Monsanto, Bayer, el glifosato y el imperio de los sentidos

Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que su herbicida Roundup está sentado en el banquillo. Los abogados del demandante intentarán demostrar que la multinacional intentó ocultar la peligrosidad del producto.

No es nuevo que el Roundup, el herbicida más utilizado en el mundo, que la trasnacional Monsanto lanzó al mercado en 1975, sea acusado de estar en el origen de enfermedades de todo tipo y color. Testimonios de personas fumigadas con este producto se han acumulado a lo largo de los años, desde Argentina a Estados Unidos, de Francia a Sri Lanka, de Canadá a India. Estudios científicos independientes, realizados al margen de los laboratorios que trabajan para las empresas de la industria “biotecnológica” o de organismos que tienen entre sus miembros a personas vinculadas a esas compañías, han tendido a corroborar esos testimonios.


Pero lo que se inició esta semana en San Francisco, Estados Unidos, es una primicia: un tribunal deberá establecer si el Roundup es cancerígeno y si su fabricante ocultó deliberadamente esa condición. Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que el Roundup está sentado en el banquillo.


El juicio en San Francisco, iniciado por Dewayne Johnson, un estadounidense de 46 años que trabajaba cuidando el terreno de una escuela donde fumigó el herbicida a lo largo de dos años y que hoy está en fase terminal de un cáncer, debería extenderse por al menos tres semanas. “Monsanto sabe desde hace unos 40 años que los componentes de base del Roundup, fundamentalmente el glifosato, pueden provocar tumores en animales de laboratorio. Lo sabe y lo ha ocultado. Peor aún: ha proclamado la inocuidad de este producto y ha pagado estudios para que demostraran esta inocuidad”, dijo por estos días Brent Wisner, uno de los abogados de Johnson. “No es por un problema genético o por una de esas casualidades de este mundo” que el cuidador del terreno escolar padece un linfoma incurable. “Es consecuencia de las fumigaciones que él mismo realizó, con Roundup y también con Ranger Pro, otro producto de Monsanto, entre 2012 y 2014, en terrenos pertenecientes a una escuela de Benicia, California”, afirmó otro de los abogados del demandante, David Dickens. Un tercer integrante del equipo de defensores de Johnson, Robert Kennedy Junior, sobrino del ex presidente John Kennedy, afirmó a su vez que “nadie puede verse sorprendido por el hecho de que Monsanto haya intentado ocultar la peligrosidad de este producto”. “Siempre lo ha hecho”, dijo, y aseguró que su estudio maneja “unas 700 denuncias” contra el Roundup por diversos tipos de cáncer (Afp, 9-VII-18).


Para los abogados de Dewayne Johnson, lo más difícil será probar que Monsanto estaba al tanto y ocultó la peligrosidad del Roundup. “Legalmente es extremadamente difícil responsabilizar a una compañía por casos específicos de cáncer u otras enfermedades relacionadas con pesticidas”, admitió Linda Wells, de Pesticide Action Network North America (Afp, 9-VII-18), una asociación que debe batallar un día sí y otro también contra las chicanas constantes a que recurren las empresas de esta industria y las cifras millonarias que invierten para hacer lobby en los estrados judiciales, en el Congreso y entre los científicos.


La legislación del estado de California obliga a las empresas que estén al tanto de la peligrosidad probada o presunta de cualquier producto que fabriquen a hacerlo constar en el envase. Y además incluye al glifosato, el principio activo del Roundup, en un listado de sustancias potencialmente cancerígenas, siguiendo el punto de vista del Centro Internacional de Investigación del Cáncer, una agencia dependiente de las Naciones Unidas que así lo consignó hace tres años. Los poderosísimos bufetes que defienden a Monsanto alegan no sólo que “por supuesto” la empresa nada sabía acerca de la peligrosidad de su producto, sino que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, una instancia federal, ha “demostrado” que nada “hay que temer del glifosato”. Uno de los abogados de Johnson hizo notar que esta agencia supuestamente encargada de velar por la seguridad ambiental es la misma que ha negado la realidad del cambio climático y que promueve el uso de combustibles fósiles…


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El juicio en San Francisco se da, además, en un contexto nuevo: Monsanto va a desaparecer.


A comienzos de junio, otra trasnacional, la alemana Bayer, cerró la compra de Monsanto en 63.000 millones de dólares, y apenas la operación recibió el visto bueno de las autoridades de la competencia estadounidenses y europeas, confirmó que en agosto o setiembre el nombre de la empresa creada en 1901 en Misuri desaparecerá del mercado. No porque Bayer esté preocupada por las consecuencias de los productos que fabricaba Monsanto –de hecho el Roundup se seguirá comercializando bajo ese nombre, al igual que el Dicamba, otro herbicida de Monsanto que es objeto de juicios en Estados Unidos1–. Ambas empresas tienen además una historia de complicidad con genocidios que las acerca: así como la alemana colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Monsanto es la responsable de la fabricación del llamado “Agente Naranja”, un defoliante utilizado por el ejército estadounidense en las selvas de Vietnam que exterminó a cientos de miles de personas y causó malformaciones a muchas más. “Pero está claro que el nombre de Monsanto no es de los más simpáticos actualmente y podría resultar negativo para la imagen de la empresa seguir utilizándolo”, dijo un anónimo ejecutivo de la trasnacional germana al portal francés Médiapart.


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En Estados Unidos, los defensores de Johnson y de decenas de otras personas que entablaron juicios civiles o penales contra Monsanto podrán seguir con sus demandas aunque la compañía deje de existir como tal. No sucederá lo mismo en otros países. Al menos en el plano penal. Es el caso de Francia, donde las leyes tratan a una empresa desaparecida de la misma manera que a una persona fallecida: penalmente no pueden ser imputadas. Pero sí pueden serlo en lo civil. Fue por eso que William Bourdon, Amélie Lefebvre y Bertrand Ripolt, abogados de la familia del niño Théo Grataloup, eligieron la vía civil para llevar desde comienzos de junio ante los tribunales franceses a Monsanto. La empresa es acusada de ser la responsable de las deformaciones que desde su nacimiento, hace 11 años, sufre Théo.


Los Grataloup son una familia de fuertes convicciones ecologistas que años atrás se creyeron la publicidad del Glyper, un derivado del Roundup presentado por su fabricante como “el primer herbicida biodegradable concebido en el mundo” y fumigaron el campo que explotaban en el departamento de Isere con este producto, que también contiene glifosato. Lo hicieron por mucho tiempo, incluso durante el embarazo de Sabine, la madre de Théo. Cuando el niño nació, en 2007, presentó malformaciones que el cirujano que llegó a operarlo 54 veces, Rémi Dubois, dijo “jamás haber visto anteriormente” (Médiapart, 14-VI-18). Los médicos debieron separar los sistemas digestivo y respiratorio del recién nacido y someterlo a una traqueotomía a los tres meses de vida. Cuatro años le llevó a Théo abandonar el servicio de reanimación del hospital que lo trataba y dos más para dejar de alimentarse por sonda. Basándose en 15 investigaciones médicas publicadas entre 2002 y 2017, Dubois afirmó ante la justicia de su país el mes pasado que “la implicancia del glifosato en la aparición del síndrome polimalformativo que Théo presentó al nacer es altamente probable”.


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Sabine Grataloup fue una de las decenas de personas provenientes de todo el mundo que declararon ante el Tribunal Monsanto, una “instancia ciudadana” reunida en La Haya, Holanda, entre el 16 y el 18 de octubre de 2016 para determinar la responsabilidad de la trasnacional estadounidense en la fabricación y comercialización de productos nocivos para la salud y el medio ambiente. El tribunal, integrado por cinco jueces profesionales, funcionó siguiendo los mecanismos de la Corte Penal Internacional, que sesiona en la misma ciudad holandesa. Tras escuchar los testimonios de víctimas de fumigaciones y de diversos especialistas, acabó condenando a la trasnacional por “ecocidio” y por “implementar prácticas que tienen un impacto negativo sobre el derecho a un ambiente sano, a la alimentación y a la salud”.


Émilie Gaillard, una de las organizadoras del tribunal, admite que esa resolución no tendrá consecuencia jurídica alguna, pero “se cumplió con uno de los objetivos principales de los promotores de la iniciativa: lograr que víctimas de las prácticas de Monsanto y científicos que luchan con pocos medios contra este gigante puedan juntarse. Sabine Grataloup, por ejemplo, se cruzó en La Haya con María Liz Robledo, una argentina cuya hija, Martina, nació con malformaciones congénitas en el esófago emparentadas con lo que le sucede a Théo”. La vivienda de Robledo, en la provincia de Buenos Aires, está rodeada de bidones de pesticidas utilizados para tratar con herbicidas de Monsanto la soja y el maíz transgénicos producidos con semillas de Monsanto. La Red de Pueblos Fumigados argentina pelea a brazo partido contra la trasnacional desde hace años, con la ayuda de organizaciones sociales y de un puñado de científicos que se resisten a ser cooptados por la industria “biotecnológica”. Según el neonatólogo Medardo Ávila, integrante de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, desde que se comenzó a fumigar masivamente con productos a base de glifosato, en las zonas agrícolas argentinas “hay tres veces más de casos de cáncer que en las ciudades y de cada 100 nacimientos tres son de niños con malformaciones, frente a una media de 2 por ciento en otras zonas” (Afp, 6-VII-18).


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A los integrantes de esas redes, los productores de soja argentinos y las corporaciones empresariales de la industria los tratan de “ecoterroristas”, el mismo mote que responsables de Monsanto en Francia le endilgaron a Paul François, un productor de cereales de la región de Charente que denunció a la trasnacional por haberse intoxicado con Lasso, otro herbicida producido por la firma estadounidense prohibido en Canadá en 1985 y en Bélgica en 1992. En 2012 un tribunal de Lyon condenó a la empresa a indemnizar al agricultor, un fallo confirmado en 2015, pero anulado poco después por el Tribunal de Casación.


El caso volverá a ser examinado por la justicia en 2019. Los abogados de François se concentrarán en intentar probar que Monsanto estaba al tanto de la nocividad de Lasso. “Vivimos en una época en que se protege cada vez más el secreto empresarial”, observó Bertrand Repolt, uno de los defensores del agricultor francés. Pero él y sus colegas podrán agregar a sus alegatos no sólo la voluminosa documentación presentada ante el Tribunal Monsanto, sino también las informaciones reveladas por los Monsanto Papers, cientos de documentos internos de la trasnacional publicados en 2017 en el marco de un recurso de hábeas data presentado en Estados Unidos. El diario francés Le Monde “trabajó” esos informes, correos electrónicos, memorandos secretos y puso al descubierto la metodología utilizada por la trasnacional para manipular a científicos y organizaciones, desprestigiar a investigadores críticos y ocultar informaciones. “De esa investigación queda clarísimo que al menos desde 1999 Monsanto sabía que su paquete tecnológico es dañino para la salud y el ambiente, en especial el glifosato, pero también los surfactantes asociados”, dijeron los abogados de la familia Grataloup. “Esperemos que la justicia así lo entienda”.


1. Según un relevamiento de la Universidad de Misuri hacia fines de 2017 había 2.700 denuncias contra Monsanto por los desastres causados por el Dicamba.



Prórroga y prohibición


En diciembre pasado, la Comisión Europea renovó la licencia del glifosato hasta fines de 2022. La medida fue votada por 18 países, pero algunos de los nueve que la rechazaron dijeron que no lo acatarán. Es el caso de Francia, cuyo gobierno ratificó su decisión de prohibir el uso del herbicida a más tardar en tres años.


Escándalo


“El glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química: es cancerígeno, es un perturbador endógeno que actúa como una hormona (por eso hay tantos casos de niños que nacen con malformaciones congénitas o se producen tantos abortos espontáneos), absorbe los metales buenos como el hierro que necesitamos para el cuerpo, y es un agente antibiótico muy fuerte que acaba con las buenas bacterias del suelo. No es común que un agrotóxico reúna estas cuatro funciones.”


(Declaraciones de Marie Monique Robin, documentalista e investigadora francesa, al sitio web resumenlatinoamericano.org, en 2016. Robin es autora, entre otros trabajos, de El mundo según Monsanto y El glifosato en el banquillo. Este último, que fue precedido por el documental Le Roundup face á ses juges, recoge los testimonios presentados ante el Tribunal Monsanto).


Concentración


Con la compra de Monsanto por Bayer, el sector agroquímico quedó reducido a tres grandes grupos. En 2017 Dow Chemical se unió con la también estadounidense DuPont y ChemChina compró a la suiza Syngenta. Con 115 mil empleados y unos ingresos estimados en 53.000 millones de dólares anuales, el grupo Bayer-Monsanto será el principal del sector. “Los tres nuevos conglomerados controlarán más del 60 por ciento del mercado de las semillas y la agroquímica a nivel planetario, suministrarán casi todos los organismos genéticamente modificados y tendrán la mayoría de las patentes sobre las plantas, por lo que impondrán sus condiciones a los agricultores y a los estados más de lo que ya lo estaban haciendo”, denunció la fundación Heinrich Böll, vinculada a los Verdes alemanes.

 

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Refrescos de cola causan desde anemia hasta Alzheimer

La investigadora de la Facultad de Medicina relaciona los refrescos de cola con distintos padecimientos, desde sobrepeso, obesidad, diabetes, cálculos renales, asma, descalcificación, anemia, depresión, mala digestión, caries, hasta Alzheimer.


En 1886 surgió el primer refresco de cola, ideado por el farmacéutico John Stith Pemberton como un jarabe que ayudara a la digestión y aportara energía. Después de 132 años, estas bebidas son de las más ingeridas y dañinas debido a la gran cantidad de azúcar y químicos que contienen, pues son causantes de diversas enfermedades, desde sobrepeso, obesidad, diabetes, cálculos renales, asma, descalcificación, anemia, depresión, mala digestión, caries, hasta Alzheimer.


Laura Moreno Altamirano, investigadora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que la fórmula exacta de su contenido no viene en la etiqueta, y algunas versiones afirman que sólo dos personas conocen la misma.


Originalmente, tenía coca (planta endémica de Perú) y cola (traída de África), pero en Estados Unidos las prohibieron por considerarse adictivas. La bebida contenía en total siete sustancias, por lo que se llamó a la fórmula 7X. Entre otras, tenía caramelo natural para darle color, pero al ser un ingrediente costoso lo omitieron, y se buscó imitar su sabor a través de químicos que resultaron más peligrosos que los originales.


Se sabe que la mitad de su contenido es azúcar, y en condiciones normales un ser humano no puede ingerir esta cantidad porque vomitaría. Por ello, se le agregó ácido fosfórico, sustancia dañina que neutraliza el sabor dulce y hace posible beberla.


El ácido fosfórico provoca desmineralización ósea porque no permite la adecuada absorción del calcio al organismo, debilita los huesos sobre todo en sus caras internas, provoca disminución de su densidad y promueve las fisuras y fracturas, e incluso, fomenta el desgaste del esmalte de los dientes y favorece las caries.


Además, la combinación de este ácido con azúcar provoca dificultad para absorber el hierro, lo cual podría generar anemia, mayor disposición para contraer infecciones, sobre todo en los niños, ancianos y mujeres embarazadas.


El refresco también se ha asociado con la producción de cálculos renales, y es un antioxidante muy potente, por ello se usa en plantas industriales y en casas para limpiar los baños y destapar tuberías.


Asimismo, contiene un alto índice glicémico que al entrar al organismo produce bastante insulina y tiene bajo índice de saciedad, por eso no quita la sed. “Quien toma refrescos de cola rara vez se toma uno, regularmente toman hasta dos litros al día”.


A los 20 minutos de haber tomado un vaso, el nivel de azúcar en la sangre aumenta rápidamente y causa una enorme secreción de insulina. Así, los azucares que el organismo no logra digerir se transforman en grasa y como resultado aparece el sobrepeso y obesidad.


Los responsables de la adicción son el azúcar y la cafeína, que reactivan las terminales nerviosas del cerebro y a los 45 minutos de haberla tomado aumentan la producción de hormonas como la dopamina y la serotonina, sustancias encargadas de producir placer. “Tienen un efecto similar a la heroína”.


Moreno Altamirano refirió que usaban cafeína natural que altera el sistema nervioso central y el sueño, aumenta la presión arterial, pero actualmente la producen de forma sintética y todavía resulta más dañina.


Así, la cafeína llega rápido al cerebro y horas después es eliminada por la orina. Con dicha secreción, se genera una producción de líquido y con ello se elimina magnesio y zinc, importantes para el organismo pues son absorbidos por los huesos.


A los 60 minutos el ácido fosfórico fija el calcio, el magnesio y el zinc al intestino, esto acelera el metabolismo y entonces las altas dosis de azúcar y endulzantes artificiales incrementan la secreción urinaria de calcio.


Entre más se consume más se estimula y la adicción crece, de hecho, cuando las personas dejan de tomarla tienen una sensación de malestar, agotamiento, cansancio y hasta que no la ingieren se sienten bien. “Finalmente es una droga”.


Además, contiene un aditivo llamado E-150 que afecta el metabolismo de las proteínas y la calidad de la sangre, y con ello produce anemia, depresión y confusión, entre otros síntomas. El gas que contiene produce inflamación y mala digestión que se vuelven crónicos.


El colorante artificial que contiene se ha asociado con enfermedades como el cáncer de pulmón, hígado, tiroides y leucemia.


En cuanto a los refrescos de cola light, la académica universitaria apuntó que son muy dañinos, y si se consumen en grandes cantidades producirían daños cerebrales, pérdida de memoria, confusión mental, Alzheimer, daños en la retina y al sistema nervioso.

12 julio 2018

 

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Cibiogem y el negocio de los mosquitos transgénicos

Les urgía. Ante la inminencia del cambio de autoridades, la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem) se apresuró a lanzar una convocatoria para crear mosquitos transgénicos con fines comerciales. No para analizar riesgos y considerar si deberían liberarse al ambiente, como sería el rol de una comisión gubernamental de bioseguridad ante una tecnología de alto riesgo, sino lo contrario, para alentar la creación de mosquitos transgénicos y subsidiar con dinero público a empresas “nacionales o extranjeras” que, como dice explícitamente el llamado, lo puedan patentar y vender. Cibiogem, después de una década de aprobar que Monsanto nos fumigue y alimente con agrotóxicos cancerígenos como el glifosato, se convirtió de pronto en paladín de la salud: el llamado, afirma, es porque existen pruebas de que los mosquitos transgénicos han sido exitosos en el combate del dengue. Esto es directamente falso: las evidencias muestran lo contrario (https://tinyurl.com/yc83wuuw).

La convocatoria pública está abierta hasta fin de julio de 2018, para luego firmar un convenio con la opción elegida por Cibiogem, poco antes del cambio de gobierno, pero con una duración de tres años (https://tinyurl.com/y95lj6g7). Entre las muchas aberraciones del llamado está que Cibiogem no tiene mandato para este tipo de actividades, que implican desarrollar proyectos con el propósito de crear o favorecer a una empresa con fines de lucro para construir transgénicos como negocio. Además, implica experimentar con mosquitos transgénicos en la naturaleza, para lo cual se debe solicitar autorización a la Cibiogem, que será entonces juez y parte.


Decir convocatoria “pública” es una formalidad, porque está hecha de forma tan estrecha que parece diseñada para subsidiar con fondos públicos a alguna compañía y/o grupo académico al cual se ha contactado previamente, ya que los requisitos son muy complejos de cumplir en muy poco tiempo. Podría ser un contrato con la compañía Oxitec (propiedad de la empresa estadunidense de biología sintética Intrexon) o quizá con algún grupo promovido por la Fundación Bill y Melinda Gates. Podría también ser un estímulo a proyectos que existen –con apoyo del ejército de Estados Unidos– para desarrollar mosquitos con impulsores genéticos ( gene drives), tecnología altamente riesgosa y controvertida diseñada para extinguir especies enteras (https://tinyurl.com/ybtrud4y).
Llaman a desarrollar mosquitos transgénicos para combatir al dengue y otras enfermedades transmitidas por el mosquito Aedes Aegypti, con construcciones genéticas para disminuir las poblaciones de ese mosquito, impedir biológicamente que sean vectores de enfermedades o para que produzcan “descendencia monosexual (sólo machos)”, ya que son las hembras las que pican. En este último caso abren la puerta a experimentar en México los impulsores genéticos, una técnica para engañar las leyes naturales de la herencia y conseguir que un carácter transgénico se expanda rápidamente, dirigida a manipular especies silvestres y diseñada para reproducirse agresivamente en el medio ambiente. El Convenio de Diversidad Biológica discute esta misma semana sobre los impactos de tal tecnología, cuya liberación no ha sido autorizada en ninguna parte del mundo (https://tinyurl.com/hp2gph5).


La convocatoria cita como ejemplo “exitoso” el de los mosquitos transgénicos de Oxitec (OX513A), con los que la empresa ha hecho pruebas en Malasia, Panamá, Islas Caymán y Brasil. Los resultados reales de sus experimentos –no la propaganda de la empresa a la que se refiere Cibiogem– muestran altísimos costos, falta de consulta a las comunidades afectadas y, sobre todo, ninguna evidencia de reducción del dengue u otras enfermedades e incluso ¡aumento de los mosquitos transmisores!


El modelo de operación de Oxitec ha sido conseguir una contraparte universitaria y/o institución pública, incluyendo municipios, para liberar mosquitos con letalidad condicionada, supuestamente sólo machos (las hembras son las que pican y trasmiten la enfermedad) que aunque se crucen, no puedan desarrollar cría. Para ello liberan miles de millones de mosquitos transgénicos para “abrumar” a los ejemplares locales, muchísimo menores en número, pero se han escapado miles de hembras picadoras. Las pruebas en Malasia fueron suspendidas por incertidumbre sobre los impactos y por altos costos. En Panamá fueron suspendidas por razones similares. En Brasil, aunque la muy parcial comisión de bioseguridad (CNTBio) aprobó experimentos, las autoridades de inocuidad en salud (Anvisa) no lo han permitido. Un documento reciente de la organización GeneWatch, basado en informes obtenidos por el acta de libertad de información, muestra que en Islas Caymán la población de mosquitos hembras (picadoras, trasmisoras de enfermedad) en las áreas de experimentación ¡aumentó 150 por ciento! La idea del negocio es captar los fondos dedicados a prevención de salud en municipios para desviarlos a estos dudosos proyectos, que además de no ser eficaces contra la enfermedad, son de alto riesgo para la salud de los ecosistemas. Urge cancelar esta absurda convocatoria.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

El virus de la polio, uno de los más temidos, eficaz contra tumores cerebrales

El microorganismo, modificado genéticamente, fue probado en pacientes con glioblastomas

 

Uno de los virus más temidos del mundo se ha convertido en un tratamiento contra los mortíferos tumores cerebrales. La supervivencia en los pacientes de un pequeño estudio que recibieron un poliovirus modificado genéticamente fue mejor de la esperada, informaron los médicos.

Fue la primera prueba médica para ese fin y no ayudó a la mayoría de los pacientes ni mejoró la media de supervivencia, pero los que respondieron al tratamiento parece que tuvieron un beneficio duradero: cerca de 21 por ciento estaban vivos tres años después, comparado con 4 por ciento en el grupo comparativo.

"Es realmente el primer paso" y los médicos estaban emocionados de ver el beneficio en la supervivencia en un estudio que probaba su inocuidad, señaló Annick Desjardins, investigadora de la Universidad Duke.

Los resultados preliminares se discutieron el martes en una conferencia en Noruega y fueron publicados en línea en la revista New England Journal of Medicine.

Los glioblastomas, un tipo de tumores cerebrales, con frecuencia regresan tras el primer tratamiento. Medicamentos de inmunoterapia, como Keytruda, ayudan a combatir cánceres que se extienden al cerebro, pero no han funcionado bien con los que empiezan ahí.

La polio devastó generaciones hasta que salió la vacuna en los años 50. El virus invade el sistema nervioso y puede causar parálisis. Los médicos en Duke querían aprovechar la fuerte respuesta del sistema inmunológico que ocasiona para intentar luchar contra el cáncer. Con apoyo del Instituto Nacional para el Cáncer, modificaron genéticamente el poliovirus para que no dañara los nervios, pero sí atacara las células tumorales.

El estudio puso a prueba el poliovirus modificado en 61 pacientes cuyos tumores habían vuelto tras el tratamiento inicial. El promedio de supervivencia era de cerca de un año, aproximadamente el mismo que un grupo pequeño de pacientes similares que recibió otro tratamiento en Duke. Después de dos años, al grupo que recibió el poliovirus comenzó a irle mejor.

Seguimiento

El seguimiento continúa, pero la supervivencia está en 21 por ciento luego de dos años comparada con 14 por ciento del otro grupo. A tres años, permanecía en 21 por ciento comparado con 4 por ciento.

Stephanie Hopper, de 27 años, de Carolina del Sur, fue la primera paciente en recibir el tratamiento del estudio en mayo de 2012 y le permitió graduarse de enfermera. "Creo de todo corazón que ésta fue la cura para mí", expresó.

El tratamiento causa mucha inflamación cerebral y dos terceras partes de los pacientes tenían efectos secundarios. Los más comunes eran dolores de cabeza, debilidad muscular, convulsiones, problemas de deglución y habilidades alteradas para pensar.

Los médicos hicieron hincapié en que esto era debido a la respuesta inmunológica en el cerebro y que ninguno se contagió de polio por el tratamiento.

Investigadores descubren cómo eliminar las células tumorales durmientes que causan recaídas

La actividad de la proteína TET2 ha sido determinante para identificar y aislar las células durmientes, según el líder de la investigación del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO).

Investigadores del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO) han descubierto cómo eliminar las células tumorales durmientes, causantes de resistencia a los tratamientos y de recaídas de pacientes aparentemente curados, en una investigación que publica este martes 'The Journal of Clinical Investigation'.
El trabajo ha sido liderado por el investigador del Grupo de Células Madre y Cáncer del VHIO Héctor G. Palmer, mientras que la primera autora es Isabel Puig, del mismo grupo, que han descubierto una nueva diana terapéutica que podría ayudar a eliminar estas células resistentes a los fármacos y responsables de las recaídas, el llamado factor epigenético TET2.

Palmer ha explicado que este descubrimiento, que abre la posibilidad de desarrollar fármacos contra las recaídas del cáncer, ha sido posible tras diez años de investigación, en la que han colaborado la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), la fundación Fero, el Instituto de Salud Carlos III, Ciberonc y Cellex.


Hasta ahora, según el investigador, la mayoría de los fármacos frenan el crecimiento de los tumores matando a las células que proliferan y no aquellas que están dormidas, entre otras cosas, porque son indetectables y permanecen en el organismo como semillas, dispersándose por el cuerpo y siendo resistentes a los tratamientos. Por motivos aún desconocidos, en un momento determinado estas células durmientes se despiertan, actúan como células madre, regeneran el tumor original y se propagan a nuevos órganos, lo que se conoce como metástasis.


"Para los pacientes es importante confiar en que los tratamientos funcionarán y que, en caso de buena respuesta, la enfermedad no volverá a aparecer, pero hasta ahora esta es una promesa que no se les puede hacer, lo que genera a los pacientes angustia, pensando que pueden recaer en el futuro", según Palmer. Para identificar y aislar las células durmientes, Palmer ha dicho que ha sido determinante la actividad del factor epigenético TET2.


"Este factor actúa como si fuera un director de orquesta que conduce con precisión la actividad del genoma para que se recoja ordenadamente y obliga a la célula a dormirse sin perder todo su futuro potencial maligno", ha detallado el oncólogo. El trabajo ha servido para demostrar que la eliminación artificial de TET2 sirve para matar a todas las células tumorales durmientes, convirtiéndose por tanto en una nueva diana terapéutica.


Según Palmer, "detectando las células podemos predecir si un paciente resistirá a los tratamientos y si recaerá". Los datos de la investigación han demostrado que las células tumorales durmientes están en diferentes tipos de cáncer como los de colon, mama, pulmón, glioblastoma, melanoma y otros.

Un desorden de salud mental, la adicción a videojuegos: OMS

Muchos padres podrían haberlo pensado durante largo tiempo, pero ahora tienen un nuevo argumento para limitar el "tiempo en pantalla" de sus hijos, pues la adicción a los videojuegos fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un desorden de salud mental.

El más reciente libro de referencias del organismo mundial acerca de las enfermedades reconocidas y diagnosticables describe la adicción a videojuegos y juegos digitales como "una pauta de comportamiento de juegos persistente o recurrente" que se vuelve tan extenso que "toma precedencia sobre otros intereses de la vida".

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), que ha sido actualizada en los pasados 10 años, cubre ahora 55 mil lesiones, enfermedades y causas de muerte. Es una base para que la OMS y otros expertos vean y respondan a tendencias en salud.

Permite emprender acciones

"Nos permite entender mucho sobre lo que hace que la gente se enferme y muera, y emprender acciones para impedir el sufrimiento y salvar vidas", señaló Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, en un comunicado junto a la publicación de la CIE.

La CIE también es usada por compañías aseguradoras cuyos rembolsos al cliente dependen de las clasificaciones contenidas en el documento.

La más reciente versión, conocida como CIE-11, es completamente electrónica por primera vez, en un esfuerzo para hacerla más accesible a médicos y otros trabajadores de la salud alrededor del mundo.

También incluye cambios a las clasificaciones de salud sexual. Ediciones anteriores catalogaban a la disfunción sexual y a la incongruencia de género bajo condiciones de salud mental, la CIE-11 las mueve a la sección de salud sexual. Asimismo, tiene un nuevo capítulo sobre medicina tradicional.

Está programado que la CIE actualizada sea presentada a estados miembros de la OMS en su Asamblea General, que se realizará en mayo de 2019, para su adopción en enero de 2022, según señaló el organismo en un comunicado.

VIH latente: el gran reto actual en la investigación contra el SIDA

En marzo de 2013, la comunidad científica mundial asistió esperanzada al anuncio de que la llamada “niña de Misisipi” se había curado de la infección del VIH. Un agresivo tratamiento de antirretrovirales a las 30 horas de su nacimiento y que mantuvieron por 18 meses parecía haber obrado el milagro. Tras dos años sin medicación y ninguna señal de que el virus estuviese presente, la buena nueva se desvanecía tras la reaparición de carga viral en la pequeña. La causa de esta frustración radicó en una de las mayores insidias de un virus de por sí insidioso: los denominados reservorios de VIH latente.


Como es ampliamente conocido, el VIH ataca las células del sistema inmunitario y las usa para multiplicarse. Después de la infección, inserta su material genético en el ADN de esas células, fundamentalmente en los linfocitos T CD4, que empiezan a producir proteínas del VIH que actúan como elementos constitutivos de nuevos virus. Sin embargo, algunas células infectadas entran en un estado de reposo (latente), durante el que no producen nuevos virus y de esta forma el VIH puede permanecer escondido durante años: es lo que llamamos el reservorio del VIH latente. Pero, como una espada de Damocles, estas células dormidas se pueden reactivar y empezar a producir nuevas partículas de virus en cualquier momento, sin que sepamos cómo y por qué. Y lo que es peor: tampoco sabemos cómo acabar con ellas.


Tras décadas de titánico esfuerzo investigador por parte de la comunidad médico-científica internacional (y la loable participación de miles de pacientes en ensayos clínicos), la infección por VIH ha pasado de ser una segura sentencia de muerte, más o menos próxima, a algo muy parecido a una enfermedad crónica. Los tratamientos antirretrovirales han demostrado ser capaces de mantener a raya la replicación del VIH hasta llevarlos a niveles indetectables. Pero esta lucha está muy lejos de haber terminado. El principal obstáculo para la erradicación del VIH es, precisamente, la existencia de ese reservorio persistente de VIH a largo plazo, lo que constituye y debe constituir por tanto la principal diana de las investigaciones presentes y futuras.


Hasta ahora se han desarrollado varios enfoques terapéuticos para reducir y, finalmente, eliminar el reservorio del virus. Usar la genoterapia para cortar ciertos genes del VIH e inactivar el virus en las células inmunitarias infectadas por el VIH; desarrollar medicamentos u otros métodos que reactiven los reservorios del VIH latente para que el sistema inmunitario o las nuevas terapias los puedan eliminar de manera eficaz; o reforzar la capacidad del sistema inmunitario de reconocer y eliminar los reservorios del VIH latente reactivados son algunos de los ejes de estas investigaciones. Desafortunadamente, solo unas pocas han logrado resultados prometedores.


Así lo hemos podido comprobar en un amplio trabajo de revisión sistemática que acabamos de publicar en la revista Reviews in Medical Virology y que hemos desarrollado en el Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz y el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles, ambos de Madrid, en colaboración con el Instituto de Investigación Vall d’Hebron de Barcelona en el marco de la Red Española de Investigación en SIDA-RIS.


El estudio nos ha permitido revisar las diferentes poblaciones celulares donde se oculta el VIH, con especial atención a los distintos subtipos dentro de las células T CD4, fundamentales en la respuesta inmune y las más susceptibles a la infección, además de ser básicas en la persistencia a largo plazo del VIH. También hemos puesto el foco en otros tipos celulares derivados de la línea mieloide (células diferentes de las células T), que igualmente parecen ser un refugio importante para este virus.


Cada nuevo conocimiento que vamos adquiriendo sobre los reservorios de VIH latente no hace sino apuntalar la importancia de redoblar los esfuerzos investigadores para su neutralización. Hoy sabemos, por ejemplo, que la cantidad de VIH latente es hasta 70 veces superior a lo que suponíamos inicialmente; o que las células latentes infectadas pueden proliferar sin producir virus, pero generando células descendientes clonadas que sí pueden liberar VIH con capacidad de infección. El VIH nunca deja de sorprendernos.


Por todo ello, desentrañar las características especiales de estos compartimentos celulares donde se esconde el virus, al igual que descubrir los mecanismos involucrados en el establecimiento y mantenimiento del reservorio de VIH es de la mayor relevancia para el diseño de nuevas estrategias terapéuticas destinadas a purgarlo con el objetivo final de lograr la erradicación del VIH o, alternativamente, una cura funcional. La meta es superar la -por ahora- última gran barrera que nos separa de la curación definitiva del SIDA.

Dra. Norma RallónIIS-Fundación Jiménez Díaz/Hospital Universitario Rey Juan Carlos
6 junio, 2018

Viernes, 01 Junio 2018 05:30

Negocio con las enfermedades humanas

Negocio con las enfermedades humanas

Lucrarse con las enfermedades que padecen las personas en el mundo se ha convertido en un pingüe negocio para las compañías farmacéuticas transnacionales que se enriquecen a costa de las penurias humanas. 

La globalización capitalista ha llegado al término donde no existe escrúpulos para hacerse más ricos, aunque para eso esté en juego la curación o la vida del ciudadano.
Las declaraciones emitidas por el poderoso grupo de bancas e inversiones de valores Goldman Sachs resultan muy claras para comprender a fondo el pensamiento y comportamiento de los ricos ejecutivos: “curar enfermedades no es rentable para las farmacéuticas”.
Por su parte, el colombiano Germán Velásquez que trabajó por más de 20 años en la Organización Mundial de la Salud, dijo que “productos que curan al paciente matan el mercado cuando se trata de mantener y aumentar las ventas y por eso el paciente sin cura será consumidor permanente para que las ganancias de las industrias sean sanas”.
No hace falta realizar un análisis profundo para comprender que cuando la salud es un negocio y los inversores solo buscan recuperar y aumentar su dinero el bienestar de los pacientes no es la prioridad, sino la mejor forma de enriquecerse.


La revista Forbes, una publicidad dirigida a los hombres de negocios más ricos del orbe, informó que los ingresos obtenidos por las 15 principales farmacéuticas del mundo superaron los 700 000 millones de dólares en 2017.


Esas empresas realizan una gran presión propagandística sobre los medicamentos que fabrican, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos para la salud. Uno de los ejemplos más atorrantes es el de la ciudad de Miami, en la Florida, donde la radio y televisión están cargadas de anuncios publicitarios que no permiten a los oyentes o televidentes disfrutar de un film o un programa por las constantes interrupciones para anunciar cualquier tipo de medicamento o de clínicas y hospitales particulares que ofrecen servicios pagados.


Para que se comprenda el enorme negocio que controlan esas empresas, baste decir que el mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones y por cada dólar invertido en fabricar un medicamento obtienen mil de ganancia.


Estas compañías en los últimos años han incrementado sus fortunas con enfermedades como el VIH sida, el ébola, la gripe A y otras más pues cuando aparece cualquier tipo de riesgo epidémico en una región, comienzan a expender productos y medicamentos que en ocasiones no tienen efectos reales o ya habían sido fabricados con anterioridad con otros nombres pero los comercializan como si fueran nuevos.


Uno de los mayores negocios en la actualidad se realiza con los pacientes que padecen algún tipo de cáncer pues existen industrias específicas dedicadas a vender y divulgar medicamentos destinados a paliar la enfermedad hasta que la persona fallezca y mientras tanto se llenan los bolsillos los dueños de laboratorios, de las compañías distribuidoras y los médicos y clínicas privadas.


Las transnacionales controlan ampliamente el mercado apoyadas en acuerdos internacionales como los de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sobre patentes y de esa forma explotan al máximo el uso de fármacos en condiciones abusivas que no tienen en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva.


Durante la última década las industrias farmacéuticas han expandido en más de un 60 % los nuevos medicamentos oncológicos a la par que han duplicado sus precios.
La especialista y consultora europea Janel Helth calcula que el mercado global sobre esta enfermedad alcanza los 132.000 millones de euros, liderado por Estados Unidos con un 42 %, y seguido por otros cinco principales mercados: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Alemania.


Por ejemplo, en España, algunas de las terapias más empleadas para tratar tumores varían entre 30 000 y 100 000 euros por enfermo al año, precios muchas veces impagables por los pacientes o por el sistema sanitario, sobre todo al tener en cuenta que cada vez son mayores los diagnosticados con esa enfermedad.


Si en España en 2015 existían 247 000 pacientes con cáncer se estima que en 2035 serán 315 000 por lo que las familias deberán ahorrar desde que son jóvenes para poder costearse, hipotéticamente, los tratamientos.


En contraposición opuesta a esa política de globalización capitalista, en un pequeño país de Latinoamérica, específicamente Cuba, se ha trabajado siempre a favor de una globalización de solidaridad, lo que acaba de ser puesto de manifiesto hace solo unos días en una reunión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizada en Ginebra.
En esa ocasión, la representación cubana ofreció a la OMS sus experiencias, recursos humanos especializados, universidades médicas y los productos de la industria farmacéutica y biotecnológica para logar la anhelada meta de la salud para todos.


Durante la LXXI Asamblea Mundial de la Salud, Cuba significó que sigue trabajando bajo el precepto de lo expresado por el líder de la Revolución Fidel Castro Ruz, de compartir lo que se tiene y no lo que sobra.


En ese cónclave, la representación de la Isla antillana indicó que cuando el compromiso de la cobertura sanitaria universal constituye un asunto pendiente para muchos, 407 000 profesionales cubanos han estado presentes en 164 países de todos los continentes, y hoy suman más de 11 000 jóvenes de 126 naciones, los que han cursado estudios médicos en Cuba.


En conclusiones, esas son algunas de las razones por las que deben primar en el mundo sistemas que ayuden a mejorar la salud humana para que las enfermedades y pandemias mundiales no se conviertan en un mero negocio para el enriquecimiento de unos pocos.

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Sensor con bacteria permite diagnosticar males gástricos

Investigadores estadunidenses desarrollaron un sensor equipado con una bacteria genéticamente modificada que se puede ingerir para diagnosticar sangrado en el estómago u otros problemas gastrointestinales.

De acuerdo con un estudio publicado este jueves en la revista Science, el proyecto combina sensores de células vivas con electrónica de ultra bajo poder que convierte la respuesta bacteriana en una señal inalámbrica que puede leerse con un teléfono inteligente.

"Al combinar sensores biológicos modificados con electrónica inalámbrica de baja energía, podemos detectar señales biológicas en el cuerpo y en tiempo casi real permitir capacidades de diagnóstico para aplicaciones de salud humana", explicó Timothy Lu, profesor asociado de ingeniería biológica del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y uno de los autores del artículo.

Probado en cerdos

Según el trabajo, los sensores pueden responder al hemo, componente de la sangre, y funcionan en cerdos. Los científicos también diseñaron sensores que pueden responder a la molécula tiosulfato, marcador de inflamación.

Con anterioridad, los biólogos sintéticos diseñaron bacterias que responden a estímulos como contaminantes o marcadores de enfermedades y producen luz, pero normalmente se requiere equipo de laboratorio especializado para medir esta respuesta.

"Nuestra idea fue empaquetar las células bacterianas dentro de un dispositivo", señaló Phillip Nadeau, otro de los autores y ex estudiante de posdoctorado del MIT.

El engaño de los alimentos transgénicos

A unque en repetidas ocasiones Donald Trump ha advertido a los estadunidenses sobre las amenazas provenientes de México, lo que ni él ni la mayoría de las personas se dan cuenta es que los riesgos más importantes se están originando en la dirección opuesta –a través de exportaciones masivas de alimentos transgénicos sometidos a ingeniería genética cultivados en Estados Unidos (EU). Es más, México ha sido instigado a aceptar ese alimento mediante el fraude sistemático del gobierno estadunidense.

Este fraude fue expuesto de manera significativa mediante una demanda iniciada por mí que obligó a las secretarías de aquel país para evaluar Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de EU a divulgar sus archivos sobre alimentos transgénicos y las siguientes revelaciones provienen de los documentos contenidos en esos archivos y de otras fuentes con evidencia sólida.

Desde 1986 EU ha aplicado una política de promover la industria biotecnológica de la nación, y la FDA ha admitido que obedece esta política. En 1992, antes de que cualquier otra autoridad reguladora tomase una posición oficial sobre los alimentos provenientes de organismos genéticamente modificados (alimentos transgénicos), la FDA emitió una declaración de la política que sentó las bases para su comercialización aseverando que había un consenso abrumador entre los científicos en cuanto a que son tan seguros que no requieren estudios. Sin embargo, la FDA encubrió un hecho decisivo: sus propios científicos llegaron a una conclusión opuesta. Su opinión predominante, expresada en una serie de memos enviados a sus superiores, fue: a) que los alimentos transgénicos conllevan riesgos novedosos, en especial la posibilidad de efectos secundarios nocivos no previstos difíciles de detectar, y b) que ninguno de estos alimentos transgénicos se puede considerar seguro a menos que hubiese aprobado las pruebas capaces de detectar tales efectos.

La generalización de las inquietudes dentro del personal científico está confirmada en el memo de un funcionario de la FDA quien declaró: "Los procesos de ingeniería genética y la reproducción tradicional son diferentes, y de acuerdo con los especialistas técnicos de la agencia, estos procesos dan pie a diferentes riesgos". Además, los funcionarios de la FDA sabían que tampoco había un consenso en torno a la seguridad entre los científicos externos a la agencia y que esta ausencia fue reconocida por el coordinador de Biotecnología de la agencia en una carta dirigida a un funcionario canadiense. Él también admitió, "creo que la posibilidad de que algunas sustancias de los alimentos transgénicos causen o no reacciones alergénicas particularmente difíciles de predecir".

No obstante, en su declaración de la política, la FDA afirmó que "no estaba al tanto de información alguna" que mostrase que los alimentos transgénicos diferían de otros "de modo significativo". Además, aunque con el paso de los años la agencia ha recibido extensa información adicional que demuestra diferencias importantes, continúa afirmando falsamente que no está al tanto de nada.

La FDA ha cometido otros fraudes para proteger también la imagen de los alimentos transgénicos. Por ejemplo, aunque los funcionarios de EU de manera rutinaria afirman que ningún producto elaborado con cultivos resultado de la ingeniería genética se ha vinculado con algún problema de salud en los humanos, en 1989 el primer producto tecnológico comestible (un suplemento alimenticio del aminoácido L-triptófano producido mediante bacterias genéticamente modificadas) indujo una gran epidemia que mató a decenas de estadunidenses y enfermó gravemente a miles más. Aunque la evidencia señala la alteración genética como la causa principal de la contaminación inusual que volvió tóxico el suplemento, la FDA creó la ilusión de que el proceso de la transgénesis no estaba conectado con la catástrofe. Por ejemplo, los funcionarios de la FDA afirmaban que algunos lotes tóxicos de L-triptófano se habían creado antes de emplearse la ingeniería genética a pesar de poseer pruebas de que la tecnología ya se usaba en ese periodo.

La FDA no sólo ocultó los problemas vinculados al primer suplemento alimenticio comercializado de la ingeniería genética, lo mismo pasó con relación al primer alimento transgénico comercializado: un jitomate genéticamente modificado. Cuando los científicos de la FDA revisaron los estudios de alimentación que el fabricante había conducido voluntariamente, expresaron preocupación acerca de un patrón de lesiones estomacales que concluyeron planteaba un problema de seguridad inconcluso; por lo que pidieron evaluación adicional. Nada más que la FDA ocultó de nuevo las conclusiones de sus expertos y luego las tergiversó. Afirmó que sus científicos habían determinado que todas las cuestiones de seguridad se habían resuelto, y dejó que el jitomate entrase al mercado sin realizar ninguna prueba adicional.

Por consiguiente, está claro que la política del gobierno de Estados Unidos sobre alimentos transgénicos no ha tenido como base la ciencia sino ignorar la ciencia y distorsionar la verdad. También es evidente que si se hubiese dicho la verdad, la historia de los alimentos transgénicos habría sido radicalmente diferente, y Estados Unidos no podría haber enviado ninguno a México.

En artículos futuros describiré cómo otras instituciones respetadas han estado deformando los hechos acerca del alimento transgénico, cómo se ha demostrado que es tóxico uno de los alimentos que los mexicanos están comiendo, y cómo incluso la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y la Academia Mexicana de Ciencias han engañado al público acerca de esta desagradable realidad.

 

Por Steven M. Druker, es el director ejecutivo de Alliance for Bio-Integrity, una ONG con sede en Estados Unidos. Es el autor de Genes modificados, la verdad distorsionada: Cómo el negocio de modificar genéticamente nuestros alimentos ha trastocado la ciencia, ha corrompido al gobierno, y ha engañado sistemáticamente al público.

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