordar los efectos destructivos de su presupuesto inflado y el imperialismo estadounidense es una forma equivocada de combatir la emergencia del calentamiento global”. 

La autora y abogada Stacy Bannerman, en un artículo de opinión para Common Dreams el año pasado advirtió que “si no nos tomamos en serio la posibilidad de detener la Máquina de Guerra de Estados Unidos, podríamos perder la batalla más grande de nuestras vidas”.

“Para lograr las masivas transformaciones sistémicas y culturales necesarias para mitigar el cambio climático y promover la justicia climática —escribió Bannerman— vamos a tener que lidiar con la violencia institucionalizada y socialmente sancionada perpetrada por la política exterior de EE UU sobre el fuego del calentamiento global”.

Por Jessica Corbett

Common Dreams


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2019-06-14 05:52:00

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Entrenar una sola inteligencia artificial puede contaminar tanto como 2.800 vuelos Madrid-Barcelona

La Universidad de Massachusetts analiza por primera vez la huella de carbono que deja el desarrollo de inteligencia artificial y la energía necesaria para entrenarla

Los resultados muestran que los sistemas de aprendizaje automático y las redes neuronales disparan el impacto medioambiental

Adiestrar una IA con arquitectura neuronal emite 284 toneladas de CO2, equiparable a lo que contaminan 45 europeos en todo un año

 

Adiestrar una inteligencia artificial requiere una gran cantidad de energía. Según el primer estudio que lo ha analizado en profundidad, publicado por la Universidad de Massachusetts, la huella de carbono que deja el entrenamiento de una inteligencia artificial con un sistema de aprendizaje automático avanzado es ingente. Similar a la de 2.840 vuelos de Madrid a Barcelona, por ejemplo.

Aunque la industria recurra a este nombre comercial, un sistema de "inteligencia artificial" es en realidad un conjunto de fórmulas matemáticas que interpretan patrones y sacan conclusiones tras analizar miles de datos en una fracción de segundo. Más que "inteligente", este proceso es en realidad es "algo tonto", como explicaba a este medio la matemática Cathy O'Neil: no deja de ser una máquina haciendo un cálculo complejo con las operaciones que un humano ha programado previamente. Cuantos más datos pueda utilizar y más refinada sea su programación, más certera será esa inteligencia artificial.

Lo mismo ocurre con los sistemas de aprendizaje automático que pueden incluir la IA. Un método para que un software ya programado mejore por sí solo sin intervención humana es lanzarlo a realizar operaciones que se basan en el ensayo y error. ¿Cuántas? Millones, decenas de millones, cientos de millones. El sistema prueba una solución y registra el resultado que obtiene. Cuantas más pruebas haga, más mejorará, al engordar su base de datos con resultados que le sirven para evaluar cómo de importante es cada variable para el resultado final. Este proceso de entrenamiento puede llegar a durar semanas o meses.

Tanto la consulta y modificación constante de inmensas bases de datos como las operaciones de prueba consumen una gran cantidad de energía. Los científicos sabían que entrenar uno solo de estos sistemas algorítmicos con aprendizaje automático supone un gran coste energético, pero no habían calculado su impacto ambiental. Hasta ahora. 

La comparación se establece con el modelo más contaminante que puede utilizarse para entrenar una IA que ha detectado el estudio de la universidad estadounidense. Los científicos lo hacen calculando los kilowatios por hora necesarios para este proceso de adiestramiento, que pueden ser traducidos en una factura eléctrica y en unas emisiones de CO2 asociadas. Así, asignan una huella de carbono de unas 284 toneladas (626.155 libras) al modelo que más contaminación provoca, la misma que deja la producción y toda la vida útil de cinco coches americanos, siguiendo la comparación presente en el estudio. 

"Adiestrar un modelo de última generación requiere recursos informáticos sustanciales que demandan una energía considerable, con su coste económico y medioambiental asociado", señalan los autores, pero denuncian que "investigar y desarrollar nuevos modelos multiplica estos costes cientos de veces al requerir un re-entrenamiento para experimentar con nuevas arquitecturas e hiperparámetros".

Tabla presente en el estudio de la Universidad de Massachusetts que muestra el coste estimado de entrenar un modelo de IA en términos de emisiones de CO2 (libras) y de computación en la nube (dólares). Los científicos omiten la huella de energía y carbono para los TPU (unidades de procesamiento tensorial, por sus siglas en inglés) "debido a la falta de información pública sobre el consumo de energía para este hardware".

El estudio se centra en la huella de carbono de las IA entrenadas para comprender cómo funciona el lenguaje humano (NLP, por sus siglas en inglés). Ya existen varios modelos en funcionamiento que pueden, por ejemplo, escribir crónicas de partidos de fútbol. Hay que aclarar que la IA no tiene ni idea de lo que está diciendo, pero es capaz de transformar las estadísticas de un partido en lenguaje humano de forma que una persona sí lo entienda. Y ya lo hacen razonablemente bien, como Ana Futbot

"Aunque hace una década los modelos NLP podían ser entrenados y desarrollados en un portátil personal, muchos ahora requieren múltiples instancias de hardware como GPUs o TPUs [unidades de procesamiento gráfico y unidades de procesamiento tensorial, respectivamente, por sus siglas en inglés]", recoge el estudio: "Incluso cuando estos caros recursos están disponibles, el entrenamiento de estos modelos incurre en un coste substancial para el medio ambiente, debido a la energía requerida para alimentar este hardware durante semanas o meses cada vez". 

10/06/2019 - 21:00h

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Eco(in)movilismo. Movilidad urbana e inmovilismo cultural

Ante la catástrofe ecológica es necesario dar vida a un cambio cultural profundo a través del decrecimiento. A nivel de movilidad urbana el vehículo eléctrico representa la defensa del dogma del crecimiento económico ilimitado. 

 

André Gorz ya lo escribió en 1974: «La ecología es como el sufragio universal y el descanso dominical: en un primer momento, todos los burgueses y todos los partidarios del orden os dicen que queréis su ruina, y el triunfo de la anarquía y el oscurantismo. Después, cuando las circunstancias y la presión popular se hacen irresistibles, os conceden lo que ayer os negaban y, fundamentalmente, no cambia nada». Cuarenta y cinco años más tarde, fundamentalmente, no ha cambiado nada. Ni las cumbres del clima (de Berlín a Katowice) ni los protocolos y acuerdos (de Kioto a París) han conseguido minar las bases de la economía neoliberal. Los partidarios del orden conceden una aparente atención hacia los problemas ambientales, sin embargo todo permanece igual. La economía neoliberal muestra formalmente interés en ocuparse de las exigencias ecológicas, en realidad absorbiéndolas en su lógica.


Así que se propone solucionar la catástrofe climática con propuestas que siguen alimentando la economía del crecimiento, sin descarrilamientos. En el ámbito de la movilidad urbana, por ejemplo, el coche eléctrico se convierte en el elemento perfecto para conceder lo que ayer os negaban para que, fundamentalmente, no cambie nada. Se añade el prefijo eco- a una producción que sigue generando beneficio y destruyendo el planeta. La anarquía no ha triunfado.


Resulta evidente, sin necesidad de ser un experto, que la implementación de un sistema de transporte metropolitano que apuesta por el vehículo privado motorizado no cambiaría sustancialmente la situación. Por un lado se traslada el problema de los combustibles fósiles a la fuente de producción de la energía necesaria para alimentar los coches, que para reducir las emisiones de CO² tendría que ser energía verde. Por otro lado el proceso de producción de los vehículos eléctricos —la energía utilizada, los materiales y las consiguientes emisiones de gases de efecto invernadero— tiene un importante impacto ambiental, debido en gran parte a la producción de las baterías, que requieren minerales y metales altamente contaminantes (nickel, plomo y cobre). En cuanto a la contaminación atmosférica, no se eliminarían las micropartículas generadas por el desgaste de frenos, embragues, neumáticos y asfalto, que representan una fuente importante de contaminación (PM10). Además, el tráfico sería el mismo, así como el espacio robado al caminante, a las exigencias de juego de los niños, a la vida comunitaria, a la naturaleza, a la agricultura urbana, a los trazados urbanos irregulares que generan perspectivas nuevas. Las muertes por accidentes de tráfico no variarían. Desde luego tampoco los beneficios de la industria automovilística disminuirían, así como su omnipresencia en la vida urbana, su concentración de poder, su injerencia en los asuntos políticos. Sería un ecoinmovilismo.


Cuestionar el dogma del crecimiento

 


Para enfrentarse al problema vital representado por la catástrofe ecológica es necesario cuestionar el dogma de nuestra economía: el crecimiento. Hasta que no se cuestione el crecimiento, por ende el capitalismo, éste seguirá destruyendo el planeta con su consumo ilimitado de la naturaleza. Cualquier medida que eluda el núcleo de la cuestión resultaría siendo un paliativo que mantiene el actual inmovilismo ante la catástrofe ecológica inminente, con la agravante de retrasar la implementación de las medidas necesarias a intentar salvar la vida en el planeta.


El decrecimiento, nacido de las reflexiones de autores como Ivan Illich y André Gorz en los años setenta —cuando la situación planetaria aún no había llegado a los peligrosos límites que estamos viviendo hoy en día—, ha alcanzado finalmente su momento de legibilidad. El decrecimiento representa hoy la única solución para un cambio cultural profundo cuya implementación es urgente.


Los problemas que estamos viviendo no son climáticos, sino económicos. Por ende las soluciones no deben ser tecnológicas, sino principalmente económicas y políticas. El verdadero cambio cultural sería producir las condiciones que permitan contradecir a André Gorz, para que la ecología no sea como el sufragio universal y el descanso dominical.


Volviendo al ámbito de la movilidad urbana, la solución no se encuentra en la tecnología, o sea la implementación del uso del coche eléctrico. La solución consiste en impulsar una cultura nueva, una cultura, como decía Colin Ward, de la libertad de circular después del fin de la dependencia del automóvil [After the motor age]. La sinergia entre un sistema de transporte público gratuito, la organización de la ciudad basada en distancias cortas y el uso del medio de transporte que mejor representa la relación pacífica y respetuosa entre seres humanos y naturaleza —la bicicleta, simple, comprensible, mensajera de una cultura nueva— sería la solución que impulsaría el movimiento de personas e ideas hacia la ciudad del decrecimiento, basada en una ética y unas prácticas nuevas en todos los ámbitos, más allá de la movilidad, reduciendo drásticamente el uso de energía.


La solución está en el cuestionamiento del capitalismo, desautorizando el consumo ilimitado y la destrucción de los equilibrios naturales, y la organización de una sociedad que ponga en el centro la vida, el ambiente, las relaciones humanas entre iguales y los bienes comunes, devolviendo las calles a las personas, al juego, a la naturaleza, al vivir y pensar en común.


Luego, si el género humano conseguirá proseguir su camino en este planeta, habría que ocuparse del sufragio universal y del descanso dominical.

 

publicado: 2019-06-08 00:26:00

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La economía cubana se resiente de la crisis venezolana

El impacto llega a la calle en forma de escasez de productos y las sanciones de Estados Unidos impiden una mejora a corto plazo. Un informe señala que la caída de Maduro tendría un fuerte impacto en la isla pero menos que con la URSS en los noventa



La estampa ya viene siendo habitual en las calles de La Habana desde hace meses. Han vuelto las colas a los supermercados. Cuesta encontrar algunos productos básicos como el pollo, el aceite y el picadillo y ya se ha limitado el número de bienes que se pueden adquirir para evitar el acaparamiento. La situación, sin embargo, está bajo control gracias a la paciencia infinita de los cubanos. Pero todo el mundo sabe que directa o indirectamente estos problemas están causados por la grave crisis que vive Venezuela y han vuelto los fantasmas del 'Periodo Especial', la profunda penuria económica que vivió la isla después del colapso de la URSS, de la cual era muy dependiente.


En un informe publicado por el Real Instituto el Cano, los economistas especializados en Cuba Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal Alejandro sostienen que, aún con la salida de Nicolás Maduro, la isla sufriría, pero no tanto como en los noventa. Una de las pruebas según ellos es que la crisis venezolana se empieza a notar ahora pero en realidad ya lleva años desarrollándose. Entre 2013 y 2018, el otrora primer socio comercial de Cuba ha perdido el 50% de su PIB.


El intercambio económico entre ambos países se ha reducido un 74% hasta llegar a los 2.214 millones de dólares anuales y el peso de Venezuela en la economía cubana ha pasado de representar el 43,7% de su PIB en 2012 al 19% en 2017, último año con cifras. A efectos prácticos eso se traduce a la reducción de los envíos petroleros del "mejor amigo de Cuba" a la isla y la disminución de profesionales médicos que viajan al país bolivariano y que representaban la principal entrada de divisas para el país presidido por Miguel Díaz-Canel.


La isla ha conseguido limitar el impacto de estos datos gracias a que paralelamente surgieron unos "amortiguadores" que ayudaron a capear el temporal: el incremento de visitantes y la puesta en marcha de una política fiscal expansiva por parte de las autoridades cubanas aminoró la crisis a costa de incrementar el déficit público. El efecto de estos amortiguadores se está diluyendo ya que el ritmo de crecimiento de turistas está casi estacando y el Estado, con un desbalance cerca del 11% del PIB, no puede seguir aplicando políticas anticíclicas. De igual forma los economistas se sorprenden por el buen comportamiento de la economía cubana porque a pesar de la crisis en el socio estratégico sigue experimentando crecimientos positivos.


El impacto de las sanciones de Trump


El informe también pone atención al impacto en ambos países de las medidas punitivas impulsadas por Donald Trump que tienen un impacto directo en sus economías y en las posibles vías de salida para sus problemas.


De manera resumida, en Venezuela las sanciones norteamericanas están sirviendo para que el país no pueda rentabilizar el incremento del precio del petróleo a nivel mundial. Además, recientemente Estados Unidos está intentando evitar que el petróleo llegue a Cuba sancionando a los barcos encargados de transportarlo. Por el momento se está consiguiendo saltar esta restricción.


En Cuba, la política de Trump va encaminada a cerrar todas las rendijas que se abrieron con la administración Obama y a sembrar dudas sobre la seguridad de las inversiones en Cuba para distorsionar el clima inversor. La isla, necesitada de capital extranjero, intenta dar seguridad a las empresas europeas amenazadas por el título III de la ley Helms-Burton que permite denunciarlas en EEUU por hacer uso de bienes que fueron confiscados al inicio de la Revolución.


Desde Washington se asegura que se quiere evitar que las entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas se beneficien del mayor flujo de turistas americanos, pero algunas medidas parecen encaminadas a golpear al incipiente sector privado de la isla. La limitación del monto de divisias que los cubanos pueden recibir de sus familiares de Miami tiene un fuerte impacto en la inversión de los pequeños negocios privados. La voluntad de querer evitar que los ciudadanos americanos puedan viajar para hacer turismo también es un factor importante ya que estos negocios se benefician indirectamente de estos visitantes. El informe subraya como trascendental el resultado de las elecciones presidenciales americanas del año que viene.


Lo novedoso de esta situación es que parece que Cuba no puede apoyarse en otro país como ha hecho tradicionalmente en el pasado con España, Estados Unidos, la URSS y Venezuela. Moscú y Pekín siguen siendo aliados importantes de La Habana pero difícilmente pueden implicarse todo lo que la Revolución querría.


La isla tiene bien poco que ofrecer a estos países. Las producciones de azúcar y níquel que podían interesar en el pasado se han reducido y los obstáculos culturales y de idioma dificultan que La Habana pueda poner en marcha programas médicos en estos países. Sería una relación básicamente subsidiaria.


El caso de China es algo diferente porque en los últimos años se han reforzado las relaciones comerciales con diversas inversiones en el país caribeño. Aún así, se trata de cifras minúsculas comparado con lo que Pekín está haciendo en la región en países que le interesan por sus materias primas.


Los economistas pronostican tiempos difíciles para la isla pero sin llegar al dramatismo de los 90 gracias a una mayor diversificación de la economía. El hecho de no contar con ningún nuevo "hermano mayor" puede convertirse en una oportunidad para que el país tire adelante por sus propios medios implementando reformas que no terminan de despegar.

06/06/2019 07:54 Actualizado: 06/06/2019 07:54
Por santi piñol
@SantiPinyol

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